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Dudas del Futuro EP

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Capítulo 1 – La última clase

El ventilador giraba lentamente en el techo, como si también estuviera cansado de repetir el mismo movimiento una y otra vez. El aire apenas lograba mover las hojas de los cuadernos, y el calor hacía que el tiempo pareciera estirarse más de lo normal.

Era la última clase del día, pero también, de alguna manera, una de las últimas etapas de algo más grande. El salón no solo estaba lleno de estudiantes; estaba lleno de despedidas que todavía no se habían dicho.

El profesor se apoyó sobre el escritorio y observó a sus alumnos con atención. Había algo distinto en su mirada, como si entendiera que ese momento, aunque cotidiano, no volvería a repetirse.

—Antes de que se vayan —dijo finalmente— quiero hacer una pregunta. Algunos estudiantes levantaron la mirada sin mucho interés. Otros dejaron de escribir. Poco a poco, el murmullo desapareció.

—Ya casi terminan el bachillerato… ¿alguien ya decidió qué va a estudiar?

Las respuestas llegaron casi de inmediato.

—Yo medicina.

—Derecho.

—Arquitectura —dijo Camila, con una seguridad que parecía natural.

El profesor asintió con aprobación. Luego, su mirada se detuvo en Lucía.

—¿Y tú, Lucía?

El tiempo pareció detenerse por un segundo.

Lucía bajó ligeramente la mirada.

—Todavía no estoy segura…

No hubo burlas, ni comentarios. Pero aun así, el silencio que siguió le resultó incómodo. Como si su respuesta hubiera dejado en evidencia algo que todos intentaban ocultar.

Cuando el timbre sonó, el salón volvió a llenarse de ruido. Sillas moviéndose, mochilas cerrándose, conversaciones que comenzaban sin importancia.

Lucía salió caminando despacio. No tenía prisa. En realidad, no sabía hacia dónde quería ir, y eso hacía que cada paso se sintiera más pesado.

En el bus, se sentó junto a la ventana. Sacó su teléfono casi por reflejo.

Historias, publicaciones, planes.

Universidades. Carreras. Futuro.

Todo parecía tan claro para los demás.

—Parece que todos ya saben qué quieren… —pensó.

Guardó el celular y apoyó la cabeza contra la ventana.

Afuera, la ciudad seguía su ritmo: personas caminando rápido, vendedores ofreciendo productos, carros atrapados en el tráfico.

Todo avanzaba.

Menos ella.

Y por primera vez, en lugar de mirar hacia afuera, Lucía empezó a mirar hacia adentro… encontrando solo una pregunta que aún no sabía responder.

Capítulo 2 – En casa

La cocina era diferente al resto del mundo. Más cálida. Más tranquila. Más real.

El olor de la comida llenaba el espacio con una sensación de rutina que, en otros momentos, resultaba reconfortante.

—¿Cómo te fue hoy? —preguntó su mamá, sin dejar de mover la cuchara.

—Bien… normal.

La respuesta salió automática, casi sin pensarlo.

—¿Hablaron otra vez de universidades?

Lucía dudó un segundo antes de responder.

—Sí.

Su mamá guardó silencio por un momento.

—Solo quiero que pienses bien lo que vas a elegir —dijo finalmente—.

Algo que te sirva, que te dé estabilidad.

No había dureza en su voz. Solo preocupación.

Pero aun así, esas palabras se quedaron dando vueltas en la mente de Lucía.

Durante la cena hablaron de otras cosas, pero el tema nunca desapareció del todo. Permanecía ahí, como un eco constante.

Esa noche, en su cuarto, Lucía encendió la laptop.

La luz de la pantalla iluminó su rostro.

Abrió una página.

Luego otra.

Luego otra más.

Carreras, requisitos, universidades.

Opciones infinitas… y ninguna respuesta clara.

—Tal vez algo del área de salud… —pensó.

Pero la idea no duró mucho.

—¿Y si después no me gusta?

Cerró una página.

Abrió otra.

—¿Y si me equivoco?

La pregunta regresaba una y otra vez, cambiando de forma, pero nunca desapareciendo.

Apagó la pantalla por un momento.

El silencio del cuarto se volvió más evidente.

No era falta de interés.

Era miedo.

Miedo a elegir mal.

Miedo a decepcionar.

Miedo a no encontrarse en el camino que eligiera.

Y en medio de ese silencio, comprendió algo que no le gustó aceptar:

No decidir también era una forma de quedarse atrás.

Capítulo 3 – Conversaciones

El pasillo del colegio estaba lleno de ruido: pasos, risas, voces que se mezclaban en un mismo espacio.

Pero para Lucía, todo parecía más lejano.

—Ya mandé información a una universidad —dijo Camila de repente.

Lucía la miró, sorprendida.

—¿De verdad?

—Sí… aunque me da miedo.

Lucía frunció ligeramente el ceño.

—Pensé que estabas completamente segura.

Camila soltó una pequeña risa.

—Nadie está completamente seguro.

Esa respuesta quedó flotando en el aire.

Lucía no dijo nada de inmediato.

—Entonces… ¿por qué decides? —preguntó finalmente.

Camila se encogió de hombros.

—Porque si espero a estar cien por ciento segura, nunca voy a hacer nada.

Lucía guardó silencio.

No porque no tuviera qué decir… sino porque esas palabras se sentían demasiado reales.

Durante la clase, no logró concentrarse.

Miraba el cuaderno, pero su mente estaba en otro lugar.

Tal vez el problema no era no tener respuestas.

Tal vez el problema era esperar tenerlas todas antes de empezar.

Al salir del colegio, el aire de la tarde se sentía distinto.

No más ligero.

Pero sí más claro.

Por primera vez, el futuro no parecía solo una presión.

También parecía… una posibilidad.

Capítulo 4 – Reflexión

Esa noche, Lucía volvió a sentarse frente a su escritorio.

Pero esta vez no lo hizo con desesperación.

No abrió páginas de universidades.

No buscó respuestas perfectas.

Abrió un documento en blanco.

Se quedó mirando la pantalla unos segundos.

Y empezó a escribir.

Lo que le gustaba.

Lo que le interesaba.

Lo que le hacía sentir algo.

No eran respuestas definitivas.

Pero eran honestas.

Se detuvo.

Respiró profundamente.

—Tal vez nadie tiene la respuesta perfecta —pensó.

Miró la habitación.

Luego la ventana.

La ciudad estaba en calma.

Sin prisa. Sin ruido.

Y por primera vez en mucho tiempo…

ella también lo estaba.

Cerró la laptop lentamente.

No tenía un plan perfecto.

No tenía una decisión final.

Pero tenía algo distinto.

La disposición de empezar.

Y en ese pequeño cambio, encontró algo que no había sentido antes:

Tranquilidad.

Porque entendió que crecer no es tener todas las respuestas…

sino atreverse a vivir con las preguntas.

Dedicatoria

Para los jóvenes, que son el futuro.

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Dudas del Futuro EP by Estefania Padilla - Issuu