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II Trimestre de 2011 Vestidos de gracia Vestiduras figuradas en la Biblia

Notas de Elena G. de White

Lección 11 11 de Junio de 2011

El vestido de bodas Sábado 4 de junio Dios es deshonrado cuando quienes dicen creer en su preciosa y elevadora verdad, rehúsan recibir el manto real de la justicia de Cristo. Es un insulto a su Salvador. Dondequiera que vayan muestran que han rechazado el vestido provisto para ellos. Hay muchos, muchos profesos cristianos que esperan despreocupados la venida del Señor sin tener sobre ellos el manto de su justicia. Profesan ser hijos de Dios, pero no han sido limpiados del pecado. Son egoístas, autosuficientes, viven sin Cristo y no aman a Dios ni a sus semejantes. No tienen idea de lo que constituye la santidad, ni ven defectos en sí mismos. Son tan ciegos que no son capaces de detectar cuán sutilmente obran en ellos el orgullo y la iniquidad. Están vestidos con los andrajos de su propia justicia y enceguecidos, porque Satanás ha puesto una sombre entre ellos y Cristo, de tal manera que no sienten el deseo de imitar el carácter puro y santo del Salvador (Review and Herald, 26 de febrero, 1901). Domingo 5 de junio: Días de fervor En la parábola de la viña, Cristo presentó ante los judíos la historia pasada de su nación, y les mostró cómo habían actuado injustamente a pesar de la luz recibida. En la inmensa congregación que rodeaba a Cristo había sacerdotes y gobernantes a quienes Cristo contemplaba mientras les presentaba el Recursos Escuela Sabática ©


pasado, presente y futuro, y qué había sido y sería el resultado de sus acciones. Dios había enviado mensajero tras mensajero con una solemne advertencia para quienes estaban a cargo de la viña, pero los habían tratado de una manera vergonzosa: a uno lo golpearon, a otro lo apedrearon y a otro lo mataron... Mientras Cristo describía su viña, protegida por los mandamientos divinos, y hablaba del tratamiento que habían recibido los mensajeros, los gobernantes judíos prestaban definida atención. Y cuando Cristo preguntó: "Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?", los gobernantes se unieron al pueblo para responder: "A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo" (Mateo 21:40, 41). Estos gobernantes pronunciaron su sentencia con sus propios labios. Mientras Jesús ponía su vista en ellos y su divinidad brillaba con irresistible poder, ellos sabían que él estaba leyendo los secretos de sus corazones. Al ver en los labradores de la viña una representación de ellos mismos, exclamaron involuntariamente: "¡Dios nos libre!" (Lucas 20:16). El odio contra él llenó sus corazones: "Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo" (Lucas 20:19). Los que son alumnos en la escuela de Cristo estudiarán con intenso interés la parábola de la viña. En esta parábola Cristo presentó la verdadera condición del pueblo elegido. Reveló cómo habían quebrantado la confianza puesta en ellos. Es una lección para todos; una advertencia de que a menos que caminen en los caminos del Señor y guarden sus mandamientos, él no puede bendecirlos ni sostenerlos. Dios ama a su iglesia en la tierra; es el redil para sus ovejas. Pero no puede ayudarla mientras sus miembros estén en pecado. Incluso ha permitido que la calamidad y la derrota la golpeen cuando la exaltación y glorificación del yo, la práctica de falsos principios y la mezcla de lo santo y lo común se ha manifestado en ella. Dios está deseoso de perdonar a los que se arrepienten, pero retirará su favor de aquellos que continúan pecando. Terribles juicios y destrucción pueden caer sobre aquellos que dan el ejemplo equivocado y lo representan mal, y sin embargo dicen: "Somos el templo del Señor" (Signs of the Times, 31 de octubre, 1900).

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Lunes 6 de junio: La invitación del rey Cuán pocos responden a la invitación del cielo. Se insulta a Cristo cuando sus mensajes son despreciados y su invitación gratuita y misericordiosa es rechazada. Los que primero fueron invitados a la fiesta de bodas, comenzaron a excusarse permitiendo que asuntos menores ocuparan su atención y los desviaran de los intereses eternos. Algunos de ellos se excusaron por atender asuntos temporales, mientras que otros manifestaron su odio maltratando y matando a los mensajeros. Si el Espíritu Santo no tiene una influencia directa sobre los seres humanos, otro poder de abajo la tendrá. Hay dos clases: los que son salvos mediante la fe en Cristo y la obediencia a su ley, y los que rechazan la verdad que está en Jesús. Si estos últimos siguen rechazando a Cristo mientras dura el tiempo de gracia, ya no tendrán la oportunidad de ser justificados una vez que el registro de sus vidas haya pasado a la eternidad. Ahora es el tiempo de la salvación; todavía estamos en el tiempo de gracia. Déjense de lado las divisiones nacionales y denominacionales. Dios no reconoce rangos ni castas y tampoco sus obreros debieran hacerlo. Aquellos que se consideran a sí mismos superiores a sus prójimos por tener propiedades o puestos, podrán exaltarse a sí mismos delante de sus hermanos, pero a la vista del universo celestial son considerados como los más bajos. Ojalá tomemos en cuenta las palabras inspiradas que reprueban ese espíritu y a la vez nos dan ánimo: "No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová" (Jeremías 9:23, 24) (Review and Herald, 2 de abril, 1895). La parábola del vestido de bodas representa una lección del más alto significado. El casamiento representa la unión de la humanidad con la divinidad; el vestido de bodas representa el carácter que todos deben poseer para ser tenidos por dignos convidados a las bodas. En esta parábola como en la de la gran cena, se ilustran la invitación del evangelio, su rechazamiento por el pueblo judío, y el llamamiento de misericordia dirigido a los gentiles. Pero de parte de los que rechazan la invitación, esta parábola presenta un insulto mayor y un castigo más terrible. El llamamiento a la fiesta es una invitación del rey. Procede de aquel que está Recursos Escuela Sabática ©


