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ORIGEN 09/10 - 10

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Hugo Plascencia Adalberto de Terralba Mauricio J. Coronado Guillermo Jรกuregui El Negro Soto Diana Ferreyra ร“scar Alvirde www.revistaorigen.com $ 0.00 MN


s/t

Viviana Reyes Arellano

“La dignidad del peatón, una vez restablecida, permitió a los hombres contemplar su ciudad.” Le Corbusier


CM:

lo bailado nadie

te lo Quita

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Índice

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Los locos andan por ahí Guillermo Jaúregui

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Carta al no nacido Mauricio J. Coronado

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Las ciudades y el tiempo Adalberto de Terralba

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Fragmentos del poema “Carnaval de concreto” Hugo Plascencia

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Nada que ver en Belice City Óscar Alvirde

¿Ciudad estiércol o ciudad 39? Un ciudad-ano. twitter: @negrosoto

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El lugar de la ceguera Diana Ferreyra

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Consejo Editorial Claire Masar Miriam Moreno Alberto Manuel Pedro Kumamoto Colaboradores: Lluvia Soto, Abidán Salinas, Marcelo Solís, Edgar Robles, Aldo Pérez, Beatriz Barreda Zamora, Luis Landivar.

Ilustración: Viviana Reyes Arellano, VazBernal y Roberto Morleghem Diseño Editorial: TYPE Agradecimientos: A los asistentes a la subasta pro Origen, Natalia Comel, Lorena Rivial, Fran-

cisco Barreda, Elsa Bravo, Pedro Islas, Ramón Vázquez, Miguel Vega, Jaime Mor, Jorge Souza, Hugo Plascencia, Adriana Pantoja, Juan Carlos Uribe, Rogelio Barba, Daniel Camberos, Montserrat Homs, Ximena Vargas, Sofía Talamantes, Karin Kumamoto y a nuestros amigos y familia.

Revista Origen es una publicación bimestral y gratuita editada en la ciudad de Guadalajara y distribuida en ciudades amigables de la república, con un tiraje de 3,000 ejemplares. Registro en trámite, si tienes interés en publicar parte del contenido favor de hacérnoslo saber a contacto@revistaorigen.com


CIUDAD

E

l sol se pone, los puestos de antojitos comienzan su trajín, vagabundos amables buscan su morada, una bicicleta ilumina los carriles de la calle congestionada y tú, caminas por el asfalto, sin reparar que a cada paso tu suela desgastada acaricia esta ciudad que amas. Éste tercer número es un homenaje de la urbe a Carlos Monsiváis, su trayectoria y sus consecuencias. Un homenaje a esos ciudadanos que no olvidan que también son seres humanos y que encuentran la riqueza en la diversidad de los transeúntes. Un homenaje a nuestras grietas y candiles, haciendo consciente el contacto con la imagen del caos que marca el compás de la música terrestre. Este número también es una invitación para celebrar la identidad que no es un producto de fechas históricas. La identidad que crea el barrio, las banquetas, los olores citadinos, los conflictos de la ciudad (que están esperando tu creatividad para ser resueltos), las plantas que crecen entre los muros y los gatos que brincan la noche inquieta de bares y bullicio. Esta ciudad, tu ciudad, nos da la posibilidad de cruzar las miradas por primera vez, de encontrarnos, de buscarnos y volvernos a inventar entre la verbena del aire cansado y las montañas de acero. Esperamos que la revista que tienes en tus manos, se convierta en un recordatorio y testigo de todas estas experiencias trascendentalmente cotidianas… O ¿cotidianamente trascendentales?


