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EDICIÓN ESPECIAL

LA REVISTA DE CABALLITO RNPI: 70954040

DISTRIBUCIÓN GRATUITA — 5.000 EJEMPLARES

ISSN: 1852-7671

OCTUBRE 2020 AÑO 26 N° 296


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LA REVISTA DE CABALLITO Dirección: Marina Inés Bussio Colabora: Rolando Javier Curten Octubre 2020 Año XXVI - Número 296

Propietaria Marina Inés Bussio Publicación creada en Marzo de 1994

Nro.de Reg.de Prop. Intelectual: 70954040 / ISSN: 1852-7671

Horizonte puede consultarse en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, en la Hemeroteca de la Legislatura, y en la Biblioteca de la Asociación General Alvear.

Se permite la reproducción total o parcial del material publicado mencionando la fuente. Impreso en Editora del Plata SRL. Concordia 1993 Gualeguaychú - Entre Ríos

Auspiciada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad Declarada de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Distinguida por el Rotary Club al Mérito Periodístico con el "Caballito de Plata" Declarada “Institución Participativa”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Distinguida en Certámen de Publicaciones Barriales Declarada de Interés por la Secretaría de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires Distinguida por la Dirección de Patrimonio del Gobierno de Buenos Aires “Vecina Ilustre del Barrio de Caballito” a Marina Bussio, directora de Horizonte Miembro del Registro de Medios Graficos Barriales G.C.B.A. Reconocida por el aporte a la Cultura Nacional y Popular por la Dirección de Cultura de la Legislatura porteña Marina Inés Bussio distinguida como “Vecina Participativa 2001- 2007” por el G.C.B.A. “Orden del Buzón” por la defensa y difusión de la cultura porteña Distinguida por la Legislatura porteña por las tareas desarrolladas en el período 2004-2007

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Distinguida por la Asociación de Periodistas Jubilados Distinguida por la Asociación Amigos del Tranvía Distinguida por la A.P.J. por la Labor Periodística en el Barrio

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Premio “Estímulo a la Calidad en la Producción Editorial” organizado por el Registro de Medios Vecinales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

4988-9908

Distinguida por el Rotary Club de Caballito - Años 2015 / 2016

Yerbal 855 (1405)

Monumento a Simón Bolívar


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12 de octubre, cumple años Plaza Irlanda Ubicada sobre el límite oeste del barrio de Caballito, con una superficie de 53.000 metros cuadrados, con frondosos árboles y delicadas esculturas, Plaza Irlanda cumple 93 años. El espacio limita con los barrios de Flores y Villa General Mitre. En el mes de este nuevo aniversario, recordamos su historia. En la segunda mitad del siglo XIX la zona estaba poblada de quintas que oscilaban entre 1 y 10 hectáreas. 1870: La actual Plaza Irlanda, formaba parte de la quinta de Don Joaquín Riveiro Forte 1872: La quinta es adquirida por la Sociedad Miguel Duggan y Hnos. 1877: Se le anexa un terreno lindero del lado Este. La propiedad quedará limitada por las actuales: Gaona, Donato Alvarez, Neuquén y José Juan Biedma. La Sociedad Duggan estaba integrada por los hermanos Miguel, Daniel y Tomás Duggan, oriundos de Lonfforrd, Irlanda, quienes en 1850 llegaron a Buenos Aires. 1887: se disuelve la sociedad. Miguel, enfermo, transfiere su capital a sus dos hermanos. Fallece en 1888. La quinta es entonces

propiedad de Tomas y Daniel Duggan. 1896: Daniel enferma de hepatitis y muere, queda todo a nombre de su hermano, Tomás Duggan. El mismo año Tomás Duggan vende la propiedad a la Asociación Católica Irlandesa, de la cual formaba parte. Una importante extensión del terreno se la arrendaban a los señores Adolfo Miranda y su socio Nicolás Nicolini que en 1900 instalaron allí hornos de ladrillos que funcionaron hasta el año 1914. El terreno no utilizado de la Asociación Irlandesa se convirtió en un potrero. 1920: se funda el Club Italo Argentino del Giocco al Pallone, club de la colectividad piamontesa. En otro sector del terreno se desarrollaba un campeonato de futbol de una liga local. 1922: La Asociación Católica Irlandesa vende a la Municipalidad (el Intendente en esos momentos era Carlos Noel) parte del predio: Gaona, Donato Alvarez, Neuquén, Biedma, Franklin y Segui (aún no abierta), debido a impuestos adeudados. 1923: la Municipalidad anuncia que construirá allí casas colectivas 1924: el proyecto anterior que-

da sin efecto y se decide destinar el predio a la realización de un parque público. 1925: a pedido de la «Federación Racial Irlandesa» se sanciona una ordenanza que le da el

nombre de Plaza Irlanda El 12 de octubre de 1927 a las 10 de la mañana se inaugura la plaza, con la presencia del Intendente Casco, luego se sirve un lunch en el Colegio Santa Brígida.

