

INTRODUCCIÓN
La Cuaresma es un periodo en el cual los (as) cristianos (as) nos preparamos para vivir la pasión, la muerte y celebrar la resurrección de Nuestro Señor y salvador Jescristo. Como todos (as) sabemos, consta de los cuarenta días antes del Domingo de Resurrección, sin tener en cuenta los domingos, dedicados a celebrar la resurrección.
Es un tiempo especial que nos ofrece la Iglesia, de recogimiento en el cual se enfatizan la moderación y el arrepentimiento. Si vivimos bien este tiempo, nuestra vida se acerca más a Jesús.
La Iglesia nos propone la abstención de cosas como la comida, el ocio u otras distracciones para enfocarnos en la oración, el ayuno y el arrepentimiento y así dejar atrás los excesos que mantenemos durante el resto del año. De este modo, resucitaremos con Cristo el domingo de Resurrección convertidos en hombres y mujeres nuevos (as) decididos (as) seguir a Cristo y colaborar en su Misión.
La cuaresma es, entonces, un CAMINO HACIA LA PASCUA, debemos tener claro que, SOLO DIOS SALVA, por tanto, no hay para merecer o ganar el perdón de nuestros pecados, estos se logran por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz. De ahí que, nuestra adhesión a Cristo es muy importante.
Para ello debemos aprovechar, espiritualmente hablando, las más tiempo con Dios en oración y alabanza.
“SIEMPRE
ES SALUDABLE BUSCAR LA CERCANIA DE NUESTRO SEÑOR Y SALVADOR JESUCRISTO”.
La importancia de la oración en nuestras
feligresías (Mateo
6:1-6,16-21)
Por. Rvdo. P. Luis Ciprián
Vicario de la Parroquia Santa María Virgen
Para mí, en Cristo la oración se hace vida y la vida se hace oración. En la vida de la Iglesia, desde los comienzos, está marcada por celebraciones, reuniones y momentos de oración personal y comunitaria. Los primeros cristianos experimentaron que la oración no es un monólogo es el espacio del diálogo con el Padre, mediante Cristo en el Espíritu Santo que nos invita a la santidad.
De esto sugiere que la fe se alimenta en la relación personal y directa con Dios y la armonía y amor con los demás. Es sabido que la manera en que oramos y cómo nos comunicamos de los demás dice en realidad quiénes somos.
Es necesario, por eso, que antes de orar o hacer algo bueno, pregúntate, si ¿lo haces por reconocimiento humano o para agradar a Dios?
¿Qué deberíamos hacer para evitar caer en la tentación de agradar a los demos en los que hacemos? ¿Qué debo hacer cuando me siento tentado a hacer algo para sentirse querido, valorado y aceptado?
En ocasiones podemos caer en la tentación de hacer conocido todo lo bueno que hacemos. Es tal vez difícil no actuar y orar frente a las necesidades de los demás donde solo tu y Dios saben lo que paso, pero es mucho más difícil orar y hacer el bien sin mirarse así mismo, “ego” y querer buscar recompensa o vanagloria para sentirse superior o importante.
La oración entre los hermanos no debe buscar reconocimiento, apagados por el desamor y el chisme. Busca restaurar, sanar abrazar, acompañar, orientar y sostener, muchas veces se vele de prácticas religiosas como bien puede ser ayuno, que busca la cercanía de un Dios que quiere vivir y compartir el sufrimiento y heridas olvidadas y mal cicatrizada por el tiempo, a la vista de todo, pero que nadie la ve o nadie no quiere verla. (Señor danos ojos y oídos para verte y escucharte en camino de la oración).
Esta es la verdadera importancia de la oración en las feligresías, que no busca reconocimiento propio, sino más bien, busca vendar con amor las heridas olvidadas y mal cicatrizada por el tiempo causadas por yo no sé quién.
Ese es el verdadero secreto del ayuno y la importancia de la oración en las feligresías. (Isaías 58) no es solo abstenerse de ingerir alimentos, sino aquella oración mediante el ayuno que continúa transformado y cambiando nuestra conducta.
