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Arquitectura urbana

Arquitecto: Juan Manuel Rojas Fernández y Laura Domínguez Hernández (Arquitectos Hombre de Piedra)

Edificio de oficinas e integración urbana de una estación de servicio A través de este proyecto, que se levantará en la avenida Ramón y Cajal, de Sevilla, se persigue la creación de un edificio que exprese valores contemporáneos de empresa: calidad, creatividad, sostenibilidad y adaptabilidad, y que sea capaz de integrar una estación de servicio completamente en un entorno urbano, tal y como requiere el planeamiento. El edificio también integra en su arquitectura, de forma reflexiva y positiva, estrategias sostenibles. Por tanto, es también una metáfora optimista de la evolución en la relación del hombre con los recursos.

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e diferencia de las imágenes hieráticas convencionales de muchos edificios de oficinas que se esfuerzan en trasmitir una idea de solvencia a través de su aspecto rígido, geométrico y seriado. Frente a ésto, un edificio ligero, flexible, orgánico consigue diferenciarse y reconocerse. Esto es un valor competitivo. En las fachadas este-oeste, una envolvente metálica continúa, sin aristas que diferencien planos y con líneas de junta vertical que dibujan los volúmenes redondeados. Es la estrategia formal que da vida a este objeto orgánico. Como célula macrófaga, es capaz de integrar la gasolinera lanzando un pseudópodo y fagocitándola. Los espacios deben ser flexibles para permitir la instalación de distintas empresas con sus distintas necesidades e incluso su evolución en el tiempo. Flexibilidad espacial no siempre es seriación e isotropía. La gran longitud del edificio que propiciaría inacabables pasillos y espacios monótonos, es interpretada como una oportunidad para crear recorridos con interés. Como en el exterior, se evitan interiores repetitivos. Las envolventes con distintas ventanas, acontecimientos en las plantas como las profundas bocas-terrazas, los núcleos que como orgánulos interiores flotan libres, pero colocados estratégicamente sugiriendo lugares distintos, circulaciones o estancias… Todo esto persigue la creación de un paisaje interior que pide ser recorrido, habitado y completado de distintas formas por las empresas. Por tanto, espacios flexibles (los pilares circulares ni siquiera sugieren una organización cartesiana, aunque tampoco la impiden), pero que parten de una personalidad ya dada.

en vez de que aburran, espacios que animen en vez de que alienen, fomentan capacidades creativas que hacen a una empresa realmente competitiva. Al ser la iluminación en gran medida natural, el usuario es consciente de la hora del día por la variación de su intensidad y espectro. También es consciente de la época del año por el cambio estacional en la vegetación integrada en la arquitectura. Todo esto colabora para evitar, según está demostrado, agotamiento y estrés. En vez de las fachadas estancas que propician los espacios viciados típicos de las oficinas, aquí simplemente se da al usuario la posibilidad de abrir una ventana. Éstas no se mimetizan de forma vergonzante en el muro cortina, sino que llaman la atención desde el exterior y desde el interior para estimular su uso. Las aperturas a distinta cotas favorecen la ventilación. Pero sabemos que esto no siempre es posible en espacios donde trabajan distintas personas, por lo que se pueden abrir ventanas en la galería sur, zona común de comunicación y estancia. En esta zigzagueante fachada de vidrio hay espacios para sentarse y contemplar la vegetación de la doble piel. Y también se puede salir a las profundas terrazas que hay en cada planta para tomar un café y charlar con los compañeros o clientes. Puede que favorecer la apertura de ventanas sea considerado no sostenible o antieconómico por las pérdidas que en condiciones extremas de temperatura podría conllevar dejarse la ventana abierta. Sin embargo, devolver el control de los espacios a los usuarios, dentro de unos límites razonables (unos

