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ISSN 1692/939X Volumen 5 · Nº 1 · Agosto 2010

Número temático: Bienestar subjetivo y calidad de vida

ISSN 1692/939X Volumen 5 · Nº 1 · Agosto 2010

Artículos Bienestar subjetivo: Una revisión crítica de sus resultados, alcances y limitaciones María Teresa Matijasevic A., Carolina Villada N. y Mónica Ramírez G. Condiciones de vida objetivas y subjetivas en Manizales Liliana Velásquez M. Ingreso y felicidad: Evidencias a partir de la encuesta de calidad de vida en Manizales Liliana Velásquez M. Felicidad, bienestar y capacidad de agencia. El caso de Manizales María Teresa Matijasevic A. , Carolina Villada N. y Mónica Ramírez G.

Reseña de libros Revista de revistas

Centro de Estudios Regionales, Cafeteros y Empresariales · CRECE · Instituto de Estudios Regionales · INER · Universidad de Antioquia Observatorio del Caribe Colombiano


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Volumen 5

Nº 1 Agosto 2010

ISSN 1692/939X

Número temático: Bienestar subjetivo y calidad de vida Artículos ¤ Bienestar subjetivo: Una revisión crítica de sus resultados, alcan-

ces y limitaciones María Teresa Matijasevic, Carolina Villada y Mónica Ramírez.............

5

¤ Condiciones de vida objetivas y subjetivas en Manizales

Liliana Velásquez .......................................................................................... 40

¤ Ingreso y felicidad: Evidencias a partir de la encuesta de calidad

de vida en Manizales Liliana Velásquez............................................................................................. 73

¤ Felicidad, bienestar y capacidad de agencia. El caso de Manizales

María Teresa Matijasevic, Carolina Villada y Mónica Ramírez............. 104

Reseñas de libros .......................................................................................... 151 Revista de revistas ....................................................................................... 155


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Presentación El presente número de RegionEs se ha organizado alrededor de un tema poco conocido en el medio regional y relativamente nuevo en el contexto nacional: bienestar subjetivo y calidad de vida. Se trata de cuatro artículos desarrollados por las investigadoras del CRECE, María Teresa Matijasevic, Liliana Velásquez, Carolina Villada y Mónica Ramírez a raíz de la realización de una encuesta de calidad de vida realizada por el CRECE en 2009 en la ciudad de Manizales y los estudios que se han realizado hasta la fecha basados en esa información. El primer artículo: “Bienestar Subjetivo: Una revisión crítica de sus resultados, alcances y limitaciones” de María Teresa Matijasevic, Mónica Ramírez y Carolina Villada, recoge las conclusiones del estado del arte sobre bienestar subjetivo, en cuanto a su definición, dimensión –afectiva y cognitiva-, así como su relación con la calidad de vida. El artículo sintetiza los principales resultados de bienestar subjetivo con relación a diversos dimensiones de la vida de los ciudadanos, en particular en los contextos económico, social y político, y en relación con características personales, aspiraciones e intereses individuales. El segundo artículo: “Condiciones de vida y objetivas y subjetivas en Manizales” de Liliana Velásquez, es una primera medición para el caso de una ciudad intermedia encontrándose estándares de vida similares a los de Bogotá, sin embargo se encuentran diferencias significativas entre comunas y estratos socioeconómicos. En cuanto a los indicadores subjetivos de felicidad se encuentran en general calificaciones favorables de felicidad y satisfacción con la vida y una reducida autopercepción de pobreza. El tercer artículo: “Ingreso y felicidad: evidencias a partir de la encuesta de calidad de vida de Manizales” de Liliana Velásquez, explora la relación entre felicidad e ingreso para los jefes y cónyuges de hogares urbanos de Manizales. Es un tema polémico. Se encontró que un nivel mayor de ingreso aumenta la probabilidad de ser bastante feliz, aunque se reduce la de ser muy feliz. Ese resultado confirma la teoría absoluta o del umbral. También se validan las teorías relativa, de adaptación y del referente conceptual. En cambio, los resultados no arrojan evidencia a favor de la teoría de las aspiraciones y la de aversión a las pérdidas. El cuarto artículo: “Felicidad, bienestar y capacidad de agencia. El caso de Manizales” de María Teresa Matijasevic, Mónica Ramírez y Carolina Villada, está basado en algunos resultados de la Encuesta de Calidad de Vida aplicada en 2009


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por el CRECE en Manizales y en un conjunto de entrevistas realizadas en esta misma ciudad con relación a los niveles de felicidad y satisfacción con la vida que perciben los habitantes de Manizales, la satisfacción experimentada frente a distintos ámbitos de carácter personal y las concepciones que tienen los ciudadanos sobre sus oportunidades y capacidades para potenciar su bienestar. José Leibovich G. Director Ejecutivo CRECE


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Bienestar subjetivo: Una revisión crítica de sus resultados, alcances y limitaciones María Teresa Matijasevic, Mónica Ramírez y Carolina Villada 1 Resumen El presente artículo recoge las conclusiones de diferentes reflexiones e investigaciones nacionales e internacionales sobre bienestar subjetivo. En la primera parte, aborda lo referente a este concepto, sus antecedentes y sus dimensiones -afectiva y cognitiva-, así como su relación con la calidad de vida. La segunda parte recoge los resultados de diversos estudios relacionados con los distintos dominios de vida y los factores asociados con el bienestar subjetivo: contexto económico, social y político; características de la personalidad; aspiraciones e intereses individuales; y algunas variables demográficas. Finalmente, en la última parte, incluye algunas reflexiones sobre las tendencias y limitaciones metodológicas de las investigaciones en este campo y el alcance de sus resultados.

Palabras clave: Bienestar subjetivo, calidad de vida, dominios de vida, satisfacción, felicidad.

Abstract This article collects the conclusions of different national and international reflections and studies about subjective welfare. The first part examines elements related to he concept, its background, and its dimensions -affective and cognitive-, as well as its relationship with quality of life. The second part collects the findings of diverse studies related with the different life domains and the factors associated with subjective welfare: economic, social, and political context; personality traits; individual aspirations and interests; and some demographic variables. Finally, the last part includes some reflections on methodological trends and limitations of researches in this field and the scope of their findings. Key words: subjective well-being, quality of life, life domains, satisfaction, happiness. 1. M. T. Matijasevic (e-mail: mmatijasevic@crece.org.co), M. Ramírez (e-mail:mramírez@crece. org.co) y C. Villada (e-mail: cvillada@crece.org.co), investigadoras del CRECE.


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I. Concepto y antecedentes El bienestar ha sido objeto de reflexión desde la antigüedad. La revisión de la producción filosófica y científica en torno a este concepto pone en evidencia su complejidad, así como la ausencia de consenso en torno a su significado. Ansa (2008) identifica dos aproximaciones al tema: la primera de ellas toma como referencia el utilitarismo de Bentham y es de tipo subjetivo, hedonista e individualista; mientras la segunda, cuyo referente principal es Aristóteles, es de tipo objetivo, eudaimonista y relacional.2 Ryan y Deci (2001) revisan ambas perspectivas y la derivación del concepto bienestar subjetivo a partir de la primera –es decir, de la aproximación hedonista-, cuyo eje es la satisfacción con la vida, la presencia de estados de ánimo positivos y la ausencia de estados de ánimo negativos. La perspectiva eudaimónica, por su parte, diferencia la felicidad del bienestar y propone que el logro de los aspectos valorados por los seres humanos no siempre lleva a obtener bienestar, independientemente del placer que produzca este logro. Según Padrós (2002) esta concepción de felicidad se encuentra más relacionada con el crecimiento personal y el esfuerzo realizado, mientras el bienestar subjetivo está más relacionado con sentirse relajado y sin problemas. Los estudios impulsados por el Estado de Bienestar desde mediados del siglo XX, se basaron inicialmente en indicadores objetivos referidos a aspectos económicos, tendencia que fue enriquecida a medida que se reconoció la importancia de otros factores.3 Veenhoven (1994) ubica a inicios de la década del setenta la búsqueda de indicadores no económicos, interés que se refleja en la apertura de algunos centros para su estudio y en la realización de encuestas nacionales en Estados Unidos y en algunos países de Europa, dando lugar al llamado “movimiento de los indicadores sociales”. 4 Se considera que es en esta década cuando se fortalece el interés científico en el estudio de la calidad de vida. El mejoramiento de la calidad de vida de las personas, como objetivo prioritario de la acción de los Estados y de las sociedades, convoca hoy en día múltiples voluntades. La ampliación de los enfoques construidos alrededor de la calidad de 2. Con el término eudaimonia Aristóteles se refiere a la felicidad como plenitud de ser, es decir, una comprensión ética de la vida, lo que significa llevar una vida virtuosa, más allá de una felicidad momentánea o cimentada sobre la presencia emociones placenteras (Wills, 2007). 3. Esta perspectiva dio origen a los conceptos “nivel de vida” y “condiciones de vida”, referidos al bienestar objetivo, introduciéndose posteriormente el concepto de “calidad de vida”, que destaca su naturaleza multidimensional. 4. Encuesta de Nivel de Vida en Suecia, Encuesta Social General en los Estados Unidos, Eurobarómetro en la Unión Europea.


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vida y la integración de distintas disciplinas dedicadas a su estudio, han facilitado destacar la importancia de los aspectos subjetivos del bienestar. Así, en la actualidad se suele reconocer la existencia de dos dimensiones de la calidad de vida: una objetiva y una subjetiva. En la primera se incluyen los bienes materiales y los servicios a los que una persona puede acceder, mientras la segunda involucra valoraciones frente a la propia vida y frente al contexto, aproximación que remite al concepto de bienestar subjetivo. Tener en cuenta ambas dimensiones cobra importancia en la medida en que distintas investigaciones han mostrado que los indicadores objetivos y subjetivos no siempre se encuentran correlacionados (Rojas 2005 y Lora 2008) y que cada dimensión agrega información importante respecto a la calidad de vida (Ochoa 2008). Cohen (1998) señala una tercera vía de análisis en torno al bienestar, a partir de la propuesta de Sen, quien, a juicio de este autor, defiende “una métrica del bienestar que mida algo que se encuentre entre los bienes primarios y la utilidad” (Cohen 1998, 38), a lo que denominó capacidad.5 Aunque cuestiona algunos planteamientos de Sen, Cohen (1998) reconoce el valor de esta nueva perspectiva, considerando especialmente la importancia de tener en cuenta lo que los bienes hacen por los seres humanos, independientemente de la utilidad que les confiere.6 Sen (1998) reconoce que, pese a algunas diferencias sustanciales, existe una estrecha relación entre su enfoque sobre la capacidad y la noción aristotélica del bien humano. Para este autor, ser feliz es un funcionamiento importante, pero no el más importante, como ocurre en las versiones hedonistas del utilitarismo. Retomando las dos perspectivas sobre el bienestar, la utilitarista y la eudaimónica, es importante señalar que, según Ansa (2008), es la primera de ellas la más extendida en la literatura económica, siendo ésta, precisamente, la que se analiza en el presente artículo. De acuerdo con Bruni y Porta (2005, 20), “cuando hoy los economistas usan el término felicidad –conscientemente o no – están en línea con Bentham y lejos de Aristóteles”. El bienestar subjetivo, concebido como el resultado del balance global que hace la persona de sus oportunidades vitales, del curso de los acontecimientos a los que se enfrenta y de la experiencia emocional derivada de ello (Blanco y Díaz 2005), comprende tanto apreciaciones cognitivas como valoraciones emocionales o 5. Es decir, entre la dimensión objetiva y subjetiva de la calidad de vida. 6. Cohen (1998) denomina a ese efecto no utilitario de los bienes la vía media, porque se encuentra a mitad de camino entre los bienes y la utilidad. Según este autor, “la vía media está constituida por los estados que en la persona producen los bienes, estados en virtud de los cuales los niveles de utilidad adquieren sus valores” (Cohen 1998, 39).


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afectivas, estando ambas estrechamente relacionadas. El componente cognitivo, concebido como satisfacción con la vida, representa la discrepancia percibida entre las aspiraciones y los logros del sujeto, pudiendo implicar desde la sensación de realización hasta la experiencia de fracaso o frustración. El componente afectivo por su parte, asociado con la felicidad, se refiere a los sentimientos, emociones y estados de ánimo experimentados por la persona (García 2002). Es esta la construcción conceptual más extendida en los estudios y mediciones del bienestar subjetivo, pero, como lo explica Palomar (2005, 114), pese a la proliferación de estudios referidos a este concepto, “como un término genérico, éste comprende una serie de significados, operacionalizaciones y métodos de investigación, y todos ellos se ocupan de una u otra manera de la satisfacción, la felicidad, el afecto y el sentido de bienestar”. Tal como ha sido tratado más comúnmente, el concepto de bienestar subjetivo contempla dos dimensiones o componentes: la satisfacción vital y la felicidad. La satisfacción vital es valorada de manera global (satisfacción general con la vida), o bien, por dominios particulares (familia, educación, trabajo, salud, amigos, ingreso, entre otros factores). Algunos autores proponen que sus determinantes sean buscados en dos niveles, condiciones externas y procesos internos, lo que conlleva a que algunos índices contemplen dos escalas: una personal que indaga variables referidas a la satisfacción experimentada respecto a la situación económica, la salud, los logros alcanzados, las relaciones personales, la seguridad, las relaciones con la comunidad y la seguridad futura; y una nacional que indaga, respecto al país de pertenencia, por la satisfacción con la economía, el medio ambiente, las condiciones sociales, la distribución de la riqueza y la diferencia de salarios, los servicios de salud, el apoyo que el gobierno da a las familias y la confianza en los demás (Yasuko, Romano, García y Félix 2005). Para la medición de la felicidad, algunos investigadores proponen la realización de una única pregunta, referida al grado en el cual la persona se siente feliz mirando la vida en su conjunto, mientras otros se interesan por la frecuencia relativa de las sensaciones positivas y negativas (Myers y Diener 1997). De acuerdo con Padrós (2002), en el componente afectivo del bienestar subjetivo se contemplan la afectividad positiva y la afectividad negativa, denominados por otros autores como afectos positivos o negativos, o como bienestar y malestar. En general, se acepta que el bienestar implica el predominio de emociones o estados de ánimo positivos, sobre la presencia de estados de infelicidad. No obstante, Myers y Diener (1997) señalan que las emociones positivas y las negativas ofrecen correlaciones


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bajas y son predichas por variables diferentes, lo que permite entender que una persona experimente en un mismo momento emociones placenteras y desagradables. Así, según estos autores, el bienestar no se limita a la pura ausencia de emociones negativas. En este sentido, el reconocimiento realista de carencias en ciertos aspectos de la vida, la alternancia de sentimientos de dolor y alegría, y el hecho de experimentar las preocupaciones propias del vivir, no excluye la posibilidad de experimentar bienestar. La relación entre la calidad de vida, el bienestar subjetivo y sus componentes cognitivo y afectivo no es asumida por todos los autores de la misma manera. Mientras algunos consideran el bienestar como el componente subjetivo de la calidad de vida, constituido a su vez por aspectos cognitivos y afectivos, otros postulan a la felicidad como concepto mayor, inclusivo del bienestar y la satisfacción (Cuadra y Florenzano 2003). Alarcón (2006), por su parte, señala que felicidad y bienestar subjetivo se utilizan en la investigación en forma intercambiable; mientras Michalos (1995) considera que felicidad y satisfacción tienen un significado común, de manera tal que una teoría de la satisfacción vital debería ser una teoría de la felicidad y ambas se inscribirían en las teorías del bienestar subjetivo. Otro aspecto que ha caracterizado el debate conceptual sobre el bienestar subjetivo es el énfasis en su carácter estable (relacionado especialmente con la dimensión cognitiva) o transitorio (asociado sobre todo con la esfera emocional). De acuerdo con García y González (2000), aunque hay fuerte evidencia a favor de la existencia tanto de aspectos estables como transitorios del bienestar, los estables parecen tener efectos significativamente más fuertes. En esta perspectiva, García (2002) considera que el bienestar subjetivo se refiere tanto un estado afectivo positivo duradero como a una valoración cognitiva de tal estado durante un tiempo prolongado. En un sentido similar, Myers y Diener (1997), plantean que, aun aceptando los cambios transitorios de humor, el bienestar de la gente es estable a lo largo de los años, estabilidad que sugiere la impronta de rasgos y circunstancias persistentes, mientras los cambios revelan la influencia de acontecimientos vitales puntuales. En relación con este último aspecto, es importante señalar que las investigaciones se han centrado en los acontecimientos adversos, enfatizando en cómo las características de la personalidad y la experiencia previa inciden en la valoración o el impacto de determinados hechos: “Las reacciones varían de acuerdo con anteriores contactos con la adversidad, con el significado atribuido al aconteci-


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miento y con la resistencia psicológica” (Veenhoven 1994,16). Los acontecimientos o experiencias abordados suelen estar referidos a enfermedad, divorcio, pérdida del empleo, accidentes o muerte de un ser querido. Como experiencias positivas se cuentan el matrimonio, el ascenso en el empleo, el aumento de ingresos, ganarse la lotería y los logros académicos. Desde la perspectiva de los estudiosos del tema, existe una importante impronta adaptativa en la psicología humana, por lo que los individuos tienden a adaptarse rápidamente a las nuevas circunstancias. Así, los efectos de diversas experiencias positivas y negativas, no permanecerían con el tiempo (Muñoz, 2007). Por otra parte, las investigaciones referidas al impacto de situaciones límite en la vida de las personas, muestran que la evaluación de una vida plena estaría atravesada por emociones variadas: “Una vida satisfecha estaría alimentada de emociones ricas y variadas, placenteras y desagradables, más que basarse en una experiencia emocional monolítica” (Cousineau 1997, 259). 7 En medio de la ausencia de consenso conceptual, las mediciones subjetivas se han constituido en un complemento importante de los indicadores objetivos del bienestar. En los últimos años, las encuestas de percepciones sobre distintas variables de la calidad de vida se han generalizado, buscando conocer las apreciaciones que tienen los individuos frente a su vida y frente a su contexto. En el ámbito mundial, los estudios de Gallup, el Eurobarómetro y el Latinobarómetro, son los principales sondeos de opinión pública que proporcionan información sobre este aspecto.8 Asimismo, se han realizado mediciones internacionales como el Índice del Planeta Feliz desarrollado por la Fundación Nueva Economía, que ordena a los distintos países de acuerdo con el nivel de felicidad manifestado por la población. Asimismo, el Índice de Bienestar Personal, desarrollado inicialmente para Australia, propone la evaluación de siete dominios de vida como componentes del bienestar. En Colombia, además de estos rankings y de las encuestas de calidad de vida aplicadas desde los años 90 por parte del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y de las alcaldías de las principales ciudades del país, 7. La traducción de este texto, así como de otros en francés, fueron realizadas por Mónica Ramírez. 8. La Encuesta Gallup Mundial y aplicada en 130 países, es una encuesta de opinión aplicada desde 1930, que en la actualidad se ocupa de diversos temas económicos, políticos y sociales, entre los cuales se cuenta un índice de bienestar. El Eurobarómetro, servicio de la Unión Europea creado en 1973, que mide y analiza las tendencias de opinión en todos los países que la conforman. El Latinobarómetro es un estudio de opinión pública aplicado desde 1995, que en la actualidad consulta cerca de 18 países de América Latina.


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que recogen algunas percepciones sobre la satisfacción de la población frente a distintos aspectos de su vida, se han realizado algunas mediciones que reportan los niveles de bienestar subjetivo de los colombianos. Dichos estudios son pocos y se han efectuado básicamente en el ámbito universitario, aunque también se han aplicado encuestas relacionadas con la satisfacción en distintos campos de la vida y con la felicidad, en ámbitos urbanos, concretamente en Bogotá (Wills y Hamilton 2007, Silva y Cadena 2006).

II. Factores asociados con el bienestar subjetivo El bienestar subjetivo es una categoría multidimensional en la que intervienen distintos factores, de importancia variable, de acuerdo con el marco sociocultural, económico y político del que se hace parte, los atributos de la personalidad, los valores e intereses, y otros aspectos que entran en juego cuando alguien hace referencia a su bienestar. Es este un reconocimiento, expresado implícita o explícitamente, en los estudios revisados. Pese a esto, dichos estudios han centrado sus esfuerzos en describir la forma en que uno u otro dominio de la vida, a menudo definido a priori y aislado o controlado, tiene incidencia sobre el bienestar subjetivo. Por lo anterior, la separación analítica de cada uno de los factores resulta ser una limitación para comprender más cabalmente cómo se configura el bienestar subjetivo; pudiendo dar lugar a una perspectiva simplificadora del mismo, aspecto que será ampliado en la tercera y última parte del documento. Este apartado se ocupa de presentar la forma en que cada uno de los factores considerados relevantes en la literatura revisada, se relaciona con el bienestar subjetivo. Como se verá, difícilmente se puede entender de manera desvinculada la incidencia de estos factores en el bienestar, aunque su análisis suele ser, como ya se dijo, poco integrado. No se trata en modo alguno de agotar la discusión en relación con los aspectos señalados, pero sí de proveer un escenario más o menos amplio del modo en que los estudios de corte empírico y de carácter cuantitativo, en su gran mayoría, han abordado el tema del bienestar subjetivo. El análisis parte de la incidencia del contexto en la experiencia del bienestar, para abordar luego dos cualidades constitutivas del ser humano que, de acuerdo con distintas investigaciones, tienen una estrecha relación con el bienestar: la personalidad y las aspiraciones individuales. Posteriormente se hace un breve recuento de los principales hallazgos relacionados con distintos dominios de vida que suelen ser contemplados en los estudios sobre el bienestar subjetivo.


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A. Contexto En búsqueda de explicaciones suficientes y razonables acerca de las valoraciones que ofrecen los individuos sobre su bienestar, los estudios revisados aluden a la incidencia del contexto cultural, político y económico. Lora hace referencia a la mediación de la cultura en los juicios elaborados respecto al propio bienestar: “En las percepciones que los individuos tienen sobre sí mismos y sus propias circunstancias también influye la importancia que la cultura le atribuye a la felicidad o a la satisfacción personal sobre otros valores” (Lora 2008, 22). No obstante, los estudios que se basan en comparaciones transnacionales, generalmente tienden a considerar categorías demasiado amplias, centrándose comúnmente en polaridades como países ricos y pobres, y sociedades -por lo general homologadas a países- individualistas y colectivistas, categorización que puede dar lugar a perder de vista las especificidades culturales dentro de un mismo país. Así, Lu y Shih (1997) encuentran distintos énfasis en el concepto de felicidad al comparar sociedades occidentales y asiáticas: mientras en las primeras se hace mayor hincapié en la satisfacción y evaluación individual, en las segundas, este énfasis está en la satisfacción y evaluación interpersonal. Adicional a lo anterior, el mayor o menor bienestar de los individuos estaría mediado por elementos de índole política y social. Tal como lo indican Ahn y Mochón (2007), un contexto político favorable, donde se garanticen la seguridad económica y personal, y exista cumplimiento y respeto de los derechos civiles, está estrechamente asociado con altos niveles de bienestar. Asimismo, Frey y Stutzer (2002a) señalan la influencia que tienen sobre el bienestar las posibilidades de participación ciudadana, la descentralización estatal, el control de la corrupción y la responsabilidad, eficacia y estabilidad del gobierno. La relación relativa entre necesidades y satisfactores entre distintas sociedades y los significados variables que adquieren los elementos asociados al bienestar han sido algunas de las principales preocupaciones de los investigadores. El enfoque del desarrollo a escala humana, propuesto por Max Neef a comienzos de la década de los noventa, como respuesta crítica al enfoque dominante del desarrollo en términos del crecimiento, propicia esta ruta de análisis. A partir de dicho enfoque, otros autores han introducido la preocupación por las disímiles formas de construcción de satisfactores en distintas sociedades: “Aunque, en términos generales, los seres humanos tienen relativamente las mismas necesidades, los satisfactores con que las cubren dependen y varían de acuerdo con la cultura y el contexto; así, lo que es benéfico para un grupo de gente puede no serlo para otro


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y viceversa” (Palomar, Lanzagorta y Hernández 2004, 7). Alrededor de este tema se han planteado profusas discusiones acerca de los conflictos de la interculturalidad, enmarcada en una discusión más amplia sobre los valores humanos universales, en contra de un relativismo moral (Walzer 1998). Dicha discusión, abordada desde la antropología, la filosofía política, la sociología, entre otros campos disciplinarios, sigue vigente en un escenario en el que al tiempo que se proclaman derechos humanos absolutos, se avivan las reivindicaciones por el respeto a las diferencias culturales. Ahora bien, parte de la controversia generada alrededor de la incidencia de las variables económicas en el bienestar, ha surgido a partir de la comparación entre países, usando como parámetros el ingreso per cápita y el crecimiento. Muchos estudios concuerdan en que la población de los países con mayor poder adquisitivo suele reportar mayores niveles de bienestar (Moyano y Ramos 2007); sin embargo, esta relación no es unívoca ni se sostiene con el tiempo, pues en estos países los índices de pérdida de satisfacción son más altos (Lora 2008). Asimismo, las repercusiones del crecimiento económico son menos visibles en países cuya renta per cápita es alta: por ejemplo, aunque en Estados Unidos y Japón ésta ha aumentado considerablemente en las últimas décadas, la felicidad media se ha mantenido prácticamente constante o incluso ha disminuido durante el mismo período (Frey y Stulzer 2002a, Layard 2003). Por otro lado, en países más pobres, como India, México y Filipinas, donde se han realizado series temporales, se observa un claro impacto de los ingresos sobre la felicidad (Layard, 2003). De acuerdo con Laca, Verdugo y Guzmán (2005, 10), “México aparece repetidamente en los estudios comparativos puntuando más alto en cuanto a la satisfacción con la vida que países como Francia y España, cuyos indicadores de bienestar económico son claramente más elevados; no aparece por tanto una correlación significativa entre la satisfacción con la vida de las personas y el bienestar material de sus sociedades”. Al lado de estas consideraciones, algunos estudios han encontrado que el aumento de los ingresos en el bienestar puede llegar a tener efectos adversos, comúnmente denominados por los economistas externalidades negativas o efectos colaterales del crecimiento, referidas al estrés, el deterioro de las relaciones personales, la contaminación ambiental, entre otros (Bartolini y Bonatti 2003, citados por Salinas y Salinas 2008). En esta misma línea de análisis, de acuerdo con Lora (2008), la llamada paradoja del crecimiento infeliz, esto es, la pérdida de bienestar


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en contextos de crecimiento económico sostenido, puede estar mediada por el aumento de las expectativas, por la proliferación de la publicidad, la incidencia de los medios de comunicación, entre otros aspectos. Pese a lo anterior, un punto de acuerdo recurrente entre los investigadores es que el crecimiento afecta considerablemente el bienestar reportado por los ciudadanos de los países con condiciones económicas precarias: “Las mejoras en estas condiciones sociales tienden a ser seguidas por una elevación de la satisfacción media con la vida. No todas las mejoras conllevan de cualquier manera una mayor satisfacción: el crecimiento económico aumenta la satisfacción en los países pobres, pero no en los ricos” (Veenhoven 1994, 22). Lo anterior muestra un panorama complejo de análisis en relación con las valoraciones del bienestar subjetivo en distintos contextos culturales y bajo determinadas condiciones económicas, sociales y políticas. Por esto, el llamado de atención que algunos investigadores han hecho en términos de estos análisis es también metodológico: “Ciertamente, todo estudio intercultural requiere de una extrema prudencia al comparar datos y, en lo que al bienestar subjetivo se refiere, no puede obviarse que culturas diferentes enfatizan de modo distinto los diversos componentes del bienestar o la felicidad” (Laca, Verdugo y Guzmán 2005, 6). B. Aspiraciones y personalidad Como se señaló antes, existen dos cualidades constitutivas del sujeto que ocupan un lugar prominente en los estudios sobre el bienestar: la personalidad y las aspiraciones individuales. La reflexión acerca de la incidencia de la personalidad en la felicidad, tiene asidero en la filosofía clásica. Demócrito atribuía la felicidad al temperamento y a la forma de asumir la realidad, más que a hechos o situaciones externas como la suerte o el destino (García 2002). Desde la perspectiva de Lyubomirsky (2001), los procesos cognitivos y motivacionales moderan las relaciones entre las condiciones objetivas de vida, las variables demográficas, los eventos vitales y el bienestar subjetivo. Las mediciones del bienestar en relación con las características de la personalidad tienden a basarse en pruebas psicológicas que abordan las dimensiones de introversión, extroversión, neuroticismo y psicoticismo, entre las más recurrentes. Los resultados de dichos estudios asocian con mayor frecuencia dos características de la personalidad con el bienestar, a saber: la extroversión, en un sentido positivo, y el neuroticismo, en sentido negativo (García 2002). La fuerte asocia-


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ción entre extroversión y bienestar subjetivo suele ser explicada por la tendencia a una mejor adecuación al entorno social, al margen de las características de dicho entorno, que poseen los individuos extrovertidos, disposición marcadamente distinta de quienes tienen tendencia al neuroticismo y que suelen mostrar baja tolerancia ante situaciones estresantes. Otros estudios privilegian características de la personalidad y disposiciones cognitivas como predictores de bienestar, siendo la autoestima, la autoeficacia, las estrategias de afrontamiento externas y el optimismo, las más comúnmente referidas (Muñoz 2007). Estas asociaciones están en la vía de un enfoque que vincula la felicidad con emociones positivas, más o menos duraderas, por contraposición a las negativas (Lu y Shih 1997). Un campo que ha sido objeto importante de investigación es la relación entre pobreza económica y características de la personalidad. Dichos estudios encuentran una relación estrecha entre condiciones materiales precarias y características o tendencias de la personalidad que dificultan la superación de la pobreza: “La relación que existe entre la pobreza y el bienestar subjetivo está mediada por la intervención de distintas variables psicosociales, como las estrategias de afrontamiento del estrés, el locus de control, la orientación a la maestría y la competitividad, el rechazo personal (baja autoestima) y la depresión” (Palomar 2004, 20). De manera complementaria, Finkenauer y Baumeister (1997) muestran cómo la tendencia de algunas personas a experimentar bienestar estaría mediada por una percepción sesgada de la realidad, en la que intervienen una concepción positiva exagerada de sí mismo, una sobreestimación del control que se tiene sobre la vida y los resultados de las propias acciones, y un optimismo poco realista frente al devenir. Las aspiraciones que se trazan a lo largo de la vida, por su parte, son frecuentemente asociadas con el bienestar. Por este mismo hecho, de acuerdo con Ahn y Mochón (2007), existe una sensación de bienestar ante expectativas favorables, y de malestar, frente a la incertidumbre. Otros autores destacan la presencia de una relación estrecha entre el bienestar y los propósitos que provean gratificaciones más inmediatas, mientras las aspiraciones demasiado altas o demasiado bajas pueden conducir a sentimientos de infelicidad: las primeras pueden generar ansiedad y las segundas pueden traer aburrimiento (García 2006). Por otra parte, trazarse proyectos socialmente valorados y acordes con las posibilidades de realización, aumenta las posibilidades de experimentar bienestar.


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En particular, Cantor y Sanderson (1999) señalan la importancia de objetivos personales congruentes y valorados culturalmente.

III. Bienestar subjetivo y dominios de vida Además de las relaciones establecidas entre contexto, personalidad, aspiraciones y bienestar, las investigaciones realizadas suelen analizar el bienestar subjetivo en distintos dominios de vida: los ingresos, el trabajo, las relaciones afectivas, la salud, la educación, la participación, la espiritualidad y el ocio. A. Ingresos Tanto en el ámbito personal como en el colectivo, el nivel de ingresos suele ser asumido como fuente inequívoca de bienestar. Especialmente en la literatura económica, se ha presumido una estrecha relación entre ambos (Rojas 2005). El interés por superar este presupuesto ha llevado a los investigadores a analizar más detenidamente esta relación. En el nivel personal, la conclusión general de los estudios de carácter cuantitativo, es que existe una relación estadísticamente significativa, pero débil, entre ingresos y bienestar subjetivo (Rojas 2005). Para los economistas, estos resultados constituyen una paradoja, que, sin embargo, se desdibuja si se consideran otros factores, relacionados con el posicionamiento social o las relaciones de poder, aspectos que la teoría económica convencional no contempla (Moyano y Ramos 2007). Una de las explicaciones surgidas a partir de estos resultados es que el progreso material tiene una relación estrecha con el bienestar una vez se han superado condiciones de subsistencia (Diener 1994). Considerar los ingresos en términos relativos, y no absolutos, es uno de los principales argumentos para elucidar estos resultados. De acuerdo con la teoría de las discrepancias múltiples expuesta por Michalos (2003), en la evaluación del bienestar intervienen el efecto comparativo con el grupo de referencia, la trayectoria de vida y las expectativas que se generan a lo largo de la vida. Esto explica en buena medida, la paradoja de las aspiraciones referidas al ingreso y la llamada banda corrediza de aspiraciones, donde la distancia entre lo que se tiene y a lo que se aspira permanece más o menos constante, por el efecto que tiene sobre su definición la comparación con la trayectoria vital y con la situación de otros: “Esta banda corrediza de las aspiraciones hace que siempre se considere necesario un ingreso más alto (generalmente el doble del corriente) y que, por consiguiente, la satisfacción no aumente (o aumente mucho menos que proporcionalmente) con


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el ingreso” (Lora y Chaparro 2008, 54). Varias investigaciones han mostrado que un nivel creciente de ingresos no redunda necesariamente en un mayor bienestar (Myers y Diener 1997, Easterlin 2001, Lora 2008). Recientes estudios realizados por sociólogos y economistas (Ariely 2008), reafirman lo referido por Michalos en cuanto al efecto de la comparación con el grupo de referencia en la aspiración de mayores ingresos, a la rápida habituación que se produce cuando estos efectivamente aumentan y a la insatisfacción que genera un nuevo incremento en los ingresos por parte del grupo de referencia. Easterlin (2001), se refiere también al fenómeno de habituación a los ingresos, apoyado en estudios longitudinales entre grupos con su estatus económico creciente. El argumento que propone este autor es que los individuos se habitúan con rapidez a las nuevas circunstancias, dada la existencia de niveles de referencia previos, y características inherentes a los individuos, por lo que un aumento en los ingresos sólo tendría efectos transitorios en el bienestar. Esta explicación, comúnmente denominada adaptación hedónica, es igualmente aplicable a otra serie de factores, y no sólo a los ingresos. El papel de la adaptación no sólo parece estar presente en la asunción de cambios en la trayectoria de vida, sino que también se apela a ella en ciertas actitudes aparentemente tolerantes a la adversidad. Los estudios acerca de la llamada pobreza subjetiva reportan resultados que no dejan de ser llamativos, relacionados especialmente con la evaluación favorable del propio bienestar en condiciones materiales precarias. El esclarecimiento de estos resultados, de acuerdo con algunos investigadores, radica en el hecho de que las personas pobres tienden a sentirse conformes con su situación, dada su experiencia acumulada de carencias, valorando otros aspectos distintos a las posesiones materiales. El concepto de expectativas adaptativas introducido en economía por Phillip Cagan en la década de los años cincuenta, está en la línea de esta postura. De acuerdo con Roca (2002), esta noción alude a que las personas tienden a generar expectativas acordes con su experiencia pasada, por lo que sus aspiraciones no trascenderían el umbral de lo vivido previamente. En un sentido similar, desde la sociología se ha postulado la noción de preferencias adaptativas, como ajuste de los deseos a las posibilidades de realización (García y Hoffman 2002). Como se discutirá al final del documento, este es un tema de gran relevancia al analizar las implicaciones políticas de los estudios sobre bienestar subjetivo.


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B. Trabajo Los estudios sobre el bienestar subjetivo destacan también una fuerte asociación con la satisfacción con el trabajo. En una vía inversa de análisis, el desempleo es uno de los factores que en mayor medida socava el bienestar. Según plantean Frey y Stulzer (2002b), el desempleo conlleva un cierto estigma, sobre todo en un mundo donde el trabajo es tan determinante para definir nuestra posición en la vida. Diversos estudios han evidenciado la incidencia del desempleo en la depresión y la ansiedad, en la pérdida de autoestima y control personal, y en general, en el deterioro de la salud física y mental, lo que conlleva a una tasa de mortalidad más alta, mayores tasas de suicidio, propensión al abuso del alcohol e incremento de la tensión en las relaciones personales (Frey y Stulzer 2002a). Más allá de constituirse en la principal fuente de ingresos, el trabajo establece pautas en la vida cotidiana, otorga oportunidades de interacción y absorbe gran parte del tiempo, al menos en el paradigma laboral imperante en las sociedades contemporáneas. Las mediciones del bienestar subjetivo en relación con el trabajo han centrado su atención, en lo fundamental, en el ingreso y la estabilidad del empleo; no obstante, existen otros elementos ligados a la satisfacción en este ámbito, aunque varían según las estrategias de medición: “Según los datos de las encuestas mundiales de Gallup, la satisfacción con el trabajo está estrechamente relacionada con los siguientes factores, por orden decreciente de importancia: la posibilidad de dar lo mejor de sí, la presencia de alguien en el trabajo que estimule el perfeccionamiento del trabajador, y el hecho de que las opiniones de este sean tenidas en cuenta” (Pagés y Madrigal 2008, 173). Otros estudios sugieren el cumplimiento de una tarea clara y definida, el impacto que esta tarea tenga sobre la vida de otros, la variedad de habilidades, la autonomía y la libertad, como atributos especialmente valorados9 . Como es posible apreciar, estos atributos no se relacionan de manera preponderante con el ingreso o con las condiciones laborales propiamente dichas, sino con aspectos motivacionales y de desempeño. No obstante, es claro que un salario más alto está ligado a la satisfacción con el trabajo y que condiciones de precariedad en el empleo no pueden garantizar una experiencia de bienestar (Pagés y Madrigal, 2008).

9. La autonomía y la libertad son atributos especialmente destacados por los trabajadores independientes (Moyano y Ramos 2007).


