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Nº 112 - Mayo de 2021

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Fin de semana pletórico Escribo francamente desconcertado y alarmado en esta tarde del 9 de mayo en que parece que se ha abierto el postigo de la insensatez y por todas partes asoma el rostro de ceniza de la irresponsabilidad. Me explico. Hoy 9 de mayo ha terminado el estado de alarma en España y parece que han sonado las trompetas de Jericó y han caído las murallas del sentido común. Entiendo que el estado de alarma es una situación jurídica que da a los aparatos jurídicos —insisto— del Estado determinadas competencias en la suspensión temporal de algunos derechos civiles, por otra parte irrenunciables, como el derecho de reunión. Y todo ello por una razón que todos debiéramos entender porque a todos nos afecta: la pandemia del coronavirus se expande y contagia con el contacto humano, como por activa y por pasiva nos han explicado las autoridades sanitarias. Para acentuar la eficacia de las medidas sanitarias se nos impone el uso de mascarillas, el confinamiento y este estado de alarma que engloba otra serie de medidas, como el toque de queda que tanto molesta a los que claman por una libertad que, demostrado están, no han sabido ejercer. La libertad que desde algunos sectores se invoca en estos momentos, hay que decirlo claro, es la libertad de emborracharse en grupo, en lo que llamamos botellón, es decir, para no perder el discurso, en una situación propicia para la expansión de la pandemia. Lo he visto en todos los telediarios: grupos de jóvenes con la mascarilla terciada y dándole caña a su bebida preferida, mientras saltan y gritan, celebrando el fin de una situación jurídica —vuelvo a insistir— que no es paralela al fin de la pandemia. Aparte de la perversión del sentido de la libertad —sé lo que me digo, pues pertenezco a una generación que tuvo que luchar por la libertad frente a una dictadura férrea y crecida—, la actitud de estos jóvenes reclamando libertad con el único objetivo de alimentar su dipsomanía, a más de irresponsable, es totalmente ridícula. Pero entronca con la actitud de algunos políticos y de algunos informadores que han hecho de la posibilidad de acudir a los bares una especie de talismán frente vaya usted a saber qué otras posibilidades. Ya en el verano pasado se levantó un clamor reclamando bares y playas, lo que a continuación nos trajo una segunda ola más acendrada que la primera. Lo que este descorche masivo nos traiga aún no lo sabemos, aunque todo parece indicar que, a pesar del incremento de las vacunas, también será notable. Y más si se hace del desmadre etílico una ambición de cuyas consecuencias habrá que lamentarse meses más tarde. Pues lo que nadie puede dudar ni negar es que el virus sigue ahí, vivo y coleando, ajeno a nuestra deriva jurídica y con una capacidad de contagio que está poniendo a prueba todos nuestros avances sanitarios de las últimas décadas. Y lo que nadie duda a estas alturas es de que ha venido para quedarse, para convivir con nosotros y nuestras mascarillas, para atropellar nuestras euforias y para saltar a nuestro sistema inmunitario en cuanto le abrimos la mínima posibilidad. Y esta posibilidad de los botellones descontrolados no es precisamente mínima.

Francisco Trinidad

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Fotografía de Portada: Poli Artur

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José Luis Cuendia. Bellezas prestadas

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Francisco Trinidad. Final de Alicia Ramírez

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Gloria Soriano. Entre el amor y la enfermedad

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Edgar Allan Poe. Sombra

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Laudelino Vázquez. La Serena

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Monchu Calvo. De Cantorgan a Arizona

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Juan Depunto. El “cable inglés” de Almería

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Fotos seleccionadas

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David duChemin. Más de lo que empiezas

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Nadima / Claudio Serrano.

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Pepe Latas. Macro azulado

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Brooke Shaden

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Héctor Acebes

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Delmi Álvarez

PROMOTOR y DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA: José Luis Cuendia, «Guendy» DIRECCIÓN, DISEÑO Y MAQUETACIÓN: Francisco Trinidad DIRECTORA DE COMUNICACIÓN: Lola González

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Número Mayo de 2021

Reservados todos los derechos de reproducción total o parcial tanto del texto como de las imágenes. Las imágenes están protegidas por las leyes de copyright internacionales. Para cualquier consulta o sugerencia contacte con nuestro correo electrónico info@moldeandolaluz.com moldeandolaluz.com


Fotos del mes

Take, de Aleksey

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Fantasía, de Margarita K.

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José Luis Cuendia “Guendy”

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dani moreira


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dayan vargas


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leidy galeano


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lucia


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marianna merlukova


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marianna merlukova


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marlene


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marta echevarria


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marta


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matilde


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matilde


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paloma


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pilar


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virginia


Francisco Trinidad

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Final de Alicia Ramírez en dos tiempos (y 2) Desperté —luego supe que de un coma de un par de días— como quien sale de una piscina, tras haber mantenido la respiración durante un tiempo. La sensación de la piscina me la dio tal vez la sudoración que me envolvía. Lo cierto es que estaba confuso, ajeno al lugar en que me encontraba, con un terrible dolor de cabeza y una sensación de desconcierto que bordeaba el enajenamiento. Supongo que a todo ello ayudaría el que, de pie junto a mi cama, estaba un hombre que no conocía y que, en cuanto me vio despierto, se apresuró a salir de la habitación. Regresó a los pocos minutos con la enfermera y una doctora (inconfundible con su fonendoscopio al cuello), ambas jovencitas y sonrientes. Mandaron salir al hombre y me hicieron todas las preguntas del mundo. Cuando terminaron su exploración y ante mis propias preguntas me dijeron que había recibido un fuerte traumatismo craneoencefálico, pero que estaba fuera de peligro y en pocos días estaría en disposición de irme a mi casa. Salieron ellas y volvió a entrar aquel hombre que había visto al despertar. Se presentó como inspector de no recuerdo qué comisaría y me dijo que se llamaba Ibáñez y que había venido a traer mi cartera, que me había dejado olvidada en el Asador Las Cubas, donde había comido poco antes de que la cornisa cayera sobre mi cabeza. En ese momento aumentó mi confusión. —¿Una cornisa? Recordé al hombre del anorak granate detrás de mi y le pregunté al inspector si no habría sido ese hombre el que me atizara el golpe en la cabeza, que por cierto me dolía como si me lo hubieran dado entonces mismo.

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Se presentó como inspector de no recuerdo qué comisaría y me dijo que se llamaba Ibáñez y que había venido a traer mi cartera, que me había dejado olvidada en el Asador

—Ese hombre del anorak fue el que vio como le caía la cornisa, que si le da un poco más en el centro de la cabeza le mata, y el que avisó inmediatamente a la ambulancia. Nos dijo que tenía que hablar con usted, para disculparse por no sé qué, y por eso le seguía. Debe estarle agradecido. Luego siguió hablando, del móvil, de mi mujer a la que ya habían avisado, de la cartera que me había dejado olvidada y de no sé qué otras cosas que en mi estado de desconcierto me resultaban incomprensibles. Después salió deseándome suerte y una pronta recuperación y agregó que cuando me dieran el alta pasara a verle si quería presentar una reclamación por daños al inmueble cuya cornisa me había descalabrado. Al final de la mañana, después de que la enfermera entrara varias veces con sus dosis de medicamentos y una cura que me levantó mayor dolor de cabeza, llegaron un hombre y una mujer, con aire tímido y ofreciendo todas las disculpas. Al principio me costó reconocerlo, pero en cuanto empezó a hablar caí en la cuenta y sobre todo cuando me presentó a su esposa. —Y esta es mi señora —me dijo—, Alicia Ramírez. Era una mujer más bien regordeta, pero de buen porte y amplia sonrisa, a la que, por qué no decirlo, me hubiera gustado conocer en otras circunstancias y con distinto ánimo. Les di las gracias por la visita y especialmente a él por la atención que había tenido conmigo después del golpe; y agregué con más oficio que convicción: —Y lamento todas las molestias que les he causado con mi desafortunada elección del nombre de mi personaje. Lo dije mientras la miraba a ella que mantenía una sonrisa que no supe interpretar. Cruzamos pocas palabras más y salieron con el mismo gesto de timidez con que habían entrado. Como a la media hora, sumido yo en aquel vaivén de aturdimiento, entró de nuevo la mujer, la que en realidad se llamaba Alicia Ramírez, ahora sí, como una furia. —¿Cómo tienes tanta cara? —me soltó con gesto de desprecio—. Me seduces como una colegiala con tus artimañas de donjuán y ahora sales con que todo es cuento y no me conoces de nada. No eres más que un mamarracho. Y salió de la habitación sin esperar que le contestase y dejándome más confundido de lo que ya estaba por el golpe y por todo lo que había conocido aquella extraña mañana. Cerré los ojos, para buscar un punto de equilibrio mental, cuando volvió a abrirse la puerta. Temiéndome lo peor, seguí con los ojos cerrados, que abrí al sentir el beso en la frente de mi esposa que acababa de llegar de Gijón para acompañarme en el tiempo de hospitalización que me esperaba.

