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HCW periódico. Oct 2019. Vol. XXXIX, No. 4.

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oct.-dic. 2019

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Mark Zwick Fundador

Publicación of Casa Juan Diego Casa de Hospitalidad

Vol. XXXIX, No. 4

por Luisa Zwick Una reflexión sobre las Buenas Nuevas anunciadas por el ángel en esa Noche Santa llena de esperanza nos hace conscientes del contraste del mundo de ese tiempo en la historia, así como el de nuestro propio tiempo, con la profunda belleza y la intensa realidad de la Encarnación. Después de siglos de preparación, como se relata en las Escrituras, el Señor Jesús vino como un bebé a un mundo de personas y familias esperando su venida, pero aun así lleno de sufrimiento, guerras y opresiones. La imagen navideña de Fritz Eichenberg en esta página muestra, además de la estrella de Navidad y los encantadores animales en el establo con el Niño Jesús, una ciudad en llamas en el fondo y el casco de un soldado al lado del bebé. Gran parte del arte de Fritz Eichenberg fue creado para Dorothy Day y el Trabajador Católico y, cómo esta imagen, representa la presencia de Dios en la historia en medio de la guerra, la pobreza y la persecución. Entrar en el misterio de la Encarnación puede ayudarnos a ir más allá de los comerciales, las distracciones y el individualismo de la temporada navideña que amenazan con abrumarnos. Reflexionar sobre la venida del Señor a nuestra tierra en carne humana en medio de tragedias, crueldades,

guerras, opresiones, viajes terribles y caos puede llevarnos a una perspectiva muy diferente del consumismo. ¡Qué diferencia

puede hacer una apreciación de este misterio en la forma en que vemos nuestro propio papel en la historia humana y la historia de la salvación, no

Recibimos con alegría la notica de que Monseñor Alvaro Ramazzin Imeri, el Obispo de la Diócesis de Huehuetengo, Guatemala, es uno de los nuevos Cardenales que serán creados por el Papa Francisco en el consistorio de octubre. Marcos y Luisa Zwick conocieron a Mons. Ramazzini en su antigua Diócesis de San Marcos.

Ellos estaban preocupados por el problema de los muchos migrantes sin techo en Tecún Umán, Guatemala, una ciudad en la frontera entre México y Guatemala. Mientras empezaban su travesía hacia los Estados Unidos o mientras eran deportados a sus países, los migrantes no tenían recursos. Escuchando a nuestros huéspedes de nuestras casas

Una meditación sobre la Encarnación

Cultivando esperanza en tiempos difíciles

Samaritanos y solidaridad

Por Dawn McCarty, Ph.D., LMSW Mi trabajo durante la distribución de comida de los martes es básicamente organizar a los cientos de personas que vienen a la puerta. Muchos vienen solamente por comida y en realidad se organizan ellos mismos. Antes de que salga el sol, han formado una línea afuera de la puerta hacia nuestro estacionamiento y en ocasiones más y más lejos, hasta llegar a la calle. Otros, sin embargo, tienen peticiones especiales que quieren hacerle a Luisa Zwick después de que termina la distribución de comida. Los ponemos en filas diferentes, en el orden en que vayan llegando. A los muy enfermos o accidentados no se les pide formarse tratamos de encontrarles un sitio para sentarse y les damos prioridad. Tan solo esta semana, mientras estábamos terminando lo que creíamos que había sido nuestra distribución de comida más atareada, tuve una

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experiencia extraña. Un hombre delgado de mediana edad al que no conocía me preguntó si podía ver a la Señora Luisa. Parecía estar bien, así que le expliqué que tendría que esperar su turno y le mostré la fila adecuada. Resulta que no estaba bien. Hace aproximadamente tres semanas antes, había sido atacado y asaltado en una parada del autobús. Los indocumentados reciben su salario por debajo de la mesa, normalmente en efectivo. Y aunque es posible abrir una cuenta de banco con una identificación de su país, muy pocos lo han hecho- quién sabe cuando Inmigración obtendrá los nombres y direcciones de aquellos que han utilizado las identificaciones de sus países de origen para abrir sus cuentas de banco, ¿se estarían entregando? Así que cargan con ellos efectivo, y aquellos que se especializan en robar a los indocumentados pueden detectarlos a una milla de distancia. Además, las personas Continúa en la página 4

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Una Carta de Navidad

Queridos amigos de Casa Juan Diego, Gracias a Dios y a gente tan generosa, Casa Juan Diego ha cumplido 39 años. Debido a su generosidad miles de personas y familias pobres han sido atendidas y muchos refugiados y sus familias han sido ayudados. Las filas de comida crecen cada vez más cada invierno. Los días siguen siendo largos en Casa Juan Diego así como los de las personas que no tienen hogar, los hambrientos, los enfermos y los que tienen frío. En el momento hay dieciséis mujeres y sus hijos (incluyendo seis bebés) y cuarenta hombres en nuestras casas de hospitalidad, todos refugiados de la violencia y de la pobreza en Centroamérica, México, Cuba y Africa. Nuestras clínicas continúan diariamente, gracias a los doctores voluntarios y a sus asistentes, y compramos medicinas para aquellos que no pueden pagarlas. Cada mes también ayudamos a 200 personas enfermas o paralizadas que no viven en nuestras casas pero que no reciben ninguna ayuda del gobierno. Sus necesidades y las de sus familias son muchas - ya no pueden trabajar o pagar la renta, comprar comida o comprar todas las cosas médicas que necesitan. Casa Juan Diego brinda esos servicios y mantiene sus casas funcionando a través de contribuciones voluntarias. Todo el dinero recibido se va al servicio del los pobres. No hay salarios en Casa Juan Diego. Los pobres, los enfermos y los accidentados que vienen a nosotros pidiendo ayuda a menudo nos dicen que rezan por nosotros. Nosotros les pedimos que recen también por todos los que ayudan a Casa Juan Diego de muchas maneras para realizar las Obras de Misericordia. Así que sin ustedes y su participación, nada sería posible. Les pedimos que nos recuerden durante la época Navideña. Necesitamos su regalo para continuar un año más. Con agradecimiento, Luisa Zwick y todos los Trabajadores Católicos

Amigo de los pobres nombrado Cardenal

hablar sobre su estancia en un parque al que llamaban “El Parque de los Desolados”, esperábamos encontrar guatemaltecos locales que se interesaran en ayudar. Marcos pensó en empezar por hablar con el Obispo. El Obispo Ramazzini era muy receptivo y Casa Juan Diego colaboró con él para construir un edificio y un centro para Continúa en la página 3


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