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Proyecto editorial y curaduría: Laura Niembro Cuidado de la edición, logística y operación: Melina Flores Diseño editorial: Paulina Maciel Traducción: Portugués-español: Mercedes Guhl y Ramiro Arango Este proyecto contó con el auspicio del Ministerio de Cultura de Brasil, la Fundación de la Biblioteca Nacional del Brasil y la Cámara Brasileña del Libro (CBL) Agradecemos su valioso apoyo a Moema Salgado, Gustavo Pacheco, Juan Pablo Villalobos, Camila Moraes, Julia Tomasini y a todo el equipo FIL que abrazó con gran entusiasmo este proyecto.

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Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla Rector general

Raúl Padilla López Presidente

Miguel Ángel Navarro Navarro Vicerrector ejecutivo

Marisol Schulz Manaut Directora general

José Alfredo Peña Ramos Secretario general

Tania Guerrero Directora de operaciones

Héctor Raúl Solís Gadea Rector del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades

Laura Niembro Directora de contenidos

Alberto Castellanos Gutiérrez Rector del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas Ernesto Flores Gallo Rector del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño Ángel Igor Lozada Rivera Melo Secretario de Vinculación y Difusión Cultural del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño

Verónica Mendoza Directora de expositores y profesionales Gonzalo Celorio Asesor literario Mariño González Coordinador general de prensa y difusión María del Socorro González Coordinadora general de administración Bertha Mejía Coordinadora de patrocinios Ana Luelmo Coordinadora general de FIL Niños Dania Guzmán Coordinadora de edición y diseño Ana Teresa Ramírez de Alba Productora de explanada

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índice

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5 Introducción 56

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10 Raimundo Carrero 60

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Luiz Bras

Ronaldo Correia de Brito

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18 Marcelo Ferroni 64 65 22

Luisa Geisler

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26 Ana Paula Maia 68 69 30

Altair Martins

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34 Tércia Montenegro 72 73 38 José Luiz Passos 74 75 42 Sérgio Rodrigues 76 77 46

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Verônica Stigger

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50 Paloma Vidal 80

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Por tercer año consecutivo, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara abre sus puertas a las letras brasileñas, y en este 2014, doce nuevas voces se suman a las 23 que han participado en las ediciones pasadas de este Festival. Los asistentes a este acontecimiento escucharán hablar de varios Brasil contrastantes y hasta contradictorios; ficciones que se nutren del paisaje de Pernambuco en el noreste del país, o de la vibrante Sao Pablo, o del sur profundo; cariocas detractores de la samba, brasileños asentados en California o nacidos en Buenos Aires, escritores venidos de regiones con minas de oro agotadas. Destinaçao Brasil este año, promete un riquísimo paseo por este gigante del que se conoce tan poco, literariamente hablando, en el resto de nuestro continente. Seguimos trabajando en la construcción del puente entre las letras brasileñas y el resto del Continente, y en que la Feria Internacional de Libro de Guadalajara siga siendo la vitrina hacia Hispanoamérica de los nuevos valores literarios de Brasil y de los escritores consagrados que poco se leen más allá de sus fronteras. Este año, además de la deliciosa selección de autores de Destinaçao Brasil, el Salón Literario Carlos Fuentes de la FIL será abierto por la notable brasileña Nélida Piñón, la primera mujer que llegó a ser presidenta de la Academia Brasileña de Letras, ganadora del Premio Juan Rulfo y del  Premio Príncipe de Asturias de las Letras, quien conversará con el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, justo, de la relación entre la literatura brasileña y la del resto de América. Esta apuesta de Destinaçao Brasil no hubiera sido posible una vez más, sin el esfuerzo de la Fundación Biblioteca Nacional, vinculada al Ministerio de Cultura de Brasil, a la que agradecemos el refrendo de su confianza, aun en tiempos de brutales recortes presupuestales. Para todos los lectores ávidos de descubrir nuevas historias, para los que cada año buscan que la FIL los sorprenda, para el público profesional que anda a la caza de oportunidades de negocio, el destino es Brasil. Laura Niembro Directora de Contenidos

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LUIZ BRAS Muy pronto aprendí, con mis amigos, Fernando Pessoa y Jorge Luis Borges, que inventar biografías es un pasatiempo maravilloso. Estoy convencido de que las biografías imaginarias son más verdaderas que las empíricas. Mi biografía verdadera afirma que es el alter ego del escritor Nelson de Oliveira, quien, según la prensa brasileña, se marginó de la literatura en 2012 y salió del país. También afirma que Luiz Bras es el coordinador del Taller Permanente de Creación Literaria en la Casa Mario de Andrade, en Sao Paulo. Que Luiz Bras colabora con la Folha de S. Paulo, reseñando los principales lanzamientos del mercado editorial, y que mantiene una columna mensual en el periódico Rascunho, de Curitiba, titulada “Ruido blanco”. También afirma los principales libros de Luiz Bras : Pequena coleção de grandes horrores (Pequeña colección de grandes horrores, minicuentos, 2014), Sozinho no deserto extremo (Solo en el desierto extremo, novela, 2012), Muitas peles (Muchas pieles, ensayos, 2011) y Paraiso líquido (Paraíso líquido, cuentos, 2010). Mi biografía verdadera indica, finalmente compiló las antologías Geração 90 e Geração zero zero (Generación 90 y Generación cero cero) de nuevos escritores brasileños, y recibió dos veces el Premio Casa de las Américas, en 1995 y en 2010. ¿Qué significado simbólico encierra todo eso? Ninguno. Las biografías verdaderas son pobres en mitología y misterio. No dicen la verdad sobre nuestro universo íntimo. Mi biografía inventada, más verdadera que la anterior, jamás miente. No esconde las creencias o los deseos más secretos al afirmar el imperio de la imaginación: Luiz Bras nació en 1968, en Cobra Norato, pequeña ciudad de la mítica Terra Brasilis. En la infancia oía voces misteriosas que le contaban historias secretas. Hoy colecciona miniaturas y grabados de zigurats. Le gusta pensar que esas construcciones míticas, sagradas, simbólicas abrigan criaturas y misterios del pasado y del futuro. De nuestro mundo y de otros. Solo cree en las biografías imaginarias. Y en los universos paralelos de Remedios Varo. Dos veces ganador del importante e imposible Premio Príncipe de Cstwertskst, en la categoría de novela (2010) y en la de cuento (2014). Destinaçao Brasil

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La cajita llega por el correo, como acostumbra llegar la mayor parte de las cajitas en una sociedad de consumo. El tipo la pone encima de la mesa, la destapa y queda perplejo. —¿Qué juego idiota es este?— refunfuña. El hombre queda tan impresionado que poco le falta para tirar la caja contra la pared o por la ventana. Está asqueado. Sale de la sala lanzando injurias en voz alta. La náusea lo lleva directamente a la taza del baño. Mientras es sacudido por espasmos estomacales, un pensamiento suicida comienza a rebotarle en la mente. La mujer entra a la sala. Viene a ver qué está pasando. No encuentra al tipo, solo la cajita abierta encima de la mesa. Mira el contenido y queda igualmente perpleja. Pero por otra razón: dentro de la caja está la cosa más maravillosa que jamás haya visto. —¿De dónde llegó esto?— murmura, echando las manos para atrás, apoyando la espalda en la pared. No tiene el valor de sacarlo. Se siente demasiado impura para tocar algo tan… tan… sublime; tan sagrado. Lágrimas de felicidad comienzan a fluir. Llegan los niños. La niña queda horrorizada y sale corriendo a su cuarto a los gritos. El niño pierde el habla y la consciencia, encantado con la belleza del contenido de la caja. Entran los empleados de la casa. Pero no se acercan mucho. Por timidez. Por cobardía. Observando la reacción de la familia, tienen más miedo de la caja misma que de su contenido. Lo que nadie sabe aún es que hay más cajas que siguen llegando por el correo. Cada residencia del barrio, de la ciudad está recibiendo una igual. Preguntar de dónde vino esta o quién es el emisario es lo mismo que preguntar de dónde viene o quién fabricó la espiral de la concha de los caracoles. Igual que preguntar de dónde vienen, o quién fabricó, los pequeños prismas de agua que proyectan los arcoíris. En plazas y parques las multitudes depositan una infinidad de cajas. Siempre con la tapa abierta. Para que todos puedan ver el contenido.

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¿No es ya suficientemente trágica la vida? ¿No es ya demasiado infame la rutina en las grandes ciudades de economía de mercado? ¿No era suficiente la repetición mecánica del útero a la fosa? ¿No era ya suficiente despertar, evacuar, bañarse, comer, trabajar, trabajar, procrear y dormir día tras día? Ese abominable espectáculo a cielo abierto —la gente balbuceando, aullando, carcajeándose, cantando, llorando, gritando palabrotas, desmayándose, rezando, dando las manos, estallando de placer, arrancándose los propios ojos— ¿es realmente necesario? Traducción de Ramiro Arango y Mercedes Guhl

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RAIMUNDO CARRERO Nació en la ciudad de Salgueiro, en el sertón de Pernambuco, en diciembre de 1947. Publicó su primera novela, A história de Bernarda Soledade, a tigre do sertão (La historia de Bernarda Soledade, la tigresa del sertón), en 1975, con fuerte influencia de la literatura de cordel y, por lo tanto, del movimiento Armorial, creado por el escritor Ariano Suassuna, al cual se asoció de inmediato. Conquistó los principales premios de literatura en Brasil, entre ellos, el Jabutí y el Premio São Paulo de novela. Sus obras están traducidas al español, francés, rumano y búlgaro. Y tiene traducciones listas para lanzarse en Estados Unidos. Coordina talleres literarios en Brasil, y ha escrito dos libros sobre el tema: Os segredos da Ficcao (Los secretos de la ficción) y A preparação do escritor (La preparación del escritor). Actualmente, escribe crítica literaria en el periódico Pernambuco, del gobierno del estado, y sus artículos se transcriben en la revista Rascunho, de Paraná, la revista literaria más importante del país. Algunas de sus obras: - Minha alma é irmã de Deus (Mi alma es hermana de Dios, 2010) - O Amor não Tem Bons Sentimentos (El amor no tiene buenos sentimientos, 2007) - O delicado abismo da loucura (El delicado abismo de la locura) - Os segredos da ficção (Los secretos de la ficción) - Ao Redor do Escorpião... uma Tarântula? (Alrededor del escorpión, ¿una tarántula?, 2003) - As sombrias ruínas da alma (Las sombrías ruinas del alma, 1999) - Somos pedras que se consomem (Somos piedras que se consumen, 1995) - Sinfonia para vagabundos (Sinfonía para vagabundos, 1992) - Extremos do arco-íris (Los extremos del arco iris, 1992) - Maçã agreste (Manzana silvestre, 1989) - Viagem ao Ventre da Baleia (Viaje al vientre de la ballena, 1986) - O Senhor dos Sonhos (El señor de los sueños, 1986) - Sombra severa (1986)

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Fragmento de Mi alma es hermana de Dios Primera Yo soy Camila. Dijo desde el día en que estaba en el patio, niña, jugando con nada, y la palabra, el nombre propio, estalló en el oído. ¿Sabes qué es jugar en el patio? No, no sabes, nadie sabe. Con esa insignificancia de cuerpo, piernas y brazos, un ser en el mundo. Solamente de bombacha. Solamente de bombacha, pero con aquel sentimiento de agonía en los hombros, de náusea en las carnes, porque estaba en el mundo. No era simple, nada era simple, ni difícil. Sola en el mundo y nunca quiso saber qué era el mundo. Y repetía el nombre propio. Siempre el nombre. Era una cosa antipática. Yo soy Camila. Porque vivir en el mundo y llamarse Camila era una cosa muy, muy extraña. No era apenas una cuestión de gustar o no gustar. Ni se preguntaba. Una fatalidad. Y punto. En aquella época no conocía la palabra fatalidad, pero sentía. Sentía que era inútil preguntar. Era fatal. Y no preguntaba. Tampoco sufría. Ni sabía qué era preguntar. Bastaba con eso: saber que se llamaba Camila y que era inevitable. Sabía que tenía un cuerpo y que era inevitable. ¿Un cuerpo? ¿Tenía uno? Cuando estaba sola, se erizaba. Ahora tengo un cuerpo y me llamo Camila. Todo bien, si es necesario tener un cuerpo, todo bien. ¿Pero un cuerpo es así? No sé, puede ser. No sé. Tener un cuerpo es algo tan limitador, pensaría más adelante, no ahora, estaba apenas descubriendo que tenía un cuerpo y, naturalmente, que era inevitable y que no sabía qué hacer con él. Mi madre me enseñó eso, nunca me dijo cómo, nunca me dijo qué era. Porque aprendió siempre, en esa trayectoria de la vida, que tener un cuerpo es profundamente irritante, terriblemente irritante, por todo lo que eso representa. Lo peor era tener todas esas preocupaciones y no tener a quién contárselas, con quién compartir esa cuestión grave, gravísima: tener un cuerpo. Por eso la importancia enorme que tuvo aquel instante en el patio: no el descubrimiento de la vida, sino el descubrimiento del cuerpo. Sin risas, por favor, sin risas. Sólo más adelante fue que descubrió la gravedad de todo aquello. Y usó la frase a la que tantas veces recurrió: no quiero hablar de eso. Y punto. Caminaba por el patio y observó la sombra. Un poco más adelante de ella la sombra se movía. Eso quiere decir que estoy acá. Cuando camino y veo la sombra frente a mí sé que estoy acá. Y estando acá este es mi destino. Ah, ¿no es mi destino? Qué cosa más aburrida. Pero, ¿por qué ahora se acuerda de aquel instante, caminando por el patio, sola, siempre abandonada, y con la sensación de que tenía un destino? Era exactamente esta la sensación: de que estaba viva y tenía un destino. Fue cuando empezó a tener rabia del mundo. O sea, tener una sombra significaba que existía. Sin la sombra, nada de nada. Apenas el viento moviéndose en el patio. Entonces, que venga la sombra.

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Creo que es a causa del amor triste. No, no estoy hablando de ese amor carnal o espiritual, de la relación entre dos seres. No, nada. Nada de eso. ¿Sabes en realidad qué es un amor triste? Es una amapola roja, ni pequeña ni grande, que se mantiene todo el tiempo con el tallo caído, mirando el piso, en una tristeza tal que arranca dolor del pecho, en un follaje verde, muy verde, y denso. No pierde el vigor, no pierde el color, continúa plena, las hojas verdes y grandes formando curvas, relucientes. Pero es curioso cómo demuestra esa tristeza, esa ausencia de fiesta del mundo. Aquella amapola siempre caída, espiando el piso, desamparada. La sensación de desamparo era muy grande. Demasiado grande. Mi madre sentía curiosidad por mí, mirándome desde la terraza, sentada en la mecedora, bordando. Aquella forma de poner el hilo en la aguja. Gracioso. Ponía el hilo en la boca, entre los labios y los dientes, y lo apretaba con los dedos. Estiraba la mano. Y entonces casi sin mirar pasaba el hilo por la aguja. Mirándome en el patio, casi sin verificar lo que hacía, y completaba la tarea. Ella siempre decía alguna cosa así como Camila tiene pasión por el amor triste. Mi madre, ¿sabes? Tenía los ojos bien vivos. Negros y vivos. Y tristes. Ella tenía aquella forma de bajar la cabeza, sin salir de la silla donde estaba bordando, sentada, y miraba con intensidad, mucha intensidad. Mi madre miraba con intensidad. Yo fingía que no estaba mirando. Y reía, reía conmigo misma. Ella mirándome desde allá en la terraza y yo haciendo que no veía. Riendo. De esa risa que queda bailando en el pecho. Traducido por Rosario Lázaro Igoa

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RONALDO CORREIA DE BRITO Ronaldo Correia de Brito nació en el sertón de Ceará, y vive hoy en día en Recife, estado de Pernambuco, una ciudad costera rodeada por las aguas del río Capibaribe. Allí se formó como médico. Aunque escribe desde joven, sólo comenzó a publicar después de cumplir los 40 años. Se inició en el teatro, y sus primeros libros publicados fueron para público infantil y juvenil. En 1987 saca una colección de cuentos, As noites e os días (Las noches y los días), que le representó una invitación para publicar con la editorial Cosac Naify. En 2003, el volumen de relatos Faca (Faca) recibió el aplauso de crítica y lectores, y reveló al “esquivo” cuentista ante todo Brasil. El ensayista y profesor Davi Arrigucci, Jr., escribió un posfacio para el libro en el cual subraya la estructura dramática y cortante de las narraciones y su estilo seco y depurado. Dos años después publicó otro libro de relatos, Livro dos Homens (El libro de los hombres), que alcanzó un éxito similar. En 2008, Ronaldo se aventura en el terreno de la novela con Galileia, publicada por Alfaguara, que recibe el Premio São Paulo de Literatura, como mejor libro del año. Poco después publica Retratos imorais (Retratos inmorales) –cuento–y la novela Estive lá fora (Estuve allá afuera). En esos años, publica otros libros de teatro, prosa para niños y jóvenes, crónicas, y ediciones en diferentes idiomas y países, al igual que adaptaciones para el cine y la televisión.