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Gloria Soriano

Foto: Catherina, La hora del té 26


Margarita K, Fantasía

Entre el amor y la enfermedad

Decidí que llamaría a Roberto al hospital fingiendo dudas sobre cuántas pastillas me había dicho que tomara de Malarone. No se me ocurría otra disculpa para telefonearlo. Debía valerme de ese contacto para dar lugar a otro; ser directa e insinuarme. Más insegura que un adolescente, me sentía avocada al fracaso. Ensayé varias conversaciones y las anoté. … Por cierto, hasta el día de la consulta no sabía de ti, y desde entonces apareces por doquier: te conocen en el centro de salud, en la farmacia, estás en las revistas, en Internet… Te has convertido en alguien tan familiar, que ganas me dan de proponerte una cita y formarme un criterio propio. También tendrías la oportunidad de conocerme, el historial clínico es la parte más aburrida de mi vida. ¿Qué te parece? —Y sin darle tiempo a contestar, añadiría—Piensa en ello. Una parrafada así, haciéndome la interesante, me dejaría sin aliento. En mi vida había hablado tanto. Si me paraba a respirar no podría seguir. Me aprendí el texto de memoria y lo repetía como un papagayo. *** A Roberto lo había conocido cuando estaba con los preparativos de mis vacaciones y tuve que vacunarme. Estaba repasando mentalmente mi historial clínico, demasiado largo para mi edad, cuando vi salir por la puerta que me habían asignado a un hombre alto, moreno, con bata blanca. Una hora más tarde la secretaria me nombró y pasé a la consulta. De cerca parecía más joven. Me recibió de pie, con la mano extendida, sus ojos en los míos. Me sentí atraída por su mirada. Enseguida nos tuteamos. Para mí fue amor a primera vista. *** Una vez decidido cómo abordaría a Roberto, tenía que valorar sus posibles reacciones. Qué hubiera investigado sobre esto, cursado un master de lo otro, o par-

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Foto: Georgy, Something to celebrate

ticipado en tal misión, no me daba muchas pistas. Sí me las daba el brillo de sus ojos, sus largos dedos sin aro, el aire informal y aventurero de la sala donde me recibió. En una pared destacaba el poster de una mujer africana con el cuello cargado de collares. En otra, un corcho con folletos en árabe, en francés, con alfabeto cirílico; también números de teléfono y anuncios varios. Cada papel colgaba bailón de una chincheta, las había de diferentes colores, y tal vez porque era abril, me imaginé los lunares y volantes de la feria. —Lo siento, pero no va a ser posible— podría ser su contestación a mi propuesta. —En fin, tenía que intentarlo. Espero no haberte importunado. Si a mí me entraran de esta manera, creo que me pondría en guardia, pero no todo el mundo ha de ser tan prudente como yo—pausa— Así que tengo que tomar una pastilla diaria desde dos días antes del viaje, hasta siete días después de mi regreso. El no va a ser posible, me parecía la respuesta más probable, estuve a punto de desistir, ¿para qué iba a pasar un mal trago en el teléfono? Pero recordé que no tenía nada que perder, y eso me subió la moral. *** El día de la consulta, después de decirle dónde y cuándo iba a viajar, le hablé de mi salud. Sentí que su magnetismo perdía fuerza, como si mis enfermedades fueran un escudo que iba a protegerme de los males del corazón. Estaba relajado en su asiento, sin asomo de prisa. ¿En qué pensaba? Tan solo me hizo una pregunta sobre cierto síntoma que yo había pasado por alto. De algún modo percibía que su atención estaba en algo que no me era ajeno, algo que me iba inflamando, pero que nada tenía que ver con lo que yo le contaba. A mí también dejaron de interesarme mis enfermedades. No me atrevía a mirarle a los ojos por no perder el hilo. Justo a punto de desmadejarme, inicié el informe de la extirpación del teratoma, entonces me agarré con fuerza al ovario perdido, y volví a centrarme en lo mío, y a alejarme de él. Mantuve este equilibrio largo rato. Cuando terminé de hablar, casi nada pudo añadir, pues no le di tiempo. Me apresuré a despedirme con un “espero no tener que volver”. A menudo las palabras me contradecían. ***

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Deseaba verlo otra vez. Si en él no hubiera habido fuego, ¿cómo habría podido saltarme esa chispa que me quemaba? Me reafirmé en la decisión de proponerle una cita. Repasé el primer acto, mi entrada en escena, y me pareció que daba demasiadas explicaciones. Hice una anotación al margen para reescribirlo más adelante, y proseguí con el teatrillo. Estaba en “…proponerte una cita… Piensa en ello”. Era su turno de palabra. —Lo haré, pensaré en ello —Estupendo, espero tu llamada. Entonces me despediría deprisa, con una bomba amenazando en mi pecho. Después de colgar, levantaría los brazos y agitaría jubilosa los puños. En los días siguientes buscaría en el contestador su mensaje.


Foto: Lenin Kaspov, From surprise to surprise *** Volví a recordar a las mujeres que lo conocían (la médico de cabecera, la responsable de medicamentos extranjeros, la secretaria) y en todas me pareció percibir cierto entusiasmo al mencionar su nombre. Le imaginé en la consulta, repantigado en su asiento, seduciendo a la bruja de la farmacéutica, y me pareció un cantamañanas. Pero reincidí. Convencida de que pensar y esperar no hacían buena pareja, rectifiqué el guion. —Lo haré, pensaré en ello —Mientras lo piensas, puedes consultar la agenda y decirme qué día te viene bien. ¿Qué te parece el viernes? Después de un breve silencio que se me haría interminable me propondría una hora. *** Me fui de viaje sin haberlo llamado. Tampoco a mi vuelta, aunque se me ocurrió que podría decirle que, a pesar de mis antecedentes, el Malarone lo había tolerado bien, por si le servía para sus investigaciones. Después seguí engrosando mi historial clínico y me olvidé de él. Han pasado ya tres años y no me resigno a que nuestra historia termine sin empezar. Una vez más, lo estoy reconsiderando.

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Edgar Allan Poe

Edgar A llan Poe (Boston, 1809-Baltimore 1849) Escritor estadounidense. Traspublicar su primer libro: Tamerlan y otrospoemas (1827), en 1831 fue expulsado por mala conducta, de la academia militar de West Point. A partir de 1835 colaboró en el Southern Literary Messenger de Richmond y en 1836 se instaló en Nueva York donde aparecieron Las aventuras de ArthurGordon Pym (1837) y el primer volumende las Narraciones extraordinarias (1840), cuya continuación se publicó en 1845. Allan Poe introdujo el primer detective de la literatura moderna, Arsenio dupin, que luego imitaron narradores como Conan doyle o Agatha Christie.

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Sombra Sí, aunque marcho por el valle de la Sombra. (Salmo de David, XXIII) Vosotros los que leéis aún estáis entre los vivos; pero yo, el que escribe, habré entrado hace mucho en la región de las sombras. Pues en verdad ocurrirán muchas cosas, y se sabrán cosas secretas, y pasarán muchos siglos antes de que los hombres vean este escrito. Y, cuando lo hayan visto, habrá quienes no crean en él, y otros dudarán, mas unos pocos habrá que encuentren razones para meditar frente a los caracteres aquí grabados con un estilo de hierro. El año había sido un año de terror y de sentimientos más intensos que el terror, para los cuales no hay nombre sobre la tierra. Pues habían ocurrido muchos prodigios y señales, y a lo lejos y en todas partes, sobre el mar y la tierra, se cernían las negras alas de la peste. Para aquellos versados en la ciencia de las estrellas, los cielos revelaban una faz siniestra; y para mí, el griego Oinos, entre otros, era evidente que ya había llegado la alternación de aquel año 794, en el cual, a la entrada de Aries, el planeta Júpiter queda en conjunción con el anillo rojo del terrible Saturno. Si mucho no me equivoco, el especial espíritu del cielo no sólo se manifestaba en el globo físico de la tierra, sino en las almas, en la imaginación y en las meditaciones de la humanidad. En una sombría ciudad llamada Ptolemáis, en un noble palacio, nos hallábamos una noche siete de nosotros frente a los frascos del rojo vino de Chíos. Y no había otra entrada a nuestra cámara que una alta puerta de bronce; y aquella puerta había sido fundida por el 231 artesano Corinnos, y, por ser de raro mérito, se la aseguraba desde dentro. En el sombrío aposento, negras colgaduras alejaban de nuestra vista la

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...he aquí que de aquellas tenebrosas colgaduras, donde se perdían los sonidos de la canción, se desprendió una profunda e indefinida sombra, una sombra como la que la luna, cuando está baja, podría extraer del cuerpo de un hombre; pero ésta no era la sombra de un hombre o de un dios, ni de ninguna cosa familiar.

