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“SOLDADOS PENSADORES MILITARES DEL PERÚ” 195 ANIVERSARIO 0

INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL EJÉRCITO DEL PERÚ


El Ejército del Perú expresa su reconocimiento y admiración a los Soldados Pensadores de la Patria.


ÍNDICE 07 PRESENTACIÓN

36 PENSAMIENTO DE LA BARRA:

DIFUNDIENDO EL ESTUDIO DE LA HISTORIA MILITAR

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GEOPOLÍTICA Y ESTRATÉGIA MILITAR

PENSAMIENTO MORLA CONCHA:

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SISTEMATIZANDO EL ESTUDIO DE LA HISTORIA MILITAR

EJÉRCITO, GEOPOLÍTICA Y SEGURIDAD NACIONAL

PENSAMIENTO CASTILLA:

PENSAMIENTO DELLEPIANE:

EJÉRCITO, HISTORIA Y SOCIEDAD

PENSAMIENTO MERCADO JARRIN:

58 PENSAMIENTO VILLANUEVA:

EJÉRCITO, POLÍTICA Y DOCTRINA

70

PENSAMIENTO MARIN:

EL MÁS GRANDE PENSADOR MILITAR

88

PENSAMIENTO GARGUREVICH:

DINAMIZANDO EL ESTUDIO DE LA HISTORIA MILITAR


Libro editado para el Instituto de Estudios Históricos del Ejército del Perú PRODUCCIÓN GENERAL Grupo Imagen S.A.C. Calle Mar del Plata 363 Urb. Covima - La Molina, LIMA Teléfono: 774-7929 Celular: 998-103470 / 99418-1503 E-mail: ldiaz@grupoimagen.com.pe EDITOR GENERAL Humberto Rivera COORDINADOR GENERAL Luis Díaz Alvarez DIRECTOR COMERCIAL Celso Del Castillo Kovaleff FOTOGRAFÍAS Instituto de Estudios Históricos del Ejército del Perú DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN Gabriela Mas Rivera ASISTENTE DE EDICIÓN Carlos Díaz Alvarez IMPRESIÓN Imprenta Grey Impresiones S.A.C. Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº: 2019-04385

Coronel Francisco Bolognesi .


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Presentación Contra la creencia común y corriente, que manifiesta que el oficial del Ejército del Perú, es un hombre de acción y de fuertes sentimientos, pero normalmente carente de pensamiento, tenemos la presencia desde inicios de la República, de Soldados Pensadores Militares, que han aportado de una manera profunda y detallada, al desenvolvimiento del devenir, de las ideas de nuestro país con particulares y sensibles conocimientos, creando de esta forma, conciencia de Patria y contribuyendo de manera determinante a la formación de nuestra tan ansiada identidad nacional. Según lo especificado por la Escuela Superior de Guerra del Ejército, en su Metodología en la investigación de las Ciencias Militares, la fuente de la que nutre sus conocimientos el oficial del Ejército del Perú es la ciencia militar, la cual constituye una forma superior de conocimiento que sirve de sustento a la investigación de la realidad (ESGE.2015). Consecuentemente con esta afirmación, el doctor Fidel Ramírez Prado, en su obra La Ciencia Militar, nos indica que si los abogados, fungen de poseer una ciencia jurídica y los médicos de una ciencia galena, los militares igualmente atesoran un conjunto de conocimientos sistemáticos emanados de la ciencia militar y agrega, no es cierto que los oficiales del Ejército del Perú, sepan solo marchar y disparar un arma. Ellos son verdaderos profesionales (Ramírez Prado.2009). Por otro lado, el general Francisco Morales Bermúdez en su Filosofía Militar, explica la importancia de filosofar para el oficial del Ejército del Perú, detallando, que al hacerlo se advierte, que la concepción propia, producto de nuestra experiencia personal y profesional, difiere de la concepción prevaleciente en nuestra época, producto de la coyuntura actual (Morales Bermúdez.2000). Ante estas importantes premisas, el Instituto de Estudios Históricos del Ejército del Perú presenta, en una primera publicación, sucintos pero profundos ensayos biográficos de los principales Soldados Pensadores Militares, quienes destacaron con sus profundos pensamientos y lecciones de vida, en la difusión de las ciencias militares como son la Historia y la Geografía Militar, la Geopolítica y la Geoestratégia, la Doctrina de Defensa Nacional, así como en la Filosofía y Ética Militar. Esperemos que la presente obra cumpla con el objetivo de destacar el pensamiento militar de estos preclaros hombres de la Patria, los cuales han contribuido con la pluma a crear la grandeza de la nuestra Patria, el Perú.

Enrique Gargurevich Coronel de Caballería EP Presidente del Instituto de Estudios Históricos del Ejército


Fortaleza Real Felipe Sede actual del Instituto de Estudios Históricos del Ejército del Perú.


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PENSAMIENTO CASTILLA:

GE OP OL Í T ICA Y E ST R AT É GI A M IL I TA R POR: CAPITÁN EP LUIS RIVAS PLATA MOLINA

RESUMEN El pensamiento del mariscal Ramón Castilla y Marquesado, cuyo clímax plasmaría como presidente de la República del Perú, fue producto de una evolución definida por un conjunto de sucesos históricos, que complementarían su experiencia como hombre de armas con capacidades de gestión pública, habilidad para resolver conflictos, inteligencia política y patriotismo; ello como consecuencia de su proceso de formación militar en el Ejército Realista, su papel en el proceso de independencia y las actividades políticas que desarrollaría hasta llegar a construir el primer periodo de bonanza republicana en la historia del Perú.

INTRODUCCIÓN La simple determinación de sintetizar la obra y pensamiento de un personaje como el mariscal Ramón Castilla en un breve ensayo como este, insuficiente en extensión para develar los aspectos menos conocidos de su vida, implica para el lector adquirir un compromiso ineludible: su trayectoria no debe entenderse como una línea temporal, constituida por una secuencia de hechos analizables por medio de la estadística, sino como un proceso de madurez política y militar, donde la evolución de su pensamiento, el mismo que por ser un elemento subjetivo tiene a sus decisiones de vida como principal indicativo, se impone sobre el suceso cronológico a la hora de valorar su impacto en la historia del Perú. Este proceso de madurez tiene como eje un perfil psicológico formado desde el inicio de su carrera militar hasta el clímax de su obra política como presidente de la República, obteniendo como resultado final a un hombre analítico y extrovertido, conocedor intuitivo de desenlaces, capaz de anticipar el resultado de sus acciones sobre la vida de amigos y enemigos, masas y minorías, proyectando esa capacidad, incluso, a través de su aspecto físico. El retrato al óleo más conocido de su faz, otorga una imagen que se ajusta a la realidad por medio de su impacto hacia la mente: un oficial curtido en tiempos de guerra, con un gesto placebo en el rostro y una sonrisa que tenuemente alcanzaba a ocultar tras sus bigotes alargados hacia debajo de la boca, cuyos rasgos mestizos sembraban en los hombres que lo rodeaban la marcial necesidad de seguirlo a costa de las armas y del ideal republicano. De este modo, el presente texto relatará el proceso de evolución del oficial, político y ser humano; identificando los sucesos que marcaron relevancia en su trayectoria y explicando qué efecto tuvieron en la construcción de su pensamiento y personalidad.

Mariscal Ramón Castilla.


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CUERPO El Gran Mariscal del Perú Ramón Castilla y Marquesado nació en Tarapacá el 31 de agosto de 1797, durante los años en que el Perú era aún virreinato español. Su juventud típica de la época tuvo como punto neurálgico la incorporación a la vida castrense, hecho a partir del cual inició una íntima revolución física y mental, la misma que lo convertiría en un personaje clave para la historia y tradiciones del Perú. Para exponer este episodio hace falta remontarse a la coyuntura militar del virreinato del Perú de 1812 y, más difícil aun, tratar de verlo con los ojos de un Ramón Castilla de quince años de edad, y su experiencia dentro de la caballería realista, a la que se unió junto a su hermano Leandro1.

EL EJÉRCITO QUE ENCONTRÓ El enrolamiento de Castilla en el ejército sucede en el contexto de la acción del virrey Abascal sobre la sociedad y, por ello, es necesario exponer brevemente la coyuntura política y militar de aquel entonces. Las cuatro últimas décadas previas a la llegada de Abascal al Perú estuvieron marcadas por rebeliones provenientes de zonas geográficas tan diversas como lo fueron los estratos sociales de sus caudillos, las mismas que habían dejado resonando un eco histórico social con nombre propio: “Túpac Amaru II”. Ante ello, el mensaje de gobierno del nuevo virrey era evidente; se trataba de un militar de carrera, cuya misión era marcar un hito que asegure la pertenencia más valiosa de España en América, en medio de una década de grandes cambios en Europa. En consecuencia, la medida por tomar sería novedosa y planificada a la medida de una mente maestra: se le brindó a cada estrato exactamente lo que necesitaba. En el Perú confluían criollos, mestizos e indígenas en cantidades desiguales, grupos a los que direccionó medidas para atender necesidades específicas y, de ese modo disminuir el descontento social que eventualmente pudiese servir como caldo de cultivo para las siguientes iniciativas emancipadoras; valiéndose del alto clero limeño para fundar instituciones cuyo fin sería la educación de galenos y abogados, entre otras medidas. Ante los criollos y mestizos de clase media y alta se mostró como la autoridad empeñada en granjearse simpatías de súbditos con una reciente denominación importada de las voces más libertinas de Europa: “españoles americanos del Perú”. El resultado a mediano plazo era medible por medio de los halagos de la élite social, mientras atendía públicamente asuntos de cultura y salubridad, generalmente tópicos interesantes para los estratos sociales más desatendidos; así como el tema de defensa, sobre el cual dispuso la formación del Ejército Realista del Perú, en ocasiones llamado Ejército del Perú por algunos españoles y hombres ilustrados.2 Es en torno a esta última medida, que el joven Ramón Castilla encontró la motivación a la misma necesidad de pertenencia que continúa siendo habitual en la sociedad actual: unirse al ejército por vocación de empuñar las armas al lado de hombres iguales a él en raza y credo, pertenecientes al naciente sistema de defensa virreinal organizado en unidades fijas, atractivo para los jóvenes y útil para Abascal, quien había traído desde Europa la profesión de soldado. 1 2

Alva Orlandini, Hernan. Biblioteca hombres del Perú. Fondo editorial PUCP. Lima, 2003. “La denominación de Ejército del Perú que recaía sobre el Ejército Realista del Perú era de uso común entre los oficiales españoles” (Estado Mayor del Ejército de España. Biografía del excelentísimo señor teniente general Don Valentín Ferraz. Madrid, 2010).

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Conforme a los registros de la época, el Ejército Real del Perú estaba constituido en su mayoría por indígenas, mestizos y quechua hablantes; la organización de aquellos cuerpos correspondían a los lineamientos importados de las campañas militares europeas llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo XVIII, en donde se había comprobado la necesidad del empleo de las tres armas de combate y, por ende, la preparación del personal en tareas relacionadas con cada una de ellas. Los cuerpos de Caballería e Infantería, por su parte, se encontraban organizados entre regimientos, batallones y milicias. La existencia de estas últimas, y la masa reservista que dejarían a lo largo del Perú, fue la clave para la futura organización de las primeras unidades creadas por don José de San Martín, dentro de las cuales Castilla llegaría a cumplir un rol determinante.

LA ELECCIÓN LIBERTARIA: PUNTO DE PARTIDA PARA SU MADUREZ COMO OFICIAL El paso de Ramón Castilla por el ejército realista, y la evolución de su manera de percibir la carrera militar, tuvo por lo menos dos momentos de gran relevancia antes de abrazar la causa independentista, uniéndose al Ejército Libertador. El primer momento tendría lugar en Santiago, donde recibiría el despacho de cadete efectivo, integrando el regimiento realista “Dragones de la frontera”, luego de su experiencia primigenia en combate durante las campañas de la Patria Vieja, contra la independencia de Chile; es en torno a este suceso que conoce en la profesión de las armas una forma de construir para sí mismo una trayectoria, a la par de acercarse como espectador a la realidad del vecino país del sur, punto de análisis al que retornaría, paradójicamente, en los días previos a muchos sucesos trascendentales en su vida. Corría el año de 1816, el entonces cadete Castilla no podría haber vaticinado que, antes de culminar el siguiente febrero, siendo derrotadas las fuerzas de Abascal en la batalla de Chacabuco, caería prisionero para ser trasladado al principal campo de detención para tropas realistas en el territorio de las entonces Provincias Unidas del Reino de la Plata, “Las Bruscas”, hoy Buenos Aires, de donde conseguiría escapar con el único fin de retornar al Perú. Es producto de este escape que tiene ocasión el segundo momento determinante en su proceso de madurez como oficial; experimenta una travesía a lo largo de selvas, sierras y altiplano, sobre la cual no existe registro conocido que señale el itinerario exacto de aquel desplazamiento de casi seis meses de duración, pero que arrojó como producto a un cadete reincorporado al ejército realista a mediados 1818, distinto al que fue tomado prisionero en Chacabuco, pues habría comprobado a lo largo de una ruta irrepetible que la realidad sudamericana era muy distante al resplandor de los botones dorados de un uniforme español; surgieron cuestionamientos en su mente relacionados a la dimensión humana de todas las guerras de independencia en la región: el clamor del indio, el descontento social, la voluntad libertaria y la nueva definición de patria. «¿Qué impacto estaba teniendo en estas tierras la polémica constitución de Cádiz? ¿La lealtad a España y la lealtad al rey son la misma cosa? ¿El tributo indígena y la esclavitud forman parte de lo que un leal al rey defiende? ¿Era la independencia del Perú un suceso inevitable? ¿Libertarse de España solucionaría los conflictos existentes, o crearía otros aún peores? » fueron seguramente sus pensamientos, acaso compañeros de viaje, durante el periodo más enigmático y fértil de su vida: la travesía. Respecto a ello, es posible relacionar el itinerario de este viaje con el del capitán Fernando Cacho, español con el que Castilla fugó de Buenos Aires, y que registra en su desplazamiento caminos de herradura rumbo a Montevideo y posteriormente a Rio de Janeiro, para luego atravesar a pie la selva de Mato Grosso y Beni, las más inexpugnables de la época, rumbo al altiplano boliviano siguiendo hacia Arequipa, y finalmente a Lima, destino final de ambos3; estos últimos, lugares donde los ecos de la aniquilada rebelión del Cuzco aun dejaba oír sus argumentos, esta vez entre las propias tropas 3 Osvaldo Cutolo, Vicente. Nuevo diccionario biográfico argentino (1750-1930), Editorial Elche. Buenos Aires, 1968.


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peruanas que para el regreso de Castilla, luego de su épico recorrido, integraban el ejército realista. Cuatro años después de la victoria de Abascal sobre los insurrectos, existían vestigios de las correspondencias entre el martirizado brigadier Angulo, líder militar de los rebeldes cuzqueños, y el propio virrey, cuyos contenidos serían reproducidos en forma de rumores entre soldados realistas cada vez más desafectos. Resulta muy probable que Castilla, en un punto entre 1814 y 1820, haya tenido conocimiento de los argumentos de los rebeldes Angulo y Pumacahua, plasmados en las misivas que estos enviaban a Abascal a modo de ataque ideológico, no con armas de fuego, sino con palabras que continúan siendo capaces de cuestionar la voluntad de un hombre de guerra: “Ved, Virrey, el plan que llamáis insurrección, este es el atentado que no creéis, en que todos los cuzqueños tenemos parte, no oyendo las falacias de vosotros, malvados europeos, que tantos años habéis logrado prosperar a costa de nuestro sacrificio y el de nuestras familias, sino a los gritos de la naturaleza, de la razón y de la ley. Ved las historias; las obras magníficas de Dios siempre han salido de manos débiles, para que con íntimo convencimiento las confesemos por suyas. Esta nota será motivo de vuestra confusión. […] Nuestra causa es justa por íntimo convencimiento, y la vuestra el capricho y el rigor del despotismo [...].”4 Cualquiera que haya sido el orden cronológico en que los motivos y argumentos se presentaron a la mente de Castilla, finalmente todos tuvieron un efecto sinérgico para desencadenar el suceso inexorable: luego de ser ascendido a alférez de caballería abandonó las filas realistas para unirse al ejército de San Martín, a principios de 1822. La secuencia de sucesos en la trayectoria militar del entonces alférez Castilla presentaba a la naciente República del Perú un oficial de características particulares, las que lo convertían en el arquetipo único de militar idealista hasta el punto de la obstinación, dueño de una voz que no era eco de ninguna otra, capaz de negarse a transitar senderos que lo desvíen de su objetivo de vida: la grandeza de su patria por medio de la justicia, punto cardinal de su voluntad, temperamento y madurez; tenía veinticuatro años de edad. Aquel pensamiento lo acompañó por el resto de su vida, iniciando con su labor al preparar a los jinetes de la Legión Peruana de la Guardia, primera unidad creada mediante decreto del propio San Martín, hombres en los que vertió todo cuanto había traído consigo en la mente y el corazón, hasta el punto de negarse a entregar el mando de su unidad cuando Bolívar designase al coronel venezolano Trinidad Morán para relevarlo, hecho que no impidió su participación en la trascendental Batalla de Ayacucho, pero que influyó notablemente en su postura como líder militar frente a las pretensiones de Gran Colombia a lo largo de los cinco años venideros. La libertad trajo consigo también la función en el cargo público que, contrastado a su experiencia de armas, lo llevó a oponerse en colegio electoral a la perpetuación del poder bolivariano en el Perú, impidiendo la consolidación de la tentativa denominada “Federación de los Andes”, pretensión que buscaría anexar el Perú Gran Colombia por medio de la política y la guerra. De este modo, 1829 culminaría para entregarle el grado de coronel, así también, el afianzamiento de una madurez temprana, complementando sus capacidades con otras nuevas, ampliando su rol de militar al de científico social, político y defensor del voto sobre el disparo, del disparo sobre la injusticia, de la autoridad moral sobre la amenaza extranjera, y del Perú sobre todo hombre que por medio de su poder pretendiese transgredir la frontera ganada con virtud. 4

Extracto de la respuesta Patriota al virrey Abascal. Tamayo Herrera, José (1984). Historia General del Ejército Peruano. Tomo IV: El Ejército en la Independencia del Perú. Volumen 1: El Ejército: protagonista principal en la Independencia del Perú (Primera edición). Lima: Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú. Impreso en los talleres de la imprenta del Ministerio de Guerra.

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Esta actitud lo llevaría de regreso a Chile, luego de tachar la política de gobierno del presidente Gamarra, militar y compañero de armas al que había seguido desde los años de las batallas de la independencia; desde allí, conviviría con un periodo de cambios muy distintos a los vividos en el Perú; se trataba del efecto de una reciente constitución chilena que promovería la gobernabilidad; precisamente esta observancia sería la que, luego de retornar nuevamente al Perú, sentara las bases de un siguiente paso en su madurez política: la legislatura y el progresismo, y no solo la autoridad, como instrumento de gobierno. Castilla regresaría a Tarapacá en 1834 para ponerse a las órdenes del nombrado presidente provisorio del Perú, el general José Luis de Orbegoso, el mismo que, paradójicamente, tiempo después detonaría una situación que sacudiría los cimientos de su propia determinación.

EL EFECTO DE LA RESTAURACIÓN DEL PERÚ SOBRE SU MENTE Al cabo de dos años, la prensa podría haber aprovechado la coyuntura para retratar uno de los hechos noticiosos más controversiales de la época, delineando la silueta de su principal protagonista: Ramón Castilla, general peruano, hombre de casi cuarenta años de edad que, habiendo participado en las más grandes victorias militares de América, se encontraba en Chile, vertiendo su experiencia y prestigio para preparar un ataque imposible de repeler por las armas peruanas, aquellas que abrazó desde que tuvo real conciencia de su misión en el mundo, y que para los primeros meses de 1836 podían considerarse secuestradas por la codicia y las ansias de poder, ambos demonios que parecían haberse adueñado de la historia del Perú luego de los pasados triunfos de Junín y Ayacucho. Algunos oficiales podrían considerarlo un traidor, pero, al final de cuentas, ellos no serían los encargados de juzgarlo, lo haría la historia. ¿Qué podía estar pasando en ese momento por la mente de la aristocracia limeña, tan lejana? ¿Quiénes eran los buenos, quiénes los malos, los conspiradores, los leales? Todo había caído en un hoyo de fango en el que no existía un caudillo sin rabo de paja, ningún libertador que no estuviese cegado de poder, ningún político sin los bolsillos llenos de dinero ni la boca cargada de argumentos para anteponer el beneficio personal por sobre los interesas del Perú. Luego de la independencia el orden democrático y la autoridad que de él provenía se habían tejido para convertirse en una pelota de trapo que todos querían arrebatarse a mano armada, pisoteando almas, cercenando tierras, proclamando actos infames disfrazándolos de democracia, «¿Qué democracia?», podría haberse preguntado cualquier hombre ilustrado. El Perú, quince años después de la proclamación de independencia y la incorporación de Castilla a las filas libertadoras, ya no era el Perú como tal, sino que formaba parte de la “Confederación”; el presidente de la República, Luis José de Orbegoso, militar y máxima autoridad peruana, al verse a punto de ser sobrepasado por las fuerzas de otro caudillo, había decidido abrir las puertas del sur para recibir a las tropas extranjeras de Andrés de Santa Cruz, solicitando un apoyo militar que tendría consecuencias irreversibles, provocando la invasión boliviana al Perú. La extensión territorial y división política del antiguo virreinato sobre el cual se capituló en Ayacucho, lucía muy distinta luego de la invasión solicitada por el entonces acorralado presidente, cuya decisión tuvo como efecto colateral la aparición de dos novísimas entidades geopolíticas: el estado nor peruano y el estado sur peruano; en la práctica, ambos unificados a Bolivia bajo el poder y protectorado de Santa Cruz. Los aún vigentes ideales libertarios de la República, aparentemente pervertidos, despertaban distintas opiniones sobre la coyuntura que se vivía: había quienes apoyaban la iniciativa, opinando que dos naciones que compartían todo, incluido la historia y la diversidad cultural, no podrían estar separadas por mucho tiempo más, que había despertado un gigante dormido, una potencia


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que definiría el rumbo de las naciones americanas hacia los siguientes años; en contraparte, había quienes consideraban que aquel proceso de unificación no era otra cosa que la consecuencia natural de la anarquía y la ingobernabilidad, que el país estaba llegando a su fin, que los comandantes de la independencia consideraban que por haber gestado la libertad podían meter el Perú a sus arcas y escribir la historia a su conveniencia, que Andrés de Santa Cruz era la mano negra que había sabido esperar el momento de conspirar y de ofrecer apoyo militar en el momento exacto, que solo vislumbraba el poder y la hegemonía a sus pies, al igual que Gran Colombia y su eterno emperador, Bolívar, que no era muy distante a él en términos políticos; que las antiguas damas criollas habían tenido razón al decir que el proceso libertario no era más que una condena de muerte, pues, sin la lealtad a la corona, que era un poder encarnado con capacidad de castigar, ¿a qué le tendrían lealtad los hombres? ¿A la democracia? ¿Y quién es la democracia? ¿En quién está encarnada? ¿Quién la defenderá cuando los miserables con una mínima cuota de poder intenten cometer abusos en su nombre, engañando a los incautos? Aquellos temores de antaño arrojaban uno nuevo y mucho más perturbador: «¿Qué no es esta invasión boliviana disfrazada de unificación, la muestra más clara de cómo el interés de uno por permanecer en el poder puede ponerle fin a la esencia misma de la soberanía?» Corría el mes de febrero de 1836 cuando Castilla, quizá, sintiéndose nuevamente un libertador, transitaba por calles chilenas luego de su exilio del Perú; había guardado lealtad al presidente Luis de Orbegoso hasta que este solicitó a Bolivia el apoyo militar que terminaría permitiendo la existencia de la Confederación, lo que consideró una traición. En Chile encontraría mucho de lo que buscaba: la oportunidad de armar hombres para regresar al Perú y hacerle guerra a los poderes oscuros que lo habían desnaturalizado, cambiándole de nombre, mutilándolo, dividiéndolo sin otro derecho que el despotismo. En aquel camino extenso de preparación de la fuerza encontraría, además, mucho de lo que no andaba buscando pero lo tomó por sorpresa siendo general: un Chile con los mismos problemas sociales que conoció en los días en que recibiera en Santiago su ascenso a cadete, veinte años atrás, con los mismos vacíos, con el mismo territorio infértil, pero que, manteniendo todo ello a cuestas, había hallado la manera de concebir en su imaginario popular un nuevo ingrediente, algo transmisible en el aire; existía, ahora, una especie de identidad nacional que irradiaba del poder político y el respeto a la autoridad. Aquel poder, a diferencia de lo que sucedía en Lima, irradiaba de un solo hombre que podía ser considerado la piedra angular de la consolidación de aquel país, y, por ende, como lo confirmaría la historia, una amenaza para los posteriores intereses militares del Perú. En los meses de la organización de las expediciones restauradoras, Chile caminaba en la dirección del casi todopoderoso Diego Portales, político santiaguino que, a criterio del autor, impactó sobre Castilla de tal manera que sirvió como un referente al que regresaría mentalmente, seguramente en la soledad de su habitación, preguntándose sobre el futuro y la grandeza del Perú, sobre cómo debería ser gobernado y cómo no, qué tan delgada e invisible era la línea que divide la dictadura de la mano dura, cuán importante podría llegar a ser el atender prioritariamente los temas relacionados a la opinión pública y, sobre todo, cual había sido el factor que desencadenó el aparente colapso del orden democrático peruano. Quizá con anterioridad, habría caminado entre los hombres que iba reclutando, mientras pensaba en el verdadero significado del principio de autoridad política, aquel que había sido encarnado en la antigua e inapelable “obediencia al rey”, y que luego de la independencia no fue reemplazado con absolutamente ninguna otra noción, sino con la de “admiración a los libertadores”, debiendo haber sido reformulada como el “respeto al presidente de la República elegido democráticamente”, pero que en la praxis se había convertido en un juego de azar en el que a los nuevos “semidioses” libertadores les tocaba servirse del poder que se ganaron arriesgando la vida, luchando entre ellos como en antiguos cantos griegos, dotando de cotidianidad las discordias políticas resueltas con el uso de las armas, la compra de voluntades y el poder disuasivo de los millares de tropas por sobre el voto democrático.

