Page 1

Todos los días es lo mismo en esta parada de autobuses, los micro buses van tan llenos que parecen una lata de sardinas y los pasajeros casi vamos en una posición de yoga con las articulaciones todas dobladas tratando de entrar al reducido espacio del transporte. Pero no hay otra alternativa en esta colonia. Bien podría irme en autobus, pero se tarda el doble de tiempo en llegar al centro de la ciudad que el microbús. Así que, a pesar de la incomodidad, prefiero ir todo apretado. Además la música que pone el motorista es bien loca, siempre pone ese perreo toxico que a veces hace mover a las chavas que van sentadas (y algunas que van paradas). Y precisamente ayer conocí a una bicha que iba sentada en el último asiento, no paraba de masticar un chicle y de ver por la ventana. Cuando tuve chance de sentarme a la par de ella, lo hice, y le pregunte: —Hey, qué ondas bicha… ¿Qué rifás? — ¡Puta! Vos crees que yo soy marera va, maje…—me dijo —No te enojés pues… ¿vos vivís en la Chintu,va?—le pregunté — ¡Qué te importa!—me recrimino y no paraba de masticar el chicle No sé, pero las bichas que son así de violentas me excitan tanto por que no les importa nada. Por eso le seguí diciendo: — ¿Va qué vos estudiabas en el Colegio Divino Salvador?... La bicha giró su cuello y movió levemente su cabeza en forma negativa y me dijo: —¡Vos no me conoces va maje!…mejor cállate el hocico si no querés tener problemas con el Normandie… PARTE I EL NORMANDIE… El Normandie es un reconocido marero que vive en la zona de Popotlan , es el hermano menor del “Sniper” a quien lo mataron por haber asesinado a un coyote de la zona de Chalatenango. Ambos hermanos, el Sniper y el Normandie, fueron deportados de los Estados Unidos hace un par de años. Dicen que el Normandie es un criminal patológico, mata desde que estaba pequeño. A mí me contó un carnal (de la misma pandilla que el Normandie) que la abuela vendía sopa de gallina en el mercado de Apopa y que fue ella quien le enseñó a matar y pelar gallinas al Normandie. Desde pequeño aprendió a matar, aunque fuera animales, pero las mataba con una rapidez y una saña sorprendente; Me contó también, mi carnal, al que le deciamos el Occiso, que el papá de esos vatos, emigró a los Estados Unidos para el tiempo de la guerra,