luna, las cárdenas estrellas y las desiertas calles; pero el presagio y el recuerdo del Mal no podían ser excluidos. Estábamos rodeados por cosas que no logro explicar distintamente; cosas materiales y espirituales, la pesadez de la atmósfera, un sentimiento de sofocación, de ansiedad; y por, sobre todo, ese terrible estado de la existencia que alcanzan los seres nerviosos cuando los sentidos están agudamente vivos y despiertos, mientras las facultades yacen amodorradas. Un peso muerto nos agobiaba. Caía sobre los cuerpos, los muebles, los vasos en que bebíamos; todo lo que nos rodeaba cedía a la depresión y se hundía; todo menos las llamas de las siete lámparas de hierro que iluminaban nuestra orgía. Alzándose en altas y esbeltas líneas de luz, continuaban ardiendo, pálidas e inmóviles; y en el espejo que su brillo engendraba en la redonda mesa de ébano a la cual nos sentábamos, cada uno veía la palidez de su propio rostro y el inquieto resplandor en las abatidas miradas de sus compañeros. Y, sin embargo, reíamos y nos alegrábamos a nuestro modo —lleno de histeria—, y cantábamos las canciones de Anacreonte —llenas de locura—, y bebíamos copiosamente, aunque el purpúreo vino nos recordaba la sangre. Porque en aquella cámara había otro de nosotros en la persona del joven Zoilo. Muerto y amortajado yacía tendido cuan largo era, genio y demonio de la escena. ¡Ay, no participaba de nuestro regocijo! Pero su rostro, convulsionado por la plaga, y sus ojos, donde la muerte sólo había apagado a medias el fuego de la pestilencia, parecían interesarse en nuestra alegría, como quizá los muertos se interesan en la alegría de los que van a morir. Mas aunque yo, Oinos, sentía que los ojos del muerto estaban fijos en mí, me obligaba a no percibir la amargura de su expresión, y mientras contemplaba fijamente las profundidades del espejo de ébano, cantaba en voz alta y sonora las canciones del hijo de Teos. Poco a poco, sin embargo, mis canciones fueron callando y sus ecos, perdiéndose entre las tenebrosas colgaduras de la cámara, se debilitaron hasta volverse inaudibles y se apagaron del todo. Y he aquí que de aquellas tenebrosas colgaduras, donde se perdían los sonidos de la canción, se desprendió una profunda e indefinida sombra, una sombra como la que la luna, cuando está baja, podría extraer del cuerpo de un hombre; pero ésta no era la sombra de un hombre o de un dios, ni de ninguna cosa familiar. Y, después de temblar un instante, entre las colgaduras del aposento, quedó, por fin, a plena vista sobre la superficie de la puerta de bronce. Mas la sombra era vaga e informe, indefinida, y no era la sombra de un hombre o de un dios, ni un dios de Grecia, ni un dios de Caldea, ni un dios egipcio. Y la sombra se detuvo en la entrada de bronce, bajo el arco del entablamento de la puerta, y sin moverse, sin decir una palabra, permaneció inmóvil. Y la puerta donde estaba la sombra, si recuerdo bien, se alzaba frente a los pies del joven Zoilo amortajado. Mas nosotros, los siete allí congregados, al ver cómo la sombra avanzaba desde las colgaduras, no nos atrevimos a contemplarla de lleno, sino que bajamos los ojos y miramos fijamente las profundidades del espejo de ébano. Y al final yo, Oinos, hablando en voz muy baja, pregunté a la sombra cuál era su morada y su nombre. Y la sombra contestó: “Yo soy SOMBRA, y mi morada está al lado de las catacumbas de Ptolemáis, y cerca de las oscuras planicies de Clíseo, que bordean el impuro canal de Caronte.” Y entonces los siete nos levantamos llenos de horror y permanecimos de pie temblando, estremecidos, pálidos; porque el tono de la voz de la sombra no era el tono de un solo ser, sino el de una multitud de seres, y, variando en sus cadencias de una sílaba a otra, penetraba oscuramente en nuestros oídos con los acentos familiares y harto recordados de mil y mil amigos muertos

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¿Dónde estás, Miguel Miralles?, V Resumen: Miguel Miralles se encuentra volando en las alas del Cuélebre, mientras su mujer Natalia y su amigo intentan descifrar el enigma del teléfono móvil

Laudelino Vázquez

Imagen de Barroa_Artworks en Pixabay

La Serena Emparentadas con las xanas y encantadas a nivel funcional y simbólico, hasta tal punto que muchas veces es difícil discernir entre unas y otras en el análisis de los relatos orales, las sirenas o serenas pueden ser de agua salada o de agua dulce; es decir, aunque se consideran que son esencialmente seres marinos también se encuentran a veces en los lagos, en los pozos y en los ríos. Sin embargo, su carácter moral suele ser considerado negativo y perverso y se las asocia comúnmente con la seducción de jóvenes marinos a los que atraen con sus cantos a las costas peligrosas para que naufraguen y mueran en ellas. https://misteriosleyendasdegaliciayasturias.wordpress. com/2017/09/26/seres-mitologicos-asturianos-las-sirenas-o-serenas/

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La Serena

Es la cuarta vez que el Cuélebre, se eleva y desciende en un looping infernal, que tiene el estómago de Miguel en la boca. Aunque intenta calmarse, le resulta imposible con el vaivén, así que en un momento en que parece volar rasante sobre el mar, intenta comunicarse con él, a pesar de que, desde que le habló, no ha vuelto a emitir más sonidos que los silbidos y el extraño chirriar con el que los acompaña. ―¿Me quieres decir a dónde vamos? —pregunta mientras el agua helada le golpea en la cara. Por toda respuesta, el Cuélebre inicia un nuevo ascenso y vuelve a chirriar y silbar descontroladamente. ―No tengo más remedio que intentar saltar en marcha —grita Miguel, para darse ánimos, consciente de que va a ser imposible: la oscuridad que le rodea es tal que es imposible discernir si está a veinte metros o a doscientos del agua, y la velocidad a la que se mueve el remedo de dragón es tan alta que golpear contra la superficie sería como estrellarse contra una piedra. ―Así y todo —susurra—, casi es mejor tirarse y acabar de una vez. ―No seas pesimista, Miguelito. Aunque el Cuélebre ha girado la cabeza hacia él, juraría que esa voz no ha salido de su garganta, más bien parece resonar en su cabeza. ―¿Quién eres? —pregunta Miguel, asustado. ―¿Qué más te da, quien soy? Digamos que el gato. Y tú, el ratón. ¿Has visto alguna vez a un gato divertirse con un ratón? ¿Perseguirlo y cercarlo en una tubería, sin más escape que intentar huir hacia arriba? ¿No? Pues es un espectáculo de lo más edificante. Cómo una y otra vez dirige al roedor hacia la vertical y, cuando cae, vuelve a empujarlo hasta que no tiene fuerzas. Solo entonces, cuando ve que el ratón no da juego y se rinde, lo mata. Yo soy tu gato, y no voy a dejarte que saltes del lomo de mi mascota para que el juego se acabe. ―¿Pero por qué a mí? ¿qué te he hecho yo? ―Llamarme. ¿Te parece poco? ―¿Llamarte? ―Y no pocas veces. Gracias a eso, es la primera vez que consigo trasladar hasta este lado a un adulto a través de El Sumiciu… La cara de sorpresa de Miguel, no es mayor que la de su mujer y su amigo Mingo, contemplando la pantalla del teléfono como si a base de mirarla, fueran capaces a encontrar la clave oculta.

