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Año V.- Núm. 52- Octubre 2015

Contenido

PROMOTOR José Luis Cuendia, “Guendy”

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DIRECTOR Francisco Trinidad

Fotógrafo del mes de octubre: Mateo del Riego Morán...............................

COLABORADORES Eugenio R. Meco, Pepe Haro Castaño, Ma Bernarda Ballesteros, Carlos Flaqué Monllonch, Glyn Griffits, Ricardo González “Completu”, Salvatore Grillo, Javier Madroñero, Narciso del Río, Juanjo Gallardo, Monchu Calvo, Antonio Ramón Ferrera, Cristina Capracci, Gustavo Velázquez, Cora Coronel, Justín del Barrio, Arturo de las Liras, Juan José Alonso, Ilona Gogh, Jan Puerta, Albino Suárez, Gloria Soriano, Ildefonso Robledo, José Manuel Gonzalo, José Mª Ruilópez, Juan Depunto, Juan José Pascual, Viviana Genta, Nadima, Antonio Martínez, Ángeles Pereira Perera, Claudio Serrano.

Oda al otoño............................................................................................................

DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA José Luis Cuendia DIRECTORA DE COMUNICACIÓN Lola González

Francisco Trinidad

José Luis Cuendia, “Guendy”

Andrea,.............................................................................................................

Eugenio R. Meco

Amor y gastronomía.....................................................................................

El funeral de Nini...........................................................................................

Gloria Soriano

La Ruta del Alba.............................................................................................

Juan José Pascual

Repasando conocimientos............................................................................

Ricardo González “Completu”

La arriería en Caso.........................................................................................

Monchu Calvo

DISEÑO y MAQUETACIÓN Francisco Trinidad

Vida del Valle Varela.....................................................................................

www.moldeandolaluz.com

Expedición a Groenlandia (I)......................................................................

Reservados todos los derechos de reproducción total o parcial tanto del texto como de las imágenes. Las imágenes están protegidas por las leyes de copyright internacionales. Para cualquier consulta o sugerencia contacte con nuestro correo electrónico

Maylín - “Guendy” Daniel Kordan

La música del silencio...................................................................................

Nadima - Claudio Serrano

Ruta bandolera del Tempranillo.................................................................

Juan Depunto

Pepe Castro......................................................................................................

info@moldeandolaluz.com

Nuestra portada:

Luz y Tinta

José Luis Maylín

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Moldeando la Luz es miembro de la Royal Photographic Society

F.T.


Presentación La primavera, el otoño y la puntualidad…

José Luis Cuendia, “Guendy”

Luz y Tinta

El otro día me aconsejaba un amigo que sigue la revista que tuviésemos cuidado con lo que decimos en nuestras presentaciones, que a veces olvidamos que existe una ley mordaza y que hay que tener cuidado hasta con los chistes políticamente incorrectos. Por ejemplo, en España podemos reírnos del rey siempre y cuando hablemos de un rey ficticio, como el Rey León o el Rey Midas; eso sí, lo chistes de religión están permitidos, excepto si son sobre la fe católica. Porque con Mahoma no hay huevos… En el próximo número como ya tendremos encima del turrón y los mazapanes y estaremos todos estupendos de cara a unas nuevas elecciones, comentaremos algo sobre aquellos que quisieron construir una torre para escalar el cielo de la democracia perfecta, y en el pecado llevaron la penitencia porque un día cada uno salió con un proyecto político distinto, así que en la próximas elecciones no podremos quejarnos de opciones políticas que votar. Mientras, un mes más, y lo que aquí importa es la fotografía, estamos ante unas estaciones hermosas para fotografiar, y digo bien, unas estaciones, pues mientras aquí disfrutamos de la paleta de colores del otoño, nuestros amigos del otro lado del charco disfrutan del despertar de los colores de la primavera. Así que coge la bolsa con todos tus bártulos fotográficos y sal a buscar esos espacios impactantes visualmente; como siempre. busca los lugares adecuados en el momento óptimo, pues damos por hecho que tienes los conocimiento necesarios para conseguir fotos espectaculares. En la medida de lo posible y una vez que vayas dominando las diferentes técnicas, no abuses de las normas, aléjate de las normas estrictas y aprende a complementar tu creatividad con lo que te ofrecerán los diferentes paisajes. Recuerda que a veces menos es más, así que centra tu atención en lo realmente importante. Utiliza el monocromo de vez en cuando, descubre las situaciones propicias para usar el blanco y negro y da un giro a tu localización favorita. En multitud de ocasiones será necesario ir varias veces al mismo lugar para conseguir la foto definitiva, es necesario volver y usar los conocimientos adquiridos anteriormente. Así que, queridos amigos moldeadores, aprovechad al máximo la atmosfera y el carácter de vuestras fotos en estas dos fotogénicas estaciones: Primavera y Otoño, en el campo, ciudad y mar, sin olvidarse de la gente, ya que después de todo somos gente, con nuestras alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, viviendo cambios sociales muy importantes, pues también hay que saber plasmar estos tiempos que nos está toca vivir. A la hora de enviar esta presentación al director de la revista, pienso y deseo insistentemente en que la revista este mes sea puntual, pues el mes pasado también hicimos gala nosotros de la virtud inequívocamente española de la impuntualidad, aunque como hemos dicho en su momento fue por motivos ajenos a nuestra voluntad. Pero ya sabéis, amigos, que en ningún país se utiliza como elogio la frase “!Qué puntual”¡ ¿Quién no ha dicho alguna vez “voy de camino”, cuando aún no ha salido de casa? Y es que en nuestro país el que es puntual es un tonto, porque le toca esperar. Es una cuestión histórica unida siempre a la idiosincrasia española. España llegó tarde a la revolución industrial, Franco llegó tarde a Hendaya, nuestra realeza lleva el retraso intrínseco y la democracia llegó a nuestro país… cuando llegue. No diré que hemos sido impuntuales por patriotas, simplemente que en la medida en que nos sea posible seguiremos acudiendo a la cita que nos planteamos, todos los días 5 de cada mes, más o menos. A ver si este mes podéis elogiarnos diciendo ¡qué puntual!

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Fotógrafo del mes de Octubre

Conocí a Mateo del Riego Morán en el encuentro organizado por Moldeando la luz entre Oviedo, Langreo y el Parque de Redes en la primavera de 2014. Llegó el primer día a Oviedo con un artilugio de su invención que ayudaba a mejorar la iluminación en las fotos hechas con poca luz ambiente. Todos los presentes celebraron aquella propuesta que no sé si alguno más habrá adoptado en sus fotos nocturnas pero que nos revelaron a un fotógrafo inquieto y curioso. Y efectivamente los dos rasgos esenciales que pueden apreciarse en la fotografía de Mateo del Riego son la curiosidad y la inquietud. La curiosidad es evidente a poco que uno se adentre en el carrusel de sus fotos en Moldeando. Lo mismo coloca fotos de edificios que de parques, paisajes, animales, escenas domésticas… Todo lo que aparece ante sus ojos pasa a ser motivo fotográfico de su cámara. Y la inquietud no es menos evidente. Ante su cámara desfilan distintos escenarios y paisajes a través de los cuales conocemos todas sus vivencias diarias y sus muchos viajes; unos, dentro de Asturias: Lastres, Colunga. Mieres, Torazo, Laviana, Soto de Agues, Candás, Ribadesella…, combinando en todo caso mar y montaña, ciudad y campo, y fijándose en todos los detalles, desde paisajes abiertos a minuciosas macros de insectos; y otros a lo largo de la zona norte española: Orense, Allariz, León… Claro que su escenario más frecuentado, y el que más fotos aporta a Moldeando, es Gijón, ciudad en la que vive, y dentro de Gijón, el Parque de Isabel la Católica al que vuelve una y otra vez y del que ya lo ha fotografiado todo en todas las estaciones: su flora y su fauna, sus rincones, sus estatuas, su estanque… y no es que este parque sea precisamente un parque espectacular, pero es un parque vivo y la vida ya se sabe que propicia cambios, movimiento, actividad que se traslada a las fotos de Mateo como un testimonio de su entorno. Si no estuviera seguro de que sería un brindis al sol, propondría que

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Mateo del Riego Morán

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el ayuntamiento de Gijón nombrara a Mateo del Riego cronista oficial del Parque de Isabel la Católica. En fin, Mateo del Riego Morán es un hombre que ha hecho de la fotografía su vida en estos últimos años, ya jubilado, andando al ritmo tranquilo del ritmo cotidiano que ve pasar a través de su visor. Como puede desprenderse de lo que ya se ha dicho, es un fotógrafo atento, voluntarioso, pendiente de todos los detalles, que se mueve lo mismo por las aceras de la ciudad que por los caminos de los montes o la orilla del mar. Pero esta atención y su aparente tranquilidad son a la vez constancia y perseverancia, lo que le lleva a ser uno de los fotógrafos más activos de nuestra red social. En el tiempo que lleva en la misma nos ha dejado ya más de 1.300 fotos, que son muchas subidas a un ritmo de tres diarias. Pero es que, a la vez, y vuelvo al momento con que iniciaba esta semblanza, en aquel encuentro de Moldeando tuve ocasión de tener una larga charla con Mateo —que por desgracia no se ha repetido, aunque no es descartable en fechas próximas— y a través de ella pude conocer que Mateo del Riego Morán es un hombre afable, buen conversador, el compañero ideal para tomar una cañas o unos vinos, o quizás, mejor, una botella de sidra, para hablar de lo divino o de lo humano, de la vida en general y los rincones que fotografía y de fotografía en particular, buscándole las aristas a visores y sensores y siendo conscientes de que, con fotógrafos como Mateo del Riego, inquietos y constantes que enriquecen la vida con sus fotos y están siempre atentos a lo que los demás hacen para aprender, es como se construye Moldeando la luz, una red social que se nutre de las aportaciones de los grandes maestros y de quienes, como Mateo, se fijan en todos los detalles para ir aprendiendo y enriqueciéndose a diario.

