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A RTE, C ULTURA, S OC IEDAD Y DESTINOS

The Business Club Magazine Nº — 80

MODELO PARA EL CRECIMIENTO INTEGRAL DE LA PERSONA Tercera parte Adalberto José Reiter Elizondo adalberto.reiter@integro.mx

Tras haber explicado ya el primer movimiento, cultivarse, y sus cuatro componentes, revisaremos ahora el segundo movimiento hacia un crecimiento humano integral: compartirse. Antes de abordar el segundo movimiento, debemos detenernos a analizar otra pieza fundamental en todo proceso: el contexto. El contexto incluye todo aquello que rodea, ya sea física o simbólicamente, a un suceso o a una persona. Todos estamos inmersos en un contexto, el cual es producto de las circunstancias, de las experiencias y del significado que se les da a éstas. Podemos decir que nunca estamos aislados, sino que interactuamos incesantemente con todo lo que hay en nuestro entorno. Este proceso de interacción es algo que siempre está presente. Es a partir de la relación con el contexto que los acontecimientos toman su significado. Bien decía Paul Watzlawick que toda comunicación tiene dos aspectos ―contenido y relación― y que la relación determina el contenido. Esto queda claro con un simple ejemplo: no es lo mismo darle una orden a un colaborador que darle la misma orden al jefe; el significado de la comunicación cambia en función de la relación, es decir, del contexto. Por ello es que resulta importante tener conocimiento y, en cierto grado, control de los procesos de interacción. Es a través de la relación con el contexto que podemos cultivarnos y compartirnos. 2. Compartirse: Es la acción de disfrutar de lo propio en conjunto con los demás. Implica un movimiento desde uno mismo hacia los demás; es donar, entregar y, por el hecho de hacerlo, se genera un especial gozo en la persona. El concepto de cultivarse descrito en el primer movimiento pierde sentido y profundidad si no se comparte con quienes están en el contexto personal. Más aún, en la interacción con los demás el crecimiento se potencia, se hace mayor, y por ello es que este flujo hacia los otros le da relevancia y sentido. Crecer para uno mismo y sólo para uno mismo termina por carecer de valor. Por el hecho de ser entes sociales requerimos compartir con los demás. Este segundo movimiento viene a complementar el de cultivarse. La acción de compartir va impulsando el crecimiento de personas y comunidades al margen del ámbito en el que se haga. La humanidad requiere de elevar el sentido con el que nos vamos compartiendo unos con otros. Al igual que en el movimiento de cultivarse, en el de compartirse reconocemos cuatro elementos básicos que se mueven de forma circular. Describiremos hoy los dos primeros: - Conectividad: En términos humanos, es la capacidad para estar en contacto, es decir, conectado con los demás. Hoy en día el término es muy recurrido, particularmente con todo lo que tiene que ver con los medios electrónicos que nos permiten mantener e intensificar la relación. Un hecho claro de la importancia de la conectividad la encontramos en el cerebro. El potencial y la capacidad del mismo dependen de la complejidad de sus conexiones neuronales. De poco o nada sirven las neuronas aisladas. Lo mismo ocurre en términos de relaciones interpersonales: necesitamos

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construir una red de conexiones para poder compartir con los demás. Así es como cobra sentido e importancia estar cultivados. No basta con conocer a los demás, sino que se requiere de construir esa cercanía que permite lograr la apertura hacia ellos. Así pues, las conexiones son indispensables para poder llegar a otros ámbitos y compartir con los demás lo que el proceso de cultivarnos nos ha proporcionado. La conectividad se puede lograr de muchas formas, hasta de forma casual, pero sólo se refuerza a partir de los tres elementos que siguen. - Creatividad: Es la capacidad básica en la que se sustentan las actividades que llevan a crear, desarrollar, inventar, ingeniar e innovar. En el proceso de compartir se tendrá mayor éxito en la medida en que se ofrezca a los demás cosas o ideas novedosas. La originalidad es parte de la creatividad y siempre será un factor que llamará la atención y tenderá a unir, ya que cuando se trata de novedades, éstas resultan atractivas y generan valor agregado, tanto para uno mismo como para las personas con las que estamos en contacto. Todo lo conocido con el tiempo va perdiendo valor, tanto en lo personal como en lo social. De ahí surge la necesidad de las personas de renovarse. Así que la creatividad suele enfocarse a la generación de nuevas ideas, conceptos, asociaciones o productos y se sustenta en la capacidad para visualizar o imaginar algo nuevo y luego crearlo. Por ello es que podemos decir que la creatividad permite resolver problemas nuevos y ofrecer mejores alternativas a las personas con las que interactuamos. Así es como se refuerza la conectividad y, con ella, la posibilidad de compartirse con los demás. En el próximo número de BCM veremos los dos últimos componentes de compartirse y el tercer y último movimiento hacia un crecimiento integral de la persona.

ABRIL / MAYO


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