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EXPOCIECIA 2011 Recopilaci贸n de poemas realizada por los alumnos de la etapa 4


POEMAS SOBRE EL AIRE -selecci贸n-


XAVIER VILLARUTIA GOZÁLEZ México, 1903 – 1950

Foto tomada de http://www.los-poetas.com/a/xavier.htm


Aire El aire juega a las distancias: acerca el horizonte, echa a volar los árboles y levanta vidrieras entre los ojos y el paisaje. El aire juega a los sonidos: rompe los tragaluces del cielo, y llena con ecos de plata de agua el caracol de los oídos. El aire juega a los colores: tiñe con verde de hojas el arroyo y lo vuelve, súbito, azul, o le pasa la borla de una nube. El aire juega a los recuerdos: se lleva todos los ruidos y deja espejos de silencio para mirar los años vividos.


RAFAEL ALBERTI Cádiz, España, 1902 – 1999

Foto tomada de http://click-pensador.blogspot.com/2010/09/la-libertad-no-la-tienen-los-que-no.html


IVITACIÓ AL AIRE Te invito, sombra, al aire. Sombra de veinte siglos, a la verdad del aire, del aire, aire, aire. Sombra que nunca sales de tu cueva, y al mundo no devolviste el silbo que al nacer te dio el aire, del aire, aire, aire. Sombra sin luz, minera por las profundidades de veinte tumbas, veinte siglos huecos sin aire, del aire, aire, aire. ¡Sombra, a los picos, sombra, de la verdad del aire, del aire, aire, aire! -El Aire Ya No Es Aire - Miguel Otero Silva El aire ya no es aire, sino aliento; el agua ya no es agua, sino espejo, porque el agua es apenas tu reflejo y ruta de tu voz es sólo el viento. Ya mi verso no es verso, sino acento; ya mi andar no es andar, sino cortejo, porque vuelvo hacia ti cuando te dejo y es sombra de tu luz mi pensamiento. Ya la herida es floral deshojadura y la muerte es fluencia de ternura que a ti me liga con perpetuos lazos: tornóse en rosa espléndida la herida y ya no es muerte, sino dulce vida, la muerte que me das entre tus brazos.


FEDERICO GARCÍA LORCA Granada, España, 1898 - 1936

Foto tomada de http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/garcia_lorca.htm


Preciosa y el aire

Su luna de pergamino Preciosa tocando viene por un anfibio sendero de cristales y laureles. El silencio sin estrellas, huyendo del sonsonete, cae donde el mar bate y canta su noche llena de peces. En los picos de la sierra los carabineros duermen guardando las blancas torres donde viven los ingleses. Y los gitanos del agua levantan por distraerse, glorietas de caracolas y ramas de pino verde. Su luna de pergamino Preciosa tocando viene. Al verla se ha levantado el viento que nunca duerme. San Cristobalón desnudo, lleno de lenguas celestes, mira la niña tocando una dulce gaita ausente. Niña, deja que levante tu vestido para verte. Abre en mis dedos antiguos la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el pandero y corre sin detenerse. El viento-hombrón la persigue con una espada caliente. Frunce su rumor el mar. Los olivos palidecen. Cantan las flautas de umbría y el liso gong de la nieve. ¡Preciosa, corre, Preciosa, que te coge el viento verde! ¡Preciosa, corre, Preciosa! ¡Míralo por dónde viene! Sátiro de estrellas bajas con sus lenguas relucientes. Preciosa, llena de miedo, entra en la casa que tiene, más arriba de los pinos, el cónsul de los ingleses. Asustados por los gritos tres carabineros vienen, sus negras capas ceñidas y los gorros en las sienes. El inglés da a la gitana un vaso de tibia leche, y una copa de ginebra que Preciosa no se bebe. Y mientras cuenta, llorando, su aventura a aquella gente, en las tejas de pizarra el viento, furioso, muerde.


