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Núm. 33 Abril 2014

Nicolás Muller

Un día en la Catedral de Santiago La perla de Bohemia Steampunk


PROMOTOR José Luis Cuendia, “Guendy” DIRECTOR Francisco Trinidad COLABORADORES Eugenio R. Meco, Pepe Haro Castaño, Ma Bernarda Ballesteros, Carlos Flaqué Monllonch, Glyn Griffits, Ricardo González “Completu”, Salvatore Grillo, Javier Madroñero, Narciso del Río, Juanjo Gallardo, Monchu Calvo, Antonio Ramón Ferrera, Cristina Capracci, Gustavo Velázquez, Cora Coronel, Justín del Barrio, Arturo de las Liras, Juan José Alonso, Ilona Gogh, Jan Puerta, Albino Suárez, Gloria Soriano, Ildefonso Robledo, José Manuel Gonzalo, José Mª Ruilópez DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA José Luis Cuendia DIRECTORA DE COMUNICACIÓN Lola González DISEÑO y MAQUETACIÓN Francisco Trinidad www.moldeandolaluz.com Reservados todos los derechos de reproducción total o parcial tanto del texto como de las imágenes. Las imágenes están protegidas por las leyes de copyright internacionales. Para cualquier consulta o sugerencia contacte con nuestro correo electrónico info@moldeandolaluz.com

Moldeando la Luz es miembro de la Royal Photographic Society

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presentación

Primavera Poco a poco, asomando su rostro iluminado por la clorofila que estalla en todos los árboles y en todas sus hojas, la primavera comienza a hacerse presente. Dentro de unos días, no faltará cursi que recuerde aquel verso de Machado que se ha insertado, con la fuerza del tópico, en nuestro centón de lugares comunes. Nadie sabe cómo ha sido, efectivamente, pero ahí la tenemos, plena de luz, en todos los rincones, con días que se alargan perezosamente, agotando todas las horas e invitándonos a la fotografía. Pero la primavera, además de todos estos cambios estacionales, trae consigo una celebración anual muy propicia también para la fotografía: la Semana Santa, nacida en su día para recordar la pasión y muerte de Jesucristo y aprovechada en la actualidad para combinar los cultos religiosos con los días de asueto, con las playas ofreciendo sus primeros días propicios. Para los amantes de la foografía la Semana Santa es un tiempo adecuado para captar imágenes del tiempo libre, pero también de los actos litúrgicos y las procesiones con su escenografía perfecta para recrear imágenes de una fuerza que a los creyentes les remite a sus creencias y a los no creyentes les pone en contacto con representaciones en las que se combina el movimiento de masas con el folclore anualmente repetido. Por eso desde Moldeando la luz y Luz y Tinta invitamos a todos los moldeadores a que, sean cual fuere su punto de destino en la Semana Santa, aprovechen para captar con sus cámaras esas escenas plenas de dramatismo y vayan subiéndolas a nuestra página. No se celebrará, como en ocasiones anteriores ninguna semana temática ni concurso, pero no por ello debemos dejar de mostrar modos y costumbres y actos de la Semana Santa, tan plena de posibilidades. Pero la primavera nos traerá también otro evento, el encuentro fotográfico en Asturias que habíamos programado para el año pasado y que hubo de suspenderse por varias razones. En esta ocasión no habrá lugar a la suspensión. Y para ello hemos elegido dos fechas totalmente primaverales: el sábado 31 de mayo y el domingo 1 de junio. El encuentro se celebrará en Oviedo, la cuenca minera del Nalón y el Parque Natural de Redes. En Oviedo estaremos la tarde del sábado, en que aprovecharemos para que Carlos Ramírez de Arellano dirija un taller de fotografía nocturna en el entorno de la ciudad de La Regenta. La mañana del sábado se la dedicaremos al Ecomuseo Minero de Samuño, donde conoceremos parte de una mina desde dentro y donde podremos admirar los exteriores del Pozo San Luis, uno de los más significativos de la arqueología minera asturiana. La comida será ya en Orlé, Caso, en pleno corazón del Parque de Redes. Degustaremos el típico cordero a la estaca, del que nuestro colaborador Monchu Calvo nos contó la historia en un número de Luz y Tinta del año pasado. Terminaremos la jornada visitando un antiguo molino harinero muy propicio también para captar bellas imágenes. Lógicamente, en el próximo número de esta revista y en el oportuno post de Moldeando se darán todos los detalles de este encuentro: lugares de la cita, horarios y cuantas indicaciones se consideren necesarias para todos.


Año IV.- Núm. 33 - Abril 2014

sumario Fotógrafo del mes. Gustavo Marshall

4 8 16 18 22 24

Francisco Trinidad............................ Nicolás Muller

José Luis Cuendia, “Guendy”............. Mujer felina Eugenio R. Meco.......................... Un día en la Catedral de Santiago Mª Esther Rodríguez.................... Generaciones Gloria Soriano............................ Una cana inoportuna F.T............................................

La música en Caso

25 28 34 41 42 46

Monchu Calvo.............................. La perla de Bohemia José Manuel Gonzalo................... Steampunk Carlos Flaqué Monllonch.............. Efecto 3D Antonio Ramón Ferrera................ ¡Feliz cumpleaños! Javier Madroñero........................ Camina y fotografía Jan Puerta..................................

Foto de portada: Alex Krivtsovautor Con esta magnífica foto damos la bienvenida a Alex Krivtsovautor, uno de los miembos del colectivo ruso SSestudy, que como todos los rusos que muestran sus fotografías en Moldeando, están dando muestras de su profesionalidad y saber hacer; una profesionalidad que va más allá de tópicos y que periódicamente vienen siendo distinguida en nuestra red social con fotos semanales destacadas o con menciones en los diversos concursos o semanas temáticas. Esta foto que hoy traemos a nuestra portada, y que bien podría recibir el título español de “Bailarinas”, es un ejemplo de ritmo y composición. Quizás en fotografía sea muy arriesgado hablar de ritmo, más propio de la música o de la poesía, pero es que esta foto combina música y poesía, y por tanto ritmo, tanto de las dos modelos, como de ese viento invisible que se cuela en la composición y hace del velo rojo una aspiración del deseo poético. La figura que componen las modelos, ese salto aparentemente en el vacío por la falta de fondo, es de una delicadeza y de una fuerza a la vez que nos reconcilia con la música que propicia. Por eso no es arriesgado hablar de ritmo en esta composición que es un modelo.

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Fotógrafo del mes de Marzo

La mayoría de sus fotos son im se abre paso la piedra, los cruc quizás como metáfora de la so lluvia recién caída sacándole b veces que su visor se retrotrae mento bonaerenses, por ejemp misma niebla, idéntica soleda análogo clima emocional que

Quizás, tras recorrer el carrusel fotográfico de Gustavo Marshall en Moldeando la luz, la primera impresión que se recoge es la de soledad. Y si acaso, soledad y niebla. Son muchas las fotos en las que aparece una sola persona y muchas en las que se muestran las calles y los rincones de la ciudad desierta, tal vez por la lluvia, tal vez porque el fotógrafo es el único vigía de ese momento mágico en que el silencio se abraza con la piedra y en que todo el mundo, en su silencio, parece girar alrededor del eje fotográfico de una mirada que va más allá de lo que conocemos por cotidiano, como buscando el envés de la vida, el doble fondo de lo dado por supuesto. Hay veces en que esta sensación de soledad se traslada al bosque y entonces la luz, tornasolada en niebla, se diluye en paisajes solitarios envueltos en una especie de bruma que acentúa la soledad sonora, que dijera el poeta, y que no es otra cosa que saudade gallega y melancolía argentina de este fotógrafo que, nacido en Argentina, lleva doce años viviendo en Galicia.

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mágenes de Galicia en las que ceiros, los hórreos, la niebla oledad o del desarraigo y la brillo a la piedra... Pero hay e a la Argentina, playas y moplo, a los que se traslada la ad, equivalente atmósfera y en las tomas gallegas.