Des e esta perspectiva, la oración genera una necesidad de acercarse más a Dios, para desprenderse de lo terrenal, emocional, psicológico para así fortalecer el espíritu. Ayunar no es sólo abstenerse de comida, sino de todas aquellas cosas que atrapa nuestra atención, lo cual se convertirá en un medio para ver, escuchar y preparar el corazón a la escucha de la voz de Dios en medio de la comunidad.
Como personas de oración que debemos ser, estamos llamados a pasar de una fe individualista a una fe compartida, motivándolos los unos a los otros a vivir la oración como regalo de Dios, dodo por nuestro Señor Jesucristo a los apóstoles y a nosotros.
No hay nada de malo en que los demás nos vean realizar un acto justo que agrade a Dios, siempre que el hecho de que nos vean sea la motivación para acercar la gente a Dios con nuestras acciones. “Así brille la luz de ustedes delante de los su Padre que está en los cielos” (Mt 5:16).
Página 4
La pregunta es, ¿Si nuestras buenas obras llaman la atención solo sobre nosotros mismo, o si nuestras buenas acciones
esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” (Mateo 6:21)
¿Cuál es mi mayor tesoro y que es lo más importante en mi vida de fe? Considera muy bien tu respuesta, porque el seguidor de cristo debe actuar movido por el amor al Padre y al prójimo, integrando la fe en la vida cotidiana, lejos de la búsqueda de los aplausos o euforias religiosas que nos impide ver y escuchar a la voz de Dios en medio de gentes.
La oración debe ser genuina, discreta y desinteresada, debe nacerse de un corazón sin máscara y ataduras, despojándose de toda ligadura de sobregira y protagonismo. Nuestro mayor tesoro debería ser acercarnos más a Dios con un corazón arrepentido sin armaduras, máscaras y ataduras despojándose de toda ligadura y dispuesto a escuchar su voz.
Necesitamos orar más para encontrar silencio que nos permita sostener el ritmo de nuestro quehacer diario, para enfrentarnos a nuestra propia verdad en cada feligresía, con sus retos y desafíos.
Necesitamos orar más para irnos liberando de las ataduras y armaduras que nos impiden acercarnos a Jesús y a su proyecto del Reino de Dios aquí y ahora en la tierra.
De manera que nuestras feligresías, debe ser “casa y escuela de oración, centro de refugio donde la vida espiritual permita otros y unirnos más a Jesús, adoptando sus sentimientos de compasión y empatía para llevar a cabo la misión que nos fue encomendada, amarse los unos por los otros y permanecer unidos en su amor.
La oración debe ser un llamado a la comunión con Dios y los entre nosotros, entonces; ¿por qué no podemos mantenernos en contacto con él y unidos en oración y ayuno como pueblo de Dios?
Encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles y en otros escritos apostólicos cuatro características esenciales de la vida de la feligresía: (1) La escucha de la predicación de los apóstoles, (2) La comunión recíproca, (3) La fracción del pan y (4)La oración entre los hermanos.
Estas cuatro “coordenadas” nos recuerdan que la existencia de la Iglesia tiene sentido si nuestro tesoro es Cristo y permanecemos
Palabra, en la Eucaristía y en la oración.
LA SABIDURÍA ES UN TESORO ESCONDIDO. FELIZ EL QUE LA PONE EN PRÁCTICA.
EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA ES CORRER TRAS ELLA.
BUSCA LA INTELIGENCIA A CAMBIO DE TODO LO QUE TIENES.
Tema: La Importancia de la Oración en la Cuaresma
Por: Rvda. Can. Amelia Cintrón
Rectora, Parroquia Ayudada San Lucas Evangelista
La oración es una de las herramientas más importantes y efectivas que tiene el creyente cuando anhela y busca acercarse a Dios. La Cuaresma es el tiempo litúrgico propicio, por excelencia, para ejercitarse y ahondar en la oración personal y comunitaria, pues nos ofrece una intensa y extensa preparación con diversos elementos que nos llevan a la celebración de los misterios de salvación que vivimos en la Santa Pascua. La oración es uno de los caminos que nos llevan a vivir una Cuaresma intensa y fructífera que nos permitirá celebrar gozosamente el Misterio de Salvación.