cuando el Normandie apenas tenia dos años. Después mandó a traer a la mamá, pero me contó que a la señora la violaron y mataron adelante de Tenosique en México, y nunca se supó nada del cuerpo; nunca lo encontraron. Despues de ese incidente, mandaron a traer al Sniper y al Normandie, y ya estando en Los Angeles fue que ingresaron a una pandilla y ahí los bautizaron con esos apodos: Normandie y Sniper. El Sniper, el hermano mayor, fue el primero en ser deportado. Lo senteciaron de por vida, es decir, lo castigaron para que nunca pusiera un pie de regreso en los Estados Unidos. Antes de llegar al país, estuvo cuerante y ocho meses preso en una cárcel de máxima seguridad en el condado de Los Angeles y después lo mandaron a una prisión federal en el estado de Colorado a la espera de la deportación; allí pasó otros nueve meses y por fin, despues de conocer recintos municipales, estatales y federales, llegó al país. Le contó a mi carnal que, cuando viajó, lo traían encadenado de pies y manos y que, durante las cuatro horas que duró el vuelo hasta San Salvador, no lo dejaron ni ir al baño; al llegar al Aeropuerto de El Salvador la Policia Nacional Civil le hizo quitarse la ropa y le fotografiaron todos los tatuajes que tenia en el cuerpo. Por cierto eran muchos. Un día me fui a vacilar a San Martín, me llevó mi carnal, el Occiso, y conocí al Sniper. Los brazos los tenía totalmente tapizados de extrañas e incompresibles imagenes de rosotros y numeros, sin embargo había otros que si eran bastante claros, como la imagen de su hija en el pecho derecho, la imagen de su mamá en el pecho izquierdo, a un guerrero azteca (o lo que parecía ser un guerrero) en un hombro y al “Che” Guevara en el otro, en el estomago tenia tatuadas unas palabras bien grandes que se leian PACOIMA y en la espalda a la virgen de Guadalupe y un escudo bien grande de El Salvador, además de tener unas letras minúsculas en la parte trasera del cuello que se leían Sniper. Esa tarde que lo conocí, me contó que, el día que llegó, nadie lo esperaba en el Aeropuerto y no traía dinero ni para comprar un bolsa de semilla de marañon. Solamente lo acompañaba una dirección mal escrita en un papel rayado; era la dirección de su tio Alberto, el único familiar que residía en El Salvador. Sin dinero y sin rumbo donde caminar, pasó toda la tarde en el aeropuerto junto con otros tres pandilleros que habían llegado en el vuelo que transportaba, estricta y semanalmente, a salvadoreños deportados de los Estados Unidos. Uno de esos pandilleros era conocido como el Wizard, un delincuente deportado, por segunda vez, de Hempstead, Nueva York, por varios crímenes menores, y a quien llegarían a traer a las cinco de la tarde. Ese pandillero les ofreció transporte a los otros tres compañeros de viaje.Y fue así que, mientras esperaban en el aeropuerto, el Sniper les dijo a las otras tres personas que su intención era regresar lo más pronto posible a los Estados Unidos, que él no podría vivir en El Salvador; les dijo que él ya no estaba metido en problemas y que tenia una esposa y una hija, pero que, por esas perversas (y a veces placenteras) casualidades de la vida, lo deportaron, todo porque un día de verano, en el que hacia un terrible calor, él junto con otros compañeros de


trabajo, habían pasado reparando el aire acondicionado central de un edificio y después de seis horas en el sótano caliente tratando de hacerlo funcionar, lo consiguieron; al terminar el trabajo, el jefe los invito a un restaurante de comida mejicana y los invitó a un par de cervezas a cada uno, él pidió una más y se despidió; cuando manejaba hacia su casa lo paró la policía por tener dañado un stop y al revisar los documentos y hacerle el alcohol-test, lo detuvieron, y el resto fue historia. Así que, les dijo bastantante decidido que, necesitaba conseguir dinero para regresare al norte. Si era necesario pagarle a un coyote, lo haría, pero el no podría quedarse mucho tiempo en El Salvador. Me contó que los llegaron a traer en un microbús lleno de jóvenes, la mayoría tatuados, y le dieron un aventón hasta el centro de la ciudad. Al llegar al parque Libertad, el Wizard le dijo: —Ta cabrona la cosa, vato, a dos cuadras de aquí pasan los microbuses de la 38, ahí pregruntá por el que va para Popotlán. Cuidate un chingo, carnal, porque en Apopa esta caliente la cosa. Ma---el Wizard le dio un billete de cinco dolares y un pedazo de papel---cuando querrás caerte a San Martín, solo pégame un fonazo, allí hay un vergo de raza para vacilar— Se despidieron y el Sniper caminó por las calles de San Salvador sin saber siquiera por donde se encontraba. Las personas al verle pasar, lo esquivaban o simplemente se cambiaban de acera, era evidente que los tatuajes, el pelo bien rapado y el la barba de chivo, generaban mucha desconfianza en los transeúntes. Luego de casi una hora deambulando por la ciudad, encontró la parada de autobuses. El Sniper tomó el microbus hasta Popotlan y ,con mucha dificultad, fue reconociendo el lugar donde había crecido cuando fue niño. Me contó que, sintió una gran impotencia y vergüenza al llegar sin dinero y sin ningún tipo de logro al lugar de donde había salido hacía quince años. Con la dirección mal escrita y preguntando con un español pesimamente pronunciado llegó a la casa del tío Alberto. El lugar ya no era aquella casa que tenia gallinas (y hasta un par de cuches) y donde se sentía el olor a comida a todas horas del día; Ahora el lugar se estaba cayendo a pedazos, la puerta estaba toda oxidada, las paredes agrietadas y las pocas pertenencias internas repletas de polvo. En la casa ya solo vivían el tío Alberto (que había enviudado hacía un año) y los hijos de él: Jorge y Mabel. Así que la bienvenida, además de sorpresiva, fue poco protocolaria, el tío Alberto simplemente mando a fiar una Coca Cola a la tienda cercana y eso fue todo. Jorge, el primo del Sniper, le contó que trabajaba como albañil en una zona exclusiva de San Salvador y le ofreció llevarlo para que trabajara mientras regresaba a los Estados Unidos. El Sniper, bastante agradecido, le dijo que Sí.


