Issuu on Google+

cmyk

www.lapatria.com

P R I M E R

P L A N O

MARTES 27 DE MARZO DE 2007

3

a

Con homenaje a García Márquez comenzó el DURANTE EL HOMENAJE A SU VIDA Y OBRA LITERARIA IV Congreso Internacional de la Lengua. Se presentó la edición conmemorativa de Cien años de soledad y el autor recibió el primer ejemplar. FERNANDO RAMÍREZ ENVIADO ESPECIAL/LA PATRIA CARTAGENA

Una carpeta roja encartó a 'Gabo'

De manera inesperada 'Gabo' bajó a las 8:50, una hora y 10 minutos antes de lo previsto, y atravesó el auditorio Getsemaní del Centro de Convenciones Julio César Turbay Ayala, en donde se inauguró el IV Congreso Internacional de la Lengua. Se robó el primer aplauso de los pocos asistentes que allí habían. El aún desordenado auditorio lo vio pasar del brazo de su mayor soporte, Mercedes Barcha, y se los llevaron a la parte trasera. A las 12:05 Víctor García de la Volvió a las 10:07 minutos. De Concha, director de la Real Acadenuevo apoyado en su esposa. Sumia de la Lengua, le entregó el pribió al auditorio, estaba como permer libro de la edición de un midido y encartado con una carpeta llón de copias y ahora 'Gabo' tenía roja que aprisionó con su codo para dos problemas al volver a su silla, poder aplaudir al público, que dula carpeta y el libro, pero se salió rante cuatro minutos ya había barápido de él, pues dentro de la cartido las palmas en homenaje suyo. peta estaba el texto que enseguida La llegada de los Reyes de Espaiba a leer. ña tres minutos después también Al terminar sus palabras volvió robó aplausos, pero no tan efusia su puesto y Mercedes se paró. Él vos. la fue a besar en la mejilla y ella Soltó por un momento su carpeaprovechó para hacerle caer en la ta en la silla para dar la bienvenicuenta de que no había saludado a da a los otros hombres de letras la mesa principal, a lo que él prepresentes en la tarima. Cuando el suroso respondió. Fue y estrechó Director del Instituto Cervantes, las manos de los Reyes, del presiCésar Antonio Molina, empezó su dente Uribe y dio un beso a doña discurso la carpeta roja volvió a sus Lina Moreno. manos, la volteaba de un lado a Después de los discursos del Rey otro, le estorbaba. y de Uribe, Gabo intentó aplaudir, A las 10:28 el conferencista menpero la carpeta se le caía. Así que cionó el nombre de Gabriel García para no atarse más se la entregó a Márquez. El público aplaudió de Mercedes, quien con su práctica fornuevo y 'Gabo' no se dio cuenta. Dema de ser -lo que 'Gabo' le reconobió preguntarle a la Ministra de ció en su discurso- sacó las hojas, Cultura, Elvira Cuervo, por qué la las enrolló y las metió en su bolso gente aplaudía. Cuando ella le exque permaneció siempre en el sueplicó, con un gesto él pareció reslo bajo sus pies. La carpeta la manponder que no había escuchado. dó al espaldar de la silla de 'Gabo' Luego el ex presidente Belisario cuando éste fue a abrazar a Uribe. Betancur inició su discurso, 'Gabo' A las 12:50, Gabriel García Márcerró los ojos y la televisión mosquez se puso de pie mientras que tró esa imagen. Mercedes le dio un miles de papelitos amarillos caían de codazo cariñoso para que los abrielo alto recordando las mariposas de ra y él miró la pantalla, a todos laese color que revolotean en su obra. dos y no se dio cuenta del por qué el reproche. Como si nada siguió El Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez firma ejemplares de la edición especial de su obra "Cien años de 'Gabo' se hizo una fiesta, invitó a sus soledad", en Cartagena (Colombia), donde se inauguró ayer el IV Congreso Internacional de la Lengua. amigos a la tarima y agitó su cuerpo con sus ojos cerrados. al son de los niños vallenatos. La emotiva intervención del arSe fueron los Reyes y el Presidente y el público inundó gentino Tomás Eloy Martínez, que terminó a las 11:03, lando el gesto de entonces. llenó tanto de sensibilidad el auditorio que explotó en A las 11:53 llegó el ex presidente de Estados Unidos, la tarima. A la 1:00 de la tarde: 'Gabo' sale con sus manos puesaplausos. 'Gabo' también quiso agitar sus palmas, pero Bill Clinton, y el público aplaudió. Cuando la algarabía por poco se le cae la carpeta, y no sabía si detener la pasó y todos se sentaron quedó 'Gabo' de pie y estrechó tas en los hombros de Mercedes, como tomando distancaída o aplaudir. Al final sorteó el equilibrio y pudo dar sus manos cerca al pecho en gesto de bienvenida a quien cia, para ponerse a salvo de los cientos de simpatizantes que querían una foto, un autógrafo, un poco de su genio. unas cuantas palmas. A su lado, Mercedes intentó poner- se ha declarado uno de sus grandes admiradores. se de pie, pero se contuvo. FOTO/COLPRENSA/LA PATRIA