En el primer domingo de Cuaresma precisamente la liturgia
nuestra relación y oración con Dios para poder estar preparados en el momento en que se presentan, se nos acercan a nosotros las tentaciones. Como tentaciones podemos considerar todo aquello que nos distrae, aleja, desvía, aparta de la vivencia de nuestra relación con Dios, con los hermanos, con uno mismo y que nos impide trabajar en la construcción del Reino de Dios aquí y ahora. Se trata del Evangelio que relata y presenta las tentaciones que tuvo Jesús, no solamente en los 40 días que estuvo en el desierto, sino durante toda su vida.
Uno de los propósitos que tenía el tentador era precisamente desviar a Jesús de su misión mesiánica. Este relato evoca también las tentaciones de Israel a través del desierto y por supuesto, las que tenemos nosotros a través de nuestra vida. Jesús es sumergido en el bautismo en el rio Jordán, se interna en el desierto por 40 días, es guiado y conducido por el Espíritu Santo. Pero tiene allí, en el desierto, se le presentan tres tentaciones.
Este relato de las tentaciones de Jesús es una profunda catequesis sobre la persona, las palabras y la misión del Señor. Las tres tentaciones encarnan y simbolizan todas las veces que Jesús estuvo tentado en su vida. Sus tentaciones también representan las que, a nosotros, a diario, también se nos presentan y las cuáles debemos de enfrentar y superar. La oración personal y comunitaria es una de las herramientas que tenemos para superar nuestras tentaciones.
LA PRIMERA TENTACIÓN: EL MATERIALISMO
“Si de veras eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes” Pero Jesús le contestó: “La Escritura dice: ‘No solo de pan vivirá el hombre, sino también de toda palabra que salga de los labios de Dios.’”
Tras cuarenta días sin comer, Jesús tiene hambre y sed. La primera impresión sería pensar que esta tentación solo se trata de que el tentador simplemente incita a Jesús a convertir las piedras en pan. Sin embargo, es algo más profundo. Se trata de que el Tentador le invita a que rete, desafíe el proyecto de Dios y a Dios mismo poniéndolo por debajo de las cosas materiales osus necesidades personales. Le insinúa que aproveche su dignidad de Hijo de Dios y saque el propio provecho de esa situación.
Se trata del materialismo que nos enceguece y lleva a que miremos sola y egoístamente las necesidades y exigencias individuales. Que nos aprovechemos de las oportunidades propio sin pensar si estamos o no viviendo la cardad, el amor, la fraternidad o la solidaridad.
El propio Jesús vivió este tipo de tentación varias veces durante su vida pública. Luego de la multiplicación de los panes, el pueblo le tentó fuertemente. Quisieron convencerlo, porque había realizado el milagro de alimentar a todo el pueblo, a que fuera coronado el rey. Y Jesús mismo les reprocha que lo buscaban por puro interés, porque comieron hasta saciarse, pero no por los signos del milagro realizado, ni reconociendo quien era el que acababa de realizar dicho milagro. Jesús les
exhortó y nos exhorta a que trabajemos no por lo perecedero, sino por lo que permanece hasta la vida eterna. A diario se nos presentan este tipo de tentaciones: poner lo material, el acaparamiento, la insolidaridad, el propio interés egoísta, por encima de la fraternidad, la convivencia y el bien común.
LA SEGUNDA TENTACIÓN: NO QUERER DEJAR A DIOS SER DIOS
“Si de veras eres el Hijo de Dios, tírate abajo; porque la Escritura dice: “Dios mandará que sus ángeles te cuiden. Te levantarán con sus manos, para que no tropieces con piedra alguna.” Jesús le contestó: “También dice la Escritura: ‘No pongas a prueba al Señor tu Dios.’”
La segunda tentación consiste el querer o pretender manipular, usar a Dios “obligándolo” a que realice milagros a nuestro favor osegún nuestro querer. Es la de pretender usar y abusar de Dios intentando ponerlo a nuestra disposición y voluntad. Jesús tuvo esta tentación al largo de su vida y en el momento de la cruz. gritaba y le retaban de que, si era el Hijo de Dios, que bajara de la cruz. Sin embargo, allí desde la cruz, Jesús, se mantuvo en oración al Padre. “Padre, perdónalos…” Orando con el Salmo 22: “Dios mío, Dios mío…” Y entregando su vida en manos del Padre: “Padre en tus manos encomiendo…”.