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Fragmento de Estuve allá afuera Antes de lanzarse a las aguas barrosas del río Capibaribe, Cirilo recordó las humillaciones sufridas de parte de compañeros y profesores que no le perdonaban su rebeldía ni su desprecio por un modelo de enseñanza corrupto, en medio de las sombras de la represión. Dos veces escapó de ser masacrado en clase y trató de desistir del conflicto. Sentía un absurdo deseo de ser una réplica de João Domísio, el tío arrastrado por la corriente del río Jaguaribe, el cuerpo blanco perforado de balas, irreconocible en los remolinos de la corriente. No pasó por la cabeza de Cirilo la cuestión de si la vida valía la pena, ni fue tampoco la ausencia de motivos lógicos para vivir lo que lo trajo al puente del cual se asoma inclinado. Su revuelta no se afilia a ninguna causa revolucionaria, como la de su hermano Geraldo. Habría abjurado de toda verdad proclamada para seguir andando por los callejones infames de Recife, en medio de la basura y la mierda. Los suicidas se trenzan con la muerte en una pelea llena de malicia y seducción, trabajan estrategias a lo largo de años y lo que llaman impulso no es más que un lance final. Pasan hombres tirando de carros, indiferentes a Cirilo y al manglar que sobrevive en las márgenes del río. ¿Será que este concreto armado sustituyó algún puente de madera? Voltea en busca de rieles de hierro, imagina que por allí pasaban tranvías. Quiere romper con el escenario alrededor, pero no lo logra. La memoria rehace sus vínculos con Recife, se apega cobardemente a las imágenes que ahogará en la zambullida. Se cansó de buscar a Geraldo, alejado de la familia desde que vino a vivir a la ciudad. Le prometió a la mamá que cuidaría del hermano, que vigilaría sus pasos. Pero Geraldo sabe a donde va, se unió a un partido político y pronuncia discursos en las plazas. Cirilo se mece al paso de los autobuses llenos de pasajeros, avistados de reojo. Exhaustos y solitarios se oscurecen igual a la tarde en que el sol y la lluvia se alternan arbitrariamente. Entre el impulso del cuerpo y el salto hacia abajo, en ese instante mínimo, Cirilo se despide de las cosas pequeñas, sin significado aparente. Los ojos, enfermos de querer ver todo, avistan aguachirles en la corriente cenagosa y flores semejantes a los lotos. La suciedad borra los pétalos acuáticos y reconstruye el recuerdo de otros ríos y flores, en un destello de gusto por la vida. ¿Y si desistiera de morir? Las manos se crispan en la balaustrada del puente entre islas de Recife, ciudad cuyo destino es inundarse en el Atlántico. Él también se va a hundir, a hinchar los pulmones de lama podrida y sepultarse entre algas marinas que la vista no alcanza. En caso de que sobreviva al ahogamiento, morirá de neumonía o de remordimiento por el crimen de João Domísio, el fantasma cuya historia lo persigue desde niño. Sabe que en el último instante lanzará pedidos de auxilio. Siempre se dejó llevar por un río invisible, debatiéndose en vez de nadar estirado como los atletas de las piscinas. Mientras la mano izquierda lo alejaba del desespero, la derecha anotaba en cuadernos lo que le parecía necesario decir, sobreviviendo a través de esas señales. ¿Quién le garantiza a un náufrago que su testamento escrito en un pedazo de trapo, embutido en una botella y tirado al mar será leído? ¿Y qué importancia tiene que sea leído o no si, al escribir, el autor se libera de la aprehensión dejando su testimonio sobre las ruinas? Centenas de escritos quedaron guardados por años bajo tierra, 16

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en túmulos o construcciones enterradas, a la espera de alguien que los liberase de la mudez. Lo que está bajo tierra es nada. Mirar para arriba y encarar la luz es mucho más apacible que morir. Piensa en esas cosas y, sin embargo, nunca recuerda quién las escribió. El sol de Recife ciega. No menos intenso brillaba en una ciudad lejana sobre la cabeza de la abuela, del papá, de la mamá y de los hermanos el día en que se despidieron llorando en la puerta de la casa, la mamá retraída unos pasos para que no vieran sus lágrimas. El papá llevaría a Cirilo a la terminal, al autobús y a la promesa amenazadora de Recife. Altivo, parecía ajeno a la contracción de los dientes del hijo, a la fuerza con que contenía el llanto porque estaba prohibido a los hombres de la familia llorar. Caminaba al frente, como el dios Hermes conduciendo las almas al infierno. La víspera Luis Eugenio narró la historia del rey que tenía tres hijos varones y cada uno de ellos, al alcanzar la edad adulta, pedía permiso para dejar la casa paterna. Geraldo, el mayor, se había ido hacía cuatro años, un poco antes del golpe militar. “¿Quieres mi bendición con poco dinero o mi maldición con mucho dinero?”, preguntaba el padre de la historia, y solo el hijo más joven escogía la bendición y un camino espinoso. ¿Sirve de algo recomponer los escenarios que lo cercan si tiene la certeza de que morirá? ¿Importa si en ese punto donde se mece precariamente existió en el siglo XIX un puente de hierro o de madera? La concreción del puente no disminuye su deseo de evadirse fuera de la luz en un salto que aún no sucedía. ¿Huir significa delegarle la muerte a otro? ¿Quién saltará del puente en mi lugar? Geraldo no acepta los dictados de la familia, los árboles genealógicos que la mamá desenrolla sobre la mesa después de la cena, buscando en las caras de los hijos señales que solo ella reconoce. ¿Qué puente de Recife cruza Geraldo en ese momento, indiferente a las aflicciones de su madre? En casa, el padre arrancó del marco el retrato del hijo primogénito, dejando un vacío en la pared, una ausencia que ninguna imaginación llena. Traducción de Ramiro Arango y Mercedes Guhl

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MARCELO FERRONI Nací en 1974 y pasé la vida entera en Sao Paulo, pero al final de 2006 me mudé a Río de Janeiro, donde me casé y tuve dos hijos. Actualmente, soy editor de Alfaguara Brasil, el sello literario de la Editorial Objetiva. Comencé a escribir muy pronto, pero no debía hacerlo muy bien ya que solo leía thrillers de guerra y espías. Mi esfuerzo consciente por escribir surgió mucho después, por allá en 2001, y tardé dos años y medio en hacer mi primer libro, una colección de nueve cuentos, Dia dos mortos (Día de muertos, 2004), que fue aceptada para publicación por la Editorial Globo. Eso fue en enero de 2004. Un mes después, envié mi currículo a esa misma editorial, por sugerencia de un amigo, y me convertí en editor allí. En consecuencia, fui el editor de mi libro, cosa que no le recomiendo a nadie. Me tomó seis años escribir mi primera novela, Método prático da guerrilha (Método práctico de guerrillas, Companhia das Letras, 2010), un relato ficcional de los últimos días del Che Guevara en Bolivia. Al año siguiente, el libro recibió el Premio Sao Paulo de Literatura, en la categoría de nuevo autor, y fue publicado en Portugal y traducido al español, al alemán y al italiano. Tras cuatro años de trabajo y falsos comienzos, lancé la segunda novela, Das paredes, meu amor, os escravos nos contemplam (Desde las paredes, amor mío, los esclavos nos contemplan, Companhia das Letras, 2014), que es una especie de novela

policiaca que involucra un crimen en un cuarto cerrado, quince sospechosos y una antigua hacienda esclavista. Ya que mi primer libro fue una especie de novela histórica, y el segundo una especie de novela policiaca, ahora trabajo en una especie de novela realista, a la cual seguirán una ficción científica, una segunda policiaca, una hagiografía triple y por último un thriller de guerra y espías. Si todo sucede como espero, claro, porque estamos hablando de trabajo para el próximo cuarto de siglo.

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Fragmento de Desde las paredes, amor mío, los esclavos nos contemplan (…) Atravesé la ciudad para encontrarme con ella. Una hostess negra de pelo electrizado me miró de arriba abajo antes de dejarme entrar. No entendí el valor del consumo mínimo y, cuando lo hice, me corroí por dentro (tengo que poner cara de que no pasa nada, rápido, pensé). La luz del ambiente no favorecía mi camisa raída. Julia estaba sentada en la mitad de una mesa larga, apenas se fijó en mí cuando aparecí: intercambió risitas con dos amigas que me miraban como si yo estuviera pidiendo monedas luego de tragar fuego en un semáforo en rojo. Como no había lugar para mí, recorrí la mesa hasta uno de los extremos, y allí me acomodé en un asiento inestable, frente a una pareja que estudiaba un MBA en mercadotecnia y narraba su tour de autoconocimiento por la India. Me dediqué a ingerir dosis de vodka con rodajas de limón en una carrera de obstáculos en la que, cada vez que alguien decidía irse, yo llegaba más cerca de ella. Cuando finalmente me senté a su lado eran casi las dos de la madrugada, y Julia era ya la Julia que yo conocía, con su risa ofensiva, bebiendo descontrolada. Había un tipo frente a ella todo el tiempo, que solo entonces supe que era su primo, Felipe, de pelo claro y crespo y ojos de tráfico detenido. Bebía a tragos cortos que no parecían afectarlo. Yo estaba acelerado, estábamos todos acelerados, creo, y yo dejaba salir mis historias, forzándolo a sonreír, pero apenas alzaba la comisura de la boca, pensando en otra cosa. Julia dijo: Este tipo es escritor, por eso habla así gracioso. Él me miró, pero no detecté interés. Estaba con una rubia pálida y espigada que no parecía animarse con nada y apenas bebía de una botellita de agua. Yo ya no tengo tiempo para libros, dijo él. Hoy, toda la información que necesitamos está en Internet. Me reí; él no. Dije: Pero entonces debes de ser una persona muy informada. Sí, me siento actualizado, pero nuestra capacidad para absorber información es aún mínima comparada con la de los niños de ahora. Julia sorbía cada una de las palabras que caían de la boca de él. Él es muy inteligente. Está pensando en estudiar mandarín. Es el idioma del futuro, dijo Felipe, deberían adoptarlo en las escuelas públicas. Ella concordó. Finalmente se dirigió a mí, ¿Sabías que un mismo anagrama puede decir cosas completamente diferentes? Dependiendo de cómo se diga, podemos decir que un sujeto es cordial o que su mamá es una puta. Rió como si nos agrediera. Felipe hizo una pose de perfil. La muchacha a su lado bufó, dijo que se iba para la casa, él se levanto para acompañarla. Noté que era bastante más bajo que ella. —¿Ya te vas? ¿Tan temprano?, dijo Julia, perdiendo por un momento su estudiada elegancia. Nos quedamos sin tema ante asientos vacíos, y acerqué mi cara a la de ella. Terminamos de nuevo en el estudio, refregándonos áridamente en la cama. Más tarde, con la cabeza apoyada en los brazos, oyendo a Napoleón y Josefina rascar la puerta de servicio trancada, acompañé el nacer ceniciento del día mientras especulaba sobre la felicidad en nuestra relación.

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No contestó mi llamada posterior, no participó en el pequeño lanzamiento organizado por la editorial, en el cual le firmé libros a dos primas, seis amigos y una tía solterona de Santos que tomó el autobús expresamente para verme. Mi hermano conversaba con todos y mecía a su hijita en los brazos; mi editor no conocía a nadie, era invisible cual florero de portería. Mamá tuvo que salir temprano, iba a dormir con mi abuelo en el hospital, donde él aún esperaba, luego de más de un mes, la programación de su cirugía. Acabé la noche un poco borracho, empanzado, con mis amigos en un bar cercano en el que servían generosas porciones de corazones de pollo. Cuando mencioné a Julia, demostraron un interés tibio: en nuestro mundo ella era una anécdota. Mi abuelo fue operado la primera semana de diciembre. Los médicos tuvieron que cortar treinta por ciento del intestino y suponían que el cáncer se extendería. Un día llegué temprano a visitarlo. Mi mamá había bajado a la cafetería y él estaba solo en el cuarto. Como la encargada de la limpieza refregaba el piso de fórmica entre las camas, tuve que esperar unos segundos en el corredor, observándolo por la puerta abierta. Se había vuelto flaco como un costal vacío, hundido tras la barandilla de protección, los ojos cerrados, respiraba por la boca. Estaba despierto, yo sabía, pero no me había notado. Siempre que me veía abría una sonrisa amplia, como si aún fuera niño, y reía fuerte, procuraba disfrazar los dolores. Pero allí estaba solo, y su piel era apenas un papel reseco, con manchas quemadas en la cabeza y el puño muy flaco, salido de las sábanas, apretado con esparadrapos y una sonda. Las orejas y la nariz, enormes. Los médicos estaban sorprendidos por su resistencia. En esa noche tenebrosa llamé a Julia y le dejé un recado. El estudio parecía grande sin ella. Yo miraba los tupperware sucios y pensaba en mi libro. No había recibido siquiera una reseña y mi editor parecía cansarse de mis telefonemas diarios. Ella no devolvió la llamada ese día y pensé que jamás lo haría. Cuando finalmente apareció, a mediados de enero, muchas cosas habían sucedido y yo me sentía aniquilado. Oír su voz era como un premio inmerecido, e inmediatamente acepté cuando ella propuso el viaje. No tenía cómo saber, en aquel momento, que ella me llevaba a un crimen, a una entrevista con muertos, a batirme en un duelo.

Traducción de Ramiro Arango y Mercedes Guhl

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LUISA GEISLER Nací en 1991 en el sur del Brasil, en una ciudad industrial sin playas llamada Canoas. Tal vez por eso comencé a escribir, para intentar encontrar una imagen de una ciudad donde realmente quisiera vivir y con la cual me identificara. En mi primer libro, una colección de relatos, Contos de mentira (Cuentos de mentira, Record, 2011) todavía tenía ese sentido de ser turista en mi propia casa. En mi primera novela, Quiçá (Quizá, Record, 2012), jugué con esa idea e inventé mi propia ciudad, hasta llegar a mi última novela: Luzes de emergência se acenderão automaticamente (Las luces de emergencia se encenderán automáticamente, Alfaguara, 2014). Ese libro habla de mi ciudad y mis cosas. Fui finalista de algunos premios nacionales, gané algunos otros, fui escogida como la autora más joven para la edición de la Revista Granta con los mejores escritores brasileños jóvenes. Eso me dio cierta idea de saber lo que estoy haciendo, pero no sé para dónde voy. No sé si algo de esto tiene sentido. Tal vez escribir sea mi casa.

