Page 1


El archivo del copista

El taller de poesia, 207


ALBERTO TUGUES

EL ARCHIVO DEL COPISTA

emboscall


© Alberto Tugues © del colofón: Jesús Aumatell Edita: emboscall (Jesús Aumatell) www.emboscall.com

Depósito legal: B 17478-2014 ISBN: 978-84-92563-73-9 Primera edición: Edicions de les Arts del Llibre, 1990 Segunda edición (primera en emboscall): julio de 2014


PELUCAS DE TUMBA EN LA CATEDRAL


I RETRATO DEL COPISTA Y SU PELUCA Lo tems vai e ven e vire. BERNART DE VENTADORN Había de copiar su primer verso: Concierto barroco en la taberna del cementerio, la noche sin murciélagos en que una familia y media de brujos ilerdenses lo encontraron tendido en una acera: empapado de música y lluvia, vestido —de medio cuerpo arriba— de monaguillo o violinista incrédulo. Calle de Escudellers, amarilla. Calle del Vidrio, azul. Plaza Real, luz de gas —golondrinas y palomas de madera me abanican los tobillos. Cartelera a pleno sol, fotogramas de islas y grutas encan-tadas en las vitrinas, ventiladores eléctricos, programas de mano, ojos de cuervo. Cine Castilla. Cine Alarcón. Cine Latino. Cine Barcelona. —Verdes campiñas al este del edén. Risas de máscara esculpidas en la corteza de aquellos inviernos, Bar y Hotel Cosmos, chapas de infancia 7


resbalando alcantarilla abajo, cerveza a presión, un espejo doble, un espectro en el vaso, deme otro, moscas y transparencias de nieve y oro. Largos cabellos de hielo platino, piel escarlata, noches de espuma rota, cuerpos, deseos iluminados e inanimados dur-miendo en bancos de piedra o de madera, serrín de horas nada mágicas, palabras, sonidos envasados en memorias y botellas más pequeñas que nosotros. Una, dos hormigas de papel, rodajas de patatas fritas crujiendo en bolsas de colores, diamantes en el codo, perlas negras en la boca, calamares con sol y harina del mes de junio. Esfera celeste, cariada, de futbolín, blanco, verde y rojo de billar, cejas de humo rubio cayendo al suelo, las pompas fúnebres del Bar Tequila, camarero macilento, prohibida la entrada a menores, vana puerta verde, iniciación al jazz, insinuaciones frondosas, topacios venéreos tatuando brazos extranjeros. Quioscos en donde venden estuches redondos, brillantes, con sorpresas de globo pecaminoso dentro (preservativos), ratas vénetas que salen despacio, marcando el paso de moda, con sobres herméticos de tebeos bajo la pata o el brazo, sustraídos cuando Bill Coleman desnudaba de nuevo la trompeta en la cueva del pecado, carteles desfigurados, los visitadores metrónomos del Jamboree. Dos niños y un perro tenor —ahora entra la Camioneta 36, jaula municipal de púas en busca de pies errantes de postguerra, y diez años después nos pincharía la estrella de mar de Robert Desnos, Man Ray y dos mancos amantes, domingos muertos en el Paseo Marítimo.

8


Ausiás March y Francisco de Quevedo venían a expeler vino negro por la uretra, detrás de las palmeras inclinadas, nada salvajes en apariencia. Se subían a las farolas de Gaudí, obstruían el surtidor del jardín, jugaban con el grifo de la fuente, silbaban a las doncellas vestidas de niebla y vendían cupones de la ONCE caducados. Yo les saludaba desde la arcada, apoyado en la luna resquebrajada del escaparate de los animales disecados. Cromos de barcos y futbolistas, estampas de la selva, paraguas y esqueletos olvidados en los últimos tranvías, olor a Lavanda de Myrurgia, Brujas la Muerta, la Sagrada Familia, un dólar dedicado y un chicle de Nebraska, dedos con gin, habitaciones cerca del cielo, del cieno, escaleras de caracol, cinturas bailando un rock lento: No seas cruel./ Muñeca viviente./ Deja que soplen los cuatro vientos: estela providencial, dadivosa, de los exóticos marinos de frac y sus caras novias teñidas de misterio muerto. Lo que vino después (aquellas oraciones que te dictaba el hombre de cristal), no debe designarse como poesía, sino tela haraposa de araña o velo de aguas residuales tejido por la heredera resentida de Washington Square, en el bar americano de los 4 hermanos catalanes.

