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­Historias

DE PRIMERO

IE Jacint Verdaguer


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­Historias

DE PRIMERO


­Historias

DE PRIMERO

IE Jacint Verdaguer S A N T S A D U R N Í D ’A N O I A , 2 017


Primera edición: mayo de 2017 Copyright © El autor/-a de cada texto y su correspondiente ilustración Publicado por: IE Jacint Verdaguer c/ Gelida s/n, 08770 Sant Sadurní d’Anoia Proyecto ideado y diseñado por: Jordi Sadurní i Ventura Las Ilustraciones se han dibujado en la clase de Visual i Plàstica bajo la supervisión de la Profesora Helena Garcia. Corrección: cada autor de su texto. Impresión virtual: ISUU


ÍNDICE

Clignote . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  9 La ardilla humorista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  13 La niña de la cámara de fotos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  17 Horror en la oscuridad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  20 Buena Amiga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  22 El misterio de la isla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  25 Hurón . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  28 Paranormal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  31 La selva animal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  34 El gran árbol de Navidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  36 La amistad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  39 Game on . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  42 Papito y el partido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  46 La gran lección . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  49 Diesel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  52 Viaje al futuro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  55 El pingüino esquiador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  58 El pintor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  60 La rana René . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  63 Perdieron el avión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  66 Amigos diferentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  68


El perro de Maya . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  70 Las estaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  73 Leo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  76 La venganza del tigre ninja . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  79 El bunker imposible . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  82 El pájaro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84 El león y su avaricia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  86 El cartero afortunado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  90 El niño de Alamein . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  93 El viaje . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  96 Un día horroroso, tan horroroso que te dan ganas de tirarlo por la ventana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  99 Raquel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  102 La peor noche . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  104 Un sueño hecho realidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  106 La fiesta sorpresa de Laia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  109 El osos que comía galletas Chiquilín . . . . . . . . . . . . . . . .  112


CLIGNOTE Era una noche de tormenta. En una hípica de Francia llamada “Equitation Arc Nuit”. Eran más o menos las tres de la mañana cuando nació un pequeño potro de color chocolate con una mancha en forma de estrella en la frente y calcetines blancos en las patas delanteras… Lo primero que dijo Iris, la dueña de la hípica, fue: “¡Qué potrillo tan bello!” El granjero Pad lo que dijo fue: “Yo creo que es un poco feo.” El pequeño potro no entendía lo que decían, pero le era igual. Él lo único que entendía era a su madre Lumière que lo acariciaba y le ayudaba a levantar mientras le decía: – Bienvenido al mundo, pequeñín… Iris decidió llamarlo Clignote. Pasó el tiempo, Clignote se hacía mayor y llegó el día de domarlo. Clignote no quería ser domado. Él le dijo a su madre que quería ser libre y correr por los campos y montañas. Su madre siempre le decía que aquí ya estaba bien, que le daban comida y agua a cambio de que hiciera un buen trabajo y que, además, si se esforzaba quizás llegaría a competir y quizás ganaría algún que otro premio. A Clignote no le acababa de convencer pero decidió probar si eso de ser montado no era un infierno. – ¿Preparado, Clignote? –Dijo Iris. Clignote estaba listo. Al principio no mostró resistencia

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y se dejó domar con facilidad. Con el tiempo se fue acostumbrando y cada vez saltaba más alto y mejoraba cada vez más en doma clásica. Iris decidió llevarlo a competir. Clignote lo hizo genial, quedó tercero y pasó a la siguiente fase, y la siguiente, y la siguiente… Hasta llegar a los campeonatos de Francia. Allí quedó en segundo lugar. Su madre y Iris estaban muy orgullosos. Pero Clignote seguía queriendo ser libre… Un mañana, Clignote estaba en su cuadra y se dio cuenta de que Iris no había cerrado bien la puerta. Empujó la puerta con su hocico y esta se abrió. Clignote pensó que si se escapaba decepcionaría a su madre y Iris estaría muy triste. Pero nada podía saciar su deseo de libertad. Así que salió por la puerta sin hacer ruido… Salió por la puerta de la hípica, sentía miedo y euforia al mismo tiempo. Nadie se dio cuenta… Clignote era libre. Se alejó lo más rápido que pudo de la hípica hasta que llegó a un campo verde. No parecía que fuera de nadie, pero había un montón de hierba solo para él… –¡Esto puede alimentarme durante meses! –pensó. Decidió quedarse allí hasta que se le acabara la comida. Pasaron los días y Clignote fue encontrando más caballos libres como él. Clignot consiguió su mayor deseo, ser libre… Aina Bargalló Soler

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LA ARDILLA HUMORISTA Os contaré la historia de una ardilla que quería ser humorista, pero tenía menos gracia que esta historia. Vivía en un árbol y todo el día contaba chistes malos, pero que muy malos, de verdad, y sus compañeros le tiraban bellotas y la pegaban. La ardilla, rechazada por sus compañeros, se fue del árbol esperando encontrar un lugar para hacer realidad su sueño de ser humorista. De repente se encontró un polluelo llorando en el suelo. Le preguntó qué le había pasado pero no sabía hablar. (Pues claro, era un polluelo). La ardilla pensó que se había caído del árbol y no sabía cómo ayudarlo, así que hizo lo que mejor se le daba (o eso creía): contarle un chiste. Ese chiste era medio bueno y el polluelo debió entenderlo porque se puso a reír o algo parecido. La ardilla la subió al nido, volvió a su árbol y más motivada que nunca se dispuso a hacer reír a todo el mundo. Renovó la confianza en sí misma y su repertorio de chistes. Nunca fue muy graciosa pero al menos se lo pasaba bien contando chistes y eso es lo que importa. Y así es cómo se dio cuenta de que no debía dejar de hacer algo solo porque al principio no se le diera bien. No dejes de hacer algo que te gusta solo porque no se te da bien. Pau Figueras

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LA FIESTA SORPRESA DE PAULA Había una vez, en Sant Sadurní d’Anoia, una niña llamada Paula que el día 17 de Agosto cumplía 12 años. Nunca había hecho una fiesta y le hacía mucha ilusión organizar una, pero sus padres no querían porque decían que era demásiado trabajo. Era verano, y Paula cada día iba al esplai del ayuntamiento y veía a las niñas de su clase que le preguntaban si iba a hacer una fiesta y ella siempre tenía que decir que no. Pobrecita. Llegó el día de su aniversario y sus padres, por la mañana, primero la felicitaron y después le dieron el regalo que le habían comprado. Le regalaron un patinete eléctrico de color azul claro. Dijo que le gustó mucho. Después se fue al esplai como cada día y todo el mundo la felicitó. Al mediodía su madre la vino a recoger y fueron a casa a comer con toda la familia. Por la tarde quedó con sus amigas, pero ellas a las siete de la tarde se tuvieron que ir porque tenían que ir a hacer un recado a Barcelona. Paula decidió ir a casa de su abuela hasta que fuera la hora de cenar. La abuela le regaló unas deportivas muy bonitas que le encantaron. A la hora de cenar su abuelo la llevó a casa y no había nadie. Solo había una nota que decía (no volveremos a casa hasta las 10 de la noche. Tenemos que hacer un recado. Lo sentimos). Paula se sentó en el sofá para ver la

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televisión y de golpe y porrazo salieron sus padres y sus amigas de debajo de la mesa. Paula se quedó boquiabierta. Se sentaron en la mesa y cenaron. Luego le dieron los regalos. Una agenda de Mr Wonderful para el año 2018, una camiseta muy bonita de color morado claro, una funda para su móvil y un portátil. Se lo pasaron super bien. Paula dijo quiero hacer una fiesta como esta todos los años! Abril Cruces Ventura

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LA NIÑA DE LA CÁMARA DE FOTOS Era la mañana de Reyes, Andrea se despertó, bajó corriendo y entró en el comedor. Allí estaban todos sus regalos esperándola. Encima del sofá gris había seis cajas. Todas de diferentes tamaños y formás y diferentes papeles y envolturas. Había para su mamá su papá y su hermana mayor Clara. Empezaron a abrir los regalos. El primero fue para mamá. Recibió una batidora nueva y un libro de recetas vegetarianas y saludables. A papá le tocó unas herramientas y unas entradas para ir al teatro. Clara abrió su regalo y dentro estaba lo que siempre había deseado: ¡un portátil nuevo! Lo necesitaba porque tenía 17 años. Ahora ya estudiaba en la universidad. Finalmente le llegó el turno de Andrea. Empezó a abrir su regalo con mucha impaciencia. Ya podía ver la caja que guardaba su regalo. Abrió la caja y encontró una cámara de fotos. Andrea nunca la había pedido, pero le hizo mucha ilusión. Dio gracias al aire y se fue corriendo a buscar a su amiga Marta. Marta le enseño los regalos que le habían traído a ella, y Andrea su cámara de fotos. Luego fueron a fotografiar su pueblo. Las niñas llegaron a sus casas dos horas más tarde. Había hecho muchísimás fotos de los arboles, las plantas, los puentes… Cuando estaban cenando, Andrea les enseñó todas las fotos que habían hecho. Se dieron cuenta que en una foto