Francisco Trinidad

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Ante su cámara desfilan distintos escenarios y paisajes a través de los cuales conocemos todas sus vivencias diarias y sus muchos viajes; unos, dentro de Asturias: Lastres, Colunga. Mieres, Torazo, Laviana, Soto de Agues, Candás, Ribadesella…, combinando en todo caso mar y montaña, ciudad y campo

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Oda al otoño por Pablo Neruda

Ay cuanto tiempo tierra sin otoño, cómo pudo vivirse! Ah qué opresiva náyade la primavera con sus escandalosos pezones mostrándolos en todos los árboles del mundo, y luego el verano, trigo, trigo, intermitentes grillos, cigarras, sudor desenfrenado. Entonces el aire trae por la mañana un vapor de planeta. Desde otra estrella caen gotas de plata. Se respira el cambio

de fronteras, de la humedad al viento, del viento a las raíces. Algo sordo, profundo, trabaja bajo la tierra almacenando sueños. La energía se ovilla, la cinta de las fecundaciones enrolla sus anillos. Modesto es el otoño como los leñadores. Cuesta mucho sacar todas las hojas de todos los árboles de todos los países. La primavera las cosió volando y ahora hay que dejarlas caer como si fueran pájaros amarillos. No es fácil. Hace falta tiempo. Hay que correr por todos los caminos, hablar idiomas,

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Fotos: “Guendy”

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sueco, portugués, hablar en lengua roja, en lengua verde. Hay que saber callar en todos los idiomas y en todas partes, siempre dejar caer, caer, dejar caer, caer, las hojas. Difícil es ser otoño, fácil ser primavera. Encender todo lo que nació para ser encendido. Pero apagar el mundo deslizándolo como si fuera un aro de cosas amarillas, hasta fundir olores, luz, raíces, subir vino a las uvas, acunar con paciencia la irregular moneda del árbol en la altura derramándola luego en desinteresadas calles desiertas, es profesión de manos varoniles. Por eso, otoño, camarada alfarero, constructor de planetas, electricista, preservador de trigo, te doy mi mano de hombre a hombre y te pido me invites a salir a caballo, a trabajar contigo. Siempre quise ser aprendiz de otoño, ser pariente pequeño del laborioso mecánico de altura, galopar por la tierra


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repartiendo oro, inútil oro. Pero, mañana, otoño, te ayudaré a que cobren hojas de oro los pobres del camino. Otoño, buen jinete, galopemos, antes que nos ataje el negro invierno. Es duro nuestro largo trabajo. Vamos a preparar la tierra y a enseñarla

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a ser madre, a guardar las semillas que en su vientre van a dormir cuidadas por dos jinetes rojos que corren por el mundo: el aprendiz de otoño y el otoño. Así de las raíces oscuras y escondidas podrán salir bailando la fragancia y el velo verde de la primavera. [Fotos realiazadas por “Guendy” en el Faedo de Ciñera, León]


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Andrea, la timidez hecha belleza Un día debería de escribir sobre mis relaciones con las mamás de mis modelos; no por nada en especial, simplemente por la cantidad de anécdotas que me han ido deparando nuestros agradables y fructíferos encuentros. En la mayoría de las ocasiones las mamás de mis modelos por pasiva o activa, de alguna manera están presentes, unas veces son las modelos las que se ponen en contacto conmigo, otras veces soy yo, otras son las mamás y en ocasiones los tres por diferentes conductos. A Andrea la conocía de los desfiles de pasarela que se realizan por estas zonas de Cádiz, donde desfilan luciendo modelos y representando a determinadas tiendas de ropa de moda. Curiosamente su madre, como buena protectora, y es que en estos inicios del mundo del glamour fotográfico siguen de cerca a sus pequeñas, pues de todo hay en la viña del Señor, y no es para menos, yo lo comprendo perfectamente. Pues bien, fue su madre quien se puso en contacto conmigo para que le hiciera un book fotográfico a su hija. No hacía mucho que había hablado con Celia que es como se llama la mamá de Andrea, la modelo de mi presente trabajo, cuando una tarde mi mujer Paqui y yo nos fuimos a dar un paseo, y como de costumbre nos acompaña siempre algunas de mis cámaras, y coincidió que pasamos cerca de un lugar donde se estaba produciendo un desfile de modelos. Inmediatamente me di cuenta de ella, de Andrea, pues hace tiempo que seguía su trayectoria de modelo, y es más, la tenía agregada en mi Facebook. Consciente de la petición de su madre, invité a Andrea a que se parara frente a mi cámara; una vez terminado el desfile me acerqué a ella y la invité a que posara para mi, lo hizo sin mediar palabra, quizás un poco sorprendida… Le di las gracias y me fui en busca de mi esposa; fue cuando una señora se acercó a mi y me preguntó para qué eran las fotos que le había hecho a la chica, si eran para mi, o eran para publicar en algún sitio, pues en la comunión entre hija y madre, Andrea le había dicho a su madre que un fotógrafo le había estado tomando fotos después del desfile. Celia, la mamá, no me había reconocido a mi, pero yo si a ella, así que le dije ¿Tu eres Celia y tu hija es Andrea?, se quedó mirándome fijamente a los ojos y me dijo… Eres Eugenio, el fotógrafo. Pues claro que si Celia. Lo dicho, las madres de

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por Eugenio R. Meco

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mis modelos da para escribir tantas anécdotas como modelos han pasado por mis cámaras, y es de agradecer, siempre ha sido positivo hasta ahora, y es de reconocer y comprender, pues me remito a lo dicho anteriormente, en este mundo de la fotografía del glamour las mamás quieren que sus hijas triunfen y actúan con un extraordinario don protector sobre ellas, no es para menos. A la semana siguiente hicimos nuestra primera sesión de fotos y ambas partes quedamos muy satisfechos. Si algo debiera de destacar sobre Andrea es su timidez ante las cámaras. Es evidente que la timidez es una emoción que afecta en la manera en cómo se siente y se comporta una persona ante la cámara, además puede generar incomodidad si el fotógrafo no es capaz de derrotar su nerviosismo o inseguridad, creo que en esta ocasión lo hemos logrado, y que hemos conseguido sacar partido a su timidez en forma de belleza. La Enciclopedia Británica dice: “el retrato es una vocación de ciertos aspectos de un ser humano particular, visto por otro, de lo que inmediatamente se piensa que puede ser sujeto”. Según determinados valores se deslizan en los retratos silenciando todos los sentidos adicionales con los que se han ido impregnado, ahora, y en épocas ya pasadas. La definición del retrato también se aparta de la idea de la modelo fiel para acercarse a la de conjunto de signos donde cada uno, sea fotógrafo o espectador, reconstruye a su gusto la imagen de una persona apenas determinada y al cabo de un rato, o un instante, poder aflorar nuestros recuerdos vividos. Os dejo, pues, con los de esta bella joven llamada Andrea, donde la timidez ha sido un plus.

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Foto: El Marmit贸n

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Amor y gastronomía Nunca he creído en los efectos afrodisíacos de la comida. Y eso que soy un poco cocinillas y me gusta experimentar en los fogones, creando y armonizando todo tipo de sabores. A veces suena la flauta y anoto la receta para repetirla; y a veces sale algo extraño, de sabor incestuoso, que pasa inmediatamente al olvido. Es el riesgo de hacerlo en soledad, pero a su vez la ventaja pues no tengo que dar explicaciones a nadie. Lo que sí tengo claro es lo que decía al principio, que no hay razón para creer en los efectos estimulantes de algunos sabores y algunos productos. Creo yo que lo mismo afectan a mi libido unas ostras que unos langostinos o unas croquetas de esas que venden en el súper congeladas y que algunas noches me acompañan en mi aburrida cena de solterón. Claro que en mi relación con Sandra, y sobre todo tras las tres primeras veces, llegué a dudarlo y, debo confesarlo, experimenté en mi cocina alguna receta con el secreto anhelo de que despertara su interés sexual, que no había sido poco en ocasiones precedentes. Conocí a Laura una de las muchas mañanas aburridas que paso tras mi mesa de funcionario, sin nada de interés que relatar al término de la jornada, salvo la evolución de algún expediente atrasado o el paso de las horas, implacable en su lentitud y rutinario suceder. Llegó tímida y azorada, como todos los que se ven envueltos en el desconcierto burocrático de una herencia. La mandé sentarse y la miré con una sonrisa que quiso ser tranquilizadora, mientras comencé a mirar los papeles que me traía. Le dije que todo estaba bien, que sería rápido el trámite, pero que tenía que volver para aportar un certificado de defunción que le faltaba. Quedó en traérmelo al día siguiente y se levantó ya más sosegada, dándome las gracias. Me fijé cuando salía de la sala en su fular de tonos verdosos y tostados. Tendría unos cuarenta años, supuse, y acababa de enviudar.

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por F. T.

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Foto: Lucinda

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Al día siguiente volvió con el certificado que le faltaba y su actitud era muy otra a la de la primera vez. Entró sonriente, confiada, con aplomo, haciendo volar el fular de tonos tostados y verdosos. Le expliqué cómo evolucionaría su expediente a partir de entonces y le pedí su número de teléfono, por si surgía alguna duda en la tramitación posterior. Volvió a darme las gracias y salió. Mi sorpresa fue grande cuando, diez minutos más tarde, me la encontré en la barra de la cafetería en que tomo mi café de media mañana todos los días. Sin pensarlo, me acerqué a ella y comenzamos charlar. Fue una conversación fluida, como de dos personas que se conocieran desde hace tiempo, picando en un tema y otro, saltando de los recuerdos a las previsiones y, casi sin darnos cuenta, a las confidencias. Cuando ya estaba a punto de irme, bien agotado mi tiempo de descanso, salió el tema de la cocina y, apurando las posibilidades de que mi jefe contabilizara mi ausencia, me zambullí en él de manera decidida. A ella, según me dijo, le gustaba comer, pero no experimentaba en la cocina, tirando siempre del mismo repertorio, generalmente de cocina tradicional; como mucho, arriesgaba con una merluza a la sidra, unos rollitos de palometa con tartar de tomate o un pollo al horno. Cuando salía a comer a los restaurantes, entonces, sí, me decía, se zambullía en todas las posibilidades de la moderna gastronomía. Yo no voy mucho a restaurantes de estrellas michelín y similares de quitar el hipo a la tarjeta —un funcionario de mi nivel no puede aguantar ciertos tirones del presupuesto, aunque viva solo como yo—, por eso, le decía, experimento en mi propia cocina y cuando ella me hablaba de su tradicional merluza a la cazuela yo le mencionaba mi merluza al limón en salsa de espinacas enriquecida con aroma de hinojo y cebollino o la ensalada de foie con vieiras y frutos del bosque y otras delicias que se me iban ocurriendo y que a ambos nos despertaron los jugos gástricos. Cuando el reloj me indicó que sobrepasaba con mucho el tiempo que tenía concedido, me levanté casi bruscamente, la miré a los ojos y sin pensarlo dos veces, se lo dije: —El día que quieras te invito a comer en mi casa. Ella me sonrió, dejó que en su ojos bailase la sorpresa durante un segundo y se levantó, sin decir nada, para despedirme con un beso de compromiso. Al día siguiente la llamé. Fue un impulso quizás sin sentido. Llevaba horas recordándola, pensando en sus ojos, en el tono de su voz, en los platos que habíamos mencionado la mañana


anterior y en las posibilidades de mi nevera. En ningún momento, sin embargo, se me ocurrió pensar en aventuras eróticas. Pero en un instante dado, sin pensarlo dos veces, cogí el expediente, busqué su número de teléfono y lo marqué en mi móvil. Al otro lado me contestó Sandra, con voz desapacible, como si acabara de despertarse, pero totalmente afable. No lo dudó cuando la invité a comer, así que quedamos a las tres y cuarto en la cafetería de enfrente de mi casa. Yo había cocinado la tarde anterior unas pochas con almejas que no habían

