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Edita: Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga www.realacademiasantelmo.org

© Para la presente edición:

Real Academia de Bellas Artes de San Telmo

© Julián Sesmero Ruiz © Manuel del Campo y del Campo © Edición e ilustraciones: Pepe Bornoy ISBN: 978-84-613-1555-0 Depósito Legal: MÁ-1.592-2009

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro, su inclusión en un sistema informático, su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico por fotocopia, registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.




Necesaria Iniciativa Académica

L lector tiene en sus manos el resultado de un proyecto que esta Real Academia de Bellas Artes de San Telmo encargó al Ilmo. Sr. D. Julián Sesmero, miembro de número y bibliotecario de esta Corporación. Era una aspiración antigua que pretendía, entre otras cosas, enlazar con la historiografía creativo-pictórica de Málaga que trazó en 1933 el Ilmo. Sr. D. Manuel Prados y López en su discurso de toma de posesión como miembro de esta Academia. En su larga y documentada disertación –posteriormente editada en un magnífico libro abundantemente ilustrado– abarcó la crónica general desde 1868 en que se incorpora a la Escuela de Bellas Artes de Málaga el insigne maestro D. Bernardo Ferrándiz, hasta la interesantísima generación de los jóvenes artistas que en torno al Grupo ALA –decenio de los años 30 del siglo XX– representaron el movimiento renovador de la plástica local. Prados y López, según lo explicado, hizo una atinada exposición de cómo habíase desarrollado el arte académico en nuestra ciudad desde el mismo advenimiento de la Revolución Gloriosa que obligó al exilio francés a la hija de Fernando VII, hasta dos años más tarde de la Segunda República Española (1868-1933). Esta última fecha, si con carácter general significó un indudable hito en la historia de nuestro país, representó en lo que concernía a Málaga el despertar a la aventura del arte de un gran número de malagueños formados en la escuela local a la que pertenecieron sus maestros, los verdaderos forjadores de la llamada Escuela Malagueña de Pintura del XIX. La citada crónica pictórica cubría 65 años fundamentales de nuestra Escuela de Bellas Artes, durante los cuales impartieron enseñanzas Ferrándiz, Muñoz Degraín, Denis, Ocón, Jaraba y otros destacados artistas dignos alumnos de sus maestros. Esta publicación, por tanto, completa la gran crónica que la pintura, la escultura y el grabado malagueños han escrito desde 1930 hasta rozar el final del primer decenio del siglo XXI, ampliando la panorámica del estudio anterior ya aludido. Con la presente publicación se abarcan más de 130 años


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de incesante y creciente actividad creativa en pintura, escultura y grabado. En sus páginas aparecen no sólo nombres y afanes de artistas malagueños que, habiendo nacido en el siglo XIX, vivieron también largos años de la siguiente centuria. Igualmente –Málaga, tierra de promisión de tantos pintores foráneos–, figuran en el libro quienes, no nacidos en nuestra tierra, en ella realizaron sin embargo gran parte de su obra, cuando no la totalidad de ella. En efecto, fueron muchos los artistas extranjeros y connacionales que en diferentes épocas se vincularon a la vida social y cultural malagueña sumando a la creación nativa su aportación personal. Al autor del presente trabajo, Ilmo. Sr. D. Julián Sesmero –de reconocidos méritos en el ejercicio de la profesión periodística, autor de numerosos libros acerca de la historia de la ciudad, crítico de arte y biógrafo de pintores–, y al responsable de la edición, Ilmo. Sr. D. José Manuel Cuenca Mendoza, “Pepe Bornoy” –diseñador y director del Anuario además de pintor, poeta, impresor y editor de selectas publicaciones–, la Academia agradece el laborioso esfuerzo realizado para la conclusión del proyecto, que hoy convertido en feliz realidad bibliográfica, ofrecemos con satisfacción a los malagueños en general y al mundo de la creatividad plástica en particular. Finalmente, en nombre de la Academia que me honro en presidir, expreso públicamente nuestro agradecimiento al Excmo. Ayuntamiento de nuestra ciudad y a Cajamar por unir al esfuerzo económico de nuestra Corporación sus respectivas colaboraciones para hacer realidad el presente libro.

Manuel del Campo y del Campo Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo


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CIEN AÑOS DE MAESTROS, Artistas Y ÁMBITOS CREATIVOS EN MÁLAGA

L siglo XX de la pintura malagueña no es concebible sin tener en cuenta su precedente centuria. Y no todo su tramo de cien años, sino a partir de 1868, el de la creación de la cátedra de Colorido y Composición que ocupó Bernardo Ferrándiz. La existencia anterior del Liceo, que en su sección de Pintura atendía la proclividad artística de jóvenes de ambos sexos vinculados a él por situación social favorable, es el centro de germinación exclusiva en materia de pintura y dibujo, convocatorias de certámenes y celebración de exposiciones colectivas de sus alumnos y maestros, muchas de cuyas obras adornaban el ámbito más selecto de la casa, el salón del Senado. Hasta la creación de la Real Academia de Bellas Artes en 1849 (será a partir de 1883 cuando se denomine “de San Telmo”, al haberse instalado en 1851 la Escuela Provincial de Bellas Artes y la propia sede de la Academia, de la que dependía, en el viejo caserón del colegio náutico del mismo nombre), la docencia artística local prácticamente la copaba el prestigioso Liceo. Juan José Relosillas, el popular, culto e irónico entre los más conocidos escritores y periodistas malagueños de los dos últimos decenios del siglo XIX, escribió el opúsculo Cartas a un clubman (Juicio crítico de las obras de arte ejecutadas en el Liceo de Málaga, 1886), que dedicado a su presidente Aurelio Pau, ironizaba sobre la actividad artística desarrollada en dicha institución. Lo antedicho representa, con toda la importancia que cabe atribuirle, el prólogo a la iniciación académico-formativa de los primeros alumnos malagueños que acceden al medio artístico reglado. La crónica del siglo XIX en lo que concierne a las aulas de Bellas Artes, tiene un protagonista indiscutible: el pintor valenciano Bernardo Ferrándiz Badenes, que ya se encontraba en Málaga en el mes de junio de 1868 tras haber ganado por oposición la cátedra de Colorido y Composición de la Escuela Provincial de Bellas Artes y de la que se posesionará a comienzos de curso. Durante su larga actividad como docente el recién llegado dirigiría la formación artística de José Denis Belgrano, que se incorpora a su clase a los veinticuatro años de edad, luego del pensionado que el marqués de Guadiaro le procuró para la Academia Española de Bellas Artes de Roma; igualmente, reciben pupilaje del mismo maestro José Moreno Carbonero, Leoncio Talavera, José Nogales, José Ponce, José Blanco Coris, Enrique Simonet, los hermanos Casasola, Pedro Sáenz, Luis Grarite, Federico Bermúdez y


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Federico Ferrándiz, entre otros. Ese mismo curso se incorpora a la misma escuela el almeriense Joaquín Martínez de la Vega, de tan decisiva influencia artística en la definición de la propia escuela malagueña de pintura. Martínez de la Vega tuvo como discípulos más destacados a Enrique Jaraba, Antonio del Nido, José Nizarre, Reyna Manescau, Xavier Cappa, Francisco Sancha, Mariano Bertuchi, Capulino Jáuregui, De Burgos Oms, Santiago Casilari y Luis Berrobianco, entre otros distintos. Un año más tarde de su llegada a Málaga, y con el fin de ayudarle en la decoración del techo del Teatro Cervantes, Ferrándiz llama a su gran amigo el también pintor valenciano Antonio Muñoz Degraín, que durante su larga estadía en Málaga (1870-1895) no sólo contrae matrimonio, sino que accede al profesorado de la Escuela Provincial de Bellas Artes, acceso que le facilita su amigo y paisano Ferrándiz, ya director de la misma. La estancia malagueña de Muñoz Degraín alcanza un cuarto de siglo de su existencia, tras el cual se traslada a la capital de España para ocupar la cátedra de Paisaje en la Escuela Superior de Pintura de Madrid. Alumnos suyos en Málaga fueron Fernando Labrada y el niño Pablo Ruiz Picasso. Otro de los profesores a quienes Málaga debe la conformación paulatina de la Escuela de Pintura del XIX fue a Emilio Ocón, que en 1882 es nombrado catedrático de la Escuela Provincial de Bellas Artes. Marinista por excelencia, su influjo se dejó sentir en los pintores José Gartner, Adolfo y Serafín Ocón sus sobrinos, Ricardo Verdugo Landi, José Fernández Alvarado, Guillermo Gómez Gil y Luque y Roselló. Pero si fue en las clases de Ferrándiz donde comienza a forjarse la que en el futuro será llamada Escuela Malagueña de Pintura del siglo XIX, también se teje en las aulas de Muñoz Degraín, Martínez de la Vega, Emilio Ocón, y, por supuesto, en la de José Denis Belgrano con Andrés Cuervo, Murillo Carreras y Mateo Cabeza de Vaca, marqués de Valdecañas, como alumnos más distinguidos. Influencias de maestros y alumnos pasan, en algunos casos, de la plástica del XIX a la del XX, que es el verdadero objetivo del presente libro. En él, según el lector puede constatar, se han pasado de uno a otro siglo a los autores que mayor número de años vivieron o protagonizaron creatividad en el segundo de los citados. Al iniciarse 1900, Málaga es una ciudad que en cierto aspecto vive de las rentas plásticas procedentes de los pintores que se formaron –muchos de ellos al menos– en las clases de Colorido y Composición de Bernardo Ferrándiz, forjador, según no pocos estudiosos ya definieron, de la llamada escuela autóctona. Don Bernardo, que había ganado la plaza concurriendo desde su nativa Valencia, ya se hallaba en Málaga en el mes de junio de 1868, año de la revolución de septiembre que llevó al exilio francés a la Reina Isabel II. Los anales malagueños le recuerdan


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en la plaza de la Merced en plena soflama anti monárquica, con gorro frigio sobre un caballo, encandilando a un entusiasta público que, como el maestro, bebía los vientos revolucionarios de la época y que a la voz del creativo unía la suya en ardorosa y patriótica convocatoria. Ferrándiz, una vez que llamó a Málaga a su gran amigo Muñoz Degraín, impulsó con su ya experto compañero tan inusitada creatividad, que a través de una docencia verdaderamente entregada, en pocos años formaron muy personales lazos entre los distintos alumnos de sus correspondientes círculos docentes. Los más destacados alumnos, con otros cuyos nombres pudieron haberse olvidado a causa de la pronta fama alcanzada por los más preparados, fueron: José Moreno Carbonero, Leoncio Talavera, José Nogales, José Ponce, Blanco Coris, Enrique Simonet, Luis Grarite y Federico Bermúdez, ya citados; y como educandos de Muñoz Degraín, Fernando Labrada y Pablo Ruiz Picasso. De unos y otros fueron coetáneos José Denis, Emilio Ocón, Martínez de la Vega, Horacio Lengo, Emilio Herrera, Ruiz Blasco, Murillo Bracho y Martínez del Rincón, entre otros, de forma que con tales maestros y alumnos, así como el creciente número de estudiantes que se formaron a través de ellos, lo cierto fue que al término del siglo XIX, ya podía hablarse con propiedad de una escuela malagueña de pintura no sólo en ciernes, sino a punto de consagración, al menos a niveles de apreciación local, y muy especialmente, en lo que se refería a la especialidad marinista impulsada por el maestro Ocón y Rivas y transmitida a los alumnos ya citados: Gartner, sus sobrinos, Verdugo, Alvarado y Luque. Con el transcurrir de los años y fuera de moda los gigantescos lienzos de tema histórico que parecían imprescindibles para poder ser seleccionados y participar en los concursos nacionales, los artistas se recrean en la realización del llamado cuadro de género –al fin y al cabo costumbrismo más o menos típico de patios de corralas, corridas de toros, escenas tabernarias, interiores de iglesias, fiestas populares, escenas campestres, bodegones con mayor o menor fortuna conseguidos y naturalezas muertas en ocasiones repetitivas, manoseadas a fuerza de reiteración– que se multiplican cuando van desapareciendo las viejas glorias locales y las nuevas generaciones no son capaces de iniciar la modernidad estética que el nuevo siglo demandaba. El conformismo parecía dominar las estancias creativas de Málaga cuando se inicia 1900. Muerto Martínez de la Vega en los primeros años del siglo y Picasso sin revelarse todavía como impulsor de la renovación estética a escala planetaria, el panorama que se vive en la Escuela de Bellas Artes de San Telmo es de vacilación y conformismo, que tendrá su prolongación en los próximos tres decenios. En efecto, el panorama artístico en general y pictórico en particular de la Málaga inmediatamente posterior a la contienda civil de 1936-39, es tan desalentador como en cualquier otra capital de provincia.


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Disperso y sin actividad el Grupo ALA (Asociación Libre de Artistas, la última apuesta de renovación cultural coincidente con la llegada de la II República Española y a cuya crónica volveremos de inmediato), la ciudad carece en absoluto de auténtico pulso creativo en lo que a plástica se refiere. Existen, sí, individualidades que con frecuencia ocupan las únicas salas de exposiciones disponibles, las de la Sociedad Económica de Amigos del País, en las que regularmente exhiben sus obras pintores locales o foráneos, algunos de ellos pertenecientes al citado grupo (Luis Bono, Antonio Cañete, Sánchez Vázquez) y otros, como Antonio Martínez Virel, George Apperley, Enrique Ochoa, Salomón Conejo o Capulino Jáuregui, etc., bastantes de ellos sin afinidad a grupo ni capilla creativa, que igualmente las utilizan para sus exposiciones a falta de otras salas en la ciudad. Cuando don Manuel Prados y López toma posesión de su plaza como miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (25.II.1933), titula el tema de su discurso de ingreso Pintores malagueños contemporáneos que resultó ser un verdadero y documentado ensayo crítico-biográfico que abarca desde la llegada a Málaga de Bernardo Ferrándiz en 1868 hasta los últimos alumnos de César Álvarez Dumont, muchos de los cuales ya gozaban de cierto predicamento, bien como creativos independientes o vinculados al Grupo ALA, que sería, según se ha explicado, el motor que pusiera en marcha los deseos renovadores de los artistas plásticos que están en candelero al advenimiento del cambio político más trascendental en la España de comienzos del decenio de los años treinta. El amplísimo estudio que Prados López hizo de la pintura malagueña entre 1868 y 1933, discurso que posteriormente fue publicado un año más tarde, finalizaba con unas referencias acerca de los artistas, alumnos de Álvarez Dumont, que ya destacaban y en los cuales vislumbraba futuras brillantes carreras. Así, entre los alumnos de la clase de Pintura y Composición Decorativa de la Escuela de Artes y Oficios, donde ejercía docencia don César, mencionó el nuevo académico a Félix Núñez, “dibujante meritísimo”, gran ilustrador, ya entonces en la capital francesa. Otro de los aventajados discípulos del mismo maestro y clase fue Romero Calvet, excelente, como el anterior, en el dibujo, y del que el escritor Eduardo Zamacois dijo “gentil y místico” artista. Murió joven víctima de alucinaciones. A la misma clase, y bajo la atenta mirada del maestro, habían aprendido Eugenio Lafuente, Eduardo Navarro, José Giménez Niebla, Juan Eugenio Mingorance, Luis Ramos Rosa, Luis Torreblanca, Antonio Cañete, José Sánchez Vázquez, Francisco Garcés Gómez, Miguel Marín Zaragoza, Luis Bono y el entonces jovencísimo Francisco Palma Burgos, hijo del escultor antequerano Francisco Palma García. De la anterior referencia obtenemos el catálogo de artistas que, jóvenes entonces, representaban la última hornada de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de


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Málaga, primera generación del siglo XX. No pocos de los mencionados cerrarán filas en torno al Grupo ALA, que con denuedo digno de aplauso lucharía para conseguir una renovación estética que, a su juicio, resultaba de todo punto necesaria dado el anodino momento cultural que la creatividad malagueña arrastraba desde los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera y Orbaneja. La existencia del Grupo ALA viene a coincidir con la llegada de la II República, según se ha dicho, circunstancia que dota al “rebelde” movimiento artístico de inusitado interés popular y populista. Las reuniones de aquella inicial contestación cultural se celebraban en el desaparecido Café Duque, situado en una de las esquinas de la plaza de la Aduana. Allí, después de no pocas sesiones, salió fundada por el deseo mayoritario de los congregados la Asociación Libre de Artistas, que tuvo la misma vida efímera que la propia República bajo la que echó a andar verdaderamente en busca de objetivos claros, recordó años más tarde Luis Bono. La joven Málaga que inquietaba futuros artísticos y modelos progresistas, centra su mirada en los creativos de ALA, que presidida por Tomás Pellicer –notable caricaturista e inspector de Emigración– formó parte Luis Bono como tesorero; más adelante, ya presidente el escultor y abogado no ejerciente José Castillo, Bono fue vicepresidente de la novísima y renovadora entidad cultural, por la que tantos jóvenes del decenio se interesaron. Como entusiastas mantenedores del fuego sagrado de la renovación que representaba ALA, hay que recordar entre sus pintores miembros a Juan Eugenio Mingorance, Luis Torreblanca, Paco Garcés, Muñoz Toval, Francisco Blanca Mora, José Roquero, Eduardo Casares, Jorge Ravassa, Darío Carmona y Eugenio Salas; entre los escultores, Adrián Risueño y Antonio Alastra; en el grupo de los escritores y periodistas, López Trescastro, Fernández Barreira, José Bugella, Julio Trenas e Ignacio Mendizábal. Otros miembros iniciales –citados por Victoria Llamas Ros en un interesante opúsculo sobre ALA– fueron los pintores Anaya, Espiñeira, Ricardo Aguilera, Martín Palomo, Ceferino Castro, Guerrero Utrera, Marín Zaragoza, Montero Rico, Muñoz Toval, Ansaldo, Liceras, López Crip, Pedraza Olmedo y Eusebio Salas, además de los escultores Navarrete con Vargas Cortés y el arquitecto Rafael Miró. Cuatro meses más tarde del nacimiento de ALA y en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País, entonces presidida por Emilio Baeza Medina, se celebra el denominado Salón de Agosto, que, a todos los efectos, era un muestrario creativo de muchos de sus miembros. La exposición resultó ser un éxito completo, y si hemos de ser fieles a la interpretación mayoritaria que de ella supo extraer el elemento cultural e influyente del momento –los nuevos políticos entre otros–, el acontecimiento era significativo de las ansias renovadoras del momen-


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to. Baeza Medina, que desde la presidencia de dicha institución labrábase la primera Alcaldía republicana de Málaga, prestó gran concurso personal al certamen. Tanto, que visto el éxito mandó acondicionar las Salas de la Económica, que en aquellos años eran especie de covachuelas para almacenar trastos, según evocaría años después el propio Luis Bono. Fue efímera la existencia del Grupo ALA. Luis Bono, en el libro que el autor de este estudio escribió para la Sala Benedito con ocasión de su última exposición (1992) razonaba tan triste final: No alcanzó a más; no tuvo tiempo: cuando podían haberse alcanzados objetivos claros, ya todo el mundo estaba sumergido en los problemas del 36... Pero buscábamos, ya lo creo, la renovación y el encuentro con la modernidad. Con los nuevos aires políticos en el ambiente cultural de Málaga y la esperanza en el corazón de todos los que aspiraban a deseables cambios en los modelos estéticos dominantes, la asociación y sus miembros persisten en las ideas renovadoras. La crónica de Luis Bono, recogida en el citado libro, sigue facilitando datos: Todavía queda en la memoria de muchos malagueños la actividad tanto pictórica como literaria que mantuvo la ALA, y de manera especial la sesión correspondiente al 11 de abril de 1931, tres días antes de la proclamación de la II República Española. Memorable sesión, en ella disertaron el neuropsiquiatra Antonio Linares Maza y el escritor y periodista José María Souvirón. El local de la asociación, ya en calle Beatas, estuvo colmado de público, y entre sus asistentes más significados estaban el famoso psiquiatra malagueño Miguel Prados Such y su hermano menor, Emilio, gran poeta. Nada de interés en los hornos creativos de posguerra con el añadido de muchos pintores en la diáspora y otros tantos represaliados, ALA, si bien no desaparece por decreto, muere de inactividad sin dejar huella identificativa posterior entre los artistas que sobrevivieron los difíciles y comprometidos momentos del decenio posterior. El acontecimiento cultural más inmediato a la finalización de la guerra, se produce en las mismas Salas de la Económica donde doce años antes había mostrado su inquietud innovadora el Grupo ALA. En efecto, entre los días 7 al 27 de febrero y 12 al 27 de abril de 1944, se organiza por el Centro de Estudios Andaluces malacitano una exposición de pinturas y esculturas de las colecciones privadas de Málaga. Así, se tiene la oportunidad de conocer, por vez primera en la historia cultural de la ciudad, parte del tesoro patrimonial de muchas de sus familias principales: Pons, Blasco, Rein, Bolín, Guirior, Ojeda, Benavides, Muñoz Rojas, conde de Lérida, Werner, Villapadierna, Jiménez Lopera, Mitjana, Peña, etc., que poseen valiosas piezas de la pintura italiana y escuela del Norte, y esculturas de Mena, El Greco, De Mora, Fernando Ortiz y anónimos andaluces de distintos siglos. El catálogo –lujosísimo teniendo en cuenta las


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circunstancias locales del momento– lleva ensayo preliminar y notas de Sánchez Cantón, subdirector del Museo del Prado, y reproduce gran parte de las obras pictóricas y escultóricas de las colecciones privadas que presenta a la curiosidad del público. La Económica recupera durante los meses de febrero y abril de 1944 el perdido interés que, como cenáculo de pintura y pintores, había tenido durante la década anterior, de manera que se puede asegurar que es a partir de entonces cuando la nueva generación encuentra y la anterior reencuentra el sentido cultural de tan histórica como familiar casa. En ella –dado que también funciona su excelente biblioteca, ordenada y catalogada en 1927 por el poeta y escritor Luis Cambronero Antigüedad–, se citan cada tarde sesudos lectores y apasionados de las artes plásticas, volviendo la casona a recuperar su perdido pulso cultural fomentando en la juventud, principalmente en la que frecuenta las aulas de Bellas Artes, colindantes y animadas, su gusto por el notable edificio proyectado en el siglo XVIII por José Martín de Aldehuela sobre una parte de las antiguas posesiones jesuíticas en la calle de la Compañía. Cierto que el progresismo local ya señala a casa y parte de sus usuarios como la máxima expresión de la decadencia y el conformismo cultural. Mas sin duda todos vuelven a la vieja institución porque, en el fondo, la aman y respetan. En este ambiente de poquedad cultural irrumpe en Málaga, con notable fuerza y deseos de acertar en su gestión, la Obra Sindical Educación y Descanso, dependiente de la Vicesecretaría de Obras Sociales de la CNS (Central Nacional Sindicalista). Desde su creación a fines de 1939 hasta su total desaparición en 1976 en que pasó con toda la organización sindical verticalista a la AISS (Administración Institucional de Servicios Socio-profesionales) y más tarde, en 1978, su personal al Ministerio de Trabajo, fue una de las escasas instituciones de carácter público que durante casi cuatro decenios fomentó la actividad creativa plástica entre los jóvenes malagueños. El reglamento orgánico de Educación y Descanso entra en vigor el día 1 de enero de 1954 y, al hacerlo, recuerda en su Preámbulo el Fuero del Trabajo (9.V.1938) que especificaba: Se crearán las instituciones necesarias para que en las horas libres y en el recreo de los trabajadores, tengan éstos acceso al disfrute de todos los bienes de la cultura, la alegría, la milicia, la salud y el deporte. No se citaba lo plástico, pero quizá por las características de Málaga la pintura fue, con el deporte, las actividades más populares y las que mayores concurrencias constataron a lo largo de los años. Con sus convocatorias de certámenes plásticos al aire libre, los concursos locales, provinciales, regionales y nacionales de pintura, los cursos de orientación y perfeccionamiento de carácter nacional y las aulas que para la enseñanza de jóve-


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nes con vocación fueron creadas y que en Málaga dirigió más de dos decenios el pintor y académico Alfonso de la Torre Marín, Educación y Descanso protagonizó una actividad constante y a través de ella muchos artistas no sólo consiguieron galardones, sino que se abrieron camino definitivo en el arte. Durante la larga etapa que cubrió la Obra Sindical Educación y Descanso, fueron responsables de ella en Málaga Matías Prats Cañete, Modesto Escobar Rozas, Antonio Sánchez Morales-Portillo, Antonio Gallardo Sánchez, José Villegas García, José Luis Mahaves Espiga y Antonio Serrano Fernández. La citada institución sindical quizá fuera –por el carácter popular de sus ofertas de arte, deporte y ocio dirigida a los jóvenes trabajadores– la menos politizada de la época, de manera que al evitar en sus actividades toda intencionalidad excluyente supo ganar de la mocedad malagueña no sólo crédito y confianza, sino prestigio y respeto. Muchos de los alumnos que frecuentaban las aulas de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, y no pocos de los que, autodidactos, se lanzaron a la aventura del arte pictórico durante sus dos primeros decenios de existencia, participaron en las constantes convocatorias que formuló la entidad sindical. En los años 50, década de absoluta consolidación de Educación y Descanso, su participación en las Fiestas Deportivas de Invierno ocupaba gran parte del programa deportivo y cultural, verdadero contrapunto del que el municipio financiaba durante los meses de febrero y marzo, de tan claras proclividades elilistas y selectivas. No propició Educación y Descanso el desarrollo de una escuela ni tampoco fomentó grupos afines que impulsaran, como en el caso de ALA, propuestas de renovación estética. Su papel fue impulsor de afanes creativos juveniles, y en algunos casos, precursor de figuras que ya avanzaban por los territorios pictóricos pisando con fuerza y personalidad; fue, asimismo, mecena de nuevos valores plásticos que poco a poco se iban confirmando en el panorama pictórico local y aun nacional. Hay una alusión a Educación y Descanso hecha en público por Virgilio Galán Román que no nos resistimos a reproducir. Al contestar al discurso de ingreso de su compañero Rodrigo Vivar Aguirre en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (28. III. 1980), dijo: Concretamente fue la obra sindical Educación y Descanso quien, desde los sindicatos, inicia campaña en favor de las Bellas Artes. Pese a la pequeña cuantía de sus premios, remueve el gusanillo y las salas de la Sociedad de Ciencias y de la Económica de Amigos del País, se ven repletas de obras de nuestros valores “productores”, como entonces se les hacía llamar a los pintores en sus catálogos. Estos certámenes, con el tiempo, son casi los únicos en nuestra capital y, gracias a ellos, surgen los nombres que hoy brillan en el panorama nacional.


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La Obra Sindical Educación y Descanso de Málaga se distinguió de las restantes homólogas españolas por el elevado número de eventos que convocó a lo largo de su existencia. Prescindiendo de las medallas y distinciones de carácter regional o nacional que consiguieron algunos de los pintores malagueños, fueron primeras medallas provinciales, entre 1942 y 1973 por el orden que se citan: Francisco Blanca Mora, Luis Torreblanca Torreblanca, Félix Revello de Toro, Salomón Conejo Alonso, María Antonia Conejo Moncayo, Pablo García Rizo, Manuel Mingorance Cabrera, Alfonso de la Torre Marín, Manuel Rojo Rodríguez, Francisco Hernández Díaz, Manuel Díaz Mena, Francisco Florido García, José de la Fuente Grima, José Soria Martínez, Gabriel Alberca Castaño, Virgilio Galán Román, Rodrigo Vivar Aguirre, Alfonso de Ramón Monterde, José Antonio López García, Blas Villa Fernández, Francisco Moreno Ortega, José Díaz-Oliva, Pepe Bornoy, José Rojano Campos, Rafael López Palomo, Joaquín Marín Díaz, José de la Fuente de la Vega, Manuel Salinas Oliver, José Muñoz Toscano, Juan Fernández Béjar, Antonio Hidalgo Ayuso, Salvador Torres Narváez, Antonio López Muñoz, Pedro Somera Abad, Fermín Durante López, Manuel Pérez Ramos, José S. Martín Parras, Vicente López de Arroyabe, Pedro Mendoza Navas, Miguel Rojas Oña, Gabriel Muñoz García y Celia Berrocal Villena. Si bien entre 1942 y 1954 los premios provinciales de Educación y Descanso se convocaban anualmente, a partir del siguiente año y hasta 1973 eran de convocatoria bianual (febrero y agosto, coincidiendo con las Fiestas Deportivas de Invierno y la tradicional feria de Málaga, respectivamente). Llegado el decenio de 1950 –la ALA en completo olvido y muchos de los pintores de preguerra ejerciendo docencia en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, o de forma particular en sus estudios privados– las aulas de Bellas Artes se nutren de una nueva generación que va a deparar sorpresas. En efecto, Málaga va a asistir a un nuevo movimiento que, desde la aparente contestación académica, lo que realmente intenta es rescatar el nombre de Picasso, hacerlo familiar y próximo, divulgar su obra y su altísima contribución a la renovación plástica universal. Así, el día 29 de octubre de 1954, ante el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento –cargo para el que ha sido designado dos meses antes Luis Julve Ceperuelo–, presentan un escrito los jóvenes pintores José Guevara Castro, Juan Cuenca Iglesias, Francisco Hidalgo Cabello, Virgilio Galán Román, Alfonso de Ramón Monterde, Manuel Bono Jiménez y Jorge Lindell Díaz. Los comparecientes exponen ante la primera autoridad política de la provincia: Que dado el resurgimiento que en esta ciudad, de notoria tradición artística, tiene la pintura en los últimos tiempos, han acordado colaborar a este despertar formando una peña artística que reúna a toda la afición malagueña en la que mediante conferencias, exposiciones y coloquios de arte poder desarrollar las cualidades innatas de estos artistas y dar a Málaga el ambiente de esta índole, que como ciudad de primer orden le corresponde, decía el escrito conjunto.


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La entonces vigente Ley de Asociación era restrictiva y exigente respecto al número de personas que podían quedar congregadas en un mismo lugar. No obstante ello, con fecha 22 de abril de 1955 y a menos de seis meses de haber sido tramitado el documento por los “conductos reglamentarios”, José Guevara Castro, como primer firmante, recibe del Gobierno Civil, rubricada por el propio Julve Ceperuelo, resolución favorable, según orden comunicada de fecha 2 del mismo mes por el subsecretario del Ministerio de la Gobernación: Visto el proyecto de estatutos de la sociedad que con el título Peña Montmartre se pretende constituir en dicha capital con objeto de sumar los esfuerzos de los jóvenes artistas malagueños, desarrollando sus innatas cualidades mediante intercambio de ideas, coloquios, conferencias, exposiciones, etc., y vistos asimismo los favorables informes que han sido emitidos por el Ministerio de Educación Nacional y por este Gobierno Civil; este Ministerio, de conformidad con la propuesta de V. E. y con arreglo a las facultades que le otorga el Decreto de 25 de enero de 1941, regulador del ejercicio del derecho de asociación, ha tenido a bien autorizar la constitución y funcionamiento de la sociedad citada. La comunicación recordaba a Guevara Castro, y con él a cuantos firmaron la petición precedente, que para que dicha asociación pudiera ser inscrita en el Registro correspondiente y considerarse con existencia legal, era preceptivo la entrega, en el Gobierno Civil, del acta de constitución de la misma, así como los libros de actas, contabilidad y registro de socios con el fin de que pudieran ser diligenciados, siendo preciso que los dos primeros estuvieran previamente visados por la Delegación Provincial de Hacienda. También habrán de ser sometidos previamente a la aprobación de mi autoridad, las personas que se designen para la Junta Directiva, y en cuanto a las renovaciones reglamentarias siguientes, se me comunicarán de igual forma, para resolver según proceda; y por último, han de cumplirse también las disposiciones del R. D. del 10 de marzo de 1923, y en especial la de remitir dentro de cada mes una relación nominal, con domicilio, de las altas y bajas de socios que hubieran sido registrados hasta el día uno, y el estado en que dicha fecha arroje el libro general de ingresos y gastos, así como la situación general de los fondos y el nombre de las personas o entidades en quien estén depositados; y como primera obligación, la de enviar la de los socios con que da comienzo en sus actividades esa asociación. La primera junta directiva de la Peña Montmartre que se somete a conocimiento de la autoridad gubernativa, fue: José Guevara Castro, presidente; Juan Cuenca Iglesias, secretario, y Francisco Hidalgo Cabello, Virgilio Galán Román, Alfonso de Ramón Monterde, Manuel Bono Jiménez y Jorge Lindell Díaz, vocales. Como miembros activo de la peña aparecen en la misma relación Francisco Raggio Molinary, José Laza Fernández, Enrique Godino Muñoz, Antonio Morales Jurado, Juan Antonio Moreno Vargas, Manuel Díaz Mena, Ángel Femenías Coll,


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Ramón Durán Barrabino, Juan Peña Gómez, Gabriel Alberca Castaño, Carlos Jurado Castro, José Luis Gálvez Ortega, María del Carmen Jiménez Alonso, Mariví Reyes Téllez, María Victoria López Cabello y José Azaustre Muro. La Peña Montmartre no había sido todavía autorizada por las autoridades correspondientes y sus principales impulsores, atendiendo al gentil ofrecimiento de la propietaria de El Pimpi –primer cabaret local tras la Guerra Civil–, ocupan para sus reuniones el que ellos llaman El Palomar de la enorme casona, con entradas por calle Granada y también por la de Alcazabilla. En El Palomar se celebran reuniones y encuentros y, en sesiones de concurrencia limitada, someten muchos de los jóvenes pintores sus obras al juicio de los compañeros en saludable ejercicio de humildad. Ocasiones hubo y no pocas en que, voluntariamente, algún que otro autor miccionó sobre sus propias obras de dudosa calidad e interés, luego de haber escuchado el veredicto de sus colegas presentes... Aún la Peña Montmartre no estaba autorizada a hacer su andadura; sin embargo, el día 1 de octubre de 1954 consta la celebración de una muestra pictórica en El Palomar. Según relación de la que disponemos en aquella histórica ocasión presentaron obras José Guevara Castro, Francisco Hidalgo Cabello, Virgilio Galán Román, Jorge Lindell Díaz, Juan Cuenca Iglesias, Francisco Raggio Molinary, Enrique Godino Muñoz, Antonio Morales Jurado, Manuel Díaz Mena, Gabriel Alberca Castaño, José Azaustre Muro, José Luis Jiménez España, Rodrigo Vivar Aguirre, Eugenio Chicano Navarro, Alfonso de Ramón Monterde, Durán, Helt, Plácido Acosta, Felipe Ortiz, Antonio Cortés de Cortés, José Olivares, Manuel Pastor Dobado y Mari Luz Mercado. El cuadro de más alto precio de la muestra fue el titulado “Están pasando”, óleo (55 x 46) de Enrique Godino, en 5 000 pesetas; un autorretrato (81 x 65) de Guevara Castro, también óleo, en 4 000; otro de Eugenio Chicano, “Desnudos”, realizado en la misma técnica, en idéntico precio; “Rosas y crisantemos”, de Pastor Dobado (un 12 figuras), en 3 500, así como uno más de Guevara Castro, “Melancolía” (46 x 38), en 3 000 pesetas. Otros cuadros –marinas, flores, paisajes, figuras, nocturnos– oscilaban entre 100 y 2 000 pesetas. Una segunda exposición pública de pintores de la Montmarte y afines a ella, aún sin autorizar el Gobierno Civil oficialmente sus actividades, se realiza entre los días 15 al 30 de enero de 1955 –tres meses antes de la comunicación gubernativa autorizándolas– en los Salones de la Sociedad Excursionista de Málaga con motivo de las Fiestas de Invierno. En la muestra participan José Azaustre Muro, Manuel Pastor Dobado, Alfonso de Ramón Monterde, Enrique Godino, Virgilio Galán Román, Rodrigo Vivar


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Aguirre, Eugenio Chicano, Gabriel Alberca, Francisco Hidalgo, José Luis Jiménez España, Carmen García-Mesa, Manuel Díaz Mena, Juan Cuenca Iglesia, Carmen Jiménez Alonso, José Guevara Castro y Antonio Cortés de Cortés. Fuera de concurso lo hacen Jorge Lindell y F. Blanca García. En 1957, dando cumplimiento a un deseo largamente expresado por distintos miembros de la Montmartre, un grupo de pintores decide, sin apenas recursos económicos para ello, viajar a Francia. En el fondo del proyecto latía el deseo de comunicarse con Picasso, en la plenitud de su gloria artística, tratando de establecer los difíciles lazos que la cultura oficial de entonces no había sido capaz de conseguir del maestro. A bordo de una furgoneta DKV y teniendo como destino la ciudad de Cannes –lugar de residencia de Pablo Ruiz Picasso–, se ponen en marcha Gabriel Alberca, José Guevara, Alfonso de Ramón, Virgilio Galán y el entusiasta admirador y amigo de todos ellos Vicente Ricardo Serra. Conduce el vehículo de su propiedad Francisco Ramos, industrial malagueño, que lleva a su hijo Paquito. Hacen el viaje por la costa mediterránea hasta Barcelona para cruzar la frontera de Port-Bou en dirección a Cannes. El grupo es recibido por Picasso, quien confraterniza con la primera embajada del arte joven malagueño. En el porche de Villa Californie se improvisa una exposición de obras de los viajeros, Picasso suma a la misma algunas de sus propias obras y visitantes y anfitrión gozan durante varias horas en el encuentro. Ni los pintores malagueños porque tal vez lo ignoraban, ni tampoco el maestro que no quiso hacerlo, mencionaron los largos silencios con los que Picasso respondió a los intentos de acercamiento de las autoridades malagueñas para atraerlo, los cuales se habían producido desde tiempo atrás. Las iniciativas habían sido muchas y en ellas intervinieron distintas personas desde diferentes áreas de la diplomacia, la cultura y la política (José Luis Estrada, Enrique Llovet, Juan Temboury, Luis Miguel Dominguín, Juan Antonio Cánovas del Castillo y Modesto Laza Palacios, etc.), resultando inútiles aquellas iniciativas. José Luis Estrada, ante la polémica que a fines de los años 60 se suscitó en Málaga a propósito de las donaciones que Picasso había hecho a Barcelona para llevar adelante el proyecto del Museo Picasso en dicha ciudad, y la pública acusación de que la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo había permanecido impasible, hizo, como presidente de la misma, una detallada exposición –luego publicada en un folleto de 24 páginas– en la sesión mensual corporativa celebrada el día 24 de septiembre de 1971. En ella no sólo se aludían las iniciativas personalmente realizadas por él desde 1941 siendo secretario particular y jefe de la secretaría política del ministro José Luis de Arrese, sino que reflexionaba acerca de otros intentos de personas e instituciones locales y nacionales en el mismo sentido.


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El asunto ya estaba vidrioso cuando los jóvenes pintores convivieron con Picasso; sin embargo, bien por las atenciones y obsequios que recibieron del maestro, bien por la extrema simpatía con que fueron recibidos o por la suma de todos los factores positivos que selló tal encuentro, cuando los viajeros emprenden regreso a Málaga después de celebrar una exposición de sus obras en nuestra embajada en París, deciden cambiar el título de la peña que les agavilla, Montmartre, por Grupo Picasso. Con la nueva denominación que catequiza a otros pintores, siguen reuniéndose en “El Palomar” de El Pimpi y emprenden una serie de actividades, exposiciones fundamentalmente, que van de 1957 a 1988, pero con una interrupción de 17 años por causas que más adelante se mencionarán. Las propuestas estéticas que algunos miembros del grupo ofertan a Málaga tras el cambio de denominación devienen polémicas, dado que la ciudad y gran parte del estamento cultural de entonces, bien por fobias picassianas o por empecinadas posturas esteticistas, raramente las aceptan. Germina en el grupo un afán de búsqueda –de rompimiento en algunos casos– con el medio académico, y la crítica (Leovigildo Caballero en Sur, Antonio Gallardo en La Tarde y Sebastián Souvirón en La Hoja del Lunes) ironizan o apoyan, según las circunstancias, tal actitud. El caso fue que el Grupo Picasso saca de la molicie artística a la ciudad, la gente se siente impelida a seguir con interés tan polémicos planteamientos y acaba prestando atención a los jóvenes que oponen sus criterios a los profesores de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y a la Academia Bellas Artes de San Telmo. ¿Cuál fue la actividad del Grupo Picasso en tan cruciales momentos? En los ya citados archivos de Guevara Castro existe un estadillo que recoge con minuciosidad y detalle el número de exposiciones celebradas por sus miembros. La primera de ellas se refiere, naturalmente, a la que tuvo lugar en Villa Californie en el mes de noviembre de 1957, en la que, como ya se aludió, unieron sus obras Picasso, Alberca, De Ramón, Guevara y Virgilio. Una segunda exposición, ya sin obras de Picasso, pero sí de los anteriores y Vicente Ricardo Serra, se constata en la embajada de España en París en el mes de diciembre del mismo año. La tercera manifestación artística del Grupo Picasso tiene lugar en agosto de 1958, al implicarse en la organización de una muestra del MAN (Movimiento Artístico del Mediterráneo) celebrada en los Salones de la Casa de Cultura de Málaga, a la que presentaron obras Alberca, De Ramón, Guevara, Ezequiel, Cuenca, Lindell, Valeriano, Brinkmann, Godino y Barbadillo. Posteriormente, durante los meses de septiembre y octubre de 1958, el MAN hizo itinerar su exposición por Tortosa y Castellón, en las que participaron Alberca, De Ramón, Guevara, Cuenca, Lindell, Brinkmann y Godino. Estos mismos pintores participarían en el mes de abril de 1959 en una nueva exposición organizada por el grupo en el antiguo Conservatorio María Cristina, en la plaza de San Francisco.


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El MAN vuelve a Málaga y celebra, durante los meses de septiembre y octubre del mismo año, una exposición en la sala que entonces patrocinaba el Monte de Piedad y la Caja de Ahorros de Ronda en la calle Sancha de Lara. Resultó una exposición controvertida, algunos de los miembros del grupo estuvieron ausentes de ella y la polémica llegó a las páginas de los periódicos locales a causa de la nueva pictórica que se propugnaba por algunos de los participantes. En la ocasión citada participaron Alberca, De Ramón, Guevara, Lindell, Valeriano, Brinkmann, Montero, Alicia Muñoz y Owe Pellsjo. Al fin, la obra de Picasso en Málaga. Con motivo del octogésimo aniversario del nacimiento de Pablo, en el mes de octubre de 1961 el Ayuntamiento de Málaga organiza una exposición de las últimas cerámicas del maestro. Ya ha venido varias veces a Málaga Sabartés, secretario de Picasso, y la exposición que él ayuda a realizar asombra a una buena parte de la ciudadanía ávida de entrar en la obra del ya mundialmente famoso artista malagueño. Aprovechando tal coyuntura, los del Grupo Picasso, sumándose a la conmemoración municipal, inauguran nueva exposición con obras de Alberca, Guevara, Lindell, Brinkmann, Montero, Antonio de Vélez, Rodrigo Vivar, Stefan von Reiswitz, su mujer Marina Barbado, Hacker y Hammerschmidt. Otros fastos conmemorativos con ocasión del ochenta aniversario del nacimiento de Picasso se convocan en Barcelona, Madrid y Munich desde el mes de diciembre de 1961 a marzo del siguiente año. A tales ciudades, y con destino a otras tantas exposiciones, envían desde Málaga sus obras idéntico grupo de pintores que expusieron en Málaga bajo el marchamo del Grupo Picasso. En realidad se trataba de hacer itinerar a las citadas capitales los mismos cuadros presentes en la muestra conmemorativa del cumpleaños del maestro, y exhibición de sus cerámicas. En el mes de diciembre de 1961 –en dicha oportunidad con motivo de la Semana de Extensión Cultural de Antequera– el Grupo Picasso organiza una nueva exposición en la que están presentes obras de Alberca, De Ramón, Guevara, Lindell, Brinkmann, Antonio de Vélez, Rodrigo Vivar, Stefan, Marina, Hacker, Hammerschmidt y Eugenio Chicano. Casi un año después, en octubre de 1962 y con motivo del ochenta y un aniversario del nacimiento del pintor de la plaza de la Merced, otra nueva muestra organiza el Grupo Picasso. Tiene lugar en Málaga capital y se exhiben obras de Picasso, Alberca, De Ramón, Guevara, Lindell, Stefan, Marina, Chicano y Rafael Pérez Estrada. Hay que hacer constar que las obras picassianas presentes en la muestra –y que al público en general sorprendieron–, eran dibujos que Pablo había hecho y regalado a quienes le visitaron en Cannes en 1957, siendo los de la exposición propiedad de Guevara Castro y Alberca Castaño.


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Durante los meses de abril y mayo de 1963, respectivamente en Santa Cruz de Tenerife y Melilla, el grupo organiza dos nuevas muestras pictóricas presentando obras de Alberca, Guevara, Lindell, Brinkmann, Vivar, Stefan, Marina, Hacker y Hammerschmidt. Una misma selección con idénticos autores para ciudades diferentes, pone fin a la actividad del grupo hasta el mes de octubre de 1964, conmemoración del octogésimo tercer aniversario del nacimiento del maestro. La exposición, en la que participan Alberca, Guevara, Virgilio, Lindell, Brinkmann, Vivar, Stefan y Marina se montó en el Mesón Los Arcos, en la Alameda Principal, y fue todo un acontecimiento que devino en la práctica disolución del Grupo Picasso, al considerar el entonces gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Ramón Castilla Pérez, que los responsables de su organización carecían de las preceptivas autorizaciones para ello. Sucedió que, cuando la exposición había sido inaugurada con asistencia de un numeroso público, agentes policiales entraron en el local, y sin grandes aspavientos, invitaron a los asistentes a abandonarlo y a los autores de las obras a retirarlas. Hubo confusión, protestas y situaciones desabridas. Al fin, clausura y llamada del Gobierno Civil a Guevara Castro, de quien demandaban los nombres, apellidos y domicilios de los pintores –especialmente de los posibles extranjeros que hubieran aportado obras a la exposición o concurrido al acto inaugural– y otras circunstancias particulares. Quien estas líneas escribe, presente en el acto y en tan lejanos días redactor de los informativos de Radio Juventud de Málaga, recuerda la soberana reprimenda con amenazas de su director, que no llegaba a entender –quizá por inducción de la autoridad gubernativa– cómo un periodista de los medios de comunicación del Movimiento mezclábase con gente afamada de revolucionaria y, por dicha razón, bajo sospecha. El hecho fue que el Grupo Picasso, a partir de la polémica y fallida exposición de Los Arcos, entró en disolución. Diecisiete años más tarde, al cumplirse el centenario del nacimiento de Picasso, octubre de 1981, hizo una nueva comparecencia como grupo artístico presentando una exposición en la sala Miramar Arte, que en la Avenida de Príes número 20 regentaba entonces Juan Antonio Moreno Vargas, y a la que aportaron obras Alberca, De Ramón, Guevara y Virgilio. Estos mismos pintores cierran definitivamente el ciclo de actividades como Grupo Picasso en el mes de octubre de 1998 al presentar sus obras en el pub Terral, en la calle Cister esquina a Pedro de Toledo. A partir de este momento se diluye la memoria del Grupo Picasso no sólo como colectivo de creación pictórica de verdadera raíz malagueña, sino grupo que alentó todo un movimiento juvenil en torno al nombre y significación de Picasso. Los pintores que se agruparon en la Peña Montmartre y los de mayor presencia en las actividades del Grupo Picasso, fueron: Azaustre Muro, José; Morenno, Paco; Alberca Castaño, Gabriel; Barbado, Marina; Brinkmann Parareda,


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Enrique; Chicano Navarro, Eugenio; De Ramón Monterde, Luis Alfonso; Antonio de Vélez, (Antonio Giménez Toledo); Galán Román, Virgilio; Guevara Castro, José; Jiménez España, José Luis (conocido en Europa por Pepeespaña); Lindell Díaz, Jorge; Vivar Aguirre, Rodrigo; y Von Reiswitz Kaderzin, Stefan. Otros pintores que mantuvieron vínculos con el Grupo Picasso en diferentes oportunidades fueron: Barbadillo Nocea, Manuel; Bono Jiménez, Manuel; Cuenca Iglesias, Cristóbal; Díaz Mena, Manuel; Pérez de Hinestrosa, Ezequiel; Godino Muñoz, Enrique; Hacker; Hammerschmidt; Hidalgo Cabello, Francisco; Jurado Morales, Manuel; Montero; Muñoz, Alicia; Pastor Dobado, Manuel; Pérez Estrada, Rafael, y Pellsjo, Owe. Llegada la segunda mitad del decenio de 1960, y de una forma tan oportuna como inesperada, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, entonces bajo la presidencia de José Luis Estrada Segalerva, convoca su I Salón de Invierno. Se inaugura éste el día 8 de febrero de 1965 en el Museo Provincial de Bellas Artes, su convocatoria resulta muy concurrida y los premios son aportados por el Ayuntamiento, la Diputación Provincial, la Caja de Ahorros Provincial de Málaga y la propia Academia. Todos ellos llevan el nombre de pintores malagueños consagrados por la fama: Moreno Carbonero, José Nogales y Bermúdez Gil, muy representativos de la pintura local con arraigo en el siglo XIX y presencia en el XX. Más tarde, el pintor malagueño residente en México, Juan Eugenio Mingorance Navas, crea, en memoria de su maestro, el premio que llevaba su nombre, César Álvarez Dumont. Los salones se suceden sin interrupción hasta 1971 en que se celebra la séptima convocatoria. Dicho año acuerda la Academia que, a partir de 1972, en lugar de celebrarse el Salón de Invierno se convoque la I Bienal Nacional de Pintura y Escultura de Málaga, de las que se llevaron a efecto las correspondientes a 1972, 1974 y 1976. Tanto los salones como la efímera existencia de las bienales, fueron acicate para muchos pintores locales y nacionales y, desde luego, crearon en torno al Museo Provincial de Bellas Artes una gran actividad y fomento de la cultura pictórica y escultórica. También a comienzos del decenio de 1970 nacen las bienales internacionales plásticas de Marbella por iniciativa de José Manuel Vallés, responsable político de la Delegación Municipal de Cultura de dicho Ayuntamiento y el mecenazgo de entidades relacionadas con el turismo de la privilegiada zona costera. Desaparecidos los salones y las bienales académicas, surge la Beca Picasso del Excmo. Ayuntamiento de Málaga, cuya dotación económica resultaba claramente insuficiente para los fines de promoción, viaje y estancia en el extranjero de los distinguidos con ella. Entre 1971 y 1979 se concedieron, salvo los años en que no fue convocada, 7 becas. La primera fue para Eugenio Chicano Navarro (1971); la segunda, se otorgó al escultor Jesús Martínez Labrador (1972); la correspondiente


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a la tercera edición fue para Pepe Bornoy (1973), y la cuarta, para José Díaz-Oliva (1974). Las siguientes, todavía de convocatoria municipal, se concedieron sucesivamente a Salvador Gutiérrez Mengibar, Diego Santos, Vicente López de Arroyabe y a José Seguiri. Al crearse por el Ayuntamiento la Fundación Picasso-Casa Natal del Pintor, las becas de dicho título dejó de convocarlas directamente la institución municipal, y fue a partir de 1989 en que, de nueva época, se vuelven a hacer públicas sus convocatorias, exclusivamente a través de la Fundación Picasso-Casa del Pintor. Hasta el año 2003 en que se cerraron parcialmente y de momento los datos del presente diccionario, las becas ya convocadas a partir de dicha fórmula, se adjudicaron sucesivamente a José María Gallardo Gaspar (1988/1989), Lope Martínez Alario (1990), Rogelio López Cuenca (1992), Rafael Alvarado González (1993), Antonio Yesa (1994), Andrés Repiso (1995), Chema Lumbreras y Bola Barrionuevo (1996), Jesús Martínez Clavijo (1997), Joaquín Ivars (1998), Jorge Dragón (1999), José Carlos Casado (2000), Cristina Martín Lara (2001), Francesc Torres (2002) y Francisco Ruiz de Infante (2003). Paralelamente a las convocatorias de la Beca Picasso, y ocupando un deseable espacio intermedio entre instituciones oficiales y corporaciones, tres entidades industriales y mercantiles de gran solvencia y popularidad dentro y fuera de España, Bodegas López Hermanos, S. A., El Corte Inglés y Ron Bacardí España, se unen al movimiento cultural empresarial de los años 70, 80 y 90 ofreciendo a los creativos locales y nacionales las atractivas convocatorias de sus premios anuales, con las cuales se abre un nuevo momento de interés en el mundo pictórico de Málaga. Así, López Hermanos, S. A., famosas bodegas dedicadas a la crianza y exportación de nuestros vinos, convoca su Primera Bienal Nacional del Vino de Málaga en la Pintura, celebrando una exposición en el Museo Provincial de Bellas Artes durante los días 8 al 30 de mayo de 1973. A su convocatoria acudieron cerca de doscientos pintores con otras tantas obras, de las cuales, una vez seleccionadas, se reunieron en la citada exposición del museo de la calle San Agustín 40 de ellas. El jurado estuvo presidido por el que entonces era presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, José Luis Estrada Segalerva, que escribió un sentido prólogo al catálogo-libro de la exposición, e integrado por Manuel Casamar Pérez, director del museo; Rafael León Portillo, teniente de alcalde delegado de Cultura del Ayuntamiento de Málaga; Julio Trenas López, crítico de arte; Fernando Gutiérrez, del diario barcelonés La Vanguardia; Francisco Prados de la Plaza, de T.V.E.; José Roquero Tovar, académico de San Telmo; Fernando Peña Pastor, profesor de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos; Rafael Pérez Estrada, por el Ateneo malagueño, y Miguel Martín Alonso, crítico de arte de Radio Peninsular. Los premios se adjudicaron al ya entonces popular pintor Manuel Blasco Alarcón, por su obra “Vino de los Montes” (Premio Málaga Virgen, dotado con 250 000 pese-


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tas y el trofeo Leones de Oro); a Juan Fernández Béjar por “Vendimia”, (Premio Moscatel Salvador, dotado con 150 000 pesetas y Leones de Plata; y a José Lapayese del Río, por “En Málaga, su vendimia”, Premio Trajinero, dotado con 100 000 pesetas y Leones de Bronce. Pese al interés despertado por la primera convocatoria de la Bienal del Vino de Málaga en la Pintura, tanto por la generosa dotación de sus premios y el elevado número de participantes, así como por los visitantes que la frecuentaron entre el 8 y el 30 de mayo de 1973, no se llegó a convocar en lo sucesivo. Los certámenes anuales de El Corte Inglés se denominaron Arte Joven Malagueño. Su primera edición fue en 1980, siendo la última en 1994. La inicial convocatoria fue para pintura, en la segunda se amplió a dibujo y obra gráfica y desde la tercera a la decimoquinta, última del ciclo, fueron fijas las secciones de pintura y dibujo. En la primera convocatoria se concedieron 9 premios y cinco accésits, año de mayor número de distinciones, y sucesivamente se fueron limitando tanto unos como otros, así como las menciones honoríficas. La cronología de los premiados fue la siguiente: Juan Jurado Lorca, Arturo Martín Rozua, Antonio Molero Pérez, Pedro Escalona Vega, Antonio Moreno Gómez, Antonio Gerráiz Pacheco, Emilio Espinosa Pavón, Manah y Juan Leyva Palma, todos ellos galardonados en la sección de Pintura (1980); Juan Carlos Blanca Gómez, Pintura, Rafael González Alvarado, Dibujo, y Felipe Manuel Aguilar Roca, Obra Gráfica (1981); Plácido Romero Martínez, Pintura, y Eduardo Maldonado Sanz, Dibujo (1982); Juan Crossa Béjar, Pintura, y Francisco Santana Luque, Dibujo (1983); Manuel Martínez Criado, Pintura, y Javier Ocaña Palomo, Dibujo (1984); José Luis Castellano Pérez, Pintura, y Francisco Santana Luque, Dibujo (1985); Felipe Manuel Aguilar Roca, Pintura, y Lope Martínez Alario, Dibujo (1986); Carlos Sixto Serra Neduba, Pintura, y Rafael González Alvarado, Dibujo (1987); Francisco Pérez Martín, Pintura, y Rafael González Alvarado, Dibujo (1988); Rafael González Alvarado, Pintura, y Encarnación Pedroche Domínguez, Dibujo (1989); José Luis Barrionuevo Bolín, “Bola Barrionuevo” Pintura (1990); Juan Carlos Hernando Martín y Jesús Marín Clavijo, Primero y Segundo Accésits en Pintura (1991); Andrés Repiso Macías, Pintura (1992); Sebastián Navas Álvarez, Pintura (1993); José Manuel Cabra de Luna, Primer Premio en Pintura, y Enrique Queipo Temboury, Premio Extraordinario de la misma sección (1994). Tras 8 años de interrupción del Concurso de Pintura y Dibujo Arte Joven Malagueño, en el 2002 la empresa decide volver a convocar a los artistas y lo hace bajo la denominación I Certamen de Pintura Primavera’02. En esta se acuerda la dotación económica de cada uno de los tres premios establecidos, y que se otorgaron a las obras de los siguientes pintores: Primer Premio, Francisco Javier Balbuena Rojas (3 000 e); Segundo, Svetlana Kalachnik (1 800 e) y Tercero, Antonio Lafuente


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del Pozo (1 200 e). Con la misma dotación económica se convocó el II certamen, correspondiente a la edición del año 2003. Los ganadores fueron: 1.º, Lope Martínez Alario; 2.º, Manuel Madrid Molina, y 3.º, Javier Roz. Los premios de pintura Ron Bacardí, que tuvieron como espacio expositivo el bellísimo cortijo de su nombre, se hacen públicos por vez primera en el año 1987 y salvo en tres anualidades distintas (1992, 1995 y 1996) se convocaron hasta el año 1997. Durante las primeras ediciones (1987 a 1991) se premiaban cuatro obras de otros tantos autores y tenían una dotación económica de 500 000 pesetas cada uno. Las ediciones de 1993 y 1994, premiaban a dos autores, el primero con 1 500 000 pesetas y el segundo con 500 000. La última vez que el Premio Ron Bacardí fue convocado (1997) el galardón económico fue para una única obra, dotado 2 000 000 de pesetas, es decir, la misma cantidad que en todas las ediciones anteriores se habían concedido a los distintos galardones. La histórica cronología de dichos premios fue: I (1987): Francisco Aguilar, “Allanamiento de morada”; Gloria Alcahud, “Lampo fugaz”; Mohamed Hanoos, “Fútbol” y Arturo Requejo “Sofá de dos plazas”; II (1988): Manuel Martínez Criado, “Balneario”; José Luis Martínez Padilla, “Ventana”; José Artigues, “Guardant-la-gelosament” y José A. Ruiz González, “Sin título”; III (1989): Maribel Alonso, “Boda en la Catedral de Senlis”; Iria Lazaro Martínez, “El guardián del desierto”; Francisco Molina Montero, “Paisaje” y José Pellicer Pla, “Paisaje con pueblo”; IV (1990): Xosé Alberto Moreda Suárez, “Sin título”; Wen-Shyan Hun, “Sin título”; Fernando de Morta, “Paisaje” y José Guerra Leiva, “Sin título”; V (1991): Inmaculada Gómez-Álvares Salinas, “Los trastos de Adrián”; José F. Gozalo Delgado, “Sin título”; Carmen López López, “Ciudad” y Pablo Rodríguez Guy, “Cita mágica en el 27”; VI (1993): Primer Premio, José Esteve Adam por “Nocturno” y Segundo Premio Juan José de la Torre, por “Un puente”; VII (1994): 1.º Antonio Hidalgo Serralvo por “El músico alegre” y 2.º Pablo Alonso Herráiz, por “Sin título”. El jurado otorgó una Primera Mención a Víctor Núñez Vaya por su cuadro “Sevilla”, y Segunda, a Ramón Pérez Larrucea, por “Sin título”; VIII (1997): Miguel Reyes Téllez, por “Un sueño andaluz”. A propuesta del jurado se otorgaron menciones honoríficas a los artistas Nuria Armengol, Carlos Baudilio, Luis Bujalance, Manuel Cabello, José Manuel Ciria, Fernando de la Rosa, Rafael González Alvarado, Edric González Cruzado, Carlos Heras García, Antón Hurtado, Marta Maldonado, Oscar Luis Pérez Ocaña, Alejandro Quincoces y Paloma Soler Espiauba. La que se acaba de describir ha sido a nuestro juicio una de las actividades y convocatorias más relevante desde el año 1900 al 2000, en cuanto se refiere a la promoción de la creatividad pictórica malagueña, a las dotaciones de sus premios y al ambiente participativo que creó no sólo en Málaga, sino en el resto de las capitales españolas.


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El siglo XXI ya aporta a Málaga, como realidad de una tarea que antes no se pudo o no se quiso hacer, el Museo Municipal del Paseo de Reding, al pie de la Coracha; la Casa natalicia y museo familiar de Picasso en la plaza de la Merced; el Museo Picasso en el antiguo Palacio de los Buenavista y durante decenios sede del Museo Provincial de Málaga; el Centro de Arte Contemporáneo sobre el recuperado Mercado de Mayoristas; los próximos museos Arqueológico y Museo de Málaga en el histórico edificio de la Aduana, así como los proyectos, ya en marcha, del museo que exhibirá las colecciones de la baronesa Thyssen, el Revello de Toro en la que fue casa de Pedro de Mena y Medrano (proyecto por ciertos sectores culturales criticado porque se elimina la posibilidad de un circuito barroco constituido por la casa-taller de Mena, el Convento del Cister y la Catedral), y la, al fin, conseguida Facultad de Bellas Artes, son las nuevas metáforas culturales y artísticas de una ciudad proyectada al siglo ya iniciado. Al terminar, y expuesta resumidamente nuestra aproximación a cien años de arte en nuestra ciudad, debemos recordar no sólo a quienes fueron forjadores, desde el plano docente o creativo, de la Escuela Malagueña de Pintura del Siglo XIX citados expresamente; también resulta obligado extender nuestra admiración y agradecimiento por sus esfuerzos a otros artistas que, habiendo vivido y protagonizado prácticamente toda su actividad en la citada centuria, están ausentes de este trabajo. Ellos fueron, Ferrándiz, Cappa, Lengo, Talavera, entre otros muchos que no conocieron la siguiente centuria, por haber dejado de existir antes del siglo XX o apenas si lo llegaron a disfrutar porque acaso ya vivían un protagonismo terminal cuando se inicia 1900; sin embargo, Álvarez Dumont, Moreno Carbonero, Blanco Coris, Nogales Sevilla, Verdugo Landi o el mismo Muñoz Degraín con Pablo Ruiz Picasso, vivieron abundantes años tanto en uno como en otro siglos, aunque sus respectivas famas quedaron cimentadas antes de concluir 1899. La extensa y exhaustiva caminata que hicimos, nos permitió llegar a una serie de interesantes creativos jóvenes que fueron apareciendo en la vida cultural y expositiva de Málaga en los últimos años del siglo XX. Pintores en los que se dieron casos de abandono circunstancial o definitivo, de voluntario origen sabático o simplemente por actitud renuente a mantener una actividad galerística sostenida, fueron artistas que, pese al corto número de sus exposiciones individuales celebradas, su obra ya mostraba interés suficiente para que podamos citarlos aquí como creativos emergentes con reconocidos méritos para engrosar, en su día, la indudable legión de los que habrán de consolidarse pintores, escultores y grabadores del siglo XXI. De todos los posibles, mencionamos a Fernando Núñez, Pascual Torres, Juan Sánchez Tentor, José María Castellano, Enrique Queipo, Carmen Navajas, Manuel Madrid Molina, Encarna Lozano, Pedro Dougnac, Svetlana Kalachnik, Pedro


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Casermeiro, Miguel Linares Ríos, Amalia Munteanu Lenart, Pedro Linde Navas, Elsik Makarian, Cristina Martín Lara, José María Fernández Doña, Luis Ontoso, Remedios Ayala, Pedro Balbuena, Juan Benítez Jamchen, Adolfo Soto Santarem, Titi Pedroche, Jorge Dragón, Pablo Alonso Herráiz, Rodrigo Gross… Sobre el presente libro, decir que lo comenzamos en el año 2002; que, pese a nuestros esfuerzos personales, no fue posible concluirlo antes como hubiera sido nuestro deseo. Unas veces por las dificultades de hallar el rastro de los más significados protagonistas, en ocasiones por esa falta de interés que para las cosas propias caracteriza a muchos de nuestros creativos, así como por la tardanza en recibir de los artistas convocados sus correspondientes datos curriculares, motivaron en exceso su finalización. Por último, aclarar que si bien en la mayoría de los casos los datos de la actividad galerística de los artistas se cerraron en 2002, sólo en muy concretas y escasas ocasiones se alude a los años posteriores. Solamente cuando sus protagonistas tenían ya programadas y en firme sus exposiciones para los inmediatos años siguientes, se constatan las del nuevo siglo. Permítanme que por un elemental sentido de cortesía, agradezca públicamente las excelentes y rápidas colaboraciones que recibí al solicitarlas de Rafael Inglada, de la Fundación Picasso; Trinidad García-Herrera, del Museo de Artes Populares de Unicaja; Alfredo Viñas, director de la galería de igual nombre y a los familiares de los pintores José Puyet, Blanca Mora y del escultor Alastra Ruiz, así como de la pintora Pilar Esteban Vivar, etc. Este agradecimiento deseo hacerlo extensivo a otros amigos y personas que facilitaron mi tarea, entre ellas a Pepe Ponce, eficaz maestro de la cámara fotográfica; Juan Fernández Béjar, entrañable amigo e inteligente documentalista sobre personajes y sucesos pictóricos malagueños; Manuel Ocón Peral, que puso a mi disposición el archivo paterno; a Francisco Jurado, presidente de APLAMA, al ofrecerme los archivos de la institución creada por él; a El Corte Inglés, de Málaga, por haberme facilitado toda la documentación cronológica de sus certámenes anuales; a la dirección Cultural de Ron Bacardí de Málaga, que igualmente hizo lo propio con los archivos de sus numerosas convocatorias anuales. En este mismo sentido debo agradecer las atenciones informativas recibidas de la dirección del Museo del Grabado de Marbella, así como de la Delegación de Cultura de dicho Ayuntamiento, relativas, no sólo a sus premios literarios anuales, sino a las vinculaciones municipales con las distintas bienales internacionales de arte de la ciudad. Y a Rafael Puertas Tricas, mi amigo personal y compañero de corporación académica, por sus consejos y orientaciones; a Floreal Roa, por su infinita paciencia en la revisión de textos, y a Pepe Bornoy, que sacrificó en beneficio de este trabajo de diseño integral y maquetación una parte importante de su valiosísimo tiempo creativo.


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Finalmente, un recuerdo agradecido a las instituciones, entidades oficiales, propietarios y gestores de salas y galerías de arte que hicieron posible la celebración de exposiciones en sus respectivos ámbitos durante tantos años. Fueron muchas las galerías que nacieron, otras tantas las que permanecieron y diversas las que cerraron sus puertas por motivos distintos. Para unas y otras –incluso para las que se nos hayan podido olvidar– idéntico reconocimiento a su labor. Salvo error u omisión no intencionada, el catálogo de las salas, galerías y espacios expositivos en la capital sería, desde 1950 y por orden alfabético, el siguiente: Alfredo Viñas, Ámbito Cultural, Arte Contemporáneo, Ateneo, Bacardí, Belleza y Arte, Benedito, CAC, Caja de Ahorros de Antequera, Caja de Ahorros Provincial de Málaga, Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Ronda, Cajamar, Casa de Cultura, Casa Natal de Picasso, Carmen de Julián, Centro Provincial de Cultura, Club Berlitz, Colegio de Abogados, Colegio de Arquitectos, Colegio de Arquitectos Técnicos, Colegio de Médicos, Denis, Díaz-Larios, Díaz-Oliva, Distrito Municipal Centro, El Pimpi, Espacio Tres, Gabinete de Arte de Leonor Díaz, Gobierno Civil, Gorospe, Harras, Hilda, Información y Turismo, Isabel Hurley, Jefatura Provincial del Movimiento, La Mandrágora, Lacayí, La Maison, Libra, Liceo-Peña Malaguista, Malacke, Manuela Vílchez, Miramar Arte, Marín-Galy, Miguel Ángel, Moreno Villa, Museo Diocesano de Arte Sacro, Museo Municipal, Museo Picasso, Museo Provincial de Bellas Artes, Nova, Palacio Episcopal, Palmo, Pedro Pizarro, Pórticus, Radio Juventud de Málaga, Sala Alameda, SEU, 7/10, Sociedad Económica de Amigos del País, Taller Gravura, Terral, Unicaja, Universidad y, naturalmente, a las entidades que económicamente hicieron posible la publicación del presente Diccionario, Ayuntamiento, Cajamar y a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, a la que con orgullo pertenezco desde 1992. J.S.R.


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Palmira Abelló Gallo, periodista y colaboradora en temas de arte del rotativo ABC, además de licenciada en Filosofía y Letras, rama de Lenguas Modernas, traductora al francés e inglés de obras científicas de Ramón y Cajal y Claude Bernard, entre otros, inició su vida artística en Torremolinos (1966) cuando se residenció en Málaga. Autodidacta, Palmira Abelló, estudió a los primitivos maestros holandeses, a las principales figuras del Quattrocento italiano y a los grandes maestros españoles. En su obra abundan figuras feme-

ninas, paisajes, flores y marinas, siendo en dicha temática donde la artista ha conseguido dar definición intransferible a los numerosos trabajos realizados, en los que la observación de la mujer es contemplada desde distintos niveles de intensidad expresionista y tono emocional. Podría afirmarse que soledad, ternura y sutilidad de atmósferas son campos en los que ha cultivado la artista su iconografía femenina, la parte más fundamental de su larga producción artística. Camón Aznar, al estudiar los trabajos de Palmira, fue muy explícito: Palmira Abelló recuerda en sus obras a Goya. Tiene la tristeza como idea central, con gran fuerza y sensibilidad a un tiempo, que expresa en sus obras una concatenación de mujeres atormentadas, que hace de cada lienzo un grito en carne viva, hechizado, humano, vital. El crítico Ángel Marsá, tras referirse a la poética vigorosa que en grado de excelencia evidenciaban sus lienzos un decenio más tarde de


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haber iniciado su solitaria carrera artística, añadía a lo dicho por Camón: Contemplemos, en efecto, su obra. La hallaremos cabal, coherente, ancha y honda, integrada, segura de sí misma, entrañable y lírica. Pero ante todo y por encima de todo, pintura. Pintura que se sube a los ojos, que es por donde el alma asoma, pasmo de pinceles sostenidos en trazos sin comienzo. Salvo casi un decenio sin actividad artística notable (1978 / 1987), su catálogo galerístico consigna las siguientes exposiciones individuales: Bar Central, Torremolinos (1967); Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1968); Hotel Don Pepe, Marbella (1970); Galería Fortuna, Madrid (1971); Galería Studio, Bilbao (1974); Galería Fenicia, Puerto Banús, Marbella (1975); Galería El David, Madrid (1976); Galería Tykal, Barcelona (1988); Galería Orfila, Madrid (1990); y Estudio Peironcelly, Madrid (2000). Sus exposiciones conjuntas se celebraron en el Hotel Meliá, Torremolinos (1969); Galería La Virginia, Marbella (1975); Hotel Los Galgos, Madrid (1977); y Galería La Capitale, París (1998). De los citados eventos cabe destacar el celebrado en la Caja de Ahorros de Ronda, sita en la malagueña plaza del Siglo, bajo el título Siete pintores y su obra (8 al 20 de abril de 1969) en la que participaron el escultor Hamilton Reed Armstrong, Pepe Bornoy, Díaz-Oliva, Antonio Jiménez, Roxolana Luchakowsky y Morenno, quienes en el transcurrir de los años confirmarían su condición de relevantes reactivos.

Paco Aguilar del Águila, estudiante de pintura, grabado, diseño gráfico entre 1975 y 1980, trabajó con el barro, la xilografía, la litografía, la ilustración y la escenografía antes de celebrar su primera exposición individual en 1979 en Málaga. Entró en el Taller Gravura, fundado por José Faría. Posteriormente se hace cargo del Taller de grabado donde practicaron el oficio diferentes pintores (Martínez Alario, Díazdel, Dámaso Ruano, Stefan von Reiswitz, Jorge Lindell, María José Vargas-Machuca, Enrique Brinkmann y Francisco Peinado entre otros muchos.) De forma paralela a su trabajo creativo personal, desde la iniciación de actividades en Gravura ha desarrollado una importante labor docente al impartir cursos para la Universidad de Málaga, el Aula Picasso, distintas escuelas, el Centro Cultural Francés de Tetuán, la Universidad de Huelva o en las Jornadas de Málaga en Aix-en-Provence, Francia, y en el propio Taller Gravura. A partir de 1990 el artista decide transformar Gravura, que sin dejar de ser centro de estampación, fuera también ámbito expositivo donde se realizaran exposiciones principalmente de-


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dicadas a la obra sobre papel, además de pintura, escultura y fotografías de artistas contemporáneos. La obra gráfica de Paco Aguilar fue durante los tres últimos decenios del siglo XX analizada, estudiada y evaluada por distintos estudiosos y expertos del tema. El profesor de Historia del Dibujo y del Grabado de la Universidad de Málaga, Francisco J. Palomo Díaz, en uno de los largos y documentados textos del catálogo que ilustró la exposición retrospectiva en el Museo del Grabado Contemporáneo, dejó escrito, entre otras cosas: El estilo de Aguilar tiene una coherente uniformidad desde el principio aunque la iconografía de entonces sea diferente. Ha tenido una evolución lenta y se ha expresado con un discurso dependiente de la representación figurada o abstractamente, poniendo en primer plano los recursos lingüísticos. Ambas adscripciones, sea a la figuración o a la abstracción, han coincidido en Aguilar desde siempre, alternándolos según su ánimo o necesidades de disciplina. En algunas obras actuales parece como si hubiera llegado a un compromiso entre los dos lenguajes. La revista El Punto de las Artes (12 XII. 2002) publicó, bajo la firma de Amalia García Rubí, un comentario en el que afirmaba que era uno de los artistas españoles del momento con mayor peso en el panorama gráfico nacional, cuya obra adquiere cada vez más repercusión fuera de nuestras fronteras, añadiendo que […] En un intento bien logrado de otorgar a la imagen estampada calidades pictóricas, el artista va componiendo cada espacio a través de la impresión de distintas planchas hasta conseguir matices de una sutileza at-

mosférica al igual que si se tratara de imágenes pintadas. La cronología de sus exposiciones individuales durante los últimos tres decenios del siglo XX es la siguiente: Caja de Ahorros de Antequera (Málaga, 1979); Diputación Provincial (Málaga, 1982); Sala T’Hooghuis-Wemmal (Bruselas, Bélgica, 1983); Galería Le Bateau Blanc (Francia, 1984); Museo Provincial de Bellas Artes y Colectivo Palmo (Málaga, 1986); Taller-galería Fort de Gerona y Sala de Arte Joven de Zaragoza (1987); Galería San Francisco y Casa das Artes de Tavira (Portugal, 1988); Galería Carmen de Julián (Málaga, 1989); Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1991); Galería Tudores (Marbella, 1995) y Salas de El Portón (Alhaurín de la Torre, 1998). Sus colectivas más importantes fueron, entre otras, las siguientes: Primer Encuentro de Grabadores Andaluces (Málaga, 1981); Artelider’82 (Bilbao, 1982); Museo L’Imaginaire Grimaud y Trienal Internacional de Gráfica (Francia y RDA, 1984); Cinco años del Taller Gravura, Colectivo Palmo, (Málaga, 1986); Universidad de Boston (USA, 1987); Hanau Gallery y Korea Desing and Package Center (Seúl, Korea, 1987); Mini Print Traveling Show (Château Royal de Colliure, Francia, 1988); Galerie des Éditions del Museo de la Estampa (México, D.F. 1989); Intergrafik’90 (Berlín, 1990); I Bienal Internacional de Grabado Julio Prieto Nespereira (Orense, 1991), etc. Durante el decenio 1981-91 Paco Aguilar impulsó una decena de ediciones de obra gráfica de las que podemos destacar las carpetas tituladas: Aloma,


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Surcos, Doce pintores malagueños, Carpeta de grabados, Rasgos del sueño, etc. De su palmarés artístico destacamos los siguientes premios, becas, trofeos y distinciones: Beca de Estudios de la Dirección General de Bellas Artes (Madrid, 1980); Primer Premio de Grabado en el II Certamen Español de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura (Madrid, 1981); Segundo Premio de Grabados Ciudad de Burgos (1985); Primer Premio de Pintura Colectivo Palmo (Málaga, 1986); Primer Certamen Nacional Ron Bacardí (Málaga, 1987, por su obra “Allanamiento de morada”); Primer Premio en el VIII Certamen de Pintura del Ayuntamiento (Chiclana, Cádiz, 1988); Premio Julio Prieto Nespereira en la I Bienal Internacional del Grabado (Orense, 1991) y Mención de Honor de la Calcografía Nacional por su obra “Paisaje de ensueño” (Madrid, 1996). Sus trabajos están representados en numerosas instituciones, fundaciones universidades y de Chile, Portugal, Japón, Alemania y Panamá, además de museos y colecciones institucionales de Barcelona Málaga, Burgos, y Cádiz.

Pepe Aguilera Hinojo, residente en Málaga desde 1969, en ella realizó el artista prácticamente toda su obra plástica, la cual se había dado a conocer en 1968 en una histórica exposición celebrada en la granadina Casa de América, para la que escribieron versos que luego declamarían en el acto inaugural, los poetas Juan de Loxa, Carmelo Sánchez Muro, José Luis de Guevara y Carlos Cano. En Viaje al reino de Aguilera, escrito por Pablo García Baena para el catálogo de su primera exposición malagueña en la Sala de la Diputación Provincial (1972) decía: Magia, mitología, hagiografía... Aguilera va de Cagliostro a Jacobo de Vorágine, del Grimorio y el Tarot a los mitos clásicos, del bestiario y la astrología a la Leyenda Áurea. Todo ese gigantesco mural que es la gran realidad imaginada queda desmenuzado en pequeños espejos narcisistas, pormenorizado y enriquecido de experiencias cotidianas, de búsquedas y hallazgos y desesperación. Un amable “satanismo” inocente, anterior a la Caída, esmalta la carne, casi plumón, de Leda y convierte a los ángeles en bellos cisnes humanos desnudos, las alas desplegadas en florales vidrieras rutilantes, tendidas hacia


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el prerrafaelismo, hacia el Art Nouveau, hacia las miniaturas hindúes. Tras inaugurar su exposición en la Galería Alfredo Viñas (Málaga, 17 junio 9 julio 1994) en la sección Crítica de Arte del diario Sur se escribió sobre ella y el propio pintor: En Pepe Aguilera sigue el mismo gran dibujante que siempre hubo. Pero también existe un excelente y sensible colorista capaz de traducir en imágenes –que es lo que ha hecho en la presente ocasión– versos de Alberti, Ana Rossetti, José Infante, Elena Martín Vivaldi, Luis Antonio de Villena, D. H. Lawrence, Robert Lowel, Emily Dickinson y Jiménez Millán. El resultado en la traducción pictórica de versos conocidos de los citados poetas es una relevante y sucesiva estantigua iconográfica en varias de cuyas obras aparece, quizá por vez primera, un nuevo y atrayente tratamiento de los fondos, verdadero tormento para tantos creativos como en Málaga existen en la actualidad. Además de la exposición en la que presentó su obra granadina, ya aludida, Aguilera celebró, en años sucesivos, las siguientes: Caja de Ahorros y Préstamos de Antequera, Óleos y Dibujos con textos de Manuel Altolaguirre y Fernando Merlo (Málaga, 1971); Galería Libra de Málaga (que dirigía Pepe Bornoy), Dibujos Eróticos, con textos de José Infante y Sala de la Excma. Diputación malagueña, Óleos y Dibujos, con textos de André Chastel, Pablo García Baena y Gloria Fuertes (1972); Galería Studium de Valladolid, Óleos y dibujos con textos de Gloria Fuertes y Carmelo Sánchez Muros (1973); Galería de Arte Contemporáneo de Málaga, Óleos y dibujos con textos de José Infante y Fran-

cisco A. Chita (1974); Galería Winsord de Bilbao, Óleos, con texto de Miguel Alcobendas (1975); Colegio de Arquitectos de Granada, Óleos y dibujos, con texto de Antonio Gala (1976); Galería Studium de Valladolid, Óleos y dibujos, con edición de una estampación numerada del 1 al 200 (1977); Patio Mudéjar del Museo de Málaga, Homenaje a Manuel Múgica Laínez y a su obra Bomarzo, con texto del homenajeado, Isidoro Coloma, Carlos Buró y José Infante (1979); Palacio de la Madraza de Granada, óleos y dibujos retratos arábigo-andaluces y dibujos sobre Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, con textos de Abd al-Malik (s. X) y Luis Antonio de Villena (1980); Sala de la Excma. Diputación Provincial de Málaga, Óleos, con textos de Manuel Múgica Laínez, Antonio Gala, José Infante y Carmelo Sánchez Muro; Galería Avellano de Granada, Dibujos sobre el poema “Ciudad del Cuerpo”, del poeta Carmelo Sánchez Muro, con edición de una estampación numerada del 1 al 200 (1981); Galería Laguada de Granada, Óleos granadinos sobre fondo gris, con texto de Juan de Loxa (1982); Caja de Ahorros de Antequera de Málaga, Cabezas, Dibujos en homenaje al poeta malagueño Fernando Merlo, con poema y estampación; y Caja de Ahorros Provincial de Málaga, Diez óleos y cuatro dibujos (1983); Galería Laguada de Granada, Dibujos sobre mitología andaluza, con texto de Fernando Aguacil (1984); Casa de Cultura de Fuengirola, óleos y dibujos; Caja Sur, Córdoba, Dibujos en homenaje a los poetas andaluces (1985); Óleos y Dibujos, Antiguo Convento de Santa María, Coín (1986); Caja


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de Ahorros de Antequera en Málaga (1997); 15 óleos y 1 dibujo, Sala Azahara de Bodegas El Pimpi, Málaga (1992), y Títulos prestados, óleos sobre lienzos y dibujos, en Galería Viñas, Málaga (1994). Una exposición titulada Mitos, Santos y Personajes en recuerdo al ya fallecido pintor, tuvo lugar entre los días 1 de junio y 15 de julio del año 2001, en la Sala de Exposiciones Alameda, organizada por la Excma. Diputación Provincial de Málaga y comisariada por el profesor Isidoro Coloma Martín. De sus muchas exposiciones colectivas caben recordar: Con el Grupo Tarot, grabados, en el Antiguo Hospital de la Santa Cruz, Barcelona (1966); La mujer en la pintura, Fundación Rodríguez Acosta, Granada (1968); I Muestra de Pintura Contemporánea, Ayuntamiento de Málaga (1973); Jornadas Granadinas de la UNESCO, París (1977); Homenaje a Picasso en el Centenario de su Nacimiento, Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga (1981); Actos para la no violencia, Sala Municipal de Exposiciones de Marbella (1982); Arte Contemporáneo, Casa de Cultura de Fuengirola (1985), etc.