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de paisaje, en concreto en medio de un prado, había una mancha verde muy rara. Todo el pueblo fue a ver que podía ser eso, pero no la encontraban. Llamaron a los guardabosques para informarlos de ese suceso. Cuando llegaron le pidieron todas las fotos que hizo Andrea aquel día para que les sirviera de guía. Cuando encontraron la mancha, recoguieron muestras y las enviaron a la policía para que los analizaran. Aun no se sabe exactamente que podría ser, tal vez el año que viene… Alba Garriga Hernández

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HORROR EN LA OSCURIDAD Era una noche oscura y fría en el barrio antiguo de Boston. Reinaba un absoluto silencio. Se decía que en ese barrio, habitaban unos pequeños duendecillos llamados “klinks”. Decían que vivían debajo de las rocas. Nadie sabía en qué piedras vivían esas horribles criaturas. Solo se sabía que en las noches más frías, a veces salían a hacer alguna travesura. Por ejemplo romper algún cristal. Normalmente, acababan huyendo del lugar, sobre todo cuando se rompía algo. Un día, un grupo de jóvenes que había salido de fiesta, se encontró una de estas pequeñas criaturas en la calle. No sabían si era debido al cansancio pero les había parecido que era una especie de duende negro y púrpura. Sin duda alguna, el duende echó a correr y los jóvenes lo siguieron. Cuando estuvieron en ese callejón sin salida, de la nada les apareció por la espalda uno de esos duendes y… mató a uno de esos chicos. Los otros jóvenes quedaron impactados ante aquel crimen. Echaron a correr pero los duendes los alcanzaron. Los jóvenes pensaban que les había llegado la hora, pero entonces sonaron las seis y los duendes desaparecieron. Otra vez el absoluto silencio y el frío. A partir de aquel día el pueblo quedó absolutamente deshabitado, excepto de esos duendes… Aniol Gibert

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BUENA AMIGA Hola, me llamo Clara. Ayer empecé el cole y no tenía muchas ganas. No quería que se acabase el día pero se iba haciendo tarde. Ya eran las 22:30 y mi madre me dijo que fuera a dormir porque al día siguiente tenía que madrugar. Hoy empiezo el cole. Tendré amigos nuevos, profesora nueva… Llegó al colegio, entro en la clase y me siento donde me manda la profesora. A mi lado hace sentar a una niña que se llama Rut. Yo me presenté y le dije que me llamaba Clara, que tenía 7 años y que si quería ser mi amiga. Ella se presentó y me dijo que se llamaba Rut, que tenía 7 años y que sí que quería ser mi amiga. Llegó la hora del recreo y estuvimos juntas. El tiempo me pasó muy rápido estando con ella. Fuimos a clase y estuvimos hablando. También me pasó la hora super rápida. Sonó el timbre, nos tuvimos que ir a casa, yo le dije que no se fuera todavía, que le quería decir una cosa. Y Rut me dijo que si quería algo, y yo le dije que si por la tarde quería venir a mi casa un rato, y ella me dijo que sí. Llegó la hora de que viniese Rut a mi casa. Estuvimos pasandolo muy bien. Así todos los días. Hasta que llegó el momento que pasamos a secundaria y nos separaron. Nunca tuvimos la misma relación como

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cuando estábamos en primaria. Pasaban los años y ya solo nos saludábamos. Nos íbamos haciendo mayores y ya no nos veíamos, solo nos llamábamos de vez en cuando. Hasta que llego un día que no nos hablamos ni quedamos nunca más para vernos, nos olvidábamos de nosotras y de nuestra antigua amistad. Carla Mata López

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EL MISTERIO DE LA ISLA Un día, una pareja, Kaitin y Pol fueron de viaje a una isla llamada Maldivas. Al llegar se instalaron en el hotel y fueron a comer. En el hotel había un folleto turístico con propaganda de un parque de aventuras a 10 kilómetros de donde estaban. Les pareció divertido y fueron hacía allí. Ya había llegado el final del recorrido y les quedaba la gran tirolina que recorría un gran bosque. Primero empezó el hombre y después la mujer. Ésta, al llegar, vio que el hombre había desaparecido. La mujer se preocupó y le preguntó a un trabajador del parque si le había visto y él dijo que no había visto a ese hombre nunca y que no había oído hablar de él. Fue a comisaría y enseñó el carnet de su marido a los policías. Buscaron por el registro. No salía ningún dato. Era como si no existiera. Fue al hotel, tampoco estaba en la lista de clientes. Kaitin estuvo día y noche buscando a su marido, pero nadie en la isla lo había visto. Al día siguiente fue al hospital de la isla para ver si estaba allí, era muy siniestro. De repente, vio una camilla con un hombre, le pareció que era él, pero unas enfermeras se lo llevaron. La mujer las persiguió y de repente empezaron a correr. Kaitin las alcanzó y las obligó a que le explicaran todo lo que estaba pasando. Ellas dijeron que engañaban a todos los turistas ricos

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que pasaban por Maldivas, que todos los que vivían allí estaban compinchados y que los llevaban a un hospital para sacarles partes de su cuerpo y trasplantar sus órganos a la gente pobre que necesitaba asistencia médica en la isla. La mujer se quedó petrificada al escuchar aquella historia. Sin pensárselo un minuto, cogió a su marido e intentó escapar, pero todos los policías fueron a por ellos. Kaitin fue a la azotea, allí había un helicóptero. Subieron los dos antes que llegasen los policías y ya no volvió a aquella isla nunca más. Daniela Godoy

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HURÓN Había una vez cuatro hermanos. Dos de ellos eran gemelos: Guillermo y Alex. Los otros dos se llamaban Luz y Sebastián. Todos querían tener un gatito, pero su padre era alérgico. Un día estaban jugando en el jardín y de repente vieron un hurón de color blanco. Los gemelos y Luz querían que el hurón se quedara, pero Sebastián decía que no, ya que su padre era alérgico a ese animal. Discutieron durante un largo rato, hasta que finalmente decidieron quedárselo. El hurón recibió el nombre de Blanca. Era hembra. La escondieron en el cuarto de tareas para que su padre no la viera. Al día siguiente, al volver del cole, lo primero que hicieron fue ir a ver a Blanca, pero… ¡No estaba! La buscaron por la cocina, las habitaciones, el salón… Estaban cansados de tanto buscar pero no la encontraron, estaban muy tristes. Llegó la noche, todos se fueron a dormir. Su padre, Fernando, se fue a la cama, cuando de repente empezó a estornudar. Se recostó en su cama y sintió que algo se movía entre las sábanas. Dio un grito tan fuerte que lo escucharon todos los vecinos. El pobre hombre no paraba de gritar y estornudar. Luz lo

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entendió enseguida ¡Era Blanca la que se movía entre las sábanas! Todos los niños se lanzaron a buscar a Blanca. Hubo un jaleo enorme, pero al final Sebastián la pilló. Después de todo lo ocurrido, su padre los regañó, pero el enfado fue en vano porque finalmente Blanca logró quedarse. Edith Uzho

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PARANORMAL – Papá, tengo mucho miedo. Te pido que por favor esta noche no salgas a trabajar. – Hija, no puedo hacer eso, soy velador. Además este mes ya he faltado dos veces, puesto que tú enfermáste la semana pasada. Si vuelvo a faltar al trabajo es probable que me echen y entonces tendrás que vivir con tu madre hasta que yo vuelva a encontrar otro trabajo. – No papito, no quiero irme con mamá. Comprendo lo que me dices, pero por favor ten mucho cuidado. – Sí Fer, no te preocupes, cerraré la puerta incluso con la cadena. Sólo debes prometerme una cosa… ¡Pase lo que pase, no te acerques a la puerta aunque oigas sonar el timbre! ¿Me lo prometes? – Claro papa. ¿Pero qué pasa si hay un incendio? – Ya lo sabes, hay un duplicado de las llaves encima del refrigerador, pero únicamente debes usarlo en caso de que pudiera ocurrir algún siniestro. La niña, de 11 años, le dio un beso de despedida a su papá y se dirigió a su habitación a seguir viendo la televisión. Una vez más puso el canal de noticias y supo que un desquiciado del manicomio continuaba suelto. “Nos informan desde el manicomio que esta tarde se ha fugado un interno muy peligroso y que parece que se lo ha

