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Relatos ganadores 2012

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MODALIDAD A (1º Y 2º DE E.S.O.) PRIMER PREMIO: Ángel Carrasco Martínez - 1º B NOCHE DE INVIERNO Todo empezó esa noche de invierno, en la que la señora Tilman había salido de viaje todo el fin de semana con una vieja amiga. El señor Tilman de unos sesenta años de edad, se quedó en su casa acompañado de su gran colección de libros, de la que siempre le gustaba tomar algún tomo de su colección de novelas policiacas. Quién le hubiera dicho que él participaría en uno de esos casos policiacos que tanto le gustaban, pero a lo mejor no era la posición que a él le habría gustado ejercer un este caso. El detective McGregor estaba delante de la escena del crimen contemplando el rostro pálido del señor Tilman cuando llegó un muchacho joven con el pelo un poco alborotado. ‐¿Es usted el detective McGregor? ‐Usted debe de ser Murphy. ‐Así es. Me han asignado este caso con usted, se ve que el detective que le iba a acompañar se ha tenido que quedar en Glasgow a causa de la nieve, así que me han tenido que llamar desde Birmingham para venir hasta aquí. Bueno, volviendo a la escena: Michael Tilman, varón, de sesenta y tres años, estaba solo en su casa todo el fin de semana pues su mujer había partido hacia Liverpool, ¿cuántos sospechosos hay ahora mismo? ‐De momento hay tres sospechosos: la señora Murray tuvo una fuerte discusión con el señor Tilman sobre que debería vender su colección de novelas, ella vive al lado de él y podría haber entrado por la ventana; el ama de llaves del señor Tilman fue la primera que encontró el cuerpo, dicen que el señor Tilman le había reducido el sueldo hasta tal punto que no le daba para comer; el último sospechoso es la joven señora Blair, había ayudado al señor Tilman a limpiar la casa, ella pudo haber matado al señor Tilmar e irse de inmediato. ‐Ninguno tiene una coartada clara, pero cualquiera de los personajes podrían haber sido el asesino. ‐Aún no podemos decir nada en claro hasta que no tengamos pruebas. ‐Claro. Voy a interrogar a los sospechosos. ‐¡Murphy espere! ¡He encontrado una pistola que podría ser el arma homicida, lo llevaré a los forenses ahora mismo!


‐¡No se mueva! ¡Quédese donde está! ‐Murphy, ¿qué está haciendo con esa pistola? No será… ‐Sí, soy el asesino, y será mejor que vaya dejando ese arma en el suelo. ‐¿Cómo ha sido capaz Murphy? ‐En realidad no soy Murphy, el verdadero Murphy sigue en Birmingham. En realidad soy Steven Tilman, el hijo del Michael Tilman. Vine a su casa para pedirle unas cien libras, pero en vez de eso me dijo que debía haber estudiado y para poder ganar dinero. Lleno de furia lo maté. ‐ No logro comprender que solo lo matara por una muy pequeña parte de dinero, esa no es razón para matar a un hombre. ‐Debo ser sincero, me enteré de que la colección de novelas policiacas tan extensa que tenía mi padre había alcanzado el valor de ochocientas mil libras. Cuando vine a decirle que me regalara su colección, ya que de poco le iba a servir a él en su poco tiempo de vida que le quedaba, él me dijo que eso no lo podía hacer, que esa colección era su tesoro más preciado, y que si él moría, esa colección se la llevaría a la tumba. No pude contener las ganas de matarle, pero no por la respuesta que me dio, si no porque no soportaba que llamara a “mi tesoro más preciado” a una colección de libros vieja, teniendo una familia que siempre ha estado ahí cuando lo ha necesitado. Mi padre siempre ha sido un ser muy egoísta; cuando era niño siempre estaba deambulando por bares. Yo casi no lo veía, apenas estuvo allí para verme crecer. Lo que más me enfurecía es que para la poca educación que recibí de él, todo lo que hacía le parecía poco. Y ahora que está muerto, me voy a llevar toda su colección y la voy a vender en la subasta semanal de Cardiff. ‐¿Y cree que matándolo solucionaría toda la injusticia que tuvo en su infancia? ‐¡Para mí esto ha sido una venganza por todo lo que pasé! ¿Cree que es justo? A mí me parece que no. Seguro que mucha gente me lo agradecerá por haber quitado a ese estorbo de la vida de todos. ‐Vale, váyase, pero tengo que añadir una cosa Steven. Antes de que usted viniera haciéndose pasar por Murphy, estaba leyendo el testamento que escribió esa misma tarde. Había dejado todo lo que tenía a su único hijo. Detrás de este testamento había una nota que decía: “Hijo, siento no haber estado junto a ti en tu infancia, reconozco que fui un cerdo cuando no estuve contigo, eres mi mayor tesoro”. Acto seguido Steven se fue sin decir palabra. Por su cara se deslizaba una lágrima.


