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Guillermo Rovirosa Apóstol del mundo obrero 50 Aniversario 1964-2014

“El cristiano, decía Rovirosa, debe ser un especialista en Cristo”, fidelidad a Cristo y a la clase obrera fue su máxima preocupación y hoy nos invita a todos los militantes de la HOAC a renovar esa promesa. El 27 de febrero de 2014 se cumplen 50 años de la muerte de Guillermo Rovirosa, apóstol y profeta de la clase obrera. Él fue el iniciador de la HOAC, una obra de Dios para la Iglesia y para los hombres y mujeres del Mundo Obrero y del Trabajo. Que la mirada de Jesucristo, con la que él un buen día se encontró nos ayude a mirar y a descubrir lo que Él quiere para la HOAC del tercer milenio.

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Guillermo Rovirosa Apóstol del mundo obrero 1964-2014

«Este cuaderno está dedicado a todos los hombres y mujeres, de ayer y de hoy, afanados, como Rovirosa, en vivir y compartir su vida y la Buena Noticia del Evangelio de Jesús con los hermanos y hermanas del mundo obrero y del trabajo». Comisión Permanente de la HOAC


Cuadernos Hoac © Hermandad Obrera de Acción Católica Ilustración portada: Vicente Esteve Herrera ISBN: 978-84-92787-20-3

Depósito Legal: 3786-2014 Preimpresión e impresión:

Estilo Estugraf Impresores, S.L. Madrid, 27 de febrero de 2014


ÍNDICE Presentación................................................................................ 5 Biografía de ROVIROSA, por Román Bilbao......................... 7 Selección de Textos de Rovirosa............................................... 29

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Presentación El 27 de febrero del 2014 se cumplirán 50 años de la muerte de Guillermo Rovirosa, apóstol y profeta de la clase obrera. Él fue el iniciador de una Obra, la HOAC, cuya trascendencia para el mundo obrero y la Iglesia nadie podía sospechar. Rovirosa fue una persona controvertida. Y es que querer ser santos al estilo de Jesús no es posible sin pasar por el sufrimiento y el fracaso. Por eso, para entender la vida de Rovirosa, cuyo pequeñito resumen tienes en tus manos, querido lector, nos vienen bien aquí las palabras de A. Sertillanges: «Si llegas a ser alguien, prepárate para la prueba de los elegidos y disponte a saborear toda la diversidad de sus gustos: prueba del ideal, que se te aparecerá más lejano a medida que marches más deprisa; prueba de los necios, que no comprenden nada de tu pensamiento y se escandalizan; prueba de los envidiosos, que tachan de imprudencia haber traspasado su línea de combate; prueba de los buenos, que se dejan conmover, pero te tienen por sospechoso y te alejan; prueba de los mediocres, que son en número infinito y se sienten enojados por la muda afirmando de un mundo superior». ¡Qué gozo para nosotros, obreros y cristianos, qué acciones de gracias a Dios por el don que nos hizo en Rovirosa, pues con él Dios nos mostró, a la clase obrera, a todos los trabajadores del mundo, cómo ser un verdadero obrero cristiano, un seguidor entusiasta de Jesús… «Bien están los técnicos; bien están los organizadores; pero quienes son indispensables son los santos». Obreros y santos, como Jesús, así nos quiso Rovirosa, el guía que nos anunció la Palabra de Dios con corazón de obrero. ¡Por fin los obreros podían escuchar la enseñanza de Jesús en su mismo lenguaje! Él predicaba a Jesús tal como es, sin enmendarle la plana, sin rebajarlo a la categoría de religión aburguesada, mundana, propia de los que tienen miedo y algo que perder, de los que no han querido poner de verdad en el centro de su vida a Cristo. Junto al Sagrado Corazón de Jesús –¡en vos confío!–, nos decía, había que invocar también el ¡Sagrado Cerebro de Jesús! Él se adentró profundamente en la teoría y la práctica de Jesús, actualizándola con toda su novedad evangélica…, así nos entregó una HOAC toda cristiana y toda obrera. Al celebrar el cincuenta aniversario de su paso al Padre no nos queda otro remedio, si no queremos ser hipócritas miserables, que seguir gozosamente su testamento: «fidelidad a Cristo y a la clase obrera». ¿Y nada más? Nada más. Comisión Permanente de la HOAC 27 de febrero de 2014

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GUILLERMO ROVIROSA Apóstol del mundo obrero Por Román Bilbao I. ¿Quién fue Guillem Rovirosa? Guillem Rovirosa i Albet nació en Vilanova i Geltrú (Barcelona) el 4 de agosto de 1897. Fue el último de tres hijos de un hogar de campesinos. Sus padres tendrán una gran influencia en su vida. De su padre recordará la pasión por la verdad y de su madre su profunda religiosidad. Estos dos ingredientes, el amor a la verdad y el testimonio religioso de su madre, van a tener gran influencia en la manera en que Rovirosa asumió su vida cristiana. A los 11 años comenzó el bachillerato en el internado de los Escolapios para pasar después a realizar los estudios de ingeniero de caminos en Madrid. Tres años después ingresó en la Universidad Industrial de Barcelona para cursar Industrias Eléctricas y Mecánicas Aplicadas que compaginó con el trabajo, a fin de poder sufragar los estudios. Por estas fechas, también inició un progresivo deslizamiento hacia el escepticismo total que le llevó a abandonar la Iglesia y a tomar la decisión de combatir la religión católica en nombre de la verdad. «Yo creía a pies juntillas que la base moral cristiana era: “Que los buenos al final resultan siempre premiados, mientras que los malos tarde o temprano son siempre castigados”. Mi madre quedó paralítica total a los pocos meses de mi nacimiento. 7


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Era la encarnación de la bondad. La expresión de su rostro era siempre la de una persona feliz. Cuando yo he hablado de la cruz gloriosa de los seguidores de Jesús, tenía siempre ante mis ojos la imagen de mi madre. Murió cuando yo tenía dieciocho años, fue un empujón definitivo para desentenderme totalmente del “tinglado católico”, que se presentaba a mis ojos como un negocio bien montado… Caí en un escepticismo total. Decidí, con plena conciencia, no solo desentenderme, sino combatir la religión católica (considerándola como farsa magna) en nombre de la verdad. Yo no sabía entonces nada del eslogan “opio del pueblo”, si lo hubiera sabido, ésa era exactamente mi opinión». Tras sus estudios será un ingeniero especialista en la dirección de industrias eléctricas y mecánicas aplicadas, y, muy joven, con 25 años, publicó dos libros: «Fabricación de cables eléctricos» y «Fabricación de condensadores y carretes». Esta formación le aportará una mentalidad científica. En 1922 se casó con Caterina Canals, una mujer muy creyente que jugará un papel decisivo en su conversión y en su vida. «Era una mujer que yo no merecía: el ángel bueno de mi vida. Nadie como ella ha entrado nunca en mi vida, en mis sentimientos de paz y amor». Sus primeros trabajos profesionales los realizó en Barcelona y, en 1929, tras la muerte de su suegra se trasladó a París con su esposa. En la Ciudad de la Luz reanudará su dedicación a la fabricación de juguetes mecánicos que había iniciado en Barcelona y continuó buscando la verdad. «Me puse a estudiar tanto como podía todas las religiones… menos la de Cristo. De ésta, pensaba yo, yo estaba de vuelta… Cada descubrimiento era un nuevo placer… Después de enterarme (más o menos) inicié mi trabajo de investigación de la verdad, y aquí empezó la incomodidad. Ya que el fondo de todas estas religiones es el panteísmo, y esto no lo veía claro… Y llegué a la conclusión de que la verdad que yo buscaba no estaba en ninguna de estas religiones, ni en todas juntas. Así llegué al escepticismo total; todo era mentira… En mi hogar y en mi trabajo encontraba la 8


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alegría de vivir; y ésto es lo único que me salvó del naufragio… La técnica de mi oficio me daba suficiente satisfacción, y me encantaba el trato con las máquinas. Las máquinas, decía, no traicionan nunca. Yo buscaba un Redentor a mi gusto, y allí donde me decían que había uno, allí iba yo. Después lo dejaba con la convicción de que me habían timado (…) buscaba un dios a mi medida». Va a ser en París, en el año 1932, cuando va a comenzar el proceso de su conversión que el mismo Rovirosa describe así: «Era finales de 1932 y yo iba distraídamente por las calles de París, cuando me llamó la atención el ver una gran muchedumbre ante la iglesia de San José. Por pura curiosidad, pregunté qué pasaba. Me dijeron que el cardenal Verdier hacía la visita pastoral, y que en aquellos momentos estaba predicando». Rovirosa solo pretendía verlo, pero también lo oyó durante dos o tres minutos: «El cristiano es un especialista en Cristo, y de la misma manera que el mejor oculista es el que más sabe de teoría y de práctica de los ojos, así el mejor cristiano es el que más sabe de teoría y de práctica de Jesús. Ésta fue la semilla de Vida que la Providencia amorosa dejó caer en mi estiércol, valiéndose de su servidor, el arzobispo de París». Las palabras del cardenal provocaron en Rovirosa esta pregunta: «Y yo, realmente, ¿qué sé de Jesús?». Se dio cuenta «que de Jesús no sabía casi nada, ni de teoría ni de práctica. Y me entraron ganas de saber algo». Tras unos meses de intensa reflexión, en el año de 1933, el matrimonio se trasladó a El Escorial y en el monasterio, se puso en contacto con el padre José Fariña. Éste le regaló el libro de las «Confesiones» de San Agustín y le propuso no hablar de religión hasta después de que lo hubiera leído. Años después dejó constancia del talante con que aceptó su lectura. «Cuando tomo un libro lo hago, no con un prejuicio favorable hacia él, sino como un enemigo con el que voy a batirme lealmente, si él lo consiente. Con esta disposición tomé “Las confesiones” y luché encarecidamente con él. Toda dificultad para mí estaba en aceptar a Jesús como verdadero Dios. La lucha duró hasta el capítulo VII, al fin del cual tuve la dicha de rendirme con armas y bagajes. Fue un descubrimiento de la humildad, la pobreza y el sacrificio 9