Al día siguiente, ambos salieron a las cinco de la mañana y tomaron el microbús rumbo al centro de San Salvador y luego de caminar dos cuadras tomaron un Autobús y al cabo de media hora estaban en el barrio exclusivo y nuevo de la ciudad. Jorge, invitó al Sniper a desayunar un par de pupusas antes de que llegara el encargado de la construcción y le contó que por trabajar ahí no le pagaban tan bien, pero era lo único que había podido conseguir. A las siete y media llegó el ingeniero y cuando vio al Sniper preguntó, un tanto soprendido, que quién era él, Jorge le dijo que era su primo y que necesitaba trabajo y podría servir para pegar ladrillos; El ingeniero lo vio de pie a cabeza y, sin pensarlo tanto, le dijo que le pagaría a cinco centavos por cada ladrillo pegado; el Sniper, sin hacer cuentas ni preguntar por horarios o beneficios, aceptó inmediatamente, pero, cuando se dio la vuelta, el tatuaje se le hizo evidente y el ingeniero, con cierto nerviosimo en las palabras, le dijo: —¡No! ...no, mira chamaco, mejor busca en otro lugar… —¿Por qué me dice eso?...yo puedo pegar los ladrillos, Mister—le dijo el Sniper —Mira, acá no queremos problemas, por favor, andate de aquí… —¡Necesito trabajar! no tendrá problemas conmigo—le reclamaba el Sniper El ingeniero un poco irritado llamó al vigilante y le dijo que sacara al Sniper y también despidió a Jorge a quien le dijo: —¡Te me vas, vos también! ¡Ala mierda! ¡Mareros hijos de puta!… De nuevo, en la parada de autobuses, el Sniper estaba verdaderamente irritado, se daba de cabeza contra un poste del tendido eléctrico y exhalaba —¡What a Fuck! ¡Shit, man!… Jorge,bastante resignado, le dijo que se calmara, "con la gente de pisto mejor no meterse", le repetía Jorge, "En la colonia hay un panadero que te puede dar jale, no te preocupés". Regresaron a la casa y el tío Alberto estaba tirado casi en la entrada de la colonia, estaba, profundamente, borracho. Después de una semana de ese incidente, el Sniper seguia sin poder trabajar. No tenía dinero ni para hacer una llamada telefónica a Los Angeles. Jorge, consiguió un nuevo trabajo en una construcción camino al Puerto de la Libertad y , cuando recibio el primer pago, le prestó veinte dólares al Sniper. Ya con ese dinero, el joven deportado, fue a comprar una tarjeta telefónica al centro de Apopa. Por fin, se comunicó con su--todavía--- esposa; sin embargo, Ana (Así se llamaba la esposa), le dijo que no tenia