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«¿Qué estaba pasando en Chile y no en Perú?» seguramente pensaba Castilla en aquel entonces «¿Qué conseguía Portales colaborando con la reelección del presidente chileno Prieto, haciéndose dictador desde el escaño de ministro? ¿Cómo, de la manera más astuta, acomodaba sucesos para que sea la propia confederación, a través de Santa Cruz, la que declarase la guerra a Chile? ¿Por qué temía tanto que se concretase la unión forzada de Perú y Bolivia?» De coincidir este razonamiento con los pensamientos de Castilla, habría caído en un gran acierto; no obstante ello, emplear su propia voluntad para evitar la infamia a la que los gobernantes de turno estaban sometiendo a su patria, no solo sería ante sus ojos una maniobra inteligente y arriesgada, sino también necesaria. Aquellos cuestionamientos deben haber gatillado su mente mientras preparaba desde Chile lo que sería la restauración del Perú. La suerte estaba echada y, dentro de todos los resultados posibles, solo existía uno inevitable: Portales, hasta los últimos días previos a su sorpresiva ejecución en junio de 1837, encaminaría a Chile a ser una potencia naval y militar en la región, dotada de un sistema económico sostenible, con autoridad para imponer los intereses del Estado sobre el privado y de evitar sublevaciones al mismo tiempo. Seguramente oía los rumores de su nula indulgencia, atribuyéndosele frases como: “si mi padre conspirara, a mi padre fusilaría”, mientras veía por las calles el sistema de castigo conocido como “el carro”, en el que ciertos crímenes eran condenados de manera pública, dentro de jaulas rodantes jaladas por bueyes a lo largo de las calles. 5 Ramón Castilla se llevó de Chile algo más que su propia expedición restauradora, trajo consigo el convencimiento de la verdadera amenaza que significaría para el Perú la conciencia nacional chilena durante las próximas décadas, supo hacia donde estaba orientado su deseo expansionista, los motivos del mantenimiento de su flota naval y política armamentista, así como el peso descomunal que ofrece combinar estos elementos con una eficiente política pública destinada a abordar temas de índole económico y social, transversales a la educación y a un omnipresente brazo diplomático; todos ellos, temas atendidos por él mismo en el Perú, como será expuesto en párrafos posteriores.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA REPÚBLICA QUE SOÑÓ

El pensamiento del general Castilla había llegado a su cúspide luego de la restauración del Perú; los ideales que albergaba en su mente lo llevarían a transitar los senderos de nuevos enfrentamientos contra rebeliones ante el orden democrático, e incluso un nuevo conflicto contra Bolivia. Todo ello antes de ser elegido democráticamente presidente de la República, juramentando en abril de 1845, a la edad de 47 años. Su experiencia política, carácter y, sobre todo, el hecho de conocer a la perfección el territorio de las naciones limítrofes, así como el pensamiento de sus caudillos, habían conducido a Castilla a convertirse en un auténtico líder político militar, gestor de una revolución constitucionalista que, luego de brindarle el poder por voto popular, lo comprometería a construir una etapa dorada reconocida por el historiador predilecto de la patria, Jorge Basadre Grohmann, al definir su mandato como el “inicio del verdadero periodo republicano del Perú”, un auténtico boom gubernamental de dos periodos no consecutivos sumados a un periodo como presidente provisorio, que hicieron un total de doce años de gobierno. Su perspectiva internacional y capacidad de analista geopolítico, hicieron del proceso de madurez por el que atravesara antes de llegar a la presidencia, explicado detalladamente en subtítulos anteriores, un camino de frutos abundantes, los mismos que dieron al país tal bonanza y apogeo, que muchas de sus medidas tienen impacto sobre la sociedad actual. 5

Bravo Lira, Bernandino. El absolutismo ilustrado en Hispanoamérica: Chile (1760-1860) de Carlos III a Portales y Montt. Editorial Universitaria. Santiago, 1992. Citando a José Miguel Yrarrázaval “Portales, tirano y dictador”.


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“Si Chile construye un barco, el Perú debe construir dos”, es una frase que reduce su política de defensa, producto

de su experiencia militar en la región. En materia de seguridad nacional destaca la adquisición del primer barco de guerra a vapor de Sudamérica, la dotación de fusiles de percusión para las tropas y la organización de la guardia nacional en base a las antiguas milicias cívicas, precedentes directos del servicio de Policía Nacional y la Gendarmería Nacional. Las constantes adquisiciones y procesos de modernización alcanzaron todos los ámbitos del desarrollo nacional, esta reforma no se hubiera podido llevar a cabo de no haberse implementado ciertas medidas respecto a la administración de riquezas provenientes de la venta del guano de las islas y negocios derivados, imponiendo autoridad a los particulares, transformando el sistema de contratos de arrendamiento, donde el beneficio de las ventas eran aprovechados por empresas extractoras, en el sistema de consignación guanera, donde la extracción, venta y transporte del bien era desarrollada por terceros a cambio de una comisión, distinta al beneficio estatal ilimitado de las riquezas; lo mismo que permitió hazañas económicas impensables, como el pago total de la deuda externa e interna. Todo ello durante su primer mandato. Las medidas inmediatas al superávit fiscal incluyeron el primer presupuesto nacional, medida que permitiría la correcta administración pública en las décadas siguientes, así como innumerables adelantos en materia de infraestructura y desarrollo social, dentro de los que destacan la creación del servicio de correos, la construcción del primer ferrocarril del Perú, la instalación de los primeros servicios de agua potable con tuberías de hierro en el Callao y Arica, la implementación de las primeras fábricas de cristales y papel, además de la llegada del alumbrado público y la construcción de hospitales, colegios, mercados, aduanas, cuarteles, prefecturas, caminos y puentes en todo el territorio nacional, y a el establecimiento de embajadas en Estados Unidos, Inglaterra, Bolivia, Chile, Ecuador y de consulados en París y Bruselas; seguidos de la publicación de los primeros reglamentos de policía y beneficencia pública, así como la redacción del primer código civil, el mismo que permanecería vigente por casi noventa años, y del primer reglamento de instrucción pública, por el cual el Estado peruano se haría cargo de la educación en todo el país; ello acompañado de lo anecdóticamente descuidado desde sus años de cadete: se decretó la creación de códigos republicanos y manuales, los mismos que reemplazarían las antiguas leyes y ordenanzas españolas, que luego de más de veinte años de independencia continuaban rigiendo la vida de los peruanos, y marcando las pautas de la instrucción que recibían los miembros del ejército. Las obras fastuosas en el plano de lo material, no tendrían el mismo impacto que la abolición de la esclavitud y el tributo indígena, así como el anuncio de la absoluta libertad de prensa tuvieron sobre el imaginario popular del hombre peruano. En el intervalo de sus dos gobiernos no consecutivos, e incluso en el transcurrir de ellos, Castilla enfrentaría la misma cuota revolucionaria que sus predecesores, no obstante la autoridad política acumulada desde los años de la confederación le permitió afrontar estos sucesos y decretar una nueva constitución, a pesar de esta haber sido concebida por liberales, restándole facultades; aquella actitud conciliadora era contrastada con su permanente habilidad para mantener el dialogo con sus opositores políticos, como lo hiciera en su momento con sus rivales vivanquistas, Felipe Pardo y Aliaga y Paz Soldán, llegando con este último a elaborar el Mapa General del Perú durante su segundo periodo constitucional; luego de enfrentar una guerra con Ecuador, y obtener la firma de la Convención fluvial de 1858, con la que adquiere la libre navegación del río Amazonas, con el fin geopolítico de tener acceso al Océano Atlántico, hecho que catapulta la navegabilidad fluvial en toda la Amazonia y, por ende, su desarrollo sostenible.

La vida de Ramón Castilla no volvería a tener el mismo brillo luego de su último mandato. Sobre su deceso el autor resalta tres hechos que lo definen como patriota y terminan de dibujar su silueta en la mansión de los héroes: la primera, como oficial de caballería, llegaría al Perú a tiempo para brindar por el triunfo de los combatientes del 2 de mayo de 1822, quienes obtuvieron la consolidación del reconocimiento español de la soberanía del peruana; segundo, en su historia existió una natural decadencia física, pero no una ideológica, en consecuencia su voluntad de lucha y pensamiento

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(este último, motivo del presente ensayo) permanecieron en constante evolución y desarrollo, incluso luego de su propio clímax; y tercero, sus últimas palabras, aquellas que pronunciara en el valle de Tiliviche, Tarapacá, al pie de su caballo, mientras que con casi setenta años se dirigía a luchar contra lo que consideraba un nuevo atentado a la justicia: “Un mes más de vida Señor y haré la felicidad de mi patria, sólo unos días más”; palabras que reflejaron su deseo personal, y que contrastan perfectamente con aquellas que dirigiera el 23 de octubre de 1862, como su último manifiesto a la nación peruana como presidente constitucional; con la seguridad de la intuición, el último recuerdo que viniera a su mente antes de partir: Compatriotas: Os dejo, en testimonio, algunas señales de mi consagración a la defensa nacional, y algunas obras de utilidad pública que revelan la alta civilización del pueblo peruano, y la satisfacción de vitales exigencias sociales y políticas. En la crisis que atraviesa la América, me habéis oído levantar la voz para vindicarla y ser el primero en promover la idea, por largos años apetecida, de un pacto continental. El sucesor que me habéis designado, patriota y antiguo soldado de la independencia, completará trabajos que harán feliz el porvenir de estas regiones. Cansado de las tareas administrativas, voy en busca del reposo que tanto a menester una existencia crudamente combatida por los contratiempos de la revolución y por las fatigas de la guerra. Os debo mucho, peruanos, para que me olvide de vosotros: En los peligros estaré a vuestro lado en el punto que la nación me designe, sosteniendo lo que siempre he sostenido: la libertad, sin las exageraciones de la demagogia; las leyes sin limitación y sin reserva de ninguna especie, y la nacionalidad de una patria a la cual he dedicado y seguiré dedicando todos los instantes de mi vida.6

COMENTARIO El pensamiento del mariscal Ramón Castilla y Marquesado, cuya cúspide plasmaría como presidente es el reflejo de la relación directa que guarda el ejercicio de las ciencias militares con la política. La gestión pública es, por excelencia, una labor que requiere un gran nivel de preparación y una altísima dosis de vocación de servicio; los tiempos modernos en contraparte, arrojan estadísticas razonables del por qué los miembros de las FFAA deben desempeñarse como funcionario públicos apolíticos, sin embargo, es necesario apreciar que esta limitación proviene la experiencia histórica, respecto a lo que ocurre con la mezcla del poder brindado por la participación política y de la autoridad proveniente del ejercicio de la función militar, ambos ingredientes clave para una dictadura o, como en el caso del mariscal Ramón Castilla, para detonar la evolución de un pensamiento democrático con un alto nivel de visión geopolítica, un gran conocimiento de la realidad y geografía nacional, los problemas sociales que de ahí provienen y la dimensión humana que es común a los dos momentos opuestos y permanentes, indicativos de la huella del ser humano sobre la historia: la guerra y la prosperidad de los pueblos.

6 Manifiesto a la nación del Mariscal Ramón Castilla, del 23 de octubre de 1862. Portal web del Congreso de la Republica. http://www.congreso.gob.pe/ participacion/museo/congreso/mensajes/manifiesto_nacion_23_octubre_1862 6 Manifiesto a la nación del Mariscal Ramón Castilla, del 23 de octubre de 1862. Portal web del Congreso de la República. http://www.congreso.gob.pe/participacion/museo/congreso/mensajes/manifiesto_nacion_23_octubre_1862


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BIBLIOGRAFÍA 1. Alva Orlandini, Hernán. Biblioteca hombres del Perú. Fondo editorial PUCP. Lima, 2003. 2. Estado Mayor del Ejército de España. Biografía del excelentísimo señor teniente general Don Valentín Ferraz. Madrid, 2010. 3. Osvaldo Cutolo, Vicente. Nuevo diccionario biográfico argentino (1750-1930), Editorial Elche. Buenos Aires, 1968. 4. Tamayo Herrera, José. Historia General del Ejército Peruano. Tomo IV: El Ejército en la Independencia del Perú. Volumen 1: El Ejército: protagonista principal en la Independencia del Perú (Primera edición). Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú. Impreso en los talleres de la imprenta del Ministerio de Guerra. Lima, 1984.

Saludamos al Ejército del Perú en conmemoración de la Batalla de Ayacucho

5. Bravo Lira, Bernandino. El absolutismo ilustrado en Hispanoamérica: Chile (1760-1860) de Carlos III a Portales y Montt. Editorial Universitaria. Santiago, 1992. 6. http://www.congreso.gob.pe/participacion/museo/congreso/mensajes/manifiesto_nacion_23_octubre_1862 Portal Web del Congreso de la República. Manifiesto a la nación del Mariscal Ramón Castilla, del 23 de octubre de 1862.

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PENSAMIENTO DELLEPIANE:

SIST E M AT I Z A N DO E L E ST U DIO DE L A HISTOR I A M IL I TA R POR: MAYOR EP ALBERTO CASTRO VILLA

INTRODUCCIÓN

El año de 1931 en la imprenta Casa Gil ubicada en la ciudad de Lima, sería publicado por primera vez el texto “Historia Militar del Perú”, libro que originalmente constaba de tres tomos y que ha sido en el aprendizaje y estudio de las ciencias militares hasta la actualidad, la referencia bibliográfica principal más importante para la oficialidad de todos los grados en el Ejército del Perú. Su autor era el aún por esos años Teniente Coronel EP Carlos Dellepiane Alonzo, un limeño proveniente de la clase media, quien decidiría seguir la profesión militar desde muy joven logrando luego de su servicio militar y su paso por la Escuela Militar de Chorrillos, obtener el grado de Alférez en 1912. Tal sería el éxito de esta obra dentro de la institución castrense, que una segunda edición, esta vez editada en la imprenta del entonces Ministerio de Guerra del Perú y que vería la luz el año de 1936, se agotaría prácticamente de manera inmediata. Si bien la Historia Militar como ciencia de investigación y estudio en el Ejército del Perú, tenía ya tras de sí, diferentes publicaciones hechas años anteriores por reconocidos oficiales en sus respectivas épocas como el coronel Celso Zuleta, el coronel Manuel Bonilla, el mayor Alejandro Montani, el general de brigada Antonio Castro y algunos contemporáneos de Dellepiane como el todavía capitán Néstor Gambetta, el mayor Julio Lazo, el teniente coronel Julio César Guerrero, el general de brigada Juan Zuloaga, el todavía coronel Felipe de la Barra entre otros, “Historia Militar del Perú” significaría el reconocimiento y celebridad institucional e internacional del autor y se convertiría prácticamente desde su primera edición oficial, en el manual por excelencia de nuestra historia militar. La repercusión y valía de este libro pudo deberse a diversos factores, pero tal vez uno de los principales fue la serie de virtudes que como investigador histórico y científico social autodidacta hace notar el General Dellepiane en el relato de la obra. La búsqueda constante de otorgarle el debido sustento científico, no solo a lo que su trabajo atañe, sino a la Historia Militar en general, teorizando sobre ella y a la vez tecnificándola, con una narrativa coherente y simple, pero a la vez profunda y la objetividad de sus análisis basado en la crítica que dan como colofón las lecciones aprendidas o consideraciones, como él las denominó, hacen entendible la

Teniente Coronel EP Carlos Dellepiane Alonzo.


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trascendencia de este tratado, diferenciándolo cualitativa y cuantitativamente de todo el resto de publicaciones modernas en el país sobre esta temática hasta el día de hoy. Hubo quienes dijeron que “los libros de historia revelan, sobre todo, la creencia de sus autores” 1 que si tomamos como cierta dicha aseveración, es muy posible que Dellepiane no haya sido en absoluto la excepción. Para poder intentar comprender el pensamiento del hombre, es necesario pues abordar a grandes rasgos el devenir de su vida personal y profesional y tras ello, tratar de consignar las ideas principales y las subyacentes más importantes de sus obras, resaltando claro está, las signadas sobre todo en su obra cumbre.

DELLEPIANE, EL HOMBRE, EL SOLDADO, EL HISTORIADOR MILITAR

Carlos Dellepiane Alonzo nació un 17 de Julio de 1893 en el distrito de Barrios Altos, Ciudad de Lima. Siendo su padre Carlos y su madre Isabel, el año de 1908 decide incorporarse a la carrera de las armas a través del servicio militar de tropa, para luego incorporarse a la Escuela Militar de Chorrillos y tras totalizar cuatro años de formación castrense, graduarse como Alférez del Arma de Caballería un 1° de febrero de 1912. Tal como consta en su legajo personal de oficial 2, su primera unidad sería el Regimiento de Caballería N° 3 con sede en la capital 3, donde el Alférez Dellepiane permanecería trabajando dos años, hasta mayo de 1914 para ser exactos. Si contextualizamos aquella etapa, veremos que solo unos meses después, en el mes de Julio de ese mismo año, se daría inicio en Europa a la denominada Primera Guerra Mundial o Gran Guerra, que tal como lo indica su nombre, tendría una afectación directa o indirecta en todos los países del mundo. Eran pues los años de la pronta irrupción de las nuevas armas en el campo de batalla, surgidas de la industrialización, ergo, alta tecnologización de la maquinaria trasladada también a la dimensión bélica. Desde la perspectiva histórico militar, durante y después de esta guerra, se tendrían que redefinir las doctrinas y estrategias militares, debido a la aparición de armas como la ametralladora, la granada portátil, la artillería de grueso calibre y largo alcance, el lanzallamas, los gases químicos, el tanque, el submarino, la aviación de combate, entre algunas otras más, y la consiguiente creación de escuelas para la formación de cuerpos militares especializados en su utilización. Dellepiane permanecería trabajando en la capital por varios años más, ya también con los grados subsiguientes de teniente, capitán y mayor, entre los Regimientos de Caballería N° 9, 5, nuevamente el 3 y finalmente el Regimiento “Húsares de Junín” N°, todos con sede en Lima 4, por lo que al igual que mucha de la oficialidad de la época, pudo saber a través de las crónicas enviadas por distintos corresponsales y observadores, civiles y militares respectivamente, incluidos los nacionales Tte EP Julio César Guerrero y el Cap EP Julio Lazo, y que eran publicadas por la Revista Militar del Perú y la Revista Círculo Militar del Perú, sobre el desarrollo de la Gran Guerra y conocer sus repercusiones en el ámbito técnico y táctico militar. Ambas revistas eran el medio de mayor difusión académica y cultural para el personal que trabajaba en el ejército y al encontrarse laborando en una ciudad, Dellepiane habría tenido la facilidad de acceder a ellas. 1 Lombardo Toledano, V (1963) La batalla de las ideas en nuestro tiempo 5ª Edición UNAM, México. p: 12 2 Archivo General del Ejército. Legajo Personal del Oficial-LPO del Gral de Brig Carlos Dellepiane Alonzo 3 Comisión Permanente de Historia del Ejército (2001) Historial de Unidades del Ejército del Perú Oficina de Información del Ejército p:215 4 Comisión Permanente de Historia del Ejército (2001) Historial de Unidades del Ejército del Perú Oficina de Información del Ejército p:212-217

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Una serie de hechos muestran que la inusual prolongada estadía en la ciudad de Lima para la carrera de un oficial de Ejército, no sería desaprovechado por el intelecto del aún oficial subalterno Dellepiane, cuya indudable pasión por la Historia Militar debió nacer desde muy joven y cuyo despegue académico debe haberse iniciado a partir del año de 1920, como alumno de la Escuela Superior de Guerra del Ejército, con el grado de Capitán, cuestión que en esa época era permitido, graduándose en el segundo lugar de su promoción el año de 1923 5, ya con el grado de Mayor. Durante el oncenio de Leguía, se mantuvo la política institucional de enviar la mayor cantidad de oficiales superiores a capacitarse a diferentes lugares de Europa 6. Prueba de ello, es ver que casi todos los militares que ostentaron los grados de capitanes, mayores y tenientes coroneles en dicha etapa, viajaron por motivos académicos a Francia, España, Italia entre otros destinos más. Dado el puesto con el que había egresado de la Escuela Superior de Guerra, el mayor Dellepiane no fue la excepción y sería destinado por motivo de misión de estudios a la República de Francia, militarmente heredera del genio Napoleónico, partiendo hacia esa nación en el mes de setiembre de 1924 7. Dicho país contaba con una misión militar desde 1896 en el Perú, cuya labor ya para aquellos años, se había mostrado como adecuada y fructífera. Tras la Primera Guerra Mundial, la nueva oficialidad que llegó integrando las nuevas misiones, eran en su gran mayoría veteranos de esta guerra, quienes pudieron verter la experiencia adquirida en los campos de batalla de las recientes campañas a nuestros oficiales mediante conferencias y/o publicaciones, como fue el caso del por entonces flamante general de brigada Pablo Clement, quien decidió retornar al Perú en 1919, luego de haber sido jefe de la primera misión con el grado de capitán del ejército francés y coronel del ejército del Perú, dando una serie de conferencias donde comentaría a detalle los avances ocurridos en la conflagración bélica mundial, publicándose las mismas ese mismo año en la ciudad de Lima 8. En el momento en que parte Dellepiane a Francia, Europa discurría en el denominado periodo de Entreguerras, donde los países que habían sido los protagonistas de la Gran Guerra, pasada esta, nuevamente se debatían en tensiones diplomáticas debido a las crisis internas y externas que de modo muy particular vivía cada uno. Sobre la Gran Guerra, Dellepiane escribiría: “La Guerra Mundial ha trastornado, en parte, los conocimientos y adquisiciones experimentales que se habían obtenido sobre las operaciones bélicas; ha desarraigado viejos y pertinaces prejuicios….” 9 Francia desde 1920 ante la vacilación británica había tomado la batuta como garante de la paz de Versalles, ocasionando que surgiesen voces en su interna que exigían el potenciarse militarmente, modernizando el arsenal heredado de la Gran Guerra e introduciendo innovadores adelantos en lo que correspondía a la motorización y mecanización de sus fuerzas, buscando mantener su ejército en un nivel operativo óptimo, capaz de enfrentarse de nuevo a una Alemania que se sabía andaba rearmándose 10. La doctrina militar francesa comenzó a sufrir cambios debido a las nuevas armas ya mencionadas, dejándose atrás las ideas del Mariscal Ferdinand Foch y su “Ofensiva a ultranza” 11, apareciendo nuevos pensamientos e ideas reflejadas en formas de combate como la “Bataille Conduite” o “Batalla Metódica”, que consistía en la centralización del uso masivo de la artillería y la 5 6 7 8 9 10 11

Freyre, C (2018) El Mariscal Victorioso. Eloy Guadalupe Ureta Montehermoso Imp. Mystic Rosse S.A. Lima, Perú p: 85 Laguerre, M (2015) El Oncenio y el desarrollo de la Armada Peruana (1919-1930) Dirección de Intereses Marítimos, Lima-Perú p: 71 Archivo General del Ejército. Legajo Personal del Oficial-LPO del Gral de Brig Carlos Dellepiane Alonzo El libro se tituló “Conferencias Militares del General P. Clement. (Antiguo jefe del Estado Mayor General del Ejército Peruano y de la Misión Militar Francesa). MISIÓN DE PROPAGANDA EN AMÉRICA LATINA” (1919), Lima. Dellepiane, C (1934) Historia Militar. Guerra Mundial . Conferencias en la Escuela Superior de Guerra. Imprenta de la Escuela Militar, Chorrillos , Perú p: 05 Muñoz, R (2017) Carro de Combate vs Fuerte. La Doctrina Militar francesa en el periodo de entreguerras . En el libro Frontera y Fortificación Comp: Ruiz, E. Editorial Actas, España. p:832 Llamada en francés “offensive à outrance”, predominó luego de la derrota contra Prusia en 1870, como dogma en el ejército francés gracias a las diferentes publicaciones e impulso que sobre ella hicieron el Mariscal Foch y los generales Grandmaison y Joseph Joffre. Tenía como base la consigna que “la moral del soldado todo lo podía” y refería la necesidad de contar con unidades de infantería que pudiesen realizar un ataque rápido, violento y frontal.


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sincronización completa entre las diferentes armas debiendo progresar escalonadamente evitando la explotación o profundidad en la maniobra, sino más bien un avance, tal como dice su nombre, metódico u ordenado. 12 El gran manual de aquella doctrina sería la publicación de 1921 hecha por el Ministerio de Guerra galo titulada “Instrucciones provisionales sobre el empleo de las grandes unidades” 13. Como toda doctrina militar relevante, la “Batalla Metódica” tendría un representante de gran envergadura, en este caso fue el Mariscal Phillipe Petain que influenciaría en oficiales franceses más contemporáneos a Dellepiane, como Charles De Gaulle y los muy jóvenes Leclerc y Beaufre. Durante todo el año de 1924, el Mayor Dellepiane permanecería en la ciudad de Metz, alojado en el 28° Regimiento de Dragones de esa ciudad, diplomándose al año siguiente en el Centro de Estudios Tácticos de Artillería, cuando en esta nación vivían la efervescencia del “Le feu tue” o “el fuego mata” 14 que era la frase que representaba el apogeo de la nueva artillería de grueso calibre y larga distancia que había irrumpido aterradoramente en los escenarios de batalla de la Gran Guerra, acabando para siempre con los desplazamientos de la infantería a pie en espacios abiertos. Para 1925, pasa a quedarse en la Escuela de Caballería de Saummur y finalmente en 1926 se trasladaría a la Escuela Militar de Francia en París, donde cursa el Ciclo de Instrucción de Comandante. Al salir ese año de Francia, Dellepiane deja al país sumergido en lo que sería la denominada Doctrina Debeney, que no era sino, una doctrina de defensas fijas iniciándose la construcción de la famosa “Línea Maginot”, llamada así por el Ministro de Guerra en ese entonces André Maginot contando con los apoyos del General Guillaumat y el General Debeney. Este pensamiento sumamente conservador y que desde el punto de vista militar podría catalogarse como retrógrado, desfasado y hasta irreal, sería el inicio de la catástrofe sucedida al ejército galo durante los inicios de la Segunda Guerra Mundial y que tendría como colofón el Desastre de Junio 15. A su regreso, luego de la tan valiosa experiencia de asimilación de conocimientos técnicos e históricos in situ, el Mayor Dellepiane se volvería un prolífico autor y traductor de trabajos sobre todo históricos militares que verían la luz en artículos para revistas y diarios y en libros de mucha trascendencia dentro del ejército. El impulso y realce dados por Dellepiane a las ciencias históricas en el seno de la Institución castrense, le valdría para que ya como oficial superior ligar su nombre de manera permanente a la docencia, tanto en la Escuela Militar de Chorrillos, como en la Escuela de Caballería y en la Escuela Superior de Guerra. De igual manera sería vinculado a las labores de asesoría en operaciones e inteligencia como miembro del Estado Mayor de la II División de Ejército y luego del Estado Mayor General del Ejército y de supervisión como Inspector, en la Inspectoría General del Ejército. Unos años muy especiales en su carrera, serían también los que pasaría en la República de Argentina, como agregado militar, desde 1938 hasta 1940 con los grados de Teniente Coronel el primero y Coronel los dos últimos. Sus conocimientos no pasarían inadvertidos, ejerciendo la docencia y manteniendo el aporte de su pluma en diversas revistas especializadas de ese país. Tal sería el prestigio ganado por Dellepiane en Argentina como historiador militar, que el año de 1941, bajo el auspicio del Círculo Militar de esa nación, se publicaría una tercera y nueva edición de “Historia Militar del Perú” como parte de la colección bibliográfica Biblioteca Militar del Oficial del Ejército Argentino. Era pues el cenit académico de este pro hombre, cuyo aporte 12 Muñoz, R (2017) Carro de Combate vs Fuerte. La Doctrina Militar francesa en el periodo de entreguerras . En el libro Frontera y Fortificación Comp: Ruiz, E. Editorial Actas, España p:833 13 Su título original fue “Instruction provisoire sur l´emploi tactique des grandes unites” publicado por el Ministére de la Guerre,(1922) París, Francia. 14 Muñoz, R (2017) Carro de Combate vs Fuerte. La Doctrina Militar francesa en el periodo de entreguerras . En el libro Frontera y Fortificación Comp: Ruiz, E. Editorial Actas, España. p:833 15 Nombre que se le da a los hechos sucedidos en Junio de 1940, durante el cual, el ejército alemán atacó Francia, ocupándola y derrotando a su ejército regular mediante la Blitzkrieg, en prácticamente tres semanas y media.