MODALIDAD A (1º Y 2º DE E.S.O.) SEGUNDO PREMIO: Lucía Carrasco Guijarro - 1º B

Un libro, un mundo. ¡Hola! Me llamo O. Soy un pequeño habitante de Letrilandia, un pequeño planeta. Soy maestro e iba a contarles a los pequeños acentos un cuento. Había una vez un país muy grande donde vivían muchas letras, como nosotras. Las letras estaban muy preocupadas, porque el país vecino les había declarado la guerra, Palabrilandia. Días antes del duelo, la letra J de jefe les preparó mucho para el gran día. Una vez allí, en el duelo, las letras empezaron a disparar apostrofes, pararon porque se dieron cuenta de que esta guerra les perjudicaba Cada letra que mataban las palabras, esta la perdían... y cada letra que mataba a una palabra recibían pinchazos porque se sentían menos utilizadas. Así pues, los países aclararon sus diferencias y vivieron en armonía y felicidad. Bueno, la clase de hoy ha terminado, he quedado con un viejo amigo y no quiero llegar tarde. ¡23! ¡Cuánto tiempo sin verte! Te tengo que contar muchas cosas. Ha desaparecido 14, el hijo de mi vecino. Podríamos llamar a D (detective) para que le ayude a encontrarle. Y eso hicimos. 23 y yo nos pusimos en contacto con D y los tres fuimos a casa de S (sonrisas), para intentar ayudarle en todo lo posible. El pobre tenía la cara decaída por el disgusto. Más tarde investigaron las llamadas telefónicas para las posibles pruebas. En ese instante sonó el timbre. ¡Era nuestra gran amiga E! E de (entusiasmo, energía, éxito), es decir, justo lo que necesitábamos. Cuando estábamos preparados para salir nos dimos cuenta de que no teníamos pruebas, nadie se había puesto en contacto con S ni con ningún familiar de 14. Nos dimos cuenta de que los zapatos de 14 estaban en su habitación por lo tanto no podría haber ido muy lejos... Nos planteamos las posibles posibilidades de que 14 estuviese en casa. Seguidamente empezamos a buscar por todas las partes posibles, pero.... NADA. Por último, se nos ocurrió buscarle en la planta más baja, el sótano. Así


pues intentamos abrir la puerta, pero... ¡Está atascada! Dijo D. No quedó otro remedio que echar la puerta abajo, así que... ¡PUM! La puerta cayo abajo. ¡Allí estaba 14! estaba dormido. Nos contó que bajo para buscar un libro de Monolito Gafotas, que cuando intentó salir, la puerta se atascó. Él confiaba en que viniéramos a buscarle; entonces se sentó sobre un viejo cojín y se puso a leer. Harto de esperar se quedó dormido. Muy feliz su papa de la emoción le dio un abrazo y le dijo: De los libros surgen grandes aventuras. Entonces todos echaron unas risas. PD: Me encanta mi nombre: O de optimismo, O de oportunidad...