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C. Relaciones afectivas Los investigadores del tema coinciden al subrayar el vínculo positivo que existe entre el bienestar subjetivo y las relaciones afectivas, ya que estas suponen un alto grado de apoyo emocional y social: “El papel de la pareja, la familia, los grupos de referencia y pertenencia del sujeto, generalmente constituyen poderosas fuentes de apoyo emocional, informativo e instrumental para las personas” (Díaz 2001, 5). Aunque los vínculos sociales y afectivos resultan importantes por el carácter esencialmente interpersonal del ser humano, las más estrechas correlaciones con el bienestar subjetivo están referidas a las relaciones de pareja estables, y más concretamente, al matrimonio (García, 2000), dado que este suele suponer un apoyo más intenso y duradero: “La pareja desempeña una labor instrumental para una amplia gama de satisfacciones, entre las que cabe incluir sexo, ocio y estabilidad emocional” (Ahn y Mochón 2007, 9). Considerando otros vínculos sociales valiosos en la definición del bienestar, las investigaciones han referido la gran importancia de las relaciones de amistad, no sólo por la frecuencia e intensidad del contacto social. Más allá del número de amigos, la generación de relaciones profundas de apoyo y confianza, es decir, relaciones que provean gratificación, aparecen como una importante fuente de bienestar (Moyano y Ramos 2007). Es esta una tendencia marcada, a pesar de que en muchos momentos dichas relaciones también provean dolor o descontento (Gómez y Vergara 2007). Dichas relaciones de apoyo parecen tener mayor importancia para los jóvenes y las personas mayores, por las características propias de ambas etapas de la vida. En el caso de los jóvenes parecen prevalecer las relaciones de amistad en su experiencia de bienestar, dado su proceso de construcción de identidad, en el que los amigos juegan un papel central (Moyano y Ramos, 2007); mientras en los más adultos, el deterioro físico y la disminución estimable en la intensidad de la interacción social (producto de la jubilación o la viudez, por ejemplo) hacen más necesarias las relaciones que provean apoyo social por parte de personas significativas, como amigos o familiares (Mella, González, D’appolonio, Maldonado, Fuenzalida y Díaz 2004).


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D. Salud La salud es otro de los aspectos que se vincula más estrechamente con el bienestar, pues ésta supone cierto nivel de funcionamiento físico y mental, en una perspectiva que supera su visión restringida como ausencia de enfermedad (Henriques 2001). La importancia concedida a este aspecto queda de manifiesto en autores como Graham, Eggers y Sukhtankar (2004) quienes han llegado a la conclusión de que la salud es un determinante fundamental de la satisfacción con la vida. La brecha existente entre percepciones y mediciones objetivas de la salud ha sido un tema frecuente de análisis. De acuerdo con García (2002, 4): “la salud subjetiva presenta una importante relación con el bienestar personal, que supera considerablemente a la que aparece con la salud objetiva”. Varios estudios confirman esta tendencia, señalando la mayor importancia que adquiere la propia valoración que hacen las personas de su salud en comparación con la valoración experta (Moyano y Ramos 2007). La incongruencia entre percepciones y estado de salud objetivo puede explicarse, al menos en parte, por las siguientes razones: i) las personas pueden no ser concientes de padecer alguna enfermedad; ii) las características de la personalidad inciden en la valoración que cada quien otorga a su estado de salud; una actitud positiva frente a la vida puede concederle menor significancia a una enfermedad; iii) la percepción de salud de una persona puede estar mediada por su comparación con otros; en la medida en que otros enfrenten problemas de salud lamentables, la sensación de malestar físico o emocional puede aminorar; iv) las percepciones sobre la salud están mediadas por la cultura; así, una epilepsia, puede interpretarse en una sociedad no occidental como una experiencia espiritual y no como una enfermedad (Savedoff, Alfonso y Duryea 2008). E. Educación Además de constituirse en un valor en sí mismo, la educación también resulta ser un mediador para el bienestar subjetivo: “La educación puede fomentar el bienestar subjetivo en la medida en que contribuya a satisfacer necesidades psicológicas de relación, autonomía y competencia, que podrían verse como recompensas intrínsecas a la actividad educativa. Sin embargo, el esfuerzo educativo que realizan los individuos también puede venir motivado por recompensas extrínsecas, ligadas fundamentalmente a rendimientos derivados del funcionamiento del mercado laboral” (Salinas y Salinas 2008, 7).


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A pesar de las limitaciones en las mediciones relacionadas con la educación, que por lo general sólo tienen en cuenta el nivel educativo, y no su calidad o la adquisición de destrezas para la vida y otros conocimientos adquiridos en ámbitos no escolares, parece que quienes alcanzan mayores niveles educativos se sienten más satisfechos. Esta tendencia, presente incluso en contextos donde la calidad educativa queda en entredicho, puede deberse al valor que adquiere en determinados contextos el hecho de estar “más preparado”, en ámbitos donde la competencia es altamente valorada por el acceso a mayores oportunidades: “En otras palabras, los individuos más educados tienen más opciones no sólo para satisfacer sus necesidades de consumo (…), sino también para sentirse autónomos, competentes y conectados” (Lora, Chaparro y Rodríguez–Pombo 2008, 72).

En un análisis sobre la relación entre educación y bienestar, Salinas y Salinas (2008) señalan que una correlación positiva estaría altamente mediada por la incidencia de la educación en el mejoramiento de los ingresos; así, su efecto parece ser más significativo entre grupos de población con menor capital económico. En concordancia con lo anterior, en condiciones económicas más propicias, el efecto de la educación en el bienestar ha arrojado resultados nulos e incluso desfavorables, lo que es comúnmente atribuido a la ampliación de la brecha entre aspiraciones y logros; algo similar a lo que se aprecia en el caso de los ingresos: “En términos más generales cabe pensar que la educación puede aumentar las aspiraciones de los individuos y consecuentemente incrementar el gap entre los objetivos y los logros”10 (Ahn y Mochón 2007 10). F. Participación política La participación política se asocia con el bienestar en la medida en que las personas se sienten “socialmente útiles” y crean lazos de pertenencia y solidaridad. Según estudios realizados por Blanco y Díaz (2005), el hecho de sentirse parte de la sociedad y tener confianza en ella es una importante fuente de bienestar para las personas consultadas. La implicación política puede, no obstante, generar sentimientos de insatisfacción o infelicidad, debido a la mayor conciencia de los ciudadanos sobre el funcionamiento político, aunque esta no es una tendencia universal. Otros análisis se han centrado en la forma en que el sentimiento de felicidad puede o no afectar la implicación política: 10. El término en inglés gap denota brecha o, más precisamente en este caso, distancia.


RegionEs - Volumen 5, Número 1 - Agosto 2010 22 La diferencia de opinión sobre los efectos de la felicidad en la “actitud” y en la “actividad”, converge en perspectivas en conflicto acerca de las consecuencias de la misma en lo concerniente a “vigilancia política”. El punto de vista negativo mantiene en particular que la ignorancia feliz, junto con la pereza satisfecha, tiene como resultado un conservaduris mo fácil y una apatía política. Así pues, la felicidad llevaría a vaciar la democracia (Veenhoven 1998a, 12).

En relación con lo anterior, como ocurre con otras variables, las medidas “objetivas” acerca del entorno propicio para la participación pueden no coincidir con las percepciones sobre las propias posibilidades de intervención en asuntos públicos e implicación política, tal como lo indican Temkin y Del Tronco (2006). G. Espiritualidad/religiosidad Autores como Veenhoven (2001, 16) señalan la variabilidad en las correlaciones entre religiosidad y bienestar en distintos países: “Las correlaciones con la religiosidad son bastante variables. Estudios realizados en Estados Unidos demuestran la existencia de relaciones positivas mientras que en otros países no aparece ninguna. En Italia no distinguimos ninguna correlación importante (…). La correlación entre la felicidad y la religiosidad parece haber decrecido en las últimas décadas”. Sin embargo, Csikszentmihalyi y Patton (1997), plantean que el logro de serenidad interior es una fuente muy importante de bienestar, propósito que tradicionalmente han ofrecido la religión y otras prácticas espirituales. Una explicación de esta relación radica en el hecho de contar con certezas existenciales y tener convicción, independiente del vínculo con una iglesia o comunidad religiosa: “Estos sentimientos incluyen creer en la otra vida, lo que es muy importante especialmente para los ancianos, y en un Dios generoso y compasivo que se preocupa por nosotros” (Ahn y Mochón 2007 15). No obstante, la relación positiva entre la religión y el bienestar parece ser más estrecha entre los practicantes, lo que puede explicarse, más allá de la propia religiosidad, por el sentimiento de apoyo social y pertenencia a una comunidad, sentimientos que, de acuerdo con Argyle (1999), están fundamentados en la posibilidad de relaciones solidarias y de amistad, en un entorno en el que se propicia la espiritualidad, especialmente entre personas mayores. La secularización en las sociedades modernas va acompañada de otras formas de espiritualidad, como es el caso del interés por las creencias y prácticas orientales o la proliferación de sectas, que bien puede corresponder a una suerte de


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sincretismo espiritual: “En su búsqueda de sentido, el ser humano a menudo ha encontrado respuesta en la religión, lo que ha ocurrido durante siglos. Observamos, asimismo, que el colapso de la práctica religiosa en algunas sociedades es con frecuencia compensado con otras formas de espiritualidad” (Cousineau 1997,

262).

Finalmente, Wills (2007) encuentra que una de las explicaciones para los altos índices de satisfacción con la vida reportados en Latinoamérica, a partir de un estudio empírico en Bogotá, radica en la importancia que para estas sociedades tiene la satisfacción con la espiritualidad, al lado de dominios como las relaciones personales, la seguridad y el gobierno local. Esto lo lleva a defender la introducción de este dominio (religiosidad/espiritualidad) en el Índice de Bienestar Personal, una de las medidas más utilizadas en el mundo para medir el bienestar subjetivo. H. Ocio Aunque su incidencia en el bienestar subjetivo es un tema poco explorado en comparación con otros, algunas investigaciones señalan la correlación entre bienestar y uso del tiempo libre. En general, el ocio se aprecia como un componente importante de la vida, pero no toda actividad de ocio resulta gratificante. Tal como señala Argyle (1999), actividades exigentes y desafiantes, suelen proporcionar mayores niveles de satisfacción que otras que no requieren cierto nivel de implicación o uso de habilidades. Estos estudios comúnmente subrayan la importancia de actividades de ocio que conllevan situaciones sociales gratificantes, relacionadas con el deporte, el baile, estar con los amigos, entre otros, además de encontrar una correlación negativa con actividades relacionadas con un consumo excesivo de drogas o alcohol. Algunos investigadores encuentran, finalmente, que el nivel de satisfacción con el ocio también está asociado positivamente con el contacto con la naturaleza y los paisajes (Argyle 1999). I. Incidencia de algunas variables demográficas Los estudios revisados también se han preguntado por la incidencia de variables como la edad y el sexo en la experiencia de bienestar de la gente. En cuanto a la edad, Okun, Stock, Haring y Witter (1984) no encuentran una relación inmediata y contundente entre la edad y el bienestar subjetivo, es decir, la edad no resulta ser por sí misma un factor explicativo de dicha experiencia, sino un moderador importante de la satisfacción con distintos aspectos de la vida, como el estado


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civil, el trabajo y los ingresos. En ausencia de una correlación directa, los estudios han hecho hincapié en la comparación entre grupos de edad: jóvenes, adultos de edad mediana y adultos mayores, buscando el tipo de factores que estaría moderando la edad en la experiencia de bienestar. Dichos estudios, en su mayor parte, han arrojando como resultado la tendencia según la cual los jóvenes y los adultos mayores son quienes experimentan más bienestar; mientras quienes se ubican en un rango de edad mediana, reportan menores niveles de bienestar (Graham, Eggers y Sukhtankar 2004). Entre ambos grupos, los adultos mayores son quienes tienden a reportar un más alto grado de bienestar, lo que se explica por la existencia de menos aspiraciones y una brecha mucho más reducida entre objetivos propuestos y logros alcanzados (Ahn y Mochón 2007). No obstante, esta tendencia debe verse a la luz del contexto, pues como lo indican Yasuko, Romano, García y Félix (2005), esta relación puede evidenciarse más concretamente en países donde existe un nivel de vida sostenido que brinda seguridad social y económica a los ciudadanos. Otra de las discusiones manifiestas en estos estudios es si son los hombres o las mujeres quienes experimentan mayor bienestar. Algunos autores (Okun, Stock, Haring y Witter 1984), han encontrado escasas o nulas diferencias en la experiencia del bienestar manifestada por hombres y mujeres. Ross y Mirowsky (2002) sugieren que, cuando se observan diferencias, éstas se encuentran asociadas con aspectos emocionales más que cognitivos; lo que se explica por la tendencia de las mujeres a manifestar mayor expresividad emocional, bien sea ante condiciones favorables o ante la adversidad. Por otra parte, los estudios que relacionan factores como el empleo y el ingreso con la condición sexual, arrojan visibles diferencias desfavorables para las mujeres en términos de su bienestar, resultados que se apoyan en las condiciones desventajosas que muchas de ellas experimentan en estos ámbitos.

IV. Tendencias y limitaciones metodológicas Como ya se ha señalado, la revisión de estudios sobre calidad de vida permite identificar dos tendencias importantes, orientadas ambas a ofrecer una visión más integrada sobre la vida de las personas y las comunidades: la inclusión de indicadores no económicos y la realización de medidas subjetivas sobre el bienestar. En el marco de estas dos tendencias es creciente el número de investigaciones realizadas, destacándose los aportes de psicólogos y economistas, pero también


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de otros profesionales de las ciencias sociales. El propósito de este apartado es realizar algunas reflexiones sobre la metodología utilizada y el alcance de los resultados. Quizás la tendencia más marcada en los estudios sobre el bienestar subjetivo es el uso de un enfoque cuantitativo, apreciándose distintos niveles de complejidad en las escalas de medición utilizadas y en los análisis realizados. En este sentido, pueden identificarse al menos tres aspectos que determinan diferentes grados de complejidad en estos estudios: i) la consideración del componente cognitivo y afectivo del bienestar subjetivo, o bien, de sólo uno de ellos; ii) la forma de abordaje de cada componente, por ejemplo, la utilización de una valoración global sobre la satisfacción con la vida o la inclusión de dominios específicos como la familia, el empleo y la salud; iii) la inclusión o no de categorías asociadas con el bienestar subjetivo, como el locus de control, la autoeficacia y la personalidad. En este contexto de análisis, algunos autores alertan frente al riesgo de realizar una simplificación excesiva de las medidas del bienestar subjetivo. Díaz (2001, 575), se refiere, por ejemplo, a los análisis que implican la “descontextualización de una variable, que solo adquiere sentido en el sistema de relaciones en que se encuentra imbricada, para estudiarla aisladamente o en un sistema de relaciones artificial, en donde se controlan una serie de variables, que a juicio del investigador, son confusas, pero que en la realidad juegan su papel en el fenómeno investigado”. Desde su perspectiva, es posible que sea precisamente este error metodológico el causante de la dificultad para establecer una correlación entre los ingresos y el bienestar subjetivo de las personas. Lora (2008, 19), por su parte, llama la atención acerca de las limitaciones inherentes a los rankings de felicidad que, a su parecer, “ocultan más de lo que muestran puesto que, al considerar una sola variable, ignoran las relaciones entre las distintas dimensiones del fenómeno que se quiere estudiar y porque, al promediar las opiniones de muchos individuos, dejan de lado la diversidad de esas opiniones”. Por otra parte, aunque algunos autores defienden la utilización de medidas de bienestar de un solo ítem, basados especialmente en las ventajas que ofrecen en cuanto a la rapidez de su administración y la comparación de resultados entre distintos estudios, otros autores señalan que estas medidas tienen poca confiabilidad en comparación con las que utilizan múltiples ítems (Yasuko, Romano, García y Félix 2005).


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Layard (2003) es enfático en mostrar la posibilidad de realizar una medición objetiva de la felicidad mediante estudios orientados a valorar la correspondencia entre los sentimientos reportados por las personas y su actividad cerebral. Según este autor, el principal hallazgo de los estudios realizados en este ámbito es que los sentimientos positivos corresponden a la actividad cerebral en el lado izquierdo de la corteza pre-frontal, mientras los sentimientos negativos corresponden a la actividad cerebral en el lado derecho. Este tipo de mediciones permite no sólo establecer los cambios experimentados en los sentimientos a través del tiempo y frente a distintos tipos de estímulos, sino también comparar la felicidad entre varias personas, dado que estas difieren en el patrón de su actividad cerebral, incluso cuando están en reposo (Layard 2003). En el trasfondo de las inquietudes sobre la evaluación del bienestar subjetivo, también se encuentran limitaciones derivadas de la concepción misma sobre calidad de vida y felicidad. En relación con la calidad de vida, distintos autores reconocen la ausencia de un marco conceptual suficientemente claro, que permita diferenciarla de otras categorías afines, adicionalmente a la dificultad para asumir una forma de entenderla que aplique a la diversidad de culturas y seres humanos. De acuerdo con Palomino y López (1999), los distintos conceptos sobre calidad de vida responden a intereses opuestos, estrategias divergentes y visiones diferentes del sentido y fin del desarrollo. En relación con el bienestar subjetivo, se señala también la tendencia de los investigadores a abordar este concepto de manera poco clara, manejando indistintamente conceptos como bienestar subjetivo, bienestar psicológico, salud mental, satisfacción y felicidad; así como la escasa claridad a la hora de definir su vinculación con categorías como calidad de vida, desarrollo económico y condiciones de vida (García y Gonzáles 2000). Algunos autores son explícitos en su intención de omitir estas discusiones conceptuales y, por claridad metodológica, optan por usar un solo concepto. Este es el caso de Van Praag (2007), quien prefiere preguntar “qué tan satisfecho se siente con…”, en lugar de “qué tan feliz es…”, debido a la carga emotiva que encuentra en este último término. En relación con el concepto de bienestar subjetivo y su medición, existen otros cuestionamientos que vale la pena resaltar. En primer lugar, la dificultad para separar la evaluación del componente afectivo y el cognitivo. Desde la perspectiva de Moyano y Ramos (2007), las posiciones se dividen entre quienes consideran que son componentes independientes de quienes afirman que se trata de aspectos relacionados. Según García (2002), es difícil verificar la relación entre estos


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componentes, debido sobre todo a la carencia de medidas adecuadas, ya que muchas de las escalas de satisfacción vital –es decir, del componente cognitivo del bienestar subjetivo- contienen aspectos afectivos relacionados con la felicidad. No obstante, según señala este mismo autor, la mayor parte de los investigadores encuentra útil la distinción afectivo/cognitivo en la comprensión del bienestar subjetivo. En segundo lugar, algunos autores llaman la atención en torno a la inconveniencia de ubicar en una posición dicotómica los afectos positivos y negativos, como Prieto-Ursúa (2006), quien considera que un gran paso atrás en la comprensión del comportamiento humano consiste en ignorar o minusvalorar la diferente importancia adaptativa de cada emoción, al sacarla de su contexto. Una preocupación central de algunos investigadores es la dificultad para establecer relaciones de causalidad, reconociendo, al mismo tiempo, que la mayoría de los estudios realizados en el campo del bienestar subjetivo son de tipo relacional. Como plantea García (2002, 22), “uno de los problemas fundamentales con los que se encuentra la investigación en bienestar subjetivo es la incertidumbre acerca de qué variables son las que lo condicionan o favorecen y cuáles son consecuencias del mismo”. Veenhoven (1994) refiere distintos problemas con los hallazgos correlacionales: i) la dificultad para establecer hasta qué punto las correlaciones son espurias; ii) la dificultad para establecer la dirección de la causalidad; y iii) la existencia de efectos que pueden ser condicionales al contexto. La posibilidad de hacer frente a las anteriores dificultades depende, según Veenhoven (1994), de la realización de comprobaciones sistemáticas, estudios longitudinales e investigaciones que permitan comparar distintos contextos. En relación con este último aspecto, recomienda diferenciar la cuestión del sesgo cultural en la medición de la satisfacción con la vida, que a su juicio no existe, de la cuestión de la influencia cultural en la apreciación de la vida, donde sí encuentra diferencias (Veenhoven 1994). Además de lo planteado por este autor respecto a estos estudios, sería importante trascender las categorías que suelen utilizarse en el análisis del bienestar subjetivo, circunscritas a la manera de entender la felicidad en oriente y en occidente, en los países individualistas y colectivistas, o bien, entre países industrializados y no industrializados, o con alto y bajo crecimiento económico; pues éstas tienden a privilegiar estereotipos, reproducidos incluso en el ámbito académico, dejando de lado análisis más cercanos a las condiciones más particulares y a realidades diversas.


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No obstante, recientes investigaciones sobre el bienestar experimentado entre grupos étnicos en Australia (Kennedy y Cummins 2007), o la comparación de los resultados sobre el bienestar reportado en ciudades pertenecientes a distintos contextos culturales –como Bogotá, Toronto y Belo Horizonte (Wills y Hamilton 2007)– anuncian un viraje en estas perspectivas. De manera complementaria, Frey y Stutzer (2002a) expresan preocupación respecto a la escasa representación de los países pobres en el conjunto de datos mundiales. Según afirman estos autores, han faltado series temporales sobre el bienestar subjetivo en los países en desarrollo con un fuerte crecimiento económico. Por último, existen preocupaciones relacionadas con los sesgos que pueden existir en la medición del bienestar subjetivo, algunos de ellos relacionados con los procesos utilizados por las personas para formarse una apreciación sobre su bienestar, y otros, con la honestidad de las respuestas. De acuerdo con Veenhoven (1994), en los juicios instantáneos realizados en torno a la satisfacción o a la felicidad, la gente usa diversas heurísticas o simplificaciones mentales que van acompañadas por errores específicos, como ocurre por ejemplo con la heurística de “disponibilidad” que conduce a concentrarse en la información disponible en el momento. En relación con los sesgos en la respuesta, este mismo autor refiere distintas fuentes: sesgos inherentes a la diferente interpretación de las palabras por parte de los sujetos de estudio, aspecto que guarda relación con el orden en el cual se realizan las preguntas; y sesgos procedentes de las consideraciones de la valoración personal y la deseabilidad social, aspecto que a su vez se ve influido por el carácter anónimo o no de los cuestionarios (Veenhoven 1998b). Este autor advierte, además, sobre las variaciones que pueden ocurrir a partir del lugar en que se desarrolla la entrevista y las características del investigador (Veenhoven 1994).

V. Algunas consideraciones sobre el alcance de los resultados Más allá de las preocupaciones sobre aspectos conceptuales y metodológicos, existen inquietudes en torno a la pertinencia de la información obtenida a partir de los estudios sobre bienestar subjetivo para efectos del diseño e implementación de políticas. Lora (2008) por ejemplo, aunque reconoce que el debate público puede ser más fructífero si se aprovecha la riqueza de las opiniones de la gente para detectar las limitaciones de las estadísticas económicas y sociales tradicionales y para entender mejor las motivaciones y necesidades de los indivi-


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duos, se refiere a cómo las percepciones de la gente pueden llevar a conclusiones equivocadas: Las opiniones de los individuos sobre su propia salud pueden ser incorrectas,

o la forma en que evalúen la educación de sus hijos puede estar condicionada por las limitaciones de su propia educación. Asimismo, las opiniones sobre sus condiciones laborales pueden estar afectadas por conformismo, habituación o desconocimiento de los derechos laborales. Mucha gente puede sentirse a gusto en su ciudad ignorando la gravedad de los problemas de contaminación o la inseguridad, mientras que otros pueden exagerar la importancia de los mismos (Lora 2008, 8).

De acuerdo con Gómez y Vergara (2007) las preferencias de las personas que viven en situación de pobreza pueden estar en gran medida determinadas por la ausencia de oportunidades accesibles sin que ellas puedan darse cuenta. En este mismo sentido, Nussbaum (1996), sostiene que es imposible defender la idea de que cada individuo es la máxima autoridad para juzgar acerca de su propio bienestar; mientras Sen (1984), llama la atención acerca de la existencia de expectativas adaptativas que llevan, por ejemplo, a que personas con malas condiciones objetivas de bienestar reporten un bienestar subjetivo alto, dado que se adaptan a sus circunstancias de vida y, por tanto, sus expectativas se ajustan a esas condiciones. Por otro lado, Lora (2009) llama la atención sobre la complejidad de postular la intervención del Estado en aspectos que pertenecen al ámbito privado, como son, por ejemplo, las creencias o prácticas religiosas. Según afirma Cohen (1998, 37): “La utilidad es una guía poco adecuada para la política, aunque sólo sea porque una persona puede ajustar sus expectativas a su condición. El hecho de que una persona haya aprendido a vivir en medio de la adversidad, y a sonreír valientemente ante ella, no debe anular su derecho a ser compensada”. Así, como señala Ochoa (2008), el hecho de tener buenas condiciones objetivas de bienestar no siempre coincide con altas condiciones subjetivas de bienestar y a la inversa, lo que se traduce en la necesidad de contemplar ambas miradas. Del mismo modo, Palomar considera que el estudio científico del bienestar subjetivo no debe conducir a posiciones normativas al respecto (Palomar 2005), otro tanto aporta Rojas (2009, 7) al afirmar que “Los enfoques normativos se basan en la presunción de que la autoridad en el juicio de bienestar recae en el experto y no en el sujeto que lo experimenta”. Por otro lado, Graham (2009) llama la atención sobre los procesos de habitua-


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ción a ciertas condiciones del contexto, piénsese, por ejemplo, en la inseguridad urbana, la criminalidad o la corrupción. En sentido individual puede mediar un mecanismo psicosocial de adaptación, la adaptación de preferencias o adaptación hedónica a las que ya se ha hecho referencia; sin embargo, en el ámbito colectivo, dicha habituación no resulta deseable, pues se pueden generar situaciones de conformismo con las cuales habría que romper. En este contexto de análisis, resulta necesaria una lectura prudente de los resultados de los estudios sobre bienestar subjetivo, entre los cuales han cobrado mucha fuerza los estudios internacionales sobre felicidad. Como advierten Gómez y Vergara (2007), las dificultades en la medición del bienestar subjetivo se reflejan en las diferencias marcadas que un mismo país puede tener en distintos estudios: por ejemplo, en el Índice del Planeta Feliz (IPF), Colombia ocupa el segundo puesto, mientras en el ranking de Adrian White, psicólogo de la Universidad de Leicester, se encuentra en el puesto 34, diferencia que puede obedecer a la selección de las variables y a la metodología utilizada. Pese a lo anterior, es importante señalar que Colombia ocupa un puesto privilegiado en la mayoría de las mediciones internacionales. El periódico Portafolio refirió, en febrero de 2008, cómo Colombia supera récords en el mundo: en 2004, la Universidad Erasmus de Roterdam, de Holanda, clasificó a Colombia como el país más feliz del mundo, mientras en el mismo año, una encuesta de Datexco coincidió en este dictamen. Luego, en enero de 2005, el Journal of Hapiness Studies de Gran Bretaña, concedió a Colombia el cuarto lugar en el mundo. Después de ocupar el puesto 34 en el estudio de la Universidad de Leicester, Colombia repuntó en el IPF de Amigos de la Tierra y Fundación Nueva Economía, con el segundo lugar, ubicación que también le confirió una encuesta de Clima Group. Datos obtenidos directamente de estudios realizados en el país, confirman que aún las personas más pobres manifiestan altos niveles de bienestar subjetivo: según la Encuesta de Calidad de Vida de 2008, el 48% de los hogares colombianos manifiestan vivir en condiciones de pobreza, mientras el 63% de ellos considera que sus condiciones de vida son buenas o muy buenas (DANE, 2008). En este mismo sentido, un estudio realizado por el Observatorio sobre Desarrollo Humano con una muestra de 142 personas pobres e indigentes de Bogotá, evidencia altos niveles de satisfacción y de felicidad: 50% y 39% respectivamente (Silva y Cadena 2006). En relación con las limitaciones metodológicas señaladas antes, algunos autores


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ofrecen explicaciones acerca de los altos resultados obtenidos por Colombia en los estudios internacionales sobre felicidad. Wills (2007) destaca en estos resultados la prevalencia de la satisfacción con la espiritualidad, los contactos vecinales frecuentes, el apoyo que estos proveen y la importancia conferida a la familia (por lo que con frecuencia el país es ubicado en una tendencia colectivista). El mismo autor subraya el fenómeno de adaptación o resistencia de los colombianos a condiciones objetivas difíciles, derivado de una larga historia de crisis política e institucional y de privación económica (Wills 2009). De hecho, el Estudio Mundial de Valores, realizado por el Centro de Estudios Culturales (CENEC) en conjunto con el Instituto de Estudios Sociales de la Universidad de Michigan, concluye que en las percepciones de la vida por parte de los colombianos, la familia y, en general, el ámbito relacional, ocupa el primer lugar y son los valores que se transmiten en ella el principal determinante en la toma de decisiones (Gómez y Vergara 2007). Teniendo en cuenta los análisis previos, se considera necesario preguntarse cuál o cuáles son los conceptos sobre bienestar, felicidad y satisfacción vital que sirven como marco a los estudios realizados; cuáles son las variables utilizadas en la medición; de qué manera se hace frente a las limitaciones metodológicas identificadas en este campo de estudio, referidas tanto al diseño como a la ejecución de los estudios; cuáles son las posibilidades de comparación entre las investigaciones realizadas; y cuál es el alcance de las conclusiones de estas investigaciones para el diseño de políticas públicas. Para terminar, se considera importante llamar la atención acerca de la necesaria complementariedad entre métodos cuantitativos y cualitativos. La utilización de este último enfoque permitiría, indudablemente, profundizar en la naturaleza del bienestar. Como señala Compton (2001, citado por Ballesteros, Medina y Caycedo 2006), cualquier conceptualización de bienestar está atada a los valores, lo que implica investigaciones no necesariamente empíricas, sino también históricas, hermenéuticas y fenomenológicas. Otra consideración de importancia radica en que el estudio del bienestar subjetivo supera el alcance de las barreras disciplinares.

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Condiciones de vida objetivas y subjetivas en Manizales Liliana Velásquez11 Resumen Un primer acercamiento a los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida de Manizales permite identificar altos estándares de vida en su zona urbana, similares a los que tiene la capital del país. Se observan, sin embargo, diferencias significativas de esos estándares entre comunas y estratos socioeconómicos. En cuanto a los indicadores subjetivos de bienestar, los resultados revelan altos niveles de felicidad y satisfacción con la vida en la ciudad, calificaciones favorables sobre las condiciones de vida del hogar y una reducida autopercepción de pobreza.

Palabras clave: calidad de vida, índice de condiciones de vida, indicadores

objetivos, indicadores subjetivos

Abstract A first approach to the results of the Quality of Life Survey applied in Manizales allows identifying high living standards in its urban area, similar to those obtained in the Colombian capital city. There are, however, significant differences among comunas (districts), and socioeconomic strata. Regarding subjective welfare indicators, findings reveal high levels of happiness and life satisfaction in the city, positive opinions about life conditions, and low percentages of selfperception of poverty.

Keywords: Quality of life, Quality of Life Index, objective indicators, subjecti-

ve indicators

Clasificación JEL: D6, I3, R2 Con el apoyo de Colciencias, el Centro de Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales, CRECE, aplicó en el primer semestre de 2009 una encuesta de ca11. Investigadora del CRECE (e-mail: lvelasquez@crece.org.co). Financiado con el apoyo de Colciencias.


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lidad de vida a cerca de 6,300 hogares urbanos de Manizales. Esa cantidad es representativa de las once comunas del municipio así como de los seis estratos socioeconómicos en que están clasificadas las viviendas. La información recopilada a través del instrumento permite realizar una detallada descripción de las condiciones de vida objetivas de los hogares urbanos de Manizales en aspectos demográficos, de educación, salud, mercado laboral, equipamiento, entre otros, así como de características subjetivas evaluadas a través de las percepciones de los jefes de hogar o sus cónyuges. Esa caracterización arroja información valiosa para efectos del diseño de políticas públicas así como de programas o proyectos tendientes a mejorar la calidad de vida de los habitantes del municipio. Esta primera aproximación a los resultados de la encuesta examinará algunos aspectos de carácter general de la calidad de vida en la ciudad. En particular, los análisis se concentran alrededor de un indicador que sintetiza las condiciones objetivas de la calidad de vida en distintas dimensiones: el índice de condiciones de vida, ICV, diseñado por el Departamento Nacional de Planeación. Además de evaluar el comportamiento del índice y de sus componentes por comunas y estratos, se presentan algunos mapas que permiten una aproximación a los patrones geográficos de la calidad de vida en la ciudad.12 Aunque el énfasis será en las condiciones objetivas de la calidad de vida, también se incluirá una descripción de algunos de los indicadores subjetivos derivados de la encuesta y, especialmente, de la asociación existente entre ambos. Al respecto, cabe señalar que el CRECE está realizando un estudio cualitativo que permitirá una mejor comprensión sobre los datos arrojados por la encuesta en relación con el bienestar subjetivo. El artículo se divide en dos secciones. La primera contiene el análisis del índice de condiciones de vida y de los indicadores que lo conforman. La segunda incluye una presentación de los principales indicadores subjetivos de la encuesta y su comparación con las medidas objetivas. Al final se presentan algunas conclusiones.

I. El índice de condiciones de vida de Manizales y sus comunas A finales de los años noventa, investigadores del Departamento Nacional de Planeación diseñaron un indicador para medir, de manera sintética, las condiciones 12. En una etapa posterior del estudio está prevista la realización de análisis espaciales con técnicas econométricas.


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de vida objetivas de la población. Se trata del índice de condiciones de vida, ICV, que comprende dimensiones materiales y no materiales del bienestar. Dentro de las primeras se encuentran la calidad de la vivienda y el acceso a servicios públicos, mientras que entre las segundas están el capital humano presente y algunas características demográficas del hogar, como indicador de capital humano potencial (Sarmiento y Ramírez, 1998). El índice varía en una escala de 0 a 100, y los valores más altos significan mejores condiciones de vida. Pese a que se realizaron diferentes esfuerzos para mejorar el indicador –mediante la revisión y sugerencia de ajuste a sus componentes y/o sus ponderaciones- las mediciones oficiales siguieron utilizando los criterios definidos por Sarmiento y Ramírez (1997).13 De hecho, propuestas de revisión al ICV como las elaboradas por DNP y DANE (2002) no tuvieron mayor difusión, a pesar de que su diseño era significativamente mejor frente al índice original. Además de incluir una mayor cantidad de componentes e indicadores con un poder discriminatorio más alto en comparación con el índice original, esa última metodología incorporó variables y ponderadores diferentes para las zonas urbana y rural. Precisamente el bajo poder discriminatorio del ICV original y su consecuente estancamiento a nivel nacional en los últimos años llevó a que, después de más de una década de aplicación, el indicador cayera en desuso. Aún así, para efectos de esta primera aproximación a la calidad de vida en Manizales con base en la encuesta aplicada, se considera una medida óptima, porque permite examinar de manera sintética las condiciones de vida relacionadas con aspectos físicos y con el capital humano de la ciudad. Para intentar realizar comparaciones del ICV calculado para Manizales con otras ciudades, por un lado, y efectuar análisis internos con un indicador más completo, por el otro, en el marco de este trabajo se calculó el indicador para el municipio, sus comunas y estratos con dos metodologías.14 La primera corresponde al ICV original, que comprende la estimación de cuatro (4) componentes o dimensiones de calidad de vida, con un total de doce (12) variables (DNP, 2008). La segunda se basa en los criterios propuestos en DNP y DANE (2002), que incluyen cinco (5) dimensiones y veintiún (21) variables, así como ponderadores 13. Entre esos esfuerzos pueden señalarse los efectuados por Cortés et al. (1999), Gamboa y Casas (2001) y DNP y DANE (2002). 14. Como se verá adelante, hay limitaciones para esas comparaciones dado que prácticamente no se cuenta con estimaciones recientes del ICV para otras ciudades que estén basadas en instrumentos similares o empleen los mismos criterios.


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específicos para la zona urbana. La tabla siguiente resume el contenido de los dos índices. Para facilitar su comparación, las variables equivalentes15 se presentan en las mismas filas. Tabla 1 Componentes e indicadores incluidos en dos técnicas de cálculo del ICV Metodología DNP 1997 : I CV general Componente

Indicador

Metodología DNP y DANE 2002 : I CV urbano Componente I. L ocalización

I. Calidad de la vivienda

II. Acceso a servicios

1. Material predominante de los pisos 2. Material predominante de las paredes 3. E liminación de excretas 4. Abastecimiento de agua 5. Combustible para cocinar 6. E liminación de basuras

II. Condiciones y servicios de la vivienda

Indicador 1. R egión 2. T amaño de la cabecera 3. E strato de energía 4. Material predominante de los pisos 5. Servicio sanitario y exclusividad de uso 6. Obtención de agua y continuidad del servicio 7. Combustible para cocinar 8. R ecolección de basuras 9. S ervicio de telefonía 10. Hogares por vivienda 11. Hacinamiento

7. Hacinamiento en el hogar III. Tenencia de bienes

III Tamaño y composición del hogar

IV. Demografía 8. P roporción de menores de 6 años 9. Escolaridad del jefe del hogar

IV. Educación y capital humano

10 Escolaridad media de personas de 12 a ños y más 11 Proporción de niños de 5 -11 años que asisten a establecimiento educativo 12. Proporción de jóvenes de 1 2-18 a ños que asisten a secundaria o universidad

V. Capital humano

12. Bienes durables 13. Edad del jefe del hogar 14. Sexo del jefe y presencia de cónyuge 15. Incapacitados permanentes para trabajar 16. Número de menores de 6 a ños 17. Escolaridad del jefe del hogar 18. Escolaridad del cónyuge 19. Número de mayores de 15 años alfabetas 20. Número de niños de 5 -11 años que asisten a establecimiento educativo 21. Número de jóvenes de 12-17 a ños que asisten a establecimiento educativo

Fuente: Elaboración propia con base en DNP y DANE (2002); DNP (2008).