Antonio Alastra Ruiz, de manera semejantemente dramática a como el escritor ciego o el músico sordo el azar castiga de forma perversa, el sino de este escultor −incluso su porvenir artístico tantas veces ensalzado por críticos y colegas de su época juvenil−, estuvo limitado por la pérdida de su brazo izquierdo en la cruenta Batalla del Ebro durante la Guerra Civil Española (193639). De humilde origen, Antonio Alastra vivió en una de las históricas “villalatas” que poblaban las playas más cercanas a Pedregalejo. Muy joven, abandonó sus obligaciones como pastor de cabras y llamado por su decidida y descubierta vocación artística, se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de Málaga como discípulo del escultor Palma García. Quienes le conocieron, trataron o fueron amigos personales o colaboradores –entre ellos los escayolistas Rafael Puyet Fernández y José Fúnez Liébana, que le ayudaban en las pesadas tareas que él no podía atender por obvias razones físicas– han atestiguado que para asistir a la Escuela de Bellas Artes a diario, lo hacía a pie desde Pedregalejo y regresaba por el mismo procedimiento por carecer de las necesarias monedas


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para abonar el billete del tranvía, lo que sin duda revela su gran interés por alcanzar la necesaria formación. Con veintitrés años se integró en el grupo ALA (Asociación Libre de Artistas), que nació poco antes del advenimiento de la II República Española, y con sus fundadores y primeros socios participó en las actividades artísticas y exposiciones que se celebraron en los salones de la Sociedad Económica en distintas ocasiones. De esos años arranca su fama como escultor, al brillar en la Exposición Iberoamericana de Sevilla dos de sus primeras obras: los capiteles de la vid y de los limones, respectivamente, del gigantesco facistol que Málaga envió a dicho evento. Consecuencia de aquel señalado éxito fue el comentario publicado en uno de los periódicos diarios malagueños en el que se expresaba (sic): El entusiasmo en flor de este muchacho merece ser apoyado. El pequeño gravamen de una nueva pensión en el presupuesto (municipal), sería la cristalización del sentir de cuantos conocemos su obra. El comentario del periódico fue publicado a propósito de la conversación que mantuvieron en público Palma García, su maestro, y el entonces director del centro, César Álvarez Dumont, oído por el periodista que publicó el suelto informativo. Una de sus más conocidas obras personales fue el busto de la “Señorita República”, con la que obsequió al Ayuntamiento de Málaga y que retrataba a Anita Martínez de Villa, elegida con tal distinción en una verbena popular. También el anónimo cronista celebraba el trabajo de Alastra: Este joven artista, cuyos trabajos son cada vez más perfectos, ha logrado en

este busto una figura llena de vigor y vida interior. Sus proporciones son colosales: la cabeza alta, mirada desafiante y gesto de decisión. La técnica de varonil ejecución. Grandes planos, partes de la cabeza abocetadas contrastan con la finura y elegancia de las líneas del cuello y hombros. Es lo mejor que hasta ahora hemos visto de Alastra, a quien espera gran porvenir. Detrás de las más populares obras firmadas por Adrián Risueño, estuvo siempre la gran maestría de un Alastra, escultor que aprendió a modelar con una sola mano, bastándose de su voluntad indomable. En la Málaga escultórica dominada por Risueño a partir de 1940, casi no hubo obra de las atribuidas a dicho autor que no hubiera sido modelada por Alastra. En los últimos años de su vida, y por gestión de José Molina Gualda amigo personal de Alastra, fue contratado de guía para atender a los visitantes de la Alcazaba malagueña. Alastra, según se ha indicado, si bien tuvo un determinado protagonismo artístico y sus trabajos gozaron de una cierta popularidad en su juventud, perdió verdadera identidad creativa como escultor no sólo por la minusvalía que arrastró tras la Guerra Civil, si no a causa de que las obras realizadas con posterioridad no llevaron su firma.


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Alfonso Albacete Carreira, pintor grabador y serígrafo, forma parte del grupo de creativos plásticos que la crítica y los historiadores del arte definieron como Nueva Figuración Madrileña; no obstante, en su dilatada obra hubo suficientes espacios para integrar figuración y abstracción. Durante los años 1960 a 1967 pintó en el estudio de Juan Bonafé, considerado el precursor del hiperrealismo moderno; ingresó luego en Bellas Artes –que abandonó sin acabar la carrera– y acabó licenciándose como arquitecto superior en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Tres etapas fundamentales se dieron a lo largo de su carrera: la de aprendizaje hasta 1972 en que realizó su primera exposición individual, de 1972 a 1979, en que utilizó nuevos medios como la fotografía y la instalación, y la última, que dedicó totalmente a la pintura. De sus trabajos se han ocupado numerosos analistas, críticos e historiadores. Elena Vozmediano se refirió a ellos definiéndolos como “pintura de luz”: La luz cenital, con sus valores plásticos y con sus connotaciones místicas, se adentra en los cuadros misteriosa y furtivamente.

La actividad galerística individual de Alfonso Albacete fue muy sostenida entre 1972 y el año 2001, en que tuvo lugar su última comparecencia en Málaga. Su cronología selectiva fue la siguiente: Galería Chys, Murcia, y Galería EGAM, Madrid (1972-75); Galería Punto y Colegio de Arquitectos de Valencia, así como Chys de Murcia (1976); Galería Zen, Molina de Segura en Murcia; Galería Once, Alicante y EGAM, Madrid (1977); Galería Zero, Murcia (1978); EGAM (1979); EGAM, Madrid; Galería Yerba, de Murcia e Imagen Múltiple, Sevilla (1982); Sala Pelaires, de Palma de Mallorca; Galería Yerba, Murcia, y Temple, Valencia (1984); Yerba, Murcia; EGAM, Madrid, y Windsor, Bilbao (1985); Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid, y Yerba, Barcelona (1988); Center for Contemporary Art de Chicago, USA; SAGA 90, París; Sala Estiarte, Madrid; Caja de Ahorros de Antequera en Málaga y EGAM, Madrid (1990); Galería Maeght, Barcelona; Galería Nieves Fernández, Madrid; Fernando Silió, Santander; Galería Bretón, Valencia, y Galería Bretón, Murcia y Galería Babel, Murcia (1991); Embajada de España en Yakarta, Indonesia (1997); Círculo de Bellas Artes, Madrid (1999) y Galería Winsord Kulturika y Galería Marín Gali, Málaga (2001). Han sido incontables sus participaciones en colectivas nacionales e internacionales en París, Sevilla, Madrid, Palencia, Murcia, Barcelona, Santander, Atenas, Belgrado, Sarajevo, Praga, Lisboa, y otras capitales de Alemania, Japón, USA, Holanda, Suiza, México, Colombia, etc. Su obra está abundantemente representa-


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da en colecciones particulares, culturales e institucionales de España, Europa y ambos hemisferios americanos.

Gabriel Alberca Castaño, pintor que en sus comienzos utilizó el seudónimo Alberka. Hijo de españoles, a muy corta edad todavía su familia se trasladó a Málaga, en ella vive y en su territorio ha desarrollado totalmente su obra. Siguió varios cursos en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga con el profesor de la disciplina de Dibujo, Juan Almagro. Al cabo de dichos estudios, ya en París, frecuentó varias academias de dibujo en directo. Se consideró siempre autodidacta en la disciplina de colorido. Miembro de la llamada Generación o Grupo de los años 50 y activo miembro de la Peña Montmartre, se vinculó posteriormente al Grupo Picasso, toda vez que fue uno de los jóvenes pintores malagueños que participó en el primer e histórico encuentro con Picasso en su casa de Cannes (1957). Igualmente, participó en actividades del MAM (Movimiento Actual Mediterráneo). Desde su primera exposición individual cele-

brada en la Económica en 1955 hasta la última del mismo carácter del año 2000, Gabriel Alberca expuso su obra no sólo en las principales capitales españolas (Barcelona, Málaga, Madrid y en numerosas ocasiones), así como en Alemania, París y Nueva York. A lo largo de los citados años participó igualmente en eventos colectivos españoles y extranjeros en Sevilla, Barcelona, Málaga, París (Francia), Colonia y Múnich (Alemania), Sao Paulo (Brasil), Copenhague (Dinamarca) y Zúrich (Suiza). Alberca figurativo, cubista, simbolistasurrealista, incluso abstracto, ofreció durante la segunda mitad del siglo XX expresiones plásticas que revelaron en cada momento las inquietudes de una plástica de muy personales acentos. Yves Hubert, crítico francés que tuvo oportunidad de estudiar y escribir acerca de la obra del pintor, descubrió, según dejó escrito, […] Tal vez sean la belleza y el misterio lo que este pintor persigue y consigue de una manera paciente, laboriosa y sin grandes gestos. Porque sus cuadros son silenciosos en su fuerza, con aires clásicos y actuales. Intemporales. Rinde culto este pintor al espíritu, y sus obras tienen el aroma de la verdad del hombre, que pinta con humildad, solo con las pretensiones propias del que busca la belleza. Más diáfanamente, el profesor Isidoro Coloma, al penetrar en la obra de Alberca observó la existencia de tensión como elemento organizador de las unidades formales, añadiendo: La posibilidad dinámica de los objetos pictóricos, estáticos por naturaleza física, se dirige no ya a la representación del movimiento de los objetos naturales, siempre engañosa y


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artificial, sino a la consecución de la dinamicidad plástica, traducida en movimiento perceptivo. Desde el año 1955 al 2000 Alberca realizó en España y fuera de ella 50 exposiciones individuales. He aquí algunas de las más importantes: Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1955); Galería Alfil y Sala Libros (Madrid y Zaragoza, respectivamente, 1959); Galería Clasing (Münster, Alemania, Galería Da Vinci y Caja de Ahorros de Antequera (Madrid y Málaga, respectivamente, 1969); Museo Español de Arte Contemporáneo y Museo de Bellas Artes (Madrid y Valencia, respectivamente, 1974); P. Gallery (Nueva York, 1978); Galería Joan de Serrallonga y Salón de Otoño (Barcelona y París, respectivamente, 1982); Galería 2000 (Córdoba, 1992); Ágora 3 (Barcelona, 1994); Palacio Miramar (Málaga, 1996) y Galería Nova (Málaga, 2000). Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga desde 1990, obtuvo, entre otros, los siguientes premios, trofeos y distinciones artísticas: Primer Premio de la Exposición Provincial de Educación y Descanso (Málaga, 1956); Primer Premio de Dibujo del Certamen de Artes Plásticas (Sevilla, 1958); Medalla de Plata del Certamen Nacional de Artes Plásticas (Málaga, 1961) y Medalla de Oro del Salón de Invierno (Málaga, 1969). Es uno de los pintores malagueños del siglo XX de más amplia bibliografía crítica y ensayística, y su obra está representada en el Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid, Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, salas

del Ayuntamiento y Diputación de Málaga, Museo de Artes Contemporáneo de Sevilla, Museo del Santo Espíritu de Brasil, Museo del Dibujo de Sabiñánigo (Huesca); igualmente, en las colecciones privadas de Amos Cahan, W.B. Wasterton, Gardiner Blood, Frank H. Ellis y Dorothy Godfrey (USA) y colecciones Unicaja (Málaga), López Cebrián (París), Ateneo (Málaga) y Karí Laliberte (Oslo).

Maribel Alonso Fernández, artista que llegó a Málaga cuando tenía cinco años de edad, fue en nuestra ciudad donde despertó al arte, y aunque de formación autodidacta fue capaz, al iniciarse el penúltimo decenio del siglo XX, de aportar al panorama del arte malagueño un nuevo lenguaje pictórico naíf que popularizó en poco tiempo. Fue la suya una fórmula que, con los años, supo escapar del primitivismo ingenuista de inmediatos y precedentes autores en virtud de una elaboración veraz, minuciosa, pulcra, intencionadamente naturalista, decorativa en su abigarramiento icónico y compacta expresiva en su discurso narrativo.


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Sobre su obra –expuesta en salas malagueñas por sexta vez en 1995– la sección Galerías de Arte del diario Sur (12.XII.95) la describió como el encanto de lo cotidiano: De fáciles maneras no exentas de dificultades en su ejecución, la artista sabe fijar con presteza casi espontánea cuanto de significativo y próximo existe en los símbolos domésticos y lo que en cada quien influyen las cosas que están o se rozan y utilizan del pequeño mundo personal. La opinión de Manuel Sánchez Benedito expresada seis años más tarde sería: Pintora literaria de fuerte pulsión espiritual que revela unas emociones contenidas. Arte paralelo a la naturaleza, es una síntesis de sensaciones e ideas, que recrea lo que la rodea con estilo y elegancia, no exento de poesía. El programa de sus exposiciones individuales fue el siguiente: Galerías Malacke (Málaga, 1980); Miguel Ángel (Málaga, 1982); Ramón Durán (Madrid, 1983); Malacke (Málaga, 1984); Teatro Infanta Isabel (Madrid, 1989); Porticus (Málaga, 1990 y 1993); Benedito (Málaga, 1995); Castillo del Bil-Bil (Málaga, 1997) y Pro-Art (Madrid, 1999). Las primeras exposiciones del nuevo siglo en Málaga se programaron para la Sala Benedito (2001 y 2005, respectivamente). Su obra fue seleccionada para el Premio Revista Blanco y Negro (Madrid, 1980), Arte Joven Malagueño de El Corte Inglés (Málaga, 1980, 1981, 1982, 1985 y 1987); Premio Sánchez Díaz (Reinosa, Santander, 1986); Premio L’Oréal (Madrid, 1987); Premio Ron Bacardí (Málaga, 1988); I y II Premio Internacional de Pintura (Marbella, respectivamente, 1994 y 1995) y II Premio de Pintura Fundación Antonio Camuñas

(Madrid, 1994). El Premio Ron Bacardí le fue otorgado en 1989 y en 1992 el del Salón Nacional e Ibérico de Pintura Naíf (Galería de Arte del Casino de Estoril, Portugal. Su forma de pintar ha sido recogida en numerosas publicaciones tanto españolas como extranjeras y su obra se halla representada en los museos de Arte Naíf de Jaén y Bages (Francia).

Rafael González Alvarado siguió dos caminos distintos para alcanzar la deseable formación que le abriera paso hacia el arte pictórico. De una parte, la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga (1969-1974), en la que asistiría a las clases de los pintores y académicos de San Telmo Pablo García Rizo y Virgilio Galán Román, y el segundo, el taller del también pintor y académico de la misma corporación Francisco Hernández, que le orientaría todos los fines de semana (1980-1986) en su estudio-taller de Torre del Mar. En 1975, interesado por el grabado, frecuentó el Colectivo Palmo junto a Lindell), Díaz-Oliva, Dámaso Ruano y otros, no sólo por la obra que allí nacía,


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sino por el excelente ambiente que lo dominaba. Como formación complementaria, se constata en su currículo la participación en talleres impartidos en Málaga por José María Larrondo y Jiri Georg Dokoupil, dentro de las Jornadas de Arte Contemporáneo organizadas por la Fundación Ruiz Picasso del Ayuntamiento de Málaga. En el año 2004 continuaba asistiendo a las clases de segundo curso de Cerámica Artística en la Escuela de Arte y Diseño San Telmo, antigua de Artes y Oficios Artísticos. La obra de este pintor se ha singularizado desde sus comienzos por seguir una línea de constantes retos personales. El crítico Fernando Ponce, al profundizar en la obra de Alvarado, observa que: ...Su lenguaje plástico es claro, directo, apoyado en la vieja y recia estirpe de los pintores solitarios que pintan soledades, las suyas y, por resonancia inducida, las nuestras. Esta actitud aparece con claridad cuando capta y recoge los rincones de los jardines, las estatuas, los árboles, los palacios, enhiestos o truncados, las columnas festoneadas por la naturaleza que la circunda. Ante la obra de Alvarado se podría hablar de un hombre que siente y vive esa melancolía del Sur que aparece en momentos en que dejan de sonar las canciones, los cantes profundos de la noche o las palmas del atardecer. Para el catálogo de la exposición de la Galería Macarrón (Madrid, 1988) Félix Guisasola escribió, entre otras cosas: La pintura de Rafael Alvarado descansa fundamentalmente en dos líneas artísticas de la modernidad: la figuración y el postimpresionismo. Con ellas establece un juego en

el que el color precisa el equilibrio. Es, por tanto, un pintor colorista para el que esas dos líneas –de alguna manera marginadas en los avatares de las vanguardias– resurgen, trayendo con ellas no ya los sabores rancios que unas posiciones artísticas anquilosadas suelen llevar, sino extrayendo elementos de cierta modernidad. La obra de Rafael Alvarado fue dada a conocer en el Salón de Exposiciones de la desaparecida Casa de Cultura de Málaga (1982) y sucesivamente, en cuanto a comparecencias individuales, por el siguiente orden: Caja de Ahorros de Antequera y Galería del Colectivo Palmo, Málaga (1983); Caja de Ahorros Provincial de Málaga, Vélez-Málaga (1984); Sala de Arte de la Diputación Provincial, Málaga (1986); Ateneo, Málaga, Galería Velázquez, Valladolid, y Noches Blancas, Galería Macarrón, Madrid (1987); Retratos, en Terral, Málaga (1989); Il Caminetto, Madrid (1990); Hojas y Ramas, Colegio de Arquitectos, Málaga (1991); Nocturnos, Palacio de Beniel, Vélez-Málaga; De lo efímero, Diputación de Málaga, y Taller Gravura (1992); Vuelo en picado, Sala de Arte, Nerja (1993); Bocetos, librería Árbol de Poe, Málaga; Serie Blanca, Sala de Unicaja, Antequera y Sombras Blancas, Museo Provincial de Bellas Artes, Málaga (1994); Obra reciente, Galería Alfredo Viñas, Málaga (1996), y Presencia/Ausencias, Sala de Exposiciones del Centro Cultural de la Diputación, Málaga (2001). A fines del año 2003, preparaba Retratos íntimos para la Escuela de Arte y Diseño San Telmo Málaga. De sus principales colectivas, tras la primera de ellas celebrada en la finca La Cón-


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sula (1982) cabe mencionar: Colectivo Palmo; Autorretratos, en el Colegio de Arquitectos y Surgido en Málaga, Plaza de Toros (1986); Desde el Sur, Homenaje a Van Gogh, Diputación Provincial, Málaga (1987); Galería Carmen de Julián, y Lo masculino/Lo femenino, Museo Provincial de Bellas Artes, Málaga (1988); El arte de construir el Arte, Colegio de Arquitectos, Málaga (1989); Arte/Sur, Feria de Arte de Granada (1995); Bienal Internacional de Arte, Italia (1996); Artistas malagueños de hoy, Dresde, (Alemania 1998) y Feria Internacional de Arte Contemporáneo Mac’21, Marbella (2001). Premios, becas y distinciones al mérito creativo ha recibido, a lo largo de 20 años de actividad profesional (1981-2001), los siguientes: Primer Premio de Dibujo del Certamen de Dibujo y Pintura de El Corte Inglés, Málaga, así como el Premio Colectivo Palmo (1981); Accésit de Seat, Villa de Nerja; Primer Premio de Dibujo del VIII Certamen de Dibujo y Pintura de El Corte Inglés; Segundo Premio de Pintura del IV Certamen Joven de Artes Plásticas de la Junta de Andalucía y finalista del III Premio de Pintura L’Oréal, Madrid (1987); Primer Premio de Dibujo del IX Certamen de Dibujo y Pintura de El Corte Inglés, Málaga y Beca de la Junta de Andalucía para un curso de grabado en el Taller Gravura, (1988); nuevo Primer Premio en Pintura del XI Certamen de Dibujo y Pintura de El Corte Inglés (1989); Beca Pablo Ruiz Picasso del Ayuntamiento de Málaga (1992); Segundo Premio de la III Bienal de Pintura de Vélez-Málaga (1995); finalista del VIII Premio de Pintura Ron

Bacardí, Málaga (1996); Primero en el IV Premio de Grabado Ateneo-Universidad de Málaga (1998); Primer Premio de Dibujo del XII Certamen de Pintura y Dibujo de Álora y Primer Premio del II Certamen Andaluz de Pintura Contemporánea, Torremolinos (2001). De su actividad docente, además de atender a los alumnos de su propia academia de calle Victoria número 38, fue profesor de ADE, Escuela de Arte de Málaga (1989); de El Estudio, Artes Plásticas de Madrid (1990-92); comisarió, en colaboración con la universidad malagueña, una exposición de la Colección de Arte del Ateneo (1995); como asesor invitado de la Junta de Andalucía, participó en el proyecto El pintor en el aula (1996); igualmente, fue comisario de la exposición Fuego de San Telmo en la nueva sede del Ateneo de Málaga, el histórico caserón del Colegio Náutico del mismo nombre (2000), y profesor de taller de pintura de Ancysa, Gestión Sociocultural (1999-2004).


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César Álvarez Dumont fue profesor y muchos años director de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga; acogió en sus aulas a distintas figuras que, con el tiempo, alcanzarían alguna notabilidad a partir del inicio de 1930. Entre ellos se encontraban Jiménez Niebla, Mingorance Navas, Ramos Rosa, Torreblanca, Cañete Sánchez, Bono Hernández, etc. D. César, que vivió en Málaga desde su niñez cuando su padre dejó de ejercer como Vicecónsul en Portugal, consta que despertó muy tierno a la inquietud artística y en la ciudad de acogida realizó toda su labor docente y artístico-creativa. Especialmente durante sus largos años dedicados a la enseñanza, D. César consiguió elevar de forma inusitada el nivel del centro del que era responsable. En un cuarto y definitivo intento, logró ser pensionado por la Excma. Diputación Provincial de Málaga en la Escuela de Bellas Artes de España en Roma (1895). Viaja durante el pensionado a París, Gibraltar, Marruecos y Argelia con el fin de seguir ahondando en gentes, paisajes y culturas distintas. Fiel a su integración en los medios culturales

malagueños, expuso en el Liceo (1899), llevó su obra a diferentes convocatorias de Concursos Nacionales y recibió sendas Terceras Medallas en las exposiciones de 1884 (“Defensa de la Torre de San Agustín en Zaragoza”) y 1887 (“La defensa del púlpito de San Agustín en Zaragoza”), a las que debió sumar otras dos de segunda clase en las convocatorias de 1890 (“El gran día de Gerona”) y 1891 (“Episodio de la Guerra de Independencia”). Un ejercicio del primer año del pensionado de Roma, fue un desnudo que alcanzó Mención Honorífica Académica. De magníficas cualidades para el dibujo y el color −recogió en su tesis doctoral la académica Teresa Sauret− sus composiciones se mueven entre la corrección absoluta, en cuanto a tratamiento formal, y la servidumbre a un contenido que emite programas de línea política de corte liberal y reivindicativo y, en todo caso, nacionalista. Durante el pensionado de Roma fue accidentalmente director de la Academia y en 1902, tras haber ejercido de profesor en Madrid, Cádiz y Sevilla obtuvo la plaza de profesor de la Cátedra de Aplicación de dibujo artístico a las artes decorativas de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga, docencia que ejerció durante 32 años. Como director de dicha escuela permaneció 24 años, los que van de 1911 hasta su jubilación en 1936. ÁLVAREZ LAVERÓN, Elena. (Ver LAVERÓN).


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Italia y Bélgica. Entre las distinciones al mérito creativo que recibió destaca el Premio Internacional de Obra Gráfica en Segovia.

Rodolfo Álvarez Santaló, médico y con aficiones periodísticas, su verdadera vocación, al menos a la que dedicó toda su existencia con inusitado entusiasmo, fue la plástica, en la que desarrolló una estimable tarea como grabador. Desde su inicial exposición individual en Badajoz (1963), continuó su labor creativa en Granada y más tarde en Málaga, ciudad en la que estableció fuertes relaciones con el Ateneo a partir de 1970, y en cuya institución dictó varias conferencias, entre las que destacaron las dedicadas a la agresividad y el arte moderno. Durante los años de sus relaciones con Málaga expuso en la ciudad en cuatro ocasiones, cronológicamente en la ya desaparecida Casa de Cultura, el Museo Provincial de Bellas Artes, Sala de la Diputación Provincial malagueña y Sociedad Económica de Amigos del País, la última de las mencionadas en 1992. Ejerció de caricaturista, dedicó parte de su obra plástica al cartel y fue director de la Fundación de Cultura del Ayuntamiento de Osuna, por cuya dedicación acabó designándosele Hijo Predilecto. Su obra, además de divulgarse por toda Andalucía, también fue celebrada en Francia,

Por amor a su tierra veleña, Antonio Giménez Toledo firmó sus obras sustituyendo su primer apellido por el de la capital de la Axarquía. Pintor de inicial obra figurativa, derivó a las fórmulas abstractas, no siempre bien aceptadas, culminando su última etapa creativa con el regreso a una particular neofiguración caracterizada por cierta simbología de carácter mítico y popular. Fundamentalmente oleísta, también destacó en la acuarela y el grabado. Formado inicialmente en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga y en la de Granada, marchó a Madrid en 1932 e ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. Su primera exposición individual fue en Málaga en 1927, a la que siguieron otras en Granada, Sevilla y Madrid. Tras residir en Granada, Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca (donde con otros artistas funda el Grupo Tago), regresa a la península y se instala en la villa de Puzol, Valencia,


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para residir de nuevo, ocasionalmente, en Mallorca, Barcelona, Tarragona y Cervelló, donde murió. Antonio Segovia Lobillo, que en vida fue amigo y crítico de la obra del pintor veleño, seleccionó un conjunto de opiniones acerca de la obra del artista: Informalista que expresa con pastas ariscas, de una contención perfecta, el abandono y la soledad (Cirili Pellicer); La búsqueda de este artista no tiene límites (de un diario de Mallorca); La materia, en este pintor, nos lleva al pleno antifigurativismo, a la plena y fecunda abstracción (Gafim, de Baleares); Dotado de una enorme imaginación, constituye un ejemplo admirable de autenticidad, un audaz solitario de extraña inquietud (Carlos Areán). Vinculado al Grupo Picasso y al MAN (Movimiento Actual Mediterráneo) pese a haber residido fuera de Málaga muchos años, participó en 1961 en la exposición que organizó el grupo malagueño con motivo del octogésimo cumpleaños de Pablo Ruiz Picasso y en la que participaron Alberca, Guevara, Lindell, Brinkmann, Montero, Vivar, Stefan, Hammerschmidt, Marina Barbado y Hacker. Esta exposición itineró más tarde por Barcelona, Madrid y Múnich. ARCE, Marcelo. (Ver MARCELO ARCE).

A José Arjonilla Migal, su atracción por la plástica le llevó a cursar muy tempranamente estudios de dibujo y pintura en su ciudad natal, y con 18 años, ya en Barcelona, los realiza en el Centro de Estudios AFHA, bajo la dirección de José Llobera y Román Oltra, con quienes obtiene unos excelentes resultados. Fijada su residencia en Málaga en 1976, desde donde realiza numerosos viajes por toda la geografía española, además de Francia, Bélgica y Portugal, realiza numerosas exposiciones en las que, sucesivamente, aparecen trabajos abstractos y figurativos pero en cualquier caso reveladores de una diestra paleta sobre la base de un dibujo de armoniosa y compleja línea. Con ocasión de su exposición en la Sala Espacio Tres, la sección Paleta de Colores, de Sur, decía de él que era un autor que ha evolucionado lentamente de la abstracción pura a laberínticas metáforas que sugieren distante iconografía figurativa. Sus trabajos que hemos visto en diferentes ocasiones como variaciones de un mismo o parecido asunto se antojan imágenes que proceden del sueño en apasionada búsqueda, más allá de su aparente realidad, en un ejercicio de plástica barroca cuya calidez


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nadie duda. En otra ocasión, el mismo periódico recogió las impresiones del crítico, asegurando: El lote que se visiona en la muestra integran producciones de los tres últimos años y en él se hacen visibles los cambios que no sólo afectan al modelo estético, sino a las propias texturas logradas mediante técnicas de disolución, óleos de base tratadas o acrílicos puros. La obra inicial de Arjonilla se conoció en la primera de sus exposiciones individuales, celebrada en la Sala de Arte Gerard Brenan de Churriana (1988).Un año más tarde, expuso en la Residencia Militar Virgen de Luján (Málaga), en la Sala de Arte del Ayuntamiento (Andújar), en la Casa de Cultura (Alhaurín de la Torre) y en la Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga). Su programa expositivo a partir de 1989 fue el siguiente: Casa Consistorial (Mijas) y sede central de Unicaja (Málaga) (1991); Multicentro del Cerrado de Calderón (1992); Sala de Unicaja de Vélez-Málaga; Ateneo de Málaga; Galería Della Rovere (Madrid); Galería Atrezzo (Sotogrande); Galería Servent (Andújar) y Galería Vera (Granada), todas ellas en 1993. Durante el siguiente año presentó, por el orden que se citan, tres exposiciones individuales, respectivamente, en Fundación El Monte, Cortijo Bacardí de Málaga y Galería Vera de Granada. A continuación (1995) en el stand de Swissair del Aeropuerto de Málaga y Casa de las Columnas de Sevilla. A las anteriores, siguió en 1996 la de Galería Goya-2 (Valencia) y Galería Amador de los Ríos de Madrid; Espacio Tres de Málaga y Sala de Arte Góngora, de Córdoba, todas ellas en 1997. Cuatro exhi-

biciones distintas de su obra presentó en 1998. Fueron en el pueblo natal del artista, por BBV, e, igualmente, en Galería Jacobich’s de Marbella, Palacio de Exposiciones y Congresos de Estepona y, de nuevo, en Goya-2 de Valencia. En el año 1999 José Arjonilla superó su propio récord en lo que se refiere a la celebración de exposiciones individuales. El orden de las mismas fue: Galería Únic (Palma de Mallorca), Sala Androx,(Vigo), Museo del FF.CC. (Madrid), Galería Agripa (Mérida), Museo de Arte Contemporáneo (Toledo), Galería Expo-Arte (Madrid), Corrala de Santiago, Galería Valenzuela (Granada), y La Puerta del Cielo (Madrid). Su exposición individual del siglo XX fue en Galería La Casa del Ángel (Madrid). Las primeras individuales de la presente centuria fueron en Galería Manuela Talaverano (Sevilla), Galería Art Calella (Calella de Palafruguell, Gerona), Galería El Balcó y Hotel Parc del Vallés (Barcelona). Su obra, en las convocatorias de carácter colectivo, se constata con importantes eventos en Málaga, Caudry, Solesmes y Eauze (Francia); Cos (Portugal); Barcelona, Marbella, Sevilla, Santander, Madrid, Palma de Mallorca, Nerja, etc., y participó en ferias internacionales de Ibiza, Madrid, Salamanca, Málaga, Marbella, Santander y Sevilla. En 1998, en Barcelona, se le concede diploma a la Modulación Abstracta, su más original creación hasta entonces.


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Hamilton Reed Armstrong, interesado por la carrera diplomática, tras finalizar sus estudios de Bachillerato, ingresó en la Georgetown University (Washington, D. C.), pero abandonó a poco de iniciarlos convencido de su inclinación por las artes. Su formación académica estuvo tutelada fundamentalmente por los prestigiosos Walter Handcock, Harri Rosen y el profesor Wildman, de The Academy of Fines Arts, en Filadelfia, Pennsylvania. Al finalizar su formación académica (1960), y como premio a sus méritos, consiguió la prestigiosa beca Cresson Scholarship para realizar un viaje de estudios por Europa. Este viaje coincidió con su luna de miel, ya que aquel mismo año (1960) contrajo matrimonio con la pintora Roxolana Luczakowsky, después de conocerse en la academia mencionada. Fue en aquel viaje cuando el matrimonio descubrió su fascinación por España. Al retornar a los EE. UU. se establecieron en Princenton, N. Jersey, donde nacieron dos hijos. Seguidamente, perfeccionó su aprendizaje con el escultor Frederick Shrady y comenzó a recibir los primeros encargos: un bronce de Beata Phillipine Duschène con desti-

no al laureado arquitecto francés Jean Labatut, en Princenton, y un Sagrado Corazón para el convento del mimo nombre de Manhattenville College, en Purchase, Nueva York. En 1964 la familia Armstrong-Luczakowsky se trasladó a Málaga donde entró en contacto con los ambientes artísticos de la Costa del Sol. El espíritu religioso del que arrancó la obra escultórica de Reed Armstrong y que posteriormente se prolongaría en docenas de realizaciones diferentes, fue destacado por distintos críticos españoles (A. M. Campoy, Raúl Chávarri, Cecilio Barbarán, etc.) al señalarle como redescubridor, tras Whashington Irving, tanto del alma como del humanismo y la religiosidad mística española. Concretamente, el crítico de arte de Sur, José Mayorga, escribió en 1975 sobre esta peculiaridad en la obra escultórica del artista: La expresión y el sentimiento religioso que Armstrong arranca sabiamente de estas figurillas mínimas, le sitúa por méritos propios en la línea de avanzadilla del género… Mima la materia de la que sabe, incluso, desprenderse cuando crea esos espacios intermedios vacíos, que son como a modo de desgarros pero que nos hablan de una superación del condicionante materia: de cómo la espiritualidad del tema ha ganado por la mano a la materia en la que sólo se apoya leve, esquemáticamente. El propio artista, al hablar de sus esculturas religiosas ha dicho: En todo, intento mantener una visión de la dignidad humana común. Artísticamente, es probable que mi inspiración arranca en los grandes pintores y escultores españoles: El Greco, Zurbarán, Alonso Cano, Pedro de Mena y Martínez Montañés, –místicos todos pero muy


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humanos a la vez– cuyas visiones, igual que las mías, intento realizar en un idioma visual actual. Su primera exposición individual fue en Gallery 100, Princeton, New Jersey, EE. UU. (1962) a la que siguió la celebrada en Circulo 2, Madrid (1965). Tras las citadas, y ya establecido el artista en la Costa del Sol, realizó las siguientes: Marbella Club, Marbella, y Studio Madrid, Madrid (1969); Caja de Ahorros de Antequera, Málaga (1970); Galería de Arte Contemporáneo, Málaga (1975); Galería Malacke, Málaga, y Spanish Institute, New York (1979); Pensacola Art Museum, Florida, EE. UU. (1982); Villanova University Art Gallery (1983); Alla Rogers Gallery, Washington (1984) y Foxhall Gallery, Washington (1996). De sus colectivas, tanto de España como del extranjero, podemos citar: Pennsylvania Academy of Fine Arts (1960 y 1964); Caja de Ahorros de Ronda en Málaga, Siete Artistas y su Obra (con Palmira Abelló, Pepe Bornoy, Díaz-Oliva, Antonio Jiménez, Paco Morenno y Roxolana Luczakowsky, y Salón de Invierno, Málaga (1969); III Bienal Nacional de Málaga (1976); La nueva figuración en el arte contemporáneo, Fenwick Gallery, Washington (1985) y 12 artistas del Arte Contemporáneo, Georgetown University, Washington (1992). Desde 1969 a 2003 la obra de Hamilton Reed Armstrong recibió cinco primeros premios por otros tantos trabajos escultóricos en los siguientes certámenes: Salón de Invierno de Málaga (1969), III Bienal Nacional de Málaga (1979) y Christendom College Sacred Art Exhibit, EE.UU. (2000, 2001 y 2003). De la obra escultórica realizada

por Arsmtrong en España durante los decenios de 1960 a 1980, destacan, entre otros: busto del Rey de España, S.M. Juan Carlos I; Dag Hamarskjold, secretario general de la ONU; S.M. Geraldine Aponyi, Reina Madre de Albania; John Lodge, embajador de EE.UU. en Madrid y Antonio de Vélez, pintor. El resumen de su obra más conocida para Málaga y en ella y la Costa del Sol presente, sería: Retablo con crucifijo para la parroquia de San Antonio Abad, Churriana; balcones del edificio Torre Alameda; fachada de la parroquia de San Miguel, Torremolinos; monumento a Salomón Ben Gabirol, en los jardines de la calle Alcazabilla (sirvió de modelo el pintor Manolo Garvayo); altar y relieve de Evangelistas, en la parroquia de Santa Rosa de Lima; altar y relieve de las Bodas de Caná, en la parroquia del Buen Consejo, Torremolinos; ángel de mármol en el Cementerio Internacional de Benalmádena; monumento a la Cooperación, Ciudad Nueva Málaga; puerta monumental, Credo, en la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario, Fuengirola; busto-monumento a Isabel Manoja, Torremolinos; Cristo de la Luz, Museo Diocesano de Arte Sacro; grupo de Pescadores, Banesto, de calle Larios, etc.


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Esteban Arriaga López de Vergara, pintor marinista que cursó estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de Tenerife y que en Málaga desarrolló la parte más importante de su obra pictórica, a los veinte años ingresó en la Escuela Militar, comenzando a navegar como oficial de la Armada en 1946. Durante dos años (1948-50) estuvo embarcado en el buque-escuela español Juan Sebastián Elcano como profesor de guardiamarinas, durante los cuales dedicó su tiempo libre en las travesías a pintar motivos relacionados con el mar. Posteriormente en Madrid (años 1951-55) estudia la carrera de ingeniero de la Armada, trabajando más tarde en el Astillero de Brooklyn en Nueva York, en tanto su tiempo libre continuó dedicándolo a la pintura marinista. Todas sus obras de 1982, realizadas durante una larga singladura por todos los mares del mundo, las muestra en una exposición que presenta en la Sala Kreisler de Madrid en diciembre de 1983, que por su variedad temática, dominio técnico y formalismo plástico es destacada por la crítica. La obra de este pintor marinista de larga residencia en Torremolinos ha

sido analizada bajo distintos prismas. Dorothy Hall, crítica de la revista Park East de Nueva York, opinó: Tanto las escenas atmosféricas y la luz de sus crepúsculos, reflejados en el agua en calma, así como los cuadros de olas turbulentas rompiendo contra las rocas, demuestran que el artista trata todos los temas con igual seguridad y talento, llevándonos hacia un inmediato encuentro con el siempre cambiante mar. Otra referencia de pareja significación la hallamos en el catálogo de una de sus exposiciones individuales de 1976. Está firmada por Julián Sesmero, y en ella se aseguraba: Pintar el mar, extraer de la mar su belleza sin artificio y su verdad con poesía, es una aliada cuestión de sentimiento y filialidad, de amor y frecuencia. Y esto, que vale para cualquier pintor marinista, es lo más sobresaliente que hay en la obra del capitán Arriaga. En 1983 escribe por encargo de la Editorial Naval su libro Singladuras sobre los acontecimientos de mayor interés a lo largo de su carrera plástica. Otro hito artístico personal lo constituyó en 1992 el seguimiento que realizó de los veleros participantes en la Gran Regata Colón’92, recogiendo en un libro las reproducciones de los seis cuadros más descriptivos de este evento mundial. Durante los años 1995 a 1997 realiza cuadros sobre la derrota de la escuadra inglesa del almirante Nelson en Santa Cruz de Tenerife el día 25 de julio de 1797, que posteriormente dona a los museos Militar y Municipal Regional de Tenerife. Desde su primera exposición individual celebrada en la Galería Vilchez de Madrid (1954) hasta las últimas del


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siglo XX, Arriaga expuso en medio centenar de ocasiones tanto en España como en distintas capitales europeas. Cronológicamente fueron las siguientes en orden a su relevancia: Galería Vilches (calles Serrano y Plaza de España, respectivamente, Madrid, 1954); Sala Macarrón (Madrid, 1956); Museo Naval (Madrid, 1959); Galerie Internationale (Nueva York, 1976); Galería Félix (Caracas, 1977); Casa de España (México, 1979); Hafenklub (Hamburgo, 1980); Miramar Arte (Málaga, 1981); Casino de Tenerife (1984); Simil Gallery (Carmel y Los Ángeles, California, respectivamente, 1989 y 1991); Casino de Tenerife (1995); Mall Galleries R.S.M.A. (Londres, 1995); Galerías Ausaga, León, y Benedito, Málaga,1996); Palacio del Consejo de Europa, organizada por el Gobierno de España como contribución al cincuentenario de su creación (Estrasburgo, 1998) y Galería Benedito (Málaga, 2000). Entre sus numerosos premios y trofeos a la pintura, así como otras distinciones, figuran, entre otros: Primer Premio Nacional Virgen del Carmen, también un Primero de la Comisión Nacional del Día del Mar, Primer Premio Ejército de Pintura, Medalla de Oro de la Exposición Nacional de la Federación de Círculos y Casinos de España, Primer Premio La Pintura del Mar de Ferrol. Arriaga es Hijo Adoptivo de la Ciudad de Málaga y Miembro de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. Su obra pictórica está representada en numerosos museos e instituciones de Madrid, Barcelona, Nueva York, Hamburgo, Méxi-

co, Museo de Málaga, Palacio de la Zarzuela, Palacio de El Pardo, Cuartel General de la Armada en Madrid, Museo de las Fuerzas Armadas de Alemania y Ayuntamientos de Málaga y Torremolinos. De su obra religiosa destaca “La Virgen del Carmen en la mar”, un óleo que centra el retablo por él donado a la parroquia de Benalmádena.

Antonio Hidalgo Ayuso tuvo temprano despertar al mundo de la creación pictórica. Alumno que fue de Luis Ramos Rosa, en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga, donde siguió enseñanzas durante nueve años, se inició en pintura de paisaje con el ya entonces veterano José de la Fuente Grima, posteriormente, al matricularse como alumno libre en la sevillana Escuela Superior de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, obtuvo en el año 1985 la correspondiente licenciatura en dicha especialidad. Su primera exposición individual, a partir de la cual se le consideraría en la ciudad “benjamín de la pintura malagueña”, la celebró en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País en 1962 sin haber


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cumplido todavía los diecisiete años de edad. La citada muestra la integraban 29 obras (dos autorretratos, tres figuras familiares “Mi madre”, “Mi hermanita”, “Mi abuelo”, seis coches de caballos, tres jardines, un patio perchelero, retratos de Andrés Torres “El Monaguillo” y Curro Conde y varios apuntes, entre otros). El lote fue encomiásticamente comentado por el crítico del diario Sur, Leovigildo Caballero, que publicó el día 13 de junio: Hidalgo Ayuso entra por la puerta grande del arte y va a seguir el mejor camino si no ceja en lo que ha emprendido, continuando perfeccionando la forma y el color y sigue en esa misma emoción y pasión que le enciende, refrescándola con la serenidad y la seria interpretación de la vida, que no es nunca atolondrado quehacer. A esta exposición siguieron otras, también de carácter individual, que se celebraron, sucesivamente, en Galería M. Louis Bacou, en Moissac, Francia (1963); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga, y Casino de Marbella (1965) y Museo Provincial de Bellas Artes, Málaga (1967). En el catálogo de dicha exposición escribió, entre otras cosas, el poeta y académico de San Telmo Alfonso Canales: Prescindamos de cuanto no dio Ayuso en otras ocasiones. Aquí están sus dibujos, sus aguatintas, sus retratos, el folclore de su feria y de sus toros, y también esos coches anclados a la vuelta de un tiempo que en Ayuso apenas se insinúa, donde el misterio de su arte se revela como algo más que una tarea: como algo en lo que vale la pena intentar un nuevo viaje. La valoración temática de sus coches de caballos, se hacía, otra vez, desde una distinta voz crítica. En 1973

será el Salón de los Espejos del Palacio Municipal malagueño el ámbito de su nueva individual, que inaugurada en la tarde del 26 de febrero permaneció abierta hasta el 10 de marzo siguiente. Ayuso participó en una treintena de exposiciones colectivas en Cazorla, Lyon, París, Madrid y Barcelona; asimismo, en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla y Galerías Malacke, Díaz Larios, Ateneo, Sala Alameda y del Colegio Oficial de Médicos, todas ellas de Málaga. Distinguido con innumerables segundos y terceros premios antes de su primera exposición individual al participar en distintos certámenes juveniles convocados por el Frente de Juventudes y la obra sindical Educación y Descanso, Ayuso consiguió en 1962 el Premio al mejor paisaje en la exposición anual de dicha institución sindical, y en 1964, en el certamen convocado por la misma entidad, los Primeros Premios en Pintura y Dibujo. El Premio Álvarez Dumont del II Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, le fue otorgado en 1966 y dos años más tarde, en la IV edición, consiguió el Premio de la Excma. Diputación Provincial. Precedentemente al último de los premios citados, el artista fue distinguido con el Premio Extraordinario de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría. Su larga dedicación a la docencia, fue profesor interino de Formación Profesional desde 1986 a 1993 y de Instituto de Enseñanza Media de 1993 a 2004, le alejó de la actividad galerística. Este autor tiene obras en las siguientes instituciones malagueñas: Museo Provincial de Bellas Artes,


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Excmo. Ayuntamiento, Diputación, Escuela de Artes y Oficios Artísticos, Fundación Unicaja y Museo Diocesano de Arte. Su obra también es abundante en colecciones privadas de Málaga, Madrid, Barcelona, Bilbao y en otras ciudades europeas.

José Azaustre Muro, alumno de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga durante ocho cursos lectivos (1943-1951), en cada uno de ellos recibió la calificación de sobresaliente. Sus primeras obras las dio a conocer en los certámenes de 1947 y 1948 convocados por el Frente de Juventudes con motivo de la festividad de San Fernando, patrón de la juventud. Perteneció al grupo de pintores malagueños que se integraron en la Peña Montmartre en 1954 y que juntos participarían en distintas colectivas de El Pimpi, sede de la citada asociación. Vivió en Madrid de 1956 a 1963 estudiando y copiando en el Museo Nacional del Prado cuadros de Velázquez, Goya y Sorolla. En 1963 marchó a San Juan de Puerto Rico donde realizó numerosísimos retratos de personalidades

de la isla. Allí formó familia, desarrolló una ingente actividad docente (universidad, televisión y academias propias) y celebró la mayoría de sus exposiciones individuales hasta 1989 en que retorna a Málaga. De su obra puertorriqueña, desarrollada fundamentalmente en la capital, San Juan, así como en la ciudad de Ponce, opinó el catedrático de la Universidad Católica de Puerto Rico, Dr. Francisco Lluch Mora: En José Azaustre se logra plenamente una difícil adecuación entre la técnica y el contenido. Nuestro pintor es un virtuoso de las formas, capta a cabalidad el mundo de las superficies; pero esta captación lleva en sí la expresión del mundo interno de los objetos, que nuestro artista tiene ante sus ojos. En cuanto a su pintura, analizada desde España, José Luis Navas, crítico de arte de Diario 16, escribió: Azaustre es un pintor encaprichado con la poesía de las formas. De ahí que la extraordinaria seducción de su mundo de colores está hecha a base de intuiciones, de una especial sensibilidad para transformar en belleza las realidades que elige. Marinas, paisajes, bodegones, retratos, flores, temas de género o religiosos y escenas de temática costumbristas, realizados bajo la influencia de un personal y exultante impresionismo, jalonan una carrera pictórica de medio siglo de dedicación. Sus primeras exposiciones colectivas fueron en Málaga y Tetuán, respectivamente, según la siguiente cronología: Sociedad Económica de Amigos del País (1945), Educación y Descanso (1946), Frente de Juventudes (1947-48), Torremolinos (1949), Tetuán 1950) y Peña Montmarte, locales de El Pimpi (1954).


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Sus exposiciones individuales en España siguieron el siguiente calendario: Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1960); Torremolinos (1961); Casa de Málaga, Madrid (1962); Galería Infantas, Madrid (1963); Club Internacional de Prensa, Madrid (1971); Galería Pórticus, Málaga (1990); Galería de El Corte Inglés, Málaga, y Casa de Cultura, Nerja (1991); Galería Porticus, Málaga (1992); Hilda Galería de Arte, Málaga (1995), y Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria, Málaga (1999). Su obra puertorriqueña, abundantísima en retratos, constata hasta 33 exposiciones individuales durante los 24 años de estancia en el país (1964 a 1987) en los salones, galerías, hoteles, universidades y museos oficiales más importantes de la capital de la isla antillana y de las ciudades de Ponce, Arecibo, Aguadilla y Caguas Federal.

José Azaustre Muro dejó en Puerto Rico muy apreciables obras murales en la iglesia de La Piedad (Isla Verde, 1981), para la que ejecutó, además, un vía crucis en alto relieve (1982), y murales y esculturas para el Templo AMORC (Antigua y Mística Orden de los Rosa Cruces), (1983 y 1988), y otros murales en la iglesia de San Jorge, en la capital de la isla (1989). Entre sus galardones y títulos conseguidos figuran los que le otorgaron los Canales 6 y 3 de TV. de San Juan de Puerto Rico por las clases de divulgación pictórica y docencia artística (Dibujo y Pintura) que impartió en ambos durante varias temporadas. Pertenece a la Academia Tiberina de Roma (Sección de Puerto Rico) y a la Academia de Arte, Ciencia y Arqueología puertorriqueña. En el año 1973 fue nombrado Caballero de la Orden de San Jorge (Carinthia, Italia).


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Con tres años de edad, Juan Bandera Pérez llega a Málaga y a los once entra en su Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. Inicia su formación al cumplir los doce, luego de tres cursos de aprendizaje, el director del centro, el pintor César Álvarez Dumont, ordena su pase a las clases de mayores para que pueda iniciar la pintura del natural. No contento con su aprovechamiento en las aulas superiores, pide a su padre seguir estudios particulares con Enrique López, profesor del Instituto de Gaona y con el pintor Antonio

de Burgos Oms, profesor de Historia del Arte. En 1944 se traslada a Madrid con el fin de trabajar y costearse los estudios en la Escuela de San Fernando, y tras unos años, viaja a París, donde tiene oportunidad de contactar con el propietario de la Galería Montanar, un avispado catalán que le exige contratarle en exclusiva impidiéndole vender o regalar a nadie ninguna obra suya durante los próximos dos años. Juan Bandera rompe el contrato antes de firmarlo y regresa a Madrid. La fortuna le sonríe y tiene la posibilidad de hacer un retrato al general Andrés Saliquet, por el que le remuneran con 17 500 pesetas; otro retrato a militar distinto, realizado casi de inmediato a Francisco de Borbón y Borbón, duque de Sevilla, le permite regresar a los interrumpidos estudios en la Escuela de San Fernando. En una de sus estancias en Málaga conoce a Luis de Ibarra, que fue la lla-


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ve del dinero vasco para Bandera, pues hechos algunos retratos en Bilbao, ha de permanecer tres años seguidos entre dicha capital, San Sebastián, Vitoria y Santander para poder cumplir los numerosos compromisos de retratos de señores y damas de la burguesía industrial, bodeguera y bancaria que se los encargan. Madrid, París y Málaga finalmente, desde donde prepara su salto a Estados Unidos en viaje eminentemente promocional para presentar su obra en diversos estados. Fue en Florida (1965) donde la llave del porvenir le abrió de par en par las puertas de México. A través del actor cinematográfico Mario Moreno “Cantinflas”, es presentado el artista malagueño a distintas personalidades aztecas a las que realiza retratos muy estimables. Como ya le ocurrió en el país vasco, se ve obligado a residir un tiempo en la capital para poder atender los trabajos que se le solicitan. Fue durante dicha estancia cuando Bandera realiza uno de sus más conocidos trabajos: el “Retablo de la Revolución Mexicana”, incontables secuencias de distinto formato que retrataban el dramático episodio de la historia de México. La obra fue expuesta en la capital de España con ocasión de la visita oficial que el presidente De la Madrid realizó a ella, y que en 1985 fue presentada en la Sociedad Económica de Amigos del País por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. Sobre esta obra comentó Mario Antolín: Bandera es un artista sobrado de facultades, que recrea con sabiduría un momento histórico irrepetible.

Manuel Sánchez Camargo resumió así su opinión sobre la obra de Bandera: En Juan encontramos un pintor fuerte, temperamental y de gran habilidad. Si, en realidad, el pintor obedece a su alma y estructura física, las obras de Juan Bandera son el reflejo fiel de lo alegre, espontáneo, intenso y grave. Bandera pinta como siente: él interpreta su trabajo según su estado psíquico, algo como lo hacía Goya. Retratos, –llegó a realizar la galería completa de los presidentes norteamericanos–, evocaciones históricas, el mundo del flamenco o de la tauromaquia, además de paisajes o temas religiosos y de personajes populares, jalonaron su carrera artística. Celebró exposiciones individuales en Málaga, Bilbao, París, Londres, México, Miami, Nueva York y Los Ángeles. Fue premiado varias veces en Málaga, Madrid, Bilbao, Sevilla, Londres y París, según consignó en el catálogo de su exposición en Porto Bello, y su obra está representada en numerosas colecciones, museos, instituciones, entidades y corporaciones privadas y públicas de Europa, EE.UU. e Hispanoamérica.


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Hijo del anterior, Antonio Bandera Vera, popularizó la firma de Nono Bandera, es doctor en Bellas Artes por la Universidad de Vigo y profesor titular de Universidad del área de conocimiento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra. Su actividad creativa pública aparece al asomar el penúltimo decenio del siglo XX, cumplidos sus veinticinco años de edad que, junto con su actividad docente, continuaba al finalizar la centuria. Esther Regueira, en el catálogo de la primera exposición de Nono en Málaga, escribió, entre otras cosas: Nono Bandera plantea un uso de la iconografía popular y del objet trouvé como espacio de experiencia cultural, donde la deliberada elección del artista modifica el primer destino del objeto y le asigna una vocación expresiva totalmente imprevista. Las imágenes se transforman en zonas de placer, de cruces, donde el juego se contempla como una experiencia no sólo posible, sino deseable –pongo o quito, pinto y sigo–, en una cadena que reinventa la historia, la del arte y la de la vida, y relee la tradición. Las exposiciones individuales de Nono sobrepasaron la docena antes de finalizar el siglo. Su orden fue el siguiente: Diez siluetas y doce grabados en la

Caja de Ahorros (Madrid, 1983); Galería Piedra Angular de Zacatecas (México, 1984); Escuela Nacional de Artes Aplicadas de San Carlos, Hecho en México (México D.F., 1985); Galería Popular, Los Orantes y Galería Villalar (Madrid, 1986); Galería Noes Dicigóticos (Madrid, 1989); Galería Lapizlázuli (Puerto del Carmen, Lanzarote, 1990); Galería Magda Belloti El desorden de los sentidos (Algeciras, 1992); Galería Ad Hoc Un Rembrandt como tabla de planchar (Vigo, 1995); Galería Utopía Parkway Cronos y cromos (Madrid, 1996); Galería Espacio Mínimo The paradise of flesh (Murcia, 1977); Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1999), y Galería Ferrán Cano Patio andaluz (Barcelona, 2000).

Su participación en acontecimientos colectivos fue abundante, de las que se puede destacar: Encuentro de Arte Joven (Aguascalientes, México, 1984); Museo del Grabado Español Contemporáneo (Marbella, Málaga, 1994); The 18th International Independent Exhibition of Prints in Kana-gwa (Yokohama, Japón, 1995); Galería Wégimont Soumagne (Lieja, Bélgica, 1996); Galería Espacio Mínimo en Arco’98 (Madrid, 1998), etc. La obra de este autor se halla representada en la colección de la Excma. Diputación Provincial de Málaga, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y en la Colección Unicaja de Málaga.


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En 1940, recién cumplidos los 11 años de edad, Manuel Barbadillo Nocea, movido por su gran afición al dibujo, entró de aprendiz en el taller del pintor sevillano José Arpa. Compatibilizó pintura con estudios y una vez obtenida la licenciatura en Derecho, decidió en 1953 dedicarse por entero a la creación artística. Viajó durante seis años por Europa y el Norte de África, vive una larga temporada en Torremolinos y expone su obra por vez primera en Málaga (1959). Ese mismo año se traslada a los Estados Unidos y reside en Nueva York. Trabaja, viaja por el país, expone su obra en diferentes ciudades y regresa a España en 1964. Fija su residencia definitiva en Torremolinos y celebra su segunda exposición malagueña en el mes de diciembre del citado año en el Museo Provincial de Bellas Artes, que lleva a Madrid en el mes de febrero siguiente. Su pintura hasta entonces había ido evolucionando, desde la figuración inicial, hacia el impresionismo, el abstracto, el abstracto-geométrico, el expresionismo figurativo y la representación constructivista, en ocasiones animadas de un colorido discreto, y en otras, concluyentemente

monocromas. Juan A. Aguirre, en el catálogo de la exposición que el pintor celebró en la Sala de la Excma. Diputación Provincial de Málaga del 2 al 19 de junio de 1973, dejó testificado: En 1968, Barbadillo, que considera a la pintura como una investigación de la realidad paralela a la científica, pero con métodos y lenguaje propios, propone al Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid una investigación sobre el lenguaje artístico. A través de Mario Barberá, uno de los directivos del centro, se le concede una beca y realiza un curso sobre el ordenador electrónico; a finales del indicado año, se crea en el mencionado centro el Seminario de Forma Plástica, el primero entonces en España. En el verano de 1973, por invitación especial de sus organizadores, explicó Lo racional y lo irracional en la investigación visual contemporánea, síntesis de sus experiencias hasta entonces, en la XXV Asamblea Anual de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, celebrada en la ciudad de Zagreb (Yugoslavia). Miembro que fue de la Computer Arts Society de Londres y cofundador del Seminario de Forma Plástica del Centro de Cálculo de la Universidad Autónoma de Madrid, explica el interés que sus investigaciones y experiencias sobre el ordenador electrónico suscitaron poco a poco, desde las estructuras modulares básicas como las progresivamente más complejas. Él fue, en efecto, el primer pintor español que usó la computadora para la investigación artística creando unas enormes expectativas hacia el futuro y levantando, al mismo tiempo, larga polémica entre los de su oficio.


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La primitiva obra de Barbadillo se exhibe entre 1955 a 1959 en Sevilla, Málaga, Tánger, Tetuán y Melilla; a continuación, se muestra en numerosas exposiciones, la mayoría de ellas colectivas, en Caracas (Venezuela), Bogotá (Colombia), Wallingford (Pensilvania), Nueva York (en cuatro ocasiones), Mayagüez (Puerto Rico), Montreal (Canadá), Sao Paulo (Brasil), Buenos Aires (Argentina), y en distintas capitales y ciudades europeas: París, Toulouse y Vallauris (Francia), así como Roma (Italia), Zagreb (Yugoslavia), Ámsterdam (Holanda), Brunel University (Inglaterra), Lisboa (Portugal), etc., amén de otras muchas en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla, Málaga, Gran Canaria, etc. Salvo las exposiciones individuales que Manolo Barbadillo celebró en las salas Neblí y Aele de Madrid en 1963 y 1990, respectivamente, las restantes individuales tuvieron lugar en Málaga: Museo Provincial de Bellas Artes (1962); Tartesso, Torremolinos (1963); Malacke (1975); Lacayí (1976); Excma. Diputación Provincial (1992) y Fundación Picasso, Ayuntamiento de Málaga, Manuel Barbadillo. Obra Modular 1964-94 (1995). Gran parte de la obra de este autor se exhibió en Málaga en las siguientes muestras de carácter colectivo: Cinco Pintores, Casa de Cultura (1965); con el mismo título, en Información y Turismo (1967); Málaga 70, Diputación Provincial (1970); VII Salón de Invierno, Museo Provincial de Bellas Artes (1971); Pintores de Málaga, Colegio Universitario (1972); Muestra de Pintura Contemporánea Malagueña, Ayuntamiento (1973); Arte Actual, Museo Provincial

de Bellas Artes (1974); Pintura Andaluza desde 1900, Museo Provincial de Bellas Artes (1977); Conceptos de Aquí y Ahora, Galería Llona, Marbella, y Arte Contemporáneo en Málaga, finca la Cónsula, Churriana (1980); Pintura Contemporánea, Galería Manuela Vilchez (1981); Arte Contemporáneo, Museo Provincial de Bellas Artes (1991); El arte de construir el Arte, Colegio de Arquitectos (1992), y Homenaje al Grupo Palmo, Colegio de Arquitectos (1994). Los conocimientos de Barbadillo sobre arte y computadoras alcanzados durante años, los dejó explicados en los siguientes libros y revistas especializadas: El ordenador, experiencias de un pintor con una herramienta nueva (Ordenadores en el arte). Publicación del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid, junio de 1969. También en francés, bajo el título L’ordinateur et la créativité, edición de 1970 del mismo departamento. Le sigue Materia y vida, en español y francés, ediciones del ya citado Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid, y Modules-Estructures-Relationships; Ideograms of Universal Rapport. Boletín de la Computer Art Society. Londres, 1970. Dos trabajos quedaron pendientes de publicación. Fueron Modules and the Problem of Space, basados en una conferencia en el Instituto de Investigación de Informática y de Automática (IRIA) de Francia, y Tetragrammaton, que quedó “en preparación” por parte de la Delegación en Málaga del Colegio de Arquitectos. Barbadillo, luego de sus experiencias, escribió a modo de personal legado que el ordenador puede ser un ins-


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trumento de creación eficaz si intelecto y sentimiento permanecen unidos durante los procesos de creación. Y aclaraba que: ...hubo un tiempo en el que traté de hacer justamente eso. Pensaba entonces que quizás podría alimentar un ordenador con suficientes datos para que pudiera continuar la evolución de mi trabajo más eficientemente que yo. Ahora, sé que nunca podrán hacerlo. Les falta experiencia. No aman. No odian. No se conmueven por un poema. No han derramado sangre, sangre para llenar océanos como nosotros. Hagamos, pues, un arte de humanos, no un arte de computadoras. Tenemos ahora un sirviente absolutamente fiel al que podemos tomar cuando lo necesitemos o dejar cuando añoremos el olor de la hierba. Porque somos nosotros los señores. BARBADO, Marina (Ver MARINA)

José Antonio Díaz Barberán se ha definido en varias ocasiones como pintor autodidacto, si bien, de pequeño, recibió clases de Alfonso de la Torre, en el Aula de Pintura de la Obra Sindical Educación y Descanso. Junto a los pintores Molero, y Blanca, formó parte, al iniciarse el decenio de 1980, del trío precursor del nuevo realismo de la Málaga de aquellos años, dando comienzo un ciclo de distinta tendencia dentro de la figuración dominante en la ciudad de entonces, y al que se adhirieron otros muchos artistas. Con sus compañeros Molero y Blanca celebraría numerosas exposiciones como embajadores de ese nuevo realismo malagueño: Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1985); Sala de arte del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, Marbella (1986); Galería Benedito, Málaga (1986); Sala Velázquez, Valladolid (1987) y Galería Caplain-Matignon, París (1993). La presentación en París de Barberán y sus compañeros bajo el título Réalisme Espagnol à Paris, fue, en efecto, un acto de afirmación de los principios estéticos que propugnaba el grupo,


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realizado en el corazón de la capital de Francia. La obra de este artista evolucionó, desde un lenguaje hiperrealista frío y estático más cercano al campo fotográfico que al pictórico, hacia unas formas expresivas más cálidas, en las que los asuntos generaban la necesaria atmósfera que los hiciera obras de observación más profunda, de búsqueda instintiva del aliento de los objetos, que, aun dentro del minucioso tratamiento realista en el que los temas eran explicados, pictóricamente ganaban en credibilidad por sus matices y, a causa de ello, los iconos se transformaban en elementos líricos, inductores a la poesía, por el tratamiento de fondos y planos. A. M. Campoy, desde ABC de Madrid proclamó en 1991: Barberán trasciende los meros ejercicios de paciencia del hiperrealismo y se adentra en un mundo que, si literal, no renuncia a su clima poético, aunque sea de una poesía de desolación doméstica, testimonio de un entorno que a pesar de su orden y pulcritud está en trance de fantasmagorizarse. Cinco años más tarde, con motivo de la presentación de la última obra de Barberán en Bruselas, Luis Hernández del Pozo, crítico de Correo del Arte, escribió para el catálogo: En las pinturas de Barberán late una tensión especial, existe un soplo de inspiración que envuelve lo conocido, de modo que la recreación nos aparece como cosa nueva que habíamos ya visto en alguna parte pero que no conseguíamos localizar. Y esto sucede admirando la perfecta representación de los solados en relieve de la escuela arábigo-andalusí, de barro cocido llamado “de cuerda”, desconchados, agrietados más por el paso de los años que por

inadecuado tratamiento humano, pero que poseen un “algo” misterioso y evanescente que nos es difícil imaginar. Desde 1982 en que se inicia su actividad galerística hasta 2003 celebró exposiciones individuales en Málaga (9), Madrid (3), Bruselas (2), Salamanca (2), Córdoba, Valladolid, Zaragoza, Alcoy, Bilbao, La Línea de la Concepción, Murcia, Valencia y Lisboa. También participó en la Feria Internacional de Arte (Basilea), Artexpo (Barcelona), Interart (Valencia), Artesevilla (Sevilla), y De Arte (Madrid), así como en otras distintas tanto de España como del extranjero. De sus premios y distinciones al mérito artístico caben destacar, entre otros, los siguientes: LII Premio Nacional Jiménez Cacho, de Valdepeñas; Primer Premio de la exposición Realistas del Sur; Segundo del Certamen Arte Joven Malagueño; Primera Medalla de Pintura al Aire Libre, de Educación y Descanso; Primer Premio del Concurso Real Club Náutico Mediterráneo, y Primero del Concurso Figuración Joven. Sus obras en permanencia se encuentran en Galería Heller (Madrid); Sammer Gallery, (Madrid, Londres, Nueva York); Lilian François (París); Galería Benedito (Málaga); Caplain (París); Castelló 120 (Madrid); Torres (Bilbao), y Gaudí (Barcelona). Su labor en obras de cartelería quedó suficientemente reflejada en los carteles anunciadores de la Semana Santa de Málaga (1997); de la Cofradía de la Sentencia, Málaga (1999); cartel oficial de la Feria de Málaga de 2001; cartel oficial de Semana Santa, Vélez-Málaga (2003); cartel anunciador de la salida


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procesional del Prendimiento, Málaga (2003), así como numerosas pinturas para estandartes cofradieros (Virgen de los Dolores, Pollinica, Cautivo, etc.).

María de los Ángeles Barceló Ortega, pertenece a la última generación de pintores malagueños emergentes en el último decenio del siglo XX. De formación autodidacta, fue descubierta y animada para el ejercicio de la pintura por la veterana pintora Maria Pepa Estrada Segalerva, que avaló con su firma, desde el catálogo de la primera exposición de la artista, sus buenas maneras plásticas. En la sección de arte de Sur (7.V.93), el comentarista saludó la llegada de la nueva pintora malagueña, entre otras, con estas palabras: La artista podría haber partido de un supuesto distinto para encontrarse con la afición; sin embargo, ha querido hacer un ejercicio de solidez y le salió; de eficacia, y o ha encontrado; de programa estético, y acertó. Hay fuerza, color, entrega y emoción neo impresionista en su obra. Y una lección de humildad: los precios. Algo que muchos se olvidan y que, en su caso, ha tenido su compensación al vender absolutamente todo lo que ha expuesto.

Desde sus esquemáticos paisajes otoñales de 1993 hasta los últimos presentados en el nuevo siglo, la autora no sólo ganó en destreza y riqueza colorista sino en eficacia expresiva. Dos exposiciones individuales en Unicaja (1993 y 1998) y cinco en Galería Benedito en temporadas posteriores.

De antigua vocación pictórica nunca ejercida hasta entonces, Concha Barreto fue artista que militó en el movimiento de la pintura ingenuista malagueña de los años 60 del siglo XX, pues fue en Málaga (1963), al trasladarse con su marido el pintor Felipe Orlando, cuando se dedicó al ejercicio práctico y continuado de la plástica, iniciando entonces de manera oficial su carrera artística. No realizó muchas exposiciones individuales, pero en las pocas ocasiones que mostró su obra al público, dejó bien explicitadas sus cualidades de inspirada naíf. A través de sus trabajos mostraba un profundo amor hacia el mundo de la naturaleza, siendo así que su temas más entrañables eran los que protagonizaban animales selváticos, felinos especialmente, entre boscajes exultivos; por extensión, y siempre


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teniendo como fondo tiernos e inocentes paisajes, también observó a la criatura humana en sus fiestas típicas o en sus convencionales usos y costumbres sociales. Margarita Nelken (política española exiliada en México además de pintora y crítica de arte), publicó en el diario Excelsior unas impresiones de la colectiva en la que C. B. participaba en la Galería Diana (1963). Deteniéndose en la obra de la artista cubana observó que …dentro de esa tendencia en que se impone la convincente ingenuidad, quizá ya algo intencionada, de unas escenas que, en su aparente infantilismo, tienen verdaderos aciertos en el movimiento de sus figuras, y en la atmósfera que las envuelve en paisajes de una jugosidad de veras simpática. En opinión de Nelken se trataba de un neoprimitivismo, casi siempre de gracia fina y brillante colorido. Cinco años más tarde, con ocasión de su quinta exposición individual en la también mexicana Galería Pecanins, otro crítico, Enrique F. Gual, declaró que se trataba de una Pintura bella, capaz, contrastada con toda la contingencia intelectualista, en la que ocurre cuanto quiere que ocurra el pintor, no su subconciencia. Y de ahí que sea obra los visto a través de un cristal invariablemente limpio. Sus exposiciones individuales, tanto en Málaga como en diferentes capitales de ambos hemisferios americanos y Europa, se suceden desde 1965 a 1973, y fueron: Galería Pecanins, México (1965); Galería El Muro, Caracas (1966); Galería Pecanins, México (1967); XIX Olimpi SA DE Arte de México, en la misma galería (1968); idem. Pecanins (1969); Galerías S. Stein, Los Ángeles,

USA (1970); Pecanins, México, y Galería Wenger, San Francisco, USA (1971); Galería Valentín, Zúrich, Suiza (1972),

y Sala de Exposiciones de la Excma. Diputación Provincial de Málaga (1973). En cuanto a su participación en muestras colectivas fueron, entre 1963 y 1968, las siguientes: Galería Diana, México (1963); Pan American Union, Washintong (1964) Galería Pecanins, México (1966; con Marina Barbado en el Museo Provincial de Bellas Artes, Málaga (1967 y IV Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga (1968).

Juan Fernández Béjar, autor de muy compleja raíz, posee un lenguaje pictórico que parece germinar en los inextricables territorios del sueño y los laberintos del subconsciente. Entre una voluptuosa irrealidad barroca y el transformismo surrealista, sabe oficiar personalísima paleta generadora de delicados cromatismos. Son singulares las atmósferas creadas en torno a los insólitos ámbitos que hace poblar a su extraña y poco común tipología humana –bestiario imaginado desde los más


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brillantes y espléndidos fondos–, de niños infanzones, meninas gordezuelas, principitos glotones, infantitas para tempranas muertes, damas rubicundas que ensayan ser mujer en imposibles ámbitos barrocos y engolillados niños de azul, rojo, negro y franelas carmesíes, que miran ausentes desde su propia realidad onírico-neurótica. ...Su pincelada es impecable y, a la vez, implacable, en el seguimiento de todos los poros de la realidad, escribió en 1974 sobre Béjar, Guillermo Díaz-Plaja, que añadió: Esta realidad, en sus modelos humanos, se disfraza con vestimentas antiguas, como para señalar la tradicionalidad española, por supuesto, de sus modelos. Pero sutilmente estos “personajes antiguos” se presentan con esguince irónico. Se desdoblan arbitrariamente, como en un sueño; se ofrecen en una pose de solemnidad ficticia, “como si” fuesen de verdad, los personajes que inventan... Pero, al mismo tiempo, descubren su “otra realidad”, la verdad de ser muñecas de ojos de cristal, accionados por muelles, expresando su melancólica condición de entes fantásticos, moradores de cámaras irreales, que decoran unas pajaritas de papel, pinzas para secar la ropa o infantiles chupetes. Todo ello, claro está, descrito con la minuciosidad pictórica de un miniaturista medieval. De tal obra y autor, con motivo de la exposición celebrada en las Casas del Águila y la Parra (Santillana del Mar, 10 de septiembre al 8 de octubre de 1999) el crítico de arte Gabriel Rodríguez ofreció en el libro-catálogo de la misma unas pistas para entender y aun profundizar en el mundo plástico bejariano: ... me llegan resonancias, presencias insoslayables de otros creadores: del hieratis-

mo de Rogier van der Weyden, la finura de Pietro della Francesca o Antonio de Messina, los tormentos de El Bosco, las apariciones de los surrealistas, la inocencia deslumbrante de Henri Rousseau, la magia mística y solitaria de Balthus, la obsesión neurótica de Richard Lindner, las sombras delicuescentes de José Hernández, o los retratos frontales, el bestiario de Isabel Villar... Autor de incesante actividad desde que en 1962 presentó su primera obra, realizó hasta el año 2003 las siguientes exposiciones colectivas: VI Certamen Regional de Arte de Málaga (1963); Exposición Provincial de Educación y Descanso, Málaga (1964); en Düssseldorf, Múnich y Nuremberg (1964); I Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Málaga (1965); Hannover, Alemania (1968); I Bienal del Vino en la Pintura, Málaga (1973); Primeras Medallas de Educación y Descanso y en Galería Lacayí, Málaga (1975); seleccionado para la Exposición de Pintura Española, Moscú (1976); Contradicciones del realismo, en la Galería Parke 15, Pamplona (1977); Sala de la Caja de Ahorros de Antequera, Málaga (1977); Galería Talía, Estepona (1977); I Muestra del Colectivo Palmo, Málaga (1979); II Exposición de Pintores Andaluces, Universidad de Sevilla (1979); Galerías Manuela y Yunque, Málaga (1981); Grupo 9 Pintores, Castillo del Bil-Bil, Benalmádena (1982); Colectivo Palmo, Marbella (1983); Colectivo Palmo, Arco’85; Galería Durero, Gijón (1987); Ateneo de Málaga (1990); 20 Pintores de Málaga, Palacio de la Aduana, Málaga, y Galería Durero, Gijón (1991); Europ’Art, Ginebra, con la


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Galería Afinsa (1992); Exposición Conmemorativa 25 años, Sala de la Diputación Provincial, Málaga (1996); Pintores Malagueños Contemporáneos, Coín (1996); Pintores Malagueños de Hoy, Museo Provincial de Bellas Artes, Málaga (1997); Pintura Malagueña en Dresde, Alemania, (1998); Galería Alfama, Madrid( (1998); Pequeño Formato, Galería Fermín Echauri, Pamplona (1998); La Otra Realidad, Orense (1998); XI Muestra de Pintura y Escultura Latinoamericana, Galería Espacio, San Salvador, República de El Salvador (2000); id., con la misma galería, Miami (2001); Feria de Arte de Madrid, con la Galería Alfama (2001); íd. Galería, Feria de Arte, Sevilla (2003). Las exposiciones individuales celebradas por Béjar hasta el año 2003 fueron las siguientes: Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1966); íd. (1972); Galería de Arte Contemporáneo, Málaga (1973); Galería Majestic, Barcelona (1974); Galería Heller, Madrid (1976); Galería Parke 15, Pamplona (1979); Galería Malacke, Málaga (1984); Galería Fermín Echauri, Pamplona (1986 y 1989); Galería Afinsa-Lagasca, Madrid (1992); Galería Fermín Echauri, Pamplona (1993 y 1998); Galería Alfama, Madrid (1999); retrospectiva en las Casas del Aguila y la Parra, Santillana del Mar (1999); Galería Fermín Echauri, Pamplona, (2000), y Galería Espacio, de San Salvador, República de El Salvador (2003). Juan Béjar recibió en 1962 el Segundo Premio del V Certamen Provincial de Arte, Málaga; Primero de Dibujo y también Primero de Pintura del VI Certamen Regional de Arte, Málaga

(1963); Primera Medalla de Educación y Descanso, Málaga (1964); Premio Nogales del I Salón de Invierno de la Real

Academia de Bellas Artes de San Telmo, Málaga (1965) y Segundo Premio y Leones de Plata de la I Bienal Nacional del Vino en la Pintura, Málaga (1973). Juan Béjar, que fue elegido miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Málaga, 1978, dimitió un año después.

Rafael Bejarano Pérez, archivero, investigador, pintor e ilustrador. De carrera pictórica autodidacta, hay que consignar no obstante que siguió cursos de dibujo en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga desde los 8 a los 14 años de edad (1941/47). Sus primeros trabajos conocidos datan de 1963, año en que celebra su primera exposición individual en la Casa de América (Granada). Desde dicho año hasta la finalización del siglo XX, Bejarano celebra una docena de exposiciones individuales en Madrid (2), Granada (2), Málaga (8) y Marbella, y participa en 10 colectivas en Málaga y otra en la capital granadina. Los


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dibujos de Bejarano causaron interés desde su primera exposición. En Patria, diario granadino, y bajo la firma de Lorenzo Ruiz de Peralta, el citado cronista escribió sobre la primera muestra pública del artista: Con esa gran serenidad que acompaña a toda obra de auténtico valer y de indiscutible contenido positivo, este dibujante se presenta sin ruidos, sin estridencias propagandísticas, sin reclamos preparados. Pero allí están sus magníficos dibujos para decir, con fuerte y segura expresión, que su autor posee un talento de ilimitadas dimensiones. Domingo Sánchez-Mesa, catedrático, opinó: Posee este artista el secreto de la proporción. Surgen las formas con esencia casi escultóricas rimando en equilibrio libre, pero consonante, con los espacios blancos e infinitos del papel en profundidad, pero enfocados desde la limitación del enmarque. […] Modela el espacio entre lo suave y poético de una media tinta y lo monumental, valiente y definitivo del volumen exento. Sus exposiciones individuales se celebraron según la siguiente cronología: Casa de América, Granada, y Museo Provincial de Bellas Artes, Málaga (1963); Sala Amadís, Madrid (1964); Casa de América, Granada (1965); Museo Provincial de Bellas Artes y Hotel Málaga Palacio, Málaga (1967); Casa de Málaga, Madrid y Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga (1969); Casa de Cultura, Málaga (1981); Sala Municipal de Exposiciones, Marbella (1982); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1989); Ateneo, Málaga (1995).

Charo Berdugo Durá se inicia en la pintura de forma autodidacta y continúa más tarde bajo la tutela docente del pintor José Díaz-Oliva, una vez establecida en Málaga con su familia en 1980. Autora plástica emergente en la Málaga creativa del penúltimo decenio del siglo XX, su fuerte personalidad quedó ya patente en sus iniciales exposiciones individuales. Con ocasión de una de ellas (Sala Pórticus, 1992) la sección de arte del diario Sur recogía el acontecimiento expresando su opinión a los lectores: Si en cualquier terreno buscar es la manera de hallar, en pintura no podía ser menos. Charo busca, pesquisa e inquiere en la materia, que con habilidad toca y manipula hasta transformarla y dar un vuelco a lo que ve, luego de haber experimentado, y se solaza en el color sabiendo que en el brote mágico está la emoción. Pepe Bornoy que analizó en profundidad la obra de la artista en sus comienzos malagueños, escribió en el catálogo de su exposición, también en Pórticus (febrero de 1994), entre otras cosas: Las figuras y los colores de Charo se ordenan por sus valores estrictamente plásticos, libres del encadenamiento de las formas acartonadas, rostros anhelantes de tensiones vertiginosas,


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sinuosas curvas que enturbian los fluidos empastes de los fondos con logros depurados y refinamiento grácil. Sus personajes tienen fantasía y adherencia del antiguo arte babilónico, manierismo mágico, coexistiendo con el tenebrismo de algunas de sus mujeres de desengaño, espasmo, desgarradura… Salvo error o involuntaria omisión, sus principales exposiciones individuales fueron, en el corto espacio de su creatividad plástica, las siguientes: Sala Pórticus (Málaga, 1992, 1994 y 1997), y Paisajes y figuras (Torreón Fortea, Zaragoza, 1995).