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Imagen de Enrique Meseguer en Pixabay


―¿Sabes lo que dice Sherlock Holmes? —comenta en ese instante Mingo— : Que cuando no encuentras la respuesta en lo posible, hay que buscarla en lo imposible. ―Si el móvil cayó en esta habitación, Miguel tiene que estar cerca, pero eso es imposible. ―¿Qué se te ocurre a ti pensando en lo imposible? Tú tienes más imaginación que yo. ―¿Que hay algo que se nos escapa? ¿Qué lo posible no tiene por qué ser lo habitual, lo normal? No lo sé. Lo único que hemos encontrado en el teléfono son rutas de senderismo en la provincia de León y a Miguel nunca le interesó el senderismo, ni León. Me duele un montón la cabeza y tengo frío ¿Te apetece un café? ―Pues algo tiene que haber en esas rutas que nos diga algo, pero ahora mismo no se me ocurre nada. Bueno sí, que de paso que haces el café, mires a ver si tienes unas galletas o algo así, el pensar me da hambre —responde Mingo con una sonrisa, cruzando la mirada por un instante con la de Natalia. Un poco azorada, ella salta de la silla y se va a hacer el café. ―Miraré a ver qué tengo —añade, perdiéndose en la oscuridad de la casa. Y en la oscuridad de la nada, la voz ha vuelto a dejar de sonar. El Cuélebre vuelve a sus silbidos y a sus vuelos rasantes y picadas salvajes. ―Tiene razón. El instinto de supervivencia pesa más que cualquier cosa. Si lo que quiere es jugar, jugaré. Soy el ratón en este tablero. Con ese pensamiento en la cabeza, Miguel espera al instante en que el Cuélebre inicia el vuelo en vertical: durante unos segundos, parece aminorar la marcha, y en uno de los viajes, cuando cree que la dirección del vuelo es hacia la costa (nada se lo indica, pues por no haber, no hay ni estrellas en el cielo) se desliza hacia el costado y procura impulsarse hacia afuera. Siente como las escamas le rasgan la piel, le convierten la ropa en jirones e incluso cree percibir el sabor de la sangre en los labios cuando la cara impacta contra el cuerpo del inmenso animal. Un abrazo de frío salvaje le recibe a la entrada en el agua. En la oscuridad más absoluta, cuando cree que la nada se ha apoderado de él, siente un fuerte tirón en el pelo, y un brutal impulso hacia abajo. ―¿Qué? —se pregunta mientras gana velocidad y los pulmones parece que van a estallar. Pero sea lo que sea lo que le empuja, no tiene ninguna capacidad de enfrentarse a ello, así que se deja arrastrar mientras la sensación de proximidad de la muerte es cada vez más intensa. ―”Te quiero, Natalia” es la última frase que recuerda, porque delante de él su vida empieza a desplazarse a toda velocidad. Pasa en segundos, pero juraría que puede distinguir cada minuto de lo vivido, hasta que, esta vez sí, tiene que abrir la boca en busca del oxígeno que haya en el agua, y la oscuridad más absoluta se apodera de él. Se despierta entre toses y estertores, en una especie de catedral de estalactitas y estalagmitas, de luces variables y ecos extraños. ―Por poco —musita una voz dulcísima. Abre los ojos, y apenas distingue una enorme melena rubia aureolando una carita menuda. ―Otra Xana! —gime buscando aire Siente un bofetón sorprendente teniendo en cuenta el tamaño de la mano que le golpea. ―Soy la Serena. No te confundas Pero de inmediato cambia el tono agresivo por una voz melosa. ―Amor mío… 37


Monchu Calvo

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Caravana donde vivian


Juan y Mario

De Cantorgan a Arizona La odisea de un pastor casín

El oficio de pastor en la montaña cantábrica sin duda es duro, pero cuesta imaginarlo a miles de kilómetros de distancia de tu hogar y los tuyos, agravado por el desconocimiento del idioma, la larga aclimatación a una sociedad completamente distinta y entonces bastante más desarrollada, y hacer frente a la soledad en paisajes infinitos Hacia finales de la década de 1940 la escasez de mano de obra tras la Segunda Guerra Mundial precipitó a la industria ovejera de los Estados Unidos a una grave crisis, acuciada además por una restrictiva ley de inmigración. El entonces poderoso lobby de los rancheros presionó para que se hicieran algunos cambios en la Ley, ya que querían pastores cantábricos por su gran entrega y profesionalidad en el trabajo, tal y como venían demostrando desde hacía más de cien años. Fue entonces cuando el gobierno americano abrió una oficina en su Consulado de Bilbao por la que se canalizarían todos los contratos de pastor. Hasta 1966, 1.283 pastores salieron para América a través de la Western Range Association Company, no siendo la única que los contrataba. Varios miles de pastores vascos, leoneses, cántabros y asturianos marcharon a trabajar a los estados de Nevada, California, Utah, Wyoming, Arizona y a los estados del Oeste donde existían por esos años millones de ovejas. Fueron bastantes los que escogieron ese lejano destino. Pero vamos a contar la historia de uno de ellos, con su testimonio directo, Juan Amable Calvo, de Caleao. Diríamos que el comienzo de la aventura se sitúa en Rioseco, donde Arturo, dueño de un conocido bar, y taxista, tenía una especie de corresponsalía de contratación, y un año antes ya había preparado los papeles a su hermano Higinio, al que mandó a California. Era el momento álgido de la construcción del pantano de Tanes, y cientos de trabajadores desarrollaban sus trabajos por aquellos parajes de Cuevallongues, a la vez que el pueblo de Rioseco era un hervidero de bares, con cerca de veinte, que muchos de ellos tenían horario ininterrumpido para atender aquel aluvión de sedientos obreros con dinero caliente y predispuestos a gastarlo.

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Juan amable en sus tiempos de pastor “americano”

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La emigración casina, sintetizada en aquel dicho de "zurrón o maleta", tiene en este relato uno de sus rasgos más singulares.

A uno de esos trabajadores debió tentarle más la aventura americana que el trabajo en el pantano, porque se apuntó con Juan a probar suerte en el Oeste que vemos en las películas. El caso es que Arturo los llevó hasta Bilbao, donde el consulado americano los proveyó de papeles para Arizona, y a continuación fueron en tren a Madrid, de allí al aeropuerto, donde un avión los trasladó a Nueva York, y otro directamente a Arizona. Quiero imaginarme a aquellos dos infelices, que apenas habían salido de sus pueblos, en aquel periplo transoceánico, en la inmensidad de aquellos aeropuertos, y logrando al fin llegar a su destino. En Arizona ya estaba uno de los encargados esperándolos. Como si de mercancía se tratara, los subió al coche y se dirigió en un largo viaje al rancho, al que llegaron a las dos de la madrugada. Poco tiempo para descansar, a las cinco ya los levantaron para repartirlos por los diferentes rebaños que tenían por aquellos territorios. Era época de paridera, asi que tuvieron que ir directamente a la faena sin darles margen para aclimatarse. El rancho estaba como a una hora de Phoenix, donde existía una base militar. —Nuestro trabajo era ininterrumpido, solo parábamos cuando una furgoneta nos traía la comida —nos cuenta Juan en primera persona. No existían descansos ni domingos, ni por supuesto intención de pagarnos, porque a los tres meses reclamamos nuestro sueldo, y nos dice uno de los dueños que no habíamos trabajado lo suficiente, y lo que ponía el contrato, que ni caso le hacía. Mi compañero sin poder contener la rabia le asestó un puñetazo que acabó con el encargado por los suelos, amenazándonos con que nos iba a denunciar a la policía federal.Por suerte al dia siguiente su hermano se disculpó y nos pagó lo que nos debía. Pero no estábamos a gusto. Mi compañero se marchó y llegó a mis oídos que se había matado en un accidente, asi como otro chaval de La Infiesta, cerca de La Felguerina. Algún caso se dio, de matar a los pastores, para evitar pagarles. No estábamos ilegales, pero nadie notaria nuestra falta si desaparecíamos.Las montañas de Flagstaff, Arizona, donde cuidaba los rebaños era una zona desértica, y tenías que cuidarte mucho de serpientes y escorpiones, de vez en cuando merodeaba algún oso. Por eso íbamos armados. Pero eran periodos de varios meses de soledad y aquello se me hacía eterno. Ya en la montaña teníamos un caballo y seis burros. Allí Mario, mi compañero, era el que cuidaba las ovejas y yo con el caballo y los burros movía el campamento de una parte para otra, y buscaba el agua y cocinaba. En ese lugar estuvimos hasta que empezó a nevar que ya nos volvieron para el rancho. Alguna situación peligrosa me tocó vivir, Ahora que dices, bandidos si los hubo, en el desierto pasé unas noches sin dormir, pues recuerdo que al segundo día empezó un helicóptero a dar vueltas, y al otro día cuando llegó el dueño a traerme comida, me pregunta que si no vi a un fugitivo que se les había escapado a la policía ,y esa noche como a las dos, siento algo moviendo la caravana, y casi me cago por qué me habían llevado el rifle y estaba desarmado, y esperé y vi que no trataban de abrir la puerta. Me dio por mirar por la ventana y era una vaca que andaba por allí, y se estaba rascando, pero si lleve un buen susto. Yo había decidido marcharme, pero no era muy fácil. En ese tiempo yo ya tenía a mi hermano viviendo en Tampa, y empecé a pensar como podía irme para allá, y como al año y medio lo decidí, y por mediación de uno de Santander que había trabajado en el rancho y se casó para resolver los papeles, un día que lo ví se lo dije, y me dijo que sí, que él me ayudaba, así que le dí el dinero y me sacó el pasaje, y un viernes por la madrugada me recogió, y el sábado me fugué para Tampa .Y aquí si pase unos años un poco difíciles, aunque tenía a mi hermano que estaba ilegal, pero bueno ya conocí a la que hoy es mi esposa, nos casamos y ella me reclamo la residencia, y ya después no me puedo quejar, nunca me faltó el trabajo y formé una familia . Por eso que cuando uno emigra a veces se pasan momentos difíciles, y lo que nunca se te olvida son los verdes de tu tierra, y aquellas humildes cabañas de La Acebal o Xulió o La Robre, que valen mas sus piedras que todo lo que pueda contener Arizona o Idaho.