investido de poder para ordenar. Confiere gran honor. Sin embargo, el honor no es apreciado. La autoridad del rey es menospreciada. Mientras la invitación del padre de familia fue recibida con indiferencia, la del rey es recibida con insultos y homicidio. Trataron a sus siervos con desprecio, afrontándolos y matándolos. El padre de familia, al ver despreciada su invitación, declaró que ninguno de los convidados probaría su cena. Pero en cuanto a los que habían despreciado al rey, se decreta algo más que la exclusión de su presencia y de su mesa, pues "enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y puso fuego a su ciudad" (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 249).

Martes 7 de junio: Los que fueron a la fiesta La tercera invitación a la fiesta representa la proclamación del evangelio a los gentiles. El rey dijo: "Las bodas a la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos. Id pues a las salidas de los caminos y llamad a las bodas a cuantos hallareis". Los siervos del rey que salieron por los caminos "juntaron a todos los que hallaron; juntamente malos y buenos". Era una compañía heterogénea. Algunos no tenían mayor respeto por quien daba la fiesta, que aquellos que habían rechazado la invitación. Los que fueron primeramente invitados no podían consentir, pensaban ellos, en sacrificar ninguna ventaja mundanal para asistir al banquete del rey. Y entre los que aceptaron la invitación, había algunos que solo pensaban en su propio beneficio. Vinieron para disfrutar del banquete, pero no por el deseo de honrar al rey (Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 250, 251). Si aquellos a quienes Cristo invita primeramente a la cena de bodas no quieren recibir el mensaje, él enviará a sus mensajeros a las salidas de los caminos para constreñir a la gente con un mensaje tan lleno de la luz del cielo que no se atreverán a rechazarlo. El evangelio fue dado primero a quienes Dios había confiado las preciosas verdades que él deseaba que las hicieran conocer a otros. Tenían la responsabilidad de compartir el conocimiento de Dios y de su Hijo a quien él había enviado. El Señor obró maravillas para los hijos de Israel. Finalmente les envió a su Hijo, el Príncipe de la vida, el Mesías, a quien todos los sacrificios y ofrendas señalaban, pero no lo reciRecursos Escuela Sabática ©


bieron y rehusaron aceptar su mensaje. Rechazaron al Mesías en quien estaban fundadas todas sus esperanzas. Cuando rechazaron la invitación que en su mensaje ofrecía, el Señor se volvió al mundo gentil, porque aquellos que tendrían que haber compartido el conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo con el mundo pagano, estaban ellos mismos rechazando el mensaje y no podían compartir la invitación: "Venid, que ya todo está preparado". Los discípulos de Cristo fueron entonces comisionados a proclamar el mensaje de misericordia por todos los caminos y los vallados de la extensa viña moral del Señor. "Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente" (Apocalipsis 22:17) (The Southern Work, pp. 22, 23). Dios no quiere que nos coloquemos en el tribunal y nos juzguemos unos a otros. Pero, ¡cuán frecuentemente lo hacemos! ¡Cuán cuidadosos debiéramos ser de no juzgar a nuestro hermano! Se nos asegura que así como juzgamos, seremos juzgados, y que con la medida con que medimos a otros, nos volverán a medir. Cristo dice: "Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mateo 12:36, 37). En vista de esto, que nuestras palabras sean de tal carácter que puedan recibir la aprobación divina. Cuando vemos errores en otros, recordemos que tenemos faltas más graves quizá, a la vista de Dios, que la falta que condenamos en nuestro hermano. En vez de publicar sus defectos, pidamos a Dios que lo bendiga, y ayudémosle a vencer su error. Cristo aprobará este espíritu y proceder, y abrirá el camino para que hablemos una palabra de sabiduría que fortalecerá y ayudará al que es débil en la fe (Review and Herald, 27 de julio, 1911).