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encarnados en la vida de Jesucristo y fundamento de su mensaje de Amor, lo que me hizo ver la originalidad del cristianismo con relación a otras religiones. Este mensaje no podía partir más que de Dios. Y no hubiera tenido valor para los hombres si no lo hubiera puesto en un Dios Encarnado. La mayor parte de los cristianos dejan estas cosas de lado, y engrandecen los alrededores. Entonces comprendí mi apostasía a los 18 años. Yo había dejado no a Cristo ni al cristianismo, sino a un sucedáneo que se me había querido hacer aceptar como mercancía de “marca”. Pero la “marca” yo no la conocí a los 18 años, la conocí a los 36. En la Navidad de 1933 yo hice mi verdadera Primera Comunión». Guillem y Caterina establecieron un «pacto tripartido con Dios» según el cual ambos se comprometen a dedicar su vida al apostolado esperando que Dios proveyese a sus necesidades materiales siempre que ellos vivieran pobremente. A propuesta de un compañero de estudios de la Universidad Industrial de Barcelona se quedó a trabajar en Madrid, ya que éste le ofreció la oportunidad de trabajar como técnico en una sucursal que la empresa catalana Rifá Anglada tenía en la capital. Durante un tiempo compaginó su profesión con estudios en el Instituto Social Obrero, obra promovida por Ángel Herrera Oria, director del diario conservador católico «El Debate», el alma de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, futuro obispo y cardenal. La experiencia fue negativa y salió muy disgustado porque se le presentó una sociología religiosa en la que no se trataba de comunión, ni de humildad, ni de pobreza, ni de sacrificio, ni de Mandamiento Nuevo. Pero fue fecunda en el sentido de que impulsó a Rovirosa a buscar otros fundamentos para el apostolado obrero más de acuerdo con los principios del Evangelio y de la Doctrina Social Católica. La guerra le sorprendió a Rovirosa siendo el director técnico de la empresa y presidente, por elección de sus compañeros, del comité obrero. Por motivos de seguridad, tuvo que cambiar de domicilio en dos ocasiones. Primero vivió en la calle Eduardo Dato donde instaló una capilla clandestina. En ella, años después, nos dirá: «se celebró como mínimo una misa diaria y se repartieron más de 6.000 comuniones». Poco después pasó a instalarse en un sótano de la 10


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calle Bárbara de Braganza. Su estancia en esta segunda morada fue, en opinión suya, providencial. En aquel edificio estaba depositada la biblioteca de Fomento Social de la Compañía de Jesús, y pudo leer infinidad de libros sobre la doctrina religiosa y social que con el tiempo le iban a ayudar a desarrollar sus pensamientos, y a corroborar sus impresiones desfavorables sobre la «sociología católica» que había conocido en el Instituto Social Obrero. «Durante dos años, casi todas las tardes y numerosas noches, yo las consagraba a la profundización de la sociología cristiana… Lo repito: fue mi segunda conversión, y representaba con la primera un conjunto armonioso. La primera me hizo encontrarme a mí mismo en Cristo; la segunda me hizo sumergirme en el Cuerpo Místico. Los aspectos personal y social se complementaban el uno al otro». Fue entonces cuando brotó en su mente una de las decisiones más importantes de su vida: la de dedicar todos los esfuerzos apostólicos al mundo obrero a fin de devolver a Cristo a los pobres y al mundo obrero. «Hace veinte siglos se desconocía la dignidad esencial de todo hombre, y el trabajo era lo más vil y despreciable. Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, conquistó para todo hombre la posibilidad de llegar a ser hijo de Dios. Ante Dios no hay pobres ni ricos, sabios o ignorantes, hermosos o feos. Ante Dios solo cuenta ser justos o injustos. Pero al hacerse Hijo del Hombre, Jesucristo pudo escoger su cuna. Y nació en casa del artesano de Nazaret, viviendo en ella treinta años… sin historia». Terminada la guerra y suprimida la sucursal de su empresa en Madrid, Rovirosa entró a trabajar como técnico en el Instituto Llorente, acreditada empresa farmacéutica, pero al poco tiempo tiene que abandonar su puesto de trabajo para ocupar una celda en la cárcel ya que el gerente de la empresa le denunció por haber presidido un comité obrero en el «Madrid rojo». Fue condenado a seis años y un día, pero solo pasó dos meses entre rejas y reclamado por la empresa se le concede el régimen abierto, volviendo a la cárcel a la noche. En septiembre de 1940, 11 meses después, consiguió la libertad. 11


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II. Rovirosa y la HOAC A partir de 1940 durante tres años siguió los cursos del Instituto Central de Cultura Religiosa Superior para laicos de Madrid donde pudo sistematizar el bagaje social y religioso que portaba de modo disperso. Años después dirá: «Los libros y las conferencias me enseñaron mucho, ciertamente; pero la gran enseñanza yo la saqué de la vida y del gran libro por antonomasia: el Nuevo Testamento». También, en 1940 se incorporó a la Acción Católica y fue nombrado vocal social del Consejo Diocesano de Hombres de Acción Católica. Hasta 1946 Rovirosa fue transformando la vocalía social de los Hombres de A.C. de Madrid en un auténtico Secretariado Social en el que fue preparando a un grupo de hombres del que saldrían los primeros militantes y dirigentes de la futura HOAC. Por aquellas fechas, también conoció al Padre Luis Madina asuncionista, fundador de la «Ciudad de los Muchachos» con el que compartió actividades apostólicas en su parroquia de Vallecas. En mayo de 1946, la Junta de Metropolitanos, máximo órgano de dirección de la Iglesia española en aquellos tiempos, a instancias de Pío XII1, aprobaron unas normas de especialización de la A.C. Para esta misión Santiago Corral, presidente del Consejo Nacional de la Acción Católica, buscó ayuda en sus compañeros de la diócesis de Madrid y, a resultas de ello, entró en contacto con Rovirosa a quien ofreció la tarea de organizar y desarrollar la HOAC. Cuando Rovirosa escuchó el ofrecimiento comprendió que Dios había aceptado el compromiso de su conversión de dedicarse por entero al apostolado del mundo del trabajo y de vivir como un obrero en lo sucesivo. Dejó su trabajo en el Instituto Llorente y se marchó a Montserrat «para poder orar y dar gracias a Dios por haberle 1

1 El origen de los Movimientos Apostólicos Obreros de A.C hay que situarlo en la visita «ad limina» que en 1946 realizó el episcopado español a Pío XII. Éste le transmitió a Pla i Deniel su preocupación por el alejamiento histórico de la Iglesia española en sus relaciones con el pueblo trabajador. La normas Generales para la Especialización Obrera de la A.C. aprobadas por los Metropolitanos y por la Santa Sede fueron publicadas en Ecclesia, año VI, nº 336, diciembre de 1947.

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aceptado y llamado a la soñada tarea apostólica entre los obreros». A partir de entonces «dejó su “traje de señorito” para vestirse de obrero: sahariana, pantalón de color azul marino y sandalias». Pronto se constituyó la primera Comisión Nacional provisional de la HOAC2 con el objetivo de convocar, preparar y celebrar la Primera Semana Nacional3. El primer centro que se constituyó fue el de San Marcos, la parroquia de Rovirosa, el día de Santiago de 1946 y, el 1 de julio, sale a la luz la primera publicación de la HOAC, Boletin de Información de la Comisión Nacional, llamado «HOAC» y conocida como la «La Hoja», redactada íntegramente por Rovirosa. Finalizada la Semana, el 15 noviembre de 1946, salió a la luz el ¡TÚ! 2

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«La HOAC fue fundada por la Jerarquía de la Iglesia, y ésta, de su sustancia le dio cuanto podía darle: su propia esencia y unas Normas generales de acción. Simultáneamente, un grupo poco numeroso de sacerdotes y laicos fueron fundadores encargados de dar forma concreta a la idea. Tuvieron que extraer de su propia sustancia no la vida de la semilla que dio la Jerarquía, sino los métodos de cultivo para que la semilla se desarrollara y diera fruto abundante. La cosa no fue fácil, ya que se trataba de una semilla nueva y los métodos y rutinas que se seguían con semillas semejantes no daban resultado con ésta». Convencido de que los obreros son los que evangelizarán el mundo del trabajo, recorrió toda España promoviendo grupos de apóstoles 2 Se estructuró por secretariados. Santiago Corral fue el presidente, a la vez que lo era de toda la rama de hombres de A.C. Esto restó autonomía y fue fuente de roces durante aquellos primeros años. El resto de la comisión fueron amigos y compañeros de Rovirosa que habían preparado con él la I Semana Nacional. 3

Se celebró del 26 de octubre a 3 de noviembre de 1946. Asistieron 200 obreros. 13


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obreros, dando cursillos de formación en horas nocturnas, visitando seminarios en busca de nuevos consiliarios. Puso en marcha el ¡TÚ!, el Boletín de la HOAC para la formación de militantes y los G.O.E.S4. 4

Comentando lo que está viendo y sucediendo dirá: «El apostolado obrero no tenía tradición y ya la tiene, muy pequeña, pero la tiene. Tenemos una tradición pequeña, pero no tenemos jefes, ni doctrina, porque las orientaciones del pontífice debemos adaptarlas a la realidad de España. Y solo con esto queremos realizar un fin imposible: recristianizar el mundo. Esta misión no es para nuestras fuerzas, nosotros no lo podemos hacer, es como si quisiéramos llegar al fondo de la tierra escarbando con las manos. Nosotros no lo podemos hacer, pero Dios sí puede, para Él no hay nada imposible, todo es posible si encuentra almas generosas que se entreguen a su servicio». En diciembre de 1947 empezó a editarse el «Boletín», publicación que dirigiría durante diez años. No todo fueron satisfacciones del espíritu durante este año ya que tuvo un golpe dolorosísimo que no pudo apartar de su mente el resto de su vida: la desaparición de su esposa Caterina, sin explicación aparente y sin dejar huella. Todo apunta a que aquella abnegada mujer de inquieta espiritualidad y que tanto había apoyado la vocación de su marido, pasó por momentos de debilidad psíquica y se refugió en algún convento. Diez años después, este episodio fue explotado por los enemigos para conseguir su exclusión de la Comisión Nacional de la HOAC. Por aquellos años se dio una arrolladora expansión del ¡TÚ! y un desbordante entusiasmo en los militantes. También fueron años de choques continuos con los poderes establecidos y con los adeptos a un catolicismo de «buena muerte» tantas veces denunciado por Rovirosa, y 4 Se llamaban GOES a los Grupos Obreros de Estudios Sociales. Agrupaban a un núcleo reducido de militantes obreros de A.C. en cada diócesis. Su misión fue estudiar las aplicaciones de las Normas de la Iglesia al momento en que vivía España en lo que se refería a los diversos aspectos de la vida social. En el Boletín de dirigentes se publicaban los guiones y los cuestionarios sobre temas concretos y las contestaciones debían reflejar el resultado de la discusión que el cuestionario había provocado en el grupo.

