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GUÍA URBANA DE PERPLEJOS

MOMENT ANGULAR, 96


ALBERTO TUGUES

GUÍA URBANA DE PERPLEJOS Presentación A. Ràfols Casamada

emboscall EDICIONS DE LES ARTS DEL LLIBRE


© Alberto Tugues © del colofón: Jesús Aumatell Edita: emboscall (Jesús Aumatell) C/ Camí Ral, 119, 3r-2a 08490 Tordera www.emboscall.com

Depósito legal: B -2014 ISBN: 978-84-92563Primera edición impresa: Edicions de les Arts del Llibre (Barcelona, 1989) Nueva edición en emboscall: septiembre de 2014


POSTAL/PRESENTACION Los resplandores del crepúsculo iluminan las estancias donde ahora reposan los violines. Has perseguido los pasillos secretos y las galenas, guiado por aves de vuelo casi transparente y oscuras plumas. Pero siempre resuena una campana, más allá del cercano ángulo del pasadizo nebuloso. Los pasos se entrelazan con los suspiros, que brotan del fondo de un país de olvido y nostalgia, inextinguibles. En el velado silencio despliegas el verso, como un pañuelo donde guardas aquella lágrima que, cada mañana, nos acomete inexorable. Recortas estrellas con un fino cuchillo, como si salieras de un sueño demasiado visitado. Y, súbitamente, reconoces de nuevo los objetos: las pinturas, los espejos, los tapices, las postales extranjeras, las ventanas y aquellas manos que, en el sueño, te conducían hacia los límites inciertos de un bosque de ceniza. No obstante, en el nacarado crepúsculo, cuando parecía que podría ser escuchada la mínima palabra del jazmín, regresa el lúgubre sonido de la campana como un sólido muro de sombra. Te abres camino, sin embargo, con el resplandor del canto. ALBERT RÀFOLS CASAMADA (Traducido del catalán) 5


Para aquellos cuyas direcciones nunca estรกn cerca. HART CRANE


GUÍA URBANA DE PERPLEJOS

I


AUSENCIA Dicen que vivía solo, ordenando los espejos rotos de otro tiempo. Seguramente, hacía demasiados años que nadie pronunciaba su nombre. Aquel día de octubre —ignoramos el año, pero sabemos que llovía— decidió, de improviso, levantarse más temprano y salir en seguida de su casa. Anduvo por todas partes, numerando aceras, clasificando carteles de propaganda, pero en vano pretendió llegar a las calles donde había sido feliz. La ciudad no era la misma de antes, ningún transeúnte sabía indicarle el camino: parecía el único superviviente. Al cabo de seis meses volvió a su casa: la puerta estaba cerrada por dentro... Llamó dos veces... Silencio... Miró por la cerradura: estaba allí... ¿Qué vio exactamente? Nunca lo dijo. Sin embargo, ahora ya sabía que el espectro de su infancia jamás le perdonaría ese medio año de ausencia. Lentamente, salió de nuevo a la calle vacía, extraña, y nunca más regresó a su casa.

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UN LEGAJO DE CARTAS Me dijo, al atardecer: «Le hice tantas preguntas, que ella, al fin, me confesó que me había escrito un legajo de cartas; pero aún no he recibido ninguna: sospecho que deben de estar escondidas en algún lugar secreto. Así pues, hoy hace exactamente cuarenta años que busco, por las aceras de todas las calles, ese legajo de cartas de amor que nunca pude leer». Una semana después, desapareció arrojándose a las aguas oleaginosas del puerto, donde había visto flotar un legajo de papeles: él ignoraba que mi hermana jamás le había escrito esas cartas.

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LA MANO Tenía una mano más triste que la otra. No quería decirme su nombre. En cuanto me veía, subía a la acera, daba un par de vueltas y se acercaba a mí a la pata coja: me introducía restos de su infancia en el bolsillo de la americana. Tenía demasiados recuerdos en la mirada. Aún ignoro su nombre, pero sigo aquí, mal sentado, mirando palabras, esperando en vano que su figura liliforme aparezca de nuevo a mi lado, una mano más triste que la otra.

