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Ravazzola, María Cristina Hacia la democratización familiar en México / María Cristina Ravazzola ; [presen.] Beatriz Schmukler, Xosefa Alonso. – México : Instituto Mora, 2010. 66 p. ; 26 cm. – (Manuales construyendo alternativas de convivencia familiar ; 1) Serie coordinada por Beatriz Schmukler Scornik Bibliografía: p. 64-65 1. Familia. 2. Familia – México - Costumbres. 3. Familia – Estructura – Modificación. 4. Democracia. I. Schmukler Scornik, Beatriz, coord. II. Alonso, Xosefa, prol. III. Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (México, D.F.). IV. t. V. ser.

Obra publicada con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología

Primera edición, 2010 D. R. © Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora Plaza Valentín Gómez Farías 12, San Juan Mixcoac, 03730, México, D. F. Conozca nuestro catálogo en <www.mora.edu.mx> ISBN: 978-607-7613-43-5 obra completa ISBN: 978-607-7613-44-2 vol. 1

Impreso en México Printed in Mexico


ÍNDICE 5

AGRADECIMIENTOS Beatriz Schmukler

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INTRODUCCIÓN GENERAL Beatriz Schmukler y Xosefa Alonso ¿Por qué proponemos una democracia familiar? Estructura de los manuales

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PRESENTACIÓN

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DIVERSAS FORMAS DE ORGANIZACIÓN FAMILIAR Conceptos generales Diferencias históricas Diversas organizaciones familiares actuales La construcción social de papeles y funciones en la cotidianidad familiar

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SISTEMAS DE PODER Y AUTORIDAD FAMILIAR Sistemas de poder y autoridad familiar en la organización de la vida doméstica Familias con rasgos más autoritarios Familias con rasgos más democráticos Valores que dan sostén a las familias

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COMUNICACIÓN FAMILIAR: ENTRENAMIENTOS EN PLÁTICAS PARA LA DEMOCRATIZACIÓN DE LAS FAMILIAS Consideraciones generales acerca de la comunicación La comunicación en las familias Nuevos aportes a la comunicación familiar para lograr conversaciones de colaboración Recomendaciones generales a modo de guía práctica


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REVISIÓN DE CONCEPTOS ACERCA DE LA PAREJA: PAREJA CONYUGAL Y PAREJA PARENTAL Otros temas de las parejas para reflexionar y comentar

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BIBLIOGRAFÍA

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SOBRE LA AUTORA


AGRADECIMIENTOS Beatriz Schmukler Estos manuales están dedicados a la memoria de nuestra queridísima compañera Martha Acosta Ruiz, quien nos sigue acompañando en toda nuestra lucha por las transformaciones familiares. Quiero dar las gracias a todas las personas que participaron con nosotros y nosotras en la creación del enfoque de democratización familiar, especialmente a Clemencia Muñoz por su apoyo intelectual y capacidad creativa en la búsqueda de nuevas modalidades de convivencia familiar. Clemencia respaldó esta iniciativa cuando fue representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el año 2000 y luego cuando fue directora de la Fundación Kellogg. Agradezco el auspicio y la asistencia intelectual y técnica del PNUD en la ejecución del proyecto Propuestas para una Convivencia Democrática en la Familia, núm. 00013567, entre los años 2001 y 2004. Vinculado con dicho proyecto agradezco el apoyo del INMUJERES nacional para realizar la prueba piloto del enfoque. A los institutos o programas estatales de la mujer y de equidad de género de los diez estados participantes: Baja California Sur, Distrito Federal, Querétaro, Guanajuato, Puebla, Monterrey, Sonora, Sinaloa, Veracruz y Yucatán. Los primeros borradores de estos manuales se construyeron en esos años bajo el trabajo editorial de Xosefa Alonso Sierra, con los aportes de las y los participantes de estas experiencias, los equipos estatales, las promotoras y promotores de los programas sociales, y asesores en la revisión de las versiones sucesivas de los diversos temas que abordan los manuales. Paco Cervantes y Roberto Garda del Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias (CORIAC) ayudaron también a enriquecer estos manuales con sus sugerencias y críticas constructivas. Le damos un especial reconocimiento al equipo Salud y Género, A. C., por la autoría de tres manuales y su lectura detallada; sus comentarios fueron muy importantes para la concreción y enriquecimiento de estos trabajos. Agradezco en especial al equipo de investigadoras, investigadores, directoras de institutos y consejos estatales de las mujeres y de equidad y género, así como a directores y profesionales de programas gubernamentales que participaron en 5


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esta primera etapa de construcción del enfoque y creyeron en su importancia para prevenir la violencia de género. Nombro aquí a las personas más cercanas y sé que podré olvidar muchas, a quienes les debo también gratitud: Tatiana Ramos, Maribel Arellanes, Margarita Ortega, Elia Cervantes, Rafael Uro, Cecilia Zermeño e Irene Victoria López, de Guanajuato; Milagros Herrero Buchanan y Karla Hernández, de Yucatán; Claudia Hernández, Thelma Pedroza, Erika Meza Rosas, Mónica Díaz de Rivera y Angélica de Lara Herrera, de Puebla; María Cristina García Quintana y María Pilar Sáinz Reyes, de Querétaro; Noemí Ales Gatti, Eduwiges Vega Padilla y Columba Norzagaray Gámez, de Sinaloa; Patricia López Navarro, María Teresa García Pelayo y Elizabeth Anayensi Alvarado Palacios, de Baja California Sur; María Antonieta Margot Loustaunau, Rosario Román Pérez, Teresa Caraveo Galindo e Icela Moreno, de Sonora; Martha Patricia Colorado y Maricela Cienfuegos, de Veracruz; María de Lourdes Montes de Oca, Thelma Vilchis García, Heddy Mayanin Villaseñor Hernández, Isabel Ramos Alvarado, Georgina García Reyes y Luz Rosales Esteva, del Distrito Federal; Blanca Guerra, María Elena Chapa y Francisco Gallo Granados, de Nuevo León. A los queridos y queridas compañeras(os) del proceso de fundación del enfoque de democratización: María del Rosario Campos Beltrán, Xosefa Alonso Sierra, Nury Escobedo, Gloria Cardona González, Marcelo Carrillo Babani y Loreto Bravo. A mi querida compañera de ruta, María Jiménez, con quien todavía seguimos desbrozando malezas para la prevención de la violencia de género en las familias. A Carolina Coppel, de la Fundación Kellogg, quien participó con todo su amor y entusiasmo en el programa de capacitación en Oaxaca, y a los queridos compañeros y compañeras de Sinergia, con quienes nos transformamos juntos en los años 2006-2007. Gracias a Carolina por su apoyo en el desarrollo del programa en Morelos, Yucatán y Distrito Federal de 2007 a 2008 y en la producción del primer Manual para la prevención de la violencia familiar, con el enfoque de democratización en programas sociales. Agradezco a las y los participantes durante el seguimiento de la aplicación del enfoque de democratización en las comunidades con las que trabajan en Morelos y Oaxaca. En Oaxaca a Teresita de Jesús Santaella, Adriana Cointa, Araceli García, Leonor Zárate, Rebeca Ramos y Edith Juárez, de Centéotl, y a Luis Cervantes, de CENTRARTE; en Morelos a todas las y los integrantes de las organizaciones que participaron en los talleres, especialmente a Magdalena Esperanza Solano de Autonomía, Libertad en Movimiento (ALEM), a Cecilia Mendoza de la Unidad Central de Estudios para el Desarrollo Social (UNICEDES), a Mariana Barreda del Centro Cultural el Callejón en Cuautla, a Arlette Michán de Caminando Unidos, a Elsa Román de los Centros de Integración Juvenil, a Leticia Ramírez de la fundación A Cambio de Nada, a María del Carmen Conde, Yanet Rosales y Carlos de la Mora.


AGRADECIMIENTOS

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A cada alumno y alumna del programa de formación en el Estado de México por las experiencias compartidas y los aprendizajes construidos como “agentes de desarrollo local para la prevención de la violencia de género”, en el proceso de cogestión de convivencias democráticas vivido este último año. A las compañeras y compañeros que decidieron constituirse en una red permanente de democratización familiar y que organizaron el Primer Foro de Democratización Familiar: Género y Violencia. Oriente del Estado de México, especialmente a Martha Martínez, Sergio Hernández, María Esther Peña, María de los Ángeles Salazar, Araceli Corona, Odeth Trejo, Áurea Hernández, Abigaíl Bazán, Yeny Díaz, Sandra González, Roxana Andrade, Lourdes Marroquín, Alejandra Oyosa, Carmen Zamora, Eva López, Ma. Elena Torres, Lorena García, Hortensia Ponce, Victoriano Martínez, Rocío Román, Lucero Chávez, Hugo Neri, Estíbaliz Vera, Nora Cinco y Francisco Morán. A las y los docentes del diplomado y el curso: Trinidad Gutiérrez, Juan Guillermo Figueroa, Marcos Zenteno, Etelvina López, María Jiménez, Hugo Rocha, Pilar Lomelín, Prudencio Mochi, Cristina Girardo, Lourdes Morales, Raquel Marchetti, Yolanda Corona, Mirta Blostein y Elizardo Rannauro, y a los docentes de la UAEM que apoyaron el desarrollo del diplomado: María Luisa Quintero, Carlos Fonseca y Juan Manuel Sánchez. A Milagros Herrero Buchanan, Etelvina López y al Fondo Intersectorial INMUJERES-CONACYT por su reconocimiento del enfoque de democratización y el apoyo brindado durante 2009 y 2010. A Dolores Manjarrez y Martín Winocur de la Dirección de Vinculación del CONACYT, por el apoyo brindado para el desarrollo del Programa de Formación de Agentes de Desarrollo Local para la Prevención de la Violencia de Género, en el 2010, y la producción de esta serie de manuales. Al grupo de docentes de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), con quienes estamos organizando un programa para la prevención de la violencia de género y la democratización familiar, estableciendo un diálogo paritario e interdisciplinario, que nos permite enriquecer y profundizar el enfoque. Especialmente a Patricia Palacios, Edita Solís, Oliva Solís, Blanca Isela Gómez, Sulima García y Miriam Herrera, responsables de desarrollar la guía de trabajo para el programa de la especialidad. A Luis Gerardo Ayala Real y a Patricia Aguilar, por sus contribuciones que nos hacen abrir nuestras mentes y corazones. A cada participante con quienes revisamos, cuestionamos, transformamos y mejoramos el enfoque en estos últimos tres años: Lizzy Palencia, Hugo Rocha, Olga Murguía, Mónica Morales y Maricela Martínez. Estos manuales que publicamos ahora son producto de diez años de gestación, ensayos y errores, y de procesos de transformación colectivos en nuestras familias y las familias que fantaseamos para un camino constante de construcción de alternativas de convivencia.


INTRODUCCIÓN GENERAL Beatriz Schmukler Xosefa Alonso La serie que presentamos forma parte de una estrategia de trabajo para integrar el enfoque de democratización familiar en programas de capacitación en instituciones de gobierno y académicas, y en organizaciones de la sociedad civil. El objetivo de estos manuales es ofrecer herramientas para los promotores que trabajan en dichos programas, creando conciencia y recuperando vivencias sobre los malestares que sentimos en las relaciones familiares actuales. La posibilidad de reflexionar colectivamente en torno a dichas molestias nos permite buscar alternativas para prevenirlas o ponerles fin. El reconocimiento de los malestares que vivimos en las familias permite prevenir la violencia de género al poner en entredicho los conceptos y las vivencias de las actuales relaciones de género. Estas se basan en formas de dominación construidas socialmente desde los orígenes de la humanidad y que son cuestionadas por las mujeres desde los inicios del movimiento feminista en el siglo XIX. En el siglo XX, desde la primera Conferencia Internacional de la Mujer en 1975, se empiezan a deconstruir esos vínculos de dominación. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) es el primer tratado internacional que reconoce de manera expresa, desde 1979, los derechos humanos de las mujeres; México forma parte de ella desde 1981. Los países que han ratificado la CEDAW se comprometen a adoptar las medidas necesarias para erradicar todas las formas de discriminación contra las mujeres, ya que a través de sus 30 artículos establece las bases para el logro de una verdadera igualdad entre mujeres y hombres, tanto en el ámbito público como en el privado. La Convención de Belém do Pará, realizada en Brasil, fue adoptada el 9 de junio de 1994 por 31 de las 34 naciones que integran la Organización de Estados Americanos (OEA). México la aprobó en 1996. Ese reconocimiento ha significado un avance sustancial en relación con la protección de los derechos humanos de las mujeres, ya que califica la violencia contra la mujer como un delito y una violación a los derechos humanos. 9


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• Define la violencia contra la mujer como “cualquier acción o conducta basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como privado”. • Comprende la violencia dentro de la familia o unidad doméstica, en cualquier relación interpersonal, la que tenga lugar en la comunidad y la que sea perpetrada o tolerada por el Estado o sus agentes. • Su aprobación fue fruto del esfuerzo sostenido del movimiento de mujeres en los ámbitos mundial y regional, y logró colocar en la agenda pública el tema de la violencia basada en género. Con estos manuales nos proponemos tender, sobre las relaciones familiares, una mirada que nos permita ver la realidad sin idealizaciones y sin normas rígidas que se conviertan en camisas de fuerza. Implica continuar con el proceso de deconstrucción de los vínculos de dominación de género en la familia e ir construyendo socialmente un concepto de democracia familiar que tenga su base en la equidad de género y en la construcción de un vínculo democrático de autoridad entre las generaciones. Supone un reconocimiento equitativo de la autoridad de hombres y mujeres, padres y madres, así como la participación de niños(as), jóvenes y miembros de la tercera edad en las decisiones familiares. No desconocemos la necesidad de autoridad en los grupos familiares; nos proponemos reconstruir significados y prácticas de autoridad basados en la corresponsabilidad, respeto a la diversidad y a los derechos humanos en las familias y de las familias. Nos proponemos tomar conciencia de nuestros deseos diferenciados y ser capaces de resolver conflictos de modos negociados; pero, al mismo tiempo, reconocer las creencias que nos impiden resolverlos con libertad; visualizar los prejuicios sobre lo que deben ser las mujeres y los hombres, sobre la disciplina de las hijas e hijos y sobre las maneras de vivir de otras personas, ancianas y ancianos, jóvenes, niñas y niños. Nos preguntamos qué podemos hacer para aceptar esas diferencias, siempre y cuando no lastimen los derechos individuales. Consideramos sustantivo reconocer nuestros prejuicios y autoritarismos, así como los obstáculos que tenemos que superar para poder cambiar. Queremos construir nuevas miradas y vivencias para situaciones nuevas que nos ayuden a superar la dominación de género mediante propuestas alternativas elaboradas con los grupos de trabajo en los talleres. Estos, a su vez, se constituyen dentro de los procesos de capacitación que forman parte de la construcción de nuevos significados de familias basadas en la equidad de género. Los procesos de capacitación son simultáneamente procesos de construcción social de significados y de articulación de actores que pueden impulsar procesos de transformación de la cultura de género. Estos manuales fueron conformándose colectivamente a partir de los temas más habituales que surgían en los talleres con las y los promotores. Dichos temas


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constituyen la base de las dinámicas que proponemos en ellos. Por ejemplo, aspectos que tenemos en común las madres y los padres cuando nos sentimos dueños de la vida de nuestras hijas e hijos y queremos imponerles conductas mientras ellos ya desean su libertad. ¿En qué consiste nuestra función en ese caso?, ¿cómo podemos, sin imposición, facilitarles también a ellos sus vidas?, ¿cómo ayudarlos sin permitirles transgresiones que vulneren los derechos de los demás?, ¿cómo pueden las y los jóvenes ser sujetos de su propia vida y llegar a acuerdos con sus madres, padres, compañeras y compañeros?, ¿qué hacer para que las niñas y los niños sean escuchados en un clima donde los adultos los respeten y a su vez les puedan pedir su participación en la vida del grupo?, ¿cómo resolvemos, a su vez las dificultades de padres y madres al poner límites a los hijos(as)?, ¿cómo resolvemos la desaparición de una autoridad clara para los adolescentes en tanto los viejos parámetros de autoridad se están debilitando? Queremos reemplazar el autoritarismo por una autoridad democrática basada en el respeto a la diversidad y al mismo tiempo rescatar valores de corresponsabilidad y compromiso afectivo: ¿cómo se construye cotidianamente una autoridad basada en la negociación y el consenso donde hombres y mujeres sean reconocidos como autoridades equitativas? Las mujeres estamos aprendiendo a reconocer nuestros deseos y nuestros derechos. ¿Cómo plasmar esta nueva manera de vivir al negociar con las otras personas y, al mismo tiempo, poner límites claros cuando necesitamos defendernos? También los hombres se están transformando, comienzan a reconocer los alcances del machismo y a reflexionar sobre “¿qué es un hombre de verdad?”, como se dice en el manual de Hombres participando en la democratización de las familias. ¿Acaso habrá un hombre de verdad, podremos ser individuos en relación, ser recíprocos y responsabilizarnos por nosotras, nosotros y las demás personas?