Federico Bermúdez Gil discípulo directo de Bernardo Ferrándiz, destacado alumno de Muñoz Degraín y uno de los preferidos de Martínez de la Vega, se distingue en la pintura malagueña de finales del siglo XIX y primera mitad del XX por sus excelentes y encendidos paisajes, con los que influyó en otros pintores que le siguieron. Fue de aquellos artistas que no necesitaron firmar sus obras para identificarlas. Profesor numerario de Dibujo Geométrico en La Coruña (1902-03), fue catedrático de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos

de Málaga desde 1903 a 1951, y director de la misma entre 1936 a 1951, año de su jubilación. Muy joven, y dada la amistad de origen político que mantenían su padre y Bernardo Ferrándiz, pidió al veterano pintor su apoyo para el ingreso en la Escuela de Bellas Artes, lo que consigue a los 18 años de edad en 1883. La pintura de este paisajista malagueño reveló siempre su destreza en atrapar los rayos del sol en la enramada antes del estallido de la luz sobre el campo. Federico fue un aventajado alumno de Ferrándiz, de tal manera que ya en 1883 osa presentarse al Premio Barroso; sería en los dos años siguientes, al volver a participar en el mismo, cuando obtiene, respectivamente, un Accésit y el Primer Trofeo. En 1887 acude por vez primera a una exposición nacional, pero no se presenta como alumno de Ferrándiz, sino de Joaquín Martínez de la Vega. Su primer galardón importante lo obtiene a los veintisiete años de edad (1892) al concurrir a la Exposición Internacional del citado año. El cuadro que se le premia es el titulado “Arroyo de la Manía”, un aspecto de la finca situada frente a la de Ferrándiz, en Barcenilla, lugar que en el sexenio primorriverista comenzó a denominarse Camino Nuevo. Su premio más inmediato al ya citado lo obtiene en la Exposición Regional de 1893, donde consigue una Segunda Medalla; otras distinciones fueron una Tercera Medalla en la Nacional de 1897 por su cuadro “Entre dos luces”, y en el mismo certamen de 1899, una nueva Tercera Medalla por “Alrededores de Málaga”. Una larga amistad unió a Federico


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Bermúdez Gil con Federico Ferrándiz (hijo de Bernardo), y con Rafael Murillo Carrera que fue director del Museo Provincial de Bellas Artes y autor del catálogo general y razonado de la institución. Dichos artistas, al contraer matrimonio respectivamente con Julia y María Bermúdez Gil fueron también cuñados de Federico Bermúdez. Pintor que gustaba realizar su trabajo del directo, solía situar su caballete en los enclaves naturales más bellos de la ciudad y sus alrededores. Muchos de sus trabajos así realizados solía mostrarlos en el escaparate de la popular cristalería Morganti de calle Larios, según era costumbre en otros pintores de la época. El artista realizó trabajos para la Cofradía del Sepulcro y de la Oración del Huerto; igualmente, participó en la decoración del techo del Salón de Sesiones del nuevo Ayuntamiento con el tema “Fe y Libertad”. La crítica de arte la ejerció durante numerosos años en la revista nacional La Esfera solapado en el seudónimo Sansón Carrasco. El Ayuntamiento le había concedido el título de Hijo Predilecto. Federico Bermúdez falleció a los 92 años de edad.

Luis Rafael Berrobianco Meléndez vivió veintiocho años del siglo XIX y sesenta y uno de la siguiente centuria; por tanto, fue de los artistas malagueños que, su formación escolástica la puso al servicio de sus alumnos del siglo XX en las diversas asignaturas que tuvo que impartir, desde responsabilidades docentes. En el largo periodo que va de 1906 a 1925 en que, declarado inútil por enfermedad de origen nervioso, es suspendido por dos años hasta su reincorporación tras su restablecimiento, en 1927. Recuperada su plaza en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga dicho año, fue jubilado en 1943, aunque, excepcionalmente, se le permitió seguir ejerciendo hasta 1951. Magnífico dibujante, desde comienzos del año 1901 concurre a las numerosas exposiciones y certámenes locales, provinciales, regionales y nacionales, resultando premiado con una Medalla de Plata en la Exposición Regional de Granada del año 1902, y en la Nacional de 1904, con una Mención Honorífica. De los innumerables juicios críticos dedicados a su obra destaca de él Baltasar Peña Himojosa que definió al artista como un buen dibujante.


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Celia Berrocal Villena se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de Málaga en 1957, un año más tarde continuaría su aprendizaje bajo la dirección del pintor Alfonso de la Torre, que dirigía el Aula de Pintura de la Obra Sindical Educación y Descanso, y bajo cuya tutela docente permanecería hasta su nuevo ingreso en la Escuela de Bellas Artes donde, en 1964, iniciaría la carrera de Decoración. La pintura de Celia, desde sus inicios profesionales y actividad galerística, se caracterizó por una casi total entrega al tema de la flor, pero igualmente abordó marinas, paisajes y retratos, temáticas que refleja en una de las primeras crónicas que a la artista dedicó el entonces presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en Málaga, Baltasar Peña Hinojosa, que en una de sus iniciales glosas a la artista definió su obra como verdadera bocanada luminosa. Por su parte, José Mayorga, crítico de Sur, escribió: sus inimitables flores, ya clásicas, incluso más aún, son composiciones florales, y sus paisajes detallistas, donde la perspectiva y el impacto de luz habían alcanzado definición, siguen presentes en esta muestra de Celia Berrocal. Pincelada

amplia y abierta, hegemonía de la vibración cromática, del dinamismo de la nueva escena, la artista hace hincapié en la situación preferencial de la mancha para obtener resultados así decididos, y así consigue en este renovado esfuerzo atraer el interés y el asentimiento del aficionado a la pintura realista, con sello propio, y de quienes sienten permanente admiración, ahora revalidad por esta muestra. Celia, entusiasta de las tradiciones malagueñas, especialmente de la Semana Santa, ha realizado numerosísimos trabajos con destino a distintas cofradías locales; también aportó meritorias obras de cartelería conmemorativa o anunciadora de acontecimientos religiosos, benéficos, navideños, etc. Desde 1975 en que expuso por primera vez su obra en la Sala del Liceo de Málaga Peña Malaguista, Celia desarrolló una constante actividad galerística que abarcó el último tercio del siglo XX: Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1976); Casa-Palacio de la Merced, Córdoba, y Galería Malacke, Málaga (1977); Real Maestranza de Caballería, Ronda, y Hotel Reina Cristina, Algeciras (1979); Palau Meca, Barcelona, y Hotel Los Monteros, Marbella (1980); Delegación de Cultura, Melilla (1981); Galería Boudère, Antequera (1982); Caja de Ahorros Provincial, Huelva (1983); Club El Candado y Galería Miguel Ángel, Málaga (1985); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1987); Galería Pórticus, Málaga (1989); Casas de Cultura, Benalmádena y Ronda, respectivamente (1990); Galería 2000, Córdoba (1991); Galería Nova, Málaga (1992); Galería Benedito, Málaga (1993,


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1995, 1997, 1998, 1999, 2001); Caja Rural,

Málaga, monográfica de Semana Santa (2000). Con temas pictóricos participó en exposiciones de la Obra Sindical Educación y Descanso (Madrid y Málaga), Bienal del Deporte en las Bellas Artes (Barcelona), Bienales Nacionales de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (I y III) participando en la sección de Escultura en la primera de las mencionadas. Varios fueron los premios y distinciones conseguidos por Celia en las actividades docentes y participativas de la Obra Sindical Educación y Descanso de Málaga: Mención de Honor (1958), Primer Premio y Diploma de las clases del Aula de Pintura de la misma organización y Mención de Honor en la Exposición Provincial de Arte (1959), así como Premio y Primera Medalla de la Exposición Provincial de Arte (1973). Recibió un Primer Premio de Carteles de Semana Santa de Málaga (1982), una Mención de Honor del Certamen Ciudad de Melilla y Diploma de Honor del Liceo de Málaga.

Miguel Ortiz Berrocal, pintor y dibujante, acabó hallando en la escultura el camino de su creatividad definitiva. Hijo de médico, parecía estar predestinado por su familia para el ejercicio profesional de la medicina como su padre, médico titular del pueblo en el que vino al mundo. Cumplidos los 17 años de edad, y persuadido de la dificultad de ingresar como alumno en Arquitectura, asiste a las clases nocturnas del Círculo de Bellas Artes de Madrid, y, como libre, a la Escuela de Artes Gráficas y Academia de Bellas Artes de San Fernando. Según el propio escultor refiere en su autobiografía, también visitaba con asiduidad el estudio del pintor Gutiérrez Navas, con quien trabajaba el dibujo, y a las clases de modelado de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid (1950), en la que dirigía la asignatura de modelado el escultor Ángel Ferrant. En dicha clase se formó en torno al maestro un grupo creativo integrado por José Luis Sánchez, Santiago Fernández y María Fortunata Prieto Barral, entre otros, en el cual se integra el que más tarde sería afamado escultor universal. De aquellos años data su primera ocupa-


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ción asalariada al entrar al servicio del arquitecto madrileño Casto Fernández Shaw, para quien ordena y clasifica su hemeroteca internacional de arte y arquitectura, a través de las cuales descubre los distintos movimientos artísticos del momento en todo el mundo. Llamado por aquel torrente de información, y con el fin de poder conseguir su objetivo de ir a Roma, urde un plan con beca ficticia para conseguir el correspondiente permiso paterno para “expatriarse” en la Ciudad Eterna, a la que llega en 1952. En principio, fue huésped de Mario Ponce de León, administrador de los bienes españoles en Roma, y del marqués de Lozoya, director de la Academia Española en el Gianicolo. En 1954 regresa a Madrid para cumplir el servicio militar, vuelve a las clases de dibujo y reanuda la escultura con Ferrant. En 1955 viaja a París doblemente becado por el Departamento de Cultura, dependiente de la Delegación Nacional de Educación, y del Instituto Francés. En la capital francesa se aloja en el Hôtel des Écoles, en el corazón de Montparnasse, habitación 55, que años antes había ocupado el pintor Modigliani. En 1956 conoce y trata a Picasso; poco después, ya instalado en Roma decidido a consagrar sus esfuerzos a la escultura, se integra en un equipo de ingenieros y arquitectos que trabaja en la realización de 150 balaustradas para la Cámara de Comercio de Carrara. Es en la realización de tal trabajo, cuando Berrocal aborda por vez primera la escultura desmontable, lo que le obligó a estudiar y conocer las técnicas de fundición. Del

trabajo realizado en Roma destacaron las obras La Boîte découpée y Sarcophage, en las que se planteó la multiplicidad y las posiciones de formas combinables; Le Grand Torse es otra de las más representativas esculturas de los últimos años de su segunda estancia en Italia. En 1960-61 inicia la construcción de su casa de Crespière, a unos 30 quilómetros de París, y es allí donde realiza dos esculturas en yeso y madera, “Torso Her” y “Torso Benamejí”. Las dificultades que encuentra para fundirlas en París le hacen tornar de nuevo a Italia, y es en Verona (1961) donde acaba por instalarse definitivamente y donde inicia (1962) la primera generación de escultura múltiple con la serie “María de la O” con 200 ejemplares. En 1963, siguiendo la misma línea metodológica de desmontabilidad, crea la etapa Conversation Pièces: Odalisca I, Zoraida I, La femme prisonnière, Femme dans un Fauteuil, y Sanson, entre las más sobresalientes. En 1965 Berrocal se propone rentabilizar al máximo su fundición de Verona y consigue realizar en ella obras de Dalí, Miró, Max Ernst, Stadhy, Matta, Peñalba, Étienne Martin, Ipousteguy, Noguchi, Magritte, César, Fautrier, De Chirico y otros. Dicho año, tras recibir el Premio de Escultura de la Bienal de París por su obra “María de la O”, el Museo de Arte Moderno de Nueva York y también el de Arte Abstracto de Cuenca, adquieren ejemplares de dicha escultura. Ya en Verona definitivamente, en 1966 trabaja una serie de esculturas de pequeño formato, entre ellas “David”, y “Adamo Secundus”. Un año más tarde, y a invi-


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tación de la Escuela de Bellas Artes de Hamburgo, dirige un curso de seis meses como profesor de Materiales. En 1967 abandona la fundición de Verona y se trasladas a Villa Rizzardi, Negrar, a unos 10 quilómetros de la anterior. La obra de tan original maestro malagueño de la escultórica universal de la segunda mitad del siglo XX, ha sido numerosas veces premiadas, ensalzada y reconocida por la crítica europea y americana. La abundante bibliografía y por supuesto la extensísima hemerografía tanto europea como americana acerca de la obra de Berrocal, avalan la originalidad de su trabajo, los sorprendentes aspectos estéticos de la misma y el virtuosismo técnico que la caracteriza. Reproducimos, del gigantesco bosque de opiniones autorizadas, la que de manera más clara sintetiza la importancia de la obra de Berrocal, la del profesor B. H. Zehrfuss, que en el prefacio del catálogo del libro MiniDavid (París, 26 de febrero de 1969) escribía, entre otras cosas: Esta fabricación en serie es llevada hasta la perfección, porque, y está ahí, el punto esencial no es solamente la forma terminada la que da grandes satisfacciones estéticas, sino cada parte de la escultura es bella plásticamente, siendo ella misma el resultado de múltiples estudios, traducidos en dibujos y depuraciones de una precisión inaudita. Sus trazos geométricos, expresados en perspectivas axonométricas (cuerpos representados en un plano mediante las proyecciones obtenidas según un triple eje) son, en realidad, verdaderos detalles de ejecución, parecidos a los que se realizan para construir un edificio. Se podría, pues,

imaginar que este mini-David, aumentado a la talla de un súper Goliat, podría constituir una construcción asombrosa, de la cual cada uno de los detalles sería armonioso. ¡Qué lección de arquitectura dada por este escultor que, por otra parte, ha estudiado y conoce este arte! ¿Por qué todas las piezas de un edificio no podrían ser bellas y, cada una, perfeccionada en su forma? Nuestra vida con ello cambiaría, cuanto más que las técnicas actuales, como lo ha comprendido Berrocal, nos permiten todas las invenciones y que los materiales nuevos nos ofrecen todas las posibilidades. La primera exposición de carácter individual (dibujos de paisajes y personajes de Andalucía y Madrid, bajo la firma Ortiz, tuvo lugar en Galería Xagra de Madrid (1950), a la que siguió en 1955 la de pinturas y dibujos organizada por el historiador Vicente Cacho Viu en el Ateneo madrileño. Continúa firmando sus obras con el primer apellido. Ya en 1957 en la exposición de pintura, dibujo, gouaches y mosaicos en la romana Galería La Feluca, firma sus obras con los dos apellidos. A partir de 1960, ya como escultor, firma como Berrocal las obras y series que salen de su fundición. La primera individual de esculturas tiene lugar el mencionado año en Galería Apollinaire de Milán. La inmediata cronología fue la siguiente: Galería Priegel, París, presentada por Annette Michelson (1962); Sala Aujourd’hui del Palais des Beaux-Arts, Bruselas (1964); Galería Albert Loeb, Nueva York, y Galería Kriegel, París (1965); Galería Thomas de Múnich y Galeria Ziegler de Zúrich (1966); Exposición antológica en Eindhoven, Hamburgo y Lucerna; ex-


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posición en Galería Il Naviglio, Milán, y en Galería Gimpel, Londres (1967); Palais des Beaux-Arts, Bruselas; Badischer Kunstverein, Karlsruhe; Galería Appel und Fertsch, Frankfurt, y Galería Kruger, Ginebra (1968); Galería Iolas-Velasco, Madrid; La Hune, París; Galería Schwartz, Milán, y en la Kestner Gesellschaft, Hannover (1969); Museo de Bellas Artes de la Chaux-de-Fonds, Suiza; Ulmer Museum, Alemania, y Centro Internazionale de Ricerche Estetiche, Turín (1970); Palazzo dei Diamanti, Ferrara, y Galería Il Nuovo Carpine, Roma (1971); Exposición Antológica en el Palazzo delle Prigioni Vecchie, Venecia, con ocasión de su Bienal; nueva Antológica en el Espace Cardin, París, y presentación, en la Feria Internacional de Arte de Basilea, de las mini esculturas de oro (1972); Museo Carrillo Gil, Ciudad de México (1979); segunda exposición en Caracas y en Le prigioni Vecchie de Venecia (1980); exposición y estancia en Nueva York, que es visitada por S. M. el Rey Juan Carlos I (1981); viaje y primera exposición en Kuwait (1982); Galería Isy Brachot, Bruselas y Brujas, con la presentación de la serie Desperta, ferro y también 10 Almogávares, seguida de Antológica Berrocal (1955-1984), octubre-diciembre de 1984 en el Palacio de Velázquez, Parque del Retiro de Madrid. Desde la citada exposición en la capital de España, donde su obra se difunde definitivamente entre sus connacionales, el artista celebra numerosas exposiciones individuales hasta el final del siglo XX. Entre las más significativas figuran su participación en la XIV Biennale del Bronzetto (Padua, 1986);

Toros y toreros en la escultura española (Madrid, 1987); International Sculptures Museum (Seúl, 1988); Espagne-Art Abstrait 1950-1965 (París, 1989); Galería Saira, (Vigo, 1990); Qui arte contemporanea (Roma, 1991); Exposición Universal de la Isla de la Cartuja (Sevilla, 1992); Museo de Arte Moderno de Bolzano (Italia, 1993); Exposición conmemorativa del CCL Aniversario del Nacimiento de Goya (Sevilla, 1996); Culturale Tudesco (Turín, Nápoles, Roma, Palermo, Padua y Milán, 1997); ArtBasel’98 (Basilea, 1998); II Exposizione Internazionale di Scultura e Installazioni (Venecia, 1999); Galerías Krashman y Arcade (Holanda y Bélgica, respectivamente, 2000). De sus exposiciones colectivas cabe destacar Arte Joven, celebrada en el antiguo Casino de San Sebastián, junto a Antonio López, Canogar, Ferreras, José L. Sánchez y Lucio Muñoz (1955); New acquisitions, así como Tres escultores; Berrocal, Ipousteguy y Müller, ambas presentadas por la Albert Loeb Gallery, Nueva York (1962), y XXXII Bienal de Venecia (pabellón español, 1964). De entre sus muchos galardones, premios y distinciones Berrocal recibió a lo largo de su carrera, entre otros, los siguientes: Gana el concurso convocado por la Naviera Ibarra para decorar barcos de su flota, adquiriendo, además, varios cuadros para sus paquebotes “Cabo San Vicente” y “Cabo San Roque” (1955); Premio de Escultura de la Bienal de París por la obra “María de la O” (1965); Medalla de Oro de la Bienal del Bronzetto, Padua (1967); es nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia (1968);


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Medalla de Oro de la Repúbica Italiana, en la Bienal del Metal, Gubbio (1969); Corona de Oro del Centro Internazionale de Ricerche Estetiche, Turín (1970); Premio Dag Hammarskjoeld y Caballero de la Academia Diplomática de la Paz, concedidos por la Association Internationale de la Presse Diplomatique (1971); Gran Premio de Honor de la XXII Bienal de Sao Paulo (1973); es nombrado Presidente de la Asociación para la Creación del Museo Europeo del Múltiple, con sede en la Universidad de Lovain-la-Neuve, Bélgica (1981); el Ayuntamiento de Archidona acuerda dar el nombre de Escultor Berrocal a una calle que desemboca en el Llano de Pablo Picasso por las connotaciones universales y afectivas habidas entre ambos. Cuando se redactaban estas líneas se había creado en el pueblo natal del escultor la Asociación de Amigos de Berrocal, impulsora del museo que debía llevar el nombre del artista en Villanueva de Algaidas, más al romperse las relaciones entre el autor y la Diputación Provincial, tal proyecto quedó aplazado sine díe.

Mariano Bertuchi Nieto llega a Málaga siendo muy niño; a los 8 años de edad, su precocidad y disposición para la pintura quedaría patente al recibir un diploma al mérito artístico de la Academia Provincial de Bellas Artes; a los 12 se le concede el título de Socio de Honor del Liceo Artístico y Literario (la entidad cultural malagueña más importante del siglo XIX) y ya mozo, en Madrid, inicia su verdadera formación artística en San Fernando, donde se reencuentra con Antonio Muñoz Degraín que desde el curso 1896 imparte clases en el centro al ocupar la plaza dejada a su muerte por Carlos de Haes, como él vinculado a las bellas artes malagueñas. De Bertuchi cabe asegurar que si evidente y notable fue en su obra la influencia de la luz de su Granada natal y la de Málaga, como segunda ciudad de niñez y juventud, mucho más dependiente todavía resultó en sus cuadros marroquíes la fuerza restallante y cegadora del sol africano a partir de los primeros años del siglo XX, con ocasión de su primer viaje al Norte de África. En 1928, recién cumplidos los 44 años de edad, fue designado inspector-jefe de los Servicios de Bellas Artes y Artesanía del Protectorado Español de


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Marruecos, y fija su residencia en Tetuán. En esta ciudad ejerció largamente la pintura y la docencia artística; fue fundador y primer director del Museo Etnográfico Marroquí, de la Escuela de Bellas Artes de Tetuán, la de alfombras de Xauen y la de oficios tradicionales de Tetuán y Targsut.

En 1922, Francisco Blanca Mora recién cumplidos los 15 años de edad, ingresó en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga. Fue su maestro en dicho centro José Nogales Sevilla, quien le aconsejó se dedicara al paisaje por la facilidad y soltura que el joven Blanca mostraba en cuantos trabajos al óleo realizó ya en su etapa de aprendizaje. De escasa obra de caballete, practicó la pintura del directo mediante el estudio y observación del natural, logrando excelentes obras, paisajes y marinas fundamentalmente. Muchas de las cuales estaban realizadas en pequeño formato, pues una de las singularidades de dicho artista era su envidiable capacidad de síntesis en la composición. Cuando abandonó las aulas académicas, y forzado por su si-

tuación familiar y el defecto físico que padecía en una de sus piernas, ofició de relojero en el establecimiento del comerciante Entrambasaguas, situado en calle Larios. Blanca Mora perteneció al Grupo ALA hasta su disolución en 1936. Vivió en la calle Rojas Clemente, una de las transversales de la Alameda de Barceló, desde donde los fines de semana y jornadas festivas que le dejaban libre de ocupaciones relojeras, se dirigía al campo para pintar, habitualmente acompañado de su amigo, colaborador y único discípulo Ramón Ruiz Sánchez. Sus obras, siempre reflejo del natural pero de muy personales tratamientos cromáticos, resultaban bellas y originales tanto por la valentía con la que administraba su paleta como por la espontaneidad de la que germinaban. Fueron pocas las exposiciones individuales que Blanca Mora alcanzó a celebrar, dada su temprana muerte a causa de un irreversible proceso cancerígeno en la boca. Expuso por vez primera en la ciudad de Córdoba (1940) y, poco más tarde, en Madrid –probablemente en 1945–; siguieron a continuación otras individuales celebradas en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1949, 1951, 1953 y 1955). La última de las mencionadas entre el 1 y 11 12 de diciembre, fue el colofón a una carrera artística que prometía logros importantes. Sobre dicha exposición escribió José Sanz Moliner, director del diario La Tarde de Málaga, un largo artículo, del que seleccionamos algunos de sus más significativos párrafos: ...Con rotun-


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didad en el acento personal, con decisión y con ese avance que todos esperábamos de él, avance logrado en una serena actitud de estudio, de trabajo, de afición; que le han abierto puertas de madurez y posibilidades en lo técnico y en lo espiritual y mental para una obra de más talla, de mayor entidad, como la que apunta en algunos de los cuadros ahora expuestos. Agregaba Sanz Moliner, respecto al nuevo distinto pintor que asomaba al panorama de los creativos malagueños de la época, lo siguiente: ...En la pintura de Blanca Mora los óleos se expresan en un suave impresionismo más formal que fundamental, es decir, más de simple oficio que de intención estilística, pues en cuanto a ésta, lo que Blanca Mora se propone es la sinceridad en el color, en la luz, en el dibujo, por encima de los medios de expresión, o por lo menos al margen de la técnica fría y preconcebida. Para Blanca Mora el estilo es simplemente una reacción de su espíritu ante la naturaleza que él ve cuajada de cosas bellas, capaces y dignas de ser expresadas plásticamente en una ambiciosa conjunción cromática y luminosa. Blanca Mora mantuvo, a lo largo de sus 16 años de actividad artística, frecuente concurrencia a los certámenes convocados por Educación y Descanso. De aquella presencia en sus exposiciones colectivas, fue Primera Medalla en la provincial malagueña de 1942; Medalla de Plata y viaje por Italia en la Nacional de Madrid de 1943; obtuvo, además, tres Segundas Medallas en distintas provinciales de Córdoba; Medalla de Bronce en una nueva provincial malagueña; y así mismo, cinco Segundos Premios en otras tantas provinciales de la misma

obra y dos Premios de Material Artístico en dos exposiciones de carácter nacional. También logró una Segunda Medalla en la Exposición Regional de 1952. Otros premios y trofeos conseguidos en diferentes convocatorias fueron: Mención de Honor en la exposición de carácter provincial La Pintura Malagueña desde los tiempos del Maestro Ferrándiz organizada por el Ayuntamiento de Málaga y la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en el Centro de Estudios Andaluces, durante mes de febrero de 1946, y Segundo Premio en la Exposición Paisajistas Malagueños de 1950. A los doce meses de su repentino fallecimiento cumplidos los 51 años de edad, y patrocinada por la Sociedad Económica de Amigos del País y un grupo de admiradores del artista, se organizó una exposición de sus últimas obras que resultó memorable. En la misma se mostraron 36 óleos y 15 apuntes, verdadera panorámica del buen hacer del temperamental traductor de la naturaleza malagueña. El crítico de arte de Sur Leovigildo Caballero escribió en el catálogo unas palabras llenas de afecto, pero también de sinceridad: Blanca Mora buscaba la libertad del mar, de los valles, los montes y serranías para lanzar su canto en honor de Málaga. Tanto había llegado a intimar con la belleza que la envuelve, que se había hecho el cantor del aire y del sol. Al aire libre, dejaba abierto el paso a su bravura, a su entusiasmo y a su colorido, para darnos, unas veces, esas marinas brillantísimas y únicas que son obras auténticas y creación inédita; otras, las bravas crestas de los montes, la dulce canción de los collados y cañadas, captados con auténtica libertad y entusiasmo.


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El grupo Nueve Pintores (entonces integrado por Ángel Giró, De la Fuente Grima, Guevara Castro, Pérez Ramos, Pineda Barroso, Rodrigo Vivar, Rojano, Rojas Oña, y Torres Narváez) dedicó una exposición colectiva A la memoria del pintor malagueño Francisco Blanca Mora, según constaba en el catálogo editado para la Galería Nova (1993).

Desde los diez años en Málaga, Antonio Blanca Sánchez comienza su formación artística en una popular academia dirigida por un desconocido pintor valenciano, Ferrándis que orientó durante años a las incipientes figuras artísticas de la Málaga de los años 60 del siglo XX. Formó parte del pequeño grupo de la nueva figuración realista de Málaga a partir del decenio de 1980, y sus trabajos se distinguieron desde su mismo inicio por sus maneras pulcras y detallistas. En la revista parisina Art et Valeurs uno de sus críticos Adrián Darmont escribió: Antonio Blanca Sánchez da muestras de un talento pasmoso como pintor realista. Es un apasionado de los detalles y la perfección; en sus obras se encuentra representada la maestría de los grandes

pintores del siglo XVII. El lienzo está tratado de tal manera que nos da sensación de verdad. El claroscuro ya no tiene secretos para este pintor que se ríe de las dificultades con una facilidad increíble. En la sección Crítica de Arte del diario Sur (1.XI.1994) se aseguraba: En este autor se dan dos hechos significativos, dos proclividades dominantes y claras: de un lado, el deseo de transmitir acentos y vibraciones de la realidad desde el silencio calmoso en que asienta la obra –y hablamos de la raíz misma donde germina y proyecta–; y de otro, la indudable melancolía que la entorna gracias al tratamiento de sus fondos. Artista cuya producción abarcó los dos últimos decenios del siglo XX y se prolonga hasta la siguiente centuria, se dio a conocer en una muestra celebrada en el Club Social El Candado (Málaga, 1981) y continuó con la siguiente frecuencia prácticamente anual: Galería de Arte Miramar (Málaga, 1982); Galería de Arte Miguel Ángel (Málaga, 1983); Galería Malacke (Málaga, 1984); Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1985); Sala de la Caja de Ahorros de Ronda (Marbella, 1986); Galería de Arte Velázquez (Valladolid, 1987); Galería de Arte Benedito (Málaga,1988); Sala Joan Miró del Palacio de Exposiciones y Congresos y Galería de Arte Benedito(Madrid y Málaga, 1990); Palacio de Exposiciones y Congresos (Madrid, 1991); Galería de Arte Benedito (Málaga, 1992 y 1994); Granero, Galerie d’Art (Bruselas, 1995); Galería de Arte Benedito (Málaga, 1996); Granero, Galerie d’Art (Bruselas, 1997); Stand de Granero Art Gallery en la Art Expo (Barcelona, 1998); Casa-Fuerte de Bez-


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miliana en Rincón de la Victoria (Málaga, 1998) y Commenoz Gallery de Miami (Florida, EE. UU., 2000). Pintor que concurrió a numerosas exposiciones colectivas, también fue seleccionado para tomar parte en diversos eventos artísticos dentro o fuera de España; asimismo, en la primera convocatoria del Certamen de Arte Joven Malagueño de El Corte Inglés (1980), recibió un Accésit en la modalidad de pintura.

José Blanco Coris alumno de Ferrándiz, y compañero en el aula de Moreno Carbonero, Talavera y Grarite, entre otros, asistió a la Escuela de Bellas Artes durante cinco cursos (1877-1882), es decir, desde los 15 a los 20 años de edad con gran aprovechamiento; tanto, que el último de los años mencionados obtuvo una beca de la Excma. Diputación Provincial de Málaga para estudiar en Roma. Durante su estancia en Italia se entregó al paisaje como tema preferente, realizando algunos trabajos meritorios de Venecia y Nápoles. Concluido su pensionado en la capital italiana,

la Diputación malagueña le encargó se desplazara a Madrid para realizar un retrato del Rey Alfonso XIII y de la Reina María Cristina, obra que presidiría el Salón de Sesiones de la corporación provincial. Participó por vez primera en la Exposición Nacional de 1881 y continuó en las de 1884 y 1887, presentando en la última de las mencionadas un tema bien malagueño como fue una escena de pescadores (enorme lienzo de 9 metros por 4),realizado en figuración tipológica de modelo natural, que por sus dimensiones, no pudo ocupar el deseable lugar en la Diputación, sino en el Hospital Civil Provincial San Juan de Dios, dependiente de dicha corporación, que tras los lamentables acontecimientos de 1936, se sospecha fue troceado y sacado del recinto hospitalario. También concurrió a la nacional de 1901 y a los Salones de Otoño de 1922,24 y 26. De la Escuela de Bellas Artes de Málaga (1891) fue nombrado ayudante numerario de la clase de Dibujo y Figura, pasando más tarde a Madrid como docente en la Escuela de Artes y Oficios. En el Museo de Málaga existen dos muestras de su obra, un paisaje de Montserrat y un vendedor de lotería, obsequio de su hijo Santiago Blanco, que fue hasta su jubilación profesor del popular Instituto de Gaona.


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Manuel Blasco Alarcón, nacido en el seno de una familia notable de la Málaga del siglo XIX, primo segundo de Picasso, experto en cuestiones de arte y restauración artística, sin formación plástica alguna, lo notable de su personalidad es al cincuenta por ciento de origen literario como pictórico. Perteneció a la más genuina bohemia malagueña a partir del primer tercio del siglo XX y dirigió la revista El Pregón y el periódico Amanecer fundados por su hermano José, fallecido en Cuba. Su experiencia vivencial de niñez y juventud, y en muchos casos, los recuerdos maduros por el hecho haber pertenecido a una familia de relaciones y actividad socialmente destacada, fueron los asuntos preferentes del tipo de pintura que comenzó a realizar cuando ya había cumplido sesenta años de edad. Escenas plenas de melancólicas remembranzas –casi siempre evocadas desde un profundo sentido de la ironía–, fue el suyo un estilo pictórico naíf con reminiscencias expresionistas. Ciegos cantando sus viejos romances, antañonas reuniones familiares encuadradas en barrocos atrezzos sólo recuperados por una prodigiosa memoria, escenografía

callejera con tipos populares a los que alcanzó conocer, fiestas del pueblo en el monte o en la playa, procesiones, rogativas, boticas y reboticas, tertulias, etc., fue la sostenida temática de unos cuadros que los amantes del género se disputaban. Editó diferentes libros ilustrados y comentados por él (Picasso insólito, Picasso para los niños, La Málaga de Picasso, Recuerdos de Málaga y sus pueblos, La Málaga de comienzos de siglo, etc.). Ya muy avanzada y difundida su producción pictórica, inició en 1979 su aventura literaria con las novelas Don Diego Altamirano, que firmó sin utilizar seudónimo, y al año siguiente, bajo el mote de Leuman Cobla, Cristal de Venecia y La araña de bronce.

Del grupo Bellavista, que reunió a cuatro pintores y dieciséis poetas en el catálogo de una comentada exposición en Alfredo Viñas en 1993, quizá sea José Luis Barrionuevo Bolín –pese a las distancias que guardó entre una y otra de sus exposiciones individuales– una de las más representativas figuras de la creación pictórica del grupo. En la indicada ocasión presentó un paisa-


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je nocturno de la ciudad –su obsesión pictórica de entonces–, además de un inquietante autorretrato que sorprendió por su desgarro y desnudez. Bola había realizado estudios de Arquitectura y se tituló en Jardinería y Paisajismo. Su dedicación autodidacta a la pintura arranca del año 1982, aunque su primera comparecencia galerística fue un año más tarde en el Ateneo malagueño. Además de la ya citada, otra de sus más comentadas exposiciones fue la que celebró en la Sala de Arte de la Universidad de Málaga, entonces en la plaza de la Merced, en la que presentó variaciones sobre un mismo tema, Málaga, observada por el autor desde su estudio: “Málaga sin coche, un paraíso”; “Lluvia de mayo”; “Al anochecer”; “Por la noche con luna”, y “Lloviendo por la noche”, eran los títulos de otras tantas visiones de su ciudad natal avistada con sensibilidad y discreta paleta. En la sección de Arte de Sur del 28 de junio del expresado año, se pudo leer: José Luis Bola Barrionuevo es pintor que ha sabido solazarse –con gusto, fricción y delicadeza– en el desarrollo de un único tema visto de diferente manera, experimentado mediante tensiones como quien modula la voz al contar, siquiera de pasada, lo que le ha sugerido un mismo paisaje. De sus exposiciones individuales, además de las precedentemente citadas, se recuerdan las celebradas en la Casa de Cultura de Fuengirola y Colegio de Arquitectos de Málaga, ambas en 1985; las de Galería Mara Estrada de Madrid en 1989; Pedro Pizarro en 1990, y Seiquer, además de Fausto Velázquez, en 1991. Su participación en eventos

colectivos fue numerosa en Málaga, Madrid y otras capitales españolas. En 1990 obtuvo el Primer Premio en Pintura del XI Certamen Arte Joven Malagueño de El Corte Inglés por su obra “La vista de la ventana de mi estudio al atardecer”.

Carmen Bonilla Garzón es artista autodidacta que se ha ido abriendo nuevos caminos en su labor creativa durante los años que ha dedicado a la pintura. En su producción artística destacan bodegones, retratos, paisajes campestres, focalizaciones típicas urbanas y flores. Desde el inicio de su carrera en 1975, año en que comenzó a darse a conocer al participar en numerosas exposiciones colectivas, hasta la última de ellas de carácter individual que mostró en 2003, su obra suscitó elogios de la crítica local a través de los medios de comuni-cación. José Mayorga, desde Sur destacó sus iniciales perfiles: Es notorio el acierto que preside su actividad creativa, logros que sabe transmitir a su obra, con lo que de-muestra su talento y su temperamento artísticos. Más adelante, sería Segovia Lobillo quien, a través


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de R.N.E., diría: La obra de esta pintora ya puede acceder al catálogo nominal de la pintura malagueña. Conozco sus primeras cosas, he visto las últimas y sé de su fe y su emoción en lo que hace y por lo que hace. Su actividad galerística individual fue: Liceo-Peña Malaguista de Málaga y Caja de Ahorros de Antequera también en Málaga (1980); Casa del Consulado (1981, 1986, 1989); Unicaja de Málaga (1992); Cajasur de Málaga (1993); Cajamar (2001) y Turismo Andaluz en Málaga (2003).

Pintor, dibujante, grabador, muralista y en ocasiones escultor, José Jesús Bonilla Peña obtuvo en 1977 la Beca Picasso del Ayuntamiento de Málaga. Fue cofundador de la Fundación Arte y Cultura en su pueblo natal, estudiante de grabado con Stefan y García de Lomas en Málaga y Granada, respectivamente, y fundador del taller de grabado 7/10. Ordenado oblato benedictino en la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, para cuya Sala Capitular realizó varios cuadros, llevó a cabo una abundante producción como ilustrador de libros y publicaciones, además

de notable obra de cartelería sobre acontecimientos culturales, religiosos y populares. Bonilla abandonó a los 12 años su vida estudiantil para dedicarse a la pintura, y sus primeras obras las dio a conocer en una exposición que, junto a su compañero de aprendizaje Antonio Valdés, celebró en Vélez-Málaga cuando recién había cumplido los 17 años de edad. Estudiante de cerámica en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga (1971), recibe posteriormente en Madrid formación de pintura y dibujo de Francisco Hernández, con quien colabora en la realización del mural de la iglesia de la Asunción de la localidad de Competa. Tras viajar por Italia y Francia, su obra, que rompe esquemas anteriores, le hace escribir al dramaturgo Miguel Romero Esteo: En cada una de estas pinturas me ofreces un espacio sacro y noble, grave y austero, y luego vas y me lo rompes pérfidamente con algún sutil toque o retoque de oculta canalización compositiva o cromática, le digo. Pareces interesado en lo que hay al otro lado de la belleza. O peor aún, pareces interesado en lo que hay al otro lado de la densidad. Rafael Puertas, director entonces del Museo de Bellas Artes de Málaga, vaticinó en 1976, en el catálogo de la exposición de Bonilla en la veleña sala de Arte y Cultura: Permitidme, tan sólo por unos momentos, ejercer de profeta. Puedo darme este lujo por no ser veleño, aunque ni sepa ni quiera desprenderme de tantos paisajes interiores de esa zona que ya son míos. Dejadme pues que os presente a un pintor que lleva camino de ser artista. No tengo miedo a esta arriesgada misión, no tengo miedo al precipicio, pues en el caso de


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José Bonilla acierto anticipadamente. José Bonilla tiene ya un buen conocimiento del dibujo, dentro de un amplio campo que va del surrealismo a la abstracción. En los óleos se advierte una creación lenta y silenciosa, estudiada y sensible, profundamente interior. También, un gran amor por la materia pictórica. Sus exposiciones individuales fueron: Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1972); Colegio de Doctores y Licenciados, Málaga, y Sala de Arte y Cultura, Vélez-Málaga (1976) y Sala de la Excma. Diputación Provincial, Málaga (1978). De su obra gráfica quedan distintos ejemplos singulares: las carpetas tituladas De tu pueblo (1978), Matiz (1980), Diez poemas terrales, libro de Rafael Guillén, y Hojas de limón para Anna María, de Arte y Cultura (1977). En sus iníciales actividades como pintor y escultor, Bonilla consigue un Segundo Premio Provincial de Educación y Descanso (1970).

Luis Bono y Hernández de Santaolalla, autor de cuadros de gran formato, de los que descuella el “San Telmo” que pintó para la Real Academia de Bellas Artes de Málaga, dotado de increíble habilidad para la pintura miniaturista, excelente dibujante que prácticamente dedicó su existencia a la técnica cartelística, fue también un destacado artífice en la realización de murales. Luis Bono recibió clases de los maestros Nogales Sevilla, y Álvarez Dumont en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga, en la que con los años ejercería docencia, y completó sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid con el maestro Eduardo Chicharro y el malagueño Fernando Labrada. Cofundador y más tarde tesorero y vicepresidente del grupo ALA, su actividad artística fue incesante desde 1926, tras obtener a los 19 años de edad el Tercer Premio de la Exposición de Pintura organizada por el Ayuntamiento de Málaga por su cuadro “Contraluz”, del que la crítica local hizo elogiosos comentarios. El decenio de 1930, en cuanto a premios y también a obras, es el mejor exponente de su ininterrumpida labor, al conseguir en


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el mes de septiembre de 1931 el Primer Premio del Concurso organizado por ALA para anunciar su II Salón de Agosto; en noviembre del mismo año, fue Primer Premio en la sección de Arte Decorativo por “Rito” de la misma joven entidad. Otros galardones de la fructífera década fueron: abril de 1933 (Córdoba), Primero en el Concurso Nacional de Carteles convocado por el Ayuntamiento para anunciar su feria; julio de 1933 (Málaga), Primer Premio del Concurso convocado por ALA para anunciar su IV Salón de Agosto. Desde el mes de marzo de 1934 a septiembre del mismo año se le otorgan los siguientes galardones: marzo (Córdoba), Segundo Premio del Concurso Nacional convocado por el Ayuntamiento para seleccionar el cartel de su feria; abril (Burgos), Primer Premio del Concurso de Carteles convocado por su Ayuntamiento para anunciar los juegos florales; junio (Málaga), Primer Premio del Concurso Nacional de Carteles la feria de agosto; julio (Albacete), Segundo Premio de carácter nacional en el Concurso del Ayuntamiento para elegir el cartel de su feria; septiembre (Córdoba), Mención de Honor en la exposición de Bellas Artes del Ayuntamiento; septiembre (Málaga), Primer Premio del V Salón de ALA, Sección de Artes Decorativas; septiembre (Albacete), Primer Premio del III Salón Oficial de Pintura, Escultura y Artes Decorativas, por varios dibujos presentados al certamen. Tampoco le fueron a Luis Bono esquivos los meses de junio, julio, sep-

tiembre y diciembre de 1935 al conseguir tres Primeros Premios, que los obtuvo en Málaga (2) y Albacete, y un Tercer Premio en Granada. Dichos trofeos le fueron otorgado al participar, por el orden mencionado, en los Concursos Nacionales del Ayuntamiento de Málaga para anunciar la feria, el de carteles de ALA para su VI Salón de Agosto, el del IV Salón Oficial de Pintura, Escultura y Arte Decorativo y el del Concurso Nacional de Carteles de la Caja de Ahorros de Previsión Social de Andalucía Oriental. En los meses de enero y marzo de 1936 obtiene Medalla de Oro en el VI Salón de la ALA, Sección de Arte Decorativa, y en Burgos, el Segundo Premio del Certamen Nacional convocado por el Ayuntamiento para elegir el cartel de su feria. El mes de marzo de 1937, en Málaga, consigue el Primer Premio del Concurso de Dibujos organizado por el diario Sur para elegir la cabecera del periódico, y en ese mismo mes, en Granada, el Segundo de carteles para anunciar el diario Patria. Un tercer galardón consigue en Salamanca tres meses después, al recibir el Segundo Premio de carteles convocado por la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda. Siguiendo paso a paso la cronología de los premios y trofeos de su producción cartelística, en el mes de agosto de 1939 se adjudica el Segundo Premio del Concurso Nacional convocado por el diario Levante de Valencia. Dos nuevas distinciones logra en 1940: en febrero, un Accésit al participar en el certamen de carácter nacional con-


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vocado por el Ayuntamiento de Jerez para anunciar su feria, y en agosto siguiente, el Primer Premio del Concurso Nacional de Carteles organizado por la Agrupación de Cofradías de Málaga. (Este cartel, “Tenebrario”, es como el titulado “Parábola” de tema religioso y a juicio de críticos, dos de sus más logradas realizaciones.) Otros premios y trofeos, recibidos al participar en otros muchos certámenes, fueron los siguientes: Málaga, junio de 1941: Primer Premio del Concurso Nacional de Carteles del Ayuntamiento para anunciar la feria de agosto; Málaga, mayo de 1944: Primero y Tercer Premios, respectivamente, del Concurso Nacional de Carteles de la CNS; abril de 1946: Mención de Honor en el concurso organizado por el Ayuntamiento de Córdoba; mayo de 1948: Primer Premio del Concurso Nacional de Carteles del Ayuntamiento de Málaga para elegir el que habría de anunciar su feria de agosto. Los siguientes cuatro premios los obtiene también en Málaga, al participar en otros tantos certámenes de pintura cartelista. Fueron los siguientes: 1955 (noviembre), Segundo Premio del concurso organizado por el Ayuntamiento para anunciar las Fiestas Deportivas de Invierno; 1955 (diciembre), Accésit del convocado por la Excma. Diputación para anunciar el Patronato de Apuestas Deportivo-Benéficas; 1956 (enero), Primer Premio del Concurso-exposición Estampas Navideñas de la Caja de Ahorros Provincial y 1956 (agosto), Primer Premio de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa.

En los certámenes de Pontevedra (1956), Madrid, Málaga y Orihuela (1957) y Burgos (1958) consigue, por el orden citado, Tercer Premio de Carteles de la Caja de Ahorros de dicha provincia, Segunda Medalla del XXVIII Salón de Otoño por seis miniaturas sobre marfil, un Segundo Premio por el cartel anunciador de la feria de agosto; asimismo, el Primer Premio de la Junta de Cofradías de la Semana Santa oriolana y el Segundo Premio del ayuntamiento burgalés por el cartel para anunciar su feria. Cuando en el XXVIII Salón de Otoño de Madrid se otorgan los premios, la decisión del jurado fue acremente censurada por el crítico Mariano Tomás, al escribir en el desaparecido diario Madrid: En la sección de Arte Decorativo hemos de mencionar a Aurelio de Lombera y Luis Bono, que trajeron sendas vitrinas con miniaturas, y por las cuales consiguieron, respectivamente, Primera y Segunda Medallas y las hemos de mencionar con el disgusto de que no sea éste el orden justo de los premios, pues Luis Bono presenta seis miniaturas maravillosas; así, maravillosas, pues no nos arrepentimos del adjetivo, una de las cuales, la que está colocada en el ángulo superior izquierdo de la vitrina, es de lo mejor que hemos visto en este género de arte. Luis Bono es uno de los más notables miniaturistas españoles, y lo confirma ahora. Esa miniatura a que aludimos no pudo superarla en España ninguno de los maestros de la época clásica, y se ha de poner al lado de las mejores de Tomasich, de las de Cruz y Ríos, de las de Meneses, de las de Udías González. Las últimas distinciones que Luis Bono obtiene por méritos de su obra fueron también en Málaga: 1967, Me-


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dalla de Oro de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, en el III Salón de Invierno; 1974, Primer Premio del Concurso de Cuadros de Pequeño Formato, organizado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga; el mismo año, mediante convocatoria de idéntica entidad, Tercer Premio de Bocetos Murales. Sus últimas exposiciones individuales fueron en las Galerías Malacke (1980) y Benedito (1992). La obra mural del artista está representada, entre otros lugares, en el Edificio Taillefer (1952); iglesia parroquial de San José, barriada de Carranque (1958); mural de la antigua oficina central de la Caja de Ahorros Provincial de Málaga (1960); frescos y cartelas de las fachadas de la plaza de San Francisco (1962); mural de la oficina de la Caja de Ahorros Provincial de Málaga en la calle Duque de Rivas (1967) y murales para la planta de Presidencia del edificio de la Excma. Diputación Provincial. Otras muestras de su obra se encuentran (diez cuadros de gran formato) en la iglesia de San Álvaro, en la Urbanización Puertosol (1984); en la capilla de la Hermandad del Santo Sepulcro, iglesia parroquial de los Santos Mártires (1985) y en el altar mayor de la iglesia de la Santísima Trinidad (1991). Bono se graduó en Artes Aplicadas y Oficios Artísticos en la especialidad de Arte Publicitario y Cartelismo; profesor, por oposición, de dicha escuela en Málaga desde 1951; miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo desde 1950; correspondiente de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) y Santa Isa-

bel de Hungría (Sevilla) desde febrero de 1967; miembro de la Royal Society of Miniature Painters, de Londres; Cruz de Honor de Comendador de la Académie Européenne des Arts, de París, y Vicepresidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo.

Pepe Bornoy, seudónimo de José Manuel Cuenca Mendoza, nieto e hijo de pescadores de la marinera barriada de El Palo, es en la historia de la pintura malagueña el único profesional que moteó su apellido artístico con el nombre de un arte de la tradición pesquera malagueña, como homenaje al barrio en el que vino al mundo, donde creció y se hizo hombre y artista. Autodidacto en todas las disciplinas creativas en las que se distinguió desde muy joven (teatro, fotografía, edición, diseño gráfico, periodismo, música, poesía)…, evolucionó con mayor dedicación hacia la pintura, en cuyo oficio llevaba al iniciarse la redacción de este Diccionario, cuarenta y cuatro años. Bornoy es considerado como uno de los pintores malagueños cuya dilatada obra estuvo siempre en permanen-


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te evolución. En sus primeros trabajos (1965) la crítica quiso ver lejanas reminiscencias con la obra de Jackson Pollock, pero si bien el artista norteamericano había experimentado la técnica automática del dripping para grandes formatos extendidos sobre el suelo de su taller, Bornoy conseguía parecidos efectos de manera manual en obras de mediano tamaño. Esta primera etapa quedaría conclusa un año más tarde, al presentar en 1966 en la Sala de Información y Turismo y un año después en la de Radio Juventud de Málaga, respectivamente, dos exposiciones que se conocieron como las del “Pez”, ser marino visto en claroscuro corte transversal como a través de una placa de rayos X. Pepe Bornoy indagaba ya en la ameba, “el ser vivo más simple”, que aparecía entonces como gran tema de renovación, y que se impuso como asunto temático entre los años 1967-69 en su doble etapa, respectivamente, de apagados tonos y brillante paleta cual esmaltes, y resaltos matéricos –llamados también popularmente “los quemaíllos”–; una tercera etapa (1970-72), prácticamente dedicada al collage, marca su tarea creativa abriendo campos para la observación irónica y el compromiso social. En 1972 y hasta 1976, la obra de Bornoy constata un nuevo cambio al aparecer su época más cinética –movimiento y luz entre iconos distintos que lejanamente recreaban tubos y lengüetas de órganos catedralicios– junto a las primeras muestras de sus excepcionales dotes de geómetra, que cubrirán la etapa del hallazgo o fusión del dodecágonododecaedro –compuestos con delicados

prismas, celdillas o descubiertos quevedos– desde 1973 a 1980, etapa en la que vive y pinta entre su taller de Madrid y Málaga. Aparece la figuración en dos etapas sin transición (1980-88 y 1988-96), ambas dominadas por el color sanguino-magenta. En la primera de ellas, la mayoría de las figuras están observadas como en intencionado escorzo, que al agigantar el pintor los detalles focalizados en macros, crean misteriosas y mágicas atmósferas. La segunda, es una figuración más ajustada a la realidad de la comunicación que el artista desea transmitir. Así, los personajes y temas se hacen reales, cercanos, y al alcance de cualquier espectador, lo que se confirma en sus trabajos gráficos de este mismo período. La última gran etapa revoluciona toda su obra anterior y le sitúa a la cabeza de los pintores malagueños entre dos siglos que mayores expectativas suscitan de cara a la nueva pintura del siglo XXI. Este período se inicia en 1996 con tímidas incursiones en el Arte Digital. En 1999 realiza su primera exposición de sus nuevos trabajos en la Sala de la Generación del 27 de la Diputación Provincial de Málaga y en la Galería La Casa del Ángel, de Madrid con el título: Diseño digital. En el año 2001 presenta Naturas, en el Museo Municipal de Málaga, una deslumbrante y fantástica panoplia de bellísimas visiones de la Naturaleza, flora y fauna, en las que pez, ave, felino o flor, alcanzan dimensiones de mística cromática. Esta exposición tuvo una gran acogida por parte del público y la crítica de Mála-


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ga, y se presentó posteriormente en el Museo de Arte Moderno de Almería y en la Sala de Caja Sur de Córdoba. José María Prieto, refiriéndose precisamente al gran momento de Bornoy de cara al siglo XXI, comentó en su librocatálogo de Naturas que la obra representaba un todo […] Un todo que es un universo –un estilo– en el que conviven la abstracción más ortodoxa con la figuración menos banal. Porque en la pintura figurativa de Pepe Bornoy lo que se nos ofrece no es el objeto en sí, sino el alma que lo sustenta: de ahí esas figuras evanescentes voluntariamente simplificadas que constituían sus “Imágenes para un fin de siglo”, del libro del poeta José Infante. Posteriormente, en una conferencia (Arte Digital: teoría y ejemplo. Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Málaga, 17. IX. 2003), Pepe Bornoy daría a conocer en Málaga un nuevo ciclo de creación digital, Cristalografía (que ya había avanzado en su stand de Estampa, Salón Internacional del Grabado Contemporáneo de Madrid tres años antes, en la cual analizó: […] …la irrefrenable evolución y desarrollo de la cultura, que pasa inexorablemente por el aprovechamiento de algunos hallazgos de las autopistas informáticas, alumbrando nuevas maneras de entender la vida y el arte. Para el primer trimestre del año 2003, Bornoy tenía ya finalizados otros tres nuevos ciclos de arte digital, Tótemes, Ornamentos y Galvanización del blanco, ésta última exposición realizada como tema central de la decoración integral del Hotel de Pintor de calle Álamos (2005) y de la exposición Bornoy a pie de imprenta en el Vicerrectorado de la Universidad de Málaga en (2006).

La primera exposición individual del artista se celebró el día 15 de febrero de 1965 en las salas de la ya inexistente Casa de Cultura, edificada en la calle Alcazabilla sobre las ruinas del Teatro Romano. Desde su inicial muestra hasta la última de ellas, Bornoy realizó 62 exposiciones individuales: Málaga (20), Madrid (15), Torremolinos (2), Murcia, Alicante y Valencia (4), Nueva York (2), Valladolid, Venecia, Estocolmo, Beirut, Cádiz, Burgos y Fuengirola, Córdoba (3), Granada (2), Marbella (3), así como en Almuñécar y Almería. De carácter colectivo sumaba, durante el mismo periodo, un total de 45 exposiciones: Madrid (6), Valencia (4), Zaragoza y Sevilla (3), León y Murcia (2), Barcelona, Oporto, Lisboa, Torremolinos, Beirut (Líbano), Marbella (6), París, Antequera, Montreal (Canadá), Dresde (Alemania), Zamora y Málaga (18) y Valdepeñas. Beca Municipal Picasso de 1973 y Beca Goyca del siguiente año, de sus premios, trofeos y menciones más importantes debemos citar: Medalla de Plata Nacional (Valencia, 1966); Medalla de Bronce de Extremadura y Andalucía (Sevilla, 1967) y Accésit del II Salón de Invierno (Málaga, 1967); Medalla de Oro Nacional y Medalla Ciudad de Barcelona (Barcelona, 1968); Medalla de Oro Nacional y Primer Premio de Arte Abstracto (Alicante, 1969); Premio de la Crítica al Mejor Conjunto Artístico presentado en la temporada 1971-72 (Valencia, 1972); Beca Picasso del Excmo. Ayuntamiento de Málaga (1973); Primer Premio de la Bienal Nacional de Pintura y Escultura


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de la Academia de San Telmo, Málaga (1974); Primer Premio II Bienal Internacional de Arte (Marbella, 1974; Premio a la Juventud e Investigación Creadora Julio Prieto Nespeira (Madrid, 1979) y Accésit de la III Bienal Internacional de Arte de Marbella del mismo año; Premio Centenario de Picasso del Ministerio de Cultura, Bienal Internacional de Arte (Marbella, 1981) Palustre de Oro en el Homenaje Popular de la peña del mismo nombre Málaga, 1984) y Distintivo de Oro de APLAMA, Asociación de Artistas Plásticos de Málaga (Málaga, 2006). Asimismo su obra figura en importantes colecciones privadas, museos y galerías de arte: Museo Nacional de Arte Reina Sofía, Madrid; Museo Español del Grabado Contemporáneo, Madrid; Ayuntamiento de Málaga; Diputación de Málaga y Museo Municipal de Málaga; Ateneo de Málaga; Fundación Unicaja; Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga; Museo del Santo Sepulcro, Málaga; Museum Gustavianum, Upsala (Suecia); Galerie Kosma, París (Francia); Fontainebleau Gallery, Nueva York (EE.UU.) Accademia de Arte Moderna de Roma (Italia)… En 2006 se cumple uno de sus más antiguos anhelos: realizar el cartel de Feria de Málaga. De su producción poética cabe citar los siguientes títulos: Tiempo de número (1971), 004 y medio IBM y compañía (1973), La alcuza (1976), Matar la luz (1978), Campo de ensayo (1984), Momentos convidados (1984), Almáciga (1985), Mar cómplice (1986), Celebración de las aguas (1987), Universo mínimo (2005) y Terminado en binza (2006). De 1980 a 1984 crea,

edita y dirige, junto al poeta José Infante, los Cuadernos de Poesía Jarazmín. En el campo de la edición, además de Jarazmín, hay que resaltar la excelente labor desarrollada como diseñador, editor, director y creador de las colecciones de poesía Zafo e Ibn Gabirol (esta última para la Generación del 27), al publicar títulos (inéditos hasta entonces en España) de Kenneth White, Ossip Mandelstam o Gérard de Nerval, entre otros… Desde 2001 dirige, diseña y edita el Anuario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, a la que pertenece como miembro de número de la Sección de Pintura desde el día 29 de noviembre de 2001, propuesto por Manuel Alcántara, María Victoria Atencia y Rodrigo Vivar Aguirre. También es Membro Effetivo del Senato Accademico de la Accademia Internazionale D’Arte Moderna de Roma, para el que fue distinguido, junto con el pintor y grabador búlgaro residente en Málaga, Valentín Kovatchev (1997). De Bornoy se han ocupado en los distintos medios de comunicación firmas de gran prestigio nacional e internacional: Vicente Aleixandre, Pablo García Baena, Alfonso Canales, José Antonio Muñoz Rojas, María Victoria Atencia, Rafael León, Manuel Alcántara, José Infante, Gloria Fuertes, Antonio Gala, Rosario Camacho, Luis Antonio de Villena, Leopoldo Alas, Francisco Ruiz Noguera, Antonio Soler, Aurora Luque, Santiago Castelo, Julián Sesmero, José María Prieto, Carlos Areán, Manuel Augusto García Viñolas, Isabel Hurley, Kenneth White, Ana Rossetti, Juan Miguel Ruiz Medianero, Alfonso


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López Gradolí, Antonio Garrido Moraga, Rafael Inglada, Eduardo Mendicutti, Julio Trenas, Iñaki Gabilondo, Lalo Azcona, Juan de Loxa, Álvaro García, Juan Antonio González Iglesias… Sobre una propuesta del Departamento de Arte de la Universidad de Málaga y de APLAMA (Asociación de Artistas Plásticos de Málaga), el Excmo. Ayuntamiento le asignó una calle con el nombre de Pintor Pepe Bornoy en el marinero barrio de Huelin en 2004.

Enrique Brinkmann Parareda, autodidacto, pertenece a la Genera-ción del 50 malagueño, fue activo componente del Grupo Picasso y del Movimiento Actual del Mediterráneo, con cuyos colectivos participó en distintos momentos durante los iniciales años de su carrera, y Senador del Reino en la primera legislatura democrática española de finales de los años 70 del siglo XX. Tras abandonar los estudios de peritaje industrial en 1955, se dedica a la pintura de manera preferente. De 1961 a 1966 marcha a Alemania, donde trabaja en una fábrica, recorre Europa residiendo en Colonia, Berlín y Roma y regresa

definitivamente a Málaga en 1967. Vive posteriormente entre Madrid y Málaga e imparte cursillos de grabado en Fuendetodos y en la madrileña Casa de la Moneda. Brinkmann es un fecundo artista de muy personales maneras pictóricas que también ha destacado en el campo de la estampación y, en ocasiones, en el de la escultura, “objetos”, según propia definición. Autor cuya abundante obra ha sido analizada desde todos los puntos de vista posibles, destacados críticos y estudiosos (Cabra de Luna, Rosario Camacho, José Miguel Ullán, Moreno Galván, Santiago Amón, Julio Trenas, etc.) hallaron en ella, además de una insuperable maestría en el dibujo, elementos residuales en unos casos y concretos en otros, de cambiante, muy atrevida y patética iconografía de lenguaje expresionista, surreal, abstracto, figurativo-informalista, lo que revela las distintas lecturas que de su producción artística se ha hecho desde 1957 en que se da a conocer hasta el año 2003, en que cerramos su currículo. Brinkmann, al hablar de su obra, ha confesado ir de la construcción a la destrucción en una constante idea de orden-caos, sin dejar de experimentar procedimientos para hallar su personalísimo lenguaje pictórico. Al referirse al devenir de su obra hasta la mitad de los años setenta de la pasada centuria, la académica de San Telmo, Rosario Camacho escribió: Su obra ha venido ciñéndose temáticamente al marco de una tradición de surrealismo y figuración fantástica donde el contenido es captable de modo racional; el dibujo de trazo minucioso y delirante, elemento indiscutible


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en su obra, nos irá presentando al individuo aislado de su realidad ambiental y social, independientemente en un mundo extraño, de vacío misterioso, imágenes amargamente burlescas, seres desgarrados, esperpénticos, irónicos, que parecen evocaciones de las regiones misteriosas del subconsciente... Por su parte, el también académico de la misma corporación José Manuel Cabra de Luna, autor del texto del libro-catálogo de la exposición Brinkmann, Comienzo y Obra Reciente (Palacio Episcopal. Málaga, 1993), dejó escrito: Diríamos que en Brinkmann, una vez alcanzado un grado de perfección formal,, se ha producido un lento, intuitivo y persistente proceso de desconstrucción, una voladura pertinaz de gran parte, grandísima parte de su bagaje artístico para buscar una aproximación a su origen, no a su origen como artista, en cuanto pintor, sino al origen de toda creación; en Brinkmann se ha producido un complejo procedimiento de desculturización y esto, en un pintor altamente respetado por sus conocimientos técnicos y por su universo iconográfico, personalísimo, supone un acto de extrema valentía... La primera exposición individual de Brinkmann tuvo lugar en los salones de la Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1956) y siguieron: Sala Libros, Zaragoza (1957); Galería Alfil, Madrid; Artis, Salamanca, y Quin, Palma de Mallorca (1959); Galerías Neblí, Madrid, y Libros, Zaragoza (1960). De las numerosas exposiciones individuales que Enrique Brinkmann celebró en Málaga, una de ellas dejó un sabor agridulce seguida de polémica periodística al descolgar el pintor sus obras expuestas en la Sala que el Monte de Piedad y

Caja de Ahorros de Ronda tenía entonces en la calle Sancha de Lara. La citada exposición, que se anunció patrocinada por la indicada entidad de ahorro en el mes de noviembre de 1960, disputó con el artista el presupuesto de los catálogos –muy elegantes y bien confeccionados, con nutridas y artísticas fotografías realizadas en el estudio de Francis–, resultando de la negativa del patrocinador la decisión del artista de descolgar las obras y, en consecuencia, quedar clausurada la muestra. El escándalo fue monumental. Un chiste del dibujante Elgar, publicado en la prensa local a éste propósito, reveló la magnitud del incidente, al decir un personaje de su viñeta diaria: “Aquí no queremos expositores, sino impositores”, frase que rió toda la ciudad. La primera salida al extranjero de la obra de Enrique Brinkmann fue en 1961, exhibiéndose en la Iowa Memorial Union, EE. UU., y a la que siguieron las celebradas en Forum, Nueva York (1963); Librería Internazionale Terzo Mondo, Roma; Boisseré, Colonia; Clasing, Múnich, y Scorpio, Roma (1964); Museo Provincial de Bellas Artes, Málaga (1965); Galería Montjoie, Bruselas (1966); vuelve a Boisseré, Montjoie y Clasing y concluye el año en Galería Seiquer, Madrid (1968); Da Vinci, Madrid (1969); Caja de Ahorros de Antequera, Málaga (1970); Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid, y Galería Ramón Durán, Madrid (1972); Galerías Lázaro, Bilbao (1975); Rayuela, Madrid (1976 y 1977); Trentadue, Milán, y Rayuela, Barcelona (1978); Italia, Alicante (1979); Museo Provincial de Málaga (1980); ARCO,


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Madrid (1982); ART 14-83, Basilea (1983); ARCO, Madrid (1984); Pierre Huber, Ginebra (1985); Juan Gris, Madrid (1986); Manuela Vílchez, Marbella, Italia, Alicante (1987); ARCO’88 y Tórculo, Madrid (1988); Gaspar, Barcelona (1989); Detursa, Madrid, y Johannes Schiling, Colonia (1991); Anselmo Álvarez y Tórculo, Madrid; Durero, Gijón; Italia, Alicante y Palacio de La Madraza, Granada (1992); Fundación Pablo Ruiz Picasso, Palacio Episcopal de Málaga y Museo Cruz Herrera, La Línea de la Concepción, Cádiz (1993); Caja de Ahorros Provincial de Córdoba (1994); Tolmo, Toledo (1995); A’G Arte Gestión, Bilbao; Durero, Gijón, y Luzán, Zaragoza (1996); Ars Vivendi, Pfaffenhofen, Alemania, y Joan Gaspar, Barcelona (1997); Italia, Alicante y Colegio de Arquitectos de Málaga (1998); Rayuela, Madrid; Museo del Grabado Español Contemporáneo, Marbella, y Joan Gaspar, Barcelona (1999); Durero, Gijón; Juan Manuel Lumbreras, Bilbao, y Joan Gaspar, Barcelona (2000); Tolmo, Toledo, e Italia, Alicante (2001), y la Caja Negra, Madrid, y Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria,

Málaga (2003). Entre 1959 y el año 2002 Enrique Brinkmann participó en un centenar de eventos colectivos, de los que destacaron: IX y X Bienal Internacional de Sao Paulo (1967 y 1968); Pintores Españoles del Siglo XX, Varsovia (1973); Pintura Española del Siglo XX, Ciudad de Méjico (1978); Spanish Art Tomorrow, Corcoran Gallery, Washington (1981); La Estampa Contemporánea en España, Centro Cultural del Conde-Duque, Madrid (1988); Homenaje a Manolo Mi-llares, Instituto Cervantes, Lisboa (1998), etc. Enrique Brinkmann está en posesión del Premio Nacional de Grabado de 1994, convocado por la Calcografía Nacional-Real Academia de San Fernando de Madrid. Su obra está representada, entre otras famosas pinacotecas y colecciones públicas y privadas, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Museo Nacional de Arte Reina Sofía, Fundación Juan March, Fundación Picasso de Málaga, Biblioteca Nacional de Madrid, Albertina Museum de Viena, Museo de Arte Abstracto de Cuenca, Ateneo de Málaga, etc.


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Artista que reside en Málaga desde 1969, Pepa Caballero Castro inicia su formación artística a los diez años de edad al ingresar en la Escuela de Artes y Oficios de Granada donde estudia pintura y modelado; posteriormente, a partir de 1965 hasta 1968, en la Escuela Superior de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, de Sevilla, cursa la carrera con matrícula libre. Finalizado su inicial periodo formativo, a partir de 1960 participa en numerosos certámenes y convocatorias de pintura, celebra

sus primeras exposiciones individuales y participa en otras colectivas, consiguiendo varios premios para artistas noveles. Profesora de dibujo durante un decenio en institutos de enseñanza media en Granada y Málaga, fue cofundadora del Colectivo Palmo de pintores y escultores malagueños con el que mantuvo una larga relación de compromiso creativo partipando en numerosas exposiciones colectivas organizadas por el grupo. Su obra, analizada por numerosísimos autores a través de una abundante y selecta bibliohemerografía, constata el interés que las distintas etapas de la pintora suscitó entre quienes la siguieron a través de los años. A Francisco Chica debemos unos de los textos más relevadores, al afirmar: Color y geometría. Éstas son las bases sobre las que se asienta el fulgurante cosmos en el que nos introduce la mirada de Pepa Caballero. Desnuda y llena a la vez de sorprendentes significaciones, su


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obra ha ido creciendo en coherencia y madurez hasta alcanzar el grado de penetración que muestran sus últimos trabajos, una rigurosa síntesis que otorga pleno sentido a las intuiciones (en torno a los orígenes, a la idea cíclica del tiempo, a la búsqueda de la unidad primordial) en las que había venido indagando en etapas anteriores. Otro exégeta de su obra, Juan Manuel Calvo, expresó: Cada cuadro de Pepa acaba siendo, al fin, su primer cuadro y ante él encara el lienzo y tienta los colores con la limpieza de un inicio. Todo el bagaje de lo ya aprendido, sirve de ayuda y lastre al mismo tiempo. Y esa contradicción le sirve a Pepa para seguir pudiendo disfrutar de la naturaleza de sus cosas. Al elevadísimo número de participaciones en colectivas (Madrid, Málaga, Sevilla, Marbella Fuengirola, Granada, Huelva, Antequera, Huesca, Algeciras, Zamora, Salamanca, Barcelona, Ciudad Real, Alicante, Logroño… Pepa Caballero sumó las siguientes exposiciones individuales desde 1970 a 2004: Galería del Hotel Seghers, Estepona (1970 y 1971); Galería Hotel Carihuela, (1971); Sala de Arte de la Diputación, Málaga (1972); Galería Studium, Valladolid (1973); Colectivo Palmo, Málaga (1980); Galería Fuentetaja Universal, Madrid, y Colectivo Palmo, Málaga (1982); Galería Carmen Julián, Málaga (1988); Sala de Arte de la Diputación, Málaga (1995); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1997); Galería Cartel, Granada; Málaga Arte+Sur y Casa Municipal de Cultura de Toro, Zamora (1998); Centro Cultural de la Diputación de Málaga (2000); Sala Italcable, Málaga (2003); Galería Municipal Manolo Alés de la

Línea de la Concepción y Casa Fuerte de Bezmiliana de Rincón de la Victoria (2004).

Pepa Caballero obtuvo en 1975 el Primer Premio de Pintura de la III Bienal Internacional de Marbella, e, igualmente, otro de idéntica categoría del Colegio Universitario (Universidad de Salamanca) de la IV Bienal Internacional Ciudad de Zamora.

Antonio Caballero Torralvo, virtuoso acuarelista que dominó tan esquiva técnica, y que gracias a la soltura y espontaneidad de que hacía gala en sus obras definió una fuerte personalidad de la que destacaban fundamentalmente sensibilidad, lirismo y creación de atmósferas, su despertar al arte se manifestó pronto. Siendo niño y amante de los animales, con el fin de fijar con precisión sus gestos y actitudes, se ingeniaba distintos lances para captarlos adecuadamente y reproducirlos en sus dibujos y plumillas. Se interesó de joven por la escultura, cuyas muestras en madera resultan apenas conocidas. Aunque por el lenguaje, trazos y pinceladas que son comunes en el ejerci-


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cio de la técnica acuarelística sentíase autodidacta, porque descubrió sus secretos en solitario según decía, siguió estudios en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, finalizándolos en 1960. Dominó igualmente el dibujo lineal, lo que le permitió un trabajo estable como funcionario en Málaga del Ministerio de Obras Públicas. Sus primeras obras fueron conocidas en certámenes provinciales y concursos al aire libre de la Obra Sindical Educación y Descanso (1969, 1970, 1971) en los cuales fue recompensado con algunas distinciones. De sus trabajos de aquella primera época, el crítico del diario Sur, José Mayorga, expresó: Antonio Caballero es un excelente acuarelista que en todo caso denota esa asimilación del idioma idóneo en esta técnica. Una obra a la que también cabe designar como poética por haber sabido el autor llevar al medio todos aquellos sentimientos subjetivos que desencadenan sus temas en el observador. Una obra de gran efectividad que arranca y nace del atento estudio de las gradaciones de tonalidades del color que aparecen por el ejercicio técnico de este sistema plástico, lo que implica una eficaz captación del principio armonizador que cabe esperar de toda obra artística bien pensada y bien realizada. Una posterior invitación al análisis de la obra del artista la hallamos en el catálogo de su exposición en la Sala Pórticus (octubre, 1994) en la que distinto crítico llamó a Caballero Torralvo recreador de atmósferas antes de introducirle en las evidentes señales que marcaban sus trabajos hasta entonces: Observe el aficionado a la acuarela -que en Málaga son muchos y críticos- las formas sutiles que cam-

pean en sus delicadas manchas y estudie de qué afortunada manera el ejercicio del pincel, al rozar ligeramente la superficie, deja exclusivamente la marca deseada, el efecto sin empacho, la adecuada administración de color, y estudie finalmente las delicadas texturas obtenidas. Tan simple análisis le conducirá a hacer su propia definición del artista y del género que cultiva, evitando las subjetivas ayudas de expertos o críticos. Exposiciones inviduales: Liceo de Málaga (1978, 1979); Caja de Ahorros de Ronda, Torre del Mar (1979, 1980, 1981); Casino de Marbella (1981, 1982); Caja de Ahorros Provincial, Vélez Málaga (1981, 1982, 1983 y 1991); Galería de Arte Rafael Heredia, Vélez-Málaga, y Galería de Arte Miguel Ángel, Málaga (1984); Galería Benedito, Málaga (1985); Sala Velázquez, Valladolid (1986); Galería Menacho, Badajoz (1986, 1987); Galería Lautier, Madrid (1989); Galería de Arte Elvira, Granada (1990, 1991); Galería Xauen, Granada (1994); Galería de Arte Pórticus, Málaga (1992,1993,1994); Casa de Cultura de Antequera (1994); Casa de Cultura de Ronda (1995); Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria (1996); Casa de Cultura de Archidona (1997); Casa de Cultura del Arroyo de la Miel, Benalmádena (1998) e Ilustre Colegio de Médicos, Málaga (2000). Exposiciones colectivas en Málaga, a partir de 1969: Malacke, Miramar Arte, Educación y Descanso, Miguel Ángel, La Maison, Palacio de la Aduana, Porticus, Ilustre Colegio Oficial de Médicos, Galería de Arte Nova y Galería de Arte Pablo Ruiz. También participó en otros eventos colectivos celebrados en el Castillo del Bil-


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Bil (Benalmádena), Ayuntamiento de Torremolinos, Badajoz (2), Córdoba, Madrid, Valladolid y Granada. De muy destacada labor como cartelista e ilustrador, hizo numerosos trabajos para las cofradías de la Expiración, Sepulcro y Prendimiento; asimismo, para las organizaciones Manos Unidas, Unicef y Asociación de la Prensa de Málaga.

Andrés Cabello Requena, escultor de gran popularidad dado el elevado número de trabajos que esculpió para numerosas cofradías de Semana Santa de Málaga, lo fue igualmente por los largos años de docencia ejercida en la Institución Sindical de Formación Profesional Francisco Franco, hoy Instituto Rosaleda, donde fue maestro de varias generaciones de jóvenes malagueños. Llegó a Málaga en 1934, recién cumplidos los 19 años de edad, y en ella realizó toda su obra durante los seis decenios que vivió y trabajó en ella. Tuvo taller propio en la Alameda de Capuchinos. Con Adrián Risueño realizó, entre 1943 y 1949, el trono de la Virgen de la Esperanza, bellísima obra del barroco semanasantero malagueño. Numerosas

cofradías le encargaron distintos trabajos en diferentes momentos: Esperanza, Mutilados, El Rico, Zamarrilla, Prendimiento (a la que dejó la imagen de María Santísima del Gran Perdón, además del trono y otros trabajos); asimismo, realizó bellísimos retablos en el santuario de la Virgen de la Victoria y en la iglesia del Sagrario, escultura de San José en la de Carranque, amén de otros muchas obras para iglesias y conventos de la provincia de Málaga. Andrés Cabello dejó al morir numerosos discípulos, ya brillantes ejercientes de tal oficio, entre los que cabe recordar a Juan Ramírez Moreno, Alfonso de Ramón Monterde, Francisco Sánchez Ramos, Rafael Millán, Miguel García Navas, Diego Rueda Vergara y Rafael Ruiz Liébana, entre otros.


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En el último decenio del siglo XX, José Manuel Cabra de Luna además de abogado, poeta, crítico de arte, escultor ocasional y académico de San Telmo, se unió a la vanguardia de la creación gráfica malagueña con singular predisposición. Formado en Gravura con Paco Aguilar y en dicho taller efectuadas algunas impresiones, sus grabados (serigrafía, aguatinta, punta seca, aguafuerte, etc.) sorprendieron no sólo por la simplicidad de sus iconos y la sencillez expresiva de los mismos, sino por el color, en ocasiones desbordante. Previamente a la aparición de sus grabados, Cabra de Luna había recibido el Primer Premio del Concurso de Pintura y Dibujo Arte Joven Malagueño El Corte Inglés en su decimoquinta edición (1994) por su trabajo “Sin título”. Sobre la obra de este autor, presentada en una gran exposición en el Museo del Grabado Contemporáneo de Marbella (2001) opinó José María Morales Camón: Quizás no sea Cabra de Luna uno de los artistas que puedan presentar una más dilatada trayectoria gráfica, pero resulta indudable que en su relativamente corta carrera como artista gráfico los resultados obtenidos son más que oportunos,

y bien felices. Ahí está la presencia de sus obras entre las seleccionadas en los Premios Nacionales de Grabado que organiza este Museo, en los que una de ellas (incluso) fue objeto de una Mención Honorífica. De otro lado, con motivo de su exposición en la Sala Estiarte (Madrid, 2003), el crítico C. García-Osuna opinó: La muestra de José Manuel Cabra de Luna está marcada por el eclecticismo, tanto en el dominio de las diferentes técnicas como en su aspiración a transformar sus elementos formales en expresión lírica, con la geometría y el color como vehículos de sus trabajos sobre papel, estampas y esculturas, que dictaminan un territorio que podría entenderse como proyección de la poesía, desde el haiku al soneto, con la intención de dotar de un ritmo semejante a sus creaciones plásticas. Muchos han sido los grabados o colecciones de ellos que destacan de su obra gráfica, de los cuales nos permitimos citar la carpeta Persianas y la titulada Voyelles, Dichos de amor y luz y la Suite Gadamer, entre otros ciclos. La gráfica de Cabra de Luna está representada en la Excma. Diputación Provincial de Málaga, en su Ayuntamiento, en el CAC de la misma ciudad y en el Museo del Grabado de Marbella. Cuando estos datos se recogían estaba en proceso de aprobación el expediente para incorporar su obra al Gabinete de Estampas del Centro de Arte Reina Sofía.


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Antonio Cantero Tapia, formado en el taller de pintura de Juan Baena y profesor de dibujo y pintura del Centro Ocupacional Padre Jacobo y profesor de la Academia García Rizo, no es quizá, de entre los de su misma generación, artista que haya sobresalido por el número de exposiciones individuales, pero sí destaca por los numerosísimos primeros premios obtenidos desde 1993 hasta finales del siglo XX y primeros años de la presente centuria. Su pintura ha sido objeto de estudio y crítica por parte de diferentes autores, que vieron en sus obras, con el transcurrir de los años, notables avances. Con motivo de una de sus exposiciones en Galería Nova, el crítico Enrique Castaño Alés publicó su opinión en el diario Sur en el que aseguraba: Siendo como es un pintor tradicional, tanto en la técnica como en los temas, sin embargo tiene óleos, como uno ocupado en toda parte su inferior por la arena de la playa, en los que aflora una cierta vocación experimental, o al menos de ser más sutil en el empleo de los tonos y de los matices. Desde su inicial exposición en Galería de la Hispanidad (Málaga, 1987) hasta la última de las celebradas ya ini-

ciado el siglo XXI en Galería La Reina de Tívoli (Arroyo de la Miel, 2003), su programa galerístico fue: Caja Rural de Arroyo de la Miel, y Casa de Cultura de Benalmádena (1988); Casa de Cultura de Churriana (1989); Salón de Actos del Ayuntamiento, Alhaurín el Grande (1990); Casa de Cultura de Antequera (1991); Círculo Cultural de El Ejido, Almería (1997); Sala de Exposiciones de la Axarquía, Vélez-Málaga y Galería Santa Engracia de Madrid (1998); Caja Rural de Málaga (2000); Galería Baros, Madrid (2001); Galería la Reina de Arroyo de la Miel, Benalmádena, y Galería Pablo Ruiz de Málaga (2003). A partir de dicho año tenía concertadas exposiciones en Grupo Siglo XXI de Tomelloso, Ciudad Real; Galería Nova, Málaga; Galería Xauen y Galería Elvira, Granada, y Casa de Cultura de Vera, Almería. Cantero Tapia sumó, desde 1999 en que consiguió un Primer Trofeo al Mérito Artístico hasta bien entrado el nuevo siglo, una treintena de primeros premios en concursos y certámenes de pintura rápida, al aire libre, encuentros de arte y convocatorias artísticas en Málaga, Arenas, Torrox, Torre del Mar, Monda, Antequera, Vélez-Málaga, Huelva, Roquetas de Mar y Vera (Almería), Fuengirola, Rota y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), Torrepacheco (Murcia), Sot de Chera (Valencia), Albacete, etc., hasta totalizar el número ya mencionado.