Las ciudades y

el tiempo

Adalberto de Terralba Para llegar a la ciudad de Teresa no es necesario caminar o navegar bajo algún solsticio. Ella encuentra al viajero mientras busca y piensa; huésped de sí mismo, el viajero sabe que para dar forma a la ciudad, debe dirigir y clarificar sus recuerdos: ciertos habitantes nacen de la memoria de la espera, otros más provienen de la memoria del placer, pocos sencillamente son la distancia del amor. El andante sabe también que Teresa es lo que sus ojos ya han visto: honduras del desierto, la inclinación de las montañas, el arribo de las olas a la arena. De esa manera, llega a la

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conclusión de que se halla en la ciudad de los pasados, única para cada huésped de sí mismo. Pero Teresa tiene una paradoja: si los habitantes de la ciudad son las memorias del viajero, ¿Qué pasa con lo que ya ha vivido y no recuerda?, ¿Quién existe de lo que ha olvidado? Tal vez haya que esperar para dar con la ciudad donde estén las figuras de lo perdido. En tanto, quien recrea el pasado bajo la luz de un sol que protege y guarda con su tenue calor, debe darse cuenta de que camina solitario hacia el desierto.


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I Fragmento del poema

Carnaval

del Concreto

Hugo Plascencia

Te fueron revistiendo baldosa a baldosa hasta que no quedó más remedio que llamarte ciudad. Te erigiste hermosa mujer con el efecto de un monstruo al que todos temen y copulan y en lo que dura un semáforo vaciaron las fuentes de tus pezones a besos.

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Pero no siempre estuviste hundida y diseminada en las estrías de la noche hubo un tiempo en que los iniciados tocaron tu sexo de laúd como una manzana de miel y amaranto dura como el caramelo del medio día hubo un tiempo en que el viento del torcaz en una ráfaga invocó tu faldón en la hendidura de tus calles y veredas y hubo malos tiempos con su enfermedad terminal de fin de viaje donde el hielo no es hielo pero quema Me duele el corazón del lado derecho


Hugo Plascencia

II

Fuente de rapsodas es el centro de mi ciudad Soleil es la Honda combustión de un acto circense Los mimos le meten mano a la ilusión en la explanada gesticulan lágrimas de hollín sobre las plazas. En una esquina mujeres saltimbanquis izan las piernas contra la envestida del aire bajo faroles encendidos en el periférico de sus tetillas En las rancias buhardillas un fakir le lee las líneas de la palma a una gitana por el botín de la carne. Melancólicos clowns en histriónicas representaciones de una reina desahuciada por canícula ensordecen el zumo de las risas en los autobuses. En el ombligo funámbulas bailarinas con el vientre abierto de artificio y una larga playa en el leotardo de sus hombros mecen las raíces de los árboles con su silueta árboles agotados de romper banquetas, una nube pasa como un algódon de dulce o un sueño al mismo tiempo, entre el público una niña derrama lágrimas de caramelo y nadie sabe si es parte del performance.

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III Hugo Plascencia

En esta ciudad las casas son una caravana de labios de ladrillo cosido. Las mujeres acuden al monte de piedad empeñan su timidez como quien simula una sonrisa por una piedra de fantasía sobre el asfalto. Otras oníricas y famélicas concurren en procesión al mercado donde la fidelidad se pone a prueba al paladear las vasijas de barro (con el oficio de arqueólogos) mitigan la ausencia mojada de sus hombres sobre el frío cuello de cántaro. Los poetas como las prostitutas son universales, ambos duermen hasta la hora del almuerzo guardan en el crin del aullido la herida de una lengua virgen de unicornio y una larga e interminable resaca de vida en el traspatio de la noche anterior; tocan sus ojeras delicadas y envejecidas tempranamente con manos bruscas como la espina de una flor al tacto que despide silenciosa y tintineante una gota de mercurio sobre las venas, disfrazan su venganza de despecho cierran ventanas, tiran llaves y les ceden la hendidura de su cuerpo.