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Foto: El Marmitón

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quedado mal y que acompañamos con un Tomás Postigo, un vino de la Ribera del Duero con cuerpo y aroma que nos sirvió para darle alas a la conversación. Cerramos nuestra comida con un increíble queso de La Peral que me habían regalado unos amigos asturianos unos días antes y un té inglés que siempre resulta grato. Me serví unos dedos de Cardhu, que ella no quiso compartir, y cuando le dí el segundo trago, noté en sus ojos esa inequívoca sensación de vértigo que nunca falla antes de un beso. Así que fue inevitable: mis labios en los suyos, y luego en el lóbulo de su oreja, en su cuello, en su hombro, mientras mis dedos tentaban el sueño de sus pezones y el desvanecimiento de su pubis. Ya en la cama, mientras mi sexo la buscaba y se abrían de par en par las puertas del ensueño, sentí que ella respondía como una flor silvestre al estímulo del viento mientras yo soplaba sus pétalos y ella se abría y se cerraba como una corola en primavera. Cuando se fue, me quedé apurando el resto del Cardhu que quedaba en mi copa y suspirando por la próxima cita, que habíamos fijado atropelladamente para el miércoles de la semana siguiente. Fueron desde entonces siete días de espera, re-

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Foto: El Marmitón

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pasando una y mil veces los momentos pasados, tanto en la mesa como en la cama, y pensando sobre todo en lo que podría suceder en la siguiente ocasión. Como supuse que lo que nos había llevado a la cama era la previa sesión gastronómica, tanto lo que habíamos hablado como lo que en realidad habíamos comido, aquellas pochas con almejas que ella dijo que le encantaban —y no me extraña, modestia aparte—, me tomé en serio el capítulo culinario y pedí el día libre. Como sabía que le iba la comida tradicional, me traje del mercado una pierna de cordero que cociné al horno con salsa de menta y preparé una espectacular entrada de jamón con espárragos al jerez. Como postre, un brownie de almendra y leche condensada. Me pareció sin embargo que el menú quedaba muy convencional, así que abrí una botella de Château Montrose que guardaba para una ocasión como ésta, consciente de que el vino francés nunca falla. Pero aquel día falló todo. Sandra mordisqueó el jamón con desgana, comió un par de trocitos del cordero sin mayor emoción y apartó el brownie pretextando que no estaba para dulces. Mientras tanto, su conversación fue muy apagada, casi inclemente, como si le costase articular palabra. Creo que el vocablo que más veces pronunció fue el “no” con que iba rechazando todas mis propuestas, hasta la del vino, que apenas probó a pesar de mi insistencia, mientras yo veía cómo se desvanecían mis posibilidades de disfrutar en la cama lo que se me negaba en la mesa. Finalmente, como me temía, se despidió con más pena que gloria, dejó que su fular tremolara al viento un minuto, mientras doblaba la esquina en pos del autobús que dijo se le escapaba,y me dejó no diré que con un palmo de narices, como


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aseguran los frustrados, pero sí con la sensación de que comenzaba a resquebrajarse un mundo en el que había puesto, quizás, demasiadas ilusiones. Aún así, a la semana siguiente, cuando ya daba por perdidas todas mis esperanzas, fue ella la que me llamó y, después de escasas justificaciones —y digo escasas porque me hubiera gustado que sus palabras se acercaran más a mi desazón—, me preguntó cuándo podríamos comer otra vez. Lógicamente, y aunque me hubiera gustado hacerme de rogar, nos citamos para el día siguiente. Aquella tarde pensé en todas las posibilidades que ofrecía mi despensa y tras rechazar por si acaso y una tras otra todas las opciones de la nouvelle cuisine, preparé una fabada tan contundente como olorosa. Le tengo un especial aprecio a la fabada, que no tiene mayor secreto que un buen producto —buenas fabes, buen chorizo y morcilla asturiana— y mucho tiempo. Una guisandera asturiana me dijo una vez que a ella la fabada le llevaba unas cinco horas de lento hervir. Así que desde entonces me aplico el cuento y le dedico una tarde entera, quitándole la espuma cada media hora y desgrasando cada poco, mientras me siento pacientemente en la cocina leyendo una novela. Para la ocasión, y buscándole todas las posibilidades, elegí un viejo folletón de Francisco de Sales Mayo, de 1867, en el que se narraban los amores prohibidos de una cocinera de su Majestad con un carmelita descalzo que le hizo degustar todas las posibilidades del sexo sin tapujos. Comimos la fabada —creo que ella con fruición—, degustamos el vino y apuramos todas las posibilidades de una conversación distendida hasta que interrumpimos la sobremesa bruscamente con un beso traidor al que ella respondió como si lo esperase y pasamos la tarde en la cama arrancándole suspiros a nuestra desnudez hasta que allá sobre las ocho de la tarde, cuando la oscuridad comenzaba a desflecar las persianas, ella dijo que tenía hambre y preparé un sándwich de rosbif a la mostaza que compartimos con el vino que nos había sobrado de la fabada. Volvimos a la cama, volvimos al juego del amor y sentí que sus muslos me invitaban a un galope tierno y sus senos a sumergirme de lleno en la floresta primaveral de su entrepierna. En un respiro de nuestro raudal de caricias y suspiros, y mientras yo comenzaba a pensar en qué cocinaría para cenar, ella se levantó, leve y ausente, y comenzó a vestirse. Por más que insistí en que se quedara para redondear aquella noche que yo había comenzado a soñar como una prolongación de aquella tarde incansable, ella se fue. Me dejó como despedida un beso y una sonrisa ausente. Tres días esperé que me llamara. Tres días soñé con ella y con su aliento en mi cuello. Y al cuarto la llamé y volvimos a quedar para comer y me embarqué de nuevo en una indagación insomne de recetas que, además de despertarnos sensaciones en el paladar y en las papilas gustativas, nos llevaran en volandas a la cama, quizás, como dijo el poeta, cual dos palomas que se abrocharan en fugitiva cópula. Preparé por fin un salmón salvaje con piña al albariño. Sé que el salmón es muy graso, que puede dejar en el paladar sensación de pesadez, por eso lo hago al vapor con piña, para que absorba la grasa y lo deje suave y jugoso. Para terminar y proporcionarle la adecuada textura, le doy un toque de horno, a última hora. Pero aquella vez no hubo última hora. Por más que miré el reloj, por más que espié la calle esperando que ella apareciera en cualquier momento, por más que me asomé una y mil veces al móvil por si me anunciaba algún retraso, el tiempo fue pasando y pasando. Abrí una botella de vino y comencé a beber, copa a copa, aburrido y por hacer algo, hasta que allá a las cuatro y media de la tarde me llegó un whatsapp suyo, escueto y fulminante: “hoy no puedo lo siento”. Apagué el móvil para no llamar y decirle lo que pensaba en aquellos momentos, apuré la botella de vino y mientras me sentaba en el sofá, entre los vapores del alcohol y la rabia desbocada, me dije que la próxima vez me dejaría de monsergas y experimentos culinarios y le prepararía unas lentejas con chorizo. Sin más.

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El funeral de Nini Junto a la tarjeta Visa Oro Gold, llevaba otra azul, la de la de Santamortaja. A eso lo llamaba “Con la Muerte en los Talones”, un decir que convirtió en coletilla como si se tratara de un “Gracias a Dios”. La Visa Oro Gold nunca la había utilizado. Después de mucho insistir en el Banco consiguió que se la concedieran, aunque sin crédito. Le bastaba con acariciar su plástico para sentirse dentro de la lista Forbes de grandes fortunas. La tarjeta azul le unía a Maximiliano Emperador, de quien se decía que en sus últimos días viajaba con el ataúd. Esa coincidencia del carácter, el estar prevenido, le llenaba de orgullo. No obstante, también era consciente de las diferencias. De momento para Felipe, la muerte que siempre iba al lado, no estaba ni lejos ni cerca. Esto tenía que ver con el Principio de la Relatividad al que dedicó su vida estudiantil. Ocho años pasó en la Facultad de Físicas. Aunque no obtuvo el título, extrajo unas cuantas enseñanzas que recopiló en una especie de breviario. Saber que los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador, le parecía de mucha utilidad. La tarjeta de la Santamortaja era la llave para un funeral de diseño. La idea le embistió una mañana que, con movimiento de observador, abrió la ventana dispuesto a relativizar el tiempo y el espacio. Un torbellino vació el cuarto de gases carbónicos de la noche y lo inundó de sol y aire fresco. Entonces sintió un placer de muerte, como si aquel deleite fuera cosa de su pernera, que era su experiencia más próxima del más allá. En una confusión de bing bang tuvo la certeza de que era un día bonito para morir. Para su funeral quería un cielo parecido. Fue entonces cuando empezó a organizarlo todo. A él no le pasaría como a Ubaldo, que hubo que enterrarlo una tarde que reventaron las nubes y las calles eran ríos. Pero de Ubaldo, con esa disfunción que tenía entre la línea del universo y la masa en reposo (conceptos definidos en el breviario), no se podía esperar otra cosa. Era algo genético. Sin duda, hacía un día magnífico. Felipe se apartó de la ventana. Se puso la gorra roja que solo se quitaba para dormir, y bajó a desayunar. Después se encerró en su cuarto, y dio orden a su madre que nadie le molestara. Iba a concentrarse en su futuro. La madre entendió que por fin había decidido buscar trabajo. Al otro lado del teléfono discurría una grabación. Si su llamada es por un seguro de salud, pulse uno, si es por seguro de hogar pulse dos. Por fin marcó el nueve, que era el asignado al seguro de decesos. Hubo más opciones, más esperas. Habían pasado quince minutos cuando por fin escuchó una voz joven de mujer, que al principio confundió con una muñeca mecánica.