También a nosotros se nos presentan estas tentaciones de querer “imponerle” a Dios nuestro parecer y querer. Nos exponemos a situaciones de cuidado o peligro, incluso a tentaciones, queremos que Dios nos haga este o el otro milagrito… para entonces creer en El…, si las cosas no nos salen como esperábamos le echamos la culpa a Dios…, entre muchas otras actitudes y pensamientos que, en el fondo, revelan que no queremos dejar a Dios ser Dios. De aquí la importancia que en este tiempo de Cuaresma saquemos un tiempo, a diario, para ahondar en nuestra oración, meditar sobre nuestras actitudes ante Dios, los acontecimientos y las personas. Aprender a tener nuestros ojos y mente abiertos al Espíritu Santo, para poder descubrir la voluntad de Dios.
LA TERCERA TENTACIÓN ES LA DE RENEGAR DE DIOS Y ADORAR A LOS FALSOS DIOSES
“Yo te daré todo esto, si te arrodillas y me adoras.” Jesús le contestó: “Vete, Satanás, porque la Escritura dice: ‘Adora al Señor tu Dios, y sírvele solo a él.”
Someternos al poder de la idolatría buscando honores, poder, riquezas pasajeras, tener el control y la posesión absoluta de los bienes materiales. Así como el pueblo de Israel se dejó tentar y fabricó un becerro de oro para poder cargarlo y llevar a su “dios” a su discreción y antojo, así también nosotros buscamos e idolatramos otros “dioses” pretendiendo encontrar la felicidad y plenitud en ellos.
Jesús también fue tentado por su propio amigo y discípulo, Pedro, cuando este le pidió que se alejara del camino de la cruz. Jesús mismo le ripostó diciéndole que se apartara de él.
El materialismo, rechazar la cruz, buscar milagritos por doquier, vivir una vida lejos de Dios, cosechando una “fe” individualista, insípida, egoísta, sin compromiso por los pobres, desplazados y marginados de nuestra sociedad… son tentaciones viejas y siempre nuevas que han acompañado y acompañarán al ser humano en su camino hacia la eternidad. Sin embargo, el Señor, el Dios con nosotros, nos marcó el camino a seguir.
El mismo nos mostró y dejó las herramientas para mantenernos en su seguimiento y discipulado de Jesús: frecuentar y estudiar las Sagradas Escrituras, hacer y vivir una oración intensa que repercuta en nuestra vida, trabajar de forma solidaria con los más necesitados, participar frecuentemente en la Santa Eucaristía, en donde el mismo Señor se nos da en la fracción del pan.
A partir de este relato evangélico de las tentaciones a Jesús y de con Dios? ¿En qué Dios creo? ¿Mi oración busca descubrir la voluntad de Dios en mi o se trata de imponerle lo que yo pienso, creo o espero?
Ojalá que en este tiempo intenso y fuerte de la Cuaresma comunitaria para que podamos descubrir, entender y celebrar el Dios que nos ama y nos salva.
Segunda Semana:
Tema: La Importancia de la Oración en la Vida
Cristiana
Por: Rvda. Presb. Karla Sánchez
Rectora, Parroquia Ayudada La Resurrección
En esta segunda semana de Cuaresma se nos invita a contemplar en Dios, dejarnos conducir por su Espíritu y abrirnos a una vida nueva. Cada una de estas lecturas nos habla del movimiento de la fe, del salir, del caminar y del nacer de nuevo.
La primera lectura, tomada del libro del Génesis, nos presenta obedeció su llamado y salió sin saber con certeza a dónde iba.
caminar aun cuando el futuro no esté claro. La docilidad a la llamada divina exige humildad, reconocimiento de nuestra Dios.
El Salmo 121 continúa esta imagen del camino y del peregrinaje. Reconoce que el trayecto no es fácil, pero proclama con esperanza que el auxilio viene del Señor. Dios es presentado El Evangelio de San Juan nos introduce en el encuentro nocturno entre Jesús y Nicodemo, un jefe de los judíos que siente la necesidad de acercarse al Maestro. Va de noche, tal vez por miedo o por prudencia, pero movido por una inquietud interior. Jesús lo sorprende con una invitación radical: es necesario nacer de nuevo.