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visto cerca de la calle de los Robles”. El pavor invadió hasta lo más profundo del ser de Fernanda, ya que sabía que esa calle se encontraba a unas cuantas cuadras de su domicilio. Apagó el televisor y las luces para intentar dormir, pero no podía ni siquiera cerrar los ojos, pues inmediatamente pensaba en situaciones horribles en las que aquel loco entraría a su casa y la asesinaría. Hacía las diez de la mañana el sonido del timbre la despertó. Transitó por el pasillo que conducía a la alcoba de su padre y vio que éste todavía no había llegado a su hogar. Llegó hasta la puerta y con voz temerosa preguntó: – ¿Quién es? A esta pregunta alguien con voz sombría y tétrica le respondió: – Soy yo hija. Abre. Pronto. La niña no hizo caso y volvió a su cuarto hasta que poco después escuchó las sirenas de varias patrullas que aparcaban a las afueras de su domicilio. Una vez más se aproximó a la puerta y alcanzó a escuchar a uno de los policías que decía: – Métanlo en la camioneta y llévenlo de vuelta al hospital psiquiátrico. Trae una sábana para tapar el cuerpo. No quiero que los fotógrafos vean cómo terminó este pobre hombre.

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Fernanda fue a la cocina, cogió una silla y se subió en ella para alcanzar el duplicado de las llaves que estaban sobre la nevera. Abrió la puerta y lo único que pudo ver fueron un par de camillas. En una de ellas se encontraba un hombre amarrado gritando incoherencias. Al otro lado, en la camilla más próxima reposaba el cuerpo sin vida de un hombre. Supo que era su padre, pues reconoció la esclava de oro que colgaba de aquel brazo lleno de sangre. Erik Valero

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LA SELVA ANIMAL En la selva animal había muchos animales, pero tres de esos eran muy especiales. Ahora os explicaré porqué. Ellos eran: un leopardo, que se llamaba Leo y era muy rápido y listo; otro se llamaba Zeb, era cebra muy graciosa pero débil; y por último, Gorila, que era muy gruñón y fuerte. Un día estaban los tres en la selva hablando y escucharon unos tiros de escopeta de los cazadores. Se asustaron mucho y empezaron a correr para esconderse en una cueva. Los cazadores no los encontraron y esperaron al día siguiente. Por la mañana, los animales salieron de la cueva. Los cazadores los vieron y empezaron a correr detrás suyo. Se escucharon disparos y un bala le dio a Zeb. Se murió. Gorila se indignó tanto que entró en cólera y fue hacía ellos. Como era tan fuerte, les pegó un puñetazo y los mandó a la China. Los animales, a pesar de lo sucedido con Zeb, estaban felices porque ya no corrían peligro. Al cabo de unos meses volvieron otros cazadores pero no los pudieron cazar porque los animales se habían ido a otra selva. Moraleja: Siempre tienes que ir junto a tus amigos si te persigue alguien que no conoces. Ignasi Canelles López

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EL GRAN ÁRBOL DE NAVIDAD Esta historia sucedió a un niño y una niña en Alemania durante la Navidad. Los niños se llamaban Alexandra, la mayor de 4 años y Peter, el pequeño de 3 años. Al volver del colegio, Peter y Alexandra se fijaron en dos balcones con adornos navideños. Siendo tan pequeños y tan impacientes ya querían poner los adornos de Navidad en su casa, pero los padres dijeron que era demasiado pronto. Los niños tenían que esperar. Los niños esperaron toda la semana, pero un día, al volver del colegio, vieron que su madre les había sacado las cajas con los adornos para decorar el balcón todos juntos. Cuando terminaron de poner todas las decoraciones se dieron cuenta de que les faltaba el árbol, y el padre rápidamente dijo “No hay problema, ya lo compraremos”. Pero a la madre se le ocurrió una genial idea: ir a comprar un pequeño abeto. Plantaron el árbol y los niños se pusieron a jugar, corriendo alrededor de él. Alexandra resbaló y cayó. Peter se dispuso a ayudarla pero Alexandra no respondía. Peter fue corriendo a avisar a sus padres. Fueron directamente al hospital más cercano y al llegar, Alexandra ya no respiraba. Unos años después volvieron a celebrar la Navidad en el lugar del hecho. A Peter, al ver el sitio donde murió su hermana,

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le vino la idea de decorar aquel lugar todas las Navidades en memoria de su hermana Alexandra. Irina Santacana

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LA AMISTAD Había una vez dos jóvenes, Juan y Pedro, que eran muy amigos pero tuvieron una pequeña discusión. –¡Dame el camión de bomberos! –¡No, es mío! –¡No, es mío, idiota!–Los dos pequeños tiraban del camión de bomberos, tiraban, tiraban hasta que… crraaaackk!!!! –¡Idiota, lo has roto! –¡Mentiroso, lo has roto tú! ¡Estúpido! –Mhhhhhh…. ¡Ya no te quiero ver en mi vida, ya no somos amigos! –¡Lo mismo digo, adiós! Pasaban y pasaban los días y Juan y Pedro estaban más aburridos que ostras. Solo se tenían el uno al otro y siempre habían estado juntos, pero por culpa de esa discusión ni se hablaban. Sin embargo, un día se dieron cuenta que se necesitaban, pero no se atrevían a decírselo uno al otro. Hasta que… una compañera nueva entró a la escuela. Era muy guapa, y Juan y Pedro se enamoraron. Pedro y Juan estuvieron don semanas intentando gustarle a esa chica, los dos le pidieron para salir, y a los dos la joven chica les dijo que no quería salir con ninguno de ellos. Entonces los dos se pusieron tristes y en ese

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momento se dieron cuenta que no podían seguir así. Finalmente fueron a merendar a la pastelería y estuvieron felices y jugaron juntos. Iván Gómez

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GAME ON Durante el siglo XX, un niño llamado Hector fue muy entusiasmado a jugar a las maquinitas que había en el bar del pueblo. Ahí quedaban los niños después del cole para jugar. Pero al ir con tantas ganas y tantas prisas no pudo pasar ni la primera pantalla de su juego favorito llamado Gumi Gussi y pateó la maquina. La desenchufó pero lo que no esperaba es que la máquina se rebelara. Lo atrapó dentro del juego dándole a Hector un sueño tremendo. Al despertar le costó mucho reconocer donde estaba pero al cabo de unos minutos se dio cuenta de que estaba dentro de su juego favorito. Al principio le costó mucho asumir que estaba dentro de un juego tan difícil y peligroso, lleno de trampas y acertijos. Al dar un paseo por el juego, vio una luz. Era como una especie de guía del juego que lo informó que volver para volver al mundo real tendría que superar todo el juego. Había tres niveles. En la que estaba ahora llamado El jardín embrujado, había un esfinge que te preguntaba una adivinanza, y la última pantalla, la más difícil, que decía que con los poderes que te daba el esfinge tenías que derrotar al dragón y llegar hasta el final del castillo para encontrar la herramienta que te permitiría volver al mundo real.