Miércoles 8 de junio: Sin el vestido Los que estaban en los caminos y en los vallados aceptaron la invitación de los mensajeros y vinieron a la fiesta. Entre ellos había malos y buenos, pero la boda se llenó de invitados. Así ocurre con el evangelio: algunos son verdaderos creyentes; otros no tienen vestido de bodas. Algunos que aceptan la invitación parecen formar parte del cuerpo de creyentes, sin embargo nunca se han revestido de Cristo. Pero ningún ser humano puede hacer la obra de separación. La iglesia debe continuar su tarea de dar a conocer la Biblia a pesar de que haya miembros desordenados. Recursos Escuela Sabática ©


Los que vinieron a la fiesta no tenían un vestido adecuado sino uno común, por lo tanto les fue provista la vestimenta adecuada. De la misma manera, antes de estar listos para el banquete que Cristo ha preparado, debemos colocarnos la vestimenta provista, el manto de su justicia. El hombre que vino a la fiesta sin ponerse el vestido de bodas representa aquellos que violan la ley de Dios. La violación de la ley le hizo perder el Edén a Adán, y ningún desobediente podrá entrar por las puertas de la santa ciudad, ni tener acceso al árbol de la vida. Pero el Señor ha hecho provisión para que ningún alma necesite deshonrarle. Cristo dio su vida para que sea posible el perdón divino por cada pecado, y ha provisto el vestido de bodas que es esencial para cada uno. Los que piensan que están preparados sin vestir el manto de la justicia de Cristo, al fin encontrarán que han perdido su alma. La fe se perfecciona en las obras. Aunque alguien reclame el privilegio de ser cristiano, si no ha cambiado de carácter, es porque no tiene el vestido de bodas. Puede pensar que es suficientemente bueno, suficientemente virtuoso; pero sin la fe en Cristo, depende de sus propios méritos, y no se ha arrepentido verdaderamente de sus pecados. Cuando Cristo venga a examinar a los invitados, dará la orden: "Atadlo de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera". "Muchos son llamados, y pocos escogidos". Esta declaración se refiere al destino final. Los seres humanos son muy queridos al corazón de Dios; todos son invitados a la fiesta. Pero muchos vienen sin tener el vestido de bodas, porque no han aceptado la justicia de Cristo. No se han arrepentido ni hecho paz con Dios, y por lo tanto no han recibido la oferta gratuita. Cristo debe ser el todo y en todo en cada alma. Los que tratan de resolver por sí mismos el misterio de la creación, el misterio de la redención y el misterio de la eternidad, se confundirán. Pero los que aceptan y reciben el vestido provisto para ellos a un precio infinito, encontrarán entrada abundante a la rica fiesta de las bendiciones espirituales. Saben que al recibir ese manto, también son receptores del favor divino. Al recibir la justicia del Salvador, Dios coloca su sello sobre ellos (Review and Herald, 8 de mayo, 1900).

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Jueves 9 de junio: La investigación La ley de Dios llega hasta los sentimientos y los motivos, tanto como a los actos externos. Revela los secretos del corazón proyectando luz sobre cosas que antes estaban sepultadas en tinieblas. Dios conoce cada pensamiento, cada propósito, cada plan, cada motivo. Los libros del cielo registran los pecados que se hubieran cometido si hubiese habido oportunidad. Dios traerá ajuicio toda obra, con toda cosa encubierta. Con su ley mide el carácter de cada hombre. Así como el artista transfiere al lienzo los rasgos del rostro, así también los rasgos del carácter de cada individuo son transferidos a los libros del cielo. Dios tiene una fotografía perfecta del carácter de cada hombre, y compara esa fotografía con su ley. Él revela al hombre los defectos que echan a perder su vida, y lo exhorta a que se arrepienta y se aparte del pecado (Comentario bíblico adventista, tomo 4, p. 1061). Las iglesias profesas de Cristo de esta generación disfrutan de los más altos privilegios. El Señor nos ha sido revelado con una luz cada vez mayor. Nuestros privilegios son mucho más grandes que los del antiguo pueblo de Dios. No solo poseemos la gran luz confiada a Israel, sino que tenemos la creciente evidencia de la gran salvación que nos ha sido traída por Jesucristo. Aquello que era tipo y símbolo para los judíos es una realidad para nosotros. Ellos tenían la historia del Antiguo Testamento; nosotros tenemos eso y también el Nuevo Testamento. Tenemos la seguridad de un Salvador que ha venido, que ha sido crucificado, que ha resucitado y que junto al sepulcro de José proclamó: "Yo soy la resurrección y la vida". En virtud del conocimiento que poseemos de Cristo y su amor, el reino de Dios es puesto en medio de nosotros. Cristo nos es revelado en sermones y nos es cantado en himnos. El banquete espiritual nos es presentado con rica abundancia. El vestido de bodas, provisto a un precio infinito, es ofrecido gratuitamente a cada alma. Mediante los mensajeros de Dios nos son presentadas la justicia de Cristo, la justificación por la fe, y las preciosas y grandísimas promesas de la Palabra de Dios, el libre acceso al Padre por medio de Cristo, la consolación del Espíritu y la bien fundada seguridad de la vida eterna en el reino de Dios. ¿Qué otra cosa podía hacer Dios que no haya hecho al proveer la gran cena, el banquete celestial? (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 258). La gloria, las riquezas y el honor ofrecidos por el Hijo de Dios son de infinito valor. Ni los hombres ni los ángeles pueden dar una idea adecuada de Recursos Escuela Sabática ©