Jesús describe la acción del Espíritu con una imagen profunda: “El Espíritu sopla donde quiere; oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu” (Jn 3:8). Quien se deja conducir por el Espíritu Santo experimenta una libertad verdadera, la libertad que nace de la docilidad a Dios.
Nacer de nuevo implica estar dispuestos a salir de nosotros mismos, al encuentro con los demás, a los cambios, al perdón y a la reconciliación. Implica sanar heridas, profundizar en la oración, crecer en el amor, vivir con humildad y convertirnos en portadores de paz.
Nacer de nuevo es desprendernos de la rigidez de la costumbre, del “yo soy así y no puedo cambiar”, de las ataduras internas, de los esquemas cerrados y de los miedos que nos paralizan. Es abrir el corazón a la ternura del Padre, al abrazo del Dios compasivo y perdonador.
La palabra clave del discurso se encuentra en el versículo 3: “El transformar; nacer de lo alto es permitir que la vida sea recreada desde la acción del Espíritu.
Esta vida nueva nos introduce en un reino de paz y justicia que no ignora la fragilidad humana ni el dolor, sino que los restaura y los transforma.
En tiempos de incertidumbre y cansancio espiritual, este mensaje proclama con esperanza que Dios sigue haciendo cosas nuevas e invita a la Iglesia a abrirse a la acción renovadora del Espíritu.
Nacer de nuevo es abrir el corazón a la caricia del Padre, al abrazo del Dios compasivo y perdonador, al Cristo que se revela cada día en pequeñas epifanías: en la mirada de una madre, en el canto del gallo, en el sonido del coquí, en la sonrisa de un niño.
Nacer de nuevo implica la ingenuidad de un niño o una niña, capaz de perdonar rápido y de abrirse a nuevas oportunidades.
Si nos sentimos anclados o paralizados, vayamos a ver a Jesús, no importa si es de día o de noche. El Santísimo nos espera. Busquemos al Señor mientras puede ser hallado, invoquémoslo porque está cercano. (Isaias 55:6)
Nacer de nuevo nos invita a mirar a los cielos porque hemos sido bautizados en agua y por el Espíritu Santo y es nuestra responsabilidad discernir los tiempos que estamos viviendo para reconocer las acciones que ponen en peligro la vida de los más frágiles y vulnerables que puedan estar en nuestro camino. Orar como comunidad de fe, unirnos para hacer el bien y abrazar a nuestro pueblo es una llamada inminente. En este nos llama y vivamos una Cuaresma diferente, comprometidos
Preguntas para la oración comunitaria
1.¿Qué aspectos de mi vida personal y comunitaria necesitan ser tocados y transformados por el Espíritu para nacer de nuevo?
2.¿Qué seguridades, miedos o resistencias necesito entregar a Dios para vivir desde lo alto y dejarme conducir por su Espíritu?
Tercera Semana:
Tema: La oración fortalece Nuestra Espiritualidad
Por: Dra. Miriam Mercado
Directora Académica, Seminario Diocesano San Pedro y San Pablo
Muchos se alejan de Dios, buscando cosas “que le llenen”. Mucha gente ha perdido la fe. Lo mismo le sucedió al pueblo de Israel, cuando se encontraron sin agua en el desierto (Éxodo 17,
Horeb por mandato de Dios, haciendo brotar agua para calmar la sed. La misericordia de Dios siempre estará para nosotros.
En ocasiones la queja y la duda nos invaden y la fe acompañada de la oración nos da la fuerza que logra moldear nuestra vida y nuestra manera de ver el mundo. En este sentido, la oración no solo fortalece nuestras convicciones personales, sino que también nutre y enriquece nuestra espiritualidad.
Cuando hablamos de espiritualidad, nos referimos a nuestra parte humana, la que busca entender nuestro propósito en la vida, nuestro lugar. Esa conexión que tenemos con algo más grande que nosotros mismos. Esa necesidad de hacer una pausa, respirar y hablar en silencio con Dios. Permitir que Dios entre y renueve día a día mi corazón. Y es la fe la que sostiene esa búsqueda que nos hace crecer en nuestra espiritualidad.