CITIO VITIER 2009Florida, USA, 1921 - La Habana, Cuba

Foto tomada de http://yohandry.wordpress.com/2009/10/02/murio-el-destacado-intelectual-cubanocintio-vitier/


El Aire Estoy despierto, sí, estoy mirando fríamente algunas cosas que van dejando ya de ser secretas. Están ahí, como los árboles en el desnudo aire. Sí, estoy despierto. Hasta la casa de mi infancia es de los otros: la han pintado de un color chillón, entran y salen por los cuartos de mi alma, hablando de otro asunto. La luz invade el patio de mis ocultas nadas. También miro con deseo ese rostro que es ninguno y que viene como un ave malherida de los que sufren y sonríen. ¡Oh pueblo innumerable! Estoy despierto. Estoy mirando el polvo bañado por la luz, las tinieblas disueltas en el aire cuando empieza a dibujarse la verdad: el árbol, la alegría, el sacrificio. Y sé que aún tengo más recuerdos en la sangre de los que puedo recordar, y más olvido del que puede olvidarse en este mundo. Pero qué importa, al fin, si la mitad de aquella vida se me desprende y cae, si tanto sueño, al fin, ha despertado, si no hay sitio que no me esté mirando ni instante en que el azar no me visite. Quiero ser como tú, ¡oh rostro de los pobres!, misterio del dolor y la sonrisa, porque el aire, el simple aire límpido y vacío, llenará nuestras voces y esperanzas.


POEMAS SOBRE EL AGUA -selecci贸n-


AMADO ERVO Tepic, MĂŠxico, 1870 - Montevideo, Uruguay, 1919

Foto tomada de http://www.ecured.cu/index.php/Amado_Nervo


La Hermana Agua Un hilo de agua que cae de una llave imperfecta; un hilo de agua, manso y diáfano, que gorjea toda la noche y todas las noches cerca de mi alcoba; que canta a mi soledad y en ella me acompaña; un hilo de agua: ¡qué cosa tan sencilla! Y, sin embargo, estas gotas incesantes y sonoras me han enseñado más que los libros. El alma del Agua me ha hablado en la sombra –el alma santa del Agua- y yo la he oído, con recogimiento y con amor. Lo que me ha dicho está escrito en páginas que pueden compendiarse así: ser dócil, ser cristalino; esta es la ley y los profetas; y tales páginas han formado un poema Yo sé que quien lo lea sentirá el suave placer que yo he sentido al escucharlo de los labios de Sor Acqua; y este será mi galardón en la prueba, hasta que mis huesos se regocijen en la gracia de Dios.


MIGUEL ARTECHE Chile, 1926 -

Foto tomada de http://www.chilepoesia.uchile.cl/arteche.html


El Agua

A media noche desperté. Toda la casa navegaba. Era la lluvia con la lluvia de la postrera madrugada. Toda la casa era silencio, y eran silencio las montañas de aquella noche. No se oía sino caer el agua. Me vi despierto a medianoche buscando a tientas la ventana; pero en la casa y sobre el mundo no había hermanos, madre, nada. Y hacia el espacio oscuro y frío y frío el barco caminaba conmigo. ¿Quién movía todas las velas solitarias? Nadie me dijo que saliera. Nadie me dijo que me entrara, y adentro, adentro de mí mismo me retiré: toda la casa. Me vio en el tiempo que yo fui, y en el seré la vi lejana, y ya no pude reclinar mi juventud sobre la almohada. A medianoche busqué mientras la casa navegaba. Y sobre el mundo no se oyó sino caer el agua.


ÁLVARO MUTIS Bogotá, Colombia, 1923 –

Foto tomada de http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/mutis/


Lied marino

Vine a llamarte a los acantilados. Lancé tu nombre y sólo el mar me respondió desde la leche instantánea y voraz de sus espumas. Por el desorden recurrente de las aguas cruza tu nombre como un pez que se debate y huye hacia la vasta lejanía. Hacia un horizonte de menta y sombra, viaja tu nombre rodando por el mar del verano. Con la noche que llega regresan la soledad y su cortejo de sueños funerales.


JOSÉ ASUCIÓ SILVA Bogotá, Colombia, 1865 – 1896

Foto tomada de http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/silva.htm


Paisaje Tropical

Magia adormecedora vierte el río en la calma monótona del viaje cuando borra los lejos del paisaje la sombra que se extiende en el vacío.

Oculta en sus negruras el bohío la maraña tupida y el follaje semeja los calados de un encaje al caer del crepúsculo sombrío.