su precio infinito. Si los seres humanos que están hundidos en el pecado y la degradación rehúsan los beneficios celestiales; rehúsan vivir una vida de obediencia y se burlan de la misericordiosa invitación y eligen las cosas temporales de esta tierra, Cristo hará cumplir la figura usada en la parábola. Los que se excusan y continúan en el pecado y en conformidad con el mundo, serán dejados con sus ídolos. Llegará el día en el que nadie podrá pedir ser excusado. Cuando Cristo venga en su gloria, y en la gloria de su Padre, y todos los ángeles celestiales con él, no habrá ningún espectador indiferente. Las especulaciones no satisfarán al alma. Los lingotes de oro a los que los avaros miraban con tantas ansias, ya no serán atractivos. Los palacios que los orgullosos de la tierra habían convertido en sus ídolos, se vendrán abajo con su carga. Nadie se excusará diciendo que debe cuidar a su esposa recién casada, sus tierras o su ganado como razón para no gozar de la gloria que se presenta a su vista. Todos querrán una parte en ella, pero ya no será para ellos (Review and Herald, 17 de enero, 1899).

Viernes 10 de junio: Para estudiar y meditar Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 249-260.

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II Trimestre de 2011 Libro Complementario

Vestiduras de gracia De hojas de higuera a manto de justicia

Tim Crosby

Capítulo Once

Amigos en posiciones encumbradas

D

irijamos nuestra atención al famoso compositor Johann Sebastian Bach.

«Algo de lo que no estoy del todo seguro es si los ángeles tocan música de Bach al alabar a Dios». —Karl Barth «Bach es único, al igual que Dios lo es». —Héctor Berliotz «Bach representa la música más excelsa y la más pura que jamás se haya escuchado». —Pablo Casáis «Bach se asemeja a un astrónomo que con la ayuda de una clave encuentra las estrellas más resplandecientes». —Frederic Chopin «La más elevada música cristiana de todo el mundo [...]. Si la vida me hubiera arrebatado la fe y la esperanza, esta sencilla pieza me la habría devuelto». —Félix Mendelssohn «Bach representa el principio y el fin de toda música». —Max Reger «La música moderna se lo debe todo a Bach». —Nikolai Rimsky-Korsakov Alguien le preguntó al biólogo y filósofo Lewis Thomas cuál sería la obra que recomendaría lanzar al espacio, con la idea de que algún día fuera descubierta por alguna civilización galáctica. Thomas sugirió que se podría realizar una transmisión ininterrumpida de las obras de Bach, «aunque eso sería presumir un poco», añadió. © Recursos Escuela Sabática


Pero podríamos hacer algo mejor, como diría el mismo Bach, quien era un cristiano practicante. Si Bach es el más destacado músico de todos los tiempos, ¿quién será el mejor abogado, el más importante mediador, el mejor intercesor de todas las edades? Bien, la respuesta es tan complicada que tendríamos que hacer una investigación especial. Para empezar, vayamos a la época de la revolución estadounidense. Michael Whitman era el propietario de un hotel en el poblado de Efrata, Pensilvania. Whitman estaba totalmente opuesto a las ideas revolucionarias. También era miembro de la junta directiva de la Iglesia Reformada de la localidad. Como a un kilómetro de distancia del hotel de Whitman, vivía Peter Miller. Este último había abandonado la Iglesia Reformada para convertirse en el dirigente del Cloister de Efrata, un grupo de bautistas del séptimo día de origen alemán que practicaban el celibato y observaban el sábado. Miller hablaba varios idiomas. En una oportunidad, Benjamín Franklin le solicitó a nombre del Congreso Continental que tradujera la Declaración de Independencia a varios idiomas con el fin de enviarla a diversos países. Michael Whitman odiaba a Peter Miller, y un día se encontraron en la calle. Whitman se le acercó y lo escupió en la cara. Miller no le hizo caso y siguió su camino, pero el hotelero continuaba hostigándolo y humillándolo. Una noche de invierno, dos hombres se detuvieron en la posada de Whitman para comer y hospedarse. Aunque Whitman no lo sabía, eran agentes encubiertos. Cuando el parlanchín Whitman comenzó a denostar la causa de la revolución, los agentes trataron de arrestarlo. Whitman escapó, pero fue apresado más tarde y llevado a Filadelfia donde sería juzgado. Poco después, Miller se enteró que Whitman había sido condenado a la horca. ¿Cómo se habría sentido usted si hubiera sido Miller? Les diré cómo se sintió Miller. Pensó que había algo bueno en Michael Whitman. Así que se dirigió a pie por caminos llenos de nieve a entrevistarse con el general George Washington, quien se encontraba a una respetable distancia en el poblado de Valley Forge. Allí intercedió por la vida de Whitman, pero fue en vano. Washington le contestó: —No Peter, no puedo perdonar a su amigo. Deseo dar un escarmiento con él. —El no es mi amigo—dijo Miller—. Michael Whitman es mi peor enemigo. Él me provoca incesantemente, pero mi Señor me ha ordenado que ben© Recursos Escuela Sabática