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la organización tuvo que desplegar un poderoso esfuerzo por dotarse de los instrumentos formativos y metodológicos. Pero quizá la HOAC había ido demasiado aprisa y no había medido bien sus fuerzas frente a unos enemigos demasiado fuertes. El hecho fue que el ¡TÚ!, objetivo desde hacía tiempo de una furiosa ofensiva lanzada, especialmente por los falangistas y propagandistas católicos, tuvo que suspender su publicación en abril de 1951. Fue acusada públicamente en un editorial del diario «Arriba» de ser la instigadora del movimiento huelguístico. En adelante, si quería salir tendría que someterse a la censura gubernativa5. El Cardenal Plá i Daniel trasladó la propuesta a la HOAC que reunida en Pleno de Comisión Nacional decidió no salir antes que someterse a la censura del Gobierno. 5

Cuando esto ocurrió, el ¡TÚ! tenía poco más que cuatro años, y en tan corta vida había alcanzado una tirada de 45.000 ejemplares y era leído por más de doscientos mil, pues cada ejemplar pasaba por las manos de cuatro o cinco personas. Este hecho dejó a la HOAC en un momentáneo estado de conmoción y desconcierto ya que muchos militantes se quedaron sin actividad ya que, en buena medida, su esfuerzo había sido orientado hacia la difusión del periódico y, al desaparecer éste, parte de la organización se hundió. La HOAC conoció entonces su primera crisis importante. Los militantes que quedaron tuvieron que hacer un gran esfuerzo en la defensa del movimiento, porque las acusaciones no iban dirigidas exclusivamente contra sus publicaciones, son también contra la misma esencia de la organización. Rovirosa contribuyó con sus escritos a clarificar la naturaleza particular de la HOAC frente a los sindicatos y partidos, haciendo para ello una defensa de la aconfesionalidad de los mismos, a la vez que denunció reiteradamente la falta de libertad sindical, causa mayor del clima de confusión que se había creado en torno a la presencia de los movimientos apostólicos obreros en el seno de la sociedad española. 5 Los acuerdos con el Estado le permitían salir a la calle sin censura gubernativa previa. En sus comienzos se editó como complemento del Boletín del Arzobispado de Madrid. Se convirtió en la única publicación netamente obrera editada en España hasta 1951, año en que desapareció.

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En uno de sus escritos publicados en el Boletín de la HOAC, explicaba la posición de la HOAC con respecto a los sindicatos con las siguientes palabras: «La HOAC no es un sindicato. Es misión genuina de los sindicatos de obreros, al menos en la etapa actual, la de defender los intereses de los trabajadores en los contratos de trabajo y promover el bienestar, y en este sentido la Iglesia los aprueba y los defiende. Se podría decir algo sobre la libertad y apoliticismo de los sindicatos obreros. Pero en España los sindicatos obreros no están permitidos por la ley. Esta consideración ya nos podría ahorrar otras demostraciones: Si la HOAC es una asociación de obreros y la ley de España no autoriza la existencia de sindicatos obreros se deduce que la HOAC no puede ser un sindicato obrero. Pero si imaginamos que la ley civil fuera opuesta a la vigente, y existiera libertad sindical, entonces, tampoco la HOAC podría ser un sindicato. Seguramente que en tal caso existirían uno o más sindicatos de signo católico…, pero tales sindicatos tendrían siempre carácter puramente particular, y nunca ser los sindicatos oficiales de la Iglesia. Porque si bien es misión de la Iglesia dar normas para la recta vida cristiana en los ámbitos social y político, no tiene misión alguna como realizadora de tal o cual sistema social o político… Cada católico, con su responsabilidad propia, y en uso de la libertad dada por Dios, tiene derecho y el deber de intervenir en la vida social y política de su propio país; pero nadie puede presentar “tal” sistema social o “tal” forma de gobierno como expresión de la voluntad de la Iglesia». Rovirosa, también, hizo su «Encuesta» (revisión de vida) y la respuesta no fue echar las culpas a los demás, sino que trató de encontrar las deficiencias de su vida de fe. Paradójicamente, mientras él actuaba así, era acusado de «temporalismo» por algunos sectores de la Iglesia. Para mitigar esta situación, decidió publicar cuatro páginas semanales a multicopista, que se enviarían a cada diócesis a fin de que pudiesen llegar a manos de antiguos lectores del ¡TÚ! También, dedicó muchas jornadas a reflexionar sobre la HOAC y sus militantes. Fruto de ella publicó cinco libros que aparecieron en 1951: «¿Cómo se inicia un grupo de HOAC?»; «La HOAC, ¿qué es esto?», «¿Cómo nos gobernamos?»; «Cursillos nocturnos» y 16


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«Profesión». De dos de ellos entresacamos, por su interés para los hoacistas, algunos párrafos: «Se habla de la HOAC… en España y fuera de España. Algunos tienen ideas claras sobre la HOAC, pero la gran mayoría pisa terreno falso; no la conocen…, pero su desconocimiento consiste precisamente en suponer a la HOAC lo contario exactamente de lo que es. Sabemos que las cosas ocurren así. Así pasó con el Divino Obrero. Y por eso lo asesinaron… La HOAC no es un sindicato; la HOAC no es una cofradía, ni reparte beneficios, ni casas, ni recomendaciones. La HOAC es la vanguardia de la Iglesia que quiere llevar a los trabajadores el mensaje de Cristo, porque Cristo quiere ser también para los trabajadores. Para ello, la HOAC trata de formar apóstoles obreros y forja el espíritu que necesitan tener los que se dediquen a trabajar con eficacia en la política, en el sindicato, o en cualquier institución útil para la sociedad, para que cada día haga menos falta que se den limosnas o que se repartan recomendaciones». «El militante de la HOAC no es ni espectador, ni crítico, es un actor, un protagonista cuyo quehacer brota de un conocimiento real del hombre: el conocimiento real del hombre se consigue poco a poco, pacientemente, no viene de fuera, exige que uno se encuentre sumergido en el mismo destino, participar en las luchas más confusas y más intensas y en los momentos de alegría. Para conocer a los hombres es preciso haber padecido hambre y sed entre los hombres, haberse jugado la vida con ellos… El militante es el que se encarna en la realidad concreta de aquellos a los que quiere anunciar a Jesucristo, porque profesar la HOAC es aquel acto de firme voluntad y de amor decisivo mediante el cual el militante asume ante su alma y ante Dios la responsabilidad de un grupo humano concreto, porque de lo que se trata es de estar “con”, de pensar “con”, de crecer “con”. Y esto hacerlo a la medida de cada uno, en su pequeño mundo, mediante tanteos, centrándose en la propia familia, en el sector profesional, económico, social, político, espiritual, pedagógico o en el sector más abandonado». Tras definir con precisión lo que era la HOAC y lo que era el militante, trató de encontrar un medio para que la HOAC y sus militantes fueran lo que aspiraban a ser. La solución fue: el Plan 17


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Cíclico, basado en la formación por la acción, que renovó de arriba abajo los esquemas de formación de los militantes. Éste no surgió en la mente de Rovirosa como una idea luminosa en un momento concreto, más bien fue el resultado de una preocupación constante por conseguir que los obreros conociesen a Jesucristo y éste fuese el eje de su vida. Rovirosa puso fe en lo que nadie había creído: que el obrero manual que apenas sabía leer podía formarse, podía acceder al conocimiento y a la experiencia de la fe, y también a la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia, y desde ellas podía elaborar un pensamiento cristiano sobre la política, la economía, el trabajo, etc, que fuera vehículo para vivir en cristiano, para construir la comunión y para ser testigo de Jesucristo entre los hombres y miembro consciente de su Iglesia. En esta línea se hizo famosa esta exclamación: «¡Dios mío!, ¿cómo es posible que el mensaje del Mandamiento Nuevo haya permanecido oculto para los pobres, débiles e indefensos?». Esta preocupación la plasmó en la elaboración de una serie de cuestiones sobre diversos temas siguiendo el método de Ver-JuzgarActuar. Tras un tiempo de poner en práctica estos cuestionarios y evaluarlos, nació la Encuesta Sistemática y el Plan Cíclico. Un proyecto del Plan se publicó en el Boletín nº 60 del año 1952 con el fin de que se pudiese dialogar sobre él y aprobar en la Semana Nacional que se iba a celebrar en la Ciudad de los Muchachos en Vallecas. La propuesta contó con una fuerte oposición y Rovirosa fue acusado: por unos, de haber sido siempre enemigo del ¡TÚ! –una de las imputaciones más sorprendentes y faltas de base que jamás le hicieron– y de pretender reducir la HOAC a un grupo elitista con olvido de la acción de masas y, por otros, de ceder a las presiones de la AC. La Semana Nacional no rechazó el «Plan cíclico» pero éste quedó en un plano experimental como «año especializado» dentro del esquema formativo antiguo de la HOAC. Tras grandes tensiones, dificultades y ataques, fue aprobado en la VIII Semana Nacional, en el año 1953. La crisis comenzó a cerrarse aunque algunos valiosos 18


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y destacados militantes abandonaron la HOAC por no estar de acuerdo con el Plan Cíclico.

III. Rovirosa y Malagón A la muerte de D. Eugenio Merino, primer consiliario de la HOAC, encontró serias dificultades para sustituirle ya que algunos consiliarios dejaron el movimiento. En julio de 1953, Rovirosa se encontró en un cursillo, celebrado en Madrid, con D. Tomás Malagón y otros sacerdotes, y éste cuando menos lo esperaba fue sorprendido por Rovirosa con la siguiente pregunta: «¿Aceptaría usted ser Consiliario de la Comisión Nacional?». El 7 de septiembre, dos meses después, D. Tomás le respondió diciendo: «soy un consiliario hoacista con todas las consecuencias, que pide a Dios sentir cada vez mayor horror al aburguesamiento sacerdotal… Si La HOAC necesita un santo, yo le aseguro que a mí me falta mucho…». En noviembre de 1953, se hacía público el nombramiento de Malagón como Consiliario Nacional de la HOAC. Entre Guillem y Tomás pronto se estableció una verdadera comunión. Ambos eran hombres de fe y creían que su vida debía construirse como respuesta a la llamada de Dios. Rovirosa influyó poderosamente en la teología de Malagón. Pero éste ordenó, profundizó y sistematizó la fe que brotaba de la vida y de la experiencia de Rovirosa. El encuentro de ambos fue de vital importancia para el desarrollo y articulación de los planes de formación. «Rovirosa aportó el corazón del pensamiento teológico de Malagón y éste lo integró en un cuerpo sistemático de doctrina teológica. La palanca del pensamiento de Malagón fueron las 19


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intuiciones de Rovirosa». Por eso, no nos tiene que extrañar que dijesen de ellos que eran «una sola alma en dos cuerpos». D. Tomás, cuando se incorporó como consiliario, se encontró con el Método de Encuesta desarrollado y con un proyecto de Plan Cíclico y realizó el siguiente comentario: «Se han descubierto los elementos principales del Plan Cíclico hoacista, pero falta todavía mucho. Lo que va del descubrimiento de una fuerza, como, por ejemplo, la electricidad, a su utilización técnica». En la IX Semana Nacional, celebrada en Bilbao en 1954 se dio por consolidado el Plan Cíclico y en 1955 se publicó la primera edición.

