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Portada realizada por: Henry Padilla Londo単o


Autor

Henry Padilla Londo単o Estocolmo, Suecia, 2010


Š 2010 por Henry Padilla Londoùo Todos los derechos reservados.


A CUENTAS CON DIOS

A Cuentas con Dios

-Voy a perder el bus Dijo ella mientras salía corriendo, cerró la puerta rápidamente, y corrió al paradero del bus. Podía verlo venir a la distancia. -Parece que lo alcanzare, se dijo mientras corría y metía la mano en su bolsillo para buscar su dinero. El sonido de llantas que chillaban al frenar y raspar contra el suelo, se escucho. Tenía mucho que pensar, pero le llamo la atención que se escucharan tan cerca, volteo a mirar de donde venia el sonido y vio el carro avanzar con rapidez hacia ella, empezó a gritar pero su grito se ahogo en su garganta, el impacto del vehículo la levanto por los aires. Tenía mucho miedo para pensar, pero entendió que había llegado su último minuto,


mientras caía se acordaba de su hija, su Roxana, que sería ahora de ella, apenas era una niña. El sabor de sangre en su boca, se empezó a perder, ahora todo era de repente oscuro, se iba, estaba alejándose, como durmiéndose, y nada podía hacer. La muerte la abrazo, y dio su beso fatal, dejándola tendida en el suelo, mientras todos corrían hacia el sitio. Algunas mujeres que habían visto lo que había pasado, se cogían la cabeza, mientras gritaban, los muchachos pálidos se acercaban curiosos, al sitio donde Camila, yacía tirada. Su cartera había caído a muchos metros, sus monedas habían rodado por todas partes, y ella estaba quieta, echando sangre por la boca, sin mover un músculo. -Está muerta, la mato, dijo un muchacho, mirando al hombre bajo y gordo que descendió del automóvil. El hombre solo se cogía la boca con una mano, mientras la miraba aterrado. -Todo oscuro, mi hija, mi hija, fue lo último que alcanzo a pensar Camila. Por una fracción de segundo, el recuerdo de


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esa muchacha, que había estado en su puerta hablando, llego hasta ella. -Señora, Cristo vino a darnos vida, nadie sabe cuando le llegara su hora, pero en este momento, Señora, usted puede decidir donde pasar la eternidad. Si usted recibe a Jesús, usted tendrá vida eterna, la vida de Dios. -No soy religiosa, lo siento, le dijo Camila, intentando no ser irrespetuosa. Se acordaba de su mama, que había sido una de esas, evangélicas, que andaban hablando de Dios. -No es una religión, Señora Camila, yo no la estoy invitando a una religión, sino a que conozca al autor de la vida, a Jesús. Yo tampoco creo en religiones, yo creo en un Dios vivo, le dijo la muchacha, con gran entusiasmo. -No te entiendo, muchacha, vienes a hablarme aquí, cuando podrías estar pasándola bien con tus amigos. Estas perdiendo tu juventud, ¿es que no lo ves? -¿Cuándo llegara mi última hora señora Camila?, mientras estoy en este mundo quiero servirlo a él. Esta es mi juventud. Pero por algo estamos hablando de esto, ¿no lo cree? -Ah, no señorita, ahora no me vas a venir a asustar a mí. Yo pienso llegar a abuela, y ver a mis nietos, le dijo mirando a Roxana de siete


años. -Yo no le estoy pidiendo plata, ni siquiera la he invitado a una Iglesia, aunque usted sería bienvenida, yo le estoy hablando de Jesús, que él la ama, que él quiere su bien. Y mientras le hablaba, le extendió un papel que llevaba en su mano. Mire, señora Clara, aquí podrá leer un poco de lo que le hablo, solo tiene que creer en Jesús. -Bueno, ya, tengo mucho que hacer, perdóname, pero no tengo más tiempo. Cuando tenga tiempo, leeré tu papel. -Hágalo señora Clara, es Dios quien le extiende una invitación a la vida. Clara estaba en un sitio muy iluminado, todo de blanco, no había nada, solo luz. -¿Qué será de Roxana ahora?, escucho esa pregunta en su cabeza. Se acordó de su hija, quiso llorar pero no podía, no salía ninguna lágrima. -Yo he sido una tonta, rechace la oportunidad que me diste, dijo, mientras se arrodillaba y empezaba a hablar con Dios. -¿A quién le hablas?, escucho claramente retumbar en el sitio. -Yo se que hay un Dios, mi madre me lo en-