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Fragmento de Las luces de emergencia se encenderán automáticamente El día que Henrique decide escribirle cartas a su mejor amigo que está en coma, al café le aparecieron hongos. Como el tiempo que solo se nota en las arrugas, el café se llenó de hongos. En el líquido negro dentro de la cafetera nadan en la superficie pelos blancos y pegajosos, flores de loto de la podredumbre. Solo por el comentario de Manuela él se da cuenta, nota, repara. Y bostezando, responde: - ¿Ese que está en la jarra? Manuela sonríe: - Hasta es lindo. Henrique va hacia la mesada, se para frente a la cafetera y saca la jarra. Observa el hongo, el café, la jarra, las marcas del café, piensa en las veces y los lugares en los que el café pudo haberse llenado de hongos… - ¿Hace cuánto que no usan la cafetera, Ike? Él se ensimisma. No lo sabe. No sabe por qué sus padres no lo han visto. Suspira: - Hace más tiempo. - ¿Más tiempo que…? Henrique mira la pelusa de los hongos en el café. - ¿Ike? - Creo que hice café cuando fui a visitar a Gabi para el cumpleaños. - ¿En noviembre? - Sí. Aquel día no tomó el café que había hecho. Vio el agua hervir y volvió a la cama. Henrique sabe que hace mucho tiempo que no toma café. Sabe que faltan tres semanas para Año Nuevo. Y, sobre todo, sabe que hace mucho tiempo que no piensa en Gabriel. Canoas, 10/12/2011 Gabi, ¿vas a leer esto? Hace unos días vi que el café tenía hongos. A principios de mes. Habría querido sacarle una foto, llamarte. Te iba a gustar, me parece. Yo no sabía que al café le salían hongos. Tenía olor a pared. Mi mamá se rió, y mi papá hasta ahora seguro que no ha notado ninguna diferencia. A Manu le dio un ataque, me llamó cerdo y antes de que me diera cuenta le estaban cayendo las lágrimas. Me preguntó si yo era cuidadoso con el café del puesto. “Manu”, le dije, “a mí me pagan para cuidar las cosas del puesto”. Ella lloró más todavía, las lágrimas le bajaban por la cara. Todo por un café con hongos. El resto, todo igual. Ahora me pongo a pensar si a tu pelo, a tus uñas,a tu sangre, si le aparecen hongos. Hace tiempo que no voy a verte al hospital. Bastante. Nos hablamos, Ike 24

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Canoas, 12/12/2011 Gabi, Comenzaron las vacaciones de la facultad y quiero irme. Quiero vivir en Porto Alegre. O más lejos, hasta en São Leopoldo sería mejor, ¿sabes? Ellos aceptan que ok, hay una cultura alemana y todo lo demás. Aquí hay una cultura tren. Tú entiendes por qué detesto este lugar. Tú lo entendías. Te quejabas del Trensurb conmigo, del tren de las seis a las siete y media, de los días fríos en los que todo el mundo dejaba las ventanillas cerradas y compartíamos la gripe, de las personas que tenían que bajarse en el Mercado y viajaban pegadas a la puerta desde Unisinos. Debe ser porque llovió un 7 de septiembre. En uno o en dos, no sé. Pero el 7 de septiembre siempre es día de cancelaciones, atrasos, día sin manifestaciones, sin música; era el día feriado que tenía que quedarme en casa, los asados que no iban a existir, mi mamá irritada porque nadie más venía. Entonces nos llevaba el papá de Léo, a las puteadas, y nosotros nos quedábamos jugando SNES en casa de Léo hasta que alguien viniera a buscarnos. Sí. Creo que por eso odiamos esta ciudad y nos hicimos tan amigos. ¿Tuviste novedades de Léo últimamente? Y odiamos Canoas. Debe estar relacionado con esos acontecimientos que todo el mundo comparte. Creo que porque el eslogan de la ciudad es “Vuela Canoas”, sin coma. Ok, ok, es por el avión, el símbolo de la ciudad, “la importancia de la Aeronáutica para el desarrollo municipal”, la capital del avión. Creo que también debe estar relacionado con el hecho de que la señorita Zilá siempre me retaba porque no usaba la coma con los vocativos, pero uno tiene ahí esa mierda de avión en la plaza principal. Vuela Canoas. Esa frase tiene tan poco sentido en tantos niveles, ¿sabes? Las canoas no vuelan. Mierda, las canoas no vuelan. Entiendes lo que quiero decir, ¿no? Creo que por eso odio tanto esta ciudad. Quizás por la atención que tuviste en el hospital (canoense). Y fue un 7 de septiembre (de inundaciones). Casi te moriste. Ok, ok: caíste en coma. Pero si me preguntan, no creo que sea mejor. De ahí te transfirieron a un hospital en Porto Alegre para la cirugía, como si eso te pudiera hacer vivir. Porque esportoalegrense es mejor. Y hasta en eso te mintieron, porque en Porto Alegre las cosas no cambiaron una mierda. Sí. Creo que por eso odio tanto esta ciudad. Por eso y por la imagen de una canoa con alitas. Estoy cansado de este lugar. (¿Llegaste a saber si a Léo lo metieron preso?) Estábamos cansados de este lugar. Después del puesto, te voy a ver. Sería como la tercera vez, Ike Traducido por Julia Tomasini Destinaçao Brasil Destinaçao Brasil

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ANA PAULA MAIA Nací y crecí en Río de Janeiro, pero eso no me convierte en una apasionada de la playa, la samba y el carnaval. Me crié oyendo las fantásticas historias de mi abuela, María, yendo a cine a ver películas de terror en los años ochenta y oyendo mis discos de cuentos infantiles. Eso me llenó de historias y me fertilizó la imaginación. Podía ir a cualquier parte y ser cualquier persona. Comencé a escribir a los 20 años y a los 25, publiqué mi primera novela. No me tomó mucho tiempo crear un proyecto literario consistente, y allí di inicio a la trilogía A Saga dos Brutos (La saga de las bestias) que aborda la relación entre el hombre común y el que trabaja o ejecuta. Era un proyecto arriesgado, pues en la literatura brasileña no ha habido algo semejante, ni en la clásica ni en la contemporánea. Emprendí un viaje a contracorriente de la producción actual, con historias pobladas por personajes peculiares que realizan actividades sencillas y bestiales, como el que sacrifica puercos, el que limpia los drenajes y alcantarillas, el que crema cuerpos o rescata a víctimas de incendios. Edgar Wilson es el nombre de uno de mis personajes, que de modo recurrente aparece en mis libros. Edgar se convirtió en parte esencial de mi literatura, y su manera extraña de percibir el mundo junto con sus actos condenables lo hacen un personaje controvertido y muy curioso. Tengo libros y textos publicados en diversos países e idiomas, como serbio, francés y alemán, entre otros. A guerra dos bastardos (La guerra de los bastardos) es considerada una de las mejores novelas policiacas extranjeras publicadas en Alemania en 2013. Mis libros publicados: - O habitante das falhas subterrâneas (El habitante de las fallas subterráneas), 2003 - A guerra dos bastardos (La guerra de los bastardos), 2007 - Entre rinhas de cachorros e porcos abatidos (Entre peleas de perros y puerco sacrificados), 2009 - Carvão animal (Carbón animal), 2011 - De gados e homens (De ganados y hombres), 2013

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Fragmento de De ganados y hombres Edgar Wilson prende un cigarrillo y decide permanecer otros cinco minutos allí, ahora solo y en silencio. Desde donde está, ve muchas vacas pastando en corrales abiertos, delimitados por cercas de alambre. Camina hasta uno de los corrales y verifica que algunos alambrados ya no tienen la tensión debida. Al final de la tarde, cuando el crepúsculo abre hendiduras rojizas en el cielo, como fisuras en un volcán, los rumiantes se apartan de los pastos y van a recogerse en pequeños grupos debajo de algún árbol. Pero hoy el día está nublado y el cielo, en vez de una tonalidad sanguinolenta, será de un gris oscuro que enmarcará sus bordes. A Edgar le gusta mirar los animales confinados. Solos o en pequeños grupos, mantienen el mismo ritmo cuando mastican o abanican las colas. Los bovinos —todos ellos— cuando pastan se orientan hacia el norte, pues pueden sentir el campo magnético terrestre. Pocos saben la razón de ello, pero quienes lidian diariamente con ellos saben que tienen un código de comportamiento y que permanecen en la misma dirección al pastar. Ese equilibrio no se advierte en los hombres, en ninguno de ellos. Una vaca se le acerca a Edgar. Sosegada, mueve los flancos majestuosamente mientras mastica un puñado de matojos. Él le acaricia la cabeza. La vaca tiene una mancha café en la frente, en forma de gota. Ciertamente se acordará de ella cuando vuelvan a estar cara a cara. Termina el cigarrillo y vuelve al cajón de aturdimiento. Suspira, pesaroso. Es su trabajo, lo único que lo mantiene vivo. Mira para atrás. Los rumiantes que pastan tranquilos, que permanecen en grupos o solos, estarán luego todos frente a él, que es la propia bestia asesina. Al caer la noche la negrura absorbe todos los vestigios del día. Solo se percibe el olor de la sangre y los excrementos. Parte del ganado descansa y la mayoría de los hombres ya volvieron a sus casas. Los que viven en el alojamiento acostumbran reunirse por lo menos una vez a la semana en la cantina que queda a unos dos kilómetros de allí, donde pueden jugar billar y cartas, beber y encontrar prostitutas perfumadas que los esperan, los hombres del ganado, como son conocidos. Todas aceptan cortes de carne como pago, pero no cualquier pedazo. En la cantina, una balanza marca el peso. Con cada kilo se ofrece un servicio. —Edgar, ¿no vienes con nosotros?— pregunta Helmuth. —Después, luego voy. —No vayas a llegar tarde. El viejo Emeterio está caliente. Se va a comer a todas las muchachas. El viejo Emeterio no aguanta la risa y se palmotea el muslo, como quien espanta el polvo.

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—No te voy a dejar nada, Edgar— dice el viejo, con su boca marchita y muy animado. Sosteniéndose los pantalones que insisten en caerse, Burunga se acerca a Edgar Wilson. —Hace días que no veo a Zeca. ¿Sabes algo de él, Edgar? Edgar Wilson no responde ahí mismo. Como suele hacer, procesa la pregunta y elabora con cuidado una respuesta. —Sí. Burunga se rasca la cabeza, aprehensivo. — ¿Dónde está? —En el río. —Ese desgraciado del Zeca me está debiendo un dinero. Veinte platas. Dijo que me iba a pagar, ¿y ahora me dices que se fue para Río? Tengo que mandar dinero a mi casa. Mi hija necesita unos anteojos -con el pulgar y el índice se exprime los bordes de la cabeza pensando en alguna forma de resolver la situación. Se recompone y le extiende un saludo a Edgar levantando el sombrero de paja. Sigue a los otros compañeros para una noche de diversión. Edgar Wilson constata que se le acabaron los cigarrillos. Con los brazos cruzados, mascando clavos, permanece solo, iluminado apenas por un rayo de luz de un foco encendido en un poste.

Traducción de Ramiro Arango y Mercedes Guhl

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ALTAIR MARTINS Soy del sur de Brasil, donde se come la mejor carne de res, hace frío y el viento silba en los rincones. Nací en una casa donde no había libros. Como soy hijo de jockey, mi debilidad era conversar con los caballos. Me siento a gusto sabiéndome pariente de seres que, por tener cuatro patas, no se contentan con un mismo lugar. Como mi padre murió cuando yo era niño, y no tenía un caballo que fuera mío, la lectura se convirtió en mi montura. Sin embargo, no tuve silla de montar: en lo alto de un árbol puse un asiento viejo y, escondido allí, pasaba el día leyendo lo que cayera en mis manos. Desde allá, los libros se convirtieron en cosas nobles para mí, algo semejantes a objetos que uno mantiene apretados en las manos. La literatura me salvó de una vida desgraciada y me armó de mundos que no pasaban por donde yo vivía. Por esa época, mi madre hace su incursión. Nunca escribió ni leía libros, pero inventaba historias fantásticas para explicar cosas que desconocía. Un buen ejemplo es la cera con la cual lustraba pisos: era cera que algunos hombres extraían de los oídos de los monos. Creo que mi madre me aguzó el sentido del gusto por la mentira. Junté lo que ella contaba con la mística de los libros y un día escribí un poema mentiroso sobre un loro ruidoso. Con el poema hice un libro que fotocopié para la escuela. El libro quedó colgando de una vara, junto a los trabajos de otros niños. Nunca me leyeron tanto ni me sentí tan escritor como aquella vez. A partir de ahí me dediqué al teatro (fui actor), a las caricaturas que publicaba en los periódicos (fui caricaturista). Terminé estudiando letras, una maestría y un doctorado. Me convertí en profesor. A los 19 años me gané el Premio Guimarães Rosa de Radio Francia Internacional en la categoría de cuento, y de nuevo a los 23. Vinieron los libros: tres de cuentos y dos novelas. Y más premios. Mi novela más conocida, A parede no escuro (La pared en la oscuridad), recibió el Premio Sao Paulo de Literatura, y fue traducida al español. Fui profesor de cuento en el curso de formación de escritores de UNISINOS. En 2010 estuve en Nicaragua recogiendo las imágenes que dieron pie a mi novela Terra Avulsa (Tierra suelta). Continúo como profesor, montado en el mismo caballo que conversa conmigo. En la actualidad escribo piezas de teatro.

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Fragmento de La pared en la oscuridad 29 [el fondo oscuro] La ambulancia llegó a las siete de la tarde frente a la casa de don Fojo. Dos veces una ambulancia en la misma calle en tan poco tiempo. Varias personas salieron de la casa. Otros no necesitaron ir para entender. La cosa fue rápida y sin sirena. Menos de 10 minutos. Lo llevaron en una camilla con ruedas. Doña Bárbara, antes de salir, corrió a los fondos y cerró la puerta del galpón de los pájaros. Al cerrar el portón, notó dos gatos ladinos husmeando una huella de olores. Y entonces la ambulancia se puso en movimiento y partió. Bárbara apoyó la cabeza y, sentada, miró a los enfermeros que cuidaban al marido. Fojo estaba sedado, pero parecía sonreír por los costados de la boca, burlándose del mundo. No dejes que me lleven, Bárbara. Está todo oscuro. Una cosa dura dentro de la boca. No muevo la lengua, pero parece que me sacaron los dientes. Difícil respirar con esta máscara. Me metieron una pala de arena fina en el pecho. No dejes, Bárbara: van a llevarme al hospital y no confío más en ningún médico. Van a hacer una devastación en mi pecho. Van a meter mangueras. No quiero. ¿Ya llamaste a Emanuel? Contengo la tos. Creo que si toso me explotan las venas de la cabeza. El fallecido padre Norberto murió de lo mismo. Y entonces él decía que de caballo y burro no salía becerro, y era así. ¿La sangre no es sangre? La misma sangre, entonces. Cruza de bagre con portugués. Uno es bicho igual, sólo que uno habla. De ahí que el hijo de uno tiene que ser parecido a uno. Después viene el médico a decirme que mi pulmón se volvió aserrín a causa del cigarrillo. Es de la sangre. Es un veneno que está en la sangre. El fallecido padre escupió una bola podrida en el lavatorio. La cosa salió como si estuviera vomitando. Era una gelatina. Me quedé con eso grabado en la cabeza y creo que era un pulmón allí en el lavatorio. Después los médicos lo llevaron y el fallecido Doctor Amaral dijo que le iban a sacar el resto del pulmón, y fue tío Antonio quien dijo que era para estudio. Después el fallecido padre volvió a casa con un solo pulmón. Duró menos de dos meses sin salir de la cama. Por eso no quiero que me saquen nada, que es de la sangre. En mi pecho nadie se mete, que todavía puedo morder la mano del infeliz que lo intente. Si el pulmón está podrido, muero con él. Es mío y se lo doy de comer a la tierra. No tengo miedo de ningún bicho. Bárbara, ¿estás ahí escuchándome en la oscuridad? ¿Y Emanuel ya vino? Escucho sólo ruidos de autos y pienso que Bárbara se debe haber dormido de cansada. Dos personas conversan cosas indescifrables. Me duele todo, de repente. Parece que el pulmón se disolvió y fue chupado por los huesos. Bien hecho: me cansé de picar vidrio de la lámpara en el guiso y dar a los gatos para molerlos por dentro. Ahora me siento todo molido también. Me consideraba fuerte y acabo así. En el hospital van a llenarme de agujas. Si ya me agujerearon, entonces es porque quedé con el cuerpo todo adormecido. Por los exámenes es eso: mi sangre está toda desordenada. Sé que van a colocarme en una cama y me van a aplicar toda clase de químicos. Hasta podrá ser. 32

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Pero no me sacan nada sin que antes me arranquen las uñas y los dientes. Y después me amarren en una cama de hierro con un candado en el hocico. Fojo es joda, carniceros. ¿Quieren revolver dentro de mí, curiosos? No soy una radio a pilas que arman y desarman. El tero perdió el ala y no vuela pero no se entrega. Ninguna enfermera necesitará ponerme pañales o darme el papagayo para orinar antes de dormir. Si una enfermera quiere venir a bañarme, va a correr peligro. Que mientras tenga venas, me agarro con ellas. ¿Puedes poner a Emanuel aquí al lado, Bárbara? Ay mi cabeza. Está más oscuro ahora. ¿Para qué me están mojando los pies? Para terminar y de ahí no gastan más material conmigo, ¿no? Nadie responde y el ruido ya de agua y ya el agua me moja los muslos. Está muy helada, van a matarme. ¿Será que la ambulancia cayó en un río? Bárbara, agárrate de Emanuel, que el agua parece un río subiendo. Que abran la mierda de puerta, necesito nadar. Desgraciados. El agua ya me llegó al cuello y me sostengo con la punta de los pies en el piso. ¿Dónde están los enfermeros? Grito y nadie responde. Infelices. ¿Alguien? Y noto que estoy solo y encerrado en la ambulancia que se hunde en un río. Hay un fondo oscuro en mi ojo dándome un miedo que ablanda las piernas. Una miseria. No sé por qué cargué tanto miedo en esta vida. Sé que el agua subirá con una fuerza de los infiernos y entonces me sofocaré aquí solo. Pero moriré entero. Y aquí adentro al menos no serviré de comida a los peces. El agua ya está llegando al mentón. En un espacio de aire oscuro entre el agua y el techo pienso que si yo fuera a conocer a Bárbara de nuevo, querría hacerle una docena de hijos y que, si pudiera, querría ser más de lo que fui para Emanuel, y que si él estuviera aquí en mi lugar yo tampoco le abriría la puerta, y que si yo fuera ahora un pájaro, de nada serviría y que, si pudiera ver en la oscuridad y que si entonces hubiese clavado mi cuchillo en la cara de Adorno.