Por eso la mayoría de sus fotos son imágenes de Galicia en las que se abre paso la piedra, los cruceiros, los hórreos, la niebla quizás como metáfora de la soledad o del desarraigo y la lluvia recién caída sacándole brillo a la piedra y arrancándole recónditas irisaciones a todas sus texturas y reflejos a todos los charcos que la lluvia ha ido orillando en calles empedradas en las que duerme el tiempo. Pero hay veces que su visor se retrotrae a la Argentina, playas y momento bonaerenses, por ejemplo, a los que se traslada la misma niebla, idéntica soledad, equivalente atmósfera y análogo clima emocional que en las tomas gallegas, como si el mar Atlántico que las une, salvando las distancias, se convirtiera en juez y parte de una forma de ver el mundo. Por ello, quizás, la mayoría de estas

escenas de soledad, sean gallegas, sean argentinas, se sustancian en tomas en blanco y negro en las que incluso el sol, a través de sus sombras, parece un cendal neblinoso que pespuntea escenarios urbanos preferentemente, pero también rurales, y sobre todo marinos: el mar como espejo, como límite y quizás también como ambición onírica. Pero los registros de Gustavo Marshall no se agotan en lo que vengo diciendo, aunque creo que es su temática más constante, sino que abarcan otro ámbitos, otros mundo fotográficos en los que su visión fotográfica cobra entera dimensión, para —y son sus propias palabras en la entrevista que acompaña a esta semblanza— “traspasar la realidad sin perder la cordura” y “dejar las hue-

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llas de mis emociones y sentimientos a lo largo y ancho de este mundo”. Así nos encontramos con elocuentes marinas, con imágenes de mendigos solitarios en las que parece entreverse un dedo acusador y con algunos retratos de una fuerza tremenda en los que la luz de la mirada resume todas las angustias y todas las renuncias de esos personajes anónimos que se asoman al mundo como en un escalofrío. Es la misma fuerza que se traslada a las escenas de caballos, en las que se entremezclan la violencia natural con la belleza, como recordando el origen “gaucho” de su autor. Por último, en algunas de sus fotos, Gustavo Marshall nos indica que son fotomontajes, confesión del autor sin la cual posiblemente no reconoceríamos la manipulación, tal es la madurez de sus composiciones en las que se aúnan los conocimientos informáticos que integran su trabajo con un sentido de la composición capaz de darle sentido artístico a su visión de la realidad a través de la fotografía.

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Cuando uno anda muy mal de tiempo, no le queda más remedio que tirar de trabajos anteriores; es lo bueno que tiene lo publicado en la red, que está ahí para siempre, para bien o para mal; evidentemente si los mecenas que lo alojan en sus plataformas lo desean, en el caso de el diario El País sigue manteniendo viva su comunidad aunque ya no aceptan nuevos blogueros, pero todas las grandes cosas que allí se expusieron en los comienzos de los blog en Internet allí siguen, hay trabajos memorables de algunos de los moldeadores de Luz y Tinta y Moldeando la luz que continúan allí llenos de frescor y vigencia. Como últimamente de lo que menos dispongo es de tiempo y como Paco Trinidad me atosiga que es un primor cuando llegan las fechas establecidas para entregar los trabajos, he tirado de uno de los trabajos que publiqué en Mayo de 2008 en la Comunidad de El País que en realidad me ha servido de base, pues lo he actualizado con nuevos datos y fotos. Se trata de un trabajo dedicado a uno de mis fotógrafos preferidos y que a través de un amigo tuve el placer de conocer en Asturias a mediados de los años ochenta. Se trata del fotógrafo húngaro Nicolás Muller: Las cosas no fueron muy difíci-

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les ya que el maestro se jubilaba y se instaló en Andrín, un pueblecito del municipio de Llanes en mi querida Asturias. Corría el año 1981, Nicolás ya había decido colgar definitivamente las cámaras, abandona Madrid después de treinta y cuatro años y donde había conservado un importante estudio de fotografía en Serrano, que continuaría su hija la también fotógrafo Ana Muller. Nicolás decía que había dudado si comprar un apartamento en las casas colgadas de Huesca al lado de otro de sus amigos, o por el contrario comprar un terreno en la costa asturiana. Al final optó por lo segundo para complacer a su mujer que siempre había soñado con tener una casa al lado del mar. Así pues compró un pequeño prado en la localidad de Andrín situado muy cerca del mar. Sería más tarde cuando en 1967 aprovechando los ingresos obtenidos por la realización de la colección “imágenes de España” cuando decide construir la casa. Me llamó poderosamente la atención su amplio salón con un enorme ventanal que sustituía a una de las paredes, y lo que hacía que aquel espacio se convirtiera en una privilegiado mirador al hermoso valle de Mijares con sus prados y árboles y como fondo la emblemática sierra

del Cuera que se eleva por encima de los 1300 metros, y desde el mismo lugar a la izquierda se divisa el mar Cantábrico. Como decía Melendi en la canción que le dedica a Asturias “el jardín de Adán y Eva estaba en territorio astur”. Ciertamente no es el paraíso terrenal del que se habla en la Biblia, pero si ese existió se le tiene que parecer mucho. Lo que conocemos como llave en mano de la casa, le fue entregada en el transcurso del año 1968, y hasta 1981, año de su jubilación, alternÓ la metrópoli madrileña no solo en las vacaciones de verano, también muchos fines de semana largos. Aquí Nicolás en compañía de su familia encontraba la paz, su inspiración y el descanso. Nicolás Muller, nació en Orosháza, Hungría, en 1913. Se doctora en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad de Szeged. Terminados sus estudios se dedica a lo que siempre amó, la fotografía, e ilustra cuatro libros publicados en Budapest en 1937-38. Fue en 1938 cuando se vio obligado a salir de su país debido a la ola de antisemitismo delirante que invadía todo Centroeuropa liderada por el nazismo. Nicolás en sus memorias evoca recuerdos anteriores cuando aún era un niño, cuando comenzaron a formarse las bandas de los “ébredö”


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(Despiertos), que así se llamaban los que años más tarde conoceríamos como los nazis; y no se olvida cuando con 6 años a la salida de la escuela dos mozalbetes le atacaron con palos, le pegaron y le insultaron llamándole “judío apestoso”. Recuerda que no lloró hasta llegar a casa, en donde su madre le desnudó, le lavó la sangre y la vio llorar. Y cómo al padre de su prima preferida, Irene, el tío Miska, que era la persona más querida y respetada en Orosháza y en donde tenía la mejor farmacia, fue apaleado en aquella ocasión por las fuerzas de ocupación rumanas (los llamados “dozechechinch”). Nicolás Muller vivió siempre, según cuenta, con esos temores y la sensación de provisionalidad y muy pocas veces dejó de atormentarle. Cuenta Muller que el día que Hitler entró en Viena, sin tardar su padre le llamó para decirle que se preparara para marchar, estaba claro que su

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mundo de un día para otro daría el gran vuelco. La preparación para la huida no era difícil. Un pequeño baúl, una maleta y su máquina de fotos fueron todo su equipaje. Así empezó su éxodo que duraría más de diez años, hasta que por fin le empezaron a salir raíces nuevas, cuando con treinta y cinco años llegó a Madrid, con mujer, hijo y medio, dos Rolleiflexes y unas cuantas fotografías para buscarse un sitio bajo el sol. Su primer destino de emigración fue París. Para evitar pasar por Austria, ocupada por los nazis, tomó la dirección sur, hacia Italia. Nicolás Muller comenta su primera experiencia en la fascista Italia: paseando delante del palazzo Ducale vio a un mendigo harapiento que dormía entre las palomas. Le pareció una foto interesante y la hizo. Segundos más tarde apareció a su lado un “carabiniero”, diciéndole que estaba

prohibido hacer ese tipo de fotos y exigiéndole el rollo.Sacó el rollo de la cámara y lo tiró al canal. Por suerte no hubo consecuencias, pero a lo mejor hubiera podido haberlas. De Venecia a Verona, Milán, y por fin de ahí a París. A su llegada a París la guerra civil española tocaba su fin, faltaba muy poco para la batalla del Ebro y el último de sus amigos que se alistó en las Brigadas Internacionales nunca lo volvió a ver. Recuerda que antes de partir, la radio húngara en la guerra civil española siempre era favorable a los “nacionales”, para él y sus amigos la visión era un poco novelesca, sobre todo al principio. De un lado los buenos: Azaña, Largo caballero, y Miaja. Del otro los malvados sublevados: Franco, Queipo y los moros. A medida que la contienda avanzó hacia su desenlace, el bombardeo de Guernica, la Legión Cóndor, las tropas italianas, etc. Ya se veía claro lo


Nicolás Muller, cuando recuerda los siete años vividos en Tánger, los recuerda como los mejores y más felices de su vida, después de sus aventuras de huidas, había llegado a un puerto donde podría rehacer su vida, recuperar un sentido que se pareciera en algo a la seguridad soñada y nunca alcanzada. que la guerra de España significaba en realidad, es decir, el ensayo general de la próxima guerra mundial. Lo veíamos claro y con impotente desesperación, comenta Muller. Una vez en Paris, al poco llegó su baúl, que además de la ropa, contenía un álbum de sus mejores fotografías. Dio a conocer sus fotos en el café Dôme, que entonces era el centro de los artistas de Montparnasse. Allí conoció al gran pintor húngaro, sordomudo, Tihanyi, que enseguida movilizó a sus amistades a su favor.

