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MODALIDAD A (1º Y 2º DE E.S.O.) PRIMER PREMIO: Ángel Carrasco Martínez - 1º B   NOCHE DE INVIERNO  Todo empezó esa noche de invierno, en la que la señora Tilman había salido de viaje todo el fin  de semana con una vieja amiga. El señor Tilman de unos sesenta años de edad, se quedó en su  casa  acompañado  de  su  gran  colección  de  libros,  de  la  que  siempre  le  gustaba  tomar  algún  tomo de su colección de novelas policiacas. Quién le hubiera dicho que él participaría en uno  de esos casos policiacos que tanto le gustaban, pero a lo mejor no era la posición que a él le  habría  gustado  ejercer  un  este  caso.  El  detective  McGregor  estaba  delante  de  la  escena  del  crimen contemplando el rostro pálido del señor Tilman cuando llegó un muchacho joven con el  pelo un poco alborotado.                                                                                                                                        ‐¿Es usted el detective McGregor?                                                                                                               ‐Usted debe de ser Murphy.                                                                                                                               ‐Así es. Me han asignado este caso con usted, se ve que el detective que le iba a acompañar se  ha tenido que quedar en Glasgow a causa de la nieve, así que me han tenido que llamar desde  Birmingham  para  venir  hasta  aquí.  Bueno,  volviendo  a  la  escena:  Michael  Tilman,  varón,  de  sesenta y tres años, estaba solo en su casa todo el fin de semana pues su mujer había partido  hacia Liverpool, ¿cuántos sospechosos hay ahora mismo?                                                                                                       ‐De momento hay tres sospechosos: la señora Murray tuvo una fuerte discusión con el señor  Tilman sobre que debería vender su colección de novelas, ella vive al lado de él y podría haber  entrado  por  la  ventana;  el  ama  de  llaves  del  señor  Tilman  fue  la  primera  que  encontró  el  cuerpo, dicen que el señor Tilman le había reducido el sueldo hasta tal punto que no le daba  para  comer;  el  último  sospechoso  es  la  joven  señora  Blair,  había  ayudado  al  señor  Tilman  a  limpiar la casa, ella pudo haber matado al señor Tilmar e irse de inmediato.                                                                       ‐Ninguno  tiene  una  coartada  clara,  pero  cualquiera  de  los  personajes  podrían  haber  sido  el  asesino.  ‐Aún no podemos decir nada en claro hasta que no tengamos pruebas.  ‐Claro. Voy a interrogar a los sospechosos.  ‐¡Murphy espere! ¡He encontrado una pistola que podría ser el arma homicida, lo llevaré a los  forenses ahora mismo! 


‐¡No se mueva! ¡Quédese donde está!  ‐Murphy, ¿qué está haciendo con esa pistola? No será…  ‐Sí, soy el asesino, y será mejor que vaya dejando ese arma en el suelo.  ‐¿Cómo ha sido capaz Murphy?  ‐En  realidad  no  soy  Murphy,  el  verdadero  Murphy  sigue  en  Birmingham.  En  realidad  soy  Steven Tilman, el hijo del Michael Tilman. Vine a su casa para pedirle unas cien libras, pero en  vez  de  eso  me  dijo  que  debía  haber  estudiado  y  para  poder  ganar  dinero.  Lleno  de  furia  lo  maté.   ‐ No logro comprender que solo lo matara por una muy pequeña parte de dinero, esa no es  razón para matar a un hombre.  ‐Debo ser sincero, me enteré de que la colección de novelas policiacas tan extensa que tenía  mi  padre  había  alcanzado  el  valor  de  ochocientas  mil  libras.  Cuando  vine  a  decirle  que  me  regalara  su  colección,  ya  que  de  poco  le  iba  a  servir  a  él  en  su  poco  tiempo  de  vida  que  le  quedaba, él me dijo que eso no lo podía hacer, que esa colección era su tesoro más preciado, y  que si él moría, esa colección se la llevaría a la tumba. No pude contener las ganas de matarle,  pero no por la respuesta que me dio, si no porque no soportaba que llamara a “mi tesoro más  preciado”  a  una  colección  de  libros  vieja,  teniendo  una  familia  que  siempre  ha  estado  ahí  cuando  lo  ha  necesitado.  Mi  padre  siempre  ha  sido  un  ser  muy  egoísta;  cuando  era  niño  siempre  estaba  deambulando  por  bares.  Yo  casi  no  lo  veía,  apenas  estuvo  allí  para  verme  crecer. Lo que más me enfurecía es que para la poca educación que recibí de él, todo lo que  hacía le parecía poco. Y ahora que está muerto, me voy a llevar toda su colección y la voy a  vender en la subasta semanal de Cardiff.             ‐¿Y cree que matándolo solucionaría toda la injusticia que tuvo en su infancia?  ‐¡Para mí esto ha sido una venganza por todo lo que pasé! ¿Cree que es justo? A mí me parece  que no. Seguro que mucha gente me lo agradecerá por haber quitado a ese estorbo de la vida  de todos.  ‐Vale, váyase, pero tengo que añadir una cosa Steven. Antes de que usted viniera haciéndose  pasar por Murphy, estaba leyendo el testamento que escribió esa misma tarde. Había dejado  todo lo que tenía a su único hijo. Detrás de este testamento había una nota que decía: “Hijo,  siento no haber estado junto a ti en tu infancia, reconozco que fui un cerdo cuando no estuve  contigo, eres mi mayor tesoro”.  Acto seguido Steven se fue sin decir palabra. Por su cara se deslizaba una lágrima. 