Traducción de Claudia Solans

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TÉRCIA MONTENEGRO Comenzó su carrera literaria en 1998 con la publicación de O Vendedor de Judas (El vendedor de Judas), libro que en la actualidad va por su quinta edición, y recibió el sello PNBE (Programa Nacional Biblioteca en la Escuela) del Ministerio de Educación y Cultura del Brasil. En 1999 ganó una beca para escritores brasileños con obra en fase de conclusión, de la Biblioteca Nacional, y en 2000 obtuvo el premio Redescoberta da Literatura Brasileira (Redescubrimiento de la literatura brasileña), promovido por la Revista Cult, con Linha Férrea (Línea férrea). Este libro fue publicado al año siguiente por la editorial Lemos.

En 2005 Tércia publicó los cuentos de O resto de teu corpo no aquário (El resto de tu cuerpo en el acuario), libro premiado por la Secretaría de Cultura del Estado de Ceará. En 2012 el volumen O tempo em estado sólido (El tiempo en estado sólido) recibió el premio Gobierno de Minas Gerais de Literatura y el premio nacional Ideal Clube de Literatura, además de ser seleccionado para la primera temporada de ediciones originales de la editorial Grua de Sao Paulo. En 2013 este libro estuvo entre los finalistas del premio Jabutí y también del Portugal Telecom. En 2014 Amazon publicó la versión en inglés Time in a Solid State, y algunos de los cuentos, en su versión en inglés, integrarán la edición 28 de la revista electrónica Day One, publicada también por Amazon.

Sus cuentos han formado parte de varias antologías brasileñas e internacionales. En 2012, cincuenta de sus crónicas se reunieron en el volumen Os espantos (Los espantos) y, en 2013, otras veinticinco dieron origen al libro electrónico Meu destino exótico (Mi destino exótico), disponible en Amazon. Su primera novela, Turismo para cegos (Turismo para ciegos) será lanzada en 2015 por la editorial Companhia das Letras. A Tércia Montenegro la representa la agencia literaria Riff.

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Fragmento de Cara de Perro Cuando Ric se quedó en Francia mientras su madre se consumía de cáncer no faltaron críticos, personas que hasta hoy lo miran volteado, como si apuntaran un dedo de justicia por la difunta. Yo fui el único que lo comprendió y, a pesar de no decir exactamente lo que pensaba, mis palabras fueron el gancho al que él precisaba agarrarse. En el fondo él estaba muy afirmado en la decisión, no había una traza de miedo en su actitud, pero confesar eso sería grotesco. Me envió varios mensajes por internet, antes de la llamada. Rumiaba la indecisión: si volvía a Brasil en aquel momento después no podría financiar su retorno —¿y cómo quedaba su investigación? Además de eso, la madre estaba en coma, llena de tubos: una mera pieza respirante que ni abriría los ojos para advertirlo tras un vidrio. Pero los parientes exigían su presencia, el sacrificio de otro número no aglomerado de personas del lado de afuera. Al pie de cada puerta de hospital se forman hinchadas silenciosas, con núcleos de variado tamaño según la gravedad de la enfermedad. En la UCI los grupos solían ser respetables, con por lo menos diez personas alternándose en los corredores en lentas caminatas a buscar café o susurrando sentados en los incómodos bancos. La mayor parte del tiempo las lágrimas están secas y los parientes dejan de enjugarlas para que la cara adquiera esos surcos que marcan los cachetes como finísimas películas, alas de mariposa. No resulta tan burdo como una cara en pleno acto de llorar, máscara inesperada de contorsiones donde todo parece encogerse: los ojos se estrujan, la boca desaparece, la quijada y el cráneo se aproximan en un rojo esfuerzo, y las manos ayudan a esconder, protegen contra el mundo, crean cáscaras. Le dije a mi amigo que eso era lo que iba a encontrar: un coro de desespero. Él podría pensar que, en términos simbólicos, valía la pena gastar un pasaje aéreo y arruinar sus finanzas, pero cuando estuviera en el hospital ciertamente quedaría arrepentido. La madre ya estaba muerta aunque todavía no hubiera muerto. Él sería uno más en la platea a la puerta del cuarto, sería una voz en la hinchada de los quejidos lastimeros —sin contar que no sería solo eso (¡ah, si solo fuese!), pues, a decir verdad, él sabía que las tías crueles y autoritarias resurgirían del pozo de olvido en que estaban. Todas harían cola para sofocarlo en abrazos e interminables sesiones narrativas, tratando de pellizcarle la memoria con relatos sentimentales para que llorara, se transbordara en dolor y sollozos, doblando el cuerpo sobre las rodillas, como si fuera a vomitar. Entonces las viejas tías le darían palmaditas en el hombro; sentiría la punta de uñas curvadas y satisfechas. Tendría que aceptar la comida que una de ellas iría inevitablemente a desempacar, una pastel cualquiera o un sándwich en un refractario adornado de florecitas. Más tarde, sería mejor aceptar una breve insistencia de frases hechas, del tipo “Necesitas comer” o “Es para dar fuerzas”. Si hiciera lo que le diera la gana, o sea, si mandara a volar con un aspaviento toda aquella comida-de-víctima y saliera a pasos largos del hospital rumbo al primer lugar tranquilo que encontrara (un centro comercial, un almacén de automóviles o un parque), sería peor. La tía se quedaría meneando la cabeza a sus espaldas, haciendo “tch tch” con los labios, lo suficiente como para que otros parientes se aproximaran. Mascullarían un veredicto referente a alguna revuelta de no aceptación; pero menearían la cabeza y quedarían dispuestas a esperar durante horas el retorno del extraviado. Si dentro de un plazo razonable no estaba de vuelta, comenzarían a telefonear. Irían a su casa. La policía. Los periódicos. 36

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Naturalmente Ric no llevaría las cosas hasta ese punto, pues si había pagado el pasaje aéreo debería quedarse allí, en vigilia en el hospital. Luego de un rato entraría en la misma sección aséptica, viendo de lejos la silueta gris de la familia. Se sentaría, mudo, a la espera de los buitres que vendrían a rodearlo. Probablemente la tía de antes no vendría a saludarlo, fingiendo dolor por su fuga —pero vendrían otras, con idéntico estilo: charlitas displicentes que resbalarían a recuerdos y, de repente, se ensancharían en un torbellino, mi amigo a la deriva en ese caldo, sintiendo ser removido por una cuchara, echado hacia los lados, en círculos cada vez más rápidos. Cuando al fin llorara, recibiría las palmaditas en el hombro. Y, con la cabeza baja, oiría el ruido de una tapa plástica abriéndose: esta vez era mejor comer. El ritual sería así hasta el entierro, si no se demoraba mucho. En caso de que la situación se prolongara, digamos dos semanas, Ric debía estar preparado. Algún pariente —esta vez lo probable es que fuera un joven de edad similar o, mejor aún, una prima joven y bonita— surgiría en escena con un nuevo papel: el encargado de “distraer” a mi amigo y a los demás hijos de la moribunda. Distracción que podría incluir hasta un cine o una cena decente, aunque su verdadero objetivo no fuera ese. Aquel actor (o actriz) recién surgido tendría como tarea traer a Ric de vuelta a la realidad, como se diría. El proceso comenzaría con preguntas simples, como el valor de la investigación de mi amigo. Al final de cuentas ¿se interesaba alguien en el arte hoy en día? ¿No sería más ponderado seguir un ramo útil, con retorno financiero garantizado? Tal vez fuera, de hecho, lo que le agradaría a la vieja madre; si ella pudiera hablar en aquel cuarto de vidrio diría exactamente eso: que su muchacho estaba desperdiciando la vida. Ric quedó sorprendido, preguntando si yo tenía una bola de cristal o, por lo menos, un tarot extendido sobre la mesa. Yo parecía conocer a varias personas de su familia y, sin embargo, él tenía la certeza de no haberme presentado a ninguna. No fue necesario, respondí; los hechos son previsibles, siempre sucede lo mismo en los hospitales. Claro que ciertas familias son peores que otra; me imaginé la tuya como una de las más terribles, porque generalmente es así en el caso de los artistas. Me agradeció y dijo que ya había decidido no volver de Francia en ningún caso. Colgué el teléfono y abrí una cerveza; yo también era altamente previsible y pasaría buena parte de la noche pensando en mis fantasmas, en aquello que no le mencioné a mi amigo. (…)

Traducción de Ramiro Arango y Mercedes Guhl

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JOSÉ LUIZ PASSOS La quiebra de un pacto entre el campo y la ciudad es un aspecto fundamental de las letras brasileñas. Está en la simplicidad atónita y genial de Rubião, en Machado de Assis; en el mea culpa del Joaquim Nabuco memorialista; en el cambio de posición de Euclides da Cunha frente a la masacre de Canudos. Está en el sentido de los viajes de Macunaíma, en el redescubrimiento de los poemas amazónicos de Mário de Andrade; es el principal motor del ciclo narrativo de 1930; atraviesa la obra de Guimarães Rosa para resurgir en Macabea, de Clarice Lispector. De cierta manera, ese es el horizonte literario en el cual existo. El sujeto rural, la vida en la provincia, el viaje al campo me sirven para destacar en las novelas que he escrito hasta ahora — Nosso grão mais fino (Nuestro grano más fino, 2009) y O sonâmbulo amador (El sonámbulo amateur, 2012) — cuestiones que me parecen cruciales en la organización de la vida brasileña. Naturalmente, la mayoría de lo que se publica hoy en día, en Brasil, sucede en las ciudades. Por eso, tengo la sensación de que la representación de la sociedad patriarcal, como lugar o como objeto hacia el cual converge la mirada crítica o el sentimiento nostálgico, traduce una visión parcial y urgente del fenómeno. La vieja y fallida industria súper moderna (la textil o la azucarera y de alcohol) produce también una fuente de mitos sobre la edad de oro, sobre el fausto, sobre la caída, sobre la degradación del carácter y de los afectos en el tiempo presente. Son esas relaciones de compadrazgo y favores las que aún nos definen, también en las ciudades y en un espacio supuestamente globalizado. Busqué retratar aspectos contradictorios de la vida íntima en ese mundo. Esa es también en cierta manera mi propia trayectoria. Nací en un ingenio azucarero en 1971. Vivo en California desde 1995. Mis personajes transitan entre el interior del estado de Pernambuco y su capital, Recife. Están siempre de alguna forma viajando. En ambos casos quise que el énfasis de las novelas recayese en un intento de recuperación del pasado, por el reencantamiento de pasiones y traumas latentes que juzgamos superados o invisibles. El tema es ya conocido. Las voces son otras. Espero que el resultado sea interesante, y novedoso.

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Fragmento de Historia natural de la visita

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Apretando los ojitos en una mueca, la niña había prácticamente resumido la situación de él, las circunstancias y el conflicto en el que Zach se fue a meter, acostado, la gente de la casa entrando y saliendo del cuarto, queriendo todos saber si ya era la hora, si él sentía que el momento llegaba e iría a precisar la vasija de nogal pasada de mano en mano, con celeridad, para que al final Zachary fuera a montarse en el reborde de aquella bacinica. “En el perico del niño”, como dice el pastor, su papá. Y él, el niño, acomodaría el blanco trasero en la cuenca de ese utensilio asqueroso, de tantas pasadas. Y él, con los brazos cruzados delante de todo el mundo, apretando la cara y el vientre, la cabeza asomada por entre las rodillas, meciéndose con los ojos cerrados, como si el recipiente, atado al suelo por raíces profundas y paladas de abono fresco, no pudiera jamás volcarse al pie de la cama en que el pastor dormía. La pequeña Annabel admira al hermano en esa lucha. Mira a Záchary de frente, recostada al fondo de la sala, sin esconder la cara. En los días de la panza mala, el niño es la ocupación de la casa. Irrita al pastor, quien achaca la razón a frutas hinchadas, al hueso de las frutas, al disgusto que el niño tiene por la cata. “Pero un hombre son sus esfuerzos”, dice el pastor. Por eso, el dosificador se mantiene en la mesita de la sala, en una jarra azul con un platito por tapa. El pastor prepara la mezcla con cáscara de lima y raíz amarga, hasta sacar de ella una miel café, que les recuerda a los pequeños el barro formado en el curso sinuoso de sus propios cuerpecitos, “Pues la causa es el efecto y el efecto es la causa; comienzo y fin se enredan en una madeja sin puntas”, repite él, mientras pasa en jarritas de estaño, temprano en la mañana, una dosis a cada uno de ellos, los seis hijos ya formados en fila. Y Zach queda de último, para que, esperando su turno, al rigor de una expectativa prolongada, el niño se abra a las causas latentes y extienda, aún más, sus propios fines. El nombre del pastor es Baldy Washington, pero nadie llama al pastor por su nombre. Es alto y agitado, de talle fino, rostro duro, y barba cana quemada por un rastro de pelo rojo. Quien pase a esa hora verá a Baldy aleccionando a los niños, repitiendo sermones que su propio abuelo, el viejo Hill Taylor, mandó a publicar en vida. En uno de ellos, el destino de la región está prefigurado en la imagen de dos jóvenes que arriesgan sus cabezas dentro de la bocaza de un oso. A veces, el pastor recuerda también a los hijos la voluntad de Sallie Liz Cordell, la madre de ellos, “Que aprendan a oírme, fue lo que dijo ella”, y el pastor hace la señal de la cruz. Sallie y Baldy son los padres de Záchary Clay Taylor. Pero cuando están solos, riéndose bajo el canasto de la ropa, leyendo las mismas páginas de los mismos libros de siempre, con mapas de Brasil coloreados en rosa y amarillo, dándoles nombre a los escarabajos atrapados en una caja de madera, Annabel llama a Zach Clayman, barrombre. Nombre que para ella, a los siete años, ya significa el hermano, las salidas, las zambullidas, la intensidad del hermano, a sus ojos un pequeño gigante grave y ensimismado, y por quien ella cultiva una inmensa adoración.

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La niña está segura: Záchary, nuestro hombre de barro, era, en el clan de los Taylor, el más firme y, no obstante, de todos ellos, el único realmente flexible.

2.