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Pensando como pasarse esa pantalla, Hector vio una puerta tras un puente de madera. Rápidamente fue a cruzarla pero se le apareció una especie de ogro con una tinaja de vino y le dijo que para pasar el puente tenía que cruzar con la tinaja antes de que se acabara el tiempo. Él empezó a cruzar pero cada paso que daba parecía como si la tinaja de vino fuera más grande y pesara más. Llegó a la mitad del puente y se quitó la tinaja de los hombros y la empezó a empujar y rodando fue como pudo superar el puente. El ogro muy enfadado no tuvo más remedio que enseñarle la puerta para que pudiera pasar al próximo nivel. Tras pasar la primera puerta vio unas ruinas de edificio muy extrañas, pero sabía que alguien o algo le estaba observando. Para pasar tenía que subir por unas escaleras enormes y larguísimas. Hector, cansado del esfuerzo de subir, por fin llegó al final de las escaleras y allí se encontró con un pequeño esfinge que le dijo que le preguntaría otra adivinanza y que si se la sabía le daría un poder que solo los más listos podían adquirir. Hector, pensativo, dijo que aceptaba. La adivinanza fue: ¿Qué es que cuanto más hay menos pesa? Hector no sabía qué responder y al cabo de algunas horas pensando dijo: “Los agujeros, Esfinge. ¡Son los agujeros!” El esfinge sorprendido no tuvo otra elección que darle el

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poder de volar y una armadura y una espada mágica. El esfinge le dijo a Hector: “La puerta para el siguiente nivel esta detrás de esa pared”. Hector cruzó la puerta y lo primero que vio fue un dragón echando fuego por la boca. Entonces, Hector, se lanzó a por el dragón creando una lucha épica. Hector pensó en sus amigos y amigas y sus padres, que a esas horas se estarían preocupando por él y le entró una especie de fuerza y valentía que lo motivaron a derrotar al maldito dragón de una vez por todas. Para Hector la aventura aun no había acabado por que tenía que entrar en el peligroso castillo y encontrar la salida al mundo real. Pero lo que no se esperaba Hector y supongo que ninguno de vosotros tampoco es que habría un guía hacía la salida del mundo real. Y así fue como Hector pudo volver al mundo de donde él venía. Ixent Casamajor

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PAPITO Y EL PARTIDO Había una vez un pato llamado Papito que era muy pequeño y le gustaba mucho el futbol. Los patos más grandes no querían que entrase en el equipo del estanque, pero Papito, el pato, era muy bueno y jugaba con el equipo de los pequeños. Su sueño era jugar en el equipo del estanque. Un día, al equipo del estanque le faltaba un jugador, para jugar la final de la liga y nadie quería que Papito jugase, pero era el único del equipo que era bueno, y tuvieron que aceptarlo. Durante esa semana estuvo entrenando todos los días y a todas horas. Por fin llegó el día, había todo el estanque y Papito estaba muy nervioso. De golpe sonó el silbato. Empezaba el partido. Durante todo el juego estuvo emocionado, quedaron dos a dos. Papito cogió la pelota y comenzó a “driblarlos” a todos. Le hacían faltas pero nadie lo paraba. Llegó delante del portero, todos los de la gradería se levantaron y Papito con el número 10 marcó de Rabona. Todos los del equipo fueron a recogerle y lo hacían volar diciendo: –¡Campeones, campeones, oe oe oe! Y así todo el rato. Y a partir de ese día Papito fue el salvador del equipo y cumplió su sueño: jugar con el equipo de los grandes.

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Moraleja: Nunca renuncies a tu sueĂąo, aunque alguien te moleste. Jan Vendrell Samblas

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LA GRAN LECCIÓN Hace unos, meses tres delfines decidieron organizar un viaje a las islas Maldivas. Contactaron con una agencia para que los ayudaran y les dijeron que precisamente estaban organizando un viaje para jóvenes a las Maldivas. Les preguntaron si querían ir con ese grupo. Nina –uno de los delfines– estaba de acuerdo, pero a los otros dos no les hacía mucha gracia ir con otros jóvenes desconocidos. Preferían ir los tres juntos, pero Nina, por la tarde llamó a la agencia sin decirles nada a sus dos amigas, y dijo que se apuntaban con ese grupo. Dos días antes de irse, Nina les explicó a sus amigas que irían con ese grupo. Alba y su amiga Carla se enfadaron con Nina porque no querían ir con ese grupo. Nina les dijo que acabaría gustándoles y que se lo pasarían mejor. Finalmente, llegó el día de empezar el viaje. Al llegar al puerto de Barcelona, conocieron a una delfín llamada Carlota. Esta destacó en el grupo porque fue la primera en saludarlas y en hacerse amiga suya. Carlota estaba con dos amigas más. Fueron todo el viaje de ida juntas. Al tercer día en las Maldivas, llevaron a todo el grupo de delfines a dar una vuelta por los mares de las islas. Las seis amigas todavía hoy recuerdan mucho esas aguas cristalinas con todos esos peces de colores, el coral, las tortugas…

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Eran un grupo de catorce delfines. Todos acabaron siendo amigos, incluso crearon un grupo de WhatsApp para quedar por el Mar Mediterráneo ya que todos eran de allí. Al final, Alba y Carla dieron las gracias a Nina por haber llamado a la agencia y haber dicho que irían con ese grupo. Hicieron nuevas amistades y un montón de actividades. Jana Pérez Anton

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DIESEL Érase una vez una niña llamada Emma. Tenía toda la felicidad del mundo: amigas, gente que la quería, etc. Pero a ella le parecía que le faltaba algo. Emma siempre estaba pensando qué podría ser. Le vino a la mente que no tenía ninguna mascota para darle todo su cariño. Así que, le pidió a sus padres si le podrían comprar un perrito. Sus padres se negaron ya que Emma no sería capaz de hacerse cargo de un perrito. Emma insistió e insistió, pero no los convenció. La niña pensó y pensó hasta que un día se le ocurrió que si les demostraba a sus padres que podía hacerse cargo de un perrito le comprarían uno. Pero, ¿cómo podía demostrárselo? Un lunes por la mañana, Emma fue al parque con sus amigos y les pidió consejo, pero ninguno de sus amigos supo que decirle. Emma se fue a su casa triste. Mientras iba andando por la calle se encontró un perrito abandonado y se le ocurrió llevárselo a su casa y enseñarle a sus padres que sí, que sería capaz. Sus padres le dieron una oportunidad. Emma tenía que hacerse cargo del perro durante una semana y si lo conseguía y no se cansaba, sus padres la dejarían quedárselo. Se puso muy contenta y les dio un abrazo a sus padres y les dijo que lo haría. Y así fue. Emma cada día sacaba a su perrito de paseo. Le daba

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de comer y beber, lo bañaba, lo peinaba. Emma estuvo así toda la semana. Cuando llegó domingo, sus padres vieron lo bien que se lo pasaba con él y como lo quería, y pensaron que sería una buena idea quedárselo. Sus padres le dijeron que sí a Emma. Ella se puso tan contenta que le dio un abrazo hasta al perrito. La madre de Emma le preguntó que si ya le había puesto nombre al perrito. Emma dijo que no, así que pensaron y pensaron hasta que Emma encontró el nombre perfecto: Diesel. Y aquí empezó la historia de Diesel y Emma… Jessica Rus Noguera

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VIAJE AL FUTURO Érase una vez una chica llamada Valeria a la que le gustaban mucho las ciencias. Siempre estaba atenta en clase y sobre todo le gustaba hacer experimentos. Un día, durante la hora de clase en el laboratorio, probando un experimento, le salpicó en el brazo el líquido que tenía en la probeta y desde ese día, no se sabe porqué, pudo viajar al futuro. Valeria, no se acordaba de qué líquidos había mezclado, ni de qué pasos había seguido para llegar a obtener esa pócima. Su primer viaje fue a 100 años más adelante y la verdad es que no se sorprendió, todo era tecnológico y digital. Pasaron los días y ya había hecho muchos viajes, cuando un día, viajando al futuro dos días más adelante, vio que su mejor amigo, Hugo, que hacía unos días que estaba triste, estaba en la vía del tren a punto de saltar… –¡Hugo! !Tengo que hablar contigo urgentemente! –¿Que pasa Valeria? –Tú eres consciente de que vales mucho, ¿No? –¿A qué viene eso ahora?– Preguntó Hugo indeciso… –Pues que, como soy tu mejor amiga te lo quería recordar… –Pues… muchas gracias Valeria. –Nunca hagas una locura ¿De acuerdo?– le dijo Valeria

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para asegurarse. –Mmm… ¿De acuerdo? –Hazme caso y todo irá bien– insistió Valeria. –Vale. –¿Quieres que vayamos a tomar algo y hablemos más tranquilos? –!Vamos! Al final, gracias a Valeria y a su experimento de ciencias durante la hora de clase en el laboratorio, evitó una gran catástrofe. Blanca Rosell

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EL PINGÜINO ESQUIADOR Había una vez un pingüino llamado Piwi que quería ser esquiador. Los otros decían que nunca podría serlo porque era un pingüino y los pingüinos no sirven para esquiar. Pero Piwi no les hacía caso y seguía entrenando y entrenando y entrenando… Un día le dijo al presidente de su colonia que quería representar a su país en las competiciones olímpicas de esquí, y el presidente como nadie representaba su colonia y ese año se celebraba allí, le dijo que sí. Entonces Piwi volvió corriendo a entrenar. El día de las olimpiadas estaba muy nervioso porque los otros participantes eran muy buenos. Cuando le tocó a él, salió y dio todo lo que sabía. En una pantalla aparecieron los nombres de los atletas con los puntos y el ganador fue… Piwi. En ese momento se dio cuenta que todo su esfuerzo había dado sus frutos. Todo vieron que da igual las características físicas, lo que importa es el valor y el esfuerzo que le eches en practicar y entrenar. Magí Ollé Domingo