MODALIDAD A (1º Y 2º DE E.S.O.) SEGUNDO PREMIO: Lucía Carrasco Guijarro - 1º B

Un libro, un mundo. ¡Hola! Me llamo O. Soy un pequeño habitante de Letrilandia, un pequeño planeta. Soy maestro e iba a contarles a los pequeños acentos un cuento. Había una vez un país muy grande donde vivían muchas letras, como nosotras. Las letras estaban muy preocupadas, porque el país vecino les había declarado la guerra, Palabrilandia. Días antes del duelo, la letra J de jefe les preparó mucho para el gran día. Una vez allí, en el duelo, las letras empezaron a disparar apostrofes, pararon porque se dieron cuenta de que esta guerra les perjudicaba Cada letra que mataban las palabras, esta la perdían... y cada letra que mataba a una palabra recibían pinchazos porque se sentían menos utilizadas. Así pues, los países aclararon sus diferencias y vivieron en armonía y felicidad. Bueno, la clase de hoy ha terminado, he quedado con un viejo amigo y no quiero llegar tarde. ¡23! ¡Cuánto tiempo sin verte! Te tengo que contar muchas cosas. Ha desaparecido 14, el hijo de mi vecino. Podríamos llamar a D (detective) para que le ayude a encontrarle. Y eso hicimos. 23 y yo nos pusimos en contacto con D y los tres fuimos a casa de S (sonrisas), para intentar ayudarle en todo lo posible. El pobre tenía la cara decaída por el disgusto. Más tarde investigaron las llamadas telefónicas para las posibles pruebas. En ese instante sonó el timbre. ¡Era nuestra gran amiga E! E de (entusiasmo, energía, éxito), es decir, justo lo que necesitábamos. Cuando estábamos preparados para salir nos dimos cuenta de que no teníamos pruebas, nadie se había puesto en contacto con S ni con ningún familiar de 14. Nos dimos cuenta de que los zapatos de 14 estaban en su habitación por lo tanto no podría haber ido muy lejos... Nos planteamos las posibles posibilidades de que 14 estuviese en casa. Seguidamente empezamos a buscar por todas las partes posibles, pero.... NADA. Por último, se nos ocurrió buscarle en la planta más baja, el sótano. Así


pues intentamos abrir la puerta, pero... ¡Está atascada! Dijo D. No quedó otro remedio que echar la puerta abajo, así que... ¡PUM! La puerta cayo abajo. ¡Allí estaba 14! estaba dormido. Nos contó que bajo para buscar un libro de Monolito Gafotas, que cuando intentó salir, la puerta se atascó. Él confiaba en que viniéramos a buscarle; entonces se sentó sobre un viejo cojín y se puso a leer. Harto de esperar se quedó dormido. Muy feliz su papa de la emoción le dio un abrazo y le dijo: De los libros surgen grandes aventuras. Entonces todos echaron unas risas. PD: Me encanta mi nombre: O de optimismo, O de oportunidad...  