¿No llegaron ya muchos al éxtasis por causa de las hazañas de Luther Burbank en el mundo vegetal? Burbank convirtió la amarga yerba-de-san-juan, la venenosa euphorbia y algunos cactos espinosos en plantas lisas, saludables, comestibles. Por medio de la cruza hizo que la margarita africana, anaranjada, se mezclara con la blanca y diera margaritas en las variedades del arco iris. De la ciruela con el melocotón desarrolló los plumcots, una fruta nueva. Transformó las moras silvestres, moradas, en moras blancas, que son doradas. Y de la ciruela sacó una variedad sin hueso; y todo eso además de tantas otras hazañas. Volvamos, pues, al jardín del Señor y veamos los especímenes humanos. Oigan de la vida amargada de José Domingues, más tarde adosada a la de un santo hombre. De la vida venenosa de Olimpio de Barros, convertido en el buen samaritano de su lugar natal. De la vida espinosa de Antonio Correia, de Río Salsa. De las margaritas venenosas que eran doña Ana y Angelina, en Vila do Conde, y de doña María, esposa del señor Emiliano. ¿Y qué decir, entonces, de doña Arquiminia Barreto, la margarita mayor y más perfumada de ese jardín? Vean el poder de la polinización del evangelio en los corazones de hombres como Joao Batista, Pitada, Marciano y su hermano, el capitán Egidio, además de Zezé, de Vila do Conde, nuestro gran perseguidor que, después de veinticuatro años, recibió el evangelio. Reparen, si no, en la historia de un muchacho de apariencia lo más insignificante posible, pero que se tornó en gran apóstol en una provincia cercana a Río de Janeiro. Y en el ciego Constantino, que aprendió inglés y ahora lee su Biblia en letra de alto relieve, predicando a su propio pueblo en la lengua que ellos hablan. Y en Maroca, cubierta de achaques, que se convirtió en la flor más linda de todas. Y en cómo se dio la transformación de un jugador de apuestas en un animado pastor evangelista, en el bosque de Guandú. En fin, sepan de la señorita Barreto, quien, luego de su deceso, legó su propiedad a nuestra iglesia, su única heredera. Aquí está, también, la conversión de comunidades enteras, como las de Santa Rita, Conquista, Guandú y Río Salsa. Y, en ellas, acompañen a los siervos del Señor en su gráfica de impresos, en las escuelas, predicando en las calles, en los caminos y atajos, en sus visitas, hasta que la resistencia pasara y la simpatía tuviera lugar. La luz conquistó las tinieblas donde antes prevalecía la ignorancia. La felicidad llegó para las vidas de miles, cuando antes solo había desespero y penuria. Veinte mil conversos en menos de cuarenta años que, juntos, entregaron a los cofres del Señor, solo en el año pasado, el décimo-noveno del nuevo siglo, más de noventa mil dólares. Traducción de Ramiro Arango y Mercedes Guhl

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SÉRGIO RODRIGUES Nací en 1962 en Muriaé, una ciudad en el interior del estado de Minas Gerais. Este es un estado famoso por sus minas de oro, que ya se agotaron, por el mar que nunca tendrá y por ser la tierra de nombres famosos de las letras brasileñas, como Carlos Drummond de Andrade y Guimarães Rosa. Cuando niño oí a alguien decir que ser mineiro era ya como haber andado la mitad del camino para ser escritor. Una tontería, pero yo lo creí. A los 13 años decidí que me ganaría la vida escribiendo. A los 17 me fui a vivir a Rio para estudiar periodismo. Desde entonces he sido reportero, corresponsal extranjero, editor o columnista en la mayoría de los principales medios impresos del país. Hice crónica deportiva y en los últimos 20 años me he desenvuelto en el área cultural. Tengo dos blogs, uno sobre literatura <www.todoprosa.com.br> y otro sobre lengua portuguesa <http://veja.abril.com.br/blog/sobre-palavras/> en el portal digital de la principal revista semanal del país, Veja. Me estrené en la literatura en el año 2000 con una colección de cuentos, O homem que matou o escritor (El hombre que mató al escritor). Desde entonces he publicado otros siete libros. Mi novela más reciente, O drible, fue lanzada en octubre del año pasado. En abril de este año la publicó en español Editorial Anagrama bajo el título El regate, en excelente traducción del escritor mexicano Juan Pablo Villalobos. Es el drama de una familia contado sobre el trasfondo de medio siglo de historia y una celebración del fútbol brasileño en sus años de gloria, mucho antes del 1-7. O drible está siendo traducido también al francés y al danés, y me valió una invitación de Le Monde para colaborar como escritor de folletines en la tierra de Balzac. Durante el Mundial publiqué en el periódico francés una novelita en capítulos titulada Jules Rimet, meu amor (Jules Rimet, amor mío). Me complace constatar que la literatura finalmente comienza a darle a ese deporte el papel que se merece. Mi página personal, que contiene más información sobre mis libros, puede visitarse en: www.srodrigues.com.br.

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Fragmento de El regate En la pantalla, el portero uruguayo le da la espalda a la pelota, tiene una rodilla en el suelo y el cuello torcido a la derecha, mirando al delantero que se va, como si hubiera pasado un ventarrón. Y a la izquierda del cuadro, muy lejos de la pelota, ya dentro del área grande y más borroneado que nunca, Pelé comienza a modular los pies para cambiar de rumbo. Lo que Pelé tiene que hacer ahora es bien facilito, regalado, ¿o no?, el viejo abre una sonrisa en la que se ve con nitidez la sombra de la calavera en la que pronto se convertirá. Tiene que frenar para corregir radicalmente su ángulo de desplazamiento, frenar y en el mismo instante recomenzar la carrera en la dirección contraria, ahora atrás de la pelota, él que venía al tropel más desbocado fingiendo ignorarla. Se acabó el reinado de la idea pura, demasiado sublime para durar en el tiempo, el mundo material se impone otra vez con su masa, su aceleración, las leyes de la física al completo. Tiene que dar un giro de noventa grados y no perder velocidad, porque, fíjate, tiene que alcanzar la pelota antes que los adversarios y encima con un buen ángulo de disparo. Murilo suelta la imagen, Pelé consigue hacer las dos cosas, qué maravilla, la congela de nuevo. Va a chutar y a anotar, todos prevemos eso, el estadio de pie con sus pulmones que en ese momento podrían ser todos de piedra, dice, adornándose un poquito, porque no inspiran ni expiran: va a chutar y a hacer gol. Pero no es tan simple, porque ahora Pelé está del lado equivocado de la pelota, medio de espaldas a la portería, tiene que pegarle en un movimiento de medio giro. Y entonces, Dios mío, falla. Pelé falla. Falla el gol que no podría dejar de fallar, pensándolo bien, para que el mito se consumara. Lo que ves en la imagen liberada por última vez, la definitiva, es lo siguiente: mientras el tal Ancheta que iba a perder el tren se desploma en el césped, la pelota chutada por Pelé pasa rozando el poste derecho de Uruguay. Saque de meta, hecho consumado, el crack de cracks sale chupando un hielo que recogió por ahí con expresión levemente contrariada, pero serena. El viejo detiene el video. Coloca el control remoto en el brazo del sofá, te mira a los ojos otra vez y dice, lo que pasó aquí, Neto, fue simple: Pelé desafió a Dios y perdió. Imagínate que no hubiera perdido. Si no hubiera perdido, la humanidad nunca más habría dormido tranquila. Pelé desafió a Dios y perdió, pero qué desafío soberbio. Ese gol que no hizo no es sólo el mayor momento de la historia de Pelé, es también el mayor momento de la historia del fútbol. ¿Entiendes eso? ¿La intervención de lo sobrenatural, el relámpago de eternidad que cayó a la izquierda de las cabinas de radio y televisión del simpático estadio Jalisco, el 17 de junio de 1970? Puedo asegurarte que eso fue lo que sucedió, yo estaba allí y lo sé, y si fue algo más no me sorprendería, pero, como mínimo, eso fue lo que sucedió y lo que el videotape nos permite ver y rever para siempre, ¿entendiste? Una cosa tremenda, Tiziu.

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Poniéndose de pie con dificultad, se aparta de la burbuja de calor producida por la chimenea y camina hasta la terraza. Tú vas detrás de él. Es un poco más tarde del mediodía, pero el invierno llegó con determinación. El aliento helado que viene de los matorrales los abraza y en ese momento ves a tu padre en Guadalajara, un joven de más de treinta años con patillas de Félix, bigotazo de Rivelino, que toma cerveza con guacamole mientras acá abajo se acababa el mundo tal como tú, a tus cinco años, lo conocías. Es como si la vida entera tuviera como única bisagra aquel verano mexicano, invierno en Brasil, cuando tu padre no fue por la pelota, el regate de Pelé sobre Mazurkiewicz quebró la espina del destino y el mundo se desmoronó. Hay momentos en los que todo parece suceder al mismo tiempo, pasado y futuro aplanados en el presente, lo mismo que decir que nada jamás sucedió ni sucederá, todo está siempre sucediendo sin alcanzar el punto en el que el gesto se completa. El domingo en que Murilo te muestra en su casa del Rocio el gol que Pelé no hizo, tú te das cuenta por primera vez en la vida de que aquel era el mismo día – 17 de junio de 1970 – en que Elvira regateó la débil seguridad de la construcción del paso elevado de Joá para tirarse a las piedras que el mar golpeaba abajo. Claramente, como si la luz de un quirófano se encendiera en tu cabeza, te ves preso para siempre en aquel día, play, pause, rew, play, mientras Pelé no hiciera el gol estarías preso en aquel día, soñando que la vida había continuado. En ese momento miras a tu padre y revives por última vez, con violencia asombrosa, el viejo sueño de matarlo. Eso porque Peralvo nunca jugó el Mundial, dice Murilo, que parece inmune a las olas de muerte que emanan del hijo, la mirada perdida en la cresta verde plomizo de los cerros recortados contra el cielo gris. Peralvo iba a ser más grande que Pelé, Neto. Qué mierda de vida. Traducción de Juan Pablo Villalobos

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VERÔNICA STIGGER Nací en 1973, en Porto Alegre, una ciudad en el sur de Brasil, en la cual hace mucho calor en verano y mucho frío en invierno. Aunque me gustara escribir y me divirtiera redactando composiciones para mis amigas del colegio, jamás pensé en ser escritora. Tenía uno que otro cuento en una gaveta, pero no creía que pudieran ser considerados literatura. Lo único en lo cual creía en esa época era en mi novio, Eduardo, hoy en día mi esposo, poeta y profesor de teoría literaria. Un día, ya adulta y viviendo en Sao Paulo, ciudad a la cual me mudé en 2001, le mostré mis cuentos a un amigo que era corresponsal brasileño del sitio web literario portugués Ciberkiosk. A este amigo le gustó lo que leyó, y publicó los cuatro cuentos en el sitio web, mis obras completas (en aquellos momentos, ya había escrito un cuento más). Y con gran descaro, yo decía que esos cuentos formaban parte del libro O trágico e outras comédias (Lo trágico y otras comedias). A los editores portugueses que coordinaban el sitio web les gustaron los textos y me pidieron el libro. Por supuesto que no existía. Pero, como no quería perder la oportunidad de publicar, y menos en Portugal, pedí un mes para ’revisarlo’Fue así que entré, casi por casualidad, en la literatura. Hoy en día tengo diez libros publicados, dos de ellos infantiles. Entre ellos está Opisanie świata, lanzado el año pasado y galardonado con el Premio Machado de Assis a la mejor novela brasileña del año, que concede la Fundación Biblioteca Nacional. En mis libros me gusta explorar las diferentes formas literarias, irrespetando de manera deliberada los límites de género. Por eso, mis textos asumen los formatos más diversos: cuento, poema, pieza de teatro, carta, pie de foto, anuncio publicitario, conferencia, etcétera No es casualidad que dos de mis libros surgieran de proyectos pensados inicialmente para otros soportes: Delírio de Damasco (Delirio de Damasco) sale de una instalación visual y Minha novela (Mi novela) de un video, al cual se puede acceder a cualquier hora por youtube https://www.youtube.com/watch?v=dkyAYwO5r5Y).

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Fragmento de Opisanie swiata Bopp es libre como una flecha disparada de un arco. Ya recorrió el mundo. Tomó sol. Se clavó una espina en el pie. Montó a caballo, remó, bebió mate, comió turrón y vio caimanes con la boca abierta, con dientes serrados como el perfil de una fábrica. No para. Tiene hormigas en el cuerpo. En los días que tuvimos que quedarnos en el hostal esperando la partida del barco, se desapareció. Nadie tenía noticias de él. Pensé que había desistido del viaje. Pero, a la hora de embarque, cerrado ya el compartimiento de equipaje, he ahí Bopp que aparece en una curva del puerto, despeinado y descompuesto, gritando y corriendo y tropezándose con sus interminables maletas. Sus cortas piernitas no colaboraban con esa carrera desvariada. Llegó jadeante a la cubierta y, sin dar tiempo a recobrar el aliento, fue ahí mismo soltando una historia difícil de creer. A duras penas se había acomodado en el hostal cuando escuchó un sonido que venía de la calle. Parecía música, pero era distinto de todo lo que había escuchado hasta entonces. Le recordaba vagamente sonidos con los que había tenido contacto en la Amazonia. Pensó que se parecía a un jazz tocado por los Waimiri Atroari. Salvaje, violento y, al mismo tiempo, seductor. Bopp bajó, claro está. Solo pensaba en seguir el sonido. En la puerta del hostal paró, cerró los ojos y aguzó los oídos para identificar de dónde provenía la música que, allá afuera, se mezclaba con el rumor de la ciudad. Dio una vuelta por el edificio y siguió por la callejuela que quedaba frente a la ventana de su cuarto. Allí la música se oía más alto, pero aún distante. Siguió afanadamente en su dirección. Al final de la callejuela la música sonaba más bajo. Bopp no sabía para dónde ir. Procuró concentrarse para reconocer el lugar de donde venía. Luego de un instante, ya no tuvo más dudas. La música salía de la calle a la izquierda. Inmediatamente dobló, ya la oyó más alta, sin embargo aún alejada. La calle era larga y Bopp se apresuró. Precisaba alcanzar el sonido. Pero este escapaba. Primero se hacía débil, luego desaparecía. Bopp aceleraba y volvía a escucharlo. Unos bramidos acompañaban ahora a la música. Bopp quería oír más. Pero la música continuaba desplazándose por la calle. Entonces Bopp corrió. Juzgó ver, a la distancia, cinco jóvenes peludos cargando instrumentos musicales. Vestían pantalones y camisas negras con sacos color lila encima. En la penumbra, el color chillón del saco sobre la ropa negra hacía que parecieran flores gigantes que, liberadas del ramo, flotaban sueltas en el aire. Cuando tocaban, se bamboleaban en una danza aún más demente que la música. Contorneaban la cintura y echaban las piernas hacia adelante. Alzaban los instrumentos a lo alto y daban saltitos. A veces se tiraban al suelo y se deslizaban sobre los paralelepípedos; y esta danza, si tuviera un nombre, pensó, podría ser kinkiliba (no sabía de dónde le llegaba tal pensamiento ni tal nombre). Bopp siguió corriendo. Los jóvenes se esfumaron por una calle transversal. Bopp fue tras ellos. Al voltear la calle ya no vio ni oyó lo que sea que fuera. El repentino silencio lo dejó preocupado. Miró para los lados y nada. Siguió andando. Caminó unos doscientos metros antes de volver a escuchar aquella extraña música. Apuró el paso. Allá, al fin, estaban los jóvenes. Los cinco, que luego se volvieron cuatro, recorrieron las callejuelas sucias del barrio. Anduvieron por todas partes, cantando y bailando. Bopp los siguió noche adentro sin jamás lograr llegar cerca de ellos, cosa que lo angustiaba.

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Quería poder bailar también, bambolearse y echar las piernas hacia adelante, pero si parara para hacerlo los perdería de vista. Se resignó a acompañarlos de lejos. Los acompañó hasta el infinito, hasta que las prostitutas se recogieron y las tienditas comenzaron a abrir, hasta que el sol se puso y volvió a ser de noche, hasta que las prostitutas volvieron a sus casas y las tiendas abrieron nuevamente sus puertas y no fue ya posible oír más la música. Parecían fantasmas, me dijo Bopp. Pero no fantasmas del pasado, añadió luego de una pausa, y, sí fantasmas que hubieran venido del futuro.

Traducción de Ramiro Arango y Mercedes Guhl

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PALOMA VIDAL Nací en marzo de 1975, en Buenos Aires. En junio de 1977 mi madre partió conmigo en un avión hacia Río de Janeiro, donde nos esperaba mi padre, quien ya había hecho el viaje en autobús. En diciembre de 1983 regresamos de visita mi madre, mi hermana (nacida en Brasil) y yo cuando la democracia argentina ya estaba restablecida. Ese trayecto se repetiría muchas veces después, en forma real e imaginaria, en mis escritos de ficción y crítica. Mi primer libro de cuentos, A duas mãos (A dos manos), publicado en 2003, comenzaba con un relato sobre un baile de tango en Río de Janeiro. En “Viagens”, un cuento largo de mi segundo libro, Mais ao sul (Más al sur), el mapa se ampliaba para incluir la ciudad de Barcelona a comienzos del siglo XX, desde donde partió mi abuelo paterno en un largo viaje en barco, y Londres, una de las ciudades donde he vivido. También viví en Los Ángeles, en Brasilia, y ahora resido en Sao Paulo, donde soy profesora de teoría literaria en la Universidad Federal de Sao Paulo. Tengo dos hijos, uno nacido en Río y otro en Sao Paulo, que se ríen cuando me oyen hablar en español. Hace poco leí, en una entrevista al poeta Nicanor Parra, que él decidió dejar de escribir para anotar las frases que sueltan los niños. Eso bien podría convertirse en el epígrafe del blog que mantengo desde el nacimiento de mi hijo mayor: “Lugares onde eu não estou” (Lugares en los que no estoy, www.escritosgeograficos.blogspot.com). Además de los dos libros de cuentos, he publicado dos novelas: Algum lugar (Algún lugar), en 2009, y Mar azul, en 2012. También escribí cuatro obras teatrales. Los temas son afines de una u otra forma, pero adquieren sus tonos propios según las exigencias del género: me parece que en el teatro hay más humor y, en la narrativa, más melancolía. También me he dedicado a la traducción del portugués y del español. Traduje, por ejemplo, a la escritora Margo Glantz. Una vez experimenté con la autotraducción, con el libro Mais ao sul, lanzado en Buenos Aires en el verano de 2011 por la editorial Eterna Cadencia. Fue uno de mis regresos importantes. Otro, en 2003, fue el del lanzamiento de la revista Grumo, que publico con unos cuantos amigos, entre Brasil y Argentina (www.salagrumo. org). Siento que sigo regresando. Por el momento. Quién sabe si algún día esa sensación pase. Quién sabe si de ahí surjan, además, otras formas de escribir.