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por Gloria Soriano

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—Le habla Mónica González. ¿Puede decirme su nombre para referirme a usted? —Felipe, Felipe Santibañez, alias Nini. — ¿En qué puedo ayudarle, señor Felipe? —Quiero asegurarme el funeral. Si en las respuestas falta la coletilla Con La Muerte en Los Talones, es porque la acuñó después de tener las dos tarjetas. En ese momento solo disponía de Visa. — ¿Qué edad tiene?—preguntó Mónica. —Veintinueve. —Veamos. Por un precio de ganga queda cubierto su enterramiento o incineración, además de… —No, no — interrumpió Felipe— incineración, no. Me gustaría un entierro en un día de sol. —Señor, el tiempo no se lo aseguramos. — ¡Ni yo lo pretendo! El tiempo será cosa mía. —Le advierto que los suicidios no están cubiertos. La respuesta le descolocó. ¡Cómo podría haber deducido tal cosa! Se propuso sacarla del error. —No es mi intención inmolarme. Piense que los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador. —Señor Felipe, no le entiendo. —Trataré de explicárselo de otra manera, señoritaaa… Mónica. Alargó la “ta” y creó suspense para darse tiempo a encontrar el nombre en una libreta que había decorado con un encabezamiento gótico. Entre dos gárgolas de tinta negra, simples quimeras de las que no vomitan agua, había escrito en mayúsculas “mi funeral”. A un lado, un diablillo burlón. Al otro, el pájaro horus, una especie de cuervo con toca, tal como lo había visto en unas fotos de Nôtre-Dame. Tras escuchar sus fantasías, Mónica le leyó un resumen de cláusulas que tenía delante, para convencerle de que su petición no se contemplaba. Ante la insistencia de Felipe, prometió consultar con sus superiores. Tal vez era posible, como él decía, pactar condiciones especiales. Ella apenas llevaba quince días en la empresa. Quedaron en hablar al día siguiente. Las cosas van por buen camino, pensó al colgar. Antes de la siguiente llamada tenía que hacer cierto trabajo de campo. O de camposanto. El cementerio de Cortadillo no quedaba demasiado lejos de su urbanización. Echaría un vistazo. Cambió la gorra roja por la negra, y se descubrió el cogote. Como no tenía gafas de duelo, la visera le serviría para darse sombra a los ojos. A su madre le dijo que andaba a la zaga de unas entrevistas, que de momento tampoco podía contarle más, para no chafarlo. La mujer tenía tendencia a celebrar los éxitos por anticipado, y Felipe no dejaba de reprocharle que eso había malogrado su carrera, la que le señaló el destino. Su idea había sido estudiar Filosofía, pero al matricularse solo se fijó en la Fi. Alguien le dijo que se parecían bastante y se quedó. No, no había sido un error. Los renglones torcidos también llenaban sus cuadernos de notas. Fuera como fuese, a la madre el cambio de gorra le pareció un buen augurio. Entró por la primera puerta abierta en la tapia que recorría la avenida del cementerio, y le llegó un olor a garbanzos como un olor a vida. La guardesa que regaba las flores enmarcadas entre restos de sepulturas, le sacó de su


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jardín y le recondujo hasta la entrada principal, donde unos albañiles reparaban la acera y construían un arriate. Pasó entre el polvo y el olor a yeso fresco casi sin respirar, hasta que notó el aroma de los cipreses. Se quedó boquiabierto ante los panteones de ilustrísimos y excelentísimos, marqueses y duques, ingenieros de minas y abogados de los años mil ochocientos. Mónica solo le había hablado de nichos y urnas. Acababa de descubrir que los panteones se adaptaban mucho mejor a su persona. Varios tenían el cartel de disponible y las puertas abiertas, por las que se adentró en sus grandes salas. Allí había espacio suficiente para montar discotecas, quioscos de música, bares de copas… Quedaría genial con luces de colores. Los nichos, sin embargo, le parecieron terriblemente aburridos. Se detuvo a mirar las leyendas en uno de los pabellones. Manuel González Torres voló a los tres años. Francisco Roca del Valle subió al cielo al año de nacer. La sobriedad de la pared era tal que ahogaba las risas de los infantes. Una vez más, se dijo indignado, queda patente que las imaginaciones planas, desconocen que el espacio-tiempo relativista tiene cuatro dimensiones (frase del breviario que figura en cuarto lugar por pura cuestión nemotécnica). Le reconfortó descubrir un sepulcro suspendido en el aire por dos cadenas, que unos ángeles sujetaban de los extremos. Sin duda aquel hombre era un iniciado en la Teoría de la Relatividad. Quizá debería invitarle a sus pompas. Regresó a casa con una idea para las honras fúnebres mucho más nítida. Lo mejor sería que le envolvieran en un sudario anticorrupción con garantía de seis meses. No necesitaba más tiempo. En ese periodo habría algún amanecer con sol, el gran ausente cuando Ubaldo y su disfunción se convirtieron en masa en reposo. Habría que estar atento a las predicciones meteorológicas. Mónica podía encargarse. Se imaginó con su traje blanco a hombros de sus amigos. La procesión por el cementerio. Los pasillos alegres. Luces y sombras. El crepúsculo. Victorioso. Envidiado por los muertos. Halagado por los vivos. Aclamado y respetado como un emperador en su palanquín. Si, un día de gloria. Una reflexión sobre la curvatura del espacio-tiempo como campo gravitatorio le llenó de dudas. ¿Debería ir acompañado de la Visa? La frontera entre los mundos era tan frágil…

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La Ruta del Alba El concejo de Sobrescobio –en asturiano Sobrescobiu– con una extensión de 69,44 km², está situado en la zona montañosa suroriental de Asturias, dentro de la mancomunidad del Valle del Nalón, limitando al norte con los concejos de Piloña y Caso, al sur con el concejo de Aller, al este con el de Caso y al oeste con el de Laviana. En este concejo está situada la Ruta del Alba, una senda que discurre por el recorrido de la antigua pista minera del Camín de Llaimo. Es una senda de baja dificultad, accesible para la mayoría del público y se puede hacer acompañado de niños aunque debemos de estar atentos en las zonas de descanso, pues podemos vernos sorprendidos por algún rebaño de cabras, algunas de ellas aficionadas a la fotografía pues muestran un especial interés por las mochilas y cámaras de fotos. También debemos de tener la precaución de circular por nuestra izquierda, ya que aunque no está abierta al tráfico si podemos cruzarnos con ciclistas, vecinos y guardas forestales que van en moto, coches todo terreno o en quad; a cierta velocidad. Podemos iniciar la ruta desde el pueblo de Soto de Agues. En él sus vecinos se han esmerado en que no pase la huella del tiempo, dejándonos ver lo que es un típico pueblo asturiano. Me llamó la atención como conservan las líneas tradicionales de las viviendas, con sus hórreos y aperos de labranza, pero a la vez cuidando con mimo el estado y limpieza de sus calles y entorno. Una gran parte del municipio se ubica dentro del Parque Natural de Redes y su vegetación está formada por hayas, robles y bosques mixtos de castaños y fresnos. Su fauna está formada por venados, rebecos, jabalíes, corzos y urogallos; aunque cada vez se ven menos ejemplares. Desde el pueblo no hay pérdida ya que están señalizados los variados puntos de inicio así como la dirección a seguir. En el inicio, hay un antiguo lavadero, en el que antiguamente se reunían las mujeres para hacer la colada de la casa mientras los hombres estaban en el campo trabajando las tierras o atendiendo al ganado.

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por Juan José Pascual

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Continuamos por un sendero que recientemente ha sido hormigonado de forma rústica. Esto ha hecho más accesible la ruta a los visitantes pero por otro lado le ha quitado el atractivo natural del firme original. Aun así es digna de visitar ya que transcurre por el desfiladero que le dio su nombre original (Foces de Llaimo) y el paisaje de montaña tan típico y a la vez único se ve con todo su esplendor. La ruta discurre a la vera del río Alba, elevada sobre el mismo entre 3 y 20 metros según la zona y en algún punto quizás alguno más. Fotográficamente hablando, la ruta tiene atractivos desde su origen en el mismo pueblo. El trípode es indispensable y el teleobjetivo también, ya que ocultos en los contraluces y sombras que nos puede dar un día soleado, hay inmensas sorpresas que nos harán pasar horas y horas fotografiando las orillas del rio, solo accesibles con nuestro teleobjetivo. Respirar el aire puro de las montañas, sentir la brisa y el susurro de los árboles rompe el bullicio de la vida cotidiana. Es como si se parase el tiempo para quedar inmerso en la magia de estos parajes tan nuestros. La visita la hice a finales de setiembre. Si se realiza la visita en primavera, cuando la nieve de las montañas empieza a fundirse, pueden verse las cascadas que provoca el deshielo y bajan hacia el rio Alba, un espectáculo que dota de más atractivo a esta ruta. Si se toma la decisión de hacerla en invierno, en época de nieves, se verá otra cara diferente de esta ruta. En este caso, es conveniente ir en grupo y siendo cautelosos, ya que en algunas zonas, la montaña está por encima del camino y con un grueso manto de nieve. La verdad es que, sea cual sea la época en la que se visite, siempre habrá algún aliciente diferente. Si le demostramos nuestro cariño y admiración, nos regalará con múltiples matices, luces y alguna que otra sorpresa dependiendo de lo caprichosa que esté ese día. Respecto al lavadero al que hice antes mención, ubicado en el comienzo de la ruta, por aquella época, cuando ni existía al radio ni la televisión y la prensa era cosa de las grandes ciudades; era uno de los centros de actividades sociales, donde se comentaban rumores, se hablaba sobre la vida cotidiana y quien sabe que otras conversaciones. Si los lavaderos pudiesen hablar más de alguno o alguna se ruborizaría seguramente.

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Hoy en día los pocos que sobreviven en diversas poblaciones lo hacen transformados en monumentos, ya que en incipiente avance de la tecnología convirtió ese lavadero comunal en el particular de cada vivienda. Si por un casual en la visita se coincide con algún vecino del pueblo quizás se anime a contarnos alguna anécdota o historia del lugar, que nos hará enamorarnos más si no lo estamos ya de este precioso paraje. Tras terminar el recorrido, ya de vuelta, seguramente se tenga ya hambre y apetezca degustar platos tradicionales de la zona. Bien sea en el propio soto de Agues o en algún pueblo cercano para dar más variedad a nuestro viaje. Es recomendable planificar la comida con antelación, ponernos en contacto con el local donde hayamos decidido comer y plantearles si tienen algún pato típico o especialidad según la temporada en la que estemos. Ya que actuando así podremos disfrutar seguramente de algún plato exquisito que no cocinan habitualmente, salvo que sea por encargo. Esta es una de tantas rutas de montaña que se pueden hacer en Asturias, algunas tienen más dificultad que otras, peor lo que nunca encontraremos serán paisajes iguales, cada una tiene su especial atractivo.

