EL IMPERIO ADICTO
Cómo el petróleo se convirtió en la droga de las naciones
Resumen reflexivo
Durante más de un siglo, el petróleo fue el elixir del poder: una promesa líquida que otorgó a las naciones la sensación de ser eternas. Con la arrogancia del descubridor, la humanidad confundió la energía con el sentido, la dependencia con el progreso, y el brillo del oro negro con la luz del porvenir. Cada barril reforzó la ilusión del control, alimentando imperios, ejércitos y sueños de grandeza, hasta que la sustancia comenzó a consumir a sus propios amos.
Este ensayo recorre la espiral psicológica y política de la adicción al petróleo através de doce etapas desde el descubrimiento hasta la negación, la agresión y el colapso para revelar que la civilización moderna comparte con el adicto individual la misma anatomía del deseo y la misma ceguera ante la dependencia.
El camino hacia la recuperación, si aún existe, exigirá algo más que nuevas tecnologías: pedirá una transformación moral, una conversión interior. Solo reconociendo su propia enfermedad, la humanidad podrá liberarse del imperio que lleva dentro, y convertir la herida energética en el punto de partida de una nueva conciencia.
Las Doce Etapas del Imperio Adicto
(Paralelo entre el individuo y la civilización)
1. El Descubrimiento — La primera dosis
Un hombre tropieza con una sustancia que lo hace sentir infinito: el dolor se disuelve, el miedo se apaga, la fuerza lo inunda.
Así también unanación descubre elpetróleo:un fuego líquido que promete poder,riqueza y dominio.
Cree haber encontrado el corazón del progreso.
2. La Euforia Inicial
El adicto cree controlar su deseo: “puedo dejarlo cuando quiera”. Se siente elegido, invulnerable.
El Estado vive su edad dorada: abundancia, consumo, supremacía. “Tenemos suficiente para siglos.”
Ambos confunden el resplandor con la eternidad.
3. La Negación
Empieza a depender del veneno, pero insiste: “no soy adicto, solo lo necesito para seguir.”
Las naciones hacen lo mismo: hablan de transición verde mientras excavan más profundo. No están listas dicen para dejar de extraer.
4. La Tolerancia Creciente
Cada dosis ofrece menos alivio. El cuerpo pide más, siempre más.
Cada barril es insuficiente: se multiplican los pozos, los conflictos, los sacrificios. La economía se convierte en un rito de consumo perpetuo.
5. El Deterioro
El cuerpo se marchita, la mente se estrecha. Toda la vida gira en torno a la próxima inyección. Los ecosistemas colapsan, la innovación se estanca, las políticas orbitan en torno al petróleo. La energía vital se convierte en jaula.
6. Las Mentiras
Para sostener la adicción, el hombre miente. Y las mentiras se vuelven sistema.
El imperio falsifica cifras, manipula mercados, inventa razones para seguir bombeando. La moral se disuelve como humo en el aire.
7. El Aislamiento
Los vínculos se rompen. Solo queda la sustancia.
El Estado se encierra en sí mismo, traiciona alianzas, se justifica en nombre de la “seguridad energética”. La soledad se convierte en bandera.
8. La Agresión
Quien amenaza el acceso, provoca violencia. El imperio golpea a quien se interpone: invade, desestabiliza, llama libertad a su hambre. La adicción ya no oculta su rostro.
9. El Colapso Moral y Material
El individuo pierde trabajo, salud y sentido. Solo queda el hábito. La civilización pierde su brújula. Naufraga entre crisis, deudas y ruinas ecológicas. Ya no produce vida: solo alimenta el flujo del petróleo.
10. La Abstinencia
Al intentar detenerse, aparecen los temblores: pánico, vacío, oscuridad.
Cuando los precios caen, el sistema se sacude: recesión, desempleo, revueltas. La razón cede ante el miedo.
11. La Intervención — La Rehabilitación Forzada
A veces solo el colapso abre los ojos. El cambio llega como un golpe o como una mano ajena.
Solo un shock global, una transformación de paradigma, podrá arrancar la aguja del petróleo. La desintoxicación será dolorosa, pero necesaria.
12. La Posible Recuperación
El adicto que acepta su enfermedad puede renacer.
Una civilización que reconoce su adicción puede sanar. Si abraza la energía limpia y aprende a medir el poder en términos de equilibrio, no de dominio, podrá reescribir su destino. La pregunta ya no es si puede hacerlo, sino si quiere hacerlo.
Atentamente,
Dr. Horacio Jesús Téllez Oliva.
Doctor en Ciencias Físicas
Correo electrónico: Horacio.jesus@yahoo.es