simples contactores permiten al edificio saber que la ventana está abierta y actuar en consecuencia) es, a la larga, más sensato. La sensación de comodidad es mayor y la interacción ayuda a la toma de conciencia y a la responsabilidad. Asumiendo la incertidumbre que supone en el cálculo introducir factores de “libre albedrío”, los arquitectos opinan que cualquier espacio controlado exclusivamente por medios artificiales “tiende a fallar” como se ha evidenciado en ocasiones. No todo lo que es fácil de calcular es mejor. En edificios con vocación de herméticos, favorecer la interacción y el contacto con el exterior es una medida saludable de seguridad. E incluso sostenible, porque en más ocasiones de las que se piensa, estos espacios tendentes al sobrecalentamiento quedan bien climatizados ventilándolos. En el caso de que el usuario no interactúe, el sistema de aire acondicionado y ventilación lo hará por él, siempre de forma subsidiaria, tomando aire por estas profundas terrazas. A modo de bocas, templan el aire y permiten ahorro energético. En un edificio cuya implantación no facilitaba la introducción de los beneficios bioclimáticos del patio, esta solución de fachada penetrada por “patios horizontales” es una alternativa con algunas características de funcionamiento parecido. Permite, por ejemplo, el aprovechamiento de la inercia térmica del edificio como lo hacen los patios para preclimatizar este aire. En las fachadas este-oeste, la piel de zinc es penetrada por huecos verticales que respetan la modulación de la junta alzada. La proporción de estos huecos y su profundidad

La flexibilidad de los espacios aumenta con la posibilidad de usar y tocar la fachada con cortinas o amueblamiento. La “estética convencional” de los muros cortina impedía que se colocaran elementos necesarios para el funcionamiento de las oficinas junto al vidrio. Al verse desde el exterior, perturban el “elegante aspecto homogéneo”, pero a veces superficial, de estas fachadas. El ritmo no seriado del muro cortina del edificio, que incluye distintas ventanas y zonas opacas, permite que se transparente cualquier añadido revelador de la vida interior sin pérdida de coherencia. Queda integrado en esta piel viva. El valor más sólido de las empresas está en su capital humano. De la productividad y la creatividad de sus empleados depende, en gran medida, el futuro de la empresa. Lugares confortables, con amplias vistas, bien iluminados de forma natural pero protegidos del sol, que permitan el contacto con el exterior, evitando la común sensación de encierro, mejoran el bienestar del empleado y su productividad. Espacios que estimulen

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permite a las jambas dar una protección solar adecuada a estas orientaciones. Lo mejor en orientación este-oeste son lamas verticales. Las torres altas, de escasa superficie por planta, se justifican por cuestiones de suelo e imagen. Las oficinas funcionan mejor en edificios de amplias y pocas plantas. Largos recorridos verticales que rompan la superficie de las oficinas de una empresa y obliguen al uso del ascensor son una traba a su funcionamiento. Y este edificio, siendo bajo y de amplias plantas, funcionará aún mejor si se reflexiona sobre la importancia de los recorridos verticales. En especial si se tiene en cuenta que precisamente, al ser un edificio de pocas plantas, se puede favorecer el uso de la escalera como solución económica (tiempo, energía), ecológica (energía) y saludable. Por ello, no todas las escaleras se esconden en “zonas de servicio”, como se suele hacer, cada vez más empujados por una interpretación perezosa de las normativas contra-incendios. Puede haber escaleras abiertas en planta perfectamente seguras, que no son de evacuación, sectorizadas para evitar ser conducto vertical de humos. También una aplicación absurda de la necesaria normativa de minusválidos colabora a ello.

suplemento en el armado de nervios. Los núcleos colocados con la inercia correcta absorberán, al ser más rígidos, una mayor parte de este esfuerzo.

las instalaciones de climatización y ventilación se favorece el transporte de calor desde el interior profundo y aislado de los espacios de oficinas y desde la soleada (en invierno) fachada sur hasta la fachada norte.

Más sobre energía La orientación norte y sur de sus dos fachadas principales sugiere estrategias distintas. Hacia el sur, una doble piel ventilada, en parte orgánica en parte tecnológica, evita el sobrecalentamiento en verano por efecto invernadero. La fachada norte no necesita protección solar. Es un muro cortina con un vidrio doble bajo emisivo, una fachada estupenda para apoyar las oficinas sin deslumbramientos. Las pérdidas de calor que de todas formas se van a producir por los acristalamientos de la fachada norte quedan compensadas, según cálculos realizados, por el aporte de calor representado por maquinas, luminarias y personal de las zonas interiores de trabajo. En el diseño de

La doble piel orgánica de la fachada sur es un parasol de malla estirada metálica (que ya da cierta protección) en la que trepa una enredadera de hoja caduca. En verano, el diseño de la malla junto a las hojas de la planta sombrea la fachada, evitando el sobrecalentamiento. En invierno, ni las hojas ni la malla impiden que la radiación solar caliente gratuitamente el edificio. Otra doble piel más tecnológica se encuentra en el rectángulo superior izquierdo de la misma fachada sur. Estará constituida por una instalación de paneles fotovoltaicos conectados a red. La disposición células y paneles se calcula para conseguir el grado de sombra y radiación deseado.