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Juan Depunto

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El “Cable Inglés” de Almería Uno escribe a base de ser un minero de sí mismo. José Luis Sampedro Retomando una vez más mis artículos sobre la minería, hoy vuelvo a ellos con este Cable Inglés situado en la playa de las Almadrabillas, entre el este del puerto de Almería y el oeste del puerto deportivo “Club de Mar”. Este muelle, cargadero de mineral, toma su nombre más conocido por la nacionalidad “asimilada” de la compañía minera que lo construyó, “The Alquife Mines and Railway Company Limited”, que en realidad tenía su sede en Glasgow (Escocia). También fue conocido como “El Alquife”, por proceder el mineral de las minas de Alquife, en la comarca de Guadix (Granada). Estas minas fueron durante los siglos XIX y XX las principales productoras de hierro del país. Hasta su construcción, el mineral de hierro se transportaba en ferrocarril desde las minas hasta la estación de Almería situada a casi un kilómetro del puerto, necesitándose descargarlo en burros para trasportarlo luego en espuertas hasta los barcos. Para ello, se necesitaba el trabajo de 350 hombres durante diez horas por cada mil toneladas embarcadas. Con el nuevo muelle el mineral podía pasar directamente de los vagones del ferrocarril al barco, o si al llegar el ferrocarril no había barco, a unos depósitos en este nuevo muelle y de estos al barco cuando llegara.

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El muelle comenzó su construcción en 1902, concluyéndose en 1904. Se fabricó siguiendo el estilo de la Escuela de Eiffel, consistiendo en un gran muelle metálico de 100 metros de longitud, a altura elevada (casi 17 metros), con elementos de madera y cimientos profundos. Se emplearon casi 4000 toneladas de acero de fundiciones escocesas, más de 1000 metros de vías férreas, hasta 8000 m² de madera para revestimientos y más de 1000 m³ de hormigón. Con el se pudo cargar barcos de 8000 toneladas en 10 horas, lo que antes requería de 10 a 12 días. Estuvo en servicio hasta 1973. Hubo muchos detractores entre la ciudadanía de Almería, por la contaminación del mineral (que llegó a teñir de rojo almagre a barrios enteros como Ciudad Jardín y parte de El Zapillo) y también por el corte que suponía a la ciudad, dificultando su desarrollo hacia el este. Por ello, en 1980 el Ministerio de Obras Públicas decretó la caducidad de la concesión, prohibiendo su uso como cargadero y ordenando a la empresa concesionaria (entonces ya Agruminsa, tras la nacionalización franquista, filial de los Altos Hornos de Vizcaya) a demolerlo. Afortunadamente los sectores defensores del “Cable” en 1984 consiguieron, de la Dirección General de Bellas Artes de la Consejería de Cultura, la propuesta de Declaración de Monumento Histórico Artístico, terminando finalmente en ser declarado “Bien de Interés Cultural” en 1998. El ferrocarril llega desde la estación a lo largo de un kilómetro por un viaducto en alto en el que hay estructuras de arcos de piedra y tramos metálicos, alternando. Estos últimos forman una celosía de perfiles de acero reforzados. Los arcos de piedra son de sillares almohadillados. En el embarcadero propiamente dicho, de unos 100 metros, la estructura es metálica y de cemento en sus cimientos

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que afloran en la superficie del agua. La parte intermedia es donde están las tolvas de almacenamiento y el sistema de descarga a los barcos. La parte superior es el tablero en el que están las vías del ferrocarril. En 2010 se inició la primera fase de su restauración, firmando el proyecto los arquitectos José Ángel Ferrer, Miguel San Millán y Ramón de Torres (éste último de Almería) y con un presupuesto de 2,8 millones de euros. Se sanearon las estructuras metálicas y de madera, reforzando lo que fue preciso. También se restauraron minuciosamente los arcos de piedra, luciendo ésta en su primitivo esplendor y adecuando el entorno urbano de los alrededores del monumento, con nuevas glorietas. Duró hasta el paso año 2020, el de la pandemia que aún sigue. En este 2021 se va a iniciar la fase final de restauración, con un presupuesto de 2,55 millones de euros, terminando de adecuar el entorno, construyendo un nuevo pavimento de madera, nueva barandilla e iluminación, en la parte superior del tablero, para adecuarlo a mirador al que se accederá desde el parque de la estación. También se instalará un centro lúdico, con salas de interpretación, exposición, lectura y descanso, así como un restaurante. Se espera terminarlo en este 2021, junto con la pandemia. Cerca de este embarcadero de mineral, a unos 650 metros al este, en la vecina playa de San Miguel, se construyó otro cargadero de mineral en 1920, que también se conserva, el “Cable Francés”. Se llamaba así porque el capital de la empresa que lo adquirió en 1929, la “Compañía Andaluza de Minas”, era mayoritariamente francés. Este otro es mucho más bajo, todo de hormigón, pero penetrando más de 300 metros en el mar. Se construyeron ampliaciones sucesivas en los años 1918 y 1975 hasta alcanzar la actual longitud. En la guerra civil se construyó un refugio antiaéreo en sus inmediaciones, con capacidad para cerca de 500 personas. En 1980 alcanzó su máxima productividad, llegando a recibir ferrocarriles con 2.000 toneladas de mineral de hierro. En 1997 dejó de estar operativo. En 2007 un ferry de Transmediterránea llamado “Wisteria” chocó con este muelle, originándose serios desperfectos


en ambos. Al parecer el buque iba a 17 nudos, cuando la velocidad máxima en esta zona es de 3. Actualmente hay proyectos que contemplan desde su eliminación, para ampliar el puerto deportivo, como para su transformación en una ampliación del paseo marítimo, dada su longitud introducida en el mar. Veremos cuál gana. En sus inmediaciones, se ha levantado un “Monumento de la Memoria Histórica” dedicado a las víctimas almerienses del holocausto nazi. Es obra de la almeriense Mª Ángeles Lázaro Guil y fue inaugurada en 1999 por iniciativa del último almeriense superviviente de los campos de concentración, el cual salvó su vida gracias a otro español que controlaba la entrada a la cámara de gas y que en su ficha escribió “exterminado”. El monumento rememora a los almerienses que, entre 1940 y 1945, estuvieron presos en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen (Austria). Fueron 252 de los que 142 no sobrevivieron y por eso se han levantado el mismo número de columnas conmemorativas, las cuales rodean una plazoleta central con una escultura que representan los trabajos que estos almerienses estuvieron forzados a realizar.

Referencias documentales: 1. https://es.wikipedia.org/wiki/Cable_Ingl%C3%A9s 2. https://elpais.com/diario/2010/12/23/andalucia/1293060134_850215.html 3. https://www.diariodealmeria.es/almeria/Cable-Ingles-piedra-rehabilitacion_ 0_1477052626.html 4. https://es.wikipedia.org/wiki/Cable_Francés 5. https://www.ideal.es/almeria/prensa/20070825/local_almeria/ 6. https://www.juntadeandalucia.es/cultura/agendaculturaldeandalucia/evento/ cable-ingles-o-cargadero-de-mineral-el-alquife

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Fotos seleccionadas.

Fotos seleccionadas ж 15 de marzo a 15 de abril de 2021

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amanecer con niebla sobre gijón, vista desde la campa torres, por pepe latas

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anoche soñé contigo y la musa vino a mi, por ssstudy .author nick konar

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another look, por oxana —51

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aurora on kola, por daniel

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aurora on kola, por daniel

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aurora on kola, por daniel

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baltic, por kristof browk

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beauty and sensuality, por david d 56—


beauty and sensuality, por david d —57

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beauty and sensuality, por david d 58—


brownie y niña, por oleg

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buscando localizaciones con mi amigo el autor de la foto del mes. (josé luis maylin), por guendy (jlcp)

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campo de oro, por ssstudy.author nick konar

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campos de fuego-2, por kamarón viesca

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carnaval, por ildefonso robledo

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cementerio de luarca, por pepe latas.