La oración profunda y constante nos llevará al faro que brilla en la oscuridad, guiándonos en momentos de dolor y confusión. Cuando enfrentamos desafíos en nuestra vida, la fe y la oración nos ofrecen esperanza. Esta esperanza se traduce en la certeza de que hay un propósito detrás de cada experiencia vivida, incluso las más difíciles.
en el sufrimiento y a reconocer que cada obstáculo puede ser una oportunidad para crecer. Este proceso de transformación es esencial en el desarrollo de nuestra espiritualidad, ya que nos lleva a comprender que somos seres en constante cambio. Porque Dios nos da la oportunidad para que cambiemos los pensamientos y las acciones que nos alejan de Él.
La duda es parte del proceso de nuestro crecimiento espiritual. Habrá luchas internas que quieran apartarnos del camino que queremos seguir. Pero será esa misma lucha interna la que nos llevará a entender nuestro papel en esta vida, que quizás nunca imaginamos. La oración nos llevará a disfrutar de la paz que solo nuestro Creador nos puede brindar.
La oración fortalece nuestra fe y nos lleva a mirar más allá de lo que vemos y a creer en lo que no podemos tocar. En la oración continúa encontramos la fuerza que nos anima a ver la belleza en lo cotidiano y a encontrar propósito en cada experiencia. La oración es un regalo que fortalece nuestra espiritualidad. Nos proporciona esperanza en medio de la adversidad, fomenta unión con los demás, enriquece nuestras prácticas espirituales y nos invita a crecer a través de nuestras dudas.
En una vida de constante oración, fortalecemos nuestra búsqueda espiritual, permitiéndonos vivir de manera diferente, sintiendo que el Padre nos acompaña en cada momento de nuestra vida. La oración nos lleva a crecer en la fe, nos acompaña en nuestra jornada espiritual; es, de hecho, la base sobre la cual construimos nuestra relación con nosotros mismos, con los demás y con lo Divino. A través de la oración recordamos que somos parte de algo más grande, algo que trasciende nuestro entendimiento y nos invita a participar y sonreír en el maravilloso misterio de la vida, nunca solos, siempre de la mano de Dios. camino de interioridad para encontrar a Dios en el corazón (el hombre interior) y transformarse en Él. Preparar el corazón mediante el amor, la humildad y la conversión continua. 1” 1 Ver: Comentarios de San Agustin a Colosenses 2,7
Tema: La Oración Inspira
La Misión
Por: Rvdo. P. Benny Chaparro
Vicario, Misión Santa María Magdalena
“La Iglesia no existe para sí misma, sino para evangelizar.”
- Oscar Arnulfo Romero.
La Cuaresma es un tiempo santo que nos invita a volver al corazón del Evangelio. Es un camino de silencio, de escucha, de renovación y de conversión. En medio de este itinerario espiritual, la Iglesia nos recuerda tres prácticas fundamentales: la oración, el ayuno y la limosna. Hoy quiero detenerme en la oración, no solo como una disciplina espiritual, sino como una fuerza viva que inspira y sostiene la misión.
La oración no es un escape del mundo ni un refugio ante las
encuentro con la realidad, nos compromete con el sufrimiento humano y nos impulsa a participar activamente en la obra de Dios. Jesús mismo, antes de comenzar su ministerio público, se retiró al desierto para orar. Y a lo largo de su vida, lo vemos una y otra vez buscando momentos de intimidad con el Padre, especialmente antes de tomar decisiones cruciales.
Según nuestra fe cristiana, orar no es solo hablar con Dios, sino dejarnos transformar por Él. Cuando oramos, nuestro corazón ve, a amar como Dios ama. Y es desde esa transformación interior que nace la misión.
Plantar una iglesia y más aún, hacerlo desde cero no es simplemente un proyecto de logística o pastoral. Es, ante todo,
plantando la iglesia episcopal Nuestra Señora de Guadalupe, he aprendido que nada verdaderamente duradero nace solo del
de incertidumbre y de soledad. Pero también ha habido amor profundo, dedicación constante y un esmero que no viene solo de la voluntad, sino de la convicción de que Dios estaba obrando, incluso cuando no todo era claro.
Muchas veces, la oración fue el único espacio donde pude presentar mis dudas, mis temores y también mis esperanzas. En la oración, Dios no siempre me dio respuestas inmediatas, pero sí me dio algo más profundo: perseverancia, paz y dirección. Orar me recordó que la misión no es mía, sino de Dios; que yo solo soy colaborador en su viña.