IV. Rovirosa y la Democracia Cristiana

A partir del conflicto surgido con la suspensión del semanario ¡TÚ!, la presencia de la HOAC en el seno de la A.C se fue haciendo cada vez más incómoda con el consiguiente deterioro de las relaciones entre la propia jerarquía y la Comisión Nacional de la HOAC. Constantemente se acusaba a la organización de «temporalismo» y de contar entre sus filas con «infiltrados» que provocaban desviaciones ideológicas. La historia, también, nos ha legado documentos originales que demuestran el deseo del Régimen de Franco de que la HOAC desapareciera. En el mes de mayo del año 1951 un conjunto de cartas se cruzan entre ministros, los Cardenales Herrera Oria y Plá i Daniel, y el mismo Franco. A título de ejemplo reproducimos unos párrafos de la carta que el ministro Martín Artajo envió a Franco. «Mi general: vengo de estar dos horas con el Cardenal Primado. Le he hecho notar cómo la prensa extranjera explica, en daño de todos, las discrepancias que marca la A.C. con el Régimen a través de la HOAC. Me asegura que es falso que esta organización haya intervenido como tal en los sucesos políticosociales de estos días. Y cree injusto y erróneo que, en las notas de prensa, se la envuelva con comunistas y separatistas. Titulares como el que me entrega –y acompaño– entiende que servirían tan solo a los fines de esa propaganda extranjera».

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En medio de este clima, la jerarquía española quiso reorientar a la HOAC en la línea de la ACLI (Asociación Cristiana de Trabajadores Italianos) movimiento muy ligado a la Democracia Cristiana. A. Bonet6, en abril de 1955, pidió a D. Tomás que la HOAC se sumara al proyecto que se había iniciado en España de crear dicha organización política. 6

D. Tomás le contesta que las decisiones en la HOAC las toman los militantes a través de sus órganos competentes y que si esa era la decisión de la jerarquía debía comunicarlo a los militantes para que éstos decidiesen si aceptaban la propuesta y la secundaban o, por el contrario, no estaban de acuerdo. Rovirosa se sumó a la opinión de Malagón. Esta oposición pasará factura a Rovirosa, ya que en 1956 fue destituido como director del Boletín de Militantes sin ninguna explicación válida, aunque era evidente que muchas de las opiniones vertidas en la revista no gustaban a personajes significados de los organismos centrales de la A.C7. 7

La impresión generalizada de los que siguieron de cerca aquellos episodios desde el lado de la HOAC fue que se habían intensificado las presiones que las autoridades políticas ejercían, ya desde la fundación de la HOAC, sobre ciertos sectores de la A.C. que tenían cargos de responsabilidad en el régimen. Tras la sanción, él se retiró discretamente, y, en el mes de enero, realizó una reflexión muy profunda sobre la Iglesia y la eclesialidad del militante hoacista bajo el título: «Sentir con la Iglesia». «La Iglesia es una institución humana y un misterio, y porque es un misterio, es objeto de fe. El misterio de la Iglesia no es distinto del misterio de Cristo, sino que es su prolongación hasta el fin del mundo. Durante treinta y pico años, Dios fue un hombre: Jesucristo. 6

Secretario de la Dirección Central de A.C.

La HOAC rompió con los modelos de evangelización desarrollados con anterioridad en el campo del apostolado obrero, esto generó desconfianzas en una sociedad impregnada de nacionalcatolicismo y acostumbrada a una A.C. dócil y colaboradora con la Organización Sindical. 7

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Desde Pentecostés hasta el fin de los tiempos, Dios es un conjunto de hombres: la Iglesia. La Iglesia es, en cierto modo, Dios, sin que lo sean ninguna de las personas que la componen. Lo mismo que Cristo dejó de su paso por el mundo su doctrina, sus milagros, su testimonio, también dejó sudor, lágrimas y las secreciones de su cuerpo. Quienes miran sus milagros y su doctrina no tienen dificultad en reconocer en Él al Hijo de Dios. Pero los que miraban su sudor, sus lágrimas o sus secreciones, se veían obligados a creer que aquello no podía ser de Dios. A la Iglesia le pasa lo mismo. Los que miran su doctrina y sus milagros no pueden menos que reconocer que “aquí está Dios”, pero los que miran solo la conducta y la vida de ciertos cristianos, pueden sentir nauseas y apartarse seguros de que Dios no tiene nada que ver con “eso”. Por lo tanto, sentir con la Iglesia es lo mismo que decir: sentir con Cristo aquí y ahora».

V. La hora de la tribulación

La tentación de la Democracia Cristiana también había conseguido «tocar» a algunos militantes que aprovecharon la ocasión para acusar a Malagón y, sobre todo, a Rovirosa8. Estas denuncias llegaron a Bonet, Vizcarra, Tarancón y hasta el mismo Cardenal Primado. En este contexto, Correa Veglison, miembro importante del Consejo Superior de los Hombres de A.C. y coronel del ejército, director general de urbanismo de Madrid y creador del Sindicato de Hostelería, presentó la «ficha policial» de Rovirosa acusándole de desarrollar actividades políticas relacionadas con el Partido Comunista y con el Frente de Liberación Popular (FLP). Al mismo tiempo, el gobierno de Franco presentó ante la Santa Sede el problema que le creaba la existencia y orientación de la HOAC. 8

8 En una carta a Canamasas se queja Malagón de que un militante X «ha acusado a Rovirosa de que su conversión no es sincera, que utiliza el nombre de Cristo para sus fines, que ha tratado de montar un partido para integrar todos los de la HOAC, que no está en la cárcel por estar en la A.C, que tiene la culpa de que el ¡TÚ! no salga… sus extravagancias explican la vida de su mujer… igual que se convirtió al cristianismo puede hacerlo al comunismo».

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Todas estas acusaciones, también, llegaron al Cardenal Primado y él, que hasta entonces se había distinguido por su defensa de la HOAC, cedió, y, el 4 de mayo de 1957, llamó al consiliario D. Tomás para poner en su conocimiento la delicada situación en que se encontraba la organización, dado que el Gobierno «había presentado ante la Santa Sede el asunto de la existencia y orientación de la HOAC» y, además, «son los metropolitanos los que ahora se quejan de la HOAC». Forzado por todas estas presiones le dictó una serie de directrices para enmarcar futuras actuaciones. Entre ellas: la prohibición de que Rovirosa realizase propaganda pública de la HOAC porque «un hombre separado de la mujer y autodidacta, no puede seguir gobernando la HOAC»; «en lo doctrinal» la HOAC iba a depender del Secretariado del Episcopado, según acuerdo de la Conferencia de Metropolitanos; en el Boletín no se debía emplear el término «revolución», ni emitir condenas contra el Régimen que mantiene «relaciones normales con la Santa Sede, ni críticas contra el Sindicato Vertical» y que «tenían que seguir la línea de la JOC y la orientación de la ACLI tan queridas por el Papa». En definitiva, le pedía nueva orientación en la marcha de la HOAC y si alguno no estaba conforme con lo expuesto, dimitiese. Basilisa López García, en su libro «Aproximación a la historia de la HOAC»9 al hablar de este tema dice: «Tanto los documentos manejados como los testimonios orales coinciden en que el 9

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problema de fondo que se estaba planteando era el giro hacia el confesionalismo… El problema surgirá cuando el propio presidente de la HOAC, Manuel Castañón, comenzó a tener contactos con el grupo de Rodríguez Soler… Se trataba de tener dentro de la propia organización un “enlace” que ayudase a hacer posible el proyecto confesional al que no era ajeno Alberto Bonet, persona que, a juicio de algunos, actuó en todo momento en la sombra, alentando la creación de una Democracia Cristiana a partir de una previa militancia comprometida de los movimientos de Iglesia». El acta del Pleno de Comisión de la HOAC del 17 de mayo, recogió todas las normas dadas por el Cardenal a la HOAC y recogió, también, la intervención de Rovirosa en la que manifestó «su sincera y cordial sumisión en lo que a él respecta». Con estas palabras se apartaba de la organización a la que había dedicado su vida y a cuya fundación y extensión había contribuido como nadie. Con esta decisión, una vez más, Rovirosa desarrolló un admirable ejercicio de fortaleza cristiana y desapareció de la primera fila, sabedor de que la «HOAC no es obra de los hombres sino de Dios. Eso es lo que más apesadumbra a los contrarios, enterarse de quién está detrás de la HOAC, porque los que estamos delante todos somos tan insignificantes y tan inútiles que comprenden que la HOAC nunca puede ser obra nuestra, y como –prácticamente– no creen en Dios no pueden imaginar que el que está detrás de nosotros (y delante y encima) es el mismo Cristo. Y ellos ¡venga hacer trabajar a la policía para descubrir el misterio!». El 22 de junio le llegó a Rovirosa una nueva desventura, esta de carácter físico: al apearse de un tranvía resbaló y una rueda le alcanzó el pie izquierdo, que tuvo que ser amputado poco después. El accidente prolongó una larga interrupción de su actividad apostólica. La lesión tuvo mal cariz, la cicatrización se demoró con exceso, y cuando al fin se le pudo instalar una pierna ortopédica, ésta le renovaba constantemente la herida, hasta que fue preciso prescindir del aparato y dotarle de una «pata de palo» al estilo pirata. Estando así, acompañado del consiliario Domingo Canamasas se trasladó a la abadía de Montserrat. 24


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Apartado Rovirosa de la Comisión, el blanco de las acusaciones fue Malagón. En un principio, comenzaron las sospechas sobre sus amistades y relaciones, calificadas de «poco fiables», especialmente su amistad con alguno de los fundadores del FLP; más tarde, se adujeron dudas sobre la orientación que daba en los cursillos. La gota que colmó el vaso fue un cursillo, organizado por la Comisión Nacional, que D. Tomás dio en Carabanchel a un grupo de universitarios que pertenecían al grupo de Cerón (FLP). Malagón fue acusado de utilizar su responsabilidad de consiliario para hacer política izquierdista.