Allí conoció a su compatriota y gran fotógrafo Robert Capa, que iba y venía con su Leica a y desde España. También conoció a Brasaï o Kertész. Muller comenta que un día Tihanyi le llevó al “Flore”, café que estaba frente a la iglesia de St Germain des Prés; estaba allí Picasso y su compañera de entonces, la fotógrafo Dora Maar. Picasso vio sus fotos y escogió dos o tres, queriendo comprarlas. Muller no quiso aceptar su dinero y además recordaba lo tonto que había sido, “no se me ocurrió pedirle que al

dorso de una de las fotos me firmase o hiciese algún monigote. Así me quedé yo sin un Picasso.” Pero un día París oscureció, dejo de ser la “Ville Lumière”. El ataque a Polonia, después la declaración de la guerra a Inglaterra, seguida por la de Francia. En las noches oscuras de Paris, los autobuses con sus faros teñidos de azul oscuro circulaban a paso de peatón, como inmensas sombras de si mismos. Hacía años que se sabía que el mundo se precipitaba hacia la guerra. Sin embargo Muller, su cerebro y

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todo su ser, hasta el último momento rechazó la posibilidad de ese suicidio colectivo. Pero la guerra era una realidad y ¿qué iba a hacer un húngaro, que solo chapurreaba el francés, con una máquina fotográfica en la calles de un París en guerra? El tres de septiembre, aprovechando un encargo de la revista para la que trabajaba, cogió su mochila y tomó el tren con destino a Portugal. Un tren en el que además de los franceses que abandonaban la capital, había multitud de refugiados de todas las clases. Judíos que continuaban su huida desde el este, pobres, ricos, bailarinas de “alterne” de todas las nacionalidades, entre ellas húngaras, polacas y rumanas. Familiares de gente que iba al encuentro de padres y maridos que se encontraban ya en América. Nicolás Muller lo describe bien: “Todos nosotros, como ratas, huyendo del barco que ardía”. “El paso del tren, a través

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de una España en ruinas me impresionó. Tuve que pensar en la Francia que admiraba y aprendí a amar sus ciudades, catedrales y castillos. ¿Los dejaría la guerra en ruinas parecidas a las de la pobre España?¿Iban a estar allí los símbolos fascistas en aquella Francia, patria de las libertades? ¿Ondearían igual que en esta España vencida? Imposible. Nicolás pudo continuar viaje hasta Lisboa, en donde Paul Katona y su mujer Kati le esperaban con los brazos abiertos. Paúl había sido en Hungría abogado de la Editorial Athaenaeum y le conocía de nombre. Dejando la Francia oscura y triste, atravesando la España en ruinas, y tras un confinamiento en un Vilar Formoso de miseria, la Lisboa de octubre de 1939, era una ciudad alegre y con vida, a pesar de cómo recuerda el maestro, no se veían mujeres en la calle y pesar de que los portugueses iban todos vestidos de luto, con tra-

jes negros, corbatas negras, zapatos negros y caras de pesar. Al poco tiempo de estar en Lisboa cuando aún estaba arreglando los permisos de residencia, fue detenido junto a sus compatriotas, fueron conducidos a la sede de la PIDE, donde les tomaron la huellas dactilares, fotografías y conducidos a la cárcel. Días después fueron llevados de nuevo a la sede de la PIDE, les hicieron firmar un papel donde se comprometían a abandonar Portugal en el plazo de quince días. El único lugar al que se podía viajar sin tener visado era Tánger. Había guerra y sólo unos pocos días antes había estado en Portugal Himmler, para dar buenos consejos a la PIDE. Total que el temor de siempre volvió. ¿Habría algún lugar en donde uno pudiese vivir sin ese temor? Próximo destino Tánger. Nicolás Muller, cuando recuerda los siete años vividos en Tánger, los recuerda


Arriba, retrato de José Ortega y Gasset; a la derecha, Aranguren. Debajo, Pío Baroja.

como los mejores y más felices de su vida, después de sus aventuras de huidas, había llegado a un puerto donde podría rehacer su vida, recuperar un sentido que se pareciera en algo a la seguridad soñada y nunca alcanzada. Tánger en aquel entonces, era una ciudad especie de paraíso para los refugiados de toda Europa. Además de los de la guerra española, allí había judíos de toda la Europa central. Todo un mundo de humanidad variopinta que por caminos muy diversos aterrizaron en ese Tánger amable y hospitalario. A partir de aquel momento se fragua una gran amistad y relación con los redactores y periodistas de España en Tánger, y este volvió a ser el centro de su vida. Fernando Vera y su hija Mavi, con su marido Alfredo y Lolita, la hermana de Alfredo, a quienes trataba ya desde antes, junto con Miguel Núñez, volvió a tener una fa-

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milia, con una amistad que desde los tiempos de Hungría no había vuelto a tener. Con Luis Montero y por sugerencia de García Figueras crearon una pequeña sociedad de servicios fotográficos. Evidentemente Tánger tuvo un papel clave en la vida de Muller. Allí se originan sus relaciones con España y con los intelectuales españoles, los cuales tras la derrota de la guerra civil, habían emigrado a Tánger. Son las exposiciones realizadas en Tánger y Tetuán, con sus fotos húngaras de carácter social, sus imágenes de Paris y Portugal, las que llaman la atención hacia él. Este es un ambiente humilde, carente de impulsos desde el punto de vista del fotógrafo, donde sus fotos causan gran admiración. Comenzó a trabajar de forma constante e intensamente para varios diarios y revistas españolas y marro-

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quíes como fotógrafo: ABC, Informaciones y Semana publican sus fotos a partir de 1940, mientras Mundo, África, Tánger, Fotos, Mauritania, L´Echo de Tánger y Dèpeche Marocaine(Casablanca) lo hacen entre 1941 y 1944. En realidad, sólo continúa lo iniciado en Hungría , pero ahora, en vez de representar a las capas humildes de su patria, descubre Marruecos. Esta es la razón por la cual los dirigentes de la propaganda de la España de Franco, que aspiraba a la posesión de Marruecos, lo notaron, y se explica de la misma manera el hecho de que le encargaran la preparación de dos álbumes que representaban para el público español el Marruecos anhelado desde casi cien años. Desde el punto de vista temático, Estampas Marroquíes (1944) es entre los dos trabajos el más complejo, y es que, además, el texto no fue escrito

por una persona cualquiera. El coautor es R.Gil Benumeya, el gran historiador andalucista que considera a Marruecos como parte de Andalucía, es decir de la histórica “Al Andalus”. Sin embargo Nicolás Muller tiene una opinión diferente sobre la cuestión, al igual que los grandes personajes de la generación del 98, que hablaban de la necesidad de “desafricanizar España”. De todas formas, Muller no participaba en la política y tampoco se interesaba por el fondo político del trabajo (lógicamente, pues apenas hablaba español). El se inspiraba en Marruecos y en la gente árabe. Muller siempre se interesaba solo por el paisaje donde aparezca el hombre. “Para mi el paisaje sirve siempre solamente de fondo” dice en 1993.


Muller siempre se interesaba solo por el paisaje donde aparezca el hombre. “Para mi el paisaje sirve siempre solamente de fondo” dice en 1993.