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Ciudad estiércol

twitter: @negrosoto

Un ciudad-ano

o ciudad 39 La ciudad-ano encubre sus prácticas torpes para que sus ciudad-anos perciban un orden disimulado que aparenta las cosas resueltas, pero basta sentarse un atardecer en el Salto, a orillas del río Santiago, padecer el olor a caca —la tuya y la mía, por cierto— y sufrir el acoso de los moscos, para darse cuenta… Sirve caminar para indignarse con la cantidad de banquetas, similares a las fotos posbélicas de Kosovo, para sentirse en pleno bombardeo, mientras que los centros comerciales tienen acceso particular para los automóviles y los cientos de espectaculares se imponen a tu vista gracias a que podaron los árboles. En la ciudad-ano las cosas se gestionan de manera vertical, caen gravemente sin resistencia alguna y hacen ¡plop! sobre tus piernas. El auditorio Telmex fue construido, en parte, con dinero de todos y ni tú, ni yo, ni mucha gente

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podremos pagar los costos estratosféricos de las entradas. Nos cobran lo que era nuestro y así la Vía Express* quiere ensartarte el uso que hará de tu territorio, sin tu permiso, si es que piensas —y puedes— usarla. Estadios se construyen en los bosques, presas amenazan pueblos y ciudadelas amuralladas a las que debemos solicitar amablemente el ingreso, fragmentan la ciudad. Mientras, a ti te arrebatan el poco tiempo, te vigilan con cámaras sofisticadas, te quitan los espacios abiertos y el poco oxígeno que respirabas. Sin embargo nadie dijo que no podías sembrar en los camellones, ni que tenías que respetar el acomodo de las cosas, mucho menos te dijeron que los muros eran intachables y que este orden era eterno —es el lapso que dura la desorganización de los inconformes—.

Siendo así y con el poder que el artículo 39 constitucional les faculta, los vecinos que hablan y se ponen de acuerdo, los ciclistas que invaden los carriles, los peatones que caminan sobre autos, los guerrilleros que lanzan semillas de girasol, los cibernéticos que hacen públicas las redes, los enamorados que se toman de las manos, aquellos que regalan su tiempo por placer, esos que festejan la lentitud y que alteran el orden con pozoles, risas o graffitis, de ellos es la ciudad subjetiva: de la gente y no de las máquinas. * Vía Express: 23 km elevados de puro cemento que atravesarían Guadalajara para que circulen los automóviles (que puedan pagar por cada km). Un gran negocio para no resolver la movilidad que requiere de transporte público, ciclovías, banquetas, parques y menos autos.


Ciudad 1

Viviana Reyes Arellano


Viviana Reyes Arellano

Santa Teresita es lo mejor

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Salvaci贸n express

Viviana Reyes Arellano

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Cielo alambrado

Viviana Reyes Arellano

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Guillermo Jaúregui

LOS LOCOS ANDAN POR AHÍ

L

os locos andan por ahí. Como fantasmas, en cada paso que no acaba. Dejan la piel en las bancas del parque, toman los camiones a los que no sube la gente. Se van soñando la vida que se inventan, los mundos que no caben en los ojos cuerdos. Andan por las calles de aire, envidiables, sonrientes de la nada. Corren del hervor del tiempo, no dejan rastro de ilusiones, ni ánimos de miedo. Tienen amigos en la tierra, en la luz de los colores, en las dos caras de la luna. Escriben tanto, platican nada. Se beben de la noche las ideas, de los cuerpos, la terrible enfermedad de estar despiertos. Para ti, y para el mundo, los locos se reservan las palabras, y no dicen, sólo callan.

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Mauricio J. Coronado

Sólo atravieso solo una jungla de concreto que no me ve, que no me sueña, que me aplasta entre los bordes malgastados de sus aceras que me deja ahí, uno entre tantos otros, con sueños cada uno, pero con la fiera del molesto xenofóbico que todo mexicano carga dentro

Sin un sueño por delante, más que arroparme bajo las estrellas, sin que me vigilen esos ojos siniestros de la autoridad.