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Enlaces de interés: Dónde comer http://www.rutadelalba.com/comer_sobre.html http://www.wikirutas.es/rutas/Asturias/Valle_del_Nalon/RUTA_DEL_ ALBA/ http://www.ayto-sobrescobio.es/es/turismo/rutas-y-sendas/ruta-del-alba. html

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Repasando conocimientos Desde aquel comienzo de Luz y Tinta, con su número 0, en el que ya veíamos como se hacían los montajes, pudiendo salir digitalmente por fuera de una pantalla del PC o como una modelo se miraba en el espejo y se reflejaba con sombrero que no llevaba; o bien otro en que jugábamos con luces y hacíamos dibujos y siluetas en el aire, metíamos personas dentro de pequeñas flores, hasta que en el número 11 ya usábamos los plugins para hacer más cómodos los trucajes. Mas allá hemos visto fantasmas, y en el nº 31 jugábamos fabricando fuego y llamas. En el 35 colocábamos filtros y en la revista 48 ya trabajábamos con la opción de óleo y así, paso a paso, vamos experimentando y adentrándonos en el mundo del Photoshop. Unos porque no quieren, otros porque han entrado en Moldeando la Luz un poco tarde y no saben ir hacia atrás a nuestras revistas y otros por diversas razones, se van descuidando y ahora se encuentran con que quieren hacer lo mismo que hacen los que ya llevan tiempo peleándolo. Ya se comentó más veces que los montajes fotográficos no son una ciencia exacta, donde poniendo un uno y siguiendo el dos llega el tres y sumando el cuatro, para hacer un retrato de los de 1.000 €. No, señores/as, esto no funciona así. Hay que imaginarse lo que se quiere, aunque no lleguemos a verlo. Cuando vemos una foto que nos deja encantados, ya queremos nosotros hacer la misma y queremos y queremos,… Pero hay que darse cuenta de que la matriz de la foto se pudo haber hecho con una focal de 14, 12 o 135 mm, por ejemplo, y eso lo cambia todo en la misma acción. Tengamos en cuenta siempre que no todas las fotos valen para el mismo montaje. Una panorámica donde usemos el filtro “Óleo” no queda igual que un retrato de una persona que está a una distancia focal mucho más cercana o que dos fotos por individual y de cerca. Hay que mirar lo que tenemos delante y detrás de cada elemento enfocado; así como luces, colores, si tiene pelo o no, e incluso el color de las vestimentas. Todo tiene importancia. Dentro de una misma escena, hay diferentes tramos de luz que dan o descomponen el momento deseado, y para eso están los editores de fotos y sus variantes. Es un hecho real lo que cuento a continuación, para que veamos como son los momentos y los conocimientos: un chaval que, cuando tenía 10 años, en la escuela primaria en todos los exámenes sacaba sobresalientes; en el instituto (enseñanza media), todos sus exámenes eran de 9 y 10, sobre diez. Sus profesores estaban perplejos de lo que podría ser aquel chico en un futuro. Cuando pasó a la Universidad no fue capaz en terminar un curso de los cinco que componían la especialidad en un tiempo de cinco años y cambió de rama, comenzando una nueva etapa en la que estuvo ocho años más, para terminar una especialidad universitaria de tres años. ¿Que pudo ocurrir entonces, con un alumno aventajado, como era este?

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por Ricardo González “Completu”

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Cuando vemos una foto que nos deja encantados, ya queremos nosotros hacer la misma y q y queremos,‌ Pero hay que darse cuenta de que la matriz de la foto se pudo haber hecho focal de 14, 12 o 135 mm, por ejemplo, y eso lo cambia todo en la misma acción.

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queremos con una

Yo creo que sencillamente no fue capaz de desarrollar sus conocimientos y se quedó clavado antes de salir, aun sabiendo de principio a fin los temarios que le iban exigiendo. Y para mi ese es el fallo, que no sabia coger parte de la información y desarrollarla con otro trozo de información y llegar a una conclusión deseada. Si de verdad sabemos cuáles son las herramientas base de Photoshop, tenemos que saber también complementarlas para sacarle el rendimiento que queremos. Cuando contemplamos una fotografía de otro fotógrafo, podemos apreciar cómo están situadas las iluminaciones débiles y las dominantes; las expresiones del modelo, si han usado vientos añadidos, y los acabados de texturas u otros filtros, además de, si nos dejan los exif, cuál fue el objetivo usado y sus propiedades seleccionadas para esa ocasión. Si en un retrato queremos dejar rastros de pinceladas, iremos a los filtros apropiados para ello, como son texturizar, esponja, fresco, etc. Para abultar o resaltar algo a modo de curvas en los contornos, aplicaremos en la medida que cabe el filtro artístico de plastificado. Hacer transformaciones o modificaciones deseadas, aplicaríamos en edición y transformar. Y así sucesivamente, pero no haremos como en el ejemplo del alumno aventajado y hagamos las cosas como vayamos viendo, según vamos haciendo nuestro trabajo y por orden de necesidad, no por orden matemática. Existe diferencia entre quitar grano a la foto antes de trabajarla y al final, así que hagamos lo preciso en cada momento, por si fuera necesario. Ya puesta la foto en Moldeando la luz y viendo que a Maylín no le pareció mal, voy a tomarme una pequeña libertad y comentar como hice esa foto; aunque he de decir, que, de esto y como siempre, mis modelos, no saben nada hasta que no sale publicada la revista y que hasta ahora siempre fue grata sorpresa, cuando se vieron publicados. La foto fue ocasional, mientras hacíamos fotos en una velada de boxeo, con unas bajas luces y un momento muy precario. Usaremos Photoshop CC y a la foto original, lo que hago es pasarla por Filtro Raw y después por Filtro Óleo (ya se había comentado en un número anterior de esta revista este método). La foto de la luna la voy a usar como filtro, así que arrastro para ponerla encima de nuestra foto y la estiro hasta que esté toda, sin que se vea el color negro que la rodea. Se ha creado una doble capa y clico con el botón derecho sobre ella y marco Rasterizar Capa y en la opción capas, Multiplicar. Goma de borrar en modo de pincel esférico con dureza 0 y opacidad baja. Suelo empezar en el 8 % primero y luego voy dando mayor número hasta el 17 % según voy borrando partes que quiero que se vean menos. Para el siguiente paso usé la Temperatura de color del programa Picassa, aunque también suelo usar Imagen/Ajustes/Filtro de fotografía (Rojo o naranja) y Capa/Combinar visibles, de Photoshop. He vuelto a poner exactamente igual y los mismos tratamientos que la anterior de la luna, un filtro “Cotton-font”, que es un poco mas rugoso. Lo relleno y borro, igual que lo de antes. Capa/combinamos visibles. Vemos que ya quiere parecerse a un cuadro, pero nos falta un poco de tono blanco, como si fuera un lienzo de base de este color. Duplicamos Capa y con Brocha, pintamos con color blanco en una opacidad del 14 % o menos, por todo el lienzo y multiplicamos la Capa.

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Borramos poco a poco al igual que con las otras dos capas de los filtros anteriores, hasta que veamos como queremos que vaya quedando. Capa/ combinamos visibles. Duplicamos capa y con brocha blanca en un 4% de opacidad, vamos dejando como que es una luz que nos llega de fuera del cuadro y nos va iluminando el modelo desde atrás hacia delante. Fijémonos en que, si la luz viene de atrás, la parte delantera tendrá menos luz o una luz más apagada, así que la borraremos poco a poco, con otra opacidad mas baja.


Combinamos visibles. Si queremos rayas en las luces, brumas, nieblas, o cualquier otro efecto, ya sabemos como hacer las brochas, con la aportación del número anterior de Luz y Tinta. Aunque en esta ocasión no lo haré, sí tengo hecho también, duplicar capa y aplicar Filtro/ artístico/plastificado y borrar suave poco a poco lo que no interese. Por último, duplicamos capa y Filtro/Textura/texturizar/ Arenisca. Esto último queda a gusto del autor, en la Escala y el Relieve, pero sin pasarse con el grano, ya que luego quedan rastros y formas indeseadas. Combinamos capa. Nuestra firma tiene que ir acorde de color con nuestro trabajo, así que con la herramienta de cuenta gotas, he cogido una muestra del color de la cara y estampado mi sello de autor (hecho previamente con herramienta de brocha). Como he comentado antes, no todas las fotos pueden tener exactamente el mismo tratamiento y los mismos márgenes numéricos, además podemos añadir más imaginación a nuestro trabajo usando diferentes tipos de brochas. Para ello veremos el original y el cambio final de mi amiga María Suárez Fernández, a la que hice la foto en una reunión de viejos alumnos de instituto, usando algunos complementos que suelo llevar a mis reportajes. En ella veremos cómo a una mala fotografía por culpa del fotógrafo le podemos dar una segunda oportunidad, cortando y mostrando solo el interés y dándole unos toques de Photoshop. Como puede verse en el caso de la modelo, se trabajó el fondo, el efecto de óleo sufre menos relieve, se usaron otros filtros más agresivos (Filtro de papel viejo) , el borrado fue menor y las texturas mas marcadas. ¿Tienen en base el mismo tratamiento? Yo creo que si, pero no el mismo final. Aunque estamos viendo todo el trabajo paso por paso, tengamos en cuenta que solo es pura referencia de cómo podemos hacer estos trabajos, pero que va a depender de la imaginación y el acabado con el que comenzamos nuestra foto en la distancia focal, aperturas de diafragma, modo de blancos, etc, etc.

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Si en un retrato queremos dejar rastros de pinceladas, iremos a los filtros apropiados para ello, como son texturizar, esponja, fresco, etc.