9


O tal vez una colilla sólo –húmeda aún– del tercer hombre, con la muerte en los talones; me pide con la mirada que le dispare veneno amarillo en las manos, mientras sube por la escalera de una alcantarilla secreta, donde con sed de mal conjuran los boyardos. Tenías mala edad y miedo. Años y golondrinas de madera surcan las tinieblas de agua del puerto, con una banda incompleta de acordeones desafinados y navajas furtivas de Melilla —y más tarde mudabas de traje y postura en el nicho vacío que el guardián académico de la cripta te había recomendado: así verías¡ mejor la llegada de las sirenas, de las raíces a tu cuerpo venidero. «De piedra ha de ser mi cama. Como un vientre de rosas grises. Con musgo tierno. Me voy, me voy con la música zíngara a otra parte, a otra isla, con mi gato de nieve.» Risas, aplausos, llega la madelón con sus canciones apócrifas mitad Edith Piaf, mitad Frangois Villon, le petit monsieur triste, mal marinero hazme bailar el vals, canción para taberna y acordeón, tenderetes de violines rotos (lejos todavía Marc Chagall), tabaco rubio de otros mares en la Rambla e los paraísos artificiales, sueños anunciados y representados en la misma acera de todos los caramelos, coitos demoníacos a bajo precio, algunos vecinos hacían llover hexágonos de bayeta con aforismos inéditos incluidos, bacines y bacinillas, edad media y moderna vertiéndose sobre la calle del humo triste, cuando la ciudad se dormía entre dentaduras postizas de confeti. 10


LOS CUADERNOS DEL ARCHIVO DEL COPISTA


1986 3 noviembre Infancia clavada en la pared. Un niño vende tinieblas. Yo de mí me aparto —anuncia Juan Boscán. 4. noviembre Cuando regresó ya no había nadie detrás de aquel recuerdo: siempre llevaba una pequeña lata de ceniza en la mano. Ahora nadie recuerda su nombre, e ignoran que, a esta hora, ocultaba su infancia postiza en el bolsillo. 5 noviembre (mañana) No hay nadie en la calle. Quizá todo el mundo haya muerto. Palabras y manos colgadas en las esquinas, pero ellas tampoco saben dónde vive el espectro de mi infancia. 5 noviembre (tarde) En esta ciudad nadie recuerda su domicilio. («¿De quién son los poemas manuscritos que recibo? ¿Quién es el copista que me los envía?», pregunta el mecanógrafo a una calavera de papel.)

23


Seguramente, era ya demasiado tarde. Tinieblas en las manos: nunca hubo nadie, en realidad, detrás de aquel recuerdo. 6 noviembre (Espacio para casi nadie.) 7 noviembre (a las nueve de la mañana) TARJETA POSTAL DE FRAY LUIS DE LEÓN Alargo enfermo el paso, y vuelvo, cuanto alargo el paso, atrás el pensamiento. 7 noviembre (a las seis de la tarde) TARJETA POSTAL DE HENRI MICHAUX Perdido en un rincón lejano (o ni eso), sin nombre, sin identidad. 7 noviembre (noche) AUTORRETRATO DEL COPISTA Tengo un silencio detrás de la oreja, y un ramo de violetas en la cabeza. Nadie me conoce;

24


tus palabras de nieve, mecanógrafo, no descubrirán la verdadera ceniza de mi rostro. Sin embargo, no ignoro que, al anochecer, alguien me introduce gorriones muertos en el recuerdo. 8 noviembre CARTEL LUMINOSO Ausencia rayada con lápices de colores, formando un rectángulo de infancia. 9 noviembre CUENTOS DE NADIE 1 Con el ocaso en la mano, entreabre las puertas de musgo del tiempo, y vuelve a preguntar si los difuntos más nuevos desean aún pasear con él hasta el mar. 10 noviembre Llevaba siempre una lata de ceniza atada a la espalda.

2 5


OFRECEMOS AQUÍ UNA RECOPILACIÓN DE LOS TEXTOS DEL COPISTA, QUE EL EDITOR PUDO ENCONTRAR EN UNA CARPETA DEL MECANÓGRAFO, ENCARGADO, COMO YA SABEN, DE LA TRANSCRIPCIÓN Y DATACIÓN DE LOS MANUSCRITOS DEL ARCHIVO DEL COPISTA, Y VÍCTIMA HOY DE UNA RARA OBSESIÓN: SE IMAGINA QUE EL GATO DIABÓLICO DE BULGAKOV LE QUEMA SUS CUADERNOS, ANTE LA COMPLACENCIA DE LOS GRAMÁTICOS SIN TRABAJO. ESTA EDITORIAL DESEA QUE SE RECUPERE LO ANTES POSIBLE. EN CUANTO AL COPISTA, DECIR SÓLO QUE FUE ACUSADO DE TENENCIA ILÍCITA DE POEMAS INÉDITOS DE OTROS AUTORES, Y UN DÍA DESAPARECIÓ SIN DEJAR FAMILIA NI RASTRO ALGUNO. Escrito en el dorso de un billete de autobús: Estoy tiernamente enfermo de recuerdos de infancia. ESENIN …………………….. ¿Ocho silencios, mal vestidos, han caído al puerto? ¿Ya no tengo un espectro en las manos? ¿De quién habláis? Entre los dedos de este poema hay dos niños que dibujan calaveras en las alcantarillas, en los futbolines de los sótanos de Barcelona. Demasiada ilusión en los codos: 63