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y pasión le brindaba la satisfacción del reconocimiento internacional. El mundo por entonces se debatía en una nueva guerra mundial, la segunda, y en esta ocasión las noticias que llegaban de las nuevas formas de combate eran mucho más veloces debido a la tecnología que iba desarrollándose. El Perú también pasaría por una nueva conflagración, esta vez contra el Ecuador, enfrentamiento que en 1941 gracias a la modernización operativa, intelectual y logística militar que se había ejecutado desde 1936 durante el gobierno del Mariscal Oscar R. Benavides, se pudo obtener una victoria casi aplastante tras una campaña perfecta 16 sobre un enemigo taciturno e inactivo pero empeñoso en sus objetivos. En esta guerra obtuvieron brillante protagonismo algunos oficiales generacionales de Dellepiane, como fue el caso del General de Brigada Eloy Ureta, director del Teatro de Operaciones al ser el jefe del Agrupamiento Norte y otros más jóvenes, como los Tenientes Coroneles Manuel Odría y José Del Carmen Marín. Lamentablemente, el desde 1943, General de Brigada Carlos Dellepiane casi no podría investigar y analizar sobre las campañas y operaciones de estas guerras, pues fallecería repentinamente en la ciudad de Washington el año de 1946. Estando en su plenitud científica, esta demás comentar cuan valioso hubiesen sido sus comentarios y aportes para las generaciones posteriores de oficiales sobre doctrinas como la “Blitzkrieg” o las operaciones Overlord o Market-Garden en Europa o la Batalla de Zarumilla y la operación aerotransportada en Puerto Bolívar en el norte del país, por nombrar solo algunos hechos de armas.

EL PENSAMIENTO DELLEPIANE EN LA HISTORIA MILITAR DEL PERÚ Existen distintas obras de investigación histórico militares realizadas por Dellepiane a través de su carrera a partir de lograr los grados de oficial superior. Algunas de estas obras serían publicadas cuando se encontraba como docente de Historia Militar en la Escuela Militar, Escuela de Caballería y la Escuela Superior de Guerra para fines únicamente de enseñanza. Ya que fueron utilizadas solo para dicho objetivo dirigido a un público determinado, no existen ya casi ejemplares de ellos. Algunas de estas invalorables publicaciones solo se encuentran en la Biblioteca del Centro de Estudios Históricos Militares-CEHMP. Además, Dellepiane publicaría una gran cantidad de artículos de su autoría y otras transcripciones francesas traducidas al castellano, por un tiempo prolongado, enmarcado en los años 1934 y 1935, en el que se desempeñaba como Director Técnico de la Revista Militar del Perú. En el prólogo de “Historia Militar del Perú” publicada por el Círculo Militar de la República de Argentina para la Serie bibliográfica Biblioteca Militar del Oficial del Ejército Argentino el año de 1941, Dellepiane narraría los primeros proyectos en el intento de plasmar una obra que sirviese para orientar la docencia histórica militar en el Ejército del Perú y su acogida en esta tarea: “…….Desde la Segunda Edición hicimos notar que la Campaña de la Emancipación de 1824 fue publicada como adelanto de la Obra por la “Revista Militar del Perú” y a nombre de la Sección Histórica del Estado Mayor General del Ejército, cuando el autor era Subjefe de esa sección, a la que obsequió los originales de dicha Campaña, en 1930, estando este trabajo ya revisado por la Superioridad Militar, que publicó su aprobación y felicitación en una Orden General de febrero de 1929” 17. 16 Freyre, C (2018) El Mariscal Victorioso. Eloy Guadalupe Ureta Montehermoso Imp. Mystic Rosse S.A. Lima, Perú p: 09 17 Dellepiane, C (1977) Historia Militar del Perú Tomo Primero Biblioteca Militar del Oficial N° 32 Sexta Edición Ministerio de Guerra, República del Perú p: 19


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Sin duda, su obra más importante y con la que pasaría a la posteridad, sería “Historia Militar del Perú”, publicación que inicialmente constaba de tres tomos, siendo el tercero la recopilación de las copias de las fuentes y a partir de la tercera edición, constaría de solo dos tomos, excluyéndose el tercero por cuestiones netamente económicas. Una característica de las obras de Dellepiane, es el constante hábito de otorgarle una definición a diferentes términos que permitan entender desde los fundamentos básicos los trabajos expuestos. Es decir, Dellepiane no arremete con un relato o una mera exposición sobre hechos históricos militares sin antes darle los insumos científicos básicos que para quien hace uso de su obra durante su posterior lectura, pueda comprender no solo desde una perspectiva militar como veremos, los episodios a tratar. Estos inicios con definiciones conceptuales independientes, le permitían profundizar y poder llegar, ya de manera mucho más integral y holística al concepto mayor. El interés de Dellepiane era la búsqueda constante de la perfección facilitando de una forma doctrinaria la enseñanza pero sobre todo el aprendizaje. En el “Plan de Obra” de la cuarta edición, copiada en la sexta, escribiría: “Desde la primera edición hasta la presente hemos profundizado conceptos; conciliado encontradas opiniones técnicas de los grandes escritores militares; perfeccionando nuestra información histórica, y corregido la exposición y demostración de las ideas fundamentales…” 18 La elaboración de conceptos para diversos términos considerados de índole castrense como Doctrina, Estrategia, Táctica, Guerra, Arte de la Guerra, Principios de la Guerra, entre muchos más, y la conjunción de estos en búsqueda de dar una definición a un concepto científico mucho más grande como era el caso de la Historia Militar, hizo que Dellepiane teorice sobre esta rama de las ciencias históricas dándole una metodología comprendida en las fases que él había estructurado. Ávido lector de Carl von Clausewitz, Dellepiane basado en algunas premisas dadas por el militar prusiano en “De la Guerra” 19, concibe que para investigar y estudiar la historia militar, primero se debe leer la teoría, documentándose en las obras existentes y luego ir al terreno para reconocer in situ la acción. Este reconocimiento, constaba en la visita de los antiguos campos de batalla, estudiar sobre el terreno las diversas maniobras efectuadas por los beligerantes dentro de las distintas fases en que se libró la acción, intentar seguir los movimientos de estos, analizar e investigar mediante un sentido crítico las causas de la victoria o de la derrota y deducir, en consecuencia, las enseñanzas consiguientes. Cuando esto no era posible por la lejanía o cualquier otra imposibilidad para constituirse en el terreno mismo, tal como él refirió: “no cabe otro procedimiento que la utilización de los croquis, pues cualquier otro método de estudio resultará puramente memorista y, en consecuencia, poco menos que inútil” 20 En tal sentido, la teoría histórica trazada en “Historia Militar del Perú” nos muestra el sistema seguido en la obra, cuya influencia directa son los procedimientos preconizados tanto por Clausewitz como por el historiador alemán Hans Delbrück en el periodo de entreguerras, de quien Dellepiane es muy probable haya asimilado conocimientos en su estadía por Europa. Para ambos, cada estudio de campaña desde la perspectiva histórica militar debe estar reconocido y explicado por medio de croquis referentes a los aspectos estratégicos y tácticos. Para lo que es el método de investigación histórica militar de las campañas militares en sus distintos niveles, como él mismo explica, se deben desarrollar tres fases: 1° La averiguación histórica, que es la búsqueda y análisis de las fuentes, lo que nos permitirá además realizar el encuadramiento necesario para los hechos militares posteriores. 18 Dellepiane, C (1977) Historia Militar del Perú Tomo Primero Biblioteca Militar del Oficial N° 32 Sexta Edición Ministerio de Guerra, República del Perú p: 14 19 Libro del general prusiano Carl von Clausewitz es considerado uno de los mejores libros escritos sobre la guerra. Muchos autores han tratado sobre la forma de hacer la guerra, pero pocos son los que nos han enseñado a pensar sobre ella. La intención de Clausewitz, al escribir este libro, era para que sirviera como una fuente de consulta permanente para sus compatriotas y lector en general. 20 Velarde, C (1936) Interpretación Histórica Militar Revista Militar del Perú Año XXXI-N°4 Mayo 1936 p: 864

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2° La averiguación crítica, que será el plasmar la narración histórica, sustentada en el origen y la credibilidad de la documentación. 3° El examen crítico, que son más que simples conclusiones, a las que Dellepiane denominará consideraciones. Para Dellepiane, este último ítem resultaría de esencial importancia, puesto que planteaba que las consideraciones eran finalmente el real valor de la Historia Militar. Este estudio no debía realizarse a manera de simple ilustración sino para deducir qué leyes o qué principios de la guerra se respetaron o conculcaron en cada campaña y cuál fue la influencia de esta observancia u olvido en los resultados de ella, parte única que interesa al acervo de conocimientos de todo conductor militar de hombres. La denominación de consideraciones era claro entender que a diferencia de las conclusiones, estas tenían como finalidad la retroalimentación del conocimiento original, para por añadidura, obtener ya sea en el estudio teórico o en la práctica operativa, un producto más refinado. A esto actualmente se le denomina como Lección Aprendida. 21 Asimismo, Dellepiane entendiendo que una guerra es tan amplia como compleja, debido a los actores y elementos participantes, determinó que de ellos, habían tres factores imprescindibles que debían abarcar las tres fases de su método de estudio. Estos tres factores fueron: 1° El terreno, comprendiendo aquí algunos sub factores importantes que señalaba eran: La geografía, las vías de comunicación, los recursos de vida de una zona y los obstáculos naturales. 2° El hombre, comprendiéndose que la guerra es un fenómeno social, puesto que acompaña al hombre desde sus orígenes pre – históricos y los componentes de los ejércitos son un factor gravitante en el desempeño de estos. 3° La Naturaleza de la Guerra, comprendiendo aquí las causas reales de porque se lleva a cabo la conflagración, el casus belli 22 y la forma general en que se desarrolla la guerra. De igual manera, Dellepiane, delimitaría el estudio dentro de un hecho de armas, basado en tres principios de la guerra por sobre cualquier otro, dada la cantidad de estos a los que pueden llegar diversos teóricos bélicos. Tenemos así que los tres principios señalados por él, son: 1. El Principio de la Potencia del Esfuerzo, denominado “acción de la masa o de la acción en fuerzas 23”, basado en acciones que consideraba trascendentales: -

La Economía de las Tropas , que es el mismo que la Economía de Fuerzas, es decir: “el procedimiento que aconseja no disgregarlas innecesariamente, debiendo atender con el mínimo estrictamente indispensable al cumplimiento de las tareas secundarias, que resultan siempre inevitables 24”

21 Defínase como el conocimiento o entendimiento ganado por medio del análisis y la reflexión sobre una experiencia o proceso, o un conjunto de ellos.

22 Es una expresión latina, traducible al español como «motivo de guerra»,​ que hace referencia a la circunstancia que supone causa o pretexto para establecer una acción bélica. 23 Dellepiane, C (1965) Historia Militar del Perú Tomo Primero Biblioteca Militar del Oficial N° 32 Quinta Edición Ministerio de Guerra, República del Perú p: 28 24 Ibid.p:30 21 22

23 24

Defínase como el conocimiento o entendimiento ganado por medio del análisis y la reflexión sobre una experiencia o proceso, o un conjunto de ellos. Es una expresión latina, traducible al español como «motivo de guerra»,​ que hace referencia a la circunstancia que supone causa o pretexto para establecer una acción bélica. Dellepiane, C (1965) Historia Militar del Perú Tomo Primero Biblioteca Militar del Oficial N° 32 Quinta Edición Ministerio de Guerra, República del Perú p: 28 Ibid.p:30


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La Concentración de los medios: “Que exige la previa y secreta acumulación de todos los elementos, tropas, abastecimientos que vamos a emplear en un punto y en un momento dado 25…”

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La Convergencia de los esfuerzos: “Armas y unidades, lateralmente y en profundidad deben hacer concurrir sus esfuerzos a un fin predeterminado 26”

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La Ensambladura de las masas: que refería al dispositivo ordenado que deberán tener “el más perfecto sincronismo e interdependencia para que puedan prestarse mutua y oportuna concurrencia y ayuda 27”

2. El Principio de la Seguridad, basado para Dellepiane en tres elementos: tiempo, espacio y resistencia. Estos se configuraban en tres procedimientos de ejecución mostrados como sistema: -

Sistema de información: basados en la inteligencia y el reconocimiento que debían ser los “encargados de dar tiempo por el dato oportuno, para garantizar la libertad de acción 28”

-

Sistema de cobertura: basado en el “escalonamiento en profundidad 29” que de seguridad al grueso de las fuerzas

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Sistema de protección: “…representa resistencia: vanguardias, avanzadas, etc. que garantizan a las tropas contra las sorpresas materiales 30”

3. El Principio de la Destrucción: que trataba al enemigo de “buscar con la mayor rapidez posible el choque con las fuerzas de aquel, para destruirlas siquiera en parte, a fin de hacerle perder la fe en sí mismo...ocasionándole el mayor daño posible, en el más breve tiempo 31” 25

26 27 28 29 30 31

ibid.

ibid. Ibid. Ibidp:32 Dellepiane, C (1965) Historia Militar del Perú Tomo Primero Biblioteca Militar del Oficial N° 32 Quinta Edición Ministerio de Guerra, República del Perú p: 32 Ibid. Ibid

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CONCLUSIONES La manera de abordar los estudios históricos de Dellepiane, permitieron desarrollar por décadas un verdadero ejercicio del método de inducción lógica, muy necesario en esta clase de estudios, cobrando por ella el interés que realmente mereció y merece para la carrera del militar. Cuando Napoleón sentenció en una frase que: “el conocimiento de las elevadas cuestiones de la guerra no se adquiere sino por la experiencia y por el estudio de la historia de las guerras y batallas de los grandes capitanes” 32. Esto se corrobora sobre todo cuando se repasa la historia de los grandes genios militares, quienes tuvieron por afán estudiar y propagar el estudio de las campañas de los grandes capitanes en primer término y los nacionales luego, compensando así parcialmente lo que no siempre puede adquirirse en la experiencia más real, pero trágica, que es durante las operaciones de las guerras en sí. Entonces, surge tras este entendimiento, que el estudio de la historia militar es obligatorio. Para Dellepiane, la cientificidad fue un requisito importante de sus trabajos previo a su publicación y difusión. Muchos de los trabajos contemporáneos de sus épocas habían diferido de ello. La simpatía en unos casos y el fervor patriótico en otros, marcó el sello de su influencia en sus trabajos, cosa que no puede increparse a quienes investigan la historia nacional, que es la propia. Sin embargo, trasciende en Dellepiane la búsqueda de la imparcialidad en sus juicios, sin subordinarse a patrones ya delineados, lo que impide el hábito de la reflexión, logrando así desarrollar la iniciativa como ejemplo de lo que deberían hacer uso frecuentemente todos los oficiales en su carrera militar. Su legado ha sido realmente imperecedero, llenando cualquier vacío metodológico de acuerdo al contexto de la época en lo que respecta a la teorización de una historia militar nacional, elaborando un método exclusivamente peruano acorde a nuestra realidad, el cual no ha podido ser ni rebatido ni superado, quedando como herencia de conocimiento puro para las generaciones de oficiales hasta el día de hoy.

32 Velarde, C (1936) Interpretación Histórica Militar Revista Militar del Perú Año XXXI-N°4 Mayo 1936 p: 863

25 26 27 28 29 30 31

ibid. ibid. ibid. Ibidp:32 Dellepiane, C (1965) Historia Militar del Perú Tomo Primero Biblioteca Militar del Oficial N° 32 Quinta Edición Ministerio de Guerra, República del Perú p: 32 ibid. ibid.

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Velarde, C (1936) Interpretación Histórica Militar Revista Militar del Perú Año XXXI-N°4 Mayo 1936 p: 863


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Over 140 years of experience.

BIBLIOGR AFÍA 1. Archivo General del Ejército. Legajo Personal del Oficial-LPO del Gral de Brig Carlos Dellepiane Alonzo 2. Comisión Permanente de Historia del Ejército (2001) Historial de Unidades del Ejército del Perú Oficina de Información del Ejército 3. Dellepiane, C (1965) Historia Militar del Perú Tomo Primero Biblioteca Militar del Oficial N° 32 Quinta Edición Ministerio de Guerra, República del Perú 4. Dellepiane, C (1977) Historia Militar del Perú Tomo Primero Biblioteca Militar del Oficial N° 32 Sexta Edición Ministerio de Guerra, República del Perú 5. Freyre, C (2018) El Mariscal Victorioso. Eloy Guadalupe Ureta Montehermoso Imp. Mystic Rosse S.A. Lima, Perú 6. Laguerre, M (2015) El Oncenio y el desarrollo de la Armada Peruana (1919-1930) Dirección de Intereses Marítimos, Lima-Perú 7. Muñoz, R (2017) Carro de Combate vs Fuerte. La Doctrina Militar francesa en el periodo de entreguerras . En el libro Frontera y Fortificación Comp: Ruiz, E. Editorial Actas, España 8. Lombardo Toledano, V (1963) La batalla de las ideas en nuestro tiempo 5ª Edición UNAM, México. 9. Velarde, C (1936) Interpretación Histórica Militar Revista Militar del Perú Año XXXI-N°4 Mayo 1936

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PENSAMIENTO DE LA BARRA:

DIF U N DIE N DO E L E ST U DIO DE L A HISTOR I A M IL I TA R POR: TTE EP CHRISTIAN ORTIZ CCENTE

1.

ABSTRAC/ RESUMEN

La historia militar peruana tuvo una época de apogeo algunas décadas posteriores a los años 60´s cuando varios representantes militares reflexionaron sobre la realidad peruana y compartieron su interés por el conocimiento de la historia, un claro ejemplo de este grupo de militares fue Don Felipe de la Barra Ugarte, un militar como muchos otros instruido y consciente de la importancia de estudios de la realidad nacional y la historia militar peruana, su preocupación por el análisis de las guerras que había enfrentado el Perú lo llevó a publicar diferentes obras, las cuales hacen notar su capacidad de análisis y su interés por difundir el conocimiento de la historia militar.

2.

INTRODUCCIÓN

Es todo un reto introducirse a un tema tan embrollado y difícil, como es el desarrollo del pensamiento histórico1 debido a la complejidad que representa analizar ideas a partir de su producción historiográfica, más aún resulta complejo cuando el autor posee muchos escritos y trabajos de diferentes temas de su especialidad desde el enfoque táctico-militar. En ese sentido intentaremos enrolarnos en la actividad histórica de un maestro académico-militar de la segunda mitad del siglo XIX, un excelente oficial con bastos conocimientos militares, y amplia experiencia que le ayudaron a direccionar una carrera como investigador histórico convirtiéndose en uno de los referentes más importantes de la historia militar peruana. Resulta también importante comprender y difundir el pensamiento de uno de más representativos historiadores militares del Perú como lo es el general Felipe de la Barra Ugarte, un hombre marcado por su apasionante interés por la lectura y conocimiento de los hechos militares de nuestra amplia historia militar peruana. En primer lugar, debemos centrarnos en conocer aspectos cruciales que marcaron su carrera como militar y posteriormente la motivación que recibió para estudio de la historia militar. Su fecundo conocimiento sobre las fuentes militares lo llevó a integrar la comisión para publicación de la Colección Documental de la Independencia del Perú editada por el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, siendo incorporado también a la Academia Nacional de la Historia. 1 Acerca del pensamiento histórico y su relación con la formación integral de una conciencia nacional en los hechos históricos es un tema muy recurrente en el perfil que marca al general Felipe de la Barra Ugarte.

General Don Felipe de la Barra Ugarte.


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3.

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OFICIAL E HISTORIADOR MILITAR

Felipe de la Barra Ugarte 2 nació un 13 de agosto de 1888 en un pueblo llamado Chala en Arequipa, hijo de Don Manuel Benjamín de la Barra y Doña Angela Ugarte que años después viajarían primero a Cusco y luego a Lima donde Felipe realizó sus estudios iniciales en la primaria del Colegio San Buenaventura y secundaria en el Colegio Santo Tomás Aquino, este último en la capital limeña. Desde muy joven mostró interés por la carrera militar y en junio de 1903, ingresó como cadete a la División Superior de la Escuela Militar de Chorrillos donde luego de algunos años logró concluir satisfactoriamente sus estudios generales convirtiéndose en un profesional de las armas, egresando en febrero de 1908, con el grado de subteniente de infantería, este episodio marcó el inicio de una carrera sacrificada al servicio de la patria. Su carrera como oficial de ejército llevó al joven Felipe por muchos caminos en todo el Perú nutriéndolo de experiencias que serían cruciales para toda su carrera; alcanzó el grado de teniente en 1910 y el de capitán en julio de 1914. Durante los grados de oficial subalterno ya se desempeñaba como instructor y profesor del curso de Historia Militar del Perú, primero en los años 1919-1920 y posteriormente en 1928-1932 en su alma mater, la Escuela Militar de Chorrillos. Desde muy temprano mostró su pasión e interés por la historia militar. Si nos detenemos un poco al revisar su foja de calificación del legajo personal que poseen todos los oficiales del ejército siempre observaremos buenas referencias de los jefes e instructores que tuvo a lo largo de su carrera; sus superiores manifestaban señalándolo como un oficial trabajador, inteligente con gran proyección de la carrera militar 3. Comentarios que se repiten año tras año en las calificaciones que se imparte en todas las unidades del ejército al finalizar el año. En febrero de 1920 ascendió al grado de mayor, y posteriormente ingresó como alumno a la Escuela Superior de Guerra, como oficial superior empieza a tener cargos importantes y con proyecciones a misiones especiales académicas y militares en el Perú y el extranjero. Primero su importante labor como adjunto de la Dirección de Estudios de la Escuela Militar de Chorrillos, donde se desempeñó como instructor impartiendo el curso de Táctica General en 1924 y segundo ese mismo año en setiembre, fue enviado a Europa en viaje de perfeccionamiento, realizando estudios en la Escuela de Guerra de Turín y asistiendo con el 6º Regimiento Alpino a las maniobras en el Tirol (Italia). En su estancia en Europa también participó en las maniobras del ejército francés. Como vemos en el transcurso de aquellos años, el oficial de infantería Felipe de la Barra Ugarte empezaba a cumplir misiones importantes académicas y militares con miras a tener excelente proyección en la carrera militar como lo veremos más adelante. De retorno al país, en 1927, fue destinado como Jefe de la 2da Sección del Estado Mayor de la II División y en febrero de 1928 fue ascendido al grado de teniente coronel cumpliendo importantes disipaciones en el comando de Estado Mayor y posteriormente en setiembre de 1930 regresaría a su alma mater siendo nombrado Subdirector de la Escuela Militar cargo muy importante que despeñan hasta la actualidad muchos oficiales superiores. En junio de 1932, ocupó el cargo de Subdirector de Infantería; en abril de 1933. Adjunto al Jefe de la Defensa Nacional y en junio del mismo año pasó a comandar el Batallón de Infantería Nº 7. 2 3

Legajo personal del Oficial. Felipe de la Barra Ugarte. Archivo Central del cuartel General del Ejército. Informe de calificación, diciembre de 1920.

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Legajo personal del Oficial. Felipe de la Barra Ugarte. Archivo Central del Cuartel General del Ejército. Informe de calificación, diciembre de 1920.

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Años después, en enero de 1936, ascendió al grado de coronel, grado que le daría una de las jefaturas más importantes en su carrera, siendo nombrado director de la Escuela de Infantería, pasando luego a ejercer la Dirección de la Escuela Militar, puesto en el cual se desempeñó muy bien realizando una labor de gran provecho para el Ejército donde reformó el Plan de Estudios de la Escuela de Oficiales4 y creó, como una sección anexa, la Escuela de Educación Física y Esgrima. En los grados de oficial superior empieza a tener participación activa en los asuntos políticos ya que durante el segundo gobierno de Óscar R. Benavides fue convocado a formar parte del gabinete ministerial, como ministro de Justicia y Culto en 1936, siendo el último de dicho régimen militar, que entregó el mando a Manuel Prado Ugarteche el 8 de diciembre de 1939, ese año fue nombrado ministro de Guerra, asumió la Jefatura de Estado Mayor General del Ejército, desde 1940 a 1945 desempeñando un rol importante en el curso del conflicto de 1941. Como jefe del Estado Mayor General del Ejército, fue ascendido a General de Brigada el 9 de enero de 1941 e integró el alto comando de las operaciones militares durante la Campaña militar frente con el Ecuador, junto a Eloy Ureta y otros oficiales conforman la generación de militares que escribieron una de las páginas más gloriosas para la historia militar del país. En setiembre de 1945, fue nombrado Agregado Militar en la Embajada del Brasil durante dos años, así mismo fue miembro del Consejo Superior del Ejército hasta su jubilación en 1950, año en el que pasó a la situación de retiro. Durante su brillante carrera militar mereció numerosas condecoraciones, destacando entre ellas: Gran Oficial de la “Orden del Sol” del Perú; Gran Oficial de la “Orden Militar de Ayacucho”, “Esfuerzo Intelectual”. Ya en la situación de retiro será incorporado la a la Academia Nacional de la Historia como reconocimiento a sus diferentes aportes a la historia militar peruana. Es muy importante mencionar que fue presidente del Centro de Estudios Histórico - Militares del Perú, cuya presidencia ejerció de 1949 a 1978 y es ahí donde fue publicando numerosas obras donde pone en manifiesto todo sus conocimientos de táctica y estrategia para analizar las principales guerras y batallas donde el Ejército del Perú había sido partícipe, entre tantas podemos mencionar parte de su producción histórica a como “La Campaña de Junín y Ayacucho”, “La Campaña de Quito”, “Comprobaciones del Arte Militar Incaico”, “El Conflicto Peruano Ecuatoriano”, “Historia Militar Peruana”, “El Indio Peruano en las Etapas de la Conquista y frente a la República”, “Temas Tácticos “, etc. Tras carrera fructífera llena de logros, reconocimientos y aportes académicos a la historia militar peruana el general Felipe de la Barra Ugarte fallece en Lima, el 18 de noviembre de 1978. Su carrera marcó uno de los episodios de Luz en historiografía militar peruana donde se logran importantes avances y nuevos aportes para comprender el fenómeno de las guerras que había enfrentado al Perú y junto a otros como Carlos Dellepiane, Víctor Villanueva, Manuel Morla Concha, José del Carmen Marín por mencionar algunos, marcaron una época única donde demostraron una genial capacidad de análisis bélico y supieron transmitirlas en cada una de sus publicaciones, obras que quedan y permanecen en el tiempo y la memoria de los futuros historiadores militares, convirtiéndose en lecciones que nos dan a los historiadores jóvenes del presente que seguimos su línea y buscamos ser generación que renueve aquellos conceptos desfasados que la ciencia histórica ha superado. 4 4

Durante su experiencia en Europa había adquirido nuevos y modernos conocimientos de la guerra y sus formas de combatir al igual que muchos oficiales peruanos regreso con innovaciones y nuevas tendencias las cuales aplico en los diferentes cargos que ocupo, principalmente en las escuelas de formación. Plan de en estudios militar 1936 Durante su experiencia Europaescuela había adquirido nuevos y modernos conocimientos de la guerra y sus formas de combatir, al igual que muchos oficiales peruanos regresó con innovaciones y nuevas tendencias las cuales aplicó en los diferentes cargos que ocupó, principalmente en las escuelas de formación. Plan de estudios escuela militar 1936


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PRODUCCIÓN ACADÉMICA TEMAS HISTÓRICOS-MILITARES  Estudio histórico-militar de las batallas de San Francisco y Tarapacá (1919).  Castilla, conductor militar (1962).  Historia Política Militar Peruana (1972)  Campaña de Quito y victoria de Pichincha (1923).  Estudio técnico-estratégico de las guerras de la Independencia (1928), reeditado en 1974 con el título de La campaña de Junín y Ayacucho. Realiza un excelente análisis de las batallas más importantes que definieron la independencia del Perú y América.  El indio peruano en las etapas de la Conquista y frente a la República (1948).  Invasiones militares de Lima desde la Conquista hasta la República (1959).  Por la gran ruta del Chinchaysuyo (1960).  La preemancipación, etapa en la cronología de la historia peruana (1965).  Génesis y culminación de la Independencia del Perú (1971). La visión que tenía Felipe de la Barra era de una historia integral pues siempre vio con admiración el legado inca y su poderoso ejército imperial.  El Perú y su Independencia (3 vols., 1970-1972), antología de estudios sobre la emancipación e independencia peruana.  Asuntos militares (9 vols., 1971-1974), aporte a la Colección Documental de la Independencia del Perú

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 La historia militar y sus fuentes (1959).  Historiografía general y militar peruana (1962). Intenta hacer una reflexión sobre el conocimiento histórico militar peruano y reconoce dentro de sus publicaciones a Carlos Dellepiane como maestro de la historia militar peruana

 Objetivo: Palacio de Gobierno (1967), exposición cronológica de los golpes de Estado sucedidos bajo la República peruana  El conflicto peruano-ecuatoriano y la victoriosa campaña de 1941 en las fronteras de Zarumilla y Nor-Oriente (1969).  Panorama histórico-crítico militar (1974) En su madurez reflexionó bastante acerca de la historia militar peruana, cómo se había desarrollado y qué dirección debía tomar, esto lo manifiesta en sus obras y en sus discursos en el Centro de Estudios Histórico Militares del Perú.