MODALIDAD B (3º Y 4º DE ESO, BACHILLERATO Y CICLOS FORMATIVOS) PRIMER PREMIO: Celia Izquierdo Castellanos – 3º A       Recuerdo  el  día  en  que  llegué  aquí,  era  un  29  de  junio  cuando  las  flores  mostraban  su  mayor  esplendor  y  los  pájaros  cantaban  alegres  melodías.  Yo  iba  sentada  en  el  asiento  trasero  del  coche,  con  las  manos  puestas  sobre  las  rodillas  contemplando  el  paisaje.  Mientras,  en  la  radio  sonaba  estrepitosamente una canción de Miguel Bosé, y por supuesto, como era  de esperar, mi madre se volvía loca cantando y bailando una y otra vez ese  estribillo  tan  repetitivo.  Como  no  era  de  mi  agrado  ver  esta  escena  tan  patética,  me  sumergí  en  mis  pensamientos  mientras  el  sol  acariciaba  mi  piel y la suave brisa despeinaba mis alegres rizos pelirrojos. 


Cuando las flores, los árboles y el cielo quedaron fuera del alcance de mi  vista  volví  a  la  realidad  y  me  di  cuenta  de  que  ya  habíamos  llegado  a  la  triste ciudad y que dejaba atrás esas largas tardes jugando en la plaza del  pueblo. El motivo por el que estaba allí encerrada entre los altos bloques  de  pisos  no  lo  sabía  muy  bien,  pero  mi  madre  estaba  tan  contenta  de  poder empezar una vida nueva desde que mi padre nos abandonó que no  rechisté. Sabía que aquí ella iba a ser feliz.     Me  bajé  del  coche  lentamente  observando  con  cuidado  todo  lo  que  me  rodeaba y lo que iba a formar parte de mi nueva vida.     Pasé 3 meses encerrada en el  minúsculo piso en el que  vivíamos, alguna  vez bajaba al parque para que me diera un poco el aire y me compraba un  helado  en  la  cafetería  de  enfrente,  pero  el  paseo  duraba  poco,  no  soportaba  que  la  gente  me  mirara  y  señalara  con  cara  de  asco  mis  pantalones gastados que a mí tanto me gustaban.    En  septiembre  llegó  el  momento  más  temido,  ir  al  instituto  y  conocer  gente nueva. El primer día me levanté muy temprano, sinceramente no sé  para  qué,  porque  me  vestí  como  de  costumbre  con  unos  vaqueros  gastados,  una  camiseta  ancha  y  mis  zapatillas  de  cordones,  coloqué  rápidamente  algunos  rizos  alborotados  y  me  dirigí  al  instituto.  Allí  me  esperaban  montones  y  montones  de  adolescentes  enloquecidos  muy 


alegres y aburridos a la vez. Intenté pasar desapercibida cuando entré a mi  clase  pero  muchos  ojos  curiosos  se  posaron  en  mí  y  oía  como  cuchicheaban a mis espaldas.     Me consideraba una persona muy solitaria, no necesitaba a nadie para ser  feliz y con esta idea ocupando mis pensamientos me senté en una esquina  del aula y permanecí callada durante todo el día.  Los días siguientes no cambiaron mucho, ahora incluso se reían de mí, yo  como  siempre  los  ignoraba  y  seguía  mi  camino  ajena  a  cualquier  burla.  Hasta  entonces  nadie  se  había  acercado  a  hablar  conmigo,  tampoco  me  agradaba la idea de que alguien lo hiciera.    Un  día,  poco  antes  de  las  vacaciones  de  navidad,  decidí  no  salir  al  patio  porque  había  nevado  y  hacía  mucho  frío.  Me  quedé  sentada  en  las  escaleras  en  silencio,  mis  ojos  se  posaron  en  dos  chicos  que  estaban  sentados  en  un  banco  enfrente  de  mi,  ambos  vestían  como  yo,  sus  vaqueros tenían incluso más agujeros que los míos y estaban mucho más  gastados,  sobre  la  cabeza  llevaban  un  gran  gorra  como  unos  auténticos  raperos.  De  repente  se  acercaron  a  mí  y  me  dijeron  que  era  una  de  los  suyos,  yo  no  sabía  de  qué  me  estaban  hablando  y  les  dije  que  no  me  gustaba  el  rap.  Ellos  se  echaron  a  reír  y  me  explicaron  que  aunque  lo  parecieran no eran raperos, eran ermitaños. En ese momento fui yo la que  me  eché  a  reír.  Me  explicaron  que  odiaban  a  la  gente  tan  creída  que  se  cree  que  tiene  un  montón  de  amigos  y  en  realidad  no  tiene  nada,  solo 