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EL PINTOR Había una vez un perro muy juguetón que vivía con su dueño en una casa en París. El señor era un pintor muy famoso y conocido en su ciudad. Le gustaba dibujar paisajes. Casi cada mañana después de almorzar bien temprano iba con su perro al río, o al campo o a la montaña. Llevaba un maletín lleno de pinturas, pinceles, algún papel, una botella de agua y, por supuesto, salía sin olvidarse de la tela y el caballete. Pero llegó un día en el que apareció otro pintor que hacía cuadros diferentes que se pusieron más de moda que los suyos. Entonces la gente dejó de comprarle cuadros, y veía como en pocos días aquel otro pintor vendió más de treinta cuadros en tres días. Entonces el señor se entristeció mucho y no quería que la gente lo viera, no salía a la calle, no hablaba por teléfono, nada de nada. El pintor decidió comprarse una casa en Italia porque pensaba que si se iba a otro lugar la gente le daría más importancia a sus cuadros. Se fue de casa al cabo de un mes. Estaba tan enfadado y tan triste que se olvidó de su perro al momento de marcharse y cuando llegó en Italia se dio cuenta que se había olvidado de

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su perro, pero no quiso regresar a su casa. Allí, en Italia tuvo mucho éxito. Cada día le compraban unos veinte en un día y la gente le encargaba cuadros. Un día mientras pintaba se acordó de su perro y pensó que no debeía enfadarse porque sus cuadros no se vendieran. El perro estaba en el patio. No tenía de comer y la gente que pasaba por la calle y los vecinos le daban de comer. Era un perro muy juguetón. Los niños lo adoraban y jugaban con él. Una vecina lo adoptó. También la gente echaba de menos al pintor. Entonces por si regresaba le hicieron una fiesta. El pintor, al cabo de un mes, decidió venderse la casa de Italia y regresar a París. Cuando llegó, entró en su casa y se encontró que habían preparado una fiesta para él. El pintor volvió a vender sus cuadros y no se enfadó si no vendía sus cuadros. Maria Amat Marimón

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LA RANA RENÉ Erase una vez una rana, pero no era una rana cualquiera. Era una rana de madera gris. Las ranas de madera gris parecen arañas por la forma de sus patas largas y de color marrón por sus ojos grandes y feos, por la manera en que caminan cuidadosamente. La rana René tenía un problema: parecía una araña y por eso más de una vez la intentaron matar. No tenía amigos… La rana decidió hacer un viaje a ver si podía ir a algún sitio donde hubiese ranas de ese tipo y al fin tener alguien al lado. Por eso, un día cogió la mochila, metió solo las cosas que eran más importantes: una botella de agua, dinero, y una manta para las largas noches de invierno. Comenzó el viaje hacia el Norte, pero poco a poco se fue desorientando y después de haber caminado durante diecisiete días se acabó perdiendo en un desierto. No sabía como orientarse porque se olvidó la brújula en su casa y ya no sabía ni dónde estaba, ni a dónde iba, y lo peor de todo, no podía hacer nada. Después de un día tirada al suelo sin moverse y sin hacer nada productivo, se le ocurrió seguir su instinto de rana. Como no sabía donde comenzar a caminar, lo que hizo fue coger una palo, tirarlo hacia arriba, y donde señalara sería la dirección hacia donde

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iría. Sin duda, comenzó a caminar y a caminar durante dos semanas y al fin llegó a algún sitio. No sabía donde estaba, pero había llegado a una población. Y como no, ¡qué suerte! Allí había miles de ranas de madera gris, y la rana René, supo en ese instante que allí sería muy feliz, y allí se quedó. Maria Lupión

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PERDIERON EL AVIÓN Una niña llamada Laura junto con su amiga Berta iban a viajar a Nueva York para visitar a su amiga Clara. Ya lo tenían todo preparado y el avión salía del aeropuerto de Barcelona a las 5:30 horas del día siguiente, así que tendrían que madrugar. Eran las 20:30 horas y Berta se quedó a dormir en casa de Laura para ir juntas y temprano al aeropuerto. Las dos amigas estaban muy nerviosas pero ya se iban a dormir porque al día siguiente tendrían que madrugar. La luz del sol que se colaba entre las persianas despertó a Laura. Miró el reloj y… ¡Eran las 8:20! Hemos perdido el avión – gritó angustiada Laura mientras Berta aun dormía. –¡El despertador no ha sonado! ¿Y ahora qué hacemos? -pensó Laura. Laura despertó a Berta y le contó lo ocurrido. Decidieron llamar a Clara y también contarle lo sucedido. Clara les contó que dentro de tres meses vendría a Barcelona para visitar a su familia. Así que no les quedó otro remedio que esperar… y seguir durmiendo. Maria Arrabal Gil

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AMIGOS DIFERENTES Un joven, llamado Alex, tenía un piso cerca del río Hudson en Nueva York. Cuando Dasel, un perrito, entró en su vida a los cinco años estaban muy unidos. Alex siempre sacaba a Dasel todas las mañanas del mundo… Dasel siempre llamaba a Alex para poderlo levantar. Luego sobre las nueve salían a la calle. Siempre iban al mismo lugar. Ese lugar era un campo muy grande y bonito donde a Dasel le encantaba jugar y saltar. Un día Alex se puso bastante enfermo: tos, mocos… Lo que viene a ser un resfriado fuerte. Dasel se dio cuenta de lo que pasaba. Entonces se puso manos a la obra. Como Alex no se podía mover de la cama, Dasel le traía sus medicinas, el termómetro, la manta. Parecerá que no podía traer eso un simple perro, pero sí que podía. Ese resfriado duró poco, tres o cuatro días más o menos. En esos tres días Alex no pudo sacar a Dasel, la verdad es que a Dasel no le preocupó porque solo quería que Alex se pusiera bien. Todos los días Dasel vigilaba a Alex. Hasta que después de esos días duros Alex se puso bien. Marian Pacheco

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EL PERRO DE MAYA Otra mañana en el instituto. Los mismos compañeros. Los mismos profesores. Las mismás asignaturas… Pero había una chica en particular que era diferente de los demás. Se llamaba Maya. Maya era una chica de pelo rubio, con ojos azules que vestía muy bien, como de domingo. Maya y yo éramos muy amigos, desde pequeños habíamos ido siempre juntos a cualquier parte. Pero ese día fue diferente, Maya iba con chándal al colegio. De cualquier otra persona me hubiera parecido normal, pero Maya… Me extrañé muchísimo, nunca la había visto vestida de esa forma. Así que me acerqué y le pregunté disimulando: –Hola, ¿Qué tal? ¿Cómo estás? –Hola… Bien… Bueno… Mal… ¡Estoy muy preocupada!– dijo ella bastante triste. –¿Pero qué te pasa? – le pregunté. –Es que no encuentro a mi perro. Entonces, en ese momento, se me ocurrió que quizás podía ayudarla. Tuve la mejor idea que se me podía haber ocurrido nunca. –Oye, ¿quieres que te ayude a buscarlo, cuando salgamos del instituto? –¡Sí, por favor! Te lo agradecería muchísimo!