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Arrieros, 1953

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La arriería en Caso El transporte de mercancías a través de los puertos de Tarna y otros pasos, en antiguos caminos que se adentraban en la fragosidad de nuestros montes, estuvo muy arraigado en nuestro concejo hasta principios del siglo pasado. Recuas de mulas aparejadas con grandes cestos dirigían sus andares a los mercados leoneses, y en algunos casos a los puertos pesqueros del Cantábrico. Era una vida muy dura, las carreteras cuando las había, eran pésimas, y los viejos caminos que comunicaban con Infiesto y la marina, duros, y en ocasiones peligrosos por la cercanía de alimañas, o los ataques que sufrían de bandoleros. Hace pocos meses, murió en el pueblo de Orlé Ramon de Demetria, un chaval en aquellos lejanos años, pero presenció la muerte de su padre, a cargo de unos asaltantes, en las inmediaciones de la venta de Frieru, cuando venían de vender unos cerdos de Infiesto. En muchos de estos caminos existían ventas o alberguerías, como las que conocieron algunos de nuestros amigos moldeadores no hace mucho tiempo, en una visita fotográfica a una de ellas. Allí pernoctaban y comían ellos y sus animales. La vida de las posadas asturianas de antaño era pintoresca, aunque algunas veces pobre e incómoda. Ventero ladino pero servicial; mozas generosas en lo suyo; mozos de paja y cebada llenos de marrullerías, todos pendientes siempre de la propina; tipos que han sido muchas veces citados en una literatura de costumbrismo convencional, que no siempre respondía a las realidades. Arrieros y viandantes del común se amontonaban en las amplias cocinas de inmenso lar –llar y char, en asturiano– donde en los escaños, mesas y banquetas toscamente labrados, los “ tayuelos “, tenían lugar animadas tertulias en las que se cambiaban noticias nuevas o se recitaban, una vez más, viejas leyendas y romances. Se dormía generalmente en las cuadras y cocinas, entre montones de heno y sacos de paja y cebada; unos candiles iluminaban la escena y a veces se apagaban para facilitar un episodio erótico entre el viajero galán o dadivoso y la moza servicial, como la Maritornes cervantina. Muchas comidas se hacían en común, cada

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por Monchu Calvo

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A la izquierda, Manuel Francisco, último arriero de Gobezanes, Caso, 1930

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uno con su cuchara de palo sacando directamente con ella la vianda de la olla donde había sido guisada. Sólo algunas posadas de los caminos reales importantes tenían habitaciones con camas completas arregladas; eran para los viajeros ricos que montaban caballo propio y llevaban también criado o criados ecuestres. En el llar barboteaban los grandes calderos colgados de la caramillera, o se freían las truchas o las magras en amplias sartenes de asas, sobre les trébedes. De escarpias fijadas en la pared se colgaban mantas, capotes, escopetas, y trabucos. En algún rincón sobre humilde mesa, se podía jugar a las cartas y generalmente los jugadores daban grandes puñetazos sobre el tablero al sacar los triunfos. La vida de las posadas se animaba singularmente al atardecer y al alba. A esa hora proseguía el viaje de la recua bajo el sol ardiente o entre la niebla lechosa o la lluvia insistente y monocorde. Todos se cubrían con sus capotes de capucha, arrebujándose en sus mantas o bajo los lienzos encerrados; algunos, ya en los últimos tiempos desenfundaban gigantescos paraguas Los arrieros casinos solían transportar madreñas y otros utensilios de madera en los que eran hábiles artesanos. Otra mercancía muy apreciada eran los quesos de la región, recios de sabor y mantecosos. Con ellos pagaron durante siglos sus impuestos a los monasterios de León y de Oviedo. Bien sabían los monjes escoger sus tributos. También llevaban mantecas, avellanas y nueces. De retorno solían traer pellejos de vino y cecinas, sobre todo de León. De los puertos de la marina, pescados secos y sal. Pocos pueblos había en los que gran parte de sus vecinos no ejercieran este antiguo oficio. Era muy trabajoso, pero estaba bien remunerado. Mientras los hombres hacían sus viajes, eran las mujeres las encargadas de atender la hacienda y las labores propias de la casa. En la fotografía que les mostramos en este trabajo, está uno de los últimos arrieros que desempeñaron este trabajo, natural del pueblo de Gobezanes. Destartalados camiones y coches cogieron el relevo de las mulas y carros. Esos si los conocí, la arriería nunca llegué a conocerla como tal, si acaso algún viaje de madreñeros tarninos a los pueblos de Ponga, Sobrefoz y Beleño, donde llevaban su mercancía Una manera de vida ya desaparecida y de imposible retorno.

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Vida del Valle Varela vista por los ojos de José Luis Maylín

Conocí a José Luis Maylín hace unos veinticinco años, en nada que pudiera tener relación con la fotografía, más bien nuestro encuentro fue por motivos de salud, llevaba un tiempo con unos fuertes dolores en el hombro izquierdo, yo se lo atribuía a mis tardes/noches de pádel. Un vecino amigo me habló de su tío un médico traumatólogo que por aquel entonces era el médico de mi equipo del alma, el Sporting de Gijón. Después de hacer placas, filtraciones y al final pasar por el scanner, me diagnosticaron una tendinitis en el hombro izquierdo, a pesar de ser diestro y no haber tenido ningún antecedente traumático. La opción era operar y no me garantizaba que al final recuperara el cien por cien de la movilidad en el brazo, y la otra probar durante varios meses una buena rehabilitación, en manos de un buen profesional, así que me pasó con un médico/fisioterapeuta, el mejor, y esa fue mi total recuperación. Quien era ese gran profesional que me dejó el brazo izquierdo como nuevo, pues el que terminaría siendo mi gran amigo José Luis Maylín. Durante los cuatro meses en que me sometí a las sesiones de fisioterapia, nuestra única conversación versaba sobre la fotografía, incluso hicimos algunos trabajos juntos, se puede decir sin lugar a equivocación que en aquellos tiempos fuimos pioneros de la fotografía de “Painted bodies”, en Asturias, se celebraba en la localidad se Sama de Langreo, la única pasarela con este tipo de desfiles, y nos encargaron que cubriéramos el evento, salvamos que estos acontecimientos eran los fines de semana y ello nos permitía durante la semana dedicarnos a nuestras respectivas profesiones.

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por José Luis Cuendia “Guendy”

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Sería Moldeando la luz, la que nos uniría de nuevo y con más fuerza, ya que ahora los dos disponemos de más tiempo. Es evidente de que quienes nos conocen saben que los dos elegimos caminos y temas diferentes en la fotografía, aunque eso nunca no es ningún problema para que ambos crucemos la línea imaginaria de nuestros preferidos temas fotográficos. Mi amigo Maylín es un poco desastre y nada disciplinado en eso de las técnicas digitales. Para él la informática sería ideal si el hardware y el software se limitaran a la sencilla función de apretar el botón y ¡Eureka¡. Eso le permitiría tener más tiempo para lo que más le gusta, inmortalizar y hacer composiciones con la belleza humana. Ello no quiere decir que no tenga instrucción alguna, pues en su afán de superación, devora libros sobre el tema y asiste a seminarios sobre edición digital. Aunque en el mundo de Internet ya publicaba en la red social Platino con cierto notoriedad y éxito, creo que lo que verdaderamente cambió su forma de ver la fotografía fue Moldeando la Luz, y de forma muy especial los maestros rusos, de los que me consta está enamorado de sus trabajos, hasta el punto de que hoy están presentes en su fuente de inspiración a la hora de realizar sus trabajos e imprimirles la impronta “Maylín”. Pienso que esta experiencia le ha abierto la puertas a un nuevo mundo, que se une al suyo personal donde el canon de belleza ideal implica la exención de la fealdad y los efectos de la edad. La prohibición de toda particularidad imperfecta le aleja de la concepción clásica del retrato, el que para otros y entre los que me incluyo es nuestro principal núcleo. Maylín, me consta que saca ideas nuevas de muchos sitios, se inspira mucho en la música de los 60 y 70 y la Bossa nova brasileña con una fuerte influencia del jazz a las que es un auténtico adicto. En fotografía su clave está en apreciar el trabajo de los demás sin dejar que influencie demasiado en el suyo. Estoy seguro que si la ficción pudiera ser realidad y pudiéramos volver a empezar entrando en el túnel del tiempo, ahora que está tan de modo “Regreso al futuro” por aquello de que en la mítica película de ciencia ficción el protagonista viaja de 1985 a 2015. Si pudiera

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ser al revés viajando al pasado Maylín dejaría sus estudios de medicina y sería a su debido tiempo un Helmunt Newton. Los retratos que hoy traemos a vuestra/nuestra revista Luz y Tinta sobre la modelo Vida del Valle Varela, que también han acaparado nuestra portada este mes nos muestran a un nuevo Maylín. Conocedor de los trabajos de Maylín y de su trayectoria, y lo más importante conocedor de su parte humana, de sus cualidades y debilidades, pienso que los trabajos realizados con esta belleza cubana han marcado un antes y un después en su forma de ver el glamour en la composición fotográfica. Igual que para Picasso la figura humana no era más que un soporte para una especulación plástica, para Maylín lo es para hacer una loa a la juventud y por ende a lo que ello entraña de admirable belleza. De seguir en esta línea y perfeccionando sus ediciones como lo está haciendo de un tiempo a esta parte, sin duda habrá conseguido un estilo que se reconozca inmediatamente como suyo. Además observo como cada vez se está volviendo más perfeccionista, le gusta contar con el equipo humano apropiado, cada vez es más exigente con la gente con la que trabaja, y sobre todo que estos conozcan bien su visión, su manera de pensar y trabajar. Y esto es fundamental en este tipo de fotografías, pues si no se colabora con personas que tengan una visión similar, se acaba con algo que no tiene nada que ver con sus ideas originales, y eso lo tiene muy claro José Luis Maylín, y no resta para ello el que ceda siempre concesiones a las improvisaciones de sus modelos.

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El “Soy luego existo” de Descartes ha evolucionado hacia el “soy representado y luego existo” formando parte de una lógica propia de unos seres humanos sociales, que es lo que realmente somos. ¿Qué es más social que el hecho de representarnos ante el mundo a través de una representación de nuestra propia imagen?. Vida del Valle Varela ha sido y es afortunada al ser vista por los ojos de Maylín para la eternidad, captando con su cámara instantes y momentos que nunca volverán, pero que quedarán registrados en los pixeles para la posteridad, suponiendo que este formato sirva en el futuro, esperemos que al menos dure tanto como han durado los haluros de plata, y que en su momento puedan hacer una transición como la que ahora existe entre la fotografía química y la digital. Maylín forma parte de esa modernidad que permite crear modelos libres, directos y sin barreras a la hora de expresar ideas y en la exploración de la figura humana. Es ese periplo que sigue esa búsqueda de la identidad y continúa aceptando nuevos viajeros y a su vez actualiza cuestiones que siempre han interesado al hombre como es la cuestión del retrato, en la juventud y en la belleza. El logro puede que no esté tanto en mostrar la vida a través de la representación del rostro o el cuerpo, sino interpretarla a través de la huella que deja. Como bien le ha dicho recientemente una maestra vietnamita de la fotografía al contemplar el rostro de Vida del Valle en Moldeando la Luz: Un retrato perfecto. Su mirada revela su alma. Felicidades. Duong Dinh solo ha necesitado cinco palabras para definir uno de los mejores retratos de José Luis Maylín. Mi amigo.

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Dada la calidad de las fotografĂ­as remitidas por Daniel para este reportaje fotogrĂĄfico, la direccfiĂłn de Luz y Tinta ha decidido publicarlas todas en tres entregas.