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Si intentamos reflexionar al respecto, el general Carlos Dellepiane, en su libro Historia Militar del Perú, nos dice: «La historia militar es la más alta Filosofía de la Guerra; constituye la parte científica de los conocimientos relativos a ella. Lo que se encuentre fuera de sus conclusiones, o que no las haya confrontado como es debido, no es profesionalmente técnico, ni valedero ni permanente».7

TEMAS TÁCTICOS-ESTRATÉGICOS Y MILITARES  Temas tácticos (1934)  Curso de administración militar y servicio de intendencia en campaña (1935).  Organización militar (1945).

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Felipe de la Barra Ugarte compartía conceptos empleados por Dellepiane y estaba convencido en un concepto en particular que vamos a desarrollar en este ensayo, la historia militar peruana era muy compleja y vasta, tenía una particularidad que aparece en todos sus escritos y debía ser estudiada desde una perspectiva integral. La historia integral que De la Barra mencionan abarca el desenvolvimiento de la historia militar desde las guerras incas hasta el conflicto militar del 1941 que fueron los temas que abordó con mayor detalle. Para el general Felipe de la Barra Ugarte: “la historia militar es un libro abierto a ciencia y arte de la guerra y como consecuencia luz que ilumina su conocimiento y a la vez es fuente de inspiración” 8 Analizando cada una de sus obras podemos inferir muchas virtudes con las que contaba nuestro general historiador, por ejemplo, en del libro Historia de la política militar peruana en sus primeras páginas pone énfasis en la problemática de historia militar peruana y manifiesta su preocupación por la historia de la patria mencionando que debe ser vista de manera integral, y como hemos mencionado anteriormente insiste que la historia militar es el pilar base fundamental llena de enseñanzas básicas para formar nuestra nacionalidad. Texto citado por Felipe de la Barra en algunas de sus obras: “Todo pueblo necesita conocer exactamente su pasado si quiere darse cuenta de su estado actual y ver a donde va dirigir su esfuerzo a futuro.”9

 Monografía histórica del Real Felipe del Callao (1954, 1957 y 1964).  Historia Política Militar Peruana (1972)  Panorama critico Histórico militar (1974)

4. PENSAMIENTO MILITAR El general Felipe de la Barra Ugarte ejerció la presidencia del Centro de Estudios Histórico - Militares del Perú por muchos años cumpliendo una labor cultural importante y reconocida por la comunidad de historiadores del Perú, sus años el puesto lo que lo llevao a la reflexión de un sin números de temas sueltos en la historia militar que lo convertirían en un de los mayores escritores prolíficos de las décadas 60´s y 70´s de siglo pasado concernientes a temas de historia militar peruana5 Historia Militar como rama especializada de la Historia, posee diferentes enfoques y ha ido variando en las últimas décadas ya que se relaciona en su totalidad con los diferentes campos humanos; tanto políticos, sociales y económicos es decir la historia militar es parte de la ciencia histórica que se centra en el estudio de los conflictos bélicos no solo en fechas sino también reflexiona en ámbito de la guerra y la tecnología militar para obtener enseñanzas y principios que proporcionen la toma de mejores decisiones en campos de batalla futuros6. 5 Revisar el cuadro de la producción académica de las obras de Felipe de la Barra Ugarte. 6 Nueva historia militar. Esta reflexión sobre la importancia del estudio de la Historia Militar tiene como principal objetivo mostrar su gran utilidad, tanto para civiles como para militares, en una temática que envuelve el quehacer de una importante parte de la sociedad y que permite entender los procesos internos y externos que se han vivido. Sus múltiples lecciones servirán, además, para tomar buenas decisiones, compartir sin estereotipos y proyectar un mejor futuro. De allí, entonces, que revisaremos qué es la historia, qué es la historia militar, quiénes son sus cultores, cómo se hace la historia, cómo se estudia y por qué es importante investigarla. Tomado de la Revista Memorial del Ejército de Chile, Número 484, agosto de 2010. General de División Roberto Arancibia Clavel, Ejército de Chile

En muchas de sus presentaciones, innumerables personajes civiles y militares han dado fe de la grandiosa carrera desarrolla por Felipe de la Barra, en una ocasión un general en actividad lo destaca como maestro indiscutible de varias promociones de la EMCH y otros centros de formación, intelectual destacado y gran historiador por sus obras en temas histórico militares. Felipe de la Barra resultó ser un gran conocedor de todos los periodos bélicos de la historia militar peruana, toda su experiencia le había dado las herramientas necesarias para convertirse en un gran investigador e historiador militar, prueba de ello son sus varios escritos y su amplio conocimiento de las principales guerras en las que había participado el Ejército del Perú; hace reflexión sobre otros trabajos históricos haciendo la crítica de pocos habían trascendido en comprender realmente cuál era la naturaleza de la historia militar; en muchas ocasiones manifiesta que pocos trabajos históricos han alcanzado la madurez necesaria como para desarrollar una historia integral de los hechos históricos como nos lo había enseñado el general Carlos Dellepiane en su Historia Militar del Perú.10 Por su contenido técnico que ocupa el primer lugar en historiografía militar peruana. En su libro la Historia Militar Peruana, también trata temas fundamentales para contribución de una especie de teoría de historia militar mencionando que esta debe ser un estudio crítico en dimensión integral; en el primer capítulo hace una distinción entre la Historia Nacional y la Historia Universal destacando a las fuentes históricas como la base fundamental para su construcción, concepto que también compartían las modernas corrientes historiográficas de la época. En el cuarto capítulo de este mismo libro pone en manifesto todo su conocimiento no solo de la historiografía militar sino de todo un estado de la cuestión de las principales obras publicadas referentes a diferentes temas de realidad nacional y guerras donde había participado el Perú.11 7 7 8 8 9 9 10 10 11 11

Carlos «Importancia del del Estudio de lade Historia Militar». (4 – 5).(4En: Historia Militar del Perú.del Lima, 1965. CarlosDellepiani. Dellepiani. «Importancia Estudio la Historia Militar». – 5). En: Historia Militar Perú. Lima, 1965. Historia Lima. 1972, p2 p2 Historiapolítica políticay ymilitar militarperuana. peruana. Lima. 1972, Citado en la caratula de libro Historia política y militar peruana. Lima 1972 Citado en la cáratula de libro Historia política y militar peruana. Lima 1972 Prefacio Política Militar Peruana. p 19 p 19 Prefaciode delalaHistoria Historia Política Militar Peruana. La Lima.1972, p 23p 23 Lahistoria historiaMilitar Militarperuana. peruana. Lima.1972,


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La historia como herramienta de integración y conciliación resulta eficaz para el desarrollo de los pueblos y más aún en un a país que tiene una compleja historia. Este concepto lo compartía el maestro Raul Porras Barrenechea, concepto que Felipe de la Barra compartía y pone en manifesto en diversos escritos y manuales que redactó en las últimas décadas de su carrera como investigador. En la obra El indio peruano en las etapas de la Conquista y frente a la República, intenta formular una solución al problema indígena que tanto tiempo había sido un tema recurrente de debate por muchos intelectuales peruanos. En esta obra manifiesta su interés por descubrir el problema del indio, partiendo desde Manco Inca, resaltando su fortaleza para enfrentar al invasor desde su panorama y arte militar. Más adelante menciona cómo se va desarrollando al largo del periodo colonial y previos a la República, resaltando su capacidad para el combate y la guerra, basándose en el legendario legado incaico12. Analizando solo algunos de sus escritos observamos tres referentes permanentes que aparecen en sus obras: 1. El empleo del análisis táctico-estratégico de la batalla o guerra 2. Análisis crítico de la realidad estudiada 3. Su amplio conocimiento de las fuentes y bibliógrafa Felipe de la Barra no solo fue un militar con interés y conocimientos sobre historia militar sino fue un patriota que fielmente a su estilo supo redirigirse durante la actividad en las armas y consagrándose luego de pasar al retiro, entonces, por consiguiente, podemos decir que en su vida existen momentos que lo marcaron y situaciones que le permitieron convertirse en un prolífico escritor y gran investigador.

5. A MODO DE CONCLUSIÓN Para ser más específico, podemos estudiar el pensamiento militar del general Felipe de la Barra Ugarte partiendo de su producción académica y analizando sus diferentes discursos, su actividad política y su desempeño en el Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú, para ello podemos mencionar hasta cuatro momentos claves en su vida que nos lleva a entender cómo evolucionó académica y militarmente. Primero su aproximación a la historia militar como docente e instructor en su alma mater donde realizó sus primeros ensayos sobre algunas victorias del ejército peruano en las batallas de San Francisco y Tarapacá durante la Guerra del Guano y el Salitre, así como algunos análisis de algunas batallas durante las guerras de independencia, nos atrevemos a decir que este sería su momento de iniciación al mundo de la historia militar y estamos seguros que fue un mundo amplio y nuevo que el que tuvo que recorrer en el inicio de una brillante y fecunda carrera. Un segundo momento podríamos mencionar su desarrollo propiamente en la carrera militar y su experiencia en unidades de infantería que lo nutren de experiencia en dirección y administración primero tácticamente y luego de su paso por la Escuela Superior de Guerra como Jefe de una Gran Unidad. Aquí también debemos agregar que su experiencia por Europa le daría una visión más amplia en su carrera militar llenándolo de una visión más profunda del mundo. Tercero sería como hombre de política involucrado en asuntos de Estado cercano al presidente en labores de ministro durante el segundo gobierno del General Óscar R. Benavides donde formaría parte del gabinete ministerial en las carteras como ministro de Justicia y Culto en 1936-1937, y luego como ministro de Guerra en 1939. 12

El indio peruano en las etapas de la Conquista y frente a la República. Lima. 1948, p 3-4

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Un cuarto momento y el más importante en este estudio lo realizó como presidente del Centro de Estudios Histórico - Militares del Perú donde tuvo una participación activa y permanente tanto en eventos académicos-culturales, así como también en las relaciones entre investigadores civiles y militares. Este trabajo se vio evidenciado en las continuas publicaciones y prestaciones donde el general daba sus discursos y homenajes, haciendo relucir su amplio conocimiento de la historia militar peruana.

6. BIBLIOGRAFÍA ARCHIVO GENERAL DEL EJÉRCITO. Legajo Personal del Oficial-LPO del Gral de Brig Felipe de la Barra Ugarte COMISIÓN PERMANENTE DE HISTORIA DEL EJÉRCITO (2001) Historial de Unidades del Ejército del Perú Oficina de Información del Ejército DELLEPIANE, Carlos (1965) Historia Militar del Perú Tomo Primero Biblioteca Militar del Oficial N° 32 Quinta Edición Ministerio de Guerra, República del Perú DELLEPIANE, Carlos (1965) Historia Militar del Perú. Quinta Edición. Lima: Ministerio de Guerra. DE LA BARRA UGARTE, Felipe (1974) La campaña de Junín y Ayacucho. Lima (1934) Temas tácticos. Lima (1945) Organización militar. Lima (1948) El indio peruano en las etapas de la Conquista y frente a la República. Lima (1959) La historia militar y sus fuentes. Lima (1962) Historiografía general y militar peruana. Lima (1972) Historia Política Militar Peruana. CEHM. Lima (1974) Panorama crítico Histórico militar. CEHM. Lima KEEGAN, John (1995) Historia de la Guerra. Barcelona: Editorial Planeta.

H

MILITARY REVIEW Noviembre-Diciembre 2010 pp 17-25


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PENSAMIENTO MORLA CONCHA:

EJÉRCITO, HISTORIA Y SOCIEDAD POR: HISTORIADOR ROBERTO MENDOZA POLICARPIO

¨El gran problema del Perú consiste en forjar la nacionalidad mediante legiones de hombres que, con un elevado concepto constructivo, se dediquen…a modelar al moderno ciudadano, educándolo en el culto de la abnegación y el esfuerzo, de la honradez, la unión y la justicia¨.

(Manuel Morla Concha)

Uno de los personajes más importante de nuestra Institución, fue el General Morla, gran visionario e intelectual y cuya doctrina inspiró a muchos militares, desde la década de los años treinta, al punto de convertirse en uno de los patrones ideológicos más influyentes en el ámbito castrense. Históricamente recordemos que Cáceres sentó las bases del nuevo Ejército del Perú, luego de la infausta contienda con el país del sur, pero fue Nicolás de Piérola, ¨…quien produjo su radical transformación, basada en el profesionalismo de sus integrantes y con criterios modernos. Buscaba con ello que el Ejército se dedicara exclusivamente a la preparación para la guerra, es decir, para ejercer la Defensa Nacional, según el mandato de la Constitución¨. 1 Según el clamor institucional, en setiembre de 1896, arribaba al Perú la primera Misión Militar Francesa, la que estaba dirigida por el coronel Pablo Clement, egresado de la Escuela Politécnica y de Aplicación, Artillería e Ingenieros de Fontainbleau, e integrada por los tenientes coroneles Eduardo Dogny, Armando Felipe Augusto Pottin. La característica común de ellos, era que habían servido en Argelia, bajo las órdenes del Mariscal Lyautey y del General Gallieni. Eran miembros del ejército francés de Argelia y habían sido formados bajo la doctrina colonial de la Tercera República Francesa, elaborada por Lyautey, quien en su libro ¨Du Role Social del Armee¨, planteaba la misión del profesionalismo militar, basada en la idea de que el ejército tenía un rol social que cumplir, lo que suponía una misión civilizadora sobre la población aborigen, a través de la educación militar y el servicio militar obligatorio. Podemos afirmar que tal planteamiento enlazaba el desarrollo nacional con la seguridad interna, mediante la participación activa y planificada del Estado, así como el control y movilización de la sociedad civil, con tales ideas, se fueron formando los jóvenes oficiales que ingresaron a la Escuela Militar de Chorrillos, estudios en el que estuvo inmerso Manuel Morla Concha. Este personaje, nació en Huánuco en el año de 1896. Formado en un hogar que había presenciado y vivido los horrores de la guerra, se vio imbuido desde joven en seguir el camino de la milicia, así en febrero de 1915, egresó con el grado de Alférez de Artillería, siendo espada de honor de la XV Promoción. 1

¨Historia General del Ejército del Perú. El Ejército en la República: siglo XIX´. Página 344, Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú. Lima, 2005

General de División Manuel Morla Concha.


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Este joven Oficial, no se limitó a realizar el aprendizaje castrense desde la nueva óptica de la Misión Militar Francesa, sino que a la vez, entre 1922-24, realizó estudios de Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sus avanzados conocimientos lo llevaron a que en 1925, ingresase a la Escuela Superior de Guerra, diplomándose como Oficial de Estado Mayor. Posteriormente, realizó estudios en la Escuela de Artillería de Costa del Fuerte Monroe Va. en los EEUU., y luego actuó como miembro de la Delegación Jurídica para el Plebiscito de Tacna y Arica. Como miembro de esta delegación, Morla estuvo al tanto de todo este período de chilenización, en donde el país del sur desplegó una política administrativa bastante particular en los territorios antes peruanos. Chile utilizó distintos elementos para concretar una integración de los ciudadanos mediante la construcción de una identidad nacional en un proceso comúnmente conocido como de chilenización. Sin embargo, este no se logró afianzar del todo, ya que derivó en procesos de violencia política, generándose desórdenes y delitos al llevar a cabo cierres de escuelas e iglesias, expulsión de maestros y sacerdotes, prohibición de fiestas patrias peruanas, muertes de comuneros, entre otros. Esta condición generó conflictos sociopolíticos en ambas ciudades y entre los dos países en cuestión, lo que se manifestó en que la vida pública local se viera teñida de enfrentamientos entre actores locales que habían sido vecinos Como un militar imbuido en los problemas del país, Morla vio de cerca el patriotismo de los tacneños, quienes resistieron las presiones de los usurpadores, a pesar de que entre los años 1910 y 1925, todos los jóvenes en edad militar, fueron obligados a dejar los territorios ocupados. Posteriormente, cuando se propuso un Plebiscito, volvieron cientos de tacneños para colaborar en las tareas de registro y emitir su voto para mantener la peruanidad de Tacna. Dicho Plebiscito no llegó a concretarse debido a la tirantez con que se había desarrollado este frustrado acto; esto trajo como consecuencia inmediata el enfriamiento de las relaciones diplomáticas entre Chile y Perú. Así se llegó al año 1929, en que se desempolvó una vieja fórmula no aceptada por nuestros dirigentes y que consistía en la cesión territorial. Estas negociaciones que serían las últimas, duraron casi ocho meses, teniendo como protagonistas al Presidente Leguía y al plenipotenciario chileno en Lima don Emilio Figueroa Larraín. La propuesta oficial para la solución del problema de Tacna y Arica la ofreció el Presidente norteamericano Herbert Hoover el 15 de mayo de 1929, dicho pacto entraría en deliberaciones y  fue el punto de partida para la firma del Tratado de Lima. Por este acuerdo, suscrito en la capital peruana el 3 de junio de 1929, los territorios de Tacna y Arica fueron divididos en dos partes: Tacna para el Perú y Arica para Chile, Morla como miembro de la Delegación Jurídica, asistió a todos estos actos.     Los lamentables episodios relatados, influenciaron en la visión de Morla quien con las notorias enseñanzas de la Misión Militar Francesa, asimiló la práctica de trabajar en una serie de obras y programas en favor de las poblaciones del interior, inculcándoles el sentimiento de pertenencia a una nación y el respeto que debían guardarle. En 1933, publicó ¨Función Social del Ejército Peruano en la Organización de la Sociedad¨. La tesis central de Morla era que en los países en que el desarrollo nacional y el patriotismo estaban débilmente asentados, el ejército tenía el deber social de promover este desarrollo. Colonización de las zonas de frontera, construcción de caminos y carreteras, aeroplanos y aeropuertos modernos. Era así como la pericia de los técnicos militares construirían el moderno Perú. En el trabajo de Morla, verdadera adaptación de los planteamientos de Lyautey al Perú, ya encontramos las bases del pensamiento de los oficiales peruanos del siglo XX. Las bases teóricas y propuestas prácticas, tal como las practicó el gobierno de Juan Velasco Alvarado. Morla planteaba que ¨…el órgano de la fuerza nacional es el Ejército. Tiene este como función propia, como función orgánica, defender y afirmar la existencia de la nación, poniendo la fuerza al servicio de los fines de

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conservación y perfeccionamiento del Estado. Por eso toca al Ejército preparar en la paz los medios técnicos para la lucha…¨. 2 Señaló que muchas veces se confunde militarismo y militarización; rechaza el militarismo, al que lo define como una ¨…casta exclusivista y dominante¨3, diferenciándolo de la militarización unificadora y defensiva necesaria en pueblos como el Perú, donde el ¨…Estado se halla gestando aún su forma estable y definitiva y donde la militarización se ofrece como un esfuerzo vital en resguardo de la nacionalidad y como un poderoso agente de cultura y bien entendida democracia¨. 4 Su mensaje es que siendo nuestro país primitivo, heterogéneo y fragmentado, es el Ejército el llamado a unificarlo y civilizarlo. Plantea cinco problemas nacionales que reclaman la importancia del país, por ello consideramos necesario exponerlos:

1. EL PROBLEMA DE LA POBLACIÓN. Morla acota que adolecemos de una heterogeneidad racial, lo que significa que pensemos diferentes. El mestizaje, impidió el nacimiento de un tipo étnico peruano predominando la raza indígena ¨… si alguna vez llegó a contemplarse el pauperismo de su condición social, jamás se adoptaron las medidas conducentes a corregirlo, o sea a incorporar en la civilización a las cuatro quintas partes de los habitantes del país…¨. 5 Ante esto propone la militarización en vasta escala y la educación en los cuarteles, desterrando los hábitos nocivos y la inacción en que viven, recordando que el indio es heredero de grandes hazañas desarrolladas durante el imperio incaico. El Estado es el ente encargado de velar porque este punto se plasme, mencionando que también la fuerza de las naciones estriba en la potencia física de la raza, por ello se deben incentivar centros regionales de educación física en las distintas zonas militares.

2. EL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN. El indígena vive sumido en la sórdida estrechez de su medio, por ello, es menester rescatarlo de este ambiente a través de los cuarteles, ya que allí se le brindará otra forma de ver la vida, tendiendo a suscitar en el soldado la aspiración a un régimen de vida superior. En nuestro país ¨…incumbe al Ejército sobre todo una misión civilizadora, porque él constituye la única institución nacional capaz de arrancar al indígena del medio primitivo en que vegeta, para llevarlo a los centros adelantados de la sierra o de la costa, donde al fin se familiarice con un medio social superior¨.6 Morla comenta que la invasión española influenció mucho en el modo de pensar del indígena, cambios que se heredaron de generación en generación, sin embargo se rescatan las virtudes raciales como son la laboriosidad infatigable, sobriedad, resistencia, disciplina, valor y amor a la tierra. ¨La raza que hizo la grandeza del Imperio, bien puede hacer hoy la de nuestra democracia, siempre que se le eduque, se le encamine..¨, comenta en su artículo. La función educativa del Ejército es sin duda transformar la mentalidad del indígena a través de dos aspectos: sicológico y sociológico. En el primero, urge estudiar científicamente, por el método experimental de la sicología aplicada, como base de todo plan educativo, ¨…la capacidad psíquica del indígena, costeño o serrano¨, argumenta. 2 3 4 5 6

¨La Función Social del Ejército¨. Página 6. Lima, 1933. Tnte, Crnl. Manuel Morla Concha Idem. Página 7. Idem Idem Idem


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Sociológicamente, se exige el conocimiento de las modalidades propias con que se organiza la vida del indígena, de la influencia de las ciudades, pero en general ¨…de los modos y medios de la producción aborigen¨. En el cuartel, a la par de la enseñanza militar, se debe combatir el analfabetismo, ¨…en otros términos, no basta enseñar al conscripto el manejo de las armas para que defienda al territorio en tiempo de guerra; urge desbastarlo, urge adoctrinarlo, urge amueblar y disciplinar su espíritu, a fin de que cuando retorne al terruño, sea un miembro útil, un agente de cultura y progreso, en beneficio de los suyos…¨.

3. EL PROBLEMA DE LA TIERRA. Constituye la base de la política económica del país. Ante el despoblamiento, atraso técnico y falta de cultivos, nuestra Institución debería establecer ¨…colonias militares, bajo la dirección de altos jefes del Ejército, constituidos por núcleos de oficiales, clases y soldados oriundos de cada una de las regiones donde se fundaran las colonias…tendrían como base, cuadros de la disponibilidad y licenciados fuertes y sanos…¨. 7 Según Morla estas colonias militares deberían evolucionar a cooperativas agrícolas que servirían en la defensa nacional, ubicadas específicamente en las zonas de fronteras. Concluye mencionando que ¨Hay una función agraria que puede confiarse al Ejército, mediante la creación de colonias militares agrícolas, que no solo influirán en el desarrollo y progreso de muchas zonas agrícolas del país, sino que constituirán un baluarte para la defensa de nuestra soberanía e integridad territorial¨. 8

4. EL PROBLEMA DE LAS COMUNICACIONES. Nuestros pueblos se encuentran alejados con enormes tierras de por medio, ajenos a sentimientos comunes, lo que no permite la prosperidad. Morla nos dice que los Incas adecuaron, ante las dificultades naturales, una organización política y administrativa acorde a la geografía, como por ejemplo los tambos, a la par que los caminos en el antiguo Perú, eran casi rectos. Cuando llegaron los españoles, se sirvieron del caballo como un nuevo elemento de transporte, sin embargo, sus vías no eran ya rectas sino que rodeaban los cerros y montes, aliviando las jornadas. Sucedidas estas épocas, devinieron años en que no hubo un plan verdadero para superar esta dificultad, por ello ¨…nada más conveniente ni más premioso para el interés nacional que la sistemada construcción de redes de caminos, tomando a esta última palabra como término genérico que engloba todas las creaciones viales exigidas por la hora, de acuerdo con los incesantes progresos de la técnica moderna: caminos que vinculen a los pueblos…y a la vez respondan a los fines militares…¨. 9 Comenta que originalmente los caminos tuvieron carácter militar y que para dar al territorio la unidad requerida, la construcción de nuevas vías se podría encomendar a las tropas de ingeniería, con acuerdo del Ministerio de Fomento. Concluye afirmando que es ¨…imprescindible e inaplazable la necesidad de impulsar por todos los medios la política vial del país y que el Servicio de Ingeniería del Ejército y las tropas de Ingenieros pueden y deben colaborar ampliamente en esta trascendental finalidad nacional¨. 10

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Obra citada. Página 18 Idem Obra citada. Página 20 Idem

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5. EL PROBLEMA DE LA NACIONALIZACIÓN. Se debe diferenciar entre nacionalismo y patriotismo. Según Morla el nacionalismo es conciencia de lo nacional, con voluntad de preferirlo y afirmarlo, es un método de acción patriótica, que obedece a la tradición, raza, factores físicos, religión, arte, ciencia, economía. Todo nacionalista es un patriota. El patriotismo es el vínculo de amor entre el individuo y la tierra. En el patriotismo sin nacionalismo no hay lógica ni continuidad histórica. Según Morla ¨…el gran problema nacional del Perú consiste en forjar la nacionalidad, mediante legiones de hombres que, con un elevado concepto constructivo, se dediquen sin tregua, ya a la función material de cultivar la tierra, activar la producción bajo todas sus formas, crear sólidamente el capital peruano y a la altísima función espiritual de unificar nuestra raza y modelar al moderno ciudadano…¨. 11 Esta tarea es función esencial del Ejército, quien debe estar alejado de todo interés partidarista, ¨…llamando a la ciudadanía a la meditación fervorosa y al acto salvador, para que así podamos realizar los altos destinos que la historia reserva sin duda al Perú¨. 12 En el año 1935, Morla actuó como miembro peruano de la Comisión Neutral del Chaco, creada por el Acuerdo de Paz de Buenos Aires. Debemos destacar que ejerció durante ocho años la Sub-Dirección de la Escuela Militar y Director Accidental, desde marzo de 1936, a octubre de 1937. En 1938, fue Agregado Militar a la Embajada Especial del Perú a la trasmisión del Mando Supremo en Colombia. En el ámbito internacional, frente a las absurdas provocaciones ecuatorianas y la ocupación de nuestros territorios en la frontera norte, el gobierno de Prado decidió en 1941, crear los medios necesarios para desalojar al invasor. La victoriosa acción de Zarumilla, en julio de dicho año, evidenció los logros conseguidos en el aspecto doctrinario, plasmados en la creación y manejo de grandes unidades, la motorización y mecanización de las mismas, y sobre todo la decisión del comando de sobrepasar en el teatro de operaciones la línea de frontera, eliminando cualquier posibilidad de una contraofensiva enemiga. Morla Concha, con el grado de Coronel, hizo la campaña del Nor-Oriente como Jefe de Estado Mayor de la V División. En la Amazonia las operaciones se iniciaron el 10 de julio con el ataque ecuatoriano a las guarniciones peruanas de Bartra en el río Tigre y Soplín en el Pastaza. La misión recibida fue mantener la inviolabilidad de la línea de posesión, ejerciendo la vigilancia de sus respectivas zonas de acción y manteniendo enlace con las guarniciones vecinas. Todas las acciones emprendidas fueron exitosas. Con el fin de adelantar nuestra línea de cobertura, conseguir puntos más favorables para futuras operaciones y además negarle al enemigo la facilidad en las comunicaciones, el comando ordenó a algunas guarniciones ocupar posiciones enemigas posteriores a nuestra línea de frontera. Estas acciones concluyeron victo­riosamente a mediados de noviembre de 1941, cuando el río Napo quedó íntegramente bajo el control del Perú. Morla fue uno de los principales artífices de esta victoriosa campaña. Cuando concluyó el conflicto, fue ascendido por acción distinguida a la clase alta de General de Brigada. Posteriormente continuó como Comandante General de la División de Selva, cargo en el que realizó importantes estudios de nuestras fronteras con Ecuador, Colombia y Brasil. Redactó un proyecto de comando único en la selva y reorganizó la instrucción, integrándola con la correspondiente a los procedimientos de combate en la región. Elaboró un Plan de Colonización de la Selva que fue aprobado por la superioridad, habiendo instalado las Colonias Militares Agropecuarias de Arcadia, Castaña y Boca del río Curaray¨. 13 En el campo de la táctica militar fue quien impulsó el estudio sistemático de la guerra en la selva amazónica, que tiene características peculiares impresas por el medio físico. 11 12 13

Idem. Página 22 Obra citada. Página 24. ¨Historia de la Escuela Militar del Perú¨. Página 254. Primera edición. Lima 1962.