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En ese momento una sonrisa enorme brotó de su cara. Una de esas sonrisas que nunca se olvidan. Así pues, cuando salía del instituto la ayudé a buscar a su perro. Colgamos carteles por todo el pueblo, preguntábamos a todas las personas que íbamos encontrando, pero no conseguimos nada. Más tarde, aunque teníamos los ánimos por los suelos, acordamos que si no encontrábamos nada, al día siguiente seguiríamos buscando. La mañana siguiente, seguimos buscando, como acordamos, pero esta vez preguntamos a los de las tiendas a ver si había suerte. Pero nada, hasta que sin querer nos metimos por una carretera. Pero por esa carretera, no pasaba ningún coche. Ningún camión. Ninguna moto. No había nadie. Sólo muchos y muchos animales, parecía que estuvieran abandonados, pero Maya ya estaba sonriendo, tenía la esperanza que encontraría a su perro, y no se equivocaba, porque después de un buen rato buscando, encontramos a “Toby”, el perro de Maya. Así que lo cogimos, lo abrazamos y nos lo llevamos a su casa. Allí Maya me miró y me dio un beso en la mejilla. ¡Un beso en la mejilla! Yo estaba emocionadísimo. Es más, ojalá lo hubiera grabado, porque mis amigos no me creieron, decían que debía ser un sueño o algo parecido. Mireia Perea Sentís

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LAS ESTACIONES Érase una vez, una niña llamada Alba que le gustaba mucho el verano. Alba iba a la playa todos los sábados y domingos. Se divertía junto a su familia y amigos. Una tarde, Alba estaba caminando por la playa con su amiga Anna y le dijo: –¡Ojalá nunca se acabe el verano!” Ella le respondió: –Pues algún día todo lo que no quisieras que no se acabe se acabará, porque todo tiene un determinado tiempo, como las estaciones.” Otro día Alba estaba jugando en la playa y tropezó con un cangrejo. Este le dijo: –Ten más cuidado porque cualquier día caminando por aquí podrías pisar algún animal y podrías lastimarlo. Y Alba le respondió: –Lo siento, estaba tan distraída que no te vi. Estaba pensando que porqué las estaciones se acaban y no pueden durar todo el año. El cangrejo le contestó: –Todos los seres vivos como los seres humanos debemos respetar las estaciones porque nos hacen mucho bien. Si solo existiera el verano todos los años y no las otras

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estaciones, moriríamos y no lo soportaríamos porque todos los alimentos se pasarían y toda el agua se secaría y no podríamos existir. Desde ese entonces, Alba ya entiende porque se acaba el verano. Mireia Sánchez

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LEO –¡Hola! Yo soy Leo y esta es mi historia: Esta mañana me levante fresco como una rosa. Como cada mañana desayuné magdalenas con leche. Mientras esperaba a mi hermana miraba el móvil, pero pasaba el tiempo y ella no llegaba, supongo que se habría quedado dormida así que fui a la habitación a despertarla levante las sabanas y… ¡No estaba! De repente sonó el móvil “ring ring” fui a cogerlo y respondió un pato diciendo que tenía a mi hermana y que quería 700 zanahorias en 24 horas o no la vería más. Fui corriendo a la verdulería a por 700 zanahorias pero no habían más de 50, la dependienta me dijo que esperara hasta mañana y las tendría. Así que me fui a dormir, muy nervioso. El día siguiente me levanté a las 6 y recogí las zanahorias, me quedaban menos de ocho horas. Llamé al “pato” le pregunte como llegar a donde tenía mi hermana. Me dijo que mirara a las nubes, me quedaban menos de 2 horas. Mire a las nubes y de repente una pequeñita nube bajo poco a poco y se puso en mis pies. Me subí a ella. Me elevó hasta un pequeña torre hecha de algodón de azúcar. En la puerta me esperaba el “pato” ansioso. Rápidamente le entregué las zanahorias y él saco a mi hermana de los

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grilletes. En realidad el pato parecía simpático. Lo único que quería era comer zanahorias ya que donde él vivía no tenía. Bajamos hasta el suelo con la misma nube que antes me había subido a mi, y nos fuimos a casa a dormir como si nada hubiese pasado. Nerea Perez

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LA VENGANZA DEL TIGRE NINJA Hace mucho tiempo el tigre iba de caza por el bosque y se encontró un oso pequeño, pero no vio que iba con su madre y lo cazó. Su madre se quedó con la cara del tigre y decidió vengarse y lo siguió hasta su casa para ver cómo era y si tenía un hijo para, al cabo de un tiempo, vengarse y coger a su hijo. Hace unos días el tigre regresó a su cabaña después de otra jornada de caza y dejó a su hijo solo. Cuando volvió, vio que su hijo no estaba y como era su único hijo se preocupó mucho. Había mantenido en secreto que el tigre poseía los poderes de un ninja. Miro lo que habían grabado las cámaras de seguridad y vio que el secuestrador era un oso. No sabía porqué el oso quería su hijo, pero él fue en busca de su pequeño cachorro. Vio que en la mesa había un pelo de oso. Lo olfateó y empezó a rastrear por todos los rincones del bosque hasta que lo encontró en su cueva. Vio a su hijo atado en un tronco. Como le dio tanta rabia, en vez de cogerlo, en silencio empezó a luchar contra él oso. Como el tigre era ninja sabía más técnicas, pero el oso tenía más fuerza y la lucha fue larga .Terminó la pelea y gano el tigre porque tenía más práctica en técnicas. Desató a su hijo del árbol. El tigre, para acabar con el oso lo arañó en el corazón. Al final recuperó a su hijo y volvieron a casa felices. El hijo

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le preguntó cómo lo había encontrado y él le dijo que por su gran olfato. El secreto quedó guardado como siempre y para toda la vida. Pere Montserrat

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EL BUNKER IMPOSIBLE Alex y yo, Arnau, estábamos en unas ruinas de lo que algún día fue un viejo búnker alemán. Dentro no había nada, solo escombros. De vez en cuando tropezábamos con algún casquillo de quizás una ametralladora o de un fusil. Nos habíamos entusiasmado al ver casquillos de un arma, pero ese día yo ya llevaba encima unos diez y Alex unos ocho. En ese bunker no había nada. Ese, ya era el quinto que visitaba ese día. Alex y yo soñábamos con encontrar un búnker aun servible para jugar a la guerra con nuestras pistolas Nerf. Vivimos en Francia y por lo que nos han dicho nuestros padres, en esta provincia hubo una de las más sangrientas batallas de la historia con millones de muertos. Por eso hay tantos búnkeres y casquillos de ametralladoras. Fueron Alemanes contra Americanos. Alex y yo, algunos días encontrábamos piezas de lo que fue una ametralladora o quizás un fusil de asalto. Más tarde nos encontramos con un búnker en perfecto estado. Alex y yo nos alegramos tanto que casi nos dio un ataque en el corazón. Cuando entramos aun había una ametralladora, ¡de verdad! y hasta tenía munición. No nos atrevimos a acercarnos a la ametralladora, al menos hasta haber registrado el búnker por completo. No tardamos

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mucho en registrarlo. Se veía claramente que los dos estábamos impacientes ante tal descubrimiento ,como es normal, tocamos el arma con precaución pero con mucho ánimo. Después de ir allí durante unos días decidimos explicarles el descubrimiento a nuestros padres. Al principio no nos creían, hasta que conseguimos llevarles al lugar .Allí, directamente cuando vieron ese búnker totalmente intacto con una ametralladora y con su respectiva munición, llamaron sin pensárselo dos veces a un historiador, que se alegró mucho. Ese historiador llamó a todos sus colegas. De pronto la noticia de que dos niños habían descubierto un búnker en intacto se hizo viral. Nil Acero

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EL PÁJARO Había una vez un pájaro llamado Cotorra. Cotorra no paraba de piar. Los amos del pájaro estaban hartos de él. Cotorra también estaba harto de la familia porque no le daban de comer. Un día, Cotorra se escapó de la casa. La familia, muy preocupada, lo echaba de menos. Lo fueron a buscar por el pueblo, el bosque… y nada. No lo encontraban. Denunciaron la desaparición a la policía. Continuaron su búsqueda y al cabo de muchas horas, lo encontraron en el parque, estaba en el suelo. ¡Parecía muerto! Rápidamente lo llevaron al veterinario. Al cabo de un par de horas, Cotorra volvió a casa con su familia sana y salva. La familia le volvió de dar de comer y el pájaro no volvió a molestar nunca más a la familia. Ovidi Sabaté Casasayas

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EL LEÓN Y SU AVARICIA Érase una vez que en la sabana del Sarengueti, los animales estaban en medio de unas elecciones para coronar a su rey. Había una gran rivalidad entre la hormiga Miga, que era muy amable, generosa y buena; y su competencia, un león llamado León, que era muy avaricioso, fuerte, creído y trataba mal a todos los animales, pero era muy rico. A nadie le gustaba León. Llegó el día de las elecciones. Los animales habían votado. Y el rey de la sabana fue TRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR PSSSSSSSSSSSSS ¡LEÓN! ¿LEÓN? L E O N… Sí, pone León. –Buuuuuuu, fueraaaaaaaaaaaa, tramposoooo… –¿Cómo puede ser que León haya ganado las elecciones por 233 a 0 si yo he votado a Miga? –dijo una gacela en voz alta y delante de León. Y la gacela murió en secreto por un mordisco de León. León había amañado los votos, pero nadie lo sabía, o eso creía él. León trataba mal a todos los animales, pero sobre todo al ejercito de felinos. Supongo que era porque tenía miedo de que se rebelaran contra él y que pudiera perder el trono.