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ciudad de chicago. illinois, por maikel reyfman

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ciudad de chicago. illinois, por maikel reyfman

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civita di bagnoregio, por e.horobets

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columpios, por Marce

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detalles......observación en picado, por joan anglas f

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dolmen de mirallés, por mario eduardo blanco garcía

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el animal que más vidas humanas se cobra todos los años., por s.ivanov

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el espejo, por guendy (jlcp)

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elegante con su sombrero, por oscar rubén suárez

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en las orillas del mar blanco., por edward gordeev

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en su recuerdo, por j.r torrealdea (bañu)

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extasis, por susana gudiño

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familia de la tribu himba (namibia), por jl.maylin

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Fotos seleccionadas.

fantasía, por margarita k

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fantasía, por margarita k

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feeding the beast, por mario gustavo fiorucci

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fog, por aleksandre

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from girl to woman, por a. zharov

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glamour&fashion, por pavel —83

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glamour&fashion, por pavel

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gramophone, por rekhov. s

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happiness with soap and water, por georgy 86—


himba girl, frontera namibia-angola, por s.ivanov —87

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human figures. figuras humanas., por semy

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héroe de nuestro tiempo, por a.polyakovvfr

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ice age, por vadim trunov

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ice age, por vadim trunov

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in pink, por m.dasha

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intimando, por s.ivanov

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intimate, por kalynsky

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luz en la oscuridad., por kamarón viesca

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mila., por nadima (shibina nadegda) 96—

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mogielica, por karol poland

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nights of white satin.the moody blues -, por alex e

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olives.-kadiköy, por osman naim

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oshchepkovo, por a.polyakovvfr

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peony de lenin —101

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pesacador, por saravut whan

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photo afternoon, por sasha

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pico picapinos - dendrocopos major, por manuel palacio castro (yerbatu)

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pop art, por andrew pashis

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portrait with hat, por svetlava

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publicado por margarita k

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Fotos seleccionadas.

redes de reparación de pescador., por saravut whan

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sensualidad y amapolas, por ssstudy.author nick konar

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series paseos i, por luis miguel aller

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soledad, por susana gudiño

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Fotos seleccionadas.

something to celebrate, por georgy

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take3, por aleksey

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taller para todo (hdr), por andrei romanov

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tendido eléctrico al atardecer., por kamarón viesca

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thawing, por sheve yura

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the girl in black, por talyuka —117

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Fotos seleccionadas.

the lake house, por evgeny c

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the thaw of spring, por evgeny c

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the treasure was not on the island, por e.horobets

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túnez, por pelayo

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v.belin, por ilich bczonko 122—

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zhenya, por dmytro —123

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34 the photographer, por kristof browk

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anticuario, por e.horobets

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balance, por vladimir 126—


buscando localizaciones con mi amigo el autor de la foto del mes. (josé luis maylin), por guendy (jlcp)

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buscando localizaciones con mi amigo el autor de la foto del mes. (josé luis maylin), por guendy (jlcp)

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campos de fuego-3, por kamarón viesca

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canal de la ballena, por jesús alvarez rodríguez

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charms of the city, por ruslan

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cuba, por ruslan

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detalles.........observación marina, por joan anglas

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detalles.......observación lateral-diagonal, por joan anglas f. 134—

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detalles.....camino de la ermita, por joan anglas f. —135

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el horreón de los negros, por charo santomé diaz

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el primero de la tarde..., por poli artur —137

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el salto, por pepe latas

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en las orillas del mar blanco., por edwardgordeev

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energía, por susana gudiño

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equilibrio con elegancia, por mario gustavo fiorucci

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fantasía, por margarita k

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girl-dog., por ionut caras

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girls on bikes., por ionut caras

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gramophone, por rekhov. s

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gramophone, por rekhov. s

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hairs of fire, por s.benz

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hora del aperitivo., por sandra calleja

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hunting for the flower, por mario gustavo fiorucci

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istanbul, por osman naim 150—


junto al lago del silencio, por nicolás

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karina, por daria 152—


la lloca i, por luis miguel aller —153

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la soledad del corredor de fondo, por ildefonso robledo

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la vieira, por jesús alvarez rodríguez

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labyrinth, por alex

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le consulat, por oscar rubén suárez

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lets the music sound, por sla bertz

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lets the music sound, por sla bertz

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lighthouse in the blue hour, por milen

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llegan las turistas, por jl.maylin —161

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llegó la primavera, por vaio

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luz y tinta, por a. zharov

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meandros del nora, por jesús alvarez rodríguez

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mila., por nadima (shibina nadegda —165

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mirando al cantábrico., por manuel antonio centeno llorente

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my movie posters, por kezzin —167

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my movie posters, por kezzin 168—


my movie posters, por kezzin —169

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natalia balashevscaya, por m.dasha 170—


nude, por olga

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nude, por paulina stpetersburg

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nude, por s.benz

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oak, por kristof brow

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ola, por karol poland

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on the rocks, por jesús alvarez rodríguez

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paris, france, por françois arnaud

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paulina, por george

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pears and apple, por michael

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photo afternoon, por sasha

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photographic shooting with martha., por arkadiy —181

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portrait, por paulina stpetersburg

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portraits of women, por catherina —183

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prmorye. bahía dubovaya., por a. grachev

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puente sobre el siena, por grecia blanc

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queen of a day, por eric 186—


queen of a day, por eric

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recuerdos felices del verano, el último no cuenta..., por arantxa

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retrato, por poli artur

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salgareu, por jesús alvarez rodríguez 190—


ser, por susana gudiño —191

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sesión con adelina 2, por pepe latas

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session in search of the artistic nude, por zachar —193

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shaving foam., por yi wan 194—


sola ante el peligro., por kamarón viesca

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spanish passion, por lucas

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still lifes with a sea flavor., por tатьяна

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still lifes with a sea flavor., por tатьяна

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submersion, por a. zharov —199

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take1, por aleksey

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take2publicado por aleksey

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the bird girl, por svetlava

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the guardian., por semy

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the morning mist, por evgeny c

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the night of san lorenzo i, por luis miguel aller

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the nymphs of the lake, por sergey

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those little angels, por dimitriv

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through a subtle light, por duong dinh

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una banca compartida, por oscar rubén suárez

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v.belin, por ilich bczonk

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victoria, por george

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violet, por svetlava

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zhenya, por dmytro —213

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black and white, por johnaavitsland

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única, por susana gudiño

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David du Chemin

Foto: Anubhav Saxena

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Más de lo que empiezas Había un cartel de motivación en mi escuela que nos advirtió: “Siempre termina lo que comienzas”. Incluía una fotografía de un velocista a punto de cruzar la línea de meta. No debería sorprenderte escuchar que no creo que la vida creativa sea lo mismo que los 100 metros de carrera, y que a menudo es muy valioso comenzar muchas cosas que no terminamos, reducir nuestras pérdidas y estar dispuesto a hacerlo. haga un cambio de sentido de vez en cuando. Hablemos de eso. “Siempre termina lo que empiezas” es un fragmento de una conversación más amplia sobre el valor de la perseverancia y de no rendirse cuando las cosas se ponen difíciles, pero como todos los aforismos, siento que quiero levantar la mano y decir: “Bueno, sí, pero...” No quiero ser un alborotador. Nunca me propuse ser un iconoclasta. Pero no puedo ser el único al que le han dicho que no muerda más de lo que puedes masticar, solo para meterme todo el hot dog en la boca solo para demostrar que puedo. Y aquí estoy de nuevo, con la mano levantada desde la parte de atrás de la clase, y no quiero ser un dolor en el trasero, pero ¿qué pasa si lo que empiezas demuestra ser indigno de tu tiempo y energía una vez que llevas tres semanas? ¿eso? ¿Qué pasa si resulta ser demasiado pequeño o completamente incorrecto? ¿Qué pasa si nunca puedes saber eso hasta que he puesto ese tiempo inicial en? ¿Y si no saber si lo que quieres empezar se puede incluso terminar, te deja paralizado por el miedo a dejar las cosas sin hacer, y así no empiezas nada en absoluto? Y ni siquiera he pedido una aclaración sobre el tiempo: ¿terminarlo cuándo? ¿Antes de que empiece con algo más? ¿Antes de morir? ¿Y cuánto tiempo tengo antes de que mis esfuerzos pendientes se consideren un fracaso inconcluso? No quiero objetar, pero la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona se inició en 1882. El arquitecto Gaudí, que asumió el proyecto después de que el arquitecto inicial se fuera, murió en 1926 cuando la basílica estaba completada solo un cuarto. Todavía están trabajando en eso. Tal vez no sea el ejemplo perfecto, pero todavía tengo curiosidad: ¿quién decide cuándo se debe hacer algo? ¿Existe un estatuto de limitaciones sobre las cosas que hacemos? Me gusta morder más de lo que puedo masticar, que es solo una forma diferente de decir “no empieces lo que no puedes terminar”. Morder más de lo que puedo masticar es la forma en que aumento mi capacidad de masticar. Así también descubro los límites de esa capacidad. Y me gusta poner muchos hierros en el fuego, que es otro tópico usado para advertirnos de hacer tantas cosas que no podemos terminar con ellas. “No pongas demasiados hierros en el fuego” es un buen consejo en el mundo real de la herrería, o eso me han dicho. La expresión se remonta al siglo XVI, cuando la herrería era parte de la vida diaria y una mejor fuente de metáforas más fáciles de entender. Poner demasiados trozos de hierro en el fuego enfría el fuego y luego ninguno de los hierros se calienta lo suficiente como para convertirse en espadas. Así que es posible que desee recordar que cuando estás haciendo tu próximo machete o cimitarra. Pero siéntase libre de tomarse libertades con los mismos consejos en lo que respecta a su vida creativa. La creatividad no es un paso a paso. La musa tiene sus propios caprichos, y si bien la concentración y la disciplina son importantes, también lo es la voluntad de ser desordenado y tomar desvíos por caminos que tal vez nunca lleguen a ninguna parte,