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PRIMER AMOR Nunca se olvidaba de guardar, en el bolsillo más recóndito, medio folio en blanco, pulcramente doblado. Hacía más de doce años que tenía la esperanza de encontrar a alguien, hombre o mujer, que le pidiera una prosa mínima sobre su primer amor. Pero un mal resfriado acabó con su ingrávida presencia, antes de haber recibido ninguna petición. Recuerdan que, los últimos días, cuando se quedaba solo, escupía, al soslayo, en las páginas impares de un tratado sobre formas poéticas del que, al parecer, sólo conocía el prólogo y la bibliografía, ambos desmesurados. No sabemos nada más.

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POSTALES Todos los viernes, a las diez de la mañana, escribía tarjetas postales a los difuntos —siempre desconocidos. Y se sorprendía cuando no recibía una respuesta cordial. A veces, una nota urgente le comunicaba que no alterase más los dominios de la ceniza, que dejara de enviar sus mensajes líricos, desmesurados. Pero él no quería escuchar a nadie, y proseguía remitiendo tarjetas postales a los difuntos —siempre desconocidos.

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DOS SUCESOS 1 Nunca se olvida de mirar debajo de la cama, tres o cuatro veces al día: allí está otra vez, acurrucado, el espectro de su infancia, exhibiendo una cicatriz en forma de clavel: fue apuñalado por la espalda un día en que la ternura se hizo insoportable. 2 Aquel hombre, una mañana, de súbito, empezó a saludar a todo el mundo; se arrodillaba a los pies de cualquier transeúnte, y le recitaba hexámetros inéditos. Al anochecer, fue conducido a la cocina del Instituto Frenopático, donde, al parecer, celebró por vez primera su cumpleaños.

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PERSECUCIÓN Debo decir que me sigue a todas partes. En vano procuro perderlo de vista entrando en portales oscuros, desconocidos, o caminando en zigzag por las calles más solitarias y angostas de la ciudad. Vuelvo la cabeza y allí está, detrás mío, a unos seis o siete metros de distancia, con una jaula de cartón en la mano, vigilándome, atento al menor de mis movimientos. Reconozco que hemos hablado en un par de ocasiones, a voz en grito, sin aproximarnos el uno al otro; pero ahora hace tiempo que no me dice nada, y yo, por otro lado, cuando me exaspera su presencia, sólo me dirijo a él mediante señas: para indicarle, una vez más, el confuso e inútil espectáculo de nuestras carreras por la ciudad, como si fuéramos atletas furtivos condenados a correr sin destino. Además, no sé ya cómo explicarle que no puedo acordarme de su hermosa juventud, o de aquella maravillosa noche de nieve en la playa, ni, por supuesto, del breve y misterioso viaje a un puerto de cristal (todo esto expresado, recordemos, por señas, a una prudente distancia). La primera vez que nos encontramos —aunque él diga lo contrario— fue el mismo día en que me trasladé a un piso antiguo de su barrio. Al cabo de una semana, más o menos, él ya estaba allí, de pie, dispuesto a perseguirme... Ha pasado ya un cuarto de siglo, ambos hemos encanecido prematuramente de tanto correr, desorientados, por las aceras más inhóspitas de la ciudad, cada vez disimulando peor y dando más tumbos por las esquinas, pero en realidad todo sigue igual: uno permanece delante y el otro continúa detrás. 17


No he perdido la esperanza de pasar alguna vez inadvertido. Con todo, si una mañana él dejara de estar allí, a mis espaldas, ¿tendría yo fuerzas suficientes para vivir completamente solo...?