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Decidido propulsor de la elevación del estándar de vida del soldado, consideraba que la preparación de éste, debía proyectarse a la vida civil: que el cuartel tendría que ser una escuela en la que los hombres, aparte de la preparación para la guerra, debían ponerse aptos física, mental y técnicamente para ser ciudadanos eficientes cuando fueran dados de baja. Así la enseñanza del cuartel incluye además de las normas morales y cívicas, preparación técnica para la lucha en la vida extramilitar. Fue uno de los propulsores de la creación de las colonias militares, que tenía por objeto la preparación técnica del soldado en el ramo agropecuario, con la orientación de que las zonas en que tales colonias funcionan, sean repartidas gratuitamente en lotes a los hombres que las cultivan, donándoles sus casas y adquiriendo toda su producción por el Estado para el sostenimiento de los institutos armados. Esta extraordinaria idea de Morla, las granjas militares, sirvieron para mejorar el rancho de las tropas. Con adecuada nutrición, se vio un nuevo tipo de soldado. Cesó en el Comando de la División de Selva en 1945 y posteriormente fue nombrado Director General de Instrucción Militar, realizando en esta función, trascendentales reformas en la Institución. En 1950, fue ascendido a General de Brigada y por Resolución Suprema del 4 de junio de 1952, se hizo cargo de la Inspección General del Ejército, esto fue con motivo de haber pasado al retiro el General de División Antonio Silva Santisteban. Debemos señalar que el título de Inspector General del Ejército fue cambiado por el de Comandante General del Ejército, el 12 de marzo de 1953. En 1954, asumió el cargo de Comandante General del Ejército, siendo el primero en ocupar dicha responsabilidad. Morla, tenía bajo su dependencia al Centro de Altos Estudios Militares y por intermedio del Estado Mayor General, las grandes unidades y elementos no endivisionados, las unidades, los servicios del Ejército, los centros de preparación militar, la Inspección General e Instrucción Pre Militar y la Dirección General del Tiro Nacional; toda una gran responsabilidad. Al año siguiente, pasó a la situación de retiro.

CONFECCIONES Y BORDADOS DE CALIDAD

“ Nuestra empresa, dedicada a la confección de prendas de vestir militares y civiles, se enorgullece de participar activamente en esta obra literaria de colección y agradece al Glorioso Ejército del Perú por confiar en nuestros productos”

Fue uno de los propulsores de la creación de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) fundada el 14 de enero de 1961, mediante Ley 13498 promulgada por el Gobierno de don Manuel Prado Ugarteche, como consecuencia a diversas acciones que la comunidad de Loreto venía efectuando desde la década de los 50 del siglo XX, con el propósito de contar con una institución de estudios superiores. La Ley de creación de la UNAP consideró que para colaborar con el Consejo de Administración se debería establecer un Patronato. Este grupo se organizó de tal manera que tuvo la participación de notables personalidades políticas, académicas, de los diversos poderes del Estado y del empresariado; estuvo presidido por un delegado del presidente de la República, el General de División (r) Manuel Morla Concha. Según la misma Ley, tanto el Consejo de Administración como el Patronato, cesarían en sus funciones al elegirse las autoridades de la Universidad. A través de su brillante carrera militar, ha merecido las siguientes condecoraciones: Gran Oficial de la ¨Orden del Sol¨ del Perú; Gran Oficial de la ¨Orden Militar de Ayacucho¨y ha sido distinguido y condecorado por los gobiernos de Estados Unidos de Norte América, Argentina y Bolivia. Por su valioso aporte en la defensa de nuestro territorio en el año de 1941 y su larga y fecunda actuación en la División de Selva, la Municipalidad de Maynas, a nombre del pueblo de Iquitos, le obsequió una espada. Gracias al pensamiento de Morla Concha, ha existido la convicción, entre gran parte de los oficiales del ejército peruano, de que tenían las Fuerzas Armadas una misión social que cumplir, que implicaba la modernización del país incluyendo defensa, seguridad, desarrollo económico, progreso, integración y otros muchos aspectos de la vida civil. Esta convicción teóricamente planteada con claridad desde los trabajos de Morla, ha otorgado cuerpo, homogeneidad, unidad de criterio y acción, incluso a la última experiencia durante 1968-1980, siendo indispensable tenerla en claro para comprenderla cabalmente.

Jr. Joaquín Capella 163 Urb. Ingeniería - San Martín de Porres E-mail: walliqperu@gmail.com 966606148 957680186


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PENSAMIENTO MERCADO JARRIN

EJ É RCI TO, GE OP OL Í T ICA Y SE GU R IDA D NACIONA L POR: GENERAL EP JORGE DIAZ NUÑEZ

Nuestro Glorioso Ejército del Perú, nació con la patria; donde su paso decidido, conectado indesligablemente con la historia, ha permitido estar presente, en cada uno de los trascendentales acontecimientos que nuestra nación ha vivido y muchas veces, estoicamente soportado. Pero qué hubiera sido de nuestro Ejército y del Perú mismo, si no fuera por los grandes militares que comandaron la institución, pues es a través del liderazgo que irradiaron, ue obtuvimos el respeto y admiración del pueblo, al cual siempre servimos con devoción. Dentro de esta constelación de pléyades, resalta con nitidez la figura del General de División Edgardo Mercado Jarrín, grande entre los grandes, quien por su larga, fructífera e impecable carrera como militar, ha logrado trascender como una figura excelsa por sus amplísimos conocimientos, su representatividad ante la sociedad y las enseñanzas perdurables en el tiempo, convirtiéndose así en el gran visionario, pues sus huellas se mantienen, como si fuera ayer que las hubiese impregnado en nuestro Ejército, las que se perennizaron con las grandes obras y estructuras adelantadas a su tiempo, la doctrina en los grandes temas de geopolítica, defensa y seguridad nacional, que impulsó con inusitado empeño, y su brillantez en los ámbitos más allá de los cuarteles, donde asumió puestos de máxima relevancia en los campos de la política y las relaciones internacionales, convirtiéndose así en nuestro sello y derrotero para varias generaciones de soldados. Para interiorizar en su real contexto y dimensión histórica, el legado indisoluble que el General Mercado dejó para nuestro Ejército y el país, deberemos comprender, los diferentes ámbitos donde él se desarrolló en las diversas etapas de su vida y conectado directamente con la agitación política y social del país, la devastación de la Segunda Guerra Mundial, la victoria de las armas del Perú en 1941 y el contexto del escenario mundial absorbido por la Guerra Fría y su bipolaridad del poder. Entonces, debemos partir por comprender cual fue ese sentimiento que lo impulsó a abrazar la carrera de las armas. Primeramente, no es casualidad ni menos coincidencia, que esa impronta se inicia con los estudios escolares que realizó entre 1925 a 1935 en el Colegio

General de División Edgardo Mercado Jarrín.


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Nacional en la heroica Tacna, santa tierra iluminada con el fulgor de verdadero patriotismo, donde se respira el orgullo por defender lo nuestro, donde late estoicamente el sentimiento de luchar contra la adversidad y que generación tras generación de tacneños, construyen día a día el amor por el Perú y que se convierte esos años, en una época oscura y muy aciaga, pues se arranca definitivamente Arica del seno patrio, doblándose una de las hojas de laurel, de nuestro escudo. Desde muy joven, mostró esa vocación inherente, pues siendo menor de edad y con la bendición de sus padres se enlista a los 16 años como Soldado, lo que le permitiría al año siguiente presentarse a la Escuela Militar, logrando este anhelo al ingresar a ella, iniciándose su impresionante periplo en la carrera de las armas. Su paso por las aulas de la Escuela Militar fue de gran relevancia, orientando su vocación hacia el arma de los fuegos profundos y penetrantes como conocemos íntimamente a la artillería, en donde su minuciosidad, dedicación, amor al estudio y férrea disciplina dio sus frutos, graduándose como Alférez de Artillería en 1940 e iniciando su brillante carrera militar, en donde desde los primeros años, siempre sobresalió entre los demás, derrochando liderazgo como instructor y formador de los futuros oficiales en la Escuela Militar de Chorrillos, gran capacidad en los conocimientos técnicos del arma en la Escuela de Artillería, sapiencia en el mundo de la táctica y la estrategia operacional en la Escuela Superior de Guerra del Ejército y prospectiva y análisis de escenarios en temas de Seguridad y Defensa Nacional dejando huellas indelebles en su paso por el en ese entonces, Centro de Altos Estudios Militares. Su fulgurante ascenso en la carrera de las armas, fue producto de su brillantez académica, profesionalismo a carta cabal y sólidos principios morales, que lo llevaron a ser elegido en diversos cargos de relevancia en todos los grados; ejemplo de ello es ser edecán del presidente José Luis Bustamante y Rivero en el grado de Capitán, director de inteligencia en 1966 y Comandante General del Centro de Instrucción Militar del Perú como General de Brigada, así también fue designado para realizar el Curso de Comando y Estado Mayor en Fort Leaveworth y participante en el Colegio Interamericano de Defensa en los Estados Unidos de América, país referente donde podíamos medir nuestras reales capacidades en los temas de defensa y seguridad, dejando muy en alto la estela de calidad del oficial del Ejército del Perú en el ambiente académico internacional. En las postrimerías de su paso por el activo y representando el culmen de su carrera, llega a la Comandancia General del Ejército, dejando su huella imborrable en su administración por sus dotes de liderazgo y gran gestor, basado en la optimización del empleo de los recursos y el potenciamiento de nuestro Ejército dentro del contexto sudamericano. La revolución de 1968, que lleva al poder al General Juan Velasco Alvarado lo absorbe, por lo que es en ese escenario, que es designado como Ministro de Relaciones Exteriores en un primer momento, profesionalizando la diplomacia peruana y colocarla en un lugar expectante en el contexto mundial con el movimiento de los países no alineados. Al término de una exultante carrera es nombrado como Presidente del Consejo de Ministros en 1973, retirándose después sin ostentaciones y la personalidad que un verdadero líder debe poseer, cuando permite el paso de las nuevas generaciones sin pedir nada a cambio. Ahora, al comprender su formación multidisciplinaria, la apertura hacia nuevos conocimientos y la proyección de estructurar los escenarios futuros, es que va consolidando su pensamiento que lo llevaría a desarrollarse en los ámbitos más allá de las esferas castrenses, pensamiento que nos sostuvo siempre a la vanguardia y adelantándose a su tiempo. Dicho esta sucinta introducción biográfica, permítanme entonces presentar de manera holística el pensamiento de nuestro General Edgardo Mercado Jarrín, al cual con absoluta certeza lo catalogamos, como el gran visionario.

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Pensamiento es no solo una palabra, sino todo un término de profundo significado, porque materializa la integración de las ideas que dejan huella, perennizando para las futuras generaciones la orientación del conocimiento y el rumbo firme que debemos mantener. El nivel de erudición en los temas de seguridad, defensa, geopolítica y geoestrategia que nuestro General Mercado demostró, no solo dejó huellas en sus diversas ponencias en los multidisciplinarios escenarios y auditorios donde expuso sus ideas, impregnándolo no solo en sus alumnos, sino sobre todo en la comunidad académica nacional e internacional de la cual recibe el reconocimiento y permite a nuestro Perú no solo adoptar una postura relevante en las relaciones internacionales, lo que consolida la posición peruana de neutralidad en un mundo contrapuesto producto de la bipolaridad de la guerra fría e impulsando su liderazgo en el contexto del movimiento de los países no alineados. En los temas de seguridad y defensa nacional, hoy podemos decir que fue un adelantado a su tiempo porque los conceptos sellados hasta ese entonces, enfocaba a la defensa nacional bajo el irrestricto principio de garantizar primigeniamente el territorio, orientándolo a consolidar esa defensa, pero basado en obtener relaciones que puedan garantizar la paz, la cooperación entre los países y sobre todo forjado sobre los valores fundamentales a los cuales debemos defender como el estado de derecho, la democracia e irrestricta defensa de los derechos humanos, enfocados como hoy está consolidado en los pilares que soportan los cimientos de la Organización de Estados Americanos, es decir la interrelación robusta e inseparables como son Democracia, Desarrollo, Derechos Humanos y Defensa. Así también, hoy que somos conscientes de la necesidad de optimizar el empleo de los recursos que la nación asigna a las Fuerzas Armadas logrando eliminar todo atisbo de manejos distorsionados en los presupuestos, el General Mercado, explicaba con total claridad la imperiosa necesidad de fiscalizar y transparentar ante la sociedad a la que nos debemos, los diferentes procesos de adquisiciones o prestación de servicios, en un país donde muchos de los grandes problemas que han acontecido están enfocados en la corrupción y despilfarro algunas veces terriblemente incontrolables por parte de los actores del Estado en su empleo, por lo que consideró no tener mejor manera de cimentar la confianza del pueblo con su Ejército, el ver que los recursos son empleados en provecho del mismo y a la vez convertirse en una piedra de toque para los demás sectores. La desgarradora imagen que para la opinión pública norteamericana significó la pérdida de casi sesenta mil soldados en la cruenta Guerra de Vietnam, sobre todo de jóvenes recién salidos de sus aulas que modificó a partir de allí la forma de reclutamiento en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América, lo impactó directamente, considerando entonces que nuestro sistema de servicio militar debería ser modificado pasando de la obligatoriedad hacia el voluntarismo el cual veinticinco años después se puso en ejecución en el Perú, lo que sin embargo no ha permitido su consolidación como sistema sobre todo en nuestro Ejército, toda vez que su complemento fundamental que el General Mercado impulsaba para su estructuración, era el acompañamiento de la profesionalización de la fuerza, por lo que se reduciría la cantidad de jóvenes que se necesitarían para completar los cuadros permitiendo que ambos se complementen mutuamente e indesligables. Hoy que vemos que nuestro Ejército está comprometido en apoyar al desarrollo del país en los ámbitos donde el Estado considere necesario, considerando la transversalidad de la institución dentro del territorio nacional, el General Mercado nos enseñó el camino que actualmente estamos siguiendo paulatinamente, pues en el balance de la participación en el desarrollo socio económico, comprendía que este no podría hacerse dejando de mantener las capacidades de garantizar la defensa de la soberanía e integridad territorial, lo que hoy lo interpretamos como polivalencia, como capacidades duales y roles diversificados.


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Finalmente si hoy se mantiene vivo y encendido en la comunidad internacional el debate entre las dos grandes corrientes del empleo de las Fuerzas Armadas en el mundo que predicaban Samuel Huntington basado en el soldado profesional y la ponencia de Morris Janowitz, orientado hacia lo que denomina el soldado ciudadano, es decir los contrastes en la utilización de los soldados en ámbitos más conectados con la sociedad no se limita a sus funciones específicas, por lo que la naturaleza de lo que hoy se considera la multidimensionalidad de la seguridad hizo que ya en su tiempo el General Mercado considere la participación de los militares en las decisiones de la sociedad a través del sufragio universal para elegir sus autoridades, evitando eso sí, su ingreso a la política como factor fundamental de ser una institución no deliberante y trastoque sus principios rectores en defensa de la nación, lo que vimos se haga realidad en la primera década del siglo XXI y que permite que se haya creado una cultura de defensa férrea de la democracia porque nos sentimos partícipes de la misma y la interacción con las autoridades sean ya no solo de respeto sino de crear una simbiosis en provecho de los ciudadanos a quienes servimos y protegemos. Una sociedad consolidada en términos de democracia y enfocados en el bien común, debe desarrollarse en un ambiente de armonía donde los diferentes colectivos y grupos de interés deben dejar paso al enfoque integral de la convivencia pacífica y en un contexto de seguridad para sus ciudadanos, por lo que el balance perfecto para obtener estas condiciones fundamentales para el desarrollo integral está determinado por la justicia que se imparte, basado en el principio indesligable de la igualdad. En este sentido, el General Mercado demostró, la importancia de no separar como una isla a la justicia militar de los cánones en que está estructurado nuestro sistema de justicia ordinaria, por lo que permitió consolidar el concepto de separar el ámbito de la justicia militar solo para aquellos que se consideren delitos de función, toda vez que la percepción de contarse con supuestas prerrogativas en el marco de la justicia no serían bien recibidas ni menos justificadas, aunando su esfuerzo y solidificando la relación civil militar en entes indisolubles e interconectados dentro de la formación de una sola sociedad y que en la actualidad de nuestro país, tan hambriento de grandes ejemplos de honestidad y valores que imitar y verdaderos líderes a quienes seguir, es que su legado está hoy, más presente que nunca basado en lograr una sociedad más justa, solidaria e inclusiva. La geopolítica es por antonomasia el símbolo que representa con mayor nitidez al General Mercado, pues su muy prolija producción del enfoque geopolítico y su profundo conocimiento de la realidad nacional le permitieron en su época posicionar al Perú en el contexto internacional tanto regional como a nivel mundial. Podemos empezar por decir que el pensamiento geopolítico que impulsó el General Edgardo Mercado Jarrín es producto de su impresionante capacidad por conectar los hechos del pasado con el presente y poder conectarlos en una realidad futura, la que estando en una posición de dirección nos entregó un proyecto de desarrollo como nación concentrándonos en obtener representatividad de gran relevancia en el contexto sudamericano y también obtener una mirada interna de nuestro propio país. Defensa y Desarrollo, siempre lo hemos comprendido como realidades hermanas que se necesitan y alimentan mutuamente para consolidar lo que se denomina proyecto país; por lo tanto cuanto se construye el potenciamiento de las Fuerzas Armadas en la década de los 70, se convierte en una carta de negociación y posicionamiento y no de impregnarse de ese espíritu belicista que muchos comentan pero que era en su momento una necesidad imperiosa e inevitable con material no solo desgastado y obsoleto sino de muy complicado mantenimiento. Hay que recordar que no nos encontrábamos en democracia alrededor del continente sudamericano, salvo contadas realidades, por lo que estructurar el intento por posicionarnos en

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la tesis del no alineamiento, se debería tener una independencia en la concepción de la fuerza, no solo modernizándola con material, sino en adaptarnos a la doctrina moderna, basado ahora en contar con poderío aéreo y naval, precisión en la obtención de inteligencia, dinámicas del accionar conjunto y diseño de la explosividad de la batalla aeroterrestre, comprendiendo los grandes ejemplos que las fuerzas de defensa israelíes dieron al mundo tanto en la guerra de los seis días como la del Yon Kippur de 1973 y que se promueve un cambio en el pensamiento y concepción de las operaciones militares teniendo la tecnología una gravitación sustancial e imprescindible. Defensa y Desarrollo, le permitió proyectar en el contexto que percibía lo que ahora conocemos como seguridad multidimensional, permitiéndome parafrasear al gran estratega y geopolítico cuando en 1987 la definía así: “Garantizar la paz y estabilidad, disminuyendo las vulnerabilidades políticas, económicas, sociales y ecológicas para posibilitar un desarrollo humano, económicosocial sustentable con equidad, no obstante las presiones existentes o potenciales”; hoy vemos como 15 años después en la Declaración de Seguridad de las Américas se enunciaba el contexto de la seguridad tenía ahora nuevas amenazas, preocupaciones y otros desafíos que el General Mercado ya visualizaba años atrás. Así entonces, su conceptualización de la seguridad hemisférica, lo llevaba a conectar los escenarios, redefiniendo su concepto, impulsado por el desmontaje de los paradigmas tradicionales, pasando por estadios del concepto de país enemigo, pasando por ser competidores y estimulando la integración para convertirnos con los demás en socios estratégicos, siendo necesario la multilateralidad plasmado en acuerdos de integración, en lograr posiciones comunes y posicionarse ante la comunidad internacional, siendo un claro ejemplo la que conocemos como la Comunidad Andina de Naciones o Pacto Andino como anclaje en iniciar los pasos hacia la integración. Hoy que nuestro glorioso Ejército está empeñado constitucionalmente en asumir nuevos roles y que ante la necesidad vital del Estado por emplear todos los medios disponibles para asegurar el desarrollo armónico y en camino a nuestro bicentenario, es que las capacidades de realizar todo tipo de acciones militares en beneficio de la comunidad van comprendiendo en todo el Perú que somos un engranaje que apoya a su población y lo ayuda desde su tribuna como conceptualizaba el General Mercado en su espíritu del desarrollo social de los pueblos, rompiéndose una estructura anquilosada de la sociedad peruana e respetando su multietnicidad y llevarla a la integración. La tesis de las 200 millas, en el enfoque de la Convención del Mar, nos propuso obtener independencia y asegurar los recursos que nuestras sagradas aguas que bañan nuestras costas sean no solo protegidos sino que impulsó la teoría de la bioceanidad para conectarnos con el mundo y cambiar la visión de país. El General Mercado fue el gran impulsor, llevándolo a una agresiva campaña de concientización de las naciones del mundo pese a que las grandes potencias no las apoyaba, lo que finalmente consiguió y sosteniendo la posición peruana y convertirnos en un país que defendía sus principios de soberanía, sin claudicar adaptándose a las posiciones que la bipolaridad del mundo de la Guerra Fría imponía. El movimiento de los 77, conocido como los no alineados es la piedra angular que permitió no ostentar pero sí demarcar territorios definidos en nuestra posición ante el mundo que nos miró a través de este movimiento como un país que se respete en la comunidad internacional, siendo el papel preponderante del canciller, nuestro General Mercado lo que impulsó el reconocimiento, avalado por una sociedad necesitada de rumbos firmes y apoyado por un contingente de preparados diplomáticos dispuestos a mantener la posición en innumerables rondas de negociaciones, las que lideraba con magistral desempeño.


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Cuando escuchamos las diferentes ponencias que el General Mercado disertó o leemos los diferentes escritos, ensayos y obras que entregó con pasión y sabiduría particular, comprendemos el concepto de geoestrategia que nos internalizó, toda vez que comprendimos con su teoría que cambiemos la visión de país que teníamos y logremos ese sentimiento de orgullo tratando de solidificar ese amor por nuestro país, el cual abriendo los ojos vemos que es inmenso por sus riquezas naturales, por el calor de su gente, por su posición geográfica expectante y su proyección hacia el mundo globalizado en que ahora nos desarrollamos, lo que implica tremendos retos por la impresionante circulación de personas y mercancías que giran con una velocidad nunca antes vista alrededor del mundo. Cuando vemos la participación de nuestro Ejército en actividades en apoyo al mantenimiento de la paz mundial en lugares alejados y sobre todo deprimidos del mundo actual, vemos con claridad cuando el glorioso batallón Perú en 1973 participó en las operaciones en el Sinaí y comprendiendo su importancia en apoyo a tener un mundo más civilizado y que se desarrolle en paz y la claridad que el General Mercado tenía en ese entonces para proyectar de una manera futurista el empleo que actualmente vemos de nuestros soldados, quienes son reconocidos por su profesionalismo, valores morales y dedicación en cada una de las delicadas misiones que se han enfrentado en beneficio del mundo. Para entonces comprender los objetivos nacionales como el General Mercado lo define, determinándolo como “la concreción de los intereses y aspiraciones vitales que en una determinada etapa histórico – política y donde toda la nación busca e intenta satisfacer teniendo en cuenta sus posibilidades y peculiaridades”, nos permite dilucidar que solo asentando los conceptos que él materializó con una visión clara y orientando un rumbo definido, no podemos más que agradecerle su capacidad puesta de manifiesto con total desprendimiento con amor por nuestro Perú y siempre demostrando que hasta el final de sus días tuvo tiempo para aprender y enseñar, para dar y recibir y sobre todo para permitirnos sentirnos orgullosos de haber contado con una personalidad de tal magnitud entre nuestras filas. Como conclusión de estas breves palabras me permito con emoción decir que tuve el honor de conocerlo en las postrimerías de su vida y que en esos pocos momentos disfrutar de su claridad y que hoy no podemos más que mantener su legado, el cual perdura a través del tiempo, mucho más en la actualidad que hoy vivimos y que como un gran clarividente comprendió con total conocimiento del futuro que íbamos hoy a vivir. Gracias a Dios, como artillero no podemos tener un mayor honor que tener su sable que continúa brillando en nuestro museo de la Escuela de Artillería que me honro en dirigir y que para nosotros los soldados del Ejército del Perú es un compromiso de indesligable honor por mantener ese legado forjado por la mente brillante de este egregio general de nuestro Ejército, reconocido como el gran visionario.

Con la admiración de un soldado. Coronel de Artillería Jorge Luis Díaz Núñez Director de la Escuela de Artillería.


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PE NSA M IE N TO V IL L A N U E VA :

EJ É RCI TO, P OL Í T ICA Y DOC T R I NA POR: TTE EP DAVID ATARAMA OREJUELA

INTRODUCCIÓN En el presente artículo desarrollaré una breve exposición del pensamiento militar del My (r) Víctor Villanueva. Este ex oficial del ejército peruano, tuvo una fecunda y prolija producción historiográfica sobre el devenir histórico del ejército a lo largo de la etapa republicana. Estudió y analizó la estructura organizacional de la institución, su ideología, las relaciones cívico-militares y el papel del Ejército en la política, sociedad y cultura peruana del siglo XX. Rescatar y traer a colación las ideas de Víctor Villanueva implica sumergirse en la abundante y densa bibliografía que desarrolló en el trayecto de su vida, implica también ‘transportarse’ al tiempo en que era oficial en actividad del ejército y el contexto que vivía la institución, hechos que definitivamente marcaron la visión y concepción ideológica del autor y que van a quedar plasmados en sus libros A través de los escritos de Víctor Villanueva el lector descubre una opinión crítica del autor respecto a su institución y los acontecimientos del momento. Algo realmente sui generis considerando la rigidez y verticalidad del ejército. Víctor Villanueva representa al militar crítico, cuestionador y hasta cierto punto revolucionario. El aporte de Víctor Villanueva radica en que da luces para la comprensión del pensamiento y cultura militar en relación al contexto socio político de la época La biografía de Víctor Villanueva es escasa. Se sabe apenas su condición de ex oficial del ejército peruano y su papel de ‘agitador’ dentro de la institución castrense en la década del 50. Su trayectoria nos muestra un militar rebelde más que un oficial obediente y si bien nunca participó en la arena política, sus ideas, pensamiento y acciones reflejan una conducta “cicerónica”.