marionetas que  hacen  todo  lo  que  él  quiera.  Me  dijeron  que  ellos  eran  diferentes se aislaban de todos y eran muy felices.   Cuando  pronunciaron  esas  palabras  sonreí,  porque  era  lo  mismo  que  yo  me  repetía  día  tras  día  a  todas  horas,  pero  en  realidad  sabía  que  a  una  parte de ellos le gustaba estar con más gente porque yo en ese momento  estaba muy a gusto hablando con ellos.    Ahora  formo  parte  de  “Los  Ermitaños  D”  decidimos  ese  nombre  porque  nuestros  nombres  empiezan  por D,  David,  Daniel  y  yo,  Diana.  Nunca  nos  separamos y hablamos a todas horas, en los recreos, por las tardes, entre  las  clases  y  en  ellas  también,  como  todos.  Ya  está  terminado  el  curso  y  probablemente  este  verano  vaya  unos  días  a  mi  pueblo,  pero  David  y  Daniel se vienen conmigo, ¡Somos inseparables!    Hay una cosa que no les he confesado, mi mentalidad ya no es la misma,  no es de ermitaño. Ahora pienso que estar solo está muy bien en algunas  ocasiones, pero muchas veces necesitas a personas que estén a tu lado en  todo momento y yo por fin las encontré. En el fondo, sé que ellos también  lo piensan aunque no lo quieran decir. 


MODALIDAD B (3º Y 4º DE ESO, BACHILLERATO Y CICLOS FORMATIVOS) SEGUNDO PREMIO: Lorena Moya Haro – 1º Bach. C

DIARIO 1 julio Experimento un dolor intenso por todo el cuerpo, nunca antes había sentido algo así. Intento abrir los ojos, pero ellos se niegan a oírme, cuando por fin lo consigo, una luz cegadora los nubla. Al rato comienzo a distinguir algunas cosas, y me doy cuenta de que estoy en la calle, arrojada en medio de cubos de basura. Todo me da vueltas cuando intento levantarme, me pregunto a mí misma, que hago allí, que ha pasado.

Intento buscar mi teléfono pero no lo tengo, por lo que empiezo a ponerme de pie, y a buscar signos de donde me encuentro. Cuando por fin consigo darme cuenta de dónde estoy, millones de preguntas se agolpan en mi cabeza intentando buscar algún tipo de claridad, pero sin encontrar ninguna respuesta.

Me dirijo a casa intentado que nadie me vea. Al fin consigo llegar. Entro sin hacer ruido, para que mis compañeras no oigan nada, y me voy hacia mi habitación.

Miro la hora, las 11:00 de la mañana. Me pongo frente al espejo y me doy cuenta de que…. tengo moratones por todo el cuerpo y que tengo sangre. No entiendo nada, y me asusto.

Entonces empiezo a recordar que anoche salí de fiesta, junto con mis amigas y nos dirigimos a un lugar nuevo del que nos habían hablado. Allí comenzamos a bailar y a beber… Después ¿Qué paso? ¿Por qué no consigo acordarme?


Me estoy volviendo loca, me imagino cosas, que espero que no sean verdad. Voy a la habitación de mi amiga llorando, y la despierto. Ella me pregunta qué me pasa, y yo le cuento todo lo que ha sucedido. Cuando termino ella me mira, me coge la mano y me dice:” Anoche te fuiste con un chico mayor, parecía que ibas borracha, pero pensamos que querías irte. Desde ese momento no te volvimos a ver, pero pensábamos que luego llamarías, por lo que nos volvimos al piso”.

Tras oír esas palabras, siento como millones de cuchillos atraviesan mi cuerpo. No soy capaz de reaccionar, y las oigo una y otra vez. Mi amiga me acurruca en la cama y me dice que me tranquilice, que va a llamar a las demás. Al oírla le cojo la mano y le pido que no cuente nada, que nadie debe saber nada de esa noche y que lo mejor es olvidarlo. Ella intenta convencerme de todas las maneras pero yo no quiero, solo quiero olvidar y no saber nada. 8 de julio Se ha pasado ya una semana, pero lo siento como si fuera ayer. No consigo olvidarlo pese a no recordar. Los moratones se me han ido poco a poco, y ya casi no queda rastro. He conseguido taparlos y nadie se ha percatado de nada. El otro día fui a visitar a mis padres, y lo pasé un poco mal porque no podía quitarme la chaqueta. Ellos no hacían más que preguntarme si no tenia calor, y yo tenía que poner una sonrisa falsa y decir que no. Me preguntaron si me pasaba algo, y fui incapaz de contar nada pese a que quería decirlo todo. Mi corazón quería estallar pero mi cabeza decía que no.