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Joaquín Capulino Jáuregui, nacido en la calle Matadero Viejo del popularísimo barrio del Perchel –lo que en la época definía una situación social–, fue discípulo de Martínez de la Vega y Muñoz Degraín en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga (1895-99), durante los cuales recibió premios en dibujo del antiguo, ropaje histórico y paisajes. Los diplomas de primera clase conseguidos durante el mismo periodo fueron de colorido y composición, dibujo del natural, anatomía pictórica, perspectiva e historia del arte. A los 25 años fue becado por el Ayuntamiento de Málaga y con tal apoyo pudo estudiar en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid (1905-07). Durante todo el año 1908 siguió estudios especiales para profesor de dibujo, lo que le permitió en 1909 alcanzar, mediante reñidas oposiciones, la cátedra correspondiente en la Escuela de Artes y Oficios de Logroño. Sucesivamente, ejerció en la Escuela de Artes y Oficios de Algeciras (1915) y, a través de permuta, terminó su actividad docente en la de Granada, donde se jubiló en 1949.

El crítico de arte y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, Manuel Prados y López, escribió en el diario La Unión Mercantil (17.IV.1932): Joaquín Capulino es uno de los primeros valores contemporáneos de la pintura malagueña […] Los paisajes de Capulino son famosos entre los amantes del color… Nadie podrá tachar a este autor de anquilosado. El paisaje es para Capulino el enamorado de las calidades –sedas coruscantes, terciopelos de carnes de mujer y de espléndidas rosas abrileñas– ocasión propicia para lucir la habilidad y la gracia de la interpretación. Un decenio más tarde, con ocasión de una de sus exposiciones individuales, en el Salón Cano, Madrid el diario nacional Pueblo publicó (01. VI.1943): Joaquín Capulino Jáuregui es uno de los primeros valores contemporáneos de la pintura malagueña. […]. Capulino pinta en silencio, atento sólo en recoger en su corazón toda la belleza que se mete con fuerza por sus ojos para darle forma con sus pinceles, con esa gracia única con que realiza sus concepciones, añadiendo: vamos a creer todos, sin envidias ni mentales reservas, que Capulino Jáuregui es uno de los mejores paisajistas españoles. Su primera exposición la celebró en el culto y popular Liceo de Málaga en 1895, cuando el artista recién había cumplidos los 16 años de edad. Entre sus posteriores exposiciones individuales, que no fueron demasiadas por su absoluta dedicación a la docencia artística, destacan. Centro Artístico de Granada (1944 y 1949), Hotel Miramar, (Málaga, 1952) y Sociedad Económica de Amigos del País (1954 y 1962); ya fallecido, se celebraron otras distintas:


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Galería Malacke (1978), Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos (Granada, 1979) Galería Malacke (Málaga, 1985).

De sus exposiciones colectivas descuella sin lugar a dudas su participación con “Interior feliz” y “Darro” en la exposición Arte Español (Salón Witcomb, Buenos Aires, 1929) junto, entre otros, a Álvarez de Sotomayor, Anglada y Camarasa, Mariano Fortuny, Martínez Cubells, su maestro Muñoz Degraín y Santiago Rusiñol, Romero de Torres o Joaquín Sorolla, entre otros. A lo largo de su larga carrera artística y docente Joaquín Capulino Jáuregui obtuvo Medallas de Oro en la Exposición Provincial (Málaga, 1901), Exposición de Melilla (1925) y Exposición de Córdoba (1925); una Segunda Medalla le fue concedida en la Exposición Nacional de Artes Decorativas (Madrid, 1911); Terceras Medallas las alcanzó en la Exposición del Liceo (Málaga, 1895) y en la Nacional de Bellas Artes (Madrid, 1922); y Menciones de Honor, en la Nacional de Bellas Artes, por su cuadro “La hora del baño” (Madrid, 1904) y en el mismo certamen por “Contraste” (Madrid, 1906). Otros premios, trofeos y distinciones, salvo error u omisión involuntaria, fueron: Premio de los Juegos Florales (Málaga, 1908), Premio de la Junta de Festejos (Málaga, 1909) y Premio de Carteles de la Junta de Festejos (Málaga, 1925).

Compañero de Evaristo Guerra y Joaquín Lobato en la veleña escuela de Juan de Dios Morcillo, José Casamayor Sánchez con ocho años se inicia en las disciplinas de dibujo y pintura, que a tan tierna edad parecían ser mandato vocacional. El tiempo vino a demostrar lo contrario y orienta su innata proclividad creativa hacia la escultura, género que le atrae y que practica de forma autodidacta. Su obra inicial reproduce las sencillas representaciones y formas de vida popular del pueblo, así como animales y personajes del inmediato entorno que modela y da vida en barro. Estos trabajos los muestra por vez primera en la Sala de Exposiciones de la Caja de Ahorros Provincial de Málaga de su localidad natal, despertando las naturales expectativas dado que ya asomaba a través de ellas el futuro escultor que, según el profesor Palomo Díaz, …era el cuarto escultor nacido en Vélez-Málaga en medio milenio; por tanto él será quien incremente, en la modernidad artística que vivía la zona, la menguada nómina de precedentes artistas del mismo género veleños. A Ángela Ibáñez, vicepresidenta de la Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón,


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se debe un muy acertado comentario sobre la evolución de la obra de Casamayor: Libre y autodidacta marca el camino, con las huellas de sus propios pasos, en una escultura personal y característica que huye de caminos trillados. El crítico Pedro J. Ortega escribió en la revista GAL-ART (30.IX.2003) a propósito de su exposición en Tarragona: Casamayor es un escultor de Vélez-Málaga que lleva cerca de 30 años exponiendo por toda España, Europa y EE.UU.Cuando contemplamos sus obras no sabemos qué admirar más, si los simplificados instrumentos, hechos con unos materiales reciclados, o sus animales, a los que el artista llena de una especial forma, enjaezados con piezas que parecen sacadas de las mejores cuadras de Andalucía. Y no digamos nada de las estilizadas figuras humanas, sobre todo, naturalmente, las femeninas, llenas de una sensualidad especial dentro de su sencillez. Su forma personal de trabajar la negra y brillante piedra de Calatorao, se reitera en numerosas críticas y análisis de quienes han estudiado su abundante obra escultórica. Desde 1976 en que celebra su primera exposición individual en la Caja de Ahorros Provincial de Vélez-Málaga, su programa expositivo del mismo carácter, hasta el momento en que se redactan las presentes líneas, fue el siguiente: Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1979); Caja de Ahorros de Ronda, Torre del Mar (1980); Caja de Ahorros Provincial de Málaga (1981); Galería Rafael Heredia, Vélez-Málaga, (1983); Ayuntamiento de Nerja (1986 y 1987); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1988); Ayuntamiento de Nerja (1989); Palacio

del Marqués de Beniel, Vélez-Málaga (1990); Ayuntamiento de Nerja (1992); Galería Benedito, Málaga (2001) e Instituto Bezmiliana y Casa-Fuerte Bezmiliana, Rincón de la Victoria, así como Galería Mar, Barcelona (2002). Su participación en eventos colectivos suman un total de 7 en la zona de la Axarquía, 8 en Málaga, 6 en Madrid, 2 en Bruselas, San Sebastián, Zaragoza, Bilbao y Huesca; igualmente, Casa-mayor ha concurrido a distintas citas internacionales de arte (Madrid, Barcelona, Bruselas, Santander, Las Vegas, San Francisco, Marbella, Sevilla y Dubay. Esculturas de este autor embellecen ámbitos religiosos, públicos y privados de Vélez-Málaga, Nerja, Benamocarra, Benalmádena-Costa, Utebo, Zaragoza, y Nápoles. En 1988 recibió un Segundo Premio en el Certamen de UGT de Pintura y Escultura de Málaga y el Primero de la convocatoria para Andalucía de la misma central sindical. En 1992 obtuvo el Primer Premio Suso de Marcos en su VI convocatoria, y un año más tarde, el II Premio Nacional Villa de Parla. Por su participación en el Concurso de la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz, recibe en 1994 una Mención Honorífica, y un año más tarde, al tomar parte en el XXVII certamen de la misma institución académica, recibe un Segundo Premio. Por último, en 1996 obtiene el II Premio Jacinto Higueras, de San Esteban del Puerto (Jaén).


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Antonio Casares Palma es nieto del escultor Francisco Palma García y sobrino de Francisco, Mario y José María Palma Burgos hijos del anterior. A los catorce años de edad inicia su preparación artística en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Melilla. Regresa a Málaga en 1956 y continúa su preparación tanto en la Escuela de Artes y Oficios de Málaga como, sucesivamente, en los talleres de sus tíos José María, Francisco y Mario. Durante los primeros años de su dedicación artística se entrega con verdadera pasión al cultivo del dibujo, la escultura, el modelado y la cerámica. Hacia 1985 decide entregarse de lleno a la pintura. En ese momento es cuando percibimos la maduración del pintor, que se materializa en la abstracción de las formas inmersas en colores rebosantes de luz, opinión de uno de los estudiosos de su obra, Antonio Montilla. Este mismo autor apostilló: La contemplación de sus óleos nos sumerge en un mundo de sensaciones en las que se produce un estallido de luz, engendrado a partir de formas asimétricas y diversidad de colores que simplifican y engrandecen la propia visión interior en la percepción de la realidad del artista. En definición de la historiadora de arte Bernardina Roselló, Casares Palma tie-

ne la virtud, quizá la osadía, de armonizar los distintos miradores por los que podemos asomarnos al arte. Las exposiciones colectivas en las que participó (congresos y ferias nacionales e internacionales, certámenes y convocatorias institucionales y privadas diferentes) se constatan innúmeras desde 1961 al término del año 2000, y en cuanto a sus individuales durante el mismo periodo fueron: Espacio Tres, Málaga (1996); Sala E. Julián Besteiro, Madrid (1997); Ayuntamiento de Mijas, Galería Point, Caen, Francia; Caja Rural, Málaga, y Galería Ra del Rey, Madrid (1998); Montage Gallery, CastletonWhitby, Inglaterra; Galería Eduma, de Linares, Jaén, y Universidad de Málaga (1999); Jubema, Valencia; San Pedro de Faro, Portugal, y A’Dega, Alcobaca, Portugal (2000). Para el primer año del nuevo siglo, según tenía previsto, celebra dos nuevas muestras de sus obras, respectivamente, en Galería de Arte Tiempo, Fuengirola, Málaga, y Galería de Arte A’Dega, Lisboa. Escultor, grabador, pintor, profesor y fundador de los colectivos de artistas plásticos Grisalla y Espacio Tres, Antonio Casares Palma, recibió en 1956 el Primer Premio del Concurso de Carteles para las Fiestas Deportivas de Melilla.


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Santiago Casilari Roldán, sobrino además de alumno del pintor Joaquín Martínez de la Vega, llegó, con el tiempo y el ejercicio del oficio, a destacar precisamente en las técnicas que tan justa fama alcanzó su tío y maestro, el carboncillo y el pastel; y en cuanto a lo temático, la Dolorosa y el Ecce-Homo (asuntos recurrentes en la producción de pariente y maestro), fueron iconos que no por repetidos a ninguno de los dos impidió trabajos realmente meritorios. Matriculado a los 18 años en las asignaturas de Dibujo de Figura y Dibujo del Antiguo en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Málaga en 1892, todavía dependiente de las academias provinciales (en este caso la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo). Su aprovechamiento fue tal que obtiene, al término del primer curso 1892-93, sobresaliente con Diploma de Honor en Dibujo de Antiguo; sobresaliente con Segundo Accésit en Composición; sobresaliente con Premio Honorífico en Anatomía Artística; sobresaliente con Premio en Elementos de Perspectiva y la misma clasificación con Diploma de Honor en Teoría e Historia de las Bellas

Artes. En los siguientes cursos (1894-95 y 1895-96) repite las estupendas calificaciones del primero de los cursos en Bellas Artes. Dibujante que aplicó a sus trabajos la espontaneidad de su temperamento, el resultado de su obra era, a veces, la expresión inequívoca de poseer una paleta rica en colores, no obstante saberla dominar. Los iniciales premios a su trabajo fueron: Medalla de Oro de la exposición celebrada en el Liceo de Málaga por su cuadro titulado “El Potaje”, un retrato al carbón realizado a un gitanillo malagueño de la época; y Diploma con Medalla de Primera Clase, al participar en un certamen municipal en 1894. Casilari fue desde muy joven profesor de Perspectiva, de Anatomía y Dibujo de Figura. Tras el ejercicio de la docencia artística numerosos años, compatibilizó su tarea diaria docente y la creativa particular con algunas iniciativas comerciales, con el fin de sostener a su numerosa familia. Casilari falleció el 16 de julio de 1954, dos meses antes de cumplir los ochenta años de edad.


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Francisco Castellano Fernández, sobrino nieto del afamado pintor malagueño José Jiménez Niebla, es artista que practicó con idéntica fortuna poesía, narrativa y pintura, campos en los que consiguió premios y distinciones, según atestiguan los numerosos que alcanzó en las citadas disciplinas. La escultura tampoco fue ajena en su dedicación artística. A los siete años de edad frecuentó la Escuela de Bellas Artes, recibiendo clases del pintor y profesor Antonio de Burgos Oms. Sus estudios y dedicación profesional derivaron hacia actividades no relacionadas con la creatividad artística, pero con el tiempo se entregó a la literatura y más tarde a la pintura y escultura. Su obra pictórica evolucionó del realismo fantástico al abstraccionismo y de él hacia el collage o el pluritextural de signo monotemático. Con motivo de la exposición que celebró en Málaga (ambas Salas de la Sociedad Económica de Amigos del País, junio de 1988) se publicó en Sur el siguiente juicio crítico: Al realismo pictórico malagueño, tal como se ha venido desarrollando a través de los diferentes ciclos conocidos, le ha faltado la guinda de lo doméstico, usual y cotidiano. El remate lo

acaba de poner Francisco Castellano cuando nos propone una nueva realidad que arranca precisamente de la nostalgia, ese estadio emocional y hasta primitivista que tiene la virtud de retrotraer a la criatura hacia unos tiempos de soledad, intimismo y autenticidad donde nada le es ajeno ni ocioso porque todo lo que el tiempo acabó diluyendo le perteneció un día. A dicha exposición pertenece también el juicio que entonces, y con motivo de la citada muestra, hizo el poeta Manuel Alcántara: Hace mucho tiempo que Paco Castellano es pintor. Dibujos y óleos lo atestiguan. Lo que ahora presenta en la Sociedad Económica, ha sido posible gracias a su anterior y callado recorrido artístico. Cada uno de sus cuadros es diferente a los otros, ya que se atiene a una búsqueda distinta, pero todos están presididos por la pureza y por el amor a la obra bien hecha. Las primeras obras del pintor se conocieron en 1975 y hasta finales del año 2000, conclusión del siglo, Castellano había expuesto en los Salones de Otoño de Huelva, Murcia, Málaga y Sevilla; Ayuntamientos de León, Martos, Palencia y San Sebastián; Diputaciones de Badajoz, Guadalajara, Segovia y Teruel. Durante el mismo periodo –veinticinco años finales del siglo XX– participó en certámenes colectivos de Altea, Luarca, Pego, Pollensa, Puertollano y Talavera de la Reina, y fue seleccionado para participar en las convocatorias de los premios Adaja (Ávila), Bacardí (Málaga), Café Marfil (Elche), Institución El Broncese (Cáceres), Joan Miró (Barcelona), y las Bienales de Andújar, Huesca, Marbella, Oviedo, Pontevedra, Segovia, del Tajo (Toledo)


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y Zamora. A sus numerosos premios y distinciones en el campo de la narrativa y la poesía (Internacional GALA, Miami, EE.UU.; Internacional Miguel de Unamuno; Nacionales García Pavón, Ciudad de Cáceres, Ciudad de Toledo, Gerardo Diego de Poesía, y de relatos Juan José Relosillas, hay que añadir que fue también finalista de los premios Nadal, Herralde y Ateneo de Valladolid. Su palmarés pictórico constata los Premios Ciudad de Teruel, Café Marfil, de la Exposición Regional de Extremadura y Andalucía, el Premio San Fernando y Ciudad de Martos. CASTILLO PAYÁN, Ramón (Ver QASTIYO) CASTRO OBLARÉ, Antonio (Ver OBLARÉ)

Ceferino Castro Torres, pintor y dibujante pensionado por el Ayuntamiento de Málaga en 1928, fue alumno de la Academia de San Fernando y desempeñó el cargo de ayudante meritorio de Dibujo en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga, profesor de la misma disciplina del Colegio de los PP. JJ. de El Palo y de la Escuela de Formación Profesional Nuestra Señora del Carmen de la misma barriada, así como profesor de dibujo geométrico de taller, proyecciones, lectura de planos e industrial de la desaparecida Escuela de Comercio de Málaga. Con 31 años de edad alcanzó notabilidad local al advenimiento de la II República Española y conmemoración del primer centenario del fusilamiento de Torrijos, ocasión en la que se expuso en Málaga el célebre cuadro de Antonio Gisbert titulado “Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros”, teniendo el joven autor la posibilidad de copiar la obra del pintor alcoyano. Terminada, expuesta y admirada por los malagueños la copia del histórico cuadro, fue donada por éste al Ayuntamiento de Málaga, que lo conserva desde entonces. La obra de Ceferino Castro Torres fue extensa y de variada temática (pai-


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sajes, marinas, retratos, flores) y se halla repartida entre sus familiares de Málaga y Sevilla, así como en colecciones privadas de Argentina y otras diferentes repúblicas hispanoamericanas. La especialidad de Castro Torres fue el retrato, en cuyo género demostró excelente técnica y gusto, pero también hay que destacar como una de sus cualidades la captación de gestos y actitudes de tipos populares, típicos o callejeros de la época. En el Ayuntamiento malagueño, además de la copia del citado “Fusilamiento deTorrijos y sus compañeros” de Gisbert, existe otra copia de “Los borrachos” velazqueños y un óleo titulado “El ciego de la rifa”, los cuales pertenecen a su época de pensionado. José Sánchez Taboadela, crítico de arte del periódico El Popular escribiría acerca del pintor y su obra (Málaga, 20.I.1933): No podemos por menos que detenernos largo rato en la degustación ocular de cuadros en los que se revela ya una personalidad propia y que muestran una manera suya de ver y crear los panoramas sin desfiguraciones artificiales y sin que tampoco sean fotografías en color. Víctima de una coxalgia izquierda (proceso inflamatorio de la articulación de la cadera de origen tuberculoso), estuvo los últimos años de su existencia alejado de toda actividad profesional, creativa y social hasta el fin de sus días.

El pintor y escultor José María Lumbreras Krauel realizó sus estudios de bellas artes en la Universidad Complutense de Madrid. Es artista que supo compaginar la creación artística con su dedicación al campo de la docencia como profesor de dibujo técnico y artístico para alumnos de enseñanza secundaria en su ciudad natal. Sus primeras exposiciones de carácter individual datan de 1982 al exhibir sus obras en el Ateneo de Málaga y un año después en el Colectivo Palmo. Hasta el final del siglo XX la cronología expositiva fue la siguiente: Colegio de Arquitectos, Málaga (1986 y 1991); Diputación Provincial de Málaga (1992); Galería Alfredo Viñas, Málaga (1994, 1997 y 1998); Centro de Arte de UNICEF, Sevilla (1995); Ayuntamiento de Nerja (1996); Sala Municipal Siglo XXI, Exposición Beca Picasso, Málaga (1997); Colegio de Abogados, Málaga (1998) y Galería Magda Belloti, Algeciras (2000). Para el citado año tenía ya concertadas, como inmediatas, otras nuevas en Alfredo Viñas y Magda Belloti. De sus principales colectivas caben destacar: Arte Inédito, en Taller 7/10 de Málaga (1981); Sala Amadís de Madrid (1984); Málaga en


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Aix, Universidad de Aix-en-Provence (1993); Colectiva sobre papel, de Alfredo Viñas (1994); Terre D’Acqua, Bienale Internazionale d’Arte del Piamonte, Italia (1986) y ARCO, con Alfredo Viñas, en siete ediciones consecutivas. De sus premios, trofeos, distinciones y becas obtenidos entre 1984 y 2001, figuran: un Primer Premio en el III Certamen de Pintura Joven Colectivo Palmo, Málaga (1984); obra seleccionada y distinguida con un accésit en el Concurso Arte Joven de El Corte Inglés, Málaga (1985); VI Beca Pablo Ruiz Picasso de Málaga para Artes Plásticas, ex aequo(1995); obra seleccionada para participar en el I Certamen Unicaja de Artes Plásticas de Málaga (1986); y obras seleccionadas para los certámenes citados en sus ediciones de 1996, 1998,1999 y 2001. La obra de Chema Lumbreras está representada en colecciones privadas e institucionales siguientes: Ayuntamiento de Pamplona; Centro de Arte Contemporáneo, Ayuntamiento y Diputación de Málaga; Fundación Unicaja y Coca Cola; Fundación Asunción Lebrero y Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla.

Integrante del Grupo de los 50, Eugenio Chicano Navarro es uno de los pintores malagueños de más activo protagonismo a partir de la segunda mitad del siglo XX. Inicia su formación artística como estudiante de diseño geométrico e industrial en la Academia Muñoz de la Vega de Málaga (1948-49); posteriormente, matriculado en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, realiza cuatro cursos con los profesores Almagro y Bono. Entre los años 1955-58 realiza trabajos de escenografía para el Grupo de Amigos del Teatro del Real Conservatorio Profesional de Música y Escuela de Arte Dramático María Cristina. Perteneció como cofundador a los grupos Montmartre y Picasso (1958), y más tarde (1964-65), realiza un largo viaje de estudios y trabajo por Francia, Alemania, Bélgica, Holanda e Inglaterra. En 1969, ya en Italia, estudia grabado y estampación con los maestros Maccari y Rossoni en la Escuela de Bellas Artes de Roma y durante el curso académico 1974/75 forma parte del claustro de la academia privada Michelangelo Buonarroti, de Verona. Para el catálogo de su exposición individual celebrada en la Diputación Provincial (1973) Paulino Posada es-


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cribió: Chicano dibuja con el mismo rigor que un ingeniero efectúa sus cálculos y traza sus planos: nada queda suelto ni inmerso en la vaguedad. Y en ese mundo de geometrías congeladas y de objetos impersonales, el hombre, reducido a la caricatura de sí mismo, confinado a su traje, flota víctima de sus repeticiones o de sus aburridos intentos de amor de sublimizado, trivial, cotidiano. Posteriormente sería el poeta Rafael Pérez Estrada quien, a propósito de la nueva exposición individual del pintor en la Caja de Ahorros Provincial de Málaga (1985), referiría con acierto algunas de las claves implícitas en la gráfica del pintor: El Sur parece que fuera un tiempo sin medida para Chicano. Un espacio abierto supeditado a la añoranza de una luminosidad lineal, que Eugenio hubiera raptado, configurando de esta manera un nuevo símbolo, un mito de refuerzo a los valores caducos de tantas interpretaciones. […] Y es que en Eugenio, el logos, la palabra y el grito eran una mezcla inquietante de cintas, colores y espejos trazando geometrías por los montes de Málaga. En Eugenio, el principio, la primera piedra de su arte en gestación, se recortaba en el nombre de verdiales. El programa galerístico de Chicano a lo largo del siglo XX se inició en 1955 y hasta finalizar el mismo había celebrado las siguientes exposiciones: Málaga (15), Vélez-Málaga (2) Marbella (1), Zaragoza (1), Madrid (3), Cádiz (2), Santander (1) y Barcelona (1). Las del mismo carácter celebradas en Italia fueron 15 (Roma, Bari, Pescara, Parma, Florencia, Verona, Trento, Milán y Bolonia, en algunas de ellas en distintas ocasiones. El programa de sus

exposiciones colectivas fue, igualmente, extenso y variado. Participó en sus primeros tiempos en incontables certámenes, convocatorias y concursos de la Obra Sindical Educación y Descanso, en las que consiguió algunos trofeos al mérito artístico, y en salones internacionales de Francia, San Juan de Puerto Rico, Suiza, Nueva Delhi y Yugoslavia. Fue muy destacada su participación en la Bienal de Venecia de 1982 y en la X Bienal Internacional del Deporte en las Bellas Artes (Barcelona, 1992) presentó un conjunto de obras que despertaron la atención de público y crítica. El palmarés de premios, trofeos y distinciones de Chicano se inicia de forma bien temprana, toda vez que en los años 1955-56-57 y 58 obtiene Medallas en los Certámenes de Educación y Descanso; en este último año consigue también el Segundo Premio del cartel anunciador del Concurso Internacional de Música, Teatro y Danza de Santander, así como el de la Sociedad Excursionista de Málaga. Otro premio fue el Primero del cartel de Juguetería Instructiva de 1959. En 1965 se le concede la Medalla de Oro del Concurso Internacional de Pintura Castel Sant’Elia de Viterbo, Medalla de Plata Mazzolini Nazareno de la misma ciudad, el Premio Arquitecto Porcioni, de Morlupo, y Medalla de Oro de la I Muestra Internacional de Arte Figurativo de Roma (Italia). La obra de Chicano, artista malagueño que inauguró la Beca Picasso del Ayuntamiento de su ciudad natal y que fue director de la Casa-Museo Picasso, está representada en el Museo de Arte


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Contemporáneo de Madrid, Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, Estampería de la Biblioteca Nacional de Madrid, Künste Museum de Leipzig, Gabinetto delle Stampe del Museo de Castelvecchio de Verona, Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, Museo del Louvre de París, Brithis Museum de Londres, Museo de la UNESCO de París y Museo de la Universidad de Friburgo.

Francisco Clavero Medina, destacado acuarelista multitemático –paisajes urbanos, marinas, escenas de género, paisajes en general, jardines, bodegones– fue iniciador con su hermano gemelo Juan, junto con otros artistas locales, de la llamada Escuela Veleña. Muy joven abandonaría su pueblo natal para residenciarse en Barcelona. Su objetivo, que llegó a cumplir, era formarse como pintor en la Lonja barcelonesa. Segovia Lobillo atribuye a Francisco y Juan Clavero, junto con José Muñoz Anglada, Vicente y Paco Hernández y Miguel Montes cualidad de precursores de la citada escuela local. Desde comienzos de los años 50 del siglo XX,

compatibilizando sus responsabilidades como funcionario de una entidad bancaria, Francisco desarrolló desde la capital barcelonesa una constante actividad no sólo creativa sino galerística, lo que le supuso un sinnúmero de referencias periodísticas junto a una abundante bibliografía crítica. Carlos Sentís, en el periódico Levante (Valencia, 06.I.1979), dejó escrito a propósito de su exposición en la Sala La Ciudad de la ciudad del Turia: He aquí otro artista que se propone, no sólo como tema, sino, también, como problema y salir airoso, tanto en el planteamiento como en la solución, a la que siempre da un carácter un tanto barroco y, por supuesto, muy interpretativo. Otro crítico, Francesc Galí, expresó en la revista Gal-Art del mes de abril de 1987, en referencia a su exposición en la Sala Foz, de Sitges: Obra de figuración plenamente objetiva, tanto de imagen –modelo– como de dicción –ajustada a la realidad– que el buen pintor ha realizado en medianos y grandes formatos, son pinturas en las cuales el color –que cobra especial acento– cuida de narrar a través de una pincelación que combina manchas y precisas caligrafías. Durante los casi cuatro decenios que van de 1966 al año 2002, primera y penúltima exposición de las celebradas, Francisco Clavero realizó las siguientes individuales: Hotel Skol, Marbella (1966); Galería Picasso, Málaga (1967); Caja de Ahorros Provincial de Málaga, Vélez-Málaga (1971); Galería Majestic, Barcelona (1974); Caja de Ahorros Provincial, Vélez-Málaga, y Galería Majestic de Barcelona (1975 1976 y 1977); Mayte Muñoz, Barcelona (1978); Sala Gabernia, Valencia, y Galería Fa-


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jol, de Figueras (1979); Mayte Muñoz, Barcelona y Banco Español de Crédito de San Cugat del Vallés (1980); Sala Gabernia, Valencia; Caja de Ahorros de Torre del Mar, Málaga, y Mayte Muñoz, Barcelona (1981); Galerías Al Andalus, Granada; Miguel Ángel, Málaga; Caja de Ahorros de Torre del Mar; Foz, de Sitges, y Braulio, Castellón (1983); Gabernia, Valencia, y Fondo Internacional de Pintura, Barcelona (1984); Caja de Ahorro de Rondas, Torre del Mar, y Galería Foz, de Sitges (1985); Fondo Internacional de Pintura, Barcelona (1986); Mayte Muñoz, Barcelona, y Galería Foz, de Sitges (1987); Mayte Muñoz, Barcelona; Fondo Internacional de Pintura, Barcelona, y Galería Tusiño, San Cugat del Vallés (1988); Galería Foz, Sitges (1991); Fondo Internacional de Pintura, Barcelona (1992); Mayte Muñoz, Barcelona; Foz, de Sitges, y La Arcada de Blanes, Gerona (1993); Foz, de Sitges (1995) y Palacio de Beniel, Vélez-Málaga (2002). Cuando se redactaba la presente ficha, Francisco Clavero preparaba nueva exposición en la CasaFuerte de Bezmiliana, en Rincón de la Victoria para el mes de junio de 2005.

Juan Clavero Medina, hermano gemelo del anterior; sus comienzos son paralelos, es decir, temprano despertar al arte, traslado juntos a Barcelona e idéntica preparación. La obra de Juan Clavero se inicia como la de su hermano en la técnica acuarelística, pero acaba cimentando raíces definitivas en el óleo. También como su gemelo Francisco, es autor multitemático –paisajes urbanos, retratos, bodegones, paisajes en general, marinas–, temas que desarrolló en las técnicas citadas. Vivió muchos años en Barcelona y se residenció posteriormente en Vigo. De su obra opinaron diferentes críticos barceloneses. Fernando Gutiérrez, en La Vanguardia, afirmó: Clavero se deleita en valorar con minuciosa pulcritud calidades y matices: terciopelos y porcelanas, la tersura de unas manzanas o unas ciruelas, la pelusa de unos melocotones, el brillo de unas cerezas y las arrugas de unas nueces, se nos muestran en un realismo casi mágico. Otro distinto crítico, Francesc Galí, de Mundo Diario, también rotativo barcelonés opinó así acerca de la pintura de Juan Clavero: …Obras que se sirven de dos caminos para llegar a su final. Final que si en los bodegones y figuras surge de una pincelada


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hecha desde la repetición más mimética, en los paisajes consigue unas interpretaciones más libres, más cercanas a una pintura que no ignora la emoción. Desde su primera exposición individual (Málaga, 1963) hasta la última que tiene documentada, la cronología de su actividad galerística fue la siguiente: Galería Augusta, Barcelona, y Galería Picasso, Málaga, junto con su hermano Francisco (1969); Sala Toisón, Madrid; Galería Augusta, Barcelona, y Vigo (1970); Galería Augusta, Barcelona (1972 y 1973); Oviedo y Galería Augusta de Barcelona (1974); Vélez-Málaga (1975); La Coruña y Sala Meifrén, Barcelona (1976); Sala Majestic, Barcelona, y Vélez-Málaga (1978); Sala Majestic, Barcelona (1979); Caja de Ahorros de Ronda, Torre del Mar, Málaga (1980); Galería Mayte Muñoz, Barcelona, y Torre del Mar, Málaga (1982).

Salomón Conejo Alonso llega a Málaga con su familia en 1907, un año después comienza su aprendizaje de dibujo y pintura en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, recibiendo clases de los maestros José Nogales, José Denis, Enrique Jaraba y César Álvarez Dumont. Fue pintor de gran sensibilidad que tradujo con acierto el paisaje, la marina, la flor, el interior, e, incluso, las figuras, de las que quedan excelentes muestras. Sus únicas exposiciones de carácter individual las celebró en el establecimiento de Prini-Bayettini, en la malagueña calle Granada (1922), y al siguiente año, en Zamora, patrocinada por su Excma. Diputación Provincial. Este mismo año abandona la pintura como dedicación artística exclusiva y se entrega a la ejecución de esmaltes a mufla hasta 1937. Perdida la visión en 1950, se somete a una delicada operación en 1956, recuperando parcialmente la vista en uno de sus ojos, lo que le permitió retornar de nuevo a la pintura. Con 19 años consiguió una Segunda Medalla en la Exposición del Sindicato de Iniciativas y Propaganda de Artistas


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Malagueños, en 1913 Medalla de Plata de la Exposición Nacional de Arte Decorativo de Madrid (a la que concurren todas las escuelas de artes aplicadas de España), en 1917 una nueva Segunda Medalla en la Exposición de Iniciativas y Propaganda de Artistas Malagueños y, por tercera vez, otra Segunda Medalla en el mismo certamen de 1921. Cuatro años más tarde consigue Medalla de Bronce en la Exposición Provincial de Málaga, y en 1945, Primera Medalla en Pintura de la Exposición Provincial de Educación y Descanso, también en Málaga. Desde 1971 a 1975 el pintor forma parte del grupo Familia Conejo-Arias, que con él integran su hija María Antonia Conejo Moncayo, su yerno José Luis Arias Martínez y su nieta María Antonia José Arias Conejo, y juntos exhiben sus cuadros no sólo en Málaga y Torremolinos sino en la República Argentina (Buenos Aires y Mar del Plata). El acontecimiento social de la primera exposición conjunta, celebrado en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País, fue reflejado informativamente en el diario Sur el día 18 de junio del citado año: La familia Conejo-Arias expone, según decimos, una vasta y variada muestra del quehacer artístico de la familia. En primer término, don Salomón Conejo Alonso, que a sus sesenta y nueve años, nos da una auténtica lección de juventud y entusiasmo, de vocación y saber estar entre pinceles; su hija, doña María Antonia Conejo Moncayo de Arias, con sus geniales miniaturas, verdadero prodigio de sensibilidad y maestría; don José Luis Arias Martínez, con delicadas versiones paisajísticas, y la niña María Antonia José Arias

Conejo, hija de los anteriores y nieta del primero, que a sus catorce años demuestra una cierta y sensible actitud estética heredada de sus padres y abuelos.

Maria Antonia Conejo Moncayo, hija del pintor anterior, inicia sus estudios en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga con los profesores Elvira Alot, Antonio Burgos Oms, Federico Bermúdez Gil, Trini Rey y José Castillo, destacando en sus calificaciones con sus condiscípulos Félix Revello de Toro y Manuel Mingorance Acién. En 1947 marcha a estudiar a Madrid y se matricula como alumno libre en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. Allí recibirá enseñanzas del ya famoso pintor malagueño Fernando Labrada. Durante este periodo y hasta 1953 tiene como maestros particulares a Eduardo Chicharro, padre, Julio Moisés y Rafael Pellicer. En 1952 la Diputación Provincial de Madrid le concede una beca para que pueda estudiar en Roma, mas la ceguera que ya afecta a su padre y que le obliga a regresar a Málaga, le hace declinar tan importante honor. Creativa multi-


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disciplinar, dominó la miniatura sobre marfil, además del óleo, acuarela, témpera, cera, lápiz, tintas, repujados sobre cuero y metales, modelado, grabado en cobre y piedra, esmalte a mufla, escultura en metales preciosos, diseño de joyas, etc. Dos fueron las exposiciones individuales que celebró la artista y ambas patrocinadas en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País (1953 y 1954) por el Excmo. Ayuntamiento de Málaga. De entre los muchos premios y trofeos que María Antonia Conejo Moncayo sumó a lo largo de su vida artística activa, se encuentran los siguientes: Primera Mención Honorífica, Sección de Pintura, en la III Exposición Provincial de Arte de Educación y Descanso, Málaga (1944); Primera Medalla, repujado, en la exposición de la Obra Sindical de Artesanía, Málaga (1944); Primera Medalla de Educación y Descanso, en dibujo, Málaga (1945); Bronce en la Nacional de Educación y Descanso, Madrid; Primera Medalla, Pintura de Miniatura, en la Provincial de Educación y Descanso, Málaga, y Segunda Medalla en la exposición que conjuntamente convocaron el Excmo. Ayuntamiento de Málaga y la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (todas ellas en 1946); Primera Medalla en el Salón de Otoño de Madrid (1950), y Primer Premio, Sección de Acuarela, en el Certamen Conmemorativo del Primer Centenario del Nacimiento del Pintor Nogales, convocado por la Excma. Diputación y la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. Desde 1971 a 1975 participa en las exposiciones de la Familia Conejo-Arias.

María del Carmen Corcelles Castro, alumna de las clases de dibujo de José Sánchez Vázquez y Luis Romero en la Escuela de Bellas Artes de Málaga, desde su participación en una colectiva celebrada en la Galería Malacke (1981) en que ofreció la primera muestra de su personalísimo arte, ha creado, dentro del ingenuismo pictórico malagueño de los dos últimos decenios del siglo XX, distintos mundos plásticos que, siendo en realidad uno sólo, recrea diferentes territorios para el recuerdo, la nostalgia, el amor deseable y el deseado; mundos diferentes en lo temático, en la propia forma de encarar los asuntos late sin embargo una misma voluntad lírica y un idéntico ejercicio de ternura. Personajes y situaciones de unos tiempos concretos sorprendidos fuera de época, alados cuando no emergentes de idílicos paraísos domésticos o ya olvidadas y edénicas ínsulas, la obra de esta pintora se singulariza, además, por el sostenido y discreto tratamiento cromático de sus cuadros e inocentes escenografías ambientales. Miguel Ramos Morente, crítico y experto en la obra de María del Carmen Corcelles, escribió así en el catálo-


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go de su exposición en la Sala Italcable (2003): La pintura de Corcelles sigue buscando encauzar la nostalgia de una belleza perdida e irreal, extremadamente dulce, donde el recogimiento es sinónimo de alegría y aventura espiritual. La artista desde 1984 a 2003 celebró 13 exposiciones individuales: Galería Malacke, Málaga (1984); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1991); Sala de Exposiciones del Palacio Miramar, Málaga: presentación de una serie de 20 ilustraciones para el libro El maravilloso viaje de Angi (1992); Gente corriente, Sala de Exposiciones de la Excma. Diputación de Málaga (1993); Sala de Exposiciones de la Casa de Cultura, Antequera (1994); Casa de Cultura de Fuengirola (1996); Corrala de Santiago, Sala de Exposiciones de la Universidad de Granada (1997); Galería Nova, Málaga, e iglesia del Convento de la Encarnación, Coín (1998); Galería Detursa, Madrid (1999); Galería Cruz Herrera, La Línea de la Concepción, Cádiz, y Galería Akelarre, San Pedro de Alcántara, Málaga (2000), y Sala Italcable, Málaga (2003). En un número igual de exposiciones colectivas participó la artista entre 1981 y el año 2002. Fueron: Galería Malacke, Málaga (1981); Ateneo de Málaga (1991); Galería de Arte Nova, Málaga (1992); Variaciones, Galería de Arte Porticus, y VII Salón de Otoño de la Asociación de la Prensa, en Galería de Arte Nova, Málaga (1994); VIII Salón de Otoño de la Asociación de la Prensa, Galería de Arte Pórticus (1995); Galería de Arte Pórticus; Atardeceres, en Galería Benedito; Pintores malagueños de hoy, en

el Museo Provincial de Bellas Artes, y X Salón de Otoño de la Asociación de la Prensa, en Cajamar, Málaga (1997); XI Salón de Otoño de la Asociación de la Prensa, Cajamar, Málaga, (1998) y XII íd, (1999). María del Carmen Corcelles está casada desde 1970 con el pintor Juan Béjar.

Finalizados los estudios de ingeniería técnica industrial que acabó a los veinte años, José María Córdoba García ingresó en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Córdoba, recibiendo clases de dibujo del escultor Amadeo Ruiz Olmos. Esta preparación artística le permitió el ingreso en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. En Málaga se residenció en 1981 y en su taller de Mijas realizó a partir de dicho año la extensa producción pictórica que nutrió sus exposiciones durante los dos últimos decenios del siglo XX y primeros años de la actual centuria. Sus trabajos han sido estudiados, analizados y reconocidos a través de una bibliografía fundamentalmente hemerográfica, y en ella se afirma el interés que suscita desde el punto de vista referencial, no miméti-


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co, obras de distintos autores a quienes homenajea: Romero de Torres, Manet, Malevitch, Velázquez, entre otros, según el criterio expuesto por Ángel L. Pérez Villena en el catálogo de la exposición que el artista realizó en Galería Carmen del Campo de su ciudad natal: José María Córdoba ha venido efectuando aproximaciones diversas a autores y estilos, obras y teoría que cursan en la trama de la modernidad y estas maniobras se enriquecen con la tensión derivada de contextualizar en el mismo espacio de reflexión hitos de la historia de la disciplina. Como valor ilustrativo de las inquietantes búsquedas de José María Córdoba, basten las atinadas palabras de María José Serrano escritas en el catálogo de su exposición de 1999 en la Casa de Cultura de Fuengirola: Lúdico, irónico e inteligente. José María Córdoba nos ofrece una nueva muestra de su producción artística. Deambulando entre ismos históricos y laberintos intelectuales, “desestructura, descompone nuestra mentalidad y nos invita a nuevas miradas, a nuevas lecturas de la obra”, en palabras de Barthes. De este modo se erige en representante de un movimiento poco común en España: la Desconstrucción. Con el título El hombre, la ciudad, la máquina celebró su primera individual en la sevillana Galería Vida, en Studio 52 de Córdoba la segunda, y ambas en 1975. Siguieron luego, hasta el final del mismo decenio, las de Atrium (1977), la de grabados en Juan de Mesa de Córdoba un año después y la de Galería Manuela, también en la misma ciudad, en 1979. A continuación, su extenso catálogo expositivo constata la siguiente cronología: Galería Tour de Nesle, Pa-

rís, (1980); Studio 52 (Córdoba, 1982); Casa de Cultura de Fuengirola y Colegio de Arquitectos de Málaga (1984); Sala Municipal de Marbella, Málaga, y Galería Knabro de Copenhague, Dinamarca (1985); Galería Los Arbolitos de Fuengirola, Manuela de Marbella y Pedro Pizarro de Málaga (1991). En 1993 celebró tres nuevas individuales, por el orden que se citan en Galería 2000, Córdoba; Galería SIC, Fuengirola, y Librería Teseo, en la misma ciudad. Retorna en 1995 al Colegio de Arquitectos de Málaga con D? construcción y a Galería Fabien Fryns de Marbella, y enlaza con las del Palacio de Godoy en Villaviciosa de Odón, Madrid y la del Ayuntamiento de Nerja, Málaga, ambas en 1997. Por fín, antes de acabar el siglo XX su Malevich Street en la Casa de Cultura de Fuengirola, así como Polifemo y Galatea en Galería Studio 52 de Córdoba; en 2002 expuso bajo el título Lecturas contextualizadas en el Museo Municipal de la capital malagueña, un año después, Lengua Franca, en Carmen del Campos, Córdoba; y en Taller Gravura en 2005. Premios Fin de Carrera de la Universidad Hispalense, otorgados por la Real Maestranza de Caballería y Ayuntamiento de Sevilla en 1976, también lo fue por la Facultad de Bellas Artes de Madrid en 1981. En 1974 conseguiría un Primer Premio de Dibujo de la Dirección General de Bellas Artes, otro Primero de Murales para el Aeropuerto de San Pablo, Sevilla (1976), un nuevo Primer Premio de Grabado en el Certamen Andaluz de Artes Plásticas de Sevilla (1978), otro de igual categoría en grabado, el Pablo Picasso del Ateneo y


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la Universidad de Málaga (1999). Un Segundo Premio consiguió al participar en el Concurso de Carteles Carnaval de Córdoba (1983) y en la V Bienal de la Joven Pintura Contemporánea de Barcelona, (1984).

Adolfo Ruiz Córdoba fue en 1988 alumno del pintor José Luis Montero Mesa, con quien aprende a estudiar y ver el color a través del impresionismo y el expresionismo. En 1990 acude a la academia de José Robles Muñoz, artista con el que inicia su andadura creativa dentro de la nueva figuración malagueña del momento. La pincelada minuciosa y detallista que distingue su obra, no fue óbice para superar con acierto la frialdad que frecuentemente se acusó en muchos de los artífices del hiperrealismo dominante entre los años 1980-90. Bodegones, paisajes, interiores con paisajes incorporados a los fondos o focalizaciones del mundo de la naturaleza entre símbolos, creadores de metáforas alusivas al paso del tiempo o lo efímero de la materia, fueron singularidades de sus propuestas plásticas. Sobre sus trabajos, Gal-Art (5. VII. 1993) escribió:

Es Adolfo Córdoba un pintor joven, treinta años, malagueño, que cultiva un realismo en el que el sentimiento comparte espacio con la realidad. Detallista, preciso, atemperado, sereno siempre, confiere a sus obras una gran dosis de interpretación compositiva. Hay atmósfera y poesía en sus visiones pictóricas. Adscrito al realismo, lo utiliza como soporte para sus imaginaciones. El crítico Antonio Cobos profundizó en las raíces del realismo de Adolfo Córdoba asegurando: Su caso hiperrealista es singular porque ha sido capaz, a estas alturas, de introducir innovaciones en dicha parcela expresiva. Por una parte, por así decirlo, el inventor del “bodegón al aire libre”: es decir, composiciones con cosas, flores o frutos que no se amustian en interiores penumbrosos, sino que viven una vida jubilosa en plena naturaleza. Y por otra, cuenta con el secreto de mantener en esas flores o en esos frutos, frescores de vida, a pesar de haber sido arrancados de la cercanísima madre tierra. Hasta finales del año 2003 Adolfo Córdoba había celebrado las siguientes exposiciones individuales: Sociedad Cultural Al-Malaquí, Málaga (1989); Galería Pórticus, Málaga, y Galería Retablo Arte, Pamplona (1993); Galería Zúccaro, Madrid (1995) y Galería Joaquín Sorolla, Pamplona (2001). Cuando se redactaba su currículum vítae para el presente Diccionario a finales del año 2003, preparaba otra muestra individual de sus obras en la Galería Molmar, de Pamplona, para el año siguiente. Su participación en exposiciones colectivas fue muy numerosa. De ellas caben destacar: Expresiones y Pequeño formato, Galería Pórticus,


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Málaga (1993); Flores y primavera, Galería Euroarte, Lisboa (1994); Artemanía 95, en Galería Ingres, Madrid (1995); Realismo de la Escuela Andaluza, Galería Retablo Arte, Pamplona (1995); Realismo: una mirada alrededor, Galería Nova, Málaga (1996); Maestros del realismo, Galería Ingres, Madrid (1997); Maestros del realismo actual, Galería Joaquín Sorolla, Pamplona (2000); Pequeño formato, Galería Benedito, Málaga (2002); Colección de realistas españoles, Galería Susperregui, Hondarribia, San Sebastián (2003), así como otras distintas en Málaga Salones de Otoño de la Asociación de la Prensa (1993 a 2003), Bilbao, Valencia, Castellón, Sevilla, Cuenca, Vitoria, California y San Francisco, EE.UU., etc. A la edad de 12 años, cuando aún era estudiante de E.G.B., el pintor fue premiado en un concurso organizado por la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga. Imparte clases de dibujo y pintura en los pueblos de la Axarquía Sayalonga y Cómpeta, así como en Alhaurín de la Torre.

Pablo Coronado Martín, artista que vivió en Granada, Madrid, París y Málaga compatibilizando su oficio de pintor con el de ilustrador, cartelista, decorador y diseñador de propaganda, fue en 1944 cuando se decidió a entregarse de lleno a la creación pictórica, en la que destacó no sólo como autor de excelentes óleos, sino de líricos gouaches, especialmente aquellos que temáticamente tenían relación con la mujer. La vida creativa de Coronado finalizó en Málaga, ciudad en la que se residenció en 1966 tras haber celebrado una notable exposición de sus obras en Torremolinos, y donde realizó una intensa actividad hasta su fallecimiento en 1970. El profesor Palomo Díaz, en una aproximación biográfica del pintor publicada en la revista Jábega, n.º 35, consigna que Pablo Coronado obtuvo el Primer Premio de Carteles de Semana Santa convocado por la Agrupación de Cofradías de Málaga en 1927, otro más de cartel en 1946 de la Fiesta de la Flor, cuyo original sirvió de tema en una emisión filatélica, y dos premios más (1947 y 1948) en Madrid, ambos concedidos por Bellas Artes. Tras viajar por Europa y participar en diversos


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certámenes, le fue otorgado en 1957 el Premio Eugène Carrière. En Málaga (1967), al tomar parte en el II Salón de Invierno convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, se adjudica el Premio Moreno Carbonero por una obra titulada “Mujeres en el mar”, obteniendo su último trofeo al participar en un certamen melillense. Seis meses más tarde de su fallecimiento, se inauguró en el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga una exposición en su memoria,

exhibiéndose en la misma más de un centenar de sus obras. Artista miembro de la Escuela de Pintores Españoles en París, diseñó sellos de correos conmemorativos de la Cruz Roja Francesa. Asimismo, como escultor, tiene un monumento dedicado al Cardenal Belluga en Motril, su ciudad natal. CUENCA MENDOZA, José Manuel (Ver BORNOY, Pepe)


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Antonio de Burgos Oms recibió formación artística del almeriense afincado en Málaga Joaquín Martínez de la Vega y posteriormente de Xavier Cappa, aunque en las exposiciones nacionales de 1934 y posteriormente en la de 1936 a las que concursa, lo hace como alumno de Antonio Muñoz Degraín. Pintor intuitivamente naturalista, destacó en el paisaje, las marinas y las flores, así como en el retrato, a cuyo género dedicó una parte mínima de su producción.

Participó en las exposiciones regionales de Málaga de 1895 y 1896, en las que obtuvo Tercera y Segunda Medallas (respectivamente Bronce y Plata). Posteriormente (1899, 1901, 1902, 1903 y 1904), lo haría, en el orden de los años citados, en las exposiciones regionales del Liceo de Málaga, Bellas Artes de Almería, Bellas Artes de Granada (donde obtuvo Segunda Medalla) y Bellas Artes de Málaga. Entre los años 1912, 1914, 1915, 1916, 1921, 1924, 1931 y 1927, concurrió a las Exposiciones Regionales de Málaga y de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, y en los años 1934 y 1936, respectivamente, a las Nacionales de Bellas Artes. En 1946 tomó parte en la muestra La pintura malagueña desde los tiempos del maestro Ferrándiz. En 1953 celebró en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País su primera y única exposición individual, y dos años después tomó parte en una colectiva de Dibujantes y Pintores Malagueños.


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Fue nombrado profesor de entrada interino de dibujo artístico y elemental de Historia del Arte el 16 de enero de 1915, mediante oposición, y el 1 de abril de 1929, profesor auxiliar. Miembro de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo desde el día 3 de agosto de 1913, tras haber desempeñado en numerosas ocasiones de forma accidental el cargo de secretario general de la academia, fue designado secretario general de la misma en 1932 y secretario perpetuo en 1956, cargo que ejerció hasta su muerte. Una de sus últimas actuaciones como pintor fue la restauración del telón de boca del Teatro Cervantes, pintado originalmente por el maestro Bernardo Ferrándiz y al que don Antonio devolvió su perdida vistosidad en 1960, cuando ya había entrado en los 80 años de edad. Al cumplirse el centenario del nacimiento de Burgos Oms, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, en colaboración con el Vicerrectorado de Extensión Universitaria de nuestra Universidad y del Museo de Málaga, organizó una exposición póstuma de sus obras, casi desconocidas del gran público, toda vez que la única muestra individual de su arte fue la ya citada de 1953.

José de la Fuente Grima, pintor paisajista que no desdeñó la marina, el retrato ni la estampa típica estudió dibujo y composición en la Escuela de Bellas Artes de San Telmo, frecuentando, en distintos momentos y cursos, las clases de José Nogales Sevilla y César Álvarez Dumont Perteneció a la Peña Montmartre, luego Grupo Picasso, y fue, hasta el momento de su muerte, decano de todos los pintores malagueños que habían pertenecido a una y otro. Amó el ejercicio de la pintura en directo –Es la mejor que me sale del alma, solía decir– y al campo, al mar, a los olivares y viñedos, a pueblos de cortijos y empedradas calles, dedicó gran parte de su nutrida producción artística. Pepe de la Fuente, según le llamaban sus muchos compañeros de oficio, celebró 40 exposiciones colectivas, de las que él solía destacar: La pintura malagueña desde los tiempos del maestro Ferrándiz, celebrada en el Centro de Estudios Andaluces de Málaga (1946); VI Exposición Provincial de Arte de Educación y Descanso (1948); VII Exposición Provincial de Arte de Educación y Descanso (1949), en la que obtiene Tercera Medalla del Certamen; XI Exposición Provincial de Arte de Educación y


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Descanso (1955), consiguiendo Primera Medalla; I Certamen de la Excma. Diputación Provincial de Málaga (1957); III Certamen de la Excma. Diputación Provincial de Málaga (1959); I Exposición Nacional de la Jefatura Provincial del Movimiento de Málaga (1962), en la que alcanza un Tercer Premio. En los años 1976, 1978, 1980 y 1984 participó, en el orden en que se menciona, en la III Bienal de Pintura y Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, exposición con Rodrigo Vivar y Pérez Ramos Muestra de la Generación o Grupo de 1950, en la Sala Miramar Arte, así como en la colectiva Pintores Malagueños en la Galería Loring (Madrid). Sus exposiciones individuales fueron ocho: Miramar Arte, Málaga (1979); Caja de Ahorros Provincial de Málaga y Sociedad Económica de Amigos del País (1980); Sala de Arte Goya, Málaga (1980); Galería de Arte La Maison, Málaga (1987); Casa de Cultura de Antequera (1987) y Galería de Arte Pórticus (1990 y 1994). Con el Grupo 9 Pintores, fundado en 1973 y al que pertenecieron en distintos momentos de su existencia Rodrigo Vivar Aguirre, José Guevara Castro, Rafael López Palomo, Salvador Torres Narváez, Miguel Rojas Oña, Francisco Torres Matas, José Rojano Campos, José Sanjuan Perdiguero, Manuel Pineda Barroso y Manuel Pérez Ramos, De la Fuente Grima participó en 9 exposiciones en Jaén, Fuengirola, Córdoba, Málaga y Granada. Fue durante 14 años profesor de colorido y composición de la Escuela de Artes y Decoración del Colegio León XIII de Málaga.

Fernando de la Rosa Ceballos, se inicia en la pintura de forma autodidacta al cumplir los 12 años de edad copiando temas que él mismo prepara. Viaja en numerosas ocasiones a Madrid para dibujar en el Museo del Prado, Lázaro Galdiano o Sorolla, y a los 18 años ingresa en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, compatibilizando su aprendizaje con la celebración de exposiciones junto a distintos grupos de pintores con los que seguirá exponiendo con asiduidad, incluso, tras finalizar sus estudios. Licenciado en la especialidad de Pintura en 1987, lleva a cabo una intensa actividad pictórica que no interrumpe pese al cumplimiento del servicio militar. Completando su formación realiza los siguientes cursos de especialidades: de grabado, en el taller de la Universidad Popular de Fuengirola (1988); monográficos de cerámica en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Huéscar, Granada (199092) y de grabado calcográfico y estampación en la Escuela de Artes Plástica y Diseño San Telmo, Málaga (1999-2000). Autor que no ha dejado de profundizar en las atmósferas y campos emocionales que sugiere la esencialidad del abstrac-


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cionismo, su obra fue enjuiciada por la historiadora del arte Lourdes Moreno a propósito de la exposición Artistas malagueños de hoy (Dresde, Alemania, con ocasión de la I Semana Cultural Española, 1998): A pesar de su estructuralismo, las obras de Fernando de la Rosa no dejan de tener un doble sentido: se expresa la musicalidad y el ritmo, la melodía del color junto al simple disfrute del espíritu. Con ello se reivindica el acto mismo de pintar, cuando el artista pretende aprehender el mundo mediante sus instrumentos. ¿Acaso, no es que el creador quiere dejar constancia de un trozo de paraíso, de un edén lejano? Eduardo Arboleda, con motivo de la exposición celebrada en el Palacio de Beniel (Vélez-Málaga, 2001) se refirió a los retos de Fernando de la Rosa: Con tesón ha ido construyendo un mundo plástico propio en torno a la abstracción gestual que desarrolla sobre soportes diferentes, explotando las particularidades de los materiales y las propiedades expresivas de los pigmentos. En cada uno de sus cuadros, se plantea afrontar un nuevo problema que, paso a paso, va resolviendo. En estos retos no trata de realizar esfuerzos hercúleos o de demostrar sus habilidades, sino que se enfrenta a tareas posibles que supera gracias a su enorme capacidad de trabajo. En sus cuadros se puede apreciar la sedimentación de pacientes años de búsqueda que convierten a su obra en creaciones no banales. Su primera exposición individual la celebró en el Castillo Bil-Bil de Benalmadéna-Costa en 1987, a la que sucedieron las siguientes: Sala del Ayuntamiento de Archidona (1988); Sala de la Excma. Diputación Provincial, Málaga (1989), que itineró posterior-

mente a Vélez-Málaga, Antequera y Ronda; Paisajes y otras ausencias, Casa de Cultura de Estepona; Ideario, grabados, en la Galería Carmen de Julián, Málaga, y Tablas, Bar-galería Arribabá, Málaga (1990); Dibujos en el Centro Cultural La General, Motril (1992); Cuadros, Galería Terral, Málaga (1993); Sala de la Biblioteca Municipal de Salobreña (1994); De puertas adentro, Sala Alpechín, Loja; Paisajes desde el jardín, Sala Unicaja, Antequera (1995); El jardín incipiente, Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga, y Sala de Arte, Ayuntamiento de Nerja (1996); Jardins d’eau et de lumière, Salle d’Honneur Parc-Hôtel de Ville de Hyères, Francia, subvencionada por la Delegación en Málaga de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, y Sobre papel y cartón, Casa Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria (1997); Gráfica y pintura, Galería La Barbería, Sevilla (1998); Inventario de Lindes, que inauguró el Centro Cultural de la Excma. Diputación Provincial, Málaga; Painting Gardens, Consulado General de España en Edimburgo, también patrocinada por la delegación en Málaga de la Consejería de Cultura, y The Scotch Malt Whisky Society, Londres (1999); Pinturas y Dibujos, Galería Nuevoarte, Sevilla, y Calimorfosis, Hyères, Francia (2000); Plan para un poema, Palacio de Beniel, Vélez-Málaga (2001); De poemas y andamios, Casa de la Cultura de Cómpeta, y Deslices, Estación Término, Rincón de la Victoria (2002); El día menos pensado, Espacio Didier Daurat, Aeropuerto de Málaga, y Pintura urgente, Galería Margarita Albarrán, Sevilla (2003).


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Fernando de la Rosa compartió en distintas ocasiones espacios expositivos con Francisco Cabello, Lucía Pagés, Fernando Robles, Perry Oliver y Robert Harvey, entre otros. Con el grupo formado en Sevilla el año 1985 en torno a la Taberna-Galería Ánima, regentada por el arquitecto austríaco Peter Mair e integrado por Francisco Cabello, Jorge Arévalo, Fernando Boro, Juan Almarza y el propio artista, tomó parte en distintas exposiciones de carácter colectivo; igualmente, con el grupo Seis Pintores, también formado en Sevilla un año después, y en el que con el propio Fernando se integraron Pablo Orellana, Fernando Robles, Juan Carlos Busutil, Antonio Espadas y Germán Bandera. El grupo lo constituían muchos más, pero se deja constancia de los que, 15 años más tarde, continuaban participando en eventos colectivos. Con la Diputación Provincial de Málaga y galerías españolas, acudió con su obra a ferias nacionales y convocatorias internacionales de arte, fue seleccionado para participar en distintos concursos y certámenes, entre ellos la exposición itinerante patrocinada por la UNESCO (1987), el Premio Blanco y Negro (1996) y la V convocatoria de los Premios de Grabado del Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella (1988). Fue finalista del Premio Ciudad de Palma Antoni Gelabert en su edición de 1997. De sus más jóvenes triunfos destacan tres distintos premios recibidos en su localidad natal, Archidona, y fueron: Primer Premio de Carteles de Semana Santa (1977), Segundo Premio

de Tarjetas Navideñas (1978) y Primer Premio de Dibujo al Aire Libre (1979). Fue Accésit del Concurso de Dibujo del Ayuntamiento de Villanueva del Rosario (1982) y Tercer Premio del Certamen Nacional Juvenil de Artes Plásticas (1983).

De sus trofeos, premios y distinciones más recientes hay que citar: Primer Premio del II Certamen Nacional de Pintura de La General, Granada (1992); Menciones de Honor en el XVIII Salón de Otoño de Pintura, Plasencia (1996); del Premio Internacional de Pintura Puerto Banús, Málaga; VIII Premio de Pintura Bacardí, Málaga (1996); V Premios Nacionales de Grabado del Museo Español del Grabado Contemporáneo, Marbella (1998) y Acccésit del Certamen Internacional de Pintura Costa del Sol (2002). Fernando de la Rosa Ceballos compatibilizaba, sus actividades artísticas con la enseñanza de Dibujo para alumnos de Educación Secundaria y Bachillerato en un instituto malagueño.


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Alumno de los profesores Rodríguez Quintana, De Burgos Oms y Bermúdez Gil, Alfonso de la Torre fue un paisajista dotado de fina sensibilidad tanto para captar y traducir la luz y el sol de Málaga filtrados en el bosque o el monte a través de la espesa arboleda (”Monte Gibralfaro”, “Barrancos de Sierra Nevada”, “Picos de Europa”, “Caserío”), como en exultadas marinas faeneras (“El copo”, “Producto del mar”, “Actividad portuaria”) y en paisajes urbanos (”Del Muelle de Heredia”, “Atardecer en la Malagueta”, “Tajo de Ronda”). También llevó esa proclividad lumínica al retrato y el bodegón, géneros que con excelentes maneras también destacaron de su producción pictórica. Con motivo de la exposición homenaje que en memoria del artista dedicó la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en la Sala Benedito, con ocasión del primer aniversario de su fallecimiento, Alfonso Canales, presidente de la corporación académica a la que el artista había pertenecido durante muchos años, escribió en su catálogo: honramos la memoria de Alfonso de la Torre, mostrando lo que de él sigue y seguirá

vivo: el afán de los ojos con los que supo ver la claridad de nuestra tierra, y el producto de las manos con las que quiso perpetuarla. De idéntico modo y en otro lugar del mismo catálogo, su compañero, el poeta Manuel Alcántara, dejó escrito: toda la obra de Alfonso de la Torre estaba fundamentada en su amor a su tierra y a su mar y esa razón de amor se notaba al pintar orillas y caseríos, el oro desleído de los montes atardeciendo, el móvil violeta de la bruma... Todo lo que hizo, con humildad y con fervor, nuestro amigo que ya no está. Pintor de vida independiente y bohemia, gustaba sin embargo de participar en tertulias y discusiones sobre artes y artistas, defendiendo, hasta con cierta agresividad si cabe, sus propios criterios frente a otros distintos. Llevó a cabo numerosísimas exposiciones individuales por toda la geografía española, mas su descuidada actitud archivística sobre sus actividades propias, impiden citar con precisión el número de exposiciones individuales y colectivas, así como de los lugares y fechas donde se celebraron. No obstante, se ha podido reunir un mínimo número de catálogos que fijan con exactitud algunas de sus exposiciones individuales: Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1952); Asociación Artística Vizcaína, Bilbao (1954); Galería Díaz-Lario, Málaga (1978); Caja de Ahorros de Cádiz (1985) y Caja de Ahorros San Fernando, Sevilla (1986). A la edad de 12 años Alfonso participó en un concurso sobre temas navideños, a los que envió tres obritas (pastel, acuarela y óleo), ganando el Primer Premio su trabajo al pastel. Ya


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desde muy joven su biografía consigna dos Terceros Premios, respectivamente, en las Exposiciones de Pintores Malagueños (1946) y Nacional de Educación y Descanso (1947), a los que siguieron la Primera Medalla de Educación y Descanso (1949). Al año siguiente, le llamaron para ejercer docencia en la Escuela de Artes y Oficios de Málaga como profesor auxiliar, y ese mismo año ganaría el Premio Mejor Paisajista Malagueño; igualmente, consiguió el I Premio en la Exposición Provincial de Granada (1951) y II Premio en la Exposición Regional de Málaga (1956). Este mismo año crearía la Academia de Dibujo, Colorido y Composición de la Obra Sindical Educación y Descanso, que a partir de 1957 abriría caminos a tantas vocaciones malagueñas que, en futuros años, confirmarían el acierto de su creación dado el alto número de pintores jóvenes que en ella se formaron. Obtuvo II Medalla en la Exposición Provincial de Educación y Descanso de Málaga (1959), I en la Provincial de Málaga (1965), I Premio de Rincones Malagueños (1966), Premio Bermúdez Gil del II Salón de Invierno de Málaga (1970), I del XII Salón Nacional de Gibraleón (1974), Medalla de Bronce Picasso (1981) y Medalla de Bronce de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de la Provincia de Málaga (1986). Miembro de Número de la Sección de Pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo desde 1981, toda su vida fue una esforzada dedicación a plasmar en sus cuadros la luz de Málaga. Una céntrica calle de la malagueña barriada de

Churriana fue bautizada, después de la muerte del pintor, con su nombre y apellidos.

Joaquín Hernández Molina vivió en Málaga desde su infancia y a su Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos asistió de joven a dos cursos consecutivos: el resto de su formación la adquirió de manera autodidacta. Llevó una corta existencia creativa, que si en principio influenciada por dos de las figuras que les precedieron en el oficio, Enrique Brinkmann y Francisco Peinado, más tarde se recreó en modelos icónicos muy personales y gozó con intensidad en sus inquietantes criaturas y visiones nacidas libres, independientes, autónomas y singulares, demostración de su rechazo a cualquier modelo cultural, social e, incluso, urbano. Toda la fuerza de su observación crítica e irónica impregna la mayoría de su corta plástica. En el catálogo que Miguel Alcobendas preparó para la exposición de Joaquín en la Sala de la Diputación Provincial, insertó un texto de la profesora Rosario Camacho quien, tras observar atentamente su obra, había escrito: Son seres


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de un mundo real, pero presentados con tal crueldad e ironía, despejados de toda vividura, destruidos, esperpénticos, divertidos, amargos que parecen más bien brotar de las regiones misteriosas del subconsciente, “donde lo incomunicable surge como de una extraña poesía”. De Molina vivió en Madrid, París, Ámsterdam y Berlín –del histórico Expresionismo y Transvanguardia de las sucesivas estancias en este último país está impregnada su obra de los años 80 del siglo XX–, y retorna a Málaga ya enfermo. Sus dos primeras exposiciones individuales tuvieron como marco el Colegio Universitario San Ciriaco y Santa Paula, sito, entonces, en la Alameda Principal malagueña, y en el Hall de Radio Juventud-La Voz de Málaga (entonces en la Alameda de Colón), y ambas en 1972. Una tercera individual inauguró en la Sala de Exposiciones de la Diputación Provincial malagueña un año más tarde. Previamente a las anteriores había participado en la VII Exposición Gráficas Internacional de Málaga y Bienal del Premio Ciudad de Murcia (1971); Certamen Nacional de Dibujo Pancho Cossío y Certamen Nacional de Dibujo María Blanchard, ambas convocatorias santanderinas (1972); Exposición Colectiva de Dibujo y Gráfica, Mijas (1973) y Muestra de Pintura Contemporánea Malagueña, organizada por el Ayuntamiento de la capital (1973).

José Denis Belgrano, a los once años de edad despunta como futuro pintor. En el aula escolar, en tanto las disciplinas de aritmética, lengua o geografía se les resultaban de difícil asimilación, los márgenes y espacios libres de sus cuadernos los emborronaba de atractivos dibujos que, copiados o de improviso, acababan desvirtuando el uso escolar de los mismos. El hecho de que en la familia no existiera ningún precedente en los campos creativos, llenó de preocupación a sus padres, que desde que el niño vino al mundo pensaron dedicarlo, de mayor, a los negocios en los que la familia se ocupaba. Esta circunstancia hizo retardar la formación escolar del futuro gran pintor, que, al fin, vencidas muchas resistencias, se matricula en 1868 en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal, correspondiéndole el aula de Bernardo Ferrándiz. Tras obtener en 1872 un premio del Liceo malagueño, por su cuadro “Un lance de toros”, donde ya se manifiesta su proclividad al género taurino, se une a Martínez de la Vega y Emilio Ocón en un estudio-taller muy cercano a la finca de Barcenillas, donde tiene su casa el maestro Ferrándiz.


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En 1875, deseando perfeccionar sus conocimientos, viaja por su cuenta a Roma; a su regreso, participa con Martínez de las Vega y otros compañeros en la exposición que el propio Ferrándiz organiza en Málaga con motivo de la estancia de Alfonso XII. Denis tiene una gran oportunidad de que la ciudad descubra sus maneras artísticas. Participa un año después en la Exposición Nacional de 1887 con los temas “Ensayo de antaño”, “Anticuario”, “Después de la corrida” y “Currutaco”. Ninguno de ellos recibió galardón alguno, pero el tiempo confirmó, por su recurrencia en el conjunto de su obra, que en los mismos estaba representada la panoplia de sus asuntos cultos o populares preferidos, a través de los cuales gozará de prestigio hasta quedar en la historia de las artes malagueñas como uno de sus más influyentes e inspirados pintores. Denis fue profesor de la Escuela de Bellas Artes en la que inició su aprendizaje, y alumnos de sus clases fueron, entre otros muchos y en distintos momentos, Andrés Cuervo y Rafael Murillo Carreras.

Alfonso de Ramón Monterde, fue alumno de Juan Almagro y de Mario Palma, entre otros, en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga donde ingresó en 1950, pertenece a la llamada Generación o Grupo de los 50. Frecuentó las tertulias de El Pimpi como miembro de la Peña Montmartre y como tal, en compañía de otros jóvenes pintores de la época, visitó a Picasso en su casa de Cannes en el primer contacto histórico que una representación de jóvenes creativos malagueños mantuvo con el maestro (1957). Luego, como el resto de los miembros de la Peña Montmartre, se integró en el Grupo Picasso. A partir de 1958 expone individualmente en Madrid y diferentes capitales europeas y, con Alberka, expone en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País. Fue a partir de 1960 cuando De Ramón abandona temporalmente la pintura y se dedica a la decoración, el diseño y la escultura, realizando importantes trabajos y encargos para hoteles, instituciones y residencias privadas de la Costa del Sol, donde, a lo largo de los años, dejó un amplísimo muestrario de


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realizaciones creativas; también trabajó para la Caja de Ahorros de Ronda (sede principal de Málaga) y oficinas de Ciudad Real, Córdoba y Jaén. Con destino a la central de Málaga de la citada entidad de ahorros, restauró un fresco del maestro Bernardo Ferrándiz que se había recuperado de un viejo inmueble del Hoyo de Esparteros y que posteriormente la exornaba. Primera Medalla Provincial de la Obra Sindical Educación y Descanso en 1953, obtuvo en 1972 el Premio Nogales de la I Bienal Nacional de Pintura y Escultura (VII Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga). En 1980 recibe, junto a los compañeros del Grupo de los 50, el homenaje de la Galería MiramarArte. Con ocasión de su presentación en Madrid (Círculo de la Unión Mercantil) a finales de los años cincuenta, Dígame, la popular publicación madrileña de la época, recogió el evento en sus páginas: Una excelente serie de pinturas y tallas. En las primeras, Alfonso de Ramón se manifiesta como buen conocedor del color y del dibujo. En la segunda hace gala de una gubia dúctil, que trata la madera con indudable maestría. Algunas de sus últimas obras pictóricas fueron mostradas en 1982 en la Sala de la Caja de Ahorros de Antequera en dicha población, y en 1991, al ser seleccionado para participar en el V Premio de Pintura Ron Bacardí, en Málaga.

José María de Torquemada y Redondo. Alumno que fue del maestro Vázquez Díaz, es pintor que se estableció en Málaga en 1976 luego de una prolongada estancia en Venezuela, México y República Dominicana en las que, al celebrar numerosas exposiciones de carácter individual, pudo difundir sus trabajos en numerosas colecciones particulares e institucionales. Su obra pictórica, a partir del mencionado año, se produce en Málaga, concretamente en Torremolinos, donde el autor posee estudio-taller y academia. Sus trabajos han sido valorados por la crítica de forma unánime. José Manuel Vallés, presidente de la Asociación de Críticos de Arte de Málaga, escribió en Sur (10.IV.1996): El realismo de José María de Torquemada raya en algunas de sus telas en el llamado realismo mágico, o quizá hiperrealismo, pero con una bella plasticidad, siendo eso el soporte básico para llenar el espacio con esos elementos imprescindibles en la elaboración de cualquier forma que se pueda representar e interpretar en un lienzo como él lo hace. Mía Pavolini, por su parte, dejó escrito en uno de sus catálogos: Si siempre es hermoso ver un hombre progresar, saber más, mejorarse, y si este ha


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sido continuamente el camino de José María, hoy más que nunca su técnica se acerca a su alma y su expresión es clara, llena de juegos de luz. Además de las exposiciones colectivas celebradas en Hispanoamérica, De Torquemada celebró en España las siguientes del mismo carácter: Galería Benedito, (Málaga, 1997); Casino de Marbella y Galería Infantas de Madrid (1998); La Casa Grande, de Marbella, y Galería San Antón, de Pamplona (1999); Eurogalería de Arte Llamas, de Bilbao, así como en Hondarribia (2000) y Sala de Arte Arimany, Tarragona (2001). En cuanto a las colectivas, participó en El fuego como tema, celebrada en Benedito Málaga, 1998; Cuatro pintores en el realismo, en la Casa Grande de Marbella y Galería Auri de Sevilla. En 1999 participó en Fira D’Art Barcelona y en 2000 en la Feria de Arte Contemporáneo de Sevilla y en la Feria de Arte Contemporáneo de Valencia. El artista fue Mención de Honor en el I Certamen de Pintura Puerto Príncipe (Puerto Marina, Benalmádena). Su obra, además de estar presente en numerosas colecciones privadas e institucionales de Hispanoamérica, también lo está en Alemania Francia, España, Marruecos, Finlandia, EE. UU. y Japón.

DÍAZ BARBERÁN, José (Ver BARBERÁN)

Autor de muy ambiciosa obra expresionista que en ocasiones aparece como absorbida por una fuerza cromática que la sumergiera en la más caótica abstracción a causa de sus envolventes atmósferas, José Antonio Díaz del Pendón es un artista que, nacido joven al arte, no frecuentó escuelas ni academias artísticas ni, mucho menos, siguió el modelo influyente de creativo alguno, de ahí que se le pueda considerar un pintor ajeno a cualesquiera formas de mimetismo creativo, dados los perfiles de un discurso plástico personalísimo desarrollado a lo largo de los veintidós últimos años del siglo XX. Turbador Díazdel, definió “Paleta de colores” del diario Sur (14.VI.97) la Exposición Antológica que presentaba parte de su obra realizada durante los años precedentes y que tenía por escenario la Finca El Portón de Alhaurín de la Torre, su pueblo nativo. A esta inicial definición de artista y obra, el crítico añadía: Con obras del decenio 1987-1997 el pintor Díazdel se acerca de nuevo al público, y lo hace de manera mucho más turbadora, pesquisante e inquisitiva. […] Criaturas que, nacidas en escorzo de asombros, sorpresas de nostalgias o agridulces recuerdos per-


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didos en memorias antiguas, explican con suficiente esteticismo, color, hechura, dimensión y hasta poesía el desconcertante mundo de Díazdel. Acerca del color, verdadero activo de la obra, fue el crítico de arte Antonio Abad quien hizo unas acertadas afirmaciones: En los cuadros de Díazdel los colores van creando su propio espacio para que tome sentido la forma del objeto representado. Cuando en sus composiciones organiza el matiz y el tamaño de las zonas cromáticas, siempre lo hará teniendo en cuenta la luminosidad y la saturación de cada una de esas zonas para ponderar un resultado equilibrado. Fruto de más de dos decenios de trabajo, Díazdel celebró cerca de cuarenta exposiciones en el último cuarto del siglo XX, de acuerdo con la siguiente cronología: Caja de Ahorros Provincial de Málaga (Vélez-Málaga, 1978); Museo Casa de Colón (Las Palmas de Gran Canarias, 1979); Galería Berruguete y Caja de Ahorros de Antequera (Burgos y Málaga, respectivamente, 1980); Sala de la Caja Provincial de Granada y de la Excma. Diputación de Málaga (1981); Galería Arlanzón de Burgos y Casa de Cultura de Alhaurín de la Torre de Málaga (1983); Caja de Ahorros de Ceuta (1984); Sociedad Económica de Amigos del País (antigua Casa del Consulado del Mar, Málaga, 1985); Galería Benedito (Málaga, 1987); Cortijo Bacardí de Málaga, Museo Cruz Herrera de la Línea de la Concepción y Sala Amalur de Ibiza (1989); Kreisler de Madrid y Benedito de Málaga (1990); Sala Gaudí de Barcelona y Sala Ivars de Valencia (1991); Galería Jean Marc (Ibiza, 1992);

Sala Gaudí (Barcelona, 1993); Galería Van Gestel (Marbella, 1994); Galerie Gerard Bredson de Beyren, Luxemburgo, y Galerie Lisette Alibert de París, (1995); Merrill Chase Gallery Chicago II y Lisette Alibert de París (EE.UU. y Francia, (1996); Diputación Provincial de Málaga y Finca El Portón de Alhaurín de la Torre (1997); Tertia in Lutetia en Galerie Lisette Alibert de París, Gallery Maximilian de Aspen y Art Gallery 7 de Osaka (Francia, EE.UU. y Japón, sucesivamente (1998); Galería Brucke de Tokio y Galerie Wam de Caen, Japón y Francia, respectivamente (1999); y Gallery Pierre de Nueva York y Gallery Suiha de Tokio (EE.UU. y Japón, en orden (2000). Participó, entre otras, en las siguientes exposiciones colectivas: Arte Contemporáneo en Málaga (Finca La Cónsula, 1980); Homenaje a Van Gogh (Museo Cruz Herrera de la Línea de la Concepción, (1990); Grabadores Malagueños (Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella, 1994); XIX Festival Internacional de Teatro de Manizales (Colombia, 1997); Itinerante de Grabadores de Málaga (Málaga, 1998); Centenario de Emilio Prados (Centro Cultural de la Generación del 27 (Málaga, 1999). Como artista formado en las técnicas del tórculo en el malagueño Taller Gravura, participó en las colectivas Málaga en Aix-en-Provence y en la itinerante por Marruecos: Rabat, Casablanca, Marraquech, Fez y Tánger (1993 y 1995, respectivamente). Su obra está representada en los museos del Grabado Español Contemporáneo de Marbella, Taurino de Lo-


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groño, Cruz Herrera de la Línea de la Concepción, Kranner Art Museum de Chicago (EE.UU.), de la Solidaridad Salvador Allende (Santiago, Chile), Advocate for children (San Mateo, California, EE.UU.), Urpo Lahtissen Taidesätiön Kokoelma (Tempere, Finlandia), USG People (Antwerpen, Bélgica) y Universidad, Diputación y Unicaja (Málaga), entre otras colecciones.