Conviene recordar que, terminada la guerra, Nicolás Muller no regresa a Hungría. A la pregunta de ¿Querías volver? Siempre respondía “No, tenía miedo, quería librarme del recuerdo de 1938. En aquel entonces tomaron la misma decisión muchos de los judíos húngaros, entre ellos su hermano Pablo, quien había abandonado Hungría antes del término de la guerra y murió en París en 1973. En diciembre de 1947, con ocasión de su segunda exposición en Madrid, la capital española ya lo saluda como a un fotógrafo famoso. Presentó 54 fotografías en la sala de exposiciones de la librería de la Revista de Occidente, situada en Serrano 29, ofreciendo, al mismo tiempo, cierto tipo de resumen o balance de su obra hecha hasta la fecha. Aunque ya en enero de 1948, poco después de la inauguración de la exposición, aparece en Fotos una critica favorables de Enrique Azcoaga, pero en realidad fue Fernando Vela, inaugurador de la exposición, el que se dio cuenta de que había comenzado un cambio de período en la historia de la fotografía española. Describe las fotos de Muller como “fotografía pura”, que sobrepasa el carácter de simple documento, la fijación gráfica o la imitación de la pintura. En las fotos de Muller se desarrolla una concepción de una profundidad cada vez diferentes de la realidad, donde –advierte Vela- el mundo en si es suficiente para la vis-

ta, sin la necesidad de alterarla o deformarla. Vela opone a ese concepto el de la “fotografía artística”, que en primer lugar fija el paisaje o, creando una engañadora atmósfera poética, empobrece y altera. Al hablar de Muller subraya que para él no basta el paisaje, se interesa más por la gente. Su cámara está buscando a personas incluso en los paisajes: “Muller nos enseña hasta que profundidad de las cosas y del hombre puede entrar la lente en sus fotos” Posteriormente Nicolás Muller se instala definitivamente en Madrid abriendo su estudio, retratando a los personajes más destacados de la vida cultural española: Ortega y Gasset, Azorín, Pio Baroja, Vicente Aleixandre, Menéndez Pidal, Pérez de Ayala, Aranguren y Marañón, son entre otros muchos, algunas de las personalidades más destacadas que posaron ante sus objetivos. Nicolás Muller fallece en Andrín el pueblecito de Llanes en Asturias día 2 de Enero del año 2000, tenía 86 años. Su fotografía era su forma personal de expresar plásticamente lo que pensaba. A pesar de su gran formación humanista (Derecho y Ciencias Políticas) decidió vivir haciendo fotos que es lo que más le gusta hacer y vivir de hacerlas. Conviene fijarnos en una frase –aparentemente sin importancia- de la carta escrita por Muller a López de Mondéjar : “Creo tener ciertos méritos en haber hecho entender a la gente que el fotógrafo

tiene que vivir de su trabajo: debe de ser pagado”. Esa frase tiene grandes dimensiones. No sólo se trata de que, terminada la guerra, la fotografía se convirtiera de pasatiempo en profesión y de que era necesario forzar a la prensa a que reconociera la fotografía como arte, en que era obligatorio poner el nombre del autor y por qué Muller tuvo conflictos de este carácter. Esta frase nació de las experiencias de sus años pasados entre combates cuando Muller tenía que cuidar a sus cuatro hijos. ¡No fue y no pudo ser fácil¡ Examinando su archivo, se nos desarrollan veinte años inquietos, rápidos, que exigieron enormes esfuerzos. Parece que el precio de un arte que se mantenía aparte de la oficialidad franquista o de la sociedad, que optaba por las “regiones celestiales” del pensamiento, fue un fuerte aislamiento personal y un trabajo duro. Su obra ha quedado en buenas manos, está custodiada por su hija, la también fotógrafo Ana Muller, y su maleta al igual que la de su compatriota Robert Capa, está compuesta de más de 14.000 negativos. El año pasado se conmemoró el centenario del nacimiento de este gran artista, un poco olvidado, conocer su obra es fundamental para entender la historia de la fotografía española.

José Luis Cuendia, “Guendy” Luz y Tinta - 15


En esta ocasión vamos a fusionar la imagen de una chica con la de un tigre. Empezamos ejecutando el programa Photoshop para a continuación cargarla fotografía de la chica y la del tigre, la del tigre la conseguí en la red. Seleccionamos la imagen del tigre y vamos recortando con la herramienta lazo (tecla L): para empezar lo hacemos recortando la zona del ojo, no importa que recortemos más de lo que queremos ya que luego las capas las iremos recortando mejor, situamos la capa que hemos recortado y le bajamos la opacidad para poder situar el ojo del tigre justo donde está el de la chica. Vamos de nuevo a la imagen del tigre y recortaremos en este caso la zona de la nariz, haremos lo mismo que hicimos anteriormente con el trozo donde se encontraba el ojo, iremos dando estos mismos pasos de ir recortando trozos del tigre y pasándolos y dando forma hasta conseguir cubrir media cara de la chica. Cuando lo tengamos todos tendremos muchas capas, a cada una de estas le aplicaremos una máscara de capa y teniendo seleccionada la capa que queramos retocar elegiremos un pincel suave y la paleta de color en negro, iremos eliminando las zonas de los recortes de la cara del tigre hasta conseguir difuminar los bordes y hacer que parezca una sola imagen. Una vez hecho esto seleccionamos todas las capas y damos con el botón derecho del ratón sobre “combinar capas”, seguidamente aplicamos una capa de ajuste de equilibrio de color y en medios tonos ponemos en cian y rojo +18, en magenta y verde +20 y en amarillo y azul +42. Seguidamente elegimos la herramienta Sobreexponer y damos con un pincel suave sobre el ojo de la chica y el del tigre con idea de darle más luminosidad, acoplamos una textura en tonos azules y la ponemos en modo de fusión “subexposición lineal” y ya con estos pasos está prácticamente terminado este efecto de mujer felina. Después de esto solo apliqué un poco de color amarillo sobre el tigre y le apliqué el filtro “fractalius” con un porcentaje muy bajo de opacidad.

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Un día en la Catedral de

Un día, en cualquier catedral de estas características, no da para mucho pues hay tantísimas cosas interesantes en ellas que se necesitaría mucho más tiempo para verlo todo. De cualquier forma decidí pasar un día completo en la catedral de Santiago, que conozco desde que era pequeña, para tener imágenes, sensaciones e información fresca en mi mente y así poder transmitir de una manera más veraz lo que hay en ella aunque solo sea por encima pues es mucha su riqueza.

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El museo catedralicio fue fundado en 1928 y en él se encuentran verdaderas obras de arte: arqueología, orfebrería y tapices en unas estancias iluminadas con una tenue luz y muy acogedoras.

En mi relato anterior recogí cómo habían sido descubiertos los restos del Apóstol Santiago el Mayor y de dos de sus discípulos y me gustaría seguir contando la historia que sigue en varios relatos y a mi manera, como si se tratara de un cuento, para que se pueda leer con los ojos y la curiosidad de un niño. La mañana la pasé viendo la cripta, el bellísimo claustro plateresco y el museo catedralicio lleno de inapreciables tesoros y varias capillas con importantes retablos. Por la tarde subí a la cubierta de la catedral con una guía y un pequeño grupo de personas y desde allí pude admirar las bellas panorámicas de la ciudad y las cúpulas de otras iglesias en un día verdaderamente despejado y limpio. La cripta está debajo del Pórtico de la Gloria y se hizo para rellenar el desnivel que había entre la cabecera y el extremo occidental de la

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Catedral. Es un lugar muy acogedor de una piedra excelente de granito, así es toda la piedra de esta región de España. El famoso Pórtico de La Gloria quedaba, pues, muy alto para que la gente lo admirara desde abajo y esas escaleras, por todos cono-

El claustro plateresco es uno de los principales de España de su época y en él se aúnan los perfiles góticos de sus estructuras con la aparición de decoraciones renacentistas

cidas, fueron construidas siglos más tarde para poder acceder al interior de la catedral y también se pusieron unas puertas con el fin de proteger el pórtico policromado que las inclemencias del tiempo iba despintando y desgastando. Anteriormente se accedía al interior por las puertas laterales: una de las cuales es la principal y de estilo románico. El museo catedralicio fue fundado en 1928 y en él se encuentran verdaderas obras de arte: arqueología, orfebrería y tapices en unas estancias iluminadas con una tenue luz y muy acogedoras. Hay una segunda parte del museo con bellísimas colecciones de arte procedentes la mayoría de donaciones, ofrendas a los reyes y legados de personajes históricos que conforman un conjunto verdaderamente espectacular. Yo llevaba mi cámara pero ya me habían advertido que no se podían hacer fotos en