Las estimaciones del ICV para Manizales se efectuaron a partir de la encuesta de calidad de vida aplicada por el CRECE en el primer semestre del año. La encuesta incluyó una parte significativa de las preguntas del instrumento del mismo nombre que aplica el DANE periódicamente en el país,16 pero que no permite contar con resultados para Manizales. La encuesta del DANE tiene representatividad para nueve regiones17 y Manizales está incluida en la central, conformada 15. En algunos casos se trata de la misma variable (por ejemplo, material predominante de los pisos) y en otros de variables similares (como proporción de niños de 5 a 11 años que asisten al sistema educativo, con la metodología de 1997, y número de niños de 5 a 11 años que asisten al sistema educativo, con la propuesta de 2002). Las categorías y puntajes son, sin embargo, diferentes en todos los casos. 16. Esa aplicación se ha venido realizando con una periodicidad de entre cuatro y seis años (en 1993, 1997, 2003 y 2008). 17. Las nueve regiones son: i) Bogotá; ii) Antioquia; iii) Valle; iv) San Andrés; v) Atlántica; vi) Oriental; vii) Central; viii) Pacífica; ix) Orinoquía-Amazonía.


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por seis departamentos. 18 A. Resultados para Manizales EL ICV estimado con la metodología oficial arroja un resultado de 88.9 puntos para el agregado de la zona urbana de Manizales en 2009. Se trata de un nivel ligeramente inferior al obtenido por la zona urbana de Bogotá (90.1) en 2007 (PNUD, 2007), único ICV realmente comparable con el calculado para Manizales.19 La comparación de los cuatro componentes del indicador entre las dos ciudades muestra que, en su orden, la calidad de las viviendas y el capital humano explican la mejor calificación obtenida por la capital del país en el ICV agregado; el acceso a servicios, por su parte, tiene prácticamente los mismos puntajes en las dos ciudades, mientras que Manizales está mejor calificada en el aspecto demográfico. Gráfica 1 Manizales (2009) y Bogotá (2007). ICV por componentes Calidad de la vivienda

12.3 11.1

Acceso a servicios

27.2 27.3 17.4

Demografía

18.4 33.2

Capital humano

32.2 Bogotá 2007

Manizales 2009

Fuente: Alcaldía Mayor de Bogotá (2008); ECV Manizales 2009

Aunque hay estimaciones de ICV para otras ciudades, en algunos casos éstas corresponden a metodologías diferentes a la de DNP (como en Medellín20) y, en otros, a cálculos realizados a partir de fuentes distintas a las encuestas de calidad 18. Los departamentos son Caldas, Caquetá, Huila, Quindío, Risaralda y Tolima. 19. Ese año se diseñó y aplicó una encuesta de calidad de vida exclusiva para la capital del país. 20. Para esa ciudad se diseñó un índice que consta de cinco (5) componentes y diecisiete (17) variables. Entre las variables específicas a ese índice están seguridad social en salud del jefe del hogar, proporción de personas con seguridad social en salud, carga económica y número de vehículos. Ver Castaño (2007).


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de vida, por lo cual no son estrictamente comparables21 . De allí que no se cuente con ICV de otras ciudades que puedan contrastarse con el obtenido para Manizales. En cuanto al ICV para la zona urbana de Manizales estimado con el método alternativo (es decir, con los criterios recomendados por DNP y DANE, 2002), su valor fue de 76.6 puntos. El análisis de los cinco componentes del índice revela que, frente a los estándares definidos por DNP y DANE (2002), los aspectos relacionados con las condiciones y servicios de las viviendas, la demografía y la tenencia de activos son los mejor calificados, en tanto que la localización de las viviendas así como el capital humano son los componentes donde se presenta una mayor brecha entre los valores obtenidos para Manizales y los máximos posibles. En su orden, los valores obtenidos en Manizales para esos componentes representan alrededor del 86%, el 84%, el 80%, el 76% y el 44% de los puntajes más altos definidos para las zonas urbanas. Gráfica 2 Manizales. ICV por componentes y niveles máximos definidos Localización de la vivienda

6.5 14.8

Condiciones y servicios de la vivienda

38.9 45.1

Tenencia de bienes durables

5.5 6.9

Demografía

5.2 6.2

Capital humano

20.4 27.0 Manizales

Máximo

Fuente: DNP y DANE (2002); ECV Manizales 2009.

En el caso de las condiciones y servicios de la vivienda, el puntaje obtenido por Manizales es de 38.9, frente a un máximo de 45.1 puntos para las zonas urbanas. La alta calificación obtenida en la ciudad se explica por los elevados puntajes obtenidos en los indicadores de eliminación de basuras, abastecimiento de 21. En el Informe de Desarrollo Humano de Bogotá de 2007 se presentan estimaciones del ICV para las 13 áreas metropolitanas incluidas en la Encuesta Continua de Hogares del DANE. La información empleada para esa estimación proviene de esa encuesta y no es comparable con la obtenida a partir de encuestas de calidad de vida (PNUD, 2007).


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agua y continuidad en su suministro, servicio sanitario y número de hogares por vivienda. Esa situación refleja la buena dotación de servicios públicos domiciliarios que tiene Manizales y la comparativamente baja presencia de hogares que comparten vivienda22. Acerca del indicador de demografía, su buena calificación en la ciudad (5.2) frente al máximo definido (6.2) se explica fundamentalmente por el componente relacionado con la cantidad de niños menores de seis años: el elevado puntaje obtenido al respecto es atribuible a la alta proporción de hogares urbanos de Manizales en donde no hay niños menores de 6 años (el 77.4%). Por su parte, el comparativamente alto puntaje obtenido en la zona urbana de la ciudad para el componente de tenencia de activos (5.5) frente al máximo establecido (6.9 puntos) es atribuible a que, en promedio, cada hogar de Manizales cuenta con 4.9 bienes durables de los 7 incluidos en la calificación23. Con respecto a la localización de las viviendas, la distancia entre el puntaje obtenido en Manizales (6.5) y el máximo posible (14.8) se explica por tres factores: i) la baja calificación que el índice les asigna a los hogares ubicados en la región central del país24; ii) los bajos puntajes definidos por el indicador para ciudades pequeñas e intermedias; iii) el hecho de que sólo alrededor de la quinta parte de los hogares de Manizales viva en estratos 5 y 6, que son los que obtienen mayor puntaje en el indicador. Finalmente, en cuanto al componente del ICV que mide el capital humano, la brecha existente entre la calificación de Manizales (20.4) y el máximo establecido (27) se atribuye a la baja escolaridad media de los jefes de hogar y sus cónyuges en comparación con los límites definidos para las zonas urbanas: en promedio, los jefes de hogar de la ciudad tienen 8.7 años de escolaridad (es decir, 4º grado incompleto de secundaria) mientras que sus parejas tienen 9 años (4º grado completo de secundaria). Sin embargo, hay que señalar que en los otros tres indicadores de capital humano (alfabetismo y asistencia escolar de niños de 5 a 11 años y de jóvenes de 12 a 17 años) los puntajes obtenidos por Manizales están muy cerca de las máximas calificaciones posibles. 22. Es necesario precisar que la presencia de familias extensas (es decir, familias con más de un núcleo familiar) no es equivalente a la presencia de más de un hogar por vivienda. 23. Los bienes incluidos fueron nevera o enfriador, lavadora, televisor a color, calentador de agua o ducha eléctrica, horno, equipo de sonido, DVD. 24. Esa región no incluye a Bogotá y a Antioquia, que tienen puntajes altos en el indicador.


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B. Resultados por comunas y estratos Si bien el puntaje del ICV obtenido para la zona urbana de Manizales sugiere condiciones de vida altamente favorables en la ciudad, en particular en las dimensiones de vivienda, servicios, tenencia de activos y demografía, la información agregada suele ocultar carencias en zonas específicas así como desigualdades entre áreas de la ciudad. De allí la importancia de examinar indicadores de calidad de vida para unidades de análisis más desagregadas. Como se señaló al comienzo del artículo, la encuesta de calidad de vida para Manizales se diseñó de manera que permitiera realizar una caracterización de las condiciones de vida de las 11 comunas y los 6 estratos en que se divide su zona urbana. En esta sección se presenta una síntesis de los resultados obtenidos para el ICV y sus componentes en esos niveles. Antes de presentar esos resultados es necesario precisar que existe una alta heterogeneidad dentro de varias de las comunas de la ciudad. Esa heterogeneidad se manifiesta en la presencia de varios estratos socioeconómicos dentro de una misma comuna, sin que haya, en varias de ellas, un estrato que pueda considerarse “representativo”. Tal situación se presenta especialmente en las comunas Ecoturístico Cerro de Oro (donde hay viviendas localizadas en los estratos 2 al 6), La Fuente y La Macarena (estratos 1 al 4). Pese a lo anterior, en la mayoría de comunas es posible identificar un estrato predominante, lo que facilita la lectura de los resultados del ICV y sus componentes. Esa predominancia está dada por una proporción mínima del 50% de los habitantes de la comuna localizados en un estrato. En la siguiente tabla se presentan los estratos que predominan en cada comuna, junto con las estimaciones de población y el número de hogares. Como se observa, la cantidad de habitantes en la mayoría de las comunas oscila entre 22 mil y 37 mil, a excepción de las comunas La Fuente, donde viven cerca de 44 mil personas, y Ciudadela del Norte, con alrededor de 64 mil habitantes. En la mayor parte de las comunas, lo mismo que en el consolidado de la zona urbana del municipio, predomina el estrato 3.


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Tabla 2 Manizales. Hogares, personas y estrato predominante por comuna. 2009 Comuna

Hogares Personas

Atardeceres 8,868 Ciudadela del Norte 16,432 Cumanday 9,075 Ecoturístico Cerro de Oro 9,025 La Estación 6,673 La Fuente 12,125 La Macarena 9,018 Palogrande 7,804 San José 7,226 Tesorito 6,225 Universitaria 9,883 102,354 Total

29,311 64,140 29,317 30,361 21,930 44,028 32,273 22,856 25,727 22,754 37,324 360,021

Estrato predominante 4 2 3 3 3-4 3 3 6 2 3 3 3

Fuente: Cálculos propios con base en DANE (censo 2005 & proyecciones de población).

El mapa 1 muestra la localización de las comunas de Manizales así como la concentración de la población en la zona urbana del municipio. Mapa 1 Manizales: Población por comunas. 2005

Fuentes: DANE, Cartografía 2004 & Censo 2005.


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Tal como puede suponerse a partir de la información del estrato predominante contenida en la tabla 2, la comuna que tiene el mayor ICV es Palogrande, con un puntaje de 84.2. Por su parte, el menor índice corresponde a la comuna San José, con 69.5 puntos. En cuanto a las demás comunas, es posible agruparlas en dos rangos: el primero, donde el ICV varía entre 78.9 y 80.3 puntos, incluye las comunas Ecoturístico Cerro de Oro, Atardeceres, La Estación y Tesorito. El segundo, con valores que van desde 73.2 hasta 76.3 puntos, comprende a las comunas Cumanday, La Fuente, Universitaria, La Macarena y Ciudadela del Norte. Las bajas diferencias existentes en los valores del ICV dentro de esos dos grupos se atribuyen precisamente a la heterogeneidad existente dentro de las comunas. Gráfica 3 Manizales: ICV total por comunas. 2009 85

84.2 80.3

80

80.1

79.7

78.9 76.3

75

75.5

74.8

76.6 74.2

73.2 69.5

70 65 60

Total

San José

Ciudadela del Norte

La Macarena

Universitaria

La Fuente

Cumanday

Tesorito

La Estación

Atardeceres

Cerro de Oro

50

Palogrande

55

Fuente: ECV Manizales 2009.

Como se observa en el mapa 2, en términos generales los hogares con los mayores estándares de vida se localizan en el oriente y en el extremo occidental de la ciudad. Por su parte, los que tienen las condiciones de vida más desfavorables están ubicados hacia el norte y el suroccidente del municipio.


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Mapa 2 Manizales: ICV por comunas. 2009

Fuentes: DANE, Cartografía 2004; ECV Manizales 2009.

La inclusión de dos mapas adicionales, uno con el ICV por manzanas en dos dimensiones (mapa 3) y otro con su equivalente tridimensional (mapa 4), permite observar aspectos que no ilustran las medidas y mapas anteriores. Por un lado, las desiguales condiciones de vida que se presentan dentro de algunas comunas, en razón de la heterogeneidad, ya mencionada. Por el otro, la asociación existente entre la calidad de vida y la topografía de la ciudad: en su mayoría, los hogares que tienen mejor estándar de vida están localizados en las partes planas de la ciudad, mientras que las condiciones de vida hacia las laderas son más deficientes.


RegionEs - Volumen 5, NĂşmero 1 - Agosto 2010 51

Mapa 3 Manizales: ICV por manzanas. 2009

Fuentes: DANE, CartografĂ­a 2004; ECV Manizales 2009.


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Mapa 4 Manizales: ICV por manzanas en tercera dimensión. 2009

Fuentes: DANE, Cartografía 2004; ECV Manizales 2009

Por su parte, las estimaciones del ICV por estrato socioeconómico revelan, como habría de esperar, diferencias más altas en los niveles intermedios que las existentes entre comunas. Asimismo, las comparaciones revelan una relación positiva entre estrato socioeconómico y calidad de vida, y brechas más altas en los estratos inferiores. En efecto, los estratos 4, 5 y 6 obtuvieron ICV con magnitudes cercanas: 82.2 puntos, 83.9 y 86.2, respectivamente. En cambio, en los estratos inferiores las brechas son más amplias: el ICV es de 77.4 puntos en el estrato 3, 72.5 en el 2 y, finalmente, 68 puntos en el estrato 1. Gráfica 4 Manizales: ICV total por estrato socioeconómico. 2009 90 86.2

85

83.9

82.2

80

77.4

75

76.6 72.5

70

68.0

65 60

6

5

4

3

2

Fuente: ECV Manizales 2009.

1

Total


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Como lo sugiere el mapa 5, habría correlación espacial en las condiciones de vida urbanas de Manizales en la medida en que los sectores con mejores condiciones de vida suelen estar rodeados por sectores con condiciones similares25. Mapa 5 Manizales: ICV interpolado. 2009

Fuentes: DANE, Cartografía 2004; ECV Manizales 2009.

De los cinco grandes componentes incluidos en el ICV diseñado por DNP y DANE (2002), la localización de las viviendas es el que más incide en las diferencias existentes tanto entre las comunas como entre los estratos, seguida por la tenencia de activos, el capital humano, las condiciones y servicios de la vivienda y, por último, los aspectos demográficos.

25. Como se señaló en una nota anterior, la aplicación de las técnicas de econometría espacial está prevista en una futura etapa del proyecto.


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Gráfica 5 Manizales: ICV por componente y comuna. 2009 Palogrande

10.0

40.4

6.2 5.1

22.6

Cerro de Oro

7.6

39.9

6.2 5.3

21.4

Atardeceres

7.6

39.6

6.1 5.3

21.4

La Estación

7.8

39.5

6.0 5.3

21.1

Tesorito 7.0

39.7

6.1 5.3

20.9

Cumanday 6.9

38.3

5.4 5.2

20.5

La Fuente 5.8

38.8

5.5 5.3

20.1

Universitaria 5.9

38.6

5.3 5.2

19.7

La Macarena 5.7

38.3

5.2 5.2

19.8

Ciudadela del Norte 4.9

38.3

San José 4.9

36.6

Total 6.5

5.2 5.2 4.2 5.1

38.9

0

20

Localización

Vivienda

19.6 18.7

5.5 5.2 40 Bienes

20.4 60

Demografía

80 Cap humano

Fuente: ECV Manizales 2009.

Como se presentó en la descripción de los resultados del ICV para el agregado urbano de Manizales y se incluyó en la tabla 1, los indicadores que conforman el componente del ICV relacionado con la localización de las viviendas son el estrato socioeconómico, el tamaño de la cabecera municipal y la región. Dado que los dos últimos son comunes a todos los hogares de Manizales, el que determina las diferencias por comunas es el estrato. Debido al predominio del estrato 6 en Palogrande, esa comuna obtiene el mayor ICV de localización de las viviendas. Le siguen La Estación, Atardeceres y Ecoturístico Cerro de Oro, por la presencia (predominante o intermedia) del estrato 4. Luego se encuentran los puntajes de Tesorito, Cumanday, Universitaria, La Fuente y La Macarena, donde predomina el estrato 3. Por último están San José y Ciudadela del Norte, donde el estrato más representativo es el 2. En el componente de tenencia de activos la comuna Palogrande vuelve a ocupar el primer lugar, en tanto que San José otra vez obtiene el puntaje más bajo. A ese respecto vale señalar la importante diferencia entre el promedio de bienes durables con que cuenta un hogar de Palogrande (5.8) frente al equivalente en la comuna San José (3.5). Más significativo aún es el hecho de que el 70% de los


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hogares de la primera comuna tiene entre 6 y 7 activos, en tanto que la tercera parte de los hogares de San José sólo tiene uno o dos bienes. En cuanto a las demás comunas, pueden identificarse dos grupos. El primero, conformado por Ecoturístico Cerro de Oro, Atardeceres, Tesorito y La Estación, cuyo puntaje en el componente es similar al obtenido por Palogrande, en la medida en que el promedio de activos por hogar varía entre 5.4 y 5.6. En el segundo grupo están incluidas La Fuente, Cumanday, Universitaria, La Macarena y Ciudadela del Norte, cuyos hogares tienen, en promedio, entre 4.5 y 4.8 de los 7 activos considerados. 26 Resulta llamativa la diferencia existente en ese componente entre los hogares de Ciudadela del Norte y San José: a pesar de que la primera comuna tiene una presencia más alta de los estratos 1 y 2 en comparación con San José, su tenencia de activos se asemeja más a la de comunas donde predomina el estrato 3. Eso podría sugerir algunos problemas en la estratificación socioeconómica de la comuna Ciudadela del Norte. En el indicador de capital humano se reproducen algunas de las características señaladas para el componente de tenencia de activos. La primera, el puntaje más elevado lo registra Palogrande y el más reducido San José. La segunda, el nivel obtenido por Ciudadela del Norte se parece más al de las comunas donde predominan los estratos intermedios que al de San José. En este caso, sin embargo, hay una diferencia más amplia entre el puntaje obtenido por los hogares de Palogrande y el registrado por los que habitan en la comuna con segunda calificación (Ecoturístico Cerro de Oro). De los cinco indicadores incluidos en el componente27 , los que explican las diferencias entre comunas son fundamentalmente la escolaridad del jefe de hogar y de su cónyuge. Para ambos indicadores la posición de las comunas en orden descendente según su puntaje es: Palogrande, Atardeceres, Ecoturístico Cerro de Oro, La Estación, Tesorito, Cumanday, La Fuente, La Macarena, Ciudadela del Norte, Universitaria y San José. Al respecto vale la pena señalar varios hechos: * Como ya se mencionó, la escolaridad media de los jefes de hogar y de sus cónyuges en la zona urbana de Manizales es cercana a 9 años, es decir, 4º grado de secundaria 26. Ver nota 25. 27. Escolaridad del jefe de hogar, escolaridad del cónyuge, asistencia escolar de niños de 5 a 11 años, asistencia escolar de jóvenes de 12 a 17 años, y alfabetismo.


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* En el caso de Palogrande esa cantidad es de 13.3 años para los jefes y 13.1 años entre sus cónyuges (es decir, hasta el 2º año del nivel superior, en promedio), mientras que en San José apenas llega a 5.8 y 6.1 años (1er año de secundaria). Esa amplia diferencia en la escolaridad media de los jefes y sus parejas entre las comunas “extremas” (más de 7 años) contribuye a explicar las amplias brechas existentes en otros indicadores objetivos y subjetivos de calidad de vida en Manizales * También es alta la brecha existente entre la comuna Palogrande y la que obtuvo el segundo puntaje en la escolaridad media de jefes y cónyuges (entre 10.6 y 10.7 años, en promedio, en Atardeceres, es decir, casi bachilleres) Gráfica 6 Manizales: Escolaridad media de jefes de hogar y cónyuges. 2009 Total Palogrande Atardeceres E Cerro de Oro La Estación Tesorito Cumanday La Fuente Ciudadela del Norte La Macarena Universitaria San José

0

2

4 Cónyuges

6

8

10

12 14 Años de educación

Jefes

Fuente: ECV Manizales 2009

Con respecto a los indicadores asociados con asistencia escolar, aunque son similares entre comunas y sugieren bajos niveles de deserción por parte de la población escolar a lo largo del municipio, ocultan algunas diferencias entre comunas así como crecientes niveles de inasistencia después de los 13 años en los estratos menores e intermedios. En efecto, el análisis de las tasas de asistencia escolar por edades simples y estratos revela niveles cercanos al 100% entre los 7 y los 13 años de edad, pero reducciones sistemáticas y crecientes a partir de


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entonces, en particular en los estratos medios y bajos. Gráfica 7 Manizales: Asistencia escolar por edad simple (5 a 25 años) y estrato. 2009 % de asistencia

100% 90%

93.9%

80% 70%

72.9%

63.3%

60% 50% 46.2%

40%

37.2%

30% 20%

15.1%

10% 0% 5

7

9

11

13

15

17

19

21

P rim aria

23

25 Edad

Estratos 1 & 2

Estratos 3 & 4

Estratos 5 & 6

Fuente: ECV Manizales 2009

Las razones por las que los niños y jóvenes dejan de asistir al sistema escolar varían según sus edades y estratos. De acuerdo con la información recopilada a través de la encuesta, en los estratos más bajos los costos educativos son el principal motivo entre quienes tienen edad de asistir a secundaria y la necesidad de trabajar pasa a ser el más importante entre quienes deberían estar matriculados en el nivel superior. En los estratos medios la falta de interés por el estudio es la razón de más peso hasta los 16 años, y es desplazada en las edades siguientes por los costos educativos, la falta de cupos universitarios y la necesidad de trabajar. Finalmente, en los estratos más altos se menciona sobre todo la falta de cupos en los primeros años de asistir al nivel superior y luego la finalización de estudios de ese nivel y la necesidad de trabajar. Los resultados anteriores sugieren que, además de motivos personales y financieros, la limitación de cupos en las universidades locales estaría incidiendo de manera importante en los bajos niveles de asistencia escolar de las personas de


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16 años en adelante, específicamente en los estratos medios y altos. Posiblemente eso se atribuya a altos niveles de demanda por determinadas carreras y, en el caso de los estratos medios, a que su demanda suele estar concentrada en las universidades públicas. En el mapa 6 se presenta la ubicación geográfica de la población entre los 14 y los 22 años que está por fuera del sistema escolar. En la parte superior se incluye a quienes deberían, por su edad, estar matriculados en los últimos años de educación básica secundaria o en el nivel de media vocacional (14 a 17 años) y en la inferior a quienes deberían estar asistiendo al nivel superior (18 a 22 años). Allí se observa una elevada concentración de población desescolarizada en la comuna Ciudadela del Norte que, como se señaló, es la que tiene mayor población. Mapa 6 Manizales: Población de 14 a 22 años por fuera del sistema escolar. 2009


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Fuentes: DANE, Cartografía 2004; ECV Manizales 2009

De otro lado, como ocurre con la mayoría de los componentes del ICV, el puntaje más alto para las condiciones y servicios de la vivienda lo obtiene la comuna Palogrande y el más bajo se presenta en San José. Aunque las diferencias en los puntajes son reducidas entre las comunas que tienen las 10 calificaciones más altas, para algunos de los indicadores incluidos en el componente se presentan diferencias que vale la pena mencionar: * Los puntajes obtenidos para el indicador del combustible utilizado para cocinar sugieren que el servicio de gas domiciliario aún no opera en la mayoría de las viviendas de las comunas San José y Cumanday. Allí son muy altas las proporciones de hogares que siguen empleando gas propano, en cilindro o pipeta (el 80.2% y el 57.3%, respectivamente) * Si bien la gran mayoría de los hogares del municipio (el 98%) tiene exclusividad sobre el uso del servicio sanitario, en la comuna San José el 11% de los hogares debe compartirlo con personas de otros hogares * Más de la cuarta parte de los hogares urbanos de Manizales no dispone del servicio telefónico tradicional, situación que está asociada con el uso extendido de la telefonía móvil y con la decisión voluntaria de cancelar el servicio de telefonía fija. Resulta llamativo, sin embargo, que la proporción de hogares sin telefonía tradicional en la comuna Palogran-


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de sea del 22.5%, por encima de los niveles registrados en Ecoturístico Cerro de Oro y Tesorito (donde llega al 18%). El porcentaje más alto de hogares que no disponen del servicio se presenta en San José (44.5%) * Aunque no es un indicador del ICV, vale la pena señalar la altísima proporción de hogares de la zona urbana de Manizales que dispone de celular (87.4%), similar a la registrada en 2008 para el consolidado urbano de la región central del país (88.2%). Por comunas, los porcentajes varían entre un mínimo de 79.1%, en Universitaria, y un máximo de 95.2%, en Palogrande * En el indicador de hacinamiento, las diferencias que se presentan entre comunas están más explicadas por los tamaños de los hogares que por el número de cuartos disponibles en las viviendas: la cantidad media de personas por hogar varía entre un mínimo de 2.8 en Palogrande, hasta un máximo de 3.9 en Ciudadela del Norte y San José; por su parte, el tamaño de las viviendas, incluyendo sala y comedor, fluctúa entre un promedio de 3.5 cuartos en San José y uno de 4.3 cuartos en Tesorito Por último, en el componente demográfico del ICV el aspecto más llamativo es la calificación obtenida por Palogrande, la más reducida de todas las comunas, lo que se deriva de su puntaje en el indicador de la edad del jefe de hogar. Esa situación se atribuye al hecho de que los criterios definidos por DNP y DANE (2002) asignan calificaciones menores a la jefatura de hogar joven, y los hogares de Palogrande están en cabeza de personas que tienen proporcionalmente menos edad (el 15%, por ejemplo, tiene entre 18 y 25 años de edad). La comparativamente menor edad de los jefes de hogar de esa comuna está asociada con la alta presencia de hogares unipersonales (alrededor del 25%). Si bien no está incluida entre los indicadores que conforman el componente de demografía del ICV, se considera interesante señalar algunos de los resultados arrojados por la encuesta en relación con la migración externa. Al respecto se encontró que el fenómeno migratorio hacia el exterior originado en la zona urbana de Manizales es más fuerte en los estratos superiores: el 16.4% de los hogares del estrato 6 manifestó que alguno de sus miembros se ha ido a vivir al exterior, de manera temporal o permanente, nivel que desciende progresivamente hasta llegar a sólo 2% en el estrato 1. Por comunas, las proporciones máxima y mínima son de 13.5% en Palogrande y 3.5% en San José.


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Gráfica 8 Manizales: Migración externa por estrato. 2009

Estrato

Total

7.3%

6

16.4%

5

11.7% 10.8%

4 3

7.7%

2

4.3%

1

2.0% 0%

2%

4%

6%

8%

10%

12%

Fuente: ECV Manizales 2009

14%

16%

18%

% de hogares

Las principales razones de migración de la población así como los países de destino también registran algunas diferencias entre estratos. El motivo más señalado para migrar es la búsqueda de oportunidades de trabajo (65%). Esa razón tiene una importancia elevadísima en el primer estrato (87%), que se va reduciendo a medida que se asciende en el estrato (hasta llegar al 28% en el 6º). Por su parte, las oportunidades de educación empiezan a ser relevantes para los hogares del estrato 4 en adelante (con pesos de 23%, 25% y 42%, respectivamente). Finalmente, la posibilidad de reunirse con la familia es un motivo importante para haber migrado en el estrato 6 (con el 23% de las respuestas), lo que sugiere que allí se estaría concentrando la migración definitiva. Acerca de los destinos, las principales diferencias tienen que ver con el hecho de que los integrantes de los hogares del estrato 1 que han emigrado lo hicieron hacia Venezuela en mayor medida, mientras que los de los estratos 2 y 3 se fueron especialmente a España y los de los estratos 4 a 6 escogieron en primer lugar a Estados Unidos. En la medida en que la siguiente sección comprende algunas comparaciones entre medidas objetivas de bienestar e indicadores subjetivos, y dado que una de las medidas objetivas que se usa con más frecuencia es el ingreso, esta sección


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concluye con una corta descripción sobre ese indicador. Los resultados de la encuesta revelan que el ingreso promedio de los hogares urbanos de Manizales, incluidos los aportes que reciben en especie, es cercano a 1.3 millones de pesos al mes. Por su parte, el ingreso por habitante es alrededor de 420 mil pesos mensuales. Existen, sin embargo, diferencias significativas en los niveles de ingreso entre comunas, estratos y grupos de hogares clasificados según su ingreso. La clasificación usada corresponde a deciles, cada uno de los cuales está conformado por la décima parte de los hogares de la ciudad agrupados según su ingreso. Cuando se examina el ingreso medio por hogar según deciles, se observa que varía entre 140 mil pesos mensuales en el primero y cerca de 4 millones en el último (gráfica 9). Las variaciones más fuertes se presentan al pasar del decil 1 al 2 (el ingreso se triplica) y del 9 al 10º (prácticamente se duplica). Si esa información se cruza con los ingresos que, de acuerdo con quienes respondieron la encuesta, se requieren para satisfacer de manera adecuada las necesidades del hogar, se encuentra que el ingreso percibido resulta insuficiente para los hogares de los primeros ocho deciles, y que hay una especie de “punto de equilibrio” en el decil 9, donde se equiparan el ingreso real y el óptimo para satisfacer las necesidades del hogar; solamente los hogares del último decil podrían satisfacer, entonces, sus necesidades de forma adecuada y contar con un ingreso adicional para destinar a otros gastos o al ahorro. Sin embargo, el hecho de que las personas tiendan a subestimar sus ingresos hace pensar que la posibilidad de disponer de recursos adicionales a los necesarios para satisfacer adecuadamente sus necesidades también la tienen hogares de deciles anteriores al décimo.


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Ingreso mensual (efectivo & especie)

Gráfica 9 Manizales: Ingreso medio por hogar según decil de ingreso. 2009 4,600,000 4,100,000 3,600,000 3,100,000 2,600,000 Punto de "equilibrio"

2,100,000 1,600,000 1,100,000 600,000 100,000 1

2 Actual

3

4

5

6

7

8

9

Necesario para satisfacer necesidades

10 Decil

Fuente: ECV Manizales 2009

A propósito del ingreso, se efectuaron algunas estimaciones de carácter preliminar para evaluar la importancia de las remesas en los ingresos de los hogares urbanos de Manizales que tienen familiares residentes en el exterior. Aunque los ejercicios arrojaron una proporción reducida de ingreso proveniente de esa fuente (5.7%), hay que señalar que en algunos estratos (especialmente el 2º) y en ciertas comunas (La Macarena, Ciudadela del Norte y Cumanday) su importancia es más alta (entre 10% y 13%).

II. Condiciones subjetivas del bienestar de los hogares de Manizales y su relación con medidas objetivas Tal como se señaló al inicio del artículo, la encuesta de calidad de vida de Manizales incluyó preguntas relacionadas con el bienestar subjetivo. Algunas de ellas corresponden a aspectos que también se indagan en la encuesta de calidad de vida del DANE, mientras que otras se construyeron a partir de instrumentos diferentes. Posiblemente las preguntas relacionadas con la felicidad y la satisfacción con la vida sean las más representativas en el tema de bienestar subjetivo. Al respecto se


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encontraron, tal como en la mayoría de encuestas aplicadas en el país, altos niveles de felicidad y satisfacción entre la población urbana de Manizales: el 63% de sus habitantes se considera bastante o muy feliz, y el 68% afirma estar bastante o muy satisfecho con su vida. Esos resultados son similares a los obtenidos en 2008 por el Latinobarómetro para América Latina, según los cuales el 66% de la población de la región se consideraba feliz y el 71% estaba satisfecho con su vida. Los resultados de la encuesta para Manizales muestran, en términos generales, mayores niveles de felicidad y de satisfacción con la vida entre quienes tienen mejores estándares de vida (medidos, por ejemplo, a través del ICV), están localizados en estratos superiores o cuentan con ingresos más altos. En la gráfica siguiente se muestran las proporciones de hogares con las percepciones más favorables sobre felicidad y satisfacción con sus vidas cruzadas con los deciles de ingreso per cápita de los hogares.

% de respuestas (bastante … & muy ...)

Gráfica 10 Manizales: Percepción de felicidad y satisfacción con la vida por decil de ingreso. 2009 86.0%

87%

85.3% 80.1%

82%

75.1%

77%

71.7%

73.0%

74.1%

72% 67%

66.7% 61.4%

64.1%

60.8%

62% 57%

70.7%

66.1%

60.3% 57.7%

54.2% 53.4%

55.3%

52%

50.4%

48.2%

47% 1

2

3 4 Bastante o muy satisfecho

5

6 7 Bastante o muy feliz

8

9

10 Decil

Fuente: ECV Manizales 2009

Tres aspectos merecen destacarse de la gráfica anterior: i) el hecho de que, para todos los deciles de ingreso, sean más altos los niveles de satisfacción con la vida frente a los que se tienen acerca de la felicidad; como se señalan Matijasevic, Ramírez y Villada (2010), mientras que la satisfacción está más relacionada con


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la dimensión cognitiva del bienestar (o los logros), la felicidad se relaciona más con la dimensión afectiva o emocional (lo anímico); ii) aunque haya asociación positiva entre el ingreso y las percepciones de felicidad y satisfacción, no siempre el ascenso en el nivel de ingreso significa más felicidad o satisfacción, tal como se observa en los pasos de los deciles 1 a 2 y 3 a 4; eso confirma que un mayor ingreso no necesariamente aumenta la percepción de bienestar de las personas; iii) asociado con lo anterior, resultan llamativos los comparativamente altos niveles de felicidad y satisfacción con la vida percibidos en los menores deciles: entre el 50% y el 61% de los hogares de los deciles 1 a 3 se siente bastante o muy satisfecho con su vida, resultado que podría atribuirse a la existencia de expectativas adaptativas entre los hogares pobres; eso significa que, a pesar de tener bajos estándares de vida, los hogares se acomodan a esas condiciones y logran percibir altos niveles de bienestar subjetivo. Entre las preguntas de bienestar subjetivo que se incluyeron en la encuesta de Manizales y también se indagan en el instrumento del DANE están la autopercepción de pobreza y la calificación de las condiciones de vida actuales del hogar. En cuanto a la primera, menos de la tercera parte de los hogares urbanos de Manizales (el 32%) se considera pobre. Se trata de un nivel significativamente menor al arrojado en 2008 por la encuesta del DANE para el consolidado de las zonas urbanas del país (41.4%) y de la región central (42.5%), donde está localizada Manizales. El análisis de la percepción de pobreza por estrato muestra que una elevada proporción de hogares del estrato 1 (el 58%) se considera pobre, y que el porcentaje se reduce a medida que se asciende en el estrato, de manera que sólo el 9% de los hogares del estrato 6 se percibe pobre. Por decil de ingreso el resultado es similar, en la medida en que un poco menos de la mitad de los hogares de los 3 primeros deciles se considera pobre, proporción que desciende hasta el 7.4% en el decil más alto. Esos resultados sugieren que algunos hogares –en particular los de menores ingresos- no asocian la pobreza exclusivamente con el nivel de ingreso, sino que tienen una visión más integral del fenómeno, acaso más “espiritual”.


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Gráfica 11 Manizales: Percepción de pobreza y decil de ingreso. 2009

% de respuestas (se considera pobre)

51%

49.8%

48.5%

46%

44.2% 41.3%

41% 36%

35.1%

31% 28.4%

26%

24.7%

21%

23.1% 16.4%

16% 11%

7.4%

6% 1

2

3

4

5

6

7

8

9

10 Decil

Fuente: ECV Manizales 2009

Con respecto a las actuales condiciones de vida de los hogares, el 13% de los hogares urbanos de Manizales considera que son muy buenas, el 59.7% cree que son buenas, el 25.1% percibe que son regulares y sólo el 2.2% las califica como malas. Esos resultados son similares a los obtenidos por el consolidado de las cabeceras de la región central en 2008, con una pequeña diferencia en los primeros porcentajes (9.5%, 63.2% 24.5 y 2.7%, respectivamente). El análisis por deciles de ingreso ratifica los relativamente elevados niveles de bienestar subjetivo que tienen los hogares de los 3 primeros deciles: entre el 51% y el 63% percibe que las condiciones de vida de su hogar son entre buenas y muy buenas.


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Gráfica 12 Manizales. Condiciones de vida percibidas y decil de ingreso. 2009 10 9 8 7 6 5 4 3 2 1 0%

10%

20%

Muy buenas

30%

40%

50%

Buenas

60%

70%

Regulares

80%

90%

100%

Malas

Fuente: ECV Manizales 2009

Otro indicador objetivo que suele cruzarse con las medidas subjetivas de bienestar es la escolaridad media de los jefes de hogar o de quien responde las encuestas. A ese respecto se efectuaron algunos ejercicios para verificar si en Manizales se reproducían los hallazgos incluidos en Lora (2008). Aunque no se encontró asociación entre la escolaridad y la satisfacción con la calidad de la educación impartida en la ciudad, sí se halló una clara relación entre los años de educación y la satisfacción que tienen las personas con su vida: a medida que aumenta la escolaridad, el nivel de satisfacción es más alto. Ese tipo de resultados ha sido explicado por la posibilidad que tienen las personas más educadas de satisfacer sus necesidades de consumo, así como de tener más autonomía y competencia28 .

28. Lora (2008), citado en Matijasevic et al. (2010).


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Gráfica 13 Manizales. Satisfacción con la vida y escolaridad media. 2009

Qué tan satisfecho e stá... (1. Nada....5. Mucho)

4,5 4,3 4,1 3,9 3,7 3,5 3,3 3,1 0

1

2

3

4

5

6

7

8

9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 Años de educación

Primaria

Secundaria

Estu d ios supe rior es

Fuente: ECV Manizales 2009

Por último se examina la percepción sobre el mundo como lugar para vivir en el futuro. Para el total de hogares urbanos encuestados en Manizales se encontró que el 44.3% piensa que el mundo es cada vez un mejor lugar para vivir. Cuando se analizan las respuestas por decil de ingreso, es posible identificar tres grupos de hogares, según su nivel de optimismo con relación al mundo: bajo, en los primeros cuatro deciles; medio, en los tres siguientes y, lejos de los anteriores, alto, en los dos últimos. Pese a que no hay regularidad en el comportamiento del indicador dentro de los dos primeros grupos, es posible identificar mayores niveles de confianza en el futuro entre los hogares de mayor ingreso.