EL EJÉRCITO Y EL APRA Si hay un hecho que marcó la posición antipartidos de los militares durante la primera mitad del siglo XX, fue la cruel y violenta muerte que sufrieron oficiales, soldados y civiles en el cuartel O´Donovan en Trujillo en la denominada “rebelión aprista” en 1932. A partir de este hecho nace la animosidad recíproca entre el ejército peruano y el partido aprista que perdurará marcadamente hasta el primer gobierno de Alan García. Solo así se entiende la intervención militar en 1933, 1948 y 1962 para evitar la llegada del APRA a la presidencia. Si bien el ejército era disciplinado y dogmáticamente anticomunista lo que no implicaba odio, si era tajantemente y sentimentalmente antiaprista. El hecho de la matanza de militares en Trujillo generó

My (r) Víctor Villanueva.


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ese sentimiento de rechazo abierto y aborrecimiento a la organización liderada por Víctor Raúl Haya de la Torre. Los militares se habían encargado de crear un estado paranoico contra el APRA. Por ello ningún partido se ofrecía a dar legalidad al APRA porque podía ganarse la enemistad del ejército y meterse en problemas. Hasta 1944 se habían sucedido innumerables levantamientos e insurrecciones que habían teñido de sangre el panorama nacional, el cual era víctima de la encarnizada guerra entre el ejército y el APRA. Si bien el ejército lo hacía en nombre de la lucha anticomunista para justificar su agresivo accionar, era consciente y asumía la responsabilidad de las bajas que dejaba este enfrentamiento. Era consciente que la sociedad no miraba con buenos ojos esta disputa y eso le restaba apoyo como institución, pero el ejército tenía una irracionalidad frente al APRA y la va a mantener aun cuando durante el gobierno del hijo de Mariano Ignacio Prado, el APRA cambiaría de estrategia e implementara un plan para limar asperezas con los militares y generar un acercamiento que les permita tener un ambiente más favorable para sus pretensiones Víctor Villanueva nos enfatiza que los años posteriores al oncenio estuvieron marcados por la disputa de poder entre el APRA y el ejército. Todo el acontecer nacional va a girar en torno a esa relación recíproca de rivalidad. Ello nos alerta que las ideas anticomunistas no eran comulgables con la doctrina militar pero que tampoco era tan desagradable como lo era el APRA. Y es que este rechazo no se cimentaba en aspectos ideológicos sino de un odio y animadversión particular generada a partir de la rebelión aprista en Trujillo

UN ALTO AL MILITARISMO Y PREPONDERANCIA DEL EJÉRCITO Una idea que nos proporciona Villanueva para entender el motivo de la no intervención militar entre los años de 1940 a 1948, periodos en donde se sucedieron gobiernos civiles, se debe a que el ejército estuvo, primero enfocado en los preparativos del conflicto contra el Ecuador, y luego enfocado en mantener el prestigio ganado en la victoria de Zarumilla en el 41. Los militares explotaron bien este triunfo para adquirir armamento, renovar material, ampliar presupuesto, afianzar relaciones cívicas militares, es decir se fortaleció el ejército. Este crecimiento institucional se vio reflejado en el aumento de sus efectivos en 151% y su cuerpo de oficiales creció en más del 30%. Fueron promovidos dos veces más oficiales que en el mismo lapso anterior, a la clase de general ascendieron 120 coroneles, 71% más que el quinquenio anterior. (Villanueva, 1962, p. 123) Otra idea importante de Villanueva es la relación entre las diferentes fuerzas armadas. Esta relación no era tan buena entre los tres institutos. Se puede decir que no había unidad entre el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada Peruana, por el contrario existía una clara rivalidad entre estas instituciones. Sin embargo, a pesar de ello, el ejército siempre se superponía en cualquier decisión conjunta, pues le eran favorables una mayor correlación de fuerzas militares y políticas, razón que obligaba a las otras instituciones subordinarse ante un hecho político lo que agrandaba la brecha de amistad, generando más rivalidad y rencor. El predominio del ejército era absoluto pues estaba en condiciones de dominar por tierra, mar y aire.

PENSAMIENTO SEGÚN EL GRADO Y CLASE Un aspecto político militar que merece ser abordado es la diferencia de ideología entre el personal oficial subalterno y oficial superior y generales del ejército. Los primeros por su condición de

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juventud, intrepidez y más susceptible a escuchar las ideas de justicia y transformación social van a manifestar un comportamiento disímil al de los coroneles y generales quienes por ostentar altos cargos de confianza se convierten en conservadores y leales al político de turno ya que de ellos depende su puesto. Por ello no es de extrañar que una de las estrategias del APRA es llegar a este personal oficial subalterno más afín a sus ideales ya que los generales no simpatizan con sus propuestas. Villanueva (1962), en el prólogo de sus escritos comienza interrogándose sobre su papel en el ejército, en la institución que lo acogió por años a la cual él voluntariamente eligió pertenecer motivado por el espíritu patriótico, con el fin de empuñar las armas y defender a su patria. Todo joven que ingresa al ejército pasa por un periodo de adoctrinamiento donde la mentalidad es moldeada al punto que la subordinación se convierte en el centro de su vida. La subordinación sumada a disciplina arroja como producto un militar que obedece aun las más absurdas órdenes disfrazadas de legalidad en el reglamento disciplinario. (p.14) En ese sentido, Villanueva reflexiona si el tiempo que sirvió a su patria, pudo defenderla. Salvo los escasos conflictos que hubo y la defensa del orden constitucional en la que participó, Villanueva concluye que también respaldaron tiranías y derrocaron regímenes democráticos, reprimieron huelgas y paros a nombre del bienestar de la patria la cual han jurado defender.

LAS CLASES SOCIALES. SUMISIÓN DEL EJÉRCITO Villanueva va mas allá, y abiertamente declara que el ejército ha estado al servicio de la oligarquía en desmedro del pueblo del cual emana. El autor plantea que muchos militares viven en situación de engaño, defendiendo un orden bajo la bandera del patriotismo pero que esto en realidad atenta contra los intereses del pueblo. Villanueva muy claramente distingue dos clases, la dominante y los dominados. Los ricos y pobres. Los primeros son los que gobiernan el país, los segundos son los explotados. A la clase dominante la divide en dos subclases: los latifundistas exportadores de materia prima y la burguesía. El sector exportador de materia prima es dueño de las tierras, posee inmensas haciendas y miles de peones (campesinos). Bajo la tutela de este sector, los peones trabajan haciendo producir la tierra. Toda la producción no va al consumo interno sino que se coloca en el mercado internacional. El latifundista no se preocupa por mejorar el agro y la vida del campesino a través de un buen jornal, por el contrario busca pagar lo mínimo y vender al máximo precio. La burguesía, la clase que se ha hecho rica a través del comercio y las finanzas, le interesa elevar el consumo interno porque así hace riqueza. Está interesada en modificar la producción agraria para ensanchar el mercado pero sin que eso signifique la revolución o cambios drásticos. Villanueva ahonda más en el tema y deduce que al sector exportador solo le interesa la extracción de la riqueza venga de la fuente que venga para exportarla. Entonces si esa riqueza sea petróleo, algodón, azúcar, oro, etc, representa la riqueza nacional y si la misión del ejército es defender esa riqueza, es decir lo que se exporta, ergo el ejército trabaja para la oligarquía Cuando un gobierno adopta medidas populistas que van en favor del pueblo pero atenta contra los intereses de este sector exportador entones vuelca su mirada hacia el cuartel, coquetea con algún general de pergaminos notables e impulsa su candidatura y eventual elección para capturar el poder y restablecer los privilegios que el gobierno de turno le estaba recortando.


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Es la patria y la antipatria, el heredero del señor feudal y el minero con sus asociados los exportadores que extraen riqueza y al exportarla nos quitan patria porque con los productos que salen y nos descapitalizan se va el trabajo no pagado, el esfuerzo jamás remunerado y retazos de vida de nuestro pueblo que es la sangre y savia de la patria. El ejército organizado para defender la patria resulta paradójicamente sosteniendo a quienes se la llevan (Villanueva, 1962, p.15) Villanueva desde ya mostraba una clara preocupación respecto a la sociedad y política de su tiempo. Desde ya mostraba una inquietud respecto al rol del ejército en la defensa de la constitución. Replanteaba un papel más cerca del pueblo que de la oligarquía. Se alzaba contra el abuso y la explotación del pueblo. Pedía replantear el concepto de defensa de la patria y reclamaba una aproximación a los valores socialistas. La defensa de la constitución y las leyes seguirán siendo los móviles aparentes de las fuerzas armadas, pero detrás de ellos estarán los auténticos intereses, no será ya la lucha entre los intereses contradictorios de las clases dominantes, será el reflejo de otros nuevos, la pugna entre la burguesía y la clase productora sin que ello quiera decir que han sido derrotados los intereses oligárquicos e imperialistas (Villanueva, 1962, p.15) Este pensamiento socialista acompañará al oficial Villanueva desde los grados de teniente hasta mayor del ejército del Perú. Su apego al socialismo le traerá problemas en la institución. Rebelde e insurrecto desde el nivel de oficial subalterno tendrá una carrera accidentada.

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inicios del siglo xx. Pero más que ello, es el poder militar puesto al servicio de la aristocracia para cuidar sus bienes y proteger sus intereses Militarismo popular, nace motivado por la invocación del pueblo que ante el caos institucional reclama la intervención de las fuerzas armadas, sobre todo en momentos álgidos como son las elecciones. La sociedad pide que el ejército intervenga controlando el proceso electoral a través del uso de su fuerza para que no haya posibilidad de fraude, disputas o peleas políticas. Este hecho es aprovechado por los militares que teniendo influencia o estando en el gobierno introducen medidas militarizadas en el seno social. Por ejemplo el establecer instrucción premilitarizada o colegios militares, es una forma de ir moldeando a la juventud hacia disposiciones militares. Otro punto es la obligatoriedad del desfile militar, acción que hace que los niños emulen a las fuerzas armadas en su paso por las tribunas. Villanueva nos dice que ahí existe un mensaje subliminal de afecto hacia lo militar Por último tenemos la educación escolar, cuando se enseña historia y se exaltan las batallas y héroes militares lo que se está haciendo es predisponer a los niños el gusto por el tema militar para que tenga afinidad y no lo rechacen después.

CIUDADANOS Y CIUDADANÍA CAUDILLAJE Y MILITARISMO La palabra militarismo, significa la preponderancia adquirida por el elemento militar en una nación, generalmente en los países monárquicos en donde el militarismo tiene mayores probabilidades de imponerse. El militarismo se desarrolla con dos motivos: o después de grandes éxitos de armas que realzan al ejército, o a consecuencia de reveses tan importantes que se comprende que solo es posible conjurar sus consecuencias con un fuerte poder militar (Villanueva, 1962, p.7) Término que designa la subordinación civil a consideraciones militares en la política de un Estado. En tiempo de paz el poder político es teóricamente supremo. En la práctica la posición del ejército puede ser tan fuerte como para darle participación en la política interna y exterior. (Villanueva, 1962, p.8) En una idea simplificada Villanueva señala que el militarismo es la acción política de los militares en el gobierno. Señala que el germen de este fenómeno se entiende a la luz de la naturaleza militar y su finalidad: salvar a la patria. Se han sucedido diferentes militarismos desde el caudillaje hasta el militarismo popular Fenómeno político y social que aparece en América entre los siglos XIX. La principal característica del caudillo es la necesidad de imponer su voluntad, muchas veces al margen de la legalidad y contra la voluntad popular en nombre de un interés nacional Villanueva al igual que muchos otros autores estudiosos de la independencia señalan que el caudillismo militar aparece por la autojustificación de los militares vencedores de Junín y Ayacucho de considerarse, no solo los más aptos sino que en términos de justicia les correspondía dirigir la nación a modo de premio por haber luchado por la independencia del Perú Es el militarismo aristocrático en que los oficiales del ejército cuyo linaje desciende de los grandes criollos o peninsulares. Hoy convertidos en latifundistas o prósperos banqueros. Estos oficiales de familias aristocráticas limeñas son los que van a gobernar a través de golpes de Estado al Perú a

Un punto importante que aborda Villanueva, es la creencia equivocada de los postulantes al gobierno de creer que el resultado electoral refleja la voluntad popular. Y es que para la década del ’50 aun la población mayoritariamente rural era analfabeta y no podía votar. La clase media burguesa representaba el 20% de la población. Entonces si el candidato electo creía había recibido el respaldo popular, en realidad había llegado al poder por los votos urbanos, la clase comerciante. De esta falsa premisa el gobernante electo podría cometer el error político de creer que el pueblo estaba de acuerdo con sus políticas y planes cuando era todo lo contrario. El campesinado se sentía recargado por los abusos del terrateniente y cansado de su condición se hace evidente el descontento popular que se va a manifestarse años más tarde en el éxodo migratorio a la ciudad Villanueva (1969) al respecto nos dice: “el campesino en su mayor parte analfabeto, no es ciudadano, no está en condiciones de expresar su opinión en un proceso electoral, es solamente instrumento de trabajo al servicio del terrateniente” (p.33) En el texto anterior, Villanueva hace notar para aquel entonces, las condiciones de quienes son considerados como ciudadanos y quienes no. Si bien desde el punto de vista electoral, el campesinado por ser iletrado no tenía voto, y si el voto es la condición que reafirma la ciudadanía significa que el hombre que trabaja la tierra no era considerado ciudadano. Era considerado un niño, un ser indefenso que hay que proteger e “instruir”, desde esa visión paternalista el terrateniente se valía para la respectiva explotación del campesino bajo la argumentación de la educación.

EL COMUNISMO Y EL EJÉRCITO Un tema que merece ser analizado es el rechazo militar hacia la ideología comunista materializada en las diversas organizaciones de izquierda. Algunas opiniones atribuyen esta concepción ideológica a la misión militar francesa. Pero a opinión de Villanueva, la misión militar francesa influye más en


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la administración y organización que en el plano ideológico, incluso sus postulados estaban más cerca de un ejército social transformador que la de un ejército represivo. Según Villanueva el rechazo tajante al comunismo tiene que ver con la influencia americana a partir del gobierno de Leguía que fue penetrando en el entramado político y de alguna manera en el campo militar. Considerando que los oficiales de la alta jerarquía en el ejército provenían de la clase aristocrática, clase más afín a las ideas capitalistas que socialistas pues era su misión de combatir al comunismo en defensa de la naciónA partir de ahí el comunismo fue codificado como malo, naciendo la dicotomía visión entre el bien y el mal. Claramente el todo lo que se relacionaba con la protesta era calificado como ideas comunistas por los militares. Por ello todo clima de agitación era considerado peligroso por las fuerzas armadas porque veían en ello, el germen del comunismo Este pensamiento se hizo más notorio para la segunda mitad del siglo XX. Esta conjetura en asociado con el problema de la tierra, llevó a que el ejército mirara con recelo las políticas populistas reformistas de otorgamiento de propiedad de la tierra al campesinado Con tal criterio, la fuerza armada puede haber visto en la ocupación de tierras el síntoma de una nueva conspiración campesina de origen comunista que era necesario reprimir. Estos rebrotes campesinos estimulados por el comunismo internacional amenazan la destrucción de las estructuras sociales que las fuerzas armadas por imperativo constitucional están llamadas a defender” (Villanueva, 1969, p.36)

EL EJÉRCITO Y EL ORDEN INTERNO El militar se prepara para la guerra. Durante toda su carrera estudia y se entrena para dirigir y comandar a batallones de hombres. Su alta jerarquía lleva estudios internacionales de estado mayor para el planeamiento de las operaciones. Esa es la razón de su existencia y enfrentarse a ejércitos poderosos es su aspiración. Por ello se siente disminuido cuando se le conmina a dedicarse a cuidar el orden interno. La seguridad interna y hacer función policial. El militar se siente herido en su orgullo propio, ninguneado por los políticos, maltratado en su profesión. Villanueva advierte: Así como un cirujano que hubiera estudiado largos años su profesión especializándose en cirugía de cerebro sentiría que atentan contra su dignidad profesional si se le exhortara solo a extirpar flemones y cortar uñeros, así también el general que ha estudiado en varias escuelas superiores y ha obtenido sendos títulos académicos cuyos distintivos luce orgulloso sobre el uniforme se sentirá igualmente ofendido y herida su dignidad profesional si se le obliga a pelear contra abigeos bandoleros y guerrilleros que no son otra cosa que paisanos armados y que no saben respetar las condiciones del juego de la guerra (Villanueva, 1969, p. 53) La resistencia del ejército de desempeñar un papel policial al asumir la lucha contra las guerrillas fue poco a poco derribándose. La acción norteamericana a través de las consejerías y asesorías terminaron por convencer a la alta jerarquía que debía enfrentarse a las guerrillas. Los generales tuvieron que aceptar que su clásica formación y preparación para dirigir grandes ejércitos en épicas batallas debía dejarse de lado y emprender una nueva doctrina considerando el avance de las guerrillas. El ejército entendió que debía realizar esta tarea desconocida para ellos de la cual nunca habían considerado en sus planeamientos. El miedo a fracasar, poner en juego su

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prestigio, y ante el avance de las guerrillas, obligó al alto mando militar a pedir al gobierno control absoluto y facultades amplias para intervenir. En pocas palabras, de modo diplomático se hizo del poder para poder enfrentar la situación Desplegó y movilizó compañías hacia los puntos álgidos del conflicto pero siguiendo la doctrina americana inició una guerra psicológica empleando propaganda intimidante e iniciando acciones de ocupación, restricción y detención a las mujeres de los guerrilleros para forzar su rendición. Tal fue la movilización de fuerzas militares y así se inició la guerra psicológica. A fin que su efecto fuera mayor el Parlamento elevó a la categoría de “traición a la patria” las acciones arriba enumeradas imponiendo la pena de muerte para quienes las realizaran. La guerra psicológica no tuvo como blanco solo a los campesinos sino que se extendió a los mismos guerrilleros (Villanueva, 1969, p.61)

EL CAEM LA DOCTRINA SOCIAL Otro tema importante de análisis es el que refiere Villanueva sobre el CAEM. Creado en 1950 por el presidente Odría, con la finalidad de ser el alto centro del ejército donde se preparen los altos mandos del ejército para la conducción eficaz de las unidades del ejército y la profundización de los estudios de seguridad nacional. Nacido bajo esa premisa desde el punto de vista militar, desde lo político será el lugar a donde lleguen los oficiales considerados peligrosos para el régimen dictatorial de Odría. En los primeros años, el estudio de defensa nacional recae en la idea de la seguridad externa, es decir prepararse para enfrentar países enemigos. Prepararse para la guerra. Sin embargo años más tarde la doctrina y pensamiento militar va cambiando, y el concepto de defensa nacional también. Poco a poco pasa de preocuparse exclusivamente de las amenazas externas a enfocarse en problemas internos de la nación. El concepto va rápidamente difuminándose entre la teoría social que asocia la defensa de la nación con alcanzar el bienestar social para la población Es así que en 1959 el general Romero, director del CAEM dice: “Dentro de la evolución de conceptos y nociones que el natural progreso de las ciencias sociales está produciendo en el mundo, los de defensa nacional se funden con sus planteamientos esenciales de la lucha por alcanzar un óptimo bienestar general” (Villanueva, 1972, p.57) Aparece de esta manera la idea de bienestar general. La defensa ahora se desliga del marco bélico para ahora centrarse en el bienestar social de la ciudadanía. De esa forma el concepto sigue su camino evolutivo y el bienestar general luego es entendido como los problemas sociales y económicos que aquejan al Perú. En palabras del general Romero Prado el principio de bienestar general se define así; Anular los bajos niveles de vida, el analfabetismo, la insalubridad, etc. O sea que hoy en día no es posible plantear problemas de defensa nacional en desvinculación con los de desarrollo económico y social de la nación” (Villanueva, 1972, p.58) Entonces se observa un giro en el pensamiento militar que identifica el concepto de defensa nacional con las ideas de bienestar y desarrollo económico y social siendo estos de primer orden y quedando relegado en segundo lugar la idea de defensa nacional con temas de carácter bélico Bajo esas premisas el ejército poco a poco irá concibiendo una doctrina social que lo lleve a asumir que la defensa nacional y soberanía significa primero luchar por alcanzar los objetivos nacionales


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que vienen a ser las medidas políticas para vencer la pobreza y la desigualdad. Pocos años después la concepción ideológica del CAEM que va a formar a oficiales del ejército imbuidos en estos conceptos llegará al nivel de la formulación de planes de gobierno que será asumido por el gobierno revolucionario de las fuerzas armadas.

BIBLIOGRAFÍA  Villanueva, Víctor (1962). El Militarismo en el Perú. Empresa Gráfica T Scheuch. Lima, Perú  Villanueva, Víctor (1969) ¿Nueva Mentalidad Militar en el Perú? Editorial Juan Mejía Baca. Lima, Perú  Villanueva. Víctor (1971) 100 años del Ejército del Perú. Editorial Juan Mejía Baca. Lima, Perú  Villanueva, Víctor (1977). El APRA y el Ejército. Editorial Horizonte. Lima, Perú  Villanueva, Víctor (1972). El CAEM y la revolución de la Fuerza Armada. Campodónico Ediciones. Lima, Perú

PRESENTACIÓN J. David Atarama Orejuela, Oficial del Ejército del Perú. Bachiller en Ciencias Sociales y licenciado en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, diplomado en “Dirección de Personas” por la ESAN y en “Gestión de Tecnologías de la Información y Comunicación” por la Universidad Marcelino Champagnat Dedicado a la docencia en educación de nivel superior en instituciones privadas. Actualmente me desempeño como miembro del equipo de investigadores y gestores culturales de Instituto de Estudios Históricos del Ejército del Perú - IEHEP Realizo investigación histórica para publicación en diferentes revistas y asesoría en edición de libros referentes a historia militar e historia del Perú.

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PE NSA M IE N TO M A R I N:

EL MÁS GR A NDE PENSADOR MILITAR POR: TTE EP JAIME TAYPE CASTILLO

RESUMEN José del Carmen Marín Arista, uno de los pensadores militares peruanos más importantes del siglo XX, quien desarrolló una doctrina basada en la realidad nacional, el bienestar del ser humano y la interacción entre el desarrollo y la defensa nacional.

3.1. INTRODUCCIÓN Comenzaba el siglo XX y el Perú se reponía de las consecuencias de la Guerra con Chile (18791883) que le arrebató las provincias de Tarapacá, Arica y por unos años Tacna. Poco tiempo después, en Europa se desarrollaba la Primera y Segunda Guerra Mundial y el mundo sería testigo de sus consecuencias durante la primera mitad de referido siglo. Una serie de acontecimientos marcaron el devenir histórico de nuestro país y del resto del planeta. Armas, industria, moda, muerte, guerra, ideologías políticas, música, y mucho más, aparecieron o se perfeccionaron por aquellos años. Bajo esa coyuntura, nació y fue testigo de las mismas uno de los pensadores militares peruanos más importantes del siglo XX, quien fue respetado tanto en los espacios académicos militares y civiles. Su nombre fue José del Carmen Marín Arista. Marín nació el 2 de marzo de 1899 en el caserío de El Quillo, valle de Huayabamba, provincia de Rodríguez de Mendoza en la región Amazonas1, y cuya familia fue de condición humilde (Vigil, 2011, 114). 1

AGE. Legajo personal del General de División José del Carmen Marín Arista: 1.

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Los primeros años de vida no fueron fáciles para José del Carmen. Pronto sus padres lo dejaron al cuidado de sus abuelos y tíos, para buscar un mejor futuro aprovechando la fiebre del caucho en la Amazonía peruana. Desde pequeño Marín destacó por su inteligencia, honradez y humildad. Aquellas cualidades se reflejaron también durante su vida militar, primero como cabo, luego de cadete y finalmente como oficial del Ejército del Perú. Curiosamente, mientras realizaba su servicio militar en 1917, enseñaba a leer y escribir a sus compañeros de cuadra en la Escuela de Clases de Chorrillos y Ancón, también departiría con quien luego fue el Mariscal del Perú y Héroe Nacional, Andrés Avelino Cáceres (Taype, 2018, 12-16). Marín también experimentó la mentalidad de la sociedad limeña de la época. ¡Bueno señores, el Ejército Peruano no tendrá un oficial muy apuesto, pero sí un excelente oficial matemático! (Vigil, 2011, 120), fue lo que escuchó el futuro fundador del Centro de Altos Estudios Militares (CAEM) el día en que el entonces director de la Escuela Militar de Chorrillos (EMCH), teniente coronel Isaac Zapater, decidió aceptar al postulante Marín en el referido centro, tras superar con éxito las diferentes pruebas en el verano de 1918. José del Carmen fue testigo y protagonista durante su época de cadete y luego como oficial, de las celebraciones por los centenarios tanto nacional en 1921, así como de las batallas de Junín y Ayacucho en 1924 (Vigil, 2011, 39). El 1 de febrero de 1922, no obstante, Marín Arista egresaba con el grado de subteniente de infantería. En la ceremonia de clausura, Marín al haber obtenido el primer puesto en el cuadro de mérito, recibió la Espada de Honor de la 22ª Promoción de la EMCH, conocida como “Centenario de la Independencia Nacional” (Vargas, 2014, 14). Graduado como oficial del Ejército, Marín fue agasajado por los inmigrantes de la región Amazonas que residían en la capital, observándose la confraternidad que existía entre ellos (Mundial, 1922, 8). Mientras se desenvolvía como oficial subalterno, fue testigo también de los acontecimientos políticos y sociales del país, como la aparición de los partidos de masas y el protagonismo desarrollado por los jóvenes Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui, quienes lideraron el partido aprista y comunista –respectivamente- así como el ascenso y caída de Augusto B. Leguía y su gobierno conocido como el “Oncenio” (1919-1930). Producto de sus dotes intelectuales, en abril de 1925 Marín fue seleccionado y enviado a Versalles (Francia), asistiendo a la Ecole Militaire et D´Aplication du Genie (Escuela Militar y de Aplicación de Ingeniería). Allí seguió los cursos de Preparatoria y de la División de Aplicación (Vargas, 2014, 50). Durante su permanencia en el país galo, visitó también Marruecos, desde setiembre de 1925 hasta agosto de 1926. Al concluir sus estudios en la referida escuela francesa, Marín se graduó ocupando el segundo puesto de la promoción. Tras ello, el futuro fundador y director del colegio militar Leoncio Prado retornó a Lima en diciembre de 1927 e inmediatamente inició los trámites respectivos para reclasificarse al arma de Ingeniería Militar (Vargas, 2014, 52). Pero uno de los hechos que marcó la estancia de Marín en Francia fue la manera como los oficiales del ejército galo estudiaban. Aquello quizás influyó en nuestro oficial peruano, quien se caracterizó posteriormente por ser analítico, buscando siempre el mensaje central de las lecciones y no apelando a la práctica memorística, que era común por aquellos años –y quizás hasta en la actualidad- en los diversos niveles de la educación peruana. Nuevamente en el Perú, Marín observaba ahora la labor de los oficiales alemanes en nuestro Ejército, tras la no renovación de los contratos para el arribo de las misiones militares francesas,

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medida que fue tomada por Leguía en 1924. Si bien la presencia de los militares germanos fue breve, el teniente Marín extraería lecciones de los mismos. En febrero de 1928, Marín ascendía al grado de capitán. Para ese momento, ya era oficial de ingeniería, cuyos conocimientos no solo le permitieron asumir jefaturas, sino también participar en importantes proyectos de construcción. Previamente, el 12 de enero de 1928, fue nombrado comandante de la entonces Compañía de Trasmisiones2. Tras la abrupta salida de Leguía del poder y la asunción del teniente coronel Luís Miguel Sánchez, la coyuntura política peruana se tornó violenta, debido al enfrentamiento protagonizado por el gobierno y el partido aprista. Intentos fallidos apristas por subvertir algunos sectores de las Fuerzas Armadas, como la ocurrida en la primera mitad por un grupo de marinos en el Callao en 1932, así como la sangrienta intentona revolucionaria acontecida en la ciudad de Trujillo en ese mismo año, donde uno de los compañeros de promoción de Marín en la Escuela Militar, perdió la vida junto con otros militares a manos de los apristas. Persecuciones y violentas represiones, marcaron el ambiente político peruano por aquellos años, alcanzando su pico más alto con el asesinato del presidente Sánchez Cerro en el hipódromo de Santa Beatriz, en 1933. Conforme pasaban los años, Marín ascendía cada grado militar, asumiendo numerosas responsabilidades, que inclusive trascendieron las fronteras, como el ser nombrado observador militar durante la Guerra del Chaco (1932-1935), donde ostentaba el grado de Mayor (Taype, 2018, 36). Posteriormente, en 1937 ya como teniente coronel fue enviado a cursar estudios en la Escuela Superior de Guerra en París, cuyo retorno dos años después resultó accidentado debido a que Europa comenzaba a ser escenario de la Segunda Guerra Mundial. Durante el conflicto entre Perú y Ecuador en 1941, el comandante Marín se desempeñaba como jefe de la Tercera Sección del Estado Mayor General del Ejército (EMGE) cargo no solo de mucha responsabilidad, sino también de tensas coordinaciones con sus superiores, antes y durante el referido conflicto. En ese periodo, su carrera militar se vio amenazada al señalar que las disposiciones dadas por el Agrupamiento Norte necesitaban ser mejoradas, de lo contrario, la ejecución de las mismas no garantizaban el éxito de la operación sobre las fuerzas enemigas. Su recomendación provocó el disgusto no solo de algunos de sus superiores, sino del propio Presidente de la República, quien lo mandó a llamar de urgencia a Palacio de Gobierno, donde tras recibir un fuerte llamado de atención por parte del mandatario, permaneció retenido por varias horas. Sin embargo, la razón se impuso en los primeros días de julio de 1941, y el presidente Manuel Prado Ugarteche tras escuchar y analizar las recomendaciones de otros oficiales y del propio Marín, comprendió que este último tenía la razón, ofreciéndole una disculpa al oficial y otorgándole plenos poderes para el mejoramiento de la estrategia peruana. Ello llevó a la victoria de nuestras fuerzas en dicho conflicto bélico. Posteriormente, ya como coronel, Marín Arista ocupó el cargo de primer director del colegio militar Leoncio Prado (1944) y luego de la Escuela Militar de Chorrillos (1945) 3. En aquellos centros de formación, evitó la enseñanza memorística, buscando que los conocimientos adquiridos por los cadetes sean empleados no solo en la carrera militar, sino también en su vida diaria. 2 2 3 3

OGE. Ministerio de Guerra-Estado Mayor General del Ejército. Lima, 20 de enero de 1928: 2. OGE. de Guerra-Estado Mayor General Lima, 20 de enero AGE. Ministerio Legajo personal del General de División José del del Ejército. Carmen Marín Arista: 1. de 1928: 2. AGE. Legajo personal del General de División José del Carmen Marín Arista: 1.