Venus se enciende en el espacio puro, la corriente dormida una piragua rompe en su viaje rápido y seguro

y con sus nubes el poniente fragua otro cielo rosado y verdeoscuro en los espejos húmedos del agua


DORA CASTELLAOS Bogotรก, Colombia, 1924

Foto tomada de http://www.colarte.com/colarte/foto.asp?idfoto=238626


Amor, como los ríos

Oculta fuerza de agua soterrada, nos sorprendió el amor tan de repente, que al mirarse a los ojos hondamente se desbordó el amor en la mirada. Y brotó aquella fuente enamorada, con fuerza tan vital y jubilosa, que fue en verdad y amor la más gozosa en que jamás me viera arrebatada. Fue aquel amor, pasión tan verdadera, -¿era tierna o sensual, dulce o ardiente?¡ya nunca más sabremos cómo era! Que tus labios juraron en los míos: vivirá nuestro amor eternamente, y nuestro amor pasó como los ríos.


LEÓ DE GREIFF Medellín, 1895 – Bogotá, 1976

Foto tomada de http://migueleguedez.wordpress.com/2008/07/26/leon-de-greiff-colombia/

Balada del mar no visto, ritmada en versos diversos


No he visto el mar. Mis ojos –vigías horadantes, fantásticas luciérnagas; mis ojos avizores entre la noche; dueños de la estrellada comba; de los astrales mundos; mis ojos errabundos familiares del hórrido vértigo del abismo; mis ojos acerados de viking, oteantes; mis ojos vagabundos no han visto el mar... La cántiga ondulosa de su trémula curva no ha mecido mis sueños; ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre; ni aturdió mi retina con el rútilo azogue que rueda por su dorso... Sus resonantes trombas, sus silencios, yo nunca pude oír...: sus cóleras ciclópeas, sus quejas o sus himnos; ni su mutismo impávido cuando argentos y oros de los soles y lunas , como perennes lloros diluyen sus riquezas por el glauco zafir...! No aspiré su perfume! Yo sé de los aromas de amadas cabelleras... Yo sé de los perfumes de los cuellos esbeltos y frágiles y tibios; de senos donde esconden sus hálitos las pomas preferidas de Venus! Yo aspiré las redomas donde el Nirvana enciende los sándalos simbólicos; las zábilas y mirras del mago Zoroastro... Mas no aspiré las sales ni los iodos del mar. Mis labios sitibundos no en sus odres la sed apagaron: no en sus odres acerbos mitigaron la sed...

Mis labios, locos, ebrios, ávidos, vagabundos, labios cogitabundos que amargaron los ayes y gestos iracundos y que unos labios –vírgenes- captaron en su red! Hermano de las nubes yo soy. Hermano de las nubes, de las errantes nubes, de las ilusas del espacio: vagarosos navíos que empujan acres soplos anónimos y fríos, que impelen recios ímpetus voltarios y sombríos! Viajero de las noches yo soy. Viajero de las noches embriagadas; nauta de sus golfos ilímites, de sus golfos ilímites, delirantes, vacíos, - vacíos de infinito..., vacíos...-Dócil nauta yo soy, y mis soñares derrotados navíos... Derrotados navíos, rumbos ignotos, antros de piratas...!el mar! Mis ojos vagabundos –viajeros insaciados- conocen cielos, mundos, conocen noches hondas, ingraves y serenas, conocen noches trágicas, ensueños deliciosos, sueños inverecundos... Saben de penas únicas, de goces y de llantos, de mitos y de ciencia, del odio y la clemencia, del dolor y el amar...! Mis ojos vagabundos, mis ojos infecundos...: no han visto el mar mis ojos, no he visto el mar!


ERIQUE GARCÍA TRIIDAD Madrid, España, 1950

Foto tomada de http://bletisadas.blogspot.com/2009_08_01_archive.html


Brindis Aquel hombre del norte alzó su vaso y brindó sin dudar por el futuro. Alguien dijo: — Con agua te aseguro no se debe brindar, con vino acaso... — Con agua —insistió—, sí, no es un mal paso brindar con este líquido tan puro que nos sobra en Europa y es tan duro conseguirlo en el sur donde es escaso. Brindar y luego repartir a manos llenas, de norte a sur, de sur a norte: Esto es progreso, así somos humanos. Para todos el agua y que no importe ni el idioma ni el dios ni la frontera, ni la sed ni el color ni la bandera.