diga a quienes me maldicen y me persiguen. Washington quedó impresionado. —¿Está usted diciendo que ha caminado más de cien kilómetros a través de caminos llenos de nieve para rogar por la vida de su peor enemigo? Bueno, eso pone las cosas en una perspectiva diferente. Le voy a conceder su pedido. Pero usted tendrá que llevar la carta de perdón personalmente. Washington firmó la nota de perdón y se la entregó a Miller, que de inmediato se puso en camino a West Chester, a unos veinticinco kilómetros de distancia de Valley Forge, donde se llevaría a cabo la ejecución aquella misma tarde. Miller llegó justo en el momento en que Whitman era conducido al cadalso. Al verlo, Whitman exclamó burlonamente: —¡Miren! Ahí viene ese vejete de Miller, ha caminado a través de la nieve desde Efrata para darse el gusto de verme colgar en la horca. Apenas hubo terminado de pronunciar esas palabras, Miller les gritó a los verdugos: —¡Alto! ¡Traigo aquí una orden de perdón! Whitman salvó su vida y cuenta la historia que Peter Miller lo llevó de vuelta a Efrata, ya no como su enemigo, sino como su amigo. Ahora bien, ¿qué fue lo que llevó a Peter Miller a actuar como un real intercesor? ¿Su elocuencia? No. ¿Su amistad con Washington? En realidad, no. ¿Su amistad con Michael Whitman? Tampoco. Fue gracias al sacrificio del Señor. Fue motivado por el precio que Jesús pagó. Existen muchos intercesores que acuden a los legisladores para hablar a favor de determinadas industrias o empresas. Los llamamos «cabilderos». No es que disfruten de una reputación muy buena, ya que se les paga por lo que hacen. En realidad, ellos no realizan ningún sacrificio. En el mismo barco en el que John Wesley viajaba a América, venía un joven suizo originario de Zurich. El padre y la madre del chico murieron durante el viaje y fueron lanzados al mar. Al desembarcar, el joven se encontró totalmente solo en una tierra extraña. Su nombre era Abraham Bininger. Un día, ya siendo hombre, luego de escuchar hablar de la gran miseria y degradación existente en la isla de Saint Thomas, pidió ser enviado a aquel lugar para contarles a los esclavos allí residentes la historia de la cruz. Al llegar a la isla se enteró que era ilegal predicar a los esclavos a menos que fuera un esclavo quien lo hiciera. La política de los hacendados era © Recursos Escuela Sabática


mantener a los esclavos en una total ignorancia y superstición. Abraham oró y meditó al respecto. Pronto, el gobernador de Saint Thomas recibió una misiva de parte de Abraham. En la misma, el autor solicitaba encarecidamente que se le permitiera convertirse en un esclavo por el resto de su vida, prometiendo servir con fidelidad en esa condición siempre y cuando se le permitiera en su tiempo libre predicarles a sus consiervos en la esclavitud. El gobernador remitió la solicitud al rey de Dinamarca. Este último se sintió tan conmovido, que redactó un decreto que le permitía a Abraham Bininger predicar el evangelio en cualquier lugar y a cualquier persona, fuera negra, blanca, libre o esclava. ¿Qué le permitió a Bininger convertirse en un abogado tan efectivo a favor de los esclavos? Fue el sacrificio de Jesús. Cari Wilkins y Eric Guttschuss laboraban para la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA), una organización de ayuda para los necesitados. Un día, ambos obreros viajaban a través de las verdes colinas de Ruanda, un país que hacía poco se bañaba en la sangre de los hutus, a quienes los tutsis trataban de eliminar. Cari y Eric se dirigían a un orfanatorio ubicado en un pueblo cercano, cuando vieron a una dama que les pidió que la llevaran. Mientras que Cari y Eric lidiaban con la carretera llena de hoyos, notaron que la señora tenía una profunda cicatriz en la frente y otra en la parte de atrás de su cabeza. Cari le preguntó la causa de aquellas heridas. Ella contestó apesadumbrada. Cari y Eric escucharon boquiabiertos el impresionante testimonio. Durante el reciente baño de sangre, cuando congregaciones enteras fueron masacradas, un hombre la atacó. Este hombre mató a su esposo, un pastor, y la creyó muerta después de herirla con un machete en la cara y la cabeza. Después que los atacantes se marcharon, el hijo de ella salió de su escondite y la rescató, salvándole la vida. Con mucha emoción continuó su relato. «Yo reconocí al hombre que mató a mi esposo y me hirió». Él había sido miembro de una de las congregaciones que mi esposo dirigía. Desde luego, él no sabía que yo había sobrevivido». Meses después, aquella mujer se dirigió a un mercado al aire libre. Allí se encontró de frente con el atacante que le había causado tanto daño. Ambos se quedaron paralizados, mirándose fijamente. El hombre se espantó al ver aquellas horribles cicatrices. Él estaba seguro que había eliminado a su víc© Recursos Escuela Sabática