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% de respuestas optimistas

Gráfica 13 Manizales. Satisfacción con la vida y escolaridad media. 2009 54%

54.4%

52% 48.9%

50%

50.1%

48% 44.7%

46%

43.5%

44%

42.1% 40.9%

42% 40%

40.6% 38.8%

39.2%

38% 1

2

3

4

5

6

7

8

9

10 Decil

Fuente: ECV Manizales 2009.

C. Algunas conclusiones Los análisis preliminares derivados de la encuesta de calidad de vida para Manizales permitieron identificar altos estándares de vida en su zona urbana, similares a los de la capital del país. Las comparaciones entre las dos ciudades mostraron características parecidas en el acceso a servicios públicos, condiciones demográficas un poco mejores en Manizales y estándares más altos en Bogotá en lo relativo a la calidad de las viviendas y al capital humano. Por su parte, las comparaciones entre los resultados de Manizales y los máximos niveles definidos para el ICV, en su versión alternativa, revelaron que las condiciones y servicios de las viviendas, la demografía y la tenencia de activos son los componentes mejor calificados en la ciudad, en tanto que la localización de las viviendas y el capital humano son los que más se alejan de los niveles óptimos Pese a los altos estándares de vida arrojados por el ICV para la zona urbana de Manizales, los análisis evidenciaron importantes diferencias entre comunas y estratos. En el caso de las comunas, Palogrande tiene las mejores condiciones en casi todas las dimensiones examinadas, mientras que San José sobresale por tener


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las características más negativas en la mayoría de indicadores. El componente que, en mayor medida, determina las diferencias entre comunas es la localización de las viviendas, seguida por la tenencia de activos, el capital humano, las condiciones y servicios de la vivienda y, por último, los aspectos demográficos. Posiblemente uno de los temas que amerite estudios a profundidad para efectos del diseño de políticas es el relacionado con el comportamiento de la asistencia escolar después de los 13 años. Lo que arroja la encuesta es una preocupante tendencia a la reducción de ese indicador en todos los estratos, aunque con más fuerza en los medios y bajos. Aunque las razones son variadas, llama la atención la importancia del motivo asociado con falta de cupos en las edades de asistir al nivel superior. ¿No cuenta Manizales con la oferta educativa necesaria para atender a su población estudiantil, a pesar de ser considerada una “ciudad universitaria”? ¿O el asunto está, más bien, relacionado con bajos recursos de la población y concentración de la demanda en las universidades públicas y en carreras específicas? El análisis de la migración externa, por su parte, evidenció una incidencia importante del fenómeno, sobre todo en los grupos de ingreso altos. No son, sin embargo, motivos de seguridad los que llevan a las personas a irse; la búsqueda de fuentes de empleo, de oportunidades de educación y la expectativa de reunirse con la familia son las explicaciones más frecuentes. Sin embargo, las estimaciones de los ingresos generados por los migrantes y su peso en el ingreso familiar muestran una relativamente baja participación (menos del 6%), lo que podría estar asociado con las dificultades que están viviendo los migrantes en los países de destino (Venezuela, España y Estados Unidos). Acerca de los indicadores subjetivos de bienestar, la información recopilada a través de la encuesta reveló altos niveles de felicidad y de satisfacción con la vida en la zona urbana de Manizales, así como calificaciones favorables sobre las condiciones de vida del hogar y una reducida autopercepción de pobreza. Si bien se evidenció una asociación positiva entre las medidas objetivas y subjetivas de bienestar analizadas, también se encontró que no siempre un mayor estándar objetivo (por ejemplo, un crecimiento del ingreso) se traduce en un aumento en el bienestar subjetivo. Finalmente, resultaron llamativos los comparativamente altos niveles de bienestar subjetivo reportados por la población de ingresos medios y bajos de la zona urbana de Manizales, situación que ilustra la capacidad de adaptación de las per-


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sonas a condiciones adversas, pero que no debe constituirse en una excusa para evitar tomar acciones que permitan reducir las brechas encontradas en los estándares objetivos de la calidad de vida en la ciudad.

Referencias Alcaldía Mayor de Bogotá. 2008. Encuesta Calidad de Vida 2007 para Bogotá ECVB 2007. Secretaría de Planeación. Bogotá. Castaño, Elkin. 2007. Evolución de la calidad de vida en la ciudad de Medellín. Centro de Estudios de Opinión. Medellín. http://www.banrep.gov.co/documentos/conferencias/medellin/2007/presentacion-icv-2006.pdf Cortés, Darwin, Luis Fernando Gamboa y Jorge Iván González. 1999. ICV: hacia una medida de estándar de vida. Coyuntura Social (21): 159-180. Departamento Nacional de Planeación. 2008. Boletín del Sistema de Indicadores Sociodemográficos para Colombia SISD (37). Departamento Nacional de Planeación y Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, DANE. 2002. El nuevo índice de condiciones de vida. Propuesta para discusión. Gamboa, Luis Fernando y Andrés Fernando Casas. 2001. Calidad de Vida: Una medida alternativa para el caso colombiano. Serie Documentos Nº 16. Universidad del Rosario. Lora, Eduardo (coord.). 2008. Calidad de vida. Más allá de los hechos. Washington: BID y Fondo de Cultura Económica. Matijasevic, María Teresa, Mónica Ramírez y Carolina Villada. 2010. Bienestar subjetivo: algunos resultados, alcances y limitaciones en su estudio. En este número de RegionEs. PNUD. 2007. Bogotá con desarrollo humano. Ahí está el detalle. Avances, retos y oportunidades. Bogotá. http://www.idhbogota.pnud.org.co/documentos/informe/Informe%20Bogota.pdf


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Sarmiento, Alfredo y Clara Ramírez. 1997. El Índice de Calidad de Vida. DNP, Misión Social. ___. 1998. El índice de condiciones de vida: una propuesta para la distribución. DNP, Misión Social.


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Ingreso y felicidad: evidencias a partir de la encuesta de calidad de vida en Manizales Liliana Velásquez29 Resumen Este artículo explora la relación entre felicidad e ingreso para los jefes y cónyuges de hogares urbanos de Manizales. Aunque algunos análisis sugieren que la asociación entre ambos es débil, otros revelan que no lo es, particularmente entre quienes reportan altos niveles de felicidad. Sin embargo, hay diferencias importantes al respecto: mientras que un mayor nivel de ingreso aumenta la probabilidad de ser bastante feliz, reduce la de ser muy feliz. Ese resultado representa la verificación de una de las teorías que se han formulado para evaluar la aparente baja asociación entre felicidad e ingreso: la teoría absoluta o del umbral. En el artículo también se validan las teorías relativa, de adaptación y del referente conceptual. En cambio, los resultados no arrojan evidencia a favor de la teoría de las aspiraciones y la de aversión a las pérdidas. Palabras clave: felicidad, ingreso, calidad de vida Clasificación JEL: D6, R2

Abstract This article explores the relationship between happiness and income for household heads and their spouses in the urban area of Manizales. Although some analyses suggest that the association between them is weak, others reveal that it is not, specifically when high levels of happiness are reported. However, there are important differences with respect to that issue: while a higher income level increases the possibility of being rather happy, it reduces the possibility of being very happy. That result represents the validation of one of the theories formulated to examine the seemingly low association between happiness and income: the Absolute or Threshold Theory. Relative, Adaptive, and Conceptual-Referent Theories are also validated. In contrast, results do not offer evidence in support of the As29. Investigadora del CRECE (e-mail: lvelasquez@crece.org.co). Elaborado con el apoyo financiero de Colciencias.


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pirations and Loss Aversion Theories. Keywords: happiness, income, quality of life En los últimos años han ganado fuerza los estudios que destacan la importancia de incluir el bienestar subjetivo en los análisis de condiciones de vida y de tenerlo en cuenta en el diseño de políticas públicas. De allí que las encuestas de calidad de vida estén incorporando cada vez más preguntas que permitan medir ese bienestar y, eventualmente, contrastarlo con el que arrojan las medidas objetivas. Entre las medidas de bienestar subjetivo más comunes están la percepción que tienen los individuos sobre las condiciones económicas de su hogar, la satisfacción con sus vidas, su felicidad y su autopercepción de pobreza. En el caso colombiano, algunos de esos temas se han venido indagando en las encuestas de calidad de vida oficiales desde hace más de 10 años. Específicamente, las encuestas del DANE preguntan por la autopercepción de pobreza y por la percepción sobre las condiciones de vida del hogar. Se trata de los indicadores subjetivos de bienestar basados en referentes de valoración más concreta u objetiva, ya que es usual asociar las condiciones de vida y pobreza a los ingresos o a la capacidad de compra. No obstante, la pobreza subjetiva o (auto) percibida tiene un carácter multidimensional, no siempre relacionado con falta o insuficiencia de ingresos. El ingreso, por su parte, es una de las medidas que, con mayor frecuencia, se asocia al bienestar objetivo. Esa asociación –acaso más generalizada entre los economistas- se explica no porque el ingreso, en sí mismo, produzca bienestar, sino porque representa la posibilidad de acceder a bienes y servicios que lo generan. Por ejemplo, el ingreso facilita la obtención de alimentos, el acceso a vivienda, a servicios de educación y salud, a un uso más diverso del tiempo libre, entre otros. No es el ingreso, entonces, lo que produce bienestar sino las cosas que pueden obtenerse a través de él. En esa dirección, es fácil argumentar que un ingreso más alto genera mayores posibilidades de consumo y satisfacción de necesidades y, por tanto, puede producir un mayor bienestar. Por esa razón se considera que el ingreso es una buena medida de bienestar objetivo. La asociación entre bienestar subjetivo e ingreso ha sido examinada en diversos estudios para poblaciones de distintas partes del mundo. En nuestro país se destacan trabajos como el de Cruz y Torres (2006), quienes examinaron la relación para el consolidado nacional a partir de los datos de la Encuesta de Calidad de Vida del DANE de 2003, basados en los resultados de las preguntas sobre


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autopercepción de pobreza y percepción acerca de las condiciones de vida del hogar. Medina et al. (2009), por su parte, examinaron la relación para Bogotá y Medellín, en el marco de un estudio liderado por el BID que buscaba estimar indicadores de calidad de vida por localidad para varias ciudades latinoamericanas a partir de ponderadores de precios implícitos obtenidos mediante modelos hedónicos y de satisfacción con la vida. Para ese propósito utilizaron el indicador de percepción sobre las condiciones de vida del hogar proveniente de la Encuesta de Calidad de Vida del DANE de 2003, en el caso de Bogotá, y de la Encuesta de Calidad de Vida de Medellín de 2006, aplicada por la Universidad de Antioquia. Por su parte, Wills (2009) estudió la relación entre el ingreso y un indicador de satisfacción general para Bogotá, el índice de bienestar personal, en desarrollo de un trabajo orientado a evaluar la contribución de la espiritualidad y la religiosidad en la predicción de ese índice. El propósito de este artículo es estudiar, a partir de técnicas cuantitativas, la relación existente entre el ingreso de la población urbana de Manizales y su bienestar subjetivo, e intentar responder las siguientes preguntas. Cuando califican su bienestar o el de sus hogares, ¿las personas suelen incorporar el ingreso entre sus fuentes? Es decir, ¿se sienten más satisfechas, más felices, menos pobres, etc., si tienen un nivel de ingreso más alto que les permite obtener mejores condiciones de alimentación y acceder más fácilmente a determinados servicios? O, por el contrario, ¿tener un mayor ingreso les representa a los individuos un menor bienestar, en la medida en que su nivel de gastos crece, deben asumir impuestos que antes no pagaban, y pueden volverse más vulnerables frente a amenazas contra su integridad personal? El análisis se efectúa con base en la información recopilada en la Encuesta de Calidad de Vida, aplicada en el primer semestre de 2009 a un poco más de 6,200 hogares de la zona urbana de la ciudad.30 Dentro de las distintas medidas de bienestar subjetivo por las que se indagó en la encuesta, se ha seleccionado la percepción de felicidad, por ser la más utilizada a nivel internacional en este tipo de estudios. En cuanto a la población analizada, corresponde a los jefes de hogar y sus cónyuges. El artículo está dividido en cuatro secciones. En la primera se presentan una serie de teorías o explicaciones que se han formulado alrededor de la relación entre ingreso y felicidad a partir de los hallazgos de estudios previos. En la segunda se examina la validez de esas explicaciones para la zona urbana de Manizales, 30. La encuesta fue diseñada y aplicada por el CRECE y financiada con recursos de Colciencias.


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mediante análisis basados en los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida aplicada en la ciudad. La tercera sección contiene una descripción de factores adicionales al ingreso que inciden en la felicidad de los habitantes urbanos de Manizales. Finalmente, en la última sección se recogen las principales conclusiones de los análisis previos.

I. La relación entre ingreso y felicidad: algunas explicaciones La mayor parte de la literatura acerca de la relación entre el ingreso y la felicidad coincide en señalar que la asociación es menos fuerte de lo que sugiere la teoría económica. Al respecto hay que aclarar que, aunque entre las nociones microeconómicas fundamentales no se incluye específicamente la felicidad, sí hay un concepto con el que puede asimilarse: el de utilidad. La utilidad se entiende como el nivel de satisfacción de las necesidades generado por el consumo de una combinación de bienes y/o servicios. Aunque en las comparaciones dentro de países o entre países suelen observarse mayores niveles de felicidad entre individuos o países de mayores ingresos, los análisis más detallados revelan que la asociación entre felicidad e ingreso no es tan fuerte y que, con el tiempo, tiende a debilitarse. Para explicar esa situación se han sugerido diferentes teorías dirigidas especialmente a demostrar que la relación entre ingreso y bienestar subjetivo está mediada por factores psicológicos, y que, como resultado, no hay una correspondencia unívoca entre ellos: dependiendo del factor que medie, y del grado en que lo haga, la relación puede ser más o menos fuerte, positiva o negativa, constante o inestable. En esta sección se presentan las explicaciones más relevantes que se han formulado alrededor de la relación felicidad – ingreso a partir de los hallazgos obtenidos en diferentes estudios. Se trata de explicaciones no excluyentes, de las cuales algunas se refuerzan entre sí, mientras que otras se oponen. En su mayoría, se tomaron de Rojas (2004), quien, luego de presentar una descripción de las teorías más comunes, sugirió una nueva, que también se incluye. A. A diferencia de lo que supone la teoría económica, la asociación entre ingreso y felicidad suele ser débil o inexistente (teoría general)


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Como señala Rojas (2004), varios estudios han encontrado que la relación entre el ingreso y la felicidad no es tan fuerte como supone la literatura económica y que el hallazgo de una asociación baja o inexistente entre ambos constituye, entonces, una paradoja. Si bien no se trata de una teoría, en sí misma, constituye un hallazgo general, cuya explicación se encuentra en las demás teorías. El pionero en este tipo de análisis es el economista norteamericano Richard Easterlin, quien en la década de los setenta habló por primera vez de la paradoja ingreso-felicidad que, más adelante y en honor suyo, se denominó la paradoja de Easterlin. Lo que argumenta ese investigador es que, en un momento del tiempo, la felicidad varía directamente con el ingreso, pero, a medida que pasa el tiempo, un aumento en el ingreso de un país no va acompañado de aumentos en la felicidad (Easterlin y Angelescu, 2009). De allí que algunos denominen este resultado como la “paradoja del crecimiento infeliz” (Lora et al., 2008). La primera conclusión de Easterlin se deriva de análisis de corte transversal (estáticos) realizados entre países y dentro de países, mientras que la segunda –que es el hallazgo paradójico– corresponde a estudios de series de tiempo (análisis dinámicos) efectuados principalmente en países desarrollados, pero recientemente expandidos a naciones en desarrollo y en transición. En palabras de Easterlin y Angelescu (2009), el primero es un análisis de corto plazo y el segundo de largo plazo (Ibíd.). Como se observa, el hallazgo de Easterlin sobre una baja o inexistente asociación entre ingreso y felicidad está referido de manera exclusiva a análisis temporales (de largo plazo) que involucran a países. Por su parte, la medida del ingreso que él examina corresponde al promedio de un agregado macroeconómico: el Producto Interno Bruto (PIB) por habitante. Es decir, se trata de una paradoja aplicable a condiciones específicas: comparaciones de ingreso agregado medio, entre países, en por lo menos dos momentos del tiempo. Sin embargo, esa conclusión se ha generalizado, a veces de manera equivocada, a otro tipo de situaciones. Y hay quienes respaldan o rechazan la paradoja de Easterlin, basados en análisis no comparables porque no reúnen esas condiciones específicas. Además de la diferencia entre el corto y el largo plazo, hay otros aspectos que limitan la comparabilidad entre hallazgos de diferentes estudios y que, aún así, parecen no ser considerados a la hora de contrastar resultados entre trabajos. Uno de ellos es la unidad de medida del ingreso. Como se señaló, los trabajos de Easterlin usan el PIB per cápita como indicador del ingreso; consistentemen-


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te, para el análisis de largo plazo emplean el crecimiento del PIB por habitante. Esas mismas unidades son las que se utilizan con más frecuencia en la mayoría de estudios que efectúan comparaciones entre países. Sin embargo, los trabajos que examinan la relación entre ingreso y felicidad dentro de una región geográfica (ciudad, estado o país) por lo general trabajan con el ingreso reportado por las personas. Incluso en ese grupo hay variaciones porque algunos autores emplean el ingreso total del hogar, otros el ingreso personal o individual y algunos el ingreso per cápita. De manera similar, mientras que unos usan valores monetarios en sus ejercicios, otros utilizan logaritmos. Esas variaciones también limitan la comparabilidad entre estudios. Otro aspecto que reduce la posibilidad de comparar hallazgos de distintos autores es la medida de la felicidad utilizada. Entre quienes trabajan con la percepción de felicidad o de satisfacción con la vida, algunos manejan sólo dos categorías (feliz-infeliz, satisfecho-insatisfecho), y la mayoría entre cinco y diez, de acuerdo con grados de bienestar.31 Esas diferencias inciden en los resultados. Pero, además de la escala, en algunos casos también se registran diferencias en los indicadores empleados: ante la imposibilidad de contar con percepciones sobre felicidad o satisfacción, algunos autores han recurrido a otras medidas de bienestar subjetivo que son conceptualmente diferentes. Tal es el caso de los trabajos efectuados en Colombia a partir de la Encuesta de Calidad de Vida del DANE y demás instrumentos basados en ella (Cruz y Torres, 2006; Medina et al., 2009). Como esas encuestas no indagan por el grado de felicidad o satisfacción que tienen las personas con sus vidas, se han utilizado como proxy las medidas de bienestar subjetivo incluidas en esos cuestionarios, es decir, la percepción sobre las condiciones de vida del hogar y la autopercepción de pobreza. No obstante, análisis realizados en el marco del presente estudio sugieren que esos indicadores no son buenos sustitutos de la felicidad o la satisfacción con la vida. 32 En cuanto a estos dos indicadores, algunos autores los trabajan como equivalentes, mientras 31. Rojas (2004), por ejemplo, usa una escala de siete opciones, mientras que Ferrer-i-Carbonell (2005) emplea una de 0 a 10. 32. Los análisis efectuados a partir de la Encuesta de Calidad de Vida de Manizales indican que, al calificar las condiciones de vida de su hogar, las personas piensan principalmente en su situación económica. Por esa razón las variables más correlacionadas con la percepción sobre las condiciones de vida son la satisfacción con la situación económica del hogar y el ingreso per cápita. En cambio, la asociación entre la percepción sobre las condiciones de vida del hogar y la satisfacción con la vida y con la felicidad es más débil. Algo similar ocurre con la autopercepción de pobreza, que, de acuerdo con los ejercicios desarrollados, suele asociarse con ingreso por parte de los encuestados. La felicidad y la satisfacción con la vida, en cambio, son conceptos más integrales.


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que otros establecen diferencias, al asociar la felicidad con experiencias afectivoemocionales y la satisfacción con experiencias cognitivas (Ochoa, 2008). En el caso de estudios basados en información proveniente de encuestas, un aspecto adicional que limita la comparabilidad de los resultados es el tipo de personas encuestadas. No es lo mismo si los datos provienen de individuos seleccionados en un marco muestral no restringido, a una situación en la cual ese marco se limita a personas con ciertas características. Por ejemplo, es común que en las encuestas de hogares que adelanta el DANE en el país se exija que algunas secciones –entre ellas, las que indagan por las condiciones de vida del hogar– sean respondidas por los jefes de hogar o sus cónyuges, lo que puede producir diferencias sistemáticas frente a encuestas que no tienen esa restricción. Finalmente, las técnicas empleadas en los análisis también impiden la comparabilidad de los resultados. A veces los análisis se efectúan con base en estadísticas descriptivas, mientras que en otros casos se utilizan modelos econométricos, y eso puede producir resultados distintos.33 En cuanto a los modelos, también es usual encontrar diferencias porque algunos autores trabajan con técnicas de regresión lineal (por ejemplo, Easterlin y Angelescu, 2009), mientras que otros emplean modelos logit o probit ordenados u otras técnicas especiales para el tratamiento de variables categóricas (Boes y Winkelmann, 2004; 2005; 2008; Mentzakis y Mirko, 2009).34 Pese a los problemas de comparabilidad, la mayoría de los estudios muestran que la relación entre ingreso y felicidad es positiva, aunque no muy fuerte, cuando el análisis se efectúa en un momento del tiempo. Por su parte, los estudios que incorporan análisis temporales, sugieren que la asociación entre ingreso y felicidad tiende a debilitarse con el tiempo. A continuación se presentan las explicaciones para esas situaciones. B. A partir de cierto umbral, mayores niveles de ingreso per cápita no se traducen en más felicidad (teoría absoluta) Esta explicación, que algunos denominan hipótesis del umbral (Lora et al., 2008) 33. Más adelante se presenta un ejemplo de esa situación. 34. Algunos autores han demostrado que las variables dependientes ordinales violan los supuestos del modelo de regresión lineal, por lo cual la aplicación de la técnica de mínimos cuadrados ordinarios puede llevar a conclusiones incorrectas (McKelvey y Zavoina, 1975; Winship y Mare, 1984; citados en Long y Freese, 2001). De allí que, como se señala más adelante, en este estudio se aplicaron técnicas diseñadas para variables categóricas ordinales.


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y otros llaman teoría absoluta (Rojas, 2004), sugiere que los aumentos en el ingreso tienen un impacto positivo en la felicidad hasta cierto nivel de ingreso. Después de ese nivel, el impacto no es importante. De acuerdo con Graham (2004), fue el propio Easterlin quien propuso esa hipótesis como solución a la paradoja ingreso-felicidad. “Easterlin explicó esta anomalía aparente sugiriendo que los niveles de ingreso absoluto importan hasta cierto punto –particularmente cuando las necesidades básicas no son satisfechas– pero, después de ese nivel, las diferencias de ingreso relativo importan más” (Ibíd., p. 7). C. La influencia del ingreso en la felicidad depende de las expectativas y las comparaciones sociales (teoría relativa) Varios de los textos revisados coinciden en que la relativamente baja incidencia del ingreso en la felicidad se explica porque, más que el nivel absoluto de ingreso que percibe la gente o los cambios en ese nivel, lo que a las personas les interesa cuando califican su bienestar es su situación frente a los demás. En esa medida, un aumento en el ingreso sólo afecta positivamente la satisfacción de los individuos si mejora su situación frente a su grupo social. Como se señaló en la anterior explicación, también fue Easterlin quien mencionó la importancia del ingreso relativo en la determinación de la felicidad cuando los individuos han logrado satisfacer sus necesidades básicas. Lora et al. (2008) lo presentan en estos términos: ante aumentos en el ingreso, el bienestar de los individuos crece sólo si su posición frente a su grupo social mejora. D. En la medida en que las personas se adaptan a sus circunstancias de vida, cambios positivos o negativos en el ingreso pueden no generar impactos en su felicidad (teoría de la adaptación) De acuerdo con esta hipótesis, sobre la adaptación de las expectativas o las expectativas adaptativas (Ochoa, 2008), las personas suelen ajustarse o acomodarse a los eventos positivos y negativos de su vida (Rojas, 2004). Esa capacidad equivale al concepto biológico relacionado con la facilidad que tienen los organismos o especies de adecuarse a los desafíos de su entorno (Veenhoven, 2001). Acerca de la capacidad de las personas de adaptarse a sus circunstancias, algunos autores señalan que no aplica a todos los aspectos de la vida. Por ejemplo, las


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personas no se adaptan al deterioro en su estado de salud (Ochoa, 2008), a tener un hijo discapacitado o perder a un compañero (Veenhoven, 1994). Sin embargo, suelen ajustarse a los cambios en su nivel de ingreso mediante un ajuste en sus expectativas. Dada a esa capacidad, las variaciones en el ingreso pueden no afectar la felicidad de las personas. E. La felicidad o grado de satisfacción de una persona están mediados por la relación entre sus necesidades satisfechas y el total de necesidades (teoría de las aspiraciones)35 Según esta teoría, a medida que crece el ingreso también lo hacen las aspiraciones de los individuos, por lo cual la satisfacción o felicidad pueden no aumentar o hacerlo menos en comparación con el cambio en el ingreso. Debido a esa “banda corrediza de las aspiraciones”, las personas de mayores ingresos y más altas aspiraciones tienen menores niveles de satisfacción o felicidad en comparación con grupos de ingresos más bajos, cuyas aspiraciones son inferiores (Lora et al., 2008). En una dirección similar, Graham (2004) señala que las normas y expectativas de la gente tienden a aumentar con el progreso económico, por lo cual el impacto positivo esperado del ingreso en la felicidad está mediado por las aspiraciones crecientes que acompañan al aumento en el ingreso. De allí que algunos estudios encuentren una relación más fuerte entre ingreso y felicidad en los niveles inferiores de ingreso en comparación con los superiores. F. Dependiendo del referente conceptual que tiene un individuo cuando juzga su bienestar, el ingreso puede o no tener incidencia en su felicidad (teoría del referente conceptual) Se trata de una teoría alternativa propuesta por Rojas (2004) para entender la baja o inexistente relación que algunos autores han encontrado entre ingreso y felicidad. De acuerdo con ese autor, el juicio que hacen las personas sobre su felicidad depende del referente conceptual que manejen. Para algunos individuos la felicidad está asociada con realización personal, para otros con disfrute, para unos más con tranquilidad. En algunos de esos referentes el ingreso es importante y en otros no. 35. Como se señaló al comienzo de esta sección, algunos autores trabajan de manera indistinta con los dos conceptos, y eso mismo se realiza en este artículo.


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Para el grupo específico investigado por Rojas (2004), el ingreso resultó ser una variable importante en la explicación de la felicidad entre las personas que tienen los siguientes referentes conceptuales: carpe diem, satisfacción, realización y hedonismo.36 En cambio, no resultó importante en los referentes estoico, virtud, utopía y tranquilidad. En la siguiente tabla se presenta una breve descripción del contenido de los referentes, a partir de frases asociadas a cada uno. Tabla 1. Referentes conceptuales de la felicidad Frase que lo sintetiza Referente Estoico La felicidad es aceptar las cosas como son La felicidad es el sentimiento que resulta de actuar correctamente en relacion Virtud con los demás Hedonismo Carpe Diem La felicidad es vivir el momento Satisfacción La felicidad es la satisfacción por lo que tengo y lo que soy en la vida La felicidad es un ideal al que tratamos de acercarnos Utópico Tranquilidad La felicidad es vivir tranquilamente sin buscar más allá de lo que uno puede lograr Realización La felicidad es desarrollar plenamente nuestras capacidades Fuente: Tomado de Rojas (2005).

G. Es mayor la pérdida de felicidad como resultado de una reducción en el ingreso que la ganancia debida a un aumento en el ingreso (teoría de la aversión a las pérdidas) De acuerdo con Lora et al. (2008), debido a que los seres humanos tienen, en general, aversión a las pérdidas, los efectos que los cambios en el ingreso producen sobre la felicidad son más fuertes cuando el ingreso cae que cuando aumenta. Es decir, la pérdida de felicidad ocasionada por caídas en el ingreso supera los aumentos producidos por un crecimiento en el ingreso. También Easterlin y Angelescu (2009) mencionan esa explicación y, al hacerlo, la asocian con la teoría de las aspiraciones. De acuerdo con ellos, cuando el ingreso aumenta, las aspiraciones de la gente crecen de manera proporcional. Sin embargo, cuando el ingreso se reduce, las aspiraciones no disminuyen porque son mucho menos flexibles a la baja. Eso ocurre porque, después de haber alcanzado cierto nivel de ingreso, los individuos se aferran a ese punto de referencia que algunos denominan el “efecto dotación” (Kahneman et al., 1991; citados en 36. El autor trabajó con una encuesta sobre felicidad aplicada en la capital mexicana y en varios estados de ese país. El instrumento incluyó preguntas para identificar el referente conceptual empleado por cada persona al definir la felicidad.


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Easterlin y Angelescu, 2009). II. Ingreso y felicidad en Manizales Como se señaló en el texto introductorio, las teorías o explicaciones anteriores acerca de la relación entre ingreso y felicidad corresponden a hipótesis de trabajo cuya validez se examina para la zona urbana de Manizales con base en la Encuesta de Calidad de Vida de 2009. En algunos casos la verificación se realiza de manera directa, intentando emplear los mismos indicadores o técnicas usados en estudios relacionados. Sin embargo, para aquellos análisis en los que no es posible una verificación directa, por no contar con la información adecuada, se efectúa una aproximación a través de indicadores indirectos. Tal es el caso de análisis que requieren la disponibilidad de información en, por lo menos, dos momentos del tiempo. Hay que señalar que, aunque la Encuesta de Calidad de Vida se aplicó a cerca de 6300 hogares urbanos de Manizales, los análisis que se presentan en este artículo están basados en los cuestionarios que fueron respondidos por los jefes de hogar o sus cónyuges (alrededor de 5700). La decisión de trabajar sólo con esos hogares obedece a que en algunos de los modelos formulados para identificar los determinantes de la felicidad se incluyeron variables referidas al hogar, y son más adecuadas las respuestas de quienes tienen una visión más integral del mismo (justamente sus jefes y parejas). Dado que el grado de felicidad manifestado por los encuestados constituye el indicador central de los análisis, es necesario señalar algunas de sus características. La primera, el indicador se construyó a partir de la siguiente pregunta incluida en el formulario: Teniendo todo en cuenta en su vida, ¿qué tan feliz es? Las opciones de respuesta a esa pregunta fueron:

1. 2. 3. 4. 5.

No es feliz Algo feliz Medianamente feliz Bastante feliz Muy feliz

Dado que cada encuestado podía responder sólo una de cinco opciones o clases,


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mutuamente excluyentes, organizadas según el grado de felicidad, la variable resultante es categórica y ordinal. La segunda característica del indicador tiene que ver con la elevada concentración de las respuestas entre las alternativas 3 a 5. En efecto, menos del 2% de los jefes y cónyuges de la zona urbana de Manizales que respondieron la encuesta señaló que no son felices; el 5.5% considera que sólo son un poco felices; el 29.6% se califica medianamente feliz; el 34.8% se siente bastante feliz; y, finalmente, el 28.2% de los encuestados respondió que es muy feliz. Debido a la baja frecuencia de las primeras opciones de respuesta, para la realización de varios de los ejercicios previstos fue necesaria su recategorización. Específicamente, para la aplicación de las técnicas econométricas se debieron agrupar las primeras tres categorías. Con respecto al segundo indicador de importancia en los análisis, el ingreso de los hogares, debe precisarse que se trabajó con sus valores per cápita a nivel de hogar. En algunos ejercicios se usaron sus valores monetarios y en otros –específicamente en los modelos– se trabajó con su logaritmo. Hechas estas precisiones, a continuación se presenta la verificación, para la zona urbana de Manizales, de cada una de las teorías que buscan explicar la relación entre felicidad e ingreso. A. Teoría general sobre la relación entre felicidad e ingreso Los resultados generales obtenidos para la zona urbana de Manizales revelan una asociación positiva entre la percepción de felicidad por parte de los jefes de hogar o sus cónyuges y el ingreso per cápita. Sin embargo, el indicador general que mide el grado de asociación entre ellos, la correlación, no es muy alto (0.2437 ). Ese resultado parece corroborar el hallazgo general obtenido en la mayoría de los estudios según el cual la relación entre ingreso y felicidad, aunque positiva, es débil. Sin embargo, los resultados de otros ejercicios sugieren que la importancia del ingreso en la determinación de la felicidad de los jefes de hogar y sus cónyuges en la zona urbana de Manizales es más alta que lo revelado por la reducida corre37. Ese dato corresponde al coeficiente de correlación entre la felicidad y el logaritmo del ingreso per cápita. Si se utiliza el ingreso monetario, la correlación desciende a 0.17.


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lación entre ambos. Por un lado, la estimación del nivel medio de felicidad por decil de ingreso revela que, de manera sistemática, el primero aumenta cuando se asciende en la escala de ingreso, si bien la tasa de crecimiento es descendente entre los deciles cuarto y octavo.

Nivel medio de felicidad

Gráfica 1. Nivel medio de felicidad por decil de ingreso 4.2 Decil 10

4.1

Decil 9

4.0

Decil 7

3.9

Decil 5

Decil 8

Decil 6

3.8 Decil 4

3.7

Decil 3

3.6 3.5

Decil 2 Decil 1

3.4 3.3 10.5

11.0

11.5

12.0

12.5

13.0

13.5 14.0 14.5 Logaritmo del ingreso percápita

Fuente: Cálculos de la autora con base en Encuesta de Calidad de Vida urbana de Manizales, 2009

Como se observa en la gráfica, el nivel medio de felicidad en el primer decil es de 3.4, lo que sugiere que los jefes de hogar y cónyuges de ese grupo se sienten entre medianamente felices (categoría 3) y bastante felices (categoría 4). Ese nivel asciende progresivamente hasta el cuarto decil, luego registra incrementos decrecientes hasta el octavo y finalmente aumenta a un ritmo creciente hasta el último decil. Ese resultado es similar al hallazgo de Easterlin y Angelescu (2009) acerca de una relación positiva pero decreciente entre la felicidad y el PIB per cápita, cuando se comparan, en un momento del tiempo, países ricos y pobres. Por el otro, si se excluye la satisfacción general con la vida, la variable que está


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más altamente correlacionada con la felicidad de los jefes de hogar de la zona urbana de Manizales y sus cónyuges es la satisfacción con la situación económica del hogar.38 Si bien este último es un indicador subjetivo, es claro que en buena medida depende del ingreso del hogar, aunque también está afectado por el nivel de gastos y los compromisos financieros que tengan sus integrantes. Asimismo, cuando se utilizan técnicas econométricas para identificar los factores que inciden en la felicidad de los jefes de hogar y sus cónyuges se observa que, manteniendo constantes las demás características, el ingreso es importante en la determinación de las categorías altas de felicidad. 39 Dado que la felicidad se construyó como una variable categórica ordinal, el modelo utilizado arroja parámetros para cada categoría o clase de la variable dependiente.40 Si se examinan los parámetros más relevantes (los efectos marginales), se encuentra que: * Para la categoría más baja de felicidad (que resultó de agrupar las opciones no es feliz, es algo feliz o es medianamente feliz) no hay relación entre felicidad e ingreso, es decir, la probabilidad de estar en esa categoría no se afecta por cambios en el ingreso * Si se mantienen las demás características constantes, la probabilidad de ser bastante feliz se incrementa en 2.5% si el ingreso per cápita del hogar aumenta 1% * Si se mantienen las demás características constantes, la probabilidad de ser muy feliz disminuye en 2.4% cuando el ingreso per cápita del hogar crece 1% Este último es, probablemente, uno de los resultados más llamativos del estudio. Sin embargo, como se examina más adelante, no se trata de un hallazgo exclusivo para la población urbana de Manizales. Es una situación que, de acuerdo con los estudiosos del tema, se presenta cuando los individuos han logrado satisfacer sus necesidades, por lo cual el ingreso adicional no produce más felicidad sino, en algunos casos, un retroceso. En los acápites siguientes se profundiza en ese resultado. 38. El coeficiente de correlación entre ambas es de 0.4. Acerca de esta última variable, se construyó a partir de la pregunta sobre el grado de satisfacción del encuestado con esa situación, para cuya calificación se ofrecieron cinco opciones de respuesta: no satisfecho, algo satisfecho, medianamente satisfecho, bastante satisfecho y muy satisfecho. 39. En la cuarta sección se describen esas técnicas y los modelos formulados con más detalle. 40. Eso se explica porque se utilizó un modelo no lineal, el logit ordenado generalizado. Mientras que en los modelos lineales la relación entre cada variable explicativa y la dependiente se resume en un solo parámetro, en los modelos no lineales son varios los parámetros que ilustran esa asociación.


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B. Teoría absoluta Como se presentó en la segunda sección del artículo, esta teoría señala que, después de cierto nivel o umbral, un aumento en el ingreso per cápita no se traduce en un mayor bienestar subjetivo. La verificación del cumplimiento de esta hipótesis varía según el tipo de análisis que se efectúe. Si se examinan las estadísticas descriptivas de la encuesta, no es posible identificar un valor de ingreso a partir del cual la felicidad no aumenta –e, incluso, se reduce– cuando crece el ingreso. Como se observaba en la gráfica 1, para procesamientos simples de la encuesta la relación entre felicidad e ingreso es siempre positiva. Sin embargo, cuando el análisis se realiza a través de un modelo econométrico, se puede identificar un nivel de ingreso per cápita mensual después del cual la felicidad disminuye. Para los hogares urbanos de Manizales ese nivel es cercano a 3.2 millones de pesos, que equivalen aproximadamente a US$1,600 (Gráfica 2).

2.5

Felicidad media pronosticada 3 3.5 4

4.5

Gráfica 2. Felicidad e ingreso per cápita

0

2000000 4000000 6000000 Ingreso percápita del hogar

8000000

Fuente: Cálculos de la autora con base en Encuesta de Calidad de Vida urbana de Manizales, 2009.