VI. ¡Ahora más que nunca!

Apartado en Montserrat, viejo e imposibilitado para moverse, todo hace presagiar que Rovirosa había terminado su labor evangelizadora. Sin embargo, contra todo pronóstico, en su cabeza bulleron pensamientos y proyectos como en ningún tiempo de su existencia que le mantuvieron eufórico. «Sí, esto marcha. Estamos terminando la etapa de la fe y del heroísmo; aguantando sin saber demasiado a dónde íbamos, con la esperanza puesta únicamente en Cristo, con todas las circunstancias adversas… Pero ahora empieza la cosa en serio… Yo estoy cada vez más entusiasmado y ante mi mente la HOAC va tomando unas proporciones fantásticas. Estoy seguro de que 1958 ha de ser memorable… ¿sabes cuál es el lema que he escogido para esta etapa inválida en mi vida, después de cumplidos los 60 años? Es esta: ¡AHORA MÁS QUE NUNCA!». Su producción más notable en este período fue la llamada «serie Copín» (abreviatura esta última palabra de Cooperatismo Integral), que empieza a difundirse en cuadernos editados en multicopista a partir de septiembre de 1959. «En términos generales, empezaré diciendo que, en mi mente, las tareas del Copín no quieren ser otra cosa que una continuación (o segunda parte) de la Acción Católica… La finalidad de las tareas del Copín estriba en que personas formadas en la A.C. conscientes de sus compromisos bautismales y de la grandeza de 25


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su vocación a la santidad, se junten en pequeños grupos para ayudarse mutuamente en aquellas formas de vida económica a las que las circunstancias y su vocación les conduzcan… Repito una vez más lo que tantas veces he indicado de que el Copín no puede ser un movimiento, ni una organización, ni un sistema, ni un método, ni nada similar, sino un esfuerzo para ayudarnos mutuamente a purificar nuestro cristianismo en el terreno económico… sin más conexión entre unos y otros que el estar animados por el mismo Espíritu que vivifica la Iglesia». Con palabras actuales podemos decir que el Copín fue el «Proyecto Evangelizador» que Rovirosa inició en la última etapa de su vida y en toda la obra se aprecia con toda claridad y profundidad su experiencia y solidaridad obrera, y la experiencia mística de toda su vida acentuada por la nueva situación que estaba viviendo. También, en el año 1959, cuando tenía 62 años de edad, escribió el libro «El primer traidor cristiano, Judas el de Keriot, el apóstol». En el capítulo quinto, que titula, «Judas y yo», se encuentran estas palabras: «Para implantar vitalmente el Reino de Dios, Jesús nos dejó criterios abundantes, que se resumen en las ocho Bienaventuranzas, y yo estaba seguro (como Judas) de que para implantar el “reino de los buenos” eran indispensables el dinero, el poder, la “fachada”, la “propaganda”, la coacción, el ir bien lustrosos y con la bolsa llena, la política, la apologética bien explicada… El caso era que “los buenos”, con la ayuda de Dios, nos hiciéramos amos de la situación. Esto sería el Reino de Dios, y todo lo demás vendría necesariamente como añadidura. ¿No es clarísimo esto? Yo lo veía tan claro, al menos, como Judas. Todo esto se puede defender con los mejores argumentos del Derecho Natural y de la recta razón, y con palabras inspiradas por el Espíritu Santo en el Viejo Testamento. La “pequeña dificultad” está en que Jesús no quiere implantar así su Reino; y que el Calvario anda por medio… Esta era 26


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la realidad terrible: que yo no seguía a Jesús, sino que pretendía que Jesús me siguiera a mí, ya que yo veía las cosas tan claras que no me era posible la más ligera duda. Como Judas; sí, como Judas». Por otra parte, desarrolló en el transcurso de estos años trabajos doctrinales de otras índoles como «Gremio», una colaboración multidisciplinar sobre teología del trabajo, en colaboración con varios monjes de Montserrat; un Almanaque de los hogares obreros, que fue editado por un grupo de militantes catalanes de la HOAC; su libro sobre Dimas «El primer santo: Dimas el ladrón» terminado el 17 de julio de 1958; mantuvo una copiosa correspondencia con sus más directos seguidores; redactó cada mes sus Noticias y mantuvo una constante relación con las actividades de la HOAC, sin olvidar su querido Boletín, al que siguió enviando colaboraciones. Tampoco abandonó su trabajo en las Conversaciones de San Sebastián, a las que asistió cuando la salud se lo permitió.

VII. Sus últimos años

Tras el envío del compromiso temporal, en febrero de 1963, Rovirosa siguió trazando muchos proyectos. Pero de ellos solo llegó a su término el libro titulado «¿De quién es la empresa?». Este libro se publicó en la editorial ZYX, en la que Rovirosa tuvo una intervención que él califico de «secundaria». La constitución de ZYX fue un hecho de verdadera importancia en la marcha de la HOAC. Fue obra de un reducido grupo de militantes y consiliarios de la Obra siguiendo el impulso inicial de Julián Gómez del Castillo y Luis Capilla. Su finalidad, que pudiera llamarse «oficial» consistía en editar libros de contenido obrero y cristiano a precios asequibles para un pueblo sistemáticamente alejado de la cultura y de la espiritualidad. Pero además de esta razón, que no podía ser más cierta, estaba muy presente en la mente de los promotores la grave inquietud suscitada por el visible recrudecimiento de la ofensiva contra la HOAC en aquellos años de la década 1960-70, en la que, como siempre, unían sus filas los jerarcas del régimen y los prohombres católicos conservadores que seguían encastillados en los organismos superiores del apostolado seglar. 27


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El Cardenal Pla, fiel defensor de la HOAC estaba mayor y el acceso a los altos puestos jerárquicos de personas dispuestas a complacer a los poderes constituidos hizo temer que los días de la HOAC estaban contados. Por eso, se pensó que una entidad como ZYX podría constituirse en un centro de resistencia en espera de tiempos más propicios si llegara a suceder lo peor. Como era natural, los promotores quisieron contar con el prestigio y con la pluma de Rovirosa. Éste no se vio como líder de la empresa y se resistió a ser nombrado presidente del Consejo de Administración, pero se prestó de muy buena gana a facilitar el libro «¿De quién es la empresa?», que sería la primera publicación de esta editorial. El experimento de ZYX cargó a Rovirosa con una nueva responsabilidad que se añadió a su acción copinista y a sus incesantes aportaciones a la HOAC en los últimos momentos de su vida. Poco a poco, en estos momentos, su labor se va ir centrando en la editorial ZYX. Tras una estancia en el Monasterio del Paular, donde redactó «¿De quién es la empresa?», se estableció en su piso de la calle Víctor Pradera de Madrid. En este lugar sufrió una trombosis cerebral que le dejó paralizado. Se quedó prácticamente sin habla ya que apenas podía pronunciar algunas palabras y solo conservó el movimiento de la mano derecha. Al poco, fue trasladado al Hospital Clínico donde falleció el 27 de febrero de 1964 a la edad de sesenta y seis años de edad y treinta y dos de plena entrega a la figura de Jesús como la había inspirado el Cardenal Verdier en un templo de París. En su esquela mortuoria figuran dos Bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres porque vuestro es el Reino de Dios» (Lc. 6, 20). «Bienaventurados los perseguidos por ser justos, porque de ellos es el reinado de los cielos» (Mt.5,10).

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Selección de Textos de Guillermo Rovirosa 1. ¡Sí!

2. Oración por la cólera y el amor 3. Cada día

4. ¿Militantes? 5. Ahora

6. Ni prisa, ni pausa 7. ¡Vicente, no!

8. El militante de choque

9. El orden que es desorden 10. La mediocridad

11. «Danos hoy nuestro pan de cada día» 12. Tres preguntas

13. Jesús está en el otro.

14. La verdad de la humildad 15. Jesús te mira

16. ¿Qué es la clase obrera? 29


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¡Sí! ¡Oh Dios! Que me diste libertad ante tus Solicitaciones, para contestar: ¡¡Sí!! como la humilde esclava del Señor, y como Abraham, tu siervo, y como todos tus santos; O para contestar: ¡¡No!! como Luzbel y sus ángeles, y todos los que moran en la gehena. Oye mi súplica; acude a mi socorro, y acepta mi holocausto. Esta libertad, que es mía, bien mía, porque Tú me la diste, como diste Isaac a Abraham, la pongo en el altar del sacrificio para que arda en un gran fuego de amor, y su olor suave sea grato ante tu acatamiento. Y reviste a tu siervo de tu Fortaleza, para que mi pecho no tenga más que un eco ante tu Solicitación, y responda siempre, siempre, siempre:

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¡¡Sí!! ¡Oh Dios! Que has ilustrado mi mente para que comprendiera los principios y reglas generales de tu Religión. Concédeme que el pequeño detalle de cada día, de cada hora, de cada minuto, no esté nunca ofuscado por la pereza, con nombre de descanso; por la avaricia, con nombre de previsión; por la cobardía, con nombre de prudencia; por la soberbia, con nombre de dignidad; por la envidia, con nombre de emulación; y, así, con segura lucidez, vea pecado donde hay pecado; para huir lejos, lejos, a distancia inmensa. ¿A dónde iré? Me postraré ante tu tabernáculo, y allí seguiré clamando, para que tu fortaleza me proteja, y cuando llegue tu Solicitación responda siempre, siempre, siempre: ¡¡Sí!! (Obras Completas, tomo V, pp. 384) 31


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Oración por la cólera y el amor ¡Señor! ¡Consérvame la cólera! Que ante la injusticia, mi corazón se rebele. Que sienta en mi alma la rabia del orden que tapa el desorden. Que me sienta capaz de luchar que pueda, en cualquier tiempo, coger el látigo y arrojar a los mercaderes del templo porque tu templo no es solo la Iglesia. ¿No se lo dijiste a la samaritana? Tu templo son las fábricas, los despachos, los talleres –el lugar desde donde te rezamos–. Y hay hombres que han convertido la casa de Dios en cuevas de ladrones. Que me sienta capaz de vencerlos. No permitas, Dios, que me resigne. Porque resignarse es declararse vencido. Y solo ante Ti debemos declararnos vencidos. Ante nadie más. Y nunca ante los sembradores de iniquidad. ¡Señor! ¡Purifica mi cólera! Que en mi ira no piense en mí, sino en la gloria del Padre y en mi prójimo. Como Tú lo hiciste. Como fue tu ejemplo; constante rebelado, compañero de los hijos del trueno, venido a sembrar guerra y no paz, sumiso al Padre y muerto por amor a tus hermanos. Que me sienta yo, como Tú, capaz de vivir y morir por mis hermanos. Que no piense que soy yo quien lucha, sino nosotros. Que no piense que soy yo quien te reza, sino que en mí confluye el grito de los oprimidos. Porque la cólera por causa «mía» lleva al odio; la cólera por «nuestra» causa conduce al amor. ¡Señor! ¡Dame el amor! Dame el amor, Dios, para que mi cólera no sea obra de infierno. Que mi cólera sea amor a mis compañeros. Que mi cólera sea amor a todo el pueblo desheredado. ¡Pobre pueblo, oprimido siglo tras siglo! Que mi cólera sea pasión con ellos: la «compasión» auténtica, fuerte y viril. Que mi cólera sea también amor al enemigo; al pobre, al desgraciado sembrador de injusticias, al que ha derribado Tu altar y en su lugar ha fundido un ídolo de oro. ¡Dios! ¡Apiádate de él y; por su bien, ilumínale! ¡Que te conozca! 32


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Que mi cólera no sea contra los hombres, sino contra su mal. Que no sea odio. ¡Señor! Tú sí, porque Tú sabes qué quiere decir esta palabra: ¡Dame Tu caridad! (Obras Completas, tomo V, pp. 479-480)

Cada día Cada día es un fin y es un principio. Cada día es un resumen y una síntesis de todos los días que le precedieron en la historia de la humanidad. Cada día es el principio y la semilla de una nueva era, que no terminará hasta el fin del mundo. Cada día señala para cada persona una parada en las horas de sueño, para que quede bien marcada su discontinuidad. Una interrupción total, para que quede bien patente que la vida de hoy queda cortada de la vida de ayer. Cada día trae consigo, y le basta, su propio afán. *** Cada día es una nueva creación del universo. Cada día, el sol nos manda una luz y un calor nuevos, flamantes, que nunca había mandado. Cada día; el aire, la tierra y los mares aparecen en un aspecto inédito y diferente de todos los que les precedieron y de los que le sucederán. Cada día, los animales y las plantas de la creación son diferentes del día anterior, en crecimiento o en decrepitud. Cada día es para cada hombre un nuevo capítulo, original e inconfundible, en la aventura maravillosa de su libertad. (Obras Completas, tomo V, pp. 382) 33