Se plantaron nuevos árboles en el Parque Rivadavia El Gobierno porteño inició una campaña con el objetivo de plantar 1.300 especies arbóreas, herbáceas y arbustivas que atraen pájaros y mariposas. Este operativo finalizó el 10 de octubre y se llevó adelante en diferentes parques y veredas de la Ciudad. Se plantaron más de 600 talas, especie emblemática de Buenos Aires. Se trata de un árbol que da unos frutos pequeños y comestibles, de sabor dulce, que son muy apreciados por las aves. Sus hojas sirven de alimento a las orugas de mariposas como la zafiro de talar y la «picuda”. Y en sus ramas anidan el cardenal, la reina mora y el pepitero, entre otros pájaros. Parte de esas talas fueron plantadas en el Parque Rivadavia. Esta campaña la llevó adelante la Secretaría de Ambiente porteña y el área de arbolado, como parte de las actividades en el marco del Día de la Conciencia Ambiental. Se sumaron también otras especies como molles que son ár-

boles que ofrecen frutos de color violeta, buscados como alimento por el zorzal colorado y la calandria, entre otras aves. Espinillos, también conocidos como aromos, dan flores amarillas con forma de pompones, que atraen abejas y mariposas. Como la “danzarina chica”, en cuyas alas obscuras resaltan líneas de color amarillo. Eduardo Macchiavelli, secretario de Ambiente porteño, explicó que “los árboles son nuestros grandes aliados para mitigar los efectos del cambio climático. Además, ofrecen sombra y un ambiente propicio para el desarrollo de la flora y fauna nativa absorben dióxido de carbono, purifican el aire, regulan la temperatura y combaten la contaminación sonora». De acuerdo al último censo, Buenos Aires cuenta con más de 430 mil árboles. El 85% se alinea en las veredas y el resto está en espacios verdes. Las especies predominantes son el fresno americano, el plátano, el tilo y el jacarandá.

The Southern Cross, el diario irlandés fundado en la ciudad en 1875, dedicó casi una página al acontecimiento, destacando que el nuevo parque «sólo era comparable con los bosques de Palermo».


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Homenaje a Carlos Costa

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Protagonista de la Feria de Filatelia del Parque Rivadavia Fue colocada una placa próxima al histórico ombú del Parque Rivadavia en homenaje a Carlos Costa quien falleció el día 2 de este mes. Carlos Costa fue protagonista de la Feria de Numismática y Filatelia del Parque Rivadavia, y supo dejar su impronta, formando a jóvenes en este hobby, compartiendo sus conocimientos y participando activamente en la historia y crecimiento de la Feria. Lo recordamos con la publicación de un texto de su autoría referido a la historia de la Feria del Ombú del Parque Rivadavia. LA FERIA DEL OMBÚ Por Carlos Costa En el Parque Rivadavia, antes quinta de Lezica, junto a un añoso ombú, comenzaron a reunirse hace más de medio siglo, coleccionistas y aficionados a la filatelia, incorporándose después los numismáticos y dando nacimiento a una feria única en su tipo, en el centro geográfico de Caballito. En el verano de 1943, organizado por la entonces revista Rojinegro, se reunieron por primera vez alrededor del “añoso Ombú”, ubicado en la entrada principal del Parque Rivadavia, numerosos filatelistas de todas las edades, en un encuentro que facilitó la comunicación y el intercambio de estampillas entre los coleccionistas convocados. El encuentro fue un éxito y lo que no sabían entonces los orga-