MODALIDAD B (3º Y 4º DE ESO, BACHILLERATO Y CICLOS FORMATIVOS) PRIMER PREMIO: Celia Izquierdo Castellanos – 3º A Recuerdo el día en que llegué aquí, era un 29 de junio cuando las flores mostraban su mayor esplendor y los pájaros cantaban alegres melodías. Yo iba sentada en el asiento trasero del coche, con las manos puestas sobre las rodillas contemplando el paisaje. Mientras, en la radio sonaba estrepitosamente una canción de Miguel Bosé, y por supuesto, como era de esperar, mi madre se volvía loca cantando y bailando una y otra vez ese estribillo tan repetitivo. Como no era de mi agrado ver esta escena tan patética, me sumergí en mis pensamientos mientras el sol acariciaba mi piel y la suave brisa despeinaba mis alegres rizos pelirrojos.


Cuando las flores, los árboles y el cielo quedaron fuera del alcance de mi vista volví a la realidad y me di cuenta de que ya habíamos llegado a la triste ciudad y que dejaba atrás esas largas tardes jugando en la plaza del pueblo. El motivo por el que estaba allí encerrada entre los altos bloques de pisos no lo sabía muy bien, pero mi madre estaba tan contenta de poder empezar una vida nueva desde que mi padre nos abandonó que no rechisté. Sabía que aquí ella iba a ser feliz. Me bajé del coche lentamente observando con cuidado todo lo que me rodeaba y lo que iba a formar parte de mi nueva vida. Pasé 3 meses encerrada en el minúsculo piso en el que vivíamos, alguna vez bajaba al parque para que me diera un poco el aire y me compraba un helado en la cafetería de enfrente, pero el paseo duraba poco, no soportaba que la gente me mirara y señalara con cara de asco mis pantalones gastados que a mí tanto me gustaban. En septiembre llegó el momento más temido, ir al instituto y conocer gente nueva. El primer día me levanté muy temprano, sinceramente no sé para qué, porque me vestí como de costumbre con unos vaqueros gastados, una camiseta ancha y mis zapatillas de cordones, coloqué rápidamente algunos rizos alborotados y me dirigí al instituto. Allí me esperaban montones y montones de adolescentes enloquecidos muy


alegres y aburridos a la vez. Intenté pasar desapercibida cuando entré a mi clase pero muchos ojos curiosos se posaron en mí y oía como cuchicheaban a mis espaldas. Me consideraba una persona muy solitaria, no necesitaba a nadie para ser feliz y con esta idea ocupando mis pensamientos me senté en una esquina del aula y permanecí callada durante todo el día. Los días siguientes no cambiaron mucho, ahora incluso se reían de mí, yo como siempre los ignoraba y seguía mi camino ajena a cualquier burla. Hasta entonces nadie se había acercado a hablar conmigo, tampoco me agradaba la idea de que alguien lo hiciera. Un día, poco antes de las vacaciones de navidad, decidí no salir al patio porque había nevado y hacía mucho frío. Me quedé sentada en las escaleras en silencio, mis ojos se posaron en dos chicos que estaban sentados en un banco enfrente de mi, ambos vestían como yo, sus vaqueros tenían incluso más agujeros que los míos y estaban mucho más gastados, sobre la cabeza llevaban un gran gorra como unos auténticos raperos. De repente se acercaron a mí y me dijeron que era una de los suyos, yo no sabía de qué me estaban hablando y les dije que no me gustaba el rap. Ellos se echaron a reír y me explicaron que aunque lo parecieran no eran raperos, eran ermitaños. En ese momento fui yo la que me eché a reír. Me explicaron que odiaban a la gente tan creída que se cree que tiene un montón de amigos y en realidad no tiene nada, solo