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Carta

al no nacido


Sin que la burocracia destruya lo que presume haber construido Con la necesidad de encontrar al niño perdido en el seno de Marte, entre gritos y sulfúricos desechos tóxicos Porque entre el infierno y la tierra, lo que nos defiende del dolor es el amor. Porque no hay momento en que no piense en ti, sola, exquisita; porque el horror que vivimos todos los días, es el mal que merece verse curado por el amor. Hacia nosotros, hacia los demás, hacia los que no existen aún. Por eso te escribo a ti, que no has nacido. Que eres la ilusión mía y de otra persona. Que mereces amar al mundo que te recibe, que mereces un mundo que te ame. Por eso hijo mío, entiende que la ciudad sólo es un instrumento para que los humanos se hastíen del asfalto y regresen a amar a la Tierra. 21


Nada que ver

en Belice City Óscar Alvirde

A

manecía. Un café y dos burritos. Louise y Claudette cantaban reggae vendiendo periódico, one dólar man, one dólar no cry. La estación despertaba con las primeras llegadas. ¡Corozal! gritaba el Gordo Charly ¡Corozal, seven am! Once horas trabajando y juró que te vi salir de una niebla espesa, pero debió ser mi imaginación. Te asomaste a mi taxi. Hello, dije, y me reí de buena gana con tu, no english, quanto per conoscere la città? ¿Ciudad? Llevabas un traje de baño negro y sandalias negras ¿a dónde creías que ibas? aquí no es San Pedro. Veinte, hice la seña, abrí la puerta, tomé la maleta. Sorbo de café, burrito con col apurado, tus piernas deslizándose sobre el asiento, cabello sonriendo y una señal para irnos. El Gordo Charly gritó ¡that lucky bastard! Y es verdad, tuve suerte. Andiamo. En el embarcadero los veleros languidecían, la humedad nos

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arrebató un suspiro. No hay mucho que ver en Belice City. Te pusiste un short, una blusa de lino translúcido y te arrancaste el sostén ahí mismo. Derramé café dichoso y estúpido. Me quemaba tu piel no el café. Casa de gobierno, policías caquis, bicicleta inoportuna, niño cruzando a su madre y tú implacable fotografiándolo todo. Casa de la cultura, parque y feas casas de madera. Tus senos temblaban a propósito. Aspetta, dijiste tomando mi antebrazo, bajé la velocidad y sacaste medio cuerpo por la ventana sin ningún pretexto, es una avenida cualquiera. Tus piernas sostenían el culo que meneabas para mí. Perdí el equilibrio, metí tercera. Ese es otro

templo, no vale la pena. ¿Cuántos años tendrías? Jugabas conmigo. Aspetta, aspetta, te atravesaste como loca para asomarte por mi ventana, te sostuve involuntariamente, mis pies eran frenos. Aspetto. Claxon, puente giratorio, fotos, tu axila me envolvía con vellos dorados, era escandaloso. Más claxon, tocarte así, olías a fiera. Otro templo, calles y gente, te reíste. Te burlabas de mí. Una vuelta a la ciudad y, Lucía, me tendiste la mano frente a la isla de los pájaros. Luz roja, metí cuarta y frené sosteniendo el clutch. Anselmo. Mano, tela translucida, cuello, ojos. Ciao Anselmo! Te escapaste y no fui capaz de robarte la maleta. Ciao Lucía!


La ciudad no es ciudad. Es una luz del semáforo que se detiene. //plash plash plash suena el encendedor//. Es el semáforo de la luz roja. Ya no la ven desde la semana pasada. No la reconocen. Se aferran a los demás colores menos a la roja. Se detienen coches desde que el primero | lleno de potros optó por dejar el tiempo en un cinturón de castidad. Los primeros se detuvieron y arrojaron a los futuros bebés en un muelle o vacío de las calles. Los segundos hechizaron las paredes que jamás crecerán por la muerte de las antiguas culturas. Y los terceros se dejan morir antes que cambie de color el semáforo: al cabo no lo ven y si lo descubren se irían a tierra adentro a reunirse con los demás que no quieren ver.