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Expedición a Groenlandia (I) por Daniel Kordan

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He regresado recientemente de una muy interesante expedición a Groenlandia, las imágenes que os muestro a continuación cuentan la belleza de esta maravillosa tierra. Partimos de San Petersburgo hasta Groenlandia y durante varios meses vivimos a bordo de un yate en el medio del Atlántico, donde celebramos talleres de fotografía capturando el espectacular entorno natural del hielo ártico. De la mañana a la noche rodeado de mis compañeros de viaje, exploramos icebergs, glaciares, cuevas, acantilados y todo tipo de escenario que se pusiera delante, logrando crear imágenes de gran belleza y brillantez. Nuestra expedición en Groenlandia me recordó los relatos de Jack London, que leí ávidamente en mi infancia. Durante este fantástico viaje con salida de San Petersburgo pasamos por Islandia y las Islas Feroe. El tiempo que se tarda en llegar a Groenlandia es de dos meses y el tiempo de volver era idéntico. Durante el viaje hemos invitado a algunos fotógrafos a subir a bordo, convirtiendo el taller en algo mucho más internacional. La expedición nos llevó a explorar la Bahía de Disko y las islas de la bahía de Baffin. Yo quería ir a estos lugares porque Groenlandia tiene muchas áreas remotas e inexploradas que son perfectas para la fotografía.

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La música del silencio Cuando me asomo a estas fotos de Nadima, recuerdo aquellos versos de Antonio Machado: Y una dulce melodía/ vagó por todo el jardín:/ entre los mirtos tañía/ un músico su violín. En este caso es una jovencita, bella como las flores del jardín que evocan los versos del poeta y como las flores tempraneras que se asoman a las primaveras del alma. Era un acorde lamento/ de juventud y de amor/ para la luna y el viento,/ el agua y el ruiseñor. Un acorde, efectivamente, de lamento, el que corresponde al amor juvenil, al amor de los sueños y los ensueños; amor de primavera que se enraiza en las cuerdas del violín y en el zigzag de los pensamientos juveniles, como el agua en las cascadas, como el deliquio inocente de la fuente y el agua: «El jardín tiene una fuente/ y la fuente una quimera...»/ Cantaba una voz doliente,/ alma de la primavera. En estas fotos mágicas de Nadima se adivina un jardín tras los espesos cortinajes que custodian a la joven modelo y se aprecia un mundo sin fronteras más allá del mar, encerrado en el ritmo de las gaviotas y el ritual de arena y salitre que invitan a la navegación, a surcar los mares arrullados por la brisa y la música del violín y a encerrarse en el silencio cómplice de estas fotos que susurran un mundo de silencios y cadencias, donde el horizonte se hace esférico y donde las quillas de los barcos sueñan promesas de nuevos mundos y amores de besos (y de versos) en silencio: Calló la voz y el violín/ apagó su melodía./ Quedó la melancolía/ vagando por el jardín./ Sólo la fuente se oía.

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por Claudio Serrano

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Modelo: Ksenia Tikhonov (San Petersburgo) Fot贸grafo dise帽ador Nadezhda Shibin Nadima

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Ruta bandolera del Tempranillo por Juan Depunto Por Sierra Morena va una partía; ar capitán le llaman José María. Sus compañeros, Frasquito de la Torre y Juan Caballero. José María se llama el rey de los bandoleros.

Al paseante le llamó siempre la atención el tema de los bandoleros del siglo XIX exaltados hasta la saciedad por los escritores románticos que venían a visitar nuestro salvaje sur del sur de Europa. No pocas veces buscaron ser asaltados para luego relatarlo en sus libros y reportajes, por lo que el tema terminó convirtiéndose en una mezcla de historia real y leyenda. Eran una especie de herencia diferida del Robín Hood británico medieval. Durante la Guerra de la Independencia, combatiendo al francés, adquirieron una aureola patriótica y fueron admirados por el pueblo. Bastantes años después, con la penuria económica provocada por las sucesivas guerras, las pérdidas de las colonias y el mal gobierno que caracterizó al siglo, en época de Fernando VII alcanzaron su máximo desarrollo, adueñándose de los caminos del país y provocando la fundación de la Guardia Civil ante la poca eficacia de los migueletes del sur, los hasta entonces encargados de controlar a los ban-

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Cante de serranas

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doleros; éstos poco tenían que ver, salvo el nombre, con los migueletes catalanes, valencianos y de otras regiones. En este contexto nace en Jauja José María Hinojosa, apodado el Tempranillo por su pronta iniciación. Llegó solo a los 28 años, tras los que no volvió a cumplir ninguno más. José María se echa al monte para evitar la justicia, tras matar a un vecino que forzó a su novia a bailar con él en las fiestas de San Miguel. Ahora su espíritu vaga por estas tierras que fueron suyas y sobre las que el paseante va a describirles esta ruta del que ya es leyenda de estas comarcas, el más temido y el más esperado, según con quien se hablase. “El Tempranillo” demostró ser el que mejor conocía la tierra que pisaba, a los hombres que lideraba y a los campesinos a los que ayudó para que a su vez lo ocultaran, dieran cobijo, manutención y mantuvieran su pacto de silencio. Y tuvo tanto éxito que fue imposible cogerlo. El Capitán General de Sevilla, D. Vicente de Quesada1, llegó a ofrecer 6000 reales por su captura vivo o muerto, pero no lo consiguió. El Alcalde de Lucena amplió la recompensa a 15.000 reales, pero tampoco consiguió nada. Las gentes, ampliamente dispersas en las poblaciones, aldeas, y numerosos cortijos de la zona, con frecuencia ofrecían refugio y comida a los bandoleros, por lo que resultaba muy difícil dar con ellos. La tiranía de Fernando VII, que hacía prófugo a quien no pensara como él, y las duras condiciones de la época, veía en los bandoleros una agresión al poder que los oprimía y a la injusticia que les rodeaba.

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¡Qué maravilla: quinientos migueletes y no lo pillan. Este militar en 1931 se unió al antiguo ministro de la Gobernación para acabar con el despótico poder de Fernando VII y restablecer la Constitución. 1

Sobre estas líneas, Malpasillo. A la derecha, entrada a Jauja


Lo buscan por Lucena y está en Sevilla!

Finalmente, Fernando VII tuvo que pactar con él a través de generales suyos, como si se tratara de sellar la paz con un pequeño ejército rebelde. Tanto que la única forma que hubo para doblegarlo fue prometerle públicamente el indulto si se entregaba. José Mª. exigió y consiguió que con él se indultara a casi toda su cuadrilla, incorporándose a su mando en unas fuerzas especiales paramilitares, los “Voluntarios Realistas” que con el apoyo del gobierno combatieran a los hasta ahora eran sus compañeros. Pero esto no lo pudo consentir otro bandolero, “El Barberillo”, que aspiraba a ocupar su lugar: aprovechando la coincidencia en un cortijo cercano a Alameda, el Cortijo “Buenavista” le disparó a traición un trabucazo por la espalda, muriendo a los dos días y recibiendo sepultura “ecca” (eclesiástica) en el cementerio municipal, que ocupa el bello patio interior ajardinado situado entre la parroquia y sus edificios anejos. Como era considerado “El Rey de Sierra Morena” y muy bien visto por la población a la que le hizo favores e incluso por el Gobierno al que luego ayudó eficazmente, su sepultura destaca sobre todas las demás, siendo hoy día prácticamente la única de ese lugar, en el que reposa a modo de mausoleo. A los pocos días los compañeros de El Tempranillo dieron caza a El Barberillo. El paseante invita a sus lectores a que realicen el recorrido que él efectuó. Discurre por la estribación sur de Sierra Morena, la Subbética, entre suaves ondulaciones de un terreno cubierto de olivares que han ido sustituyendo a los primitivos bosques de encinas y alcornoques. Así, partiendo de la autovía A-92, que atraviesa de oeste a este toda la Andalucía, cerca de Estepa, tierra de mantecados, de otros dulces y de aceites, el viajero

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Carlos Cano

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se desviará en dirección norte hacia Badolatosa. Esta población, a orillas del Genil, fue durante un buen tiempo cuartel general de la partía de “El Tempranillo”. Ahora dispone de un museo dedicado al río que la atraviesa, procedente de Sierra Nevada y con rumbo al Guadalquivir. Tras esta breve visita, el viajero podrá continuar avanzando en dirección noreste a la muy vecina población de Jauja, al otro lado del embalse de Malpasillo que nutre el Genil. El viajero acaba de entrar en la provincia de Córdoba, siendo esta aldea una pedanía de la famosa Lucena, tierra que lo fue de judíos quizás por estar enclavada en el centro de Andalucía y ser un enclave de caminos para el tráfico de mercancías del comercio y del contrabando procedente de Gibraltar que desde su cesión a los ingleses siempre hizo de puerto franco. Entrando en Jauja por la orilla del Genil, el viajero continuará hasta la principal “Calle Iglesia”, que sale perpendicular al río subiendo suavemente hacia el centro de la población. Esta es la calle donde se sitúa, en el número 26, la casa natal de José Mª, rehabilitada, a pocos metros de su inicio, subiendo a la derecha. Tiene una placa en su fachada en homenaje al personaje. Pocos metros más arriba, ahora a la izquierda y como a mitad de la calle, se encuentra el Museo del Bandolerismo. Es un moderno edificio de cuatro plantas, con medios audiovisuales, maquetas y dibujos, que ayudan a entender la historia fundamentada de esta actividad y en donde se exponen documentos como los bandos de busca, captura y recompensa, el indulto real, las partidas de nacimiento y defunción de El Tempranillo, etc. En él le darán información de toda la zona; es conveniente que el viajero se saque “El salvoconducto”, documento para evitar ser asaltado por algún bandolero residual, aunque del último que se tienen noticias fue de “El Pernales”, en el pasado siglo XX. Tras ver su aldea natal, el viajero podrá seguir calle Iglesia arriba y desembocará en la carretera a Lucena, en cuyo trayecto, hacia el norte, encontrará dos lagunas, en donde moran flamencos en una (la Dulce) y el malvasía europeo en la otra (la Amarga). Si se desplaza en sentido contrario, hacia el sur, llegará a Corcoya y de ahí a su ermita de la Fuensanta, del siglo XVII, a cuya vera se encuentran unas viejas cuevas en las que se refugiaba José María cuando iba a dar cuenta de su devoción, con la aquiescencia del santero. Fue el lugar elegido para recibir el indulto real junto con casi toda su partía, en una ceremonia festiva con los bandoleros y sus familias luciendo sus mejores galas; solo faltó “El Veneno” que no recibió el indulto por ser especialmente sanguinario. De Corcoya puede tomar el viajero la carretera a Alameda donde acabó sus cortos días “El Tempranillo”. Poco antes de entrar en la población, si tuerce a la izquierda en la rotonda desde la que se ve el pueblo, tras unos cientos de metros llegará al cortijo de Buenavista, que queda a su vez también a la izquierda, en un suave promontorio que le proporciona esa visión del paisaje de la comarca, de

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A la izquierda, casa del Tempranillo. A la derecha, placa colocada en su casa.