tima. Después comenzó a temblar. Los demás se dieron cuenta y se arremolinaron esperando ver el desenlace de aquel encuentro, mientras el criminal sudaba copiosamente. «¿Qué le sucede a este hombre? ¿Por qué actúa así?», comenzaron a preguntarse todos. Dándose vuelta, la viuda de aquel pastor dijo calmadamente a los que se agolpaban alrededor: «Este hombre me vio en el hospital mientras yo estaba grave, y no pensó que sobreviviría. Por eso hoy se ha asustado tanto al verme». Luego se acercó al hombre, llamándolo por su nombre, y le dijo: «Acompáñeme». Lo llevó a su casa y le dio una camisa limpia de las de su hijo. Después pronunció unas palabras que deben haber sido las más difíciles que jamás dijera: «No sé qué haya usted hecho, o quién más pueda acusarlo, pero en lo que respecta a mí, yo lo perdono». Después de eso, ella no supo más nada de él. Ella se sostiene en la actualidad mediante la venta de casa en casa de libros que cuentan las buenas nuevas del amor y el perdón divino. Eric Guttschuss publicó este relato en la Revista Adventista en enero de 1998. El autor concluye la historia diciendo: «A medida que nos acercábamos a la casa de aquella mujer, en un poblado vecino, me di cuenta que mis valores habían cambiado. La experiencia de aquella mujer y de su perdón extremo me acompañará por el resto de mi vida. Cuando cierro los ojos todavía veo sus cicatrices». Solo Dios conoce el nombre de ella. Ella no tiene idea de todo el bien que ha hecho al perdonar a su agresor. Su sacrificio hace que resplandezcamos llenos de misericordia. La pequeña moneda entregada por una viuda a quien Jesús felicitó, ha resultado en un niágara de riquezas que fluyen para apoyar al evangelio. De igual forma el anterior relato podría proveer una esperanza de sanidad a los corazones que han sido marcados por el veneno de la amargura y el resentimiento. Sin embargo, el sacrificio de Bininger, así como el de Peter Miller y el de la viuda de Ruanda, no se comparan con el sacrificio de Jesucristo. Jesús lo dio todo y obtuvo aún más. Él dejó a un lado la corona y la gloria, y descendió muy bajo, a la oscuridad y el lodo de la depravación humana. Allí se humilló, sufriendo la muerte de cruz. Él conoció el pecado por nosotros. Pagó el precio por nuestros pecados y murió la muerte que merecemos para que tengamos la vida que él merece. © Recursos Escuela Sabática


Cuando los seres humanos incurren en alguna deuda que no pueden pagar, nuestro Creador asume la responsabilidad por nosotros y la salda. El concepto tradicional que se utiliza para definir este acto es expiación vicaria sustitutiva. En la actualidad dicho concepto ha sido cuestionado, incluso entre los adventistas. Después de todo, parece injusto castigar a alguien por los crímenes ajenos. ¿En qué sentido la mediación o intercesión de Jesús adquiere un sentido de corrección? Si Dios es todo amor, ¿por qué Jesús tuvo que interceder ante él para que nos perdonara? ¿Acaso es Dios tan complicado? Hace muchos años iba en un autobús escolar cuando un maestro me acusó de haber lanzado un escupitajo, y me cambiaron de asiento. Eso me indignó. ¡Fue muy injusto! ¿Tener que pagar por la culpa de otro? En aquel tiempo era un adolescente y no estaba de acuerdo con la idea de ofrecerme como una víctima voluntaria. Además, yo no tenía ninguna relación con el culpable como para salvarle el pellejo, y apenas me sentía culpable de otras acciones. Jesús, sin embargo, no fue escogido al azar como otro ser creado. Él es el Creador y tiene el mismo parentesco con nosotros que un padre posee con su hijo. Los padres generalmente se ofrecen para pagar las deudas de sus hijos. Todo el que ha visto uno de esos programas de tribunales televisivos, sabe que cuando algún menor de edad comete una fechoría, como dañar un automóvil, los padres responden. ¿Por qué? Lo hacen principalmente porque los chicos no poseen recursos para cubrir la deuda. Por lo tanto, el sacrificio vicario tiene sentido, incluso desde el punto de vista de la jurisprudencia contemporánea. Si un chico rompe un jarrón en una tienda y el padre dice: «Cárguenlo a mi cuenta», ningún dueño de tienda va a decir: «Oh no, ¡eso es injusto y no procede! El que lo rompió es quien debe pagarlo». Pero el joven no tiene recursos para hacerlo, así que debe hacerlo por él. El concepto del sacrificio vicario que de nuestra cultura. Existe otra forma de considerar el tema. En 2 Corintios 5:14 se nos dice que uno murió por todos, y que por lo tanto, todos han muerto. Supongamos que dentro de un libro hay una tarjeta. Por consiguiente, todo lo que le suceda al libro le sucederá a la tarjeta. Si el libro es lanzado al fuego o al agua, la tarjeta lo acompañará.