¿POR QUÉ PROPONEMOS UNA DEMOCRACIA FAMILIAR? Esta democracia no implica anarquía, ni la necesidad de votar para tomar decisiones, tampoco significa debilidad respecto de los deberes familiares. Implica “aceptación de las obligaciones, además de derechos protegidos ante la ley”. Implica la protección de niñas y niños, de ancianas y ancianos y de las personas con discapacidad. No significa “falta de respeto y ausencia de autoridad”, sino equidad en las decisiones, en la distribución del bienestar y en la libertad de pensamiento y acción, así como “la posibilidad de réplica” y de disentir, de ser diferentes. Algunos de los criterios que supone la democracia familiar son: la posibilidad de compartir la autoridad y el poder entre los adultos a cargo y hacer partícipes a los demás miembros de las decisiones que afectan al conjunto.


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Ello conduce a propiciar consultas entre quienes ejercen el poder y la autoridad –así como con los otros miembros del grupo– para que surjan a partir de la reflexión nuevas preguntas y se llegue a soluciones de respeto y de mayor consenso y negociación. Planteamos problematizar las relaciones de género existentes y las maneras actuales de “resolver” conflictos. La propuesta es que –mediante el trabajo con los manuales en los talleres– se elabore, dialogue y reflexione colectivamente acerca de formas de respeto y equidad entre los géneros y entre adultos y niños. Se requieren metodologías para superar de manera conjunta las trabas que nos impiden imaginar nuevas salidas a nuestros conflictos, salidas que implican descubrir barreras emocionales y culturales. La reflexión supone encontrar en nosotras y nosotros mismos el cúmulo de obstáculos culturales para pensar. Para construir una vida democrática en las familias es necesario repensar la cultura de género y descubrir nuestras barreras emocionales para pensar. ¿Por qué hablamos de género en esta construcción?, y ¿por qué poner el acento en la necesidad de que mujeres y hombres revisemos en la vida de todos los días las modalidades habituales de ser mujer y de ser hombre? El enfoque de género es una manera de mirar las diferencias entre las mujeres y los varones y las relaciones que establecen; es un concepto que ayuda a pensar que el conjunto de atributos y expectativas que atribuimos a las personas de cada sexo biológico son características definidas y construidas por el conjunto de los miembros de cada sociedad en cada época histórica. Entonces, todas y todos somos sujetos activos de esa construcción conjunta y podemos generar cambios benéficos. La vida cotidiana es el escenario en el que se produce y reproduce la desigualdad entre los géneros. Esa desigualdad aparece en el día a día, de tal forma que las mujeres quedan al servicio de las necesidades domésticas, como personas vulnerables y altamente emocionales. Padres, maridos, hijas e hijos tienen derechos sobre las mujeres, mientras que los hombres quedan como los sujetos de autoridad y mando, con derechos y capacidad para tomar decisiones por todos. Esta forma de organización cotidiana construye la desigualdad entre los géneros y da lugar a dificultades de negociación que pueden traducirse en situaciones violentas cuando las mujeres no están dispuestas a aceptar pasivamente sus lugares subordinados y cumplir con el papel que se espera de ellas. La tendencia a transformar las diferencias en litigios, lamentablemente ha favorecido controversias y enfrentamientos más que conversaciones fructíferas entre quienes sustentan puntos de vista diferentes. Con el objetivo de adquirir habilidades en este tipo de conversaciones, estos manuales proponen entrenamientos y prácticas que intenten reforzar participaciones democráticas en las decisiones, que incluyen sugerencias, y a través de diálogos abiertos y continuos.


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Proponemos que los manuales nos permitan trabajar con nosotras(os) como personas, que no nos dé pena encontrarnos con los mismos problemas que la población a la que queremos ayudar. Ayudar es dialogar, escuchar y cooperar con las soluciones de los otros, tener una actitud de apertura hacia las diferentes alternativas. En este sentido, proponemos la reflexión, la comunicación y los recursos para la democratización familiar como ejes transversales presentes en cada manual. a) la reflexión es útil para realizar una revisión crítica de nuestras vivencias y actitudes, examinar problemas y modelos hegemónicos que se sostienen en relaciones de poder asimétricas. Nos permite preguntarnos cuáles son las causas de este tipo de relaciones, cómo se manifiestan, cómo se sostienen y cuáles son los costos y consecuencias para el individuo, para el grupo familiar y la comunidad. b) la comunicación se plantea como una herramienta para la convivencia y la solución de conflictos de una forma pacífica. Es una manera de percibir las diferencias que existen entre hombres y mujeres, distintas generaciones, experiencias, historias y culturas, aprendiendo a respetarlas sin juzgar negativamente lo diferente. Nos permite establecer maneras de comunicación que propicien acuerdos y prácticas para el bienestar de cada persona y del conjunto familiar, manifestar lo que sentimos y pensamos mientras que, a la vez, nos disponemos a escuchar y considerar la opinión de las otras personas. c) los recursos para la democratización familiar son herramientas, habilidades y un potencial individual y colectivo para la transformación de las relaciones familiares. Se trata de una búsqueda individual y grupal para acceder a alternativas posibles dentro de valores democráticos, de equidad, cooperación y solidaridad. Si bien estos principios se plantean como básicos y fundamentales para alcanzar relaciones democráticas, no se proponen como modelos a seguir, en tanto que cada persona, cada familia tienen experiencias y particularidades diferentes y, en consecuencia, ha de decidir y elegir la opción que más le ayude en cada momento. Nos preguntamos cómo podemos participar todos los miembros de una familia en decisiones, de acuerdo con nuestros recursos, como personas con derechos iguales; cómo podemos ir desarrollando acuerdos en función de las necesidades y los deseos de las personas sin seguir mandatos sociales que nos impidan ser y crecer a cada uno según nuestros deseos; cómo podemos las mujeres ser sujetos que nos autoricemos a crecer con autonomía y a remover de nuestros cuerpos las culpas del placer; cómo podemos sentir y entender las dificultades que tenemos para relacionarnos, hombres y mujeres, haciendo arreglos de corresponsabilidad que sirvan para cada una de las etapas de nuestras vidas. Debemos solucionar nuestros conflictos de manera negociada y rechazar las creencias que nos impiden


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resolverlos con libertad, visualizar los prejuicios sobre lo que deben ser las mujeres y los hombres, en cuanto a la disciplina de las hijas e hijos y las maneras de vivir de otras personas, ancianas y ancianos, jóvenes, niñas y niños. Nos preguntamos finalmente cómo podemos hacer para aceptar esas diferencias, siempre y cuando no lastimen los derechos individuales. Los manuales son una herramienta para establecer distintas formas de conversación. Esta nos sirve para reconocer nuestros miedos al fracaso en los vínculos que establecemos, nuestras dudas sobre los cambios que hemos experimentado nosotras, nosotros, nuestras hijas e hijos, nuestras parejas y los individuos involucrados en nuestras relaciones. Asimismo, los manuales constituyen un instrumento para auxiliar a las y los promotores en esta labor social que los convierte en líderes de relaciones humanas; para ayudarlos, en fin, a acompañar el proceso de transformación de las personas con quienes trabajan, con manuales enriquecidos con todas estas experiencias y aprendizajes a lo largo de estos diez años. El apoyo del CONACYT para publicarlos nos indica un interés por transmitir los productos de nuestras investigaciones a las políticas sociales y programas de prevención de la violencia de género y convertirlos en herramientas para la transformación de la cultura de género en una cultura de equidad. Recibimos retroalimentación de muchas personas que contribuyeron a enriquecer estos manuales con sus ideas y sugerencias, especialmente de los equipos estatales de coordinación y de las promotoras y promotores de los programas sociales que participaron en la revisión de las diferentes versiones de los manuales; sus ideas y experiencias fueron de mucha ayuda para lograr que estas herramientas se adaptasen a sus realidades. Consideramos de primordial importancia poder reconocer nuestros prejuicios y autoritarismos, así como los obstáculos que tenemos para cambiar. Nos referimos a las nuevas situaciones que estamos viviendo en nuestras familias y a la necesidad de construir nuevas miradas y vivencias para situaciones nuevas. En última instancia, estamos revisando el concepto de amor. Nos preguntamos si el acuerdo amoroso con el que nos constituimos como pareja y luego procreamos ha cambiado y si las necesidades y deseos que fueron surgiendo y transformándose tienen lugar en el amor de hoy; cómo conjugamos en ese amor los deseos individuales y los objetivos de los otros y las otras; cómo construir vínculos amorosos sin cercenar a ninguno de los miembros.

ESTRUCTURA DE LOS MANUALES Los seis manuales responden a una misma estructura. Se presentan primero los apartados “Agradecimientos” e “Introducción general”, que son comunes a todos


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los manuales. Cada uno de estos cuenta con una “Presentación” donde se realiza un breve diagnóstico de la situación específica del grupo al que va dirigido. Por ejemplo, cuál es la problemática que viven las niñas y niños, los jóvenes, las mujeres, los hombres, etc. En función de esta descripción general de la realidad social de este grupo y en relación con los demás miembros de una sociedad, se plantea una serie de temas que se analizan en los capítulos de cada manual. Cada capítulo responde a un objetivo específico que remite a su vez al objetivo general del manual; los capítulos contienen varios apartados en los que se presenta una reflexión teórica y una o dos actividades como herramientas para las y los promotores en el trabajo con grupos. Dichas actividades son de carácter participativo, tienen el fin de hacernos reflexionar sobre nuestras propias vivencias y nos invitan a buscar caminos de cambio para aquellos aspectos que deseamos modificar de nuestro comportamiento en las relaciones laborales, familiares y personales, especialmente. Además de estas actividades o ejercicios para generar conocimiento y análisis, existen otras para dinamizar grupos de cooperación, comunicación, relajación, etc. Todas ellas se presentan como herramientas para lograr un proceso de aprendizaje. La serie de manuales “Construyendo alternativas de convivencia familiar” consta de los títulos siguientes: 1. En Hacia la democratización familiar en México, por María Cristina Ravazzola, se propone una reflexión acerca de las familias mexicanas, analizando cuáles son los cambios que están experimentando en las últimas décadas. A partir de visualizar cómo hemos ido transformando nuestras relaciones familiares, desde nuestros antepasados hasta la actualidad, se analiza la familia como un ente social en continuo cambio y evolución. En este texto se reflexiona sobre qué tipo de familia queremos y asimismo se proponen valores de equidad, respeto, solidaridad y cooperación como un camino para la conformación de familias más democráticas. 2. En Mujeres participando en la democratización de las familias, por María Cristina Ravazzola, Emma María Reyes Rosas y Gisela Sánchez Díaz de León, se reflexiona acerca de la educación y formas de socialización tradicionales que viven las mujeres. Contiene un replanteamiento sobre las relaciones autoritarias justificadas por el género y se propone fomentar procesos de empoderamiento y autoestima de las mujeres a través del conocimiento de sus derechos y el reconocimiento de sus deseos y valores, en armonía con la sociedad de la que forman parte. Asimismo, se consideran las formas de relación de las mujeres con las demás personas de la familia en vínculos de paridad y negociación. 3. En Hombres participando en la democratización de las familias, por Benno De Keijzer y Luis Gerardo Ayala Real, se plantea reflexionar sobre la participación de los hombres en sus relaciones de pareja y familia; el ejercicio


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de su paternidad, las creencias acerca de los significados de ser hombre en nuestra sociedad y las formas de ejercer la autoridad. La meta es acompañar a los hombres en la transformación de sus relaciones familiares y personales, así como reconocer y desarrollar recursos individuales y colectivos para la negociación de conflictos en la familia, con miras a vivir relaciones de equidad más justas que permitan el desarrollo pleno de hombres y mujeres. 4. Mujeres y hombres jóvenes hacia la democratización familiar en México, por Olivia Aguilar Dorantes y Silvia del Pilar López Hernández. El propósito de este manual es repensar nuestras concepciones de la juventud, y que las y los jóvenes examinen sus relaciones de familia, interpersonales y de pareja. Para ello se revisan las relaciones de autoridad y abuso de poder que pueden sufrir las y los jóvenes en los diferentes ámbitos de su vida y se cuestionan las funciones de género en nuestra sociedad. Partiendo de la reflexión sobre los principales ejes de conflicto, se plantea la construcción de alternativas para establecer relaciones que promuevan la solidaridad, la cooperación, el respeto y la equidad entre hombres y mujeres. 5. En Madres, padres, hijas e hijos hacia la democratización familiar en México, por María Jiménez Díaz, se propone problematizar los diferentes contextos familiares en los que se da la crianza de un ser humano, identificando y cuestionando los procedimientos autoritarios que pueden existir en las relaciones familiares, especialmente en la relación madres, padres, hijas e hijos. El objetivo es lograr una convivencia en donde las niñas y los niños recuperen sus derechos y responsabilidades de acuerdo con su nivel de madurez; se invita a conformar relaciones democráticas partiendo de la confianza, el respeto, la empatía y la conexión de la madre y el padre con sus emociones, primero, y con las de sus hijas e hijos, después. 6. En Niñas y niños hacia la democratización familiar en México, por Hugo Rocha Pérez y Yolanda Corona Caraveo, se expone la construcción de una visión distinta sobre las niñas y los niños, reconociéndolos como sujetos de derechos y deberes. Se trata de una visión alejada del enfoque de considerar a las niñas y los niños como objetos que han de ser controlados, manipulados y reprimidos. Se pretende generar en los adultos una sensibilidad hacia las niñas y los niños para comprenderlos, contar con ellos como aliados en la búsqueda de formas para mejorar nuestras relaciones familiares y contagiarnos de sus capacidades creativas, lúdicas, inventivas y de alegría.