dinero para estarle ayudando y que había gastado mucho en los papeles del divorcio que estaba ya por aprobarse. Era una situación bien difícil, después de quince años había regresado a su país por que el que se sentía orgulloso cuando estaba viviendo en Los Angeles, a tal punto que, y lo decía, en medio de lamentos, mato más de alguna vez en nombre de El Salvador y se tatuó el escudo nacional en la espalda, pensando que ser salvadoreño era lo mejor que le había pasado en la vida. Pero, estando de nuevo en el país, las cosas ya no tenían sentido, el quería vivir la vida de Los Angeles, la que extrañaba y con la que soñaba todas las noches, donde trabajaba y le alcanzaba para pagar un apartamento--medianamente desente--- en la calle Figueroa que daba directo al parque McArthur, también le alcanzaba para pagar un auto en el que iba cada dos fines de semana al centro comercial a comprar ropa para él, su esposa y , sobre todo, para su hija; le alcanzaba para comprar un doce de cervezas y ver los partidos de futbol o alguna que otra pelea. Esa era su vida, sin embargo, esa vida angelina no era compatible con la vida de los pobres en El Salvador, pues, su primo Jorge iba mes tras mes viviendo simplemente para no morirse de hambre, no tenia ni tres mudadas de ropa, un tan solo par de zapatos y unas chancletas de hule, y eso era todo. A su prima, Mabel, parecía que le iba un poco mejor, siempre se iba a las seis de la tarde a trabajar, decía que trabajaba de mesera en un bar de la calle Juan Pablo segundo y regresaba siempre de madrugada, con un hedor a cerveza y tabaco. Y su tío Alberto, bueno, él simplemente nadaba en el alcohol todos los días. Una vez al mes, le depositaban ochenta dólares de la pensión que se ganó trabajando para la Administración de acueductos y alcantarillas. Era un cadaver, imcomprensiblemente todavía con vida. Sin ningún oficio que hacer, pasaba muchas de las horas en una hamaca viendo el palo de mango que iba madurando los frutos. Me contó que más de alguna vez se identificó con los mangos, me dijo que de tanto pasar en la hamaca les puso nombre a cada uno de los frutos de un racimo e iba viendo como maduraban; Me decia, bastante serio, que una tarde se puso a pensar >. Las semanas pasaban y no conseguía ni una sola oportunidad de empleo, es que ese tatuaje en la parte trasera del cuello le delataba el kilometraje de la vida loca recorrida. Una mañana en la que hacía un fuerte viento que por poco y levantaba las viejas laminas del techo, llegó, bien borracho, el tío Alberto y le gritó al Sniper que la vida era una mierda, que su mamá se había partido la vida vendiendo sopa de gallina en el mercado y al único hijo que le ayudo para irse a los Estados Unidos fue a chepe (el papá del Sniper) y que él nunca le mando pero ni un dólar a la pobre vieja, pero si pago para mandar a traer a la esposa y a los dos bichos, y que ahora venia este sin dinero a pedir favores. El Sniper se enfureció tanto que agarró a patas la vieja puerta oxidada y le gritó al tío que se callara, pero el alcoholizado viejo seguía con la letanía de reproches. Antes de que pudiera golpear al viejo boracho, salió corriendo y se fue para el centro de Apopa. Justo cuando estab por bjarse del microbus, había un reten policial