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Ahora bien, una expresión común de Pablo es «en Cristo». ¿Qué significado tiene? Significa que una vez que nos integramos a Cristo, todo lo que le suceda a él nos sucederá a nosotros. Cuando él murió, nosotros también morimos. Cuando él resucitó, nosotros lo hicimos con él. Ahora que está en el cielo sentado a la diestra de Dios, nosotros también estamos sentados en los lugares celestiales con él (Efesios 2:6). Estas son muy buenas nuevas, pero también son motivo de perplejidad. ¿Por qué Jesús tiene que interceder por nosotros ante Dios? ¿Es que Dios no nos ama? ¿Es Dios tan intransigente que debe ser forzado por Jesús para que sienta compasión y misericordia? En la actualidad se suele decir que Dios no necesita que nadie lo convenza para que actúe en forma bondadosa hacia nosotros. Esto es verdad en el sentido de que es Dios quien originalmente propone el plan de salvación y envía a Jesús a morir. Es obvio que él siente compasión por los seres humanos caídos. Pero, ¿se ha fijado que cada vez que el Dios del Antiguo Testamento, que es también el Dios del Nuevo Testamento, discute con alguien respecto al tema de la raza caída, concluye proponiendo que impere la justicia, mientras que el interlocutor humano se inclina del lado de la misericordia? Medite en lo anterior. En Génesis 18 Abraham le implora a Dios que perdone a la ciudad de Sodoma si en ella encuentra diez personas justas. En Job 42:7-10, Dios se incomoda con Elifaz y sus dos amigos que no se han expresado correctamente de él, pero acepta el sacrificio de ellos después de la intercesión de Job. Cuando Dios y Moisés dialogan, el primero desea destruir a sus infieles seguidores, pero Moisés le suplica que los perdone y Dios finalmente cede (Números 14:19, 20). Más adelante, Moisés logra que Aarón sea perdonado (Deuteronomio 9:20). Ezequías obtiene la salud y el perdón para su pueblo en 2 Crónicas 3:18-20. Dios amenaza con llevar enjambres de langostas a Israel en Amos 7:1-3, pero el profeta clama pidiendo perdón, diciendo que Jacob es demasiado débil para sobrevivir. Entonces Dios cambia de parecer diciendo que tal cosa no sucederá. Todos estos intercesores obtuvieron misericordia a favor de otros al oponerse a la justicia divina. Si Dios es tan bondadoso y amante, ¿por qué parece inclinarse tanto hacia el castigo? Ojalá pudiéramos decir que Dios tan solo amaga, pero hay casos como el de Sodoma, el diluvio universal o el fuego destructor del fin de los © Recursos Escuela Sabática


tiempos en los que el argumento a favor de la misericordia fracasa y Dios aparece implementando un castigo real. Jesús no solo desempeña el papel de un intercesor, sino que refrena la mano vengadora de Dios. Ahora bien, esto parece difícil de digerir, ¿no es así? De igual manera, representa un elemento problemático para algunos. ¿No dijo Jesús que él y el Padre eran uno? ¿Acaso mentía él? ¿Es la Deidad una entidad esquizofrénica? Algunas cosas se entienden mejor mediante una analogía o comparación. En Estados Unidos hay un sistema judicial en el que algunos miembros del tribunal solicitan castigos, mientras que otros recomiendan misericordia. El tribunal posee un fiscal, y al mismo tiempo asigna o acepta un defensor para el acusado o acusada. Ellos argumentan entre sí, aunque su salario proviene de la misma fuente. ¿Es esquizofrénico el tribunal? ¿Es esta una debilidad del sistema? ¡No! Esa es precisamente su fortaleza. Todo es parte de un sistema judicial eficiente. Veamos qué sucede de vez en cuando en una familia funcional y bien equilibrada. Uno de los hijos viola alguna norma. El padre se incomoda y se pasea de un lugar a otro diciendo: «¡Este chico merece ser castigado!». ¿Qué dice la madre? «Querido, ¡por favor no seas demasiado estricto con él!». En otras ocasiones puede ser al revés. ¿Cuál de los dos está en lo correcto? ¿Cuál de los dos ama más a su hijo o hija? Bien, algo parecido sucede con los miembros de la Deidad. Hay una parte de Dios que exige justicia, mientras que otra parte ama la misericordia. Mientras que los pecadores claman pidiendo misericordia, otros exigen justicia. Como se puede ver, este es un elemento clave: hay criaturas en el universo que no han pecado, mientras que nosotros los pecadores nos inclinamos del lado de la misericordia. Sin embargo, los seres sin pe cado, como en el caso de los ángeles, se inclinan hacia el lado de la justicia. Dios no solo debe pensar en nuestro bienestar, sino también en los derechos y sentimientos de todas las criaturas no caídas que tendrían motivos para preguntarse por qué Dios nos ha soportado por tanto tiempo. Analicemos el problema desde el punto de vista de ellos, algo que normalmente no hacemos. Ponernos en su lugar implica realizar un experimento un poco difícil. Voy a emplear una ilustración algo vivida, que quizá sea un tanto impresionante. Supongamos que el mejor amigo suyo tiene una bella hija. Un día la chica es secuestrada, violada y asesinada a puñaladas. El asesino es capturado y llevado a juicio. Se descubre que él ha cometido el mismo crimen anterior© Recursos Escuela Sabática