La cripta está debajo del Pórtico de la Gloria y se hizo para rellenar el desnivel que había entre la cabecera y el extremo occidental de la Catedral

el interior, por lo que es de imaginar lo que sufrí al ver tanta historia junta y no poder fotografiarla. El claustro plateresco es uno de los principales de España de su época y en él se aúnan los perfiles góticos de sus estructuras con la aparición de decoraciones renacentistas. El friso, como un encaje finísimo y con una gran simbología, envuelve el patio como si fuera un precioso collar. En el centro del patio hay una especie de taza de piedra que mandó construir el Arzobispo Gelmírez en 1122 y en una de las esquinas las campanas de la Torre del Reloj que fueron sustituidas por otras en 1990. Allí ya se podían hacer fotos y llené mi mochila de fotos, cual campanadas que suenan en lo más profundo y silencios que hablan. Por la tarde subí a la cubierta de la Catedral por unas difíciles escaleras porque son bastante altas y, al llegar

Urna de plata en la que se dice reposan los restos del apóstol Santiago

allí, se abrió ante mi vista el hermoso paisaje de los tejados de la ciudad que tanto me gustan. La cubierta era en un principio de cemento, luego la recubrieron de teja y hace años volvió a ser de cemento y escalonada para poder ser visitada. Para el final dejé el abrazo al Apóstol y la visita a la urna de plata en donde se encuentran sus restos mortales. Todo esto está contado de una manera muy abreviada por falta de espacio pero no ha de extrañar que, al día siguiente, estuve con agujetas y apenas me moví de mi sillón. Cansada sí, pero también muy contenta y emocionada por todas las cosas que pude ver o, más bien volver a ver, ya que no es la primera vez que hago esto… solo que antes tenía yo menos años y no me cansaba tanto.

María Esther Rodríguez. Luz y Tinta - 21


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El ombligo se le estaba haciendo cada vez más grande, pero le parecía aún pequeño para sacar lo que crecía en su vientre. Tenía veinte años y había cosas de las que no se hablaban. Pasó uno sangrando en silencio, a escondidas de su madre, avergonzada de lo que confundió con una enfermedad en partes innombrables. Un día su madre le dio una explicación: eso es normal, cosa de mujeres; pero mejor que no se sepa, y aléjate de los hombres. Cuando en el callejón, el que iba a ser su marido la besó, se sintió aterrada. Era cosa prohibida y peligrosa que preñaba a las mujeres. Pasó noches sin dormir, temiendo un embarazo. Aún no estaba casada. El día de la boda descubrió con dolor que no era con besos con lo que se hacían los hijos. En el parto se sintió igual que cualquiera de las cerdas que engordaban en los corrales. Tuvo una niña preciosa. Su propio retrato, decía la gente al verla. Entre el colegio y la calle aprendió las cosas que conciernen a las mujeres, cosas del sexo y la reproducción. Eso que ella, por pudor o por ignorancia no le podía explicar, pero que anhelaba que conociera. Para cuando su nieta nació, ya se hablaba de todo más abiertamente. Escuchaba atenta sus historias infantiles sobre flores, semillas, papá y mamá. Atrás quedaba el tiempo en que las mujeres y los animales parecían la misma cosa. La abuela crecía viendo crecer a su nieta. Se fueron sumando los años. Uno tras otro llegaron a veinte. El día del veinte cumpleaños, la niña, que ya no lo era, con los ojos cerrados sopló con fuerza las velas y pidió un deseo. Las llamas temblaron hasta desaparecer. La nieta, cuando abrió los ojos, se vio a sí misma en

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los asientos que unos segundos antes ocupaban su madre y su abuela. Por un momento creyó que le habían colocado un doble espejo, un truco para simular que el deseo le había sido concedido. Notó que la abuela de veinte años, vestida con la misma bata azul, le clavaba los ojos como alfileres en el escote de la camiseta de tirantes, el piercing del ombligo y las alas de mariposa que asomaban bajo el short deshilachado. El horror de esa mirada le hizo entender que aquello era una realidad sin reflejos. Su fiel aliada frente a las críticas insoportables de una madre que desaprobaba la estética y moralidad de su atuendo, esa abuela que tanto disfrutaba con la frescura y belleza de la nieta, ahora trataba de cubrirle el cuerpo con el mantel. El deseo de cumpleaños se había cumplido. Las mujeres importantes de su vida ya tenían su edad. La abuela con paso de gigante había retrocedido en un soplo, todo lo que había avanzado durante cincuenta años a paso de hormiga. Y creció el abismo. Tal vez, reflexionó la joven, para eliminar la brecha tendríamos que haber nacido todas el mismo día. Pero esa idea le producía gran desamparo. Nunca se atrevió a formular dicho deseo.

Gloria Soriano

Una cana inoportuna Hundió el peine en el pelo negro, largo y húmedo, desenredándolo poco a poco, y se fijó en algunas canas que comenzaban a clarear en largas guedejas blanquísimas a modo de recordatorio del paso del tiempo. “Tendré que teñirme esta semana otra vez”, pensó con resignación, mientras dejaba el peine y comenzaba a secarse minuciosamente con la toalla. Cuando estaba a punto de coger el albornoz se fijó en otra cana, ésta en el pubis. De lo más inoportuna, pensó. Y aquello le pareció ya demasiado. No iba a verla nadie, se dijo, pero era un símbolo demasiado evidente. La contempló, entristecida, en el espejo y, en un arranque, a la vez de rabia y de soberbia, cogió la espuma, empapó morosamente la zona y, a continuación, fue pasando la maquinilla con todo cuidado, de arriba a abajo, sin prisas, hasta que quedó perfectamente rasurada. Ni un pelo. Ni una cana. Se contempló en el espejo y se sintió rara, pero satisfecha. Era una especie de triunfo personal que tendría que explicar a su marido, quizás aquella misma noche. Aunque no le hizo falta. Cuando comenzaron a hacer el amor y él se dio cuenta, se dedicó a acariciar detenidamente la zona recién depilada, suspirando complacidamente, hasta que le dijo al oído: “Ay, cuquina, cómo te gustan los juegos”. Ella sonrió para sus adentros y disfrutó con las caricias y la simplicidad de su marido como no lo había hecho con la visión de la discordante cana. Foto: Olga

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F.T.


En una noche, a la luz de unos candiles, mientras hábiles manos desgranan las mazorcas del maíz, entretiene la reunión las notas monótonas de un instrumento que apoyado en las rodillas parece llorar, mientras las manos de un hombre frotan el arco sobre sus tres cuerdas. Parece un violín, pero es mucho más pequeño y de apariencia muy rústica. El tañido se acompaña de unas letras que va desgranando un hombre de apariencia humilde, como el resto de las personas de la reunión. Es una “esfoyaza”.

Se llama así a la reunión familiar o vecinal, donde se juntan varias personas, hombres y mujeres, para desgranar las plantas de maíz. También los filandones, solo que en estos no tenían más función que el entretenimiento. En ellos se charla, se cuentan romances, y se canta acompañado del rabel, que así se llama este instrumento. También recibe el nombre de bandurria, principalmente en el pueblo de Caleao, uno de los sitios donde más tradición había de tocarlo. Parecida era la zanfona, similar, pero no

se toca con arco, sino con una manivela llamada “rabil” Es principalmente un instrumento pastoril, usado en los momentos de descanso en las majadas y lugares de pastoreo de las vacas y ovejas por los hombres que apacentaban el ganado. Su construcción era muy elemental, bastaba una rústica caja, a veces hecha con los restos de una lata, aunque generalmente eran de madera, un mástil, y tres cuerdas de las tripas de un carnero o de gallina, después de secarlas. Para el arco, usaban las crines de las colas del ca-