PRESENTACIÓN Este manual está destinado a las y los agentes de gobierno ejecutores de políticas públicas, así como a promotoras y promotores que trabajan en instituciones que llevan a cabo programas sociales que incluyen familias. Nos proponemos con estos textos y actividades apoyarlos en su labor, destacando el objetivo de facilitar relaciones de equidad y democráticas entre sus miembros. Sabemos que la práctica de relaciones democráticas en las familias y otras instituciones promueve la dignidad y la conciencia apreciativa1 de las personas. Esto les permite legitimar y exigir el efectivo cumplimiento de sus derechos, el cuidado de sí mismos y la no-tolerancia a ningún tipo de conductas abusivas. Las familias son entonces laboratorios sociales que pueden promover y asegurar aprendizajes que conduzcan a organizaciones cada vez más democráticas. Hemos concebido este manual como una guía para que las y los agentes de políticas públicas y los promotores, reflexionen y flexibilicen sus propias ideas acerca de las familias, para lo cual planteamos temas claves y metodologías variadas que ayuden a esta reflexión. No pretendemos imponer nuestra visión de las familias; queremos trabajar y debatir estas concepciones en conjunto. ¿Por qué es importante para las y los agentes de programas sociales conversar e intercambiar ideas acerca de la familia? Las familias constituyen formas de organización social con mucha tradición en nuestras comunidades; son núcleos socializadores básicos en la formación de seres humanos; escenarios donde se construyen legados, mitos, creencias, valores, pautas, códigos y estilos de relación.2 Son también instituciones cuya función es coordinar co-

La posibilidad de tomar en cuenta a las personas considerando sus capacidades y recursos, en lugar de poner el acento en juicios negativos acerca de ellas. 2 Díaz, Violencia, 2002. 1

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tidianamente los comportamientos de sus miembros, con la finalidad de asegurar su bienestar y de producir, reproducir, transmitir y conservar la cultura familiar y social. La vida y el desarrollo de todos los miembros de una familia dependen del éxito de actividades asociativas en las cuales las relaciones de alianza y las acciones positivas necesitan prevalecer por sobre las rivalidades y los malentendidos. (Por actividades asociativas entendemos formas en que las personas nos comunicamos y acciones que los miembros de una familia tienen que poder compaginar a fin de colaborar, cooperar y contribuir a sumar recursos en favor de una mejor calidad de vida para todas y todos.) En las familias se producen intercambios verbales y no verbales que van confirmando las identidades de sus miembros, la identidad familiar y los códigos que expresan el mundo extrafamiliar. A su vez, una serie de mensajes sociales sirve de referencia a los miembros de una familia, al funcionar como guías y modelos de comportamiento acerca de los papeles de cada miembro, sus conductas y las formas de relacionarse, o al menos lo que se espera de ellos. Estos mensajes sociales no siempre respetan los derechos de todos, especialmente los de las mujeres, niñas/os y ancianas/os, quienes en nuestras comunidades siguen siendo los miembros más vulnerables de las familias. En la sociedad, en sus instituciones y también en las familias persisten lamentablemente patrones de relación de abuso. Cuando esto ocurre se sostienen rasgos autoritarios que sirven de base a comportamientos violentos de parte de quienes tienen más poder. Son esos aspectos autoritarios de las relaciones los que necesitamos modificar si queremos modalidades cada vez más democráticas de funcionamiento familiar y social. Uno de nuestros objetivos es entonces reflexionar, revisar y construir conjuntamente, en toda su complejidad, concepciones sobre la Familia, que presentan como una aparente unidad simple, como si fuera un fenómeno de la naturaleza y como si las familias no hubieran cambiado a lo largo de la historia o larguen el transcurso de los siglos. En especial, nos interesa pensar en las imágenes ideales de familia que todos tenemos y compararlas con las familias que existen en la realidad. Para empezar, poder hablar de familias y no de “Familia”. Creemos que si podemos pensar en las familias como asociaciones complejas y diversas que construimos socialmente, con ello nos vamos a permitir la libertad de explorar y modificar, cuando sea necesario, los vínculos que se establecen en ellas. Las familias no están separadas de los movimientos de la historia. Vemos que en México y en la mayoría de los países latinoamericanos han pasado gobiernos autoritarios que dejaron su marca en formas de comportamientos y de prácticas sociales autoritarias. En ellas, el poder se ejerce desde una jerarquía fundamentada en esencias, representadas por el hombre blanco, poseedor de bienes y recursos


PRESENTACIÓN

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sociales, simbólicos y políticos. Actualmente, estamos en camino hacia procesos sociales más democráticos, transitamos desde una cultura de imposición a una cultura de reconocimiento de las personas como sujetos de derechos. Esto incrementa cada vez más la posibilidad de plantear argumentos divergentes, buscar en conjunto alternativas que contemplen intereses de los distintos integrantes de un grupo social, así como negociar, participar, etc. Según de qué estados y países se trata, estas nuevas formas de convivencia se materializan en propuestas que están en fases diferentes, las que se expresan en modificaciones del derecho jurídico (especialmente en cuanto al derecho de familia) y en decisiones que se toman en cuanto a políticas públicas.3 Al estar en permanente transición, es probable que encontremos ambas vertientes –autoritaria y democrática– coexistiendo en las instituciones y en las diferentes organizaciones familiares. Por esta razón creemos que es muy importante que promotoras y promotores de programas sociales se entrenen para estar alertas y no reproduzcan con las familias mensajes que refuercen los autoritarismos y las discriminaciones en general, y que más bien convaliden mensajes y acciones que promuevan relaciones equitativas, respeto por la diversidad, la solidaridad, etc. En este camino de entrenamiento decidimos acompañarlos y aportarles nuestras experiencias e inquietudes. Como ya lo hemos expresado, nos proponemos con este programa de trabajo promover y sostener una cultura familiar que contribuya a generar formas cada vez más democráticas de organización social. Además de los hombres adultos, nos interesa que también las mujeres adultas, las y los jóvenes, niñas y niños, ancianas y ancianos participen en la construcción de una nueva forma de ciudadanía y estén cada vez más presentes en las decisiones políticas,4 algo que es posible si también ejercitan sus derechos en la vida familiar. En el primer capítulo de este manual vamos a comenzar por revisar concepciones “naturalizadas” de la familia, incorporando a este análisis los contextos de la historia y de las diversidades culturales. En el segundo capítulo hemos querido transmitirles algunas de las formas en que aparecen los rasgos más autoritarios y también los más democráticos en la organización de las familias, sus valores, recursos y problemas más frecuentes. En el tercer capítulo nos dedicamos al tema de cómo mejorar las comunicaciones para la democratización familiar. Estimamos que las formas democráticas5 de

Grosman, “Derechos”, 1994. Barudy, Maltrato, 1999. 5 Con respeto por cada persona y sus derechos, con inclusión de alternativas, con buen trato, en equidad aun en las diferencias. 3 4


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comunicarse son uno de los pilares en los que se apoya este programa. Si bien este espacio resultará demasiado breve para desplegar toda la gama de posibilidades que brinda este enfoque comunicacional,6 vamos a tratar de enriquecer en pocas páginas las experiencias ampliando las alternativas que surgen de los recursos que aporta este enfoque. Y por último, en el capítulo cuarto decidimos profundizar en una de las formas de las organizaciones familiares: la pareja. Queremos reflexionar acerca de este tema ya que en las diferentes culturas la pareja aparece como piedra fundamental en la constitución de las relaciones familiares. Lo interesante de trabajar sobre este tema, la pareja, ha sido justamente que las diferencias y los acuerdos entre sus miembros ponen de manifiesto la dimensión tan importante que tiene la comunicación entre ellos como un reconocimiento al valor de las pláticas, dadas las consecuencias que generan en las organizaciones familiares. Así, preferimos centrarnos en la pareja después de haber desarrollado ideas y actividades relativas a esas modalidades conversacionales y a los factores que facilitan y obstaculizan la comunicación familiar.

6

Bateson, Teoría, 1976; Maturana, Emociones, 1990; Watslawick, Teorías, 1971.


DIVERSAS FORMAS DE ORGANIZACIÓN FAMILIAR La reflexión sobre este tema tiene como objetivos: • Ayudarnos a registrar la variedad de familias que coexisten. • Ayudarnos a poner en tela de juicio las imágenes que casi automáticamente nos formamos acerca de “la familia” y que empobrecen nuestras miradas sobre nuestras familias y las de los demás. • Reflexionar sobre la supuesta existencia de modelos ideales de familias (¿ideales para quién?), de parejas, de mujeres, de hombres, de niñas y niños, de adolescentes y de jóvenes.

CONCEPTOS GENERALES Aunque la mayoría de nosotras y de nosotros hemos nacido y crecido en el seno de una familia y, tal vez, hemos constituido ya alguna (lo que quiere decir que seguramente tenemos algún “saber” sobre el tema), las familias no son un producto natural. Tampoco son un organismo viviente, si bien la metáfora puede ser interesante. Son entidades construidas socialmente que adoptan configuraciones, organizaciones y objetivos cambiantes a lo largo de la historia humana y que se muestran diferentes en la actualidad, según las distintas culturas. Resultan un dispositivo social muy eficaz para que se desarrollen las criaturas humanas, para que experimentemos intensos afectos y emociones de pertenencia, confirmación, acompañamiento, comodidad, acogimiento, bienestar, estímulo, sentido de la propia existencia, y para aprendizajes de modos de convivencia social y de proyección individual. De manera cotidiana, tendemos a considerar a un único “tipo” de familia como patrón familiar, y a que se nos sugiera la noción de que existe una supuesta familia ideal. Esto tiene varios efectos que nos perjudican en la búsqueda de relaciones más democráticas: comparadas con ese tipo ideal, las familias reales pasan a ser, en su diversidad y multiplicidad, poco menos que familias desviadas, anormales o desintegradas, lo cual genera emociones negativas entre sus miembros (estar en falta, estar fallados, fracasados). 21


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Desde la perspectiva del supuesto “ideal”, es probable que frente a la realidad de cada una de las familias nos pongamos en el lugar de observadores críticos como jueces, en vez de intentar colaborar con ellas. ¿Qué sería colaborar con ellas? Por ejemplo, si las familias piden ayuda para que sus niños participen en programas de cuidado en horarios diferentes a los escolares, es necesario aceptar que si hay problemas para organizar el cuidado de los niños entre los miembros de la familia es porque los problemas son parte de la vida familiar, y no porque los miembros de esa familia sean poco capaces o “malos” padres. Por todas esas razones, necesitamos poner en tela de juicio dichos supuestos ideales y tomar conciencia de la multiplicidad y diversidad de formas de convivencia y de arreglos familiares existentes y posibles, lo que nos permitirá contar con mejores gestiones y negociaciones en planos de mayor equidad.

ACTIVIDAD De las familias “ideales” a las familias “reales” Objetivo

Hacer visible cómo describen la o las familias las afirmaciones que circulan en las diferentes instituciones sociales y qué incidencia tienen en nuestras propias ideas y juicios sobre las concepciones familiares. Una hora quince minutos.

Tiempo Desarrollo 1. Divididos los participantes en cuatro grupos, les pedimos que describan en una cartulina cómo se habla de la familia en: • La escuela • Los medios de comunicación • Los discursos políticos • Los discursos religiosos 2. Cada grupo podrá apelar a las fuentes de información que recuerde en ese momento, por ejemplo: las ilustraciones de la familia en los libros de texto; un programa de radio dirigido al público adolescente; las declaraciones de políticos y políticas en torno a un tema específico de la familia; propagandas en los medios, o bien las clases de catequesis a las que acudían sus hijos o sobrinos. 3. Una vez concluidas las descripciones, se compartirán con el grupo en sesión plenaria. 4. Para reflexionar, y como disparador para el debate, se proponen las preguntas siguientes: • ¿Estas familias (las descritas por los grupos) les parecen parecidas a las que ustedes conocen?


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• ¿O piensan que son más ideales que reales? • ¿Qué está ocurriendo en la actualidad en las familias reales? • ¿Qué deseamos que ocurra para mejorar las condiciones de vida de sus miembros? • ¿Qué ideas acerca de las familias creen que están presentes en esas afirmaciones? 5. Por último, y después del acalorado debate que nos imaginamos que se habrá generado, les pedimos que cada cual recuerde las características de sus familias de origen, las familias de sus compañeras y compañeros de trabajo, cómo viven los vecinos de comunidades próximas y distantes, etc., dejando que aparezcan todas las imágenes de escenas posibles, y que luego reflexionen cuidadosamente sobre las preguntas siguientes: • ¿Qué sucede con quienes estarían “desviados de la norma” de esa familia descrita como ideal? • ¿Cómo hacemos valer nuestros derechos si nos consideramos “en falta” por no responder a los ideales? 6. Los integrantes del grupo pueden, si lo desean, compartir con la compañera o compañero más próximo cómo se sintieron después de esta reflexión. Para finalizar, se invita a las y los integrantes a recuperar en conjunto las reflexiones que hicimos.

DIFERENCIAS HISTÓRICAS ¿Podemos imaginar cómo se originó “la familia”? Muchos científicos (historiadores, antropólogos y sociólogos) estudiaron y estudian documentos que dan idea de cómo surgieron las familias en función de las necesidades humanas.1 Para algunos, los principales factores influyentes en las formas que fueron tomando las organizaciones familiares fueron: • La conciencia de la necesidad de cuidados intensivos a los miembros pequeños de la especie, que de lo contrario no sobrevivían. • La importancia de la sexualidad ligada a la reproducción, y el control de la sexualidad de las mujeres y sus capacidades reproductivas. • Los tabúes para las relaciones incestuosas, es decir, la prohibición de relaciones sexuales entre personas de la misma sangre.

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Schmukler, Democratización, 2009; Chartier, “Comunidad”, 1992.


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Es posible imaginar lo que algunos autores plantean, es decir, que existió un grupo primitivo sin forma –llamado horda–,2 que se transformó en una sociedad en la cual los varones intercambiaban mujeres (como si fueran regalos) entre ellos en pactos de no agresión.3 Según sostienen ciertos autores, las mujeres fueron consideradas entonces objetos de intercambio y no sujetos con sus propios deseos y proyectos. También afirman que se necesitaban formas de control para establecer y mantener ese orden en que los varones eran los únicos sujetos y, entonces, se instituyeron algunos tabúes (incesto, homosexualidad) que se consideraron pilares en la construcción de la familia. Podemos pensar que las convivencias y las organizaciones sociales necesitan en general de un orden que establezca una simplificación a partir de un conjunto de relaciones complejas. Dice un autor, Le Roy Ladurie, que las familias eran en la Edad Media patriarcales; el patriarcado ha sido y es un orden en el que el hombre, lo masculino, se erige como una jerarquía superior, en la línea de un Ser Superior – Rey – Hombre. A su vez, sabemos que ese orden no ha podido instalarse totalmente, sino que ha estado atravesado por múltiples formas alternativas (muchas veces consideradas transgresiones o conductas indeseables), como por ejemplo ciertas formas de poder ejercido por las mujeres en su relación con los hijos, o intercambios de información entre mujeres y entre sirvientes, considerados como “chismes”, que pueden considerarse alternativas al poder patriarcal. La familia patriarcal, emblema de inequidad, se constituyó bajo la conducción de un “amo” para el cual los subordinados (mujer, hijas e hijos, otros parientes, sirvientes y animales) debían producir bienes (objetos y personas) a cambio de seguridad y protección frente a las amenazas externas (mundo público al que sólo el “amo” tiene acceso). Con la modernidad, ocurre el afianzamiento de la producción industrial y la transformación de la familia extensa (parientes como primos, tíos y abuelos, todos conviviendo) en una familia “conyugal”, con un hombre proveedor y una mujer encargada del cuidado de los hijos y de las tareas domésticas. Muchas mujeres sienten que ese lugar social, trabajar en el hogar, es el mejor para ellas a pesar de que a veces se sientan encerradas o asfixiadas. Recordemos que, puesto que en el orden patriarcal las mujeres eran vistas como potencialmente peligrosas, porque podían llegar a poner en entredicho ese orden desigual, era preciso asegurar el control de un hombre sobre su persona, según lo establecían muchas leyes y muchas costumbres que permanecen aún inadvertidas entre nosotras y nosotros. Ejemplo de lo anterior es que en muchos países donde no se usa el apellido materno, se desconoce la línea genealógica 2 3

Lévi-Strauss, Structures, 1968. Gayle, “Traffic”, 1975.


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de las mujeres antepasadas; las familias no se consideran como tales si falta el padre; las mujeres han llegado mucho más tarde a ejercer su derecho a votar por sus representantes y a participar de los niveles más altos de la educación. A continuación se mencionan algunas preguntas útiles para reflexionar: ¿Qué costumbres creen que caracterizan a una sociedad patriarcal? ¿Qué costumbres patriarcales persisten en nuestras sociedades? ¿Qué opinas de dichas costumbres? ¿Qué cambiarías de ellas? ¿Qué deseamos y necesitamos que ocurra para mejorar las condiciones de vida de los miembros de las familias? ¿Queremos un modelo de familia? ¿Cómo están cambiando las familias?

DIVERSAS ORGANIZACIONES FAMILIARES ACTUALES Como hemos visto en el breve recorrido histórico y apelando a nuestros conocimientos de la vida diaria, hay muchos grupos sociales que cumplen funciones familiares, las cuales trascienden la imagen tradicional de una madre, un padre y dos o más hijos. Todos estos diferentes escenarios de “familias” han sido influidos en los últimos tiempos por algunos factores que nos gustaría incluir para reflexionar. En México, la mayor parte de los hogares corresponde a familias con hijos (84.3%). De ellos, sólo la mitad están compuestos por mamá, papá e hijas o hijos, mientras que todos los demás son hogares extensos con una pareja conyugal (14.1%), o monoparentales (9.2%), con un papá o una mamá que viven con sus hijas o hijos. En los hogares extensos es posible encontrar una pareja que vive con una abuela o abuelo, o con sus padres, o madre o padre. Incluso en los hogares nucleares las mezclas en la actualidad son grandes. Podemos encontrar los míos, los tuyos y los nuestros: hijos de una pareja anterior de la mujer, hijos del hombre que habitan sólo algunos días, o hijos del hombre que viven siempre con la nueva pareja, e hijos comunes de la nueva pareja. También consideremos que los hogares dirigidos por mujeres han aumentado en las últimas décadas, o al menos las estadísticas las están reconociendo porque actualmente se pregunta quién es el jefe o la jefa cuando se hacen los censos de población. Les pedimos que se detengan por un instante en cada uno de los puntos que describiremos, revisando en su interior si conocen, saben o les han contado de familias en las que aparezcan algunas de las modificaciones siguientes: • Cambios laborales con crisis de desocupación creciente, que afecta de manera muy especial a los hombres. Históricamente ellos fueron los indiscutidos “jefes del hogar”, con su autoestima muy ligada al papel de proveedor.