nizadores ni el público participante, era que, a partir de ese momento, aquellos encuentros jamás se interrumpirían. Estas reuniones de los domingos por la mañana, hasta el día de hoy, luego de más de 60 años, fueron el inicio de una feria única y original en América. Estas reuniones dieron origen a gran cantidad de instituciones filatélicas y numismáticas de prestigio internacional, contribuyendo a la formación cultural de todos los ciudadanos que pasaron por allí a través de tres generaciones. Motivó además que numerosos coleccionistas que actuaban en forma individual, trabaran conocimiento con otros colegas que estaban en la misma situación, iniciando así una provechosa amistad y camaradería entre ellos. En aquellos primeros años era muy evidente la presencia de coleccionistas extranjeros que se radicaron en la República Argentina, muchos escapados de las persecuciones y la guerra. Entre ellos se destacaban diversos personajes de Ucrania, Alemania, Checoslovaquia y otras naciones de Europa Oriental, que llegaron con importantes colecciones en sus equipajes. Estos inmigrantes, sumados a la ya destacada presencia de coleccionistas argentinos, fueron la columna vertebral de la incipiente feria. Durante los primeros tiempos, los coleccionistas que se instalaron en el Parque Rivadavia o Plaza Lezica, como la llamaban algunos, llegaban con sus maletines, cajas y carpetas, exhibiendo sus colecciones sentados sobre el banco circular que aún existe alrededor del

añoso ombú, o en los bancos de la plaza y, aun, en el mismo piso. Con el tiempo, hacia los años 1958 ó 1959, algunos “audaces” se atrevieron a venir con unas pequeñas mesitas, pues el indudable éxito que se estaba produciendo en la improvisada feria y la creciente cantidad de concurrentes, hacía escasos los bancos que tenía el parque. El carácter masivo que fue tomando la Feria se documenta en las fotografías de la época, donde la cantidad de personas que estaban canjeando o simplemente observando ofrece un aspecto multitudinario. Grandes coleccionistas y estudiosos eran concurrentes frecuentes, pues allí podían encontrar todo tipo de material, incluso piezas raras o desconocidas y hasta concretar negocios insospechados. Estas reuniones fueron consolidándose, concitando la atracción de numeroso público habitual en esas tempranas reuniones, incorporándose pocos años después, los cultores de las disciplinas numismáticas. Las propias autoridades de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires honraron entonces su importancia, con la Ordenanza del 16 de agosto de 1959, construyendo una plazuela y una calle alrededor del añoso Ombú, sobre las que aún hoy, numerosos coleccionistas y estudiosos de estas disciplinas, toman como punto obligado de reunión. También debe ser mencionada la participación de instituciones oficiales como el Correo Argentino,

cuyas autoridades llegaron a crear una estafeta ambulante para entregar en el mismo parque las emisiones del primer día de emisión filatélica. No es casual que en nuestro país, de arraigada tradición filatélica y numismática, estas reuniones se transformaran en uno de los paseos tradicionales más originales de la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Caballito y los turistas y coleccionistas extranjeros de visita no dejaran de concurrir al parque. A estas reuniones de filatelistas y numismáticos, se fueron poco a poco agregando los vendedores y coleccionistas de revistas y libros, que hoy forman un abigarrado conjunto, lindero con el Colegio Normal N° 4, en una franja que va de Rivadavia a Rosario. Las reuniones dominicales en la famosa

“feria del ombú”, no se interrumpen en los días de lluvia, y muchos coleccionistas y comerciantes trasladan su mercadería a los dos o tres bares que se encuentran enfrente del parque. Publicado en la Revista Historia de la Ciudad N° 42 – agosto de 2007

La placa colocada, próxima al histórico ombú.

Falleció el Dr. Oscar Lencinas, director del Instituto Pasteur El Dr. Oscar Enrique Lencinas falleció el 8 de octubre a los 71 años en la Ciudad de Buenos Aires. Desde 1998 se despeñaba como director del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur ubicado en el Parque Centenario. Nació el 13 de Julio de 1949 en la Villa de Merlo, San Luis, cursó los estudios primarios y secundarios en esa localidad y luego se recibió de Médico Veterinario en la Universidad de Buenos Aires. Fue vicepresidente de la Asociación Argentina de Zoonosis, autor de la columna “Mejor prevenir” del diario La Nación e Instructor Académico en la facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad

del Noroeste. Hace unos años también incursionó en la vida política, participando en una interna de la U.C.R. para la elección de intendente municipal de su ciudad natal. Oscar Lencinas participó activamente en el barrio de Caballito sumando su colaboración en diferentes instituciones vecinales. Integró la Red de Cultura de Caballito y estuvo siempre presente en las actividades vecinales que se realizaron en diferentes espacios verdes. Fue muy querido por su compromiso y colaboración. El barrio de Caballito lo va extrañar y suma su pesar por esta pérdida.