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ballo, que no de la yegua, debido a que la orina de la hembra estropeaba la sonoridad a la hora de frotarlo (cosas de la sabiduría popular), si tenemos en cuenta por donde mean unos y otras. Eran tiempos donde el esparcimiento era un bien muy escaso, salvando las fiestas populares de los pueblos del contorno. Sin coche ni televisión solo quedaba olvidarse de los quehaceres cotidianos en este sencillo entretenimiento. A sus sones se improvisaban bailes, pues con poco les bastaba para montar una fiesta, y de paso echar la vista a algún galán o galana. Hoy parece que el viejo instrumento vuelve a reaparecer, impulsado por músicos que han sabido extraerle sonidos antes impensables por su virtuosismo. Una legión de intérpretes vuelven al pueblo donde lo vio nacer, Caleao (Parque de Redes), y durante un día recrean coplas, muchas de ellas, pícaras, y los que ya peinan muchas canas vuelven a imaginarse sus años mozos, cuando con las piernas más ágiles, bailaban incansables al son de su música. Es una fiesta entrañable por ver resurgir algo que creíamos perdido, y sin embargo permanecía latente en la memoria popular. Como todas las cosas hizo falta que las generaciones jóvenes pusieran su empeño en sacarlo adelante, y que maestros en el arte de su toque nos enseñaran toda la capacidad que tiene la simplicidad de su música para transformarla en un concierto de máximo nivel. Hasta el pueblo casín se desplazan músicos de León, Cantabria, lugares estos con una amplia tradición rabelistica, que además, muy orgullosos ellos, se encargan de divulgar por todos los lugares donde son reclamados. Esta tradición, a su vez, fue transplantada a los lejanos lugares de America donde la emigración asturiana se vio obligada a partir, y allí acompañó la nostalgia de sus lugares de origen, haciendo más llevadera la ausencia. Unos antepasados míos realizaron en Buenos Aires la primera grabación conocida en aquellos viejos discos de pizarra, que afortunadamente se conserva, allá por los años 20 del pasado siglo. Pepe Calvo, Cefero Traviesas, Luciano Tarilonte, y uno de los más grandes impulsores, Caballín, fueron de los más nombrados. En el pueblo de Caleao todavía  queda  gente que encopla y hace letras como ésta donde se cuenta cómo se hace una bandurria: Vo facer una bandurria, d’un troncu de cerezal, El restriellu ye de texu, el caballu de nozal, El pelleyu d’un corderu, los tornos de recimal, Les cuerdes son de pitina, el rabil ye de peral Vo cortar el rau a la yegua, pa preparai el sedal, Os aconsejo que si un día vais por Caleao, en la época de este festival, no dejéis de asistir. Es un espectáculo único, y del que seguro no saldréis decepcionados.

Monchu Calvo

Maratón fotográfico Asturias a contraluz La Asociación Fotográfica Asturias a contraluz celebrará los días 3 y 4 de mayo de 2014 un maratón fotográfico en Laviana. Es ya la cuarta edición de este popular maratón que, entre otros, patrocina Moldeando la luz. Puede verse toda la información relativa al mismo en la web de la propia asociación: http://www.asturiasacontraluz.com/

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Lugares para perderse

Cesky Krumlov

Su situaci贸n, entre Au viera, y m谩s fundame proximidad del norte fluyeron notablement guraci贸n de la ciudad 28 - Luz y Tinta


ustria y Baentalmente la de Italia, inte en la confid Luz y Tinta - 29


Cesky Krumlov no solamente vive de la h también posee una rica oferta cultural.

Callejuelas sinuosas, rincones románticos, una arquitectura deslumbrante y un castillo medieval incomparable sobre el meandro del Moldava fueron los motivos que me llevaron a visitar esta joya del sur de Bohemia llamada Cesky Krumlov. La época de florecimiento de esta pintoresca ciudad se remonta a los años que transcurren entre 1302 y 1602, en el que los señores de Rozmberk, la nobleza más rica e influyente del país, hicieron de ella su lugar de residencia. Su situación, entre Austria y Baviera, y más fundamentalmente la proximidad del norte de Italia, influyeron notablemente en la configuración de la ciudad y el castillo, cuyo estilo pertenece al Renacimiento italiano. A finales del siglo XVII, durante el mandato de la casa de los Eggenberg, se construyeron algunas de las maravillas de la ciudad, como el teatro barroco, uno de los más antiguos y mejor conservados del mundo, pero fue en la época de los Schwarzenberg cuando Cesky Krumlov adquirió su aspecto barroco que aún conserva en la actualidad, pues una política muy acertada de reconstrucciones contemporáneas ha conseguido que la ciudad conserve sus rasgos peculiares y arquitectónicos prácticamente inalterados. Un paseo por Cesky Krumlov nos permite ver edificios medievales, góticos, renacentistas y barrocos en una perfecta armonía. Cada rincón de la ciudad guarda una sorpresa, una taberna medieval, un pequeño teatro, una sala de exposiciones y hasta trescientos monumentos históricos protegidos que, junto a la naturaleza desbordante que la rodea, desde los meandros

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historia, sino que

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La época de florecimiento de esta pintoresca ciudad se remonta a los años que transcurren entre 1302 y 1602, en el que los señores de Rozmberk, la nobleza más rica e influyente del país, hicieron de ella su lugar de residencia.

del Moldava hasta los densos bosques de Bohemia, hacen de este lugar el espacio más bello de la República Checa y uno de los más sugestivos de toda Europa. Desde 1992, el casco histórico y el complejo del castillo y el palacio están inscritos en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Pero Cesky Krumlov no solamente vive de la historia, sino que también posee una rica oferta cultural. La ciudad cuenta con siete museos, cuatro galerías, algunas internacionalmente reconocidas como la Egon Schiele Art Centrum, abundantes tiendas con objetos artísticos realizados por los artesanos locales y festivales de música y teatro a lo largo de todo el año. En 1980, el astrónomo checo  Antonín Mrkos descubrió un satélite que gravitaba en la órbita entre Marte y Júpiter. ¿Adivinan que nombre le puso? 2747 Cesky Krumlov.

Jose Manuel Gonzalo

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La fotografía no es tan solo una disciplina técnica con gran capacidad artística, ante todo es un arte interdisciplinar, una visión global que abarca un lenguaje múltiple que se alimenta de distintas fuentes de inspiración. Su funcionalidad es captar la realidad completa, pero en sus diferentes esencias: realidad pura, hiperrealidad, metarealidad, transrealidad, exorealidad, entre otras. Como entidad general, la realidad en sí misma es aquello que aparentemente nos rodea, lo que apreciamos a través de los sentidos. Pero la realidad no es percibida de forma igual por todos, a pesar de vivir insertos en realidades parecidas. Cuando entramos en contacto con las diversas formas de conocimiento, la razón, la percepción, la emoción, el lenguaje y el arte, estimulamos nuestra esencia de ser bajo formas múltiples, desencadenando consecuencias diversas. Todos percibimos la realidad de una forma diferencial porque simplemente la elaboramos bajo filtros dispares. Pero a veces la realidad se desintegra, se funde, penetra en dimensiones no habituales a los sentidos básicos, es decir, se supera a sí misma, se transmuta, se autodestruye esencialmente. Deja su parte real y regresa o viaja en el espacio y el tiempo. Es el caso de la realidad que nos ocupa, el Steampunk, que vendría a ser un sentimiento existencial que marca una realidad diferente en la actualidad y regresa a un estado esencial de retroceso en la historia.

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Tiempo, retrospección, fusión, complementos rescatados de épocas industriales, donde los engranajes y las piezas formaban sistemas que desafiaban toda la lógica comprensible. Fueron la exquisitez vanguardística de su momento, donde la ciencia era un sagrado lugar donde se fraguaban los más sorprendentes y extraños inventos. Muchos de ellos los hemos vistos en numerosos pasajes de ciencia ficción, cómics y videogames. La inspiración de este movimiento proviene de un pasado glorioso donde las máquinas causaron el asentamiento del ingenio en la humanidad.

cias del pasado para generar extraños híbridos de modernidad y alternativa artísticas, adaptadas a las metarealidades de nuestro tiempo. El Steampunk es el resultado de mezclar Steam (vapor) y Punk (contracultura juvenil de extrema rebelión a mediados de los 70). Inicialmente fue un subgénero literario que nació dentro de la ciencia ficción especulativa tan exitosa en la década de los 80, concretamente de la mano de los escritores Cyberpunk. A día de hoy este subgénero ha madurado tanto que se ha convertido en un movimiento artístico y sociocultural por sí mismo, una per-