que hizo bajar a todos los pasajeros, incluyendo al Sinper, y cuando le pidieron los documentos al joven deportado, este les dijo que no tenia ninguno. En ese momento lo detuvieron, lo esposaron y se lo llevaron a la bartolina de la delegación policial. A las tres de la tarde, de ese mismo día, llegaron los medios de comunicación y presentaron a un grupo de pandilleros acusados de varios delitos, mayoritariamente acusados de hurto y robo. El Sniper, injustamente, salió en la foto de los periodicos y paso tres días detenido hasta que el fiscal no presentó ningún tipo de requerimiento en contra de él. Es que su único delito era andar sin documentos y tener tatuajes. El segundo hecho---andar tatuado--- si era delito, pues unos meses atrás se había aprobado una extraña reforma legal para convertir en sospechoso delicitivo a toda persona que anduviera tatuada. Sin broma, varios musicos fueron detenidos como mareros. Sin embargo, el Sniper no era musico, pero tampoco era marero, había sido, pero en ese tiempo, simplemente, era un ciudadano tatuado. Bien tatuado. Antes de salir, de la bartolina policial, le devolvieron el celular,la cartera, tres dólares y dos monedas de veinticinco centavos. Cuando revisó la cartera vio la foto de su hija Estefanía y se le revolvieron las lágrimas. Sacó la imagen, le dio un beso y se la puso en el corazón, en ese momento cayo de la cartera el papel con el numero telefónico del Wizard. En medio de la tristeza y la desesperación marcó ese numero y le dijo, al otro pandillero deportado, que necesitaba trabajar y conseguir dinero para regresar al norte. El wizard le dijo que se vieran en el parque Libertad. El Sniper tomo el primer autobús rumbo al cento de la ciudad y , lograba sentir como todas las personas le veian los tatuajes y podía percibir el miedo en las miradas de todas las personas; mientras viajaba, veía a las personas y , curiosamente, las contrastaba con el racimo de mango, al que le habia tomado un extraño e incomprensible cariño, se preguntaba >. Llegó temprano al parque y , mientras esperaba, pidió una torta mejicana, me dijo que, el mal olor y el ruido del lugar eran insoportables y no pudo comer a gusto. En ese momento llegó el Wizard en un carro pequeño y se fueron para San Martín. —Mira, vato, el mambo esta fácil, estos monos cerotes de aquí solo quieren andar vacilando y ven con mucho respeto a toda la raza que viene del norte, así que no hay pedo. Vos acompañame, me imagino que por tu apodo has de ser buen tirador…Ma esta mierda—Y el Wizard le dio una nueve milímetros—Si queres lana pa regresarte pa tras... tenes que entrar al jale. ¿Entonces qué?... ¿Te mochás? El Sniper que había crecido en las violentas calles de Pacoima en el valle de San Fernando tomó el arma y le dijo —Mira, vato, yo no quiero ir al bote en esta mierda de país, prefiero que me maten que ir a esa mierda. Yo solo quiero los seis mil dólares para irme pa tras, nada más…


— ¡Vegon!...ahora quedate en mi casa, mañana te digo qué haremos.

Al siguiente día fueron al centro de San Martin y estuvieron observando el movimiento en una tienda de abastos. El Wizard señaló a una persona que se bajaba de una camioneta,muy nueva, y señalando en dirección de la persona, le dijo: —Ese es el viejo cerote dueño de esa mierda. Fue el alcalde hace años y dicen que de todo lo que se robó puso ese gran negocio. El Sniper le preguntó: — ¿ Y qué querés hacer, vato?... — ¡Puta! No me jodás…agarra la onda, vato. Ese viejo cerote tiene pisto y ya lo tenemos guachado. Ya sabemos adonde vive, a qué horas llega y a qué horas se va. Sabemos hasta que el muy hijo de puta se anda cogiendo a la secretaria, ya sabemos qué todos los viernes se va un MOTEL que esta cerca de Suchitoto... — Y... ¿Cuanto crees qué nos pueda dar?—le preguntó el Sniper un tanto nervioso —¡Mira, vato! vos no te metás con el pedo del dinero, si todo sale bien, te doy las seis mil bolas para hacerte el paro… — ¡Puta! No quiero ser pesimista, pero si nos sale cagado el tiro, ¿cuanto tiempo nos dan en el tavo?... —¡Puta, vato! ¡Ya te dije que este tiro esta mamado! ¡No le echés sal a la mierda! — No, es que sea pesimista, solamente quiero saber, porque, ya te dije, yo no quiero ir a la carcel en esta mierda de país. ¿Cuando hacemos el tiro?—le preguntó el Sniper mientras cruzaba las manos. — ¡Mañana, vato!...ya sabemos que todos los viernes va para el MOTEL, cuando ingrese al lugar le ponemos… Ese viernes, me contó el joven deportado, prepararon todo para hacer el secuestro. Todo estaba planeado, ese día manejó, mi carnal, el Occiso, y fue él quien me contó con más lujo de detalles lo que sucedió. El Wizard y el Sniper llevaban una pistola cada uno en la cintura, y como lo habían planeado, todo les salo bien ese día, no había ningún retén policial en la zona y el MOTEL prácticamente estaba solo, no habían