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seño, y mi corazón ardía cuando eso pasaba, pero su muerte me lleno de amargura, y me prometí nunca creer en ti, yo se quién eres, Señor Jesús. Quizás es tarde para pedir perdón, pero perdóname, he sido una cabeza dura. -Clara, escucho que le dijeron, y alguien le toco el hombro. Levanto su cabeza y vio a su madre. -Mamá… Se levanto al momento y la abrazo fuertemente. Mamá, grito otra vez. Y empezó a llorar sin consuelo. -Vamos mi capullo, le dijo la mamá, todo va a estar bien. -Pero Roxana, queda sola, mamá, y lo peor es que he rechazado al Señor. -¿Lo has rechazado? -Si fueron a mi puerta, pero… y me olvide de todo lo que me enseñaste. -Si así fuera, no estarías hablando conmigo. Clara, miro por un momento al suelo, pensando, y levanto su cabeza otra vez, pero su mama ya no estaba. -¿Mamá? Ni un sonido, nada. Pero en su corazón una poderosa llama empezó a apoderarse de ella. -Yo se que vives, grito de repente, Dios del


cielo y de la tierra, y que mandaste a tu hijo por mí, por todos nosotros. Jesús, respóndeme ahora, ayúdame. -Estoy junto a ti, siempre he estado esperando que me quieras hablar. Clara cayó de rodillas, no podía ver a nadie, pero sentía la presencia de Dios en el sitio, todo su cuerpo temblaba como una hoja. -Perdóname, dijo en un caudal de llanto, perdóname. -Ya te he perdonado hija, escucho que la voz le dijo. -Clara, tu hora aun no ha llegado, dijo el Señor. -Señor devuélveme la vida, y yo te serviré, dijo ella en palabras casi inentendibles por el llanto. La gente gritaba por todas partes, la luz de las ambulancias llenaban todo el sitio, dando un espectáculo. -Vamos, decía el paramédico, vuelve, y le pego con fuerza en el pecho. -Ella se doblo y soltó una bocanada de sangre. -Ha vuelto, ha vuelto, grito el muchacho. Y empezaron a atenderla, mientras eran dirigidos por médicos a través de la radio.


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El muchacho la miraba impresionado, nunca había visto a nadie, estar tres minutos muerto y volver, pero Clara había estado muerta. -Señora, parece que tiene ángeles que la cuidan, le dijo con una sonrisa en sus labios, ya va a estar bien. Clara escuchaba todo como lejos, veía a los muchachos que movían válvulas y aparatos en su ambulancia, mientras le conectaban tubos, y conversaban entre ellos. -Se salvo de chiripa, dijo uno al otro, estuvo… y se paso la mano por el cuello, pero volvió. -Sí, no es casualidad, le dijo el otro, hay un Dios, que decide cuando, aunque tú no lo creas, y yo te digo, ponte a cuentas con él mientras aun hay tiempo, uno nunca sabe cuando le llega la hora. -Que va, dijo el otro manoteando. Y tú, mi querido lector, estas a cuentas con Dios, con Cristo. Si no es así, recibe al Señor en tu corazón, deja que su vida te llene. Estar a cuentas con Dios, es tener a Cristo en tu corazón, como la niña de este relato, yo no te invito a religiones, te invito a conocer a


un Dios vivo, que murió por ti, y resucito para ti. Atrévete a ser libre. Si quieres recibir a Jesús en tu corazón, lee esta oración con todo tu corazón. Recuerda la clave aquí, es tu honestidad y que lo hagas con todo tu corazón. Oracion de Salvación Señor Jesús, perdóname por mis pecados. Perdóname por haber estado lejos de ti, Yo creo que tú moriste en la cruz por mis pecados y por los de todos. Yo creo que tú resucitaste al tercer día, para darme una nueva vida. Yo te recibo, Jesús, como Señor de mi vida, entrego mi vida en tus manos. Cambia mi naturaleza, señor Jesús, y gracias por hacerme tu hijo. Si has hecho esta oración de corazón, entonces ahora eres salvo. No pienses que no has sentido nada, no se trata de sentir, se trata de creer, no en mí, en Cristo, el Señor. Debes empezar a leer la palabra de Dios, así podrás conocerlo mejor, debes aprender a orarle, amarlo. Ojalá pudieras buscar una Iglesia, donde puedas conocer personas que creen como tú, ellos te pueden ayudar. Deja que la


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luz del Señor te guié. Bendiciones.

A Cuentas con Dios  

Una corta historia que nos alcanza a todos.

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