Se trata de un estilo cultural y gráfico que marca una forma de entender la vida como un funcionamiento mecánico de la sociedad. Hoy en día se introduce en la moda, en el arte, en la música, en la literatura, en la fotografía, fusionando muchas estructuras gráficas a modo de un collage perdido en el hito de la historia. Ante la digitalización invasiva y fácilmente manipulable, la mecánica legendaria de períodos supuestamente superados, renace de nuevo como una forma distinta de evolucionar y ver los espacios. Hoy en día, el Steampunk recoge las heren-

sonalidad fascinante que recoge el espíritu lejano de aquellas viejas maquinarias doradas asentadas en Inglaterra victoriana y eduardiana o en los Estados Unidos de Norteamérica de Wild West. Las obras de temática Steampunk, muestran tecnologías anacrónicas, invenciones futuristas imaginadas por los visionarios de su época pero insertadas dentro del espacio actual. No se trata de una simple pose o moda estética, sino más bien de una retro vanguardia, consistente y reciclada, que toma prestados algunos elementos del futurismo del siglo XX. También absorbe ele-

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mentos del romanticismo gótico, del dandysmo decadentista de Charles Baudelaire y Oscar Wilde, o del fetish de corte Dita Von Tesse o Porcelain Black. Si a todo ello añadimos los propios ingredientes steam y punk obtenemos la esencia de la visión industrial y post-apocalíptica de la realidad steampunkiana. Para entender el grafismo del Steampunk debemos saber que toma su energía y envoltorio de las leyendas literarias de H. G. Wells y Jules Verne, pero también de autores contemporáneos como Phillip Pullman, Scott Westerfeld y China Mieville. Sus obras configuran un imaginarium de ficción especulativa, que desencadena una amalgama de depuradas ucronias entendidas éstas como una ramificación de la ciencia ficción que especula sobre las posibles consecuencias de un punto histórico si hubiera tenido un resultado diferente al que tuvo en su línea temporal. El Steampunk es, pues, un rechazo ante las estéticas actuales; estériles, frías e impersonales, que cambian constantemente y alejan al individuo de la ciencia y la sociedad. Por tanto, representa un discurso contra la obsolescencia programada, entendida ésta como “el desarrollo de un producto sabiendo que morirá o estará obsoleto en un tiempo concreto”. Asimismo el Steampunk es un estado de lucha y desprecio ante la frágil naturaleza críptica de la era digital, una filosofía que rechaza la producción en masa, a favor de los productos formados a través de los artífices de la mecánica más refinada. Como indica Max Ferzzola, “una máquina Steampunk es fuerte y robusta, casi irrompible, tiene diseños y colores cálidos. Y, lo más importante, no se vuelve obsoleta porque es una obra de arte en sí misma”. La fotografía Steampunk plasma y crea la simbiosis entre máquinas, artilugios, sociedad y seres humanos, una tetralogía que incluso tiene sus propias leyes, su visión de la vida y la cultura. No se trata de sesiones fáciles de conseguir, dado

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que la dificultad reside en disponer de los elementos para construir esa arquitectura estilística que simboliza al ser humano biomecanizado. Tubos, compartimentos cristalinos, partes de armaduras, máquinas y artefactos, corsés, joyas, sombreros de copa, gafas de aviador o de soldadura, maquinarias relojísticas, engranajes, cableados, pistolas, mascaras antigases, y un larguísimo etcétera de ingenios arcaicos. La iluminación fotográfica juega un papel determinante, realza la belleza de la piel, dejando una textura estilizada, plana, sin defectos ni

arrugas, a modo de las más frágiles porcelanas de la época. Dominan los colores cálidos, amarillos, naranjas, ocres, dorados, con algunos toques de cromáticas alternativas hacia el azul, el verde o el lila… El blanco, el negro y el gris, están muy presentes, aunque a veces navegan entre su dominancia, exclusividad o ausencia. En algunas imágenes se aparece la tenebrosidad gótica, mientras que en otras la plástica y atmósfera se fuga hacia las tonalidades frías y apocalípticas. En cuanto a las técnicas de registro fotográfico empleadas son dua-

les. Hay trabajos limpios, directos, sujetos a la más tradicional forma de captar la imagen, sin post producciones. Son imágenes que muestran acabados donde los complementos, el modelo y la luz, dibujan el drama representado. Sin embargo en otras imágenes, se realza la brillantez ilustrativa del combinado digital, donde el software de imagen se corona como rasgo dominante y posterior a la captura: Photoshop, Painter, Illustrator, etc., infografía que culmina el arte final en una auténtica maravilla. Ambas son técnicas que generan resultados que parten de la fotografía

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como nexo común pero que buscan trascender la conclusión de la realidad a fin de penetrar en el seno de este hiperrealismo casi pictórico. En consecuencia, son un conjunto de expresiones artísticas que encuentren su origen en la añoranza del pasado, pero que se ven influidas por el entusiasmo de aquellas descripciones utópicas o distópicas sobre un futuro imaginario. Se trata de explorar la tensión existente entre lo antiguo y lo nuevo, al mismo tiempo de criticar el poder de la tecnología actual que nos distancia como sociedad. De este retrofuturismo no solo se deriva el Steampunk (basado en la tecnología del vapor), sino también el Dieselpunk (estética art-deco y expresionismo alemán), el Atompunk (amenaza atómica y bioquímica) y el Bitpunk (tecnologías basadas en el neón, la cibernética y la informática), todos con el mismo tronco común pero diferenciándose en pequeños matices y en sus fuentes de inspiración. A pesar de estas ramificaciones, hay posiciones que se yuxtaponen entre sí formado mezclas conjuntas de varios de los estilos. No cabe duda que la fotografía es un universo que nunca termina. Un macrocosmos que explorar y trasciende sus propias funciones, aplicaciones, fuentes de creatividad e inspiración. La fotografía es, en sí misma, encierra las claves que conectan hacia distintas realidades. Es capaz de ver lo que no se ve, de crear aquello que aun no existe, de hacer sentir nuevas sensaciones que parecían lejanas a todo aquello que va más allá de los sentidos y la percepción. El Steampunk ofrece una parte de esa realidad imaginaria que juega entre lo real y lo imaginario, un puente del presente hacia el pasado y de este hacia el futuro. Es la magia de poder jugar, mezclar y componer.

Carlos Flaqué Monllonch

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Efecto “imagen 3D” muy fácil de realizar y pensando, nuevamente, en todos aquellos que se inician con Photoshop. Espero resulte útil y ayude a continuar familiarizándose con el programa. 1. CONTROL + O para elegir una fotografía y a continuación duplicarla pulsando el combinado de teclas CONTROL + J. 2. AJUSTES > IMAGEN > Niveles. En el cuadro de dialogo que se nos muestra se elige el Canal Rojo y se pone un valor de 0 (cero) en la opción “Nivel de Salida”. La capa duplicada se nos pondrá toda ella de color azul claro. 3. A continuación, colocados en la Capa Fondo —clic con el puntero del ratón sobre ella en la Paleta de Capas—, se repite el paso anterior, si bien esta vez escogiendo el Canal Verde, e igualmente se le pone un valor de 0 en “Niveles de Salida” y seguidamente se escoge el Canal Azul y también con un valor de 0 en su “Nivel de Salida”. La Capa Fondo ahora estará toda ella de color rojo.

4. Situados en la Capa duplicada —la que se encuentra encima de la capa Fondo— , se cambia su modo de fusión de Normal a DIFERENCIA. Con ello se recuperan los colores iniciales de la imagen. 5. Se activa la herramienta MOVER, pulsando la letra V. Ahora haciendo uso de las teclas direccionales —las de las flechas— se pulsa la tecla de la flecha que indica hacia la derecha; pulsando varias veces, se verá cómo al desplazar la imagen se crea el efecto 3D. 6. Con la letra C pulsada, para activar la herramienta RECORTAR, se realiza una selección alrededor de la imagen de tal manera que quede fuera del recorte la parte de la imagen —lateral derecho— que no nos vale, es decir aquella en la que se ve el color rojo por debajo.