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En 1947, durante el gobierno de José Bustamante y Rivero (1945-1948), el ahora general de brigada José del Carmen Marín Arista era nombrado ministro de Guerra, el mismo que se prolongó hasta febrero de 1948. Durante su desempeño ministerial, no faltaron los rumores impulsados por el APRA señalando que Marín era amigo de Haya y que juntos maquinaban un golpe de Estado contra Bustamante4. Al parecer, Haya confundió la actitud dialogante del general con amistad, descartándose aquel “interés” del militar con los hechos posteriores, tras el golpe liderado por Manuel A. Odría a finales de octubre de 1948 (Taype, 2018,58). Sin embargo, al iniciarse la década de 1940, se comenzó a hablar en el seno de la Escuela Superior de Guerra del Ejército (ESGE), sobre la necesidad de contar con un centro de estudios donde se plantearan y analizaran los problemas de orden estratégico hasta entonces no abordados (Villanueva, 1972, 23). Es por ello que Odría, al haber sido director de la ESGE y teniendo conocimiento de la inquietud en la oficialidad superior respecto a la conformación de dicho centro, aprobó la formación de una comisión para el estudio y preparación de leyes y disposiciones que buscaran la preparación integral de las Fuerzas Armadas, tanto en tiempos de paz como en guerra. Para ello se ordenó que dicha comisión fuera presidida por el general Marín Arista. La designación de éste tenía como verdadero propósito de poner –según expresan algunos investigadores– en “cuarentena política” a dicho general. Así, Odría buscaba aislar a su ex amigo, como una forma de sancionarlo por no colaborar con el gobierno que se inició con el golpe del 27 de octubre de 1948 (Taype, 2018, 64). Tras presentar su informe y aprobarse algunas de las recomendaciones de la misma, destacando entre ellas la formación del Centro de Altos Estudios Militares (CAEM), “El 31 de octubre de 1950, un Decreto Supremo que complementa el dispositivo anterior nombra al general José del Carmen Marín Arista como fundador y primer director del Centro de Altos Estudios Militares (CAEM), que inaugura sus actividades académicas el 15 de junio de 1951”5. Allí, la doctrina que desarrolló el general terminó convirtiéndose en uno de los aportes intelectuales más importantes para el país, proveniente de un militar que nos permitió comprender en su verdadera amplitud, el concepto de la defensa y su estrecha relación con el desarrollo nacional. En diciembre 1956, al asumir Manuel Prado la presidencia por segunda vez, Marín fue ascendido a general de división, como un acto de desagravio antes de pasar a la situación de retiro al año siguiente. Tras desempeñarse como director, docente y asesor en el CAEM, también dictó cátedra en la entonces Escuela de Ingenieros (hoy Universidad Nacional de Ingeniería), Academia Diplomática y otras instituciones académicas. Además, era convocado por los presidentes Fernando Belaunde Terry y Juan Velasco Alvarado con quienes trataba los temas de desarrollo y la defensa nacional. Lamentablemente, el 06 de diciembre de 1980, dejaba de existir el general Marín Arista, convirtiéndose en una irreparable pérdida para la intelectualidad peruana. Fue Marín quien desarrollaría una doctrina que tuvo en cuenta nuestra realidad y cuyo fin principal fue el bienestar del ser humano, aspectos de su pensamiento que veremos a continuación.

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3.2. EL MILITAR DE PENSAMIENTO HUMANISTA Los análisis realizados por Marín respecto al desarrollo y la defensa nacional, siempre tuvieron como centro el bienestar del ser humano. “El hombre no es el medio, sino el fin”, sintetizaba su pensamiento humanista. Pero el fundador del CAEM, por las características de nuestra idiosincrasia, también percibió que nuestra sociedad no estaba lo suficientemente preparada para ponerse a reflexionar respecto que camino le convenía seguir y dejar de ser un país subdesarrollado, o ser capaces de construir su propia vía para lograr sus objetivos, como lo impulsó desde sus primeros años como oficial y que se consolidó en el CAEM. En la década de 1970, Marín sería más enfático respecto de la presencia rectora del Estado. Para entonces, el bienestar general de la población permanecía en el centro de sus argumentos, es decir, la satisfacción adecuada y oportuna de las necesidades espirituales y materiales de la persona, tanto en su dimensión individual como colectiva; agregando que las convulsiones sociales surgen cuando estas demandas no son satisfechas debido a la ineficacia de las instituciones (Toche, 2008, 108). Marín fue un militar que, curiosamente, profesó el humanismo a través de sus artículos, conferencias y actos propios de su vida. Enseñó a leer y escribir a sus compañeros analfabetos; respetó a sus padres, quienes a pesar de volver casi tres décadas después y enfermos, Marín no les guardó ningún rencor y por el contrario los ayudó a recuperarse aun invirtiendo todo su sueldo para tal propósito; sin mencionar las vicisitudes que tuvo que enfrentar de niño y posteriormente como adolescente que arriba a una ciudad desconocida como fue Lima. Aquel humanismo lo plasmaría en el hoy Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN). El CAEN, antes CAEM, nace a la vida intelectual del país inspirado en la teoría filosófica del humanismo, concebida esta como una actitud de respeto profundo por el ser humano […] conocer al hombre como hombre, con dignidad, libertad e igualdad […]. El hombre es un fin, no un medio (CAEN, 2010, 1). Aquellos hechos en su vida fueron moldeando la personalidad de aquel militar, que teniendo a su inteligencia como principal arma, le permitió reflexionar y comprender en sus diversos ámbitos a nuestra realidad nacional. ¿Cuándo Marín comenzó a analizar el desarrollo del hombre? Desde sus inicios como oficial, él difundió su pensamiento a través de los elementos que contribuyen con la perfección del ser humano, comenzando su análisis con la figura del oficial y su relación con la moralidad, como se aprecia en una publicación hecha en 1931 a través de la Revista Militar del Perú (RMP), titulada “Por el perfeccionamiento del oficial”. El individuo se perfecciona corrigiendo sus vicios, adquiriendo las virtudes que le faltan, fortaleciendo las que posee e instruyéndose […] la decadencia de los pueblos y de las instituciones se ha marcado siempre en la historia, antes por el relajamiento de su honorabilidad que por la disminución de su valor intelectual […] un hombre amoral puede llegar a ser un sabio, mientras que otro muy moral puede no poseer sino conocimientos medianos, pero, para el progreso de las instituciones a que pertenecen, el primero es un elemento negativo en tanto que el segundo será siempre una ayuda6.

Taype 2013: 154-171 http://www.caen.edu.pe/wordpress/institucion/quienes-somos/

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RMP 1931: 41.

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La cita anterior nos muestra la reflexión que hace Marín en torno a la personalidad que debe caracterizar a los oficiales del Ejército –y que puede ampliarse a toda persona, sea o no profesional– que no solo debe circunscribirse en poseer los amplios conocimientos de las artes de la guerra, la valentía, el coraje y todas aquellas cualidades que son inherentes al militar, sino también que este sea una persona educada en valores, cultivador de virtudes como la honestidad, el respeto hacia sus semejantes –a pesar de ser un profesional preparado para la guerra– y demás aptitudes que no busquen el diferenciarse del resto, sino convertirse en un modelo a seguir por los demás, tanto en la milicia como fuera de ella. En este nuevo milenio, en que nuestra sociedad exige fortalecer los valores nacionales y de las personas, los que parecen haberse debilitado a niveles alarmantes, Marín nos ofreció hace casi un siglo atrás sobre la importancia de cultivarlos y fortalecerlos, si es que no queremos desaparecer de la faz de la historia y del planeta. Y es importante, en el campo militar, ese perfeccionamiento del oficial, pues este es el elemento principal de todo ejército del mundo. Si el oficial no está suficientemente preparado, tanto intelectual como moralmente, es seguro que será protagonista de reveses militares. En nuestro caso, basta dar una mirada a nuestra historia republicana, en donde las indecisiones u órdenes erradas provocadas por el desconocimiento y la debilidad de algunas personalidades, provocaron resultados negativos para nuestro país. El valor de un Ejército depende, pues, exclusivamente del grado de perfeccionamiento que alcance este [el oficial]…muchos de nuestros reveses, militares y nacionales, se deben a la falta del elemento hombre preparado moral e intelectualmente7.

3.3. LA EDUCACIÓN Y SU IMPORTANCIA PARA LA DEFENSA NACIONAL Otro de los aspectos de nuestra realidad que mereció el análisis del general Marín fue la calidad de nuestra educación.

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Nuestro sistema de enseñanza solo cultiva la memoria: con tal que el alumno repita, poco importa que sepa hacer, cuando justamente debería ser todo lo contrario […] el objetivo de toda instrucción es aprender a hacer algo […] la enseñanza no puede detenerse en el simple aprendizaje memorístico, ya que el objetivo no es almacenar en el cerebro una serie de conocimientos […] sino a servirse de ellos para resolver las dificultades de la vida diaria8.

Era evidente que el mejoramiento de nuestra educación fue una de las principales preocupaciones de Marín, cuando tuvo a su cargo la dirección del Colegio Militar Leoncio Prado, la Escuela Militar y durante su faceta como docente en la Escuela Superior de Guerra y en la hoy Universidad Nacional de Ingeniería. Desde el punto de vista de la defensa nacional, Marín resaltó la gran importancia que tiene la educación si queremos como Estado, asegurar la defensa y por ende, garantizar la existencia del Perú en el futuro. Es igualmente importante cuidar el futuro, intensificando la preparación cívica, mediante la educación pública. Es el mejor medio de asegurar la defensa y el futuro del país (Marín, 1951, 19).

3.4. TRABAJO EN EQUIPO Marín, en un artículo de 1931, hacía hincapié en la necesidad e importancia del trabajo en equipo, donde la suma de los aportes de cada uno de los integrantes de un equipo o institución contribuye con el resultado final. No obstante, para que aquellos aportes individuales sean provechosos, era necesario que los integrantes tuvieran un nivel considerable de preparación, de lo contrario, aquellas contribuciones serían solo cantidad y no calidad. En el Ejército nadie es indispensable, pero todos somos necesarios¸ el valor de nuestra institución no puede aumentar por un reducido número de excelentes oficiales; para que podamos ayudar a los mejores, necesitamos los de la masa ser eficientes, ser por lo menos regulares10. Marín tuvo muy en cuenta la manera de trabajar en equipo, cuando fundó y dirigió el Centro de Altos Estudios Militares (CAEM). En cuanto a la metodología, se impulsó el trabajo en equipo, donde las individualidades se debían adecuar al interés del grupo y comportar sus resultados al óptimo resultado en las tareas, bajo un clima de fraterna creatividad y de respeto a las ideas (CAEN, 2000, 45).

3.5. LA IMPORTANCIA DE LAS FUERZAS ARMADAS Otro de los aspectos analizados por Marín Arista fue la necesidad de contar con unas Fuerzas Armadas disuasivas, contemplando el hecho de que estas posean armamento moderno y personal altamente capacitado. Junto con ello, también tuvo en cuenta aquella actitud de un sector de la población que se caracteriza por tener una animadversión hacia lo militar. La animadversión e indiferencia respecto a las medidas de la defensa nacional se acentúan en el elemento civil cuando se consideran los enormes gastos que impone la preparación de la defensa y, sobre todo, la realización de la guerra. Se estima que esos recursos se restan al progreso nacional y por tanto, lo retardan. Ningún concepto más equivocado que este (Marín, 1951, 10).

No solo reflexionó sobre ese tipo de enseñanza a nuestros estudiantes, sino también a la gran responsabilidad que asumía aquella persona encargada de perfeccionar y fortalecer los conocimientos que traían de casa, particularmente los niños en su etapa escolar. 7 8

Ibíd.: 40. Ibid: 44-45.

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Un profesor no puede ser cualquiera, ni siquiera el hombre que simplemente sabe; debe ser uno que tenga vocación, que se dedique por entero9.

Como se mencionó anteriormente, tuvo que enfrentar una incómoda realidad respecto a la manera como se impartía la enseñanza educativa en nuestro país, donde primaba el sistema memorista, aquella que creía que el mejor alumno era aquel que almacenaba mayores datos y no tenía una actitud reflexiva sobre los mismos. Lo sucedido tras su arribo a Francia en su primer viaje de estudios, haría que Marín buscara corregir aquella problemática al estar a cargo de las direcciones de los centros de formación y cuando impartía cátedra a militares y civiles.

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Ibid 1931: 47. RMP 1931: 49.


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Aquello surge como consecuencia de que hoy algunos “líderes de opinión” –que Marín previó hace casi medio siglo atrás- señalan que ante la ausencia de guerras, el dinero destinado a la defensa nacional podría invertirse “mejor” en sectores como salud o educación. Marín Arista señala lo siguiente:

la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo en la zona del valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem); no obstante, estas no son las únicas amenazas en que se requiere la actuación de nuestras fuerzas militares, sino recordemos lo sucedido en diferentes puntos del país como consecuencia del Fenómeno del Niño Costero en el 2017.

La pequeñez de nuestros recursos económicos es la razón que se invoca siempre para explicar la falta de armamento y demás medios materiales, que hagan de nuestro ejército una entidad capaz de cumplir la misión que se le encomendará en la guerra; sin embargo, un sacrificio del país puede permitirnos adquirir, cuando la necesidad se avecine, esos medios que nos falta para ponernos, repito, desde el punto de vista material, a la altura de un probable enemigo […] que no se espere para ver lo que se debe adquirir a la hora suprema de un conflicto, porque entonces ningún sacrificio podrá remediar las desastrosas consecuencias de nuestra imprevisión11.

Los sucesos anteriormente señalados, y muchos más, nos obligan a estar en constante preparación para enfrentarlos con éxito. De lo contrario, la improvisación en tiempos de guerra o desastres naturales nos puede resultar costosa.

La opinión pública muchas veces cae en aquella tendencia “pacifista” del que dicen, es la característica de los países civilizados. Sin embargo, al analizar con detalle la historia universal, veremos que las civilizaciones y hoy estados desarrollados han sobrevivido al tener que enfrentar numerosas contiendas, las que han motivado el contar con fuerzas militares capaces de garantizar su existencia. Parte de los ciudadanos creen expresar ese repudio a la guerra y esa tendencia pacifista, oponiéndose a las medidas de defensa, y la mayoría de los restantes son totalmente indiferentes ante ellas, creyendo que el cumplimiento de sus deberes a este respecto se limita a tomar las armas cuando la patria se halla en peligro y que mientras no haya guerra nada tienen que hacer (Marín 1951, 10). Marín no se equivocó al redactar la cita anterior. Si bien muchos creen que la defensa nacional solo es una labor exclusiva de los militares, cometen un grave error, pues ella también involucra a los civiles, quienes desde su profesión o cargo, pueden contribuir con la defensa de nuestro país. El desconocimiento sobre la materia no solo comprende al ciudadano común y corriente, sino también a aquellos de quienes se cree, tienen mayor preparación cultural. En tales errores incurren aún personas de elevada cultura […] cuando se les habla de defensa nacional, la identifican inmediatamente con la idea de guerra […]. Partiendo de esta confusión y del hecho objetivo de que las Fuerzas Armadas son las que realizan la guerra, fácilmente llegan a la errónea conclusión de que solo a estas incumbe preparar la defensa nacional (Marín, 1951, 10). Muchos creyeron que los conflictos habían finalizado, como alguna vez lo manifestó Francis Fukuyama en 1992 en su libro “El fin de la historia y del hombre”, al señalar que con el triunfo de la democracia liberal al culminar la Guerra Fría, se ponía fin a las guerras y las revoluciones sangrientas. Han pasado casi tres décadas de la caída del Muro de Berlín y los conflictos han tomado nuevas formas, obligando a los estados a profesionalizar a sus ejércitos, en donde la tecnología, el conocimiento y la capacitación constante del personal militar son fundamentales si se quiere tener éxito a la hora de enfrentar los peligros tradicionales y las nuevas amenazas. Sobre esto último, sabemos bien que estas han derivado en el hecho de asumir los nuevos roles por parte de las Fuerzas Armadas, y el Perú no ha sido ajeno a este proceso. Si bien nuestro último conflicto bélico externo fue en 1995, en el frente interno se ha focalizado actualmente en 11 11

Ibíd.: 39. Ibíd.: 39.

Tratémonos como grandes para tener la aspiración y el ideal de serlo y que nos sirva la verdad evidente de que la victoria o la derrota se preparan en la paz. Los fracasos, que a veces cuestan tanto, son hijos legítimos de la imprevisión, tanto en lo individual como en la vida de los pueblos (Marín, 1951,22).

3.6. EL BIENESTAR DE LAS PERSONAS Otro de los aspectos que caracterizó al general Marín fue su permanente preocupación por el bienestar de la persona humana, la que se ve condicionado por la seguridad (Vigil, 2011,128). Nosotros, los que tenemos cultura, podemos saber lo que es la defensa nacional, pero ¿Podrá entender lo que es la defensa nacional un hombre pobre sin trabajo, que vive en una casa de esteras sin techo, sin piso, con los hijos enfermos y él sin trabajo?, aquel hombre no podrá entender la defensa nacional, porque no tiene nada que defender (Vigil, 2011, 129). Lo anterior refleja una realidad que aún se mantiene hasta hoy. Conocemos que una de las instituciones encargadas de fortalecer y mantener el amor a nuestra patria son las Fuerzas Armadas. Pero, ¿qué es el Bienestar General? Es la “situación en que las necesidades espirituales y materiales de la persona humana se satisfacen en forma adecuada y oportuna, en un ambiente de seguridad y tranquilidad” (CAEN, 2010, 19). El CAEN conceptualiza el Bien Común como “una situación ideal por alcanzar, que implica un alto grado de progreso y perfección de la sociedad, de manera que signifique el medio social propicio para la plena realización de la persona humana” (CAEN, 2010, 1). Sin embargo, qué sucede si el Estado no promueve el bienestar de aquel ciudadano, que, por el contrario, se encuentra sumido en la pobreza, la que se agrava con la deficiente atención en los centros de salud, con una baja calidad en la educación para sus hijos, y con un poder político debilitado por actos que terminan desprestigiándolo, hechos que podrían ser hábilmente utilizados por grupos de tendencia radical. Es evidente, como lo manifestó Marín, que aquel individuo no se sentirá comprometido con la seguridad y la defensa nacional. Lo primero que hay que dar a una persona es su bienestar, si no se le da su bienestar, no tiene qué defender, no tiene entusiasmo porque no tiene nada. Esa es la relación entre desarrollo y defensa, según Marín12. Cuando el general de brigada José del Carmen Marín Arista fundó y asumió la dirección del entonces Centro de Altos Estudios Militares a mediados del siglo XX, señalan los investigadores, que este oficial formuló un principio que fue considerado “revolucionario” para la época desde 12 12

https://www.youtube.com/watch?v=4FVtg3ob5kA Ingenieros Militares del Perú: “José del Carmen Marín Arista”. https://www.youtube.com/watch?v=4FVtg3ob5kA Ingenieros Militares del Perú: “José del Carmen Marín Arista”.


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el punto de vista castrense, esto a razón de que “Siendo la finalidad fundamental del Estado el bienestar de la nación y siendo las Fuerzas Armadas el instrumento de que se vale el Estado para imponer su política, en este caso para alcanzar el bienestar colectivo, las Fuerzas Armadas tienen por misión velar por el bienestar social, finalidad suprema del Estado”. Bajo este argumento, la defensa nacional ya no es observada desde el punto de vista tradicional como solo la organización y creación de medios para defender al país de una agresión armada, sino que comprende todo aquello que actúe contra el bienestar de la nación. Es así que el CAEM liderado por Marín –como señalaba Víctor Villanueva– se embarcó desde sus inicios en el desarrollo de estudios e investigaciones sobre nuestra realidad nacional, que al ahondar en su análisis, llegaron a afirmar que “nuestros problemas se acumulan y se aplazan (Villanueva, 1962, 174-175)”. La defensa nacional, así como el progreso y bienestar del país, reposa sustancialmente en el valor de las fuerzas espirituales y materiales de la nación, es decir, que dependen, por una parte, de la educación cívica, el patriotismo y el grado de desarrollo cultural e intelectual de los ciudadanos; y por otra parte, de las posibilidades económicas, industriales y financieras del país (Marín, 1951,17).

3.7. EL MÉTODO PARA EL ANÁLISIS Sabemos que la doctrina de defensa nacional y su relación con el desarrollo la formuló y adaptó a nuestra realidad el general Marín; sin embargo, ¿siguió algún procedimiento que le permitiera desarrollar aquel pensamiento estadista? Se menciona que la influencia de la misión francesa en la Escuela Militar de Chorrillos pudo haber contribuido en ello. Pero todo parece indicar que su paso en dos oportunidades por las escuelas superiores en el Ejército de Francia, habría contribuido en sus reflexiones en torno a la defensa y el desarrollo. Según refieren algunos investigadores, desde el inicio de sus estudios en la academia de Versalles, rápidamente notó que los oficiales alumnos franceses mostraban diferencias notables respecto de los militares extranjeros. Los veía –según Marín– más sensatos a la hora de analizar, sistemáticos y capacitados para comprender de mejor manera la realidad que los envolvía. Pronto daría con la clave: “El método” (Toche, 2008, 105). ¿Cuál era ese método según Marín? Él solía comenzar sus exposiciones en el CAEM al respecto, afirmando que la acción de los altos mandos debía realizarse teniendo en cuenta “la realidad nacional”, tanto de su propio país como la del adversario. Por lo mismo, recomendaba siempre que era obligatorio conocerla, porque de ella se derivarían los futuros planes y el uso adecuado de los recursos materiales y humanos dispuestos para la defensa (Toche, 2008, 105). Realidad nacional es la totalidad de los medios, hechos, fenómenos, objetos, recursos, conocimientos, capacidades, situaciones o condiciones, relacionados entre sí, dinámicos y cambiantes, cualitativos y cuantitativos, actuales y potenciales, positivos o negativos que se aprecian en el Estado-Nación en un determinado momento, como producto de su desenvolvimiento histórico (CAEN, 2010, 72). Conocer no solamente nuestra propia realidad, sino la del potencial adversario, nos hace recordar los tratados de Sun Tzu cuando señalaba “Conoce al enemigo y conócete a ti mismo; nunca te encontrarás en peligro en cien batallas” (Sun Tzu, 1999, 126).

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La realidad nacional aprendió a conocerla cuando recorrió las diferentes guarniciones militares, comparándola con las realidades de los países que visitó durante sus misiones de estudio a las que fue enviado en diferentes oportunidades, lo que hizo que participara en diferentes obras de construcción, entre ellas el trazo y construcción de la carretera Olmos-Marañón por el paso de Porculla, una ruta que interconecta la costa, sierra y selva del Perú (Vigil, 2011, 116). Aquella realidad, señalaba Marín, se presentaba de manera compleja y cuando se trataba de temas militares, debían agregarse muchos factores que no siempre eran bien conocidos. A pesar de aquellas circunstancias se tenía que actuar, pero si se esperaba una completa información sobre el adversario para poder actuar, ello equivaldría a decidirse a posteriori o prolongar por más tiempo la acción. De lo contrario, si se decidía ejecutar la operación sin mayor análisis, imaginando determinadas posibilidades y asumiendo como si estas fueran verdaderas e invariables, ello sería decidirse a priori, actuando con una idea preconcebida y, por tanto, exponerse a mayores sorpresas (Toche, 2008, 105). Sobre lo anterior, debemos señalar que Marín empleó la prospectiva, que nos permite crear los posibles escenarios y en los que se pueden ensayar las respuestas a las diferentes situaciones, en tiempos de paz, para luego aplicar la mejor resolución cuando estos hechos se hicieran realidad. De esta manera, la influencia de Marín confirmaría entre los militares peruanos el procedimiento a realizar: El “método” conduciría al descubrimiento de la realidad (Toche, 2008, 106). De esta manera, Marín creaba una doctrina peruana propia de defensa nacional, la que tenía como fin esencial, el bienestar y la satisfacción del ser humano. Esto se podría resumir de la siguiente manera: Un peruano contento con lo que su Estado le proporciona, estará siempre dispuesto a defenderlo para no perderlo (Taype, 2018).