POEMAS SOBRE EL FUEGO -selecci贸n-


JOSÉ EMILIO PACHECO México, 1939

Foto tomada de http://www.eluniversal.com.mx/notas/516802.html


El fuego

En la madera que se resuelve en chispa y llamarada luego en silencio y humo que se pierde miraste deshacerse con sigiloso estruendo tu vida Y te preguntas si habrá dado calor si conoció alguna de las formas del fuego si llegó a arder e iluminar con su llama De otra manera todo habrá sido en vano Humo y ceniza no serán perdonados pues no pudieron contra la oscuridad —tal leña que arde en una estancia desierta o en una cueva que sólo habitan los muertos


PABLO ERUDA

Parral (Chile) 1904 - Santiago de Chile 1973

Foto tomada der http://www.educarchile.cl/Portal.Base/Web/VerContenido.aspx?ID=60484


El fuego cruel Aquella guerra! El tiempo un año y otro y otro deja caer como si fueran tierra para enterrar aquello que no quiere morir: claveles, agua, cielo, la España, a cuya puerta toqué, para que abrieran, entonces, allá lejos, y una rama cristalina me acogió en el estío dándome sombra y claridad, frescura de antigua luz que corre desgranada en el canto: de antiguo canto fresco que solicita nueva boca para cantarlo. Y allí llegué para cumplir mi canto. Ya he cantado y contado lo que con manos llenas me dio España, y lo que me robó con agonía, lo que de un rato a otro me quitó de la vida sin dejar en el hueco más que llanto, llanto del viento en una cueva amarga, llanto de sangre sobre la memoria. Aquella guerra! No faltó la luz ni la verdad, no hizo falta la dicha sino el pan, estuvo allí el amor, pero no los carbones: había hombre, frente, ojos, valor

para la más acribillada gesta y caían las manos como espigas cortadas sin que se conociera la derrota, esto es, había poder de hombre y de alma, pero no había fusiles y ahora les pregunto después de tanto olvido: qué hacer? qué hacer? qué hacer? Respóndanme, callados, ebrios de aquel silencio, soñadores de aquella falsa paz y falso sueño, qué hacer con sólo cólera en las cejas? con sólo puños, poesía, pájaros, razon, dolor, qué hacer con las palomas? qué hacer con la pureza y con la ira si delante de ti se te desgrana el racimo del mundo y ya la muerte ocupa la mesa el lecho la plaza el teatro la casa vecina y blindada se acerca desde Albacete y Soria, por costa y páramo, por ciudad y río, calle por calle, y llega, y no hay sino la piel para pelearle, no hay sino las banderas y los puños y el triste honor ensangrentado con los pies rotos, entre polvo y piedra, por el duro camino catalán bajo las balas últimas caminando ay! hermanos valientes, al destierro


JORGE TEILLIER Chile, 1935-1996

Foto tomada de http://cronopias.wordpress.com/2008/07/16/586/


Sentados frente al fuego

Sentados frente al fuego que envejece miro su rostro sin decir palabra. Miro el jarro de greda donde aún queda vino, miro nuestras sombras movidas por las llamas.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos, a pesar de su rostro frente al fuego, y de nuestras sombras movidas por las llamas. Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos: aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia. Pero nuestras sombras movidas por las llamas viven más que nosotros.

Sí, ésta es la misma estación que descubrimos juntos. —Yo llenaba esas manos de cerezas, esas manos llenaban mi vaso de vino—. Ella mira el fuego que envejece.


LEÓ DE GREIFF Medellín, 1895 – Bogotá, 1976

Foto tomada de http://migueleguedez.wordpress.com/2008/07/26/leon-de-greiff-colombia/


Canción de Dinarzada

Tú fuiste mía, ardiente Dinarzada: todo tu ser se le entregó a mi ruego! todo tu ser se le rindió a mi Nada! todo tu fuego se fundió en mi fuego! Tú fuiste mía, ardiente Dinarzada! Ya qué me importa el torvo rumbo ciego! Es lumbre para mí la desolada llanura yerma! Alígero navego bajo la tempestad desmelenada! Todo tu fuego se fundió en mi fuego! Tu grande corazón, tu alma extasiada, tu espíritu finísimo, a mi ruego se rindieron: donáronse a mi Nada! Noche: en tus brazos únicos me entrego, Dinarzada sutil, noche soñada… Tú fuiste mía, ardiente Dinarzada! Todo tu fuego se fundió en mi fuego!