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y la libertad de tomar esos desvíos solo para ver adónde conducen sin la presión. para verlos siempre hasta el final. No hay ningún valor intrínseco en terminar algo por el simple hecho de terminarlo y poder decir que está hecho. Enviar su trabajo solo importa cuando vale la pena enviarlo. La creatividad requiere incubación. Se necesita tiempo para que las ideas y los esfuerzos a medias se combinen, maduren y, bueno, se horneen más completamente. A veces, la diferencia entre lo que está sin terminar o abandonado y lo que todavía es un trabajo en progreso depende solo del día de la semana en el que me pregunte cómo van las cosas. A veces, nunca se puede saber si algo que abandonó antes, tal vez porque descubrió que no tenía la habilidad o los conocimientos para llevarlo más allá, será un hierro que sacará de la fragua nuevamente más tarde, una vez que haya adquirido esas habilidades o conocimientos. Hay un herrero que sabe exactamente qué tipo de libertades me estoy tomando con esta metáfora, y le pido disculpas, pero creo que tiene valor tener varios hierros en el fuego a la vez. Todos entran en diferentes momentos, todos se calientan a la temperatura adecuada en diferentes momentos y, a veces, simplemente termino de golpear algo específico y necesita volver a la fragua por un tiempo, para suavizarse. Me levanto de nuevo mientras golpeo algo más que ahora es un poco más maleable por haber estado de nuevo en el fuego. Para hacer más violencia a esta metáfora dudosa, ¿qué pasaría si diferentes herreros simplemente trabajaran de manera diferente? Algunos trabajan en una pieza de principio a fin. Algunos necesitan trabajar en varias piezas, todas en diferentes etapas de finalización. Los herreros reales y las forjas reales pueden no funcionar de esta manera, pero yo sí. Y a veces lo que estoy haciendo simplemente no funciona en absoluto, o se estropea porque lo he trabajado demasiado y la plancha necesita volver a fundirse, esa pieza permanece inacabada para siempre, para que pueda hacer algo nuevo.


¿Qué pasa si la creatividad no funciona en una proporción de 1: 1? ¿Qué pasa si la proporción de cosas iniciadas y terminadas necesita ser mucho mayor? ¿Qué pasa si se necesitan 100 bocetos y comienzos en falso para llegar a una obra maestra final? ¿Qué pasa si se necesitan muchos guiones de mierda en varias etapas para llegar al que finalmente funciona y recibe luz verde? ¿Y si algunas de las muchas ideas que están ahí en este momento, algunas de ellas comenzaron y luego se volvieron a colocar en el estante o en la fragua, solo necesitaran un poco más de tiempo antes de ver el potencial real en ellas? ¿Qué pasa si el artista o artesano que eres ahora ha crecido más allá del trabajo que inició el artista más joven que eras cuando lo comenzaste? ¿Estás obligado a terminar ese trabajo, incluso a expensas de lo que te llama más fuerte ahora desde tu imaginación y habilidad más madura y experimentada? Tantas preguntas, tan pocas respuestas. Aquí hay otro: ¿qué pasa si la presión y la obligación de completar algo en lo que nuestro corazón ya no está completamente presente resulta en un trabajo creativo más pobre que simplemente escuchar ese corazón en primer lugar y estar dispuesto a explorar un desvío, o cortar nuestras pérdidas por completo? ? ¿Qué pasa si presionamos la pausa en un proyecto de vez en cuando mientras nos refrescamos en otro lugar por un tiempo, incluso si eso conlleva el riesgo de que no sea una pausa lo que presionamos sino el botón de detener? ¿Qué pasa si esa voluntad nos lleva a nuestro mejor trabajo? ¿Y es nuestra obstinada insistencia en terminar todo lo que empezamos lo que nos impide hacer el trabajo para el que estamos más preparados ahora? Siempre habrá días en los que el trabajo no vaya bien. Siempre habrá momentos en los que estemos distraídos y nuestro corazón no esté en eso y algo, cualquier otra cosa, parece una opción mejor y más atractiva. Siempre habrá días en los que solo

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tendrás que seguir adelante. Es más que probable que estos días sean frecuentes en los que estás metido hasta el cuello en el medio desordenado de un proyecto y tu gran desafío es simplemente encontrar la voluntad o la energía para seguir adelante. No estoy sugiriendo que corramos y corramos cada vez que se pone difícil. Si hiciera eso, nunca terminaría nada. Pero estoy dispuesto a ver mi proceso y la vida misma como cualquier cosa menos una línea recta. Y hay ocasiones en las que la mejor dirección no es hacia adelante, sino un cambio de sentido. También estoy bastante seguro de que negarse a renunciar es una espada que corta en ambos sentidos y es una cuestión de perspectiva. Puede negarse a abandonar un proyecto actual, negarse a reducir sus pérdidas. Pero me pregunto si mantenerlo también puede ser una forma de dejar de fumar, una forma de renunciar a las posibilidades que otros proyectos pueden ofrecer. La persona que se niega a dejar un negocio o matrimonio fallido porque aprendió a terminar siempre lo que empezó y se niega a dejarlo; ¿Es posible que ya haya dejado de creer que se merece más y haya renunciado a un futuro diferente? Negarse a dejar de fumar es a veces la señal más segura de un corazón lleno de coraje y una mente que ve mayores posibilidades a la vuelta de la esquina. Pero también puede ser un signo de miedo, específicamente el miedo al cambio, y la falta de voluntad para admitir la acumulación de pérdidas y hacer un cambio para mejor. La negativa a dejar de fumar puede ser una negativa a admitir que nos equivocamos. La creencia de que nunca debemos rendirnos, a menudo porque ya hemos invertido tanto, ya sea en tiempo, dinero o energía, se denomina falacia del costo hundido. Es por eso que no dejamos de leer un libro a pesar de que ya hemos pasado mucho tiempo cuando decidimos que no es para nosotros. Quiero decir, ya hemos pasado mucho tiempo leyéndolo, ¿verdad? Es por eso que no salimos de una película una vez que hemos decidido que la odiamos. Después de todo, gastamos $ 20 en eso. Y


entonces derrochamos buen dinero tras mal, no solo perdemos o malgastamos el tiempo invertido hasta este punto, sino también el tiempo que insistimos en gastar para terminar lo que comenzamos. Nos tragamos la locura pasada y la perseguimos con un disparo de infelicidad futura solo para llevarla a cabo. Perdemos tiempo, dinero, energía emocional y la oportunidad de aprender algo y movernos en una dirección diferente. Me preocupa menos cuántas cosas termino que cuántas cosas comienzo; cuántas veces exploro algo nuevo o me arriesgo en algo diferente y desconocido, con la voluntad de equivocarme, o de seguir a la musa cuando dice “oye, ¿qué pasa si haces esto o aquello?” A veces funcionan o les lleva a algún lugar interesante. A veces, su único propósito es enseñarme algo nuevo o encontrarme nuevos materiales, y está claro que el objetivo nunca fue recorrer todo el camino en el que los encontré. A veces, también, es solo el momento que no está claro y realmente no sé si esto en lo que estoy trabajando se terminará y enviará o volverá a la fragua. Lo que sí es seguro es que lo que termino casi nunca es lo mismo que lo que comienzo. Estoy a favor de no distraerme. Estoy contigo en la perseverancia y la necesidad de redoblar los esfuerzos cuando las cosas se ponen difíciles, porque a menudo esa es la única forma en que lo que se comienza se convierte en algo que se termina. Pero eso no significa que todo lo que se comienza deba completarse, ni que terminar siempre tenga más valor que intentar, explorar, aprender, fallar o reservarse el juicio sobre lo que es exactamente hasta un momento posterior. El proceso creativo no es valioso solo en la medida en que da como resultado un producto terminado. El proceso es valioso por sí solo, y es maravilloso cuando lleva a algún lugar y se convierte en algo más que la suma de sus partes, pero enfocarse solo en esa cosa final, solo en terminar lo que comenzamos, podría ser la mejor manera de cegarnos a la posibilidad de hacer algo que sea mucho más de lo que comenzamos. Ponga tantas planchas en el fuego como necesite, vea qué se prende, esté dispuesto a devolver una pieza cuando no esté funcionando. Es más importante terminar lo que amas que todo lo que comienzas.