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Alameda desde sierra Camorra.

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donde toma el nombre. Si se pierde el viajero, cualquier lugareño le dará cumplida indicación (frente al caserío hay un desguace de coches y en la rotonda la “Posada del Tempranillo”). El cortijo hoy está cerrado, viviendo en el pueblo su último casero, llamado Salvador, que tras varios asaltos se negó a vivir solo en la finca. Desde la última ventana según se entra por el carril, es desde donde le disparó “El Barberillo”. Volviendo a Alameda, el viajero atravesará el pueblo y hacia la mitad, ya casi en su salida por el lado contrario de donde entró se encontrará con la parroquia de la Inmaculada Concepción. Si está cerrada podrá solicitar la llave a Carmen, la encargada del cercano museo, “Centro temático del campo andaluz”, que está a su vez frente a las Termas Romanas, también interesantes de visitar, y ella le acompañará amablemente al Mausoleo de “El Tempranillo” que está en el que era patio-cementerio antiguo de la iglesia. Tras acabar la visita es recomendable desplazarse a la cercana “Sierra de la Camorra”, al suroeste de la población, en cuyo alto está situado un mirador al que se llega por empinadísima carretera muy estrecha pero bien asfaltada. Desde él se divisan cuatro provincias andaluzas: Málaga, Sevilla, Córdoba y Granada. La ruta no termina aquí. Le quedan al viajero poblaciones en las que encontrará diversos museos relativos al tema bandolero y su región, como el “Centro temático de la Duquesa”, en Benamejí, donde se recoge la historia del bandolerismo en las Bellas Artes (fundamentalmente pintura, teatro y cine). De esta población salieron varios bandoleros, siendo el más famoso de ellos “El Chato”. En las afueras, al sur y abajo, saltando el cauce del Genil, está un bellísimo puente de piedra renacentista, del XVI.


En Palenciana está el “Centro temático del paisaje natural”. Y en Casariche el Centro temático del Mosaico Romano, no en balde es la antigua “Ventippo” y cerca están unas viejas canteras romanas. Ya desde esta población, el viajero puede volver a poner rumbo a la A-92, de donde se desvió, para volver a su destino con la satisfacción de haber conocido una zona e historia que tanto atrajo a los viajeros románticos del XIX que por ello se jugaron la vida.

Guía Turística de Tierras de José Mª. El Tempranillo. Ed. Of. Turismo, Jauja. Edelman H, Núñez F. La ruta del Tempranillo. Ed. Turismo de la prov. De Sevilla. José Mª. El Tempranillo. Libro de Actas de las VI Jornadas sobre El bandolerismo en Andalucía. Jauja 2002. Ed. Excmo. Ayuntamiento de Lucena. Cuaderno del viajero de Tierras de José Mª. El Tempranillo. CD Ed. Por Of. Turismo, Jauja. Peña M. Sobre guerrilleros y memoria histórica. Rev. Andalucía en la historia. Ed. Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, octubre 2008. García A. Bandoleros andaluces: entre la historia y la leyenda. Rev. Andalucía en la historia. Ed. Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, octubre 2008. Reder M. Al servicio de la patria. Rev. Andalucía en la historia. Ed. Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, octubre 2008. Díaz FL. Los Niños de Écija. Rev. Andalucía en la historia. Ed. Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, octubre 2008. Moreno M. Las invenciones de los románticos. Rev. Andalucía en la historia. Ed. Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, octubre 2008.

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Referencias documentales:

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Pepe Castro No es casualidad que este mes en nuestra red social de fotografía uno de los libros recomendados del mes sea Retratos de autor, FACES BOOK, de Pepe Castro. Pepe Castro es un fotógrafo madrileño, autodidacta, afincado en Toledo, miembro de la Real Academia de Bella Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Codirector de la revista DNG Photo Magazine. Enamorado de su profesión, reconoce el privilegio de poder vivir de lo que realmente le gusta. Aunque trabaja también otras disciplinas, el retrato ocupa prácticamente toda su actividad artística, consiguiendo que una gran parte de la cultura y la sociedad española desnude sus rasgos ante su cámara. Fiel a su método de trabajo, meticuloso en la iluminación y cercano en los encuadres, sus retratos son tan personales y reconocibles que ha llegado a convertirse en un referente nacional en esta especialidad fotográfica. Sus retratos son muy directos, conservan todo el detalle, trabajados principalmente en blanco y negro porque según sus propias palabras, El color refleja la realidad como lo vemos, pero el blanco y negro, para mi, es como entrar en otra dimensión, más irreal, pero a la vez más sugerente y atemporal.” Pepe Castro compagina su actividad de fotógrafo y empresario con la de comunicador e instructor, impartiendo por toda la geografía charlas y talleres prácticos sobre “el retrato fotográfico de autor”. Véase http://www.pepecastro.com. El libro de Pepe Castro es un breve estudio sobre el retrato fotográfico al margen de su excelente galería de retratos: Un retrato, a priori, no es más que una fotografía de alguien que posa sentado o de pie, distraído o no, frente a nosotros.

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por “Guendy”

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Todos los que hacemos fotografías hacemos retratos en infinidad de ocasiones, con más o menos acierto. Y… ¿qué aficionado a la fotografía no ha sentido alguna vez la tentación de probar suerte con ello un poco más en serio? Quien más y quien menos seguro que habrá hecho sus pinitos con amigos y familiares. El retrato posiblemente sea una de las disciplinas fotográficas más comprometidas. No digo más difíciles, todas tienen sus dificultades cuando se quieren hacer bien las cosas. Comprometida sí, porque evidentemente tenemos delante a alguien expectante que se pone en nuestras manos, y que va a encontrarse de una u otra forma dependiendo en gran parte de nuestra actitud, y de la confianza y serenidad que seamos capaces de transmitirle. Pepe Castro, nos invita recrear los momentos previos a a las sesiones, los planos y distancias de trabajo. Hay una acertada frase de Carl Mydans que dice:


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“Uno se convierte en fotógrafo cuando ha superado las preocupaciones del aprendizaje y en sus manos la cámara se convierte una extensión de uno mismo. Entonces comienza la creatividad” También nos da su visión y consejo sobre las diferentes cámaras: compactas, las cámaras sin espejo que son a día de hoy una elección a tener muy en cuenta, las réflex y las de formato medio. Los objetivos y sus distintas focales, las memorias y la iluminación del retrato en el estudio, luz de día, luz de estudio, luz dura o suave…y finaliza sus conclusiones con la clave alta, clave media y clave baja y el atrezzo. Como bien dice Pepe Castro: Un retrato, a priori, no es más que una fotografía de alguien que posa sentado o de pie, distraído o no frente a nosotros. La iluminación adecuada, el gesto preciso, una mirada intensa o fugaz, una mueca inesperada, una mano en el sitio apropiado, una arruga por

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la presión de los dedos, o un esbozo de sonrisa en la comisura de los labios… Saber mirar y esperar el momento justo. Si al contemplar un retrato, de quien sea, este es capaz de retenernos y hacemos pensar durante unos instantes sobre la persona allí plasmada, sin duda alguna estaremos ante “un buen retrato” En su libro, Pepe Castro nos presenta un breve estudio sobre el retrato fotográfico, para después mostrarnos una amplia colección de extraordinarias creaciones artísticas de numerosos personajes relevantes de la sociedad y la cultura española de nuestros días. Cada retrato se acompaña con información sobre la historia que se esconde tras el retrato, junto con ideas y consejos para los amantes de esta técnica fotográfica. Hay un libro muy interesante y recomendable del escritor, filosofo y ensayista francés Roland Barthes, Lo obvio y lo obtuso. Imágenes, gestos, voces… pues si alguien pugnó por encontrar el secreto de la fotografía, ese fue Roland Barthes, quien no pudo jamás desligarse del sentimiento de atracción que le producía la fotografía. Pensaba que la fotografía era un instrumento inclasificable y poseía a la vez el poder de una manera mecánica de controlar aquello que nunca más podría existir, “lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”. Barthes entendía que la fotografía era una entidad única que la distinguía del resto del conjunto de las imágenes. La fotografía tiene un poder y éste es el del referente, el cual lleva siempre consigo. Por otro lado está lo real y lo representado que resulta tan directa y no duda de su poder para “impactar” al ser humano, marcando su existencia en un nuevo génesis de imágenes, permitiendo reconstruir un entorno novedoso, poderoso y a la vez enigmático. Por ello, utilizando el verbo “adherir”, Barthes piensa en la manera en como en la fotografía el referente se convierte en “un referente que se adhiere” Por ello el filosofo francés decide acudir a la fotografía intima, familiar, acercándose al mundo de la existencia segura, corroborada, la de la propia vida. Y hago esta asimilación


“Guendy”

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entre Barthes y Pepe Castro, porque la fotografía del retrato tiene un carácter embaucador, acudiendo a la transformación del yo que busca verse reflejado en esa imagen fotográfica. Una especie de condena a la que se somete al individuo reflejado en ella. No hay nada como una foto objetiva, del tipo Photomaton, para hacer de la persona un individuo penal, acechado por la policía. Con esta broma Barthes define perfectamente esta angustia. La conclusión está en que la fotografía transforma la carne viva en la de un maniquí pétreo como ocurría en los primeros retratos, los cuales requerían inventos y máquinas especiales, como las prótesis y apoya cabezas para mantener los cuerpos rígidos. La fotografía en los retrato, caso de Pepe Castro, es la de imágenes que se convierten en fragmentos de los retratados, o como transgresión frente a la propia identidad. La cuestión está en que la imagen fotográfica ha creado hueco en nuestro mundo cotidiano y artístico, en la medida que surge una nueva realidad mediática que se desarrolla en nuestra cotidianidad. La últimas décadas de finales del siglo pasado, y hasta nuestros días, la fotografía se ha incorporado en un régimen de igualdad al resto de los lenguajes artísticos. Éste el momento en que han surgido una serie de actitudes creativas que han reconocido en la fotografía, la materia, la carga que sus ideas necesitan. “Hablar de fotografía es en cierto modo hablar de retrato, de este modo el retrato fotográfico se ha convertido en un género extensamente trabajado, tanto por su utilización cotidiana como artística”. Las fotos de Pepe Castro son una buena prueba de ello.

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Luz y Tinta Foto: Ionut Caras

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Foto: Albert Navas

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