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Fragmento de Sun in an empty room para Adri No fui yo quien vio aquella exposición de Edward Hopper en el Grand Palais. Yo no estaba en aquella ciudad entre el 10 de octubre de 2012 y el 28 de enero de 2013. Mi hijo no estaba conmigo. No había hijo, ¡no!, ni ningún niño conmigo en la fila. No había fila. ¿A quién se le ocurriría llevar un niño de 7 años a una exposición de Hopper a las 22:30, en pleno invierno? Un invierno que tardó en llegar. Cuando se demora es porque será mucho peor, había oído poco antes decir a una muchacha en el metro. Pensé que no tenía mucho sentido, pero ¿quién entiende del clima en estos tiempos? Y esa muchacha parecía muy segura. Por lo menos no había fila. Llegamos pronto a la entrada y pensé que necesitaba justificar la presencia de aquel niño allí conmigo. ¿A quién se le ocurriría? El señor de la puerta me dijo que no se permitían niños en ese horario. Que yo debía dejarlo allá, del lado de afuera. Se veía bien serio. Luego se rió y preguntó: ¿Usted lo dejaría? Si hubiera niño. Fuiste sola a la exposición de Edward Hopper. Pasaste rápidamente por la sección de los precursores. Habrías pasado rápidamente también por los primeros dibujos, pero tu hijo quedó fascinado por el detalle, y por el tamaño, bien pequeño. Le pregunté si le gustaría dibujar así y él contestó: no, no, yo soy más del imaginario. ¿A quién se le ocurriría que un niño de 7 años dijera algo así? Eso se lo preguntaste a María Filomena, que entiende mucho de niños, y también de Hopper. Fue ella quien me contó sobre Josephine, Jo Verstille Nivison y, después del 9 de julio de 1924, Jo Nivison Hopper, esa mujer que se refería a las pinturas de su marido como “nuestros niños”, y a las de ella como “natimuertas”. Jo llevaba cola de caballo y fue modelo de todas las mujeres en los cuadros de Hopper, aunque ellas no llevaran cola de caballo. María Filomena no lleva cola de caballo. Cuando habla sobre Walter Benjamín en sus conferencias se acompaña de una pila de cuadernitos. Ella me confió: todos quedan tan fascinados con los cuadernitos que ya no importa lo que yo diga. Y se rió mucho. Tiene 64 años, pero se ríe como un niño. Las viejas que llevan cola de caballo parecen un poco niñas viejas. Jo parecía una niña, una niña malcriada. María Filomena se hubiera reído también de esa idea. Ustedes podrían haberse reído mucho en la fila de la exposición de Hopper. Si María Filomena hubiera estado contigo. Si hubiera habido fila. Pero tú y tu hijo recorrieron rápidamente el camino formado por las estructuras de metal que dibujaban una fila inexistente. Entraron y vieron los dibujos que preparan, ¿será, será así?, ¿son una preparación para los grandes lienzos? No sabes si estás preparada para ver esos lienzos. Te sientes muy próxima al paisaje urbano tan desolado. Le dijiste eso a tu hijo: una vez vivimos en un lugar así. ¿Nosotros? Tu papá y yo. ¿Antes de que yo naciera? Antes. Qué raro. ¿A quién se le ocurriría que un niño de 7 años pensara tanto en la muerte? Le preguntaste eso a María Filomena y ella contó que cuando Edward Hopper tenía 9 años dijo que quería encontrar un filósofo que lo consolara cuando fuera viejo. Ella busca algo así en sus filósofos. Tal vez Hopper lo había encontrado en Jo. Ella murió unos meses después de él y ambos están enterrados juntos en el Cementerio de Oak Hill, en Nueva York. Mi hijo quería ir al Père Lachaise, pero al final no fuimos. Después descubrí que María Filomena estaba hospedada a pocas cuadras de allí y que podríamos haber ido los

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tres juntos. Tal vez así hubiera tenido yo el valor. Tal vez ella dijera: nuestro cuerpo está hecho para tener una mano abierta o cerrada, lo que se prolonga en las experiencias: unas pesan y otras aligeran. Para darme valor ella podría haber citado a Alain, quien cuenta el caso de los dos cazadores, el triste y el alegre. El cazador triste le falla a la liebre y dice: “Esto solo me pasa a mí”. El cazador alegre admira la astucia de la liebre, pues sabe bien que no está en la vocación de la liebre correr hacia la cazuela. Tu hijo se habría reído mucho de esa historia, pues a él, que piensa tanto en la muerte, le encantaría la parte de la cazuela. María Filomena habría dicho que los niños saben más que nosotros sobre la alegría. Habrías recordado que delante del último cuadro de la exposición, “Sun in an Empty Room”, tu hijo quedó muy animado diciendo que ese era el mejor de todos, porque uno puede imaginar lo que quiera dentro de él. Traducción de Ramiro Arango y Mercedes Guhl

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For the third consecutive year the Guadalajara International Book Fair opens its doors to Brazilian literature, and in this 2014 twelve new authors join the 23 who have participated in previous years’ Festivals. Attendees of the event will hear about different, contrasting and even contradictory Brazil’s—fictions nurtured by the landscapes of the Pernambuco in Northeast Brazil, the vibrant city of São Paulo, or the extreme south; Brazilians against Samba; Brazilians living in California or born in Buenos Aires and writers from areas with depleted gold mines. This year’s Destinação Brasil promises a diverse tour through this enormous country about which very little is known, in terms of its literature, in the rest of our continent. We continue to work on building a bridge between Brazilian literature and the rest of the continent and on the Guadalajara International Book Fair continuing to serve as a showcase for Hispanic America to get to know Brazil’s new literary values and its acclaimed authors who are little-known outside their country. This year, in addition to Destinação Brasil’s enticing selection of authors, the Carlos Fuentes FIL Salón Literario will be inaugurated by the prominent Brazilian Nélida Piñón, the first woman to become president of the Brazilian Academy of Letters, winner of the Juan Rulfo Prize and the Prince of Asturias Letters Award, who will discuss the relationship between Brazilian literature and that of the rest of the world with Nicaraguan writer, Sergio Ramírez. This year’s bet on Destinação Brasil would not have been possible without the efforts of the National Library Foundation, part of Brazil’s Culture Ministry, who we thank for their continued faith in us, even in times of severe budget cuts. For all those avid readers looking to discover new stories, who each year expect the FIL to surprise them and for professionals looking for business opportunities, the destination is Brazil.

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Pelo terceiro ano consecutivo, a Feira Internacional do Livro de Guadalajara abre as suas portas às letras brasileiras, e neste ano de 2014, doze novas vozes se somam ás vinte três outras que tem participado nas edições anteriores deste Festival. Os presentes neste acontecimento ouvirão falar de vários Brasis contrastantes e até contraditórios; ficções que se nutrem da paisagem de Pernambuco no nordeste do pais, ou da vibrante São Paulo, ou do sul profundo; cariocas detratores do samba, brasileiros assentados na Califórnia ou nascidos em Buenos Aires, escritores vindos de regiões com minas de ouro esgotadas. Destinação Brasil, este ano promete um riquíssimo passeio por este gigante tão pouco conhecido no resto do nosso continente, literariamente falando. Continuaremos trabalhando na construção da ponte entre as letras brasileiras e as do resto do continente, assim como para que a Feira Internacional do Livro de Guadalajara continue sendo uma vitrine para a hispanoamérica, tanto dos novos valores literários do Brasil, quanto dos escritores consagradas que são pouco lidos além das suas fronteiras. Neste ano, além da deliciosa seleção de autores de Destinação Brasil, o Salão Literário Carlos Fuentes da FIL, será aberto pela notável brasileira Nélida Piñón, a primeira mulher a chegar a ser presidente da Academia Brasileira de Letras, ganhadora do Prêmio Juan Rulfo e do Prêmio Príncipe de Astúrias das Letras, quem dialogará com o escritor nicaraguense Sérgio Ramírez, justamente, sobre a relação entre a literatura brasileira e a do resto da América. Esta aposta de Destinação Brasil talvez não fosse possível mais uma vez sem o esforço da Fundação Biblioteca Nacional, vinculada ao Ministério da Cultura do Brasil, a quem agradecemos a reiteração da sua confiança, mesmo em tempos de brutais cortes orçamentais. Para todos os leitores ávidos em descobrir novas histórias, para os que cada ano esperam que a FIL os surpreenda, para o público profissional que está à caça de oportunidades de negócio, o destino é o Brasil.

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Luiz Bras

From a young age I learnt, alongside my friends Fernando Pessoa and Jorge Luis Borges, that inventing biographies is a wonderful pastime. I am convinced that imaginary biographies are much more genuine than the empirical ones. My real biography claims that Luiz Bras is the alter ego of writer Nelson de Oliveira, who, according to the Brazilian press, exiled himself from literature in 2012 and left the country. It also asserts that Luiz Bras is the coordinator of the Ongoing Creative Literature Workshop at Casa Mario de Andrade in Sao Paulo; and that Luiz Bras collaborates with the Folha de S. Paulo, reviewing the main launches in the publishing market and publishing a monthly column called “Ruído Branco” (White Noise) in the Rascunho newspaper in Curitiba. Finally, my true biography lists the following as Luiz Bras’ main books: Pequena coleção de grandes horrores (A small collection of big horrors, mini stories, 2014), Sozinho no deserto extremo (Solo en el desierto extremo, novel, 2012), Muitas pieles (Many skins 2011) and Paraiso líquido (Liquid Paradise, short stories, 2010). It also states that Nelson de Oliveira compiled the anthologies Geração 90 e Geração zero zero (Generation 90 and Generation Zero Zero) by new Brazilian writers and has twice received the Casa de Américas Prize in 1995 and 2010. What is the symbolic significance of all of this? Nothing. True biographies are poor in mythology and mystery. They do not tell the truth about our intimate universe. My imaginary biography, more honest than the one above, never lies. The imagination empire does not hide secret beliefs or desires: Luiz Bras born in 1968 in Cobra Norato, a small city in the mythical Terra Brasilis. Throughout his childhood, he heard mysterious voices that told him secret stories. He now collects zigurat miniatures and illustrations. He likes to think these mythical, sacred and symbolic constructions hide creatures and mysteries from the past and the future. From our world and others. He only believes in imaginary biographies. And in Remedios Varo parallel universes. He has twice won the important and impossible Cstwertskst Prince Prize in the novel (2010) and short story (2014) categories.

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Muito cedo eu aprendi, com meus amigos Fernando Pessoa e Jorge Luis Borges, que inventar biografias é um passatempo maravilhoso. Acredito que as biografias imaginárias são mais verdadeiras do que as biografias empíricas. Minha biografia verdadeira afirma que Luiz Bras é o alter ego do escritor Nelson de Oliveira, que, de acordo com a imprensa brasileira, se aposentou da literatura em 2012 e saiu do país. Também afirma que Luiz Bras é o coordenador do Ateliê Permanente de Criação Literária na Casa Mário de Andrade, em São Paulo. Que Luiz Bras colabora com a Folha de S.Paulo, resenhando os principais lançamentos do mercado editorial, e mantém uma coluna mensal no jornal Rascunho, de Curitiba, intitulada Ruído Branco. Também indicaos principais livros de Luiz Bras: Pequena coleção de grandes horrores (minicontos, 2014), Sozinho no deserto extremo (romance, 2012), Muitas peles (ensaios, 2011) e Paraiso líquido (contos, 2010). Minha biografia verdadeira afirma, finalmente, que Nelson de Oliveira organizou as antologias Geração 90 e Geração zero zero, de novos ficcionistas brasileiros, e recebeu duas vezes o Prêmio Casa de las Américas, em 1995 e em 2010. Que significado simbólico tudo isso encerra? Nenhum. Biografias verdadeiras são pobres de mitologia e mistério. Não dizem a verdade sobre nosso universo íntimo. Minha biografia inventada, mais verdadeira que a biografia anterior, não mente jamais. Ela não esconde as crenças e os desejos mais secretos, quando afirma o império da imaginação: Luiz Bras nasceu em 1968, em Cobra Norato, pequena cidade da mítica Terra Brasilis Na infância ouvia vozes misteriosas que lhe contavam histórias secretas. Hoje coleciona miniaturas e gravuras de zigurates. Gosta de pensar que essas construções míticas, sagradas, simbólicas, abrigam criaturas e mistérios do passado e do futuro. De nosso mundo e de outros. Só acredita em biografias imaginárias. E nos universos paralelos de Remedios Varo. Venceu duas vezes o importante e impossível Prêmio Príncipe de Cstwertskst, na categoria romance (2010) e na categoria conto (2014).

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Raimundo Carrero

He was born in the city of Salgueiro, in the Pernambuco inlands (Sertão), in December 1947. He published his first novel, A história de Bernarda Soledade, a tigre do sertão (The Story of Bernarda Soledade, the Sertão’s Tigress) in 1975. It was strongly influenced by cordel literature and therefore, the Armorial movement created by writer Ariano Suassuna, with whom he was immediately associated. He conquered the main Brazilian literature prizes, including the Jabutí and the Sao Paulo Novel Prize. His books have been translated into Spanish, French, Rumanian and Bulgarian. He also has translations ready to be released in the United States. He coordinates literary workshops in Brazil and has written two books on the topic: Os segredos da Ficção (The Secrets of Fiction) and A preparação do escritor (The Writer’s Preparation). He currently writes literary reviews for the Pernambuco newspaper which belongs to the Brazilian State Government and his articles are published in the Rascunho magazine in Paraná, the most important literary magazine in Brazil.

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Nasceu na cidade de Salgueiro, no sertão de Pernambuco, em dezembro de 1947. Publicou seu primeiro romance - A história de Bernarda Soledade, a tigre do sertão - em 1975, com forte influência da literatura de cordel e, portanto, do movimento Armorial, criado pelo escritor Ariano Suassuna, a que se filiou imediatamente. Conquistou os principais premios da literatura brasileira, entre eles, o premio Jabuti e o pre,mio São Paulo de romance. Suas obras estão traduzidas para o espanhol, frances, romeno e búlgaro. E tem traduções prontas para lançamento nos Estados Unidos. É orientador de oficinas literárias no Brasil, com dois livros sobre o assunto: Os segredos da Ficção e A preparação do escritor Atualmente, escreve crítica literária no jornal Pernambuco, do Governo do Estado, transcrito pro jornal Rascunho, do Paraná, o mais importante jornal litetrário do Brasil.

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Ronaldo Correia de Brito

Ronaldo Correia de Brito was born in Sertón de Ceará, Brazil. He now lives in Recife, Pernambuco State, a coastal city surrounded by water from the Capibaribe River. This is were he trained to become a doctor. Although he has written since his youth, he only started publishing after his 40th birthday. He began working in theater and his first published books were designed for audiences of young people and children. In 1987, he brought out a collection of short stories, As noites e os días (Nights and Days) which earned him an invitation to publish with the Cosac Naify publishing house. In 2003, the volume of short stories Faca was well received by both critics and readers, and the “elusive” short story writer was revealed to the whole of Brazil. Essayist and Professor David Arrigucci, Jr. wrote a preface for the book in which he highlights the dramatic, harsh structure of his narrations and his dry, yet refined style. Two years later he published another book of short stories called Livro dos Homens (Man’s Book) which was equally successful. In 2008, Ronaldo ventured into novel territory with Galileia, published by Alfaguara. It received the Sao Paulo Literature Prize for Best Book of the Year. Soon after he published the short story Retratos imorais (Immoral Portraits) and the novel Estive lá fora (I Was There Outside). During these same years he published another two theater books, prose for children and young adults, chronicles and editions in different languages and countries, as well as adaptations for film and television.