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¿Militantes? En demasiados sitios ha penetrado un concepto erróneo de «militante de la HOAC», que no tiene ninguna relación con su concepto original. Para muchísimos el carnet de militante viene a ser algo así como un certificado de buena conducta y de docilidad. Y nada más. Se nombra a uno «militante» de la misma manera que se nombra a otro secretario o tesorero. Representan así una categoría de buenas personas, muy dóciles a su consiliario, al que nunca se atreverán a contradecir en nada, y que cumplen ciertos gestos religiosos a una cadencia bien ordenada. No es raro oír a los consiliarios frases como ésta: –Tengo dos militantes muy buenos: son de comunión diaria... Comulgar todos los días es de inmensa eficacia para ser buen militante; pero, si no hace otra cosa que comulgar diariamente, no se le puede llamar militante. Para que alguien pueda ser designado como “buen militante” hay que poder responder satisfactoriamente a estas preguntas: –¿Dónde milita? ¿De cuántos es cabecilla? (Obras Completas, tomo V, pp. 226-227)

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Ahora Este tiempo presente es maravilloso don de Dios. Y puedo emplearlo en obrar el bien o el mal. En obrar mi justificación o mi condenación. También puedo emplearlo estúpidamente extasiándome ante las grandes cosas que hubiera podido hacer en tiempos pasados si… las hubiera hecho cuando era tiempo o planeando las maravillas que haré en tiempos futuros si todos me comprenden y ayudan. Y mientras tanto… el tiempo presente –el único del que se me pedirá cuenta– pasa absurdamente en la inacción y en la esterilidad. Para los negocios puramente humanos es muy comprensible la indecisión y el temor; la parsimonia y el cálculo; el no lanzarse a la acción hasta tener todos los cabos bien atados. Pero si trabajo –o quiero trabajar– para la gloria de Dios únicamente tengo que poner grandísimo cuidado en una sola cosa: en hacer Su voluntad y no la mía. Si hago en verdad la voluntad de Dios, ya no soy yo, sino Dios quien vive en mí, y entonces, ¿qué preocupaciones puedo tener? ¿Qué incertidumbres me pueden embargar? Nunca puedo fracasar. Pase lo que pase. Ahora es el tiempo de actuar. Ahora es el tiempo de los testimonios, y no de las apologías. Ahora es el tiempo de mirar, no lo que hago, sino cómo lo hago. Ahora es más importante pegar carteles en las calles para el servicio de Dios, que hacer cosas muy destacadas por mi capricho. Ahora es el tiempo que me da Dios –con Su Gracia– para santificarme. Nadie puede ni podrá santificarme ni en pasados ni en futuros, sino en presentes. Ahora los obreros incrédulos necesitan ver brillar en otros obreros la antorcha de la fe. Ahora conviene que yo realice buenas obras, para que sea alabado el Padre que está en los cielos. Ahora es uno de los momentos fundamentales de la vida; el otro es el de la muerte. Por eso imploramos constantemente a Dios, para que seamos capaces de velar, orar y actuar con Él y para Él. …y ahora soy responsable de la HOAC. (Obras Completas, tomo V, pp. 625-626) 35


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Ni prisa, ni pausa Obra de Dios es la HOAC. Trabajo de hombres al servicio de Dios. No de un Dios ausente, alejado o indiferente. Dios presente, con toda su esencia y poder. Con toda su omnipotencia al servicio de su Providencia. Pidiéndome; suplicándome; «conquistándome» de mil maneras para que yo me determine a entrar de lleno en «la Obra de Dios». No solamente para laborar en la «Obra de Dios». Más, mucho más, que esto. Más que trabajar por Dios. Más que trabajar en Dios. ¡Trabajar con Dios! Pero únicamente Dios conoce el valor de cada momento, porque no tiene momentos. Él marca «la plenitud de los tiempos», por estar fuera del tiempo. A Él corresponde el apresurar. O el retrasar. O el precipitar. O el detener. Debo detestar la prisa, porque no me compete. Cuando a expensas de la «obra bien hecha» caigo en precipitaciones –o en retrasos–, introduzco una perturbación en la Obra de Dios. Más que ayuda, soy estorbo. Quien es dueño de la Eternidad es también Señor de la Prisa. Cuando sea la hora, Él dará el incremento. Pero igualmente, debo desterrar, de mi actuación, las pausas. Debo obrar siempre, y obrar con toda humildad. Si yo empleara todos los momentos de mi vida en la Obra de Dios, no podría vanagloriarme de nada. No habría hecho otra cosa que lo que me está mandado. ¡Y cuántas horas; cuántos días, meses, años... de pausa en la Obra de Dios! Mi regla actual es: Mucha, ¡muchísima prisa! Y otras veces: Pausa, ¡muchísima pausa! ...y así me sale todo... –¿A quién me quejaré?

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*** –¡Señor, Padre omnipotente, que por un exceso de tu generosidad me ha llamado a la HOAC para que colabore con tu Unigénito –bajo el amparo maternal de la Santa Virgen y la vigilancia amorosa de todos los ángeles y santos– en la divina obra de la Redención. Concédeme, por los méritos del mismo Jesucristo, Señor Nuestro, y la intercesión de Santa María, San José, y todos los ángeles y santos, que se aleje de mi entendimiento toda idea de prisa y pausa, que mi memoria actualice en todo momento la regla de servirte sin prisa y sin pausa, para que mi voluntad sea concorde con tu Voluntad, y te sirva en este mundo en la HOAC de la misma manera que deseo gozarte en la eternidad. Sin prisa y sin pausa. ¡Amén! (Obras Completas, tomo V, pág. 214-215)

¡Vicente, no! Escoger entre criticar a la Comisión Nacional, que no organiza bien las cosas, o el organizar yo mismo con toda perfección posible los cometidos que me han encargado en la HOAC. Escoger entre ponerle pegas al ¡TÚ! , o hacerme «cienmilista».10 Escoger entre leer ciertos libros piadosos, que lee «la gente», o hablar yo con Dios, tomando resoluciones concretas que me aten a la HOAC. Escoger entre la soledad multitudinaria de cada componente de «la gente», o la Hermandad de los Hijos de Dios. Escoger entre «cuidarme de lo que me interesa», o cuidarme de los intereses de Dios, como únicos intereses interesantes. Escoger entre llamar «estraperlo» al robo, como todo el mundo..., o sostener siempre la norma cruda del «Sí, sí». «No, no», donde haga falta. Escoger entre ser transigente con todo, o ser más transigente con todos. 10

10 El autor se refiere a los hoacistas que antes de la suspensión del periódico ¡TÚ! trabajaban por llegar a los 100.000 ejemplares de tirada y que se denominaban a sí mismos de este modo.

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Escoger entre tener éxito entre los hombres, traicionando a Dios, o fracasar a los ojos de los hombres, por ser fiel a los de Dios. Escoger entre murmurar de los que hacen algo, o ayudarlos eficaz y calladamente. Escoger entre demoler con la lengua, o construir la Ciudad de Dios, como el último peón. Escoger, en definitiva, entre Vicente y Vicente. Llevamos los creyentes una doble vida: una que los presenta como sólidas y estables las cosas de la tierra, y como que hay que darles la primacía, siendo remoto e incierto cuanto se refiere a Dios y a sus cosas; y otra, que podemos llamar «labial», pues en ella no intervienen más que los labios, en la que nos complacemos –como la gente– en repetir las fórmulas más acreditadas por los santos, que a ellos les salían del corazón, pero que a nosotros no sabemos de dónde nos salen. En la HOAC sobran Vicentes y faltan Vicentes. Sobran Vicentes, de los que van donde va la gente y faltan Vicentes, como San Vicente. Necesitamos militantes muertos a todo lo que no es Cristo, para vivir solo en Cristo. Militantes segurísimos de que la Omnipotencia amorosa de Dios nos hace omnipotentes, si correspondemos a su amor, amando a los hermanos como El nos amó. Como San Vicente. (Obras Completas, tomo V, pág. 523-524)

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El militante de choque El Obispo Auxiliar de Lyón describe así al futuro militante comunista de primera línea: «Para conocerle basta mirar la historia y las novelas comunistas. El futuro comunista tiene un alma dolorida; tiene un sentimiento agudo del dolor y de la miseria que existe en la clase obrera; siente como propias las repercusiones de un accidente de trabajo; contempla las profundas ojeras de los niños que no aplacan su hambre; sufre especialmente de la miseria moral de sus compañeros de trabajo; se avergüenza de su envilecimiento y de sus borracheras. El futuro comunista tiene un alma rebelde: no puede aceptar la situación presente, ni quiere resignarse. No tiene religión, o la comprendió mal; solamente ve en la religión una justificación del estado presente, una obligación a tomar paciencia. No quiere esperar otra vida. En contacto con el mal, se yergue contra él. El futuro comunista tiene un alma llena de odio; tiene odio contra todos los que, directa o indirectamente, son responsables de los sufrimientos del pueblo; no puede admitir las desigualdades sociales; el lujo escandaloso le exaspera; la caridad, esta cínica metomentodo que corrompe al pobre y envilece su dignidad, acostumbrándose a soportar con paciencia su destino inicuo y miserable (según la define uno de sus jerifaltes), le parece odiosa en grado sumo. El futuro comunista tiene una alma enérgica: no puede admitir que la situación del mundo no admite cambios, antes quiere con toda su alma “que esto dé la vuelta”, puesto que ama a sus hermanos de trabajo y está dispuesto a todos los sacrificios para realizar este deseo. El futuro comunista tiene un alma llena de esperanza: cree firmemente en la eficacia de su acción, pero al mismo tiempo se siente débil; necesita una doctrina, necesite un jefe, necesita colaboradores. Éste está maduro para recibir la semilla comunista. En la biografía de Lenin se cuenta el deslumbramiento que le causó la lectura de El capital, de Carlos Marx. Hay almas preparadas así, en las que se establece una especie de revelación, y se entregarán plenamente y sin reservas al Partido». 39


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*** Estas almas estaban, en realidad, preparadas para recibir la semilla del Evangelio, para ser verdaderos apóstoles de Cristo, sus militantes de choque. Si se suman al comunismo es porque no se les ha mostrado al auténtico Cristianismo. A nosotros, hoacistas, esto no puede menos de causarnos un gran dolor. ¿Qué hemos hecho los cristianos con el Mensaje de Cristo? ¿Es que no tenemos en el Evangelio sino «deslumbramientos» inoperantes? ¿Es que no hay en él dinamismo? ¿Qué debemos hacer ante todo esto? ¿Nos interesan los «hombres-masa» o los líderes? (Obras Completas, tomo V, pág. 227-228)