MERCEDES DURAD San Salvador, Salvador, 1933 – 1999

Foto tomada de http://www.elsalvador.com/noticias/edicionesanteriores/julio9/ESPECTACULOS/espec6.html


El fuego

El gozo de la joven panadera Brotó de las caricias matinales Del fuego que convierte a los trigales En panes de morena caballera. El rojo crepitar de la madera Quemó las inclemencias invernales; La lumbre de los soles tropicales Doró la juventud de la pradera. El fuego atardecido en la herrería Moldeó la dimensión de los balcones En rizos de enrejada fantasía. El fuego, corazón de los talleres, Llevó en universales expresiones Aliento de artesanos menesteres


POEMAS SOBRE LA ELECTRICIDAD -selecci贸n-


Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, España, 1910 – Alicante, España, 1942)

Foto tomada de http://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/biografias/manila_miguel_hernandez.htm


El rayo que no cesa Un carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida sostiene un vuelo y un brillo alrededor de mi vida. Rayo de metal crispado fulgentemente caído, picotea mi costado y hace en él un triste nido. Mi sien, florido balcón de mis edades tempranas, negra está, y mi corazón, y mi corazón con canas. Tal es la mala virtud del rayo que me rodea, que voy a mi juventud como la luna a mi aldea. Recojo con las pestañas sal del alma y sal del ojo y flores de telarañas de mis tristezas recojo. ¿A dónde iré que no vaya mi perdición a buscar? Tu destino es de la playa y mi vocación del mar. Descansar de esta labor

de huracán, amor o infierno no es posible, y el dolor me hará a mi pesar eterno. Pero al fin podré vencerte, ave y rayo secular, corazón, que de la muerte nadie ha de hacerme dudar. Sigue, pues, sigue cuchillo, volando, hiriendo. Algún día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía. ¿No cesará este rayo que me habita el corazón de exasperadas fieras y de fraguas coléricas y herreras donde el metal más fresco se marchita? ¿No cesará esta terca estalactita de cultivar sus duras cabelleras como espadas y rígidas hogueras hacia mi corazón que muge y grita? Este rayo ni cesa ni se agota: de mí mismo tomó su procedencia y ejercita en mí mismo sus furores. Esta obstinada piedra de mí brota y sobre mí dirige la insistencia de sus lluviosos rayos destructores.


RAFAEL GUTIÉRREZ GIRARDOT Sogamoso, Colombia, 1928 – Alemania, 2005

Foto tomada de http://leerliteraturacolombiana.blogspot.com/2008_11_01_archive.html


El rayo de tus furiosas libertades

Oh Simón, andariego dios andino ¿por qué no soltás De una vez el rayo de tus furiosas libertades Sobre esta voraz mala yerba que pudre tus Amadas praderas de américa? Vos, el infatuado, el incansable, El sembrador de huracanes, único y verdadero rostro Del fuego aquí en nuestro fuego, el perseguido y Perseguidor del buitre criollo, decime ¿cómo no ibas A irrumpir cabalgando impertérrito con tus épicas hogueras Errantes caballerías en un libro ¿Dónde se dicen libertades?


JUA GIL-ALBERT España, 1904 – 1994

Foto tomada de http://www.miguelhernandezvirtual.com/visita_virtual/exposiciones/index3.htm


Fuego eterno

A Heráclito de Éfeso

¿Será verdad que un fuego primitivo

¡Ah, delicioso infierno de la tierra!

llevamos dentro?

Tal vez será un reposo haber llegado

¿Que esto que por los aires,

a tu fragante orilla.

luz sideral latiendo, contemplamos,

Aquí donde la carne y sus placeres,

anima nuestro cuerpo como parte

este sufrir tan nuestro,

de un rutilar inmenso que nos tiembla

la fruición de las manos laboriosas,

bajo nuestra piel?

los objetos del arte y sus impactos

Eso que llaman luz, esa armonía,

como de permanencia,

eso que tan ajeno nos parece,

los besos que intercambian

campo en que respiramos,

quienes se van y vienen,

¿será esta misma llama irreductible

todo lo excelso, claro, fugitivo,

de nuestra intimidad?

que aflige y nutre a un tiempo,

¿No seremos acaso lo que somos

dan el tibio interregno en que se cuece

o nos parece ser sino las chispas

nuestra ternura.

de esas frondas oscuras, palpitantes,

Luego de haber surgido de la luz

en cuyo anhelo todo se resume

y antes de que en su día

como un aparecer sin esperanza?

se incorpore,

¡Raza del hombre!

in eterno, a su luz.


GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER Sevilla, España, 1836 – Madrid,

Foto tomada de http://www.pitodoble.com/2010/04/06/gustavo-adolfo-becquer/


Dos rojas lenguas de fuego

Dos rojas lenguas de fuego que, a un mismo tronco enlazadas, se aproximan, y al besarse forman una sola llama; dos notas que del laĂşd a un tiempo la mano arranca, y en el espacio se encuentran y armoniosas se abrazan; dos olas que vienen juntas a morir sobre una playa y que al romper se coronan con un penacho de plata; dos jirones de vapor que del lago se levantan y al juntarse allĂĄ en el cielo forman una nube blanca; dos ideas que al par brotan, dos besos que a un tiempo estallan, dos ecos que se confunden, eso son nuestras dos almas.


OCTAVIO PAZ MĂŠxico, 1914 - 1998

Foto tomada de http://www.google.com/search?q=octavio+paz&ie=utf-8&oe=utf8&aq=t&rls=org.mozilla:es-ES:official&client=firefox-a


El fuego de cada día Como el aire hace y deshace sobre las páginas de la geología, sobre las mesas planetarias, sus invisibles edificios: el hombre. Su lenguaje es un grano apenas, pero quemante, en la palma del espacio. Sílabas son incandescencias. También son plantas: sus raíces fracturan el silencio, sus ramas construyen casas de sonidos. Sílabas: se enlazan y desenlazan, juegan a las semejanzas y las desemejanzas. Sílabas: maduran en las frentes, florecen en las bocas. Sus raíces beben noche, comen luz. Lenguajes: árboles incandescentes de follajes de lluvias. Vegetaciones de relámpagos, geometrías de ecos: sobre la hoja de papel el poema se hace como el día sobre la palma del espacio.


POEMAS SOBRE LA TIERRA -selecci贸n-

PABLO ERUDA

Parral (Chile) 1904 - Santiago de Chile 1973


Foto tomada de http://www.poemas-del-alma.com/pablo-neruda.htm


La tierra

La tierra verde se ha entregado a todo lo amarillo, oro, cosechas, terrones, hojas, grano, pero cuando el otoño se levanta con su estandarte extenso eres tú la que veo, es para mi tu cabellera la que reparte las espigas. Veo los monumentos de antigua piedra rota, pero si toco la cicatriz de piedra tu cuerpo me responde, mis dedos reconocen de pronto, estremecidos, tu caliente dulzura. Entre los héroes paso recién condecorados por la tierra y la pólvora y detrás de ellos, muda,

con tus pequenos pasos, eres o no eres? Ayer, cuando sacaron de raíz, para verlo, el viejo árbol enano, te vi salir mirándorne desde las torturadas y sedientas raíces. Y cuando viene el sueño a extenderme y llevarme a mi propio silencio hay un gran viento blanco que derriba mi sueño y caen de él las hojas, caen como cuchillos sobre mí desangrándome. Y cada herida tiene la forma de tu boca.


GABRIELA MISTRAL Vicuña, Chile, 1889 – Nueva York, 1957

Foto tomada de http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/mistral.htm


La tierra Niño indio, si estás cansado, tú te acuestas sobre la Tierra, y lo mismo si estás alegre, hijo mío, juega con ella... Se oyen cosas maravillosas al tambor indio de la Tierra: se oye el fuego que sube y baja buscando el cielo, y no sosiega. Rueda y rueda, se oyen los ríos en cascadas que no se cuentan. Se oyen mugir los animales; se oye el hacha comer la selva. Se oyen sonar telares indios. Se oyen trillas, se oyen fiestas.

Donde el indio lo está llamando, el tambor indio le contesta, y tañe cerca y tañe lejos, como el que huye y que regresa... Todo lo toma, todo lo carga el lomo santo de la Tierra: lo que camina, lo que duerme, lo que retoza y lo que pena; y lleva vivos y lleva muertos el tambor indio de la Tierra. Cuando muera, no llores, hijo: pecho a pecho ponte con ella, y si sujetas los alientos como que todo o nada fueras, tú escucharás subir su brazo que me tenía y que me entrega, y la madre que estaba rota tú la verás volver entera.