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• • • •

Adolescentes y jóvenes más autónomos e independientes. Cada vez más mujeres que trabajan fuera del hogar para ganar dinero. Reconocimiento de voz y voto de las mujeres. Tener relaciones sexuales con parejas ocasionales. Aparición y uso de distintos métodos anticonceptivos. Jóvenes que no se preocupan por llegar vírgenes al matrimonio. • Parejas que deciden no tener hijos. • Parejas que deciden tener hijos sin vivir juntos. • Parejas que acuerdan vivir juntos sin casarse. • Familias monoparentales: mujeres u hombres que crían solas o solos a su descendencia sin tener una compañera o compañero. • Personas que se divorcian o enviudan y deciden convivir en pareja con otra persona en condiciones similares, compartiendo la casa y las hijas o hijos de ambos, si los tienen. (Todavía no se ha definido un nombre para estas nuevas organizaciones; se las llama familias “ensambladas”, “reconstituidas”, “binucleares”, etcétera.) • Parejas que conviven con padres y hermanos de alguno de los cónyuges, que crían a las hijas e hijos asociadamente. Estas organizaciones se conocen como familias “ampliadas”. • En situaciones de fallecimiento de padres y madres (países con regímenes dictatoriales, guerras, pandemias como el sida), muchos hijos han sido criados por abuelas y/o abuelos, vecinas y/o vecinos, lo que produce también arreglos y configuraciones diversas. • Nuevas tecnologías reproductivas como la fertilización asistida, la reproducción “in vitro” o de probeta, etcétera. • Vicisitudes diversas de crianza de hijas e hijos adoptados (adopción legal, donaciones, vientres subrogados, abuelos y vecinos que, por diversas circunstancias, crían hijas o hijos de otras personas, etcétera). • Familias con padres o madres homosexuales. • Personas que viven en “comunas” (en general, gente joven que habita en viviendas cuyos gastos y organización afrontan en común; conventos u órdenes religiosas; bandas de música; instituciones con organización de convivencia, como escuelas, internados, etcétera). En México, según describe Orlandina De Oliveira,4 predominan los arreglos familiares nucleares con jefes varones y uniones legales. Sin embargo, las familias

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Oliveira, “Familias”, 1998.


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extensas, las dirigidas por mujeres, y las que se forman mediante uniones consensuales, representan proporciones nada despreciables que varían según las regiones, áreas rurales y urbanas, y sectores sociales. En los años noventa, en contraste con las décadas anteriores, encontramos que las familias mexicanas son de menor tamaño, las parejas se unen a edades más tardías, la diferencia de edad entre los cónyuges ha disminuido y las pautas nupciales se han vuelto más complejas. Recordemos que, además de las nuevas organizaciones aquí detalladas, si pensamos en las distintas razas, etnias, clases sociales y religiones que conocemos, incluiríamos configuraciones familiares aún más complejas y variadas. ¡Enriquezcámonos de y en la diversidad! Además, las familias se enfrentan a nuevos desafíos con los que lidiar, como la difusión del uso de drogas y alcohol, o los temas como la pobreza y la criminalización de la misma, es decir, familias que dependen para su supervivencia del trabajo legal o delictivo de sus hijas e hijos niños y adolescentes. Un fenómeno particular y creciente es la idealización cultural –sobre todo en medios urbanos– de la etapa adolescente, corriente en la que quedan atrapados incluso los adultos que los imitan y no pueden entonces asumir funciones de puesta de límites, de educación, etc. A esto se suma el papel de los medios de comunicación, en especial de la televisión, que se ha colocado en un lugar familiar central y cuyos personajes forman parte de pláticas familiares. Si bien introduce muchos temas y aporta información que actualiza a quienes permanecen más tiempo dentro de sus casas, también limita la cantidad y calidad de intercambios entre los miembros de las familias. ¿Estará sustituyendo los vínculos entre las personas? Todos estos diferentes impactos (masivo consumo de drogas y alcohol, criminalización de la pobreza, idealización de la etapa adolescente, invasión de los hogares por la televisión) influyen en la vida cotidiana. Es necesario tenerlos presentes, no para imaginar que se destruyen las familias o que la vida de estas termina, sino para aceptar que las familias cambian y que, al mismo tiempo, pueden seguir siendo una red social de sostén y apoyo afectivo y material.

ACTIVIDAD Reconociendo los escenarios familiares actuales Objetivo

Reconocer el impacto que nos ocasionan los escenarios actuales y las formas en que los abordamos.


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Desarrollo 1. La persona que coordina solicita que cada cual, con su compañera o compañero de al lado, comente qué impresión le causó leer el punteo de los nuevos escenarios actuales. 2. Luego les pide que platiquen acerca de la aceptación social e individual de estas diversidades. A continuación se proporcionan algunas preguntas guía para facilitar la reflexión: • ¿Cuánto hay de discriminación, estigmas, marginación, terrorismo familiar (amenazas de destrucción, confusión, enfermedad) si los modelos familiares no se ajustan a los tradicionales? • ¿Por qué creen que sucede esto? 3. Ya en plenaria, se abre el debate acerca de cuánto hay de discriminación, estigmas, amenazas, etc., dentro de las instituciones sociales que trabajan con familias. 4. Por último, se pide que cada cual se pregunte qué le gustaría que se modificara en la institución donde trabaja. La indicación es que no sean humildes, no es momento de serlo, sino que imaginen con todas sus fuerzas qué desearían modificar. A modo de impacto visual, la persona que facilita describe la escena siguiente: El hombre está mirando el programa de noticias; la mujer, viendo la telenovela, cada uno con un televisor distinto... muy contentos. Se ve la puerta del baño abierta y, en él, un bebé que pone y saca un juguete del inodoro. Un globito encima de ambos adultos dice “¡qué bien la pasamos juntos!” Preguntas para reflexionar • ¿Qué les sugiere esta escena? • ¿Cuál es el papel que juega el televisor en la realidad de sus familias?

LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE PAPELES Y FUNCIONES EN LA COTIDIANIDAD FAMILIAR Nos interesa reflexionar en conjunto y tomar conciencia acerca de la importancia de la distribución de tareas entre los miembros de las familias, en especial para poder alentar a compartir y colaborar en las numerosas tareas y funciones necesarias para el bienestar de todas y todos. Somos conscientes de la limitación para las mujeres-madres de su posibilidad de participación comunitaria, si están muy absorbidas por las tareas domésticas.


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En la actualidad, la distribución de las tareas domésticas y de crianza ha debido renegociarse a partir de los cambios laborales, entre otros factores. Es frecuente que las mujeres trabajen en horarios más flexibles que los hombres y que tengan sus propios pequeños negocios donde venden comida que cocinan o ropa que cosen, o bien que trabajen en la maquila. Todos estos trabajos no cuentan con seguridad social y tienen escasos o nulos derechos laborales. Por otro lado, a los hombres les ha sido muy difícil aceptar “reciclarse” en otros trabajos que se consideran femeninos (su autoestima y su identidad se imbrican con el desempeño laboral). También es difícil para ellos acomodarse a cumplir funciones en el hogar, para las que serían en verdad muy importantes y necesarios, especialmente cuando la mujer tiene que salir a trabajar. Estas situaciones nuevas en las familias requieren de apoyo, preparación y comprensión para que todos entiendan que un hombre no es menos hombre si cocina, plancha o lava los trastes; ni es menos hombre si no consigue traer a su casa un salario; que los bebés y niños necesitan ser aseados y alimentados y que estas son tareas que pueden realizar personas responsables, sin importar su sexo; que una mujer no pierde su lugar en su familia porque se ausente algunas horas de su casa, a la que sostiene con su trabajo cuando es ella quien consigue un salario. Se trata de una ética del cuidado que incluye tanto a mujeres como a hombres. Sugerimos pensar en conjunto respuestas a las siguientes preguntas: ¿Qué valor tiene el trabajo fuera del hogar para los hombres? ¿Qué valor tiene el trabajo fuera del hogar para las mujeres? ¿Cuáles son las razones de unos y otras? ¿Qué significados le asignan a esa variedad de razones? ¿Hay posibilidades de hacer arreglos satisfactorios para todos?

ACTIVIDAD “También es cosa de hombres” Objetivo

Material Tiempo

Tomar conciencia de que las tareas domésticas, necesarias para el bienestar familiar, no tienen por qué ser desempeñadas por mujeres, que también son cosas de hombres y de hijas e hijos, aunque aún tenemos algunos prejuicios en relación con esto. Dibujos, actores dramatizando. De 40 minutos a una hora.


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Desarrollo 1. Los participantes se van pasando tarjetas con una historieta en tres cuadritos, para que todos las vean. La historieta es la siguiente: • Un señor lleva a sus hijos a la escuela (un amigo lo mira). • El mismo señor vuelve con bolsas del mandado (otro amigo lo mira). • Los amigos comentan: “Pepe nos tiene preocupados. Desde que su mujer es cajera en la tienda él se está volviendo un mandilón”. 2. Se pide a algunos participantes que asuman los personajes del tercer dibujo y que representen la escena. 3. Divididos en pequeños grupos, se solicita que cada grupo examine y retrabaje lo ejercitado a través de estas preguntas guía: • ¿Qué diría Pepe si conociera estos comentarios? • ¿Cómo platicaría de esto con su mujer? • ¿Qué desearía él que dijeran los amigos? • ¿De quién/es podría esperar apoyo? 4. Se comparten en plenaria los trabajos de los grupos.

ACTIVIDAD “Cuentos mágicos al revés” Objetivo

Revisar y flexibilizar nuestros propios códigos y los códigos culturales estereotipados con los que interpretamos situaciones y funciones familiares. De 40 a 50 minutos.

Tiempo Desarrollo 1. Se les solicita a los participantes que se dividan en dos grupos (o más, según la cantidad) y que piensen en los cuentos tradicionales como Cenicienta, La Bella Durmiente del Bosque, Barba Azul, etc. Una vez que los recordaron, se les pide que los escriban “al revés”, pensando por ejemplo que Cenicienta es Ceniciento. Cada equipo tendrá que presentar en plenaria una síntesis del argumento del cuento elegido. 2. Luego se les pedirá que opinen en función de las siguientes preguntas: • ¿Cómo habrían sido nuestras vidas si a lo largo de nuestras infancias también nos hubieran contado estos cuentos al revés? • ¿Cuáles creen que hubieran podido ser sus aportaciones? 3. La o el coordinador de la actividad trabajará sobre la base de los estereotipos que los miembros de los grupos hayan decidido cambiar en los cuentos “al revés”, y sobre las iluminaciones que estos cambios podrían haber generado o que incluso hoy pueden generar.


SISTEMAS DE PODER Y AUTORIDAD FAMILIAR Queremos acompañarlos y que nos acompañen en el camino de aprender en conjunto cómo se logran maneras más democráticas de funcionar en familia, y cómo se construyen relaciones cada vez más respetuosas y justas entre personas de la misma y de diferente generación y género. Creemos que estos caminos aseguran el cumplimiento de metas cada vez más próximas a establecer relaciones de equidad y a prevenir conductas de abuso entre las personas. Tanto en la familia como en otras instituciones sería deseable que en la infancia aprendiéramos a fortalecer nuestra autoestima, a no discriminar ni descalificar, a conocer y reconocer los derechos que tiene cada persona, a respetar los sentimientos y el cuerpo propio y ajeno, a facilitar la comunicación constructiva y la expresión de emociones sin dañar, a resolver conflictos en forma no violenta, etc. Todos son aprendizajes útiles para prevenir la violencia y otros abusos, y así vivir mejor. Mujeres y varones podrán aprender a manejar y administrar una casa, a criar y a atender niños, a resolver situaciones en conjunto, además de desarrollar un oficio o una profesión. En estos aprendizajes estarían incluidos aceptar los conflictos y los errores, reconocer que puede haber problemas más o menos graves en las familias y en las propias conductas, así como encontrar formas de pedir ayuda y de cambiar aquello que causa perjuicios.

SISTEMAS DE PODER Y AUTORIDAD FAMILIAR EN LA ORGANIZACIÓN DE LA VIDA DOMÉSTICA Todas y todos necesitamos crecer y aprender a convivir en redes sociales de apoyo y contención. Las familias son redes de este tipo, organizadas en unidades de convivencia que producen cultura y bienes, desarrollan personas y modalidades de relación. La convivencia demanda una organización de la vida de todos los días, sostenida mediante diversas tareas. Las personas que participan en la convivencia definen en su organización qué corresponde hacer a cada cual, cuándo y cómo, 31


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en interrelación con su contexto sociocultural. Las modalidades de participación y de interrelación con que se toman estas decisiones dan cuenta del sistema de autoridad vigente en cada familia. En general, las decisiones pueden ser tomadas: • En conjunto, considerados todos los miembros de la familia con derecho a opinar. Estas serían familias más flexibles en las que se debaten y distribuyen equitativamente las diferentes funciones que se necesitan cumplir. • Definidas desde una sola persona que detenta una autoridad considerada “natural”, decisiones que corren el riesgo de volverse rígidas y de limitar las alternativas posibles. Hemos llamado familias con tendencias más democráticas a las familias en las que predomina la primera modalidad de toma de decisiones, y familias con tendencia más autoritaria a aquellas en que predomina la segunda. Si bien las democracias constituyen sistemas imperfectos, contradictorios, frágiles, vulnerables y con conflictos, vemos también que quienes crecen y pertenecen a redes sociales de convivencia, que se organizan según principios democráticos, desarrollan rasgos de autonomía solidarios que respetan las diferencias y favorecen el reconocimiento del valor de sí mismos y de las otras personas.

FAMILIAS CON RASGOS MÁS AUTORITARIOS Los objetivos del desarrollo de este tema son los siguientes: • Ayudarnos a identificar y cuestionar los principios que favorecen sistemas de organización autoritarios en las familias. • Revisar nuestros propios “automatismos” autoritarios, con los que podemos, inadvertidamente, reforzar estos rasgos en las familias con las que trabajamos o vivimos. • Ayudarnos a alentar y desarrollar los valores y recursos que favorecen las tendencias más democráticas mediante el examen de la organización de nuestras propias familias, la organización de las instituciones de las que formamos parte, y de esta manera evaluar la consistencia con que mantenemos en nuestras conductas y los valores democráticos en cada negociación. Compartir una misma representación de la propia familia estimula un sentido de pertenencia a una colectividad y a una cultura. Si por desgracia la adhesión a esa cultura es impuesta autoritariamente, existirá un riesgo importante de trastornos en la percepción acerca de uno mismo y de los demás. Cuando las relaciones sociales y familiares son abusivas, bloquean la creatividad individual, anulan la capacidad reflexiva e impiden el encuentro y el diálogo con otras personas.


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Encontraremos estas mismas relaciones, con sus dramáticas consecuencias, en las sociedades totalitarias, en los grupos políticos extremistas, en las sectas y en los movimientos religiosos fundamentalistas e integristas. En todas estas relaciones sociales autoritarias, las personas son “convencidas” u obligadas a aceptar las creencias defendidas por las castas dirigentes o los grupos dominantes, como si fueran “verdades absolutas”. Todas las familias son distintas entre sí y todas pueden tener rasgos más autoritarios o más democráticos. Los temas que vamos a plantear pueden ayudarnos a NO reforzar, sin advertirlo, aquellas características que podemos identificar como tendencias más autoritarias. Por lo usual, encontramos en ellas las relaciones siguientes instaladas de forma rígida: • Se ordenan según jerarquías fijas que sus miembros consideran “naturales” e invariables. • Manda alguien por ser mayor en edad o por ser el varón frente a las mujeres. • Las personas no son consideradas iguales aunque se respeten diferencias por sexo o edad. • Quien manda (autoridad unipersonal única) impone sus decisiones a las y los demás, quienes deben someterse a ellas sin que se tomen en cuenta los deseos e intereses de los otros. • Las decisiones tomadas se mantienen sin flexibilizarse, aunque a veces produzcan perjuicios. Estas modalidades autoritarias se refuerzan en el aislamiento. En cambio, cuando sus miembros participan en otros grupos sociales, reciben estímulos que les facilitan y promueven conductas vinculadas a intereses propios que resisten a los mandatos autoritarios (estudiar, buscar trabajo, aprender oficios que brinden mayor autonomía, favorecer vínculos y amistades con conductas y familias diferentes a la propia, explorar otras conductas alternativas, etc.). Pero, lamentablemente, cuando esos rasgos autoritarios predominan, quien manda (por lo general el padre) siente amenaza cuando la gente no acepta sus mandatos o manifiesta intereses o deseos diferentes. Quien manda cree entonces que tiene derecho a ejercer violencia sobre quienes se resisten, violencia que justifica porque considera que su acción es “disciplinadora”. Estas configuraciones familiares autoritarias se apoyan en valores o principios organizativos que les dan sostén. Entre los valores que predominan, encontramos los siguientes: • Suponen que quienes son varones son superiores a las mujeres; los adultos, superiores a niñas y niños, y ancianas y ancianos. • Imponen obediencia sin reflexión. • Reverencian a las personas por su mayor jerarquía, sin examinar si sus conductas son dignas de respeto o no.