clientes. Cuando el señor se bajo del auto, el Wizard le grito que no se moviera, que si hacia un movimiento lo iba a matar. Lo golpearon y metieron rapidamente en el auto; se marcharon rumbo a San Martín, pero hasta ese momento se acabo la bondad del día. Un retén policial les hizo parada y , como era de esperar, no pararon. Dio inició la persecución policial y una balacera terrible. Luego de varias maniobras, lograron huir; sin emabrgo, el comerciante secuestrado iba herido de gravedad, una bala policial le había caído accidentalmente cerca del higado. — ¡Perros hijos de puta!—gritaba el Wizard cuando bajaron el cuerpo sin vida del señor — ¿Y ahora qué hacemos?—le dijo el Sniper —¡Puta! Hay que hablarle a la familia y hagamos como que este viejo cerote esta vivo… ¡Puta! Y adonde putas lo vamos a tirar… ¡Perros hijos de puta!—seguía gritando el Wizard Las llamadas para pedir el rescate las hizo el Occiso, porque era el unico que no tenia el asentó del norte en sus palabras. Cómo si de vender tomates se tratará (Por cierto, el Occiso sabía mucho de tomates), lograron llegar a un precio de rescate y convenieron en un lugar para la entrega del dinero. Ese fue el día que me llegaron a traer a la casa, y me presentaron al Sniper. No me explicaron nada, simplemente, me dijeron que les hiciera un paro, que manejara un auto en dirección al occidente de la ciudad y que alguien me entregaria un maletín, yo no debía de decir nada, simplemente recibir el maletín. Ellos irián atras de mí. A mí, que me gustaba andar vacilando con el Occsiso, porque siempre me invitaba a una "Barra Show" donde nos atendía a cuerpo de rey. Así que, sin pedir tanta explicación, acepté el encargo. A los cinco días recibimos el dinero, yo, sinceramente, no sabía que era producto del rescate; mitad por ingenuidad y mitad por rebeldía, participé en ese delito, y cuando me vine a dar cuenta, ya estaba algo boracho en la "Barra Show" donde iban a vacilar el Occiso y el Wizard. Esa noche sacamos a tres bichas del lugar y nos fuimos a seguir jodiendo al puerto. Lo extraño es que el Sniper no quiso participar del vacil, simplemente se tomó una cerveza y le pidio al Wizard que lo pasaran a dejar a Apopa. Era curioso, pero, a pesar de tener un semblante intimidante, el Sniper era bastante reservado; incluso, una de las bailarinas quiso bromear con él y le dio un biale gratuito, pero, nada parecía alegrarle la existencia al Sniper. Así paso esa noche, con la mirada perdida, pensando, ¿quien sabe en qué o quién?. El Wizad pasó a dejarlo y, frente a nosotros, le dio seis mil dólares, le dijo: ---Te dije, vato, no había de qué preocuparse...---Te vas porque querés; pero si estás desvacilado, no hay pedo. Te agredezco el tiro, aquí esta la feria, seis mil varos...y ya sabés, cuando querrás seguir vacilando, solo habláme.