Pintor que se consideraba autodidacta, José Díaz-Oliva,vivió en Málaga desde 1943, donde hizo su larga carrera artística. Con once años de edad ingresó en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos en la que siguió pintura y dibujo con Luis Bono, José Roquero y Antonio Cañete; también frecuentó el aula de pintura de Educación y Descanso, según recogemos del catálogo de la IV Exposición Provincial de Arte, Primeras Medallas, celebrada en Málaga en el mes de agosto de 1969. Díaz-Oliva, figura destacada de las vanguardias pictóricas malagueñas de la segunda mitad del siglo XX, fue un pintor múltiple que a impulsos de su albedrío incontamina-

do de “ismos”, modas e influencias realizó una obra personalísima en la que reflejó no sólo su innata propensión a la búsqueda, sino un creciente espíritu de investigación en cuanto a las formas y la luz en ellas generada. A Díaz-Oliva debemos una definición acerca de su propia historiografía como pintor. Ella tiene, a los efectos del conocimiento de su larga crónica estética, verdadero interés, por haber sido dichas cuando su vida había iniciado ya el último sexenio de existencia (1994), de manera que en ellas sintetizó todo su recorrido en la pintura malagueña. Lejos habían quedado sus obras primigenias netamente figurativas: (realistas hasta 1955, expresionistas en 1960 y de componente social hasta 1965). Cuando el pintor se refirió a su obra hasta 1994, ya se habían producido ciclos tan sólidos y creativos como sus visiones surrealistas (1970), Opus (1980), Rojo (1983) y Gris, (1986); las series Convergencias (1987), Espejos (1988) y Azogues (1997), cerrarán definitivamente sus grandes ciclos creativos. Aquellas sus palabras de 1994, definitorias del desarrollo de su obra, fueron: ...Hay que tener en cuenta que partir del impresionismo, llegar al surrealismo, tocar la abstracción muy encendida de color, o bicolor y monocroma; buscar la figuración y el realismo, y encontrarlos, y estar largo tiempo en abstracciones relativamente figurativas, es un ejercicio largo, difícil y complicado. Su gran amigo Pepe Bornoy, con el que expuso conjuntamente en tres ocasiones, organizó al año de su muerte (2001) la Exposición Antológica, que comisarió Antonio Abad. Dicha muestra se celebró en el Museo Municipal de


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Málaga entre el 17 de enero y el 17 de febrero del año 2002, Abad escribió en el libro-catálogo sobre las celebradas series Espejos y Azogues, culminación de toda una carrera pictórica: ...Díaz-Oliva fue ante todo un pintor rompedor de fórmulas y estilos. No era de extrañar que de sus inicios, primero expresionistas y luego surrealistas, saltara a una abstracción geométrica, y que de aquí de nuevo se adentrara por el mundo de la figuración. Surge entonces su conocida y celebrada serie Espejo, que no es más que un ahondamiento en la materialidad de las formas y la construcción geométrica que se deriva de ella a través de una nueva mirada, un doblez si se quiere del ojo que se mira en el espejo y a su vez es contemplado.(...) El señalamiento de su mirada en ese espejo clásico le haría penetrar en lo más profundo de él hasta sentir su parte más oscura y fría, su llaga y su dureza de cristal y azogue. Azogue precisamente se llamará su serie posterior. Este mismo cronista de la obra de Díaz-Oliva se pregunta, a propósito de Espejos: ...Pero, ¿por qué el espejo?, ¿por qué ese juego de prismas, esa visión desde el otro lado, esa quimera de lo virtual? ¿Qué hacen ahí, –me pregunto– Gentille da Fabriano, Lucca Signorelli, Miguel Ángel, Andrea da Sarto, el mismo Sandro Botticelli? ¿Qué pintan esos rostros ya pintados, esas alegorías de otro tiempo, aquí en nuestro tiempo, delante de nosotros, otra vez? Distinto autor, Juan Delgado López, constató el helenismo barroco en la pintura de Díaz-Oliva escribiendo: ...Un salto en el tiempo, dos siglos, y nos encontramos a Velázquez en la obra de DíazOliva, y otra vez nos bañamos en el agua apetecida de su impecable capacidad de ma-

gisterio. Y sigue siendo el mismo su mundo de barrocos tratamientos para estudiar meninas con candela en los ojos y fiebre palaciega en las entrañas. Y hay un mundo interior, un tiempo interior que grita soledades. Y un afán en la carne que pide compañía. (...) Se ilumina el tiempo porque el arte es la luz que esclarece la vida. Se sacraliza el tiempo y los dioses paganos del sentimiento convocan el milagro de la emoción más alta. Las exposiciones individuales de Díaz-Oliva, entre 1964 y 1998, se celebraron en Zaragoza y Fuengirola (1964); Salamanca, Málaga y Zamora (1966); Béjar y Valladolid (1967); Torremolinos, Valladolid, Ginebra, Málaga y Plasencia (1969); Valencia (1970); Málaga, Granada y Palma de Mallorca (1971); Zaragoza, León y Málaga (1972); Salamanca, Valladolid, Madrid y Zamora (1973); Málaga (1976); Málaga (1978 y decorados escénicos para Érase una vez, del Grupo Cascao); Nerva y Málaga (1980); Málaga y Fuengirola (1981); Granada, Bilbao, Málaga y Ronda (1982); Zaragoza y Fuengirola (1983); Nerva (1985); La Coruña (1986); Málaga (1987); Valladolid, Lérida, Málaga y Benalmádena (1988: realiza los cuadros móviles para el ballet La Fiesta Nacional); Córdoba y Málaga (1989); Madrid (1990); Málaga (1992 y 1993); Salamanca, Soria, Palencia, Valladolid, Málaga, Huelva y Alemania (1994); Málaga (1997) y Rincón de la Victoria y Dresde, (1998). Las exposiciones de carácter colectivo entre 1958 y 1995 fueron: Juvenil de Arte, Málaga (1958); Provincial de Educación y Descanso, Málaga (1959); I Regional Andaluza, Sevilla (1960); Nacional de Educación y Descanso, Zaragoza


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(1961); Salón de Artes Plásticas, Málaga (1962); V Salón Estival de Pollensa (1966); Arte y Caridad, Valencia (1967); V Salón de Invierno de Málaga y VI Salón Nacional de Murcia (1968); Exposición

Homenaje a Picasso, Málaga, y Nacional de Bellas Artes, Madrid (1969); Muestra Málaga 70, Exposición Nacional de Linares, VII Salón Nacional de Murcia y XIX Salón de Otoño, Sevilla (1970); I Bienal Provincial de León y I Bienal de Zaragoza (1971); Pintores Contemporáneos Malagueños, I Bienal del Vino de Málaga, II Bienal de León, II Bienal de Zaragoza y Exposición Nacional de Educación y Descanso de Huelva (1973); II Bienal Nacional de Málaga y Surrealistas Españoles, hoy, Madrid (1974); V Exposición Primeras Medallas de Educación y Descanso, Madrid; Surrealismo 50 Aniversario, Zaragoza; I Bienal de Pintura de Santander y V Bienal del Deporte en las Bellas Artes, Barcelona (1975); III Bienal Nacional y Obra Gráfica, Málaga, y I Bienal Ciudad de Oviedo (1976); Pintores Malagueños, Algeciras (1977); Colectivo Palmo, Málaga, II Muestra de Pintores Andaluces, Sevilla, y Muestra de Arte Actual en Churriana (1979); Concepto de Aquí y Ahora, Marbella; Colectivo Al-Andalus, Vélez-Málaga; II Certamen Nacional Vázquez Díaz, Nerva, y Grabado en Andalucía, hoy, Madrid (1980); Colectiva Beca Picasso, Pintores Contemporáneos Malagueños y Primer Encuentro de Grabadores Andaluces, Málaga (1981); Colectiva 82, Marbella; Colectivo Palmo y II Encuentro A.T.A. 50 Años de Arte Andaluz, Granada (1982); VII Bienal de Marbella; Colectivo Palmo, Málaga (1983); Arco’85 (1985); Exposición Co-

lectiva en Malacke, Málaga; Pintura Contemporánea, Torremolinos; XVIII Exposición de Bellas Artes, Cádiz y Gráfica y Objetos, Colectivo Palmo, Málaga (1986); Colectiva Autodefinidos, Pintura Actual en Málaga, y Pintores para el 92, Córdoba (1988); Pintura Malagueña y La Escultura en Málaga, hoy, y Estampado en Málaga (1995). De entre los premios, becas y distinciones al mérito artístico que le fueron concedidos al artista entre 1958 y 1981, destacan los siguientes: Primer Premio y Beca en la Exposición Juvenil de Arte, Málaga (1958); Primera Medalla Provincial de Educación y Descanso, Málaga (1959); Medalla de Bronce en la Exposición Nacional de Educación y Descanso, Zaragoza (1961); Tercer Premio del Salón de Artes Plásticas, Málaga (1962); Diplomado del Instituto Atenas, de Madrid, y viaje de estudio por España (1963); Primera Medalla Nacional de Educación y Descanso, Logroño (1964); Premio Álvarez Dumont del V Salón de Invierno, Málaga (1968); Medalla de Bronce de la Exposición Primeras Medallas de Educación y Descanso, Málaga (1969); desempeña durante un curso la cátedra de pintura de la Escuela de Nobles y Bellas Artes San Eloy, Salamanca (1973); obtiene la Beca Picasso del Ayuntamiento de Málaga (1974); de nuevo, el Premio Álvarez Dumont de la II Bienal Nacional de Arte, Málaga (1976); es seleccionado para la XIV Bienal Internacional de Ljubiana, Yugoslavia (1981). El catálogo manuscrito sobre su propia obra, dado a conocer por el profesor Francisco J. Palomo Díaz, autor


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del Breviario de la vida de Díaz-Oliva en el libro-catálogo de la exposición del Museo de Málaga, conmemorativa del primer aniversario del fallecimiento del artista, recoge los siguientes datos: 370 cuadros (óleo –los más–, técnica mixta y uno en acrílico, sobre soportes de lienzo, madera y, menos, cartón, con medidas muy variadas, siendo los mayores de 200 x 200 cm. en un par de cuadros), entre 1967 y 2000. Cita el mismo historiador de la pintura, vida y obra de Díaz-Oliva otras producciones como 26 ceras y 95 dibujos a pluma, tinta china y grafito, 8 dibujos en técnica mixta, 16 obras en lápiz a color, 26 dibujos sin especificar técnica, 34 acuarelas y 19 matrices de obra gráfica, además de serigrafías, planchas de cobre, grabados, prototipos de esculturas, etc. DÍAZ RITTWAGEN, Jaime (Ver RITTWAGEN)

Manuel José Donoso Merino, artista que supo compatibilizar sus obligaciones profesionales como funcionario del Ministerio de Hacienda con la actividad creativa; asistió a Bellas Artes durante los cursos 1958-60, inclusive, teniendo como profesores a Antonio Cañete y José Roquero; como compañeros de dibujo y pintura compartió aulas con Torres Matas, López Palomo, López Muñoz y Díaz-Oliva, entre otros. De escasa presencia en salas y galerías, su primera exposición la celebró en el Salón Sindical de Exposiciones de la CNS (Madrid, 1966), en la que presentó 19 retratos femeninos y masculinos y siete paisajes inspirados en el rebalaje de Fuengirola; posteriormente, tomaría parte en distintos eventos colectivos dentro y fuera de Málaga. Destacó en el retrato, habiendo realizado alrededor de 180 trabajos para ciudadanos de Gran Bretaña durante una corta estancia en Londres a invitación del director general de Leyland, así como para otros clientes españoles, franceses, noruegos y daneses. De delicada factura en la ejecución de bodegones, incorporaba el paisaje como fondo de los retratos, así como en temas de caza y escenas


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costumbristas. Al iniciarse el decenio de 1970, y de forma autodidacta, se dedicó a la escultura, en cuya variante artística demostró idéntica sensibilidad que ya había quedado patente en la pictórica. En 1966 obtuvo un Primer Premio provincial de la Obra Sindical Educación y Descanso al participar en uno de sus certámenes anuales de pintura al aire libre, y en 1967 el Premio Nogales, concedido por la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos al participar en el Tercer Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo.

Fermín Durante López, miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo desde 1993, había sido alumno del maestro Federico Bermúdez Gil en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga y artista que supo extraer de sus experiencias fotográficas soluciones y aplicaciones prácticas en el campo de la pintura, al que dedicó una parte importante de su existencia creativa. Su original obra pictórica, resultado de la impregnación de dos modos distintos de hacer arte, llevaba implícito, además

de un evidente dominio del dibujo, no sólo el realismo que la cámara fotográfica proporciona, sino las delicadas expresiones obtenidas en el proceso de depuración de las formas objetivas. Desnudos de mujer, evocaciones intimistas femeninas, retratos, bodegones, tipos de la calle, alegorías y metáforas que parecían originarse en los celajes del mundo onírico, etc., fue la temática que abordó en vida el artista. Manuel Alcántara, que al pintor dedicó no escasa literatura referencial, dejó escrito de él: Fermín Durante pintaba como era: minucioso, responsable, honrado a carta cabal y soñador de un mundo donde se repartirían otras barajas. A pesar de ser constitutivamente andaluz, su musa era septentrional: la melancolía. Pudiera decirse que tenía nostalgia de cosas que jamás le habían ocurrido. Por su parte, Pedro Tedde de Lorca –que le dedicó en vida un opúsculo reflexionó acerca de la tipología humana que pobló su universo icónico: Hay, sobre todo, dos temas, dos protagonistas, que aparecen, una y otra vez, en la obra de Fermín Durante, que me han atraído por la singularidad de su tratamiento, y cuyo sentido resulta profundamente contradictorio: los niños y las muchachas, en ese privilegiado y difícil tramo que va desde la apenas adolescencia a la todavía no madurez. Su obra inicial fue dada a conocer en la Exposición Nacional de Gibraleón (Huelva, 1967) y en el certamen anual de la Obra Sindical Educación y Descanso (Málaga, 1969); en éste último, consigue una Primera Medalla, su Primer Trofeo al Mérito. La actividad galerística individual del pintor se


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inicia en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País de su ciudad natal (1970), continuando de acuerdo a la siguiente cronología expositiva: Malacke (Málaga, 1980); Galería Heller (Madrid, 1982 y 1983); Galería Fundación (Madrid, 1983); Sala Aveyro (Lisboa, y Malacke, Málaga, 1985); Galería Terral (Málaga, 1989); Galería Benedito (Málaga, 1990); Club Mayorazgo (Málaga, 1993) y Galería Benedito (Málaga, 1994). Su participación en eventos colectivos fue numerosa. De una larga relación de ellos seleccionamos los más importantes: Primeras Medallas de la Obra Sindical Educación y Descanso (Málaga, 1972); Exposición de retratos en la Sociedad Económicas (Málaga, 1973); Exposición Primeras Medallas de Educación y

Descanso del Museo Provincial de Bellas Artes (Málaga, 1975); I Bienal de Pintura Villa de Pego (Alicante, 1977); Homenaje a Juan Eugenio Mingorance (Málaga, 1981); Homenaje a Picasso (Museo de Arte Sacro, Málaga, 1982); Pintores Malagueños (Ayuntamiento de Nerja, 1984); Salón de Otoño de la Asociación de la Prensa de Málaga (1988, 1993 y 1995), Pintores Malagueños (Museo Provincial de Bellas Artes (Málaga, 1997) y 150 Aniversario de las Reales Academias de Andalucía (Caja Rural, Málaga, 1999). Fue autor de numerosos carteles: IV Congreso de Pediatría Extrahospitalaria, Semana Santa de Málaga y Feria de Agosto de Málaga, así como del Rastrillo Nuevo Futuro. También fue generosa su colaboración artística con diferentes cofradías y hermandades malagueñas.


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Hijo de padres malagueños, Manuel García Duarte vino al mundo el Día de los Enamorados de su año natal y tras una larga estancia familiar en Alcazarquivir llegó a Málaga en 1944 donde vive desde entonces. Dibujante, escritor y humorista, perteneció al grupo de iniciales colaboradores de Chaveas, la revista infantil malagueña del desaparecido vespertino La Tarde, primera experiencia andaluza en el campo del cómic periodístico español. Cuando se redacta la presente ficha so-

bre su actividad creativa, Elgar continúa publicando en el malagueño diario Sur su diaria viñeta, sumando ya casi setenta años dedicados a la que considera feliz actividad. Colaboró en importantes revistas del género, como en: Hermano Lobo, La Codorniz, Diez Minutos, Noche y Día, Lecturas, El Caso, La Farola, Acción, Afición y en los diarios Hoja Oficial del Lunes, de Málaga; Odiel, de Huelva; Hoy, de Badajoz; Arriba, de Madrid, y otros. El veterano dibujante y miembro de la Real Academia de la Lengua Española, Antonio Mingote, escribió acerca de Elgar: Con su humor clarificante, Elgar ayuda a disipar la confusión en que estamos sumidos. Sobre todo la confusión de las señoras que lloran emocionadas en las peluquerías con las grandes bodas que traen las revistas del corazón. “Practique la elegancia social del braguetazo”, dice Elgar en una pancarta, y hasta las señoras más obtusas acabarán entendiendo la relación entre el letrero y los reportajes a todo color


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de los desposados aristócratas. Lo que puede aclararles mucho la vida, que buena falta les hace. En 1988 expuso en Málaga una muestra individual de sus trabajos y caricaturas. Cuatro son los títulos de sus libros de humor: This brief World, Mens sana in corpore insepulto, Vete a hacer viñetas y La Transición en bragas. Ilustró dos libros de otros tantos excelentes amigos: Antología del disparate, de Luis Díez Jiménez, y otro de la periodista y escritora Liz Parrys. En Fuengirola existe la Calle Elgar, en su honor; posee el título de Malagueño del Año y está en posesión de la Medalla de Oro de la Asociación de la Prensa de Málaga. Su galería dibujístico-humorística está plagada de conocidas figuras nacionales de la actividad cultural y política.

Pedro Escalona Vega, autor cuya obra pictórica de original línea siempre figurativa-realista sustenta un dibujo hábil y preciso, estudió pintura y grabado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (1972-1977), teniendo como profesores, entre otros, a Echau, Nieva, Villaseñor y Guijarro, y como compañeros en los distintos

cursos, a Cortés Moreno, Ángel Busca, Mariano Macarraz y David Nebreda. Un año antes de acabar sus estudios en dicho centro, fue distinguido por el Ministerio de Educación y Ciencia con la Beca de Paisaje de El Paular. Autor de una obra que en su juventud recibió numerosos galardones –sin que figuren por propio deseo en su extenso currículo artístico–, Pedro Escalona ha recreado un mundo de personales acentos e intimistas focalizaciones iconográficas de tan difíciles como complejos ejercicios plásticos. Fernando Pérez Mulet, sumándose a lo que con anterioridad expresaron sobre el trabajo de Pedro Escalona los críticos Palomo, Luque, Casín o Sánchez Mesa, escribió para el catálogo de la última exposición individual del pintor en la Galería Benot, de Cádiz: Estoy plenamente de acuerdo y les envidio su intuición: el tiempo para siempre, el eterno silencio, materializado en un instante, en la concreción de un simple objeto, de un frágil gorrión, de una mínima china, canto rodado por la marea, o esos cestos que rezuman, también al tiempo, arqueología pompeyana, rotundidad caravaggiesca y, entre fortuita o desprendida, una oriental sutileza. No descubro, pues, nada nuevo si añado que existe un componente romántico en la obra de Escalona. Como en el Diecinueve auténtico, también parece rezumar en él la aspiración a un Arte Total. Félix J. Palma, que estudió en profundidad la obra de Escalona, la ha visto así: En la pintura de Escalona la realidad se desgrana lenta, y todo transcurre en silencio. Uno quisiera conocer el escenario que el cuadro nos niega, las vistas de esas ventanas que se reflejan en la


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panza del cristal de las vasijas, y arropando ese epicentro de objetos heridos, se imagina la habitación en calma de un caserón retirado, donde apenas llegan los acordes de las vidas en tregua. Sus exposiciones individuales, celebradas en numerosas capitales y ciudades españolas y europeas, fueron: Galería Foro, Madrid (1976 y 1977); Caja de Ahorros de Cádiz (1978); Lloc D’Art, Elche (1980); Galiarte 96, Madrid (1981); Galerías Rossli, Baltsthal y Munsterberg, Basilea, y Centrum, Grenchen, Suiza (1984); Galiarte, 96, Madrid; Severín Fischer de Basilea e Imzielemp de Olten, así como Munsterberg de Basilea, Suiza, y Hüsstegge, Hertoggenbosch, Holanda (1985); Casa de Cultura de Fuengirola y Galería Hof de Basilea, Suiza (1986); Galería Rossli de Balsthal, Suiza (1987); Galería Altstad de Berna, Suiza (1988); Galería Kurt-Schurer de Biel, Suiza (1989); Galería Altad de Berna, Suiza (1990); Porticus de Málaga y Martins de Olten, Suiza (1991); Alstadet de Berna, Suiza (1992); Galería Tese de Fuengirola, y Heller de Madrid (1993); ART MIAMI’94, Miami Beach Convention Cen-tre, y Goodman and Heller, Nueva York (1994); Galería Benot, Cádiz, y Stauffer de Balsthal, Suiza (1995); Galería Alstad de Berna, Suiza (1996); Galería Haurie, Sevilla y Nolde de Navacerrada, Madrid (1997); Casa de Cultura de Fuengirola, Málaga, y Altstad de Berna, Suiza (1998); Galería Jesús Puerto, Granada, y Museo Cruz Herrera de la Línea de la Concepción, Cádiz (1999); Galería Altstad de Berna, Suiza, y Sala Pescadería Vieja. Jerez de la Frontera, Cádiz (2000); Galería de

Pedro Torres, Logroño (2001), y Galería Benot, Cádiz (2003). De sus exposiciones colectivas, que sumaron 42 entre 1973 y el año 2000, destacan: Madrid (17), Zamora (2), Holanda (7), Málaga (8), Marbella (1), Bélgica (1), Santander (1), Granada (2), París (1), Cádiz (6), Nueva York (1), Barcelona (1), Sevilla (3) y Ceuta (1). ESCALONA OCAÑA, Julián (Ver OCAÑA)

Pilar Esteban Vivar, desde muy niña reside en Málaga, donde inició su preparación en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de la ciudad, en la que tuvo como profesor al pintor y académico Virgilio Galán Román durante los cursos 1972 a 1974, inclusive. Pintora que tras largas temporadas realizó numerosas exposiciones individuales y colectivas en diferentes capitales y ciudades españolas, acabó su ciclo galerista abriendo estudio-escuelas donde ejerció docencia, muy especialmente de pintura sobre cristal, especialidad a punto de perderse en Málaga. De encantadora temática infantil, sus trabajos


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se acercaron desde un primer momento a la fórmula naíf, que ya en Málaga le habían precedido varias figuras del momento, centrando en la niñez y sus recuerdos un protagonismo singular. Al participar en 1975 en una convocatoria nacional hecha desde Madrid por UNICEF España para seleccionar temas con destino a sus christmas navideños de 1976 y a la que habían acudido 200 artistas españoles, Pilar recibió el encargo de realizar varios trabajos para dicha organización. A propósito de su exposición en la Sociedad Económica de Amigos del País (1974), Manuel Gallego escribió en su catálogo: Es una pintora independiente porque así lo impone su propia personalidad y su peculiar manera de entender la pintura. Ella va por el camino que tiene que ir y sigue la ruta que le marca su instinto. El mundo se ha hecho cruel, pero el de Pilar sigue siendo tierno. La sociedad ha experimentado profundas transformaciones, y Pilar sigue con su inagotable imaginación mostrándonos sus niños. En una referencia a su exposición de Marbella el verano de 1975, el diario Sur publicó lo siguiente: Sus naives pertenecen a la mejor casta. Recuerdan a la dulce Marina Barbado como referencia más cercana; recuerdan a Mari Pepa Estrada, como punto más intermedio; recuerdan a Manolo Blasco como extremo. Y si me apuran, también en algún punto referencian a Concha Barreto. Quiero decir con esto que Pilar se ensambla en la tradición malagueña de la pintura naíf, que es continuación de la escuela malagueña –que existe, ya lo que creo que existe, y pese a sus oponentes– como una realidad asombrosa y fecunda.

El orden cronológico de sus exposiciones individuales fue: Sala de la Caja de Ahorros de Ronda, en calle Sancha de Lara, y Galería de Arte de Radio Juventud, en Alameda de Colón (1973); Sala de la Caja de Ahorros del Sureste de España, Benidorm (1974); Sociedad Económica de Amigos del País (1974); Caja de Ahorros Provincial de Málaga en Vélez-Málaga y Galería del Banco de Bilbao de Marbella (1975) y Galería de Arte El Griego, Torremolinos (1978). De su participación en eventos colectivos figuran: XIX Exposición Provincial de Educación y Descanso (1970); III Certamen de Pintura La Buena Sombra y XXVII Exposición Nacional de Educación y Descanso, Club Pueblo, Madrid (1972); LXXX Exposición de Primavera, Sevilla (1975); III Bienal Nacional de Pintura y Escultura, IX Salón de Invierno de Málaga (1976); Colectiva en Homenaje a Picasso e Iconografía Navideña, ambas en el Museo Diocesano de Arte Sacro de Málaga (1982); Subasta a beneficio del citado museo (1983). De trofeos y menciones, además de la distinción de UNICEF ya aludida, Pilar Esteban recibió una Primera Mención de Honor de Educación y Descanso (1971); V Premio de Pintura al Aire Libre, Marbella; I Mención de Honor en la Exposición Provincial de Educación y Descanso y II Premio del Ayuntamiento de Mijas (1974), así como el Primer Accésit del I Concurso de Pintura Naíf del Hotel Don Curro, Málaga (1991).


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Francisco Estrada Romero era nieto del pintor cordobés Francisco Estrada Reina, de quien heredaría su gusto por la creatividad pictórica en una de sus técnicas más esquivas, la acuarela. Arquitecto y Miembro de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, toda su existencia la dedicó a su profesión, aunque nunca desatendió su vocación pictórica. Alfonso Canales hizo una advertida puntualización sobre su arte: Era arquitecto de profesión, pero se doctoró en crepúsculos, en mares volubles y en cielos sosegados. Miembro de la Agrupación de Acuarelistas desde 1958, participó en distintos eventos colectivos en la Sala Eureka de Madrid, donde tuvo oportunidad de dar a conocer a público y crítica su depurada técnica. Inicia a partir de aquí una destacada labor como ilustrador del diario ABC de Madrid realizando portadas para dicho periódico e ilustraciones con destino a numerosos artículos y relatos de autores del mundo literario (José María Pemán, Díaz Cañabate y Julián Cañedo, entre otras figuras). Rosario Camacho, en el catálogo de la Exposición-homenaje que la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo cele-

bró en su memoria en la entonces Caja Rural, bajo el patrocinio de la Excma. Diputación Provincial y comisariada por el pintor Virgilio Galán, expresaba su admiración por los trabajos de Francisco Estrada: […] La paleta de Paco Estrada era muy amplia y siendo un marinista, su color era el azul. No obstante, siempre he encontrado una inclinación por los tonos cálidos, anaranjados, amarillos, las luces crepusculares que también se enfrían y se funden en los malvas, ese color violáceo de vientre de pez, llevándonos a pensar en un contenido, en la asociación ocaso y melancolía. Artista que representó a España en el Festival de Artes (Toulouse, 1959) participó en numerosas exposiciones y eventos de carácter colectivo, entre ellos, los siguientes: Exposiciones de Otoño de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría (Sevilla, 1959, 1977, 1978, 1979, 1982, 1991); Homenaje al Mar (Miramar Arte, Málaga, 1979); Exposición del Museo de la Acuarela Mexicana (México, 1982); X Certamen de Acuarela (Madrid, 1985); Colectiva de Espace Deldha (París, 1986); Pintura Base 7 (Málaga, 1987); Salones de Otoño de la Asociación de la Prensa (Málaga, 1988,1989, 1990, 1991); Exposición-presentación de la Agrupación de Acuarelistas de Andalucía (Córdoba y Jaén, respectivamente, 1991). En cuanto a las exposiciones individuales pueden citarse las siguientes, entre otras no constatadas: Caja de Ahorros de Ronda y Hotel Pez Espada (Málaga y Torremolinos, respectivamente, 1959); Galería Malacke (Málaga, 1976, 1978, 1984); Caja de Ahorros de Ronda (Torre del Mar, 1981); Galería Benedito


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(Málaga, 1989, 1991) y Galería Kensington Fine Arts (Londres, 1992). A lo largo de su trayectoria pictórica, que iniciada en 1959 queda interrumpida en 1997, Francisco Estrada fue distinguido en las siguientes ocasiones: Premio en la especialidad de Acuarela del Salón de Otoño y V Certamen de Acuarela (Sevilla y Madrid, respectivamente, 1978); XVII Exposición de Otoño (Sevilla, 1979); Mención Honorífica (finalista) en la VII Exposición de Acuarelas de la agrupación española de dicha especialidad (Madrid, 1980);Premio de los Sres. capitanes generales de la II Región Militar y II Región Aérea en la XXXI Exposición de Otoño (Sevilla, 1982).

María Pepa Estrada Segalerva, con antecedentes pictóricos familiares, hija de José Estrada y Estrada célebre abogado criminalista y ministro en uno de los gobiernos del Rey Alfonso XIII, hermana de poeta y al mismo tiempo Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, esposa de eminente médico como respetado alcalde de Málaga y madre del poeta, pintor y escritor Rafael Pérez Estrada,

fue una de las figuras creativas más relevantes de la pintura ingenuista malagueña del siglo XX. Sus trabajos siempre evocaron la ciudad de su niñez y juventud a través de una abundante panoplia de retratos y escenas de vida social y popular de la ciudad que vivió 93 años. Podría decirse que fue artista que pintaba no sólo sus recuerdos personales, sino los colectivos que vivieron y protagonizaron los malagueños de su propia generación y siguientes. La suya es una pintura de presencias coloreadas a las que acompaña la música renqueante del gramófono con los discos de ebonita (cuidad, no los pongáis planos, no vaya a ser que se alabeen) y del perro que estúpidamente escucha. Nada en esta pintura se alabea, porque el recuerdo podría reblandecerse, pero el hoy es siempre preciso y exacto, escribió el erudito Manuel Alvar. ¿Ingenuidad?, se preguntaba Camón Aznar, que a continuación se respondía: Más bien inspiración en el recuerdo, arte sedimentado en una fantasía radicada en la emoción nostálgica. Es este un tipo de abstracción que acaricia nuestra sensibilidad pues el artista sale de su alma, sacrifica su ineditismo y nos entrega unas formas cuyas aventuras emotivas podemos compartir. De sus exposiciones colectivas habremos de destacar fundamentalmente su participación, por vez primera, en Expotur (Nueva York, 1971); Salón del Deporte (Madrid, 1972); Morges (Suiza, 1973); Arte Naíf (Palacio de Cristal, Madrid, 1976); Formosa (China, 1978) y Casa de España (París, 1979). Sus primeras exposiciones individuales se celebran en la Embajada de


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España en Lisboa, en la ciudad de Leiria y en el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga (1969); Sala Decar y Hotel Continental (Bilbao y Ginebra, respectivamente (1970); Caja de Ahorros de Antequera y Galería Ramón Durán (Málaga y Madrid, respectivamente (1971); Hotel El Remo, Galería Atenas y Sala Camarote Granados, respectivamente, Torremolinos, Zaragoza y Barcelona (1972); Galería Ramón Durán (Madrid, 1973); Galería Picasso y Sala Cunaca, respectivamente, Málaga y Barcelona (1974); Galería Orta y Galería Manuela, Valencia y Córdoba, cronológicamente (1975); Galería Nonel (Barcelona, 1976); Caja de Ahorros de Antequera (Málaga, 1977); Galería San Vicente (Valencia, 1978); Museo Diocesano de Arte Sacro de Málaga e Institutos de Cultura de Viena y Múnich (1980); Galería Nike (Valencia, 1981); Galería Ramón Durán (Madrid, 1982); Casa de Cultura (Fuengirola, 1984); Galería Kreisler (Barcelona, 1985); Palacio Garci Grande (Salamanca, 1986); Galería Kreisler de Barcelona y Parlamento Europeo (Estrasburgo, (1987) y Galería Benedito (Málaga, 1988, 1990, 1992, 1994 y 1996). Su obra ha sido estudiada y analizada por distintas personalidades relacionadas con el arte y la crítica en múltiples publicaciones tanto europeas como españolas. Durante los treinta años de actividad creativa que mantuvo la artista cosechó, entre otro, los siguientes premios y distinciones: Medalla de Oro de los Castillos (Leiria, Portugal, 1969); Medalla Picasso (Málaga, 1974); Premio de Teatro otorgado por los espectadores y

la crítica a la mejor escenografía por Los cuernos de don Friolera, de D. Ramón María del Valle-Inclán, dirigida por José Tamayo (Madrid,1976); Rosa de Plata del Banco de Bilbao, que se otorgaba cada medio siglo (Madrid, 1980); Medalla del Parlamento Europeo y Bandeja de Plata de la Comisión Ejecutiva del Parlamento Europeo, respectivamente, Estrasburgo y Bruselas (1987). También se le había otorgado el título de Miembro de Honor del Museo Diocesano de Arte Sacro y la Medalla de Oro de Málaga. Su obra está representada en numerosas colecciones institucionales y privadas de España, Portugal, EE.UU., China y diferentes capitales europeas.

Ezequiel Pérez de Inestrosa Naranjo estudió desde muy joven dibujo, pintura y modelado en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de su ciudad natal, trabajó en publicidad y decoración de cine en Madrid y llegó a Málaga en 1954, donde desarrolló prácticamente su extensa obra y celebrado la mayoría de sus exposiciones individuales, así como otras muchas colectivas. Han sido sus principales asuntos pictóricos figuras fe-


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meninas, patios, callejas, ambientes marineros, escenas de género y del mundo del toro, incluso paisajes, bodegones e interiores domésticos, temas que parecen surgir de la tradición costumbrista del siglo XIX, pero siguiendo esquemas y pautas personales de ambientación, composición y colorido. Sobre el pintor y su obra opinó Manuel Ruiz Ruiz, numerario de la Asociación Española de Críticos de Arte: Gran maestro de las artes plásticas, del sentido común, portavoz de muchos andaluces, abanderado de la auténtica esencia de nuestras costumbres y de una cultura de singular dimensión. Acerca del dibujo, el crítico salmantino Luis Hernández del Pozo escribió: ...hay que decir que sobresale no sólo por la perfección formal del mismo, sino más bien por la creatividad que Ezequiel le imprime al componer su obra. Su trabajo lo dio a conocer en Málaga en una exposición celebrada en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País (1957), a la que sucedieron las siguientes: Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1963); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1966); Gran Casino, Marbella (1968 y 1969); Galería Garbí, Valencia, y Hotel Meliá, Torremolinos (1970); Sociedad Económica de Amigos del País y Galería Picasso, Málaga, y Galería Pedro Flores, Estepona (1971); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1973); Casa de la Cultura, Ciudad Real (1974); Sala Alcón, Madrid, y Hotel Meliá, Granada 1975); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1976); Sala Alcón, Madrid (1977); Galería Picasso, Málaga (1978); Galería

Benedito, Málaga (1987, 1988, 1989, 1991, 1994 y 1999); Hotel Alfonso XIII, Sevilla (1990); Casa de la Cultura, Algeciras (1992); Galería de Arte Xauen, Granada (1995 y 1997); Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria (1998) y Sala de Arte de Cajamar, Málaga (2002). La participación de este pintor en eventos colectivos fue numerosa, y de ellos cabe destacar: I y IV salones de Arte de Primavera, Ciudad Real (1950 y 1953); XIII Exposición Provincial de Arte de Educación y Descanso Málaga (1956); II Exposición de Pintores Malagueños en homenaje a Moreno Carbonero y V Exposición de Artistas del Mediterráneo, Málaga (1958); XIX Exposición Provincial de Arte de Educación y Descanso y III Exposición Provincial de la Excma. Diputación de Málaga (1959); XVIII Exposición Nacional de Arte de Zaragoza (1960); I Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Málaga (1965); Colectiva de Primavera, Museo Diocesano de Arte Sacro, Palacio Episcopal de Málaga (1991). A las citadas, siguieron otras del mismo carácter hasta el final del siglo XX y primeros de la siguiente centuria. Premios y distinciones: Tercer Premio de Acuarela en la Exposición de Pintura de Educación y Descanso, Ciudad Real (1945); Primera Medalla en la Exposición Regional de Dibujo y Acuarela de La Mancha (1948); Segundo Premio en la Exposición Nacional de Artes, Valencia (1949) y Primer Premio de Pintura en el Certamen Nacional convocado por el Instituto Nacional de Previsión, Málaga (1964).


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José Faría, pintor que residió en Málaga durante diez años desarrollando una interesante actividad fundamentalmente como grabador, frecuentó en Lisboa, entre 1964 y 1969, la Escuela de Artes Decorativas António Arroio, y posteriormente, trabajó en el diseño gráfico, publicitario y editorial. Antes de su llegada a Málaga había realizado distintos cursos en las técnicas del grabado en la capital portuguesa. Faría fue cofundador del Colectivo Palmo de Málaga y en esta ciudad creó su propio

taller denominado Gravura, que mantuvo en funcionamiento durante los años 1984 y 1986, que pasó después a la dirección de Paco Aguilar. De Faría, experto en las técnicas de tórculo, se expresaron distintos analistas y críticos, entre otros, el escritor lusitano Francisco de Vasconcellos, que, en alusión a los relatos contenidos en Historias mínimas, que con tanto gracejo ilustró Faría, aseguró de sus ilustraciones que estaban bajo el empeñado esfuerzo de la lucidez, un sabor de melancolía que el artista supo interpretar a la perfección en sus grabados, traduciendo el espíritu de las historias. De otro lado, María Raquel Delgado Martins escribió: Diez años vivió José Faría en Málaga, ciudad de mar y luz, haciendo de sus grabados arte. Aún más tiempo hubiera vivido si la añoranza de su tierra y de la sombra no le impulsara a emprender el camino de vuelta a Lisboa, abriéndole celosías de color mediante la pintura y ventanas a blanco y negro, a través del grabado.


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De sus exposiciones en Málaga se recuerdan las de grabado y diseño en Taller Gravura (trabajos en cobre, piedra y litografías, además de la carpeta Historias mínimas), celebrada en 1975; la que tituló Cuadernos de Arte, en las Salas de la Diputación Provincial en 1980; Grabados, en Taller 7/10 en 1984 y La materia herida, acompañado de Paco Aguilar, en la Sala de la Caja de Ahorros de Antequera en Málaga-capital.

Aunque sevillano de origen, Antonio Fernández Fernández, recién cumplido su primer año de edad y debido al traslado de su familia, vive en Málaga desde entonces. En ella despertó tempranamente a la pintura y comenzado su aventura creativa de forma autodidacta; no obstante, fueron los pintores Alfonso de la Torre y José Azaustre, respectivamente, quienes le iniciaron en el dibujo y el color. Buscando complementar tales enseñanzas básicas se matricula en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga durante el curso 1965-66. Su pintura, que nació impresionista por el fuerte impacto que le causaron sus largas reflexiones y estudios durante muchas jornadas en

el Louvre ante la obra de los impresionistas franceses (1973), evolucionó más tarde hacia un código colorista más sobrio y acorde con su sensibilidad, dominada por la que él mismo llamó “visión sensorial subjetiva del arte”. A través de ella, se ha permitido aplicar a sus óleos las técnicas y modos más adecuados a sus personales fines plásticos. Miembro fundador en 1977 del grupo Pintores Malagueños contemporáneos, conocido popularmente como Grupo de los 7, su obra fue conocida en una exposición individual celebrada en el mes de septiembre de 1972 en el Hall de Radio Juventud-La Voz de Málaga. En la madrileña revista Crítica de Arte (enero, 1980), leemos una crónica que desde Málaga enviaba el pintor José Guevara Castro en la que, entre otras cosas, aseguraba: Antonio Fernández expuso su reciente obra pictórica, que día a día gana en solidez su gama de sobrios colores, dentro de una recia estructura, con predominio de paisajes en los que el carácter del pintor se manifiesta con serena austeridad. La pincelada y la sobriedad nos traen ecos de Cézanne, por lo que tal vez la solidez del espacio en sus obras a la larga pueda desembocar en un cubismo. José Mayorga, desde el periódico Sur (octubre, 1984) comentaba: …esas veladuras son como puertas de su alma que el artista añade a lo hecho para que resalte la personalidad de lo que ve, de lo que pinta, de lo que investiga y en definitiva entrega: su propia síntesis del mundo, la regla de oro o el número áureo…, sus diálogos del alma que no se pierden en las musarañas de los entretenimientos vanos, sino que se quedan para la posteridad prendidos, atrapados, en un cuadro que se


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firma con la personalidad que lo hace un Antonio Fernández. Como se ha mencionado, la exposición individual con la que se acercó al público por vez primera fue la celebrada en Radio Juventud en septiembre de 1972. Cronológicamente, las siguientes del mismo carácter fueron: Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1974); Liceo-Peña Malaguista, Peña El Sombrero y Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1975); Galería Picasso, Málaga y Talavera de la Reina (1977); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga, y Caja de Ahorros de Antequera (1978); Peña El Sombrero, Málaga, y Caja de Ahorros Provincial en Málaga y Fuengirola (1979); Caja de Ahorros Provincial, Peña El Sombrero y Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1980); Caja de Ahorros de Ronda, Torre del Mar (1981); Galería Lázaro, Madrid (1982); Caja de Ahorros Provincial, Vélez-Málaga, y Galería Miguel Ángel, Málaga (1984); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1985); Galería Benedito, Málaga (1987); Colegio Público Pablo Ruiz Picasso, Málaga (1991 y 1993); Unicaja, Vélez-Málaga (1994); Colegio Público Pablo Ruiz Picasso, Málaga (1995); Círculo de Bellas Artes Nuevo Siglo, Málaga (1998) y Colegio Público Pablo Ruiz Picasso (1999). Hasta finales del siglo XX había participado en numerosas colectivas, principalmente con el Grupo de los 7. Profesor de dibujo y pintura en varios centros docentes de carácter público y privado, también ha impartido clases particulares. Premios y menciones: Mención de

Honor del concurso convocado por el Ayuntamiento de Talavera de la Reina (Toledo, 1955); Primer Premio del Certamen Ciudad de Melilla (1957); un Segundo Premio sobre el tema del árbol y otro de idéntica categoría sobre Marbella (1977) y una Mención de Honor en el IX Certamen de Marinas del Real Club Náutico Mediterráneo (Málaga, 1993).

José María Fernández Rodríguez fue alumno de Martínez de la Vega en la Escuela de Artes y Oficios de Málaga desde los catorce años de edad y hasta los dieciséis (1895-1897). Del ya entonces anciano profesor –que moriría enfermo y abandonado en una oscura habitación del Parador de San Rafael de Málaga en 1905– asumiría una buena dosis de su plástica, especialmente en la realización de muchos de sus trabajos al pastel, técnica en la que fue Martínez de la Vega inimitable. La concurrencia de José María Fernández al aula de su maestro en calidad de alumno tanto oficial como libre, cesó a los dos años de haberse iniciado. Sus primeros ejercicios vocacionales no se manifestaron, como en otros casos semejantes, a tra-


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vés de claros ejercicios artísticos, sino mediante apuntes y dibujos espontáneos sobre papel o cualesquiera otros soportes no académicos. Ausentado de Antequera en 1903, durante el decenio que transcurre hasta su regreso definitivo, viaja por Europa hasta que finalmente, después de tres años, decide residenciarse en Barcelona, donde contrae matrimonio en 1908 con Rosario Oltra. Dos años más tarde se traslada a la capital de España y en ella el artista establece contactos con pintores y frecuenta tertulias. Su regreso a Antequera –de la que huyó por el miedo al cumplimiento del servicio militar– se produce al iniciarse el segundo decenio del siglo XX. Establecido con su mujer e hijos en su Antequera natal, el pintor va a dar inicio a su verdadera carrera de artista. Entre 1914 y 1915 realiza su conocida Serie Mitológica en la que muestra sus verdaderas cualidades como dibujante, un año más tarde publica el que se considera su primer trabajo editado: una portada para la revista local Patria Chica. La publicación de su alegoría de portada coincide con la primera exposición colectiva que organiza el Ayuntamiento antequerano, y en la que participa el pintor, que suscita en la publicación este breve comentario: El arte del señor Fernández es a nuestro juicio original, moderno, seductor y propio. En las esculturas hay reflejos de vaguedad que expresa lo sublime. Durante los años 1917 a 1924, durante los cuales fallecen su esposa y el cuarto de sus hijos, el pintor participa en la creación de la revista Antikaria,

mantiene contactos con el también malagueño y director de la revista nacional La Esfera Francisco Verdugo Landi, hermano de Ricardo, el gran pintor marinista, pero de las obras que le envía sólo una, “Místico”, le será publicada un año después. Su participación en la Exposición Provincial de Málaga dentro del Pabellón de Bellas Artes, le acerca, por fin, al gran público y hace ganar adeptos a su pintura. En 1928, año de la creación de la Escuela de Artes y Oficios de Antequera, es nombrado director del centro, además de profesor interino de Dibujo, sujeto a las veleidades políticas de cada momento. Dedicado a la investigación arqueológica y al estudio de las artes locales, y aunque durante tantos años no había dejado de dibujar y pintar, expone sus obras en el Círculo Mercantil de Antequera, que despierta entusiasmo por su cambiante temática y calidades técnicas, especialmente en sus retratos. A la llegada de la II República pierde sus cargos administrativos y es relevado de la dirección y del ejercicio de la docencia en la Escuela de Artes y Oficios. Un año después, al fin, se decide a exponer en la capital y elige las entonces únicas Salas adecuadas para ello, las de la Sociedad Económica de Amigos del país. La ciudad culta se rinde ante sus obras, y su nombre ya no alude a un oscuro investigador, profesor, funcionario o publicista de cuestiones de arte, sino a todo un artista, hecho y madurado en el dolor de la desaparición de su mujer y de sus hijos. En 1935 es nombrado Correspondiente en Antequera de la Real Academia de Bellas Artes de San


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Telmo, expone sus obras en el Círculo Mercantil de su ciudad y realiza el diseño de la vidriera de la Caja de Ahorros de Antequera. Sus últimas exposiciones fueron en el Círculo Antequerano, una exposición de caricaturas a la aguada (1938); colectiva en el Instituto Pedro Espinosa (1940); retratos en el Círculo Recreativo (1941) y la última de su vida, que sirvió como despedida del público, también en el Circulo Recreativo (1942). Nombrado Asesor Provincial de Arte por la Excma. Diputación Provincial en 1946, el artista falleció en 1947 a la edad de 66 años. FERNÁNDEZ BÉJAR, Juan (Ver BÉJAR) FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Leonardo (Ver LEONARDO) FERNÁNDEZ PIMENTEL, Jaime (Ver PIMENTEL) FERNÁNDEZ ROMERO, Luis María (Ver ROMERO)

En Málaga desde muy niña, Violeta Forte Romero hizo su recorrido formativo por la plástica (1957-1962) a través del aula de pintura que en la Delegación Provincial de Sindicatos dirigía el pintor y académico Alfonso de la Torre Marín, alternando con la formación reglada en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de la ciudad. Sería en este último centro donde coincidiría con algunos de los pintores que formaron parte de llamado Grupo de los 50. Ha trabajado la pintura, la escultura y el grabado, es miembro de APLAMA y perteneció al grupo La Fabrica del Milenio; asimismo, realizó estudios de grabado en la Casa de Cultura de Fuengirola. En una de las últimas comparecencias galerísticas de Violeta, Enrique Gallardo dejó explicitado en el catálogo: La obra de esta artista nos sorprende con un mudo expresivo muy personal. El color toma un protagonismo casi omnipresente en sus obras pictóricas. A través del color y su lenguaje se dirige al espectador con un diálogo de tintes básicamente emocionales donde la autora aporta la visión de una realidad de la que extrae un conjunto de rasgos y perfiles que retrata en el lienzo. Sus trabajos


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son ciertamente autorretratos bastante fieles al personaje (paisaje interior) a captar. Por su parte, Bernardina Roselló dejó escrita su opinión en distinta oportunidad: Sé que uno de los valores más atractivos y seductores de la pintura de Violeta Fortes es el color. Y también sé que la mano causante de su impronta es laboriosa, paciente, con oficio, que da lugar a perceptibles cualidades texturales. Su color limpio tiene aquella luz propia o ajena, que me hacen pensar en las pinturas que realizaba Esteban Vicente allá en Nueva York. Tiene compasión al igual que aquel, y una expresión serena que a veces desborda. Pero sus pigmentos aún poseen otra cualidad más, precisan el área pictórica. Dilatadas superficies de color conquistan los lienzos de Violeta en una actitud constructiva añadida. Sus exposiciones individuales fueron: Casa de Cultura Blas Infante, de Coín, Málaga (1982); Galería José María Fernández de la Caja de Ahorros de Antequera, en Málaga (1985); Casa de Cultura de Marbella y Fuengirola, respectivamente, (1989); Ateneo de Málaga, pinturas y grabados (1991) y Palacio de Beniel, Vélez-Málaga (1995). Al iniciarse la presente centuria dicha autora realizó tres nuevas exposiciones individuales en Málaga (Ámbito Cultural de El Corte Inglés en la capital malagueña, Sala La Reina de Benalmádena y en Galería Arte-Pub Casa de Correos, en Álora. Violeta Fortes recibió sendos Primeros Premios de pintura rápida (Coín y Benalmádena, respectivamente, 1982 y 1983), así como Accésit del VIII Premio de Grabado del Ateneo-Universidad de Málaga en 2002, una distinción que volvió a recibir al siguiente año.

Manuel Fuerte Gómez, con la firma de Manolo Fuerte, divulgó su obra pictórica por toda España desde el inicio de su carrera artística en Barcelona (1968). Dos años más tarde llegaría a Málaga y desde entonces mantendría una relación permanente con los medios artísticos de la ciudad, desde donde proseguiría su creación pictórica (La pintura de Manolo Fuertes ha crecido junto al mar de Málaga, escribió Pablo García Baena), al tiempo de celebrar, entre 1970 y el año 2000, un total de 60 exposiciones en numerosas capitales españolas, de las que 19 de ellas fueron en Málaga, Marbella, Rincón de la Victoria, Torremolinos y Vélez-Málaga. Su formación artística la inicia en la barcelonesa Escuela Masana, dándose a conocer en la Sala Barcelona Arte y Studio el año precedentemente citado. Artista de tan esquemática grafía como elementales planos coloristas, su obra traduce una forma tan peculiar de observar el paisaje mediterráneo, que la hace intransferible. García Baena, en referencia a la indudable mediterraneidad presente en la obra de Fuertes, advirtió acerca del lenguaje estético de su blancura y la fascinación de una paleta que


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es a la vez simple y densa, rica y esquemática. Para Rafael Pérez Estrada, teniendo a la vista la obra del pintor, propuso: Debiera llamarse a la plenitud del plano planitud, porque la plenitud de la planitud corresponde a la pintura de Manolo Fuertes. La primera exposición de Fuertes en Málaga fue en El Pimpi (1970), seguida de la que tuvo lugar en la Sala de la Central de Comunicaciones de Torremolinos tres años más tarde. A continuación se sucedieron las del Museo Provincial de Bellas Artes de (1981); Caja de Ahorros Provincial, Marbella (1982); Central de la Caja de Ahorros Provincial, Málaga; Banco de Bilbao, Marbella, y Casino de Marbella (1983); Club Marítimo, Marbella (1985); Caja de Ahorros Provincial de Málaga

en la capital (1986); Caja de Ahorros Provincial, íd. (1988) y Unicaja, central de Málaga (1990); Galería Nova y Casa Fuerte de Bezmiliana de Rincón de la Victoria, Málaga (1996), y Galería Nova, Málaga (2000). Participó en distintas colectivas, bienales y ferias de arte de Madrid, Marbella, Córdoba, Puerto Banús, Frankfurt y Sevilla. Su obra está representada en las colecciones del Museo de Bellas Artes, Málaga; Museo Diocesano de Bellas Artes, Córdoba; Museo de Artes Contemporáneo, Alcalá de Henares; Museo Filatélico, Madrid; Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Málaga; Banco Exterior de España en Málaga y Marbella; Caja de Ahorros Provincial de Málaga y Marbella, y Unicaja, Málaga.


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GALÁN ROMÁN, Virgilio (Ver VIRGILIO I) GALÁN SÁNCHEZ, Virgilio (Ver VIRGILIO II)

Concha Valderrama Galea con clara disposición hacia las Bellas Artes desde muy temprana edad, dedicó especial atención al estudio y experimentación de las técnicas de dibujo, pintura y grabado, realizando diferentes cursos y seminarios de arte a través de la UNED, Fundación Picasso, Universidad de Málaga y talleres de grabado C.C. de Fuengirola y Gravura, de la capital

malagueña. Concha Galea se afincó en Málaga en el año 1983, residió en Fuengirola y vive en Mijas-Costa. Mario Virgilio Montañés, analizando la figuración pictórica de la autora afirmó: Concha Galea es muy poco mediterránea y un mucho nórdica, interpretando el norte como un concepto espiritual, de concentración y no de expansión, y es natural entonces que algunos de sus dibujos nos hagan evocar las angustiosas figuras de William Blake, y sus paisajes pasan a tener componentes que lo mismo pueden venir de la transvanguardia italiana y de los nuevos salvajes alemanes que de las introspecciones, proyectadas sobre el exterior, de Arnold Boclin o de Caspar David Friedrich. A la propia artista debemos una íntima confesión sobre su obra: A pesar de los referentes simbolistas y expresionistas, no es mi principal preocupación la búsqueda de estilo sino la interrelación que intuyo, el enlace entre las ideas y las emociones, la construcción formal en comunión con los sentimientos. La obra de esta autora fue mayoritariamente expuesta en Fuengirola, donde residió muchos años: (Colagrafías


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en la Sala Los Arbolitos, 1991); grabados en Café-Galería Sic, 1993); pinturas en Casa de la Cultura, 1995); dibujos y grabados, de nuevo, en Los Angelitos, y en Galería Artichoke, 1999). Otras exposiciones individuales fueron: colagrafías en la Sala Municipal de Arte de Mijas (1992); Palacio de Beniel, Vélez-Málaga (1994); Galería-Café del Infante, Villaviciosa de Odón, Madrid, (1997) y Diputación Provincial, Málaga (2001). Las últimas, ya dentro del nuevo siglo fueron en el Ayuntamiento de Nerja, Centro Cívico de Málaga, Galería Gravura y Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria. Concha Galea obtuvo el Primer Premio de la II Bienal de Arte de VélezMálaga y fue, sucesivamente, finalista del Concurso de Pintura Joven en Álora y del Premio Arte Joven de El Corte Inglés de Málaga; también del Internacional de la misma empresa, en Marbella, así como del Certamen de Grabados del Ateneo malagueño y del II Certamen Provincial de Artes Plásticas.

José Ganfornina Moreno, pintor de originales paisajes cargados de simbolismos que se antojan germinar en el mundo onírico, de estremecedores panoramas surrealistas inspirados en mágicas distancias y explicados desde la fabulación personal de una plástica que abarca toda la escala cromática, la raíz de su obra hay que encontrarla en los primitivos pintores italianos y flamencos, en el romanticismo centroeuropeo, el simbolismo y el art nouveau. Reminiscentemente, hay en su obra elementos del paisajismo norteamericano de la llamada Escuela del río Hudson (s. XIX). El hecho de que Ganfornina sea un estudioso de las ciencias de la Naturaleza, entusiasta espeleólogo desde muy joven y experto en grutas y simas, influye en su obra al transferirle toda la emoción, color y verdad de la luz que refulge –o agoniza– sobre la cambiante morfología paisajística en los distintos momentos de la carrera del sol. Como soporte de luz y color un dibujo de singular eficacia, da como resultado delicadas atmósferas que dominan y envuelven cada cuadro.


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Ganfornina, que ha expresado en numerosas ocasiones según se constata en diferentes catálogos de otras tantas exposiciones suyas, que se considera autodidacto, inició estudios de Historia del Arte en la Universidad Complutense (Madrid) en 1976, los cuales continuó durante los siguientes años. Su primera exposición individual fue en la Galería de Radio Juventud de Málaga (1975). En 1980 realiza un viaje de estudios por diferentes capitales italianas, residiendo, alternativamente, en Florencia y Venecia. Un año después, en el mes de septiembre, da a conocer su pintura concurriendo a la XLII Exposición Nacional de Artes Plásticas de Valdepeñas (Ciudad Real), y en el mes de julio de 1982, participa en Málaga en el II Certamen de Pintura Joven, organizado por el Colectivo Palmo, ocasión que le permite entrar definitivamente en contacto con el mundo de la creación plástica malagueño del momento. En 1983, de mayo a diciembre, celebra las siguientes exposiciones: individual en la Sala Municipal de Marbella; en junio, colectiva en la Galería Miguel Ángel (Málaga); en noviembre, individual en la Sala de arte de la Caja de Ahorros de Antequera (Málaga), y en diciembre, participa en la VII Bienal Internacional de Arte de Marbella. La última exposición de sus obras dicho año, también de carácter individual, se celebra en la Sala Municipal El Pósito, de Santa Fe (Granada). Su actividad pictórica se ciñe en 1984 a su participación, en el mes de enero, en una exposición colectiva de carácter itinerante por diversas ciuda-

des de la provincia de Málaga, lo que le permite mostrar su obra entre distintos públicos que, hasta el momento, la desconocía. En 1985, durante los meses de enero, junio-julio y agosto-septiembre su obra se da a conocer y divulga en la capital de España al ser presentada en la Galería Kreisler en tres momentos distintos: colectiva celebrada en el mes de enero; la segunda, individual, durante los meses de junio-julio; por último, en agosto-septiembre, otra de carácter colectivo. Su primera salida profesional al extranjero fue en 1986, al celebrar el mes de enero una individual en la Galería Manu, de Colonia (Alemania). Vuelto a Málaga al año siguiente, celebra en el mes de marzo una individual en las Salas de la Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga); en agosto, participa en una colectiva de la Galería Durero (Gijón), y en noviembrediciembre, concurre a la IX Bienal Internacional de Marbella, en la que obtiene una Mención Honorífica concedida por votación popular. Durante el año 1988 celebra tres exposiciones en la Sala Gaudí (Barcelona), según la siguiente cronología: mes de febrero Colectiva, mes de mayo individual y en diciembre, nueva colectiva con ocasión de las fiestas navideñas. Casi un año más tarde, noviembre de 1989, participa en el II Encuentro de Arte Joven, convocado por la Caja de Ahorros de Antequera, quedando finalista con opción a compra por parte de la entidad. Regresa a Madrid y presenta dos nuevas exposiciones en la Galería Kreisler


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(1990 y 1991), colectiva la primera e in-

dividual la última, con las que cierra la actividad galerística. Se traslada posteriormente a EE.UU. fijando su residencia en Dallas (Texas), y desde allí confirma su participación en una colectiva que organiza al año siguiente, la malagueña Galería Nova. En tanto, Ganfornina prepara su presentación ante el público y la crítica neoyorkinos mediante una exposición individual que realiza en la CFM Gallery (1993) durante los días 4 al 29 de noviembre. De ella se ocuparía Sidney Gilbert en Artspeak revista internacional de arte (Vol. XVI. n.º 39) correspondiente al mes de noviembre del mismo año. Gilbert escribió, entre otras cosas: Ganfornina metamorfosea formas orgánicas, algunas veces borrando toda distinción entre vida animal y materia mineral para crear sorprendentes nuevas permutaciones de lo físico y lo metafísico. En “Neptuno”, por ejemplo, el dios del mar está representado por una forma de planta monstruosamente bella, levantándose en la orilla de un idílico frente de playa, donde uno espera encontrar una Venus de Botticelli sobre la media concha. Igualmente fantástico, “Elefante marino perdido” representa otra híbrida criatura en un pantanoso ambiente, bajo ornamentales formaciones de nubes. Milagrosamente, Ganfornina da a tales escenas un matiz conmovedor, fabricando una sensación de delicada simpatía para todos los modos de estas extrañas formas de vida. Por su parte, Barbara King, en otro largo artículo (parte de él reproducido en el catálogo de la exposición que tiempo después celebraría el autor en la Galería Alfredo Viñas, de Málaga)

había opinado así: “Ganfornina nos invita a entrar en el mundo para observar, reflexionar y meditar. Una vez dentro, el artista dirige nuestra mirada y, entonces, hipnotizados, nos invita a un paseo por la composición. Exploramos pues, un mundo de maravilla y asombro, un mundo donde forma, color, tamaño y luz obedecen a nuevas reglas. Su mundo alternativamente sugiere meditación reposada o activo cuestionamiento intelectual. Ganfornima desea “infundir en el alma del espectador un cierto tipo de conocimiento. Mostrar algo que nunca han visto en esta manera”. El artista seduce la mirada del espectador, quiebra sus expectativas visuales y, así, estimula sus pensamientos. En 1995 el pintor regresa a España y, tras un corto período de residencia en San Lorenzo del Escorial (Madrid), se afinca en la localidad malagueña de Alcaucín, donde el mes de mayo del siguiente año participa en una exposición colectiva. En el mes de junio de 1996, y por invitación expresa de la directiva, presenta una exposición de sus últimas obras, bajo el título Patrimonio geológico, en el Colegio Oficial de Geólogos de España (Madrid) con temas tan espectaculares como “Interior de la Cueva de Nerja”, “Torcal”,“Desierto del Colorado”, “Despeñaperros”, “La Pedriza del río Manzanares”, “Salamanca”, “Cueva del Gato”, “Parque Nacional de Doñana”, “Ciudad Encantada de Cuenca y “Montaña de Sal” de Cardona. Entre los meses de diciembre de 1998 y enero de 1999, presenta una excelente colección de obras en la Galería Alfredo Viñas, de Málaga. Son pinturas y dibujos que permiten al público


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tornar a su obra siete años más tarde de la colectiva de Nova. En el año 2000, tras participar en el V Encuentro de Arte del Valle del Genal (Genagualcil, Málaga), realiza una gran obra, in situ, para su museo particular, y un año más tarde (octubre de 2001) participa en la décimonovena convocatoria del Premio Penagos de Dibujo, que se celebra en la Sala de Exposiciones de la Fundación Mapfre (Madrid). GARCÍA DUARTE, Manuel (Ver ELGAR)

Durante diez años alumno de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, Miguel García Navas estudió dibujo, modelado y talla entre 1945 y 1955 como alumno de Luis Ramos Rosa y Andrés Cabello Requena. A los 13 años de edad ya se adiestraba en los talleres de Adrián Risueño y de Cabello Requena, su antiguo profesor. Con ambos escultores permanecería hasta los 23 años de edad. Sus iniciales trabajos personales se dieron a conocer en la elegante tienda de Romero, ya desaparecida, en calle Larios, en cuyos escapa-

rates exhibió durante años sus artísticas y originales esculturas-lámparas y figuras decorativas en madera, muchas de las cuales que se distribuyeron por España, Francia y Portugal. A los 28 años, como restaurador de la Catedral de Málaga, realizó trabajos en los retablos de la Virgen del Pilar, Virgen de Belén y Virgen de los Reyes, así como restauración y conservación del histórico coro catedralicio; igualmente, realizó otros diversos trabajos restauradores de figuras doradas y policromadas. Para la Semana Santa malagueña Miguel García Navas realizó el trono del Resucitado; restauración del trono del Sepulcro y diseño y realización de los evangelistas de las doce cabezas de varales y, en los últimos años, los bajorrelieves en bronce del portón de su casa hermandad. También diseñó los arbotantes del trono de la Virgen de la Paloma y tronos para distintas cofradías de la provincia de Málaga, como fueron los de las localidades de Alameda, Antequera, Estepona, San Pedro de Alcántara, VélezMálaga y Nerja. Su trabajos religiosos más personales quizá fueran los realizados para las Hermanas Mercedarias de muchas de sus casas españolas y también de Venezuela, Argentina y Chile, en muchos caso esculturas de crucificados de tamaño natural. Su obra en bronce se inicia con los dos atlantes que durante años adornaron la fachada comercial de la tienda de Romero, y siguió con los bustos y esculturas, también en bronce, del Niño de las Moras, en la barriada de El Palo, Málaga; del padre Zegrí, en Granada; Monumento a los Verdiales, situado en el parque


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malagueño; al Fiestero, en Comares; al Cante por Malagueñas, en Álora; y al Piyayo, Antonio de Canillas, Miguel de los Reyes y Juan Breva, en su ciudad natal. Además de ser autor de obra copiosa, Miguel ha dedicado muchas horas a la formación de nuevos profesionales en dorado, talla y escultura. Está en posesión del título de Malagueño del Año 2005 otorgado por la Asociación Malagueña de Escritores.

Pablo García Rizo, sensible y escasamente conocido pintor nacido en la provincia de Alicante, llegó a Málaga con sus padres cuando apenas había cumplido los 3 años de edad, en ella vivió y se formó artísticamente y también en Málaga realizó la totalidad de su obra pictórica. Cursó estudios en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos, de la que con el transcurrir de los años sería profesor, recibiendo formación de los maestros Federico Rodríguez Quintana y César Álvarez Dumont. Dotado de grandes cualidades para la temática de la flor, rosas especialmente, fue diestro en el retrato y la naturaleza muerta, que en el decir de Baltasar Peña Hinojosa recobrará

en su obra cualidades de vida indiscutible. Artista de gran modestia y escasas relaciones sociales, vivió en Málaga, a modo de los románticos creativos del siglo XIX, una existencia bohemia. Vivió en calle Canal, zona de Olletas, y tuvo taller en la Plaza del Teatro. Pese a la abundancia de su obra, que salía del taller con inusitada prodigalidad, fruto de su intensa dedicación, está exclusivamente en colecciones privadas de Málaga y en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, de la que fue miembro de Número de la Sección de Pintura desde 1970, a propuesta de los académicos Francisco Bejarano Robles, Luis Bono y Hernández de Santaolalla y Pedro Luis Alonso Jiménez. Su primer éxito como pintor lo obtuvo en 1946, un decenio después de haber abandonado las aulas de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos, al conseguir primera medalla en el certamen provincial anual de la Obra Sindical Educación Descanso. Nueve meses más tarde del fallecimiento de Pablo, un numeroso grupo de pintores malagueños dedicaron a su memoria una exposición que estuvo abierta al público entre el 2 y el 15 de octubre de 1981 en la Sociedad Económica de Amigos del País, patrocinada por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga. El I Memorial Pablo García Rizo, organizado por el centro artístico Miramar Arte, y en el que participaron 26 pintores locales (entre ellos los compañeros académicos de San Telmo Luis Bono, Francisco Estrada, Virgilio Galán, Paco Hernández, Torres Matas, Pío Augusto Verdú y Rodrigo Vivar, se celebró del 13 al 28 de marzo de 1981.


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Alumno preferido del marinista Ocón, José Gartner de la Peña fue tan sobresaliente en sus obras que superó en mucho a su maestro. Observadores imparciales de la plástica de este pintor, aseguraron en distintos tiempos que lo que Ocón no fue capaz de asumir de la obra de Carlos de Haes, e, incluso, a través de los contactos que mantuvo posteriormente con los belgas Cleis y Hendryk, lo hizo su mejor alumno. Tanto, que el quietismo de la mar de Ocón fue precisamente de lo que huyó Gartner para alcanzar el vigor y grandilocuencia que se observan entre otras, en sus obras “Muelle Viejo”, “Sardinales”, “Costas de Bretaña”, “Faro de Corbière”, y, sobre todo, en “Destrucción de la Armada Invencible”, culmen de su producción más lograda. Autor que, como en otros muchos casos de la historia de la plástica malagueña murió pobre y abandonado de todos, el paso de los años lo consagró como el mejor marinista malagueño a caballo de los siglos XIX y XX. En 1881 consigue su primer triunfo al participar en la Exposición Provincial de Málaga, quedando patente entonces hasta dónde ha superado el alumno a su maestro.

En otros dos acontecimientos artísticos que casi de forma simultánea tienen lugar a continuación (certamen regional de Granada e internacional de Boston, ambas celebradas en 1883) la firma del artista comienza a ser reconocida como la de un consumado maestro marinista. Otros triunfos notables, a los que no se manifiesta ajena la prensa especializada de la época, son las exposiciones nacionales de los años 1887, 1890 y 1892. En la segunda de las mencionadas obtendría una Tercera Medalla por su obra “Calma”, así como una Segunda en la del 92, precisamente por el cuadro “Destrucción de la Armada Invencible”. Su temprana muerte a los 48 años de edad, frustró una carrera artística que se anunciaba más que prometedora.


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Manuel Garvayo López, pintor, dibujante, grabador, modelador e impresor (y en todas estas disciplinas autodidacta), su primer contacto con las Bellas Artes fue a través de la plástica litográfica, al trabajar desde muy joven en la popular Gráficas Alcalá, instalada entre las calles San Jacinto, Cerezuela y Matadero Viejo del mismo barrio donde nació y vivió tantos años. En muchas de sus gentes populares, en sus costumbres y modos de vivir la existencia, encontró Garvayo inspiración bastante para desarrollar con los años una extensa iconografía de personajes, un friso de situaciones que marcarían el carácter de testigo cercano a la verdad social de sus gentes, que voluntariamente se impuso desde el comienzo de su obra. En ese mismo barrio vivió prácticamente toda su existencia, desarrollando en él su producción pictórica, actividad barrista y su diaria, obligada y esforzada dedicación impresora. Su fuerte personalidad en lo artístico e ideológica en lo temático, quedó suficientemente reflejada en la abundante obra que abarca su producción conocida entre la primera exposición de dibujos de Torremolinos (1949) y sus

últimos trabajos para la galería Miramar-Arte de Málaga (1980). De recios ecos y arrebatadas actitudes –ojos para la denuncia, voz de los sin voz decía que era–, se inspiró en los temas populares que tan cercanos tenía. Su infantil crueldad le hizo crear un cuadro en el que Carlos IV y su familia eran observados por un torazo negro, inquisidor y amenazante; a la Guardia Civil, victimando con su fusilería a García Lorca; a España, oscura y mendicante, y a sus gentes, humilladas bajo el pie de los poderosos. Como Goya, dedicó parte de sus grabados al tema de la guerra, que vivió con 35 años. De los numerosos trabajos que dedicó a su triste recuerdo, los más emblemáticos de sus distintas series fueron los titulados Éxodo de Málaga y Mártires anónimos, entre otros que podemos recordar. Sabemos de la existencia de varias carpetas y cuadernos en relación con la misma temática –dibujos de dramáticas escenas–, que nunca mostró ni a sus amigos más íntimos dadas las claras denuncias en ellos implícitas. También como Goya se inspiró en el pueblo para dar testimonio de las gentes, a las que observó en su barrio perchelero entre fiestas y tradiciones; las contempló igualmente en sus ámbitos domésticos, entre sueños, dolores y expectativas, y las retrató en sus trabajos, oficios y modos de existencia. Tanto sus óleos como dibujos a plumilla, grabados, acuarelas o técnicas mixtas eran fórmulas que se convertían en sus manos en expresionistas instrumentos de denuncia y crítica político-social, en ocasiones tan cerca de


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la soflama como del dicterio. Pero no todo fue tremendismo, denuncia y crítica. En su obra plástica menos conocida (diferentes técnicas mixtas, dibujos e ilustraciones) domina un dulce y poético espíritu siempre en pos de verdad, amor y belleza. En la propia imprenta familiar nacieron varios libros: Muerte de Ignacio Sánchez Mejías, (1966), un volumen de poesías xilografiadas del que se editaron 250 ejemplares y que realizaron en el taller de la calle Angosta del Carmen sus hijos Manuel y Francisco; El Quijote y nuestra época (1970), edición de 200 ejemplares cuya tirada se hizo en la imprenta de la barriada José de Salamanca; Grabados y coplas de una época (1975), versos y viñetas, procedentes del mismo taller; La Biblia y el hombre, que, inacabado, se anunció “en preparación” como cuarto título de la Colección Perchel. La obra de Manuel Garvayo fue divulgada a través de 8 exposiciones individuales en Málaga, 1 en Madrid, 2 en Verona (Italia) y otra en Yugoslavia, según la siguiente cronología: Hotel La Roca (Torremolinos, 1949); Club Montemar (Torremolinos, 1951); Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1952 y 1955), así como en Sala Los Madrazo (Madrid, 1959). En esta exposición presentó una selección de tipos, costumbres y motivos inspirados en la obra de Federico García Lorca, óleos y dibujos, siendo clausurada a los pocos días de su apertura por orden del Ministerio de la Gobernación, al saber que uno de los temas pictóricos recreaba el fusilamiento de García Lorca por la Guardia Civil).

Otras exposiciones fueron: Sala de exposiciones de la Delegación Provincial de Información y Turismo (Málaga, 1966); Galería de Arte Contemporáneo (Málaga, 1969); Galería L’incontro, de Verona (Italia, 1974 y 1975); Galería de Arte Contemporáneo (Málaga, 1974); Galería Doza (Yugoslavia, 1979) y Galería Miramar-Arte(Málaga,1980). Durante los días 19 al 26 de mayo de 1986 Manuel Garvayo fue objeto de un homenaje póstumo por parte del Ayuntamiento de Málaga, que patrocinó un amplísimo programa de exposiciones y conciertos como, asimismo, velada literaria en la que intervinieron Juvenal Soto, Pepe Porras, Laurentino Heras, Rafael Pérez Estrada, Antonio Beltrán, Alfonso Canales, Francisco García Valverde, Cesare Barca, Manuel Alcántara y Juan Manuel Calvo, y una conferencia, en el Salón de los Espejos del palacio municipal, a cargo de Julián Sesmero. Las exposiciones fueron dos: una, en la Sala de la Sociedad Económica de Amigos del País, y otra, en el Museo Provincial de Bellas Artes. Los dos conciertos se celebraron en la Económica y el Museo, respectivamente, a cargo del Taller de Música Contemporánea y el dúo de flauta y guitarra integrado por María del Pilar Martínez y Francisco Javier García. El gran ensayista José Bergamín, ante la obra de Garvayo expuesta en la malagueña Galería de Arte Contemporáneo (1974), no pudo por menos que escribir: Esta pintura, este dibujo de Garvayo, digo que me saben a sangre y a fuego y ceniza porque los siento como una


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palpitante lumbre que late, escondida entre los escombros percheleros, de los que todavía levanta su llamarada, como sentimiento de una pintura expresivísima, con acento andaluz popular de copla. Gian Luigi Versellesy escribió en el diario L’Arena di Verona, con motivo de su exposición en aquella ciudad italiana: Para el visitador atento no deberá pasar desapercibido que Garvayo manifiesta la riqueza de un talento inventivo precisamente en el juego con la imaginación, entendiéndolo a la manera romántica, como fuego interior que se propaga de improviso y quema cada amaneramiento no de acuerdo con la imagen que nace, en la cual clama un nuevo espíritu de libertad.

Ahmad Ghoreishi delicado acuarelista como prestigioso arquitecto, fue en su país director del Departamento de Conservación y Restauración de Monumentos Artísticos de su ciudad natal y de Kashan. Se estableció profesionalmente en España en 1983, pero su residencia definitiva en Málaga fue a partir de 1986, cuando instaló casa, estudio y taller en Fuengirola, la primera localidad malagueña en la que mostró

su obra como pintor. El crítico José Mayorga, tras visionar la obra creativa de este autor, con ocasión de su exposición individual en la Sala Nova, distinguió claramente los dos tiempos o magnitudes espaciales existentes en la obra de este autor, dijo, Viene de lo abstracto que podría quedar identificado como su nebuloso Oriente natal donde también el sol tiene su cuna. Después recala en lo concreto en nuestra zona de Occidente donde la luz (y no por casualidad, en la Costa del Sol), anula todo enigma, cualquier oscuridad. Pero, conviene advertir, no obstante, que en esa figuración recién descubierta, en sus acuarelas en las que se detectan finos acuíferos y templados torrentes, se baña esa gran estrella –el Astro Rey– que alumbra hasta lo más recóndito. Un arte circular, el suyo. Manuel Pimentel descubrió la gran metáfora del color azul en la obra de Ghoreishi al afirmar: Ahmad se acerca al milagro de dar calidez a los azules. Parece que dejando hablar a los colores y luces por sí mismos observa con mirada lenta, desenfocada y cercana los contrastres cromáticos del aire. Sus iniciales exposiciones individuales tuvieron como escenario la Casa de Cultura de Castelldefels y el Ateneo de Sardanyola, respectivamente, en 1983 y 1984. Su première malagueña fue en 1986 en la Caja de Ahorros de Ronda, Fuengirola. Hasta finales del siglo XX y primeros tres años de la presente centuria, su programa galerístico individual constata las siguientes: Sala de la Caja de Ahorros Provincial, Málaga; Hotel Mijas, en la citada localidad y Hotel Don Carlos, Marbella (1986); Casa de Cultura de Arroyo de la Miel, Benal-


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mádena (1987); Club de Residentes Extranjeros de Calahonda, Mijas; Colegio Oficial de Arquitectos, Málaga; Ateneo Musical de Málaga; Galería Enmanuel de Málaga y Cortijo Bacardí, en Málaga-capital (1988) y Ateneo de Málaga (1989). Luego de tres años de inactividad galerista retorna a ella en 1993 presentando sendas individuales en la Casa de Cultura de Arroyo de la Miel y Galería Nova en Málaga, respectivamente. En 1994 presentó su obra en la sala Unicaja de Vélez-Málaga; en 1996, en la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Lucena, Córdoba, expone por vez primera en Andalucía fuera de la provincia de Málaga. Con dos nuevas exposiciones individuales cierra Ghoreishi el año 1997, celebrando sendas exposiciones en la Casa-Fuerte de Bezmiliana en Rincón de la Victoria, y en la Sala Denise de la capital malagueña. Tras otros cinco años de inactividad expositiva, el pintor reaparece, ya en el nuevo siglo (2002), con cuatro nuevas exposiciones, por el orden que se citan, en Galería Art Gea, Málaga; Galería Reina-Tívoli, y Castillo Bil-Bil, de Benalmádena, y Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Málaga. Entre 1983 y el año 2002, Ghoreishi participó en numerosos eventos colectivos de Palma de Mallorca, Marbella, Alicante, Córdoba, Sevilla, Málaga, Zaragoza y Torremolinos. La obra de tan singular acuarelista está presente en las colecciones de la Caja de Ahorros de Córdoba, Colegio de Arquitectos de Málaga, Cortijo Bacardí, Ateneo de Música y Ateneo de Málaga, Ayuntamiento de Benalmádena y Galería Gea de Torremolinos.

GIMÉNEZ TOLEDO, Antonio (Ver ANTONIO DE VÉLEZ)

Ángel Giró Galacho fue alumno de la asignatura de Dibujo durante tres cursos con José Roquero en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, lo fue más tarde del pintor Virgilio Galán en la de Colorido dos cursos más. Del carácter de su pintura y de los modos creativos del autor se hizo en Sur (18.I.1998) el siguiente comentario: Paisajes, jábegas, rincones típicos, lugares por donde una y otra vez hemos transitado, se recrean en la obra de Ángel. Y de modo tan personal, que en ella, por sus laboriosas maneras, ajustada sensibilidad sin almibaramientos y lo acertado del módulo de partida, se percibe el aliento con el que, a diario, el pintor afronta la necesidad casi angustiosa de aprehender el tufo, el temple y el acento de Málaga. Y a propósito de su última exposición individual del siglo XX, A.R.L., de Diario de Málaga (20.IX.2000), sintetizó en el blanco el limpio mensaje de su pintura: Alguien ha dicho que Giró ha hecho del blanco, de la luz que envuelve toda su obra, casi una patente. El artista no cree haber conseguido esa patente, pero reconoce que en el blanco se


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siente mucho más cómodo, y aunque no reconociera tal cosa el espectador sí que percibe esa peculiaridad con sólo ojear sus cuadros. El artista, que perteneció al Grupo Nueve Pintores, con dicho colectivo participó en un total de dieciséis exposiciones en Málaga, Churriana, Fuengirola, Jaén, Córdoba y Granada. De su participación en otros eventos colectivos locales, nacionales e internacionales, que fueron en total 131 hasta el año 2000, se celebraron en Málaga, Fuengirola, Mijas, Coín, Torremolinos, Marbella, Estepona, Benalmádena, Madrid, Granada, Nueva York, Rota, Aranjuez, etc., etc. El programa galerístico individual llevado a cabo por el pintor desde 1971 hasta el año 2000 fue el siguiente: Galería de la Caja de Ahorros de Ronda en Málaga (1971 y 1972); Galería del Complejo PYR (Fuengirola, 1978); Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1981); Centro de Servicios en Sitio de Calahonda (Mijas, 1982); Sala de Arte Goya, Málaga; Salón del Banco Atlántico, de Los Boliches y Sala Municipal Rua Mayor, Salamanca (1983). El programa de exposiciones continuó seguidamente de acuerdo con el siguiente calendario: Caja de Ahorros de Ronda (Fuengirola, 1984); Salón Córdoba del Hotel Don Carlos (Marbella, 1985); Sala de la Caja de Ahorros de Ronda (Fuengirola, 1987); Sala Olaguibel del Ayuntamiento (Vitoria, 1990); Casa de Cultura (Fuengirola, 1991); Sala del BBV (Valladolid, 1992); Galería Nova (Málaga, 1995); Casa de Cultura (Fuengirola, 1996); Casino de Marbella (1997) y Galería Nova (Málaga, 2000). Del palmarés de 27 premios, trofeos y distinciones recibidos por Ángel

Giró hasta finalizar el siglo anterior destacamos los conseguidos en distintas convocatorias de Educación y Descanso, que fueron: Primer Premio del Certamen del Perchel (Málaga, 1968), Primer Premio del Concurso de Pintura (Tolox, 1969) y Segundo Premio del Concurso de Pintura al Aire Libre (Málaga, 1971). En 1981 obtuvo un Segundo en el Certamen de Pintura Nuestra Sra. Del Perpetuo Socorro (Jerez de la Frontera); otro nuevo Primer Premio consiguió al participar en el Certamen Málaga y el Mar del Real Club Mediterráneo (Málaga, 1992) y, por fin, un nuevo Segundo Premio del I Certamen de Artes Plásticas Málaga y el Mar, en Caja Rural (Málaga, 1998).