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• Creen y valorizan las certezas y las verdades totales, únicas e ideales. • Identifican lo nuevo o desconocido como peligroso, amenazante y desestabilizante. • Buscan la excelencia en el rendimiento, aquello que les permita colocarse por encima de las demás personas (valores relacionados con competir y ganar, y no con compartir y colaborar). Características de estas familias: • Posibilidad de gran cohesión frente a las dificultades. En general se oponen a que los problemas sean discutidos o resueltos fuera del ámbito de su casa. • Consideran válidas algunas propuestas como: el mito de que siempre alguien debe ser el jefe y eso es lo mejor; mitos acerca de que los varones deben estar al mando porque las mujeres son demasiado sensibles o débiles. Se valora mucho la fuerza. • Con frecuencia, quien ejerce el liderazgo es capaz de asumir responsabilidades que cree que le corresponden y que no es necesario distribuir entre los demás, con lo que recarga su desempeño, lo cual supone a veces cierta comodidad para los otros pero les trae el perjuicio de que así no se entrenan para crecer y ser personas responsables y autónomas. • Los líderes operan con alto grado de certeza, lo que brinda gran sensación de seguridad y mayor sensación de fortaleza pero fomenta la delegación de las potencias de todos sólo en los líderes. • Sus miembros casi no experimentan contradicciones ni necesitan emplear tiempo en debates, lo que les significa una economía de tiempo en la toma de decisiones pero una reducción de las variaciones y alternativas posibles. Necesitamos pensar cómo y en qué medida podemos estar transmitiendo valores ligados a rasgos autoritarios en nuestras familias. Comentario para reflexionar en conjunto: Una señora se enoja con su hijo de diez años porque él trajo de la escuela una calificación en matemáticas que no es la máxima. Le arranca entonces la hoja de su manual y lo obliga a repetir todo el trabajo. Reflexionemos en conjunto acerca de este relato. Entendemos que esta madre quiere lo mejor para su hijo, y podría sugerirle estudiar y trabajar más para tener mejores calificaciones. De la manera en que lo hace, ella está convirtiendo una desigualdad de experiencia, fuerza y autoridad en una razón para someterlo. También está transmitiéndole valores de la cultura autoritaria (lo bueno es ser el


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mejor, lo bueno es competir y ganar, lo bueno es hacer cosas forzadas y no medir sus consecuencias ni los sentimientos en juego, con tal de ganar; experimentar placer no es bueno, es bueno sólo lo mejor, lo ideal, etcétera). Tenemos que pensar que, si bien las familias tratan de inculcar a sus hijos valores de superación, también es preciso entender que tales acciones deben enmarcarse en gestos solidarios para que no se presten a reforzar abusos entre quienes son diferentes. Tratar de superarse y ser mejor no significa apoyar supuestos acerca de que es mejor ser blanco que moreno, alto que bajo, varón que mujer, demostrar más fuerza o más poder, y que los supuestamente “mejores” dominen a los otros. Algunas observaciones nos permiten pensar que hay “climas emocionales” propios de las familias en las que se producen y reproducen patrones autoritarios. Dichos climas serían los siguientes: • Tensión permanente. • Malhumor. • Conductas rígidas que no contemplan diferencias de edades e intereses. • Sensaciones que se guardan en secreto. • Falta de confianza de unos a otros. • Sensaciones de malestar y de miedo. • Una violencia inminente en la forma de gritos y amenazas, miradas furiosas y gestos que imponen silencio o transmiten menosprecio. • Muchas veces hay alguien que trata de disminuir o disimular las dificultades y tensiones para evitar discusiones, o alguien que parece estar ausente y poco comprometido con lo que viven los demás. • Las críticas y los castigos son más frecuentes y visibles que las aprobaciones. • Se guardan rencores interminables. • Las personas se ofenden fácilmente, aun por bromas cariñosas. • Se sienten en disyuntivas extremas: se pertenece o no a la familia, se es o no leal, se quiere o no se quiere. Pensamos que muchas personas se han acostumbrado a vivir así porque no conocen otra forma o no saben cómo intentarlo. Todas y todos hemos aprendido muchos patrones de los modelos autoritarios y no nos damos cuenta de que los producimos y reproducimos automáticamente. (Por ejemplo: enjuiciamos a las otras personas, nos sentimos muy mal si no somos las y los mejores y no ganamos las competencias, privilegiamos las críticas a las miradas apreciativas, estamos pendientes de las opiniones y miradas de los otros más que de las nuestras, etcétera.)


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FAMILIAS CON RASGOS MÁS DEMOCRÁTICOS Recordemos que no hay familias sin dificultades de algún tipo. Las familias ideales están sólo en nuestra imaginación y no en la realidad. Consideramos familias con rasgos más democráticos a aquellas en las que la autoridad se ejerce de una manera flexible, procurando tomar decisiones que contemplen los intereses y las necesidades de todos, con la condición de llegar a acuerdos convenidos en conjunto o de negociar cuando no hay acuerdos. Características de estas familias: • Frente a situaciones difíciles, sus miembros se muestran dispuestos a afrontar los problemas y se comunican entre sí para solucionarlos. • Cuando se sienten molestos pueden expresar sus enojos sin dañar ni dañarse y, por lo tanto, son capaces de continuar las relaciones sin provocar rupturas afectivas definitivas. • Pueden demostrarse afecto fácilmente. • Pueden tolerarse errores y contradicciones, tanto en las acciones como en las decisiones. En cuanto a los “climas emocionales”: • Se divierten. • Les importa disfrutar y compartir momentos de placer. • Se cruzan bromas inofensivas. • Se informan novedades. • Se escuchan con interés. • Se disculpan si se producen malestares. En estas familias, todos sus miembros son conscientes de que deben aportar sus recursos a la convivencia, la crianza, la evolución afectiva, intelectual y espiritual, etcétera. • Quienes integran la familia se saben y se sienten aceptadas y aceptados. • Los rencores y las ofensas no son frecuentes ni duran mucho tiempo. • Tienen algunos proyectos en común pero nadie está obligado a participar en lo que no le interesa, ni debe postergar y dejar siempre de lado sus deseos por complacer a los demás. • Los mayores no imponen las cosas por la fuerza, sino que explican las razones para cada propuesta. • Nadie se considera “jefe” de nadie. • No ocultan lo que puede estar sucediendo en la familia (dificultades económicas, pérdida del trabajo, enfermedades, adicciones, etc.) ni mantienen en secreto aspectos de sus vidas; conversan sobre estos temas. • Consideran una prioridad aquello que le sucede a la otra o al otro, y que todas y todos estén bien.


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VALORES QUE DAN SOSTÉN A LAS FAMILIAS Las familias con rasgos democráticos reconocen el valor del estímulo positivo, de la unión, la cooperación, la equidad de género y de generación, la disposición a las pláticas, la responsabilidad compartida, la flexibilidad, el respeto por los derechos de todos, el apoyo, el buen humor, el buen trato, los contactos sociales con la gente que no es de la familia, la solidaridad, la paciencia, las diferencias, la tolerancia a los errores –de los que se aprende– y a los conflictos, que se sabe inevitables y que se busca solucionar. Recursos con los que cuentan las familias: • Sus mienbros establecen reglas que permiten a cada uno desarrollar su individualidad sin perjudicar al conjunto y que pueden cambiarse según acuerdos. • Saben que, aunque no actúen según lo esperado, no por ello van a perder el afecto de los demás. • Tratan de que cada circunstancia sea un momento de aprendizaje. • Cuidan la estima de sí mismos y de los otros. • Son capaces de tomar decisiones en forma conjunta, atendiendo a los intereses y las opiniones de cada uno, buscando compartir equitativamente responsabilidades según sus experiencias y capacidades. • Buscan resolver los problemas y no “tener la razón” o castigar al equivocado. • Reconocen los problemas, los enfrentan con creatividad y no desperdician energías en quejas, acusaciones, peleas o reclamos inútiles. • Aceptan las diferencias y las debaten con interés. • Tienen paciencia para adaptarse a los distintos tiempos de cada uno, y al crecimiento y evolución de todos. • Nadie se aprovecha de los puntos débiles de otra u otro. • Reconocen sus propias capacidades y también sus limitaciones. • Cada una y cada uno se respeta a sí misma y a sí mismo; respetan a las otras personas y se hacen respetar. • Negocian y buscan soluciones creativas, y no violentas, a los conflictos. • No se involucran en fanatismos ni en prejuicios extremos. • Se interesan por lo que pasa en su comunidad y en el mundo. • Esperan y se comportan con serenidad, sin dejarse llevar por provocaciones. • No ocultan, sino que expresan y comparten sus problemas. • Pueden reflexionar sin ceder a impulsos. Todas estas formas de relacionarse son maravillas ideales que no siempre podemos tener en cuenta y poner en práctica en la vida de todos los días. Las estamos planteando para que pensemos, sintamos y reflexionemos en conjunto sobre ellas y, sobre todo, para saber que existen estas posibilidades de relacionarse, que no todo es ganar o perder, que se puede ganar y ganar, y que perder no es trágico.


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Con la idea de comprender mejor estas maneras de relacionarse y de organizarse, les comentamos acerca de dos actividades posibles, la primera, más centrada en las familias, y la otra, en las relaciones familias/instituciones.

ACTIVIDAD De la familia más “desastrosa” a la familia más “virtuosa” Objetivo

Reconocer cuáles son los mensajes propios de las familias más autoritarias, cuáles los de las más democráticas y cuáles podrían ser las herramientas de cambio posibles. Una hora.

Tiempo Desarrollo 1. Se pide al grupo que se divida en dos subgrupos. El subgrupo A tendrá la consigna de armar una familia con rasgos más autoritarios y el B construirá una familia con rasgos más democráticos. 2. Se les da la tarea siguiente: Deben afrontar la situación de que las hijas de quince años de ambas familias no han acudido a la escuela y que han regresado a casa por la noche, varias horas después del horario escolar. 3. Se les pide que imaginen y dramaticen escenas de las pláticas que tendrán lugar en el seno de la familia A (más autoritaria) y en la familia B (más democrática). Pueden imaginar escenas antes de que las adolescentes aparezcan, cuando ellas ya han llegado, con ellas presentes o no. 4. En momentos críticos de las pláticas, se les piden monólogos a quienes estén representando a los miembros de la familia. 5. Por último, se discuten en plenaria ideas acerca de cómo ayudar a crear condiciones más democráticas. En la medida en que somos las personas quienes les damos forma a las organizaciones, podemos afirmar que las instituciones pueden también sostenerse según tendencias más democráticas o más autoritarias. Pensemos en la lista de rasgos distintivos y nuevamente en los valores y recursos, y comparemos esas listas con nuestras condiciones institucionales. Preguntas para reflexionar • ¿Se pueden identificar analogías entre las familias y otras instituciones? • ¿Cómo sugerirías organizar la institución donde trabajas para hacerla más democrática? • ¿Quiénes sería conveniente que participaran en la “reformulación institucional”? • ¿Por qué?


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ACTIVIDAD “Familias virtuosas y familias desastrosas” o “ni muy muy, ni tan tan” Objetivo

Poner en cuestionamiento la idea de que las modalidades de organización pueden ser puras o absolutas. Ayudar a pensar acerca de cómo volverlas cada vez más democráticas. Cartulinas, plumones. De 30 a 40 minutos.

Material Tiempo Desarrollo 1. La persona que coordina le solicita a las y los participantes que se dividan en tres grupos: • El grupo A estará compuesto por un “equipo de docentes de una escuela” que describirán en una cartulina cómo conciben los rasgos de familias tanto virtuosas como desastrosas. • El grupo B se pondrá en la piel de los integrantes de un “equipo técnico de una Asociación Comunitaria que desarrolla programas de apoyo a familias de una escuela”. Podrán elegir la modalidad de trabajo que deseen e incorporar las voces de los agentes, profesionales o no, que ellos consideren propicios. Desde esa posición, describirán también cómo conciben a las familias con mejores y peores características. • El grupo C estará compuesto por un “Equipo de observadores” que en los primeros quince minutos no hará otra cosa que observar el desarrollo de la primera parte de la actividad: cómo conversan los integrantes de los grupos, si se ponen de acuerdo o no con los puntos descritos, etc. Durante los otros quince minutos darán forma a una escena que se desarrollará en una escuela y cuyo principal personaje es una niña “que trae muchos problemas” en el aula. Tiempo total: 30 minutos. 2. Luego, los subgrupos compartirán con el resto de los participantes las descripciones que hayan realizado sobre las “familias democráticas o virtuosas” y las “familias autoritarias o desastrosas”. 3. Una vez enumeradas, las y los coordinadores promoverán en plenaria comentarios acerca de estas categorías. Tiempo: 30 minutos. 4. A continuación, quienes estuvieron como observadores plantearán la situación problemática y solicitarán a otros compañeros que la dramaticen. Tendrán que considerar que la escena se lleva a cabo en la escuela donde trabajan los “docentes” que formaron parte del grupo A. Preguntas para tener en cuenta en el momento de coordinar la actividad: • ¿Cómo actuarían docentes y familiares para resolver ese conflicto? • ¿Qué cosas se dirían?


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• ¿Cuáles serían las concepciones de familias y de funciones que predominan en cada uno de los personajes de la escena? • ¿Piensan que una ayuda apelando a las redes comunitarias podría ser benéfica? ¿Se les ocurrió recurrir a los miembros del equipo técnico de la ONG representada por el grupo B? Etcétera. Es probable que el grupo de observadores reconozca cómo se juegan los “opuestos” entre las características de las familias “virtuosas” y las familias “desastrosas”. Como a esta altura sabemos que todos tenemos “virtudes y defectos”, el grupo tratará de cuestionar las afirmaciones tajantes con comentarios como: • ¿Siempre es un problema esta niña? • ¿Hay lugares o personas con las que se comporta de manera diferente? • ¿Cómo consideramos esa información? ¿Cómo podrían platicar los docentes, los familiares y los equipos técnicos para reconocerse todos como seres humanos, con “cosas buenas y otras no tanto”, y coordinar acciones de colaboración y apoyo que ayuden a la niña? 5. Para finalizar, ya en plenaria, se tratará de recuperar entre todos las imágenes “automáticas” que se han deslizado en las descripciones de las familias: los estereotipos de género (si es que los hubiera), las relaciones con posiciones de mayor poder de unos y otros, para entender que no hay ideales “democráticos” o “autoritarios” puros, sino que más bien ambos rasgos coexisten, todos los tenemos, es deseable que los primeros predominen sobre los segundos, y es muy importante cómo y de qué manera nos comunicamos.