La oración sostiene la misión porque nos recuerda quién es el centro. Cuando perdemos la oración, la misión se vuelve activismo; cuando la oración está viva, incluso los pequeños gestos se convierten en sacramento del Reino. Una iglesia nacida de la oración es una iglesia sensible al Espíritu, abierta a la novedad de Dios y profundamente encarnada en la vida de su comunidad.
En esta Cuaresma, somos invitados a preguntarnos: ¿Desde dónde nace nuestra misión como cristianos? ¿Está nuestra vida sostenida por la oración o solo por nuestras fuerzas?
Que este tiempo santo y bendito nos ayude a redescubrir la oración como fuente de vida, como espacio de encuentro y como impulso misionero. Que, al orar más profundamente, aprendamos también a amar más generosamente y a servir
genuina, la misión no se impone: brota. Y donde la misión brota esperanza.
Quinta Semana:
Tema: Importancia de la Oración Personal
Por: Muy Rvdo. Dr. César Ramírez Segarra
Deán, Seminario Diocesano San Pedro y San Pablo
El pasaje del evangelista Juan capítulo 11:1-45, narra un acontecimiento sin precedentes entre los escritos del Nuevo Testamento, y este es la resurrección de Lázaro. Es un relato que goza de gran profundidad teológica y también uno de los más conmovedores del evangelio. En este no sólo encontramos muestras del poder que tiene Jesús sobre la muerte, sino también que es una revelación clara y ciertamente sencilla de la importancia de la oración, como vínculo que se establece entre Dios y los seres humanos.
En este podemos intuir que, a través de las acciones, las palabras e inclusive de los silencios de Jesús, se nos enseña que la oración no es solo una petición para cumplir los deseos de alguien, o en algunas ocasiones menos favorables los caprichos de ciertas personas, sino que es una relación viva que se fundamenta en
Notemos que desde el inicio del relato Marta y María, hermanas de Lázaro, recurren a Jesús en medio de su angustia y su sufrimiento. Con una frase sencilla y cargada de fe, no con exigencias, le informan que aquel a quien Él ama está enfermo. Ciertamente este simple gesto ya es una manera de oración. Ellos no le dicen a Jesús que debe hacer, sino que simplemente ponen la situación que están viviendo en sus manos. Esta actitud debe ser también para nosotros una enseñanza acerca de la oración, que aún incluso cuando no entendamos el aparente silencio o demora de Dios está para ser verdadera debe nacer
Encontramos a un Jesús, que, al recibir la noticia, no corre inmediatamente a Betania, lo que provoca una espera que
desconcierta a los discípulos y, más tarde, a las propias hermanas. Lo que una cosa es cierta es que el Evangelio deja claro que esta demora no es indiferencia, sino parte de un plan mayor por lo que se manifestará posteriormente la gloria de Dios. Aprendemos una lección esencial sobre la oración: Dios siempre escucha, pero no siempre responde de la manera ni en el tiempo que esperamos. Es por esto, por lo que orar implica también aceptar que la voluntad de Dios siempre se encuentra por encima de nuestros deseos inmediatos.
Cuando Jesús llega y se encuentra con Marta, ella expresa tanto su fe como su dolor. Le dice que, si hubiera estado allí, su hermano no habría muerto, pero añade que aun ahora sabe que Dios le concederá lo que pida. Esta declaración muestra una fe madura, una fe que se sostiene incluso en medio del sufrimiento. La oración, según este pasaje, no elimina el dolor humano, pero lo transforma en un espacio de encuentro con Dios. Marta ora con palabras llenas de esperanza, aunque todavía no comprende plenamente el milagro que está por ocurrir.
Uno de los momentos más impactantes del relato es cuando Jesús llora ante la tumba de Lázaro. Este gesto revela la humanidad de Cristo y nos enseña que la oración muchas veces también puede ser silenciosa. No todas las oraciones se suspiros y sentimientos profundos. Jesús, aunque es el Hijo de Dios, no reprime ni esconde su dolor, sino que lo presenta y hace visible ante el Padre. Esto nos recuerda que en la oración podemos mostrarnos tal como somos, sin máscaras ni aparentes fortalezas.