ahora tus ojos se ocultan siempre en el bolsillo de atrás. …………………….. POEMA DEL POEMA (Parodia) De noche, cuando arde toda la miseria, con las nalgas flanqueadas de mustios geranios, bajas de dos en dos los 39 escalones, o las barritas de hielo de tu propio esqueleto. ¿Acaso enyesas sílabas rotas en el escritorio del vacío —que nunca te olvida? (Eliges la calle más solitaria, te escondes detrás de tu esqueleto: ahora ya puedes morirte de risa.) …………………….. EL COPISTA RECUERDA A SU AMADA Corría siempre delante de sí misma, contando y ordenando los huesos pálidos que iba perdiendo su existencia —pero resbalaba en todas las aceras más allá de los espejos rotos del tiempo. A veces salía en pos de sí pintando de verde los siete recuerdos que perdían sus labios. 64


Desde entonces sólo habla con la espalda de su infancia. …………………….. Fragmentos: 1 mar 2 ceniza 3 nadie lo sabe 4 nieve 5 bosque petrificado 6 ni 6... 7 ausencia de sí mismo, nadie 8 escamas 9 déjalo 10 sepelio en la playa 11 niños con máscaras 12 miradas inclinadas sobre el asfalto. …………………….. DOS VERSOS ILEGIBLES Niebla... Una mano... en la plaza... Tristeza... re... días y vagabundos... (Con esta dedicatoria: A los niños callejeros de todos los barrios.) …………………….. Siempre llegamos demasiado tarde, cuando los párpados de la esperanza ya no están debajo de la mesa. …………………….. Paisaje con árboles rojos, de Maurice de Vlaminck. 6 5


HISTORIAS BREVES


BIOGRAFÍAS I Tenía un pie más largo que el otro, y se ponía de perfil, cariñoso, cuando alguien le rozaba con el brazo en el autobús. Aún llevaba en el bolsillo de la americana aquel regalo, dorado, un reloj de marca desconocida, que se paró a las 10 1/2 de la mañana, para siempre, el mismo día de su primera comunión. II Se sentó en la acera, con la cabeza inclinada, cerró las manos como si apretara un recuerdo vacío, y se quedó así durante muchos días, sonriendo dulcemente a las paredes resquebrajadas de enfrente, del todo ajeno a los transeúntes que se acercaban a él, curiosos. Cuando se lo llevaron a la camioneta, una pared se estremeció. III Después de hacerle varias preguntas, se puso a llorar, de espaldas a todos. Era inútil, no podía recordar —decía— el año en que acabó su infancia.

7 7


LA CUARTA NOVIA Enderezó la cabeza y dijo a la pared que no volvería a esperar más. Miró de reojo a los transeúntes que pasaban, raudos, saludó a uno con la mano, y resbaló. Postrado en el suelo como una figura rota de hielo, murmuró que esta vez no le perdonaría, a su cuarta novia, que llegara con tanto retraso —nueve años y quince días— a aquella cita fundamental. Esto ya era demasiado, se incorporó, miró a los lados, con dureza, se levantó de un salto, y se fue calle arriba, dispuesto a no justificar más la demora de su cuarta novia. Al llegar a casa, rompió el último álbum de cromos de su vida. Un vecino suyo contaba de él otras cosas que no deben ser transcritas.

7 8


Índice PELUCAS DE TUMBA EN LA CATEDRAL I RETRATO DEL COPISTA Y SU PELUCA II PELUCAS DE TUMBA EN LA CATEDRAL

LOS CUADERNOS DEL ARCHIVO DEL COPISTA 1986 1987 OFRECEMOS AQUÍ UNA RECOPILACIÓN...

HISTORIAS BREVES BIOGRAFÍAS LA CUARTA NOVIA NOCTURNO UN EMPLEADO SIN TITULO VIDAS EJEMPLARES FRAGMENTOS DE VIDAS ANÓNIMAS EL PASEANTE DEL CLAUSTRO OTRA VEZ EN LA PARADA DEL AUTOBÚS EL VECINO TRANSEÚNTES MENSAJES EN LA PLAYA EL REGALO CUENTO DE HOSPITAL BALADA DEL FRAGMENTO DE QUESO NOCTURNO

5 7 11

21 23 39 63

75 77 78 79 80 81 82 83 85 86 87 88 89 90 91 92 94 95


La primera edici贸n de El archivo del copista, obra original de Alberto Tugues, la hizo Edicions de les Arts del Llibre en Barcelona el a帽o 1990. Esta nueva edici贸n, de emboscall, se ha hecho entre Barcelona y Tordera en el mes de julio de 2014.


El archivo del copista  

Alberto Tugues (Author) El archivo del copista (Title)

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you