COMUNICACIÓN FAMILIAR: ENTRENAMIENTOS EN PLÁTICAS PARA LA DEMOCRATIZACIÓN DE LAS FAMILIAS CONSIDERACIONES GENERALES ACERCA DE LA COMUNICACIÓN El objetivo de este capítulo es ayudar a las y los promotores de programas sociales a promover en las familias formas de comunicación que incluyan las diferencias que existen entre hombres y mujeres, distintas generaciones, experiencias, historias y culturas, para aprender a respetarlas sin juzgar negativamente lo diferente. Estas nuevas formas de comunicación nos permitirán acuerdos y prácticas para el bienestar de cada persona y del conjunto familiar. Consideramos que lograr realizar pláticas que sostengan experiencias de equidad en las familias es uno de los pilares de este programa de democratización familiar. Para este apartado en particular vamos a tener en cuenta la importancia del lenguaje en las conversaciones familiares, no sólo como transmisor sino como productor de ideas, emociones y estímulos para la acción. Esto nos lleva a preocuparnos por crear y recrear formas adecuadas para comunicarnos y que nos permitan manifestar lo que sentimos y pensamos mientras, a la vez, nos disponemos a escuchar y considerar la opinión de las otras personas. Así, vamos a plantear algunas sugerencias y ejercicios para estimular la comunicación y también para registrar los obstáculos que bloqueen o impidan la disposición a dialogar. Necesitamos ser conscientes de que las diferentes maneras de conversar generan distintos efectos; asimismo, debemos hacernos cargo de que a veces producimos efectos que no deseamos; que necesitamos adquirir habilidades para producir efectos que sí deseamos y para promover cambios positivos en las relaciones. Es muy importante que registremos las formas del lenguaje que reproducen y refuerzan desigualdades y que generan emociones negativas, competitivas, tendientes a la polémica y al ataque a la otra persona. Sin darnos cuenta, a veces confirmamos y reproducimos manifestaciones de desigualdades, algunas basadas en diferencias de género, otras en diferencias de edad o de generaciones. Es común en la vida social emplear algunas formas de nombrar a las personas descalificándo41


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las con determinados apelativos (pelado, gordo, panzón), algunos chistes, ciertas propagandas que, aunque no sea la intención de quienes así actúan, favorecen la discriminación. Cuando usamos estas expresiones lo hacemos en forma automática y no somos conscientes de nuestra involuntaria contribución a mantener modalidades que impiden la gestión de relaciones más equitativas.

LA COMUNICACIÓN EN LAS FAMILIAS Dada la complejidad y riqueza de la comunicación familiar, incorporamos este apartado con la finalidad de que desarrollemos una alerta “automática” frente a ciertos fenómenos que interrumpen el fluir de la comunicación, lo que los comunicólogos llaman “incongruencias”.1 Podremos estar entonces atentas y atentos si surge entre nosotros un malestar cuando entablamos una conversación: esta incomodidad nos está avisando que circulan incongruencias. Si así sucede, sabremos que conviene detener el juego comunicacional, y necesitamos saber cómo hacerlo y cómo reorientar las pláticas hacia nuevos rumbos. Esto será útil para nuestro trabajo y también para nuestras vidas. Este interés en analizar la comunicación en general y la comunicación familiar en particular está en la base de todo este manual, ya que dicho conocimiento puede contribuir a hacer más democrática la organización de las relaciones familiares, sabiendo que esta se sostiene en el lenguaje desarrollado en cada familia. En los últimos diez años han proliferado los estudios sobre la comunicación y se han ido profundizando y vuelto más complejos. Esos aportes, muy útiles, serían demasiado extensos para incluirlos aquí. Para los fines prácticos de nuestro objetivo de mejorar la comunicación familiar, vamos a acudir a imágenes metafóricas2 que nos ayuden. Podemos imaginar la comunicación entre las personas como un fluir de mensajes –palabras y gestos– que expresan afirmaciones, negaciones, pedidos, invitaciones, búsquedas, órdenes, confirmaciones y también no confirmaciones recíprocas, etc. Este fluir dinámico tiene idas y vueltas que no sólo reflejan sino que construyen nuestras realidades. Recordemos también que toda comunicación está ligada a contextos sociales, culturales e históricos, y que propone distintos niveles tanto relacionales como de información a través de sus formas y sus contenidos.

Bandler y Grinder en The Structure of Magic, 1976, llaman “incongruencias” a la presencia en la plática de actos de lenguaje que se contradicen o anulan unos con otros, sin que este efecto quede explícito. 2 Metáfora: imagen alegórica de algo que se quiere expresar, que los otros pueden entender por analogía y que resulta un terreno común para que los interlocutores se entiendan.

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Si continuamos con esta metáfora del fluir, podemos pensar además que hay elementos que facilitan ese fluir de las conversaciones, así como elementos que las obstaculizan y cierran entonces la posibilidad de llegar a establecer una comunicación. Para que podamos reconocer los factores que facilitan y los que obstaculizan las conversaciones, proponemos tomar en cuenta escenas y pláticas que se producen especialmente en la vida cotidiana, así como reproducirlas con el fin de revisarlas. Este ejercicio enriquece nuestra percepción sobre todos aquellos “actos de lenguaje” que se generan en la interacción comunicativa y que incluyen no sólo las palabras (discursos), sino también los gestos, tonos, ritmos, pausas y silencios. Laswel3 propone un esquema útil que aportan los estudios de la comunicación en el que analiza “quién dice qué”, mediante cuáles canales, cómo, a quién y con qué efecto. En ese esquema el “quién” es impersonal, pero para nuestro trabajo de democratización familiar resulta muy importante saber quién es la persona concreta y singular que habla, cuál es su sexo, su historia, su ideología, su cultura, sus valores, el país donde vive, su etnia, su estatus y su edad. Especialmente consideraremos aquí las diferencias de sexo y edad porque son las más críticas en las familias. Estas diferencias son también importantes porque sabemos que en los problemas de violencia familiar que buscamos prevenir hay grandes diferencias de acciones y de consecuencias entre varones y mujeres, y entre adultos y niños. No siempre se tienen en cuenta las diferencias de necesidades y objetivos, y a veces creemos, sin preguntarlo, que todos están de acuerdo. Alguien que habla en nombre de todos puede no darse cuenta de esas diferencias, no verlas, y entonces no considerarlas en lo absoluto. Alguien que se adelanta a los deseos de otra persona genera un maltrato aun sin quererlo, en tanto que no escucha y/o no deja expresar al otro u otra sus propias necesidades. Analizar las interacciones familiares desde este punto de vista ayuda a construir nuevas formas de conversar y una mayor conciencia del respeto por esas diferencias. Veamos algunos ejemplos de frases en las que quedan enmascaradas las diferencias de generación y género pues el sujeto de la frase es colectivo (familia) y no se diferencian los deseos de cada cual: • El deseo de la familia es que la mamá permanezca en casa cuidando a los niños. • La familia espera que el papá vuelva de su trabajo en el exterior. Apuntamos entonces a poder distinguir elementos de las formas de platicar que producen efectos poderosos sobre las emociones y las acciones. Nos proponemos identificar, cada vez más claramente, esos elementos que circulan en el lenguaje común.

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Laswel, Language, 1949.


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Así, entonces, nos preguntamos si sería posible delinear formas, patrones de comunicación, que pudiéramos identificar como “productores de efectos positivos y de efectos negativos”, no para perfeccionar técnicas de manipulación sino para reconocer fenómenos que son parte habitual del “lenguaje cotidiano”. ¿Cuáles serían las características de esas formas? Veamos algunas formas de interacción autoritaria muy visibles, provocaciones que molestan y que, por lo tanto, generan reacciones negativas en las pláticas: amenazas, premios y castigos instituidos arbitrariamente desde un lugar de poder, insultos, descalificaciones, golpes, empujones, maltratos diversos, órdenes, imposición de reglas que prohíben expresar, cambiar o revisar lo que está sucediendo. Mientras conversamos, a veces sentimos que nos surgen molestias. Esto puede ser una señal importante de que algo no marcha bien y de que se está generando alguno de estos fenómenos indeseables en la comunicación, relacionados con maltratos. A veces, aunque estos no son tan visibles como los que hemos enumerado, el fluir de la comunicación está amenazado. Estos malestares suelen ser indefinidos y difíciles de explicar, por lo que también resulta difícil referirse a ellos. Si, en cambio, lo que nos molesta son temas de los que no queremos hablar, podemos identificar el malestar con mayor claridad. Las incongruencias están denunciando que el fluir armónico de la comunicación se cortó, aunque esto no aparezca como evidente porque el lenguaje es rico en trucos que encubren las dificultades. Las incongruencias no son muy visibles, y sólo podemos detectarlas en el marco más indirecto que proporcionan las relaciones y sus contextos, tal como ocurre en los siguientes ejemplos tomados de la vida cotidiana: Mujer (a su marido): No me gusta que dejes todo tirado cuando comes algo. Hombre: (se enoja) ¡Por favor! Otra vez me estás criticando y reprochando. Tú siempre con regaños. Ya basta, ¿no? Mujer: Sólo te pedí que no dejaras las cosas tiradas (suspira). Comentario: Este ejemplo destaca los efectos del uso del presente del indicativo, que da la sensación de que se está hablando de algo que ocurre siempre y que no da lugar a que se produzcan cambios. Eso provoca malestar porque conlleva una afirmación que muchas veces es injusta. El hombre se enoja y reacciona descalificando abiertamente a la mujer; le pone una etiqueta de regañona, y también la maltrata. Él también recurre al uso del verbo en presente del modo indicativo, y al uso del adverbio “siempre”, lo que provoca el efecto de que algo se repite eternamente. También en este ejemplo están presentes las incongruencias de poderes (es él quien define y pone un fin a la argumentación con la palabra “basta”), así como las incon-


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gruencias de derechos y deberes, manifiestas en las diferencias de género entre los protagonistas (elementos indirectos, contextuales, de la relación, que señalan que la mujer debería quedarse en su casa y atender a su marido), que se vuelven visibles inmediatamente si se invierten los géneros de los hablantes. Un ejercicio útil para nosotras y nosotros sería pensar qué cambiaríamos en la escena para provocar un efecto diferente, de manera tal que no se produzca una escalada de antagonismo.

ACTIVIDAD Comunicación democrática en la pareja Objetivo

Explorar opciones para lograr una comunicación democrática y justa en la familia. Tiempo Una hora. 1. Quien coordina propone a dos personas para que representen la siguiente escena: Una mujer llega a su casa de trabajar y se encuentra con su marido, que está sentado mirando televisión. Ella ha pasado por la cocina donde encontró el plato, los cubiertos y los trastos que él dejó sin asear, después de comer. Ella piensa unos minutos y busca un modo de decirle algo sobre esto. Él, a su vez, reacciona a lo que ella dice. 2. El resto del grupo irá pensando formas de mejorar el diálogo entre ellos y presentarán propuestas que él o la facilitadora recomendarán representar. 3. El grupo elige la manera de establecer una comunicación que les parezca más justa y democrática, y reflexiona sobre cada propuesta, los supuestos que la sostienen y sus efectos. También pueden incluir representaciones con las funciones de género invertidas y explorar los supuestos y los efectos desde esa perspectiva invertida. Otro ejemplo tomado de la vida cotidiana: Padre (a la madre): ¿Cómo anda Inés en la escuela? Madre: Prefiero que le preguntes a ella. Padre: ¿Por qué? ¿Tú no lo sabes? ¿Qué clase de madre eres? Comentario: Este mensaje conlleva un ataque descalificador del marido hacia la esposa, que surte el efecto de producir malestar en ella. Él emite un juicio sobre


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ella y ella puede coincidir o no con la apreciación que él tiene de las funciones maternas. Si él tiene una posición jerárquica en su familia, ella tomará como cierto lo que él afirma, aceptará que él sea el juez de ella como madre. El efecto depende entonces de las diferencias jerárquicas y de las creencias de ambos acerca de los papeles que debe cumplir cada cual en la familia. A su vez, quizás esta sea la primera vez que ella no acepte contestar esta pregunta en representación de la hija, y entonces es posible que él no entienda la razón del cambio; si otras veces ocurrió que ella desempeñó funciones de “transmisora” sin ninguna reacción (contexto de la historia de la relación), ¿por qué ahora es diferente? Nuevamente, podemos pensar cómo cambiaríamos estos efectos y armar una plática útil para ambos padres y para su hija Inés.

ACTIVIDAD Comunicación democrática con los hijos Objetivo Explorar formas de comunicación democrática y justa con los hijos. Tiempo Una hora. Desarrollo Quien coordina propone a dos personas para que representen la escena siguiente: Un padre llega a su casa y pregunta a la madre por el rendimiento escolar de la hija de doce años. Los antecedentes de la escena son que otras veces ha sucedido que él se enojó con la madre porque él no estuvo conforme con las calificaciones de la niña, lo que no coincide con la opinión de la madre. Esta vez la madre decide que el padre y la hija son quienes deben platicar sobre esto. En grupos de dos personas, van ensayando formas de armar este diálogo de manera que ella no permita que él la descalifique, ni que ella se coloque en un lugar sobreprotector de la hija. Luego de tres o cuatro ensayos, el grupo reflexiona sobre las funciones de género en la crianza de los hijos, sobre lo esperado por cada uno y cómo eso influye en la democratización de las relaciones. Otro ejemplo: Mujer (al marido): Quiero hablarte de algo que no me gusta, para ver cómo lo solucionamos. Estas llegadas de Julio (el hijo de 17 años) a las tres de la mañana todos los días me preocupan.


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Hombre: Ahora no puedo, porque ya tengo que irme. ¿Puede ser hoy en la tarde, por teléfono? ¿O esta noche cuando llegue? Mujer: Prefiero que hablemos personalmente. Esta noche entonces. Comentario: En esta plática se ha logrado un primer paso hacia la posibilidad de un acuerdo. La tensión emocional queda dentro de límites aceptables. Los protagonistas han podido platicar sin “trucos” y provocar el efecto que internamente buscan. Corresponde a la “conversación de coordinación de acciones”.4 Hay un pedido de ayuda y una invitación, expresadas en primera persona, con compromiso de parte de cada uno de los protagonistas. En cuanto a la propuesta que se plantea, está presente también una alternativa, lo que da lugar a llegar a un acuerdo. Otro ejemplo: Mujer (al marido): Esta noche quiero dormir bien. Por favor, voy a dormir en la sala. Levántate tú si el bebé llora. Hombre: Pero no puedo, porque yo en la mañana tengo que empezar muy temprano y tú, en cambio, puedes seguir durmiendo. Mujer: Tienes razón, pero hace varias noches que no descanso bien. Y tú sabes que yo tardo en volver a dormirme cuando me despierto, mientras que tú te duermes enseguida. Hombre: Si es por mí déjalo que llore, yo no lo oigo. Ve tranquila a dormir a la sala. Al bebé no va a pasarle nada. Comentario: Con esta plática, lo más probable es que la señora finalmente no vaya a dormir a la sala porque el mensaje del marido no la tranquiliza. Ella no consigue delegar en él aquello que la sobrecarga y él no hace gran esfuerzo por convencerla de que su propia teoría puede ser buena. Ella no defiende su propia necesidad. Todos pierden y ninguno logra transmitir lo que quiere. Se produce el efecto de una pelea competitiva, cuando en verdad necesitan platicar coordinando acciones, como socios igualitarios en la empresa de crianza en una circunstancia conflictiva. Las desigualdades del sistema de género y el carácter encubierto del conflicto jerárquico impiden a este hombre y a esta mujer llegar a un acuerdo que los beneficie. ¿Qué y cómo hacer para mejorar la plática?

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Así las llama Maturana, biólogo chileno que tiene una interesante clasificación de las pláticas en el sistema familiar de relaciones. Aportación tomada de una comunicación personal que hizo en una presentación en la Provincia de Santa Fe, Argentina, 1983.


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También esta situación, y otras que planteen quienes participan en el taller, se puede representar para ensayar modos de comunicar que permitan establecer acuerdos que respeten las diferencias.

ACTIVIDAD Llegar a acuerdos Objetivo

Explorar formas de comunicación en las que se privilegien acuerdos que respeten las diferencias. Una hora.

Tiempo Desarrollo 1. Quien coordina propone a dos personas para que representen la escena siguiente: Un hombre y una mujer tienen un bebé de pocos meses que se despierta durante la noche. Ella está muy cansada y quiere plantear un cambio en la situación que vive todas las noches. Volvemos a pedir al grupo que ensayen en pareja distintas maneras de producir esta plática, hasta encontrar formas que permitan soluciones democráticas. Otro ejemplo: Padre (al hijo): Yo soy tu padre y me tienes que respetar. Comentario: La frase es coercitiva, apela a una jerarquía fija y no contiene argumentos que podrían convencer al hijo de una acción de cooperación. El padre no invita al hijo a compartir sus ideas. Sólo enuncia posiciones desde una jerarquía superior y el efecto que produce es de sometimiento o de rebeldía. No genera una actitud de colaboración, solidaria. Otro ejemplo: Hombre: Perdóname (ademán protector colocando un brazo sobre el hombro de ella). Mujer: Lo voy a pensar. Hombre (enfurecido): ¡Ah! ¿Entonces ahora no vas a aceptar mis disculpas? (La golpea) ¿Quién te envenenó contra mí? Mujer: (llora).