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INFORME ESPIRITUAL Desde que extravió su alma en el Paseo de Gracia, quizá dentro de un cubo de ceniza, nadie ha vuelto a pronunciar su nombre. Él, sin embargo, no se desanima y continúa buscando, bajo la arena de una playa solitaria, restos de su infancia, alguna palabra, una mirada, una carta, pero sólo encuentra flores de plástico, esqueletos de perros vagabundos, su propio esqueleto.

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DOS SUCESOS 1 Todos los espectros del barrio desplegaron, delante de mi casa, una pancarta con este mensaje: Él no vendrá más. Tiene los bolsillos llenos de tristeza. Y un sueño atado a las piernas. 2 Una hora al día corro por calles y plazas, tropiezo, me levanto, disimulo, vuelvo a correr y, al fin, me escondo detrás de un muro, pero este señor siempre me reconoce y me dedica requiebros fúnebres.

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ÍNDICE

POSTAL/PRESENTACION, por A. Ràfols Casamada 5

GUÍA URBANA DE PERPLEJOS I AUSENCIA UN LEGAJO DE CARTAS LA MANO PRIMER AMOR POSTALES DOS SUCESOS PERSECUCIÓN INFORME ESPIRITUAL DOS SUCESOS 2 ARCANOS EL TOCADO EL HOMBRE DE LA ACERA OJO DE CRISTAL LA CITA DOS CUENTOS MÍNIMOS EL VAGABUNDO EL VENDEDOR DE INFANCIAS EL PAQUETE EL MERCADER DE RECUERDOS EL MUCHACHO DE LAS ORQUÍDEAS UNA PAREJA

9 9 11 12 13 14 15 16 17 19 20 21 22 23 24 25 27 28 29 30 31 32 33


II UNOS SOBRES PEQUEÑOS EL OBSEQUIO CONVERSACIÓN EN EL CLAUSTRO LA CARTA UN SONETISTA SIN VOZ EL MARINERO EL ARTESANO LA FIGURA LA ESCAPADA EL CUADERNO ÍNTIMO EL MENSAJERO PALABRAS LA CINTA MAGNETOFÓNICA SERVICIO DE LIMPIEZA ESTACIÓN DE METRO EN LA TIENDA CORRECTOR FURTIVO UNA CALAVERA ESMALTADA CONVERSACIÓN EL ESQUELETO AFILADO BREVE ENCUENTRO LA TERTULIA DEL ASESINO CUENTO MÍNIMO EL MAESTRO UNA FOTOGRAFÍA GERANIOS BLANCOS LAS ABEJAS DEL CLAUSTRO MENSAJES COSAS DEL DESTINO EL BUSCADOR DEL CEMENTERIO EL VIAJERO NOCHE DE BODAS UN HOMBRE EN EL SEMÁFORO

35 37 38 39 40 41 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70


EL BAÑADOR JUGANDO EN LA CALLE EL BAÑISTA EL ENCUENTRO EL LAZO NEGRO ASCENSIÓN TARJETA POSTAL PARADA DE AUTOBÚS UN DESCONOCIDO EL PASEANTE ADIVINANZA LA ESCALERA LA APARECIDA ARENA UN HOMBRE SENTADO ALGUIEN DE UNA CIUDAD LA ESPERA UNA HISTORIA DE PAN TOSCO LA CARTA EL PASEANTE LA ÚLTIMA FRASE MERODEAR LA SALIDA EL PAPEL ARRUGADO RELATO DE VECINOS NO ERA UN HOMBRE CUALQUIERA

71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96

TÉRMINO MUNICIPAL DEL VIDRIO 97 HISTORIAS BREVES ESCRITAS EN LA PARED

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La primera edici贸n de este libro, de Edicions de les Arts del Llibre, se imprimi贸 en Barcelona en 1989. Esta nueva edici贸n impresa, realizada por emboscall, se ha hecho en Barcelona en el mes de septiembre de 2014. (J.A.)


Guia urbana de perplejos  

Nueva edición del libro de narracions y prosa poètica de Alberto Tugues.

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