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Y EL ENIGMA DE LA HECHICERA

C I R KOTICO

www.edicioneselnaranjo.com.mx

ISBN 978-607-7661-68-9

9 786077 661689

C I R KOTICO  E R

N

Al ver las carpas desinflarse y encajar perfectamente dentro de las diminutas maletas de viaje, Tadeo sospechó que el Cirkótico no era un circo ordinario. Mucho menos sus artistas quienes, en el momento que se baja el telón, no sólo se valen de sus oficios circenses sino que aplican insólitas habilidades para cumplir con su verdadera misión y la resolución de algunos misterios. Ahora Tadeo y su hermana Ema intentarán junto a estos excéntricos personajes desenmascarar a una temida logia y descifrar el secreto de la hechicera.

NEREA LIEBRE ISRAEL BARRÓN, ILUSTRACIÓN

Para niños lectores

Y E L E N I G MA

E DE LA H

CHICERA

LUSTRACION EA L BARRON I I E B R E • ISRAEL


C I R KOTICO Y EL ENIGM

A HEC A DE L

HICERA


A Ciro, Amélie y Rubén François por la eterna paciencia y la inquebrantable confianza. Nerea Liebre Para mis amados Yarim y Octavio. Israel Barrón

Dirección editorial Ana Laura Delgado Cuidado de la edición Angélica Antonio Revisión del texto Mauricio Uribe Sonia Zenteno Diseño Ana Laura Delgado Javier Morales Soto © 2013. Nerea Liebre, por el texto © 2013. Israel Barrón, por las ilustraciones Primera edición, octubre de 2013 D.R. © 2013. Ediciones El Naranjo, S. A. de C. V. Cerrada Nicolás Bravo núm. 21-1, Col. San Jerónimo Lídice, 10200, México, D. F. Tel/fax: + 52 (55) 56 52 1974 elnaranjo@edicioneselnaranjo.com.mx www.edicioneselnaranjo.com.mx

ISBN 978-607-7661-68-9 Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio, sin el permiso por escrito de los titulares de los derechos. Impreso en México • Printed in Mexico


C I R KOTICO N

 E R

Y E L E N I G MA

E DE LA H

EA L BARRON I I E B R E • ISRAEL

CHICERA

LUSTRACION


IRCO EXTR AVA GA N T E UN C

—¿Por qué don José compara el gobierno con los circos? Este no está nada mal… Tadeo miraba embobado un campamento circense. Era un niño de diez años, tez blanca y aureolas de transpiración bajo las axilas. Su pelo rojizo y enrulado, con los mechones más largos en forma de bucles, caía hasta los hombros. —¿Cuánto tiempo pasó desde Navidad? —se preguntó mirando su reflejo en un charco de agua estancada—, ahora me toca la ducha de Reyes. Tenía los ojos celestes muy grandes, con escasas pestañas y cejas. Muchas veces su aspecto angelical le acarreaba complicaciones, algunos lo confundían con una niña. Aunque no se preocupaba demasiado al respecto. En Buenos Aires, el sol de enero calentaba y ablandaba tanto la brea de las calles que ni siquiera los animales osaban pasear al mediodía… El niño permanecía hipnotizado mirando hacia la plaza, donde un monumental circo había acampado durante tres semanas, ahora los trabajadores preparaban el traslado. No veía animales, salvo un enorme loro volando de árbol en árbol. Sintió cierta desilusión, pues era lo único que contemplaba de manera gratuita desde los alrededores. Nunca cruzó por su mente la posibilidad de disfrutar una función, 7


desde su fuga del Orfanato Libertad junto a su hermana Ema solo se dedicaba a huir del juez de menores. —¿Don José habrá querido decir que a nuestro país le faltan animales? No, me juego la cabeza a que no… Nunca había visto un circo por dentro salvo en la televisión, pero imaginaba algo genial teniendo en cuenta lo que apreciaba desde afuera las noches de función. Los vendedores ambulantes se apiñaban como hormigas y un olor dulzón impregnaba la taquilla. La música era divertida, el estruendo de los platillos de la batería se mezclaba con risas y aplausos. La entrada a la carpa principal era una enorme boca de dinosaurio cuyos colmillos húmedos parecían a punto de dar un mordiscón. Encima de la gran cabeza, un letrero intermitente decía: CIRKÓTICO. —¡Lástima!, me atraparon cuando me colaba por la en­­ trada trasera —dijo dando un fuerte puñetazo contra la palma de su otra mano—, ¡no es sencillo engañar a estos extranjeros! No sabía por qué, pero algo le resultaba intrigante, las tiendas ubicadas alrededor de la carpa principal se autoplegaban, desinflándose hasta encajar perfectamente dentro de unas valijas de viaje. Los trabajadores las recogían y guardaban en los remolques de aluminio. Tadeo estaba concentrado en sus pensamientos, intentando averiguar cuál sería el truco, sin darse cuenta de que mordía su labio hasta hacerlo sangrar. Solo el inesperado alarido de su hermana lo haría olvidar el monólogo. Pegando un salto cayó de espaldas y su cabeza dio contra el adoquín. —¡Tadeo, socorro! ¡Auxilio! ¡Auxilio! 8