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Hombre: No llores y acepta mis disculpas. ¡No me hagas enojar de nuevo! Me vuelves loco. Comentario: Al principio parece que el hombre estuviera pidiendo disculpas, pero no es así. La forma de disculparse, al decir “perdóname”, es engañosa, y esto se sabe a partir de su reacción a la respuesta de ella. Él le está dando una orden y no formulando una disculpa. La respuesta de la mujer a lo que ella interpreta como una petición es “lo voy a pensar”. Se ponen en evidencia algunos supuestos del sistema de género: él cree que hizo una petición y no comprende por qué ella no accede, y ella se siente causante del sufrimiento de él porque no lo complace aceptando sus disculpas. Ante esto, él recurre a la violencia física, tal vez como un modo de amedrentarla y devolverla al lugar sumiso del que ella se sale cuando responde “lo voy a pensar”, y ella llora sin saber defenderse. Con estos ejemplos, nos planteamos: ¿Cómo se pueden cambiar estas maneras de platicar? ¿Podemos proponer versiones que no provoquen una escalada de violencia y que permitan que los protagonistas puedan formular las propuestas que cada uno desea? Para completar esta idea, resulta útil encontrar las incongruencias y, especialmente, buscar en conjunto sugerencias para evitar repeticiones y escaladas de violencia. Podemos desmenuzar cada proposición en la plática hasta lograr que se cambien los diálogos y que las reacciones se nos vuelvan previsibles y en la dirección de las acciones deseadas. Otros ejemplos de incongruencias: Una señora que denunció a su marido como violento y que logró su exclusión del hogar pide acudir a una entrevista con “su marido” y, una vez en la entrevista, le pide a él que explique la situación. (Si es ella quien asume la responsabilidad de definir qué pasa y qué quiere, no debería cederle a él la palabra ni dejar que sea él quien explique lo que ocurre.) Un señor que afirma que ya no descalifica más a su esposa, un rato después, al derramar ella agua de su copa, declara que “ella no tiene remedio de tan torpe que es”. (Su afirmación anterior no coincide con su nuevo acto descalificador.)


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El lenguaje no sólo transmite, expresa y construye, sino que también es acción, tiene fuerza de acción. Es así como nos confirmamos y desconfirmamos como personas valiosas o no. Y las desconfirmaciones nos provocan dolor, malestar. El malestar es entonces un indicador fundamental de que esa plática, así planteada, debe detenerse y de que se requieren otras formas de comunicarnos. Otro ejemplo: Un adolescente a quien su mamá le dice que lave lo que ensucia o que ordene su dormitorio, y él no lo hace, ¿no la escuchó?, ¿o, con su no hacer, lo que hace es desconfirmar a su mamá como sujeto con autoridad? “Sabe” que si él no obedece, ella no va a hacer nada que tenga consecuencias negativas para él, y por lo tanto, “desoye” su orden. Si ese mismo adolescente está en su lugar de trabajo y su jefe le dice que lave o que ordene, seguramente lo hará, confirmando con sus actos al jefe como autoridad que puede expresar ese mandato en ese contexto. Si no lo hace, el joven corre un riesgo: su patrón puede despedirlo y él entonces perderá su empleo. Si desobedece y es despedido, se habrá equivocado en la valoración de la autoridad del “otro”. También debemos estar alertas acerca de los elementos que se destacan como figuras sobre un fondo en cada escena. Pensemos en que los elementos que distinguimos: • No son los mismos para todos. • Dependen de cada persona, del contexto cultural, familiar, etcétera. Por lo antedicho, corresponde siempre verificar con toda certeza y confrontar con los otros qué fue lo que escucharon para comprobar cómo se produce la “recepción” que define finalmente la significación de los mensajes. Asimismo, conviene que nos preguntemos por las posiciones desde las cuales las personas hablan (jerárquica o no, paritaria o no, desde lugares de subordinación, etc.), quiénes a quiénes lo hacen o no lo hacen (podemos hablar de una persona que está presente dirigiéndonos a otra, sin darle a esta primera carácter de interlocutora, lo cual tiene un gran efecto), las formas en que lo hacen, y que prestemos atención a los efectos que se generan repetidamente y dan lugar a interacciones también repetidas e infructuosas.


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NUEVOS APORTES A LA COMUNICACIÓN FAMILIAR PARA LOGRAR CONVERSACIONES DE COLABORACIÓN En la búsqueda de formas democráticas para coordinar acciones se han desarrollado numerosas propuestas, algunas muy semejantes entre sí. En este manual hemos combinado ideas y prácticas que provienen de las Resoluciones Alternativas de Conflictos (RAC), desarrolladas por mediadores en las pláticas apreciativas de la comunicación no violenta5 y recomendaciones de distintos estudiosos de la comunicación que implican aprendizajes, solución de problemas e interacción con otros en pláticas colaborativas para lograr acuerdos cuando hay diferencias. Estos métodos aportan diferentes técnicas y puntos de partida que incluyen: • Identificar el problema. • Apreciar recursos, lo cual implica descubrir lo positivo que aporta cada participante. • Analizar las causas que cada miembro de la familia supone que generan el problema, con la conciencia de que son sólo las teorías de cada uno y que, muchas veces, estas teorías causales perpetúan los problemas. • Imaginar qué podría ser diferente; soñar lo posible; diseñarlo; compararlo con la situación actual. • Proponer soluciones, cambios, y buscar caminos que lleven hacia esa dirección. • Desarrollar líneas de acción con los recursos con que contamos. Cuando hay problemas, a veces se pueden sumar diferentes aportes. • Escuchar activamente, involucrarse. Y también saber tomar distancia. • Escuchar desde el corazón, apreciando a las personas. Necesitamos ser breves en nuestras explicaciones. Dejar afuera el “equipaje” de todo lo que uno sabe y aprendió, sin desecharlo pero teniendo en cuenta la circunstancia actual y particular: encontrar el humor posible. Se confirma que para las comunicaciones en igualdad necesitamos: • Reconocer el valor de aquello que es diferente a lo que conocemos y pensamos, y respetarlo. • Aceptar que producimos efectos positivos y negativos en la comunicación.

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Rosemberg, Comunicación, 1999.


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Les invitamos a realizar algunas actividades con el propósito de practicar habilidades comunicacionales y resolver algunas dificultades que, en el terreno de la comunicación, nos presenta nuestra tarea.

ACTIVIDAD Ensayar pláticas cotidianas Objetivo

Examinar y ensayar pláticas cotidianas planteando posibilidades de flexibilizarlas y negociarlas: sensibilizarnos para poner en evidencia los obstáculos al fluir de la comunicación, así como también formas de resolverlos. Una hora.

Tiempo Desarrollo 1. Quien coordina propone a dos personas para que representen la escena siguiente: Pedro tiene una entrevista de trabajo y quiere que Irma (su esposa) elija para él una vestimenta adecuada. El resto del grupo oficiará de observador. La idea acerca de los personajes es libre porque importa recorrer diversas situaciones. Se puede sugerir que Irma está, a su vez, queriendo salir temprano para su propio trabajo o preparando el desayuno para la hija que tiene que ir a la escuela. 2. Durante la representación, la coordinadora o el coordinador interrumpe la acción cuantas veces sea necesario y pide a cada uno de los participantes que exprese en voz alta lo que siente y piensa. 3. Se pide a los observadores que reflexionen sobre lo sucedido, para lo cual pueden contar con tarjetas en las que estén escritas las preguntas siguientes: • ¿Cómo hace saber Pedro a Irma lo que necesita? • ¿Le pide, le da una orden, utiliza otras formas? • ¿Qué lugar ocupa el poder en su conducta? • ¿Por qué, cuál es la imagen que él tiene de la función de ella en la familia? • ¿Qué piensa de la función de él mismo y sus responsabilidades? • ¿Qué cambiaría la situación? • ¿Qué se necesitaría para eso? • ¿Qué tendría que pensar y hacer Pedro para plantear fluidamente sus necesidades? • ¿Qué experimenta Irma? • ¿Cómo manifiesta lo que siente?


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• ¿Qué necesitaría cambiar de su actitud durante la escena? • ¿Qué pensamientos ayudarían a Irma a actuar de otra manera? • ¿Qué imágenes tiene ella de la familia, de la pareja, de su función maternal, de su papel de esposa? • En caso de estar presente la hija: • ¿Qué piensa la hija? • ¿Qué podría hacer en esta escena? • ¿Qué sería bueno para ella? 4. Según las actitudes y las formas en que continúe la conversación, con los mismos u otros participantes que quieran ensayar la dramatización, puede también ayudar preguntarse: • ¿Qué pensamientos tiene Pedro para actuar como lo hace? • ¿Qué otras actitudes puede asumir y cuáles serían las consecuencias de cada actitud diferente? • ¿Qué siente Irma frente a las actitudes de Pedro? • ¿Qué hace Irma frente a ellas? • ¿Qué podría hacer de diferente? • ¿Qué necesita pensar ella acerca de su función y de la de Pedro para actuar de manera distinta? 5. Los observadores pueden enumerar y anotar, por un lado, los elementos presentes en la comunicación que van generando efectos de malestar y, por otro, aquellos que originarían otros posibles desenlaces. Se leen posteriormente en plenaria y se guardan los materiales producidos como material grupal.

RECOMENDACIONES GENERALES A MODO DE GUÍA PRÁCTICA En la búsqueda de equidad en las relaciones familiares estamos proponiendo pautas para modificar la tendencia a que las diferencias (de género, de generación, de creencias, de opiniones, de culturas, etc.) generen controversias y confrontaciones. Más aún, queremos contribuir a desarrollar pláticas fructíferas entre quienes sustentan puntos de vista diferentes. Los conflictos que aparecen no necesitan llevar a pleitos. Podemos, si nos sentimos respetados, platicar hasta llegar a acuerdos y, para ello, necesitamos adquirir habilidades en el tipo de conversaciones que promueven equidad en todos los espacios sociales que compartimos, empezando por las realizadas en las familias. La guía que presentamos a continuación propone una serie de sugerencias y pautas útiles para mantener diálogos abiertos y continuos entre las personas que requieren llegar a acuerdos en las tareas necesarias para la organización de sus familias.


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Algunas recomendaciones generales a modo de guía práctica para mejorar la comunicación y las relaciones en las familias Aceptar y reconocer el valor positivo de las diferencias (aportan alternativas, enriquecen, complejizan). Respetar las igualdades y también las desigualdades. Frente a las diferencias, si aparecen malestares, identificarlos, no minimizarlos ni negarlos sino buscar soluciones. Considerarse a sí mismas y a sí mismos valiosas y valiosos, y considerar valiosas a las otras personas. Reconocer los efectos positivos y negativos que producimos en la comunicación, incluyendo los gestos y las acciones concretas, no sólo las palabras. Fomentar la confianza como un valor importante en las relaciones, pero no para otorgarla sino para construirla y afianzarla. Cuando algo nos molesta, pedir cambios de actitud al otro, sin atribuir intenciones ni acusar. Buscar el diálogo y crear un clima que lo favorezca. Cuando algo no se entiende bien, preguntar hasta que nos quede claro. No aceptar reconocer compromisos que no se acordaron previamente. No aceptar acuerdos bajo presión, manipulación o confusión. Cuando necesitamos algo del otro, no manipular sino pedirlo claramente. Y luego aceptar la respuesta respetando la decisión de la otra persona. No culparse ni culpar. No cuestionar los sentimientos y/o las percepciones del otro. No tratar de imponer la propia idea como si fuera la única que tiene valor.


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Dar nuevas oportunidades cuando alguien lo pide, si se gestionan con respeto y si hay consistencias entre lo que se dice y lo que se hace. Proponer cambios que puedan cumplirse. Propiciar que cada una y cada uno hable y manifieste lo que le pasa y lo que siente. Asegurarse de escuchar a todos, incluidos los niños. Propiciar la autenticidad, lo que significa ser una misma y uno mismo, una persona auténtica que no utiliza disfraces para relacionarse con las otras personas. Promover que cada cual asuma su propia responsabilidad y se haga cargo de aquello que genera en los otros. Poner en práctica la retroalimentación, es decir, expresar nuestra opinión sobre algo que hace o dice otra persona, intentando siempre incluir comentarios positivos. Tratar de no emitir juicios ni de colocar etiquetas que transformen a las personas en objetos rígidos, ni transmitir críticas que desvaloricen. Tratar de evitar actividades familiares que faciliten el surgimiento de chivos expiatorios, que propicien las interpretaciones confusas o que cuestionen percepciones y sentimientos. Estimular el compromiso personal. Esto significa fomentar que se hable en primera persona y que no se hable en nombre de otro. Proponernos hablar de manera directa y clara. Se sugiere que ante una situación difícil se pida relatarla incluyendo en el relato lo más posible frases como: yo veo; yo pienso; yo siento; yo necesito; yo quiero. Cuándo no hay seguridad para afirmar algo, utilizar: “a mí me parece”, “yo creo”, “yo me imagino”, “desde mi punto de vista”. Manejar emociones agresivas: no negarlas, pero tampoco llevarlas a la acción. No guardar ni acumular sentimientos negativos; identificar y revisar el problema para aclararlo lo antes posible. Intentar que esos sentimientos negativos sean reparados y aliviados mediante cambios en las relaciones.


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Practicar ponerse en los zapatos de la otra persona. Asegurarnos de no sobreproteger ni asumir como propias responsabilidades que son de otras personas. Sostener la disposición a perdonar y a ser perdonado. Afinar el sentido de la observación, es decir, darse cuenta de distintos estados de ánimo de uno mismo y del otro. Cuando hay problemas con un miembro, promover su aceptación como persona y no excluirlo de la familia. Aceptar “no ganar” y no lograr convencer al que opina diferente, sosteniendo el derecho a manifestar la propia opinión. Aceptar que si hay varios conflictos es muy importante abordarlos de uno en uno, y que es mejor comenzar por alguno, aunque sea pequeño. Valorar los logros por pequeños que sean. Expresar aprobación por ellos. Buscar en qué puedo cambiar yo misma, yo mismo, y no sólo esperar que los demás cambien. Estimular la incorporación de nuevos aprendizajes: aprender a negociar, a sostener pláticas para llegar a acuerdos sin violencias, nuevos patrones y nuevas formas de actuar y responder; aprender a buscar nuevas alternativas de solución. Evaluar riesgos y estar dispuestos a buscar ayuda externa. Buscar mantener áreas personales libres de conflicto y recuperarlas para sí y para todos cada vez que se pueda. Para un mejor acompañamiento en estos aprendizajes comunicacionales, sugerimos a las y los facilitadores entrenarse para tener en cuenta las siguientes variables, generalmente presentes en las pláticas: ¿Qué sujetos (género, edad, cultura, clase social, historia personal, etc.) intervienen en las conversaciones?


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¿Quiénes deberían estar para cada conversación y por qué? ¿Qué escenas son las más conflictivas en la vida cotidiana y por qué? ¿Qué escenas pueden ser menos conflictivas como para rescatar los afectos en las relaciones? ¿Qué escenarios son más adecuados para cada conversación y cómo encontrarlos? ¿Cuáles son las diferentes posiciones jerárquicas en las relaciones y cuáles son los diferentes efectos según quien se exprese? ¿Qué supuestos pensamos que hay por detrás de los mensajes que se intercambian? ¿Para cuáles interlocutores pensamos que son cada una de las frases o las preguntas? ¿Cuáles son los efectos que se producen, y cómo podrían cambiarse los efectos no deseados? ¿Cómo se hace para invitar al otro al mundo propio, cosa que debería ocurrir cada vez que sostenemos ideas diferentes?