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El lugar de la

ceguera //el semáforo tiene vida//

Diana Ferreyra

cantan los olvidados de la noche //el semáforo apunta y brevemente clava un ojo a los escondidos porque es el semáforo quien nos tortura y sin clerecía o vértigo en un fusil sin boca amenaza en convertirnos en parte de su rojo sangre// cantan cantan cantan cantan cantan cantan

los cadáveres de perros las mentiras inconclusas las banquetas rotas las bolsas de plástico los bosquejos o las voces los ojos caídos


//el semáforo nos aparta aplasta el reloj de la muñeca inferior tic-tac dicen los demás el semáforo nos quita el sueño y nos encuentra abandonados carcomidos o mejor aún exiliados de la enfermedad//

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La catedral a lo lejos | con ratas muertas metiéndose por los huecos de la puerta; abundan las palomas con olor a azufre y esqueletos de gatos ensangrentados sin tráqueas mueren | o se ahogan todas las noches por la lama o carbono. La catedral con las puertas cerradas y los ciegos admiran a los santos llorando refugiados en el teísmo porque de la vida es lo único que tienen de vida y los ciegos caminando en charcos atropellados por culpa del semáforo: cada cinco segundos transcurridos hay alguien quien deja de respirar.

//el semáforo mata// dicen los ciegos.

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Ciudad

Roberto Morleghem

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“L

as ciudades dotadas de fisonomĂ­a (que siempre son las menos) suelen vivir dos vidas: la de su personalidad externa proveniente del mito


reverencial que propagan viajeros, departamentos de turistas y medios masivos de difusión y la personalidad interna, surgida de ese fenómeno imponderable, indefinible, mas no por ellos menos notorio: el rostro de sus pobladores Carlos Monsiváis. “Tepito como Leyenda”


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Fe de erratas Volvemos a publicar el poema completo de Alonso Solís, ya que apareció cortado en el número anterior, y consideramos que la mutilacíon efectuada hace una diferencia sustancial. Lea y juzgue, querido lector.

Mirada ALONSO SOLÍS

El rojo camina lentamente por mi pecho Estoy tirado en mi cama y mi mirar avanza Aunque traía calcetines y zapatos diviso mis pies y mis uñas torres de una metrópoli de sueños Tampoco hay trusa ni pantalón Uno al regresar ha de hacerlo desnudo Mis pantorrillas tienen el vello del adulto mas mis venas varicosas se han ido Mis ojos siguen escalando palpan la suavidad de la cicatriz en mi rodilla izquierda

y los poros hechos granos en mis muslos Mi mirada se eleva Veo los remolinos negros en mi pubis y a mis genitales descansando ahora sí para siempre Regreso al pecho Me meto por el orificio hecho por la bala Y desde la aurícula derecha miro el ventrículo izquierdo vuelto una fuente púrpura en forma de rosa

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er

ít u q A

ba

na mi

Faltab todo a esto


CONVOCATORIA Revista Origen invita a todos los interesados a participar en nuestro siguiente número con una composición inédita ya sea cuento, crónica, poema, ensayo, etc., bajo el tema: El viaje, comprendido como la vida, el pasar por el mundo, la introspección contemplativa hacia lo más profundo de la propia existencia. El texto se recibirá en documento word con una extensión de no más de dos mil caracteres. La convocatoria para el cuarto número cierra el 30 de octubre de 2010. Envíalo a: contacto@revistaorigen.com Para más información, entrar a la página: www.revistaorigen.com.

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Edificio

Roberto Morleghem


HuĂŠspedes de la memoria

VazBernal

Revista Origen - Año 1, no. 3  

Origen, Revista Literaria. Guadalajara, México D.F., Morelia, Aguascalientes

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