El niño se incorporó y vio a su hermana corriendo con un mechón de cabello incendiándose. La escena era aterradora. —Ema, ¡corre hacia la fuente! Se refería a la fuente de las Sirenas Encantadas, cerca de los remolques que transportaban a los artistas del circo. En su borde se hallaban varios escuerzos con los que Ema adoraba jugar. Tadeo hundió la cabeza de su hermana dentro del agua ejerciendo presión y esta debió empujar con fuerza hacia arriba para evitar ahogarse. —¡No solo te quemaste el pelo…! —tartamudeó el chico. La piel del hombro de Ema se veía chamuscada y desprendida. Aunque físicamente no era mucho más grande que Tadeo, le llevaba dos años. Su tez era morena y el cabello, o por lo menos lo que quedaba de él, castaño. Los ojos azabaches brillaban entre las lágrimas. En el mismo momento en el que Tadeo intentaba consolarla, sin dejar de pensar qué hacer en una situación semejante, escucharon dos voces acercándose. —¡Popiée, le digo que huele a pelo quemado! —exclamó un hombre. —¡Pero no es noche de función, señor Sherman! —respondió una mujer. La pareja se detuvo frente a la niña herida dando un respingo. El señor Sherman Strauss era el presentador del circo, un hombre retacón, con un enorme bigote que tapaba sus labios y ocupaba parte importante de su regordeta cara. Vestía el uniforme de trabajo, una chaqueta roja con botones de nácar, pantalón azul y botas cortas puntiagudas. Pero 9


lo más curioso era la galera roja y la larga capa también azul. En su hombro derecho se posaba un loro enorme de copete blanco, el mismo que instantes atrás brincaba de árbol en árbol, sus plumas eran doradas, verdes y rojas. —¡Por las cenizas de Gardón! —el hombre escupió hacia todos lados—. ¿Qué ven mis ojos? —¡Se lo dije! —exclamó Popiée—. Es otra cosa… La señora Popiée era una mujer alta, bien estilizada, de cabello rubio recogido en un rodete. También usaba ropas extrañas, un mallón color rosa la cubría y una especie de tutú superpuesto simulaba una falda corta. —¿Qué les pasa? —preguntó el aturdido Sherman con el dedo en el oído—. ¿A qué se debe tanto escándalo? Antes de que Tadeo pudiese explicar algo, la señora Popiée dejó escapar un grito de espanto. —¡Oh, por Dios, son quemaduras severas! —exclamó con una mano sobre la boca señalando el hombro de Ema. —¡Llevémosla al cirkomóvil! —propuso Sherman ayudando a los niños a salir del agua. —¡Y a la otra niña le sangra el labio! —agregó Popiée. —No soy una niña —refunfuñó Tadeo, poniendo los ojos en blanco—, me mordí sin querer. Los artistas del circo se dirigieron con los chicos a los coches que transportaban al personal y sus pertenencias. Por fuera eran de aluminio, con ventanas del mismo material y cortinas romanas que impedían ver su interior. Desde la única puerta, bajaba una escalera plegable. La señora Popiée se adelantó para abrirla y permitir a los niños entrar a un lugar que los dejó boquiabiertos. 10


C I R KOTICO Y EL ENIGM

A DE L

A HECHICERA

se imprimió en el mes de octubre de 2013, en los talleres de Litográfica Ingramex, S.A. de C.V., Centeno núm. 162, Col. Granjas Esmeralda, C. P. 09810, México, D.F.• Se utilizaron las familias CartoGothic Std y Lost Saloon. • Se imprimieron 3 000 ejemplares en papel bond de 90 gramos, con encuadernación rústica.• El cuidado de la impresión estuvo a cargo de Ana Laura Delgado.


Y EL ENIGMA DE LA HECHICERA

C I R KOTICO

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ISBN 978-607-7661-68-9

9 786077 661689

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Al ver las carpas desinflarse y encajar perfectamente dentro de las diminutas maletas de viaje, Tadeo sospechó que el Cirkótico no era un circo ordinario. Mucho menos sus artistas quienes, en el momento que se baja el telón, no sólo se valen de sus oficios circenses sino que aplican insólitas habilidades para cumplir con su verdadera misión y la resolución de algunos misterios. Ahora Tadeo y su hermana Ema intentarán junto a estos excéntricos personajes desenmascarar a una temida logia y descifrar el secreto de la hechicera.

NEREA LIEBRE ISRAEL BARRÓN, ILUSTRACIÓN

Para niños lectores

Y E L E N I G MA

E DE LA H

CHICERA

LUSTRACION EA L BARRON I I E B R E • ISRAEL

Cirkótico  

Al ver las carpas desinflarse y encajar perfectamente dentro de las diminutas maletas de viaje, Tadeo sospechó que el Cirkótico no era un ci...

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