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Š 2010 por Henry Padilla Londoùo Todos los derechos reservados.


-No sé si las volveré a ver, no me puedo mover, no puedo gritar…. -Vamos, espere, gritó un hombre, que desesperado gritaba por el teléfono, envíen una ambulancia, rápido, aun está vivo. Los ojos de Rubén seguian al hombre del teléfono, mientras el


vil, queria gritar, salir de ahí, pero no podia mover un solo musculo de su cuerpo. Vio como el hombre guardó el teléfono en el bolsillo de su saco, y empezó a intentar abrir la puerta del auto, hasta que la puerta se abrio de un golpe. -Vamos, tenga calma le gritaba el hombre, agitado, y nervioso, tenga calma… Rubén lo miró, sólo podia seguirlo con su mirada. Recordó los momentos antes de salir de su casa, recordó que lo estában esperando, sólo había salido a comprar un poco de leche, todo esto pasaba por un poco de leche… Sentía como la sangre le corría por el cuello, estaba sentado en su auto, su corazón latía


fuertemente, no podía pensar claro. -Me estoy muriendo, pensó, mientras sintió el terror que inundaba su alma, aun no estaba preparado, aun no… -Mi Clarita, mi niña, todo lo que quise hacer y no he hecho… ¿Qué será de ti?, no te voy a ver crecer…. Sólo por una leche, no puede ser… Quiero parame de aquí, irme a mi casa, dejar todo atrás, ¿Por qué a mí?, yo no le hago daño a nadie, sólo sali a comprar una leche… -Ya llame la ambulancia, no se preocupe, ya viene, ya vienen… -Rubén, mi amor, falta leche, ¿quieres ir a comprar? -Mañana, estoy cansado.


-Mañana no hay para el desayuno de la niña, ni para ti…. -No me acuerdes de ese trabajo, quisiera no ir, que jartera, siempre lo mismo, estudie para ser un robot en una empresa. -Vamos mi amor, no es tan malo, tienes una familia que te quiere, le dijo Amalia haciéndole un giño con sus ojos. -Si hubiera escuchado a mi papá… -Déjate de sentimentalismos, y ve a traer la leche. Rubén se paro, tomo las llaves del auto y su chaqueta, miro a su hija que leía un libro, tirada en el piso, mirando también la televisión, y salió sin decir palabra. -La vida se me va de las manos, y la desperdicie en nada, en nada…. Las lagrimas corrían por las mejillas de Rubén, mientras recordaba sus últimos momentos, vio como una oscuridad lo


lleno todo, sintió un frio profundo, no podía gritar, sabía que era la muerte que estaba apoderándose de él, y sintió terror en su alma. -Ven conmigo, escucho la voz clara que le dijo, mientras era jalado fuertemente y avanzaba por una oscuridad, como jalado por una fuerza invisible. -¿Donde estoy, que es esto?, se sorprendió a sí mismo al oírse decir en fuerte voz. Estaba rodeado por esa oscuridad, podía moverse con toda agilidad, pero no podía salir de la oscuridad que lo rodeaba. Se miro por un momento, estaba tal como se acordaba que había dejado su casa. De repente vio como una ventana de luz, que apareció frente a él, y pudo verse sentado en el auto, con sus ojos abiertos, la gente mirándolo, la ambulancia había llegado


y estaban intentando reanimarlo. Se acerco a la ventana, se apoyo contra ella y empezó a golpearla, para llamar la atención, pero nadie podía escucharlo. Mientras todavía miraba, vio como lo que estaba al otro lado de la ventana empezo a moverse, y todo empezó a pasar rápido, el mundo de afuera, pasaba rápido ante sus ojos, sin el poder distinguir exactamente lo que pasaba. Miro el sitio donde estaba. Estaba totaltalmente oscuro, vio un rincón en el cual había un poco de luz, y empezó a caminar hacia el sitio, pudo sentir que el piso estaba lleno de toda clase de bichos, insectos de toda clase, que al contacto con su cuerpo, se introducían por sus carnes,


no podía detenerlos, ahora sentía como se movían dentro de él, los podía ver moverse a través de la piel. Llego hasta el sitio con un poco de luz, había un pequeño sitio donde no había insectos, estaba limpio, se agacho en el sitio y se cogió su cabeza con sus manos. Había un gran dolor en todo su cuerpo, pero también había un gran dolor en toda su alma, sabía que había cosas que tenía que haber hecho, pero nunca había hecho. -¿Dónde estoy?, no podía ver a nadie, la oscuridad era total, no había sonido alguno, sabía que el sitio estaba lleno de esos insectos que se metían por sus carnes, estaban por todas partes, solo en ese pequeño rincón no había. -¿Es esto la muerte?, ¿no hay nadie que me responda? El silencio era absoluto, podía ver la ventana desde el sitio donde estaba, todo pasaba rápidamente, estaba como en un cuarto, podía de alguna forma sentir-


lo, era como una prisión, pero no podía distinguir las paredes, ni podía distinguir a nadie. Se sentía sucio, los insectos que se movía en su cuerpo, le causaban repulsión, pero un dolor mayor se apoderaba de todo su ser. Ahora sabía que había rechazado al único que lo había querido ayudar, de alguna forma ahora era consciente de la existencia de un Dios, sabía que existía, pero él, ahora estaba para siempre lejos de él, había rechazado creer en él, había escogido vivir para si mismo, había escogido seguir sus propias decisiones, y no escuchar nada relacionado con Dios. -¿Como pude ser tan tonto? ¿Cómo pude negar lo evidente?, ahora de alguna forma sé que es cierto, que él es el creador de todo, que él es Dios, pero yo lo rechace, yo lo rechace, se decía Rubén cogiéndose la cabeza entre sus manos. -El saber que rechace la oportunidad de vivir en la Luz, con Él, me duele más, que el dolor que me producen estos bichos, ¿Estaré aquí para siempre?