Es obligado pensar los edificios desde el principio sin barreras arquitectónicas. Y también es conveniente pensarlos de forma que para salvar pocas plantas, se favorezca el uso de la escalera a quien pueda y quiera hacerlo. No es algo banal. La espacialidad de las escaleras está desapareciendo de los edificios y se nota más en aquellos en los que solía representar un elemento importante (hoteles, edificios públicos…). El marketing nos enseña que uno suele utilizar lo que tiene presente, lo que ve. Una amplia escalera apoyada en un gran paramento vegetal, protagoniza el espacio del vestíbulo de los ascensores para que no pase desapercibida. Su uso está garantizado y será muy agradecido al representar una alternativa a las tediosas esperas de los ascensores en horas punta. El vuelo de 17 metros que alberga la gasolinera se resuelve más con geometría que con tecnología. Una sección que alberga unas cerchas que en el empotramiento con el resto del edificio tienen 4 metros de canto, permite que la estructura de este vuelo pueda ser una metálica de secciones y soluciones razonables. La transmisión de la tracción del cordón superior se hará a un forjado que la irá repartiendo entre los numerosos pórticos. Su valor máximo de 30 T/m en el empotramiento no supone más que un

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Esta instalación fotovoltaica es obligatoria en cumplimiento del Código Técnico. Pero en vez de ocultarla en cubierta, como se suele hacer, los autores del proyecto la sitúan en fachada, a modo de parasol. El edificio se siente orgulloso de esta instalación sostenible, poniéndola en valor. Por otro lado, al utilizarla como elemento pasivo para sombrear, se rentabiliza aún más. La visibilidad de la instalación fotovoltaica tiene, además, una vocación didáctica: todo consumo implica una producción. La solución a la contaminación no es ocultar esta producción a la vista o llevarla lejos, sino hacerla realmente respetuosa con el medio. La estación de servicio bajo esta instalación sostenible subraya la situación actual de transición de modelos energéticos en que nos encontramos. Entre la piel fotovoltaica y el cerramiento de vidrio de la fachada hay un espacio de 90 cm, transitable para mantenimiento, por donde circula el aire y en el que se colocarán plantas. Igualmente, existe este espacio entre el cerramiento vegetal y la fachada del rectángulo superior derecho. En la parte inferior del edificio, en contacto con el terreno, la doble piel vegetal está a 10 cm del cerramiento. El resto de las fachadas es una envolvente continua de bandejas de zinc engatilladas con junta alzada. Es un cerramiento ventilado de dos hojas y arquitectura seca (sin ladrillos, sin yeso in-situ, sin albañiles, sólo montadores), como el resto de la edificación. Como una gran bufanda, el sistema envuelve el edificio, plegándose para ofrecer la protección del espesor en los huecos. El 90 por 100 del metal de este sistema es reciclado. El zinc es un metal de bajo punto de fusión y por tanto, baja utilización de energía en su fabricación, cuyo aspecto evoluciona bien en el tiempo. Es uno de los metales que mejor envejecen (puesto que cambia) y de menor coste de mantenimiento. Un edificio con dos orientaciones tan extremas como norte y sur exigirá frecuentemente, a la vez, refrigeración en la sur y calefacción en la norte, lo que convencionalmente se ha venido resolviendo con un funcionamiento simultáneo de caldera y enfriadora en una instalación de cuatro tubos y agua como fluido caloportador. Juan M. Rojas va a evitar esto en su edificio, pues energéticamente es una barbaridad y supone un absurdo consumo energético y gasto económico. ¿Cómo? Gestionando la demanda mediante adecuados aislamientos, sombreados de fachadas muy soleadas y ventilación de los espacios, tanto al norte como al sur, pues en este tipo de circunstan-