AURORA REYES MĂŠxico, 1908 - 1985

Foto tomada de http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=2513


Madre uestra La Tierra

A ti, Coatlicue, Madre omnipresente;

Fueron en ti las duras raíces de las piedras,

principio y fin de todo ser terrenal.

las estaciones broncas, las causas vegetales, metrópolis enhiestas de verde muchedumbre,

Cuando dormías, Madre ¿elásticas hamacas mecidas por el tiempo?

litorales de sílabas cautivas en los ojos de luces minerales.

halo de niebla apenas en la blanca serpiente de tu órbita,

Amaneceres, muertes, nacimientos.

un diamante de labio transparente

Borbotaron fecundos manantiales

cristalizó la sombra de tu cuerpo.

al áspero pezón de la montaña y juntaste en el cuenco de la mano

Tu corazón fue líquida mirada,

los mares verticales de tus lágrimas.

juventud sideral enamorada. En tu vientre, la rosa giratoria congregando

Un día primordial edificaste

vertientes,

la arquitectura grácil del poema

igniscentes anillos, vorágines en danza;

¿almendra del anhelo!?

caos elementales de esférica alegría…

y el Hombre fulguró en la superficie del frutal paraíso de tu sueño;

Y tu piel invisible se fue haciendo manzana. Primavera terrestre en los cielos nupciales: manto de aérea nube, satélite de plata, lenta falda de víboras sedientas, germinal atributo de oscuras dinastías entrelazado génesis mortales. Aprendiste en silencio el secreto profundo; los varones del sol te lo dijeron luz a luz, rayo a rayo, en las entrañas.

en la espina y la roca conmovida, en el ala tendida del relámpago, en la cuna solar de las crisálidas, en el vértigo vivo del océano. Le llamaste con todos los nombres de los seres: pétalo rojo, sorprendido insecto, fosforescente fiera del corazón del monte y pájaros y peces de dorada centella. Horas de soledad y fantasía ensayando contornos, volúmenes, colores,


en el fruto esperado de la siembra:

grávida golosa,

¿Cómo será el delirio como espuma?

volcánica, tenaz,

¿Y la mano del viento como ola?

Diosa legítima,

¿Y la noche en el ojo de la estrella?

Coatlicue sin quietud, ¡Devoradora!

El amor con los dedos del silencio construía la tela de tus cielos…

Madre nuestra La Tierra que fluyes en el poro de todo lo viviente,

Apareció la imagen bajo perfil humano: ¡Niebla y polvo cayeron en su mínimo espejo! Surgió para decir las formas nuevas que no alcanza tu mano de inocencia, para viajar tus signos infinitos, multiplicar por dos tu pensamiento, escuchar tu canción en su palabra y poder abrazar tu propio pecho cuando en ti se desnudan los amantes. Y abarcar tu destino, poseído en la suma total de las presencias: amar tu amor en el espacio abierto, en el fondo marino de la sangre, en el barro que anuda las distancias, en la perla de sal que nos dejaste; repetir tu latido en la tiniebla de la frente quebrada del cadáver. Ahora estás mirándome en mí misma como el eco insondable del espejo:

reflejas tu emoción en los plurales, caminas desde el centro de lo Uno, prologas el hechizo de los números pares; que rondas en el paso y la caída, respiras en el hueco sonoro de la noche, sonríes en el astro de fuegos tutelares y en los trémulos cauces del verbo de la leche. Mueren las extensiones en tus brazos, de ti nacen honduras y pilares; ¡Qué sabor de granada turbulenta! ¡Qué perfume colérico de sangre! Eres punto y esfera, muslo de agua, nido y fosa y atmósfera radiante, y todas las palabras y los niños y los gajos de todas las naranjas. Gravitas en los cálices ocultos, en la rama calcárea de mis huesos, en mi vientre de sombra sacudida, en la memoria de algo que de ti se desprende y conmigo comienza.

Inmensurable Madre, sembradora pasión desesperada,

Turba mis continentes tu frescura entrañable transitada del río callado del misterio,


húmeda de esqueletos y yerba derretida,

interrogo a la luna de mi muerte:

devastados veranos y pétreos yacimientos.

¿Cómo será la luz como semilla?

¡Tierra de sumergido paraíso

¿Y la raíz profunda como vuelo?

en donde no hay lugar para el destierro!

¿Y el pacto del silencio y el silencio?

Ante los horizontes del abismo en que vierte universos lo perpetuo,

Cuando tomo en mis manos un puñado de tierra y resbalan sombríos planetas por mi tacto, me ahoga una ternura dolorosa de niebla, derrúmbanse los arcos de mi nombre y ruedo hasta los últimos paisajes de la tierra que sube por mis labios.


Literatura 10B