Rubén lloraba amargamente, pero estaba lejos de cualquier ayuda, en la oscuridad total, en el sitio que él había escogido para pasar su eternidad, porque había rechazado creer en el único que podía librar su alma del tormento eterno. -Ahora entiendo, ahora entiendo, siempre pensé que cuando me hablaban del tormento eterno, pensé que ese Dios era un Dios malvado que se satisfacía en atormentar, y es el tormento de conocer la verdad y verse para siempre separado de ella, es saberse destinado para siempre a esta oscuridad, alejado de Dios, porque yo mismo escogí este sitio, es saberme la comida eterna de estos bichos, que comerán mis carnes por la eternidad, es saberme completamente solo, sin tener a quien acudir, sin tener con quien hablar, este es el infierno, esta oscuridad profunda y absoluta, de donde no hay principio, ni fin. Es saber, saber con plena certeza, de la existencia de ese Dios al cual rechace, y estar para siempre alejado de él.


Ahora había como un fuego en su interior, que lo consumía por dentro, el pensar que estaría toda la eternidad apartado de Dios, en esa completa oscuridad, era como un fuego en su interior, que hacia que el tormento de los insectos en su cuerpo fuera como nada. -Perdón…. Grito a toda voz, Perdón….. Empezó a caminar hacia el centro del cuarto, de alguna forma estaba el consiente de ese sitio, sin poderlo ver, camino, mientras sentía como los insectos se introducían por sus carnes, comían sus carnes.


Cayó de rodillas en la mitad del cuarto, los insectos parecían enloquecer, introduciéndose por sus manos, por sus pies, por todo su cuerpo, pero el dolor que sentía en su alma era mucho mayor… -Perdón, Dios, perdón, dame otra oportunidad, dijo en llanto Rubén. Una poderosa luz ilumino el sitio donde estaba, el la miro con su rostro en llanto, sabía que Dios estaba ahí. -Perdón, Dios, dame otra oportunidad, dijo otra vez. -Te doy una segunda oportunidad, escucho claramente una voz salir de la luz. Al momento vio el mundo que pasaba rápido en la ventana del cuarto, empezó a detenerse, hasta que se detuvo por completo, y una puerta apareció en un lado del cuarto. Rubén corrió hacia la puerta y salió apresurado, vio unas es-


caleras y corrió hacia ellas bajándolas a saltos, al momento se vio en la calle, con las llaves del auto en sus manos. Miro hacia atrás, pero ya no pudo ver las escaleras, sólo había un anuncio de un supermercado, estaba como a cien metros de su casa. Empezó a correr a todo lo que pudo, entro a toda prisa y miro intentando buscar a su hija y a su esposa. -Amalia, Clara, grito Rubén con todas sus fuerzas. Las dos aparecieron por la puerta de la cocina, mirándolo muy extrañadas. -¿Trajiste la leche?, le pregunto Amalia extrañada. Rubén corrió hacia ellas y las abrazó fuertemente, mientras lloraba. Y usted querido lector, ¿Donde pasara la eternidad? Si se desea reconciliarse con Dios, recibir el perdon que le ha dado a todo aquel ue cree en Cristo, Jesus, debes creer con todo tu corazón en Jesus, que


murio por ti, y que resucito para darte una nueva vida. Si esto crees, haz la siguiente oración, lo que te salva no es la oración en si, sino la fe de tu corazón en Cristo, Jesus, pero con tu boca lo confiesas para Salvación: -Señor Jesus, creo que moriste por mis pecados, creo que resucitaste al tercer dia para darme una nueva vida, yo te recibo en mi corazón como mi Señor y Salvador, te pido perdon por mis pecados, y entrego mi vida en tus manos, quiero pasar la eternidad contigo, quiero estar para siempre contigo. Si has hecho esta oración con todo tu corazón, entonces eres salvo, y has nacido de nuevo. Deja que el Señor guie tu vida, la sinceridad de tu decicion debe marcar tus actos, debes buscar a hermanos que crean como tú, en una congregación, debes leer la Palabra de Dios, y aprender a conocer a ese Dios, que ahora es tu Padre. Pero, ¿qué dice? "CERCA DE TI ESTA LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU CORAZON," es decir, la palabra de fe que predicamos:


que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios Lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. Rom 10:8 – 10 Si tu mano te es ocasión de pecar, córtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego que no se apaga, donde EL GUSANO DE ELLOS NO MUERE, Y EL FUEGO NO SE APAGA. Mar 9:43 – 44 Bendiciones, mi hermano.

Viaje al Infierno  

Un viaje, una advertencia, un sueño, aun tenemos tiempo de cambiar nuestro destino. Léalo, de seguro le hará pensar.

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