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cias (estaciones intermedias), el aire exterior suele estar a una temperatura cercana a la de confort. De forma subsidiaria a todo lo anteriormente mencionado, se utilizarán los sistemas de climatización más eficientes energéticamente. El estudio Hombre de Piedra apoya mecánicamente las estrategias pasivas, pero con tecnologías de consumos razonables, es decir, sostenibles. Por ello, lo lógico es que en situaciones de estaciones intermedias, la parte del edificio con exceso de calor lo ceda a la que tiene necesidad del mismo. Un buen sistema es la instalación de máquinas de tres tubos VRV que gestionarían este proceso y el de free-cooling (el aire exterior tomado por las terrazas-bocas) si se le da la infraestructura de control adecuado. Las unidades interiores de una fachada pueden ser condensadoras, a la vez que las de la otra evaporadoras, por lo que en estas circunstancias y dependiendo del balance energético entre las necesidades de las dos fachadas y el profundo interior (que sorprendentemente, según cálculos de la ingeniería necesitará refrigeración incluso en invierno), las unidades exteriores podrían estar paradas o con un funcionamiento sólo atento a cubrir el déficit en este balance. Se trataría de algo más racional que calentar y enfriar a la vez, gastando energía en los dos procesos. Además, el VRV es un sistema que consume poco falso techo y permite unir o compartimentar espacios modulando plantas de forma flexible, lo que es necesario para la comercialización de estas oficinas. Aún se desconoce si las plantas se modularán o se

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alquilaran por unidades completas. Lo más probable es una combinación de ambos casos. El edificio posee tres sótanos de garaje, uno de ellos bajo el nivel freático. Es lógico aprovechar la inercia térmica del terreno. A 10 m de profundidad, la temperatura es constante durante todo el año y equivale a la media anual, por lo que en Sevilla, esa temperatura es de 18,1 ºC todo el año. Si se utilizara agua del nivel freático para ceder o tomar calor en máquinas refrigeradas por agua, se podría entonces utilizar una tecnología más racional que no ceda calor al aire recalentado a 40º de un agosto sevillano, sino a un sumidero a 18,1 ºC y que en invierno, en vez de tomar calor del ambiente a 10 ºC, lo tome mejor del agua más cálida a 18,1 ºC. Esto supone menor consumo, pues las máquinas son más eficientes energéticamente, y menor utilización de espacio al ser más pequeñas, menor contaminación térmica del aire y menor contaminación acústica en las cubiertas.

La fachada de zinc. Fachada como cubierta

significa que siempre sea sensato. Al ser dos elementos con requerimientos distintos es coherente que se resuelvan constructivamente de distinta forma y se muestren por tanto de forma diferente. Pero no es lo mismo convertir fachada en cubierta que cubierta en fachada. Lo primero es lo difícil, falso y caro que intentamos evitar. Lo segundo forma parte del uso constructivo en muchos lugares. Son las medianeras de pizarra, chapa o fibrocemento que protegen de la lluvia y el viento paramentos ciegos que no tienen la posibilidad ni la “categoría de ser fachadas”. Puesto que los requisitos de una cubierta son mucho mayores que los de una fachada, es más coherente y sencillo, constructivamente, buscar la continuidad haciendo que la cubierta baje y se convierta en fachada que lo contrario. Por tanto, la solución de las fachada este u oeste de nuestro edificio responde más a esta idea, constructivamente más sensata a juicio de sus autores, de medianera pluvial que a un “contradios hight-tech”. Y su imagen así lo revela de forma natural, como una fachada construida con la tecnología tradicional de la cubierta de zinc de junta alzada engatillada y ventilada.

Uno de los argumentos principales del proyecto habla de una “piel continua” capaz de integrar la marquesina de la gasolinera. Para ello fachada y cubierta debían mantener continuidad y similar apariencia.

Además, las marcadas juntas verticales de esta solución apoyan las estrategias de proyecto de una forma definitiva remarcando la continuidad de la envolvente.

Convertir una fachada en cubierta es posible, es corriente en cierta arquitectura, pero no

Sin embargo, no se trata de una fachada ventilada convencional. Detrás de la chapa de

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zinc tenemos una cámara de aire de 10 cm que está ventilada por su perímetro de forma que se garantiza, como en la cubierta, la protección ante cualquier condensación o pequeña filtración puntual. Pero lo que predomina en comparación con otras ventiladas es la estanqueidad de esta piel con vocación de cubierta. Son conocidas las bondades de la fachada ventilada. Paradójicamente, su estupendo funcionamiento es tan dinámico en adecuada respuesta a las distintas condiciones exteriores (con sus corrientes de aire circulando por la cámara según temperatura exterior) que calcular de forma exacta y cuantitativa su comportamiento es muy difícil. El propio Código Técnico, por ejemplo, muy conservador, no valora las evidentes ventajas desde el punto de vista térmico de las fachadas ventiladas, lo que es un freno a su utilización. Debido a la incertidumbre de cálculo de estas fachadas y a la particularidad de la baja ventilación de la de este proyecto, los arquitectos han preferido calcular el comportamiento térmico de esta fachada considerando la cámara como no ventilada. En este caso, esta actitud es más responsable que conservadora, pues sus autores sí valoran las virtudes “cualitativas” de esta fachada, razón por la cual la utilizan. Pero han preferido, con su ingeniería, ser cautos en sus prestaciones, pues un error en el cálculo de las cargas del edificio que conlleve un error en el conocimiento del comportamiento térmico y la climatización necesaria, sería algo que los clientes no perdonarían (o no deberían perdonar). Saben que el funcionamiento térmico real de la fachada será algo mejor que el de cálculo, por lo que se consumirá algo menos de energía.