REVISIÓN DE CONCEPTOS ACERCA DE LA PAREJA: PAREJA CONYUGAL Y PAREJA PARENTAL Reconocida la relevancia que tiene la relación de pareja como ideal social, creemos que es muy importante la reflexión y discusión acerca de algunos temas especiales que le conciernen. Es posible ampliar y complementar este punto con los textos sobre la pareja y la vida cotidiana que figuran en el manual Mujeres participando en la democratización de las familias, así como en los manuales dedicados a relaciones entre madres, padres, hijas e hijos, y el de mujeres y hombres jóvenes. Consideramos que es muy útil para el trabajo de las y los promotores de programas sociales reflexionar acerca de las estructuras pareja conyugal y pareja parental, ya que ambas están compuestas por las mismas personas (esposa-madre, y esposo-padre). El objetivo buscado es aclarar confusiones tomando cada una de estas estructuras en la dimensión particular de sus relaciones y de sus complejidades comunicacionales. Compartimos en nuestra cultura la idea de que, para cada persona, es un destino ideal participar en la experiencia de una pareja. Una gran parte de las expresiones artísticas y culturales de Occidente (poesía, literatura, cinematografía, televisión, pintura, novelas, historias que nos transmitimos y con las que nos identificamos) están ligadas a la imagen del amor y a las promesas de placer y de vida feliz que representa la pareja. Esta imagen ha perdurado en el curso de los últimos siglos, aun cuando no es tan universal como creemos. Sabemos, sin embargo, que en muchas regiones del mundo se siguen arreglando los matrimonios entre las familias de los cónyuges por la conveniencia de sus asociaciones, de lo que se deduce que en esas culturas la magia de la pareja romántica queda relegada a un segundo plano o es inexistente. El amor representa una emoción muy intensa, una pasión en la que sentimos que alguien nos atrae y nos importa mucho, pero es también un sentimiento que nos vuelve vulnerables. Nos resulta difícil defendernos si nos hiere alguien a quien amamos. Cuando la emoción y la confirmación de valor son mutuas, la relación de amor permite alcanzar un estado de placer semejante al maravilloso paraíso de las religiones. En cambio, cuando el sentimiento amoroso se da sólo en una dirección, y la otra persona no corresponde, la sensación puede ser muy dolorosa y frustrante. 58


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También proponemos hacer comparaciones y distinciones entre ese amor de la pareja, en que la sensualidad y la pasión sexual son componentes muy fuertes, casi su fundamento, y el amor intenso que sentimos por los hijos, nietos, amigos, padres, abuelos, etc. Y además, experimentamos a veces sentimientos apasionados dirigidos hacia cuestiones que no son seres humanos, tales como: proyectos, deportes y también pasiones que llamamos adictivas porque nos esclavizan, como por ejemplo el juego y las sustancias psicoactivas (alcohol y drogas). Como los ideales y las realidades no corren por el mismo camino, tal como estamos viendo, las parejas humanas construyen relaciones basadas en emociones complejas que incluyen, además del amor, las dudas, los celos, las desconfianzas, los odios, la posesión... en fin, emociones tumultuosas. Tengamos en cuenta entonces que en esta relación de pareja se originan sobreentendidos, malentendidos, matices, sutilezas y negociaciones constantes en la intimidad entre ellos dos, en el vínculo de cada uno con y hacia el otro. La pareja es, tal vez, una de las pocas relaciones en las que nuestras culturas legalizan y permiten entre personas adultas ese despliegue de la intimidad que nos es tan necesario para relajarnos, consolarnos, descansar y confiar en y con otro. En nuestra cultura se espera que las personas ligadas por esas emociones intensas y de características intimistas que componen la pareja, sean las que, al nacer los hijos, constituidas en familia, sepan “naturalmente” cómo asociarse y cómo tomar decisiones conjuntas, para actuar responsablemente en cuanto a la vida y los destinos de los seres que dependen de ellos. Sería útil revisar algunos de los supuestos por los que asumimos que la pareja es la base para la construcción de una familia y esperamos que sus miembros críen juntos co-responsablemente a sus hijas e hijos. En principio es posible que, para cumplir con esa responsabilidad, los miembros de la pareja necesiten más conocimientos acerca de la crianza de los hijos, de las formas adecuadas de asociarse y de llegar a acuerdos en las funciones parentales. La madurez y la distancia emocional que requieren las decisiones que comprometen la vida diaria de las hijas y los hijos no se desprenden como consecuencia “natural” de la compleja relación de amor entre los cónyuges (pareja conyugal). Esas funciones requieren del armado consciente de una sociedad parental que trascienda las vicisitudes de las pasiones conyugales. Por otra parte, sabemos que en la actualidad hay también parejas homosexuales que quieren legalizar sus matrimonios. Las y los invitamos a reflexionar acerca de qué piensan acerca de ese derecho, y cuáles serían entonces sus derechos y deberes en cuanto a criar hijos. Como un corolario interesante, podemos ver que esta propuesta de no confundir pareja con familia ayuda a que quienes han pasado por un divorcio puedan llegar a acuerdos entre sí, como padres, acerca de sus hijos en común; a que pue-


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dan asumir su coparentalidad en el posdivorcio, sin que tengan que confundirse ni sentirse en bandos enemigos porque su vínculo conyugal se haya disuelto. Sugerimos entonces revisar algunas nociones acerca de la familia que nos llevan a juntar automáticamente, sin reflexionar, la compleja relación de la pareja conyugal con las habilidades parentales. Y sugerimos también, como ejercicio, reflexionar acerca de nociones de la pareja tal como nosotras y nosotros la concebimos, recorriendo algunos mitos que se hacen visibles a través de refranes populares, que tal vez hayan perdido vigencia o que quizás todavía la tengan.

ACTIVIDAD Reflexionar y compartir creencias Objetivo

Reflexionar y compartir creencias acerca de la asociación automática entre pareja conyugal y pareja parental, que enmascara la importancia de que se asuman las responsabilidades parentales, más allá de lo que suceda con la pareja; así como también sobre los aprendizajes y la práctica concreta de negociaciones constantes que se necesitan, de parte de los adultos, para cuidar y atender a sus hijas e hijos. De 40 a 60 minutos.

Tiempo Desarrollo 1. La persona que coordina relata la historia siguiente:

Irene y Rodolfo son novios. Ambos estudian en la ciudad y sus padres, que viven en el campo, los mantienen económicamente. La relación de los jóvenes no es muy buena, pelean mucho y pasan algunos periodos separados. Irene queda embarazada accidentalmente y los jóvenes acuerdan continuar con el embarazo. Sus familiares los apoyan. Durante los últimos meses de la gestación, Rodolfo se muda a la casa de Irene y conviven por primera vez. La relación entre ellos continúa siendo difícil. Son pocos los asuntos en los que se ponen de acuerdo. Tienen criterios diferentes sobre prioridades en cuanto a las necesidades del bebé, y las peleas y momentos desagradables se van multiplicando. Nace Pablo, un hermoso y sano bebé. Irene está cada vez más molesta con Rodolfo y también con la familia de él, que, según ella, justifica todos los actos “descuidados” de Rodolfo. Las cosas se agravan cuando Irene recibe una llamada de una ex novia de Rodolfo, quien le cuenta que nunca han dejado de verse. Irene se desespera, aun cuando ella misma no está muy segura de querer continuar con Rodolfo.


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Las familias de ambos jóvenes están muy alarmadas por las peleas y desavenencias entre Irene y Rodolfo. Ellos, a su vez, viven un clima de pleitos constantes. El bebé ha empezado a dormir mal y a tener episodios febriles sin causa aparente. 2. Finalizado el relato, se solicita que formen pequeños grupos para que comenten y piensen acerca de qué comentarios o actitudes ayudarían a estas personas. Algunas preguntas guía pueden ser las siguientes: ¿Qué temas platicarían y con quiénes para ayudarles a tener una perspectiva más amplia en esta situación? ¿Cómo plantearían esas pláticas? ¿Cómo creen que están operando las creencias acerca de la conyugalidad y la coparentalidad en este caso? 3. En plenaria se comparten las propuestas de los subgrupos. 4. Se dramatizan algunas pláticas y se comentan más tarde. Nos imaginamos qué le pueden estar diciendo el padre y la madre a Irene, por un lado, y a Rodolfo, por el otro. También podemos introducir algún otro personaje, como una amiga que conversa con Irene. 5. Por último, se pregunta en plenaria: • ¿Cómo creen que puede seguir esta historia y por qué? Y se analizan algunas de las sugerencias.

OTROS TEMAS DE LAS PAREJAS PARA REFLEXIONAR Y COMENTAR

Diferencias y semejanzas entre las parejas según las diversas culturas, clases sociales, etnias. Parejas de novios, convivencias, otras formas de estar en pareja. Matrimonio: legalidad y apellidos, consignas legales y religiosas, contratos implícitos y explícitos, expectativas (unión, colaboración, confianza, lealtades, reconocimiento, pertenencias, respeto, dignidad, ilusiones, proyectos, participación, compromisos). Desempeños de esposa y esposo: qué se espera de cada uno de ellos y de su relación.


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Dinero, poder, jerarquías; decisiones sobre: residencia, tareas, hijos, trabajo, vida cotidiana; distribución de tareas y responsabilidades, contratos. Diferencias de género, conciencias y responsabilidades sobre las necesidades de la convivencia, conciencia doméstica, conciencia de las necesidades del otro. Placeres, intimidad, amor, sexualidad, dependencias, buen trato, mal trato. Relaciones que mantienen con familiares, amigos e instituciones; relaciones con los hijos e hijas en las distintas etapas; trabajo y relaciones de trabajo. Divorcio y arreglos pos divorcio; cómo ser padres después de la separación. Estrategias comunicacionales en la relación de pareja: dar, recibir, pedir, esperar, suponer, atribuir, uso del yo y del nosotros. Hasta aquí hemos intentado desarrollar sólo algunos de los temas. Para quienes les interese profundizar sobre otros, sugerimos algunas lecturas1 y también trabajar en conjunto en la construcción de “saberes”, mediante actividades grupales como la siguiente:

ACTIVIDAD Concepciones sobre las relaciones de pareja Objetivo

Construir en conjunto concepciones acerca de las relaciones de pareja que incluyan alternativas que ayuden a flexibilizar nuestras propias posiciones. 40 minutos.

Tiempo Desarrollo 1. Se invita a las y los participantes a reunirse en pequeños grupos y se les distribuyen tarjetas con algunas de las preguntas que siguen:

1 Tannen, Understand, 1990; Ravazzola, Pareja, 1994; Nilsson Schönnesson, Matrimonio, 1987; Whitaker, Meditaciones, 1992.


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• ¿Cuáles son los componentes más importantes en la relación de pareja? • ¿Cómo ha sido tu propia experiencia en este tema de las parejas de novios, las convivencias y otras formas de estar en pareja? • ¿Cuáles son los contratos, las expectativas, las tareas y las conciencias que conlleva el matrimonio? 2. Como guía para las y los facilitadores, y para complejizar las discusiones, les sugerimos contar con las preguntas siguientes: • ¿La pareja conyugal y la pareja parental, se asocian necesariamente? • ¿Podemos comparar y encontrar semejanzas y diferencias acerca de la pareja en las diversas culturas, clases sociales, etnias? • ¿Conoces algunos ejemplos diversos? • ¿Por qué algunas mujeres cambian su apellido al casarse? • ¿Qué implicaciones tiene este hecho? • ¿Cuáles son las repercusiones legales y religiosas? • ¿Cuál es el lugar de los placeres para cada una y cada uno? • ¿Y el lugar de la sexualidad, del amor, de las dependencias? • ¿Qué define una relación íntima? • ¿Qué pasa con los padres cuando se separan? • ¿Cómo les parece que deberían resolver la cuestión de los hijos y tomar decisiones respecto de ellos? 3. Los grupos discuten estos temas durante 30 o 40 minutos, escribiendo sus conclusiones, preguntas, consensos y disensos. 4. Luego, se trasladan las informaciones al grupo en sesión plenaria. Se facilita el debate abierto y la posible falta de respuesta o respuestas parciales que dan lugar a nuevas dudas y posiciones sin certidumbre. 5. Por último, se sugiere que vuelvan a reunirse en grupos pequeños y se comentan algunos refranes para revisar en conjunto y reflexionar acerca de cómo estos mensajes inciden en las situaciones conflictivas por las que pasan las parejas. Pueden usarse los refranes siguientes que proporcionamos como ejemplo, o bien otros que las y los coordinadores de programas sociales recuerden: Aquí nomás mis chicharrones truenan.2 El casado casa quiere. De los parientes y el sol, mientras más lejos, mejor. Hasta que la muerte nos separe.

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Refranes inspirados y adaptados del texto de Salles y Tuirán: Salles, “Cambios”, 1998.


BIBLIOGRAFÍA Bandler, Richard y John Grinder, “The Structure of Magic”, vol. II, Science and Behavior Books, Palo Alto, USA Inc., 1976. Barudy, Jorge, Maltrato infantil. Ecología social: prevención y reparación, Santiago de Chile, Editorial Galdoc, 1999. Bateson, Gregory, Hacia una teoría de la esquizofrenia. Pasos hacia una ecología de la mente, Buenos Aires, Carlos Lohlé, 1976. Chartier, Roger, “La comunidad, el Estado y la familia en los siglos XVI-XVIII”, en G. Duby, Georges Philippe Ariès, Colección Historia de la vida privada, tomo 6, Buenos Aires, Taurus, 1992. Díaz Mújica, M., I. Fernández Jiménez, L. Valdebenito Herrera, Violencia doméstica y ámbito local. La propuesta de intervención Domos, Santiago de Chile, Corporación Centro de la Mujer Domos, 2002. Freire, Paulo, Constructor de sueños, México, Guadalajara, ITESO, 2000. Gayle, Rubin, “The Traffic in Women: Notes on the ‘Political Economy’ of Sex” en Toward an Anthropology of Women, Nueva York, Monthly Review, Reiter, 1975, pp. 157-210. Grosman, Cecilia, “Los derechos del niño en la familia” en Catalina Wainerman (comp.), Vivir en familia, Buenos Aires, UNICEF/Losada, 1994. Keijzer, Benno de, “Módulo de educación de adultos y cultura popular”, Lima, REPROSALUD, 2000, mimeo. Laswell, Harold D., Nathan Leites y asociados, Language of Politics, Studies in Quantitative Semantics, Nueva York, George W. Stewart, 1949. Lévi–Strauss, Claude, Les Structures Elémentaires de la Parentalité, París, Mouton, 1968. Maturana, Humberto, Emociones y lenguaje en educación y política, Santiago de Chile, Hachette/Comunicación, 1990. Nilson Schönnesson, Lena, “El matrimonio de él, el matrimonio de ella, el matrimonio de ellos”, informe presentado en el Tercer Seminario de Trabajo Internacional en Salzburgo, julio 9-13, 1987.

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BIBLIOGRAFÍA

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SOBRE LA AUTORA María Cristina Ravazzola Nació en Buenos Aires, Argentina. Es médica, especialista en psiquiatría, terapéuta familiar sistémica, con estudios de posgrado en Terapia Familiar en Palo Alto, California, y en Roma, Italia. Desde hace 20 años trabaja temas de diversidad, género y violencia familiar. Asesora en relaciones familiares, género y violencia a equipos de asistencia y prevención en problemas de abusos. Es docente de posgrado en la Universidad de Buenos Aires. Ha dado cursos y conferencias en países de Latinoamérica (Argentina, Uruguay, Chile y Brasil) y también en Oslo, Nueva York y Roma sobre terapia familiar, violencia doméstica y resiliencias en las relaciones familiares. Es autora de artículos y libros sobre estos temas. Es fundadora y directora de PIAFF. (Programas de Investigación, Asistencia y Formación en Familias), Buenos Aires, Argentina y fundadora y supervisora general de la Fundación Proyecto Cambio (Programa Ambulatorio de Rehabilitación de la Drogadicción), asociaciones que ya tienen más de quince años de funcionamiento. mravazzo@fibertel.com.ar

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Hacia la democratización familiar en México se terminó de imprimir el 9 de diciembre de 2010, en los talleres de Opción Gráfica, Lago Tláhuac Nº. 4 Local C-12 Col. Anáhuac, Delegación Miguel Hidalgo 11320, México, D. F. Diseño de portada: Factor:02 Edición realizada a cargo de la Subdirección de Publicaciones del Instituto Mora. En ella participaron: corrección de estilo, Gabriela Montes de Oca; formación de páginas, Factor:02; corrección de pruebas, Alberto Cue, Gustavo Villalobos, Estela García y Javier Ledesma; cuidado de la edición, Yolanda R. Martínez y Hugo Rocha. La edición consta de 100 ejemplares.


HACIA LA DEMOCRATIZACION FAMILIAR EN MEXICO  

Manuales construyendo alternativas de convivencia familiar: Enfoque

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