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León lo tenía todo pero quería más y más hasta que llegó el día que quiso conquistar la selva Amazónica. Entonces, los animales de la sabana enviaron un miembro del ejercito como mensajero para comunicarles esto a sus amigos de la selva Amazónica: Hola somos el ejercito de la sabana, nos hemos enterado de que nuestro rey quiere conquistar vuestro territorio. Nos gustaría aliarnos con vosotros. Firmado: Vuestros amigos de la sabana. El rey de la selva Amazónica acepto la alianza y… una semana después: Tras un largo camino, León y su ejercito llegaron a la selva Amazónica: el territorio enemigo. Todo estaba muy tranquilo, no se oía nada, ni un solo pájaro que cantara, ni una serpiente que se arrastrara. ¡Nada! Solo una fría brisa escalofriante que corría por el suelo húmedo y una niebla espesa que no dejaba ver a más de tres metros. Justo cuando se dieron cuenta de que el suelo era pantanoso, la tierra empezó a hundirse y todos los animales de la selva y la sabana vieron que era el momento ideal para rebelarse contra León. Así lo

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hicieron y como eran mayoría, ganaron. León perdió todo lo que tenía bajo su poder en un abrir y cerrar de ojos, desde entonces la sabana tuvo como rey a Miga y todos estuvieron muy contentos, y la selva se quedó tranquila de nuevo. Moraleja: La avaricia rompe el saco. Sergi Muñoz Forns

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EL CARTERO AFORTUNADO Érase una vez un cartero que siempre había soñado en tener una bolsa mágica en la que pudiera caber cualquier cosa por grande que fuera. Un día, el jefe de la empresa le dijo que tenía que llevar unas cartas a un pueblo que estaba en la cima de una gran montaña nevada. El pobre tenía que ir andando porque no tenía vehículo. A la mañana siguiente empezó el viaje para llevar la carta. Empezó a subir, subir, subir sin parar. Después de media hora de subida, llegó a la entrada de una cueva. Entró dentro. Estaba muy oscuro, pero por suerte llevaba un mechero. Lo encendió y vio un montón de murciélagos,que al ver la luz empezaron a perseguir al cartero. De tanto correr, el cartero tuvo la suerte de encontrar la salida y continuó subiendo sin parar. Entonces el cartero llegó a la cima pero resultó que el pueblo que buscaba estaba en la montaña de al lado. Bajó por la otra ladera de la montaña. Empezó a bajar y nada más empezar resbaló y chocó contra una roca marrón muy extraña. La roca no era tal. Resultó ser un oso invernando. El oso lo miró muy enfadado, ya que lo despertó. El cartero empezó a correr y el oso lo persiguió detrás suyo, pero el

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cartero entró en una cueva para despistarlo. Lo consiguió! Al salir de allí se dio cuenta que había llegado al pueblo que buscaba. El cartero fue corriendo a la casa para entregar la carta a los ancianos que vivían allí y se marchó. Desde fuera el cartero vio que la casa empezaba a brillar, de modo que volvió a entrar. No se podía creer que los dos ancianos se habían convertido en genios y que cada genio podía conceder un deseo… Él lo tuvo muy claro… Un deseo era que le acercaran a su casa para no tener que volver a andar todo el sendero de la montaña, y el otro era tener la bolsa mágica que siempre había soñado. Los genios, o quizá los ancianos, no sé… desaparecieron tras una enorme nube de polvo brillante y de infinitos colores, y le concedieron su deseo. Pol Castellví Ros

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EL NIÑO DE ALAMEIN Hace ya unos 70 años había un niño que vivía en la ciudad del Alamein, Egipto. El niño se llamaba Richard, tenía 13 años y vivía con su familia. Tenía los ojos azules como el mar, ni azul claro, ni azul oscuro, tenía el pelo de color marrón. Era alto y delgado y llevaba allí más de 4 años, así que su piel no era muy blanca pero tampoco de color. Era de ascendencia inglesa y vivían allí porque su padre trabajaba en la compañía Shell. Desde 1939 los ingleses estaban en guerra contra los alemanes, los italianos y otros regímenes fascistas. Pero no fue hasta poco después, en 1940 en concreto, que la guerra estalló en el norte de África, donde vivía él. A finales de 1941 se decía que los alemanes y los italianos preparaban una ofensiva en la ciudad donde vivía Richard, así que su padre tuvo que ir a la base aérea local a trabajar como mecánico de aviones. Un día, Richard y su hermano Michael fueron a explorar el desierto ya que era sábado y la escuela estaba cerrada. Después de horas jugando en la arena, los hermanos oyeron un ruido que venía de la distancia… Cogieron unos prismáticos viejos que tenían e intentaron encontrar el origen del ruido. En la distancia veían como se movía una cosa hacia ellos, pero al estar tan lejos, no pudieron ver lo que era.

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Al cabo de un rato, cuando aquello que hacía ese ruido se acercó aun más, el hermano de Richard gritó “¡Alemanes! ¡Son alemanes!” Rápidamente, Richard cogió a su hermano y corrieron hacia el Alamein. Un cuarto de hora después llegaron e informaron a las autoridades locales de lo que habían visto. Las autoridades avisaron a los militares. Los policías fueron por todas las casas avisando a todo el mundo para que se refugiaran en las afueras de la ciudad. Los dos hermanos no sabían que acababan de salvar a mucha gente y tampoco sabían quién ganaría la batalla de Alamein. Ramon Andreu Aubarell

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EL VIAJE Érase un vez un joven delfín que se llamaba Oreo. Vivía en una colonia. Había muchos delfines pero había una especial, que le gustaba mucho. Se llamaba Luna. Los dos vivían grandes aventuras juntos, aunque a veces se peleaban por cosas absurdas. Un día Oreo se declaró a Luna, y ella aceptó. Entonces decidieron vivir ellos solos y alejarse de la colonia, y así fue. Emprendieron los dos un largo y duro viaje en busca de un lugar donde pudieran vivir bien, y crear una familia. El viaje fue muy largo, hasta que un día vieron una cueva en el horizonte. ¡Era un lugar perfecto! Sin embargo, cuando entraron encontraron un tiburón comiéndose un pez. Cuando los vio les preguntó: –¿Qué hacéis por aquí? Entonces Oreo le contestó: –Estamos buscando un lugar para vivir y hemos visto esta cueva, y nos ha parecido un buen lugar. El tiburón contestó: –¡Pues ni pensarlo, esta cueva es mía! –Pero podríamos compartir. Tú nos dejas vivir aquí y nosotros te damos comida. –¡Ni pensarlo! Y suerte habéis tenido que acabo de comer. ¡Fuera! Oreo y Luna tuvieron que buscar otro sitio. Esta vez

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tuvieron suerte, encontraron un barco hundido. Era un buen lugar para vivir, donde esconderse, donde encontrar comida… Pasaron los años y Oreo y Luna tuvieron dos hijos: Aro y Bolo. Los cuatro tenían una vida tranquila y nunca pasaba nada; hasta que un día oyeron unos gritos, ¡Era el mismo tiburón de la cueva que estaba atrapado en la red de unos pescadores! –¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Ayuda!. –gritaba. Aro y Bolo empezaron a correr para salvar al tiburón, pero Oreo y Luna los pararon y les dijeron: –No vale la pena arriesgar la vida para salvar a este tiburón. –¿Por qué? –dijo Aro. –Porque este tiburón no compartió su cueva cuando tu madre y yo estábamos buscando un hogar. Entonces, la familia volvió de nuevo al barco para no ver aquella tragedia. Ayuda a los demás si quieres que ellos te ayuden. Roger Tironi Anton

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UN DÍA HORROROSO, TAN HORROROSO QUE TE DAN GANAS DE TIRARLO POR LA VENTANA. Hola. Me llamo Alex, odio los lunes y por lo que parece los lunes me odian a mi. Todo empezó un lunes. Concretamente el lunes 16 de enero en Toronto (Canadá). ¿Sabéis lo típico que te pasa por la mañana? Te levantas tarde, y encima al intentar quitar la alarma del móvil (que no se por qué no sonó a su hora) se te cae al suelo y se rompe, te vistes, te lavas la cara con el agua del grifo que parece que esté recién salida de un congelador, vas al comedor a desayunar y te encuentras un platazo de fruta y a tu madre mirándote de tal manera que parece que te esté diciendo “como no te comas la fruta te juro que hoy alucinas”. Y encima tienes que ir al instituto caminando por la calle a 10 bajo cero. Cuando por fin llegué al colegio y entre a clase lo primero que hizo la profesora fue castigarme por llegar tarde. Como castigo me tuve que quedar una hora en una sala y solo. Luego el profesor de matemáticas nos puso un examen que no me acordaba que había y que no había estudiado y suspendí. Luego en el recreo un niño me pegó y yo le pegué a él y el profesor me expulso, yo intenté decirle que el niño me había pegado a mi primero pero