La fachada fotovoltaica. Mejor parasol que fachada En la doble piel fotovoltaica se ha estudiado, como Hombre de Piedra lleva haciendo en proyectos anteriores, las posibilidades arquitectónicas de este nuevo material de construcción que es el panel de células fotovoltaicas. Se ha observado la tendencia de la industria a ofrecer unos paneles cada vez más integrados en carpinterías y con vocación de constituir el cerramiento del edificio. Se están integrando en carpinterías estancas con sus gomas o siliconas como simples vidrios que, orientados al sur, producen electricidad. Pero no son simples vidrios y montarlos en ventanas como único límite exterior/interior del edificio no es bueno ni para el edificio, ni para los paneles.

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Las células fotovoltaicas tienen una temperatura de funcionamiento de 20º por encima de la temperatura ambiente y éso son muchos grados. Si los tuviéramos en una ventana con 35º de temperatura exterior, radiará al interior con una de 55º. Puede que en Finlandia, ésto tenga sentido, pero no en España y menos en Sevilla. Habría que calcular el aire acondicionado para contrarrestar ésto y a lo mejor, la energía que se gasta en refrigerar los espacios por culpa de los paneles es mayor que la que producen éstos como generadores limpios de energía. Y si encontramos la forma de aislarnos de este calor, hay que saber que las células fotovoltaicas pierden gran rendimiento al sobrecalentarse. A parte de ser interesantes como parte de la imagen del edificio, si se quiere que funcionen, hay que refrigerarlas lo mejor posible y es absurdo hacerlo de forma artificial. Buscar un uso coherente de un material nuevo, que no sustituya o intente imitar a otro, es lo más sensato, económico y auténtico. Es lo que nos ha enseñado la arquitectura moderna. Todo esto nos lleva otra vez a la fachada ventilada, que es una forma más razonable de integrar arquitectónicamente estos paneles al evitar que transmita al interior su temperatura. Pero entonces deja de tener tanto sentido su montaje con gomas y siliconas en superficies estancas que además de caras, dificultan la circulación del aire necesario para la refrigeración de los paneles, sobre todo si van colocados delante de las auténticas fachadas perfectamente estancas. Todo esto sí tendría sentido si fueran paneles solares térmicos para generación de agua caliente, que al sobrecalentarse mejoran su rendimiento. Hombre de Piedra prefiere integrar los paneles sueltos, con marcos sencillos, separados unos de otros, con aire circulando alrededor, tomados con estructuras auxiliares, livianas y vistas, diseñadas junto al fachadista. Eso es lo que se va a hacer en este caso. Pero además, los paneles estarán muy separados y veces habrá huecos que permitan visiones. Habrá una cámara de alrededor de 1 metro que permita no sólo el adecuado mantenimiento, sino el crecimiento de un jardín de plantas protegidas del sol entre las dos pieles. Este jardín estará también tras la malla estirada de soporte de la “fachada vegetal” y existirá para ser contemplado y disfrutado desde el interior. Aquí nos encontramos con el caso simétricamente opuesto al de la fachada de zinc. Es tal

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la ventilación que se pretende y el tamaño de la cámara, que será bueno no considerarla como fachada ventilada, sino como un parasol, capaz de retirar un porcentaje elevado de radiación de esta fachada sur, que ya es bastante. Es decir, no se consideran los efectos beneficiosos de las corrientes convectivas (que existirán) y la temperatura en la cámara se considerará igual que la exterior, aunque en esa cámara, la temperatura será inferior a la exterior, sobre todo si se tuviera en cuenta el efecto de la vegetación en su interior (la evaporación del agua aportada por las plantas baja la temperatura). Pero otra vez, las incertidumbres de cálculo obligan a la prudencia. Y no se trata sólo de un problema de herramienta de cálculo. Si se quiere un cálculo fiel a la realidad proyectada ¿cómo modelizar, por ejemplo, el efecto beneficioso de un jardín entre pieles si se trata de un elemento vivo que evoluciona con los meses, los años y tan frágil y dependiente que puede que ni exista al cabo de un tiempo? Lejos del conservadurismo y del pesimismo, hay que ponerse en lo peor a la hora del cálculo para garantizar el funcionamiento del edificio en todas las condiciones. Es interesante este debate entre lo bueno cuantificable y lo mejor razonado, cualitativo pero no cuantificable. Obliga a un sincero diálogo a veces divertido, otras veces dramático, entre ingenieros y arquitectos.

