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Verano 2008

A pesar de las vacaciones... las diversiones no pueden parar.

El día del espantapájaros

El pasado sábado 26 de julio se celebró el día del Espantapájaros en la localidad de Serrada (Valladolid). Se trata de un encuentro intergeneracional y cultural, donde individual o colectivamente se lleva a cabo la creación de un espantapájaros. La actividad pretende ser un modo de integración y fomento de la igualdad.


Día del espantapájaros

“pasamos un día en Serrada, construyendo espantapájaros, comiendo en el campo y disfrutando del campo”

NUESTRO DÍA DE ESPANTAPÁJAROS: Un buen día para disfrutar del ocio y tiempo libre en julio y en compañía de nuestros jóvenes, compartiendo una jornada dentro de la Agenda Joven Ocio. En verano tenemos buenas lechugas, pepinos, tomates…ingredientes de nuestro gazpacho. Con el calor la sandía y melón están en su mejor momento, hidratantes y con propiedades para combatir el riesgo de deshidratación. Hemos decidido ir a Serrada al “Día del Espantapájaros” y aceptar la invitación del Ayuntamiento. Allí nos recibió Ana, una chica muy “maja” según Jesús Alberto y Juan Antonio que la echaban una miradilla de vez en cuando. Después de un buen entrante, nos dirigimos a la nave industrial en coche. Al llegar problemas con la cerradura, vamos que ni el Inspector Gadget con sus “artilugios” y ahí estaba Jesús Alberto que quería probar suerte, técnicamente tenía razón y no le hicimos caso. Finalmente como siempre por la puerta de atrás. Un colaborador del Ayuntamiento, Alberto, nos indicó muy rápidamente cómo iniciarnos en el “arte” de los espantapájaros en diez minutos. Así fue, Roberto, Antonio, Jesús Alberto y Juan Antonio comenzaron a fabricar su propio espantapájaros. Como siempre hay un inicio fotográfico de algo que se antoja difícil de conseguir y que tiene un final feliz, provocado por la sonrisa espontánea de haber realizado tu propia obra. Ya eran las dos de la tarde y a los chavales les empezaban a “rugir las cañerías”, necesitaban alimentar “el saco”. Fue en el Centro Cívico del pueblo donde compartimos mesa con los demás. Sirvieron unos buenos manjares para tarde calurosa, uno frío y otro caliente para equilibrar. Atiborrándonos de lo servido y en completo bienestar al parque nos fuimos, a la sombra estar, unos remoloneaban de la siesta, otros de las atracciones disfrutaban y en armonía quedamos. Todo lo bueno se acaba y había que “volver al tajo” para rematar la faena: ¡Qué pereza, decían algunos!, aunque al final nos pusimos las pilas y salimos “por la puerta grande”. Sólo faltaban los últimos retoques a nuestros espantapájaros: que si le pongo esto, que si esto otro, ayúdame por aquí, ya he acabado, en fin según la “foto finish”, habíamos hecho unos espantapájaros “a la moda del siglo veintiuno”. Acabamos antes de la hora prevista y el intenso calor en la nave nos hizo adelantar la hora de salida de Serrada, para culminar una jornada de éxito, ya que podemos decir que tenemos unos alumnos de primera.


LA HISTORIA DEL ESPANTAPÁJAROS: “En un lejano pueblo de Castilla y León vivía un labrador muy avaro. Se pasaba todo el día vigilando su huerto para que nadie lo tocara. Un día tuvo una idea: Construiré un espantapájaros, y así podré alejar a los animales de mi huerto. Con tres cañas hizo los brazos y las piernas; con paja configuró el cuerpo, una calabaza sirvió de cabeza, dos granos de maíz le colocó para los ojos, una fresca zanahoria conformaba su nariz y una hilera de granos de trigo componían su dentadura. Una vez terminado el espantapájaros le colocó unas ropas rotas y feas y de un golpe seco, lo hincó en la tierra. Le miró atentamente y se dio cuenta de que le faltaba el corazón. Cogió una pera y se la colocó en el pecho. Y allí quedó el espantapájaros moviéndose al ritmo del viento. Una mañana entró un conejo en el huerto y una tarde un gorrión, se aprovecharon del espantapájaros para saciar su hambre y allí en campos de Serrada quedó, abandonado y triste. Al amanecer el labrador volvió al huerto y cuando vio el estado en que había quedado el espantapájaros, se enfadó tanto que le prendió fuego. Por fin cayó al suelo su corazón de pera. El labrador, riéndose, dijo: Esta pera me la como yo. Pero al morder experimentó un cambio, su corazón de piedra se convirtió en un corazón de carne. A partir de entonces dejaba entrar a jugar a los niños y hasta compartía los frutos del huerto con todos los que tenían hambre.”

Disfrute en el parque

Después de comer, y después de descansar a la sombra, nos teníamos que activar... y que mejor que una sesión en los columpios, no?


Foto de los espantapรกjaros creados

todas la fotos las podeis ver en:

http://picasaweb.google.com/AgendaJovenOcio


AJO MAGAZINE VERANO 2008