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El Gaucho de “Sucesos Argentinos”, vecino de Caballito Una sola imagen, que duraba segundos, lo lanzó a una fama paradójica: la de ser quizás el hombre más visto y más conocido de las salas de cine del país. Clementino Acuña era el jinete que alzaba en dos patas a su caballo en la apertura del noticiero Sucesos Argentinos. Eran otros tiempos, ni casting ni books de publicidad. Acuña saltó a las pantallas casi sin saber de qué se trataba. Su lugar era el campo y su pasión los caballos. En su Curuzú Cuatiá natal (provincia de Corrientes) trabajaba de hachero. Llegó a Buenos Aires para hacer el servicio militar en la Marina y ya nunca regresó.

Con más vocación para la doma que para la vigilancia, en 1931 se alistó en la Brigada Azul de la Policía Montada. No hubo festival de destreza organizado por la Policía o la Sociedad Rural en el que Clementino no participase. “Monté y domé desde que tengo memoria”, había dicho. Y las fotos en poder de su nieto, Carlos Acuña, no lo dejan mentir, siempre a caballo y vestido de gaucho. Así lo vio uno de los directores de Argentina Sono Film, cuando Acuña participaba de una exhibición de la Policía Montada. El mismo Clementino contaba que, cuando terminó el espectáculo, se le acercó un hombre que le pidió que repitiera una prueba. Conforme, le dio una cita. A los pocos días de aquel encuentro se filmó

la escena que vieron millones de argentinos en las salas de cine de todo el país: un jinete montado en un caballo negro que da unos brincos, para detenerse y pararse en las dos patas traseras. Durante tres décadas -desde 1941 hasta 1972- esta imagen abrió el noticiero Sucesos Argentinos. Recordaba Clementino que montaba un caballo llamado Tostao. Con el pasar de los años se casó, tuvo dos hijos, cuatro nietos y siete bisnietos. Dejó la Policía Montada y, en los años 50, comenzó a trabajar como cuarteador del cementerio de la Chacarita, conduciendo una chata tirada por caballos. Fue vecino de Caballito, vivió durante varias décadas Acoyte y Avellaneda. Clementino murió el domingo 30 de octubre de 1994, a la edad de 103 años.

Los Pasajes Ciegos de Caballito Los Pasajes Ciegos, llamados también «cortadas» son aquellos que no tienen salida. En Caballito encontramos cinco: Los Alpes, Maitén, Coronda, Videla Castillo y Ortega. Maitén: Nace en Riglos 665 y se exyiende hacia el oeste, finalixando en una propiedad privada. Está ubicado dentro de la manzana delimitada por las calles Riglos, José Bonifacio, San José de Calasanz y Pedro Goyena Coronda: Antiguamente al

construirse el Mercado del Progreso, se lo conoció como Pasaje del Mercado. Se le asignó su nombre actual en el año 1905. Nace en la salida de proveedores del mercado y se extiende hacia el sur, hasta Juan Bautista Alberdi. Lo curioso es que en la mitad de su recorrido surge, actualmente, el Pasaje Burgos que llega hasta la calle Del Barco Centenera. Hasta el año 1990 este pasaje también se llamaba Coronda. Por lo que el Pasaje Coronda tenía forma de letra «T».

Pasaje Coronda.

Videla Castillo: Lo ubicamos en la esquina de Rojas al 400 y está comprendido dentro de la manzana formada por las calles Aranguren, Colpayo, Neuquén y Rojas. En el año 1905 se le asigna el nombre de Escobar y en 1914 toma el nombre del general mendocino José Videla Castillo. Ortega: Es el más extenso de los pasajes ciegos. Nace en la manzana delimitada por las calles Honorio Pueyrredón, Aranguren, Rojas y Méndez de Andés, conti-

núa con dirección al oeste, cruza Rojas y segue una cuadra más hasta Martín de Gainza. Los Alpes: Es el pasaje peatonal más angosto de Buenos Aires. Por la calle Parral 149, se encuentra la única entrada al Pasaje Los Alpes. Es una suerte de vereda que de un lado tiene un conjunto de casas y del otro una alambrada desde la cual se observan las vías del Ferrocarril Sarmiento. Originalmente existían ocho casas chorizo y remataba en la puerta de entrada

Pasaje Los Alpes.

a la última casa. En la actualidad varias de estas viviendas han sido remplazadas o modificadas. El pasaje da la sensación de ser un balcón sobre las vías del ferrocarril. El nombre original era Pasaje Beade, apellido del dueño de los terrenos en la década del treinta”. La numeración del pasaje va del 554 al 598, accediéndose desde este número hasta la entrada de la última casa, cuya puerta de alambre entramado es perpendicular al pasaje y constituye su final.