Juan José Gómez de la Torre, doctor en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y profesor titular del Departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes Hispalense, se inicia muy joven en el aprendizaje. Con 9 años en el Colegio San Pablo del seminario malagueño y la tutela del pintor y profesor José Antonio López García, y dos cursos posteriores en la Escuela de Artes


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Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, siguió más tarde estudios en Santa Isabel de Hungría con los profesores Pérez Aguilera y Borrás Verdera, entre otros. El hecho de residir y ejercer sus funciones docentes en Sevilla, realizando en ella gran parte de su producción pictórica, no impidió al artista mostrar sus trabajos en Málaga en 7 ocasiones diferentes entre 1989 y 2003. Gómez de la Torre ha desarrollado una pintura de singularidad impresionista tan acorde con la disciplina que imparte, Dibujo en Movimiento, que sus obras revelan justamente el significado profundo de la asignatura. Bodegones, paisajes o simplemente focalizaciones temáticas, alcanzan por sí mismos unas vibraciones tales que parecen traducir la fuerza de un neonaturalismo andaluz de características intransferibles. La revista El Punto de las Artes (4 al 10 de diciembre de 1992), con motivo de su exposición individual en Galería Haurie de Sevilla, escribió en su sección nacional de Arte: Engalana el paisaje, pone ornamentos de cromos intensivos para oficiar una ceremonia con contrapunto de fantasía, y enaltece los factores líricos que hacen del espacio un territorio idealizado, o un sitio donde respirar se puede. Por eso, en los paisajes de Juan José Gómez de la Torre la naturaleza se presenta cuajada de efectos sensuales, que dejan en segundo término cualquier descripción detallista. Y es que el artista ha buscado más en su vena poética la expresión tonal, con contenido figurado, que la narración conocida de un lugar. En Correo de las Artes (diciembre de 1992) Antonio Morales aseguraba que se trataba de Una pintura, en suma, con pode-

río que templa y manda sobre la realidad para domeñarla al servicio de sus ideas, con una grafía de peculiar significado, creativa, como si el artista quisiera imponernos el sentido humano de las cosas tal como él las ve y las interpreta. Participó en numerosas exposiciones y eventos artísticos colectivos en Sevilla, Málaga, Marbella, Murcia, Madrid, y sus exposiciones individuales, hasta bien entrado el siglo XXI fueron las siguientes: Ayuntamiento de Torremolinos, Málaga (1989); Galería de Arte Ocre, Córdoba, y Sala Municipal de Exposiciones del Ayuntamiento de Cambrils (Tarragona, 1991); Cortijo Bacardí, Málaga, y Galería de Arte Haurie, Sevilla (1992); Galería de Arte Muralla, Úbeda, Jaén, y Galería de Arte Lemiart de Sitges (1993). El programa expositivo continuó luego en Sala Zenhid, Madrid, y Galería de Arte Nova de Málaga (1994); Galería Tudores, Puerto Banús en Marbella, y Galería Aitor de VitoriaGasteiz (1996); Galería Nova, Málaga; Galería de Arte José Pedraza, Montilla, Córdoba, y Galería Lorenzo Colomo, Valladolid (1998); Galería Aitor, VitoriaGasteiz (2000); Sala de Unicaja, Antrequera, Málaga (2002); Galería de Arte Nova, Málaga (2003); Galería de Arte Haurie, Sevilla (2005); Galería de Arte José Lorenzo, Santiago de Compostela, y Galería de Arte José Pedraza, Montilla (2007). Su palmarés artístico se inicia en 1983 al conseguir el Primer Premio del Concurso de Pintura Ciudad de VélezMálaga, así como el Tercero del Certamen de Pintura Alhizan, de Dalías, Almería. Un año más tarde, al concurrir


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de nuevo al Certamen de Vélez-Málaga, se le otorga el Segundo Trofeo, y en 1985, al participar en el Certamen Nacional de Pintura y Escultura de la Caja de Ahorros Provincial San Fernando, se Sevilla, obtiene una Mención de Honor. La cronología de los siguientes premios y distinciones fue: Segundo Premio de Pintura del Certamen del Ayuntamiento de Vélez-Málaga, Primer Premio del XV Concurso Nacional de Pintura de Alcalá de Guadaira, Segundo Premio de la IV Exposición de Otoño de Carmona y otro de idéntica categoría del Distrito 10, Ayuntamiento de Sevilla, todos ellos en 1986. Durante el transcurso de 1987 las distinciones se iniciarían con un Segundo Premio del ya citado Distrito 10, sevillano, el Primero de la IX Bienal Internacional de Arte de Marbella y el Primero de Pintura Villa de Cambrils, Tarragona. Los restantes fueron por el siguiente orden: 1989, Primer Premio de la XVIII Exposición del Concurso Nacional de Pintura de Alcalá de Guadaira; 1990, Tercer Premio de Pintura Villa de Cambrils, Tarragona; 1991, Premio Pintores para el 92, IV Certamen Nacional de Pintura de la Caja de Ahorros de Huelva y Sevilla, y Segundo de Acuarela de la Fundación Ruiz-Mateos, de Rota, Cádiz; 1993, Primer Premio de la VI Convocatoria TEPRO de Pintura Rural, Sevilla, y Segundo Premio de Pintura Ron Bacardí, Málaga; 1994, Primer Premio del Certamen Internacional de Pintura Puerto Banús, Málaga; 1996; Primer Premio del XXXVII Certamen Nacional de Pintura Caja San Fernando de Sevilla, Jerez; 2000, Primer Trofeo del

VII Premio Nacional de Pintura Nicolás

Megías del Ayuntamiento de Fuente de Cantos, Badajoz.

José Manuel Gómez López pintor autodidacta de muy antigua presencia en la Costa del Sol, se relacionó en su juventud con la actividad musical al formar parte de un trío con el que llegó a grabar cinco discos distintos. En el decenio de los años 60 vivió en París y en dicha capital, al descubrir sus cualidades excepcionales para el dibujo Yves Rocher, conocido magnate de la industria cosmética y gran coleccionista de obras de arte, le introdujo en los ámbitos de aprendizaje académicos, acabando por presentar su primera exposición individual en la ciudad francesa de Vannes en 1965. Fue el comienzo de su largo, provechoso y relevante periplo por el mundo de la creatividad pictórica. El artista, ya considerado por la crítica, regresó a la Costa del Sol, y desde su residencia en Fuegirola donde tiene casa y taller, vive, trabaja y planifica su actividad. José Manuel Gómez es el único caso conocido de pintor que, aún dominando el dibujo


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desde muy niño, transitó de la música a la pintura dejando una huella muy personal. Sus primeras composiciones semejaban emanar del mundo onírico –próximo a lo bosquiano en el decir, entonces, de sus críticos– evolucionando con el trancurrir de los años a distintas temáticas de las que destacaron los retratos de enigmáticos personajes renacentistas y, por supuesto, el gran tema del caballo, en el que consiguió obras de gran espectacularidad. El crítico de arte A.M. Campoy, a propósito de la exposición de José Manuel en la Galería Heller (1990) dejó escrito en el catálogo de la misma: Se trata, en definitiva, de un pintor; pero de un pintor cuyo mundo se retrotrae a épocas imaginativamente más fecundas que la nuestra, que es una época con la imaginación castrada, que se escuda en el pretexto del “art pour l’art” para ocultar su incapacidad imaginativa. En la misma ocasión, Fabio Fournier, rector de la Universidad Centro Americana (UACA), dejó asegurado: Todos sus cuadros dicen mucho más de lo que el pintor, en forma de color, hizo tangibles. Tienen un mensaje de amor, de ternura o de cordial humorismo que sonríe ante los innumerables absurdos del hombre, ante tanta y tanta ideología que condenaría una lógica clara; como ver el maravilloso ensueño de los ángeles, susceptible de tragedias propias de los humanos. Desde la primera exposición individual de J. M. Gómez, celebrada en la ciudad francesa de Vannes en 1965, desarrolló hasta el años 2003 la siguiente actividad galerista: Galerie Rond-Point Élysées de París (1966 y 1967). El último de los años citado también pre-

sentó su colección en el Mesón de la Bretaña, París, a las que siguieron las celebradas en las Galerías De la Gazette, París, y Bourlaouen, Nantes (1968). En 1970 fueron tres las que pudo llevar a efecto, respectivamente, en las Galerías Vallombreuse, Biarritz; Moysan, Vannes, e Ives Jaubert, París, la última de ellas auspiciada por el ministro galo de Educación. Tras las citadas vinieron las de Galerie Bourlaouen, Nantes; la Grosvenor de Madrid (1972); Galerías Península y Dintel, respectivamente, en Madrid y Santander (1974); Salas Malacke y Studio, de Málaga y Córdoba, respectivamente (1975); Galería Meliá, Granada (1976 y 1977); Galerías Isas y “21-22” de Marbella, España, y San José de Costa Rica (1978); Galería Javy, Almería (1979); Gallery Ausstege, Ámsterdam, Holanda (1981); Museo Nacional de Costa Rica, V Centenario, inaugurada por el Nobel de la Paz y Presidente del país, Oscar Arias (1987). Una nueva comparecencia en Galería Heller de Madrid, marca la iniciación de actividad galerísticas al comienzo del decenio de 1990, continuando después en Casa de la Cultura de Fuengirola, Málaga, y Sala 2000, Córdoba (1991); Galería de Arte Pórticus, Málaga, (1992); Grupo Serfin, México, D.F. (1995); Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria, Málaga (1997); Galería Castelló 120, Madrid (1999); Sala de Exposiciones de Cajasur, Córdoba, España (2000) y Galería Castelló (2003). En 1999 y también en el 2000, se editaron cuatro sellos con valor postal sobre el tema Caballos Cartujanos; fue declarado Hijo Predilecto de Fuenteovejuna; recibió del Ayun-


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tamiento de Fuengirola un homenaje institucional y a la Rotonda de Santos Rein, en la misma ciudad donde vive, se rotuló con el nombre del pintor.

Rafael Gómez Lobato, a los 14 años de edad ya seguía clases como alumno en Santa Isabel de Hungría (Sevilla) y a los 20 acabó su formación académica en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). En el mencionado centro fueron sus profesores de Colorido Soria Aedo, Julio Moisés y Eugenio Hermoso; Vázquez Díaz fue su maestro en Pintura Mural, Adsuara en Dibujo del Natural, Martínez Vázquez en Paisaje y Lafuente Ferrari en Historia del Arte. Disfrutó de una beca del Ayuntamiento de Ronda y otra de la Universidad Autónoma de Madrid y obtuvo plaza de Pensionado en El Paular. En 1958, al cumplir los 25 años de edad, marchó a Suiza desde donde realmente inició su fulgurante carrera profesional. Después de 33 años de residencia en aquel país vuelve a Málaga en 1991 instalándose en Rincón de la Victoria. Su pintura, de inusitados ecos en gran parte de Centro Europa, suscitó

muchos y muy favorables comentarios. En el periódico Der Höngger escribió el crítico Alois Steiner, entre otras cosas: ...Técnicamente llega a dominar su profesión de una manera envidiable. Frecuentemente, elige el detalle y la composición del cuadro; la iluminación suele realizarla muy individualmente, respecto de un elemento a otro, de manera inusual y sorprendente. Por ejemplo, sitúa en media parte del cuadro, de una manera excéntrica, los dos preciosos y extremadamente precisos retratos de perfil de las chicas Sara y Laura y los contrasta, llenos de tensión, con el lado del cuadro que está dominado de acentos abstractos. Además, la cabeza de Sara –una obra maestra del arte del retrato– está iluminada por detrás, lo que le da a la cara “en sombra” una suavidad llena de encanto, a pesar del duro contorno de un rostro que acusa fuerte carácter. Es fascinante en su técnica magistral, en la controlada perspectiva gráfica y en los contenidos de los dibujos que están preñados de símbolos y se apartan de las formas convencionales. El experto hablaría de una mezcla de estilos entre hiperrealismo y surrealismo. Nosotros nos contentamos con un buen cumplido alemán: ¡Super! El Punto de las Artes (7 al 13 de junio de 1996) escribió acerca de la retrospectiva de Gómez Lobato en Galeríe Zentrum, de Zúrich, su principal espacio expositivo durante su larga residencia suiza: Hay en esta magnífica retrospectiva de este artista malagueño, una representación de su mundo, de su andadura creativa, a través de un limpio conjunto de pinturas y dibujos, realizados a lo largo de los tres últimos lustros, pero, sobre todo, una presentación impresionante de la magia de la realidad y la luz. No se trata de una mera


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acción de representar la referencia, sino de interpretarla, desde una visión particular, con ecos surrealistas y abstractistas, construyendo ambientes dominados por el hechizo de la luz, que actúa como fuerza compositiva en el territorio del lienzo. Gómez Lobato, que experimenta sus facultades técnicas en una plástica de triple vertiente de realidad –verista, mágica y lírica–, profundiza al mismo tiempo en los secretos de la luz no sólo como ánima temática, sino como inductora al descubrimiento de los misterios que esconde su poética figuración, sea en las carnaciones de sus desnudos infantiles o en las claves de su personalísimo discurso gráfico. La primera exposición individual de Gómez Lobato fue en Galerie Zentrum, de Zúrich, en 1963. A la citada, y en años sucesivos, siguieron otras 6 individuales en idéntica galería, una en la sala del Centro Cultural Helmhaus, también de Zúrich, una más en Estrasburgo (Francia), y otra en Lecce (Italia); la única muestra individual en España hasta el comienzo del año 2004, fue en la Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria, del 9 de julio al 28 de julio de 1993. Las exposiciones colectivas a las que el pintor concurrió tanto en Suiza como en España, alcanzan la veintena. Entre sus premios y distinciones al mérito creativo figuran un accésit de la Exposición Nacional de Pintura y Escultura (1954, Madrid) y la Medalla de Oro de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en la II Bienal de Pintura de Málaga (1974).

Vicente Gómez Navas, de muy temprana formación artística junto a su tío político el pintor José Nogales Sevilla, recibió posteriormente, en el decenio de 1940, clases de dibujo y composición del también pintor Luis Berrobianco. Marino mercante –como en el caso de otros pintores marinistas– ejerció la profesión durante varios años navegando en buques de distintas banderas, siendo su escuela viva, ha escrito, los años transcurridos en el puente de mando de los barcos. En la línea de Emilio Ocón cuando recreaba en sus cuadros las serenas aguas litorales malagueñas, cuyo sosiego las hacen atrayentes por la sensación de quietud, paz y armonía que sugieren, también Gómez Navas consigue en los nocturnos especiales matices y efectos por el conocimiento experimental que tiene de la mar. Sobre lienzo, tabla o cualquier otro soporte, los óleos de Gómez Navas siempre resultan atractivos por la corrección de su dibujo, el detallismo de su entorno, bien urbano o portuario, y el delicado tratamiento colorista de los temas. En su obra abundan las evocaciones pictóricas del puerto malagueño del siglo XIX.


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De su extensa iconografía marinista escribió el crítico Antonio Cobos en el catálogo de su exposición en Zúccaro: Vicente Gómez Navas, que es un pintor absoluto, con exquisita sensibilidad para aprisionar la luz en sus lienzos y para conjugar el color y sus gamas tonales, es dueño también de una conveniente maestría técnica dentro del procedimiento pictórico del óleo. Pinta este artista el mar y sus cambiantes con una veracidad tan insólita que no tendría explicación posible de no saberse que es oficial de la marina mercante. El Punto de las Artes (9 al 15 de marzo de 1990) enjuició su obra expuesta en Benedito escribiendo, entre otras cosas, que El pintor, en la plenitud de su madurez artística, muestra de nuevo sus marinas con su acostumbrada calidad y el mensaje de una pintura en la que el artista parece sumergirse en su propio afán. Son obras inspiradas tanto en el mar como en los barcos, remontándose al pasado de las velas, como a la experiencia personal sobre todo tipo de barcos. Dos años más tarde, la misma publicación (20 al 26 de marzo de 1992) aseguraba que el pintor era uno de los maestros indiscutibles del género al recrear soberbiamente la infinitud del mar. Su primera exposición, luego de abandonar la mar y pasar varios años en tierra, se celebró en la Peña El Sombrero de Málaga (1973), que le organizó su amigo el escultor Liébana, a la sazón vocal de Cultura de la entidad. A esta inicial muestra individual siguieron en años sucesivos las que se citan: Liceo de Málaga (1975); Sala de Arte de la Urbanización Torremuelle, Benalmádena (1976); Galería Pintada, Nerja (1977); Círculo Mercantil, Sevi-

lla, y Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1978); Galerías AlAndalus, Granada, y Galería Malacke, Málaga (1979); Caja de Ahorros Provincial, Málaga, Mutua de la Unión Patronal, Alicante, y Galería Toisón, Madrid (1980); Galería Art Press del diario Pueblo, Madrid (1981); Club Financiero Génova, Madrid (1982); Galería Velázquez, Valladolid (1983); Galería Miguel Ángel, Málaga, y Galería Lázaro, Madrid (1984); Sala Eguiberri, Bilbao (1985); Salas de la Caja de Ahorros de Ronda de Torre del Mar y Fuengirola, respectivamente (1986); Galería Benedito, Málaga (1987, 1988 y 1990); Caja de Ahorros del Círculo Católico de Burgos y Galería Zúccaro, Madrid (1991); Galería Benedito, Málaga (1992, 1994, 1995, 1997, 1999, 2001 y 2003); Galería Tudores, Marbella (1996) y Galería Xauen, Granada (1999). De sus exposiciones colectivas cabe destacar la que celebró con los pintores Barberán, Blanca, Morales, Muñiz, Dámaso Ruano y Vidiella en la Galería Tudores al inaugurarse la misma. Asimismo, ha participado en numerosas ediciones del Salón de Invierno de la Asociación de la Prensa de Málaga, así como en la que celebró la sala Nova en homenaje al marinista Emilio Ocón, en la muestra Veinte Pintores Malagueños del Palacio de la Aduana, etc. En la EXPO’92 de Sevilla, con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América, expuso en la Casa de las Columnas nueve cuadros de gran formato sobre el primer viaje de Colón, auspiciada y presentada por la Sociedad Malagueña de Ciencias como aportación de Málaga.


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GONZÁLEZ ALVARADO (Ver ALVARADO)

José González Bueno, estudiante de Medicina, alternó dichos estudios con los de pintura, y fue su maestro el pintor Juan Baena, discípulo de José Nogales Sevilla quien le adiestró en colorido y composición a lo largo de distintos periodos entre 1971 y 1978. Compañeros de la Academia Velázquez a la que asistió durante dichos años fueron Jesús Castellanos, José Robles Muñoz y María de Zayas, viuda del popular librero malagueño Pepe Negrete. En la acuarela fue de formación autodidacta, estudiando las técnicas de los acuarelistas británicos de la época Victoriana, de los vieneses del siglo XIX y de los norteamericanos Sargent, Russell y Eakins. Su obra en general es fiel a la arquitectura del Barroco andaluz, además del gran paisaje, la mujer envuelta en cromáticos mantones, la figura femenina a caballo, el rincón típico y otros encuadres semejantes, teniendo como base un dibujo minucioso y detallado. La revista El punto de las Artes (1319. V. 1994) opinó sobre su obra a pro-

pósito de la exposición celebrada en la Galería Zúccaro, de Madrid: La obra de González Bueno se caracteriza por su fundamento dibujístico, estructura y esbozo descriptivo que busca el lenguaje figurativo desde una realidad cabal. Y se eleva a consideración con el tratamiento de sus acuíferos, aguadas sustanciales que juegan con el soporte, mantienen los blancos y logra pigmentaciones multitonales que hacen del espacio un paisaje, un sitio, un detalle objetual con esa climatología que hemos aludido y que con sus alumbres se transparenta. Sobre la obra que González Bueno presentó en la sala de Unicaja de la capital almeriense, Miguel Ángel Blanco, en Ideal de Almería (26. IV. 1997), opinó: Es también elegancia el grado de interpretación que González Bueno imprime a los retratos de caballistas, pasajes de fiestas andaluzas. Personajes masculinos y femeninos. Detalles de cada pequeño espacio del cuadro. Ventanas y persianas. Verticalidad de la mirada que surge de los edificios. El aire de esa luminosidad descriptiva es el sentido hedonista que subyace detrás de cada imagen. González Bueno ha celebrado, desde su presentación como pintor hasta finales del año 2003, dieciséis exposiciones individuales: Salas de la Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1988); Galería de Arte Pórticus, Málaga (1990); Galería de Arte Zúccaro, Madrid (1991); Porticus, Málaga (1992); Galería de Arte Mayte Muñoz, Barcelona (1993); Zúccaro, Madrid (1994); Pórticus, Málaga (1995); Sala Municipal de Exposiciones, Marbella (1996); Sala de Exposiciones de Unicaja, Almería (1997); Sala de Exposiciones de la Caja Rural, Málaga (1998); Galería de Arte


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Cartel, Granada (1999); Galería de Arte Benedito, Málaga, y Cartel, Granada (2000); Benedito, Málaga (2002); Cartel, Granada, y Salas del Palacio Marqués de la Gomera, Osuna (2003). Su participación en exposiciones colectivas fueron: Salón de Otoño de la Asociación de la Prensa, Málaga (1988, 90, 91, 92, 94, 95, 97 y 2002); colectivas de Feria, Galería Pórticus (1988 a 1995); de Semana Santa (1988 a 1995); presentaciones provinciales de la Agrupación de Acuarelistas de Andalucía; certámenes diversos de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Madrid; Salón Nacional de la Acuarela, Madrid (1991); Premio Penagos de Dibujo, Madrid (1991); Premio Gaudí de Acuarela, Córdoba (1988, 89, 90, 93, 97 y 2003); Certamen de Acuarela de Caja de Madrid (1991); Salón de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Madrid (1997 y 1998) y colectivas de la Asociación de Acuarelistas de Málaga desde su fundación en 1999. De sus premios podemos anotar: Segundo del Certamen de Acuarela de Villaviciosa de Odón (1989); Accésit del Premio Gaudí de Acuarela, Córdoba (1990); Premio-adquisición del XLVII Certamen José Arpa, Carmona (1994); Mención de Honor del Certamen de Minicuadros de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Madrid, y otra Mención del IV Certamen de dibujo de la misma entidad (1995); Primera Medalla en Acuarela del LXIV Salón de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y Premio Talens, Madrid (1997); Segundo Premio del Certamen de Dibujo Felipe Orlando,

Benalmádena (1999); Primer Premio del III Certamen de Pintura Ciudad de Málaga (APE) (2000), y Tercer Premioadquisición de Acarela Ciudad de Benalmádena (2003). González Bueno fue miembro fundador y vicepresidente de la Asociación de Acuarelistas de Málaga, autor de los carteles anunciadores de la feria de agosto antequerana (1995, 1996 y 2000), de los conmemorativos de La Legión (septiembre de 1995, 1996 y 1997) y del Rastrillo para Nuevo Futuro (2000). Asímismo, realizó un retrato para S. M. el Rey D. Juan Carlos (que le fue entregado por La Legión al visitar en 1994 su acuartelamiento en Ronda). Además de realizar numerosos carteles, tarjetas navideñas, diseño para ilustrar el cupón de la ONCE del 20 de septiembre del año 2000, el escudo oficial de la brigada de La Legión, Rey Alfonso XIII, y diversas colaboraciones para los libros del prestigioso uniformólogo malagueño José María Bueno, destacando como coautor el titulado 75 años de uniformes legionarios. En el año 2003 fue seleccionado para tomar parte en Arts for the Parks, un certamen anual que organiza la National Park Academy for the Arts (EE. UU.) para el que se seleccionan 100 cuadros de entre los 2 500 que se presentaron.


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Pintor marinista, Javier González de Lara y Sarria es de formación autodidacta, si bien sus primeras orientaciones artísticas las recibe de María Antonia Conejo Moncayo, hija del pintor Salomón Conejo Alonso. Desde su iniciación en el campo profesional, su obra recrea el mar fundamentalmente en sus instantes calmos, de manera que a la quietud de su luminosidad fugaz imprime la peculiar lírica que añade el cuidado y suave cromatismo de una paleta que dosifica delicadamente. A propósito de la segunda exposición individual del pintor, la revista El Punto de las Artes (Madrid, marzo de 1993) escribió la siguiente nota: González de Lara practica una pintura honesta y de buen gusto que sigue todas las reglas del género, logrando muy particulares encuadres, formatos y perspectivas en sus composiciones. Barcos, puertos, playas y la captación de ese misterio que siempre tiene el agua, son la temática recurrente de esta irresistible atracción por las cosas del mar. La misma revista (Madrid, octubre de 1999) aseguró: Javier González de Lara es consciente de la diversidad de luces, de la diferencia de tonos del agua entre un mar y otro, del valor de cada atmósfera. Cada cuadro es distinto, no hay

una fórmula previa y podríamos decir, acaso, que en conjunto su obra es un retrato de muchos de los mares a los que algún día, a buen seguro, se asomará este joven pintor malagueño que va camino de convertirse en uno de los marinistas más importantes que ha dado nuestro país. Sus dos primeras exposiciones individuales se celebraron en Galería Benedito, Málaga (1991 y 1993), a las que siguieron: Colegio de Abogados, Málaga (1994); Galería Castelló 120, Madrid (1996); Galería Benedito, Málaga (1997); Galería Castelló 120, Madrid (1999); Club de Mar, Puerto Banús (2000); Galería Echeverría, San Sebastián (2001). González de Lara participó, entre 1991 y el año 2003, en numerosas exposiciones colectivas y ferias de arte, de las que destacamos su presencia en los salones de invierno de la Asociación de la Prensa, Málaga (1992, 1996, 1998, 1999, 2000 y 2001); 27 Pintores Malagueños, Salón de Columnas del Palacio de la Aduana, Málaga (1992); La mitología, El paisaje urbano, El mar, Atardeceres, La lluvia y El fuego, en Galería Benedito, Málaga (1994-1999); ARTEXPO, Barcelona (1997); ARTESEVILLA (2000, 2001 y 2002) y lineart (Feria Internacional de Gante, Bélgica (2000).


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Francisco González Romero, alentado por los pintores y docentes de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de su ciudad natal Federico Bermúdez, y José Ponce, desarrolló toda su carrera artística fuera de Málaga. En Madrid, donde demostró sobradamente sus facultades, participó en proyectos creativos al tiempo de atender sus obligaciones docentes compartidas con otras dedicaciones en distintos organismos ministeriales. Su formación la inicia en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, donde adquiere sus iniciales conocimientos básicos. En 1941 es becado a la ciudad de Ronda, siendo su profesor acompañante Antonio de Burgos Oms, e inicia su participación en diferentes exposiciones organizadas por distintos organismos de la época. Paralelamente a su integración en el activo grupo creativo que protagonizan los entonces jóvenes pintores Ramos Rosa, García Rizo, De la Torre, Blanca Mora, y otros distintos, trabaja en la reparación de buques, prepara oposiciones administrativas y colabora en el gabinete arquitectónico de José González Edo. Gana en el año 1948 oposiciones

de los ministerios de Obras Públicas y de Agricultura, respectivamente, y se traslada a Madrid. Ingresa posteriormente en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en el Círculo de Bellas Artes y Academia de Peña. En 1957, con el fin de poderse dedicar a los estudios de Bellas Artes, solicita excedencia administrativa. Durante los cinco años siguientes colabora en distintos proyectos artísticos relacionados con el Valle de los Caídos, los palacios de la Zarzuela, Moncloa y El Pardo, obtiene la beca de Paisaje para El Paular (que cambia por la de la Fundación Rodríguez Acosta, y expone sus obras en la citada entidad granadina y en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. En 1964 colabora con el arquitecto Diego Méndez González en dos obras fundamentales: el proyecto de Sagrario y la realización de un candelabro de 7 metros de altura para el crucero central de la Basílica del Valle de los Caídos. Para idéntico monumento participa en la reforma de la sala capitular y comedor para la Escolanía, hall principal del Monasterio y Centro de Estudios Sociales de su antiguo Monasterio. Su actividad expositiva constata, entre los años 1968 y 1972, diferentes exposiciones colectivas en distintas capitales españolas, destacando la antológica individual que celebra en el último año citado en la Sala Villaespesa de Almería, donde exhibió 110 obras. En 1978 González Romero gana por oposición una plaza de profesor de Término de Dibujo Artístico, siendo nombrado director de la Escuela de Arte Artístico n.º 4 de Diseño de


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Interiores. Jubilado voluntariamente en 1987, tres años más tarde monta en Málaga estudio definitivo, realiza otras exposiciones en ciudades próximas y expone por vez primera en su ciudad natal (Galería de Arte Nova, 1993). Al aproximarse a su biografía personal, así como a la actividad artístico docente y sentido de su extensa obra, la catedrática de Historia del Arte de la UMA y académica de San Telmo, Rosario Camacho, escribió: Francisco González es un pintor de hoy, que ha seguido una línea de superación constante y ha mantenido una actitud siempre alerta tras búsquedas plásticas más avanzadas. Su obra es una respuesta apasionada a una concepción que, sustituyendo las ideas por imágenes, pasa por trasladar plásticamente, hasta los límites espaciales del lienzo o incluso trastocando esos límites, su aprehensión de la realidad con la que se identifica. Con ocasión de la única muestra individual celebrada en Málaga en la sala y año ya aludidos, el diario Sur publicaba en su columna de arte (3. IX. 1993): La obra –con toda la cargazón andalucista que imbrica– no es un canto chauve al uso, sino una interpretación que va desde su hondura y significaciones a sus claves, signos y visiones personales. En todo caso, es el resultado de un sentimiento que inunda al artista y que nos hace llegar, cálido y exuberante, por una paleta que a veces esplende en matizados magentas y en ocasiones exulta suaves ocres que blanquean rosáceas estructuras. González Romero recibió a lo largo de su carrera artística las siguientes distinciones: Premio Ciudad de San Sebastián en la Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid (1968); Premio

Álvarez Dumont de la II Bienal de Pintura y Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Málaga (1969); Primer Premio de Pintura en la I Exposición de Arte del Ayuntamiento de Dalías (Almería, 1974); Medalla de Plata de Dibujo en la I Exposición del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Málaga, y Medalla de Oro y Primer Premio del IV Certamen Nacional de Pintura y Escultura del Ayuntamiento almeriense (1975). Antes de finalizar el año 2000 González Romero preparaba una exposición retrospectiva de la evolución de su obra pictórica a lo largo del último septenio creativo.

Evaristo Guerra Zamora, como su hermano, despertó a la pintura tempranamente, siendo así que a los diez años de edad montó no sin esfuerzo su primer taller-estudio en la casa paterna. Su primera obra (un óleo que tituló “Vista de Benamocarra”) data de 1952, cuando recién había cumplido los doce años de edad. En 1954, con el acuarelista Juan Morcillo que a la sazón dirigía una escuela de pintura en la localidad, siguió un entusiástico y provechoso pe-


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riodo de formación que al concluir en 1960 dejó realizados numerosas obras (dibujos y óleos preferentemente). Su primera exposición individual se constata en el mes de septiembre de 1961 en la Caja de Ahorros Provincial de Málaga de su localidad natal. Fue ese mismo año cuando, decidido a abrirse camino en el arte, y deseoso de aprender lo suficiente para su dedicación al oficio, marchó a Madrid recién cumplidos los diecinueve años de edad. Se matricula en la Escuela Superior de Bellas Artes, cuyos estudios abandona apenas un año más tarde; trabaja a continuación, en la capital de España, alternando la pintura con otras dedicaciones, realiza diferentes copias de cuadros del Museo del Prado y otros de composición, retratos y paisajes, hasta que al fin, tras haber sido seleccionado en 1970 para participar en el Premio Nacional de Pintura para Artistas Jóvenes de la I Bienal de la Revista Blanco y Negro, puede darse a conocer en los medios artísticos de Madrid y en la segunda edición del citado certamen (1972) logra dicho premio por un cuadro titulado “Dos kilómetros para el pueblo”, que consolida su deseada situación artística. La pintura de Evaristo Guerra, como la de Fra Angélico, la de Patinir o la de algunos flamencos muertos en la juventud –escribió para uno de sus catálogos el Nobel español Camilo José Cela–, se muestra nimbada de un suavísimo halo de arrepentimiento que la hace inmune a la presencia del diablo: de ahí su inmediata y elemental grandeza. Tales palabras parecen referirse a las pinturas murales que realizó, a lo largo de varios años, en la

ermita de Nuestra Señora de los Remedios, en su pueblo natal. Otro conocedor de la obra de Evaristo, el crítico y dramaturgo español Enrique Llovet, escribió para el catálogo de la exposición que el pintor presentó en Miami: El lenguaje del Guerra que llega a Miami presupone, evidentemente, un cierto idealismo. Nadie puede escuchar este lenguaje sin hacer un inmediato viaje a los dolores y la ternura de la memoria personal. Desde 1961 en que participa por vez primera en una exposición colectiva, celebrada precisamente en su localidad natal y en la que participaban otros jóvenes artistas de la misma, Evaristo Guerra tomó parte en otros 34 eventos de igual naturaleza en Madrid, Ávila, Málaga, Córdoba, Sevilla, Barcelona, Salamanca y otras capitales españolas (en algunas de ellas varias veces a lo largo de los años), de las que caben destacar: II Salón de Invierno de Madrid (1966); Bienal de Alejandría (Egipto, 1969); II Bienal del Deporte (Madrid-Barcelona, 1969); I Bienal del Vino de Málaga (1973); Homenaje a España (Galería Biosca, Madrid, 1982); Artistas de la Galería Macarrón (Madrid, 1986); Pintores Malagueños (Palacio de la Aduana, Málaga, 1991); ARCO (con Macarrón, 1988) y Galería María Salvat, Feria de Arte de Barcelona (2000),etc. En cuanto a las exposiciones individuales, celebradas en España y fuera de ella desde 1961 al año 2000, superaron las 45 comparecencias. De ellas, por sus singularidades, características y contenidos destacamos: Casa de Málaga (Madrid, 1962); Salones Macarrón


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(Madrid, 1966); Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1964); Nacional de Bellas Artes (Madrid, 1968); Galería Picasso (Málaga, 1969); Galería Décar (Bilbao, 1973); Diputación Provincial, Málaga, 1974); Galería Fenicia (Puerto Banús, Málaga, 1975); Galería Layetana, Barcelona, 1977); Galería Miramar Arte de Málaga (inaugura la sala en octubre de 1978); Primera Época, (Salas de la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga, simultánea con Homenaje a la Provincia en el Museo de Bellas Artes (1980); Homenaje a España (Galería Biosca, Madrid, 1982); Galería Forma (Miami, Florida, EE.UU., 1984); Caja Postal Palacio de los Vilchez, Jaén (inaugura sala, 1986); Lladró Art Gallery (Nueva York, EE.UU., 1989); Galería Biosca (Madrid, 1991 y 1992); Cuatro décadas con la pintura, antológica en el Centro Cultural de la Villa (Madrid, 1995); Sala Imagen (Sevilla, 1997); Homenaje a la luz de Andalucía, Sala de la Casa-Fuerte de Bezmiliana (Rincón de la Victoria, Málaga, 1999), etc. Durante el último decenio del siglo XX, casi cuarenta años después de haber iniciado su carrera artística, Evaristo recibió en 1993 el galardón al mejor artista en la especialidad de pintura de la VIII edición de los Premios Nacionales a las Artes Plásticas de la Revista Correo del Arte. En 1979 el Ayuntamiento de Vélez-Málaga le dedicó una calle, es Hijo Adoptivo del pueblo de Arenas (Málaga, 1970) y de Las Navas del Marqués (Ávila, 1987); también es Axárquico de Honor del pueblo de Comares (Málaga, 1990), Escudo de Oro de su pueblo

natal (1999) y en el mes de enero del año 2000 recibió el Premio Puerta de Andalucía de Summa Hoteles, que de esta forma reconocía públicamente su trayectoria artística.

Miguel Guerra Zamora, de formación autodidacta, no expuso nunca de forma individual en su localidad natal; tampoco lo hizo en Málaga ni en otras cualesquiera ciudad española. Su actividad pictórica, que se inició en 1960 recién cumplido el servicio militar, se inicia en Bélgica, país donde se relaciona con artistas independientes de la época, frecuenta los ambientes culturales y creativos y enlaza con grupos artísticos de la juventud belga de comienzos de los años sesenta del siglo XX como el Taller de Arte Popular, Grupo Cebra, L’uapière y otros. Su labor expositiva individual tuvo como escenarios las ciudades de Lieja (Galería Saint Remy), Bruselas (Galería de Arte Naíf), Centro Rops (Namur) y otras distintas de la ciudad alemana de Snokke (Galería Bubdies), y Ostende; también mostró sus trabajos en eventos de igual característica en la capital luxemburguesa y París.


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Muy joven, recién cumplidos los trece años, participó en 1950 en una exposición organizada por el Frente de Juventudes, obteniendo el primer trofeo del certamen consistente en 1 000 pesetas en Metálico. Fue su oportunidad de darse a conocer en los ambientes creativos más jóvenes de Málaga y, especialmente, de su Vélez-Málaga natal. Con los años y una dedicación exclusiva a la pintura, logró alcanzar otros premios, distinciones y trofeos, entre los que caben destacar el haber sido seleccionado para participar en el II Festival de Artes Plásticas de Mouscron (1979); ese mismo año ganó el Primer Premio (Diploma y Medalla de Oro) de la VIII Bienal de Arte del Centro Cultural El Quijote (Malinas, Bélgica)que volvería a repetir en la siguiente edición de 1981. Su año más pleno de selecciones y trofeos fue el de 1982 al recibir el Premio Josaphat Tortat del XVI Salon Blésois International de Blois, Francia; Menciones de Distinción y Especial, respectivamente, en Valenciennes y Saint Amand-les-Eaux. Finalmente, es de nuevo seleccionado para participar con sus obras en Marsella, Châteauneuf du Pape y VI Premio Nacional de Pintura Adaja (Ávila, España). Es pintor que tiene obras en el Museo de Arte Religioso de Medellín (Colombia), en el Museo del Patrimonio Artístico del Ayuntamiento de Charleroi, Bélgica, y en Museo de Arte Naíf de Jaén. Pintor que cosechó abundantes parabienes de la crítica belga, con ocasión de su exposición en la vieja iglesia de San Nicolás, de Bruselas, en homenaje a la provincia de Brabante, el rotativo Le Soir dijo de él que era un artista

naíf que sabía evidenciar los méritos de su oficio, añadiendo la curiosidad de haber sabido dejar en su obra anterior la maestría de su paleta al pintar Lovaina en naranja, Tubize en rosa y Waterloo en azul y verde.

José Guevara Castro, fundador con otros jóvenes artistas malagueños de la generación de 1950 del Grupo Montmartre, más tarde convertido en Grupo Picasso, Guevara Castro fue alumno de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga, donde tuvo como profesores a Federico Bermúdez Gil, (pintura), Miguel Marín Zaragoza (dibujo), Diego García Carrera (modelado) José Castillo (grabado) y José Toré (litografía). Tras su primer periodo formativo, durante los siguientes años siguió cursos en la Escuela Superior de Bellas Artes San Jorge (Barcelona), Académie de la Grande Chaumière (París) y el Círculo de Bellas Artes (Madrid). Estudiante de Ciencias Económicas en las correspondientes facultades universitarias de Barcelona y Málaga, trabajó, compatibilizando trabajo y creación, en el Instituto Nacional de Previsión y en importantes empresas multinacionales.


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De su obra expuesta en Salamanca por vez primera en 1980, el diario El Adelanto, bajo la firma de Manuel Martín Santiago, dijo, entre otras cosas: ...lo verdaderamente valioso de su arte es, precisamente, esas transparencias y suavidades que logra con el óleo, cual si de pinturas al agua se tratara. Y no es que este pintor lave exageradamente la crema, no: yo diría que al contrario: empasta, mas con un sentido de la sutileza, de la veladura, con tal soltura de pincel y con acordes tonificadores, que es así como logra resultados verdaderamente vagos y de una gran limpieza y luminosidad. Por su parte, José Mayorga, cinco años más tarde y en las páginas del malagueño Sur, escribía: La luz domina sus cuadros y él domina a la luz. Así consigue esta armoniosa síntesis que siempre ha sido su pintura, pero que ahora se ha decantado hacia un filtro de efectos sorprendentes que está reservado a los perseverantes que arrancan con calidad. Lo que los años dan en soltura, calidad en el oficio. Por eso vence Guevara a la luz. Desde 1960 a 1997 celebró las siguientes exposiciones individuales: Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1960); Salas Sofico de Marbella y Torremolinos (1972, 1973 y 1974); Caja de Ahorros de Ronda, Málaga, 1974); Sociedad Económica de Amigos del País y Galería Malacke, Málaga (1975); Sala Municipal de Marbella (1976); Galerías Amplitud, Sevilla; Segrelles, Valencia, y Malacke, Málaga (1978); Miramar Arte, Málaga (1979; Galería Iris, Salamanca (1980); Sala Espalter, Madrid (1981); Sala Municipal, Nerja (1982); Salón de Arte, Oviedo, y Sala de Bellas Artes, Gijón (1986); Caja de Ahorros de Ron-

da, Torre del Mar (1987); Sala Municipal, Nerja, y Galería Benedito, Málaga (1988); Sala Nova, Montreal (1989); Galería Pórticus, Málaga (1992); Sala de Unicaja, Vélez-Málaga (1994) y Sala Rostand, Nerja (1997). Entre los eventos colectivos en los que Guevara Castro participó figuran, entre otros, los celebrados en Navia, Asturias (1949); con la Peña Montmartre en Málaga (1954 y 1955); en Béziers, Cannes y París, Francia (1957); con el Grupo PicassoMovimiento Actual del Mediterráneo, en Málaga, Tortosa, Castellón y Santander (1958); con el Grupo Picasso, en el Museo de Arte Contemporáneo, Barcelona (1961); Casa de Málaga, Madrid (1962); Haus der Kunst, Múnich (1962), y con el Grupo IX Pintores, en Málaga, Fuengirola, Churriana, Jaén, Córdoba, Granada, Nerja, Montreal, León y Albarracín (1974 a 1993). Pintor que ejerció la crítica de arte en Radio Juventud, Radio Nacional de España y del diario La Tarde, en Málaga, así como en las revistas Crítica de Arte de Madrid, La Brocha de Gijón e Ikaria Virtual de Internet, consiguió Primera Medalla en la exposición del S.E.U., Málaga (1948); Segunda Medalla en la exposición de Educación y Descanso, Málaga (1953); nueva Segunda Medalla de la misma institución, Málaga (1954); Primera Medalla en la exposición de las Bodas de Plata del I.N.P. Málaga (1958); Segundo Premio de SESA, Madrid (1977); Segundo Premio del Real Club Náutico Mediterráneo, Málaga (1985) y Primera Medalla del Círculo de Bellas Artes de Málaga (1991).


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Robert Harvey, dibujante, pintor y grabador. Artista que vivió en Macharaviaya los últimos 32 años de su vida, fue uno más de los tantos creativos extranjeros que desarrollaron gran parte de su obra más madura durante su permanencia en Málaga. Este artista se formó inicialmente en centros artísticos norteamericanos como The Ringling School of Art de Sarasota (1942-44); Louis Ribak, Taos, Nuevo México (1948) e Institute of Art de San Francisco (1957). Su primera exposi-

ción individual la celebró en Galería, Sarasota, a la edad de 24 años. A la muestra de su presentación siguieron otras muchas, tanto individuales como colectivas, en numerosas capitales y ciudades norteamericanas entre los años 1951-1971. Fue un año más tarde cuando sus trabajos se conocieron en Málaga Galería Jaime Parladé, Marbella, primera de sus exposiciones personales en España. Eugenio Chicano fue el encargado de escribir unas ideas sobre el pintor en el catálogo de su presentación en la Sociedad Económica de Amigos del País: Hijo de la escuela de San Francisco, Robert estudia y absorbe como protagonista la historia del arte norteamericano de este siglo, cuadra el círculo estadounidense asimilando la experiencia de todos sus puntos cardinales, y todo ello sin firmar un manifiesto, sin suscribir ninguna escuela, sin adoptar maneras ni imponer modas. Tras la presentación de su obra por el galerista Parladé, Harvey desarrolló


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a partir de entonces una larga actividad galerística individual, tanto en Málaga como en distintas capitales y ciudades norteamericanas y españolas, de las que podemos citar, entre otras las siguientes: Charles Campbell Gallery, San Francisco, California (1972 y 1974); Galería Malacke y Galería Díaz Larios, Málaga (1975); Charles Campbell Gallery y Centro Cultural de los Estados Unidos, Madrid (1977); Galería David Marshall, Puerto Banús, Marbella; Galería Isa. Íd., y Gump’s Gallery, San Francisco, EE. UU. (1979); Dricol Gallery, Denver, Colorado, EE. UU., y Gump’s Gallery (1980); Galería Manuela, Málaga (1981); Galería Harras, Málaga (1982); Castillo Bil-Bil, Benalmádena, Málaga, y Gump’s Gallery (1983); Studio Galleries, Denver, Colorado, EE.UU. (1984); Gump’s Gallery (1986); Centro Washington Irving, Madrid, y D. Christian James Gallery, Nueva Jersey, EE.UU. (1989). Muchas de sus obras se exhibieron en nutridas convocatorias colectivas, de las que podemos recordar, en lo que a Málaga se refiere, su participación en la VI y VII Bienal Internacional de Marbella (1981 y 1982); III Semana Cultural de Macharaviaya (1982); II y III Semana Cultural de Banagalbón (1984 y 1985); Pintores y Escultores Malagueños Contemporáneos, edificio de Correos, Málaga (1986); IX y X Bienal Internacional de Marbella, Málaga (1987 y 1989) y III Premio de Pintura Bacardí, Cortijo Bacardí, Málaga (1989). De sus premios y distinciones en diferentes certámenes del extranjero, España y Málaga podemos citar los que les fueron concedidos al participar en el Pacific Festival,

San Francisco, EE. UU., Primer Premio (1960); 34th. Annual Marin Society of Artists, Segundo Premio (1961); Graphics Annual, Segundo Premio de Grabados y Medalla de Honor de la Fird Foundation of Art (1962); Western Washington State University, Primer Premio de Dibujo (1963), y Jack London Square Festival, Primer Premio (1964). El año 1965 fue particularmente relevante para su palmarés artístico al recibir triple medalla de Honor de la North Carolina Museum of Art, del “28th. Annual” y del Festival de Arte de San Francisco, por el orden citado; un Segundo Premio de la Jack London Square y el Primer Premio “Painting of the Year”, de la Art Across America. Un decenio más tarde, al participar en el I Concurso de Pintura L’Oréal de Madrid, recibe Medalla de Honor; una Mención se le concede en el certamen Pintores para el 92, Cádiz (1988) y otra de la X Bienal de Marbella (1989).


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Francisco Hernández Díaz, con siete años de edad su familia se traslada a Vélez-Málaga, capital comarcal de la Axarquía malagueña, en cuya ciudad inicia su primera gran actividad creativa al pintar en la iglesia conventual de Santiago de los RR. PP. franciscanos el cuadro central y friso de su altar mayor (1948), y desde donde prepara y envía su participación a diversos certámenes de carácter provincial en los que obtuvo Primeros, Segundos, Tercer Premios y Mención Honorífica en las exposiciones convocadas por el Frente de Juventudes (1945), Educación y Descanso (1947, 1948, 1949 y 1950) y Exposición Regional de Arte (1952), todas ellas comprendidas entre los 13 y los 20 años de edad del pintor. En 1952 fue becado por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga, dependiente de la Diputación Provincial, y en 1956 ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, asistiendo a las clases de Gregorio Toledo, Fernando Labrada, Rafael Pellicer y Soria Aedo. Su estancia en la institución resultó efímera: Por puro aburrimiento, ansiedad, inquietud, juvenil impulso y desprecio al sistema de trabajo, trillado. Todos los referentes contradictorios nublaban la ense-

ñanza. Al deslumbrante Museo del Prado y sus maestros me dediqué apasionadamente. De la Generación del 50, no llega a vincularse a ninguno de los grupos artísticos de postguerra, no sólo al elegir Madrid para su formación, sino porque la Peña Montmartre, el Grupo Picasso o el Movimiento de Arte del Mediterráneo, aparecieron cronológicamente después de sus exposiciones del Club de Prensa de Málaga (1954) y Sociedad Económica de Amigos del País un año más tarde. Su obra de estos años, pese a las referencias que sobre ella se publicaron, no procedía del impresionismo histórico: Mi forma de hacer, descontrolando la pincelada, se acercaba más a los expresionistas abstractos de Nueva York, aunque la visión fuera pintura de realidades. Instalado en Madrid en 1956, su pintura se hace mesetaria: aparecen los cristos, ángeles, y la paleta se ensombrece alejada de las tonalidades mediterráneas y culmina una etapa de temática religiosa. En 1958 marcha a Suiza y reside en Ginebra durante dos años; además de viajar por toda Italia (1959), conoce en Bolonia al pintor Giorgio Morandi. En 1960 retorna a Málaga para realizar un gran mural para la sede central de la Caja de Ahorros Provincial, dependiente de la Diputación, donde realiza un trabajo de claro acento constructivista, terminado el cual, regresa a Madrid. En esta su segunda estadía madrileña va a confirmarse en su obra todo lo asumido durante su permanencia en Europa, donde el arte abstracto es, como estilo, rey continental. Se opera el cambio en su obra, dijo, a causa del desasosiego de


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las formas orgánicas que se exhibieron en la Bienal de Venecia de 1966 y que hasta 1970, al abrirse una Sala Especial de la misma Bienal, no tuvo oficial reconocimiento. Francisco Hernández es pintor que no se ha refugiado largamente en ninguna de sus etapas creativas, y refiriéndose a cada una de ellas, no distingue la supremacía de un ciclo sobre otro porque la suma de todos ellos: Formaron el tejido de mi personal visión del Arte y de la Belleza. Antonio Morales, director de las revistas Correo del Arte y Correo del Arte Hispano, refirió hace años una anécdota que revela el interés que el dibujo de Francisco Hernández había suscitado en Salvador Dalí: En España sólo hay dos dibujantes de verdad. Uno soy yo; el otro, un muchacho que se llama “Nosequé” Hernández y que creo vive allá por Málaga. Este mismo crítico escribió: ...toda su extensísima obra pictórica está arropada por esa sabiduría dibujística, que viene a ser como los pilares de una hermosa arquitectura desde la que, como artista completo, domina y templa su arte exquisito con la majestad necesaria que permite el milagro de crear unos cuadros que invitan, más que a ser contemplados, a “entrar en ellos”, a desear disfrutarlos “desde dentro”, desde el regocijo de participarlos íntimamente. Raúl Chávarri, uno de los mejores observadores de la obra hernandiana, escribió para el catálogo de una de sus exposiciones del 1974: Desde sus primeras apariciones, hemos pensado siempre que este artista hacía de la pintura no sólo un despliegue en el dominio técnico y una escuela de auto disciplinado rigor, sino también una manera de participar en un misterio,

el total aliento misterioso del hombre que no sólo modifica y utiliza las cosas que le rodean sino que sabe también eternizarlas e incluso convertirlas en dioses. En este sentido, cada cuadro de este artista es una puerta abierta a lo ignorado, en la que el pintor entra consciente del paso que da, pero también temeroso de no poder desvelar en su totalidad el enigma en el que al pintar participa. La ininterrumpida actividad pictórica de Hernández está jalonada de juicios de los más notables críticos de la segunda mitad del siglo XX, entre ellos Carlos Areán, José María Moreno Galván, Augusto García Viñolas, Julio Trenas, Mercedes Lazo, Rosa Martínez de Lahidalga, Luis López Anglada, etc. Expresionismo, figuración, abstracción, surrealismo y naturalismo –especialmente en su obra más mediterránea y religiosa– se suceden y relevan a lo largo del extenso discurso estético del pintor, creando una arrebatada e impetuosa cosmogonía en una plástica personalísima. De su dilatada producción son muchas las obras que podrían citarse como ejemplos de culminación de los diferentes ciclos. De todas ellas, ninguna como Tríptico (“El nacimiento”, “La vida” y “hacia el cosmos”) explica de manera tan elocuente las grandes cualidades del autor: dibujo, cromatismo y fantasía, es decir, fuerza en su línea dibujística, vitalismo en las carnaciones y fantasía en el torrente de sugerencias implícitas en las imágenes. Las exposiciones individuales realizadas por Hernández Díaz, desde la primera de ellas en Vélez-Málaga (1948) hasta la última en el Museo de Arte Moderno Religioso de Milán (2003),


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totalizaron 44. De ellas, por su interés y repercusión, caben destacar la ya citada de Vélez-Málaga, además de las del Club de Prensa de Málaga (1954) y de la Sociedad Económica de Amigos del País (1955); galerías Altamira y Alfil, ambas de Madrid (1956 y 1958); Galería Mirador, Barcelona (1958); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1962); Afrodisio Aguado, dibujos, Madrid, y Galería Tartesso, Torremolinos (1963); Grifé y Escoda, Palma de Mallorca (1965); óleos y dibujos en Galería de Arte Contemporáneo y Museo Nacional de Arte Contemporáneo, ambas en Madrid (1972); retrospectiva en homenaje a su obra de juventud, Vélez-Málaga (1973); Kreisler, Madrid (1977); Malake, Málaga (1979); óleos y dibujos en Galería Deppelman, Hannover (1984); óleos y dibujos en Heller, Madrid (1986); óleos y dibujos en Pórticus, Málaga (1989); óleos en la Sala de Arte del Ayuntamiento de Melilla (1991); óleos, en Casa Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria (1993); Galería Castello 120, Madrid (1994); Tudores, Marbella (1997); óleos en la Sala del Colegio Oficial de Médicos, Málaga (1998); Tenencia de Alcaldía de Torre del Mar, Vélez-Málaga, y Sala Italcable, Málaga, ambas en 2001, y Sentir Cofrade, en Cajamar, Málaga (2002). Las exposiciones colectivas, desde 1945 que concurre con dibujos a un certamen de Vélez- Málaga, al último, Muestra de Pintores Españoles, Chicago (2001), fueron 53, y de ellas cabe citar como más importantes las siguientes: Certamen Nacional de Linares, Jaén (1950); I Exposición de Artes Plásticas,

Madrid (1962); Arte de América y España, itinerante organizada por el Instituto de Cultura Hispánica; II Exposición Nacional de Artes Plásticas, Madrid (1964); Bienal de Sao Paulo, Brasil, a la que expresamente fue invitado (1965); Bienal de Venecia, invitado por el Instituto de Cultura Hispánica y Arte Actual de España, Museo de Johannesburgo y Pretoria, África del Sur (ambas en 1966); Nuevas formas del Arte Español, Buenos Aires (1967); I Certamen Internacional de Dibujo de Rijeka, Yugoslavia, para el que fue expresamente invitado (1968); Sala Especial de la Bienal de Venecia (1969 y 1970); Arte Actual de España, Palacio Strozzi, Florencia (1973); íd. en Royal Museum de Brusela, Moderna Pinacoteca de Múnich y Museo de Viena, Austria (1974); Nuevo Realismo, Galería Heller, Madrid (1978); Pintura Malagueña Actual, Universidad de Sevilla (1979); Nuevo Realismo Español, Buenos Aires, y I Certamen Internacional de Dibujo, México, invitado por el Instituto de Cultura Hispánica (1980); Generación del 50, Galería Miramar Arte, Málaga (1981); Arco’82, Madrid (1982); Muestra de Pintores Malagueños, organizada por la Excma. Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Málaga, Dresde, Alemania y Galería Goya, Nueva York (1997); Muestra de Pintores Académicos, organizada por la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, Sevilla (1999); International Expo Arte de Nueva York y Muestra de Pintores Españoles, Chicago (2001). Los premios y distinciones recibidos por Hernández fueron numerosos: Primer Premio en la Exposición Provin-


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cial del FF. de JJ., Málaga (1945); Mención Honorífica en la Exposición Provincial de Educación y Descanso, Málaga (1947); Tercer Premio, íd. (1948); Tercera Medalla Exposición Nacional de Linares, Jaén (1949); Primera Medalla en la Exposición de Educación y Descanso Arte Veleño (1950); Primer Premio en la exposición de Educación y Descanso de Málaga (1951); Segundo Premio en la Exposición Regional de Arte, Málaga (1952); Segunda Medalla en la Exposición Regional de Arte de Andalucía, Málaga (1953); Premio Juan March de Bellas Artes, Madrid (1967); Premio Colectivo Internacional en la XXXV Bienal de Venecia y Medalla de Plata del Ateneo, Málaga (1970); Miembro de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (1979); Miembro de la Fundación María Zambrano, Vélez-Málaga (1979); Premio Nacional de Dibujo Correo del Arte, Madrid (1987); Premio Andalucía, Cadena SER (1989); Axárquico de Honor (1993) e Hijo Adoptivo de Vélez-Málaga (1994). Está en posesión de los Escudos de Oro de las ciudades de Nerja (1987), Melilla (1991) y de Vélez-Málaga (1999). La localidad de Cómpeta (1974) y la ciudad de Vélez-Málaga (1979), tras sendos homenajes populares celebrados en cada una de ellas, bautizaron dos calles con el nombre del artista. Su obra mural está representada en los numerosos trabajos que realizó en el ya citado altar mayor de la iglesia conventual de Santiago de Vélez-Málaga; Baptisterio y altar mayor de la parroquia del Carmen de Cómpeta; altar mayor de la iglesia de San Juan Bautis-

ta, de Vélez-Málaga; también del altar mayor de San Juan en la misma ciudad; mural del altar mayor de la parroquia de Miraflores de los Ángeles, Málaga; mural de la iglesia del Salvador, de Nerja; mural del altar mayor de la iglesia de la Candelaria, Benagalbón; mural para la capilla de San Juan Bautista, Vélez-Málaga; pinturas para el altar mayor y frontis del coro de la antigua iglesia de San Julián, Málaga, en cuyas obras el pintor hace gala del nuevo naturalismo andaluz que imprime a sus imágenes religiosas. Su obra mural también está presente en el claustro del convento de Santiago, de Vélez-Málaga y Colegio Oficial de Abogados de la capital malagueña. Entre los años 1998 y 2001 pinta el cuadro “La Anunciación” para la Catedral malacitana y un retrato del obispo monseñor Antonio Dorado Soto para la galería de mitrados malagueños del mismo templo; igualmente, los retratos de SS. MM. los Reyes de España para el ayuntamiento veleño, y realiza el diseño de las vidrieras catedralicias y de un mosaico para el Paseo Marítimo de Benalmádena. Una confesión personal del pintor nos permite ahondar en la raíz de su arte: He sido autodidacta toda mi vida. Siempre he creído que el Arte se le deposita al hombre por la Gracia de Dios, y el hombre tiene que ser consciente de ser un elegido. Pero no para su vanidad y engreimiento, sino para devolver la Gracia al Creador...


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José Hernández, pintor y grabador que realizó numerosas escenografías, diseños de vestuarios y cartelería de obras escénicas, ópera y cine para distintos directores (Nieva, Narros, Chávarri, González-Vergel, Pérez de la Fuente y Saura, entre otros), desarrolló una intensa actividad creativa desde el momento en que ofreció la primera muestra pública de su obra en la Librairie des Colonnes de su ciudad natal en 1962. Con veinte años se traslada a Madrid y desde 1980 comparte residencia y taller entre la capital de España y Málaga. Su iniciación en las técnicas del tórculo data del año 1967 y es a partir de dicho momento cuando realiza una abundante obra gráfica en la que se incluyen numerosas ediciones de bibliofilia. Realizó desde 1962 hasta los iniciales años del presente siglo más de cincuenta exposiciones individuales en Madrid, Palma de Mallorca, Valencia, Alicante, Burgos, Castellón, Vitoria, Zaragoza, Santiago de Compostela, Barcelona y otras muchas ciudades españolas así como en Málaga (Colectivo Palmo, Rectorado de la Universidad y Museo del Grabado Contemporáneo Español de Marbella); también en distintas capitales del extranjero

(Chicago, París, Bruselas, Múnich, Yale University, Hamburgo, Bremen, Nueva York y diferentes salas de Polonia, Colombia y Japón. Muchas de sus obras más significativas se exhibieron en un número de eventos colectivos no inferior a los doscientos, tanto en espacios expositivos de España, Europa, América, Asia y Oceanía. Es artista cuya obra fue estudiada por los más destacados críticos españoles y extranjeros, según refleja la abundantísima hemerografía disponible, libros y publicaciones periódicas. Es autor que recibió numerosos galardones entre 1979 y 2007, de los que, entre los internacionales caben destacar el I Trienal Internacional de Jóvenes Dibujantes (Núremberg, Alemania, y de la Bienale Malych Formy Grafiki, de la ciudad de Lódz, Polonia, 1979; Grand Prix VI Bienal Internacional de Grabado de Fredrikstat, Noruega, 1982; Intergrafik 84, Berlín, Alemania, 1984; III Bienal Internacional del Grabado, Varna, Bulgaria, y, entre otros más, el Internazionale Biella per l’lncisione, de Italia, y el Gran Premio de la Exposición Internacional del Arte del Libro de Leipzig, Alemania, 1989, entre otros muchos. También recibió en 1981 el Premio Nacional de Bellas Artes, el Nacional de Arte Gráfico de 2006, la Medalla de Oro del Ateneo de Málaga de 2004 y el nombramiento de Hijo Adoptivo de la Provincia de Málaga en 2006.


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Vicente Hernández Díaz, hermano de Francisco Hernández, llegó con él y el resto de la familia a Vélez-Málaga en 1939. Pintor de muy personal carrera artística, va y viene de ella en momentos distintos de su existencia. Antonio Segovia Lobillo, que hizo historia de la crónica artística de la llamada capital de la Axarquía, dijo de él que se encuadraba entre los seis precursores del arte veleño. Su afición por la pintura le hizo dedicar a la misma todo el tiempo posible, ya desde niño, atendiendo los consejos de distintos artistas locales veteranos. Con diecisiete años, en el mes de junio de 1945, organiza y participa en la que ya es histórica exposición colectiva del Paseo Viejo veleño y en la que él fue el principal animador. Esta misma muestra se repite poco después en un hotel de la localidad. Son los momentos germinales del movimiento pictórico creativo que lanzará a parte de la juventud a la aventura del arte, y a sus más veteranos representantes, a la consolidación de la que, posteriormente, se denominará Escuela Veleña de Pintura. Participa en 1947 en una exposición organizada por el Frente de Juventudes

en la Sociedad Económica de Amigos del País y en su anexo de la Escuela del Magisterio, participa con algunas obras y un año más tarde, lo hace con su mismo grupo en la VI Exposición Provincial de Arte de Educación y Descanso. Ese mismo año recibe un trofeo al mérito artístico. Entrado el año 1949, mes de abril, el grupo de artistas veleños que participa en la VII Exposición Provincial de Educación y Descanso causa sorpresa entre los aficionados de la capital; en dicho certamen, de nuevo consigue Vicente una mención honorífica, y la crítica advierte: Vicente Hernández tiene tantas vitaminas de pintor como Paco. Su personalidad está definida hacia la luz. El color de Vicente es más tierno, más luminoso, según recordaría más tarde Segovia Lobillo. Inesperadamente, tras la celebración en la Sociedad Económica de Amigos del País de la exposición Arte Veleño, también organizada por él en colaboración con Educación y Descanso, el pintor decidió en 1950 suspender todas sus actividades pictóricas, al menos hacia la calle y los aficionados. Su retorno a la actividad artística tendría lugar en el mes de agosto de 1980 en la Sala de la Caja de Ahorros Provincial en Vélez-Málaga. Su nueva obra muestra las vacilaciones propias de un autor que permaneció demasiado tiempo sin actividad creativa. Su última exposición se constata en la Caja de Ahorros de Ronda de Torre del Mar, en el mes de agosto de 1982 y otra posterior en la malagueña Galería Denis, ya desaparecida. Cabe a este pintor la satisfacción de haber sido uno de los iniciadores del movimiento pictórico local que de-


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finió la Escuela Veleña de Pintura, honor que nadie le ha arrebatado. HERNÁNDEZ MOLINA, Joaquín (Ver DE MOLINA)

Francisco Hidalgo Ramírez, Paco Hidalgo –así conocido en el mundo de la creatividad pictórica malagueña por ser su firma habitual–, es pintor que desde su primera exposición individual del siglo XX (1973) hasta la última de la misma centuria (1999) ha dejado muestras de su persistente inquietud en la búsqueda de nuevas expresiones plásticas. Es artista de figuración cambiante, y en cuanto a su técnica metodológica, renovadora. Estamos ante un pintor que es buen oficiante en el arte de transmitir sensaciones y de especular con tiempos, espacios y volúmenes. De claro lenguaje, además, su figuración la integra en una atmósfera que quiere ser sonido íntimo cuando no roce con el mismo silencio que envuelve los objetos. Resulta, pues, obra delicadamente sugeridora. Entre otros conceptos, así se destacó en la sección Crítica de Arte del diario Sur a propósito de su exposición en Galería Pórticus en 1994.

Otro analista de la obra de este artista, Pablo Chaurit, había escrito la década precedente: Los tonos y matices, la textura, son un claro exponente no ya sólo del trabajo de Hidalgo, como artista conocedor del oficio, sino de la imaginación creadora –calculadora– de la estética consciente y no –nunca– caprichosa. Sueños –eso sí– desprendidos de su intención y vivos gracias a las cualidades pictóricas del artista. Como se ha citado, la primera exposición individual del pintor tuvo como escenario Galería Picasso (Málaga, 1973), a la que regresó al siguiente de 1974. El programa expositivo individual desarrollado a continuación fue el siguiente: Peña Malaguista-Liceo de Málaga (1975); Galería Picasso (1976); Peña Malaguista-Liceo de Málaga (1977); Centro Cultural de Almería (1979); Ateneo de Málaga (1980); Caja de Ahorros de Ronda en Torre del Mar (1982); Sala Dry-Sack de Jerez, Ayuntamiento de Nerja y Caja de Ahorros de Ronda en Ceuta (1983); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga, y Caja de Murcia, en Cartagena (1984); Casa de Cultura de Fuengirola (1987); Galería Pórticus de Málaga (1994, 1995 y 1997) y Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnico de Málaga (1999). Iniciado el nuevo siglo, son numerosas sus participaciones en colectivas de Málaga y otras capitales españolas. En su ciudad natal, a partir del año 2000 se constata una única exposición individual, la del Castillo Bil-Bil de Benalmádena, en 2005. El pintor ganó un Primer Premio de Pintura del Instituto Sierra Bermeja, Málaga (1973); tres veces consiguió el Primer Premio de Pintura al Aire Libre


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(paisajes malagueños, convocados por la Obra Sindical Educación y Descanso) al participar en las convocatorias de 1975, 1976 y 1977; obtuvo igualmente el Primer Premio de Christmas Navideños de El Corte Inglés de Málaga en 1985, y en el año 2001, resultó finalista del Certamen Internacional de Pintura Roya Premier Hoteles y del Certamen Andaluz de Pintura Contemporánea Ciudad de Torremolinos. Tiene taller y academia propios e imparte enseñanzas de dibujo y pintura

Antonio Hidalgo Serralvo, pintor autodidacta que frecuentó el taller de Evaristo Guerra, pertenece a la generación de artistas que, por haber compartido actividad creativa conjunta durante un tiempo, se le tiene como forjadora de la joven escuela veleña de pintura. No obstante el carácter autodidacto de su formación, realizó varios cursos de dibujo artístico por correspondencia, estudió grabado calcográfico en la granadina Fundación Rodríguez Acosta, asistió al curso de grabado de Francisco Aguilar en la Universidad de la Axarquía así como otro del maestro Óscar Manesi en el Taller 7/10 de Málaga.

Sus primeras exposiciones fueron colectivas, compartiendo en distintas oportunidades ámbitos expositivos con Bonilla, Gallardo, Valdés, Martínez Alario, Belda, Casamayor y otros. Durante su juventud residió un tiempo en Madrid y Barcelona, volviendo a su ciudad natal definitivamente a finales de 1970. La obra de este autor, analizada pormenorizadamente por distintos críticos, estudiosos y revistas especializadas comienza a principios de los años setenta, en el impresionismo, y pasa por una época breve de abstracción para abandonarla después por el surrealismo, fórmula en la que la obra de Hidalgo Serralvo se desarrolla en plenitud y permanece. Más no es el suyo un surrealismo cerebral, de frío concepto: Mi pintura refleja el lado infantil o ingenuo de las cosas, dijo a propósito de su exposición en el Museo de La Rioja (1994). Pintura imaginativa, para la revista El Punto de las Artes, según publicó tras la exposición en la Casa Fuerte de Bezmiliana (2003): La imaginación es, por tanto, el territorio por el que circulan las ideas pictóricas de Antonio Hidalgo, quien convierte sus composiciones en ámbitos repletos de magia: paisajes de un colorido violáceo, que rebosan belleza y lirismo, junto a fantásticas escenas que acogen unos personajes fácilmente reconocibles. No es Antonio Hidalgo el primer artista que se deja fascinar por las reinterpretaciones plásticas de grandes obras de la Historia del Arte, pero el artista malagueño se aproxima desde el encanto y el surrealismo de su discurso artístico. Esta alusión a las reinterpretaciones pictóricas de Hidalgo Serralvo, se fundamenta en la gráfica de sus obras “Personajes


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en la era”, “Baile de disfraces”, “Personajes con gatito” y “Borrachines en la campiña”, todas ellas focalizaciones o completas recreaciones velazqueñas de meninas, infantitas y borrachos. Otra representación conocida de dicha proclividad es el cuadro que recrea la obra de Goya (hace años también reinterpretada históricamente por Cristóbal Toral, y Manuel Garvayo) “Familia de Carlos IV”. Franklyn Valverde, esritor, periodista y crítico brasileño, que llamó al pintor joven maestro del realismo español a través de las páginas del Journal Nova Opçao de Leitura (n.º 31, enero de 1990), escribió de él: ...Antonio Hidalgo es considerado por la crítica una grata revelación. Hidalgo es poseedor de un estilo propio, dentro del realismo mágico que se torna una marca registrada en su obra. Él crea un universo de fantasía habitado por extraños personajes: os monstros-bonecos. Esas figuras que, a través de su pincel riguroso y preciso, poseen la capacidad de hipnotizar a quien contempla sus telas. Es un pintor que ha participado en numerosas exposiciones colectivas (la mayoría de ellas en Málaga y su provincia), totalizando 66 eventos algunos de los cuales se celebraron en Barcelona, Logroño, Granada, Sevilla y Madrid en distintas ocasiones entre los años 1968 a 2000. Su primera exposición individual se inauguró en la Caja de Ahorros Provincial de Vélez-Málaga (1971), siguiendo, de forma cronológica, las siguientes: Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1972); Galería Lacayi, Málaga, y Caja de Ahorros Provincial, Vélez-Málaga (1975); Sala de Arte Casino Cultu-

ral, Almería (1976); Caja de Ahorros Provincial, Vélez-Málaga (1978); Caja de Ahorros de Antequera, Málaga, y Delegación Provincial de Cultura de Logroño-La Rioja (1979); Diputación Provincial de Málaga y Caja de Ahorros Provincial de Vélez-Málaga (1980); Museo de La Rioja, Logroño, y Caja de Ahorros de Ronda, Torre del Mar (1981); Galería Llenonart, Barcelona, y Caja de Ahorros Provincial de VélezMálaga (1982); Galería Rafael Heredia, Vélez-Málaga; Caja de Ahorros de Ronda, Torre del Mar; Museo de La Rioja, Logroño y Museo Municipal de Calahorra, La Rioja (1984); Galería de Arte Van Dyck, Gijón, y Caja de Ahorros Provincial, Vélez-Málaga (1985); Arco’86, Madrid, y Galería Lleonart, Barcelona (1986); Sala de Arte del Ayuntamiento de Nerja y Caja de Ahorros Provincial de Vélez-Málaga (1987); Museo de La Rioja, Logroño (1988); Caja de Ahorros de Antequera, Málaga (1989); Galería de Arte La Palestra, Madrid (1990); Palacio del Marqués de Beniel, VélezMálaga, y Museo de La Rioja, Logroño (1991); Sala de Arte Axarquía, Madrid (1992); Palacio del Marqués de Beniel, (1993); Museo de La Rioja, Logroño, y I Feria de Arte Pequeño Formato, Madrid (1994); Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria, y Sala de Arte del Cortijo Bacardí, Málaga (1995); “Artiferia”, Real Feria de San Miguel, VélezMálaga; obra retrospectiva, en la Sala Unicaja de Vélez-Málaga; Sala de Arte Municipal, Nerja y Pub Saloma, Málaga (1996); Museo de La Rioja, Logroño y Palacio Beniel, (1997); íd. presentación de la Carpetas “Horóscopos” (1998);


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Expo-Ocio, Madrid, y Museo de La Rioja, Logroño (2000); Galería Luisa Muñoz, Málaga; Instituto de Enseñanza Secundaria Bezmiliana, Rincón de la Victoria, Málaga; Arte-Sevilla; Galería María Soto, Vélez-Málaga y Galería María Oliver, Madrid (2001; Arte-Sevilla y Galería María Soto, Vélez-Málaga; Instituto de Enseñanza Secundaria de Torrox-Costa, Málaga, y Arte Granada (2002); Arte-Sevilla, Galería María Soto y Casa-Fuerte de Bezmiliana, (2003). De sus menciones, medallas y premios había conseguido hasta el año 2003 los siguientes: Primer Premio Local de Pintura al Aire Libre, Vélez-Málaga (1969); Medalla de la Exposición Nacional Sala Pueblo, Madrid, y Mención de Honor del Premio Rioja de Pintura (1971); Mención de Honor de la Exposición Provincial, Málaga, y Medalla del Certamen Internacional de Pintura Rápida de Calella, Barcelona (1972); Accésit del IV Certamen de Pintura Ciudad de Onteniente, Valencia (1982); Accésits en las Bienales de Sevilla-85 e Internacional de Marbella (1985); Premio del I Encuentro de Pintura Joven de la Caja de Ahorros de Antequera, Málaga, con el cuadro “El viaje” (1988); Mención de Honor de la Bienal de Marbella (1992); Segundo Premio del Real Club Mediterráneo, Málaga, y Primero del VII Premio Bacardí, Málaga, por su obra “El músico alegre” (1994), y Accésit del Certamen Arte Mínimo, León (1997). La obra mural de Hidalgo Serralvo tiene muy expresivas muestras en el Parque Andalucía (1979), Colegio Zona Norte (1982) y Colegio del Paseo Nuevo (1986), de Vélez-Málaga.

HIDALGO AYUSO, Antonio. (Ver AYUSO).

Gino Hollander miembro de una larga familia con vinculaciones en el mundo financiero y cultural de los Estados Unidos y combatiente en la II Guerra Mundial, su formación artística fue autodidacta y la desarrolló a partir de 1960. Tres años más tarde se traslada con su familia a Arroyo de la Miel (Benalmádena) y más tarde se afinca en la localidad de Pizarra (Málaga), donde desarrolla prácticamente toda su obra entre los años 1963 y 1990. Fue fundador del museo arqueológico que llevó su nombre y que abrió al público en el Cortijo de las Yeguas, Pizarra, en 1982. En él exhibía una vasta colección de objetos de arte en general y piezas arqueológicas de una antigüedad superior a los 20 000 años. El museo, con todo su dilatado contenido de unas 6 000 piezas, fue cedido por el propietario al Ayuntamiento de Pizarra, donde en la actualidad está abierto al público ya como Museo Municipal del pueblo. Durante su prolongada estancia en Málaga, Hollander realizó in-


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numerables exposiciones individuales en Inglaterra, Francia, Bélgica, Suiza, Suecia, Dinamarca, Alemania, Italia y Portugal. Las realizadas en España fueron generalmente en la propia galería que llevó su nombre. Gran parte de los cuadros de gran forma-

to pintados durante su estancia en la Costa del Sol tuvieron como destino el Palacio de Congresos y Exposiciones de Torremolinos y el aeropuerto de Málaga. Su obra figura en numerosas instituciones políticas, culturales y privadas de Estados Unidos y Europa.


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IBORRA ZALABARDO, Santiago (Ver ZALABARDO)

Licenciado en Psicología y diplomado en Psicoterapia Gestáltica, Ángel Rodríguez Idígoras pertenece a la última generación de dibujantes y humoristas malagueños surgidos en los dos últimos decenios del siglo XX. Ha dibujado en solitario en La Gaceta de Málaga y el diario Sur de la misma capital, y junto con su hermano Pachi, en El Jueves, El Mundo, El Magacine, Supermortadelo, El Periódico de Cataluña, Perfiles, El Periódico

de la Farmacia, La Retranca e Informados, entre otros diarios y revistas. Sus dibujos han sido reproducidos en diversas publicaciones extranjeras como Tótem (Italia), The Guardian (Inglaterra), El Garrotazo (Argentina), etc. Ha ilustrado junto a Pachi los libros Historia Ilustrada de la Medicina, Episodios Singulares de la Medicina, Platero y yo, Los 33 Reyes Magos, Güi ar de champions, Boquerones fritos y La verdadera historia de los Borbones. Entre sus principales trabajos en solitario figuran Pickpocket, el arte de robar, Gags para el escenario, La prestidigitación al alcance de todos, Ilusionismo elemental y Catorce aprendizajes vitales. Juntos también han expuesto sus obras en Brasil, Portugal, Honduras, El Salvador, Argentina, Francia y EE. UU. Entre otros distintos galardones recibidos por sus trabajos individuales figuran el Ciudadano del Año en Málaga, el Premio al Mejor Dibujo Español del Festival de Tourcoing (Francia) y la Medalla de Málaga, y junto con Pachi,


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el de Profesor Honorario de la Cátedra de Humor de la Universidad de Alcalá de Henares, el Premio Haxtur a la mejor obra de humor del Salón del Cómic de Gijón o el de humor gráfico Antonio de Lara “Tono”, concedido por la Villa de Madrid. Es miembro del patronato de la Fundación Theodora, destinada a llevar clowns a los hospitales infantiles, redactor de la revista Ríete, del Hospital MaternoInfantil de Málaga y organizador del Festival de Humor y Magia Infantil Jajejijojú, a beneficio de la Asociación de Voluntarios de Oncología Infantil.

Joaquín Ivars, actual director del Área de Arte de la Escuela Superior de Arte y Arquitectura de la UEM (Universidad Europea de Madrid) y codirector del Máster Oficial en Arte Contemporáneo de la misma, se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga, donde igualmente alcanzó la especialidad universitaria en Ciencias Cognitivas Aplicadas. Es igualmente Máster en Diseño de Producción en Cine y Audiovisuales por la UEM y recibió el DEA (Diploma de Estudios Avanzados) de la Complutense de Madrid en la Facultad de Bellas Artes de la capital de España. En la

Universidad Europea de Madrid imparte las asignaturas de Arte y Sociedad, Acción y Comportamiento e Instalaciones II, así como Estrategias Artísticas del siglo XX en el Máster de Teoría y Práctica de las Artes en la Complutense. Su trayectoria artística está relacionada con distintos aspectos de la interdisciplinariedad y de los fenómenos complejos en el arte y la sociedad contemporáneos, puestos de manifiestos especialmente a través de la instalación, la acción, la intervención specific site, el vídeo y la vídeo instalación. Ivars ha realizado a lo largo de su actividad creativa numerosas exposiciones individuales en Galería Raquel Ponce, Madrid; Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla; El Ojo Atómico, Madrid; Contemporary Art Factory, Tokio; Nishijin Kitaza, Kyoto; Artissima, Turín; Sala Moreno Villa, Málaga; Museo Municipal de la misma ciudad; Cruce, Madrid y Galería Cavecanen, Sevilla. Sus más importantes colectivas fueron en diversas ediciones de ARCO, MAD 03, así como otros eventos internacionales en Japón, Dinamarca, Portugal, Italia República Dominicana y Francia. Becado por la Fundación Marcelino Botín, la Fundación Picasso, la Casa de Velázquez y la Junta de Andalucía, ha realizado tareas de investigación en diversas direcciones de las artes visuales, centrando su atención fundamental en la ambivalencia y la complejidad como formas de intervención en el contexto de la llamada modernidad reflexiva. Cuando escribimos sobre el artista, comparte sus tareas docentes con la de investigación en varios proyectos.


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Rafael Jaime Calderón, alumno del profesor Marín Zaragoza en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, estudió posteriormente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona con Francisco Ribera (dibujo) y Francesc Muntaner (pintura). Socio del Círculo Artístico de Sant Lluc de Barcelona, viajó a París donde entró en contacto con el pintor Antoni Clavé. A su vuelta a Barcelona realiza su primera exposición individual en la Sala Rosal, y a partir de 1975

expone en Ibiza y Mallorca, teniendo oportunidad de trabajar con los pintores Julio Viera, Torrens Lladó y Ferrer Gironella. En 1986 reside unos tres meses en su ciudad natal y expone, por vez primera en Andalucía, su obra, eligiendo para tal acontecimiento las Salas de la Sociedad Económica de Amigos del País. Expone seguidamente en Sevilla, Córdoba y Marbella y en 1993 se instala definitivamente en Málaga. De su obra dejó dicho el crítico malagueño José Mayorga: En todo tiempo –en su biografía concordante– Rafael Jaime patentiza ese estilo, esa dicción, esa sólida plástica que es la que sirve de legítimo soporte a los artistas que han sabido instalar su obra en una correcta expresión formal; una expresión y una expresividad resultante, que se consigue por la constante percusión en su creatividad de un sello, de un estilo personal: aquel que identifica la procedencia y la declinación clásica y la moderna formula-


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ción de ese clasicismo, en la obra de un auténtico artista, Rafael Jaime. El catálogo de sus exposiciones individuales se inicia en 1964 en la Sala Rosal de Barcelona y continúa en las también barcelonesas Casa del Libro (1965) y en Sala Bargalló (1970 y 1972). Más tarde serían galerías de Ibiza, Barcelona, Madrid, Málaga, Sevilla, Córdoba, Marbella, Benalmádena, Rincón de la Victoria y de nuevo Málaga y Benalmádena, las ciudades donde mostraría su pintura hasta 1977; tras un paréntesis de cinco años, retorna en 1982 hasta 1988, y tras un nuevo impasse de otros tres años, regresa al comienzo del decenio de los años noventa que le ocupa en la preparación y celebración de nuevas exposiciones hasta el verano de 2006. Su participación en certámenes y eventos artísticos de carácter colectivo fueron numerosos entre 1964 y el año 2004, entre los que se pueden destacar: colectiva del Círculo Artístico de Sant Lluc (1964), el Primero Internacional de Dibujo Anglada Guillot (1965), el concurso de retratos de S. M. el Rey Juan Carlos (1976), I Certamen Andaluz de Pintura Contemporánea de Torremolinos (2000) y diversas colectivas de Aplama (Málaga, 2001, 2002 y 2004).