La vida

El académico Antonio Muñoz Molina arrancó una carcajada a García Márquez cuando al citar a un personaje del cine, lanzó la siguiente frase: "el secreto del éxito está en empezar desde arriba". Y luego Muñoz Molina concluyó con una propuesta por la ciudadanía hispanoamericana, cosa que ha permitido soñar la literatura. De nuevo los aplausos y entre ellos el del homenajeado. A las 11:18 se inició la proyección de unos apartes del video documental sobre 'Gabo'. Él se concentró en las imágenes. Allí estaba Álvaro Mutis, ese otro gigante de la literatura colombiana, de quien García Márquez dijo alguna vez que es el hombre más culto que ha conocido. Mutis relata: “yo tengo que saber siempre dónde está 'Gabo' y saber que lo voy a ver". Todos aplaudieron. Mercedes lo buscó en el público, pero no estaba allí. Más adelante el propio Mutis relata en el video que 'Gabo' siempre está pensando en historias para contar: "él vive de eso". Y el homenajeado hace un gesto con su mano derecha, como de que se trata de un chiste. Las imágenes dieron paso a uno de los momentos más emotivos. Las palabras del escritor mexicano Carlos Fuentes, cuyo discurso se encuentra en la obra conmemorativa de Cien años de soledad . Cuando Fuentes recordó que una vez en París fue 'Gabo' quien le gritó a Ernest Hemingway: "adiós maestro" como ahora le gritan a él, el homenajeado puso sus manos alrededor de su boca, emu-

Aunque desde el comienzo los asistentes al Congreso Internacional de la Lengua Española preguntaron por la edición de Cien Años de Soledad, de la Real Academia de la Lengua, sólo sería desempacado de las cajas cuando Víctor García de la Concha, director de la Real Academia de la Lengua, le entregara el primer ejemplar a Gabriel García Márquez, del millón de esta primera edición. Un glosario muchos años después*

Estas son algunas de las palabras que hacen parte del glosario que trae como agregado especial la nueva edición de Cien Años de Soledad.

Acezante: jadeante Babilónico: dado a los placeres sexuales Calomel: sustancia con propiedades purgantes Damasquinar: adornar con filamentos de oro y plata Enquiciar: encajar, ajustar Fetizarse: encogerse, adoptar la figura o posición de un feto Gusarapo: animal acuático con forma de gusano Hico: cada una de las cuerdas que sostienen la hamaca Infinitesimal: extremadamente minucioso Jarapellinoso: creación de García Márquez para formar un juego de palabras. Machucante: querido, amante fijo Mampolón: vago, perezoso Nostalgización: proceso por el que una persona se vuelve nostálgica. * Con información de Colprensa

Palabras de Gabriel García Márquez

Este es el texto completo de las palabras del Nobel Gabriel García Márquez durante el Congreso de la Lengua que se celebra en Cartagena. "Ni en el más delirante de mis sueños, en los días en que escribía Cien Años de Soledad, llegué a imaginar que podría asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura. Hoy las academias de la lengua lo hacen con un gesto hacia una novela que ha pasado ante los ojos de cincuenta veces un millón de lectores, y hacia un artesano, insomne como yo, que no sale de su sorpresa por todo lo que le ha sucedido. Pero no se trata ni puede tratarse de un reconocimiento a un escritor. Este milagro es la demostración irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias en lengua castellana, y por lo tanto un millón de ejemplares de Cien Años de Soledad no son un millón de homenajes al escritor que hoy recibe, sonrojado, el primer libro de este tiraje descomunal. Es la demostración de que hay millones de lectores de textos en lengua castellana esperando, hambrientos, de este alimento. No sé a qué horas sucedió todo. Sólo sé que desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado, para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente. En mi rutina de escribir, nada he cambiado desde entonces. Nunca he visto nada distinto que mis dos dedos índices golpeando, una a una y a un buen ritmo, las 28 letras del alfabeto inmodificado que he tenido ante mis ojos du-