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Las Tres Esquinas del Caballito

Investigación: Arnaldo J. Cunietti-Ferrando En 1968, poco se sabía sobre la ubicación de la pulpería que dio nombre al barrio. Se inició entonces una polémica en el diario Clarín, en la cual participaron entre otros investigadores, el autor de este artículo, quien más tarde, documentó sus descubrimientos en su libro “San José de Flores. El pueblo y el partido. 1580-1880”. Allí señalaba, por primera vez, que existieron tres sucesivas pulperías del Caballito, ubicadas en tres esquinas diferentes. Este descubrimiento, dado a conocer en 1977, pasó sin embargo desapercibido, pues el engañoso título del libro no hacía imaginar al lector desprevenido que uno de sus capítulos se desarrollaba la historia del famoso almacén. A partir de entonces, muchos autores y periodistas que escribieron sobre Caballito, copiaron impunemente mi relato sin mencionar la fuente. Por esta razón, lo reproducimos aquí tal como apareció hace 30 años atrás. Creemos que es de justicia, reivindicar la paternidad de nuestra investigación histórica. Entre las pulperías o esquinas del partido de San José de Flores, la más afamada fue la del Caballito, porque su nombre perduró en la toponimia porteña en el floreciente barrio homónimo. Hubo otras esquinas famosas que no tuvieron igual suerte, tal la de “Bachicha” (Acoyte y Rivadavia) que tomó su nombre de su dueño, el genovés Juan Bautista Grimaldi, establecimiento que funcionaba ya a fines del siglo XVIII y que fue trabajado por don Tomás Grigera, pasando luego a propiedad de Luis Naón. Su aviso de venta aparece en la “Gaceta Mercantil” del 6 de febrero de 1828. Sobre la famosa del Caballito, a mediados del siglo XX todavía se discutía sobre el lugar de su ubicación, pues para esa época ya no existían contemporáneos que pudieran dar una versión

cierta de dónde estaba instalada. Aclaramos que siempre se pensó en un solo local, al que Bernardino Fernández, en una serie de notas sobre el barrio, publicadas en Noticias Gráficas en 1955, denomina erròneamente como “La Posta del Caballito”. En el año 1903, el tradicionalista Manuel Bilbao expresaba sobre el barrio: “Parece que el origen de este nombre ha sido un almacén donde paraban las carretas que venían del oeste. El señor Enrique Ropes fue uno de los primeros propietarios del Caballito. Las quintas de Mulhall, Lezica, Cousandier, etc. se encuentran en este barrio, el que ha adelantado mucho en estos últimos años”. Nada aporta Bilbao sobre dónde estaba ubicado el almacén o pulpería, ni quien fue su primer propietario. La más importante versión escrita, fue publicada por un inhallable diario local denominado “El Heraldo del Oeste” que hizo en 1904, un reportaje a Teodoro Vila, hijo del primitivo fundador, don Nicolás Vila. De esta nota evocativa, Bilbao dio a conocer la versión “clásica” del origen de Caballito. Por su parte, un cronista de “La Nación” entrevistó en 1910 a don Leopoldo Domato, entonces propietario del establecimiento, quien hizo un resumen aproximado de su historia. Dice así: “Conocíamos de oídas que el barrio de Caballito había recibido su denominación de un almacén existente en la esquina de Rivadavia y Polvorín, donde se exhibía una veleta de latón representando un caballo. Llegamos al almacén y se nos indicó la casa del propietario, don Leopoldo Domato, allí vecina, el que satisfizo nuestra curiosidad contándolos la leyenda de la veleta. Según he oído contar a mis antepasados –nos decía el señor Domato-, el primer poblador del barrio fue un señor Requejo que levantó un rancho en 1804; pocos años después un grupo de genoveses emprendedores y decididos se instalaron por estas soledades: se llamaban Villa, Cánova, Mon-