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Teniendo en cuenta que el ingreso per cápita promedio en el último decil de los hogares urbanos de Manizales (donde está el 10% de la población más rica) es cercano a 1.7 millones, eso significa que sólo algunos hogares de ingresos muy elevados podrían experimentar esa pérdida. Es decir, aunque existe un umbral, es demasiado alto y sólo pocos hogares urbanos de Manizales estarían incluidos (el 0.6%). C. Teoría relativa Esta explicación señala que la influencia del ingreso en la felicidad depende de las expectativas y las comparaciones sociales. La manera más frecuente en que otros estudios han verificado su cumplimiento es a través de la inclusión de ingresos relativos entre los determinantes de la felicidad. En algunos casos se ha agregado en los modelos algún monto de ingreso relativo (por ejemplo, el ingreso de un “grupo de referencia”) y, en otros, las percepciones sobre ese ingreso (mediante opiniones acerca de la situación económica del individuo o su hogar). Para evaluar si esta explicación se cumple en Manizales, en el modelo de determinantes de la felicidad de los jefes de hogar urbanos y sus cónyuges se incluyó como variable explicativa el ingreso de un grupo de referencia, conformado por personas con similares características a los encuestados en cuando a edad, educación y género. La conformación de ese grupo siguió los criterios de Ferreri-Carbonell (2005), descritos en Lora et al. (2008). De acuerdo con la teoría formulada, el coeficiente de la variable debería ser negativo para que se cumpliera la explicación; eso significa que la felicidad de un individuo disminuye cuando mejora el ingreso de las personas que, de acuerdo con ciertas condiciones básicas, deberían formar parte de su grupo social . 41 Al respecto no se encontró ninguna asociación entre el ingreso del grupo de referencia de los jefes y cónyuges de Manizales y su felicidad. 42 Es decir, entre los aspectos que valora ese grupo poblacional cuando juzga su felicidad no está incluida su posición social frente a personas del mismo nivel. Aunque ese resultado difiere de los hallazgos de Lora et al. (2008) y Ferrer-i-Carbonell (2005), coincide con los de otros autores que no han encontrado evidencia sobre esa asociación (Guven y Sørensen, 2007). 41. Sin embargo, la propia Ferrer-i-Carbonell (2005) señala que las comparaciones de ingreso no son simétricas porque el bienestar de los individuos más pobres está influido negativamente por el hecho de que su ingreso es menor al de su grupo de referencia, mientras que los individuos más ricos no tienen mayor bienestar por disponer de ingresos superiores al promedio. 42. Los resultados se presentan en la tabla 2 este artículo.


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Algunos autores que consideran arbitrario el indicador de ingreso relativo propuesto por Ferrer-i-Carbonell (2005) proponen medidas alternativas para validar la teoría relativa. Mentzakis y Moro (2009), lo mismo que Guven y Sørensen (2007), recomiendan incluir el indicador que mide la percepción sobre la situación económica del hogar, porque consideran que esa opinión es más relevante que el ingreso de un grupo de referencia para explicar el bienestar. Para verificar la importancia de ese indicador en Manizales, entre los determinantes de la felicidad se incluyó la satisfacción que tienen los encuestados con la situación económica de su hogar43 y, de manera alternativa, la percepción sobre sus condiciones de vida44. El modelo arrojó los resultados esperados45. Es decir, se encontró que la probabilidad de ser bastante o muy feliz está asociada, como ya se había señalado, con altos niveles de satisfacción de los encuestados con la situación económica de su hogar, y también con percepciones favorables sobre las condiciones de vida de su hogar.46 D. Teoría de la adaptación De acuerdo con esa explicación, en la medida en que las personas se adaptan a sus circunstancias de vida, cambios positivos o negativos en el ingreso pueden no generar impactos en el bienestar subjetivo. La verificación correcta de esta hipótesis exigiría contar con una serie de tiempo a partir de la cual se pueda examinar el grado en que los hogares se ajustan a los cambios en sus niveles de ingreso. De hecho, la expresión adaptación implica un ajuste ante cambios experimentados en el tiempo. Como no se dispone de serie temporal, se realizó una verificación a través de mediciones indirectas. Algunas de esas medidas indirectas provienen de la afirmación de Ochoa (2008, 11) en el sentido de que “[e]l hecho de que existan personas con malas condiciones objetivas de bienestar que reportan un bienestar subjetivo alto, implica que las personas se han adaptado a sus condiciones de vida, ajustando sus expectativas a la baja”. En el caso de Manizales, esa situación puede validarse a través de varios indicadores. Uno de ellos es la proporción de jefes de hogar y 43. Ver nota 38 para una explicación de la variable. 44. Se pedía calificar las actuales condiciones de vida del hogar y se proponían cuatro opciones de respuesta: muy buenas, buenas, regulares, malas. 45. Ver tabla 2 de este artículo. 46. El signo negativo de este último indicador se explica porque el número asignado a cada opción de respuesta aumentaba a medida que las condiciones tenían peor calificación.


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cónyuges que reportaron niveles altos de felicidad, pese a que sus condiciones objetivas, examinadas mediante su nivel de ingresos, son desfavorables: el 47% de los encuestados de los dos primeros deciles de ingreso afirmó ser bastante o muy feliz. Otro indicador es el porcentaje de jefes y cónyuges que manifestó sentirse bastante o muy feliz, a pesar de señalar que los ingresos de su hogar no alcanzan para cubrir los gastos mínimos: el 45%. Esas elevadas proporciones de encuestados que tienen o perciben malas condiciones objetivas de vida y reportan altos índices de bienestar subjetivo sugieren, de acuerdo con los criterios de Ochoa (2008), una alta capacidad de adaptación a los bajos ingresos por parte de los jefes de hogar y sus cónyuges en la zona urbana de Manizales. Las demás medidas indirectas empleadas para validar la teoría se derivan de cruzar las percepciones de felicidad con la ocurrencia de eventos negativos en la calidad de vida experimentados por el hogar en el pasado. A partir de esos cruces se pretende examinar la capacidad de adaptación de los jefes y cónyuges a condiciones adversas. Es decir, dado que la encuesta indagó por cambios experimentados por los encuestados en distintos aspectos claves de su calidad de vida, el hecho de que reporten altos niveles de felicidad, habiendo experimentado variaciones negativas, puede asimilarse a una adaptación a sus nuevas condiciones. Las preguntas que se examinaron para evaluar esa adaptación fueron las relacionadas con cambios en: i) el nivel de vida del hogar en comparación con el que tenía hace cinco años; ii) las condiciones económicas del hogar frente a las que tenía el encuestado en su niñez; iii) las condiciones de alimentación de los integrantes del hogar en los últimos dos años. Las respuestas obtenidas en esas preguntas y su cruce con la percepción de felicidad sugieren un alto nivel de adaptación de los jefes de hogar y sus cónyuges ante el deterioro en sus condiciones de vida. En efecto, entre el 37% y el 46% de los encuestados que ha experimentado cambios desfavorables en alguno de los tres aspectos señalados manifiesta sentirse bastante o muy feliz. Se trata de porcentajes muy altos que ratifican la adaptabilidad de la población urbana de Manizales a condiciones de vida adversas. E. Teoría de las aspiraciones Según esta explicación, el grado de felicidad de una persona está relacionado con el nivel de satisfacción de sus necesidades o deseos. De acuerdo con algunas de las interpretaciones que se han hecho sobre esa teoría, su verificación podría efectuarse con información de corte transversal, como


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la disponible para Manizales, evaluando los niveles de felicidad y los grados de satisfacción de necesidades que tienen los hogares de deciles bajos y altos. Sin embargo, otras lecturas de esa teoría sugieren la necesidad de estudiar cambios en el tiempo para verificar cómo varían las aspiraciones de los individuos cuando crece el ingreso. Como no se cuenta con información que permita verificar el cumplimiento de esa segunda lectura, se realizaron análisis indirectos para establecer si entre los habitantes urbanos de Manizales hay algún patrón que sugiera una “banda corrediza de aspiraciones”. Esos análisis incluyen: * Un examen, por deciles de ingreso, de la percepción que tienen los jefes y sus cónyuges sobre la suficiencia de ingresos del hogar para cubrir sus gastos mínimos * Una evaluación, también por deciles de ingreso, de la diferencia entre el ingreso real que reciben los hogares y el que los jefes y sus cónyuges consideran que es suficiente para satisfacer las necesidades de su hogar * Una comparación de la relación entre ingreso y felicidad que hay en los hogares de mayores ingresos y en los que tienen ingresos más bajos Los ejercicios que relacionaron los niveles de ingreso con la percepción sobre su suficiencia para cubrir los gastos mínimos del hogar no muestran evidencia de que los hogares de mayores ingresos “corran” sus aspiraciones. Al respecto, lo que se presenta es una asociación directa entre nivel de ingreso y percepción de necesidades cubiertas: el 3% de los jefes de hogar del primer decil y sus cónyuges manifiesta que su ingreso alcanza para cubrir más que los gastos mínimos del hogar, porcentaje que asciende de manera gradual hasta llegar al 51% entre los hogares del último decil. Es decir, a mayor ingreso, los hogares perciben más cobertura de gastos de la canasta familiar, lo que significa que, en lugar de desplazarse, sus aspiraciones se van satisfaciendo. Por su parte, la relación entre el ingreso necesario para que el hogar cubra adecuadamente sus necesidades y el ingreso recibido es decreciente a medida que se asciende en el decil de ingreso: pasa de 3.6 veces en el primero a 0.7 en el último. Es decir, los jefes y cónyuges de los hogares más pobres (el primer decil) manifiestan que, para satisfacer las necesidades de su hogar, deberían recibir un ingreso que es casi 4 veces el que perciben actualmente, pero, a medida que el decil crece, esa relación disminuye de manera que entre los hogares más ricos (el


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último decil) ese ingreso es 0.7 veces el actual. Eso sugiere que entre los jefes de hogar de Manizales y sus cónyuges no hay una “banda corrediza” o una “brecha de las aspiraciones”. Si las hubiera, los hogares de los deciles más altos necesitarían proporcionalmente una mayor cantidad de ingresos o, en palabras de Lora et al. (2008), la diferencia entre el ingreso corriente del individuo y el que considera suficiente para satisfacer sus necesidades aumentaría con el ingreso corriente. Por último, cuando la verificación de la teoría de las aspiraciones se efectúa a través del análisis de la relación entre ingreso y felicidad en los hogares de mayores ingresos en comparación con los de menores ingresos no se obtienen resultados contundentes. Algunos ejercicios muestran una asociación más fuerte en los hogares de ingresos más altos, mientras que otros revelan lo contrario. Por ejemplo, si se agrupan los hogares por deciles de ingreso y se examinan los efectos marginales del ingreso per cápita en la probabilidad de que los jefes y cónyuges estén en las categorías más altas de felicidad, se observa que los efectos son más bajos en los cinco primeros deciles (los más pobres) en comparación con los que arroja el mismo modelo para los últimos cinco deciles (los más ricos). Ese resultado sugiere una asociación menos fuerte entre felicidad e ingreso en los hogares más pobres. Sin embargo, cuando se analiza el coeficiente de correlación entre los niveles de felicidad y el ingreso per cápita se observa que es mayor entre los hogares de ingresos más bajos frente a los de mayores ingresos. Como los dos ejercicios arrojan resultados opuestos, no es posible afirmar que la relación entre ingreso y felicidad sea más fuerte entre los hogares más ricos o entre los más pobres. Y, como se señaló en la sección anterior, la validación de la teoría de las aspiraciones exigiría una asociación mayor en los hogares de menores ingresos. F. Teoría del referente conceptual Como señala Rojas (2004), dependiendo del referente conceptual que tenga un individuo cuando juzga su felicidad, el ingreso puede o no tener incidencia en su felicidad. Para el caso de México, la identificación del referente conceptual utilizado al evaluar la felicidad partió de la aplicación de una encuesta en la que, entre otros aspectos, se indagó por la frase que mejor representara el concepto de felicidad que cada individuo tenía. Esas frases corresponden a las que se presentaron en la tabla 1, en la sección anterior. Dado que la encuesta de calidad de vida de Manizales no incluyó preguntas que permitieran identificar el referente conceptual de felicidad que tienen los jefes de hogar y sus cónyuges, la verificación del cumplimiento de esta hipótesis se basa


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también en medidas indirectas y tiene un carácter muy preliminar. Teniendo en cuenta que algunos de los referentes les dan mayor importancia a los logros alcanzados en la vida, otros al disfrute, otros a las relaciones personales, etc., la aproximación al tema para el caso de Manizales partió de evaluar la asociación existente entre los niveles de felicidad de los encuestados y el grado de satisfacción con cada aspecto de la vida por los que se preguntó en el cuestionario, entre ellos la situación económica del hogar, el estado de salud, la familia, las relaciones sociales, el uso del tiempo libre y los logros alcanzados en la vida. A través de esa asociación se intentó conocer la importancia relativa de cada aspecto en la felicidad y, de esa manera, tener una primera aproximación al referente conceptual predominante. Para evaluar la asociación entre la felicidad y la satisfacción de los jefes de hogar y sus cónyuges con cada aspecto de sus vidas se utilizaron dos medidas: la primera, los coeficientes de correlación entre ellos; la segunda, los efectos marginales de la satisfacción con cada aspecto sobre la probabilidad de estar en las categorías más altas de felicidad. Ese análisis permitió establecer que, entre los aspectos considerados, el que más influye en la felicidad reportada por los encuestados es la situación económica del hogar, en la medida en que la satisfacción con esa situación registró la asociación más fuerte con las respuestas de felicidad (por la magnitud tanto de las correlaciones como de los coeficientes del modelo). Una vez identificada la importancia de ese aspecto, se examinó la descripción de cada referente conceptual de la felicidad (Rojas, 2004) para determinar cuál le da más valor a la situación económica. De acuerdo con esa revisión, el referente del hedonismo es el que más importancia le otorga a la situación económica, por lo que, en esta primera aproximación, sería el referente conceptual de felicidad predominante en los hogares de Manizales. Ese referente promueve el “disfrute de todos los bienes que proveen comodidad” así como la “satisfacción de todos los bienes y deseos humanos” (Rojas 2004, 20). Las estimaciones efectuadas por Rojas (2004) señalan que, entre quienes manejan ese referente conceptual cuando juzgan qué tan felices son, el ingreso es una variable importante en la determinación de la felicidad. Como se señaló en apartes anteriores, ese mismo resultado se estaría verificando en Manizales. G. Teoría de la aversión a las pérdidas Según esta explicación, la pérdida de felicidad como resultado de una reducción en el ingreso es mayor que la ganancia atribuible a un aumento en el ingreso.


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Como es un fenómeno temporal, la verificación correcta de esta hipótesis exigiría contar con una serie de tiempo para examinar qué pasa con la felicidad de los jefes de hogar y sus cónyuges cuando sus ingresos caen y qué ocurre cuando aumentan. Siguiendo a Easterlin y Angelescu (2009), habría que comparar datos de corto plazo (movimientos sobre la función o curva de felicidad) con información de largo plazo (que implique desplazamiento de la curva). Ante la imposibilidad de efectuar esa verificación para la zona urbana de Manizales, se realizó un análisis indirecto consistente en examinar los cambios en los niveles de felicidad reportados por los encuestados al pasar de los deciles inferiores de ingreso a los superiores y viceversa. Aunque los análisis revelan que, ante cambios equivalentes en el ingreso, el nivel medio de felicidad varía en una magnitud ligeramente mayor cuando se analiza el paso de deciles altos a bajos que cuando se examina el movimiento de deciles bajos a altos, la diferencia no es tan grande (no es estadísticamente significativa) como para validar la teoría. Es decir, a partir de ese indicador no es posible encontrar evidencia suficiente sobre aversión a las pérdidas por parte de los jefes de hogares urbanos de la ciudad o sus cónyuges. En otras palabras, la información no permite concluir que, como asume la teoría de aversión a las pérdidas, las reducciones en los niveles de ingreso afectan el bienestar subjetivo en mayor medida que los aumentos en el ingreso.

III. Otros determinantes de la felicidad En esta sección se presenta la identificación de factores adicionales al ingreso absoluto del hogar y al ingreso relativo que inciden en la felicidad de los jefes de hogar y sus cónyuges en la zona urbana de Manizales. Esa identificación parte de la aplicación de un modelo adecuado para el manejo de variables dependientes categóricas: el logit ordenado generalizado. Para la formulación del modelo se empleó como variable dependiente la felicidad reportada por los encuestados y se ensayaron distintos conjuntos de variables explicativas, tomando como base los ejercicios efectuados en otros estudios (Rojas, 2004; Lora et al., 2008; Ferrer-i-Carbonell, 2005). Finalmente se seleccionó el modelo que tuviera el mejor ajuste, de acuerdo con distintos criterios recomendados.47 47. Las medidas empleadas para la selección del mejor modelo fueron el criterio de información de Akaike (AIC), el criterio de información bayesiano (BIC), la función de verosimilitud y el R2 de


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El modelo final incluyó como variables explicativas algunas medidas de ingreso absoluto (ingreso per cápita del hogar), ingreso relativo (este último aproximado con el ingreso del grupo de referencia, la satisfacción con la situación económica del hogar y la percepción sobre las condiciones de vida del hogar), condiciones demográficas del encuestado (edad, escolaridad, estado civil), de su hogar (cantidad de menores de 18 años) y la satisfacción del jefe de hogar o su cónyuge con diferentes aspectos de sus vidas. Como se señaló en la sección anterior, dado que el modelo utilizado es no lineal, la interpretación de sus resultados es más compleja que la de modelos lineales. A diferencia de éstos, donde un solo parámetro muestra el impacto que tiene el cambio de cada una de las variables explicativas en la variable dependiente, en el caso del logit ordenado generalizado son varios los parámetros que ilustran la asociación entre cada variable independiente y la dependiente. Para simplificar las explicaciones respectivas, en los análisis siguientes solamente se hará mención de dos parámetros por variable explicativa: el efecto marginal de cada característica en la probabilidad de que un jefe de hogar o su cónyuge estén en las categorías más altas de felicidad: es decir, que sean bastante felices o que sean muy felices. Esa información se presenta en la tabla siguiente.

McFadden o pseudo R2.


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Tabla 2. Efectos marginales de cada característica en la probabilidad de ser bastante o muy feliz Valor medio de cada característica 12.626 Logaritmo del ingreso percápita [0.963] 1.737 Sexo del encuestado [0.440] 48.987 Edad del encuestado [15.326] 2634.629 Edad del encuestado al cuadrado [1559.251] 8.802 Años de escolaridad del encuestado [4.730] 0.623 (i) Encuestado casado [0.485] 0.119 (i) Encuestado viudo [0.324] 0.132 (i) Encuestado separado [0.338] 12.891 Logaritmo del ingreso percápita del grupo de referencia [0.497] 0.034 (i) Encuestado desempleado [0.181] 0.576 (i) Encuestado laboralmente inactivo [0.494] 0.899 Cantidad de menores de 18 años en el hogar [1.046] 0.178 (i) (ii) Encuestado con algún problema de salud [0.383] 3.079 (iii) Satisfacción con la situación económica del hogar [1.189] 3.778 (iii) Satisfacción con la vivienda [1.046] 3.753 (iii) Satisfacción con el barrio [1.040] 3.327 (iii) Satisfacción con el trabajo [1.355] 3.824 (iii) Satisfacción con el estado de salud [0.999] 3.256 (iii) Satisfacción con el nivel educativo alcanzado [1.233] 4.262 (iii) Satisfacción con la familia [0.783] 3.835 (iii) Satisfacción con la vida sexual [1.127] 4.017 (iii) Satisfacción con las relaciones sociales [0.859] 3.847 (iii) Satisfacción con el uso del tiempo libre [0.942] 4.145 (iii) Satisfacción con la forma de ser [0.736] 3.682 (iii) Satisfacción con los logros alcanzados en la vida [1.048] 2.150 (iv) Percepción sobre condiciones de vida del hogar [0.670] Variable explicativa

Efectos marginales Bastante feliz Muy feliz 0.025** -0.024** [0.008] [0.008] 0.044** -0.017 [0.017] [0.015] -0.001** -0.004** [0.000] [0.002] 0.000** 0.000** [0.000] [0.000] 0.001 0.003 [0.001] [0.003] 0.005 0.021 [0.004] [0.015] 0.003 0.017 [0.004] [0.022] -0.002 -0.007 [0.005] [0.019] 0.008 0.034 [0.006] [0.023] 0.004 0.020 [0.004] [0.030] 0.002 0.008 [0.003] [0.012] 0.001 0.002 [0.001] [0.005] -0.005 -0.020 [0.005] [0.014] 0.011** 0.046** [0.002] [0.005] 0.003* 0.012* [0.002] [0.006] -0.001 -0.004 [0.001] [0.006] 0.006** 0.023** [0.001] [0.004] 0.006** 0.026** [0.002] [0.007] -0.002 -0.007 [0.001] [0.005] 0.005** 0.020** [0.002] [0.008] 0.006** 0.026** [0.002] [0.006] 0.004** 0.019** [0.002] [0.008] 0.007** 0.030** [0.002] [0.007] -0.029** 0.041** [0.011] [0.012] 0.007** 0.029** [0.002] [0.006] -0.071** -0.069** [0.013] [0.011]


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(i) Variable dicotómica que toma el valor de 1 cuando el encuestado tiene la característica correspondiente y 0 cuando no; (ii) la variable asume el valor de 1 si el estado de salud físico o mental del encuestado fue calificado como regular o malo; (iii) las opciones de respuesta eran 1. No satisfecho, 2. Algo satisfecho, 3. Medianamente satisfecho, 4. Bastante satisfecho y 5. Muy satisfecho; (iv) las alternativas de repuesta eran 1. Muy buenas, 2. Buenas, 3. Regulares y 4. Malas. * Diferencias significativas al 10%; ** diferencias significativas al 5%. Fuente: Cálculos de la autora con base en Encuesta de Calidad de Vida urbana de Manizales, 2009

Como lo revela la tabla, además del ingreso absoluto, de cuya incidencia se habló en detalle en la sección anterior y de dos de los indicadores de ingreso relativo (la satisfacción con la situación económica del hogar y la percepción sobre las condiciones de vida del hogar), la probabilidad de ser bastante feliz entre los jefes de hogar de Manizales y sus cónyuges está afectada por variables demográficas como el sexo y la edad, y con la satisfacción de los jefes y cónyuges con su vivienda, su trabajo, su estado de salud, su familia, su vida sexual, sus relaciones sociales, su tiempo libre, su forma de ser y los logros alcanzados en sus vidas. Y, a pesar de que los procesamientos muestran menores niveles de felicidad entre quienes tienen problemas de salud, no están laboralmente activos o están desempleados, los resultados del modelo no arrojaron incidencia de esas variables en la probabilidad de ser bastante o muy felices. Eso contrasta con los resultados de otros trabajos (entre ellos el de Cruz y Torres, 2006), en donde el empleo y la salud son determinantes del bienestar subjetivo. 48 En cuanto al signo de los coeficientes que tienen significancia estadística, son los esperados en los casos de la edad y de la satisfacción con la mayoría de aspectos por los que se indagó.49 Sin embargo, el signo no es el esperado para la satisfacción del encuestado con su forma de ser. Con respecto al sexo, el signo positivo significa que ser hombre aumenta (en 4.4%) la probabilidad de ser bastante feliz entre los jefes de hogar y sus cónyuges. De otro lado, además del ingreso absoluto del hogar y de dos medidas de ingreso relativo, las características que afectan la probabilidad de ser muy feliz son la 48. Cabe señalar que para algunos de los modelos construidos en el desarrollo de este artículo sí resultaron estadísticamente significativos los efectos marginales de las variables asociadas con la salud y la situación laboral. Tal es el caso del modelo utilizado para los cinco deciles más altos de ingreso, que incluyó las mismas variables de la especificación final (es decir, el modelo de mejor ajuste). 49. En el primer caso, la mayoría de estudios han encontrado coeficientes con signo negativo para la edad y positivo para la edad al cuadrado, lo que revela que la asociación entre la felicidad y la edad tiene forma de U. En el segundo caso se espera un signo positivo que muestre que a mayor satisfacción con cada aspecto, mayor felicidad.


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edad del jefe o su cónyuge y la satisfacción con casi todos los aspectos de sus vidas: vivienda, trabajo, estado de salud, familia, vida sexual, relaciones sociales, tiempo libre, forma de ser y logros obtenidos. A diferencia del análisis efectuado para la probabilidad de ser bastante feliz, en este caso todas las características tienen el signo esperado. Sin embargo, dejó de ser significativo el sexo del jefe. Tampoco las variables de salud o del mercado laboral parecen tener incidencia en la probabilidad de que los jefes de hogar de Manizales y sus cónyuges sean muy felices, si bien los procesamientos muestran niveles de felicidad menores entre los jefes y cónyuges que tienen problemas de salud, no están laboralmente activos o están desempleados. De acuerdo con los resultados anteriores, sólo dos de las características demográficas incluidas en los modelos afectan la probabilidad de que los jefes de hogar de la zona urbana de Manizales o sus cónyuges se sientan bastante o muy felices. Esas características son el sexo del encuestado y su edad. En cuanto al primero, los resultados mostraron que ser hombre aumenta la probabilidad de ser bastante feliz. Acerca de la edad, se encontró que la probabilidad de ser bastante o muy feliz es muy alta entre los jefes más jóvenes, disminuye hasta cierta edad y crece en los años siguientes. A continuación se profundiza en esos resultados y se efectúan comparaciones con hallazgos de otros estudios. Sobre los resultados por género, la mayor probabilidad que tienen los hombres de Manizales estar en las categorías más altas de felicidad parece estar asociada con sus mayores niveles de satisfacción, frente a las mujeres, en prácticamente todos los aspectos de sus vidas, pero especialmente en relación con su trabajo, su vida sexual y la situación económica de sus hogares. Cabe destacar que casi la mitad de las mujeres encuestadas son jefes de hogar y la otra mitad, cónyuges, y que las primeras manifiestan menores niveles de felicidad. Los hallazgos de otros estudios no son contundentes respecto de la relación entre género y felicidad. En algunos casos no se observa asociación para el total de la muestra, pero, dependiendo del referente conceptual que emplean al juzgar su felicidad, para algunos subgrupos se registran mayores niveles de felicidad entre los hombres y, para otros, entre las mujeres (Rojas, 2004). Por su parte, Lora et al. (2008) mencionan un patrón universal según el cual las mujeres tienen mayores niveles de satisfacción que los hombres. Y, si bien no son del todo comparables, los resultados del trabajo de Cruz y Torres (2006) revelan mayores probabilidades de satisfacción (valga decir, mejores percepciones sobre las condiciones de vida de su hogar) entre los hombres.


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Acerca de la relación entre la edad y la felicidad, los hallazgos para Manizales coinciden con los de la gran mayoría de los estudios en el tema. El signo negativo de los efectos marginales de la edad sobre las probabilidades de ser bastante y muy feliz, y el signo positivo de la edad al cuadrado corresponden a una relación en forma de U, que significa niveles decrecientes en un primer rango de edades y crecientes a partir de un punto crítico. En lo que no coinciden los estudios es en la edad crítica. Cruz y Torres (2006), por ejemplo, señalan que el punto mínimo de la U está alrededor de los 50 años. Lora et al. (2008), por su parte, citan algunos estudios en donde ese nivel se sitúa alrededor de 46 años, mientras que en otros oscila entre 56 y 60 años (entre hombres y mujeres, respectivamente). En lo que respecta a Manizales, la edad crítica varía entre 60 y 70 años según la agrupación de las categorías de felicidad que se utilice (a mayor número de categorías, mayor edad mínima).

3.7

Felicidad media pronosticada 3.8 3.9

4

En la siguiente gráfica se presenta la relación entre la edad de los jefes y cónyuges de la zona urbana de Manizales y la variable de felicidad media, construida a partir de las cinco categorías originales. Allí se observan los altos niveles de felicidad que tienen los jefes y cónyuges más jóvenes, su posterior reducción a medida que los encuestados tienen más edad, su punto mínimo cerca de los 70 años, y su crecimiento en las edades más avanzadas. Gráfica 3. Felicidad y edad del encuestado

20

40

60 Edad del encuestado

80

100

Fuente: Cálculos de la autora con base en Encuesta de Calidad de Vida urbana de Manizales, 2009.


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IV. Conclusiones La relación entre ingreso y bienestar subjetivo ha sido examinada en una importante cantidad de estudios alrededor del mundo. En el caso colombiano, esos trabajos se han llevado a cabo especialmente en los últimos cinco años y se han basado principalmente en los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida del DANE. A pesar de los esfuerzos de esa entidad, las preguntas sobre bienestar subjetivo del formulario son limitadas, tanto en número como en el espectro que abarcan (sólo incluyen percepciones sobre condiciones de vida y pobreza). En términos generales, las investigaciones adelantadas arrojan una asociación positiva, pero débil, entre ingreso y bienestar subjetivo y, para el foco central de este trabajo, entre ingreso y felicidad. Ese resultado se ha tratado de explicar mediante una serie de teorías que examinan los principales mediadores que hay en la relación. A diferencia del hallazgo general, los intentos por validar esas teorías arrojan resultados diferentes entre autores. Esas diferencias pueden atribuirse, en gran medida, a que los estudios no siempre son comparables. Algunos están referidos a análisis en un momento del tiempo, mientras que otros examinan cambios en el tiempo. Los indicadores para medir el ingreso y la felicidad también suelen ser diferentes, lo mismo que las técnicas empleadas en los análisis. De modo similar, los grupos poblaciones examinados suelen variar entre estudios. Para el caso específico de Manizales, los análisis sobre la relación entre felicidad e ingreso partieron de la Encuesta de Calidad de Vida, aplicada en la ciudad en el primer semestre de 2009. Aunque tiene varias preguntas comunes al formulario del DANE, la encuesta tiene una sección más completa sobre bienestar subjetivo que, entre otros aspectos, examina la felicidad de los encuestados, su satisfacción global con la vida, y su satisfacción con aspectos específicos de la vida y el entorno. Con base en los resultados de la encuesta, se aplicaron distintas técnicas para verificar el cumplimiento de las teorías formuladas alrededor de la relación entre ingreso y felicidad. Debido a que sólo se cuenta con información para un momento del tiempo, y a que la validación de varias teorías exige datos de panel para análisis temporales, algunas verificaciones se hicieron a través de medidas indirectas. A partir de los primeros análisis se encontró una asociación no muy fuerte entre felicidad e ingreso para los jefes de hogar y sus cónyuges en la zona urbana de Manizales. Mediante técnicas econométricas pudo determinarse que esa baja asociación general es atribuible a la ausencia de relación para las categorías más


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bajas de felicidad. No obstante, en las categorías superiores sí hay asociación: positiva, para la probabilidad de ser bastante feliz, y negativa, para la de ser muy feliz. Eso significa que la teoría absoluta o del umbral, una de las más relevantes para explicar la aparente debilidad en la relación entre ingreso y felicidad, se cumple en Manizales. Los ejercicios también permitieron verificar el cumplimiento de la teoría relativa (en particular cuando se usó como ingreso relativo la percepción sobre la situación económica del hogar), la adaptativa (se evidenció una alta capacidad de adaptación de jefes y cónyuges a condiciones negativas) y el referente conceptual (el ingreso afecta la felicidad si el referente que se tiene es el hedonismo). Sin embargo, no se obtuvo evidencia en favor de la teoría de las aspiraciones (no parece haber una “banda corrediza” de aspiraciones) ni de la aversión a las pérdidas (la información al respecto es limitada y no concluyente). Finalmente, los análisis revelaron que, además del ingreso, la probabilidad de que los jefes de hogar de Manizales y sus cónyuges sean bastante o muy felices depende de su sexo (mayor la probabilidad entre los hombres), su edad (mayor entre los más jóvenes) y su satisfacción con varias dimensiones de sus vidas (específicamente, con su situación económica, su vivienda, trabajo, estado de salud, familia, vida sexual, relaciones sociales, tiempo libre y logros). En cambio, no resultaron determinantes aspectos como el estado civil de los encuestados, su nivel educativo, su inactividad laboral o desempleo ni sus problemas de salud, a pesar de que los procesamientos arrojaron niveles de felicidad más altos entre las personas casadas, las de mayor nivel educativo, las económicamente activas, las empleadas y las que tienen mejor estado de salud.

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Felicidad, bienestar y capacidad de agencia. El caso de Manizales María Teresa Matijasevic, Mónica Ramírez, Carolina Villada50 Resumen Este artículo está basado en algunos de los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida aplicada en 2009 por el CRECE en la ciudad de Manizales y en un conjunto de entrevistas realizadas en esta misma ciudad, orientadas a profundizar en la temática del bienestar subjetivo. Su objetivo es presentar los resultados obtenidos en relación con este tema, a partir de distintas vías de análisis: i) los juicios globales que tienen los habitantes de Manizales sobre sus niveles de felicidad y de satisfacción con la vida; ii) la satisfacción experimentada frente a distintos ámbitos de carácter personal, y iii) las concepciones que tienen las personas residentes en la ciudad sobre sus oportunidades y capacidades para potenciar su bienestar, lo que remite a enfatizar en la estructura de oportunidades y la agencia individual. La relevancia de este tipo de análisis radica no sólo en la generación de conocimiento acerca del bienestar subjetivo, sino también en la posibilidad de aportar algunos elementos para el diseño de política pública local. Palabras clave: satisfacción, felicidad, bienestar, calidad de vida, Manizales, estructura de oportunidades, capacidad de agencia.

Abstract This article is based on some of the results of the Quality of Life Survey collected by CRECE in the city of Manizales in 2009, and on a set of interviews conducted in the same city to have a deep understanding of the area of subjective well-being. The purpose of the article is to present the results obtained in relation to this area, from different ways of analysis: i) global opinions from the population of Manizales regarding their levels of happiness and life satisfaction; ii) satisfaction experienced in relation to different personal domains; iii) perceptions that residents in Manizales have about their opportunities and capabilities to improve their well-being, which leads to emphasize on the structure of opportunities and 50. M. T. Matijasevic (e-mail: mmatijasevic@crece.org.co), M. Ramírez (e-mail:mramirez@crece. org.co) y C. Villada (e-mail: cvillada@crece.org.co), investigadoras del CRECE.


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people’s agency. The relevance of this type of analysis relies not only in the generation of knowledge about subjective well-being, but also in the possibility of providing some insight for local public policy making. Key words: subjective well-being, quality of life, life domains, satisfaction, happiness. Las ciudades latinoamericanas han sido objeto de profusos estudios sobre distintos temas relacionados con la calidad de vida -infraestructura, servicios y equipamientos, problemas de segregación social, sobrepoblación, seguridad, pobreza-, en una región que se ha caracterizado por la altísima desigualdad distributiva. Las encuestas de calidad de vida se cuentan entre los intentos por proveer una imagen lo más abarcadora posible de esta compleja realidad. Además de los conocidos indicadores objetivos, actualmente se considera de especial importancia la inclusión de las percepciones que tienen los ciudadanos frente a su calidad de vida, aspecto que remite al concepto de bienestar subjetivo. El interés por esta temática parte de considerar la importancia de entender el bienestar desde la perspectiva de los ciudadanos, quienes con frecuencia son excluidos de los procesos que conducen a la toma de decisiones que afectan su calidad de vida. La persistencia de problemas relacionados con el mejoramiento de la calidad de vida en distintos grupos y sociedades, ha demostrado que los indicadores sociales son una herramienta necesaria pero no suficiente para definir el bienestar que posee una población. Dado que las personas tienen valoraciones y expectativas distintas frente a circunstancias similares, se ha hecho cada vez más importante prestar atención a las particularidades de las percepciones individuales. Por otra parte, la visión del ingreso como principal factor explicativo del bienestar, poco a poco ha cedido terreno a una corriente que intenta explicar la incidencia de las trayectorias individuales, de las aspiraciones, y de otros factores psicológicos y contextuales en el logro del bienestar personal y social. En este sentido, Rojas (2008) considera que el modo más idóneo de conocer el bienestar que una persona experimenta es mediante la pregunta directa a ella misma, pues, a su juicio, cualquier otra alternativa puede implicar presunción o imputación. Bajo esta misma perspectiva, diversas investigaciones han integrado el componente subjetivo en sus indagaciones sobre el bienestar experimentado en países y colectivos específicos, permitiendo contrastar resultados en distintos contextos. En consecuencia, el estudio que da origen a este artículo supone que aunque


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existe una perspectiva normativa desde la que se presume lo que es deseable para mejorar la vida de una persona, es también necesario otorgar protagonismo a aquellas metodologías que indagan sobre el sentido atribuido por los sujetos a su bienestar. Otro tema de amplio interés a propósito de la aplicación de políticas públicas, es el papel de la capacidad de agencia en contextos de pobreza y desigualdad. El concepto de agencia implica que las personas pueden ser artífices de cambios favorables en su vida. Sen (2000), se refiere a la agencia como la capacidad para actuar y provocar cambios en función de determinados valores y objetivos. Desde su perspectiva, el concepto de capacidades humanas se enfoca en la libertad de los individuos para “vivir la vida que tienen razones para valorar y para aumentar las opciones reales entre las que pueden elegir” (Sen 2000, 350). Para este autor, desarrollo, agencia y libertad son concomitantes, puesto que “el desarrollo consiste en la eliminación de algunos tipos de falta de libertad que dejan a los individuos pocas opciones y escasas oportunidades para ejercer su agencia razonada” (Sen, 2000, p. 16). Así, el aumento de la libertad permite ampliar la capacidad de los individuos para ayudarse a sí mismos y para influir en el mundo. Pese a este reconocimiento, el logro de bienestar no se sitúa sólo del lado de la agencia individual, pues ciertas condiciones sociales, culturales, políticas y económicas favorecen o restringen el ejercicio de tal responsabilidad: “El trabajador subyugado que nace en condiciones de semiesclavitud, la niña subyugada reprimida por una sociedad represiva, el indefenso trabajador sin tierra que carece de medios significativos para percibir una renta, sufren todos ellos carencias no sólo desde el punto de vista del bienestar, sino también desde el punto de vista de la capacidad para llevar una vida responsable, algo que sólo puede hacerse disfrutando de ciertas libertades básicas” (Sen 1998, 340). La relación entre agencia y condiciones estructurales de las sociedades ha tenido un papel preponderante en los estudios sobre movilidad social o salida de la pobreza. Narayan y Petersch (2008) analizan esta relación en términos de los medios con los que cuentan las personas para “escapar de la pobreza”: los incentivos y estructuras en la sociedad más amplia, sumados a los activos y capacidades individuales y colectivas (sociales, políticas, psicológicas, materiales). Frente a los incentivos y estructuras de la sociedad, las autoras dirigen la mirada sobre el clima institucional del que se hace parte, especialmente referido a cuatro aspectos: información, inclusión/participación, rendición de cuentas y capacidad de organización local y a su relación con las estructuras sociales dominantes, ambas denominadas en conjunto, estructura de oportunidades. Tanto la agencia individual y


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colectiva, como la estructura de oportunidades están atravesadas por las normas y valores que hacen que persistan condiciones de pobreza o desigualdad, y hacia las cuales se dirigen muchos programas de desarrollo. Nussbaum (1999), por su parte, propone un repertorio de capacidades humanas centrales51 , por fuera del cual una vida humana no puede considerarse una vida buena. Desde un enfoque aristotélico, la autora argumenta la existencia de una serie de elementos que constituyen una vida digna en cualquier sociedad, sin anular su realización histórica y cultural. Dichas capacidades sobrepasan el ámbito privado, y se sitúan también del lado de las políticas públicas, pues tanto el Estado como la propia sociedad son responsables de proveer ciertas condiciones para que una vida humana sea floreciente. Estos planteamientos están enmarcados en un amplio debate académico, político y filosófico sobre la calidad de vida y el desarrollo humano, pero como se verá, también hacen parte de las preocupaciones de la gente frente a cuestiones básicas para un “buen vivir”. Estas consideraciones son el punto de partida para aproximarse a la comprensión de las concepciones que tienen los habitantes de Manizales sobre su bienestar y sobre sus oportunidades y capacidades para potenciarlo.