marionetas que hacen todo lo que él quiera. Me dijeron que ellos eran diferentes se aislaban de todos y eran muy felices. Cuando pronunciaron esas palabras sonreí, porque era lo mismo que yo me repetía día tras día a todas horas, pero en realidad sabía que a una parte de ellos le gustaba estar con más gente porque yo en ese momento estaba muy a gusto hablando con ellos. Ahora formo parte de “Los Ermitaños D” decidimos ese nombre porque nuestros nombres empiezan por D, David, Daniel y yo, Diana. Nunca nos separamos y hablamos a todas horas, en los recreos, por las tardes, entre las clases y en ellas también, como todos. Ya está terminado el curso y probablemente este verano vaya unos días a mi pueblo, pero David y Daniel se vienen conmigo, ¡Somos inseparables! Hay una cosa que no les he confesado, mi mentalidad ya no es la misma, no es de ermitaño. Ahora pienso que estar solo está muy bien en algunas ocasiones, pero muchas veces necesitas a personas que estén a tu lado en todo momento y yo por fin las encontré. En el fondo, sé que ellos también lo piensan aunque no lo quieran decir.


MODALIDAD B (3º Y 4º DE ESO, BACHILLERATO Y CICLOS FORMATIVOS) SEGUNDO PREMIO: Lorena Moya Haro – 1º Bach. C

DIARIO 1 julio Experimento un dolor intenso por todo el cuerpo, nunca antes había sentido algo así. Intento abrir los ojos, pero ellos se niegan a oírme, cuando por fin lo consigo, una luz cegadora los nubla. Al rato comienzo a distinguir algunas cosas, y me doy cuenta de que estoy en la calle, arrojada en medio de cubos de basura. Todo me da vueltas cuando intento levantarme, me pregunto a mí misma, que hago allí, que ha pasado.

Intento buscar mi teléfono pero no lo tengo, por lo que empiezo a ponerme de pie, y a buscar signos de donde me encuentro. Cuando por fin consigo darme cuenta de dónde estoy, millones de preguntas se agolpan en mi cabeza intentando buscar algún tipo de claridad, pero sin encontrar ninguna respuesta.

Me dirijo a casa intentado que nadie me vea. Al fin consigo llegar. Entro sin hacer ruido, para que mis compañeras no oigan nada, y me voy hacia mi habitación.

Miro la hora, las 11:00 de la mañana. Me pongo frente al espejo y me doy cuenta de que…. tengo moratones por todo el cuerpo y que tengo sangre. No entiendo nada, y me asusto.

Entonces empiezo a recordar que anoche salí de fiesta, junto con mis amigas y nos dirigimos a un lugar nuevo del que nos habían hablado. Allí comenzamos a bailar y a beber… Después ¿Qué paso? ¿Por qué no consigo acordarme?


Me estoy volviendo loca, me imagino cosas, que espero que no sean verdad. Voy a la habitación de mi amiga llorando, y la despierto. Ella me pregunta qué me pasa, y yo le cuento todo lo que ha sucedido. Cuando termino ella me mira, me coge la mano y me dice:” Anoche te fuiste con un chico mayor, parecía que ibas borracha, pero pensamos que querías irte. Desde ese momento no te volvimos a ver, pero pensábamos que luego llamarías, por lo que nos volvimos al piso”.

Tras oír esas palabras, siento como millones de cuchillos atraviesan mi cuerpo. No soy capaz de reaccionar, y las oigo una y otra vez. Mi amiga me acurruca en la cama y me dice que me tranquilice, que va a llamar a las demás. Al oírla le cojo la mano y le pido que no cuente nada, que nadie debe saber nada de esa noche y que lo mejor es olvidarlo. Ella intenta convencerme de todas las maneras pero yo no quiero, solo quiero olvidar y no saber nada. 8 de julio Se ha pasado ya una semana, pero lo siento como si fuera ayer. No consigo olvidarlo pese a no recordar. Los moratones se me han ido poco a poco, y ya casi no queda rastro. He conseguido taparlos y nadie se ha percatado de nada. El otro día fui a visitar a mis padres, y lo pasé un poco mal porque no podía quitarme la chaqueta. Ellos no hacían más que preguntarme si no tenia calor, y yo tenía que poner una sonrisa falsa y decir que no. Me preguntaron si me pasaba algo, y fui incapaz de contar nada pese a que quería decirlo todo. Mi corazón quería estallar pero mi cabeza decía que no.