3.8. “FUERZAS VIVAS” Y LA EFECTIVIDAD DE LAS FUERZAS ARMADAS Marín señalaba que las Fuerzas Armadas y la eficiencia de estas durante un conflicto dependen de la potencialidad moral y material, a lo que llamó “Fuerzas Vivas”. ¿Qué significa aquello? Que la fuerza y capacidad de un ejército carece de valor si no tiene detrás una retaguardia sólida desde el punto de vista moral y material (Villanueva, 1972, 42). Esto puede complementarse con la siguiente cita: Esto es evidente para nosotros, sin remontarnos a la historia, puesto que nos ha sido dado presenciar el hundimiento de ejércitos de los más aguerridos, por la desorganización del frente interno y la quiebra de los valores morales de su nación y para que no haya lugar a dudas, hemos visto también que la solidez en ese frente y firmeza de esos valores morales, han sido premiados con la victoria, a pesar de los serios reveses iniciales en el campo de batalla (Vigil, 2011, 122). No solo basta contar con material bélico moderno y personal militar capacitado, sino que esto se ve reforzado con una población que se siente animosa en defender a su país, donde el amor a su patria sea constante Realizaremos estudios y trabajos que nos permitan determinar dónde está y cómo se haya estructurada nuestra propia potencialidad […] para apreciar nuestras posibilidades de acción, como para abstraer de esos estudios el método para investigar la potencialidad y posibilidades consecuentes de un país cualquiera (Marín, 1951, 1).


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En resumen, las Fuerzas Vivas representan la disponibilidad de reemplazos y abastecimientos en la cantidad y con la oportunidad debida durante el desarrollo del conflicto, las que garantizan la efectividad de las fuerzas militares.

A simple vista, ambos conceptos –defensa y desarrollo– no tienen nada en común; sin embargo, Marín se encargó de demostrar que estos conforman un binomio en favor del bienestar del ser humano: “Defensa nacional y progreso del país no pueden pues, oponerse, puesto que son dos finalidades supremas que se alcanzan por los mismos medios” (Marín, 1951, 10-11). Para lograr el “desarrollo” del hombre –y de su país– este necesita contar con la tranquilidad, que solo puede ser garantizada con la “defensa” -a través de las Fuerzas Armadas- por ejemplo. El desarrollo nacional no se puede dar si no existe un ambiente de paz, tanto interna como externamente, situación que solo se logra cuando existe una defensa nacional disuasiva y eficaz. Esta, a su vez, no será posible si no cuenta con los medios materiales y espirituales necesarios que solo el desarrollo nacional puede crear y fortalecer. Este criterio, frente al falso dilema de “desarrollo o defensa” nos sitúa en una perspectiva que permite una solución integral que rechaza las concepciones unilaterales (CAEN, 2010, 35). Como hemos podido apreciar, el desarrollo y la defensa nacional son conceptos estrechamente ligados. Es por ello que la instrucción que brindaba el CAEM a los coroneles tenía como objetivo definir la relación militar con los principales problemas que generaban el subdesarrollo del Perú. Es gracias a ese tipo de análisis impulsado por Marín Arista y que desarrollaban los participantes del referido centro a principios de los años cincuenta, la convirtió en la institución más importante para el esclarecimiento del creciente interés de los militares y su colaboración con el desarrollo (Masterson, 2001, 200-201). Desde el comienzo, el general Marín dejó establecido que esta preparación y su correspondiente estudio se harían dentro de la perspectiva de la defensa nacional, porque la preparación para el alto mando se inicia con el estudio del proceso de la política general del Estado. No se puede afirmar que se tiene unas Fuerzas Armadas eficientes en caso de guerra, si no se tiene la certeza de que el desarrollo del potencial nacional se haya técnicamente orientado e impulsado para producirlo en la movilización con la potencia moral, técnica y material requerida. Esta fue la razón por la que el general Marín dio importancia a la investigación del potencial de la nación. Si bien al comienzo de este estudio estuvo vinculado a los problemas militares, conforme se fue perfeccionando hacia la doctrina de la defensa nacional, estos estudios se fueron incrementando (CAEN, 2000, 50). De esta manera, en el concepto de defensa nacional que se impartía en el CAEM, el desarrollo económico y social eran componentes fundamentales de la seguridad nacional. Como resultado de su análisis, se consideraba que una nación subdesarrollada y dependiente como el Perú era extremadamente vulnerable a amenazas internas y externas.

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Desde la perspectiva doctrinaria, el Ejército, a través del CAEM, consideró urgente “promover el desarrollo del país como medio de defender la seguridad nacional en sus componentes externos e internos” (CAEN, 2000, 43). Marín fue desarrollando desde el comienzo su tesis sobre la concordancia entre las Fuerzas Armadas y las fuerzas vivas. Este “binomio pueblo-Fuerzas Armadas”, original, fuertemente orientado a las necesidades militares, sería ampliado en los años siguientes en la elaboración de la variante peruana de la tesis de seguridad nacional. La seguridad nacional, afirmaban los ideólogos del CAEM, no es solo seguridad militar, sino también seguridad económica y social (Kruijt, Torres; 1991, 38).

3.9. EL DESARROLLO Y DEFENSA NACIONAL Cuando escuchamos las palabras “Defensa Nacional”, lo primero que se nos viene a la mente son las imágenes de soldados marchando, el vuelo de aviones de combate, el desplazamiento de tanques, buques, satélites y demás artefactos militares, relacionándolos inmediatamente con la guerra. Por el contrario, si escuchamos o leemos las palabras “Desarrollo Nacional”, imaginamos inmediatamente la construcción de caminos, puentes, industrias, y demás infraestructuras.

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Es por ello que: No hay Desarrollo sin Defensa, no hay Defensa sin Desarrollo, como alguna vez lo manifestó en una de sus alocuciones el general de división José del Carmen Marín Arista.

3.10. S OBRE LA GUERRA En alguna oportunidad, en una conferencia dictada en el Círculo Militar del Perú, el general Marín señalaba que “la guerra exigía una enormidad y variedad de medios y, consecuentemente, cifras astronómicas de recursos financieros para obtenerlos. Nos encontramos, pues, en presencia de una guerra de materiales” (Toche, 2008, 107). Es allí donde se encuentra uno de los puntos en que adolecía la defensa del Perú. Ello como consecuencia de que nuestro país poseía solo un incipiente desarrollo de su industria, el cual nos obligaba a importar muchas de las cosas que se necesitaran durante un hipotético conflicto bélico, exigiendo ello la inversión de ingentes cantidades de dinero. Es por ello que la economía, industria y finanzas, se convertían en el nervio principal de la parte material de la guerra por aquel entonces. La preparación de las Fuerzas Armadas no debe ni puede contemplarse aisladamente, sino dentro del conjunto de las medidas y previsiones integrales de preparación del país para su defensa (Marín, 1951, 20). ¿Estábamos en capacidad de construir aviones de combate a gran escala? ¿Podríamos reemplazar nuestras “fábricas de mantequilla” por las de tanques, como alguna vez lo manifestó Adolfo Hitler en la Alemania nazi? ¿Nuestros ingenieros industriales y obreros tendrían la capacidad de desarrollar una industria en tiempos de guerra? ¿Nuestros recursos económicos permitirían sostener un conflicto prolongado? ¿Las autoridades políticas tendrían el suficiente conocimiento para tomar las mejores decisiones ante una contienda bélica? Todos estos elementos, recomendaba Marín, debían tenerlos presentes los caenistas a la hora de analizar nuestra defensa nacional, los mismos que necesitaban ser recreados en simulaciones de guerra, en las que debían tener presente el accionar de nuestras “Fuerzas Vivas”. Rapidez para crear y aplicar nuevos medios y procedimientos que permitan hacer frente a las sorpresas técnicas que se revelarán en el campo de batalla. Para lograrlo, parece paradójico, se requiere el estudio paciente, reflexivo y metódico de nuestra propia realidad y de nuestros problemas de guerra, con la tranquilidad que nos proporciona el período de paz en que vivimos y que, quiera Dios, no sea nunca interrumpido13. 13

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RMP 1951: 66-67.

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Si la defensa era integral, requería, por lo tanto, unidad en su dirección y el control de los objetivos, así como coordinación entre los diferentes organismos encargados de la ejecución.

EE.UU. envió misiones para asesorarnos. Ante ello, Marín manifestó que se debía ir creando una doctrina propia, acorde con nuestra naturaleza geográfica, política, económica, social y cultural.

Esto planteaba la necesidad de unificar el comando de las Fuerzas Armadas, pero sobre todo la reorganización del Estado bajo la perspectiva de la seguridad. No olvidemos que entre las propuestas hechas por la comisión liderada por Marín, creada en diciembre de 1948, se señalaba la necesidad de contar con un Ministerio de Defensa, aunque este recién se creó después de casi cuarenta años.

En resumen, estudiar todos aquellos campos para plantear las soluciones donde actuase el soldado peruano, que si este se había visto influenciado a través de su historia republicana por doctrinas como la francesa, alemana de manera breve, y estadounidenses, ahora era el momento de buscar una propia (Vigil, 2011, 119). Es allí donde resaltaría el importante aporte del pensamiento Marín.

De esta manera, el Estado debía responsabilizarse, de acuerdo al pensamiento de Marín, de diseñar y llevar a cabo políticas destinadas a la libertad económica, al progreso y bienestar material del país, todos estos factores íntimamente ligados con la defensa nacional (Toche, 2008, 108).

Y respecto a las relaciones entre los estados, Marín en una reunión en el Rotary Club de Lima, en 1960, expresó lo siguiente:

A ello debe agregarse que oficiales contemporáneos con Marín, una década antes de fundarse el CAEM, escribían artículos respecto a las consecuencias que traía consigo la nueva forma de la guerra. Sin embargo, fue Marín quien plasmó aquel pensamiento de la defensa nacional adaptada a nuestra realidad. Hacia mediados del siglo XX, era común ver a los ejércitos organizarse bajo nociones tales como la Guerra Integral o la Guerra Total, sujetándose a lo establecido por Erich Ludendorff en 1935, que significaba el uso intensivo de los recursos, así como la ampliación del teatro de operaciones a prácticamente cualquier terreno, tanto en el bélico en sí, como en el económico, social y político. Durante los años cuarenta, algunos militares peruanos, como los generales Marcial Romero Pardo y Felipe de la Barra, habían comenzado a publicar artículos que pretendían analizar las consecuencias de la nueva forma de la guerra. Estos autores daban énfasis a la necesidad de modificar el rol tradicional del cuerpo de oficiales, e incluir una mayor conciencia de los factores económicos, políticos y sicológicos que subyacían en el poderío militar del país. A partir de entonces, la potencia militar de un país comprendía dos términos absolutamente inseparables: Por un lado, las Fuerzas Armadas, y por otro, lo que la doctrina denominaría “Fuerzas vivas de la nación” (Toche, 2008,107).

3.11. ADAPTARNOS A NUESTRA REALIDAD El general Marín también observó, desde sus inicios como oficial del Ejército, que aún perduraba una suerte de dominación o conservadurismo mental en cuanto a reglamentos tácticos basados en estudios y análisis de realidades muy diferentes, sintiendo la necesidad de elaborar estudios estratégicos independientes, doctrinariamente de cánones extranjeros, constituyéndose en un doble reto para él, pues tendría que luchar contra aquellos que preferían mantenerse en el statu quo de los reglamentos y demostrarles la viabilidad de una doctrina nacional que él desarrollaría para la defensa nacional, la que comprendería los factores políticos, sociales, económicos, militares y geográficos (Vigil, 2011, 118). Como consecuencia del triunfo de los países aliados en la Segunda Guerra Mundial, sus ejércitos se convirtieron en modelos a seguir, particularmente de los Estados Unidos. El Perú no fue ajeno a ello y a partir de 1950, se vería influenciado por doctrinas militares estadounidenses, a razón que

La verdad, la sinceridad y la franqueza, son las únicas que pueden crear y mantener la amistad y las buenas relaciones entre los hombres y entre los pueblos (RCL, 1960, 20).

CONCLUSIONES: Como hemos podido apreciar, el pensamiento del general de división José del Carmen Marín Arista no solo tuvo en cuenta los aspectos netamente militares. Por el contrario, también analizó los diferentes aspectos que influyen en la sociedad civil y como ellos están también ligados con elementos que muchas veces se creen que son exclusividad de los militares: El desarrollo y la defensa nacional. Su pensamiento se caracterizó por priorizar el bienestar del ser humano, curiosamente impulsado por un hombre formado para la guerra, convirtiéndolo en humanista. A diferencia de los militares de la época, Marín fue un militar dialogante, de una capacidad intelectual que le permitió analizar la realidad de nuestro país y convertirlo en un hombre adelantado a su época. Humilde, sencillo pero de gran inteligencia, fue lo que caracterizó la personalidad del general Marín Arista. Lo anteriormente señalado es una muestra de la doctrina que construyó y difundió, donde la experiencia y los avatares en su vida personal y profesional, así como la interacción de estos con la realidad que lo rodeaba, le permitieron a Marín formar aquel pensamiento doctrinario adaptado a nuestro medio. Dos frases se convirtieron en los pilares del pensamiento de José del Carmen Marín Arista: “La ideas se exponen, no se imponen” y “Con voluntad y sabiduría, se asciende a la gloria”, los que vienen siendo difundidos por el Centro de Altos Estudios Nacionales, su máxima obra.


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FUENTES CONSULTADAS: Centro de Altos Estudios Nacionales 2000 CAEN, 50 Aniversario. Lima. Centro de Altos Estudios Nacionales 2010 Planteamientos doctrinarios y metodológicos del Desarrollo, Seguridad y Defensa Nacional. Chorrillos: CAEN. Kruijt, Dirk; Torres, Edelberto 1991 América Latina: Militares y sociedad – II. San José: FLACSO.

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Archivo General del Ejército (AGE). Legajo personal del general de división José del Carmen Marín Arista. OGE. Ministerio de Guerra-Estado Mayor General del Ejército. Lima, 20 de enero de 1928: 2. Taype, Jaime. Insurrección naval del 3 de octubre de 1948. En Revista de Marina, Lima: Dirección de Intereses Marítimos del Perú, 2013, No 106, 3. Revista Mundial. 10 febrero de 1922, año II, No 91. Lima. Revista Militar del Perú, 1931. http://www.caen.edu.pe/wordpress/institucion/quienes-somos/

Marín, José del Carmen 1951 Trabajos de la comisión de proyectos de leyes y disposiciones fundamentales. Lima: Imprenta del Ministerio de Guerra. Masterson, Daniel 2001 Fuerza Armada y la sociedad en el Perú moderno: Un estudio sobre las relaciones civiles militares 19302000. Lima: Editorial del Instituto de Estudios Políticos y Estratégicos. Rotary Club de Lima 1960 El Protocolo de Río de Janeiro. Conferencia ofrecida por el general José del Carmen Marín. Lima. Sun Tzu 1999

El arte de la guerra. Santafé de Bogotá: Panamericana Editorial.

Taype, Jaime 2018 Vida y obra del general de división José del Carmen Marín Arista. Lima: Centro de Altos Estudios Nacionales- Instituto de Estudios Históricos del Ejército del Perú. Toche, Eduardo 2008 Guerra y democracia. Los militares peruanos en la construcción nacional. Lima: CLACSO-DESCO.

AGRADECIMIENTOS: Centro de Altos Estudios Nacionales. Gral. de Div (r) Francisco Vargas Vaca.

TTE. EP JAIME MIGUEL TAYPE CASTILLO Oficial de Ejército del Perú y Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV), con maestría en Desarrollo y Defensa Nacional en el Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN). Obtuvo el primer puesto en el concurso nacional de tesis en Historia 2013, organizado por la Asamblea Nacional de Rectores (ANR) y CONCYTEC. Ha realizado el Curso Básico de Derecho Internacional Humanitario del Ministerio de Defensa y el Programa Básico de Ciencias Sociales e Informaciones en la Escuela de Operaciones Sicológicas del Ejército. Publica artículos de Historia Militar y Naval en las revistas de la Escuela Conjunta de las Fuerzas Armadas, en el Ejército y la Marina de Guerra del Perú, Asociación de Historia Marítima y Naval Iberoamericana (España e Italia), articulista invitado del diario La República.

Vargas, Francisco 2014 Marín, ejemplo a seguir. Lima: Fondo editorial Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Vigil, José 2011

Concepción humanista del fundador del CAEN. En la intelectualidad peruana del siglo XX ante la condición humana, tomo III, 1a Ed. Lima: María Luisa Rivara de Tuesta Editora.

Villanueva, Víctor 1962 El militarismo en el Perú. Lima: Empresa gráfica T. Scheuch S.A. Villanueva, Víctor 1972 El CAEM y la revolución de las Fuerzas Armadas. Lima: Instituto de Estudios Peruanos - Campodónico Editores.

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PE NSA M IE N TO GA RGU R E V ICH

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DI NA M I Z A N DO E L E ST U DIO DE L A HISTOR I A M IL I TA R POR: CORONEL EP ENRIQUE GARGUREVICH GODOY

Según lo detalla el general Francisco Morales Bermúdez en su obra, Filosofía Militar, la historia nos hace conocer las guerras y batallas antiguas y modernas y los ambientes en que ellas se desarrollan, los hombres que las prepararon y condujeron, las ideas que estos poseían y los modos especiales de actuar que los caracterizaron (Morales Bermúdez.2000). Por su parte el general Roberto Arancibia en su obra Introducción a la Historia Militar, nos indica que la Historia Militar, es el estudio del quehacer de los militares en el tiempo, sin limitar ese estudio específico al ámbito militar, sino relacionándolo con los factores políticos, geográficos, económicos, tecnológicos y sociológicos de su entorno (Arancibia.2014). Por consiguiente, en la actualidad, según detalla la Escuela Superior de Guerra del Ejército del Perú, en su Metodología de la Investigación en Ciencias Militares, el estudio militar de la guerra, no se puede circunscribir solo a las operaciones militares o al empleo coercitivo de la fuerza, sino que es más que eso y estudio de la Historia Militar también (ESGE. 2015). Por todo ello surge, tal y conforme señala el general Morales Bermúdez en su obra Filosofía Militar, la figura del historiador militar, el cual tiene su máximo representante, en el general Johans Delbruck, el cual, habiéndose desempeñado desde inicios del siglo XX, en el asesoramiento de los Estados Mayores Militares, de varios Ejércitos del continente europeo, parte del conocimiento exacto de los antecedentes militares, teniendo como punto de partida en aquellas circunstancias, el nuevo método científico aplicado a los acontecimientos militares del pasado, la concordancia entre la estrategia militar y la política, sin perder de vista que la guerra tiene su propia gramática, pero no su propia lógica (Morales Bermúdez.2000). Tenemos, por lo tanto, tres pensadores militares dedicados a la transformación del proceso del estudio de la Historia Militar en el Ejército del Perú. El primero de ellos es el general Carlos Dellepiane Alonzo, quien nos indica en su obra Historia Militar del Perú que la Historia Militar, es la más alta Filosofía de la Guerra, constituyendo la parte científica de los conocimientos relativos a ella (Dellepiane.1932). Es indudable que el proceso que involucra el estudio de la Historia Militar, para el general Carlos Dellepiane Alonzo, es el proceso de sistematización, entendido como la interpretación crítica de una o varias experiencias que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, produce una lógica del proceso, de los factores que han intervenido en él y como se han relacionado entre sí (ESGE.2015).

Coronel Enrique Gargurevich Padre.


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El siguiente pensador militar que aborda el método de estudio de la Historia Militar es el general Felipe de la Barra Ugarte, quien en su obra La Historia Militar y sus fuentes nos detalla que la Historia Militar es un libro abierto a la ciencia y el arte de la guerra y como consecuencia la luz que ilumina su conocimiento y a la vez es fuente de inspiración para el oficial del Ejército del Perú (De la Barra.1959). Podemos inferir que el proceso que involucra el estudio de la Historia Militar, para el general Felipe de la Barra Ugarte, es el proceso de difusión, por el cual se procede a la comunicación de las experiencias adquiridas en un determinado proceso con una finalidad determinada y con objetivos claros y específicos (ESGE.2015). A través de la creación del Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú, en el año de 1949, el general Felipe de la Barra Ugarte, quien ejerció la Presidencia de dicha institución dedicada a la investigación y difusión de la Historia Militar en el Perú hasta el año de 1978, sentó las bases del proceso del estudio de la Historia Militar, que había iniciado unos años antes el general Carlos Dellepiane Alonzo, al desarrollar la sistematización de la Historia Militar a través de su extensa obra. Sin embargo, el estudio de la Historia Militar, debería afrontar otro importante proceso, el cual estuvo a cargo del coronel Enrique Gargurevich Padre, quien se desempeñó desde 1949, año de la fundación del Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú y durante cuatro años consecutivos, en los grados militares de teniente y de capitán como Secretario Personal del general Felipe de la Barra Ugarte. El proceso al que estamos haciendo referencia que emplea el coronel Enrique Gargurevich Padre, es el proceso de dinamización, entendido como el impulso que recibe una determinada experiencia para que pueda revitalizar su proceso de realización (ESGE.2015). Por lo tanto, en el proceso de la Historia Militar en el Ejército del Perú, para pasar del método no científico de estudio, representado por el relato oral o escrito y la anécdota histórica, al método científico, en una primera fase este iniciado por el general Carlos Dellepiane Alonzo, quien realiza el proceso de sistematización del estudio de la Historia Militar. Posteriormente el general Felipe de la Barra Ugarte, desarrolla en una segunda fase el proceso de difusión del estudio de la Historia Militar y en una tercera fase el coronel Enrique Gargurevich Padre, desarrolla el proceso de dinamización del estudio de la Historia Militar. Durante su permanencia en la Escuela Militar de Chorrillos, entre los años de 1940 a 1943 y posteriormente en sus primeros años de oficial del Ejército del Perú, en la guarnición de Arequipa y otras guarniciones del sur del país, hasta el año de 1949, en que se integra como Miembro Fundador del Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú, el capitán Enrique Gargurevich Padre, observa una realidad preocupante en cuanto a la sistematización y difusión de la Historia Militar en el Ejército del Perú. Los estudios relacionados con la Historia Militar, si bien es cierto son científicos porque se encuentran sistematizados y se produce una difusión adecuada de su existencia, carecen de dinamismo, no existe una actitud revitalizadora y están condenados a caer en el escolasticismo de muchas materias como la teología, la gramática o la retórica del mundo antiguo. El en ese entonces, capitán Enrique Gargurevich, que ha estudiado profundamente el Arte de la Guerra y la Historia Militar General, a través de los tratados de Sebastien Vauban, de Karl von Clausewitz y de Antonie de Jomini, entre otros padres de la estrategia y que ha tenido oportunidad, por su dominio del idioma inglés, de viajar a los EEUU y realizar varios cursos en ese país, se percata, que la mejor opción para consolidar el estudio de la Historia Militar en el Ejército del Perú, es proceder a desarrollar el proceso de dinamización de la Historia Militar. Con tesón y ahínco, el entonces capitán Enrique Gargurevich, le agrega al estudio de la Historia Militar,

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un segundo proceso que es el proceso de conocimiento didáctico, entendido como un conocimiento que es adecuado o ha sido diseñado con la finalidad de la enseñanza (ESGE.2015). Armado, con estos dos procesos y luego de culminar exitosamente la Escuela Superior de Guerra del Ejército, graduándose en el XXIV Curso de Estado Mayor del Ejército, el mayor Enrique Gargurevich, se aboca a la enseñanza de la Historia Militar en los diferentes centros de formación, perfeccionamiento y especialización del Ejército del Perú. Además de haber tenido, una primera experiencia, en el empleo de Instructor de la Escuela Militar de Chorrillos, en los grados de teniente y capitán, donde da forma a sus ideas realmente innovadoras para la época, se desempeña, además, en forma dinámica y didáctica en el estudio de la Historia Militar, de Profesor de la Escuela Superior de Guerra, en los grados de mayor y teniente coronel y de coronel como Catedrático en el Centro de Altos Estudios Nacionales-CAEN. Al pasar a la situación militar de retiro, con el grado de coronel, se dedica con el dinamismo y la vitalidad propios de su personalidad, a la enseñanza de la Historia Militar, en la Escuela Militar de Chorrillos, ocupando el cargo de Catedrático Principal de Cultura Militar, el cual desempeñó desde el año de 1978, hasta el año de 1988, en forma ininterrumpida. En todos estos años, formó en el estudio de la Historia Militar a generaciones de cadetes, en oficiales del Ejército del Perú, los cuales tienen todos, un grato recuerdo del método dinámico y didáctico que tenía el coronel Enrique Gargurevich Padre, de impartir su cátedra. Para dar una idea de los cambios que se produjeron en la Cátedra de Historia Militar, de la Escuela Militar de Chorrillos, de la Escuela Superior de Guerra del Ejército y del Centro de Altos Estudios Nacionales, recordemos que, por primera vez, se emplearon las herramientas interactivas, para la tecnología de la época, con la proyección de películas bélicas, a través del empleo de proyectores adquiridos, en forma personal por el catedrático en los EEUU o en el empleo de proyectores de slides, entre otras herramientas. Pero sobre todo lo que le dio impulso a las academias, del ya reconocido coronel Enrique Gargurevich Padre, fueron las caracterizaciones de los grandes Capitanes de la Historia, evento que ocasionaba inicialmente el asombro y posteriormente, la admiración de los alumnos, al observar que su catedrático en forma camaleónica, podía representar en pocos días, al emperador Napoleón Bonaparte, al duque de Wellington, al general Dwight Eisenhower, al mariscal Erwin Rommel, al mariscal Bernard Montgomery o al general George Patton, la cual era su favorita. La muerte le sobrevino al coronel Enrique Gargurevich Padre, en el año de 1992, tan solo a cuatro años de su retiro de la actividad docente, dejando en el medio académico de la sociedad peruana y en el medio militar del Ejército del Perú, un profundo vacío, que aún no ha sido llenado. Con sorpresa y emoción, aún podemos apreciar que sus principales obras publicadas como son Los Próceres de la Independencia del Perú, en 1961, el Ensayo Biográfico sobre el Mariscal Castilla en 1965 y La Historia de la Emancipación del Perú en 1967, son las obras más consultadas por niños y jóvenes estudiantes, en la Biblioteca del Centro de Estudios Histórico-Militares, del cual fue Miembro Fundador, en el año de 1949. Para el coronel Enrique Gargurevich Padre, como para el coronel Enrique Gargurevich Hijo, quien escribe este ensayo, la Historia Militar, no era su profesión, o un pasatiempo al cual dedicar su existencia. La Historia Militar, era su vida y dedicó esa asombrosa vida, al proceso de hacerla más dinámica y más didáctica para las generaciones futuras de Oficiales del Ejército del Perú y de alumnos estudiantes de todos los niveles.


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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS • ARANCIBIA Roberto (2015) Introducción a la Historia Militar. Santiago. Impresores de Chile. • ARCHIVO GENERAL DEL EJÉRCITO DEL PERÚ (2018) Legajo Personal del coronel Enrique Gargurevich Padre. San Borja. CGE. • DE LA BARRA Felipe (1959) La Historia Militar y sus fuentes. Lima. CEHMP • DELLEPIANE Carlos (1932) Historia Militar del Perú. Buenos Aires. Círculo Militar Argentino • ESCUELA SUPERIOR DE GUERRA DEL EJÉRCITO DEL PERÚ (2015) Metodología de la Investigación en Ciencias Militares. Lima. ALASPE. • ESCUELA SUPERIOR DE GUERRA DEL EJÉRCITO ARGENTINO (1977) historia Militar. Buenos Aires. Círculo Militar Argentino. • GARGUREVICH Enrique Padre (1967) Historia de la Emancipación del Perú. Lima. CEHMP. • GARGUREVICH Enrique Hijo (2017) Peruanos y Soldados en la Independencia. Lima. APART Impresores • MORALES BERMÚDEZ Francisco (2000) Filosofía Militar. Lima. AFA Editores

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El Instituto de Estudios Históricos del Ejército del Perú expresa su agradecimiento a las siguientes empresas e instituciones que han hecho posible la realización de este importante trabajo editorial:


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Soldados pensadores militares del Perú  

Publicación de Grupo Imagen de Ejército del Perú por su 195 Aniversario

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