tarchioli y Navone, cuyos apellidos argentinizándose después se convirtieron en Vila, Cáneva, Montarcé y Naón; también se instalaron dos españoles: Ávalos y Cabrera; este último edificó en el año veinte y tantos una casita en el terreno que hoy se conoce por “los cuatro chalets de Basualdo”, casita que existe en ruinas a los fondos del último de los chalets. Don Nicolás Vila fue el primero de los genoveses nombrados que se dedicó a construir un rancho donde habría de instalar la pulpería del Caballito. Con el objeto de lograr sus propósitos, en el paseo de la Alameda, en casa de un tal Galeano, compró Don Nicola, como lo llamaría después la clientela, una ballenera vieja, la desarmó, la condujo en carretas hasta sus solares y con la obra muerta cercó la casa que levantó enseguida. En el palenque exterior plantó el mástil de la embarcación, y en la perilla, a guisa de cataviento, ubicó el famoso caballito de latón en el año 1821. El caballito fue comprado en la herrería de Monteagudo, situada en la calle Venezuela entre Perú y Bolívar. Fue entonces que los clientes comenzaron a llamar a la casa la pulpería del Caballito y luego el caballito solamente, por abreviatura y natural pereza verbal del paisano. El mote se extendió y el vecindario recibió la denominación que se hizo corriente desde el año 30. La pulpería de don Nicolás Vila floreció bajo los buenos auspicios de los paisanos que mentaban las empanadas y la buena ginebra del caballito y durante muchos años continuó adelantando el almacén ostentando siempre el emblema mascota del caballito. Don Nicola murió trágicamente en manos de las montoneras de Lavalle. En una ocasión intentaron asaltarle la casa y se defendió a trabucazos, matando a uno de los agresores, pero estos volvieron después y lo asesinaron y saquearon. No obstante, este contratiempo capital, don Isidoro Vila, el hijo de don Nicola, restableció el negocio el que entró luego en un nuevo período de prosperidad. Por sucesivas transferencias de la propiedad de Rivadavia y Polvorín, frente NE, donde estaba el caballito, pasó después de los Vila a las familias de Ropps, Rolleri, Naón y Zubiaure, llegando por último a poder del señor Domato que es pariente directo de los Vila y político de los Montarcé que, como dijimos, fue uno de los cuatro genoveses primitivos pobladores”.

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Un notable de Caballito Por Sergio Mosquera Solitario en una mesa del viejo bar de las seis esquinas, desenvuelvo con parsimonia el terrón de azúcar y lo observo ahogarse en el pocillo del café. Mientras giro la cucharita para disolverlo, un exquisito aroma invade mis sentidos, y el humito se eleva dibujando caprichosas figuras que bailan al compás del casi imperceptible tango que rezonga como música de fondo. Luego se pierden en el laberinto de las coloridas camisetas que ostentan victorias de antaño y cuelgan desde el cielo, como ángeles guardianes que custodian este templo. Después del primer sorbo del cálido café, mis dedos se deslizan acariciando la rugosa madera de la mesa, herida por garabatos de principiantes artistas en el improvisado lienzo. Mientras mis ojos recorren las paredes adornadas con ciento de historias, continuo instintivamente revolviendo el cafecito y descubro en cada rincón imágenes en sepia que me remiten al barrio que acuno mi infancia. Algunos estantes lucen abarrotados de antigüedades y otros llenos de añejas botellas con bebidas alcohólicas aguardan el momento del oportuno del descorche. Otro sorbo del ya tibio café y me pregunto: ¿Cuántos otros se sentaron en esta misma mesa a tomar algo? ¿Cuántos me precedieron a lo largo de estos años? Tal vez en esta misma mesa, algún poeta se inspiró para escribir sus primeros versos, o algún trovador a componer sus inspirados compases o melodiosos acordes… ¿Y en las otras mesas?, ¿Alguna pareja se habrán juramentado amor eterno? ¿Cuántos grupos de amigos dejaron impregnados en el aire, acaloradas discusiones de futbol o tal vez de política? Apuro mi último sorbo de café casi frío y observo por el gran ventanal como resiste estoico al devenir de los tiempos, EL VIEJO BUZON con su boca hambrienta de sueños e ilusiones que atesora en su panza de metal y mudo testigo de innumerables noches de brindis compartidos o solitarios beodos que ahogaron sus penas y llantos en algún rincón de la nostalgia. Miro el reloj y delata que el tiempo en el bar trascurre en cámara lenta… El mágico ritual finaliza y la desafinada música de los goznes de las bisagras al cerrar las puertas del viejo café me despide con una hasta pronto y me invita a soñar con el próximo encuentro…

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