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Nadima Shibina Nadegda

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Sonrisas compartidas En los niños la sonrisa parece sinónimo de juego y de carrera. Los niños ronríen, ríen y corren con total espontaneidad. En los adultos, en cambio, es sinónimo de felicidad y reflexión, o de algo que se le parece mucho, como la tranquilidad ante el futuro o la complicidad con los niños. En los niños, risas y sonrisas parecen el fruto espontáneo de un acto reflejo, con su dosis de inconsciencia; en los adultos, por su parte, y como fruto de su madurez, risas y sonrisas son producto del pensamiento consciente. Incluso, como en las fotos de Nadima que introducimos, cyando parecen fruto de la espontaneidad compartida con los niños. En esta serie de fotos de Nadima —en las que no falta la armonía del paisaje que los envuelve, esos árboles y ese lago, con su carga de tranquilidad, tan propicia para la reflexión adulta y para el esparcimiento infantil— el juego de los niños y sus sonrisas son los auténticos protagonistas, subrayados por la sonrisa cómplice del abuelo y envueltos en ese atrezzo cuidado que nunca falta en las tomas de Shibina Nadegda. Repárese, una vez más en el sombrero con el que aparece tocada la niña y se entenderá mi fijación con esta prenda que creo que es una de las características expresivas de nuestra fotógrafa. Por eso invito al lector a que se deje arrastrar por la magia de estas sonrisas compartidas, a modo de paréntesis, y recordando al griego Aristófanes, subrayar que la vejez es la segunda infancia. Por eso aquí, al margen de todas las reflexiones estéticas que pueden sugerir esta serie de fotos, interesa detenerse en las sonrisas de niños y abuelo, en esa cercanía espiritual que se consigue con algo aparentemente tan simple como abrir los labios para esbozar una sonrisa. Sonrisa que en estas fotos —permítaseme el desgarro— parece una redundancia, pues los rostros chinos, merced a sus ojos rasgados, parecen estar en sonrisa permanente.

Claudio Serrano

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Pepe Latas

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Macro azulado Lineas que se agitan en el océano azul resonando ecos de las playas no vistas lagrimas que lavan las miradas del pasado. Caminos gastados pintados en el horizonte como un velero cegado por el sol en los silencios de la bruma. Azules pintados sobre verde desdibujados en la penumbra acechando las pisadas recorridas. Déjame verte por un instante mientras el sol se esconde y expando mis fronteras.

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Brooke Shaden Estados Unidos, 1987

Brooke Shaden nació en marzo de 1987 en Lancaster, PA, EE. UU. Creció cerca del “País Amish” hasta que asistió a la Universidad de Temple.  Brooke nació fotográficamente en diciembre de 2008 después de graduarse de Temple con una licenciatura en cine e inglés. Ahora reside en Los Ángeles, CA, EE. UU. Con su esposo y dos gatos. La fotógrafa de bellas artes Brooke Shaden canaliza la luz y la oscuridad inherentes a la humanidad a través de sus autorretratos. Encarnando tanto el éxtasis como el horror, Shaden difumina la línea entre la fantasía y la realidad, aprovechando la universalidad de nuestros miedos y sueños primarios. Desde la muerte y el renacimiento hasta la belleza y la decadencia, el primer catálogo de arte de Shaden, Reflection, lleva a los lectores más allá del reino de la fe hasta los límites exteriores de la imaginación. Brooke trabaja para crear nuevos mundos dentro de su marco fotográfico. Mediante el uso de técnicas pictóricas, así como el formato cuadrado, las propiedades fotográficas tradicionales son reemplazadas por elementos de otro mundo. La fotografía de Brooke cuestiona la definición de lo que significa estar vivo.

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Galería de exposiciones de los grandes maestros

de la fotografía

Héctor Acebes País: Estados Unidos / España Nacimiento: 1921 | Muerte: † 2017 Héctor Acebes nació en la ciudad de Nueva York en 1921. Se crio en Madrid, España, y asistió al Colegio del Pilar. Su familia se mudó a Bogotá, Colombia, donde asistió al Gimnasio Moderno. Acebes regresó a los Estados Unidos para cursar la secundaria en la Academia Militar de Nueva York. Obtuvo gran parte de su habilidad fotográfica técnica al participar en el club de cámaras de la escuela y a través del estudio y la práctica por su cuenta. Después de graduarse de la Escuela Chauncey Hall en Boston, ingresó al Instituto de Tecnología de Massachusetts para estudiar ingeniería. Mientras estaba en la universidad, mantuvo su propio estudio fotográfico. Durante la Segunda Guerra Mundial, se alistó en el ejército de los Estados Unidos y sirvió en Alemania. A su regreso, completó su licenciatura en el MIT y luego se mudó con su esposa a Bogotá. Tiene un hijo y dos hijas. A finales de los años cuarenta y cincuenta, Acebes realizó expediciones por África y América del Sur y comenzó su labor como cineasta y conferencista profesional. A finales de la década de 1950, Acebes Productions se había ganado la reputación de crear excelentes películas documentales e industriales. Acebes escribió, filmó, dirigió y editó cada una de las cuarenta y tres películas que lanzó Acebes Productions. Héctor Acebes murió a los 96 años el 22 de abril de 2017 en Bogotá. ***

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Por nuestra galería de exposiciones pasarán los maestros más famosos de la 266 historia de la fotografía.

Durante los últimos diez años, el Archivo Héctor Acebes ha estado activo en llevar la obra de Acebes a la atención de galerías, coleccionistas y museos, dirigido por Ed Marquand, quien nos ha cedido las fotos del archivo de Héctor Acebes para Luz y Tinta.


barrio rojo de casablanca, marruecos,

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cráter del ngorongoro, tanzania,

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hombre masai, tanzania,

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hombre no identificado, áfrica central

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malí,

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mezquita sankoré, malí,

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mujer coniagui, guinea,

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hombre masai, tanzania 2,

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mujer foula, guinea,

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mujer masai, tanzania,

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mujer no identificada, benin,

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mujer no identificada, malí,

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mujer no identificada, nigeria,

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mujer no identificada, nigeria,

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niña no identificada, chad,

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niña no identificada, malí,

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camerún,

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puente de vid, guinea,

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niña no identificada. camerún

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Repertorio de Fotógrafos Españoles

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De Wiktor Dabkowski - Wiktor Dabkowski, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=76710990

Delmi Álvarez Vigo 1958 Autodidacta, dio sus primeros pasos como fotoperiodista en 1983, colaborando con El País y periódicos gallegos como Diario de Galicia. Actualmente vive en Bruselas, donde desde 2011 cubre la actividad política de la Unión Europea y otras instituciones para ZUMA Press, Getty Images y Corbis. Entre 1990 y 1993 fotografió la disolución de la antigua Yugoslavia. Desde entonces, ha centrado su interés en la fotografía documental de carácter social y de defensa de los derechos humanos y el medio ambiente. Ha realizado reportajes sobre el trabajo y la vida cotidiana en Cuba (Cuba, el ultimo bastión, la lucha de un pueblo, 1990), sobre la tribu de los himbas en Namibia (Himbas, Struggle to Survive, 2009) o los emigrantes ilegales en Grecia (Greece, the Gateway to Europe, 2011). Su proyecto Galegos na diáspora (1989-2009) es el resultado de 20 años de viaje documentando el éxodo de los gallegos alrededor del mundo. Es el promotor de Un Camiño, seis olladas, proyecto colectivo sobre el camino de Santiago, y ha realizado tres documentales sobre la diáspora gallega: O rei galego de África (Namibia), La última fotografía (Rusia) y Gallegos de la Guaiana venezolana (Venezuela). En 2009, el libro de Galegos na diáspora se presentó en la library of congress de Washington D. C., y en la City University de Nueva York. En 2013, la Xunta de Galicia organizó la muestra Olladas no Camiño (itinerante por Copenhague, Noruega, Letonia, Brasil, la ciudad de Praga y otros países además de España) con las fotografías de Álvarez y de los otros fotógrafos de este proyecto. Premio FotoPres en 1987 y 1993, Delmi Álvarez ha sido distinguido en 2012 con el Primer Premio del diario letón Diena por su serie documental sobre la inmigración. Publicaciones seleccionadas Reporteiro de guerra en Yugoslavia, Vigo, Xerais, 1994; Fotografías. 1983-1997, Vigo, Concello de Vigo, 1997; O Camiño de Santiago: un proxecto de fotografía documentalista, Santiago de Compostela, Xunta de Galicia, Consellería de Innovación e Industria, 2007; Mar: A pesca en Galicia, Santiago de Compostela, Consellería de Pesca e Asuntos Marítimos, 2008; Delmi Álvarez, Galegos na diáspora, 1989-2009, Santiago de Compostela, Secretaría Xeral da Emigración, Xunta de Galicia, 2009.

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Luz y Tinta Nº 112  

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