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Ronaldo Correia de Brito nasceu no sertão do Ceará e mora no Recife- Pernambuco, uma cidade litorânea cercada pelas águas do rio Capibaribe, onde se formou em medicina. Embora escreva desde jovem, só começou a publicar depois dos 40 anos. Inicia-se com o teatro e os primeiros livros impressos são para o público infanto-juvenil. Em 1987, sai uma coletânea de contos, As noites e os dias, que rende um convite para editar com a Cosac Naify. Em 2003, o volume de contos Faca é aclamado pelos leitores e pela crítica, revelando o “esquivo” contista para todo Brasil. O professor e ensaísta Davi Arrigucci Jr. escreve um posfácio ao livro, em que chama atenção para a estrutura dramática e cortante das narrativas e seu feitio seco e depurado. Dois anos depois sai outro volume de contos – Livro dos Homens – obtendo o mesmo sucesso. Em 2008, Ronaldo estréia no romance com Galileia, editora Alfaguara, que recebe o Prêmio São Paulo de Literatura, como melhor livro do ano. Em seguida publica Retratos imorais – contos – e o romance Estive lá fora. Nesse tempo, outros livros são publicados – teatro, prosa infanto-juvenil, crônicas –, surgem edições em vários idiomas e países, adaptações para cinema e televisão.

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Marcelo Ferroni

I was born in 1974 and had lived my whole life in Sao Paulo, until the end of 2006 when I moved to Rio de Janeiro, got married and had two children. I am currently an editor at Alfaguara Brasil, a literary imprint belonging to Objetiva publishing house. I started writing when I was very young, but I am sure I did not do it very well because I used to only read war and spy thrillers. My conscious effort to write arose much later, around 2001. I took two and a half years to write my first book: a collection of nine short stories called Dia dos mortos (Day of the Dead, 2004) which Editora Globo agreed to publish. That was back in January 2004. A month later, I sent my resume to the same publishing house upon the suggestion of a friend and I became an editor there. As a result, I published my own book, something I do not recommend to anyone. I took six years to write my first novel, Método práctico de guerrilha (Practical Guerilla Method, Companhia das Letras, 2010) a fictional tale about Che Guevara’s last days in Bolivia. The following year, the book received the Sao Paulo Literature Prize in the new author category. It was published in Portugal and translated into Spanish, German and Italian. Following four years of hard work and false starts, I launched my second novel, Das paredes, meu amor, os escravos nos contemplam (Companhia das Letras, 2014) which is a detective novel of sorts about a crime committed in a closed room; fifteen suspects and an old slave ranch. Seeing as my first book was an historic novel and my second was a detective novel, I am now working on a realist novel which will be followed by a science fiction novel, a second detective novel, a triple hagiography and finally a war and spy thriller. That is, if everything goes to plan because we are talking about enough work to fill a quarter of a century.

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Nasci em 1974 e passei a vida inteira em São Paulo, mas no final de 2006 me mudei para o Rio de Janeiro, onde me casei e tive dois filhos. Sou atualmente editor da Alfaguara Brasil, o selo de literatura da Editora Objetiva. Comecei a escrever muito cedo, mas não devia escrever muito bem porque só lia thrillers de guerra e espionagem. Meu esforço consciente de escrita surgiu muito mais tarde, por volta de 2001, e passei dois anos e meio para fazer meu primeiro livro, uma coletânea de nove contos, Dia dos mortos (2004), que foi aceita para publicação pela Editora Globo. Estávamos em janeiro de 2004. Um mês depois, enviei meu currículo à própria Globo, por sugestão de um amigo, e me tornei editor por lá. Em consequência, fui o editor de meu livro. Não recomendo isso para ninguém. Levei seis anos para fazer o primeiro romance, Método prático da guerrilha (Companhia das Letras, 2010), um relato ficcional dos últimos dias de Che Guevara na Bolívia. O livro recebeu, no ano seguinte, o Prêmio São Paulo de Literatura, categoria autor estreante, e foi publicado em Portugal e traduzido para o espanhol, o alemão e o italiano. Após quatro anos de trabalho e falsos inícios, lancei o segundo romance, Das paredes, meu amor, os escravos nos contemplam (Companhia das Letras, 2014), que é uma espécie de policial, envolvendo um crime de quarto fechado, quinze suspeitos e uma antiga fazenda escravocrata. Tendo feito, portanto, uma espécie de romance histórico no primeiro livro e uma espécie de policial no segundo, trabalho agora numa espécie de romance realista, que será seguido de uma ficção científica, um segundo policial, uma hagiografia tripla e finalmente um thriller de guerra e espionagem. Se tudo der certo, claro, porque estamos falando de trabalho por um quarto de século.

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Luisa Geisler

I was born in 1991 in the South of Brazil, in beach-less industrial city called Canoas. Perhaps that is why I started to write: to try and describe the city where I would really like to live and with which I could identify myself. My first book, a collection of short stories, Contos de mentira (Imaginary Stories, Record, 2011) still had that sense of being a tourist in my own town. In my first novel Quiçá (Perhaps, Record, 2012) I played with this idea and I invented my own city which brought me to my latest novel: Luzes de emergência se acenderão automaticamente (The Emergency Lights will Turn On Automatically, Alfaguara, 2014). This book talks about my city and my things. I have been a finalist for some national prizes in Brazil. I have won others. I was chosen as the youngest author for the Best Young Brazilian Writers edition of the Granta Magazine. This has given me a certain sense of what I am doing, but I do not know where I am headed. I do not know if this makes sense, but writing is my home.

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Nasci em 1991 no sul do Brasil, numa cidade industrial sem praias chamada Canoas. Talvez por isso tenha começado a escrever, para tentar achar uma imagem de uma cidade onde eu realmente quisesse morar e com a qual eu me identificasse de fato. No meu primeiro livro, de contos, Contos de mentira (Record, 2011) ainda trazia esse senso de ser turista dentro de casa. No meu primeiro romance (Quiçá, Record, 2012), brinquei com isso e inventei minha própria cidade. Até chegar no meu último romance, Luzes de emergência se acenderão automaticamente (Alfaguara, 2014). Esse fala da minha cidade e das minhas coisas. Fui finalista de alguns prêmios nacionais, ganhei alguns, fui escolhida a mais jovem autora para a edição da Granta de melhores jovens autores brasileiros. Isso me deu um senso de saber o que estou fazendo, mas não de pra onde estou indo. Não sei se nada disso fez muito sentido. Talvez escrever seja a minha casa.

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Ana Paula Maia

I was born and grew up in Rio de Janeiro, but this does not make me passionate about the beach, samba and Carnaval. I grew up listening to my grandmother María’s fantasy stories, going to watch horror films at the movies during the eighties and listening to my discs of children’s stories. This filled me with stories and nurtured my imagination. I could go anywhere and be anyone. I started to write at 20 years of age and by 25, I had published my first novel. I did not take long to embark on a steady literary project. This is where the trilogy A Saga dos Brutos (The Beasts’ Saga) began. It is about the relationship between ordinary man and he who works or executes. It was a risky project. Brazilian literature has nothing like it in either its classic or contemporary literature. I began a cross-current journey against current production, with stories filled with strange characters who undertook simple yet brutal activities; such the pig slaughterer, the drain and sewer cleaner, the caretaker or the firefighter. Edgar Wilson is the name of one of my characters, who makes recurring appearances throughout my books. Edgar became an essential part of my literature. His strange way of perceiving the world, along with his reprehensible actions, make him a controversial and strangely odd character. I have books and texts published in a number of countries and languages including Serbian, French and German, among others. A guerra dos bastardos (The War of the Bastards) is considered one of the best foreign crime fiction novels published in Germany in 2013. My published books include: - O habitante das falhas subterrâneas (The Dweller of the Subterranean Faults), 2003 - A guerra dos bastardos (The War of Bastards), 2007 - Entre rinhas de cachorros e porcos abatidos (Between Dogfights and Slaughtered Pigs), 2009 - Carvão animal (Animal Charcoal), 2011 - De gados e homens (On Men and Livestock), 2013

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Nasci e me criei no Rio de Janeiro, mas isso não fez de mim uma pessoa apaixonada por praia, samba e carnaval. Criei-me ouvindo estórias fantásticas contadas por minha avó Maria, assistindo a filmes de terror durante a década de 1980 e escutando meus disquinhos de estórias infantis. Isso me fez ser povoada de estórias e fertilizou minha imaginação. Eu podia ir a qualquer lugar e ser qualquer pessoa. Comecei a escrever aos 20 anos de idade e aos 25 anos publiquei meu primeiro romance. Não levei muito tempo para criar um projeto literário consistente e assim dei início a trilogia “A Saga dos Brutos” que aborda a relação do homem comum com o trabalha que executa. Era um projeto arriscado, pois não havia na literatura brasileira, nem na contemporânea ou na clássica, um projeto semelhante. Iniciei uma jornada na contramão da produção atual com estórias povoadas de personagens peculiares realizando atividades simples e brutais como o abate de porcos, a limpeza de esgotos, a cremação de corpos e o resgate de vítimas de incêndios. Edgar Wilson é o nome de um dos meus personagens e é aquele que de modo recorrente aparece nos meus livros. Edgar se tornou parte essencial da minha literatura e seu jeito estranho de enxergar o mundo e seus atos condenáveis o tornam um personagem controverso e muito curioso. Tenho livros e textos publicados em diversos países e idiomas, como o sérvio, o francês e o alemão, entre outros. “A guerra dos bastardos”, é considerado um dos meus romances policiais estrangeiros publicado na Alemanha em 2013. Meus livros publicados: - O habitante das falhas subterrâneas (2003) - A guerra dos bastardos (2007) - Entre rinhas de cachorros e porcos abatidos (2009) - Carvão animal (2011) - De gados e homens (2013)

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Altair Martins

I am from the South of Brazil where the best beef is eaten, where the weather is cold and where the wind whistles through the land. I was born in a house where there were no books. Being the son of a jockey, my weakness was speaking with horses. I feel comfortable knowing I am a relative of beings who, because they have four legs, are never happy staying in just one place. My father died when I was a boy and because I did not have my own horse, reading became my mount. However, I didn’t have a saddle: I put an old chair high up in a tree and hidden there, I would spend the day reading whatever came into my hands. From there, books became noble things for me. They were like precious objects you grip in your hands for fear of losing them. Literature saved me from a life of disgrace and armed me with worlds which were nothing like where I lived. Around this time, my mother made her mark. She never wrote or read books, but she invented fantastic stories to explain things she didn’t know about. A good example is the wax she used to shine floors: she would say it was wax that some men extracted from monkeys’ ears. I think my mother sharpened my taste for the imaginary. I combined the stories she told me with the mystique from books and one day I wrote a fictitious poem about a noisy parrot. I turned the poem into a book which I photocopied for school. The book was hung from a bar alongside other children’s homework. Never have I been so widely read, nor have I ever felt so much a writer as at that time. From there I devoted myself to theater (I was an actor) and to caricatures published in newspapers (I was a cartoonist). I ended up studying a masters and a doctorate in literature. I became a professor. At 19 years of age and again at 23, I won the Guimarães Rosa Prize from International French Radio in the short story category. Two more books came: three short story collections and two novels. And more awards. My best known novel, A parede no escuro (The Wall in the Dark) received the Sao Paulo Literature Prize and was translated into Spanish. I was a short story professor in the writers’ training class at UNISINOS. In 2010 I went to Nicaragua collecting imagery which would give rise to my novel Terra Avulsa (Loose Soil). I continue working as a professor, sitting in the saddle of the same horse who continues to speak with me. I am currently writing plays.

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I am from the South of Brazil where the best beef is eaten, where the weather is cold and where the wind whistles through the land. I was born in a house where there were no books. Being the son of a jockey, my weakness was speaking with horses. I feel comfortable knowing I am a relative of beings who, because they have four legs, are never happy staying in just one place. My father died when I was a boy and because I did not have my own horse, reading became my mount. However, I didn’t have a saddle: I put an old chair high up in a tree and hidden there, I would spend the day reading whatever came into my hands. From there, books became noble things for me. They were like precious objects you grip in your hands for fear of losing them. Literature saved me from a life of disgrace and armed me with worlds which were nothing like where I lived. Around this time, my mother made her mark. She never wrote or read books, but she invented fantastic stories to explain things she didn’t know about. A good example is the wax she used to shine floors: she would say it was wax that some men extracted from monkeys’ ears. I think my mother sharpened my taste for the imaginary. I combined the stories she told me with the mystique from books and one day I wrote a fictitious poem about a noisy parrot. I turned the poem into a book which I photocopied for school. The book was hung from a bar alongside other children’s homework. Never have I been so widely read, nor have I ever felt so much a writer as at that time. From there I devoted myself to theater (I was an actor) and to caricatures published in newspapers (I was a cartoonist). I ended up studying a masters and a doctorate in literature. I became a professor. At 19 years of age and again at 23, I won the Guimarães Rosa Prize from International French Radio in the short story category. Two more books came: three short story collections and two novels. And more awards. My best known novel, A parede no escuro (The Wall in the Dark) received the Sao Paulo Literature Prize and was translated into Spanish. I was a short story professor in the writers’ training class at UNISINOS. In 2010 I went to Nicaragua collecting imagery which would give rise to my novel Terra Avulsa (Loose Soil). I continue working as a professor, sitting in the saddle of the same horse who continues to speak with me. I am currently writing plays.

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Tércia Montenegro

Tércia Montenegro began her literary career in 1998 with the publication O Vendedor de Judas, book that is currently in its fifth edition and was awarded the National Library in Schools Program Seal from Brazil’s Ministry of Education and Culture. In 1999 she won a grant for Brazilian writers with a work in itscompletion phase from the National Library. In 2000 she won the Rediscovery of Brazilian Literature Award, which is given by the magazine Cult, for her book Linha Férrea. The book was published the following year by Lemos publishers.

In 2005 Tércia published the stories O resto de teu corpo no aquário, book which won her an award from the Ceará State Secretary of Culture. In 2012 the volume Time in a Solid Statewas awarded the Literature Award from the Government of Minas Gerais and the national Ideal Clube Literature Award, and was selected for the first season of original works from Grua de Sao Paulo publishers. In 2013 the book was a finalist for the Jabutí and Portugal Telecom awards. In 2014 Amazon published the English version of Time in a Solid State, and some of the stories from the book are included in the 28th edition of the e-magazine Day One, also published by Amazon.

Her stories have been included in various Brazilian and international anthologies, including 25 mulheres que estão fazendo a nova literatura brasileira (Record Publishers), Contos cruéis: as narrativas mais violentas da literatura brasileira (Geração Publishers), Um rio de contos (Tágide, Portugal), O conto brasileiro contemporâneo (Laiovento, Santiago de Compostela), Der schwarze Sonh Gottes – 16 Fußballgeschichten aus Brasilien (Assoziation A, Berlin),Wir sind bereit. Junge Prosaaus Brasilien (Lettrétage, Berlin) and Wenn der Hahnkräht – Zwölf hellwache Geschichten aus Brasilien (editionfünf, Hamburg).

In recent years Tércia has written a column in the newspaper O Povo, which is published bi-weekly. In 2012 fifty of her articles were collected in the volume Os espantos and in 2013, another 25 were published in an e-book Meu destino exótico, which is available on Amazon. Her first novel, Turismo para cegos will be published in 2015 by Companhia das Letras publishers. Tércia Montenegro is represented by the Literary Agent Riff. 72

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Começou sua carreira como ficcionista em 1998, com a publicação de O Vendedor de Judas, livro que atualmente está em sua quinta edição e recebeu o selo PNBE (Programa Nacional Biblioteca na Escola), do MEC. Em 1999, ganhou a Bolsa para Escritores Brasileiros com Obra em Fase de Conclusão, da Biblioteca Nacional, e em 2000 venceu, com Linha Férrea, o prêmio Redescoberta da Literatura Brasileira, promovido pela Revista Cult. Este livro foi publicado no ano seguinte, em São Paulo, pela Lemos Editorial.

Em 2005, Tércia publicou os contos de O resto de teu corpo no aquário, livro premiado pela Secretaria da Cultura do Estado do Ceará. Em 2012, foi a vez de O tempo em estado sólido, volume que recebeu o prêmio Governo de Minas Gerais de Literatura e o prêmio nacional Ideal Clube de Literatura, tendo sido selecionado pela primeira temporada de originais da editora Grua, de São Paulo. Em 2013, este livro foi finalista do Jabuti e do prêmio Portugal Telecom. Em 2014, Time in a Solid State foi publicado pela Amazon e alguns destes contos, na versão inglesa, integraram a edição n°28 da e-revista Day One, igualmente editada pela Amazon.

Seus contos integram várias antologias nacionais e estrangeiras, como 25 mulheres que estão fazendo a nova literatura brasileira  (ed. Record),  Contos cruéis: as narrativas mais violentas da literatura brasileira  (Geração Editorial),Um rio de contos  (ed. Tágide, de Portugal),  O conto brasileiro contemporâneo  (ed. Laiovento, de Santiago de Compostela), Der schwarze SonhGottes – 16 Fußballgeschichtenaus Brasilien (Assoziation A, de Berlim),Wirsindbereit. Junge Prosa aus Brasilien (Lettrétage, de Berlim) e Wenn der Hahnkräht - Zwölfhellwache Geschichtenaus Brasilien (editionfünf, de Hamburgo).