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no me hizo caso. Luego cuando llegué a casa (antes que mis compañeros porque estaba expulsado) mi madre me castigo sin jugar al ordenador ni ver la televisión durante un mes cuando supo que yo había sido expulsado. Supongo que ya sabréis por qué odio los Lunes. ¡Lo que no consigo entender es por qué los Lunes me odian a mi! Ruben Ortega

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RAQUEL Raquel, tenía 12 años y vivía en un pueblo en las afueras de Madrid. Iba a un instituto llamado San Isidro .Allí tenía muchos amigos y amigas y los estudios le iban muy bien. Un día, al llegar a casa se encontró a sus padres esperándola porque tenían que hablar con ella. Ella pensaba que no era nada especial, pero cuando le dieron la noticia se encerró en su habitación, no se lo podía creer. Se iban a vivir a Barcelona mañana. Aunque ella no quería, sabía que tenía que irse con sus padres. Así que con lágrimás en los ojos empezó a hacer la maleta. Cuando ya lo tenía todo preparado, se dio cuenta de que era muy tarde. Así que se fue a dormir. Al despertar a la mañana siguiente, estaba en el coche ya en Barcelona. Se sintió rara ya que todo eran edificios muy altos y había mucha gente. Al llegar a la casa empezaron a amueblarla. Al entrar en su habitación empezó a colocar sus cosas y poco a poco se dio cuenta de que aquel lugar no era tan diferente. Al día siguiente tenía que ir a la escuela. Al poco tiempo tuvo muchísimos amigos y los estudios le iban perfectamente. Cada día Raquel, al llegar a casa después de la escuela, les explicaba a sus padres lo bien que le había ido. Poco a poco dejó de echar de menos a su antiguo hogar porque se dio cuenta que ya estaba en él. Sara Gallego

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LA PEOR NOCHE Todo comenzó un viernes 13 de enero, a las 3:33 de la mañana. La hija de los Mendez tuvo un sueño horrible. Lo podríamos llamar “pesadilla”. Se levantó de inmediato y fue al baño. Notaba una sensación rara. Era como si alguien la observara, pensaba que todo era sensaciones del sueño, volvió a la cama. Se tumbó y durmió media hora, a las 4:00 volvió a despertarse notando como si la cogieran de los pies… Se los miró y no había nada ni nadie. Pensando otra vez que eran sensaciones de su sueño, se estiró para volver a dormir. De inmediato escuchó una voz que le susurraba algo que ella no podía entender. Volvió a acostarse y algo, de repente, le agarró los pies de golpe y la tiró al suelo. Se asustó y grito fuertemente. Y la mañana siguiente todo fue bien, hasta que por la noche le volvieron a pasar las mismás cosas, pero esta vez vio algo muy extraño. Algo negro se le acercaba cada vez más y más a ella, hasta que se le acercó tanto que la chica desapareció. Se fue al mundo de los fantasmás y espíritus. Su familia, amigos, conocidos, no sabían que le había pasado, ni porque de repente ella no estaba. Llamaron a unos investigadores de la policía, y nunca pudieron resolver el caso, porque no había pruebas, solo había unas pisadas negras. Nayara Bello

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UN SUEÑO HECHO REALIDAD Hace muchos, muchos años, en un pueblo de Badajoz nació una buena mujer que se llamaba Noah. Soñaba con cumplir sueños ajenos. Para ella, desde pequeña, los sueños habían sido muy importantes . A medida que Noah crecía, se daba cuenta de que había muchas personas que les era difícil poder soñar, y lo que era mucho peor: había personas que ni siquiera podían soñar. Entonces, un día Noah buscó una solución para poder ayudar a la gente a que dejara de ver sus sueños tan borrosos y poder concretarlos, y así fue. Con todos sus ahorros construyó su primera fábrica y le quiso poner de nombre “TÚ TAMBIÉN PUEDES SOÑAR”. Mucha gente decía que estaba loca. Sin embargo, también había gente que no veía tan mal lo de montar una fábrica de sueños. Así se puso en marcha la construcción de la fábrica. Una semana después de terminar la construcción de la fábrica, la inauguraron. En la fiesta la gente podía ir a ver cómo era la fabricada por dentro… Después de la inauguración empezó a ir un montón de gente. Había gente que soñaba con un gran amor, otras personas querían ser más fuertes, hasta incluso había un hombre que no quería estar gordo y quería poder adelgazar.

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Con el tiempo, Noah comenzó a darse cuenta que la mayoría de las personas habían aprendido que soñar era mucho más que desear algo. Vio que el fruto de su esfuerzo se reflejaba en niños sanos, amores correspondidos, aplausos sentidos y gente feliz. Había abierto en cada persona una puerta que ya no podría volver a cerrarse. Y entonces, Noah fue muy feliz. Incluso más feliz de lo que había sido nunca. Andrea Villar Carmona

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LA FIESTA SORPRESA DE LAIA Había una vez una niña llamada Laia que el día 3 de septiembre cumplía 13 años, pero sus padres no le dejaban hacer ninguna fiesta en casa, ni en ningún sitio por temas de trabajo, dinero… Laia le comentó a su mejor amiga Anna que sus padres no le dejaban hacer ninguna fiesta. Desde aquel día su mejor amiga Anna tuvo una genial idea: pensó que podría organizar una fiesta sorpresa y así lo hizo. Las amigas de Laia planearon la fiesta en el Picarolo. Anna comunicó a todos los amigos esta genial idea y estuvieron de acuerdo con ella menos un niño llamado Aleix que decía: “¿No sería mejor no hacer nada para no gastar dinero en el restaurante y en los regalos?” Anna le dijo que no viniese si no quería y que ellos iban a pasarlo bien y a celebrar ese día tan importante para Laia. También le explicó lo que planeaban a su madre. Primero prepararon los regalos, luego el sitio donde se encontrarían, la hora, etc. También pensaron que se podrían inventar una excusa para que Laia no sospechara de nada. Pensaron que su madre le podría decir que tenían una cena familiar pero en verdad era mentira, era para que ella no supiera nada. Llegó el día 3 de septiembre y los padres de Laia fueron al Picarolo, que es una pizzería que hay en Sant Sadurní d’Anoia. Laia no sabía nada de nada.

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Ella pensaba que iba a celebrar la fiesta con su familia. Los amigos y amigas de la fiesta sorpresa se escondieron debajo de la mesa y cuando vieron a Laia llegar, Laia escuchó una voz que decía… ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, LAIA! y sus amigos se acercaron a ella y la abrazaron. A Laia le caían las lágrimas de la emoción que tenía dentro. Dijo que fue el mejor cumpleaños de su vida. Marina Martí

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EL OSOS QUE COMÍA GALLETAS CHIQUILÍN Erase una vez un oso que comía galletas Chiquilin con su amiga la cebra. Un día, un león llamado Hiroshi los atacó: –¡Eh, tú, oso asqueroso, dame las galletas que tengo hambre! –dijo el león. –¡Pero si son nuestras! – respondió el oso. –¡Dame las galletas o te voy a comer! –dijo el león. –Te las daremos si no nos molestas más. –dijo la cebra. El oso y la cebra soltaron las galletas y se quedaron sin merienda… La cebra le dijo a su amigo oso: –Le tenemos que dar un escarmiento. Esto no puede quedar así. - Sí, tienes razón. Le pondremos una cama falsa para que caiga cuando duerma. – dijo el oso. – ¿No seremos demasiado malos? – pensó la cebra. - ¿Perdón, cebra, ¿qué nos ha hecho él? – dijo el oso. - Vale, lo hacemos… – aceptó la cebra. La cebra y el oso fueron a casa del león y prepararon ese supercastigo. Por la noche oyeron un ruido muy fuerte. Entonces, al día siguiente, el león fue a pedir perdon al oso y a la cebra.

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Y como buenos animales lo perdonaron. Moraleja: Nunca molestes a nadie si no quieres que te molesten a tí. Marçal Beltran

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jacint verdaguer INFANTIL · PRIMÀRIA · SECUNDÀRIA

Historias de primero (curso 2016-2017)  

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