I. Metodología Con el apoyo financiero de Colciencias, el Centro de Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales, CRECE, aplicó en el primer semestre de 2009 una Encuesta de Calidad de Vida a hogares urbanos de la ciudad de Manizales, con el objetivo de conocer las condiciones socioeconómicas de la población a nivel de comuna y contribuir al mejoramiento de la información con que cuentan los actores locales. Adicionalmente a la encuesta, se realizaron entrevistas semiestructuradas orientadas a lograr una mejor comprensión acerca de los factores que subyacen al bienestar experimentado por la población. La información obtenida permite diferentes análisis. El presente artículo examina particularmente aquellos aspectos relacionados con la satisfacción global con 51. La lista de capacidades propuesta por la autora se encuentra en su texto titulado Capacidades y justicia social, en Riechmann (1999). Brevemente se puede indicar que dicho listado incluye capacidades en sentido amplio (facultad cognitiva, razón práctica, sociabilidad, relación con otras especies y con la naturaleza, humor y sentido lúdico, capacidad de dolor y placer, e individualidad), así como necesidades o límites propios de nuestra condición como humanos (mortalidad, necesidades que conciernen al cuerpo humano: alimentación, alojamiento, apetito sexual y movilidad).


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la vida y la felicidad experimentada por los manizaleños; la satisfacción frente a ámbitos específicos de la vida personal y del contexto; y algunas consideraciones sobre la capacidad de agencia. Su énfasis es cualitativo y se apoya en el análisis descriptivo de algunos datos arrojados por la encuesta. A. Participantes La Encuesta de Calidad de Vida se aplicó a cerca de 6.300 hogares de los seis estratos socioeconómicos en los que están clasificadas las viviendas en la ciudad de Manizales. Esa cantidad es representativa de las once comunas de la ciudad así como de los distintos estratos. El tamaño de muestra se definió en términos del indicador referido a la tasa de empleo o de ocupación establecido por el DANE, según el CENSO de 2005 para cada Comuna de Manizales, mientras la muestra por Comuna se distribuyó proporcionalmente al tamaño de cada estrato. Por su parte, las entrevistas fueron realizadas a 20 hombres y 20 mujeres con edades entre los 25 y los 75 años, habitantes de la zona urbana de Manizales, distribuidos proporcionalmente entre empleados y desempleados, y estratos socioeconómicos bajos y medios, es decir, del 1 al 4. Los entrevistados se seleccionaron dentro del grupo de personas que previamente habían respondido la encuesta. B. Instrumentos La información fue obtenida mediante dos instrumentos: una encuesta a hogares y una entrevista semiestructurada que profundiza en el tema del bienestar subjetivo. La encuesta permite realizar una detallada descripción de las condiciones de vida objetivas de los hogares urbanos de Manizales en aspectos demográficos, de educación, salud, mercado laboral, equipamiento, entre otros, y de las percepciones de los jefes de hogar o sus cónyuges en relación con su calidad de vida. Por su parte, la entrevista proporciona información sobre propósitos vitales, aspiraciones, satisfacción frente a logros obtenidos, percepciones sobre la propia felicidad y satisfacción con la vida, acceso al bienestar personal, importancia otorgada al bienestar colectivo, valoración del contexto, vivencia de la libertad, locus de control y planteamientos sobre políticas públicas relacionadas con el bienestar. Previamente a la exploración de estos aspectos, se realizó una aproximación general a la historia de vida de los entrevistados.


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C. Procedimiento La selección de hogares para la encuesta se realizó de manera aleatoria, usando cartografía del DANE para la localización y elección de las viviendas. Las encuestas fueron realizadas directamente en las viviendas, y aplicadas prioritariamente al jefe del hogar o cónyuge, y en su defecto, a un mayor de edad. Para la realización de las entrevistas se seleccionaron personas al azar dentro de grupos conformados de acuerdo con los criterios de género, ocupación y estrato socioeconómico. Las citas se concertaron telefónicamente y las entrevistas se realizaron, en la mayoría de los casos, en la residencia de los entrevistados. El carácter semiestructurado de la entrevista, permitió que la trayectoria de la conversación se guiara por el relato de los entrevistados, sin perder de vista los objetivos de la misma. Su realización estuvo a cargo de las investigadoras responsables del diseño de este componente del estudio, con lo que se logró, en el mismo proceso de aplicación, precisar las categorías de mayor interés en el análisis. D. Análisis de la información El procesamiento de los datos cuantitativos se realizó mediante el programa Stata. Para el presente artículo se utilizaron básicamente dos tipos de procesamientos: frecuencias y correlaciones. Por su parte, la información cualitativa fue digitalizada y posteriormente analizada con apoyo del software Atlas ti. Con este programa se clasificó la información en distintas categorías de análisis, siendo posteriormente integrada y depurada a la luz de los objetivos del estudio. Los datos fueron comparados según los estratos socioeconómicos en los que se sitúa la población participante. Aunque la encuesta fue aplicada en los seis estratos, la entrevista se realizó únicamente en estratos bajos y medios, es decir, entre 1 y 4, por lo cual algunos resultados se remiten específicamente a estos estratos.

II. Resultados Los resultados se encuentran organizados de la siguiente manera: inicialmente, se presentan las apreciaciones de los manizaleños en torno a su felicidad y su satisfacción con la vida, considerándolas de manera global, para abordar después la satisfacción experimentada frente a distintos ámbitos de la vida personal. Una vez desarrollado este tema, se presentan las apreciaciones frente al contexto -ha-


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ciendo énfasis en la ciudad y en los barrios donde habitan- y, por último, los aspectos relacionados con la capacidad de agencia. A. Felicidad y satisfacción con la vida El bienestar subjetivo comprende tanto apreciaciones cognitivas como valoraciones emocionales relacionadas con la trayectoria personal, con los acontecimientos vitales y con las oportunidades a las que un individuo se enfrenta. Mientras la felicidad suele ser asociada con el componente afectivo del bienestar, referido a los sentimientos, emociones y estados de ánimo experimentados, la satisfacción con la vida se relaciona más frecuentemente con el componente cognitivo. De acuerdo con García (2002) esta última dimensión del bienestar está ligada a la discrepancia percibida entre las aspiraciones y los logros del sujeto, pudiendo implicar desde la sensación de realización hasta la experiencia de fracaso o frustración. Desde un punto de vista más general, Veenhoven (1994, 4) argumenta que la satisfacción con la vida corresponde al grado en que una persona evalúa la calidad global de su vida, es decir, cuánto le gusta la vida que lleva, siendo el referente de esta evaluación no una condición momentánea, sino la vida en su conjunto: “El afecto momentáneo puede influir en la percepción de experiencias vitales y en el juicio global sobre la vida, pero no es sinónimo de satisfacción con la vida. El objeto de evaluación no es un dominio específico de la vida, como la vida laboral. Disfrutar del trabajo será parte de una apreciación positiva de la vida, pero no la constituye”. De acuerdo con este mismo autor, los determinantes de la satisfacción con la vida podrían ser situados tanto en las condiciones externas en las que se desenvuelve el sujeto, como en sus propios procesos mentales o internos. Respecto al concepto de felicidad, existen diferentes posturas. Algunos consideran que la felicidad es un concepto inclusivo del bienestar y la satisfacción (Cuadra y Florenzano 2003), mientras otros la asumen como el componente afectivo del bienestar subjetivo (García 2002). Sin embargo, autores como Michalos (1995, 101), consideran que felicidad y satisfacción tienen un significado común: “Virtualmente, toda la investigación ha demostrado que felicidad y satisfacción vital comparten significados comunes (…) una teoría de la satisfacció vital debería ser una teoría de la felicidad, y este tipo de teorías serían, en general, teorías del bienestar subjetivo.” Teniendo en cuenta la importancia de los juicios globales sobre la vida, y enten-


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diendo que éstos combinan apreciaciones cognitivas y emocionales, el estudio realizado por el CRECE, en el que se sustenta el presente artículo, indagó directamente por el nivel de satisfacción con la vida de los encuestados, por los elementos asociados con dicha satisfacción y por el sentimiento de felicidad que experimentan. Parte del análisis cualitativo consistió en valorar la existencia o no de diferencias en las concepciones sobre satisfacción y felicidad. La valoración realizada por los entrevistados en torno a su satisfacción con la vida posee un carácter global y parece ser bastante estable. Más que centrarse en aspectos emocionales, relacionados con situaciones transitorias, la tendencia más recurrente es a hacer una valoración general de la vida. Las excepciones a esta tendencia se observaron en aquellos casos en los cuales las personas habían vivido muy recientemente -o estaban viviendo- situaciones que afectaban drásticamente su cotidianidad, como la muerte o enfermedad grave de un familiar, o bien, un período de desempleo. Tanto la información derivada de las encuestas como de las entrevistas refleja un nivel relativamente alto de satisfacción con la vida en los tres grupos de estrato, aunque se advierte un incremento de la misma en los estratos más altos: el 60% de los entrevistados de estratos 1 y 2 se declara entre muy satisfecho y bastante satisfecho con su vida, ocurriendo lo mismo en el 71% de encuestados de los estratos 3 y 4, y en el 86% de los estratos 5 y 6 (Tabla 1). Tabla 1. Satisfacción general con la vida expresada por manizaleños de distintos estratos52 Estrato 1-2 3-4 5-6 Total

No Algo Medianamente Bastante Muy satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho 2,1% 7,4% 30,9% 43,8% 15,8% 1,0% 4,5% 23,7% 48,2% 22,6% 0,4% 2,0% 12,2% 44,2% 41,3% 1,4% 5,3% 25,2% 46,2% 21,9%

Fuente: CRECE (2009)

Los niveles de satisfacción observados, así como los cambios en estos niveles según el estrato, son consistentes con otros hallazgos de la encuesta. Por ejemplo, la mayoría de los encuestados, independientemente del estrato, considera que las condiciones de vida de su hogar son buenas (el 73% las considera entre buenas 52. La pregunta formulada a los encuestados fue la siguiente: “En general, ¿qué tan satisfecho se siente con su vida?”


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y muy buenas), aunque esta opinión es más frecuente en los estratos más altos. Ahora bien, al pedir a los encuestados que ubiquen su hogar en una escala de diez peldaños, según su calidad de vida, el 50% de ellos se ubica en los niveles superiores (6-10). Por grupo, se encuentra que los hogares de estratos 1 y 2 se clasifican en mayor medida en los peldaños inferiores o intermedios (1-5), mientras los estratos altos se ubican principalmente en los niveles superiores (6-10). Los encuestados de estratos 3 y 4 tienden a distribuirse de manera muy homogénea entre los peldaños altos (entre el sexto y el décimo) y bajos (entre el primero y el quinto). Por otra parte, un alto porcentaje de encuestados (68%) no se considera pobre,53 aunque la idea de serlo decrece a medida que aumenta el estrato. Llama la atención el número de personas de estratos 3 y 4 (27%) y de estratos 5 y 6 (10%) que se considera pobre; como también es llamativo que un 54% de encuestados de estratos 1 y 2 no se perciba de esta manera (Tabla 2). Vale la pena mencionar también que el 51% de las personas que se consideran pobres se muestran entre muy satisfechas y bastante satisfechas con su vida. Esto puede mostrar, por una parte, la importancia que adquieren factores no económicos en la experiencia de bienestar y, por otra, el desarrollo de actitudes adaptativas, relacionadas a su vez con la tendencia a compararse con personas que se encuentran en circunstancias peores. Tabla 2. Percepción sobre la pobreza del hogar en los distintos estratos Estrato

Pobre

1-2 3-4 5-6 Total

46% 27% 10% 32%

No pobre 54% 73% 90% 68%

Fuente: CRECE (2009)

La encuesta y las entrevistas realizadas permiten aproximarse también al sentimiento de felicidad experimentado por los habitantes de Manizales, así como a la relación existente entre este concepto y el de satisfacción con la vida. La mayoría de personas encuestadas -cerca del 60% en todos los grupos de estrato-, se siente bastante o muy feliz, percepción que aumenta con el estrato (Tabla 3). 53. La pregunta “¿Usted se considera pobre?”, la viene realizando el DANE en Colombia hace varios años y tiene como intención realizar una medida subjetiva de la pobreza. A la persona no se le ofrece ningún parámetro acerca de lo que se concibe como pobre.


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Tabla 3. Percepción sobre la felicidad en distintos estratos54 No es Algo Medianamente Bastante Muy feliz feliz feliz feliz feliz 2% 8% 35% 32% 23% 1-2 1% 5% 29% 37% 29% 3-4 1% 2% 15% 38% 44% 5-6 30% 35% 28% Total 2% 5%

Estrato

Fuente: CRECE (2009)

Los resultados encontrados en relación con la felicidad y con la satisfacción con la vida de los manizaleños, coinciden con otros estudios donde se correlacionan el nivel de ingresos y el bienestar subjetivo55 , que muestran, por una parte, la existencia de niveles de satisfacción más altos en condiciones económicas más privilegiadas, pero por otra, la persistencia de satisfacción en condiciones económicas precarias (Lora y Chaparro 2008). La existencia de percepciones positivas sobre la satisfacción aún en condiciones de precariedad económica, es explicada, en parte, por la llamada teoría homeostática del bienestar. De acuerdo con esta perspectiva, la evaluación global de la vida tiende a ser más estable que la evaluación de dimensiones específicas, pues éstas últimas dependen especialmente de circunstancias cambiantes. En este sentido, la teoría homeostática del bienestar subjetivo propone una tesis desde la que se asume que los mecanismos psicológicos internos actúan automáticamente para mantener un sentido de bienestar personal, prediciendo además que la satisfacción personal por la vida, evaluada de manera general, puede ser alta y relativamente estable (Yasuko 2007). Otros intentos de esclarecer esta tendencia, han demostrado que las personas pobres tienden a sentirse conformes con su situación, dada su experiencia acumulada de carencias, valorando otros aspectos distintos a los materiales. El concepto de expectativas adaptativas introducido en la década de los años cincuenta del siglo XX por el economista Phillip Cagan, desarrolla esta perspectiva. De acuerdo con Roca (2002), esta noción alude a que las personas tienden a generar expectativas acordes con su experiencia pasada, por lo que sus aspiraciones estarían directamente relacionadas con las vivencias previas. 54. En este caso, la pregunta formulada fue: “Teniendo todo en cuenta en su vida, ¿qué tan feliz es?” 55. Aunque el criterio de estrato socioeconómico no está basado directamente en el nivel de ingresos de los hogares, se asume que las condiciones económicas de los hogares, incluyendo los ingresos, varían de acuerdo con el estrato. De ahí que se considere que resultados de otros estudios que asocian ingreso y bienestar, puedan ser contrastados con los datos analizados en el presente artículo, aunque éstos se fundamenten en la relación con el estrato.


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Estudios realizados en el país, confirman que aún las personas con mayores niveles de pobreza material manifiestan altos niveles de bienestar subjetivo: según la Encuesta de Calidad de Vida de 2008, el 48% de los hogares colombianos manifiesta vivir en condiciones de pobreza, mientras el 63% de ellos considera que sus condiciones de vida son buenas o muy buenas (DANE, 2008). En este mismo sentido, Wills (2007), a partir de estudios propios y estudios internacionales que incluyen a Colombia, destaca la prevalencia de la satisfacción con la vida espiritual, los contactos vecinales frecuentes y la familia, subrayando el fenómeno de adaptación de los colombianos a condiciones objetivas difíciles, derivado de una larga historia de crisis política e institucional y de privación económica. Las entrevistas realizadas evidencian distintas perspectivas en torno a la importancia del dinero, aunque en general no se identifica una actitud ambiciosa, acumulativa, según se aprecia claramente en los siguientes planteamientos: “Mientras yo esté trabajando, que yo tenga pues mi negocio y que yo esté trabajando, yo con eso me sentiría bien, sí, eso es lo que me falta a mí, yo no exijo carros, no, nada de eso, que yo esté bien y que mis hijos estén bien” (Hombre, 52 años, estrato 1); “yo sí me siento feliz… para mí la felicidad no está en todas las cosas materiales, no, la felicidad es algo que va mas allá de todo eso, tengo a mis hijos, tengo a mi madre, tengo a mis hermanos, yo sé que son personas que me quieren, que las quiero, que con ayuda de Dios puedo servir a otras personas y eso es lo que a mí me da felicidad” (Mujer, 48 años, estrato 3). Lo que predomina, más bien, es la aspiración de contar con los ingresos necesarios para la satisfacción de necesidades básicas, propias y de la familia, cobrando mucha importancia el acceso de los hijos a mejores oportunidades, sobre todo en lo que respecta a educación y a empleo. Algunos entrevistados resaltan, por su parte, la importancia del sentimiento de independencia que genera la estabilidad económica y la satisfacción que podría derivarse de ayudar a personas que se encuentran en circunstancias difíciles. Ahora bien, aunque en los resultados de la encuesta se aprecia una tendencia en todos los grupos de estrato a declararse ligeramente más satisfechos que felices, no es claro que la gente diferencie estos dos conceptos, ni sus determinantes. Aunque en las entrevistas algunas personas destacan el carácter más afectivo y emocional de la felicidad, la tendencia más generalizada es a no diferenciarla de la satisfacción con la vida. Esto se evidenció de distintas maneras: algunas personas utilizaron indistintamente los conceptos de felicidad y satisfacción en sus respuestas; otras se refirieron a los mismos aspectos cuando fueron consultadas por los factores asociados con su satisfacción y su felicidad; mientras otras consideraron que ya habían argumentado suficientemente en torno a las razones de


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su felicidad por haberse referido antes a las razones asociadas con su satisfacción con la vida. Unos pocos entrevistados se refirieron a aspectos distintos cuando argumentaron sus niveles de felicidad y de satisfacción con la vida, sin que sea posible identificar una característica distintiva de tales aspectos. A manera de ejemplo, al consultar a dos entrevistados por su grado de satisfacción con los logros alcanzados, ambos usaron el concepto de felicidad: “Yo creo que soy un hombre feliz, yo creo que yo he logrado lo que he querido, obviamente hay sueños que se vencen, hay sueños que simplemente se cambian de idea, entonces pues esos sueños no se realizan, pero en general, yo si pienso que lo que he querido lo he hecho” (Hombre, 45 años, estrato 4); “me siento feliz, porque le digo que, en mi juventud, en mi niñez, yo pasé por una pobreza absoluta” (Hombre, 48 años, estrato 1). Otro entrevistado, por su parte, utilizó paralelamente los conceptos de satisfacción y felicidad al tratar de concretar aquellos aspectos de la vida en los cuales se siente más satisfecho: “Yo me siento feliz con mi familia, el estar con mi familia me hace satisfecho, el ver que mi familia esté bien, que no tengan problemas de salud” (Hombre, 39 años, estrato 3). Esto lleva a advertir la dificultad existente para separar los componentes cognitivos y emocionales del bienestar subjetivo, así como la necesidad de asumir que la satisfacción y la felicidad son experiencias íntimamente relacionadas. No obstante, la complejidad del tema amerita mayor profundidad en la indagación y en el análisis. B. Satisfacción frente a distintos ámbitos de la vida personal El enfoque que analiza la satisfacción experimentada frente a distintos ámbitos de la vida asume que la satisfacción puede variar según las áreas evaluadas por el individuo. Así, la explicación de determinado nivel de satisfacción puede hallarse a partir de la indagación por ámbitos específicos como el trabajo, la familia, los ingresos, la salud, los amigos, la personalidad, el uso del tiempo libre, entre otros. Teniendo en cuenta la importancia de esta perspectiva, este estudio exploró la satisfacción en dominios específicos: la situación económica del hogar, la vivienda, el estado de salud, la familia, la vida sexual, el trabajo, el nivel educativo, las relaciones sociales, el uso del tiempo libre, la forma de ser y los logros alcanzados. Aunque se observan diferencias importantes en la satisfacción experimentada frente a dichos aspectos, en todos ellos se aprecia la misma tendencia general: la satisfacción tiende a aumentar a medida que aumenta el estrato. Donde se encuentran mayores niveles de satisfacción es en relación con la familia (el 88% manifiesta sentirse entre bastante satisfecho y muy satisfecho), la forma


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de ser (86%), las relaciones sociales (80%), la vida sexual (75%), el tiempo libre (73%), el estado de salud (71%), la vivienda (70%) y los logros alcanzados (64%). Por otra parte, los menores niveles de satisfacción se observan en relación con el trabajo (sólo el 56% de los encuestados se declara bastante o muy satisfecho), el nivel educativo (49%) y la situación económica (39%) (Tabla 4). La evidencia cualitativa revela que las personas que experimentan algún nivel de insatisfacción con la vida suelen referirse a causas asociadas con situaciones de desempleo, inestabilidad laboral o baja remuneración, problemas familiares y dificultades para acceder a educación formal. Tabla 4. Satisfacción de los residentes de Manizales manizaleños frente a distintos aspectos relacionados con el ámbito personal Dominios de la vida Familia Forma de ser Relaciones sociales Vida sexual Tiempo libre Estado de salud Vivienda Logros alcanzados Trabajo Nivel educativo Situacion economica de hogar

No satisfecho 1% 1% 2% 8% 3% 4% 5% 5% 18% 12% 15%

Algo satisfecho 2% 2% 4% 5% 5% 6% 6% 8% 10% 14% 12%

Medianamente satisfecho 9% 11% 15% 12% 19% 19% 19% 23% 16% 24% 33%

Bastante satisfecho 46% 56% 52% 46% 50% 47% 46% 43% 37% 34% 30%

Muy satisfecho 42% 31% 28% 28% 23% 24% 24% 21% 19% 16% 10%

Fuente: CRECE (2009)

Ahora bien, las correlaciones entre la satisfacción general con la vida y la satisfacción en dominios específicos no son muy altas, aunque este análisis evidencia que los aspectos personales tienen mayor peso que los factores relacionados con el contexto en la satisfacción general que experimentan los encuestados (Tabla 5). En particular, se destaca la correlación entre la satisfacción general con la vida y los logros alcanzados (0.47), la situación económica del hogar (0.43), la forma de ser (0.42), las relaciones sociales (0.40) y la vivienda (0.40). Una correlación un poco menor -de 0.38 en todos los casos- se aprecia con respecto a la familia, el trabajo, el estado de salud y el uso del tiempo libre. Así, aunque los mayores niveles de insatisfacción se aprecien en la valoración de aspectos propios del contexto -sobre todo con respecto a la ciudad, como se verá más adelante-, estos parecen afectar menos la satisfacción general con la vida.


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Tabla 5. Correlación entre la satisfacción general con la vida y la satisfacción en dominios específicos Dominios Relacionados con la ciudad Vida en Manizales Situación económica Calidad medio ambiente Situación social Diferencia de ingresos Servicio de salud Calidad educación Apoyo del gobierno Situación de seguridad Relacionados con el barrio Cantidad parques Calidad aire Servicio recolección Facilidades transporte Cantidad carros calles Vías acceso Relacionados con la vida personal Situación económica del hogar Vivienda Barrio Trabajo Estado de salud Nivel educativo Familia Vida sexual Relaciones sociales Tiempo libre Forma de ser Logros alcanzados

0.25 0.21 0.16 0.14 0.10 0.11 0.13 0.06 0.09 0.12 0.14 0.14 0.18 0.10 0.18 0.43 0.40 0.34 0.38 0.38 0.37 0.38 0.35 0.40 0.38 0.42 0.47

Fuente: Cálculo de las autoras con base en CRECE (2009)

La convergencia identificada entre los distintos aspectos analizados a través de los resultados de la encuesta y de las entrevistas, da cuenta de la importante asociación que existe entre factores objetivos y subjetivos en la consecución del bienestar. Así, la experiencia de bienestar se nutre a través del acceso a diferen-


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tes tipos de recursos materiales y afectivos que se consideran valiosos desde la perspectiva del propio sujeto, quien establece sus aspiraciones y valores a partir de su vinculación a un sustrato social y cultural concreto. Los relatos de los entrevistados ofrecen múltiples posibilidades para apreciar la manera como distintos factores convergen para permitir el disfrute del bienestar: “El eje de uno es la familia, el trabajo, la salud, si usted tiene esas tres cosas como que todo le marcha bien. Usted por ejemplo tiene un buen trabajo, pero está solo en la vida, no tiene a alguien a quien amar, a quien querer, entonces la forma de vida es diferente; si usted tiene el trabajo, tiene sus hijos, entonces tiene con quien compartir… entonces todo como que va de la mano” (Mujer, 35 años, estrato 3). Cualitativamente, los factores asociados más estrechamente con el bienestar fueron explorados de distintas maneras: indagando las aspiraciones previas de los entrevistados, su satisfacción o insatisfacción frente al cumplimiento de estas aspiraciones y sus propósitos de vida futuros. Tanto en las aspiraciones previas y futuras como en las reflexiones que respaldan la satisfacción frente a la vida, se evidencia con claridad la importancia atribuida a la familia, al trabajo -y asociado con él, a la situación económica-, a la educación y a la salud, pero sobre todo a los dos primeros. Los demás factores explorados en la encuesta -forma de ser, relaciones sociales, vida sexual, tiempo libre, vivienda y logros alcanzados- aparecen con menor recurrencia en los relatos de los entrevistados y parecen ser menos significativos a la hora de argumentar su importancia en el bienestar. A continuación se analizan los resultados cualitativos relacionados con los aspectos de la vida que se revelan como los más importantes para los entrevistados –independientemente de los niveles de satisfacción o insatisfacción experimentados frente a ellos- a la hora de evaluar el bienestar personal. 1. Importancia de la familia en la valoración del bienestar “Si hay una buena unión familiar, eso es todo, se hace un buen país, se hace un buen ambiente, una buena ciudad y todo; la familia es primordial” (Mujer, 50 años, estrato 3). Los relatos en torno a la familia permiten apreciar varios aspectos de importancia. En primer lugar, el valor afectivo, económico y emocional que tiene la familia para los entrevistados; en segundo lugar, la importancia de la pareja y el valor asignado a la posibilidad de contar con una relación estable y armónica; en tercer lugar, el valor atribuido a los hijos y al ejercicio de los roles materno y paterno; y,


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por último, la importancia otorgada a la familia de origen. Los resultados del análisis realizado son coherentes con la tendencia identificada por Rojas (2005), quien al investigar la importancia de los distintos dominios de la vida encontró, para México, que la satisfacción en el dominio de vida familiar -incluida la relación de pareja, con los hijos y con el resto de la familia- es crucial para la satisfacción con la vida. Asimismo, los resultados obtenidos para Manizales, reflejan lo que el Estudio Mundial de Valores, realizado por el Centro de Estudios Culturales (CENEC) en conjunto con el Instituto de Estudios Sociales de la Universidad de Michigan, concluyó respecto a la satisfacción con la vida de los colombianos: este estudio encontró que la familia y, en general, el ámbito relacional, ocupa el primer lugar en los determinantes de dicha satisfacción (Gómez y Vergara, 2007). Las relaciones afectivas son identificadas en diversos estudios como uno de los principales predictores de la satisfacción con la vida. Los amigos, los vecinos, pero principalmente la familia y la pareja, son señalados como la mayor fuente de apoyo social, emocional e instrumental de la que disponen las personas. Refiriéndose específicamente a la pareja, Ahn y Mochón (2007, p. 9) plantean: “Más que los amigos o los familiares, la pareja aporta apoyo emocional y material, a la vez que compañía. La pareja desempeña una labor instrumental para una amplia gama de satisfacciones, entre las que cabe incluir sexo, ocio y estabilidad emocional”. El carácter social del ser humano, quien se construye como sujeto en las relaciones con los demás, determina que necesite de otros para ser feliz y lograr la satisfacción con la vida. Firikenauer y Baumeister (en Cousineau, 1997) se refieren al hecho de que mientras los factores objetivos tienen una débil asociación con la felicidad, la calidad de las relaciones interpersonales tienen un impacto considerable en ésta, trátese de contar con amigos íntimos, un cónyuge o un buen compañero. En cualquier caso, estos autores se refieren al hecho de que el sentimiento de felicidad es incongruente con el sentimiento de soledad. La familia se constituye no sólo en el principal grupo de referencia en la primera socialización, sino que aglomera importantes lazos afectivos y se constituye en una importante fuente de ayuda en la vida de sus integrantes; de ahí la trascendencia de percibir que efectivamente se cuenta con apoyo familiar, aspecto en el que los manizaleños expresan una percepción favorable. La encuesta realizada revela que una parte significativa de los encuestados -66%- considera que cuan-


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do alguien del hogar tiene un problema, el resto de su familia estaría dispuesta a ayudar, proporción que es más alta en los estratos 5 y 6. En contraste con este resultado, sólo el 39% de los consultados considera que otra persona, distinta a su familia, le apoyaría en caso de urgencia económica para cubrir los gastos del hogar de una semana: esta proporción es menor en los estratos bajos (34%) y aumenta con el estrato (el 52% de los estratos altos coincide con esta afirmación); entre tanto, el 30% afirma que podría contar con al menos una o dos personas, observándose en los estratos altos una mayor perspectiva de recibir este apoyo. Es evidente entonces que existe mayor confianza en el apoyo de la familia, que en cualquier otro tipo de vínculo. Esto puede estar respaldado en la calidad de las relaciones familiares, tema que también se indagó en la encuesta. Respecto a las formas de interacción en las familias, el 86% de los encuestados afirma que existen buenas relaciones entre sus integrantes, siendo similar la distribución por estrato. Los entrevistados se refieren tanto a la satisfacción que les procuran sus familias, como a la importancia que adquiere para ellos procurar su bienestar. Así, el bienestar de la familia aparece en los relatos de los entrevistados como el fin que justifica sus esfuerzos y el aliciente para buscar mejores oportunidades. Uno de ellos expresa en este sentido: “En este momento para mí, lo más importante para mi vida diaria, es tener mejores posibilidades para progresar, para tener un bienestar para mi familia” (Hombre, 26 años, estrato 2). Puede pensarse que el aspecto más significativo para muchos entrevistados cuando se refieren a sus aspiraciones, es el bienestar de los hijos y su relación con ellos. Al plantear los propósitos que han dado sentido a su vida, hombres y mujeres aluden reiteradamente a estos aspectos. Los hijos se constituyen también en una de las principales razones para argumentar los niveles de satisfacción actual. Algunos entrevistados asocian esta satisfacción con la posibilidad que han tenido de ofrecer a sus descendientes mejores oportunidades de las que ellos tuvieron en el pasado, sobre todo desde el punto de vista educativo; mientras otros destacan la satisfacción que experimentan al observar los resultados de su esfuerzo, relacionados especialmente con la formación moral, los niveles de escolaridad alcanzados y la estabilidad afectiva y laboral. Un aspecto fundamental, en palabras de los entrevistados, es haber logrado que sus hijos estén “alejados de los vicios”. 2. Importancia del trabajo en la valoración del bienestar “Cuando uno ya no tiene trabajo, las cosas se complican tanto en la relación de


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pareja como en la relación social” (Hombre, 29 años, estrato 2). El trabajo representa para los entrevistados la principal fuente de ingresos y, por tanto, la posibilidad de contar con garantías mínimas para su bienestar y el de su familia. En este sentido, destacan la importancia de gozar de una buena remuneración, estabilidad laboral y acceso a una pensión. Más allá de estas características, algunas personas hacen alusión a otras motivaciones asociadas con el trabajo: la satisfacción que se deriva de un buen desempeño laboral, el hecho de ser reconocidos, asumir niveles de responsabilidad crecientes, aportar al mejoramiento de la empresa a la cual se encuentran vinculados, contar con oportunidades de aprendizaje y realizar un trabajo relacionado directamente con la formación previa. Algunos valoran, incluso, la rutina que el trabajo proporciona para la vida diaria. En este contexto, es importante mencionar la importancia que algunos entrevistados atribuyen al trabajo independiente, considerando, sobre todo, la mayor oportunidad que existe, a su juicio, para asegurar su estabilidad laboral, pero también la posibilidad de evitar la vinculación a actividades políticas como forma de acceder a un empleo. El trabajo proporciona también una mayor valoración de las capacidades personales: mantenerse en la condición de trabajadores buena parte de la vida representa un signo de valía personal. Asimismo, la sensación de independencia que proporciona el trabajo, especialmente para las mujeres -relegadas tradicionalmente a roles domésticos-, se constituye en un logro importante que no dudan en resaltar quienes antes dependían de los ingresos generados por su pareja: “Uno ya depende mucho de uno y aporta para la casa, porque hoy en día tiene que trabajar tanto el hombre como la mujer” (Mujer, 28 años, estrato 4). Investigaciones sobre el tema concluyen que el trabajo, además de representar un medio para obtener ingresos, se constituye en una fuente de motivación personal, un espacio de interacción social y una oportunidad para establecer rutinas cotidianas: “Según los datos de las encuestas mundiales de Gallup, la satisfacción con el trabajo está estrechamente relacionada con los siguientes factores, por orden decreciente de importancia: la posibilidad de dar lo mejor de sí, la presencia de alguien en el trabajo que estimule el perfeccionamiento del trabajador, y el hecho de que las opiniones de este sean tenidas en cuenta” (Pagés y Madrigal 2008, p. 173). Otros estudios sobre bienestar subjetivo destacan el desempleo como uno de los factores que en mayor medida afecta el bienestar. Como indican Frey y Stulzer (2002, p. 100), “ser desempleado conlleva un cierto estigma, especialmente en un mundo donde el trabajo contribuye de forma determinante a definir nuestra posición


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en la vida”. Para muchas personas, la precariedad de las condiciones laborales o la carencia de trabajo representan un motivo de angustia que repercute en el estado de ánimo, en la valoración personal y en la relación con los demás: “Yo salí en uno de los recortes de personal de allá, eso es muy duro porque para uno conseguir trabajo es bastante duro, porque la familia se preocupa, se forma un estrés, se forma mucha cosa en la casa, eso se refleja no tanto en uno, sino también en el ambiente que se pone un poquito más pesado” (Hombre, 26 años, estrato 2). Como se verá más adelante, es el desempleo la mayor preocupación de los entrevistados con respecto a las oportunidades que ofrece la ciudad. 3. Importancia de la salud en la valoración del bienestar “Me considero feliz, desde que yo tenga salud, estoy feliz” (Mujer, 28 años, estrato 4). Los hallazgos cualitativos permiten observar que la salud se constituye para los manizaleños en un aspecto de amplia relevancia para su bienestar, considerando no sólo la salud propia sino también la de los demás integrantes de la familia. La salud es una condición fundamental para poner en funcionamiento otras dimensiones esenciales de la vida, destacándose especialmente la posibilidad de trabajar. Asimismo, la salud facilita a las personas sentirse libres, capaces y dueñas de sus oportunidades. Así lo expresan varios entrevistados en el marco de este estudio: “Mientras uno tenga salud se siente libre, si tiene que salir a hacer una vuelta va y la hace, y se puede ganar unos pesitos; mientras uno esté aliviado puede hacer muchas cosas” (Hombre, 63 años, estrato 3). La salud es vista, incluso, como una fuente importante de autonomía y disfrute de la vida. La sensación de “ser útil” y tener la vitalidad suficiente para ayudar a la familia y disfrutar de las experiencias más sencillas, hace parte fundamental del valor que los entrevistados le confieren a la salud: “Qué me hace sentir feliz… ser útil todavía, ser útil, que tengo todos mis medios para estar en actividad constante, ver por mis nietos, yo los llevo al jardín, yo los traigo, que llegó la niña del colegio, eso me hace muy feliz. Me hace muy feliz poder yo salir en las mañanas a caminar y disfrutar de la naturaleza, los paisajes, y volver a la casa sin sentir ninguna dolencia” (Mujer, 53 años, estrato 3). Ahora bien, resultados de diferentes estudios evidencian que la salud subjetiva tiene una relación más estrecha con el bienestar personal que la salud objetiva. Es decir, la valoración que las personas hacen de su bienestar físico tiene repercu-


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siones más directas sobre la satisfacción con la vida, que el estado objetivo de la salud. De acuerdo con García (2002, 4): “la salud subjetiva presenta una importante relación con el bienestar personal, que supera considerablemente a la que aparece con la salud objetiva”. 4. Importancia de la educación en la valoración del bienestar “Cuando uno tiene estudio, tiene uno oportunidades de tener una mejor vida” (Mujer, 36 años, estrato 3). Distintas investigaciones coinciden en mostrar la estrecha relación existente entre bienestar subjetivo y educación. La educación en la sociedad contemporánea es uno de los principales vehículos para la consecución de metas personales. El logro de un mejor status ocupacional y de mayores niveles de ingreso, así como la autoestima y otros atributos valorados socialmente, resultan altamente favorecidos con el paso exitoso por el sistema educativo formal. En este sentido, la educación resulta ser un mediador importante para el bienestar subjetivo, en la medida en que contribuye a satisfacer necesidades psicológicas de relación, autonomía y competencia -que podrían verse como recompensas intrínsecas a la actividad educativa-; al tiempo que permite alcanzar recompensas extrínsecas, ligadas fundamentalmente a rendimientos derivados del funcionamiento del mercado laboral (Salinas y Salinas 2008, p. 7). Lora et al (2008, p. 72), relacionan también los beneficios de la educación sobre el bienestar subjetivo con el desarrollo de destrezas para la vida y la formación de valores esenciales para el crecimiento personal y la convivencia social: “En otras palabras, los individuos más educados tienen más opciones no sólo para satisfacer sus necesidades de consumo (…), sino también para sentirse autónomos, competentes y conectados”. Para los entrevistados, el logro de mejores niveles de escolaridad es condición esencial para obtener mayores ingresos y un trabajo más estable, llegando a significar, para muchos, la única oportunidad de “salir adelante”. Por tal motivo, un buen número de ellos coincide en señalar como una aspiración frustrada el logro de un mayor nivel educativo, bien sea por sus responsabilidades familiares o por sus dificultades económicas. Son comunes las referencias al deseo de haber sido “alguien en la vida”, como se aprecia en este testimonio: “Yo hubiera querido muchas cosas para mí, pero fue imposible, sí, ya no, pues… el sueño de uno hubiera sido ser alguien en la vida, bien rico… hubiera sido una enfermera o al menos tener un trabajo en el que uno se pueda desempeñar bien” (Mujer, 40 años, estrato 2).