El orden que es desorden La tranquilidad (¡) a punta de bayoneta que se observa en varios países quiere hacerse pasar como el orden querido y deseado por Dios para la implantación de su reino en el mundo. La injusticia ocupando el puesto de la justicia. El favoritismo político, económico, social y personal usurpando el lugar de lo que exige la ordenación cristiana de las cosas, la brutalidad, el abuso y el odio organizado, campando con fines políticos. El orgullo y la soberbia, elevados a la dignidad de dioses. Todo este desorden, y mucho más, se considera por los benefactores de tal desorden como el «súmmum desiderátum» de la buena ordenación en los hombres y en las instituciones. *** La condena del «culto a la personalidad» en los países de las «democracias populares» (?), causante, al parecer, del desorden organizado en nombre del orden, no ha sido seguida del derribo de todo el tinglado autoritario y dictatorial. Orden quiere decir que cada cosa, cada persona, cada institución, ocupe el lugar que le corresponde y no el otro. El principio matemático de que el orden de factores no altera el producto se ha querido llevar a una aplicación humana tal, que origina un trastocamiento completo del producto a dar. 40


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Las causas germinadoras del «culto a la personalidad» siguen siendo las mismas y están en el mismo sitio de antes; por lo tanto, siguen produciendo los mismos efectos. El hombre providencial elegido por Dios –dicen ellos–, en virtud de ese providencialismo, puede y debe cambiar el justo orden de las cosas. No importa que millares de personas carezcan de lo más necesario para llevarse a la boca. No importa que la falta de vivienda sea un problema angustioso y palpitante. No importa que millones de seres hayan de emigrar, en un peregrinar sin descanso, a causa del orden que se sostiene por la fuerza. No importa que el pueblo esté sojuzgado. No importa la mordaza que pesa sobre las fuentes honradas y justas de información. No importa el desorden de unos pocos nadando en la mayor opulencia y de otros innumerables padeciendo hambre crónica. No importa todo este desorden, con tal que la tranquilidad, confundida con el orden, siga reinando. ¿Puede llamarse incitación al desorden (orden) la formación de una mentalidad para sustituir esta tranquilidad (orden) por un régimen más justo, conforme a los deseos de Dios para los hombres? ¿No es acaso una violencia desordenada la defensa de todo ese desorden? ¿No pugna con la libertad que, como supremo valor, Dios deposita en todo hombre? Los privilegiados de este desorden tranquilo (¡) califican de abuso las medidas equitativas, Justas, tomadas por la sociedad en defensa del derecho de los no privilegiados. La esclavitud (desorden) fue considerada en su tiempo la suma de la ordenación de la justicia. Su supresión costó ríos de sangre y vencer multitud de dificultades, aun dentro mismo de los esclavos. *** La deformación mental en unos y otros, en los que dirigen y en los que obedecen, en los hambrientos y en los saciados, en los libres y en los «esclavos», exige en los hombres honrados, que han despertado a la llamada del Señor, un esfuerzo continuado para que su llama se siga propagando, aumentándose, al mismo tiempo, su intensidad y calidad. Sentirse llamado para derribar este desorden entronizado en nombre del orden, donde toda corrupción tiene asiento y todo vicio encuentra cabida, y desoír su voz, solo se concibe en cobardes y materialistas. 41


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Muchos creen que esta llamada de Dios llega únicamente través de esta o aquella organización, por medio de unas determinadas personas o de otras señaladas instituciones. Quienes así piensan, quieren poner coto a la gracia de Dios. Intentan, en su mediocridad, en su bajeza de miras, equiparar los medios divinos a sus propios medios humanos. El Señor se vale de medios insospechados para derribar el artilugio del desorden, montado en nombre del orden. Saber descubrir estas manifestaciones, alentarlas, orientarlas, es una de las principales tareas de la HOAC. El hombre que permanece unido a la vida (a Cristo), aun en medio del desorden reinante, permanente fuera de él, permanece sobre él; y desde esta altura debe actuar para que la luz se haga en todas las mentes. La tarea será dura, y la incomprensión, a menudo el pago de desvelos; pero con la asistencia prometida por el Espíritu Santo, con la unidad del Equipo y la colaboración con el sacerdote, poco a poco veremos coronar nuestros esfuerzos. El Cristo sangrante, que es para el cristiano el prójimo, nos urge angustiosamente a la lucha por el reino del amor. Solo el Señor, y lo que es obra suya, es orden. Ya Él advertía: «Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, astutos como serpientes y sencillos como palomas» (Mt 10, 16-17). La lucha por el verdadero orden cristiano exige prudencia y sencillez, más no desmayo; porque el ser perseguido a causa de su nombre es el signo inequívoco de que estamos en la línea que Él quiere y desea. (Obras Completas, tomo V, pág. 623-625)

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La mediocridad Un hombre mediocre es un hombre frustrado. Lo que da algún sentido a la vida humana es precisamente la lucha permanente, y el hombre mediocre es el que «no quiere líos»… El hombre mediocre no es típico de ninguna clase social, ni de ningún estamento, ya que se da con excesiva profusión en todos ellos, constituyendo precisamente su rémora. ¿Quién duda que entre gente con dinero hay algunos con ansias humanas e incluso cristianas? Pero la masa de los mediocres les impide todo movimiento. ¿Y no pasa lo mismo entre los políticos? ¿Y entre los intelectuales? ¿Y en todas partes? Esta nefasta mediocridad es hoy también el signo de la grandísima parte de los trabajadores. Como símbolo de nuestro ideal podríamos dibujar un pesebre. En una humanidad de mediocres el dinero ha de ser, necesariamente, el signo del valor… Tanto tienes tanto vales. Este es nuestro lema de mediocres. Para «tener» sobran todas las virtudes humanas de honradez, amistad, fidelidad a la palabra dada… (y con mayor motivo las virtudes cristianas, centradas en el Mandamiento del Amor)… ¿Dónde está el hombre? La linterna de Diógenes sigue tan actual hoy como entonces. Pero ya hace tiempo que un mediocre gobernador de provincia, sin sospechar el alcance de lo que decía, exclamó en una ocasión: ¡Aquí está el hombre! La mediocridad más espantosa es tener «espíritu de mediocridad»… Es posible que algunos mediocres de la HOAC aleguen que no pueden tener grandes ideales porque el salario es misérrimo, el trabajo agotador, las cargas familiares insoportables… Si con estas circunstancias, todavía no se le despiertan ideales de lucha por la Justicia y la Verdad, es que están todavía en el profundo sueño vegetal de la mediocridad. Lo único que les pedimos es que sigan durmiendo, pero en la cuneta. Que dejen paso libre a los verdaderos hombres, que, siguiendo las huellas de Cristo, avanzan luchando. Mientras tanto, no olvidemos que en la HOAC no hay sitio para los que padecen de «espíritu de mediocridad». (Obras Completas. Tomo V, pp. 546-547)

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Egoísmo obrero. ¡Qué asco! En uno de nuestros Boletines se publicó una parábola en la que se establecía un contraste acusado entre un patrón hipócrita y un obrero verdaderamente fraternal. El objetivo de la parábola no era, ni podía ser, el de sacar la conclusión de que todos los patronos son hipócritas y que todos los obreros son fraternales. Lo único que se quería señalar era la diferencia esencial entre un hombre hipócrita y un hombre fraternal, cualquiera que sea su condición. ¡Ah!, si todos los obreros fuéramos fraternales y todos los patronos hipócritas, hace tiempo que ya no existiría la cuestión social. Cinco obreros trabajaban en un turno de noche… y se durmieron. Fueron despertados por el encargado, que les reprendió severamente, sin más. Pocos días más tarde se repitió el hecho, pero cuatro de los durmientes pudieron aparecer como despiertos al momento de aparecer el encargado, sin tiempo de despertar al quinto. Esta vez el encargado no les dijo nada, pero denunció a la dirección al que encontró durmiendo, que fue sancionado reglamentariamente. La primera reacción de éste fue la de presentarse a la dirección para denunciar a sus cuatro compañeros por haberse dormido como él. Junto a este caso asqueroso de «acción», ¡cuántos casos ocurren constantemente de «omisión»! En todo momento somos testigos de hechos que perjudican a Fulano o a Zutano, y que con una leve intervención de los compañeros podrían resolverse favorablemente para Fulano y para Zutano. Y nadie se mueve un milímetro. Ahí está, precisamente, una de las causas principales de nuestra miseria. Cada uno por sí. Y los demás que se arreglen como puedan. Este es nuestro lema nauseabundo. Y nos queremos hacer pasar por víctimas, cuando en realidad somos verdugos de los demás y de nosotros mismos. Recogemos lo que sembramos. Hacemos estúpidamente el juego a los que sacan su fuerza y su provecho de nuestro egoísmo. Y frustramos los planes de Dios. ¡A ver si la HOAC nos sirve para algo! (Obras Completas. Tomo V, pp. 550-551)

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«Danos hoy nuestro pan de cada día» NUESTRO. El que cada uno necesita y no más. Porque cuando a un cristiano le falta el pan, y a otro cristiano le sobra, entonces el Evangelio es una pura pantomima de beatos. DE CADA DÍA. Tapa así Jesús la boca de los que dirían: «no puedo dar a mi hermano hambriento el pan que me sobra HOY, porque no sé si tendré para mí MAÑANA». Toda esta enseñanza, ¡qué clara y luminosa aparece CUANDO VEO EN ELLA UN DERECHO! Pero, ¡qué confusa y llena de «distingos» CUANDO VEO EN ELLA UNA OBLIGACIÓN PARA MÍ! Pero Jesús no había terminado. Faltaba decir: DANOS HOY. Esta es la consagración del pan como DON DE DIOS. Porque ni el que siembra ni el que riega harían gran cosa sembrando y regando si Dios no pusiera el incremento. Dios da SIEMPRE el incremento, poniendo todos los medios. Con medida colmada y abundante. DE PADRE generoso. Entonces… ¿cómo hay tantos cristianos que carecen de pan? La contestación es bien sencilla: la causa estriba en el excesivo número de «cristianos» que no creen en Cristo. Que están seguros de que LO SUYO es de ellos y de nadie más; que no lo deben a nadie; que de «lo suyo» pueden hacer lo que quieran; que su obligación antes que nada es mirar para el día de mañana para ellos, para sus hijos y para sus nietos, pues eso de la providencia de Dios… es un cuento. Y yo, obrero, y además militante de HOAC, que veo tan claramente lo mal que usan de su poder los poderosos, ¿no soy, acaso, como ellos? Puesto en su lugar, ¿no haría igual o peor? Supongamos que Dios quisiera probarme, con una prueba muy leve: dándome el doble de los bienes que ahora disfruto. ¿Qué haría con ellos? ¿Lo miraría con mentalidad diferente a la de los capitalistas cuando miran SU fortuna? Sí, es verdad. Hay poco PAN NUESTRO PARA EL DÍA DE HOY porque todos queremos demasiado PAN MÍO para HOY, para MAÑANA y asegurado para SIEMPRE. Señor Jesús: Cuando te pido un corazón semejante al tuyo, concédeme pedírtelo, no solo con palabras, sino con TODA MI VOLUNTAD. (cf. Boletín de dirigentes, septiembre 1948)