Antes de llamar a Lázaro fuera del sepulcro, Jesús eleva una oración al Padre. No lo hace para convencer a Dios, sino para que los presentes crean. Agradece al Padre por haberlo oración pública nos enseña que la oración fortalece la fe no solo de quien ora, sino también de quienes observan. De esta manera se ve que Orar es, en muchos casos, un testimonio
El milagro de la resurrección de Lázaro es la respuesta visible a esa oración. Sin embargo, más importante que el milagro en sí es el mensaje que deja: la oración abre la puerta a la vida,
Jesús se presenta como la resurrección y la vida, y mediante la oración nos invita a creer que, aun en la muerte, Dios tiene la última palabra.
Finalmente, este pasaje nos enseña que la oración requiere una fe activa. Jesús pide que quiten la piedra del sepulcro, a pesar del mal olor y del miedo de los presentes. La oración no es pasiva; implica actuar conforme a la fe. Dios obra, pero espera nuestra colaboración. Quitar la piedra simboliza remover los obstáculos interiores: la duda, el miedo, la desesperanza. Solo así podemos experimentar el poder transformador de Dios.
De esta manera San Juan nos muestra que la oración es un oración, aprendemos a esperar, a creer más allá de lo visible y de Lázaro nos recuerda que ninguna situación está fuera del alcance o el control de Dios y que la oración pasa a ser el puente que une nuestra fragilidad humana con el poder divino. Orar no siempre cambia las circunstancias de inmediato, pero siempre transforma el corazón de quien confía en Dios.
Gloria al Padre y al Hijo el Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.
Orar con el Triduo Pascual
Por: Rvdo. Can. Sergio Rojas
Vicario, Misión San Judas Tadeo
Como todos (as) sabemos durante el período de la Semana Mayor oSemana Santa, la Iglesia celebra tres días en donde conmemora la pasión, muerte y resurrección del Señor: Jesucristo. Son los días más importantes de esta Semana en donde se recuerda de forma muy solemne y especial el acto de amor supremo de Jesús para con toda la humanidad.
Jueves, viernes y sábado santo son los días claves en donde los cristianos especialmente los anglicanos celebramos estos sagrados misterios. El jueves recordamos que Jesús se prepara a comenzar su pasión y se reúnes con sus discípulos para celebrar la Pascua (judía) y luego en la sobremesa, siendo Él, el sumo y eterno sacerdote recuerda la forma en que el sumo sacerdote Melquisedec ofreció elementos como su cuerpo y su sangre. Nos ordena a que cada vez que lo celebremos en su nombre y memoria Él estará presente para darse como alimento de salvación y vida eterna y verdadera o sea la Santa Eucaristía.
El viernes recordamos su injusto juicio, su condena a muerte en la cruz y su soledad ya que fue abandonado por sus discípulos, vendido por Judas Iscariote y negado cobardemente por Pedro, solo María su madre Juan y María Magdalena lo acompañan hasta el Gólgota, su muerte en la cruz y su sepultura a prisa en el sepulcro de José de Arimatea.
El sábado en la noche cumple su promesa “destruid este templo y yo lo ”. Resucita glorioso y nos demuestra que es Dios verdadero e Hijo Eterno del Padre. Con su resurrección nos da LA VIDA ETERNA, para Dios sus hijos (as) NUNCA MUEREN.
El Domingo es la gran celebración de esa gran verdad, Jesús es la VIDA Verdadera y esa es nuestra fe, la fe de toda la Iglesia. Hermano (as) no te pierdas esta extraordinaria experiencia de celebrar intensamente esta gran verdad que da sentido a tu vida y celebrarla como si fuera la primera o la última o la única y permite a Jesús que traspase tu corazón y así tú vivas para siempre en Él y Él en ti, Dios te bendiga siempre. AMÉN.
CONCLUSIÓN
Cuaresma y Oración son dos momentos que van unidos de la mano. Son la cara y el sello de la misma moneda. Son las dos alas del mismo avión que, aunque estén ubicadas en lados diferentes, sin embargo, ambas son fundamentales ara el equilibrio del vuelo.
Nos bendiga Dios:
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
AMÉN.