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Cuando se indaga por los aspectos que las personas cambiarían en sus vidas si tuvieran la oportunidad de volver a nacer, es común que mencionen la obtención de una mejor educación. Devolver el tiempo y situarse en la etapa de la juventud es para muchos un sueño que, aunque irrealizable, les permite pensar en decisiones relacionadas con los estudios que hubieran querido realizar para conducir su vida de otra manera. Una mujer entrevistada dice que si volviera a ser joven “no dejaría de estudiar nunca, si mi Dios me diera la oportunidad de nacer no dejaría de estudiar nunca”. Desde su punto de vista, adquirir un mejor nivel educativo conduce a las mujeres a ocupar posiciones sociales que tienen un valor superior, en comparación con los roles que tradicionalmente desempeñan. Pensando en la posibilidad de haber estudiado, esta misma mujer manifiesta: “Yo solo soy madre, en la sociedad eso soy, madre, entonces por eso me hubiera gustado mucho estudiar, porque no hubiese tenido tantos hijos… un hijo amarra la vida, un hijo no es libertad, es cadena, responsabilidad… en eso cambiaría mi vida” (Mujer, 51 años, estrato 1). Al igual que las mujeres, los hombres consideran que una mayor escolaridad les hubiera facilitado el acceso a una mejor calidad de vida: “Si hubiera una forma de cambiarla, pues la cambiaría para ser más persona de lo que soy… pues, tener más aspiraciones en la vida como estudiar en la universidad, como ser un arquitecto, un médico, pues, algo que solvente más.” (Hombre, 39 años, estrato 1). En general, el acceso a una profesión es apreciado como un medio eficaz para disfrutar de mejores condiciones de trabajo. Ante la dificultad o imposibilidad que muchos enfrentan para lograr sus metas educativas, los hijos se convierten en una nueva fuente de esperanza. Como se dijo antes, la educación de los hijos es vista como un propósito fundamental de los entrevistados y la aspiración de que alcancen lo que ellos no pudieron lograr. C. Satisfacción frente al contexto Algunos autores proponen que los determinantes de la satisfacción con la vida sean buscados en condiciones externas y en procesos internos, lo que conlleva a que algunos índices contemplen dos escalas: una personal que explora la satisfacción experimentada frente a la situación económica, la salud, los logros alcanzados, entre otros aspectos; y una nacional que indaga, respecto al país de pertenencia, por la satisfacción con la economía, el medio ambiente, las condiciones sociales, la distribución de la riqueza y la diferencia de salarios, los servicios de salud, el apoyo que el gobierno da a las familias y la confianza en los demás (Ya-


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suko, Romano, García y Félix 2005). Considerando lo anterior, el estudio contempló la incidencia del contexto -especialmente la ciudad y el barrio- en el bienestar experimentado por los habitantes de Manizales. Para el caso de la ciudad, la encuesta incluyó preguntas relacionadas con la situación económica, la calidad del medio ambiente, la diferencia de ingresos entre los habitantes, la calidad de la educación, el apoyo del gobierno a las familias, la situación social, los servicios de salud y la situación de seguridad. Para el caso del barrio, se consultó, por su parte, por la cantidad de parques o zonas verdes, la calidad del aire, el servicio de recolección de basura, las facilidades de transporte público y las vías de acceso. Las entrevistas realizadas indagaron de manera más abierta por las percepciones frente a la ciudad y frente al barrio, incluyendo además las visiones generales sobre el país y sobre el mundo actual. En general, la valoración frente al mundo actual deja ver una tendencia negativa. Las respuestas son muy similares entre los distintos estratos, aunque las personas de estratos 1 y 2 son más pesimistas. Este pesimismo se manifiesta, por una parte, en la opinión de que el mundo es cada vez un peor lugar para vivir y, por otra, en una gran desesperanza frente al futuro, asociada con la preocupación por las generaciones futuras: “La masificación de empresas y todo eso, todos esos desperdicios tóxicos, por culpa de nosotros mismos, nosotros nos estamos matando ¿qué mundo le vamos a dejar a nuestros hijos, nuestros nietos y las futuras generaciones? un mundo acabado” (Hombre, 29 años, estrato 2). La principal preocupación se dirige hacia la situación medioambiental, representada en el calentamiento global y en la acción destructiva frente a la naturaleza, pero también frente a las guerras, la crisis económica, la desigualdad, la pobreza, el hambre, el incremento del comportamiento consumista, la inseguridad, la corrupción, el desempleo, la sobrepoblación y el debilitamiento de valores morales. Los entrevistados suelen atribuir a la ambición de poder y al mal gobierno la responsabilidad frente a las situaciones problemáticas que se viven a nivel mundial: “El hombre es un gran enemigo del hombre, el hombre es el gran enemigo de la tierra, del hombre mismo” (Mujer, 39 años, estrato 2); “el mundo está muy volteado en todo y por todo, cómo arreglarlo, es muy difícil, para mí el mundo ya no se puede arreglar, porque uno mismo fue el que lo dañó” (Mujer, 51 años, estrato 1). Algunas de estas reflexiones se dirigen a concentrar en los avances tecnológicos el origen de los problemas mundiales, especialmente en lo referido a la crisis ambiental y a la sustitución de los empleos manufactureros por máquinas; si bien algunos entrevistados resaltan la importancia de la ciencia y la tecnología en aspectos


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como la salud y la comunicación: “El mundo es cada vez mejor, el mundo es cada vez más abierto, las sociedades tenemos unos mayores intercambios de conocimiento” (Hombre, 45 años, estrato 4). Hay también quienes consideran que los actuales problemas del mundo tienen un carácter inevitable, al depender de los designios divinos o del destino humano. Como indica Santos (2000, p. 38) en relación con este último aspecto, “el carácter caótico de los riesgos los convierte en presas fáciles de designios divinos o, lo que es lo mismo, de contingencias absolutas. Esta situación se traduce sociológicamente en una actitud de espera sin esperanza”. En relación con el país se evidencia, asimismo, una postura pesimista en los relatos de los manizaleños de estratos socioeconómicos medios y bajos56 : en general, se advierte una sensación de progresivo empeoramiento y pocas perspectivas de solución. Los dos aspectos a los cuales hacen mayor alusión los entrevistados son la violencia (ligada a problemas de narcotráfico y a la ineficacia de las autoridades) y la situación económica (referida especialmente al desempleo, la precariedad del salario mínimo y el incremento en el costo de la canasta familiar): “El desempleo, el desempleo y la violencia, yo digo que si la violencia dejara trabajar a la gente del campo, dejara trabajar a todo el mundo, yo creo que el país vuelve a organizarse como se vio en un tiempo como tan bueno, como en paz” (Mujer, 54 años, estrato 2). Existen posturas encontradas en cuanto al rumbo que ha tomado el país en los últimos años, sobre todo en el tema del conflicto armado. Aunque algunos entrevistados destacan los logros del actual gobierno en lo que tiene que ver con la seguridad, la disminución de los índices de violencia y el repliegue de la guerrilla, otros cuestionan fuertemente la escasa asignación presupuestal a asuntos de carácter social: “Se habla de seguridad que porque ya podemos salir por las carreteras, eso está bien, pero yo qué me gano con tener unas carreteras buenas, con seguridad, si no tengo salud, si no tengo educación” (Hombre, 39 años, estrato 3). De manera más bien aislada se mencionan aspectos positivos acerca del país, relacionados con el carisma de la gente, la ubicación geográfica y los recursos naturales. Asimismo, pese a que predominan las posturas pesimistas, varias personas exaltaron su sentido de pertenencia al país: “Hoy en día Colombia es un país muy bueno para vivir, yo no lo cambio, a pesar de los problemas que tengamos, a pesar de esta guerra que no termina ni nada, yo no cambio ni la gente, ni mi país” (Mujer, 55 años, estrato 3). El pesimismo que se aprecia en los planteamientos de los entrevistados respecto 56. Este aspecto sólo fue indagado a través de las entrevistas, las cuales, como se dijo, se realizaron solamente a personas de estratos 1, 2, 3 y 4.


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al mundo y al país, contrasta con niveles de satisfacción relativamente altos frente sus barrios y frente a la ciudad, si bien es necesario tener en cuenta que algunos aspectos evaluados son fuertemente cuestionados, existiendo en estos casos, bajos niveles de satisfacción. Un aspecto que resalta en los distintos contextos analizados tiene que ver con las escasas expectativas de mejoramiento, lo que recuerda el planteamiento de Santos (2000) al analizar la discrepancia entre las experiencias y las expectativas, propia del paradigma de la modernidad. Según este autor, al exceso de expectativas con respecto a las experiencias se le dio el nombre de progreso, pero la globalización y el capitalismo invirtieron esta situación: las expectativas son ahora negativas y deficitarias en relación con las experiencias, lo que implica que “por más mediocres que parezcan las experiencias de hoy, es de temer que en el futuro sigan otras aún más mediocres” (Santos, 2000, p. 36). D. Satisfacción con la ciudad “Manizales me parece una ciudad muy bella, muy tranquila, o sea, aquí se respira todavía mucha paz, en comparación con otras ciudades, me parece una ciudad excelente para vivir; de lo que yo me quejo de pronto de Manizales es como el poco empleo que hay, las pocas oportunidades” (Mujer, 29 años, estrato 2). Un porcentaje importante de los encuestados tiene una percepción favorable frente a la vida en Manizales. El 58% muestra un alto grado de satisfacción (el 35% se declara bastante satisfecho, mientras el 23% restante se siente muy satisfecho), especialmente en los estratos más altos (Tabla 6). Cabe resaltar, sin embargo, que una proporción apreciable de encuestados, en particular en los estratos 1 y 2, no se sienten satisfechos, o sólo lo están medianamente. Como se observa en la Tabla 5, el grado de insatisfacción en los estratos 3 y 4 tampoco es despreciable. Tabla 6. Satisfacción con la vida en Manizales No Algo Estrato satisfecho satisfecho

1–2 3–4 5–6 Total

11% 8% 3% 8%

Fuente: CRECE (2009)

11% 10% 5% 10%

Medianamente satisfecho

24% 25% 18% 24%

Bastante satisfecho

35% 35% 37% 35%

Muy satisfecho

19% 22% 36% 23%


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La valoración de aspectos específicos muestra que los mayores niveles de satisfacción tienen que ver especialmente con la calidad de la educación, la calidad del medio ambiente y los servicios de salud (Tabla 7). Los menores niveles de satisfacción se observan, por su parte, en relación con la diferencia de ingresos, la situación económica, la seguridad, la situación social y el apoyo del gobierno. En estos últimos aspectos, los niveles de satisfacción son menores en los estratos bajos, excepto en el apoyo del gobierno, donde se aprecia un porcentaje ligeramente inferior de satisfacción en estratos medios y altos, en comparación con los bajos. Tabla 7. Satisfacción de los manizaleños frente a distintos aspectos relacionados con la vida en la ciudad Aspectos de la ciudad

No satisfecho

Calidad de la educación Vida en manizales Calidad medio ambiente Servicios de salud Apoyo del gobierno Situación social Situación de seguridad Situacion economica Diferencia de ingresos

4% 8% 6% 14% 21% 23% 33% 34% 30%

Algo Medianamente Bastante Muy satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho 8% 22% 48% 18% 10% 24% 35% 23% 10% 31% 42% 12% 13% 27% 35% 10% 21% 30% 22% 6% 25% 33% 16% 4% 23% 27% 15% 2% 26% 29% 9% 2% 30% 30% 8% 1%

Fuente: CRECE (2009)

La calidad de la educación aparece como el aspecto de la ciudad con el que se manifiesta mayor satisfacción: el 66% de los encuestados se muestra entre bastante y muy satisfecho, estando distribuido más o menos homogéneamente en los distintos estratos (Tabla 8). No obstante, son los encuestados pertenecientes a los estratos 5 y 6 quienes se muestran más satisfechos. Tabla 8. Satisfacción con la calidad de la educación Estrato 1–2 3–4 5–6 Total

No Algo Medianamente Bastante Muy satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho 4% 7% 22% 51% 16% 5% 8% 23% 47% 18% 2% 4% 21% 46% 26% 4% 8% 22% 48% 18%

Fuente: CRECE 2009


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No existe información cualitativa que permita elucidar en qué radica dicha valoración, pues en las entrevistas no se hizo referencia a este aspecto. La calidad del medio ambiente en Manizales resulta ser otro de los temas en los que sus habitantes tienden a manifestar una satisfacción alta: un poco más del 50% se ubica entre bastante satisfecho y muy satisfecho en todos los estratos, aunque la mayor satisfacción la reportan nuevamente los estratos altos (Tabla 9). Una de las entrevistadas se refiere de este modo a Manizales, al compararla con Cali, su ciudad natal: “Es un vuelco total, creo que deben de conocer Cali y la congestión allá, el ruido, la inseguridad, hasta el mismo ambiente, el medio ambiente en sí es totalmente diferente, allá se siente mucha contaminación, acá se respira otro tipo de aire, allá de verdad el ruido, la contaminación auditiva, es impresionante” (Mujer, 43, estrato 4). Tabla 9. Satisfacción con el medio ambiente de Manizales Estrato 1–2 3–4 5–6 Total

No Algo Medianamente Bastante satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho 6% 11% 33% 40% 6% 9% 31% 42% 3% 7% 22% 48% 6% 10% 31% 42%

Muy satisfecho 10% 12% 20% 12%

Fuente: CRECE (2009)

Los servicios de salud también aparecen entre los aspectos mejor valorados por parte de los ciudadanos (Tabla 10). El 45% se declara entre muy satisfecho y bastante satisfecho, mientras el 27% está medianamente satisfecho en este aspecto, siendo los encuestados de los estratos 5 y 6 quienes manifiestan menor insatisfacción. Quienes afirman estar insatisfechos frente a este aspecto, se refieren sobre todo a la desigualdad para acceder a servicios de salud de calidad entre quienes cuentan con recursos y quienes no: “El que tiene plata, tenga pague cincuenta para una cita, tenga, pague treinta por una cita y todo lo solucionaron, pero uno pobre no, vuelvo y lo repito, si a uno el médico le manda una radiografía y no tiene plata, debe recoger la plata para uno hacerse tomar la radiografía, mientras tanto se murió sin hacerle radiografía” (Mujer, 51 años, estrato 2).


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Tabla 10. Satisfacción con los servicios de salud Estrato 1–2 3–4 5–6 Total

No Algo Medianamente Bastante Muy satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho 14% 13% 27% 37% 9% 15% 14% 26% 35% 10% 9% 12% 31% 34% 14% 14% 13% 27% 35% 10%

Fuente: CRECE (2009)

Las entrevistas permiten identificar otras características de la ciudad frente a las cuales hay importantes niveles de satisfacción, que no hacían parte de las opciones contempladas en la encuesta. Aspectos como la tranquilidad que se percibe en las calles, el tamaño reducido de la ciudad, el menor tráfico vehicular comparado con ciudades más grandes, la amabilidad de la gente y el clima, son factores importantes a la hora de destacar la preferencia por Manizales frente a otras ciudades del país. Según afirma un entrevistado, “no se ve tanta violencia como en otras ciudades… es muy sana, o sea, aquí no se ve tanta violencia como en Medellín, ni en Bogotá, ni nada de eso… la gente es más amable acá que en otras partes” (Hombre, 34 años, estrato 2). Una de las entrevistadas define en estos términos su apreciación de la ciudad: “Es muy tranquila, es pequeña, no hay tanta congestión, la gente muy amable… el servicio de transporte es muy bueno, muy calmado que es lo que más me ha llamado la atención” (Mujer, 44 años, estrato 4). El paisaje -asociado con frecuencia a la topografía escarpada de la ciudad-, así como la buena calidad del agua, son temas recurrentes en los relatos de los entrevistados: “Aquí en Manizales sí se divisan unos paisajes preciosos a nivel de Chipre, yo mantengo encantada. Yo madrugo mucho al rosario de la Aurora a las seis de la mañana y yo salgo y es acariciando la mañana, porque se tornan unas mañanas hermosas aquí, y por la tarde yo diviso aquí en la Enea unos paisajes preciosos” (Mujer, 50 años, estrato 3). En relación con la topografía, otro entrevistado afirma: “Somos unos suertudos, estamos viviendo en la mejor ciudad de Colombia, referente pues al modus vivendi, mire que acá de pronto sí tenemos problemas de derrumbes, derrumbes pequeños, pero no tenemos esos problemas tan horribles de inundaciones como por esos lados de la Costa, del Valle” (Hombre, 55 años, estrato 3). Por otra parte, como se señaló antes, los aspectos de la ciudad en los que se evidencia mayor insatisfacción entre los encuestados corresponden a la diferencia de ingresos entre sus habitantes, la situación económica, la situación de seguri-


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dad, la situación social y el apoyo del gobierno. El aspecto en el que se muestra mayor insatisfacción tiene que ver con la distribución de ingresos en la ciudad: sólo el 9% se declara entre bastante y muy satisfecho (Tabla 11). Los no satisfechos se ubican preferentemente en los estratos 1 y 2. Las opiniones sobre la desigualdad en la distribución de ingresos se extienden a la distribución social y espacial de los privilegios y las carencias en la ciudad: “En Manizales hay barrios muy pobres y gente con mucha necesidad, y gente que muchas veces come una sola comida… por ejemplo, gente de La Isla, de Marmato y gente que uno ve que aguanta hambre” (Mujer, 43 años, estrato 2). En último término, se cuestiona la brecha existente entre ricos y pobres, así como la tolerancia social y política frente a esta situación. Tabla 11. Satisfacción con la distribución de los ingresos en Manizales Estrato 1–2 3–4 5–6 Total

No Algo Medianamente Bastante satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho 34% 29% 28% 8% 29% 30% 31% 8% 23% 28% 36% 10% 30% 30% 30% 8%

Muy satisfecho 1% 1% 3% 1%

Fuente: CRECE (2009)

Entre otros aspectos, algunos entrevistados hacen referencia a la injusticia distributiva que supone la baja remuneración de muchos trabajadores, aunque consideran que se trata de una situación que no es exclusiva de Manizales. Uno de ellos alude, en este sentido, a las circunstancias que enfrentan quienes reciben el salario mínimo: “Siempre he sentido curiosidad quién es esa persona o quién es ese grupo de personas que definen cuanto debe ganarse una persona como mínimo, porque eso es muy poquito, pues la verdad yo con un mínimo no sería capaz de sobrevivir, así como estoy viviendo ahora no, no sé la verdad cómo hacen, supongo que no tienen pues una buena alimentación, un buen vestir o viven en lo peorcito que se encuentren por ahí” (Hombre, 29 años, estrato 2). Los encuestados que viven en estratos bajos y medios, especialmente entre los primeros, manifiestan gran inconformidad con la situación económica de Manizales: en total, el 60% de los encuestados se muestran entre insatisfechos y algo satisfechos frente a este aspecto, porcentaje que se incrementa a 70% en los estratos 1 y 2 (Tabla 12). A partir de las entrevistas es posible inferir que dicha insatisfacción está fuertemente asociada con el desempleo: “Si hubiera más empleo yo creo que sería mejor el vividero acá” (Hombre, 54 años, estrato 2).


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Tabla 12. Satisfacción la situación económica de Manizales Estrato 1–2 3–4 5–6 Total

No satisfecho 43% 31% 17% 34%

Algo satisfecho 27% 27% 20% 26%

Medianamente Bastante Muy satisfecho satisfecho satisfecho 23% 6% 1% 31% 9% 2% 39% 18% 6% 29% 9% 2%

Fuente: CRECE (2009)

De acuerdo con el DANE (2010), en los últimos años Manizales viene reportando cifras preocupantes en el índice de desempleo; de hecho, en el periodo que comprende noviembre de 2009 a febrero de 2010, ocupó el quinto lugar en el país con un 17,2% de personas desempleadas. Algunos entrevistados explican esta situación, como resultado del colapso de varias empresas o su traslado a otras ciudades, situación que además induce a la migración hacia otras zonas del país: “Estamos en una crisis económica muy grande porque hay mucho desempleo y las empresas se están yendo de aquí de Manizales para otras ciudades (…) así están todas las empresas grandes de Manizales, solo quedarían empresas muy pequeñas, entonces ¿qué harían todas esas personas que trabajan en esas empresas?, o se van para otras ciudades o se quedan desempleadas” (Hombre, 26 años, estrato 2). En general, los entrevistados no señalan perspectivas de mejoramiento del empleo en la ciudad. La percepción más extendida es que la ciudad es “un buen vividero” pero la situación de desempleo la desdibuja como un escenario halagador para permanecer en ella, especialmente entre los jóvenes. Diversos estudios sobre el bienestar y la calidad de vida han destacado la gran incidencia negativa del desempleo en la vida de las personas. Esto es así no sólo por el hecho evidente de ser la principal fuente de ingresos con los cuales se resuelven necesidades de la vida diaria, sino que, para muchos, es visto como un fracaso personal, especialmente en contextos en los que hay una tasa alta de empleo (Argyle, 1997) -que no es el caso de Manizales-, o en sociedades en las que se valoran y promulgan la competitividad y el emprendimiento como valores prominentes en las actuales reglas del mercado laboral. Ante la amenaza del desempleo, la generación de ingresos mediante un negocio propio parece postularse como una salida efectiva para muchos manizaleños que buscan ganarse la subsistencia diaria: “La oportunidad de empleo acá es muy poca… casi todo el mundo ha decidido mejor montar su propio localcito


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en el cual le produzcan unas ventas mínimas o viven y ya” (Hombre, 29 años, estrato 2). La migración a otras ciudades en búsqueda de mejores oportunidades suele plantearse también como una respuesta válida frente al incremento del desempleo que se vive en la ciudad. Por otra parte, en todos los estratos es visible la insatisfacción con la seguridad urbana en Manizales: el 33% se muestra insatisfecho y el 23% apenas algo satisfecho (Tabla 13), aunque en los estratos 1 y 2 se aprecia una insatisfacción más alta. La inseguridad percibida en la ciudad, especialmente por parte de aquellos que viven en los barrios de estratos económicos bajos, es una problemática que, se cree, viene agravándose progresivamente sin que las autoridades respectivas adopten las medidas necesarias para contenerla: “La inseguridad ha aumentado, yo vivía muy tranquila en ese sector y este año nos han atracado a todas ahí en la esquina de la casa, hemos visto matar gente ahí a media cuadra de la casa… no se ve policía” (Mujer, 39 años, estrato 2). Tabla 13. Satisfacción con la situación de seguridad en Manizales No Algo Medianamente satisfecho satisfecho satisfecho 1–2 36% 23% 25% 3–4 32% 24% 28% 5–6 25% 21% 35% Total 33% 23% 27%

Estrato

Bastante satisfecho 14% 14% 15% 15%

Muy satisfecho 2% 2% 3% 2%

Fuente: CRECE (2009)

Precisamente, la confianza que los ciudadanos depositan en la policía fue uno de los temas de la encuesta. El nivel de confianza en la policía se encuentra distribuido en las distintas opciones de respuesta, aunque es similar entre quienes no sienten ninguna confianza, el 21%, y quienes confían bastante, el 20%57 ; existiendo mayor desconfianza en los estratos bajos. Los entrevistados también hicieron referencia a este tema: “Lo más triste es la policía, a todos los comerciantes nos cobran seguridad, un impuesto por el teléfono y a ellos no les preocupa eso, la inseguridad siguió lo mismo o peor, en cambio sí metieron más policías [de tránsito] porque eso les da más plata y se dedicaron fue a meter y a meter policías a tránsito y descuidaron la ciudad. Dicen que por qué no llamamos al 123 y denunciamos, ¿pa’ que si nunca llegan?” (Hombre, 43 años, estrato 3). 57. Las demás proporciones están distribuidas así: El 22% confía muy poco, el 30% confía medianamente, y sólo el 7% afirma confiar mucho en la policía.


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La principal preocupación de los entrevistados tiene que ver con la situación de inseguridad que se vive en sus barrios, relacionadas frecuentemente con el consumo de sustancias psicoactivas, particularmente en los estratos 1 y 2. El vínculo entre inseguridad, pobreza y consumo de sustancias psicoactivas, es un elemento común en los imaginarios de muchos ciudadanos en América Latina acerca de la inseguridad. En efecto, en las entrevistas a menudo se hace referencia a ciertos íconos de la inseguridad en las calles: los grupos de jóvenes en las esquinas, los consumidores de sustancias psicoactivas, los indigentes, entre otros. Al respecto, Reguillo (2006) señala el papel de los medios de comunicación y de las políticas de Estado -especialmente el paulatino repliegue de sus funciones y responsabilidades, dejándolas cada vez más al libre mercado- en la conformación de estos imaginarios, en los que la violencia urbana y la precarización, no sólo económica, están fuertemente articuladas. Tanto las apreciaciones de los ciudadanos, como los estudios sobre seguridad urbana hablan de la delicada situación de la ciudad en esta materia. Manizales ha sido ubicada en lugares poco honrosos en el índice de seguridad urbana (Programa Presidencial de DH y DIH, 2008). En 2008 llegó a ocupar el sexto puesto en el registro de delitos contra la vida entre 27 ciudades analizadas, aunque en el primer trimestre de 2009, esta situación reversó, sin que deje de ser una posición alarmante, al ocupar el duodécimo lugar (Fundación Seguridad y Democracia 2009). Pese a lo anterior, en varios de los relatos se resalta el hecho de que Manizales es mucho más segura que otras ciudades: “Por aquí no hay como tanta violencia ni nada, vaya usted pa’ Bogotá, pa’ Medellín, eso sí ve uno mucho, que atracadores y todo eso, y que sicarios y todo eso, y lo mandan a uno a matar, si, por aquí no, por aquí es como bueno vivir” (Hombre, 53 años, estrato 1). Así pues, existen distintas valoraciones sobre el tema de seguridad, pero es claro que éstas son más positivas al confrontarla con la situación de otras ciudades del país. Las apreciaciones sobre la seguridad o inseguridad de la ciudad, se emiten tanto desde la propia experiencia –el 22% de los encuestados asegura que ha sido víctima de robos o atracos–, como desde el desconocimiento de la situación que, en este sentido, se vive en la ciudad: “Todo el mundo sale con temor que le van a robar, que a las diez de la noche que qué horror estar en la calle… no, yo si salgo y a mí no me preocupa nada, entonces yo pienso que aquí todo esto es muy sano y aunque hay un amigo que es periodista y dice que aquí hay mucha cosa dura, que hay mucha inseguridad, yo como no me doy cuenta de eso, pues entonces yo


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veo esto como un paraíso” (Mujer, 50 años, estrato 3). Otro tema frente al cual existe baja satisfacción entre los manizaleños es el relacionado con la situación social. Una importante proporción, el 48%, manifiesta una baja satisfacción. Como lo revela la Tabla 14, el 23% no está satisfecho y sólo el 25% está algo satisfecho, mientras la mayor parte de respuestas, el 33%, se inclinan por una satisfacción media. Es visible la mayor insatisfacción en este aspecto entre los estratos bajos. Tabla 14. Satisfacción con la situación social de Manizales Estrato

1–2 3–4 5–6 Total

No satisfecho

30% 20% 12% 23%

Algo satisfecho

26% 25% 20% 25%

Medianamente satisfecho

28% 34% 40% 33%

Bastante satisfecho

13% 17% 22% 16%

Muy satisfecho

3% 4% 6% 4%

Fuente: CRECE (2009)

Las diferencias en el bienestar de los ciudadanos son una preocupación extendida entre los entrevistados. Los temas más recurrentes no sólo son visibles en el contexto local, sino en todo el país. Así, se hace referencia a las escasas oportunidades de empleo por falta de títulos académicos o por la edad: “Así sea para ir a barrer necesita el estudio, y si usted no tiene estudio, no tiene la capacidad de entrar en una entidad” (Mujer, 50 años, estrato 1); “las personas mayores de 35 años no tienen oportunidad para trabajar en ninguna parte porque ahí como que se le acaba a uno la vida útil, y puede ser que sea uno más útil después de los 35, 40, 45 porque tiene más experiencia en todo, no solo en la vida, sino en el campo laboral y la vida le va enseñando más que la universidad” (Mujer, 48 años, estrato 3). Sobre la precariedad del empleo, es frecuente que se haga referencia a la persecución de que son objeto por parte de las autoridades, quienes se dedican al comercio informal, actividad muy extendida en Manizales: “A los ricos no se le puede tocar, pero si un pobre pone una venta de empanadas en un fogoncito de leña, lo sacan y lo destierran, pero el rico si puede tener todas las fábricas, toda la polución que quiera pero no se pueden tocar” (Mujer, 55 años, estrato 3). En coherencia con lo anterior, el apoyo que el gobierno brinda a las familias en Manizales es un tema en el que prima una baja satisfacción (Tabla 15); aunque sin grandes diferencias, es de anotar que los encuestados que viven en estratos más bajos se suelen mostrar más satisfechos con este tema.


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Tabla 15. Satisfacción frente al apoyo a las familias de Manizales por parte de gobierno Estrato 1–2 3–4 5–6 Total

No Algo Medianamente Bastante satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho 18% 24% 19% 21%

18% 23% 22% 21%

28% 31% 37% 30%

28% 19% 18% 22%

Muy satisfecho 9% 5% 4% 6%

Fuente: CRECE (2009)

Es importante considerar, en este contexto, los niveles de desconfianza sobre los funcionarios de la Alcaldía. El 30% de los encuestados afirma no tener ninguna confianza en ellos, el 24% confía poco y el 29% afirma que sólo se puede confiar moderadamente. Igual que en el caso de los funcionarios de la Alcaldía, el 30% asegura desconfiar totalmente de los funcionarios del gobierno nacional, mientras el 24% confía muy poco y el 28% confía moderadamente. Este grado de escepticismo en los funcionarios públicos, en general se extiende al ejercicio de la política: “Yo me metí en la política, de pronto estaba ciego, yo no sabía cómo eran los políticos, cuando ya me puse a visitar muchas oficinas aquí en Manizales, había una corrupción total, entonces yo pienso que el político, nunca, nunca va por el bienestar de una comunidad, lo que les prometen a las comunidades o a los que van a votar por ellos, siempre va con el doble sentido, todo político sube al poder y se olvida de todo” (Hombre, 48 años, estrato 1). La mayor parte de los entrevistados señalan la generación de fuentes de empleo, la seguridad y la calidad de los servicios de salud, como los problemas a los cuales deben dirigirse prioritariamente las políticas del gobierno local. Uno de los entrevistados alude así a los temas de transitoriedad del empleo y la atención en salud: “Imagínese trabajando a raticos, hoy trabaja, mañana no, se gana veinte mil pesos, qué hace uno con veinte mil pesos para mantener un hogar, para mantener en factura, y en cuestiones de salud porque hay veces, hay veces que uno se va pa’ donde el médico y que la droga que le mandan no la cubre el seguro que uno tiene, imagínese, le toca sacar del bolsillo de uno y uno sin saber qué va a hacer, qué camino va a coger, de dónde va a sacar dinero” (Hombre, 52 años, estrato 1). Adicionalmente a los aspectos antes mencionados, la encuesta consideró las percepciones de la población sobre los cambios que ha experimentado la ciudad en los últimos dos años (Tabla 16). Más del 40% de las respuestas están orientadas a resaltar los cambios favorables en varios aspectos, prevaleciendo la infraestruc-


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tura vial y el transporte público (el 91% y el 72% respectivamente se refieren a un cambio positivo frente a estos aspectos). Como se aprecia en la misma Tabla, la calidad de la educación, los programas de alimentación y la atención a la infancia son otros temas que, de acuerdo con los encuestados, han mejorado. Tabla 16. Cambios en la ciudad en los últimos dos años Aspectos de la ciudad Vigilancia, seguridad y reacción de la policía Atención en salud Calidad de la educación Infraestructura vial Transporte público urbano Programas de alimentación y nutrición Atención a la infancia Respeto a los derechos humanos Igualdad de oportunidades para las mujeres Igualdad de oportunidades para grupos étnicos Posibilidades de participación de las comunidades Transparencia en el manejo de recursos públicos

Mejor

Igual

Peor

No sabe

25% 22% 38% 54% 89% 71% 41% 40% 23% 30% 13% 13% 9%

38% 40% 39% 33% 8% 22% 22% 22% 34% 32% 27% 30% 26%

16% 34% 21% 9% 2% 3% 5% 6% 17% 16% 20% 15% 33%

22% 4% 2% 4% 1% 3% 33% 31% 26% 22% 40% 42% 32%

Fuente: CRECE (2009)

En los relatos de los entrevistados, son recurrentes también las referencias al mejoramiento de la ciudad en cuanto a infraestructura –puentes, avenidas, urbanizaciones y el recién implementado cable aéreo-: “Es que Manizales tiene tendencia a mejorar porque es que mire que están construyendo puentes, están haciendo, construyendo barrios, están mejorando la forma de vivir de las personas en Manizales” (Hombre, 39 años, estrato 1). No obstante, algunas personas fueron muy críticas frente a las prioridades en la inversión de los recursos, representada en la proliferación de obras de infraestructura, mientras otras soluciones perentorias son prorrogadas: “Hacen obras muy grandes, una horribles, otras bonitas, un estadio, unas avenidas, pero pa’ qué avenidas bonitas, pa’ que los pobres entre más días más pobres como dice el cuento, más mendigos que duerman en ellos, porque esa es la cama que los políticos les dan, puentes pa’ dormir” (Hombre, 55 años, estrato 3). La vigilancia, seguridad y reacción oportuna y eficiente de la policía, es el tema que, según un porcentaje más alto, ha empeorado en mayor medida (el 34% de las respuestas), mientras el 40% de encuestados considera que no ha experimen-


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tado cambios. La transparencia en el manejo de recursos públicos es otro tema que muestra un cambio desfavorable: el 33% de las personas afirma que ha empeorado. Cabe destacar finalmente, que frente a temas como las posibilidades de participación de los ciudadanos y la igualdad de oportunidades para los grupos étnicos, la mayor parte de los encuestados (el 42% y 40%, respectivamente) afirmaron desconocer qué ha ocurrido en la ciudad; lo que puede ser sintomático de falta de interés o información en ambas materias. E. Satisfacción con el barrio Cerca del 70% de las personas encuestadas reportan una alta satisfacción con el barrio en el que viven (Tabla 17). La mayor satisfacción se presenta entre personas de estratos altos, mientras aquellos que se ubican en los estratos bajos son los más insatisfechos. En un sentido similar, el 86% de los encuestados opina que su barrio es un buen lugar para vivir, aunque el porcentaje es considerablemente menor en los estratos 1 y 2 (el 26% considera que su barrio no es un buen lugar para vivir, frente a un 6% en los estratos 3 y 4, y un 2% en los estratos 5 y 6). Tabla 17. Valoración del barrio como lugar para vivir Estrato Es bueno No es bueno No sabe 1–2 3–4

5–6 Total

73% 93%

98% 86%

26% 6%

2% 13%

2% 1%

1% 1%

Fuente: CRECE (2009)

La información cualitativa permite identificar con claridad los aspectos que contribuyen a esa percepción positiva, destacándose factores como las relaciones vecinales (conocimiento mutuo, solidaridad, respeto a la intimidad), la disponibilidad de servicios y la cercanía al centro de la ciudad, o bien, al lugar de trabajo o estudio de los hijos. Algunos resaltan además la importancia que tiene el tiempo de residencia y el consecuente sentido de pertenencia. En las entrevistas fue recurrente la mención de los vecinos como un factor importante de satisfacción: “El barrio es muy bueno, la gente es muy querida y hay mucha calidad humana, la gente es muy buena, sobre todo que el barrio es muy bueno para educar los hijos, porque es un barrio muy sano” (Mujer, 36 años, estrato 3). No obstante, como se verá posteriormente, las apreciaciones sobre las buenas relaciones vecinales están con frecuencia asociadas a la reticencia a establecer vínculos estrechos, aspecto frecuentemente manifestado como “nadie se mete con nadie”.