Nosotros nos fuimos a vacilar al puerto con las chavas, y fue esa noche cuando el Occiso y el Wizard me terminaron de contar la historia del Sniper. Ya con posibilidades económicas para emigrar, el Sniper, contactó a un coyote muy famoso de la zona de Chalatenango y acordó todos los detalles para viajar a los Estados Unidos. A la semana siguiente formaba parte de un grupo de inmigrantes; eran cuarenta y tres personas que iban a diferentes destinos dentro de los Estados Unidos. Primero estuvieron seis días en Petén, Guatemala, durmiendo en hoteles viejos y sucios; luego fueron transportándose en autobuses, lanchas y hasta dentro de furgones. Fue una larga travesía, aguantando hambre, sueño, calor en el sur y frio en el norte; intercambiando relatos con los otros viajeros, a los que les contaba cómo era la vida en el Norte, incluso, les prevenia de no meterse en problemas "Yo, por andar haciendo desmadres me busque los problemas, ahora solamente quiero vivir una vida normal". Les decia. Cuando el grupo estaba por llegar a la ciudad Victoria en el Estado de Tamaulipas el chofer, que manejaba el tráiler, donde iban los indocumentados, producto del cansancio, se durmió y tuvo un aparatoso accidente. Diez personas originarias de El Salvador murieron en esa tragedia y el resto, que terminaron bien heridos, fueron deportados a El Salvador, entre ellos el Sniper. Al llegar a la frontera de la Hachadura, los familiares de la mayoria de deportados desde México, estaban esperándolos. Sin emabrgo, al Sniper, no lo esperaba nadie, simplemente la soledad de un país que ya no era el de él.. No quiso hablarle al Wizard, ni al Occiso, trató de pasar indavertido, y la verdad, sinceramente, no era necesario, a él nadie no lo conocía en El Salvador. Al día siguiente se reunió con el coyote para reprogramar el viaje, sin emabrgo, el coyote lamentó lo sucedido y le dijo que se consiguiera otros dos mil dolores extras, para poder reprogramar el viaje. El Sniper le reclamó y le dijo que ese no había sido el trato. Al final, la discusión se subio de tono, y el coyote lo amenazó con una pistola y lo corrió, en medio de gritos violentos, de la oficina. Afuera del lugar, estaban otras personas, algunas, incluso, llorando, decían que habían perdido sus terrenos y todo su dinero por creer en el viaje seguro a los Estados Unidos; y ahora, el coyte, les estaba pidiendo más dinero. Dinero que ya no tenían. El Sniper estaba completamente furioso, eso se lo contó al Occiso, esa tarde que llegó a San Martin buscando al Wizard. Al llegar, rapidamente le contaron, que la policia se lo había llevado al Wizard hacía cuatro días, acusado del secuestro y asesinato del comerciante. El occiso le dijo que huyera, que pronto los llegarían a buscar a todos, incluso me dijeron a mí que tuviera cuidado. El Sniper, que estaba más preocupado por


el incidente con el coyote que con la noticia de la detenciión del Wizard, le pidió de favor que le prestara un arma, le dijo que se la devolvería al día siguiente. El occiso, sin preguntar para qué, le entrego una nueve milímetros y el Sniper se marchó, sin mencionar sus intenciones. A la mañana siguiente, le contó, unos días despues al Occiso, que el Sniper se fue a esperar al coyote frente a la oficina, que tenia un rotulo bien grandre en el que se leía “Charlie Express” y cerca de las nueve de la mañana, cuando llego Carlos---el coyote--, sin mediar palabras, el Sniper le disparo siete veces directamente al cuerpo, todos los impactos en el pecho y salió corriendo. Por la tarde, se refugio en la casa del Occiso, le contó acerca de lo sucedido y lo miserable que era la vida, justo cuando queria caminar por el camino correcto. El Occiso le ofreció posada, yo estaba ese día cuando le dijo que esos tiros del secuestro eran muy peligrosos, aunque dejaban mucho dinero, sin embargo, mejor buscar tiros pequeños, más divertidos. ---Mira, vato, vos solamente acompañame, nos vamos en la moto a ganar celulares, esos tiros son mamados...--El Sniper dirigió la mirada al techo, llevo las manos sobre la parte trasera de la cabeza y se lamento diciendo: ---¡Mierda!... Yo, que ya no podía salir a vacilar muy seguido,porque mi papá me traía bien corto, ya no los acompañe a esos tiros. Sin emabrgo, de vez en cuando, llegaba a darme una vuelta a San Martín y me contaban las historias de la semana. Tenían de todo, celulares, cadenas, relojes, carteras y maletines. Me contaron que los iban a vender al parque Libertad o frente al parque Centenario. Les iba muy bien.

Un día lluvioso de septiembre, cuando el Sniper, estaba en la parada de autobuses, pasó un carro bastante nuevo, con los vidrios totalmente polarizados y le dispararon varias veces hasta matarlo. El occiso me contó que fue el hermano de Carlos, el coyote asesinado, quien lo mató. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------¡Ja! y esta bicha me dijo que no me metiera con el Normandie, ¡Ja! ¡El Normandie! el hermano menor del Sniper… PARTE II AHORA SI, EL NORMANDIE Continua…

Tatuajes violentos  

Novela Negra

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you