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La fachada vegetal que no es un tupé Se pueden hacer ahora gruesas capas de vegetación que simulan la auténtica materia que constituye la fachada. En el edificio objeto del reportaje, no se pretende una fachada vegetal tan tupida, artificial y difícil de mantener como el tupé de Elvis. Un material tan frágil no puede constituir la única base del funcionamiento e imagen de la fachada. Un hongo o un error informático del sistema de riego podrían poner en peligro toda la “idea” de fachada. Es preferible pensar en el edificio con una vegetación que va colonizándolo poco a poco, de hoja caduca para permitir el soleamiento en invierno y con especies bien adaptadas (como la parthenocirus chinquifolia), para que su mantenimiento sea más sencillo y sostenible (en el consumo de agua, por ejemplo).

La base de esta doble piel la constituye una malla estirada de aluminio de diseño tal, que es capaz de ofrecer por sí sola una excelente protección solar. En la parte baja del edificio, esta piel se encuentra a unos centímetros de las ventanas. Entre éstas, unos rehundidos en la fachada permiten albergar cómodamente la vegetación, que recibe agua y nutrientes mediante sistemas automáticos que ahorran agua y atención. En la parte alta, este espacio se convierte en una galería de mantenimiento que, como en el caso de la fachada fotovoltaica, permite un sombreado jardín entre las pieles. Desde la escalera y pasillo, su disfrute está asegurado y su funcionamiento como regulador térmico, también.

Por tanto, hay que pensar el edificio con y sin vegetación y debe funcionar bien de las dos formas.

La gran transparencia al aire de la malla elegida remite al caso del cálculo en la fachada fotovoltaica. Sólo se considera su capacidad de sombreamiento. Ni las corrientes de aire ni el efecto beneficioso de la vegetación, que puede estar o no estar, se consideran en el cálculo térmico.

Es, en definitiva, una utilización más tradicional y mediterránea de la vegetación.

Conclusión

Con una presencia rala al principio y con aspecto más tupido con los años, hasta una apoteosis final que aconseje (o no) volver al principio.

Los tres tipos de fachadas comparten una intención. Mediante el plegado y separación de hojas, la superposición de filtros semitransparentes o la interposición de elementos

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intermedios como la vegetación, se explora la capacidad de la arquitectura contemporánea de crear espesor en las fachadas a partir de las finas pieles que ofrece la construcción actual, pues así se crean espacios que se perciben como más habitables, a juicio de los autores. Y además, realmente lo son. Térmicamente, por ejemplo, los huecos consiguen la protección de las jambas (fachada este-oeste), las

dobles pieles consiguen el necesario sombreado, y los entrantes y salientes del cerramiento de vidrio en la fachada sur permiten mediante huecos abiertos a él, habitar y disfrutar del aire del jardín entre pieles. Seguros del buen funcionamiento de estas soluciones, los arquitectos de Hombre de Piedra son más cautos en el cálculo, pues muchas de sus virtudes son de muy difícil cuantificación.

Ficha técnica Arquitectos: Juan Manuel Rojas Fernández y Laura Domínguez Hernández (Arquitectos Hombre de Piedra)

Industriales

Arquitecto colaborador: Antonio Ortiz Morilla

Paneles solares: Isofotón

Cálculo de Instalaciones: Aster Consultores, S.L. Diagnóstico de Sostenibilidad: ADS, Sustainable Development Consulting, S.L. Análisis Estructural: TZ Ingeniería, S.L.

Carpinterías de aluminio y muros cortina: Technal

Cubierta y fachada de zinc: VM-Zinc Fachadista muros cortina y zinc: Cartesur Fachada vegetal y jardinería: Emsa, Medioambiente y construcción Malla estirada: Fils, Longhi Group. Iluminación: Iguzzini Illuminazione España

Cálculo de Estructura: Ashford, S.L.

Ascensores: Schindler

Redacción del texto: Juan Manuel Rojas

Material eléctrico y de control: Schneider Electric

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Edificio Ramón y Cajal. Infodumus nº 21  
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