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En relación con aspectos más específicos de los barrios, se aprecia una alta satisfacción frente a la calidad del aire, los servicios de recolección de basura, el servicio de transporte y las vías de acceso; sin que haya diferencias notables por estrato (Tabla 18). Sin embargo, existe tendencia a la insatisfacción en cuanto a la cantidad de parques, sobre todo en los estratos 1 y 2. Adicionalmente, frente a la pregunta por la mejoría o el deterioro del barrio, el 50% afirma que ha permanecido igual, siendo similares las respuestas entre los distintos estratos. Sin embargo, el 24% de quienes se ubican en estratos 1 y 2 afirma que está empeorando. Tabla 18. Satisfacción con distintos aspectos del barrio No Algo Medianamente Bastante Muy satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho satisfecho Calidad de aire 7% 10% 22% 45% 16% Recolección de basura 2% 3% 12% 52% 32% Facilidad de transporte 4% 5% 13% 49% 30% Vias de acceso 3% 5% 15% 53% 24% Cantidad de parques 35% 16% 17% 21% 10% Aspectos del barrio

Fuente: CRECE (2009)

El 47% de los encuestados se siente seguro en su barrio, mientras el 29% se siente relativamente seguro, sentimientos que tienden a aumentar en la medida en que aumenta el estrato (Tabla 19). Tabla 19. Sentimiento de seguridad en el barrio Estrato Seguro 1–2 3–4 5–6 Total

39% 50% 62% 47%

Relativamente Inseguro M uy inseguro seguro 28% 26% 7% 30% 16% 3% 30% 7% 1% 29% 19% 5%

Fuente: CRECE (2009)

Ante la situación de caminar de noche y solo por su barrio, la mayor parte, el 41%, dice sentirse seguro: el 24% se siente relativamente seguro, mientras el 27% se siente inseguro y el 8% muy inseguro (Tabla 20). Quienes manifestaron no sentirse seguros en su barrio -en particular, personas de estratos 1 y 2-, aducen razones como la escasa presencia de policía, la presencia de grupos delincuenciales y la experiencia de familiares y amigos que han sido víctimas de agresiones. En cuanto a los cambios en el sentimiento de seguridad en el barrio, el 54% afirma que dicha situación permanece igual, especialmente entre los estratos 5 y 6.


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Sin embargo, un porcentaje nada despreciable, el 26%, afirma que su barrio es menos seguro con respecto a hace dos años, particularmente en los estratos 1 y 2. Justamente en estos estratos, la principal preocupación de los entrevistados tiene que ver con las situaciones de inseguridad relacionadas frecuentemente con el consumo de sustancias psicoactivas. Tabla 20. Sentimiento de seguridad al caminar de noche y solo por el barrio Estrato Seguro 1–2 3–4 5–6 Total

Relativamente Inseguro M uy inseguro seguro

36% 42% 53% 41%

24% 24% 25% 24%

30% 27% 19% 27%

10% 7% 4% 8%

Fuente: CRECE (2009)

Por otra parte, algunas personas enfatizaron en la estigmatización de que han sido objeto sus barrios: “El hecho de que uno viva en este sector como que lo estigmatizan, ‘ah, vive allá, entonces debe ser un ladrón, debe ser un delincuente” (Mujer, 29 años, estrato 2). A pesar de la existencia de problemas acentuados de delincuencia o violencia, algunos enfrentan esta situación con serenidad, por considerar que se trata de un problema extendido, no exclusivo de su barrio, y por percibir como un factor de protección el hecho de ser conocido en su sector: “A mí me parece el barrio bueno, yo digo que todo es costumbre, por ejemplo, hay gente de otros barrios que dicen ‘Ay qué miedo ir al Caribe’, todo es costumbre, uno sale y eso por allá tan caliente, que eso tan miedoso, que esto y que lo otro, pero en toda parte hay su calentura” (Mujer, 40 años, estrato 2). Como anotan Lora y Chaparro (2008), la variedad de percepciones sobre la satisfacción con el barrio, se explica en parte porque muchas de las características que importan de un barrio son subjetivas. En un estudio hecho para América Latina y el Caribe, los mencionados autores identifican algo que está en la línea de las valoraciones hechas por los entrevistados para el presente trabajo: entre las variables subjetivas, los buenos vecinos resultan particularmente valiosos. De este modo, podría pensarse que otros aspectos relacionados con las condiciones físicas y ambientales de los barrios, pueden ser incluso menos valorados cuando se dispone de redes sociales que brindan un soporte esencial al hogar, lo cual parece ser más importante en los estratos bajos.


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F. Algunas consideraciones sobre la capacidad de agencia “Si uno quiere ser feliz, uno mismo busca la felicidad, y si uno quiere sufrir pues también uno mismo busca el sufrimiento” (Mujer, 25 años, estrato 2). La capacidad de agencia alude a la posibilidad que tienen las personas de direccionar sus vidas hacia propósitos fructíferos, incluyendo aspectos relacionados con la vida personal y sus posibilidades de influencia en el entorno. La gran mayoría de entrevistados considera que el bienestar depende especialmente del propio esfuerzo, resaltando aspectos como el carácter, la responsabilidad, la confianza en sí mismo y el adecuado aprovechamiento de oportunidades (Recuadro 1). Una de las mujeres entrevistadas hace referencia a este aspecto: “Totalmente de mí, de mi actitud, de mi forma de desempeñarme, de mi forma de pensar, todo depende de mí, primero que todo, después los demás”; lo que no implica negar la importancia de otras personas en su bienestar y en su satisfacción con la vida: “Cuando mis hijas por ejemplo no me corresponden a lo que yo quiero, ahí se puede vulnerar la libertad, la felicidad… cuando una persona le paga entre comillas mal a uno y le genera un mal, entonces eso también es duro de vivir y de acomodar en la vida” (Mujer, 39 años, estrato 2). Recuadro 1. Elementos que intervienen en el logro de bienestar, según el juicio de los entrevistados Esfuerzo y recursividad: “Yo siempre me la he rebuscado aquí, yo hace muchos años que hago empanadas, yo hago arepas, si me toca lavar para conseguir la panela, yo lavo ropa ajena… yo desde que tenga salud, yo no me voy a dejar morir de hambre, todavía falta mucho para incapacitarme” (Mujer, 51 años, estrato 1). Carácter: “Realmente la forma de ser es primordial, porque cuando uno maneja una forma de ser como por lógica funcionan el resto de las cosas; cuando uno está centrado, cuando uno tiene un concepto ya muy distinto de lo que es la vida, de lo que es el ser humano, uno ya puede manejar el resto, todo lo que se le venga a uno encima” (Mujer, 50 años, estrato 3). Confianza en sí mismo: “Yo confío mucho, si no confiara pues uno no saldría, uno estaría en la casa acostado esperando que le llegue la oportunidad, no, las oportunidades están afuera, las oportunidades de trabajo, las oportunidades, hay que estar buscando… Las cosas hay que buscarlas, hay que buscarse la forma de vivir en cierta manera” (Hombre, 28 años, estrato 3).


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Responsabilidad: “El bienestar mío depende primero de mi, pues, como persona, porque si yo no soy buen obrero y no laboro de una forma eficaz para que el patrón me sostenga en un trabajo… nadie es indispensable en la vida y lo sacan a uno o no le dan posibilidades de trabajo” (Hombre, 39 años, estrato 2). Aprovechamiento de capacidades y oportunidades: “Obviamente hay gente que tiene las ventajas de que nacen con algunas situaciones ya resueltas, entonces pues parten de un sitio distinto y les quedará un poco más fácil, pero aun con esas ventajas sigue dependiendo de uno. Sí porque también he conocido una cantidad de gente que nació en cuna de oro que no le alcanzaba la vida supuestamente para gastarse lo que heredaría y luego finalmente son un fracaso como personas y posiblemente terminaron dilapidando lo que tenían, entonces, esa situación, en ese sentido, pues termina estropeando también sus situaciones de felicidad” (Hombre, 45 años, estrato 4). Adecuada toma de decisiones: “Uno es el que se labra su vida, buena o mala o regular como haya sido, pero uno mismo se la labró, o porque no escuchó consejos o porque no quiso atender o porque no quiso aprender o porque le dio la gana de ser así” (Mujer, 55 años, estrato 3). La encuesta indagó por la capacidad de las personas para tomar decisiones adecuadas frente a distintos aspectos: tener una vida saludable, integrarse con otros, defender la libertad de pensamiento y expresión, hacer buen uso de los recursos económicos y buscar recursos para la subsistencia. Como se aprecia en la Tabla 21, existe una tendencia generalizada a sentirse capaz y muy capaz de tomar de decisiones adecuadas, especialmente en cuanto al uso de los recursos con los que se cuenta y a la defensa de la libertad de pensamiento y expresión. Tabla 21. Capacidad para tomar decisiones Aspecto

Nada capaz Poco capaz

Tener una vida saludable Integrarse con otros Defender su libertad de pensamiento y expresión Hacer buen uso de sus recursos económicos Buscar recursos para su subsistencia

Fuente: CRECE (2009)

0% 0% 0% 0% 1%

2% 3% 2% 1% 3%

Más o menos Capaz Muy capaz capaz 11% 53% 34% 10% 51% 36% 8% 50% 40% 8% 51% 40% 9% 47% 39%


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La encuesta consultó también por la capacidad que sienten los manizaleños para actuar en beneficio de su entorno, específicamente del barrio. El 78% de ellos considera que no tiene influencia alguna para hacer que el barrio en el que vive sea un mejor lugar. Esta proporción es mayor entre los estratos más bajos (82%), aunque no es notablemente diferente de la de los estratos 5 y 6 (73%). Adicionalmente, sólo el 6% afirma haber trabajado con otras personas del barrio para el beneficio de la comunidad, siendo mayor la proporción en los estratos altos (10%, frente a 6% en los estratos 3 y 4, y 5% en los estratos 1 y 2). Por otra parte, sólo el 9% participa en actividades del barrio en su tiempo libre, siendo mayor la participación en estratos altos. No obstante, algunos entrevistados son muy enfáticos en su deseo de ayudar a otros. Algunas de las personas entrevistadas se refirieron al deseo de contar con recursos para ayudar económicamente a otras personas, bien sea familiares, amigos o, incluso, desconocidos: “Yo pienso que uno vino a este mundo a servir, no a tener todo a los pies, ni nada de esas cosas, porque sino qué se lleva uno cuando se muera, pues, eso es lo que yo deseo, pues, contribuir de alguna manera al bienestar de otros seres, de otras personas, no necesariamente tienen que ser de la familia, mucho mejor si son personas que uno no conoce” (Mujer, 48 años, estrato 3). Es curioso que frente a una intensa preocupación por el bienestar de otros, en términos de las difíciles situaciones que viven (pobreza, hambre, violencia, incapacidad para hacer valer sus derechos), exista tal reticencia a trabajar coordinadamente y quizá aportar para el advenimiento de cambios sobre problemas cruciales, que aunque pequeños, pueden ser significativos: “A uno le falta es como meterse más en la labor de que si uno lo entiende, debe hacer algo por cambiar y por ayudar, porque pues todo lo dejamos como a ver qué va a pasar, pero como que uno no hace nada, yo a veces pienso, uno no hace nada, poner un granito de arena, algo tiene que ayudar” (Mujer, 44 años, estrato 4). Lo anterior parece reflejar un escepticismo creciente en las instancias de participación comunitaria, apoyada, como se verá más adelante, por la desconfianza en los líderes: “La gente se encierra en la casa y no quiere saber de lo que pasa afuera” (Hombre, 63 años, estrato 3). En cuanto a la membresía a grupos u organizaciones del barrio, formales e informales, el 19% de los encuestados respondió afirmativamente (Tabla 22). En los estratos altos es donde existe mayor adscripción a un grupo o asociación. La mayor parte de grupos o asociaciones es de carácter religioso (el 54%), especialmente entre los estratos 1 y 2 (61%, frente a 57% en estratos 3 y 4, y 33% en estratos 5 y 6). El segundo grupo de importancia corresponde a actividades re-


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creativas: un 23% pertenece a este tipo de agrupaciones, sin diferencias notables entre estratos. Los estratos más altos tienen más adscripción a grupos de tipo académico, voluntariado y profesional. Sólo un 8% de los encuestados pertenece a un grupo político, incluidas las Juntas de Acción Comunal. Tabla 22. Pertenencia a grupos, organizaciones o asociaciones Tipo de grupo o asociación

Estrato

1–2 3–45 Político 9% 7% Religioso 61% 57% Agremiación o sindicato 4% 4% Académico 3% 8% Recreativo 21% 24% Voluntariado 11% 13% Profesional 0% 3% Otro 6% 5%

– 6 Total 8% 8% 33% 54% 4% 4% 19% 8% 24% 24% 24% 14% 13% 4% 12% 7%

Fuente: CRECE (2009)

La encuesta consideró la confianza que despiertan los líderes comunitarios. El 30% de los encuestados considera que no se puede confiar en ellos, proporción que es más alta en los estratos 1 y 2. Sólo el 3% manifiesta un alto grado de confianza, lo que puede estar relacionado, quizás, con la baja participación en organizaciones comunitarias. Ahora bien, al preguntar en la encuesta por la existencia de conflictos en el barrio que dificulten la convivencia, la proporción de personas que refieren a este aspecto es baja, sólo el 8% alude a este tema, siendo visiblemente mayor la proporción entre los estratos 1 y 2 (14%, frente a un 5% en estratos 3 y 4, y un 4% en estratos 5 y 6). Como se vio antes, existe un grado de satisfacción alto con la vida en el barrio. Dicha satisfacción no simplemente está asociada al hecho de tener buenas relaciones entre vecinos sino, incluso más frecuentemente, con mantener cierta distancia para evitar conflictos: “Por aquí nadie se mete con uno, como ya saben quién es uno y uno sabe quién es la gente, uno mismo se hace el barrio, si uno se mete con la gente, la gente se mete con uno” (Hombre, 34 años, estrato 1-2); “incluso casi ni tenemos contacto con ningún vecino, entonces no hay ningún problema” (Mujer, 43 años, estrato 2). El hecho de que, al tiempo que se valora la buena calidad de las relaciones vecinales, ésta se sustente en la tendencia a evitar vínculos más recurrentes y estrechos, ilustra bien la inclinación en contex-


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tos urbanos a replegarse en la vida íntima, y a establecer relaciones cordiales, sin fricciones, pero distantes; actitudes más cercanas a la indiferencia cotidiana. Paralelamente, se aprecia una propensión general a desconfiar en los demás. El 63% afirma que se puede confiar sólo en algunas personas, observándose un menor grado de confianza en los estratos 1 y 2. Llama la atención que una alta proporción, el 25%, afirma que no se puede confiar en nadie, especialmente quienes se ubican en los estratos bajos. Todo lo anterior ofrece un panorama del extendido sentimiento de impotencia que manifiestan, tanto encuestados como entrevistados, frente a lo que sucede en su entorno y frente al sufrimiento de otros. Son frecuentes las apreciaciones sobre la imposibilidad de actuar frente a la aflicción existente en el mundo, frente al conflicto armado y, en general, frente a la violencia: “Uno quisiera hacer algo pero uno como ama de casa, fuera de orar, se siente impotente para muchas cosas… Cuando liberan a una persona uno se emociona mucho. Uno quisiera que no hubiera más gente en la selva, que hubiera acuerdo entre las dos partes” (Mujer, 64 años, estrato 2). Frente al sufrimiento de otros y considerando los sentimientos de impotencia experimentados, varias personas manifiestan tener reacciones de evitación consistentes en no ver o escuchar noticieros. En el ámbito más personal, aunque existe un reconocimiento de las propias capacidades para alcanzar el bienestar anhelado, también se advierten señales de vulnerabilidad, relacionadas especialmente con las situaciones críticas del entorno en términos de la atención en salud, el empleo o los ingresos.

III. Conclusiones Los manizaleños manifiestan, en general, altos niveles de felicidad y de satisfacción con la vida, tanto en los estratos socioeconómicos bajos como en los altos, incrementándose dichos niveles conforme aumenta el estrato. Este hallazgo coincide con otros estudios donde se correlacionan el nivel de ingresos y la satisfacción con la vida, lo cual evidencia la existencia de niveles de satisfacción más altos en condiciones económicas más privilegiadas, pero también la persistencia de altos niveles de satisfacción en condiciones económicas precarias. Esta última tendencia sugiere que la adaptación a las circunstancias, aunque sean adversas, juega un papel importante en la satisfacción con la vida. Una comprensión más completa de este fenómeno, exigiría investigaciones que permitan comprender los mecanismos que están detrás de la adaptación a las circunstancias personales y del entorno, así como la interacción entre los aspectos materiales y subjetivos del bienestar.


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Si bien el ingreso incide en la satisfacción con algunos ámbitos de la vida, sus efectos positivos no son generalizables a todos los aspectos evaluados. No obstante, existe un relativo acuerdo en que los ingresos son especialmente valiosos cuando permiten a las personas superar el nivel de pobreza física; de ahí que algunos estudiosos del tema insistan en la importancia de definir los mínimos objetivos requeridos por una persona para disfrutar de una vida digna. Los hallazgos de la investigación realizada sugieren que los manizaleños se encuentran especialmente satisfechos en aspectos personales como la familia, la forma de ser, las relaciones sociales, la vida sexual, el tiempo libre, el estado de salud, los logros alcanzados y la vivienda; mientras la satisfacción con el trabajo, la vida económica y el nivel educativo, es menor. Los coeficientes de correlación entre la satisfacción general con la vida y la satisfacción con dominios específicos, revela, asimismo, el mayor peso de los factores personales, comparativamente con factores del contexto, en el bienestar subjetivo de los manizaleños. Aunque las valoraciones de cada espacio de vida difieren por el hecho obvio de la experiencia inmediata (como habitar en un barrio) o apenas imaginada (al emitir juicios sobre una categoría abstracta como el mundo), se advierten algunos problemas comunes en los distintos contextos analizados, relacionados frecuentemente con la injusticia distributiva y el mal gobierno, que son aplicables a la ciudad, al país y al mundo. Sin embargo, es necesario precisar una marcada diferencia en las percepciones frente al barrio y la ciudad, en comparación con los ámbitos menos inmediatos: mientras los primeros tienden a ser bien valorados, los problemas del país y del mundo suelen considerarse insuperables. Los relatos de los manizaleños frente al mundo y su relación con lo que ocurre en la ciudad y el país, quizá den cuenta de las ambigüedades y contradicciones del mundo contemporáneo, en donde constantemente se promulgan oportunidades de cambio social y éxito personal, al lado de un profundo sentimiento de incertidumbre frente al futuro. El análisis derivado de la Encuesta de Calidad de Vida en Manizales y de las entrevistas permite elucidar que, en términos generales, la vida en la ciudad es bien apreciada por sus habitantes. Ésta idea se respalda en la alta valoración de aspectos como el medioambiente, el paisaje y el tamaño de la ciudad (por ser una ciudad aún “abarcable”), la calidez de la gente y la calidad de la educación. Sin embargo, también se destaca la persistencia de problemas estructurales como el desempleo, la desigualdad y la inseguridad.


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Como señalan diversos estudios, aunque las condiciones sociales y culturales del contexto incidan en las percepciones relacionadas con el bienestar subjetivo, los factores de índole personal tienen un efecto decisivo. Al hacer un balance de la forma en que las distintas personas caracterizan su experiencia de bienestar, puede afirmarse, en el mismo sentido que lo han hecho algunos estudios sobre el tema, que éste tiene una naturaleza plurideterminada en la que convergen factores materiales, personales, afectivos y contextuales que permiten -o restringen- el acceso a lo que cada cual puede considerar una “buena vida”. En lo que respecta al análisis de la capacidad de agencia, se destacan dos tendencias. Por un lado, los ciudadanos consideran que acceder al bienestar está sujeto, en primer lugar, a las propias decisiones y acciones. En esta perspectiva, existe una alta valoración de la capacidad para procurarse propósitos valiosos en sus vidas, sin desconocer que existen restricciones. Por otro lado, frente a los problemas del entorno y al sufrimiento de otros, se generaliza una sensación de impotencia. Aunque son muy apreciables los sentimientos compasivos y la voluntad solidaria que manifiestan muchos de los entrevistados, ésta no parece canalizarse en procesos de acción colectiva –por ejemplo, por medio de la adscripción a organizaciones o grupos–, sino más bien en intenciones o en acciones improvisadas y contingentes.

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Reseña de libros Esta sección tiene como propósito reseñar libros y publicaciones sobre temas regionales o locales que son resultado de la investigación económica o de las ciencias sociales relacionadas. También se reseñarán libros destinados a un público más amplio que sean de interés para estas disciplinas. No se reseñarán libros de texto ni puramente ilustrativos. La transformación productiva 20 años después: Viejos problemas, nuevas oportunidades.58 Disponible en: http://www.eclac.cl/publicaciones/xml/7/33277/2008-117SES.32-Latransformacion-WEB_OK.pdf En este documento la CEPAL retoma su idea de 20 años atrás de alcanzar la transformación productiva de América Latina y el Caribe. En ese entonces, su propuesta buscaba un proceso integrado de desarrollo que privilegiara el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Por esa época, como ahora, la región enfrentaba importantes desafíos. No solo por sus enormes dificultades para crecer económicamente y promover simultáneamente la equidad social, sino también por las amplias reformas estructurales que se emprendieron y que estuvieron orientadas por lo que todos conocen como el Consenso de Washington. El objetivo de la propuesta, cuyo eje era la educación, estaba enmarcado en alcanzar la generación y propagación del progreso técnico, incrementar la productividad y enfocar las políticas públicas hacia un mayor nivel de apertura que permita diversificar y alcanzar el desarrollo productivo de las economías de la región. Sin embargo, una nueva estrategia de desarrollo debe tener en cuenta los importantes cambios que se han dado en las dos últimas décadas. El proceso de globalización ha acelerado y generado rápidos cambios estructurales que han alterado la economía mundial y han delimitado el poder de las naciones para transferírsela al poder corporativo y de la sociedad civil. Adicionalmente, como bien lo indica la CEPAL, han surgido nuevos actores, tanto por el lado de la oferta como de la demanda que han cambiado sensiblemente los equilibrios de la economía mundial. 58. Documento presentado en junio de 2008 en el Trigésimo segundo período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) realizado en la ciudad de Santo Domingo, Republica Dominicana.


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La entrada de poderosos actores como China, India o Brasil, han afectado tanto la oferta como la demanda de materias primas, manufacturas y otros tipos de bienes. Es por eso que las economías de la región han sido testigo de un aumento sin precedentes de la demanda de consumo de alto valor, sumado a una segmentación de los mercados que ha dado lugar a importantes nichos, una oferta casi infinita de mano de obra de bajo coste y avanzados procesos de investigación y desarrollo. En ese contexto, la CEPAL, en su trigésimo segundo período de sesiones realizado en la ciudad de Santo Domingo, Republica Dominicana en Junio de 2008, presentó para su análisis el documento que tituló “La transformación productiva 20 años después. Viejos problemas, nuevas oportunidades”. Su objetivo era analizar las oportunidades y desafíos que enfrenta la región en el nuevo contexto económico internacional, marcado por una mayor intensidad de las corrientes comerciales y la continua aceleración del progreso técnico. Todo esto enmarcado en un entorno donde se presentan y se consolidan nuevos paradigmas tecnológicos que afectan profundamente la dinámica competitiva de numerosos sectores. El documento introduce además nuevas metodologías de análisis que permiten establecer las oportunidades y limitaciones que se presentan en cada país de la región, según la base de sus recursos y capacidades acumuladas. Todo conservando la visión integrada de desarrollo, aunque en esta ocasión más enfocada desde lo económico e institucional. En el documento se propone una estrategia de mediano y largo plazo para potenciar una visión integrada del desarrollo de América Latina y el Caribe mediante la diversificación productiva y la innovación, así como las alianzas público-privadas y en donde se pueda conciliar el crecimiento con equidad y la educación sea el eje de esa transformación. La meta es avanzar, indican, en una transformación productiva mediante una adecuada institucionalidad y la combinación de políticas económicas y sociales que abarcan tres ejes esenciales que son: el progreso técnico, el empleo productivo y la acumulación de capital humano. Sin embargo, plantean, que el cambio técnico y la transformación productiva no son procesos espontáneos. En consecuencia, las políticas públicas son esenciales para desencadenar el proceso de innovación que permita desarrollar las capacidades productivas y tecnológicas locales que den inicio a procesos de escalamiento en las cadenas de valor.


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Por tal motivo, en opinión de la CEPAL y en el contexto actual, en América Latina y el Caribe se restringen ciertos espacios en algunos sectores productivos en los cuales la región no es competitiva – en especial en la industria manufacturera, mientras que aumenta la posibilidad de lograr importantes oportunidades de progreso técnico en otros sectores de mayor crecimiento del comercio mundial y mayor capacidad de creación de empleos – bienes primarios y los servicios. El documento consta de siete capítulos. Los dos primeros revisan los principales cambios ocurridos en la economía global así como el desempeño económico y exportador de América Latina y el Caribe en los últimos 25 años. Se consideran las principales transformaciones en la organización productiva y de los modelos de negocios de la economía, y se describen las nuevas tendencias a la masificación y estratificación de la demanda mundial. Con esta base, se analizan las oportunidades que se abren para la región nuevo contexto de acuerdo con las fortalezas de desempeño económico de la región. En el tercer capítulo, la CEPAL se centra en estudiar la dinámica tecnológica de la región y sus oportunidades para mejorar el desempeño de las empresas y de los productos exportados. Además, por un lado examina el impacto de la innovación empresarial sobre la productividad, los salarios y las exportaciones de la región y por el otro identifica los obstáculos para un mayor desarrollo de innovaciones de procesos y productos. Efectúa un interesante ejercicio para determinar la capacidad de la región para mejorar la inserción internacional de sus productos mediante la incorporación de calidad a sus exportaciones. Dado que la importancia de región en materia de productos agrícolas, el documento discuten algunas de las vías para mejorar el posicionamiento de la región en el mercado mundial de esos bienes, con especial énfasis en los mercados de los países desarrollados. El cuarto capítulo describe las oportunidades potenciales que genera la coevolución del cambio tecnológico y analiza como la región ha reaccionado y acompañado la difusión de estas tecnologías en el ámbito económico y social. Al respecto, describen los requerimientos para que el conjunto de la sociedad, el sistema económico, la infraestructura y la industria se adapten a los nuevos procesos y productos que se van gestando. Asimismo, analizan los esfuerzos que se requieren para crear un sistema capaz de incrementar y dirigir las actividades de investigación y desarrollo y los recursos humanos de modo de estimular la adaptación e incorporación de estas nuevas tecnologías. Se destaca igualmente, a partir de la reciente difusión de la biotecnología, las tendencias que se manifiestan en las estrategias de las empresas.


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El objetivo del quinto capítulo es analizar las oportunidades y desafíos de la heterogénea estructura productiva de la región. Se describen los procesos de aprendizaje y las capacidades tecnológicas en el sector agroindustrial, minero, manufacturero y de servicios necesarios para llevar a cabo una transformación productiva más dinámica. Se discuten las ventanas de oportunidad que se abren gracias a los nuevos paradigmas tecnológicos que permiten reducir costos, ampliar mercados y unificar tecnologías. Concluyen que aun se requiere de un gran esfuerzo tecnológico para cambiar el perfil de la estructura productiva de la región hacia actividades más promisorias en cuanto a generación y difusión de innovaciones. Luego, a partir del concepto introducido en el capítulo 2 sobre cadenas globales de valor, se analizan las oportunidades de escalamiento en cada uno de las cadenas globales de los cuatro sectores estudiados. Por otra parte, en el sexto capítulo se analizan las estrategias emprendidas por un grupo de países considerados exitosos y que han impulsado un proceso de convergencia de ingresos con los países más ricos del mundo. Ellos son Australia, España, Finlandia, Irlanda, Malasia, Nueva Zelanda, República de Corea, República Checa, Singapur y Suecia. A lo largo del capítulo la CEPAL concentra su análisis en el tipo de alianzas público-privadas de mediano y largo plazo que se formularon e implementaron para poner en marcha los procesos institucionales del sector público que permitieron impulsar la transformación productiva y la inserción internacional. Se destaca como hay cuatro ejes estratégicos para la inserción internacional que coincide en casi todos los países. Estos son la atracción de la inversión extranjera, la internacionalización de las empresas, la promoción de las exportaciones y la innovación. Por último, en el capítulo séptimo, la CEPAL reflexiona sobre el desempeño de la región, y si bien encuentra algunas luces en el desarrollo reciente de la región, también encuentra importantes sombras que le impiden concretar avances significativos en importantes aspectos estructurales. La región ha sacado provecho de las nuevas tendencias y los indicadores económicos y sociales han mejorado. Sin embargo, hoy como hace 20 años lo resaltaba la CEPAL, la inequidad en el acceso a diferentes activos sigue siendo una realidad innegable en la región.

JULIÁN GARCÍA C. Candidato a Ph.D. University of Sussex. UK


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Revista de revistas El propósito de esta sección es informar a los investigadores en ciencias sociales interesados en aspectos regionales y locales acerca de los artículos pertinentes publicados en fecha reciente en algunas de las más importantes revistas económicas y ciencias sociales relacionadas de Colombia ¤ Garza, Néstor y Tatiana Gutiérrez. 2009. El mercado de vivienda en Barranquilla.: una aproximación empírica a la cuestión de la elasticidad. Economía, gestión y desarrollo (8): 199-299. El artículo realiza una estimación mediante ecuaciones simultáneas del mercado de vivienda de Barranquilla, que requirió la construcción de una base de datos de 3.500 registros para el periodo 1995-2006. Los resultados indican que la demanda de vivienda tiene una elasticidad-precio unitaria y los precios de las viviendas dependen de manera directa del precio ofrecido en el pasado. ¤ Lotero, Jorge, Héctor M. Posada y Daniel Valderrama. 2009. La competitividad de los departamentos colombianos. Lecturas de Economía 71: 107-140. Se analiza el concepto y la medición económica de la competitividad regional desde la nueva y antigua teoría del comercio y la nueva geografía económica. Los resultados muestran que la competitividad carece de sentido cuando se aplica al mercado de bienes pero lo tiene si se consideran los mercados de factores. ¤ Alvis, Nelson, Luis Alvis y Robinson Castro. 2009. La inequidad regional en la financiación de la salud en Colombia, 2008. Lecturas de Economía 71: 169-188. El artículo muestra que la asignación de las transferencias de recursos para salud es ineficiente, bajo el supuesto de considerar el NBI un buen descriptor de la pobreza y se hace necesario revisar y replantear los criterios de asignación de estos recursos. ¤ Leibovich, José y Silvia Botello. 2008. Análisis de los cambios demográficos en los municipios cafeteros y su relación con los cambios en la caficultura colombiana (1993-2005). Ensayos sobre economía cafetera. 24: 67-88.


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El trabajo busca establecer un índice de escasez o abundancia de mano de obra en los municipios cafeteros, a partir de coeficientes fijos. Los resultados indican que en la cosecha de 1993 el 19% (109) del total de municipios que representaron 53% de la producción presentaron algún tipo de escasez relativa, situación que se agrava en 2005 cuando el 22% (122) del total de municipios con el 56% de la producción registraron esta característica. ¤ Barrientos M., Jorge. 2009. On the Consumer Behavior in Urban Colombia: The Case of Bogotá. Ensayos sobre política económica 27 (59): 85-99. El artículo estima curvas de Engel semiparamétricas para dos clases de bienes: alimentación y ropa y una de servicios: transporte público en Bogotá, a partir de la Encuesta de Calidad de Vida –ECV del DANE de 1997. Las curvas de Engel obtenidas fueron casi cuadráticas para alimentos y transporte y lineal para ropa. ¤ Bonilla M., Leonardo. 2009. Determinantes de las diferencias regionales en la distribución del ingreso en Colombia, un ejercicio de microdescomposición. Ensayos sobre política económica 27 (59): 100-156. El objeto del artículo es identificar algunos de los determinantes de las diferencias en la distribución del ingreso de las veintitrés principales ciudades de Colombia, con énfasis en la desigualdad del salario, el ingreso de los ocupados y el ingreso per capita de los hogares, para lo que se simula cómo sería la distribución de del ingreso de las ciudades consideradas si compartieran algunas de las características de Bogotá.


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Guía editorial para los colaboradores Los artículos enviados a Regiones deben ser inéditos y no deben estar siendo presentados simultáneamente para su publicación en otras revistas. Es importante indicar si es una versión más elaborada de un trabajo anterior publicado, junto con el lugar y fecha de su publicación. Dirección para envío de manuscritos Los manuscritos deberán ser enviados en medio electrónico a la siguiente dirección: crece@crece.org.co (asunto: Revista Regiones) o a jvallecilla@crece.org. co. En casos excepcionales se admitirán manuscritos impresos, en cuyo caso se remitirán dos (2) ejemplares a: Editor Revista Regiones, CRECE - Recinto del Pensamiento Kilómetro 11 Vía al Magdalena, Manizales, Colombia. No obstante, si el artículo es aprobado para publicación deberá enviarse una versión en medio electrónico. Hoja de presentación Se adjuntará una hoja de presentación separada del texto del artículo con el siguiente contenido. • Título completo del artículo • Nombre completo del (los) autor(es); afiliación institucional (si la hay); correo postal y electrónico. En el caso de varios autores, se especificará el interlocutor con la revista para efectos de edición e impresión • Resumen analítico en castellano y en inglés (abstract) del artículo que no exceda cada uno de 150 palabras • Al menos dos descriptores de la clasificación JEL (Journal of Economic Literature; www.aeaweb.org/jel/guide/jel.php) y tres palabras clave (key words) • Agradecimientos (si es del caso). Se sugiere comunicar en esta hoja si el artículo fue financiado total o parcialmente por alguna entidad o entidades y sus respectivos nombres.


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Formato y extensión de los manuscritos Los artículos deberán ser elaborados a doble espacio, tamaño 12, márgenes convencionales y se sugiere como tipo de letra Times New Roman, así como una extensión máxima de cincuenta páginas (cuadros y gráficas incluidas). El nombre del autor o autores no deberá(n) ser identificado(s) en parte alguna del artículo. Las ecuaciones o fórmulas deben ir centradas en la página y numeradas consecutivamente entre paréntesis a la izquierda. Los gráficos, diagramas e ilustraciones pueden ir insertos en el cuerpo principal del texto o al final y deben enviarse en archivos separados en Excel-Microsoft o en el programa original con los datos correspondientes. Se sugiere que las gráficas puedan ser leídas claramente en dos tintas. Fuentes de información Es política editorial que los datos utilizados en el análisis sean clara y precisamente documentados y estén disponibles por solicitud de cualquier investigador que desee replicar el análisis o por solicitud del evaluador. Si la información no es de dominio público y no puede ser suministrada el(los) autor(es) deben comunicarlo previamente. Referencias bibliográficas Las citas de autores deben seguir el siguiente modelo. 1. En el cuerpo principal del texto: Autor (año de edición), por ejemplo: McGreevy (1982); Geller (1970); O´Rourke and Williamson (2000). 2. En las referencias bibliográficas • Libros: Apellido, Nombre. Año. Título en cursiva. Lugar de edición: Editorial. Ejemplo: McGreevy, William P. 1982. Historia económica de Colombia 18451930. Bogotá: Tercer Mundo. • Libros publicados en edición electrónica. Igual a la anterior y después de la editorial se añade la página web y ruta de acceso.


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Ejemplo: Palomar, Joaquina., Nuria Lanzagorta y Jorge Hernández. 2004. Pobreza, recursos psicológicos y bienestar subjetivo. México: Universidad Iberoamericana. http://www.uia.mx/campus/publicaciones/IIDSES/pdf/investigacion/ idses3.pdf • Revistas: Apellido, Nombre. Año. Título del artículo (sin cursiva). Nombre de la revista (en cursiva), Volumen, (número): paginación del artículo. Ejemplo: Geller, Lucio. 1970. El crecimiento industrial argentino hasta 1914 y la teoría del bien primario exportable. El Trimestre Económico 37 (4): 763-811. • Documentos de trabajo (Working papers): Apellido, Nombre. Año. Título del documento (sin cursiva). Nombre de la serie del documento y número. [opcional] Lugar: editor. Ejemplo: O´Rourke, Kevin H. and Jeffrey G. Willliamson. 2000. When Did Globalization Begin? NBER Working Papers No. 7632. Cambridge, MA: NBER. • Paper (o ponencia) presentado en un seminario o reunión similar: Apellido, Nombre. Año. Título (sin cursiva). Paper presentado en nombre de la reunión seminario, foro, etc., fecha, ciudad, país. Ejemplo: Leyva, Sandra J. 2009. Estado Actual y Perspectivas de los Biocombustibles en Colombia. Ponencia presentada en el IV Simposio de Química Aplicada SIQUIA 2000, Universidad del Quindío, Armenia, Septiembre. • Tesis o disertación: Apellido, Nombre. Año. Título (sin cursiva). Nivel, Universidad. Lugar. Ejemplo: Murgueitio E., Carolina. 2001. La Federación de Cafeteros: la interrelación entre la organización y las instituciones. El caso de la tasa de cambio. Tesis Magister. Universidad de los Andes. Bogotá. • Web sites: Nombre de la entidad y lugar. Ejemplo: The Economist. London En algunos casos puede ser útil especificar la ruta de acceso y fecha: Economist.com/markets/indicators/displayhistory.cfm?story (consulta 20 de


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agosto 2008) Si requiere más explicaciones, puede escribir a jvallecilla@crece.org.co Evaluación El editor y un miembro del consejo editorial realizarán una evaluación preliminar de los manuscritos, con el fin de examinar si se ajustan a los temas de interés de la revista y si su calidad es adecuada. Una vez aprobado, el artículo seguirá el procedimiento de evaluación doblemente anónimo (double-blind refereeing process) por el que el autor desconoce el nombre del referee y éste desconoce el nombre del autor. El resultado de la evaluación tendrá cuatro posibilidades: 1) publicación sin cambios; 2) publicación con cambios (a juicio del autor); 3) publicable sólo si son efectuadas los cambios propuestos y 4) no apto para publicación. La evaluación será comunicada al autor no más de seis semanas después de recibir confirmación de su envío. Las reseñas de libros serán evaluadas sólo por el editor y/o un miembro del Consejo Editorial. Cesión de derechos de autor El(los) autor(es) deben ceder los derechos de autor a Regiones para efectos de reproducción y de difusión en índices, bases de datos y servicios especializados conexos.


Esta revista se imprimi贸 en septiembre de 2010 en Artes Gr谩ficas Tizan Ltda. Manizales - Caldas


Bienestar subjetivo y calidad de vida