Pese a todo esto los días siguen y parece que me encuentro mejor moralmente. Estoy empezando a distraerme un poco, intento leer o ver películas, o buscar algo con lo que entretenerme.

10 de Agosto Ya ha pasado más de un mes, y no me ha bajado la regla. He sentido cambios en mi cuerpo a lo largo de los días, pero los he ignorado. Hasta que hoy he decido tomar una decisión, porque ya no aguanto más este sufrimiento. He ido a comprar un test de embarazo. Cuando lo tengo vuelvo de camino a casa, y voy para mi habitación, pero me siento indefensa para poder realizarlo. Mi cabeza no puede asimilar esta situación, por lo que acabo tirándolo contra la cama.

11 de Agosto


Hoy es el día, no puedo pasar más, me cueste o no tengo que afrontarlo. Cuando me encuentro sola decido hacerlo. Me da miedo mirar el resultado, pero al final lo hago y me doy cuenta… soy incapaz de decirlo. En este momento vuelvo a sentir lo mismo que sentí ese día, la impotencia de no saber qué hacer. Ahora no tengo más remedio que contárselo a alguien Pero ¿a quién? Esta respuesta soy incapaz de responderla en este instante, solo me apetece dormir, y pensar que mañana cuando me despierte todo haya sido un sueño.

12 de Agosto Me he despertado, y me he dado cuenta de que todo sigue igual. Mi esperanza de que todo termine se desvanece. Ha pasado la mañana y he sido incapaz de levantarme, aunque al final lo consigo. Paso por el espejo y mi reflejo me hace pararme un momento, en ese instante me veo, y tengo la sensación de que no soy yo. Todo en mi ha cambiado.

Llega la tarde y me doy cuenta de que debo decidir a quién decírselo. Muchos nombres pasan por mi cabeza pero ninguno me convence, al final pienso en contárselo a mi amiga. Ella es la única que conoce parte de la verdad, y en el fondo no quiero volverlo a contar todo.

Por la noche todas se han ido a dormir y yo me quedo la última. Allá vamos me digo a mi misma, pero eso no me consuela. Llamo a la puerta, y entro. Ella se sorprende pero me pregunta qué pasa, en ese momento me derrumbo y le cuento la verdad.

1 de Septiembre Estoy en una habitación de hospital, mis padres se encuentran a fuera, oigo sus voces. De repente entra un hombre con una bata blanca, y me dice que si estoy preparada. Yo respondo que sí pero mi corazón late muy deprisa, me falta la respiración y tengo una sensación extraña. Empiezo a sudar, y a darme cuenta de a dónde voy. Todos estos días se han pasado muy deprisa y no soy capaz de asimilarlo, mi mente está repleta de lagunas. No entiendo porque me ha sucedido todo esto a mí. Muchas veces me dijeron que tuviera cuidado, pero yo lo ignore, solo ahora que lo estoy sintiendo, me doy cuenta que algunas veces hay que escuchar lo que te dicen, y no pensar que eso no me pasara a mí. A cualquiera le puede pasar, y ahora lo sé.


Veo como me sacan de la habitación y un escalofrió recorre todo mi cuerpo. Al rato llegamos a una sala, todo está oscuro y hay mucha gente. Tengo miedo, nunca antes había experimentado esta clase de temor, es un sentimiento que no puedo describir, pero que creo que todos sentiremos algún vez en nuestra vida. Aunque se supone que esto es el final de esta historia, un capítulo más de mi vida de los muchos que he de rellenar, experimento en mi cuerpo un tipo premonición. Intento ignorar lo que mi corazón dice y procuro hacer caso a la razón, que me dice que todo va a ir bien.

Estoy tumbada, veo como me ponen la mascarilla, y como de repente todo se difumina. Es como cuando tienes la impresión de estar flotando entre las nubes, es como un sueño, pero del que al final descubro que nunca despertare.


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Relatos ganadores 2012 by IES Fray Luis de León - Issuu