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José Luiz Passos

The rupture of a pact between the country and the city is a fundamental aspect of Brazilian literature. There is something in the astonishing simplicity of Rubião, in Machado de Assis, in the mea culpa by Joaquim Nabuco amanuensis; in the change of position of Euclies de Cunha when faced with the Canudos massacre. It is in the feeling of adventure in Macunaíma’s travels, in the rediscovery of Amazonian poems by Mário de Andrade; it is the driving force of the 1930s narrative cycle; it crosses Guimarães Rosa’s work to reappear in Macabea, by Carice Lispector. In a way, this is the literary horizon in which I exist. The rural characters, provincial life, and travel to the country have served me to highlight issues which I think are crucial in the organization of Brazilian life in my two books: Nossogrãomais fino (Our Finest Grain, 2009) and O sonâmbulo amador (The Amateur Dreamer, 2012). Naturally, most of what is currently published in Brazil takes place in cities. This is why I feel that representing patriarchal society as a place or an object on which a critical view or a nostalgic feeling converge, translates into a biased and urgent vision of the phenomenon. The old and failed super modern industry (textile, sugar and alcohol) also produces a source of myths about the golden era, splendor, degradation of character and the effects of current times. These relationships of close friendship and favors which still define us are also in the cities and in supposedly globalized places. I tried to portray contradictory aspects of intimate life in this world. In a way, it was also my own path. I was born in a sugar mill in 1971. I have lived in California since 1995. My characters pass through inland areas of the State of Pernambuco and its capital, Recife. One way or another, they are always travelling. In both cases, I wanted the novels to emphasize an attempt to recuperate the past, a re-enchantment of latent passions and traumas which we believe to be overcome or invisible. The topic is already familiar. The voices are different. I hope the result will be interesting and new.

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A quebra de um pacto entre o campo e a cidade é um aspecto fundamental da modernidade nas letras brasileiras. Está na simplicidade atônita e genial de Rubião, em Machado de Assis; no mea culpa do Joaquim Nabuco memorialista; na mudança de lado de Euclides da Cunha, frente ao massacre Canudos. Está no sentido das viagens de Macunaíma, na redescoberta dos poemas amazônicos de Mário de Andrade; é o principal motor do ciclo narrativo de 1930; atravessa Guimarães Rosa para ressurgir em Macabea, de Clarice Lispector. De certa maneira, esse é o horizonte literário no qual existo. O sujeito rural, a vida na província, a viagem ao campo me servem para destacar nos romances que escrevi até agora – Nosso grão mais fino (2009) e O sonâmbulo amador (2012) – questões que acredito serem centrais na organização da vida brasileira. Naturalmente, a maioria do que se publica hoje em dia, no Brasil, se passa nas cidades. Porém, tenho a sensação de que a representação da sociedade patriarcal, como lugar ou objeto para o qual converge a mirada crítica ou o sentimento nostálgico, traduz uma visão parcial e urgente do fenômeno. A velha supermoderna indústria falida – têxtil ou sucroalcooleira – produz, ela também, um repositório de mitos sobre a idade de ouro, sobre o fausto, sobre a queda, sobre a degradação do caráter e dos afetos no tempo presente. E essas relações de compadrio e favor ainda nos definem, mesmo nas cidades, mesmo num espaço supostamente globalizado. Busquei retratar aspectos contraditórios da vida íntima nesse mundo. E essa é um pouco também uma trajetória minha. Nasci numa usina de açúcar, em 1971. Vivo na Califórnia desde 1995. Meus personagens transitam entre o interior do estado de Pernambuco e sua capital, Recife. Estão sempre, de alguma forma, viajando. Em ambos os casos, quis que a ênfase dos romances recaísse numa tentativa de recuperação do passado,peloreencantamento de paixões e traumas latentes, que julgamos superados ou invisíveis. O tema é velho. As vozes são outras. Espero que o resultado seja interessante, e novo.

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Sérgio Rodrigues

I was born in 1962 in Muriaé, a small city in the interior of the state of Minas Gerais, which is famous for its now-depleted gold mines, the sea it will never have, and for being the birthplace of some of the most famous Brazilian writers, including Carlos Drummond de Andrade and Guimarães Rosa. When I was a child I heard someone say that being born in Minas Gerais was like already being half-way on the path to becoming a writer. It was silly, but I believed it, and at the age of 13 I decided that I would earn a living as a writer. At 17 I moved to Rio de Janeiro to study journalism. Since then I have worked as a reporter, foreign correspondent, editor or columnist in the majority of the main newspapers and printed media in the country. I was a sports writer, which brought me to Mexico to cover the World Cup in 1986, and for the last 20 years I have been involved in writing about culture. I have two blogs, one about literature: www.todoprosa.com.br, and another about the Portuguese language http://veja.abril.com.br/blog/sobre-palavras/, which can be found on the website of the largest weekly magazine in the country, Veja. I made my debut in literature in 2000 with a collection of stories, O homem que matou o escritor. Since then I have published more than seven books, including four novels and a volume of stories. My most recent novel, O drible, was launched in October of 2013. In April 2014 it was published in Spanish by Anagrama Publishers as El regate, in an excellent translation by the Mexican writer Juan Pablo Villalobos. It is a family drama that takes place against the backdrop of a half-century of history, both political and social, but mostly it is about Brazilian soccer in its golden years—far before this 7-1. O drible has also been translated into French and Danish, and earned me an invitation from Le Monde to collaborate as a writer of melodramatic novels in the land of Balzac. During the World Cup I published a novel in chapters (or submissions?) in a French newspaper titled Jules Rimet, meu amor, about the theft the world cup, which was won by the Brazilian team in 1970 (and that we naively thought would last forever). I am pleased to confirm that O drible is one of the signs, and not the only one, that although our soccer just experienced an unprecedented crisis, literature has finally begun to give this sport the role it deserves as one of the pillars of Brazilian culture. You can visit my personal website, which contains more information about my books at: www.srodrigues.com.br

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Nasci em 1962 em Muriaé, uma pequena cidade do interior de Minas Gerais. Este é um estado famoso pelo ouro que não tem mais, pelo mar que nunca terá e por ser a terra de alguns dos maiores nomes das letras brasileiras, como Carlos Drummond de Andrade e Guimarães Rosa. Quando eu era criança, ouvi alguém dizer que ser mineiro era “meio caminho andado” para virar escritor. Era bobagem, mas acreditei. Aos 13 anos decidi que viveria de escrever. Aos 17 me mudei para o Rio a fim de estudar jornalismo. Desde então fui repórter, correspondente estrangeiro, editor ou colunista na maioria dos principais veículos de imprensa do país. Andei pela crônica esportiva – que me levou a cobrir a Copa do México em 1986 – e, nos últimos vinte anos, atuo na área cultural. Tenho dois blogs, sobre literatura ((www.todoprosa.com.br) e sobre língua portuguesa (http://veja.abril.com.br/blog/sobre -palavras/) no portal digital de Veja, a maior revista semanal do país. Estreei como ficcionista no ano 2000 com uma coletânea de contos, O homem que matou o escritor. Desde então publiquei mais sete livros, entre eles três romances, uma novela e outro volume de contos. Meu romance mais recente, O drible, foi lançado em outubro do ano passado, e em abril deste ano saiu em espanhol pela editora Anagrama, com o título El regate e excelente tradução do escritor mexicano Juan Pablo Villalobos. É um drama de família contado contra o pano de fundo de meio século de história – história política e social, mas sobretudo do futebol brasileiro em seus anos de glória. Bem antes daquele 7-1, portanto. O drible está sendo traduzido também para o francês e o dinamarquês e me valeu um convite do Le Monde para ser folhetinista na terra de Balzac. Durante a Copa, publiquei no jornal francês uma novela em capítulos chamada Jules Rimet, meu amor, sobre o roubo da taça que a seleção brasileira conquistou – acreditávamos que definitivamente, tolinhos – em 1970. Fico feliz de constatar que O drible é um dos indícios, não o único, de que, embora nosso futebol atravesse uma crise inédita, a literatura finalmente começa a dar a esse esporte o papel que ele merece como um dos pilares da cultura brasileira. Minha página pessoal, com mais informações sobre meus livros, pode ser acessada aqui: www.srodrigues.com.br.

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Verônica Stigger

I was born in 1973 in Porto Alegre, a city in Southern Brazil, where it is very hot in summer and very cold in winter. Although I liked to write and I had fun writing pieces for my school friends, I had never thought of being a writer. I had one or two stories in a drawer, but I did not think they would be considered literature. The only thing I believed in during that time was my boyfriend, Eduardo, now my husband, a poet, and a literary theory professor. One day, now an adult living in Sao Paulo where I moved in 2001, I showed some of my stories to a friend who was a Brazilian correspondent for a Portuguese literary website called Ciberkiosk. This friend liked what he read and published all four short stories on the website, my entire collection (at the time, I had already written one more short story). I had the nerve to say those short stories were part of a book called O trágico e outras comédias (The tragedy and other comedies). The Portuguese publishers running the website liked the texts and asked me for the book. Of course, it did not exist. But, seeing as I did not want to miss the opportunity to publish, especially in Portugal, I asked for a month to “revise” it. This was how I began, almost by coincidence, in literature. I now have ten published books, two of which are for children. These include: Opisanie świata, released last year and awarded with the Machado de Assis Prize for the best Brazilian novel of the year which is granted by the Fundación Biblioteca Nacional. In my books, I like to explore different literary forms by deliberately disrespecting a genre’s limits. For this reason, my texts take on a variety of formats: short story, poem, play, letter, footnote, advertisement, conference, etc. It is not a coincidence that two of my books arose from projects that were initially intended for other formats. Delírio de Damasco (Delirio de Damasco) came from a visual installation and Minha novela (My Novel) from a video, which can been viewed at any time on Youtube. https://www.youtube.com/ watch?v=dkyAYwO5r5Y

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Nasci em 22 de janeiro de 1973, em Porto Alegre, uma cidade ao sul do Brasil em que faz muito calor no verão e muito frio no inverno. Embora gostasse de escrever e me divertisse escrevendo redações para as minhas amigas no colégio, nunca pensei em ser escritora. Tinha um ou outro conto na gaveta, mas não achava que aquilo pudesse ser considerado literatura – o único que achava era meu namorado na época, Eduardo, hoje meu marido, poeta e professor de teoria literária. Um dia, já adulta e morando em São Paulo, cidade para a qual me mudei em 2001, mostrei meus únicos três contos a um amigo, que era correspondente brasileiro do site português de literatura Ciberkiosk. Este meu amigo gostou do que leu e publicou os quatro contos no site, minhas obras completas (naquelas alturas, já tinha escrito mais um). Eu, muito cara-de-pau, dizia que aqueles quatro contos faziam parte do livro O trágico e outras comédias. Os editores portugueses que comandavam o site gostaram dos textos e me pediram o livro. Claro que eu não o tinha. Mas, como não queria perder a chance de publicar, ainda mais em Portugal, pedi um mês para “revisá-lo”. Foi assim que entrei, quase por acaso, na literatura. Hoje, já tenho dez livros publicados, dois deles infantis. Entre esses livros, está minha primeira narrativa mais longa, Opisanie świata, lançada no ano passado, que levou o Prêmio Machado de Assis, concedido pela Fundação Biblioteca Nacional para o melhor romance brasileiro do ano. Em meus livros, gosto de explorar as diferentes formas literárias, desrespeitando propositalmente os limites de gênero. Por isso, meus textos assumem os mais diversos formatos: conto, poema, peça teatral, carta, legenda fotográfica, anúncio publicitário, palestra etc. Não por acaso, dois de meus livros se originaram de projetos pensados inicialmente para outros suportes: Delírio de Damasco decorre de uma instalação visual e Minha novela de um vídeo, que pode ser acessado a qualquer hora no youtube (https:// www.youtube.com/watch?v=dkyAYwO5r5Y).

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Paloma Vidal

I was born in March 1975, in Buenos Aires. In June 1977, my mother took me on a plane with her to Rio de Jaineiro, where my father was waiting for us. He had already made the trip by bus. In December 1983, my mother, my sister (born in Brazil) and I returned to visit when the Argentine democracy had already been reestablished. This journey would be repeated many times, both in reality and in my imagination, in fictitious and critical writing. My first book of short stories, A duasmãos (With Both Hands) published in 2003, opened with a story about a tango dance in Rio de Janeiro. In “Viagens,” a longer story from my second book, Maisaosul (Further South), the map broadened to include the city of Barcelona during the start of the twentieth century, where my paternal grandfather embarked on a long journey by boat, and London, one of the cities where I have lived. I also lived in Los Angeles, Brasilia and I now live in Sao Paulo, where I am a professor of literary theory at the Universidad Federal de Sao Paulo. I have two children: one born in Rio and the other in Sao Paulo, who laugh when they hear me speak in Spanish. I recently read in an interview of Nicanor Parra, that he decided to stop writing to collect children’s phrases. The following could well become the epigraph of the blog I have written since the birth of my oldest son: Lugares onde eu nao estou (Places where I am not) www.escritosgeograficos.blogspot.com). In addition to two books of short stories, I have published two novels: Algum lugar (Somewhere) in 2009, and Mar azul, in 2012. I have also written four plays. The themes are always similar in one way or another, but they taken on their own shades depending on demands of the genre: I think there is more humor in theater and more melancholy in narrative. I have also devoted myself to translation from Portuguese and Spanish. For example, I have translated the writer Margo Glantz. I once experimented with self-translating my book Maisaosul, launched in Buenos Aires during the summer of 2011 for the Eterna Cadencia publishing house. It was one of my most important journeys. Another was in 2003 when I launched the Grumo magazine along with a few friends in Brazil and Argentina (www.salagrumo.org).

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Nasci em março de 1975, em Buenos Aires. Em junho de 1977, minha mãe partiu comigo, de avião, para o Rio de Janeiro, onde meu pai nos esperava, tendo feito essa mesma viagem de ônibus. Em dezembro de 1983, retornamos, de visita, minha mãe, minha irmã, nascida no Brasil, e eu, já reestabelecida a democracia na Argentina. Esse percurso seria feito muitas vezes depois, real e imaginariamente, na escrita ficcional e crítica. Meu primeiro livro de contos, A duas mãos, publicado em 2003, começava com um relato sobre um baile de tango no Rio de Janeiro. Em “Viagens”, um conto longo do segundo livro, Mais ao sul, o mapa se ampliava para incluir a cidade de Barcelona no início do século XX, de onde partiu meu avô paterno numa longa viagem de navio, e Londres, uma das cidades onde vivi. Vivi também em Los Angeles, em Brasília e atualmente moro em São Paulo, onde sou professora de Teoria da Literatura, na Universidade Federal de São Paulo. Tenho dois filhos, um carioca e um paulista, que riem quando me ouvem falar em espanhol. Recentemente li numa entrevista o poeta Nicanor Parra dizendo que ele parou de escrever para anotar as frases das crianças. Essa bem poderia ser a epígrafe do blog que mantenho desde que meu filho mais velho nasceu: “Lugares onde eu não estou” (www. escritosgeograficos.blogspot.com). Publiquei, além dos dois livros de contos, dois romances: Algum lugar, em 2009, e Mar azul, em 2012. Escrevi também quatro peças de teatro. Os temas são contíguos em uma e outra formas, mas adquirem seus tons próprios segundo as exigências de cada uma: noto que no teatro há mais humor e na narrativa mais melancolia. Tenho me dedicado também ao trabalho de tradução do português e do espanhol. Traduzi, por exemplo, a escritora Margo Glantz. Experimentei uma vez com a auto-tradução, do livro Mais ao sul, lançado em Buenos Aires no verão de 2011, pela editora Eterna Cadencia. Foi um dos meus importantes retornos. Outro deles, em 2003, foi o lançamento da revista Grumo, que publico com alguns amigos, entre Brasil e Argentina (www.salagrumo.org). Sinto que continuo retornando. Por enquanto. Quem sabe algum dia essa sensação cesse. Quem sabe daí surjam, também, outras formas de escrita.

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SE TERMINÓ DE IMPRIMIR EN NOVIEMBRE 2014 EN LOS TALLERES DE COLORISTAS Y ASOCIADOS CALZADA DE LOS HÉROES 315 3700 LEÓN, GUANAJUATO, MÉXICO TIRAJE: 1,000

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Por tercer año consecutivo, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara abre sus puertas a las letras brasileñas, y en este 2014, doce n...

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