rante estos setenta y pico de años. Hoy me tocó levantar la cabeza para asistir a este homenaje, que agradezco, y no puedo hacer otra cosa que detenerme a pensar qué es lo que me ha sucedido. Lo que veo es que el lector inexistente de mi página en blanco, es hoy una descomunal muchedumbre, hambrienta de lectura, de textos en lengua castellana. Los lectores de Cien Años de Soledad son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano. El desafío es para todos los escritores, todos los poetas, narradores y educadores de nuestra lengua, para alimentar esa sed y multiplicar esta muchedumbre, verdadera razón de ser de nuestro oficio y, por supuesto, de nosotros mismos. A mis 38 años y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 años, me senté ante la máquina de escribir y empecé: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". No tenía la menor idea del significado ni del origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme. Lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante 18 meses, hasta que terminé el libro. Parecerá mentira, pero uno de mis problemas más apremiantes era el papel para la máquina de escribir. Tenía la mala educación de creer que los errores de mecanografía, de lenguaje o de gramática, eran en realidad errores de creación, y cada vez que los detectaba rompía la hoja y la tiraba al canasto de la basura para empezar de nuevo. Con el ritmo que había adquirido

en un año de práctica, calculé que me costaría unos seis meses de mañanas diarias para terminar. Esperanza Araiza, la inolvidable Pera, era una mecanógrafa de poetas y cineastas que había pasado en limpio grandes obras de escritores mexicanos, entre ellos "La región más transparente", de Carlos Fuentes; "Pedro Páramo", de Juan Rulfo, y varios guiones originales de don Luis Buñuel. Cuando le propuse que me sacara en limpio la versión final, la novela era un borrador acribillado de remiendos, primero en tinta negra y después en tinta roja, para evitar confusiones. Pero eso no era nada para una mujer acostumbrada a todo en una jaula de locos. Pocos años después, Pera me confesó que cuando llevaba a su casa la última versión corregida por mí, resbaló al bajarse del autobús, con un aguacero diluvial, y las cuartillas quedaron flotando en el cenegal de la calle. Las recogió, empapadas y casi ilegibles, con la ayuda de otros pasajeros, y las secó en su casa, hoja por hoja, con una plancha de ropa. Lo que podía ser motivo de otro libro mejor, sería cómo sobrevivimos Mercedes y yo, con nuestros dos hijos, durante ese tiempo en que no gané ningún centavo por ninguna parte. Ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un día la comida en la casa. Habíamos resistido a la tentación de los préstamos con interés, hasta que nos amarramos el corazón y emprendimos nuestras primeras incursiones al Monte de Piedad. Después de los alivios efímeros con ciertas cosas menudas, hubo que apelar a las joyas que Mercedes había recibido de sus familiares a través de los años. El experto las examinó con un rigor de cirujano, pasó y revisó con su ojo mágico los diamantes de los aretes, las esmeraldas del collar, los rubíes de las sortijas, y al final nos los devolvió con una larga verónica de novillero: "Todo esto es puro vidrio".

En los momentos de dificultades mayores, Mercedes hizo sus cuentas astrales y le dijo a su paciente casero, sin el mínimo temblor en la voz: "Podemos pagarle todo junto dentro de seis meses". "Perdone señora -le contestó el propietario-, zse da cuenta de que entonces será una suma enorme?". "Me doy cuenta -dijo Mercedes, impasible-, pero entonces lo tendremos todo resuelto, esté tranquilo". Al buen licenciado, que era un alto funcionario del Estado y uno de los hombres más elegantes y pacientes que habíamos conocido, tampoco le tembló la voz para contestar: "Muy bien, señora, con su palabra me basta". Y sacó sus cuentas mortales: "La espero el 7 de setiembre (sic)". Por fin, a principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de la ciudad de México, para enviar a Buenos Aires la versión terminada de Cien Años de Soledad, un paquete de 590 cuartillas escritas a máquina, a doble espacio y en papel ordinario y dirigidas a Francisco Porrúa, director literario de la editorial Suramericana. El empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus cálculos mentales y dijo: "Son 82 pesos". Mercedes contó los billetes y las monedas sueltas que le quedaban en la cartera, y se enfrentó a la realidad: "Sólo tenemos 53". Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires, sin preguntar siquiera cómo íbamos a conseguir el dinero para mandar el resto. Sólo después caímos en la cuenta de que no habíamos mandado la primera sino la última parte. Pero antes de que consiguiéramos el dinero para mandarla, ya Paco Porrúa, nuestro hombre en la editorial Suramericana, ansioso de leer la primera mitad del libro, nos anticipó dinero para que pudiéramos enviarla. Fue así como volvimos a nacer en nuestra vida de hoy.

cmyk


Una carpeta roja encartó a Gabo La patria 27 03 07