Antonio Ramón Ferrera Luz y Tinta - 41


¿Hay algo más bonito, más saludable, más positivo que desearle a alguien felicidad? No hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti. O si lo ponemos en positivo, “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”. Cuando empecé a colaborar en esta hermosa idea convertida en revista, Guendy me pidió que le pusiera un título a la sección; decidimos llamarla “A mi manera de ver”, esto se ha perdido con la evolución de Luz y Tinta, pero perdura esa frase en cada uno de mis artículos. Y esto es así porque cada uno de nosotros tiene un ángulo, un enfoque de lo observado, una manera de ver lo vivido, lo

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experimentado, una manera de verse a sí mismo y a los demás. Siempre me ha gustado observar a los seres humanos así como a lo que nos rodea, igualmente disfrutar de la alegría y la felicidad que expande el corazón. Así que cuando empecé a felicitar por su cumpleaños a mis nuevos amigos de Moldeando la Luz, gente que no conocía personalmente, surgió espontáneamente una faceta en mi que no había descubierto

en la fotografía. Automáticamente me venían ideas relacionadas con sus aficiones, con sus ideas sobre la vida, con sus pensamientos, incluso creo que desconocidos a veces por ellos mismos. El resultado casi siempre bien reconocido ha sido el de un agradecimiento y una sensación de “dar en el clavo” con estos trabajos, para mi realmente jocosos y divertidos, en los que utilizando el viejo Photoplus colocaba los rostros de

los protagonistas cumpleañeros en los cuerpos y en las escenas que me venían a la mente relacionadas con ellos. Y siempre añadiendo un texto para complementarlas con frases que se me ocurrían. Así al maestro Guendy, lo vi siempre montado en una bicicleta, a Marta la “evolucioné” en dos ruedas, pero pasando de su amada bici a algo con motor Harley, sacando esa parte que tiene bien escondida de motera

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De arriba a abajo, recreaciones para los cumpleaños de Raúl Gorostiza, Paco Trinidad y Lucinda Llamazares.

rebelde con la chupa de Luz y Tinta. A nuestro amigo del otro lado del charco, Juanjo, haciendo de las suyas como su admirado Che Guevara cuando cruzó sobre una moto su querida tierra. Como podrán comprobar me gustan mucho esas máquinas, y no podría faltar la vespa en la que Lucinda Llamazares se agarra a Gregory Peck disfrutando de la vida en “Vacaciones en Roma”. Momento entrañable y de profunda alegría fue cuando nuestro amigo Eugenio resurgió cual ave Fénix, ganando el pulso a la enfermedad como un verdadero campeón, ¿quien mejor que el Capitán Trueno, icono de los tebeos (ahora comics) de nuestra juventud, para representar su valor ante la vida y la muerte? Desde el África salvaje aparece Deven, maestro de la fotografía de las etnias y animales que la pueblan. Y nuestro amigo ruso Andrew Pashis ¿donde estaría mejor que en un cartel de la película Doctor Zhivago? A Paco Trinidad, ese gran maestro colaborador, casi en la sombra, semi-escondido en Moldeando y Luz y Tinta, sin dejarse ver él, solo su enorme trabajo, lo imaginé atisbando con sus ojos vivarachos tras sus gafas, por la ventana en la que se reflejan los edificios distorsionados por el cristal. A KiKe no lo puedo ver mejor que tatuado su nombre en el cuerpo de una belleza femenina como las que tanto le gustan (ojo, a mí también). Al amigo “guau guau” Raúl, admirador de los coches y las féminas, no me lo puedo imaginar mejor que en un clásico deportivo y con una bella actriz al lado. Y a Lola para mí esa gran guerrera nuestra, la vi marchando al frente, con esa fila de mujeres luchadoras por una España mejor. Resumiendo. Un verdadero placer desearle lo mejor a mis amigos y amigas: y como decían los toreros antiguamente, ¡que Dios reparta suerte!

Javier Madroñero. 44 - Luz y Tinta


De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotomontajes para los cumplea単os de Kike, Marta, Andrew Pashis y Eugenio


El espíritu de Henrie Cartier-Bresson suele estar presente en todas aquellas fotografías que al estar frente a nosotros, somos capaces de captar ese momento efímero donde todo sucede. Son unas pocas decimas de segundo donde la escena fotografiada, no solo cobra vida, sino que mantienen un dramatismo sobre lo sucedido haciéndonos recapacitar y leer, lo que visualmente nos cuenta. Para mí, la calle, es sinónimo de estar vivo. La mejor medicina posible para mi salud. El antibiótico perfecto cuyos efectos secundarios se traducen en imágenes que una vez realiza-

das, me gusta contemplar. Me hacen revivir parte de mi vida… en las vida captada de los demás. Me gusta enfrentarme a lo desconocido. Caminar sin rumbo aparente, buscando algún encuadre rápido que ponga a prueba mi capacidad de análisis en una escena cotidiana, donde lo que sucede, me seduce hasta tal extremo de querer perpetuar lo visto en una fotografía. No sé decir no a mis instintos primarios, de fotógrafo callejero, social o como se quiera denominar. Simplemente me dejo llevar por esa intuición que a veces desarrollamos sin

saber muy bien el cómo nos llegó, ni él porque la mantenemos. Y mucho menos, el porqué no somos capaces de desprendernos de ella. Nuestra mirada, se fija en todo lo que sucede a nuestro alrededor. Son detalles que aparentemente encierran algo de cotidiano y excepcional a la vez. Suceden en nuestro entorno a cada momento, pero no siempre estamos lo suficientemente despiertos para poder captarlos y en ocasiones, no estamos preparados para poder inmortalizarlos al capturarlos con nuestras cámaras. Distraídos por otras circunstancias o abducidos por


Izquierda, Alzhéimer Una persona dubitativa en la calle, nos hace pensar en la fragilidad de nuestra mente… de nuestra vida.

Abajo, Sueño El sueño placido de la niñez y la realidad de un presente injusto si se quiere, pero real como la vida misma.

un entorno hostil que no nos permite centrarnos en nuestro propósito. Todo es parte de las dificultades que existen para plasmar nuestra ansiada fotografía de calle. Suele suceder que nuestra propia torpeza nos hace maldecir la perdida de una fotografía única. En otras ocasiones, las circunstancias no nos son favorables para realizarla. Sin olvidar los efectos complementarios que nos rompen una escena. Léase un fondo de escena que por sus características se transforma en el reclamo principal de nuestra retina y termina por ser el elemento persuasivo de la escena que fotografiamos. Sin olvidar a esa persona que se cruza por delante en el “instante decisivo” o esa fracción de segundo, donde el rictus de la


A la izquierda, Tiempo.- Para captar la esencia del tiempo, y el instante preciso, utilicé esta imagen para definir la hora justa en que se procedió a la reinauguración del Parque Brasil de la ciudad de Limache (donde resido) por parte del actual Alcalde Don Daniel Morales Espíndola. A la derecha, Envidia Un simple barquillo con un helado, despierta un sentimiento de envidia en quien no lo saborea. Abajo, Duda.- Esta imagen tiene dos lecturas. Por un lado, me causo sorpresa el señor mirando el interior de una bolsa vacía. Al verlo, causo en mi el acto reflejo de levantar la cámara y disparar. Y por otro lado me sirvió como excusa –y portada- para iniciar un proyecto fotográfico sobre personas con una bolsa de plástico en sus manos.

persona, cambia y todo aquello que hemos visto se desvanece transformándose en otra escena que para nada nos seduce. Para realizar este tipo de fotografía, necesitamos educar nuestra presencia en una escena en concreto. Tenemos que tener la habilidad suficiente para estar lo suficientemente cerca de lo que acontece y ser nuestra acción, materialmente indetectable. Para ello, debemos aplicar una definición tabú de la ciencia ficción, –hasta la fecha, claro- deberíamos de poder volvernos invisibles. Esta es la base de nuestro éxito. Y para ellos hemos de perfeccionar nuestro comportamiento, nuestra actitud y nuestro caminar en la calle. Solo así podremos conseguir captar escenas que el tiempo transforma como iconos de nuestro trabajo callejero. Mucho se habla del equipo a utilizar para conseguir este tipo de fotografía. Evidentemente, cuanto más pequeño sea este, más posibilidades de invisibilidad tenemos a nuestro favor. No obstante, con una réflex y una óptica fija podemos llegar a materializar un buen trabajo. No nos escudemos en el equipo y recordemos aquella máxima en nuestra profesión, que nos dice: “Un buen fotógrafo siempre es capaz de hacer una buena fotografía a pesar de la cámara”. Estas cinco imágenes me permiten ilustrar mis palabras.

Jan Puerta


Foto: Luis Gil Ruz

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Foto: Gabriela Aguilera

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