Enrique Jaraba Jiménez, alumno de Joaquín Martínez de la Vega y Emilio Ocón, se le tiene por el pintor más europeo de la Málaga de entre siglos, toda vez que desde sus años de residencia en Viena y Estocolmo viajó constantemente por los países más próximos a Austria y Suecia; y al reincorporarse a la vida de España, también pasó temporadas en Roma y París, donde tuvo oportunidad de mostrar su obra en distintos ambientes culturales. Por su hija María Luisa Jaraba Delgado, a través de una entrevista que el diario Sur de Málaga publicó al inaugurarse una exposición antológica del artista en la central de la Caja de Ahorros de Ronda en Málaga (26.IV.1959), se supo que el pintor había sido becado por la Dirección General de Bellas Artes precisamente en Estocolmo. Pintor de la mancha atrevida y el dibujo elegante, Jaraba fue el típico ejemplo de esteta constantemente preocupado en hallar su propia identidad creativa. Muchos de sus coetáneos le criticaron un cierto abandonismo pictórico como consecuencia de sus frecuentes crisis de indolencia, que le llevaron a abandonar docenas de obras iniciadas sin que


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más tarde las concluyese. Su obra fue multitemática, aunque destacó verdaderamente en el retrato. Realizó en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento los lunetos de los obispos Molina Lario y Armengual de la Mota, del político Carvajal y Hué, del banquero José de Salamanca y del pintor José Moreno Carbonero; el Salón de Sesiones del Palacio Municipal lo decoró con un bellísimo “Orfeo”. Por la gran habilidad que le distinguía tanto en dibujo como en composición, se atrevió a participar en certámenes locales, regionales y nacionales desde muy joven, siendo distinguido con algunos premios, trofeos y medallas al mérito. En 1889 se le otorga un Diploma del Congreso en la Exposición Regional de Granada, en 1892 una Tercera Medalla Nacional, en 1895 un galardón económico del Liceo; posteriormente, durante los años 1897, 1901 y 1904 recibe nuevas recompensas, en especial en el último de los mencionados, al que presenta un cuadro de grandes dimensiones de la Virgen del Carmen, que es calurosamente recibido por la crítica. Profesor de las escuelas de Bellas Artes de Sevilla y Málaga, fue en la última de las citadas donde falleció a los 57 años de edad en 1926.

Antonio Jiménez López, pintor de seductoras propuestas coloristas sobre diferentes soportes y en ocasiones esquivos elementos matéricos, originales formas escultóricas en hierro, mármol, madera o técnica mixta y enigmático fraseo en las líneas de sus dibujos, Antonio Jiménez fue en 1979 uno de los fundadores del influyente Colectivo Palmo. Artista que deja sobre el panorama creativo malagueño de la segunda mitad del siglo XX una impronta personal muy sostenida, nació al arte cuando era alumno del Colegio de San Pedro y San Rafael, sito en la plazuela de San Francisco. Fue compañero del también pintor José Díaz-Oliva, cuyo progenitor, Federico Díaz Cívico, profesor del citado centro docente, fue quien les animaba a dibujar bodegones de pequeño formato en el aula o pintar del directo en plena naturaleza. De inicial formación autodidacta, en 1958 ingresa por un año en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga; posteriormente, en Madrid, siguió unos cursos de dibujo y pintura en el Instituto de Atenas. De 1963 a 1968 vivió los ambientes pictóricos de París, regresando definitivamente a Málaga, don-


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de, en el típico barrio de la Trinidad, instaló su estudio-taller. Desde 1959 en que la obra de Jiménez se presenta en su primera individual de Málaga (Sala de la Caja de Ahorros de Ronda en la calle Sancha de Lara) hasta la última del siglo XX que celebra en la Galería Dadá (Granada, 1993), sus trabajos nunca pasaron desapercibidos para el público ni la crítica. Hacia la mitad de su carrera, ya consolidada en muchos aspectos, la Universidad de Granada le patrocinó una exposición en la Sala del Palacio de La Madraza, para cuyo librocatálogo escribió J. M. Gómez Segade, entre otras cosas: Hablar del “origen” de la pintura en Antonio Jiménez es analizar al mismo tiempo la forma y el fondo onírico que sirve de significante enucleador de símbolos y estructuras plásticas, esas mismas que definirán el espacio pictórico, o que delimitarán su trascendencia estética. Bajo la apariencia de total anarquía, se intuye un calculado proyecto consistente en “ordenar el desorden”. Se trata de retratar algo vivo a través de mecanismos controladores del caos cósmico, incluida la misma capacidad sistematizadora del hombre. Jiménez explota la enorme complejidad del mundo logrando en el cuadro la misma inseparabilidad entre el ser y el parecer, que define la esencia y existencia de las cosas. Más adelante, distintos exégetas y ensayistas de su prolífica obra (Prados de la Plaza, García Viñolas, Robert Mac Donald, A. M. Campoy, Rosario Camacho, Luis Antonio de Villena, Manuel Urbano, Antonio Soler y José Manuel Cabra de Luna, entre otros muchos) analizaron bajo diferentes aciertos de observación tan nutridas y comple-

jas propuestas tanto pictóricas como escultóricas. El último de los autores mencionados, estudioso de los trabajos del artista, escribió en 1981 acerca del recorrido que hasta entonces había experimentado su obra: La evolución del elemento compositivo no es en Jiménez un desarrollo hacia lo esquemático; no ha consistido en ir desnudando paulatinamente a la obra hasta trabajar con unidades simples de composición sino que, por el contrario, todo se ha ido complicando, enriqueciendo, hasta el extremo de que por la profusión iconográfica desaparece la ordenación del cuadro en varias partes, así como los espacios con colores planos, las manchas uniformes de color que dan una ilusión de detrás-delante, para pasar a ocuparse la totalidad de la superficie de la tela con las figuras e imágenes. No quedan huecos ni fisuras y se pierde totalmente la posibilidad, en muchas de las obras últimas, de que exista una representación porque no hay lugar para el escenario en que habrían de moverse las figuras ya que todo el cuadro es una completa y total figura. En los últimos años del siglo XX y primeros del XXI, Antonio Jiménez se instala en la creatividad del caos, “la dulzura del caos”, según definió el crítico y ensayista José Rodríguez Galán en el opúsculo titulado El agua en la boca de Litoral/Suplementos. En tal publicación aseguraba dicho autor que al figurativismo surrealista y expresionista de la primera etapa de Antonio Jiménez ha seguido una completa inmersión en el mundo de la forma pura, casi completamente desligada de aquel mundo fantasmagórico de los primeros años. Las exposiciones individuales de Jiménez se sucedieron abundantes a lo largo del pasado siglo –en


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ocasiones hasta una docena de eventos galerísticos al año–, llevando su personalísima propuesta a prácticamente todas las grandes ciudades españolas, numerosísimas del continente europeo y no pocas de EE. UU. y Canadá. Entre 1959, primera de sus exposiciones individuales, hasta la última del mismo carácter celebrada a lo largo del siglo XX, el amplio programa galerístico constata los siguientes eventos: Caja de Ahorros de Ronda en Málaga (1959); Sociedad Económica de Amigos del País (1962); Galería Albiac, Zaragoza (1964); Galería Castilla, Valladolid, y Palacio Garci-Grande, Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy, Salamanca (1969); Galería Libros de Zaragoza, Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga y Caja de Ahorros de Salamanca (1970); Galería Ariel de Palma de Mallorca (1971); Galería Da Barra de Barcelona (1972); Galerías Still, de Berlín, Peithener-Wien de Austria, Ariel de Palma de Mallorca y La Mandrágora de Málaga (1973); Galería Seny de Obra Gráfica de Barcelona y Heller de Madrid (1974); Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid (1977); Galería La Bohème de Salamanca (1978); Seny de Barcelona y Heller de Madrid (1980); Museo Provincial de Bellas Artes y sede del Colectivo Palmo, en Málaga, y Casa de Cultura de Zamora (1981); La Bohème, Salamanca, y Museo Municipal de Marbella, Málaga (1982); Sala de la Caja de Córboba (1984); Palacio de La Madraza, Granada, y Casa de Cultura de Antequera (1985); Caja de Ahorros Provincial de Málaga, Galería Manuela Vilches, Mar-

bella, y Sala Chicarreros, Sevilla (1986); Excma. Diputación Provincial de Málaga (1988); Excma. Diputación Provincial de Jaén y Galería H. de Marbella (1989); Sociedad Económica de Amigos del Pais de Málaga e Interarte 90, Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Valencia (1990); La Casa del Siglo XV, Segovia, y Galería El Ensanche, Valencia (1991); Galería Conde Duque de Madrid, itinerante de Caja de Ahorros de Castilla y León, Arco’92 de Madrid, El Ensanche de Valencia, Galerías Aritza de Bilbao, H. de Marbella y Deutsche Bank de Puerto Banús, Marbella (1992); Galería Dadá, Granada; Art Jonction, Feria Internacional de Arte Contemporáneo, Cannes, Francia; Original Art, Galerías Böstad y Algutsboda, Suecia, y Line Art, Feria Internacional de Arte Contemporáneo, Gante, Bélgica (1993); Art Miami, Feria Internacional de Arte, EE. UU.; Feria de Arte de Bolonia, Italia; Comú d’Encamp, Principado de Andorra; Gallery Artguild la Aneq, Los Ángeles, EE. UU.; Galería H. Marbella; Galería de Arte Ivon Desgagnes, Quebec, Canadá; Palazzo Datini, Florencia, Italia; Grandi Mostra International, Italia, y Galería Ambiente, Francfort, Alemania (1994); Galería Dix, Helsinki, Finlandia; Ambiente, Francfort, Alemania; ABO, Feria Internacional de Arte, Finlandia, y Galería Sâo Bento, Lisboa, Portugal (1995); Galería Mondrian House, Nueva York, EE. UU.; Galería La Roggia, Pordenone, Italia; La Casa del Siglo XV, Segovia; Galería Georges Müller Kunstetagen, Remscheid, Alemania; Contempo Modern Art, Galería B. V. Rotterdam,


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Holanda; Galería Bastad Original Art, Suecia; Galería in der Preannesstrasse, Munich, Alemania; Galería Lisette Alibert, París, Francia; Galería Dix., Helsinki, Finlandia, y Galería de Arte Dècli, Luxembugo (1996); Galería Liosette Alibert, París; Galería Ivon Desgagnes, Quebec, Canada; Galería H., Marbella; Galería Kleine, Waiblingen, Alemania; Rahman Lädle, Schondorf, Alemania, y Galería Art Co., San Sebastián, España (1997); Galerie J. James M. Jiao, Miami, USA; Sala de Arte de la Universidad de Málaga, España; Galería Antonio Prates, Lisboa, Portugal, y Artegrafía, Madrid, España (1998); Galería de Arte Décli, Luxemburgo, y Listte Alibert, París, Francia (1999), y Galería Rosalía Sender, Valencia (2000). Cuando celebraba dicha exposición, el pintor preparaba otros 4 eventos galerístico para el siguiente año en la Galería Sâo Bento de Lisboa, una Antológica (1968-2000) en las Salas del Palacio Episcopal de Málaga, otra en la Ivon Desgagnes de Quebec y una última en Galería Fontanar, Riaza, Segovia. En esos momentos, Antonio Jiménez preparaba su Antológica (19682001) para la Sala Santa Inés, Sevilla (2002). Durante los años 1969 a 2001 Jiménez participó en 130 exposiciones de carácter colectivo en distintas capitales y ciudades de España, Suiza, Alemania, Francia, Portugal, Israel, Puerto Rico, Suecia, Bélgica, Holanda, EE. UU., Italia y Canadá, en algunas de ellas varias veces a lo largo de los citados años. Numerosos premios y trofeos al mérito artístico le fueron concedidos a Jiménez en distintos años por diferentes corporaciones artísticas, orga-

nismos, fundaciones y entidades, entre ellos la Medalla de Oro de Educación y Descanso en su Exposición Nacional de Salamanca (1970); Premio de la Delegación Nacional de Cultura en la II Bienal de Zamora (1973); Premio Moreno Carbonero del Excmo. Ayuntamiento de Málaga en la II Bienal de Málaga (1974); Premio Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural del Ministerio de Educación y Ciencia en la III Bienal de Pintura de Zamora (1975); Premio de la Fundación Española de la Vocación (Barcelona, 1976); Premio Nacional de Pintura Francisco Gil (Salamanca, 1978); Primer Premio de Pintura de la VIII Bienal de Marbella (1985); Premio de la I Bienal de Pintura de la Fundación Jaume Guasch (1987); Premio Notable Ibérico (Lisboa, 1996) y Premio Mejor Pintor Español de Estampa 2000, Salón Internacional del Grabado Contemporáneo, Madrid. La obra de Antonio Jiménez, además de estar ampliamente representada en numerosas colecciones privadas de Europa, EE. UU., Canadá y Colombia, figura, entre otros centros e instituciones públicas, en los museos de Arte Moderno de Barcelona, Nacional de Arte Contemporáneo y Centro de Arte Reina Sofía de Madrid; Excma. Diputación Provincial, Museo Provincial de Bellas Artes, Universidad, Unicaja y Museo Casa Natal de Picasso, en Málaga; asimismo, en la Biblioteca Nacional de Madrid, Museo de Jerusalén, Israel, Universidad Internacional de Andalucía, Colección Arte y Patrimonio y en diferentes entidades bancarias y corporaciones industriales europeas.


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JIMÉNEZ ESPAÑA, José Luis (Ver PEPEESPAÑA)

José Jiménez Niebla, pintor que inició su recorrido artístico realizando caricaturas para La Unión Ilustrada y La Fiesta Nacional de su ciudad natal, había recibido las primeras lecciones de pintura del maestro Eugenio Vivó en 1915, cuando el alumno acababa de cumplir los veintidós años de edad. Hasta entonces, su formación había sido netamente autodidacta, como sucedió a partir de que Vivó marchara a Madrid dejando al alumno sin asistencia docente. Sin más orientaciones que las que inicialmente recibió, Jiménez Niebla continuó en solitario y en una labor meritísima llegó a inclinar a su favor al Ayuntamiento de Málaga, que en 1919 le pensionó para que iniciara estudios oficiales en la capital de España. En Madrid asistió por libre el primer año en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, y al siguiente, ingresó de forma oficial, tras ocupar el segundo lugar en las oposiciones convocadas a tal efecto. Del citado curso se recuerda haber obtenido un galardón en metálico, una medalla, varias matrí-

culas de honor y diploma de primera clase en todas las asignaturas. Se sabe que concurrió a la Exposición Nacional de 1922 con las obras “La goletera” y “Noche de San Juan”, obteniendo una Tercera Medalla. En 1925 emigró a La Habana distinguiéndose como ilustrador. Vuelto a España, desde 1940 en que regresa, se establece en Barcelona y accede a una plaza de catedrático de Dibujo en su Instituto de Primera Enseñanza, donde ejerció larga docencia hasta su muerte en 1964.

Antonio Juárez Navas, de muy temprana vocación, desde que en 1960 llega a Málaga con su familia, fue alumno de la Academia Valencia establecida durante tantos años en calle Álamos y que dirigía el veterano pintor Ferrándis; más tarde, con el pintor, profesor y académico Alfonso de la Torre, seguiría cursos en el Aula de Pintura de Educación y Descanso. De aquellos años de formación forjaría amistad con un grupo de incondicionales amigos, entre los que figuraban los pintores Muñoz García, Pedro Mendoza, Miguel Ortega, Antonio Ayuso y Paco Almansa,


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entre otros muchos de la misma o cercana generación. Con Miguel Ortega y Robles Muñoz, compartió estudio en un piso de la barriada de Huelin. Superado los estudios del Bachillerato, inició los de Magisterio y al cabo de los mismos, trabajó en el entonces conocido Colegio Siurot, donde organizó clases de pintura para los alumnos interesados. Juárez vivió en Holanda (Helmond y Eindhoven) desde 1975 a 1983, año en que decidió regresar a Málaga, y tras una estancia de cinco años, decide volver a los Países Bajos. Establecido de nuevo en Holanda, inicia una definitiva etapa de entrega a la pintura, de la que destaca su Danza del óleo, surrealismo abstracto (1988); más tarde, desarrolla su ciclo Rupturas de planos (1990) e inicia la serie Síntesis entre figuración y abstracción (1994), tras las cuales aborda las series De largo y De Corto (1997-98), y crea con su modelo el Happening “Model’s dynamic”. Ese mismo año presenta su obra en Nueva York y en 2000 vuelve a los grandes formatos tridimensionales de 2 x 2. Sus más recientes ciclos, una vez finalizado el siglo XX, fueron: Danza árabe (2001) y Olga I y Olga II (2002-03), el primero de los citados fueron óleos tridimensionales sobre lienzo, y el segundo, trabajos abordados en blanco, negro, gama de grises y rojos. Juárez, a lo largo de los distintos ciclos de su creación –ha escrito la historiadora María Dolores Montiel Alcántara– ha dado prueba desde sus inicios de una pertinaz independencia de criterios y de una definida claridad de ideas que le han mantenido siempre por encima de modas o conveniencias, apartado de la falsa comercializa-

ción del Arte, en un plano donde lo esencial es siempre la satisfacción con la creación propia y la sinceridad consigo mismo. Desde 1972 en que Juárez celebra su primera exposición individual en la Caja de Ahorros de Ronda en la capital malagueña, hasta las dos primeras del nuevo siglo XXI, el catálogo de su actividad galerística fue el siguiente: Hotel Las Pirámides, Fuengirola, Málaga (1973); Hotel Riviera, Benalmádena, Málaga (1973); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1974 y 1975); Edison Gallery de La Haya y Galería Roode Leeuw, Deurne, ambas en Holanda (1978); Galería Krabbedans de Heindhoven, Holanda (1980); Galería’t Speelhuis, Helmond, Holanda (1981); Galería Miguel Ángel, Málaga, (1986); Biblioteca Pública de Bee en Donk, Holanda (1988); Liceo Francés de Málaga, (1989); Rabogalerie, Utrecht, Holanda (1990); Cortijo Bacardí, Málaga, (1990); Galería F. Gonmar, de Madrid, (1992); Galería Conde-Duque, Madrid (1993); Retrospectiva de su obra en la Casa de la Cultura de Benalmádena, Málaga, con presentación del libro Juárez: de la figuración a la abstracción (1995); Castillo del Bil-Bil, Benalmádena (1996); Palacio de Congresos de Estepona, Málaga, (2000); Hotel Tropicana de Torremolinos, Málaga, con motivo de cumplirse el 30 aniversario de su dedicación a la pintura (2001) y Excma. Diputación de Lérida (2004). Durante los años 1991-92 su obra se da a conocer, a través de un extenso circuito de galerías de arte, en París, Amberes, Bruselas, Ámsterdam, Colonia, Berlín y Frankfurt.


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1968 estudia dibujo y composición en

Francisco Jurado Ternero, pintor, barrista y especialmente escultor que supo utilizar materiales de desecho en sus originales y en ocasiones atrevidas realizaciones escultóricas impresionistas, constructivistas y abstractas, procede de una familia algunos de cuyos miembros estuvieron vinculados al mundo de la pintura, la escultura, el diseño y la música. Fundador de APLAMA (Asociación de Artistas Plásticos de Málaga), es presidente y activo mantenedor de sus actividades y convocatorias artísticoculturales. Sin formación académica inicial en ninguno de los campos que cultivó, a los 16 años ingresa en la empresa Portillo como soldador y chapista forjador, teniendo como maestros de oficio a José Ramos, Manuel Requena y José María Gómez. De ellos aprendió de muchacho los más recónditos secretos no sólo de la soldadura al arco u oxiacetilénica, sino la ductibilidad y maleabilidad de los metales, a través de la chapa, y del hierro incandescente sus diferentes caldos, hasta obtener la forma apetecida. Recién cumplidos los 20 años da a conocer su incipiente obra escultórico-artesana en Málaga, suscitando ya entonces (1964) muy lisonjeras opiniones sobre su obra. De 1965 a

Educación y Descanso, escuela dirigida por el pintor y académico Alfonso de la Torre. Pepe Bornoy, al presentar la exposición de pintura, esculturas y dibujos que Paco Jurado celebró en la CasaFuerte de Bezmiliana en 1993, escribió para su catálogo acerca de su obra escultórica metálica: Sus soldaduras están acariciadas con una especie de reverencial y primitiva resurrección de las formas. Porfía con el martillo y encuentra el efecto exacto y natural de la escultura en su órbita final. La fría opulencia del hierro se traduce en sueños de silencio compartido. El estrépito de su diminuta fragua se propaga en encadenamientos de propensión laberíntica. Brotan nuevas figuras y el ruido se hace rumor correlativo, música de instinto alumbrado. Sobre la faceta pictórica de Jurado, en el diario Sur (11.XII.1993) encontramos, acerca de la misma exposición, lo siguiente: Diríase que en esta exposición aflora mucho más que en otras anteriores la materialización de varios sueños sumados, pues a poco que se conozca la obra de Jurado y se haya seguido con un mínimo interés la andadura artística de este pintor de larga profesión aunque de menguada presencia en las salas locales, se atisba que hay en el artista una incansable pesquisa a través del mundo onírico. Prescindiendo de los años en que Jurado ejerció distintos cargos sindicales –lo que le impidió una mayor presencia en salas de exposiciones y galerías–, su actividad expositiva de carácter individual fue la siguiente: Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1964); Residencia San Miguel, Torremolinos (1966); Radio Juventud, Málaga (1968);


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Caja de Ahorros Provincial, Cádiz y Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1970); Hotel El Remo, Torremolinos, Málaga (1971); Caja de Ahorros de San Fernando, Sevilla (1972); Edificio Perla I, Fuengirola, y Galería Las Palmeras, Marbella (1973); Sala Capitular del Ayuntamiento, Huelva (1974); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1983); Galería Blas Infante, Coín, y Caja de Ahorros de San Fernando, Sevilla (1984); Casa de Cultura, Fuengirola (1985); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1986); Galería Socio-cultural de RENFE, Atocha, Madrid (1987); Casa de Cultura, Marbella (1988); Museo Provincial de Bellas Artes, con motivo del 25 aniversario de su obra, Málaga (1991); Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria, Sala de la Excma. Diputación Provincial, Málaga (1993), y Belenes de ayer y de hoy, en Galería Nova, Málaga (1996). De 1964 a 2007 De la figuración a la abstracción, Ámbito cultural, El Corte Inglés, 2007. Participó en numerosas exposiciones colectivas, de las que mencionamos las siguientes como más significativas: Nacional de Educación y Descanso, Valencia (1965); I Bienal de Zaragoza, Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, y III Salón de Invierno, Málaga (1967); V Salón de Invierno, Málaga, Exposición Nacional de Burgos y II Salón de Marzo, Valencia (1970); Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, y Colectiva de Artistas Españoles, Baviera, Alemania (1971); Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, y I Bienal de Arte, Málaga (1972) y Colectiva de Escultores Malagueños

Contemporáneos, Palacio de la Aduana, Málaga (1992) y Málaga arte actual, generaciones 1950/2000, Vicerrectorado de la UMA, Universidad de Málaga (2007). JURADO MORALES, Manuel (Ver MORALES)

Manuel Jurdao Valderrama, hijo de padres malagueños emigrados a Barcelona, en 1974 la familia regresa a Málaga y Manuel se matricula en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos en 1979, y en ella sigue cinco cursos lectivos. Precursor con otros artistas de la fórmula Arte en la Calle (1993), que inundó de actividad la plaza de la Merced malagueña frente a la casa natal de Picasso, junto con Antonio Casares Palma fue fundador del colectivo Espacio Tres (1998) y participó (1999-2000) en la decoración artística de las series televisivas Plaza Alta y Arrayán durante las temporadas 2001-2005. Su inquietud creativa le llevó a participar en el DIN A4 Proyect, una exposición itinerante por distintos países de la Comunidad Económica Europea, patrocinado por la ciudad de Roermond y la Diputación de Limburg (Holanda).


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De las singularidades implícitas en su obra pictórica, la historiadora del Arte Bernardina Roselló David expreso lo siguiente: Manolo Jurdao traduce a pintura su manera de entender la vida, el color, la luz, el espacio y la forma. Su obra no tiene una prosa compleja y revela la esencialidad del que tiene claro su mensaje a aportar. Volvamos al paraíso, recuperemos el edén olvidado, la autenticidad del hombre y su unión con la naturaleza. Para ello utiliza danzantes, sirenas, medusas o minotauros de cuerpos arabescos, sinuosos y muy expresivos que, evocando ese paraíso perdido, se enfrentan a una taumaturgia de símbolos extraídos de nuestra cotidianeidad, que encarnan lo fingido. La obra de este autor se mostró por vez primera en una exposición colectiva celebrada en 1980 en la Facultad de Filosofía y Letras de Málaga, y su inicial exposición individual tuvo lugar en la Sala de Exposiciones del Mercado de la Merced de Málaga en 1993. A la citada siguieron las siguientes: Palacio de

Beniel, Vélez-Málaga (1994); Casa Larios, de Torre del Mar (1995); Espacio Tres, Málaga y Estepona (1997 y 1999); Sala de Exposiciones de la Universidad, Málaga (1998); Galería Forum, Estepona (1999) y Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria (2000). El programa de sus exposiciones individuales durante los primeros ocho años del nuevo siglo constatan inauguraciones en Galería Ra del Rey, Madrid), Mecenas y Akelarre (Marbella), Espacio Tres (Málaga) Estado das Artes (Torres Vedras, Portugal), Centro Cívico (Málaga), Abilio Marcos (Sintra, Portugal) y Espacio Tres y Colegio de Odontólogos, ambas en Málaga. Tres veces finalista en los certámenes Ciudad de Álora (1994, 1995 y 1996), obtuvo un accésit en el Certamen de Pintura de RENFE (Málaga, 1993), un Segundo Premio en otro del Servicio Andaluz de Salud en el mismo año y un Primero del Certamen Picasso, convocado en 2001 por Galería Mecenas, de Málaga.


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Valentín Kovatchev Tomov, graduado por la Facultad de Bellas Artes de Sofía en la especialidad de grabado (1981), durante el decenio siguiente se dedicó a impartir cursos de dibujo y grabado en metal en la capital búlgara, compatibilizando las tareas docentes con sus creaciones en grabado y pintura. Su primer gran ciclo de grabados, Erosión, que le dio fama y le abrió puertas en los ambientes culturales de Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rusia, Hungría, Bélgica, Holanda, Luxem-

burgo, Alemania, Italia, Suiza y España fue una durísima crítica a la creciente industria de armas químicas con fines bélicos. La destrucción llega a la historia, al arte, a la persona, de la mano del despropósito, parecía sugerir el artista. En los 17 aguafuertes que constituyeron la serie, inspirada en obras maestras de la pintura de iconos búlgaros, rusos y griegos, la recurrencia temática fue el mismo alegato acusador: la erosión de los valores humanos, de la Fe, de la sociedad, de la paz, de la Naturaleza, de la justicia, de la cultura, etc. Esta importante serie, iniciada en 1989 en Bulgaria y considerada de influencia negativa por las autoridades comunistas del país, dado su contenido religioso, pudo concluirla en 1992. En el primer icono del ciclo, “La Virgen Hodigitria” (en griego “La Virgen que indica el camino”) Kovatchev resume gráficamente todo el sentido de este laborioso y comprometido trabajo: en él aparece un trozo


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de madera quemada, un paisaje desolador, unos insectos que caen muertos; en definitiva, la destrucción de todo lo existente por la acción del armamento químico. Erosión fue un ciclo que nació búlgaro, así como las series De Pájaros y Hombres, inspirada en Leonardo da Vinci, y la Suite Hermann Hesse, sobre la obra literaria de uno de los escritores preferidos del pintor. Otros trabajos, pertenecientes al ciclo Roma, sueño de un viaje I, II, y III los realizó durante su recorrido por Italia (1991-92). Ya en España, dirige dos años más arte un curso de grabado para inaugurar el taller del Museo del Grabado de Goya, de Fuendetodos (Zaragoza). El trabajo de Kovatchev, que revela su destreza y oficio como aguafuertista –principal método sobre el que ha expresado sus ideas gráficas–, no sólo evidencia completo dominio de dicha técnica, sino la cualidad de ser el inventor de su propio sistema de trabajo, que consiste en la inmersión de las planchas de zinc, entre cuarenta y cincuenta veces, en una solución de ácido nítrico, diluido al 95% de agua. Tan exigua cantidad de ácido le permite obtener unas delicadas líneas difíciles de conseguir mediante sistema más convencional. Artista, además, de notables acentos al dibujar y pintar, especialmente al óleo, refleja en estas artes una sensibilidad no muy común entre muchos de los artífices del tórculo. La incorporación del artista a Málaga en 1992 marca el comienzo de una nueva etapa, con la creación de la serie Anatomía del toro salvaje. Después fueron naciendo Andalucía espiritual (una

bellísima colección de imágenes religiosas de Málaga, Sevilla, Lucena, etc.) y Málaga eterna (evocaciones gráficas de la ciudad de finales del siglo XIX y principios del XX). Junto a estos ciclos trabajó estampas sueltas como “Palacio Episcopal de Málaga”, “Estrellas sobre Málaga”, “Sagrada Familia”, “El capricho de Gaudí”, “Santillana del Mar”, “Palacio de la Magdalena”, “Puerta de Alcalá” o “El Camino de Santiago”, que realizó como un peregrino más desde la provincia de León. Otra de sus más geniales trabajos fue La Suite Manolete, que realizó con motivo del 50 aniversario de la muerte del diestro cordobés. En el año 2000, con motivo de la exposición que celebra en Valdepeñas, realiza la serie Bacchus, en la que evoca no solamente los orígenes de Dionisos, dios griego del vino, sino los suyos propios, que desde la antigua Tracia se funden con las tierras vinícolas de La Mancha. Un año más tarde, con motivo de la exposición-homenaje que Málaga prepara para la conmemoración del 120 aniversario del nacimiento de Picasso, presenta una muestra completa de las tres técnicas que domina: grabado, dibujo y pintura; desde entonces, dado el alto interés que suscitaron sus dibujos y óleos, Kovatchev trabaja profesionalmente el retrato. En el año 2002, y en Calw (Baden-Würtemberg), la ciudad natal del escritor alemán Hermann Hesse, con motivo del 125 aniversario del nacimiento del escritor, presenta su exposición Hesse und Picasso, en la que el público alemán aplaudió tanto la temática como el tratamiento plástico de ambas figuras universales. Un año más


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tarde de la citada exposición presenta en el Salón Almoneda, de Madrid, una nueva colección de óleos bajo el título genérico de Ajedrez, combinando nuevamente el tema de caballos, toros, ajedrez y danza, desde una visión onírica. Edgar W. G. Just, escritor, crítico de arte y experto en la obra kovatcheviana, escribió para el catálogo de la exposición de Calw: ...En su desesperación por la pérdida de los valores espirituales, existe en las obras de Kovatchev siempre una perspectiva positiva, aunque irónica, en un intento de unir el arte y la vida a través de una escalera flotando en el aire. Las obras de Valentín Kovatchev durante los primeros años en España están caracterizadas por una pasión, casi destructiva, con los motivos de su nueva patria. Se dedica con el mejor virtuosismo a la técnica del grabado, cuyo uso domina con tanta certeza y virtuosidad que le debemos clasificar entre los pocos grabadores internacionales que destacan y tienen éxito. Antonio de la Banda, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, escribió del artista y su obra: Conocidas, tanto a nivel nacional como internacional, son la personalidad artística y la obra del búlgaro hispanizado Valentín Kovatchev, su pericia compositiva y la perfección de su oficio en el nada fácil arte del grabado. Exquisito dibujante, hábil perspectivista y en posesión de una delicada cromática, ha sabido crear una vasta obra, de variada temática, en la que hace gala de su dominio de toda clase de técnicas grabadoras. El artista participó en más de 50 eventos artísticos de carácter colectivo desde 1987, la mayoría de ellos relacio-

nados con exposiciones sobre la gráfica y las más importantes ferias del grabado en Alemania (3), Yugoslavia (2), Polonia (1), España (29), Rusia (2), Holanda (2), EE.UU. (2), Austria (2), Argentina (1), Japón (2), Grecia (1), Inglaterra (1), Italia (1), Francia (2) y Bulgaria (2). En cuanto a las exposiciones individuales en el mismo periodo de tiempo fueron: Sala de Exposiciones del Ejército, Sofía, Bulgaria, y Museo Provincial de Bellas Artes, Veliko Turnovo, Bulgaria (1987); Salas de la Unesco en París, Galería L’entrée des Artistes, Barbizon, y Galería Les Halles, París, Francia (1989); Salas del Banco Bávaro-Búlgaro, Múnich, Alemania (1990); Galería Vigny, Múnich, y Galería Échancrure, Bruselas, Bélgica (1992); Galería Cartel, Granada; Galería Pórticus, Málaga, y Sala de Exposiciones de Correos, Torremolinos (1993); Museo del Grabado de Goya, Fuendetodos, Zaragoza, y Galería Tudores, Marbella (1994); Galería Bremer, Berlín, y Galería Santiago Casar, Santander (1995); Galería Barón de San Carlos, Llanes, Oviedo, y Sala del Círculo Católico, Burgos (1996); Homenaje a Hermann Hesse, Museo Hermann Hesse, Calw, Alemania; Homenaje a Manolete, Caja Rural de Málaga, y exposición en Galería Perspective Art, Bochum, Alemania (1997); Salas de Aula, Calw, Alemania; Arcale, Salamanca; 50 Feria del Libro, Frankfurt, Alemania, y Galería Perspective Art, Bochum, Alemania (1998); Por la Paz, Museo Hermann Hesse, Calw, Alemania; Almoneda, Madrid; 51 Feria del Libro, Frankfurt y Ayuntamiento de Torremolinos (1999); Galería Coningsby, Londres, Inglaterra; Galería


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Oljemark, Helsinki, Finlandia; Museo de Valdepeñas, y Ármaga Galería de Arte, León (2000); Europ’Art Genève, Ginebra, Suiza; Almoneda, Madrid; Museo-Fundación C.I.E.C., Betanzos, La Coruña; Picasso, 120 Aniversario, Sala Cajamar, Málaga (2001); Artesevilla, Sevilla; Almoneda, Madrid; Hermann Hesse. Jahr 2002, Calw, Alemania; Hesse und Picasso, Parksaal, Bad Liebenzell, Alemania; Clínica Buchinger, Marbella, y Eukemene, Madrid (2002), y Estampa, Salón Internacional del Grabado, Madrid (2003). Entre otros premios, galardones y nombramientos el palmarés de Kovatchev consigna los siguientes: I Premio Pintura del Ejército, Sofía, Bulgaria (1986); I Premio en la II Bienal Internacional de Gráfica, Atenas, Grecia, y en la IV Bienal Internacional de Gráfica, Wakayama, Japón (1991); Mención de Honor en el XLIII Salón de Otoño de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, Sevilla (1994); Premio de Grabado del Certamen Andaluz de Arte del Ateneo de Sevilla; II Premio de Grabado del IV Salón de Dibujo y Grabado, Madrid; Premio de Grabado del Instituto Británico de Sevilla en el XLIV Salón de Otoño de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría; I Premio en el VII Concurso de Grabado Ciudad de Burgos, y nombramiento de académico correspondiente en Málaga de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría (1995); nombramiento de académico del Senado de la Academia Internacional de Arte Moderno de Roma; Accésit y Medalla Goya de Plata en la X Bienal Iberoame-

ricana de Arte, dedicada al 250 aniversario de Goya, México D.F., y I Premio de Grabado del V Salón de Dibujo y Grabado, Madrid (1996); I Premio de Dibujo del I Certamen de Toros y Fiestas del Ayuntamiento de Madrid; tercera medalla del LXIV Salón de Otoño, Madrid (1997); Primer Premio del I Certamen Nacional de Dibujo Felipe Orlando, Ayuntamiento de Benalmádena; finalista del Premio Penagos de Dibujo, Madrid, Primer Premio del IX Certamen Nacional de Dibujo Gregorio Prieto, Valdepeñas, y finalista del Premio Penagos de Dibujo (2002), entre los más importantes.

Ernst Kraft, establecido en Mijas (Málaga) antes de finalizar el decenio de 1980, con talleres propios tanto en la capital como en el citado pueblo, se formó artísticamente en el taller del pintor holandés Jacques von Pell en Ámsterdam. Su obra sobre papel, lienzo u otro soporte se mueve en el ámbito de lo abstracto. Ocasionalmente, trabajó en el diseño gráfico y la fotografía; ha expuesto su obra en distintas salas de exposiciones y ferias internacionales


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de arte contemporáneo y ha realizado instalaciones, en distintas fases evolutivas de su creatividad artística, en México, España y Alemania. En la producción artística de Ernst Kraft siempre actuó como referente y singular leitmotiv la abstracción, una abstracción que le lleva a experimentar en campos inabarcables de creatividad, desde sus “paisajes geológicos”, a la exposición actual en la que va ofreciendo una obra que juega con el orden-desorden aparente, expresó Lourdes Jiménez en el catálogo de su exposición Obra sobre papel. Precedentemente, Nicolás García Herrera había escrito: Ernest Kraft, como todo artista abstraccionista, prescinde de la forma, aunque, paradójicamente, no prescinde de fuertes contornos y bordes en masas “geológicas”, en magmas de color. No hay nada de la naturaleza en su pintura, pero alguna materia inorgánica y dura parece llenar sus cuadros, en los que, paulatinamente, se organizan estructuras irreconocibles y a veces… ¿huellas de escritura humana? Ante la imposibilidad por falta de espacio de consignar todas y cada una de sus exposiciones individuales en el extranjero, señalamos que expuso en Ámsterdam, Holanda; Castleton, Londres y Birmingham, Inglaterra; Florencia y Tolentino, Italia; Zenice, Bosnia;

Roermond, Holanda; Hong Kong, China; Guanajuato, México; La Habana, Cuba, y otras distintas capitales y ciudades europeas y americanas, en muchas de ellas varias veces. Su primera individual en Málaga fue en la desaparecida Galería Terral en 1989 y siguieron las del Ateneo dos años más tarde y las de Galería H de Marbella y Ayuntamiento de Mijas, ambas en 1993. Siguieron a las anteriores las celebradas en Galería Eylder de Ámsterdam y Ayuntamiento de Mijas en 1995 y a continuación, cuatro nuevas exposiciones (1997) en Galería Denis de Málaga; Hüstege de Den Bosch, Holanda; Casa de la Villa en Mijas y Espacio Tres en Málaga-capital. En el año 1998, tornó al Ayuntamiento de Mijas y Unicaja de Antequera, y cerró el ciclo de sus individuales del siglo XX en la malagueña Galería Reding y la granadina Sala Granada. Obra sobre papel de la Universidad de Málaga, Fusión hispano-holandesa del Ayuntamiento de Torremolinos y Primavera 2003 de El Corte Inglés de Málaga, constituyeron sus primeras aportaciones a la nueva centuria. Ernest Kraft recibió, al concurrir a dicho Certamen Internacional, el Primer Premio de la Bienal de Arte Contemporáneo de Arad, Rumanía.


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Gran maestro de la pintura española entre dos siglos, José Fernando Victorio Labrada Martín, fue pintor, grabador y restaurador. Vivió sus primeros años en Málaga capital, marchó todavía niño a Écija y posteriormente a Madrid, donde, a los diez años, iniciaría los estudios de Bachillerato. Fue entonces cuando el muchacho manifestaría sus extraordinarias dotes para el dibujo, por lo que el pintor Ramón Parada, amigo de la familia, aconsejó su adecuada preparación para el ingre-

so en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, lo que conseguiría en el curso 1900-1901. En dicha institución artística recibió clases, entre otros, de los ya afamados don Antonio Muñoz Degraín, y don José Moreno Carbonero, dos grandes artistas de claras y notables vinculaciones no sólo con la Escuela de Bellas Artes de Málaga, sino con la propia historia de la llamada Escuela Malagueña de Pintura del siglo XIX, iniciada en 1868 con la llegada a la capital malagueña de don Bernardo Ferrándiz y Bádenes. Labrada, que fue citado por Prados y López en su discurso de toma de posesión como miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga en 1933, dijo, al referirse a los discípulos malagueños que habían sido alumnos de Muñoz Degraín: Entre los discípulos que con éste comienzan a aprender descuella Fernando Labrada, gran paisajista primero, eminente aguafortista después, autor de insuperables


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“primitivos” por último. En esta última fase del talento de Labrada está la síntesis depurada de toda la obra del insigne artista. En el libro posteriormente editado por la Academia de San Telmo, conteniendo íntegro el discurso de Prados y López, se añadió un breve texto bajo la reproducción del cuadro “Retrato femenino” que ya recogía en 1934 las singularidades de las formas pictóricas de Labrada: Esta pequeña, por sus dimensiones, es obra maestra del enorme pintor malagueño, se encuentra catalogada en la colección que posee S. Schuette, de Nueva York propietario de cuadros de los más célebres artistas contemporáneos. En esta bellísima pintura Fernando Labrada, como en tantas obras que han surgido del milagro de sus pinceles, se patentiza la perfección suma del miniaturizador inimitable, que ha superado en el siglo XX a los maestros más famosos de la antigüedad, en su género. Objetivamente, la pintura de Fernando Labrada era ya, en la época a que se refirió el comentarista, como escapada de su tiempo, que más propio del renacentismo italiano que de la habitual figuración española del siglo XX, su iconografía femenina era más próxima a la tradición veneciana y florentina. Labrada no expuso nunca en Málaga, si bien en uno de los lunetos del Salón de los Espejos del palacio municipal, pintó el retrato de Rita Luna (Rita Alfonso García), famosa actriz malagueña de los siglos XVIII-XIX (1770-1832); por otro lado, envió desde Madrid una obra suya para que fuera subastada en favor de la viuda del pintor marinista Emilio Ocón y Rivas, fallecido en 1904. Una segunda donación la hizo en 1948,

coincidiendo con una corta estancia de Labrada en el Hotel Miramar, en favor de la Cofradía de la Esperanza, a la que regaló una obra titulada “Cabeza de mujer”. Pintor premiado en distintos certámenes nacionales de Bellas Artes, obtuvo Tercera Medalla en la Exposición Nacional de 1904, de la misma categoría en 1906, Segunda Medalla de Grabado en 1912 y Primera Medalla en la correspondiente a 1922. Pensionado en la Academia Española de Bellas Artes de Roma (19091913) y director de ella (1948-1952), en 1953 recibió del Gobierno la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil. Fue presidente del Patronato del Museo Nacional de Arte Moderno (1939-1945), presidente de la comisión para la reorganización de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona (1939), restaurador del Museo del Prado (1948-1952) y conservador del Museo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Labrada fue Académico de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga y perteneció a las de San Fernando de Madrid, Santa Isabel de Hungría de Sevilla, San Jorge de Barcelona, Pontificia de Roma y de la de Brasil.


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Elena Álvarez Laverón, artista que recibió sus primeras clases de dibujo del profesor Julio Ramis en el Instituto de Tánger (1949) y que en sus comienzos artísticos experimentó en el campo de la cerámica y la pintura, fue, a la edad de dieciséis año, aprendiza en el taller del escultor Bakelaine (Gerona, 1954), un año más tarde ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona y posteriormente en la Grande Chaumière (París,1959) bajo la dirección del escultor Zadquine. En 1966 retorna a Ceuta y ejerce en su instituto de bachillerato, contrae matrimonio y vive en Alemania unos años. Al cabo (1966), se traslada a Málaga y abre casa y taller en Torremolinos, donde realmente comienza su aventura escultórica trabajando, de nuevo, la cerámica además de la piedra y el bronce. Uno de los analistas y estudiosos de su obra, Antonio Abad, observó: Elena Laverón, a través de un esquema sintetizador, desarrolla un tipo de representación en el que los elementos formales y simbólicos se complementan. La recta y la curva son manipuladas en orden a resoluciones volumétricas o rítmicas, pero al mismo tiempo como resortes de un contenido expresivo en donde se quiere poner de manifiesto la diferencia-

ción, obvia por otro lado, de una figuración masculina o femenina. Y con ocasión de la muestra retrospectiva celebrada en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1996), la sección “Crítica de Arte” del diario Sur de Málaga (1.V.96.), expresó, entre otras cosas: Tratar de descubrir a estas alturas la personalidad –y racialidad– de Elena Álvarez Laverón y de lo que su obra escultórica ha representado para tal género creativo en España, sería una simpleza. Cualquiera que haya permanecido atento a su trabajo desde su ya lejana incorporación a la vida artística de Málaga, sabe qué valores la acreditan en el dificilísimo arte de labrar la piedra, modelar para bronce y crear formas inexistentes desde la intuición. El programa galerístico de la artista, en lo que se refiere a exposiciones individuales, fue el siguiente: Sala Velasco (Barcelona, 1959); Centro de Hijos de Ceuta, Caja de Ahorros de Ronda en Málaga, Sala de Fiesta El Mañana de Torremolinos e Institución Fernando El Católico de Zaragoza (1960); Sala Decar de Bilbao, Excma. Diputación de Torrelavega, Excma. Diputación de Gijón, Librería Las columnas de Tánger, Excma. Diputación de Gerona e Instituto de Enseñanza Media de Ceuta (1961); Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga (1962); Sala del Ateneo de Madrid y Biblioteca Central de Barcelona (1963); Stadtische Galerie Schlos de Oberhausen (Alemania, 1964); Galerie Assindia de Essen y Galerie Buchhan de Dusseldorf (Alemania, 1965); Caja de Ahorros de Antequera de Málaga y Galería El Bosco de Madrid (1967); Galerie Aenne Abels de Colonia (Alemana, 1969); Galerie


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D’eent de Ámsterdam (Holanda, 1971); Galería Múltiple (Madrid, 1974); Galería Faunas (Madrid, 1975); Galería Matisse (Barcelona, 1976); Galería Gorem (Madrid, 1977); Caja de Ahorros de Antequera (Málaga, 1978); Caja de Ahorros de Vigo y Galería Faunas de Madrid (1979); Museo Provincial de Bellas Artes y Galería Manuela (Málaga, 1981) y Hotel Los Monteros de Marbella (Málaga, 1983); The Hasting Gallery e Instituto de España (Nueva York), Galería Manuela Vilches (Marbella, 1987); Galería Afinsa (Madrid, 1990); Salas de Palencia, Zamora, Valladolid, Salamanca y Ávila de Caja Salamanca y Soria (Salamanca, 1993); Galería 4.17 (Madrid, 1994); Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1996); Itinerante del Ministerio de Cultura y Casinos Culturales por Madrid, Ávila, Segovia, Orense, Pontevedra, Vigo, La Coruña y Ponferrada; Arte FIA, ciudad de Caracas, y Galería Harpe de Marbella (todas en 1996); y Arte FIA, Caracas; Galería Diana Traficante de Naxos, Sicilia, y Feria de Nueva York (1998). Las últimas exposiciones individuales que la artista celebró antes de finalizar el siglo XX fueron en Galería Heller de Madrid, Museo La Muralla de Ceuta, Casa de Cultura de Nerja y Hospital del Rey en Melilla (1999). Desde 1955 al año 2000 Elena Laverón tomó parte en una treintena de eventos nacionales e internacionales, de los que cabe destacar los siguientes: Exposición Nacional de Bellas Artes (Barcelona, 1960); I Certamen Nacional de Artes Plásticas y Grand Prix International de Montecarlo (1962); Exposición Nacional

de Bellas Artes (Madrid, 1966 y 1968); VIII Bienal Internacional (Alejandría, 1970); Bienal Internacional del Deporte en las Bellas Artes, Madrid y Barcelona (1973); I Trienal Europea de Escultura (París, 1978); VIII Bienal de Arte (Marbella, 1984); Art Miami Galería Almirante (Miami, 1998 y 1999) y Galería Kreisler (Barcelona y Miami, 2000). Salvo error u omisión, su palmarés artístico connota los siguientes premios y distinciones: Premio de Dibujo de Educación y Descanso (Barcelona, 1958); I Premio de Escultura del Círculo Arístides Maillol, que le permite, al ser becada, realizar estudios en París (1958); Primer Premio de Escultura del I Certamen Nacional de Artes Plásticas (Málaga, 1962); Premio de Escultura de la VIII Bienal Internacional de Alejandría, Egipto, y Segundo Premio de la Bienal del Deporte en las Bellas Artes de Barcelona (1970) y Primer Premio de Escultura en la VIII Bienal de Arte (Marbella, 1985). La obra de la artista no sólo está representada, entre otros, en el Museo Municipal de Mülhein de Alemania, sino en el Guggenheim de Nueva York, Museo Contemporáneo de Madrid, Hispanic Society of America de Nueva York, Danforth Museum de Massachusetts (USA) o Museo Municipal de Málaga, sino en espacios públicos de Benalmádena, Torremolinos, Málaga, Atlanta (Georgia, USA), Marbella, Madrid, París y Ceuta. De sus obras en Málaga podemos destacar: “Figura en tres módulos”, que con sus diez toneladas de peso y 15 metros de altura fue promovido y situado por la Universidad de


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Málaga en la rotonda del bulevar Louis Pasteur del Campus Universitario de Teatinos; “Monumento al Donante”, en la Plaza de la Solidaridad; “Familia”, en el cruce de La Colina, Torremolinos; obra escultórica situada frente al estadio de La Rosaleda; “Pareja tomando el sol”, en Benalmádena; “Nacimiento de Eva”, en La Nogalera, Torremolinos, y “El marengo”, Huelin.

Leonardo Fernández González pintor que despertó a la vocación artística siendo un niño, sus primeros cuadros los realiza a la edad de 9 años. Al cumplir los 12, ingresó en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, sección de calle Carretería, pasando después al viejo caserón de San Telmo en la plaza de la Constitución, donde permaneció hasta finalizar el curso 1962-63. Fueron sus profesores, entre otros, Miguel Marín Zaragoza y José Roquero Tovar. Más tarde estudió colorido y composición en la escuela del ya veterano pintor Juan Baena, en su juventud alumno de José Nogales. Su formación académica la completa, a partir de 1975, con el estudio de los pintores del XIX malagueño Mar-

tínez de la Vega, Denis Belgrano, Bernardo Ferrándiz, José Gartner, Pedro Sáenz, Enrique Simonet y Moreno Carbonero. De pincelada minuciosa sobre un dibujo no menos perfeccionista, su obra se inserta en el realismo malagueño de la mitad de los años setenta. Son trabajos que si en sus comienzos evocan escenas típicas de la ciudad antigua, que reproducen rincones locales animados de popular tipología humana, fachadas con las marcas del paso del tiempo reflejado en ella a modo de crónica del pasado y una cierta ternura en la forma de recordarlas, poco a poco y en ejercicios cada vez más complejos y ambiciosos, llega al hiperrealismo sin abandono de ciertos símbolos y metáforas que si al artista identifican con la ciudad que le vio nacer –el mar, la vid, el enser de popular oficio, la flor junto a la utilería doméstica entre azulejos de tradición arábiga– a la obra en su conjunto impregna de indudable sentido vernáculo. Crecen a la par, en interés formal y tratamiento cromático, sus bodegones, en tanto que figuras e interiores alcanzan gran altura naturalista. J. Llop S. escribió en la Gal-Art. con ocasión de su primera muestra en la Galería Mar de Barcelona: Es pintor de detalles, de recrearse y complacerse en una pura exhibición técnica, en el dibujo, en la perfección, en sus capacidades. Como que puede hacerlo, lo hace. Y hasta con una aparente sencillez, con naturalidad, convirtiendo lo difícil en aparentemente fácil. Cultiva el matiz, la precisión; lo viste todo con el color aplicado con sabiduría. Y añade la imaginación, deja volar la fantasía, se mece en querencias, homenajes y admiraciones.


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Diez años antes, El Punto de las Artes (24 al 30 de mayo de 1991) había ya entrevisto al pintor que se avecinaba: ...Su pincel tiene la virtud de transformar en pálpito artístico la vida cotidiana y la crónica de las gentes. Alejado de toda doctrina y huyendo del hastío que le produce toda abstracción, el pintor trata de transmitir en sus lienzos la huella del tiempo y una escenografía que rebasa el marco costumbrista para llenarse de un lirismo que también resulta ensoñación. Sus exposiciones individuales se celebraron de acuerdo con la siguiente cronología: Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1975); íd., Fuengirola y Cádiz (1977); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1978); Galería Benedito, Málaga (1989, 1991, 1993); Galería Elvira, Granada (1994); Caja Rural de Granada, Motril (1994); Galería Benedito, Málaga, y Galería Elvira, Granada (1995); Galería Xauen, Granada; Galería Nova, Málaga y Galería Terra Ferma, Lérida (1997); Galería Mar, Barcelona (1998); Galería Arimany, Tarragona (1999); Galería Terra Ferma, y Galería Mar, Barcelona (2000); Galería Arimany, Tarragona, y Galería Mar, Barcelona (2001); Galería Salduba, Zaragoza, antológica en Cajamar, Málaga, y Terra Ferma, Lérida (2002); Galería Salduba, Zaragoza, y Galería Mar, Barcelona (2003). Leonardo participó, entre otros, en los siguientes eventos de carácter colectivo: Salón de Otoño de la Asociación de la Prensa de Málaga (1990, 1991, 1992, 1996, 1997, 1998 y 2002; exposiciones monográficas La flor, La mitología y El vino, todas ellas en Benedito (1993, 1994 y

1996). En tres ocasiones distintas y con

diferentes galerías de arte, se presentó su obra de manera individual: ARTESUR (Feria Internacional de Arte Contemporáneo), presentado por la Galería Xauen, de Granada (1996); ART-EXPO (Feria Internacional de Arte de Barcelona, correspondiente a 1999 y presentado por la Galería Grup D’Art Escolá, que repitió en su edición del siguiente año. Es pintor que, por sus estrechas vinculaciones con el mundo cofradiero malagueño, ha realizado un elevado número de trabajos para distintas cofradías.

Inmaculada Leyva Palma, nieta del escultor Francisco Palma García, considerado por muchos el imaginero malagueño más importante del siglo XX, e hija de Carlos Leyva –que estuvo vinculado a las vanguardias artísticas de la capital de España durante los años previos a la Guerra Civil–, es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Granada, especializándose en pintura y fotografía en 1992, finalizando dos años más tarde el Doctorado. Es una artista que imparte clases de pintura en centros privados y desde 1991 expone regularmente en colectivas e individuales.


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Hermano de la anterior, Juan Leyva Palma finalizó sus estudios en la sevillana Escuela de Bellas Artes en 1982, se integró en los círculos artísticos vanguardistas, tanto en su vertiente abstracta como realista (Carmen Laffón, Fernando Zobel, Pérez Aguilera, etc.) y vivió en Roma durante algunos años entregado al estudio de la pintura. Excelente dibujante, poseedor de una pletórica paleta de firmes y decididos trazos, desde finales de 1970 hasta el decenio de 1990, realizó numerosas exposiciones de la mano de la galería sevillana Rafael Ortiz en distintas ciudades andaluzas y otras importantes del país. En 1981 recibe la Beca de El Paular de Paisaje, en 1982 la del Ministerio de Cultura a la Creación Plástica y en 1983 la de Jóvenes Creadores, de la Caja de Ahorros San Fernando. En 1985 gana, al opositar, una plaza de profesor de Dibujo Artístico en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Mérida, en la que realiza diferentes funciones de coordinador, jefe de estudio y director. Participó en diferentes proyectos de investigación pedagógica. Uno de ellos, el Taller de Edición, recibió en el año 2000 el Premio Nacional de Innovación

Educativa, y el conjunto de sus profesores, un año más tarde, la Medalla de Extremadura por su importante labor en la difusión de las artes en dicha región. En el mes de octubre de 2004, Juan Leyva sufrió una grave enfermedad que, desde entonces, le obliga a limitar su actividad creativa. En cinco ocasiones mostró su obra en Málaga. La primera de ellas fue en el Liceo-Peña Malaguista (1976) a la que siguió la de Galería Picasso (1977), Caja de Antequera en Málaga (1979), Taller de Grabados 7/10 (1982) y Colegio de Arquitectos (1985). Su obra está representada en numerosas colecciones públicas, entre ellas la del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Madrid, Biblioteca Nacional, Ayuntamiento de Alcalá de Henares, Asamblea de Extremadura y Museo de Bellas Artes de Badajoz. Es Medalla de Extremadura 2003.


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Rafael Ruiz Liébana, pintor de ocasional ejercicio, escultor-dorador de larga dedicación y prolífica obra, inició su preparación en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, siguiendo clases de modelado y dibujo. Muy joven y llamado por el escultor Adrián Risueño al taller que éste tenía entonces, con carácter circunstancial, en el Museo Provincial de Bellas Artes, actual sede del Museo Picasso, inició su preparación escultórica de la mano del granadino Andrés Cabello Requena. Liébana realizó varios cursos de su especialidad en Ravena y Florencia (Italia) y Zúrich (Suiza) antes y durante el ejercicio de su temprana vocación. Su obra escultórica, retablista y doradora está presente en el mundo cofrade de Andalucía en general y de Málaga en particular, con más de cuarenta tronos procesionales y un elevado número de retablos e imágenes para los mismos ámbitos geográficos. Sus exposiciones de pintura, muy distanciadas entre sí dados los compromisos y encargos escultóricos que hubo de atender, se alternan con las muestras de esculturas hasta alcanzar un total de 47. Sobre la pintura de Liébana dejó escrito Agustín

Clavijo, profesor numerario de Historia del Arte de la Universidad de Málaga: ...la pintura de Rafael Ruiz Liébana –preferentemente dedicado a un tema tan malagueño como es la marina– nos sirve de tranquilidad y descanso en esta época de tanta inquietud y continuos sobresaltos estéticos en los que en muchos casos predominan más otros intereses a los puramente artísticos. Es, pues, la obra pictórica de Liébana –sin que por ello olvidemos su notable labor en el campo de la escultura– una clara muestra del costumbrismo malagueño que desde el siglo XIX se impuso con fuerza hasta nuestros días en una manifiesta pugna con las continuas novedades que a lo largo y ancho del siglo XX se han ido alocadamente sucediendo. En referencia a su larga obra escultórica, el crítico y académico José Mayorga publicó en 1984 un artículo acerca del sentimiento y realismo que impregnaban los trabajos en madera del escultor: ...en su obra hay evidencias ciertas, y certeras, de haber sublimado los elementos materiales en la permanente búsqueda de unos encuadres y singularizaciones de lo que viene a ser la expresión del ritmo con la naturaleza, que el artista persigue perseverantemente en su modulación del arte. Y terminaba así: Es el resultado tangencial entre la realidad y su tratamiento, el paso final que era preciso dar, para que su obra se instalara definitivamente, pese a esa matización realista, en las coordenadas de la expresión, de la emotividad, del sentimiento, valor expresivo que sí conviene al total de la obra de Rafael Ruiz Liébana, que resume su obra: sentimiento y realismo. Sus primeras obras escultóricas documentadas las realizó siendo aprendiz del oficio en el que descollaría


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años más tarde, y fueron dos pequeños tronos para la Santísima Trinidad y la Virgen de la Paz, tallas que con los correspondientes dorados realizó en la sacristía del propio templo, cerca de su casa natal. De sus trabajos más recientes, llevados a cabo antes de finalizar el siglo XX, se recuerdan un crucificado para la capilla de la Residencia de los Sagrados Corazones de Sevilla; tronos del malagueño Cristo de la Sangre y María Santísima de Consolación y Lágrimas, además de las figuras de María Cleofás, María Salomé y María Magdalena, que figuran al pie del Crucificado; peana de carrete para el trono del Santísimo Cristo de la Misericordia, de la perchelera cofradía del “Chiquito”, y restauraciones distintas para las hermandades malagueñas de la Paloma, Mena, Piedad, Caridad, etc. Los tronos realizados por Liébana y sus colaboradores en sus talleres malagueños próximos al Campus universitario, ejecutados para diferentes cofradías de las provincias de Sevilla, Málaga, Gran Canaria, Cádiz y Granada fueron 40, de los que destacan el de la Virgen de las Angustias (Nerja), Virgen del Carmen (Benajarafe, Torre del Mar, barriada del Palo y Casares), Jesús Pobre (Vélez-Málaga), Nazareno de Almuñécar (Granada), Virgen y Nazareno (Alhaurín el Grande), Virgen y Nazareno (Alhaurín de la Torre), Cristo Resucitado y Virgen Auxiliadora (Ronda), Crucificado (Arriate), Nazareno (Setenil), Sepulcro, Nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén y El Niño Chiquito (Campillos), Sepulcro (Marbella) y Nazareno (Coín), etc.

Entre los premios y distinciones recibidos por el artista figuran el primer premio de Escultura de la VIII Exposición Provincial de Arte de la Obra Sindical de Artesanía, celebrada en noviembre de 1957 en la Casa de Cultura de su ciudad natal. Los títulos de Malagueño Popular y Malagueño del Año, les fueron otorgados en 1995 y 1998, respectivamente. Ruiz Liébana, gran aficionado a la aeronáutica, ha destacado igualmente en la construcción de aviones Ménestrel-2, habiendo fabricado hasta 5 unidades que, en su momento, causaron sensación entre los constructores amateurs.

Jorge Lindell Díaz, libre, insobornable, comprometido con el valor social del arte y su mensaje como medio para sacudir las conciencias acomodaticias, fuera de tiempo y moda y en ocasiones contracorriente, es del Grupo o Generación de 1950 y uno de sus miembros más singulares. Hijo de finlandés y malagueña, su padre fue funcionario de la Red Nacional de los FF. CC. Españoles y profesor en el viejo Conservatorio María Cristina de Mála-


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ga. Fue en aquella institución donde su progenitor le introduciría no sólo en el mundo de la música, sino en el dominio del violoncelo. Pero su verdadera vocación fue la pintura, en la que precisamente se inicia en un pequeño ámbito que por gestión paterna consigue en el mismo edificio docente. Allí realizaría una obra que sería distinguida con una mención honorífica en un certamen de la Obra Sindical Educación y Descanso (1947), lo que le estimuló a seguir en la brecha creativa. Frecuenta a continuación las clases que impartían entonces en la Escuela de Bellas Artes y Oficios Artísticos Antonio de Burgos Oms, Federico Bermúdez Gil, y Luis Bono y Hernández de Santaolalla. Viaja a la capital de España y asiste de oyente en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Para subsistir en el Madrid de la época, trabaja como escaparatista y realiza carteles y otros trabajos similares por encargo. Sus primeros contactos en Madrid con las gentes del arte, los establece con el pintor Willi Baumaster, que influye en su inminente trayectoria artística. Al tiempo, en la Galería Buhols, conoce a Francisco Mateo, Benito Prieto y Vázquez Díaz, cuya casa-estudio en el Paseo de María de Molina frecuenta con asiduidad. De estas relaciones surgen distintas exposiciones en la Sala Clan, especializada en la divulgación de las últimas tendencias pictóricas del momento. Regresa a Málaga en 1949 y junto a otros pintores de su misma generación participa en la creación de la Peña Montmartre –de la que resulta elegido quinto vocal de la junta directiva–, cu-

yas reuniones iniciales tienen lugar en el angosto ámbito que el pintor utilizaba en el Conservatorio, y más tarde, en El Palomar de El Pimpi, como Grupo Picasso, tras el histórico viaje de Guevara Castro, Alberca Castaño, De Ramón Monterde, Virgilio Galán Román, y Vicente Ricardo Serra para visitar a Picasso, en Villa Californie, Cannes. Las exposiciones colectivas en las que participó Jorge Lindell entre 1942 y 2001 fueron 60, a saber: Málaga (24), Barcelona, Granada (3), Madrid (8), Santa Cruz de Tenerife, Múnich, Gibraltar, Oporto, Nueva York, Algeciras, Las Palmas de Gran Canaria (3), Sevilla, Bilbao, Córdoba, Orense, Boston (2), Principado de Andorra, Lérida, Valencia, Colliure, Toulouse, Champigny y Perpiñán (Francia), Seúl (Corea) y Dresde (Alemania). En cuanto a las exposiciones individuales entre 1952 y 2003 fueron: Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1952); Sociedad Excursionista de Málaga (1953); Centro Artístico de Granada (1957); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1958); Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1962); íd. (1965); Sala de Arte de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife (1973); Caja de Ahorros de Antequera, Málaga (1974); Galería Balos y Galería Veguera, de Las Palmas de Gran Canaria (1977); Casa de Cultura de San Mateo, Las Palmas (1983); Museo Provincial de Málaga y Galería Garoe, de Santa Cruz de Tenerife (1986): Ateneo de Málaga y Montserrat College of Art, de Beverly Hills, EE. UU. (1987); Galería San Mateo, Las Palmas de Gran Canaria (1988); Ateneo de


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Málaga (1990); Diputación y Ateneo de Málaga (1991); Sala Municipal de Arte del Ayuntamiento de Nerja (1994); Galería Real 79, de Almería (1995); Taller Gravura y Galería Viñas, Málaga (1996); Antológica en el Palacio Episcopal, Málaga (1997); Galería Alfredo Viñas y Asociación de la Prensa de las Palmas de Gran Canaria (2000); Obra reciente en el Centro Cultural Provincial, Málaga (2001); Exposición de grabados en el Museo de Marbella (2002), y Centro Cultural José Martí, San Mateo, Gran Canaria (2003). Genio del informalismo, el grabado y especialmente del color en la pintura abstracta, porque esta es su esencia, pureza y primitivismo, obra con gran multisignificado hacia el espectador donde el color es espontáneo y no nace de resultados previstos”, dice de él Pilar Fernández Maqueda en su tesis doctoral sobre la obra de Lindell (2003).

Jorge Lindell, con los pintores Robert Mac’Donald, Stefan von Reiswitz, y Marina Barbado, funda, mediados los años 60 del siglo XX, el taller de grabados El Pesebre, al que posteriormente se vinculan Guillermo Silva Sanz de Santamaría y Francisco Peinado, entre otros. De efímera existencia, El Pesebre queda disuelto en 1976 pero tres años más tarde, Lindell, con los pintores Manuel Barbadillo, Juan Fernández Béjar, Enrique Brinkmann, Pepa Caballero, José Díaz-Oliva, José Faría, Antonio Jiménez, Jesús Martínez Labrador, Pedro Maruna, Stefan von Reiswitz y Dámaso Ruano, crea el Colectivo Palmo, a través del cual, al mismo tiempo de ofrecer la diversidad en

la originalidad de sus estampas, intenta “socializar” su producción con precios razonables fuera de mercado. La experiencia, empero, no resulta, y así Palmo se clausura y nace, también de la mano de Lindell, el Taller de Grabados 7/10, que finalmente quedaría en Ataurique (1988) como taller propio. Con motivo de la exposición antológica que se celebró en las Salas del Palacio Episcopal (1997) el crítico Antonio Parra escribió para su libro-catálogo: En cincuenta años, la pintura de Jorge Lindell, desde que comenzó a nacer, continúa a generar en quien la contempla una sorpresa inesperada, un misterioso y espontáneo sobresalto. Es el orgullo de un artista que ha marcado con la autenticidad y la calidad de su obra toda la segunda mitad de este siglo en la pintura malagueña; de un artista que, aparte de sus connotaciones mediterráneas, ha sabido siempre llenar su pintura de un respiro intemporal, de una intuición lírica inesperada, que le convierten en uno de los talentos indiscutibles del arte del informalismo en España. La obra de Lindell está representada en los siguientes museos, instituciones y colecciones privadas: museos Nacional del Grabado (Marbella), Nacional Reina Sofía (Madrid), Sheffield (USA), Provincial de Bellas Artes y Diocesano de Arte Sacro (Málaga) y Westerdalh (Tenerife), Hemeroteca Nacional, Biblioteca Nacional y Calcografía Nacional (Madrid), Diputación Provincial y Colección Unicaja (Málaga). Este artista está en posesión del Premio Arjomani del L Salón Internacional del Grabado (Saint-Quentin, Francia).


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En 2008, por unanimidad, fue nombrado Académico de Número de la Primera Sección de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga.

Joaquín Lobato Pérez, pintor y poeta, fundó la revista Arte y Cultura de su ciudad natal y colaboró en la Fundación María Zambrano de la que fue miembro nato y secretario. Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Granada, compartió creatividad poética, narrativa y teatral con la pictórica, alcanzando, dentro y fuera de Andalucía, gran notabilidad en los diversos campos tanto literarios como plásticos a los que se dedicó desde joven. En lo literario destacó por los temas en los que se inspiraba, y en el de la plástica, por sus trabajos como muralista, grabador, cartelista y pintor. De su pintura, con motivo de la exposición que celebró en el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, Rafael Puertas Tricas, su director, afirmó en el catálogo: Joaquín Lobato es una contradicción. Quizá los cuadros que hoy presenta en el Museo de Málaga nos ayuden a descifrarlo. Nos pinta unos personajes que han hecho

un mundo que no le gusta, con el cariño del que quisiera las mismas cosas de otra manera. Por otro lado, Isidoro Coloma, en la publicación Bellas Artes 79, agregaría: En el orden formal, Lobato dibuja por encima de todo. Con un trazo largo, decidido y extraordinariamente sintético, las líneas le sirven de límites a unas tintas planas, generalmente cargadas en muchos casos de una tremenda espiritualidad. De las obras literarias de Lobato citamos su primera entrega poética, Metrología del sentimiento (1977), y Jácara de los zarramplines, Premio García Lorca de Teatro de 1977. Su obra pictórica la mostró por vez primera en Galería Zíngara, de Granada, y posteriormente en la Caja de Ahorros de Antequera, en Málaga-capital, en 1975. Fueron muy comentadas sus participaciones en las colectivas Artistas Plásticos (dentro de la Semana Cultural Andaluza de Vélez-Málaga de 1977) y las tres de la capital granadina (Pintura independiente, Derechos humanos y Homenaje al 27 ), así como la también colectiva realizada en Sevilla bajo el título Por Andalucía. Lobato fue declarado, por iniciativa de la Fundación María Zambrano, Hijo Predilecto de Vélez-Málaga en 2003. Parte de su obra pictórica, calculada en novecientas piezas, fue cedida por su familia al Ayuntamiento veleño.


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Rogelio López Cuenca, licenciado en Filosofía y Letras en 1985, frecuentó los talleres de arte actual organizados por el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Será a partir de dicho año cuando, a consecuencia de sus trabajos, consiga notabilidad en los ambientes de la creación vanguardista. Poésie pour le poivre se le recuerda como uno de sus más sorprendentes trabajos, que expuso en el Centro de la Generación del 27 en Málaga; como miembro integrante del grupo Agustín Parejo School, aportó una serie de creaciones que le acercaron a las teorías desarrolladas por las vanguardias rusas Cubofuturista y el Constructivismo. Su obra continuó evolucionando hasta integrarse plenamente en la estética del Pop norteamericano. Utilizó con frecuencia imágenes, signos y metáforas procedentes de los mass media, como portadas de revistas, señales de tráfico, anuncios, mapas o iconos que el artista plasma mediante colores muy vivos dispuestos en manchas planas. En general, su temática refleja un compromiso social, denuncia que representa mediante los juegos lingüísticos y la contraposición irónica de imágenes. De sus exposiciones individuales hasta finales del siglo XX destacaron:

Du côté de l’U.R.S.S., en el Colegio de Arquitectos de Málaga (1985); Picasso par Picabia, perfomance llevado a cabo en el Centro Georges Pompidou de París (1986); X Salón de los 16, en el Museo Español de Arte Contemporáneo y Kunsthalle, Basilea (1990). De entre sus colectivas más importantes dentro del mismo periodo cabe destacar su participación en el Pabellón de España en la Expo’92 de Sevilla; Arte en España 1965-1900, del Museo Rufino Tamayo de Méjico D.F. (1992); Descoberta de la Colleció en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (1997) y en Spain is Different en el Museo de la Lonja de Valencia (1999). En la Galería Juana de Aizpuru de Madrid presentó sus últimas creaciones en el mes de mayo de 2001.

Vicente López de Arroyabe Román, Beca Municipal Picasso 1976, fue hijo de dibujante y aceptable pintor no ejerciente, así como primo de pintor, músico y escultor (Fernando, Juan Carlos y Ramón Calderón). Llegó a Málaga cuando aún no había cumplido dos años de edad y en ella despertó al arte, luego de seguir algunos cursos no precisamente de dibujo o pintura en la Escuela


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de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. A los efectos académicos como de formación, es pintor que siempre se ha considerado autodidacta. Su entrada en el mundillo artístico de la ciudad se produce, como en tantos otros casos de jóvenes artistas en sus comienzos, a través de los certámenes que convocaba la Obra Sindical Educación y Descanso. El primero en el que participó, al aire libre, tuvo como escenario la Plaza de la Constitución. Posteriormente, participaría en otros distintos celebrados en Archidona, Alhaurín de la Torre, Marbella, Benalmádena, Torrox, VélezMálaga, etc., de los que formaban parte como miembros del jurado los pintores Alfonso de la Torre, Eugenio Chicano, Virgilio Galán, Antonio Hidalgo Ayuso, Pepe Bornoy, y Paco Morenno, entre otros muchos. Vivió en Londres, donde expuso dos veces, así como en Verona en otras dos ocasiones, tras las que consiguió alcanzar cierto renombre entre el mundillo pictórico de dichas ciudades. Robert Harris, crítico de arte del Richmond and Twickenham Times escribió de su obra, a propósito de su exposición londinense en la Richmond Antiquary on Hill Rise: Su formidable técnica está al servicio de una imaginación que traspasa los siglos del Renacimiento, acogiendo dogmas de la fe católica. Sobre dos de los cuadros expuestos en aquella oportunidad el mismo autor expresaba que López de Arroyabe Deambula en Wagner con un Sigfrido exultante, y en Shakespeare, con un único óleo, su maravillosa Desdémona. Por otro lado, el también columnista de arte del Reino Unido, Michael D’Aguilar, observó,

como representación de la esencialidad enigmática del arte español implícito en el artista, que en su obra coexistían armónicamente elementos realistas, surrealistas, clásicos y románticos, y expresiones del barroco malagueño. Escribió el mismo opinante que había en la obra de López de Arroyabe indudables manifestaciones de una fina técnica junto a un claro intento de provocación. Y en la sección de arte del cotidiano L’Arena di Verona, Italia, al comentar la exposición del pintor malagueño en Galleria L’Incontro manifestó que había todo un homenaje a la riqueza modulada así como una gran armonía en su paleta. El orden cronológico de sus exposiciones individuales, tanto en España como en el extranjero, fue el siguiente: Sala Bolivia 41, Málaga (1977); Sala Diputación Provincial de Málaga (1979); Galería L’incontro, Verona, Italia (1982); Sala Diputación Provincial de Málaga (1984); Galería L’incontro, Verona (1984); The Richmond Antiquary, Londres (1986); The Canning House Gallery, Londres (1988); Design Centre St. Edward’s School Woodstock, Oxford (1990) y Galería Nova, Málaga (1993). De sus trabajos en exposiciones de carácter colectivo, así como en publicaciones se constatan, entre otros, los siguientes: Carpeta Génesis, con Pepe Bornoy, Renzo Sassanelli y el serígrafo De Miguel Duch, Málaga (1979); Carpeta Ciudad del Paraíso, con Pepe Aguilera, Gabriel Alberca, Rodolfo Álvarez Santaló, José Bonilla, José Díaz-Oliva, Pedro Maruna, Joaquín de Molina, José Parras, Francisco Peinado, José Quero y Diego


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Santos, Málaga (1980); Cuatro Pintores Beca Picasso, con Bonilla, Diego Santos y Pepe Seguiri en el Ateneo de Málaga (1980); Exposición Beca Picasso, con Chicano, Martínez Labrador, Bornoy, Gutiérrez Mengíbar, Díaz-Oliva, Bonilla, Seguiri, y Santos Ortiz, en Caja de Ahorros Provincial de Málaga (1981) e Instituto de Martiricos, Málaga, con Alfonso Medina e Isabel Duarte (2001). Recibió distintos trofeos y distinciones en certámenes locales, provinciales y nacionales convocados por Educación y Descanso (un Primero en Málaga en 1971; un Segundo Municipal en Alcalá de Henares, 1972 y 1973; otro Primero Provincial en Málaga, 1976; Tercero Nacional de Educación y Descanso, 1977, así como una Mención Especial del jurado del VIII Concurso Nacional de Pintura Ciudad de Teruel, convocado por su Diputación Provincial), y una Primera Mención del Salón de Invierno de Málaga. LÓPEZ GARCÍA, Jesús (Ver SUSO DE MARCOS)

Antonio López Muñoz nacido en la barriada de pescadores de Pedregalejo, circunstancia que le permite desde niño la observación de la dificultosa existencia de la gente del rebalaje malagueño, su ambiente le impele a inspirarse en él no sólo como tema de contenido humano, sino de antropología marinera. Joven todavía, frecuenta el aula de pintura que dirige el pintor Alfonso de la Torre, en Educación y Descanso; poco después ingresa en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, donde recibe, durante dos cursos lectivos, clases de los profesores José Roquero Tovar y Antonio Cañete Sánchez. Sus primeros cuadros fueron paisajes con una cierta influencia de su primer maestro; más tarde parece centrar su atención en los problemas sociales que se viven en su inmediato entorno, y si bien en principio así se puede aceptar, la ternura que impregna sus nuevas imágenes advierten sobre la existencia de un artista sensible que, observador de la realidad inmediata, también es lírico en sus grises melancólicos, sobrio en sus representaciones iconográficas populares –incluso cuando se trata de paisajes– y elegíaco por el modo de tra-


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ducir los sentimientos de las criaturas que recrea en su pintura. Sobre esta particular manera de armonizar realidad con lirismo, ya advertía Ramón Sánchez Bayton, en el catálogo de la segunda exposición que Antonio celebró en la Sala de la Diputación Provincial de Málaga (enero, 1973), lo siguiente: Sencillamente pinta sus recuerdos de la infancia, lo que todos los días ha venido contemplando y contempla. Tal como lo ve. Muy lejos de sus propósitos está hacer otra cosa que no sea pintura. Y se engañaría quien pensase que su propósito es hacer “pintura social”, “pintura testimonial”, “pintura de denuncia”. Hace sencillamente su biografía con el medio de expresión que le es propio: la pintura. En la página dominical “Al vuelo de la pavana” (Sur, 28. I. 1973) el también pintor Pepe Bornoy, escribía de López Muñoz: Antonio López ha tenido que huir de la mística o la metafísica para hacerse pincel simple que sirve al hombre antes que a la máquina. Se ha hecho culto y humanizado caminando hacia una playa de sombras indescifrables, quizá para adelantarse al triste equinoccio que aguarda al que no establece su camino, antes de empezar su propio diálogo. Antonio camina en su nuevo equilibrio y allá, al final de esa raya ascendente que él se ha trazado, encontrará su propia trayectoria, y el espectador, la significación exacta de lo que pinta hoy. La fórmula expresionista que de manera insistente ha caracterizado gran parte de la producción pictórica de Antonio López Muñoz, ha definido un estilo particularmente original dentro de dicha tendencia.

Sus primeras obras se conocieron en sendas exposiciones colectivas celebradas en la Sala de la Caja de Ahorros de Ronda en Málaga (1965 y 1966) y la primera individual en idéntico espacio expositivo en 1968. Dicho año también celebró otra muestra individual en las Salas de la Sociedad Económica de Amigos del País, que tuvo amplísimo eco entre los críticos y el público. Otras exposiciones individuales fueron: Salones del Hotel Alay, Benalmádena (1969); Galería Pedro Flores, Estepona (1970); Sala de Arte de la Excma. Diputación Provincial, Málaga (1971); Peintures d’Andalousie en Chez Georges, París, y Casa de Málaga en Madrid (1972); Sala de Arte de la Excma. Diputación Provincial y Museo Provincial, Málaga (1973); Salas del Ateneo, Málaga (1980); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1986) y Salón de la parroquia del Corpus Christi, Málaga (1995). En la Sala de la Caja de Ahorros y Préstamos de Antequera, sita en la calle Dr. Pérez Bryan, participó en el I Salón de Independientes (17. I. 1969) junto a la escultora Álvarez Laverón, los pintores Morenno, Chicano, Bornoy, Rodrigo Vivar, y Manolo Morales y el pintor-fotógrafo Grindley. López Muñoz se hizo acreedor de la Beca Castellblanch (1971) para ampliar estudios en París, y de sus premios y distinciones al mérito artístico debemos citar tres Primeros Premios en la Exposición Provincial, en el Concurso de Pintura al aire libre de Málaga y en el de Vélez-Málaga, de Educación y Descanso (1967); Primer Premio Provincial de Dibujo y Acuarela de la misma ins-


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titución (1968); Medalla de Plata de la Exposición Primeras Medallas de Educación y Descanso (1969); Primer Premio del Concurso de Pintura La Buena Sombra (1972) y Segundo Premio del Certamen de Pintura Ciudad de Álora (1993).