mente. Usted está sentado o sentada en la sala del tribunal, escuchando con gran enojo cómo el abogado del acusado lo defiende, diciendo que su cliente ha tenido una niñez repleta de problemas y que por lo tanto debe ser puesto en libertad. Usted apenas se puede controlar mientras el juez se vuelve hacia el acusado, preguntando: —¿Lamenta usted lo que hizo? —Sí, señoría. —¿Promete no volver a hacerlo? —Sí, señoría. —Muy bien —afirma el juez—. Lo voy a poner en libertad, puede marcharse. ¿Consideraría ese maravilloso ejemplo de misericordia como un terrible error de la justicia? ¿Esperaría usted que el juez dejara en libertad al asesino, o que lo encarcelara y luego echara la llave al río? ¿Por qué es usted tan intransigente? ¿Lo entiende mejor ahora? Aunque el amigo que ha perdido a una hija estuviera dispuesto a perdonar al asesino, el sistema judicial aún tendría la obligación de castigarlo. Dios prohíbe que los cristianos se venguen de quienes les han hecho daño, diciendo que dejen ese acto en las manos de Él (Romanos 12:19). «No asuman el papel que le corresponde a la justicia», es una norma de toda sociedad civilizada. Pero esta norma funciona únicamente en los lugares donde los tribunales respaldan a las víctimas. Si no hay un castigo legal, una venganza judicial, entonces el estado de derecho se desmorona y cada uno tendrá que defenderse por sí mismo. El Juez del universo tiene que ser equilibrado en sus juicios. Cuando el castiga al culpable debe hacerlo sin malicia, más bien motivado por el amor a la justicia. La maldad debe ser castigada. Alguien debe responder por los delitos cometidos. Dios no puede, como el juez injusto de la parábola, pasar por alto la maldad cometida. Aunque Dios favorece la justicia, una parte de él desea ejercer misericordia. Hace mucho tiempo Dios asumió la tarea de reconciliar la justicia y la misericordia al concentrar en su persona el castigo por la violación de la ley. Él envió a su amado Hijo a morir. Lo hizo porque, oh maravilla de maravillas, ¡él ama a los pecadores tanto como ama a su Hijo! Jesús les dijo a sus discípulos que Dios los amaba: «Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya © Recursos Escuela Sabática


no os hablaré en alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios» (Juan 16:24-27). Jesús habló con los discípulos después de la última cena y poco antes de su crucifixión. Intercedió por ellos en muchas ocasiones en jornadas de oración de toda una noche. Recordemos lo que le dijo a Pedro: «Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte» (Lucas 22:32). Incluso estuvo dispuesto a interceder por ellos nuevamente poco después: «Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son» (Juan 17:9). El Maestro no dice que no orará al Padre nuevamente a favor de ellos. Tampoco está diciendo que de allí en adelante ellos tendrán que acudir directamente al Padre, pues unos minutos antes había dicho: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6). De hecho, él les recuerda una y otra vez que cuando le pidan un favor a Dios, deben hacerlo en su nombre, y no en el de ellos (Juan 16:23, 24, 26). Así que cuando Jesús afirma que el mismo Padre los ama, los está preparando para las pruebas que se avecinan. Jesús les está asegurando que Dios estará del lado de ellos aun cuando él se ausente. Ciertamente, durante el tiempo que él permanezca en la tumba ellos estarán sin un intercesor, pero estarán a salvo porque el Padre los ama. Jesús los ha recomendado muy bien. Esto es exactamente lo que Jesús ha hecho con todo aquel que lo ha aceptado como su salvador. Él nos recomienda. Él pide que se nos trate como a él en caso de que cometamos errores. En 1 Juan 2:1 lo entendemos mejor: «Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre a Jesucristo, el justo». Fijémonos que el texto no dice que si somos buenos Jesús intercederá por nosotros. Es cuando pecamos que tenemos necesidad de un defensor. El motivo por el que lo necesitamos es porque continuamos pecando. Afortunadamente, después de lo que Jesús sufrió en el Calvario, ¡Dios no puede decirle no a su Hijo! Por esa razón es que oramos en el nombre de Jesús y llevamos las vestiduras que él nos proporciona. Nuestras vidas están contaminadas con el pecado. Somos una especie de ofensa ante un Dios santo, así como un cachorro que se ha revolcado en el estiércol ofende nuestros sentidos. No podemos llevar nuestra suciedad al salón del trono celestial, así como no podemos comparecer ante un rey terrenal llevando zapatos enlodados y ropa sucia. Pero cuando lavamos nuestras ropas y acudimos a Dios en el nombre de Jesús, ese nombre nos abre las puertas del cielo. © Recursos Escuela Sabática


Por lo tanto, hay buenas noticias: Tenemos un amigo en el tribunal del cielo. Jesús es el mediador divino. Mientras cometamos nuevos pecados, necesitamos de dicha mediación. «Por eso puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebreos 7:25). Así que si alguien se pregunta cuál de los logros humanos deberíamos lanzar al espacio para que algún día sea descubierto por alguna civilización galáctica, podemos presentar algo mejor que la obra de Bach. Bach es para la música, lo que Jesús es para Bach. No será necesario utilizar anuncios publicitarios espaciales. Jesús es nuestro mejor anuncio publicitario y está ahora mismo en el cielo intercediendo por nosotros. Como si eso no fuera suficiente, ¡en la Carta a los Romanos se nos dice que también el Espíritu Santo intercede por nosotros! Tenemos amigos en posiciones encumbradas. Jesús desea que sus bellos acordes vibren en nosotros. «Porque no entró Cristo en el santuario hecho por los hombres, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora por nosotros ante Dios» (Hebreos 9:24). «Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo» (1 Juan 2:1).

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Comentario de la Leccion Nro 11 del 2do Trim. 2011