Pese a todo esto los días siguen y parece que me encuentro mejor moralmente. Estoy empezando a distraerme un poco, intento leer o ver películas, o buscar algo con lo que entretenerme.

10 de Agosto Ya ha pasado más de un mes, y no me ha bajado la regla. He sentido cambios en mi cuerpo a lo largo de los días, pero los he ignorado. Hasta que hoy he decido tomar una decisión, porque ya no aguanto más este sufrimiento. He ido a comprar un test de embarazo. Cuando lo tengo vuelvo de camino a casa, y voy para mi habitación, pero me siento indefensa para poder realizarlo. Mi cabeza no puede asimilar esta situación, por lo que acabo tirándolo contra la cama.

11 de Agosto


Hoy es el día, no puedo pasar más, me cueste o no tengo que afrontarlo. Cuando me encuentro sola decido hacerlo. Me da miedo mirar el resultado, pero al final lo hago y me doy cuenta… soy incapaz de decirlo. En este momento vuelvo a sentir lo mismo que sentí ese día, la impotencia de no saber qué hacer. Ahora no tengo más remedio que contárselo a alguien Pero ¿a quién? Esta respuesta soy incapaz de responderla en este instante, solo me apetece dormir, y pensar que mañana cuando me despierte todo haya sido un sueño.

12 de Agosto Me he despertado, y me he dado cuenta de que todo sigue igual. Mi esperanza de que todo termine se desvanece. Ha pasado la mañana y he sido incapaz de levantarme, aunque al final lo consigo. Paso por el espejo y mi reflejo me hace pararme un momento, en ese instante me veo, y tengo la sensación de que no soy yo. Todo en mi ha cambiado.

Llega la tarde y me doy cuenta de que debo decidir a quién decírselo. Muchos nombres pasan por mi cabeza pero ninguno me convence, al final pienso en contárselo a mi amiga. Ella es la única que conoce parte de la verdad, y en el fondo no quiero volverlo a contar todo.

Por la noche todas se han ido a dormir y yo me quedo la última. Allá vamos me digo a mi misma, pero eso no me consuela. Llamo a la puerta, y entro. Ella se sorprende pero me pregunta qué pasa, en ese momento me derrumbo y le cuento la verdad.

1 de Septiembre Estoy en una habitación de hospital, mis padres se encuentran a fuera, oigo sus voces. De repente entra un hombre con una bata blanca, y me dice que si estoy preparada. Yo respondo que sí pero mi corazón late muy deprisa, me falta la respiración y tengo una sensación extraña. Empiezo a sudar, y a darme cuenta de a dónde voy. Todos estos días se han pasado muy deprisa y no soy capaz de asimilarlo, mi mente está repleta de lagunas. No entiendo porque me ha sucedido todo esto a mí. Muchas veces me dijeron que tuviera cuidado, pero yo lo ignore, solo ahora que lo estoy sintiendo, me doy cuenta que algunas veces hay que escuchar lo que te dicen, y no pensar que eso no me pasara a mí. A cualquiera le puede pasar, y ahora lo sé.


Veo como me sacan de la habitación y un escalofrió recorre todo mi cuerpo. Al rato llegamos a una sala, todo está oscuro y hay mucha gente. Tengo miedo, nunca antes había experimentado esta clase de temor, es un sentimiento que no puedo describir, pero que creo que todos sentiremos algún vez en nuestra vida. Aunque se supone que esto es el final de esta historia, un capítulo más de mi vida de los muchos que he de rellenar, experimento en mi cuerpo un tipo premonición. Intento ignorar lo que mi corazón dice y procuro hacer caso a la razón, que me dice que todo va a ir bien.

Estoy tumbada, veo como me ponen la mascarilla, y como de repente todo se difumina. Es como cuando tienes la impresión de estar flotando entre las nubes, es como un sueño, pero del que al final descubro que nunca despertare.    

Relatos ganadores 2012  

Relatos ganadores del concurso del día del libro celebrado en el IES Fray Luis de León de Las Pedroñeras (Cuenca)

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