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Entender cosas, entender ideas, entender personas En los animales que el hombre «maneja» (con fines utilitarios) se busca obtener el «tipo» más adecuado a los fines que se persiguen. Esto me parece normal y correctísimo, ya que en los animales el individuo no puede pasar nunca de esto: de individuo. Lo trágico es que este criterio se aplique también a los humanos, con una perseverancia inhumana. Empezando por los padres, que hacen lo posible y lo imposible para que los hijos sean como toda la familia, continuando con los maestros y todos los que tienen autoridad, que quieren, por todos los medios a su alcance, que los subordinados sean a su imagen y semejanza, tanto los que tienen autoridad económica (patronos), como autoridad política o religiosa. Se diría que se pretende la regresión a lo animal: todos iguales. Afortunadamente, todo ser humano lleva consigo su personalidad, y la historia (la grande y la pequeña) puede mirarse como la lucha entre unos que quieren imponer su personalidad propia a los demás, frente a una resistencia (con diferentes alternativas) de los que pretenden ser ellos mismos. Son demasiados, por desgracia, los que confunden el «formar» hombres con el «amaestrar» animales. No quiero extenderme más en esto. Para mi objeto basta con apelar al testimonio personal del que lee estas líneas. A este fin le voy a formular tres preguntas, para que el lector las conteste por su cuenta, pues se refieren a él, personalmente: Primera: ¿Es mi aspiración íntima el llegar a ser un buen animal humano, haciendo únicamente lo que me manden los que tienen autoridad moral o material sobre mí, o siento anhelo de poder realizar ciertas aspiraciones que percibo latentes en mi interior? Segunda: ¿Prefiero que se me trate como un número del rebaño humano, con tal de que pueda comer bien, tener buena casa, con televisión y hasta vehículo propio, o preferiría tener menos comodidades, con tal de poder hacer oír mi voz en las asambleas de los hombres? Tercera: ¿Siento grandes deseos de comprender a los demás, sin importarme demasiado que los demás me comprendan a mí, o me ocurre todo lo contrario? 46


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Cada cual verá la respuesta que da a cada una de estas tres preguntas, pues se refieren a él, y únicamente a él. (Obras completas, tomo II, «La virtud de escuchar», pág. 78-79)

Jesús está en el otro El re-nacer del hombre a la vida trinitaria consiste en invertir el sentido de su vida puramente humana, que nos empuja a referirlo todo (como si fuera su centro) al propio yo. El cristiano es verdaderamente cristiano cuando lo refiere todo (incluso él mismo) a Cristo. En el fondo, toda la ascesis cristiana consiste en esto. La objeción que aparentemente podría oponerse a lo que acabo de indicar, sería: Esto podía ser válido para los que convivieron con Jesús, pero nosotros hemos llegado tarde, Precisamente para que esta objeción no pudiera tener nunca validez, Jesús se quedó permanentemente aquí entre nosotros en esta especie de Sacramento sobre el cual nunca se insistirá bastante: Jesús está en el «otro». En cualquier «otro». Hasta el fin del mundo. Para amarle, servirle y RECIBIRLE ya no tengo que buscarle aquí o allí; nada de esto. Le tengo siempre al alcance de la mano en el «otro». Tanto más próximo cuanto más próximo es mi prójimo. Hace ya algunos años que vengo pensando, hablando y divulgando los conceptos que acabo de indicar, pero no los vivo. Esto era motivo de una desazón que iba en aumento. Hasta que me he dado cuenta de que mi yo seguía siendo el centro de mi interés, y no el yo de los «otros». No puedo decir hasta dónde interviene el inconsciente y hasta dónde mi consciencia, pero la realidad es que cuando me esfuerzo en amar al «otro» porque es Cristo, no lo hago porque vea verdaderamente en él a Cristo, sino en relación conmigo: para la hora de recoger mi premio o mi castigo. Y me quedo tan tranquilo. Es decir, me quedaba; pues hace bastante tiempo que esta «buena conciencia» no la tengo. Gracias a Dios. En mi vida cristiana (!) y en mi apostolado, los «otros» no salían del papel de instrumentos de mi santificación. Es decir, de mi yo. (Obras completas, tomo II «La virtud de escuchar», pág. 88-89)

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La verdad de la humildad Ahora me pregunto: −¿Es posible, en verdad, dejar el puesto hipotético y usurpado de centro del universo, mientras en mi trato con los hombres todo el centro de mi interés esté en mí mismo y no en el «otro»? Ahora me doy cuenta de que mi humildad es pura fantasía, y que a lo más que he podido llegar es a un formulismo indecente y farisaico. Ahora me doy cuenta de que mi amor a los hermanos es pura palabrería, que no puede ir más allá de ciertas exterioridades convencionales, vacías de sentido íntimo y profundo. Porque, ¿cómo podré amarles si no los conozco? Ya que no podré nunca conocerles si no pongo en ellos el centro de mi atención, en vez de ponerlo en mí mismo, como he hecho siempre. Ahora me doy cuenta de que toda mi edificación sobrenatural la he querido construir sobre la arena seca y árida de mi egocentrismo. Mi único afán ha sido el de ir al cielo yo, el perfeccionarme yo, el cuidarme de lo mío, el juzgar según mis criterios… He fallado y estoy fallando en la primera condición que me impone el Señor: Niégate a ti mismo. Y este fallo arrastra consigo a la segunda condición: Toma tu cruz. No solamente no tomo las cruces como don de Dios, sino que gasto una gran cantidad de esfuerzos y de energías vitales en apartarlas y evitarlas…, de la manera más cómoda, que es evitando el contacto con los hombres que no me son simpáticos, que no me son agradables, que no son de los míos. Y nada digo de la tercera condición: Sígueme. Cuando me engaño a mí mismo diciéndome que en «esto» sigo a Jesús en realidad sigo lo que a mí me gusta de Jesús; lo «otro» siempre encuentra en mí justificaciones abundantes para excusarme y quedarme tan tranquilo. El panorama es catastrófico. Si no fuera por la confianza en la infinita Misericordia del Señor… (Obras completas, tomo II, «La virtud de escuchar», pp.119-120)

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Jesús te mira Aquel hombre, Jesús, era tan hombre que nada le diferenciaba de los demás hombres. En todo era igual; en todo (me parece) menos en una cosa: en los ojos, ya que los ojos son las únicas ventanitas por las que lo interior inmaterial del hombre se asoma al exterior. Los hombres, egoístas por naturaleza, raramente nos miramos los ojos unos a otros, si no es de manera esquiva, cuando «el otro» no nos mira; pues sentimos molestia si nos miran y vergüenza si se dan cuenta que los miramos. Pero esto no ocurre siempre así: cuando dos personas se quieren mutuamente se miran precisamente los ojos, y sonríen. Y es tan intensa la mirada y efusiva la sonrisa cuanto es grande la corriente afectiva que los une… Para captar algo del misterio de Jesús es indispensable partir de un primer movimiento de sorpresa. ¿Qué pasa? ¡Este no es como todos! Y mirarle a los ojos. Jesús miraba, miraba, miraba… extendiendo su mirada divina hacia todos, buscando unos ojos que le miraran los suyos, para que pudiera circular la corriente infinita de su Amor divino, y removerlos hasta su Corazón inmenso. Y solo veía ojos que buscaban algo en la basura del suelo, o que le miraban los pies, o las manos, o los vestidos, o cualquier otro aspecto en que era igual, exactamente igual, que todos los demás hombres. Y el contacto con Jesús solamente les servía para negarle… (Obras completas, tomo I, pág. 482)

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¿Qué es la clase obrera? ¿Qué es la clase obrera? Sería un error definirla en función de sus actividades profesionales o de sus recursos económicos. La pertenencia a la clase obrera no tiene una relación principal con las circunstancias exteriores del individuo sino que procede fundamentalmente de su actitud interior frente a la vida. Puede afirmarse que pertenece a la clase obrera aquel que adopta una actitud de rebeldía contra el capitalismo, obligado por las clamorosas injusticias de éste, y se decide a luchar contra ellas. Un gran número de los que componen la clase trabajadora son obreros (los más resueltos y responsables) pero es indudable que cierto número de ellos son gente enamorada de la justicia y que no procede del mundo del trabajo. La actitud. La mentalidad de la clase obrera puede determinarse por las características siguientes (entre otras de menos importancia): 1º. La solidaridad. El que pertenece a la clase obrera no tiene ya el complejo de evasión sino que se solidariza con los males y las miserias de los trabajadores, y los hace suyos. 2º. La angustia. Manifestada por un deseo muy firme y acuciante de sobrevivir primero; de personalizarse a continuación; y finalmente por la exigencia de provocar un cambio social. 3º. Espíritu revolucionario. Al menos en el sentido de que los “parias” de hoy deben se elevados a la categoría de ciudadanos, con acceso a la vida pública, y contando con la necesidad de acelerar el progreso social. (Obras completas, tomo III, ppp. 542-543)

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Dedicatoria A todos los parias de la sociedad, a todos los que son menospreciados, a todos los que sufren, en la carne o en el espíritu, a todos los que anhelan un mundo más justo y más fraternal. A todos aquellos que se sienten ya cristianos, Rovirosa los sostuvo en la FE y les dio fuerza para trabajar por los hermanos, y que en ello se mantuviesen y progresaran. A todos aquellos que, siendo hombres de corazón, Rovirosa les aporta la ESPERANZA y les hace ver los resplandores de la Eternidad, y busquen a Dios y lo posean. A todos aquellos, de ahora o del mañana, que, siendo cristianos, anhelen ser más humanos o, siendo hombres, están insatisfechos de sus horizontes, con el deseo que Rovirosa los llene del AMOR y alcancen la Verdad total. («Rovirosa, Comunitarisme integral: La revolució cristiana dintre el poble», de Xavier García, pág. 17)

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“El cristiano, decía Rovirosa, debe ser un especialista en Cristo”, fidelidad a Cristo y a la clase obrera fue su máxima preocupación y hoy nos invita a todos los militantes de la HOAC a renovar esa promesa. El 27 de febrero de 2014 se cumplen 50 años de la muerte de Guillermo Rovirosa, apóstol y profeta de la clase obrera. Él fue el iniciador de la HOAC, una obra de Dios para la Iglesia y para los hombres y mujeres del Mundo Obrero y del Trabajo. Que la mirada de Jesucristo, con la que él un buen día se encontró nos ayude a mirar y a descubrir lo que Él quiere para la HOAC del tercer milenio.

9 788492 787203

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Guillermo Rovirosa, apóstol del mundo obrero  

En el 50 aniversario de su muerte (1964-1914), Ediciones HOAC publica este cuaderno sobre su vida y sus escritos dentro de la colección Cuad...

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