Rafael López Palomo, alumno de los profesores Miguel Marín Zaragoza, Antonio Cañete Sánchez y José Roquero Tovar en la Escuela de Bellas Artes de Málaga, su presentación como pintor tuvo lugar en el Certamen Juvenil de Artes Plásticas (Málaga, 1961), en el que obtuvo un Segundo Premio en Dibujo. Desde dicho año en que logra su primer trofeo, apenas cumplidos los 19 de edad, hasta su participación en Artemixa (2003), López Palomo tomó parte en un elevado número de exposiciones colectivas. Las principales de ellas, que suman 60, fueron, según el orden cronológico de sus celebraciones, en Valencia, Alicante, Madrid, Logroño, Barcelona, Zamora, Bilbao, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Jaén y Guadalajara, repitiendo varias veces en algunas de las ciudades mencionadas.

Durante el mismo período, sus exposiciones individuales fueron 24: Sala de la Caja de Ahorros de Ronda, Málaga (1962); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1965); Casino de Marbella (1966); Salas de la Sociedad Económica de Amigos del País (1967); Sala Antonio del Castillo, Córdoba (1969); Sala de la Caja de Ahorros Provincial, Málaga (1974); Salas de Arte de Priego, Úbeda y Cabra (1976); Galería Del Castillo, Jaén (1978); Sala de la Caja de Ahorras de Córdoba (1978); Galería Goya, Zaragoza, y Galería Miramar-Arte, Málaga (1979); Salas de la Caja de Ahorros de Antequera, Málaga, de la Caja de Ahorros de Granada y Sala Bartolomé Bermejo, de Córdoba (1980); Galería Miguel Ángel, Málaga (1982); Galería Lázaro, Madrid (1983); Galería Andrade, Ciudad Real (1984); Galería Benedito, Málaga (1986); Sala de Arte del Cortijo Bacardí, Málaga (1990); Galería Benedito (1992); Salas de la Fundación Alcalde Zoilo Ruiz Mateos, Rota (1994), y Casa-fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria, (1995). Algunos críticos que en distintos momentos de la carrera de este pintor estudiaron su obra, quisieron encontrar en ella matices y reflejos propios del orden impresionista, sin reparar que el trazo amplio, abierto de su pincelada, incluso determinadas sombras y zonas oscuras de los cuadros, distaban de su lenguaje. López Palomo ha buscado, acompañado siempre de una paleta rica y exultante, la luz, eso es cierto, pero no como los impresionistas puros, desde la obsesión de aprehender solamente sus efectos y reverberaciones so-


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bre los objetos. Este pintor, que ha sabido impregnar sus cuadros de la fuerza colorista mediterránea sin empalago ni fáciles concesiones a modas y modos pictóricos, ha buscado, en la luz, el espíritu de las cosas más cercanas a su realidad social de observador y cronista: decadentes arquitecturas de barrios malagueños desaparecidos, rincones domésticos de melancólicas atmósferas y dormidos recuerdos; la calle, el patio recoleto interior o colectivo, donde germinaron fracasos humanos; los ámbitos de vivencias familiares, aquietados pese a su colorismo por la propia forma de mirarlos, o la mar cercana, pero siempre focalizando un detalle alegre, amargo o de posible denuncia social. De ello resulta un “impresionismo” genuinamente “a la manera de López Palomo”. De forma semejante al criterio aquí expuesto, la revista El punto de las Artes, con ocasión de una de sus exposiciones en Benedito, escribió de él: A pesar de sus numerosos galardones a nivel nacional y el hecho comprobable de haber colgado sus cuadros en algunas de las pinacotecas más importantes del mundo, el pintor malagueño Rafael López Palomo, en plena madurez creativa, aún no parece gozar del reconocimiento que, sin duda, merece su obra. Ello tal vez sea así porque López Palomo se ha mantenido alejado por igual de la comercialidad como del gusto alambicado del público, dedicándose a crear una pintura personalísima que se inspira en la mirada escudriñadora del interior de las realidades. Por su parte, el periódico El Heraldo de Aragón, en su crónica sobre la exposición de sus obras en la Galería

Goya (Zaragoza, 1979) publicó: Cuando un creador de belleza de su talla es capaz de mantener durante tanto tiempo su alto nivel de calidad, es porque detrás de cada dibujo previo, de cada pincelada, de cada mezcla de color, hay una mano maestra, firme y segura, que ha alcanzado la madurez necesaria para demostrar que nada obedece a la casualidad: sabe jugar su propia suerte en la interpretación, y llenarlos de colores sometidos, de adoraciones de luz. A lo largo de su dilatada carrera, López Palomo recibió, entre otros premios, trofeos y distinciones, los siguientes: Segundo Premio de Dibujo en el Certamen Juvenil de Artes Plásticas, Málaga (1961); Primero de Dibujo del mismo, Málaga (1962); Primero de Interpretación Rápida de Pintura, Marbella (1964); Primero de Pintura Rincones Malagueños, Málaga (1966); Premio Ricardo Ansaldo de Dibujo La Buena Sombra, Málaga (1967); Premio Nogales del V Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Málaga (1969); Primero de Pintura Ciudad de Gibraltar en San Roque, Cádiz (1970); Primero de Pintura del Excmo. Ayuntamiento, Melilla (1971); Premio de Pintura del Certamen Provincial de Educación y Descanso, Málaga (1971); Primero del IV Certamen de Artes Plásticas del Ayuntamiento, Ceuta (1971); Medalla de Oro en el Certamen de Pintores de Andalucía y Extremadura, Sevilla (1972); Primero de Pintura convocado por el Excmo. Ayuntamiento, Estepona (1974); Primero de Dibujo de la Exposición Provincial de Educación y Descanso, Málaga (1975); Premio Nacional de Pintura Museo Cruz Herre-


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ra, La Línea de la Concepción, Cádiz (1977); Primero de la XIX Exposición de Pintura de la Caja de Ahorros de Jerez (1978); Segundo de Dibujo en la XXII íd. (1981); Primero de Dibujo del Excmo. Ayuntamiento de Villanueva, Córdoba (1985); Primero de Pintura del XXVIII Salón Nacional de Gibraleón, Huelva (1986); Primero del X Certamen Nacional de Pintura del Excmo. Ayuntamiento de Medina del Campos, Valladolid (1987); Primero del XL Salón Nacional de Pintura de Gibraleón, Huelva (1988); Segundo de Pintura Bacardí, Málaga (1988); Mención de Honor del XI Certamen Nacional de Pintura Ciudad de Utrera, Sevilla (1990); Primero del IX Concurso de Pintura del Real Club Náutico Mediterráneo, Málaga (1993) y Mención de Honor en 1995.

Rafael López Palomo es desde 1997 en que se le designó, miembro asociado de la Academia Internacional Greci Marino, de Vercelli (Italia). Este pintor es hijo de Rafael López Silva, que fue conocido tallista de calle de la Victoria, y compatibilizó sus quehaceres pictóricos con trabajos de talla y dorado, cuyo oficio domina, y que aprendió en el taller paterno. Su progenitor había asistido a 9 cursos de la Escuela de Bellas Artes, recibiendo clases de los pintores Antonio Burgos Oms y José Nogales, y de vaciado y modelado, de los escultores Francisco Palma García, y Diego García Carrera.

Fernando López Pascual con diez años ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Telmo, sección de la plaza de la Constitución, en la que recibió numerosos premios y distinciones a la aplicación y el aprovechamiento durante los cursos que en ella permaneció, finalizando con Matrícula de Honor. En los años sesenta asiste a las clases de colorido y composición impartidas por el pintor Alfonso de la Torre –que lo tuvo por uno de sus mejores alumnos– en el aula de arte de la Obra Sindical Educación y Descanso. Durante su permanencia en ella participó en numerosos certámenes provinciales y concursos de pintura al aire libre de frecuentes convocatorias, en los que obtuvo Tercera, Segunda y Primera medallas, además de otros trofeos compartidos. Poco después, en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, Antonio Cañete, asistiría unos cursos bajo la tutela del profesor Pablo García Rizo. Amplía su formación poco después estudiando y copiando obras de los pintores andaluces del XIX con obras en los museos de Sevilla y Málaga. Pintor que alguna vez comentó sentirse más próximo a la pintura del siglo XIX no sólo por su temá-


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tica, sino por la honestidad y profesionalidad que se ve en los cuadros de los autores de dicha centuria, durante los años iniciales de su carrera profesional, López Pascual se dedica a trabajar para marchantes y coleccionistas, participando en cuantas exposiciones colectivas tienen lugar en Málaga. Precisamente fue en una colectiva del Grupo de los Seis (Santa Moríñigo, Juan García Sierra, Juan Fernández Jiménez, Juan Gallego Pinazo, Miguel Pescador Sanz y el propio López Pascual), celebrada en el mes de abril de 1978 en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País, donde por vez primera mostró su obra al público. Bodegones, paisajes, figuras y flores fueron, temáticamente, sus trabajos primigenios. En ellos se manifestaban pericia en el dibujo perfeccionista, soltura en la pincelada y colorismo sin estridencias. En su decidido propósito de aunar pintura con historicismo y ciudad con sus símbolos y metáforas más populares, rindió homenaje a los viejos coches de caballos, ambientando cada cuadro en una localización urbana bella y distinta. De la sobriedad colorista inicial, López Pascual fue evolucionando hacia un código de color cada vez más ambicioso, y si bien los personajes de muchas de sus escenas parecían emerger del siglo XIX y no del XX en que su obra nace y se desarrolla, el perfeccionismo minucioso del dibujo, la ambición colorista y la nueva plástica recreada en los fondos, acabaron definiendo un estilo tan preciosista como personal. Para José Mayorga –largos años crítico de arte del periódico Sur– la línea

de este creativo ...se asienta, en primer lugar, en el pasado de una pintura malagueña que ha dado paso en el transcurso del tiempo a artistas capaces de dejar huella permanente de su valía y cuyas obras están hoy en las salas de afortunados coleccionistas tanto como en los museos de la propia Málaga y de otras ciudades en las que la luminosidad de lo mediterráneo juega papel decisivo en el tratamiento de sus cuadros... Jesús Castellanos, dejó escrito en el catálogo de la exposición de Galería Nova: Hay en López Pascual un lenguaje actual con el que nos sigue hablando de toreros y majos, de manolas y de cálidos rumores de una Caleta que aún palpita y cuyo embrujo no debe andar lejos del fleco de ese mantón que acaricia y dibuja, con elegancia insuperable, el cuerpo de esa malagueña que con aires tan actuales y tan cercanos –como que vive entre nosotros– vuelve su mirada esquiva, se ruboriza con el requiebro o gusta del desplante airoso con gesto lleno de sensualidad. Su primera exposición de carácter individual tuvo lugar en Miramar-Arte entre los días 16 de noviembre al 2 de diciembre de 1979. En adelante, celebraría las siguientes: Galería de la Caja de Ahorros Provincial de Málaga, Vélez-Málaga; Casino de Algeciras y Sala Municipal de Exposiciones, Marbella (1980); Hotel Don Carlos, Marbella (1981); Galería Miguel Ángel, Málaga (1983); Sala de Arte del Liceo-Peña Malaguista Homenaje al coche de Caballos, en la que vendió íntegramente su obra, Málaga (1984); Sala La Maison, Málaga (1986); Caja de Ahorros de Cádiz (1987); Galería de Arte Nova, Málaga (1997); Galería de Arte Aljaba, Jaén (1999); Ga-


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lerías de arte Xauen y Sala Van Gogh, ambas en Granada, y Galería de Arte Aljaba, Jaén (2001), así como en Sala Van Gogh, Granada (2002). Fernando López Pascual participó en todas las exposiciones colectivas celebradas en las Salas Miguel Ángel, Malacke. La Maison, Miramar Arte y Galería Nova, así como en Galería Picasso, también en Málaga, en compañía de Antonio Fernández y Pérez Almeda, (1980).

Roxolana Luczakowsky hija de acuarelista y escritor, estudió en el Ukranian Art Studio de Filadelfia con los catedráticos Mehyk y Andusiu entre 1952 y 1957. Un año antes de acabar dichos estudios, al ser becada, compatibilizó los mismos con los de la Pennsylvania Academy of Fine Arts, bajo la tutela de los profesores Watkins, Rosen y Spaeghth. Posteriormente, cursó temas académicos del programa Fine Arts Coordinated en la Universidad de Pensilvania, de la cual recibió el título BFA (Magna Cum Laude) en 1960. Fue en dicha institución donde conoció al escultor Hamilton Reed Armstrong,

con quien contrajo matrimonio en el año mencionado. Artista que inicia su carrera con trabajos al óleo, derivó más tarde hacia la acuarela, posteriormente al acrílico, y por último, regresó al óleo. Realizó durante una larga temporada vidrieras y mosaicos, delicados iconos de inspiración bizantino-ucraniana y en los últimos años del siglo XX, temas religiosos en perfecta fusión del bizantino y el realismo clásico occidental. Acerca de sus acuarelas el crítico de rotativo Svoboda de Filadelfia escribió: En sus acuarelas se aprecia un sentido crítico y una profunda sensibilidad artística, también patentes, en las cristaleras que ejecuta con las técnicas y los materiales más modernos. Para ella, la realidad artística sobrepasa la frontera de lo racional y lo subjetivo; consiste, sencillamente, en aquello que llega al alma universal del hombre. En su obra, la huella de lo bizantino se combina con una visión del pueblo y del paisaje andaluz muy personal, reveladora de una verdadera comprensión y un verdadero amor al pueblo español. Escribió otro analista de su obra, Antonio Gamoneda de Diario de León, lo siguiente: Esta pintora ucraniana perturba un tanto la noción más convencional y extensa de la acuarela, la que le reduce a funcionar como pintura “muy de gabinete” centrada en las calidades del color y en la atmósfera imprecisa del juego de blancos, en todo lo que es ya un cuerpo de “virtudes” tradicionales. Roxolana y Hamilton Reed Armstrong, llegaron a Málaga en 1964 y habitaron la antigua casa que en Churriana había cobijado durante precedentes años a Gerard Brenan y su familia. El regreso definitivo de Roxolana y


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Hamilton Reed Armstrong a Estados Unidos fue en 1979, pero desde entonces han seguido visitando España y especialmente Málaga, anualmente. La primera exposición individual de Roxolana fue en The Ukrainian Institute de New York (1970) a la que siguieron: Palacio de Congresos y Exposiciones, Torremolinos (1972); Galería Provincia, León (1973); Banco de Granada, Almuñécar (1974); St. Sophia Ukrainian Catholic Cathedral, Washington, (1975); Galería Malacke, Málaga, y The Ukrainian Institute, Nueva York (1979); Library of the Basilian Nuns, Fox Chase, PA (1980); Ukrainian Cultural Center, Filadelfia (1984); The Ukrainian Institute, New York (1985); St. Sophia Ukrainian Catholic Cathedral, Washington (1985) y Soyuziwka Art Gallery, New York (1990). De sus exposiciones colectivas en Málaga debemos señalar la que, bajo el título 7 Artistas y su obra reunió en la Sala de la Caja de Ahorros de Ronda (entonces en la calle Sancha de Lara) obras propias, de Morenno, Antonio Jiménez, Palmira Abelló, Pepe Bornoy, Díaz-Oliva, y Reed Armstrong. Otra destacada participación de la artista se constata en la exposición colectiva organizada por el Ayuntamiento de Málaga en 1973 titulada Muestra de la Pintura Contemporánea Malagueña. La obra de esta artista, en número aproximado de 200, se haya representada en colecciones particulares de España, EE. UU. y Ucrania; pinturas e iconos, en John Paul II Center, Washington, y el Museo de Arte Mariano de Dayton, EE. UU., entre otros. Y en cuanto a colecciones, centros e instituciones malagueñas, son conoci-

das sus vidrieras de la iglesia del Buen Consejo, Torremolinos; Ntra. Sra. del Carmen, La Carihuela; parroquias de Sta. Rosa de Lima, en la capital, y María Nazaret, en Alhaurín El Grande; portería de la Torre de Málaga; consultas de los doctores Zafra y Linarez-Maza, respectivamente, y otras distintas residencias particulares de Málaga y Madrid. Roxolana recibió en 1958 el Premio City of Philadelphia Arts Council Grant, que la acreditó entonces como una prometedora figura de las artes plásticas.

Magdalena Luque Gallego, de formación autodidacta, la obra pictórica de esta artista se inicia con el Grupo Pintores Malagueños, que tuvo como colectivo artístico efímera existencia. Desde sus iniciales obras nacidas a partir de la segunda mitad del decenio de 1970, ya era el color y la tensión que el mismo creaba por la fuerza de sus amplísimas pinceladas, la característica principal de sus trabajos. Ha sido una artista que fiel a su afán de renovación plástica, abordó numerosos ciclos no sólo en lo temático, sino en la distinta grafía –abstracta, figurativa, expresio-


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nista– que llevó a sus lienzos. De hecho, la sorpresa de su aparición en el panorama creativo de la pintura malagueña del último tercio del siglo XX, la convierten con el tiempo en uno de los valores jóvenes consolidados de su generación. Sus afortunadas incursiones en el campo del grabado son otros tantos aciertos logrados en el decurso de su carrera. Diversas han sido las opiniones y críticas que sus trabajos suscitaron en diferentes momentos. Con ocasión de su monográfica sobre el tema taurino, exposición que celebró en la plaza de toros de la Malagueta, el diario Sur (16. V.1995) habló de singular y bravísima artista todo temperamento para concebir y materializar su nueva figuración expresionista. Brava, sí, porque en la obra asoma no sólo temperamento, fuerza explicativa, ahondamiento sutil, sensibilidad y mordiente bastante para aprehender en vuelo rápido secuencias de clamores, fracasos, sangre, duelo y soledad, sino poesía reminiscente. Precedentemente a la mencionada exposición, había celebrado otra individual en el Museo Taurino de Córdoba, la cual suscitó en sus organizadores un título bien sugerente: Semblanzas taurinas. Una arquitectura del color. En su catálogo, Rafael Portillo Martín insistió en el valor colorista de su pintura: Ciertamente, Magdalena Luque se integra dentro de aquellas corrientes en las que el color, en definitiva la luz, se constituye en urdimbre básica de toda construcción formal. El catálogo galerístico de exposiciones individuales de dicha autora fue el siguiente, salvo omisión o involuntario error: Liceo de Málaga (1978); Caja de Ahorros de Antequera (1979); Sociedad

Económica de Amigos del País, Sala Miramar Arte y Galería Malacke, todas de Málaga (1981); Galería Miramar Arte y Galería Roldán de Sevilla (1982); Sala Armando Raverón, de Caracas, Venezuela, y Sala Durán, de Madrid (1983); Museo Diocesano de Arte Sacro de Málaga (1984); Merryl Chase Gallery en The Water Towers de Chicago, EE.UU. (1985); Galería Toisón de Madrid, Suborno de Barcelona y Arte Multicentro de Mojácar, Almería (1986); Galería La Maison, Málaga; Grife y Escoda, Madrid; Galería Zurbarán, Santander, y Galería Weldel Dormagen, Dusseldorf, Alemania (1987); Galería La Maison, Málaga, y Galería Augusta, Barcelona (1988). En 1989 Magdalena Luque realizó las siguientes individuales: Galería Pueyo, Sevilla; Asociación de la Prensa, Madrid; Galería Am Isator, Múnich; Galería Infantas, Madrid, y Galerías Nogal y Pidal, ambas de Oviedo, a las que siguieron las de Galería Nova, Málaga (1992); Palacio de Congresos de Córdoba (1993); Museo Taurino de Córdoba y Galería de Arte Orfila, Madrid (1994); Museo Taurino de la plaza de toros de la Malagueta, Málaga (1995) y las sorprendentes muestras Abriendo paso, realizadas al carbón sobre papel e inspiradas en la obra del gran místico español San Juan de la Cruz, que se celebraron, respectivamente, en la Galería Orfila de Madrid y en la Sala Italcable de Málaga, en los meses de abril y junio de 2004. Al Diploma al Mérito que se le concedió en el XXIII Salón Anual Nacional de la Sala Armando Reverón de Caracas en 1986, hay que añadir los Premios de


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Grabados de la Universidad de Huelva y el VII Premio de Grabados Pablo Picasso de la de Málaga, respectivamente, en 1999 y 2000. Parte de su obra gráfica se encuentra en los fondos de los museos

San Juan de la Cruz de Úbeda (Jaén), y del Grabado Español Contemporáneo de Marbella, así como en el Gabinete de Estampas de la Biblioteca Nacional de Madrid.


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Manuel Moreno Martín, artista que ha mantenido una incesante actividad galerística individual desde aquella su primera exposición del mismo carácter en la Sala Gerard Brenan de su barriada natal en 1989, ha tenido una sostenida presencia en exposiciones colectivas locales (Málaga, Torremolinos, Vélez-Málaga, Benalmádena, Marbella, Nerja, Fuengirola, Álora, etc.), nacionales (Madrid, Barcelona, Tarrasa, Granollers, Cuenca, Santander, etc.) e interna-

cionales (Andorra, Alemania, Francia, etc.). De su obra se ocupó el diario Sur, que al definir su exposición en la central de Unicaja en Málaga (1993) la calificó de seductora: De una seducción, además, fácilmente compartible por cualquiera, incluso por quienes recelan del dominio matérico sobre las pigmentaciones. Diríase que a Moreno Martín tanto como el color interesa la materia a condición de que ella no resulte episódica, sino inductora del propio discurso plástico. El resultado es la perfecta imbricación de ambos elementos en una misma intencionalidad de pesquisa estética. Por su parte, la profesora María Cruz Toledano advertiría: Sus cuadros, con diseños tan originales, responden con intuición al tema plasmado. Su recurso a los símbolos geométricos que añaden siempre elementos esotéricos, la armonía de su gama de colores, tan especial, tan amplia, tan delicada, a veces sus referentes culturales hacen de su obra una de las más interesantes de los jóvenes creadores de Málaga.


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El recorrido galerístico individual del artista comenzó en la Sala Gerard Brenan, Churriana (1989), y continuó en 1990 en las salas del Ateneo de Málaga, Castillo Bil-Bil de Benalmádena y Juan Larrea de Bilbao. Posteriormente (1992), expuso en la Sala Oriente de la Caja de Ahorros de San Fernando, Sevilla, continuando por otras distintas de España y el extranjero: Sede Central de Unicaja, Málaga, y Casa Larios de Torre del Mar (1993); Casa de Cultura, Fuengirola (1994); Kulturfabrik, de Roth, Alemania, y Galería de Arte AB, de Granollers, Barcelona (1995); Galería de Arte Laberinto, Granada (1996); Galería de Arte Nova, Málaga, y Galería d’art Antoni Botey, Granollers (1997); Art Gallery Hornid, de Reykiavik, Islandia, y Galería Laberinto, Granada (1998); Galería de Arte Antoni Botey, Granollers y Galería de Arte Doble Hélice, Dos Hermanas, Sevilla (2000); Galería de Arte Centro, de EscaldesEngordany, Andorra, y Antoni Botey de Granollers (2001); y Galería La Reina, Benalmádena; La Doble Hélice de Dos Hermanas, Sevilla, y Centro Cívico Provincial de Málaga. El artista consiguió en 1997 un Segundo Premio y Trofeo El Punto de las Artes en la cuarta convocatoria del Premio Internacional de Pintura de Marbella, al año siguiente consiguió un Primero de Dibujo al participar en el I Premio Nacional de Dibujo, Pintura y Fotografía del Hospital Clínico Universitario de Málaga. Otros galardones conseguidos al mérito artístico fueron: Premio Adquisición del XXII Certamen Nacional de Arte Contemporáneo Ciudad de Utrera (2001)

y nuevo Premio Adquisición de la VI Muestra de Pintura Ciudad de Dos Hermanas (2002).

Marta Maldonado Alonso, formada en Madrid donde alcanzó la licenciatura en Bellas Artes en la correspondiente facultad de la Complutense, fueron sus principales maestros Sánchez Carralero (Paisaje), Causante (Color en Movimiento) y Martínez Sierra (Dibujo). El mismo año de su licenciatura (1990) fue becada por la Cátedra e Paisaje de la U. C. M. Xauen (Marruecos). Realizó los cursos del doctorado (1990-92) y fue profesora colaboradora de la Cátedra de Paisaje de su propia facultad durante el curso 1992-93. Su obra se conoció en Málaga en 1996 en la Galería Nova, donde repitió visita nueve años más tarde. Viajó por Egipto, La India, Nepal, EE. UU. (Nueva York, Los Ángeles y San Francisco) y Turquía. Tuvo una larga residencia en Francia (1994-97), residiendo en Nogent-sur-Marne y en París, teniendo la oportunidad de participar en las actividades culturales del Atelier Glacière-Marie de la capital francesas. De obra levemente figurativa y en ocasiones absolutamente abstrac-


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ta, vibra en todo caso del esplendor de una fuerza colorista que la impregna de vida y la trasciende. De sus trabajos se ocuparon distintos críticos y analistas pictóricos. José Rubio Nomblot, para el catálogo de su exposición en Nova, escribió: Paradigma de la pintura por la pintura, la obra profusamente premiada de Marta Maldonado ha oscilado siempre entre momentos de una densidad extraordinaria –o cuadros en los que se concitan el collage, los pequeños relieves y una abstracta vorágine de materias que surgen con el lienzo arrastrando a objetos y grafismos– y otros de paz y calmas, en los que su obra se vuelve más sensible a los pequeños sucesos, las pequeñas cosas, las formas difusas y los colores pálidos. Previamente, el crítico, escritor y galerista Mario Antolín, había opinado: Marta Maldonado es una joven pintora de sorprendente fuerza expresiva que sabe recrear en el lienzo una realidad esencializada, en la que los planos pictóricos construyen un nuevo esqueleto del paisaje o del interior, que ella contempla con ojos cerrados. […] Tras su aspecto de colegiala dulce, ordenada y sumisa, se esconde una personalidad tenaz y apasionada, con un concepto claro, una ambición concreta y un oficio pictórico, sólido y razonado, que le sirve de base a su modo de hacer. El programa galerístico individual de la artista fue el siguiente: Galería Duayer, Madrid, y Caja Rural de Toledo (1991); Galería Kuntforening junto a la exposición sobre Miró con motivo del Festival Internacional de Sandefjord (Noruega, 1992); Galería Alfama, Madrid (1993); Banco de Bilbao Vizcaya (Valladolid, 1994); Galería Torres, Bilbao, y Galería Alfama, Madrid (1955);

Galería Nova, Málaga (1996); Galería Got (París, 1997); Galería Alfama, Madrid, y Caja España (itinerante por León, Zamora, Palencia y Valladolid), así como Gallery Lajolla, Sandiego, USA (1998; Galería Got, París y Galería Thais, de Lorca, Murcia (1999); Gallery Lajolla, San Diego, USA (2000). Cuando se redactaban estas líneas, la autora tenía ya en preparación una nueva muestra individual para Nova, en Málaga. De sus triunfos artísticos, que se constatan una treintena de premios entre 1990 y 2000, se ofrecen los más importantes: Primer Premio del V Certamen Nacional Caja Madrid (1990); Primer Premio Gredos (Arenas de San Pedro, 1991); Primer Premio Ademar de la Diputación de Pontevedra (1993); Mención de Honor en el IX Premio BMW (Madrid, 1994); Primer Premio en el XVII Salón de Otoño, Plasencia, y Segundo Premio del XXIII Certamen de Cajamadrid (1995); Primer Premio del LXIV Salón d’Étampe (París, 1996); Primer Premio del Salón Château des Bouillants (París, 1997); Segundo del I Premio Caja de Guadalajara (1998); Mención de Honor del XIV Premio BMW, Madrid, y Segundo Premio de la VII Edición del Premio Ciudad de Tudela (1999).


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María Victoria Mandly Domínguez, alumna de Trinidad Rey y Martínez Virel en dibujo, colorido y composición durante sus estudios de Magisterio, comenzó a pintar muy joven aunque su primera muestra individual data de 1979. Desde los inicios de su actividad creativa fue artista que se ciñó a un modelo plástico que recordaba la pintura neorromántica inglesa, en cuya producción destacaron los pequeños y medianos formatos que a la delicadeza de sus pinceladas unió siempre bruñidos tonos dominantes característicos durante los primeros decenios de ejercicio. A partir del año 2000 su obra evoluciona y, sin perder sus iniciales singularidades, aborda una nueva obra en base a grandes formatos, donde la naturaleza es siempre la misma, pero observada con diferente mirada. En esta nueva etapa –dejaría escrito en el catálogo de su nueva producción experimental– la mancha es el medio de expresión y el símbolo. Sobre el arte de María Victoria se escribió en la sección Paleta de Colores del diario Sur (6.II.99): Si el paisajismo de corte romántico tiene en nuestros días nombre propio en Málaga, sin duda hay

que darle papel protagonista a la pintora Victoria Mandly, experta por larga dedicación al tema y por la técnica de que se sirve para alcanzar sus conocidos resultados. Es la suya una forma de ver el paisaje, pero también de traducción espiritual del mismo, que es al fin y al cabo lo que todo pintor paisajista debe lograr. El orden de las exposiciones realizadas por la artista fue el siguiente: Liceo-Peña Malaguista (Málaga, 1979); Sociedad Económica de Amigos del Amigos del País, también de Málaga (1980 y 1982); Sala Artistas Plásticos (Cádiz y Sala del Ministerio de Cultura en Cádiz y Albacete, respectivamente, 1983); Casino Gaditano y Galería Miguel Ángel (Cádiz y Málaga, 1984); Caja de Ahorros de Cádiz (Jerez de la Frontera, 1985); Galería Benedito de Málaga y Caja de Ahorros de Cádiz (1986 y 1988); Palacio de la Merced, itinerante por toda la provincia, bajo el patrocinio de la Diputación Provincial de Córdoba (1990); Galería Benedito de Málaga (1992, 1994 y 1999); finalmente, como última de sus exposiciones del siglo XX, en la Casa-Fuerte de Bezmiliana de Rincón de la Victoria (2000).


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Marcelo Arce, desde muy niño en Málaga donde despertó a la vocación artística, cursó el bachillerato en el Colegio de los PP. JJ. de El Palo. En Madrid estudió Dibujo en la academia que dirigía José Pinazo, y, al mismo tiempo, frecuentó las aulas de Bellas Artes de San Fernando. Pintor de prolongadas ausencias, su primera muestra individual la presentó en la sala de exposiciones José María Fernández, que precedentemente había pertenecido a la Caja de Ahorros de Antequera (Málaga, 1974). Sobre la obra del pintor se había expresado en cortas pero eficaces frases la profesora de Historia del Arte de la Universidad de Baleares, Valeria del Prado: La llamada a la modernidad que despierta la obra de Marcelo Arce y al mismo tiempo sus referencias a lo que de esencial tiene la obra de arte, representa una equilibrada reunión entre tradición y contemporaneidad. Cuando expuso en Málaga, ciudad de sus segundas raíces, “Paleta de Colores” del diario Sur (20.V.98) hizo el siguiente comentario: Abstracción, figuración y hasta un interesantísimo toque de paisajismo impresionista, constituyen su nueva tarjeta de presentación ante una audiencia que atónita comprueba

los fundamentales cambios experimentados en su obra durante el pasado decenio. Tras presentar su obra en Málaga en 1975 Arce desarrolló hasta 1998 el siguiente programa galerístico de carácter individual: Sala José María Fernández (Málaga, 1977); Galería l’Artisanat de Pau, Francia, Casa de Cultura de Valencia (1978); Casa de Cultura Bioperspectivas Ángeles Vertebrados y Centro Press (Málaga y Madrid, 1981); Galería Harras (Málaga, 1982); Sala Metro (Palma de Mallorca, 1985); Casa de Cultura de la Llum Sa Pobla (Mallorca, 1992); Sala El Gallo Marítimo (Palma de Mallorca, 1994); Sala del Colegio de Arquitectos (Málaga, 1997) y Sala José María Fernández (Málaga, 1998). Por el Ayuntamiento de Málaga fue seleccionado para la Beca Picasso; igualmente, para el Premio Caja de Ahorros de Antequera en 1990 y el Antoni Gilabert de Ciudad de Palma en 1996. Participó en las siguientes exposiciones colectivas: Arte Contemporáneo del Ayuntamiento de Marbella (1983) y VII y IX ediciones de la Bienal Internacional de Arte (Marbella, 1983 y 1991). En 1991 se le otorgó el Premio de Pintura Día 16 de Palma de Mallorca; asimismo, en las ediciones de 1992 y 1996, recibió el Antoni Gilabert de la misma capital.


246 marchá

José Marchá, seudónimo de José Rodríguez Carmona pintor encuadrado en la nueva figuración realista andaluza de los años setenta del siglo XX, es artista de formación autodidacta que comenzó a pintorrear a los 14 años. Su obra fue exhibida en Málaga por vez primera en la desaparecida Galería Miramar-Arte (1977), y desde entonces mantuvo con Málaga una presencia casi constante hasta acabar instalando en Churriana taller y casa propios. Su obra es múltiple en lo temático, y de sus paisajes, flores, bodegones, interiores e imágenes idealizadas como surgidas del mundo onírico, destacan la fuerza del color como factor dominante en su extensa y variada producción. En muchas de sus obras queda explícita su tendencia hacia la fantasía pictórica, en un claro intento de armonizar realidad con irrealidad hasta fundirlas en un mismo campo de observación. De la forma de focalizar pequeños detalles sobre madera, cuerdas, frutos en proceso de putrefacción, pétalos marchitos de algunas de sus flores y hojas caducas, parece elevarse un canto de naturaleza, vida y fugacidad. Sobre la realidad alumbrada en los cuadros de

Marchá escribió María de Juan: Se trata de un pintor autodidacto que en medio de la acuciante Carrera de rupturas de la modernidad, sabe ser fiel a una técnica pictórica soberbia y a una inspiración personal. La eclosión artística de J. Marchá tiene una grandeza que escapa a lo cotidiano y adquiere categoría universal en las pinturas donde el artista plasma la conjunción de sus sentimientos. Joseph Mipjans consideró a Marchá atrapador de memorias, de instantes personales significativos y evocadores: Consciente de que pintar es crear un espacio metafórico donde puedan dialogar sus propias experiencias, encontrarse cara a cara consigo mismas, y con es espectador, es su búsqueda. Artista de clara figuración realista, no oculta su predisposición hacia lo abstracto, presente en algunas de sus obras. Desde 1971 año de su primera exposición en la Galería Kabila de Tetuán, hasta finalizar el siglo XX, Marchá realizó las siguientes exposiciones individuales. Galería Soppin de Laredo, (Santander, 1972); Galería Durán (Madrid, 1973); Casino Militar (Ceuta, 1974); Casa Yanguas (Granada, y Casa de Cultura de Getafe (1975); Centro Hijos de Ceuta (1976); Sala Miramar- Arte (Málaga, 1977); Casa de Cultura (Ceuta, 1978); Galería Serrano 19 (Madrid, 1979); Sala Miramar-Arte (Málaga, 1980); Sala Ribalta de Valencia y Casa de Cultura de Melilla (1981); Casa de Cultura de Melilla, Palacio de Lebrija en Sevilla y Galería Saanen de Gstaad, Suiza (1982); Sala Petit Mérou de Cabo Negro, Tetuán, y Galería Triángulo de París (1983); Rodeo Beach Club, Marbella y Casino Militar de Ceuta (1985); Las Capellanías y Rodeo Club


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(Marbella, 1986); Jardines Colgantes (Marbella, 1989); Galería Nova Málaga, 1993); Marbella Club Y Fabien Fryns, íd. (1995). Al finalizar el siglo XX José Marchá tenía comprometidas para los próximos 5 años exposiciones en Sevilla, Suiza, Madrid, Granada, Londres y Amberes.

Marina Barbado, pintora autodidacta, vivió muchos años en Málaga junto a su esposo, el también pintor Stefan von Reiswitz. Entre 1952 y 1967 realizó varias exposiciones individuales por España: Barcelona, Sala Velasco, Madrid, Círculo de Bellas Artes, Puerto de las Cruz, Instituto de Estudios Hispánicos, Santa Cruz de Tenerife, Círculo de Bellas Artes, Málaga, Sociedad Económica de Amigos del País. Participó en numerosas exposiciones colectivas tanto en España como en Alemania. De ellas hay que destacar las celebradas en Múnich (Haus der Kunst), durante los años 1961 a 1966; exposición homenaje a Picasso en el Museo Provincial de Bellas Artes, Málaga, Museo de Arte Contemporáneo, Barcelona, y Casa de Málaga, Madrid;

I Certamen Nacional de Artes Plásticas (1962), diversas exposiciones convocadas por la Obra Sindical Educación y Descanso e International Art Exhibition (Jonh Macintosh-hall (Gibraltar, 1964 y 1965). De las dos colectivas que celebró en Málaga destacaron 4 Pintores de Málaga, en la Sala de Información y Turismo (1964) y 5 Pintores actuales, en la Galería de la Caja de Ahorros de Ronda (1966). Artista de gran sensibilidad, en su obra ingenuista supo representar no sólo el infantilismo evocador que sugería la fórmula naíf de Henri Rousseau y seguidores de los siglos XIX y XX, sino, desde una posición madura e intelectual, el sabor de lo cotidiano, la nostalgia de lo vivido, el dolor de lo que regresa y desaparece al instante, la vulnerabilidad del ser, lo efímero de las cosas... Candor, frescura e inocencia son singularidades que han de darse en los artistas que practican el ingenuismo naíf, según la reflexión de Eduardo Westerdahl a la obra de Marina (1962): A esta tendencia tan pura y angélica, está adscrita Marina Barbado. Pero desvía este amor y devoción por el objeto, tal y como lo vemos en los pintores primitivos, por ciertos toques comunes al expresionismo germánico, a ese carácter dionisíaco común a ese país. Pero ellos lo practican dentro de una función social, de crítica cáustica. Marina Barbado humaniza estos modelos, los sorprende con una vena de humor y les da una nueva carta de naturaleza.


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Francisco Martín Molina, desde los dos años de edad vivió en Almayate y posteriormente en Torre del Mar, donde tiene su residencia y taller. Pintor y escultor autodidacto, sus primeros trabajos conocidos datan de 1974 cuando apenas había cumplido los 17 años de edad. Sin escuela ni directrices, sólo atendiendo a su intuición y estudiando a los grandes maestros del género en los museos nacionales, realizó de muchacho una serie de pequeñas obras relacionadas con el mundo animal, y a partir del citado año, decidió emprender su carrera artística tanto en las áreas de la pintura como de la escultura. Casi todas sus exposiciones individuales fueron un ejemplo dual del ejercicio continuado de ambas manifestaciones creativas, una y otra complementadas en cuantos espacios expositivos mostró el artistas sus obras. Recién seleccionado para participar en la convocatoria del Premio Suso de Marcos de Escultura, reunió pintura y escultura en la Sala Espacio Tres, de la que se ocupó la sección Galerías de Arte del periódico Sur (28.V.96): Hierro, piedra y madera son los materiales que tal autor prefiere para realizar su obra escultórica de mediano y pequeño formatos –algunas piezas encantadoras

como “Desnudo”– en cuyas proporciones nos suponemos gusta al artista sintetizar sus ansias de formas. Junto a la mencionada, es necesario citar “Jabalí”, un pequeño bronce pleno de expresividad y encanto, por cuyas hendiduras y grietas intencionadas asoman los peculiares y resolutivos modos de su técnica personal. También hay sustancia en parte de su pintura, especialmente en “Homenaje a Van Gogh” y “Personaje en la roca”, dos realizaciones muy empastadas –óleo y resina de poliéster– dedicadas al gran maestro holandés. El catálogo de sus exposiciones individuales hasta el año 2002, salvo error u omisión involuntaria, fue: Expo’92, Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla (1992); Ibernatura’94, Málaga (1994); Sala de arte Ajuria, Vitoria, Álava (1995); Espacio Tres, Málaga (1996); Café-Arte Mitote, Bilbao; CaféArte Lacaya, Pamplona; Café-Arte Los Herrán, Vitoria, y Expo-Caza’97, Estepona (1997). El programa expositivo de 1998 se inicia en Expocaza’98, Estepona, y continúa en Espacio Tres, de Málaga; Ibernatura’98, Málaga; Café-Arte Los Herrán, en Vitoria; Casa Larios, Torre del Mar, Málaga; y Sala de Arte-Turismo, Torrox, Málaga. Vuelve con sus obras a Ibernatura’99, Espacio Tres y Museo Cinegético de Ronda, Málaga (1999), y concluye en 2002 con las exposiciones del Ayuntamiento de Torrox, Málaga; Casa-Fuerte de Bezmiliana, en Rincón de la Victoria y Palacio de Beniel, Vélez Málaga. Del catálogo de sus grandes esculturas en espacios públicos, destacan la escultura a tamaño natural del Rey D. Alfonso XII en el Balcón de Europa, Nerja; “El viejo y la niña”,


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en Torre del Mar; “Sor Ángela de la Cruz”, en Málaga-capital; “El toque de la caracola”, Torrox; busto de Antonio Segovia Lobillo, así como la de Joaquín Lobato, en Vélez-Málaga, y las tituladas “Utopía” y “León de África”, ambas en Torre del Mar.

Lope Martínez Alario, autodidacto de formación artística e hijo de un médico rural de familia sin precedentes pictóricos, vivió en distintos pueblos del norte de la provincia malagueña, donde vieron la luz sus primeros trabajos de niñez y juventud, hasta que definitivamente se instaló en la localidad de Alcaucín en la que desarrolló su obra adulta. Beca Picasso de la Fundación Municipal del mismo nombre en 1990, ya había sido distinguido con otros premios en Palencia, Málaga, Jaén, Barcelona y Huelva. Pintor fundamentalmente, también ha destacado como grabador, restaurador, diseñador de mobiliario urbano y arquitectura, ilustrador y muralista. Fue cofundador del Grupo El Grifo (Málaga, 1981) y en el mismo año participó en un curso de grabado que Oscar Manesi realizó en

el Taller 7/10, también en la capital malagueña. En Vélez-Málaga, junto a otros artistas, fundó un taller de grabado de efímera existencia. Su obra, de clara simbología surrealista próxima al dadaísmo en sus iniciales etapas, derivó hacia la abstracción y la abstracción informalista. Desde su primera exposición en 1977 hasta finales del año 2000, Lope había realizado un total de 16 exposiciones individuales en Málaga (13), así como otras en Vélez-Málaga, Torre del Mar y Nerja, además de participar en más de 60 eventos colectivos en numerosas ciudades españolas (Barcelona, Gerona, Huesca, Madrid, Málaga, etc.) y otras en Japón, Andorra y Francia. Castaño Alés, al comentar la obra de Martínez Alario de finales de los años 80 y principio de los 90, aseguró que el pintor […] acrecienta y depura de manera constante su particular visión del mundo, personalísima e íntima, con rasgos y signos que recuerdan de cerca las experiencias del más incontaminado primitivismo surrealista. Por su parte, Segovia Lobillo había expresado precedentemente en los micrófonos de RNE: Lope tiene una extraordinaria facultad para el empleo justo, proporcional y equilibrado, de cada línea y color y para transcribir todo al símbolo y a la ilustración, debe creer y puede que esté en lo cierto, que todo en la vida tiene un instante, su revelación; y posiblemente hacia el instante más definidor dirija su obra. El orden de sus exposiciones individuales desde 1977 hasta el final del año 2002 fue el siguiente: Caja de Ahorros de Antequera en Málaga (1977); Caja de Ahorros Provincial en Vélez-Málaga


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(1979); Caja de Ahorros de Ronda en Torre del Mar (1980); Caja de Ahorros de Antequera en Málaga (1981); Colectivo Palmo (Málaga, 1983); Caja de Ahorros de Antequera en Málaga (1984); Pub Terral y Caja de Ahorros de Antequera en Málaga (1985); Escaña Pub y Diputación Provincial (Málaga, 1989); Ateneo de Málaga (1990); Diputación Provincial (Málaga, 1991); Museo Provincial de Bellas Artes (Málaga, 1992); Ayuntamiento de Nerja (1993); Taller Gravura (Málaga, 1998 y 2000). Durante el mismo periodo señalado participó el artista en 60 eventos colectivos celebrados en diferentes capitales y ciudades españolas (Málaga, Madrid, Barcelona, Huesca, Figueras, Tarrasa, Granollers, Reus, Gerona y Granada) y en otras del extranjero (Andorra, Tokio, Okinawa, Aix-en-Provence, etc.). Su primer trofeo a la creatividad artística, Copa de Plata, lo recibe al participar en un Certamen de Christmas (Palencia, 1967), al que siguieron, entre otros distintos, un Segundo Premio en el XVIII Certamen Nacional Juvenil de Arte (Málaga, 1976); Premio Eusebio Chamorro del I Certamen de Pintura Joven Colectivo Palmo (Málaga, 1981) y un año más tarde, el Primero de la Diputación de Málaga del mismo colectivo. Al año siguiente recibe el Primer Premio de Christmas de El Corte Inglés de Málaga y Accésit en Dibujo del XIII Concurso Internacional de Arte Rafael Zabaleta. Su nómina de premios se incrementa con Diploma de la V Bienal de Barcelona y nuevo accésit del V Certamen de Arte Joven Malagueño de El Corte Inglés de Málaga (1984); el

Premio Hispanoamericano de Pintura Daniel Vázquez Díaz en su IV convocatoria, lo consigue en 1985, y al año siguiente, el Primero de Dibujo del VII Certamen de Arte Joven Malagueño de El Corte Inglés. Tras la beca de la Fundación Picasso-Ayuntamiento de Málaga (1990) resulta finalista del IV Certamen de Pintura Pintores para el 92 (Sevilla, 1991), e, igualmente, la IV Beca Banesto, de Madrid. Vuelve a ser finalista del XIV Certamen de Arte Joven Malagueño de El Corte Inglés, y obtiene, en el 2003, el Primer Premio del II Certamen de Pintura Primavera 2003 de Aplama-Ámbito Cultural de El Corte Inglés, que coincide con otro Primer Premio del IV Certamen Internacional de Pintura Costa del Sol, de El Corte Inglés de Puerto Banús (Marbella).


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Joaquín Martínez de la Vega, dotado de un talento natural y de un espíritu excesivamente inquieto, su vida en Málaga fue un constante estar y no estar en ambiente, una permanente fuga de la realidad, una contradicción entre espíritu creador –a veces atrapado en los agujeros saduceos del opio o la cocaína– y sus tremendos y sinceros deseos de alcanzar la perfección plástica mediante un trabajo constante y ordenado. Hijo de padres malagueños que jóvenes marcharon a Almería, nace, se cría y estudia en dicha capital. Desde muy niño demostró su proclividad hacia las bellas artes, con cuyas disciplinas logra enlazar en la ciudad de la Mezquita; posteriormente, habiendo demostrado suficiencia vocacional, a la vista de sus primigenios trabajos la Diputación Provincial de Córdoba le concede una beca para la realización de estudios artísticos en la madrileña Academia de San Fernando. A la vista de sus primeros cuadros “Los ermitaños de Belén en Sierra Morena”, “Dando de comer a los pobres” o “Un muchacho saboyano”, la Diputación cordobesa le promete una nueva beca para que amplíe estudios en la Academia Española de Roma,

promesa que, al no cumplirse, plantea al artista buscar horizontes en Málaga, y a su vida cultural se incorpora prácticamente cuando el maestro Ferrándiz, en 1868, recién cumplidos los veintidós años de edad. Se ambienta en seguida, frecuenta la más importante institución cultural malagueña del siglo XIX y en ella traba amistad con otro pintor grande la época, José Denis Belgrano. El primer hito de su gloria malagueña se produce tres años después de su llegada, al ser galardonado con tercera medalla en la Exposición Nacional, a la que envió el retrato de su madre, que los críticos madrileños, al verlo, creyeron se trataba de una dama pintada por Madrazo. Un año después queda oficialmente nombrado consiliario del Liceo y en 1875, tras crear en él una sección de Dibujo del Natural y Pintura, obtiene la cruz de Isabel la Católica, al presentar su célebre cuadro “La emboscada”, junto a otros trabajos, a la Exposición de Bellas Artes, Industria y Arquitectura que inauguró Alfonso XII durante su estancia en Málaga. Martínez de la Vega es profesor auxiliar de la Escuela de Bellas Artes de San Telmo en 1882, catorce años después de llegar a Málaga. Contrae matrimonio con Dolores Casilari, de quien le nace su única hija, una niña que en principio parece sana y que poco a poco, como poseída de una extraña enfermedad, muere al cumplir su primer año. El padre cae en una especie de desesperación que parece impulsarle a reflejar su propio dolor en cada “Eccehomo” de los muchos que improvisadamente dibuja. Queda viudo a los siete años de


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casado con Dolores Casilari y de nuevo contrae matrimonio, en este caso con Pepita Cestino Utrera, en 1900. El matrimonio dura exactamente veinticuatro horas, puesto que durante la noche nupcial Joaquín la ataca con saña, grita, insulta y humilla: el alcoholismo y drogadicción que padece y que la ciudad, al parecer ignora, estalla con violencia. Alcohólico y drogadicto, se abandona, vive en solitario, y deja de crear aquellos personalísimos iconos religiosos en los que reflejaba su dolor propio, o las no menos espirituales imágenes dolorosas que traducían la angustia de las mujeres que habían estado próximas a él. De su obra más conocida queda parte del techo del Salón del Senado, en el antiguo Conservatorio de María Cristina, distintos carteles anunciadores de fiestas locales, y, en 1887, el de “Hamet El Zegrí”, que anunció las conmemoraciones malagueñas de agosto de 1887, conmemoración de los cuatrocientos años de la incorporación de Málaga a la Corona de Castilla. Joaquín Martínez de la Vega fue un pintor atormentado que ofreció numerosos ejemplos de buen hacer, y que si no alcanzó grandes premios, sí, al menos, dejó en Málaga un rastro plástico personal, vigoroso y de gran calado estético. Su muerte se constata en 1905 en una inmunda habitación del Parador de San Rafael o de La Leona, como también se denominó popularmente, solo y abandonado de todos.

Jesús Martínez Labrador, pintor, muralista y escultor (terracota, gres, piedra y bronce) acabó eligiendo la escultura para expresarse artísticamente. Sobrino-nieto del pintor José María Labrador (que estuvo vinculado a los grupos que en su época capitaneaban Vázquez Días y Solana), pasó su niñez en Benamejí (Córdoba) y creció en el taller de artes decorativas de su abuelo José Labrador Aguilar, donde se combinaban ebanistería, estucados, vaciados y yeserías. En 1961 estudia Bachillerato y Humanidades en los colegios de los PP. Capuchinos de Antequera y Córdoba. En el primero de ellos, como aprendiz del escultor Francisco Sánchez Ramos, se inicia en el dibujo, la pintura al fresco y el modelado. En 1968 ingresa en la Escuela Superior de Bellas de San Fernando, en Madrid, recibiendo clases de escultura de Eduardo Capa, Francisco Echaúz, Francisco Toledo, Pablo Serrano y Eduardo Chillida, donde alcanza el Premio del Estado Español en su categoría de Talla Escultórica por una obra en mármol como mejor artista en su especialidad en España durante el curso 1969-70. Durante los años que permanece en San Fernando,


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simultanea su asistencia a las clases de dibujo del Círculo de Bellas Artes y trabaja en la Fundición Capa, taller de reproducciones artísticas, y el Museo de América. Definiendo su trabajo a la par que sus convicciones creativas, el artista escribió de sí mismo: En Arte, como en amor, no se elige. Se obedece el mandato o se lamenta no haberlo hecho. Martínez Labrador mostró por vez primera su obra en la Caja de Ahorros de Antequera (1968) y el mismo año la llevaría a la Casa de Cultura de Ciudad Real. A estas dos primeras individuales siguieron las que celebró en la Sala de la Diputación Provincial de León; Escuela de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, y Sala Escolma de la Coruña (1971); Cuarenta bronces sobre el Hombre, Galería La Mandrágora (Málaga, 1973); Sala de la Caja de Ahorros San Fernando (Sevilla, 1974); Esculturas Monumentales, Sala Auxías March (Barcelona, 1975); Hotel Málaga Palacio (Málaga, 1976); exposiciones al aire libre en la Casa del Siglo XV, plaza de las Sirenas, Segovia, y Sala Ponce y Plaza Mayor (Madrid,1977; Antológica de dibujo y escultura en la Sala Bouderé y Caja de Ahorros de Antequera (1978); Mármoles y rocas, Colectivo Palmo (Málaga, 1980); Monumento a Jorge Guillén (misma Sala, 1983); exposición-homenaje a Marcel Duchamp en Colectivo Palmo (1987), y Barro, Amigos y Leyendas, Sala de Exposiciones del antiguo Pósito, y Unicaja (Antequera, 1986). De sus exposiciones colectivas destacamos la siguientes: Jóvenes artistas en Sala Roca (Madrid, 1972); 25 Contemporáneos, Hotel Málaga Palacio

(1976); Pintores andaluces, Universidad de Sevilla (1979); Murales monumentales, con Manuel Barbadillo y Dámaso Ruano en Edificio de Usos Múltiples (Málaga, 1981); II Encuentro de Artistas Plásticos Andaluces, itinerante por Andalucía (1982); Granada ante el 92, Universidad de Granada (1992); y Miradas Compartidas, con profesores de la Facultad de Bellas Artes (Granada, 1996). Martínez Labrador recibió en 1970 el Premio del Estado en Tala Escultórica, y el mismo año, el Moreno Carbonero del VIII Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, dos años más tarde la Beca Picasso del Ayuntamiento de Málaga, y en 1987, es nombrado por el Ayuntamiento de Antequera director de la Escuela-Taller La Colegiata, para la preparación de 100 alumnos en varias materias (cantería renacentista, herrería y forja de metales, restauración de armaduras mudéjares, etc. Durante los años 1999 al 2001 dirigió el Taller de Escultura en Piedra en los cursos de la Universidad de Verano que la Fundación Capa celebra en el Castillo de Santa Bárbara (Alicante). En la actualidad es profesor titular de Escultura en la Universidad de Granada. De sus grandes retratos en piedra, barro o bronce destacan los del político Cánovas del Castillo y de los poetas José Antonio Muñoz Rojas, Jorge Guillén, Pablo García Baena y María Victoria Atencia, entre otros. MARTÍNEZ PADILLA, Rafael (Ver PADILLA).


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Antonio Martínez Virel, hijo y nieto de pedagogos, al cumplir los 18 años de edad, decide su ingreso en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, comenzando así la preparación del que sería su definitivo oficio. No obstante, su asistencia a las aulas oficiales de Bellas Artes fue irregular, por lo que, en cierto sentido, su preparación resultaría un 70 por ciento autodidacta y un restante 30 por ciento escolástica, según en vida del artista nos confirmara personalmente. Sus iniciales obras d juventud las exhibe en el escaparate del bazar La Columna, desde el cual el público de su ciudad natal comienza a conocerle como pintor. La primera exposición de sus trabajos la celebra al participar en 1912 en una colectiva celebrada en el Ateneo de la capital extremeña, de la cual el periódico local destacó, de entre todos los cuadros que figuraban en la muestra, el titulado “El gitano africano”. Consecuencia de aquel éxito, realiza una copia del “Laboremos”, de Nicolás Mejías, que le vale un pensionado diputacional para la Academia de San Fernando, en Madrid, a la que se incorpora para iniciar el curso 1912/13.

En la veterana institución madrileña tiene la oportunidad de conocer, tratar y aún frecuentar a los grandes maestros que han nacido o residenciado largamente en ella, como fue el caso de Moreno Carbonero y Muñoz Degraín. En 1917, tras ganar reñidas oposiciones nacionales una de las 42 plazas a las que aspiraban 3000 opositores de toda España, Martínez Virel llega a Málaga con su esposa, Aurelia Meneses, y sus hijas Josefina y Gloria para posesionarse como profesor de Dibujo de la Escuela Normal del Magisterio Primario. Una vez incorporado a su puesto, comienza sus trabajos artísticos, siendo la primera obra que realiza en Málaga el retrato del director del centro docente, Antonio Quintero Cobos, a través del cual las adineradas familias malagueñas conocen al excelente retratista que ya entonces era. Las primeras exposiciones de sus obras en Málaga fueron presentadas en los años 1925, 1926, 1927, 1929, 1931 y 1936. De este primer ciclo merecen destacarse especialmente la segundas de ellas, celebrada en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País, en la que obtiene el Primer Premio para un cartel anunciador de la feria de agosto de ese mismo año; la de 1929, con ocasión de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, a cuyo certamen envía al pabellón representativo de Extremadura un cuidadísimo retrato de las hermanas González VianaCárdenas, hijas del escritor malagueño Salvador González Anaya. También, por su interés artístico y competitivo, hay que referir la de 1931, que organizada por la Real Academia de Bellas


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Artes de San Telmo, reunió obras de Moreno Carbonero, Capulino Jáuregui, José Nogales, Fernando Labrada, Blanco Coris, López Mezquita y Verdugo Landi entre otros. Su última exposición de preguerra está prácticamente dedicada al retrato, en los que aparecen conocidos rostros de damas malacitanas. La exposición se inaugura en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País el día 30 de mayo de 1936 y permanece abierta hasta el 15 de junio siguiente. La vida privada, docente y artística del maestro connota los siguientes años la cretinez de ciertos juzgadores inquisitoriales, que lo envían a la cárcel seis meses por haber aceptado durante los años de la II República una de las vocalías de la Junta del Tesoro Artístico creada por la Sociedad Económica de Amigos del País. Dos malagueños –Francisco Báguenas y Juan Temboury– salen en su defensa; sólo logran excarcelarlo, pero la Junta Depuradora de la Universidad de Granada, de la que Málaga dependía a los efectos universitarios y culturales superiores, había proclamado ya su cese inmediato de la cátedra de Dibujo de la Escuela Normal del Magisterio primario. Es una larga y complicada situación jurídico-administrativa que, al fin, se resuelve con su rehabilitación en 1944. Dos años antes de su rehabilitación, Martínez Virel celebra una exposición individual en el Centro de Estudios Andaluces de Málaga, en la que exhibe 32 obras de otras tantas personalidades, caballeros y damas locales. Diez años más tarde, de nuevo en

los salones de la Sociedad Económica de Amigos del País, celebra otra individual en la que presenta 40 obras de encargo. Al cumplir los 70 años de edad en 1960 llega el momento de su jubilación como docente, pero continúa más de dos decenios en plena actividad pictórica. En 1984, gracias a la Universidad de Málaga y a la colaboración de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de EGB y la Caja de Ahorros Provincial de Málaga, cuando acababa de cumplir los 94 años de edad y 67 de residencia en Málaga, puede, al fin, ver cumplido un viejo deseo muchas veces expuesto: la exposición antológica de su obra, con el fin de que las nuevas promociones de pintores y el público en general pudieran conocer su trabajo de tantos años en Málaga. La muestra se inaugura a las 8 de la tarde del día 2 de abril de 1984 en la Sociedad Económica de Amigos del País y se clausura el 14 del mismo mes. Durante doce días los malagueños pudieron contemplar 52 lienzos –en su mayoría retratos–, además de flores, cuadros de género, bodegones y los murales “Lagar de los Montes” y “Don Quijote y los pellejos”. Además de las exposiciones individuales ya reseñadas, el pintor Martínez Virel participó en las siguientes colectivas: Ateneo de Badajoz (1912); Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1926 y 1927); Exposición Iberoamericana (Sevilla, 1929); Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (Málaga, 1931); Exposición Conmemorativa de Hernán Cortés (Badajoz, 1947) y Museo Diocesano de Arte Sacro (Málaga,


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1983). Aparte de las exposiciones cita-

das y de la obra de caballete (retratos, bodegones, flores y escenas populares), el artista había realizado, durante el largo periodo de separación de su cátedra, cartelería urbana anunciadora de películas en los cines de estreno, trabajos murales para establecimientos ya desaparecidos (el restaurante-bar Los Faroles, en calle Strachan, con un motivo típico andaluz, y La Buena Sombra, en calle Sánchez Pastor, que evocaba la escena de “Don Quijote y los pellejos”). También fue generosa su aportación al patrimonio religioso y cofrade. Del primero, un tríptico para el altar mayor del templo patronal de la Victoria; del segundo, los estandartes de Jesús Nazareno de los Pasos en el Monte Calvario, de la cofradía del Rocío, y de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, icono de su titular además de un Santo Rostro. Con su muerte, ocurrida el día 19 de julio de 1985 a los 95 años de edad, desapareció una de las figuras docentes y artísticas más representativas del academicismo pictórico español del siglo XX, entre cuyas virtudes sobresalían: correcto dibujo, atractivo colorido y fidelidad realista tanto en los retratos como en las escenas de género.

Pedro Maruna, escapado ilegalmente de Yugoslavia por razones políticas en 1960, se traslada a Italia y más tarde fija su residencia en la ciudad de Córdoba (Argentina), donde ingresa en la Escuela de Bellas Artes y trabaja durante dos años con el pintor Ernesto Farina. Llega a Madrid en 1964 y se inscribe en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando con beca de la Obra Católica de Asistencia Universitaria. Una década después se le concede la nacionalidad española, se traslada a Málaga donde celebra sus dos primeras exposiciones individuales locales (1971,1973) y forma parte del grupo de fundadores de Palmo, con quien realiza tres exposiciones durante los doce años de su residencia en la capital malagueña. De su trabajo ha tenido Maruna muy destacados cronistas. José Hierro, gran entusiasta de su obra, escribió en Nuevo Diario (Madrid, 9.V.1975) a propósito de su exposición en Galería Seiquer: Maruna parece inspirarse en lo que ve a través de un microscopio. Una flor un pájaro, un árbol son en realidad cualquiera de los millones de flores, de pájaros o de árboles que viven ocultos en una gota de savia, de sangre, en las alas de


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una mariposa. Castro Arines, refiriéndose a los trabajos que expuso en la misma ocasión, expresó en Informaciones su sorpresa: Virtuosismo y magicidad; ejercicio benedictino y sueño; la naturaleza en su misterio, exquisitez y temblor. El mundo de lo orgánico registrado con maestría de orfebre. Pintor que mantuvo una sostenida actividad galerística durante los últimos 37 años del siglo XX y primeros de la siguiente centuria, mostró su obra primigenia en dos muestras individuales celebradas en 1963 y 1964, respectivamente, en Galería 21 y Galería de Arte Moderno de Córdoba, Argentina. Las dos siguientes del mismo carácter fueron en Málaga (1971 y 1973) y ambas en la sala de la Caja de Ahorros de Antequera. Las siguientes exposiciones fueron en Málaga (7), Madrid (3), Lausanne (2), Toledo (4), Cuenca (2), Aranjuez (4) y Cadaqués, Marbella, Burgos, La Coruña, Valencia y Betanzos. La última fue en Galería Forum (Zagreb). La obra de Maruna se encuentra, entre otros, en los siguientes museos: Español del Grabado Contemporáneo de Marbella, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, del Vaticano en Roma, del Bellas Artes de Boston y Málaga y de las bibliotecas nacionales de París y Madrid, así como en las colecciones de la Excma. Diputación malagueña, la Calcografía de Madrid y de la Colección de Arte Gráfico Contemporáneo del BBVA.

Pedro Mendoza Navas, pintor que vivió una existencia oculta, dedicada fundamentalmente a comercializar sus obras de pequeño y mediano formatos inspiradas en paisajes malagueños, rincones típicos, plazas, jardines y monumentos locales, tuvo una vida bohemia y apenas se relacionó con otros del mismo oficio, bien aficionados o profesionales. Celebró algunas exposiciones individuales y tomó parte en numerosas colectivas en Málaga, Estepona, Antequera, Vélez-Málaga, Coín, Granada y Toledo. Obtuvo una Primera Medalla de la Obra Sindical Educación y Descanso en uno de sus certámenes provinciales (1971) y figuró con una obra suya muy personal en la V Exposición Provincial de Arte Primeras Medallas de la citada institución, celebrada entre los 7 y 15 de febrero de 1975 en la Económica. Una serie de pintores malagueños, por invitación de la Asociación de Artistas Plásticos de Málaga, le rindieron justo homenaje a su memoria en la exposición-subasta celebrada en Caja Rural de Málaga bajo el patrocinio del Área de Cultura de la Diputación Malagueña. En el catálogo de la misma –que reproducía un atractivo muestrario de obras del ya


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extinto pintor–, se reprodujeron elocuentes textos de Diego Maldonado Carrillo, diputado del Área de Cultura y Educación de la Excma. Diputación malagueña, y Francisco Jurado Ternero, presidente de APLAMA.

Andrés Mérida Guzmán, titulado superior por la Facultad de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría en 1988, es autor que ha desarrollado toda su obra pictórica en Málaga, ciudad en la que reside desde que era muy joven y donde celebró su primera exposición seis años más tarde de haber finalizado sus estudios académicos. De inicial obra figurativa-expresionista, si bien animada del colorido propio de un creativo nacido cerca de la mar gaditana y hecho artista bajo el influjo de la de Málaga, su luz y atmósfera, sus trabajos se singularizan por la abundancia de figuras alargadas de lejanas pero evidentes reminiscencias abstractas –en ocasiones sobre paisajes o marinas que modularon armónicamente las torsiones icónicas de los personajes retratados– y constataron su innata predisposición hacia el mundo del flamenco,

la lidia y otras simbologías, metáforas y representaciones andaluzas. Sin embargo, al iniciarse el siglo XXI ya incorporaba a sus nuevos trabajos referencias y acentos nuevos en un intento de fusionar sus distintas experiencias con culturas diferentes a las de su propio origen y formación. En un intento de dar definición a su obra, Mérida, hacia la mitad de su carrera artística, se dijo de ella que contenía elementos procedentes del expresionismo realista, o lo que es igual, del realismo expresionista. Para Eric Catipon, responsable de la sección “Art & Soul” del rotativo The Philippine Star de Manila, […] Las alargadas figuras de Mérida hacen pensar a más de uno que hay influencias de Modigliani. Mérida añade a Goya, Dalí y Picasso, a la nómina de artistas españoles que le han inspirado. Desde su primera exposición individual celebrada en la Sala Pórticus en el mes de julio de 1994, el catálogo de sus exposiciones consigna una nueva al año justo en idéntica galería, y en septiembre de 1996, otra en la Sala Denis del Palacio Salinas igualmente en Málaga. Las siguientes fueron: Cortijo Bacardí de Málaga, Fundación Unicaja de Ronda y Sala Algorta de Bilbao (1997); Arles, Madrid, y Century Hotel de Hong-Kong, China, además de Colegio de Abogados de Málaga (1998); Galería Vicente Kramare de Praga, República Checa; Centro de Exposiciones de la Diputación Provincial de Ciudad Real; Lava and Sofimark’s Arte de Shanghái, China; International Motel de Manila, Filipinas, e Instituto Cervantes de la misma capital, además de Galería de Arte Pablo Ruiz (Málaga, 1999); Galería


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Victoria Hidalgo de Madrid y Ármaga de León, así como en Williams Island Ocean Club y Corvoiser Courts de Miami, EE. UU., y Colegio de Médicos de Málaga (2000); Power International Art Gallery, Miami; Club de Golf La Moraleja; Galería de Arte Mecenas, Madrid, y Galería de Arte Pablo Ruiz (2001). Para los dos años siguientes tenía preparados otros distintos eventos individuales en Lisboa, Málaga y Nueva York.

Manuel Mingorance Acién, hijo del también pintor Manuel Mingorance Cabrera, inicia sus estudios de dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Málaga, siendo uno de los alumnos predilectos del pintor César Álvarez Dumont. Por oposición gana una beca del Ayuntamiento de Málaga (1943) para ampliar estudios en Madrid e ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. Es pintor que a lo largo de su dilatada carrera ha creado toda una cosmografía pictórica de tan hondas raíces mediterráneas, que intencionadamente fuera de época y tiempo, marca, entre su primera y última exposición individual (1949-1989)

unos conceptos figurativos muy personales que descollaron por su clara orientación lírica, decidida inclinación poética y motivadora fuerza humanística. Poseedor de una especial predisposición para ello, el dibujo, en apariencia de fácil línea y corto recorrido, fue siempre maestro y eficaz. Es artista que ha buscado con ahínco a la criatura humana como protagonista de sus íntimos desasosiegos, en sus fiestas y paisajes, presa en ocasiones de sus propios temores o hundida acaso en pozos de soledad, angustia y extraña espera. Pero hubo una constante en su obra total –óleo, acuarela, carbón sobre grisalla o cualesquiera otras técnicas–, que siempre riente, amable, tierna y conmovedora, la singularizó personalísima, y aún en los cuadros de temática más dramática, esa predisposición lírica presente en sus mejores obras coloristas, latía en una idéntica contemplación de tono coral. Con el realismo de Mingorance uno se olvida de la realidad del mundo. Y esto es una virtud porque el mundo que nos ofrece el pintor es mucho más ameno y entrañable, escribió Augusto García Viñolas. Otra definición acertada de los trabajos de Mingorance Acién fue la publicada en La Vanguardia de Barcelona por Fernando Gutiérrez, que escribió: Ante la pintura de Mingorance el espectador se halla frente a un mundo callado cuyos colores parecen estar también en silencio, pero la suma de cuyos silencios todos se transforman en una armonía de precisión y sensibilidad extraordinaria. Casi una treintena de exposiciones individuales celebró Mingorance Acién


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desde 1949 a 1989, y fueron: Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1949), Sala Macarrón (Madrid, 1955), Consulado de España (Ámsterdam, 1956), Figuras y paisajes de Italia, Círculo de Bellas Artes (Madrid, 1958), Sala Dintel (Santander, 1959), Arte Luz (Madrid, 1960); Galería Toisón y Casa de Málaga en Madrid, así como Sala Libros de Zaragoza (1961); Sala Atril y Centro de Enseñanza Artística Siena (Madrid, 1962); Caja de Ahorros del Sureste de España (Alicante, 1963); Galería Alas (Madrid, 1964); Galería de la Caja de Ahorros Provincial (Córdoba, 1965); Galería C-2 (Madrid, 1966); Caja de Ahorros Provincial (Salamanca y Valladolid, 1967); en Kreisler de Madrid expuso en 1973, 1975, 1977, 1979, 1981, 1983,1985 y 1987. La última de ellas, fue en la Galería Fresneda de Miguel (1989). Esta última fue su última exposición, dado, según manifestó, que no estaba dispuesto a ceder a las presiones de modas, galeristas y público que pudieran haber cambiado el mensaje estético y humanista de su obra. De los numerosos premios, becas y distinciones recibidos por el pintor a lo largo de los cuatro decenios de actividad artística destacan, entre otros: Primera Medalla de Oro en la Exposición de Pintores Malagueños; Premio Molina Higueras de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que obtiene en dos ocasiones diferentes; Primer Premio en la exposición Autorretratos de Málaga; Beca de la Fundación Carmen del Río de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Premio de la Fundación Madrigal, de

idéntica institución. De sus pensionados hay que citar, además del que le fue concedido por el Ayuntamiento de Málaga, el alcanzado con el número uno para al Residencia de Pintores El Paular, el Santillana del Mar, el del Ministerio de Asuntos Exteriores para Italia, el de la Fundación Juan March y el Conde de Cartagena, también de la Academia de San Fernando. Medalla de Plata del Concurso Nacional de Pintura de Alicante, también recibió un Primer Premio de Dibujo de la muestra madrileña de Pintores de África. Fue Premio Corporaciones de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1962, Tercera Medalla de la referida, Primero de Pintura Moreno Carbonero de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga (II Salón de Invierno de Málaga) y Medalla de Oro de Dibujo del I Premio de Pintura Ciudad de Palamós. Es miembro correspondiente en Madrid de la Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga.


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Manuel Mingorance Cabrera, padre del anterior, nació en la desaparecida calle Matadero Viejo en pleno corazón del barrio del Perchel. De humilde origen, careció de formación cultural y artística. Se sabe, no obstante, que en los primeros años de su juventud asistió, después de acabar sus faenas laborales de cada día, e impulsado por una indeclinable vocación, a las clases nocturnas de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. Fue durante gran parte de su existencia pintor industrial al que no faltó trabajo gracias a su pericia, pero su gran deseo era la pintura, a cuyo arte se dedica recién cumplidos los 40 años de edad, según se desprende de la aparición, hacia 1932, de sus primeras tablitas de muy correcto dibujo, excelente composición y ajustado cromatismo, que son, en los medios creativos de la época, motivo de sorpresa y admiración. En la Exposición Provincial de Educación y Descanso de 1946 obtiene su primer galardón, un Tercer Premio, que revalida al año siguiente al presentarse de nuevo al mismo certamen y conseguir con su obra “Cacharrería” el Primero de dicha convocatoria.

Durante los años 1948 a 1951, inclusive, celebra exposiciones individuales en las Salas de la Sociedad Económica de Amigos del País, así como en Rabat (que repite dado el éxito), en 1952. Tenía taller en la calle Rosal Blanco, un callejón sin salida con acceso por la calle Huerto de las Monjas. Pintor de modesta existencia, decidida vocación artística y aspiraciones técnicas, también dedicó su tiempo a inventar maquinaria y artilugios mecánicos de muy extraños usos prácticos como de difícil clasificación.

Juan Eugenio Mingorance Navas, citado por Manuel Prados y López como alumno de César Álvarez Dumont, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (25 de febrero de 1933: […] Juan Eugenio Mingorance pinta con una nueva y graciosa rebeldía; pero una rebeldía sana y provechosa, que le lleva de triunfo en triunfo. Fue pintor de formación malagueña que influido por la luminosidad de la ciudad que le acogió en 1918, supo llevar a sus cuadros la recia personalidad de su indudable atrevimiento colorista, los acentos de una plástica gobernada


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por rica materia, ansias de luz, fuerza en la pincelada y perfecta euritmia en la composición. José Hierro, en una nota publicada en El Alcázar de Madrid (1.V.1963) aseguraba: Hay en él buen sentido del color y del dibujo, factura ágil y segura, composición rigurosa, capacidad para concebir e imaginar escenas y tipos. Pero acaso le sobre pintoresquismo a su obra. O tal vez necesite de elaboración y selección este rico material que se ofrece a sus ojos, sedientos de color. En cualquier caso, uno siente la sensación de que le importa menos la pintura que el tema que refleja; es algo así como si se quedase en lo externo, olvidando del espíritu que alienta en las formas. Santiago Arbós, por su parte, a propósito de la exposición que el artista celebró en la madrileña Galería Quixote, publicó en ABC: Mingorance es un pintor sólido y ducho en todos los géneros, desde el retrato a la gran composición mural, pasando por el paisaje y el bodegón. Su norte estético es la luz y la fidelidad al natural. La luz que modela las formas, revela las calidades y marca los términos y la fidelidad óptica que permite reproducir con cierto rigor documental imágenes, tipos y costumbres. En este aspecto son notables los estudios de indios mejicanos que figuran en la exposición. Posee este artista una paleta cálida, rica materia y vigorosa dicción, por un lado, y, por otro, un dibujo eficaz y buena mano para la composición. Con tres años de edad los padres del pintor se trasladan a Buenos Aires, ciudad en la que el niño Mingorance Navas despierta al dibujo y a la pintura, recibiendo dos primeros premios en dibujo por parte del Museo Sarmiento. En 1918, finalizada la contienda europea, Juan Eugenio, recién cumplidos

los 17 años de edad, se instala con su familia en Málaga, recibiendo clases de Álvarez Dumont en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y, posteriormente, de forma particular, en el estudio de Muñoz Degraín. Cuatro años más tarde termina sus estudios en Málaga, y después de ganar por concurso el Premio Muñoz Degraín, también por oposición consigue un pensionado municipal para estudiar durante cuatro años en la capital de España (1922). Un año después ingresa en la Escuela Superior de Pintura de la Real Academia de San Fernando, donde recibe formación complementaria por parte de los maestros Benedito, Romero de Torres, Plá, Moreno Carbonero, y Vázquez Díaz. En 1928 y 1929 consigue la Pensión de Paisaje en El Paular, en 1930 gana por oposición el Premio Molina Higuera y también el pensionado para la Residencia de Pintores de la Alhambra, y en la Exposición Nacional de Bellas Artes, una Bolsa de Viaje de Estudios. Ese mismo año el Ministerio de Instrucción Pública le pensiona para estudiar cuatro años en París, desde donde frecuenta varias veces Marruecos recreando en su pintura tipos y escenarios que la crítica aplaude. A lo largo de su existencia, Mingorance Navas celebró las siguientes exposiciones individuales: Museo de Arte Moderno (Madrid, 1928); Museo de Bellas Artes (Málaga, 1929); Casino de Tetuán (Marruecos, 1934); galerías Seligman y Scuybb (Nueva York, 1935); Otis Institute de Ciudad de los Ángeles y Galería Witcom de Buenos Aires (1936); Galería Armand Drouant, París,


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y Galería Internacional de Londres (1939); Seligman y Scuybb de Nueva York y Galería Velázquez, Buenos Aires (1940). Otras numerosas tuvieron como escenario museos, salas y galerías de Los Ángeles, México D.F., Monterrey, Filadelfia, Londres, San Francisco, San Antonio de Texas, y, entre las salas malagueñas, Galería Díaz Larios (1974) y Galería Malacke (1975). Mingorance realizó una serie titulada Masacres, que basada en los horrores de la Guerra Civil Española, creó casi en secreto en Málaga. Estos cuadros pudieron ser envidos a Norteamérica en 1938 a través de uno de los navíos de la American Expres Lines, representada en Málaga por los hermanos Manuel y Rafael Picasso, consignatarios de buques y parientes del pintor de la plaza de la Merced. Los cuadros de la colección que formaba Masacres se mostraron únicamente en varias ciudades americanas a lo largo de 1940. La obra de este autor recorrió, además de las ciudades y países ya referidos, Italia, Guatemala, El Salvador y otras distintas repúblicas centro y suramericanas. Fue durante algún tiempo profesor de la Escuela de Arte de la ciudad mexicana de San Miguel de Allende, desde donde realizó multitud de retratos a personalidades de relieve político, social y cultural, amén de murales para templos y residencias particulares. Se encuentran obras de este pintor en Madrid (Centro de Arte Reina Sofía, Museo Nacional de Arte Contemporáneo y Museo de África), en Málaga (Museo Provincial de Bellas Artes), Amberes (Museo de Arte Moderno), París (Museo Jeu de Paume),

Nueva York (Museo Universitario de la ciudad) y en los de Arte Moderno de Springfield, Rosario de Santa Fe, Filadelfia y Dublín. En memoria de su maestro en Málaga, Álvarez Dumont, Mingorance Navas instituyó un premio con su nombre que se solía adjudicar en los salones de invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga.

Antonio Molero Pérez, hijo de familia campesina a la que desde su niñez y juventud ayudó en las faenas del campo, a los 17 años de edad fue becado por el Ayuntamiento de su pueblo para realizar estudios de dibujo, colorido y composición en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga. Molero Pérez fue discípulo de Pablo García Rizo con quien obtuvo diploma al Mérito. Con Díaz Barberán y Blanca Sánchez formó parte del grupo Tres Realistas Malagueños, de gran impacto e influencia en la nueva figuración de la pintura malagueña de la segunda mitad de los años ochenta del siglo XX. Precedentemente, Molero se había distinguido por una etapa de


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figuración expresionista, que con propiedad fue explicada por el profesor Francisco Palomo Díaz en el último tomo, Estudios Picassianos, del tríptico Picasso (Ministerio de Cultura, Madrid, 1981): Antonio Molero (1954) ha preferido bucear en la pintura española tradicional, haciendo un realismo amargo y solanesco, con una fuerte carga melancólica. Sus composiciones de beatas, niños, prostitutas, toreros y mujeres solas constituyen una tenebrosa galería de seres marginados. Emplea una paleta de verdes y morados templados en una factura de amplias pinceladas y de tenues veladuras. Artista maldito, ignorado adrede y casi odiado, ha querido, desde hace seis años, seguir investigando en su poética antes que abandonarse a cualquier convencionalismo que le hubiese abierto las puertas de las galerías que tantas veces se le han cerrado. Muy posteriormente, con ocasión de su exposición en Galerie Omagh, de París, el crítico André Parinaud, afirmó: Observen que en las pinturas de Molero, en que la inmortalidad actúa en un juego de espejos sensibles, uno nunca encuentra la mirada de ninguna persona. El rigor geométrico de cada cuadro compone una escena en que los objetos adquieren una presencia total que los engasta como una joya. Uno se siente llamado a descubrir la verdad del más ínfimo detalle. Lo real se vuelve mágico y nosotros nos convertimos en actores de un sueño. Dejémonos conducir. Su primera exposición individual tuvo lugar en la Sala José María Fernández de la Caja de Ahorros de Antequera en Málaga (1981), seguida, en el mismo año, de una nueva en la galería dedicada a quien fue su maes-

tro, Pablo García Rizo. Dos años más tarde, Café-Teatro de Málaga presentó su tercer evento galerístico individual. A la Galería Benedito llevó sus obras, también en exposiciones individuales, en las temporadas de 1989, 1995 y 1997. Otras 3 individuales celebró en la capital francesa. La primera de ellas en Galerie Caplain Matignon (1993), tres años más tarde en Galerie 20 Fine Art, y la tercera, en Galerie Nataf (1999). Sus primeras individuales del nuevo siglo tuvieron como escenario la misma sala parisina, Galerie NatafOmagh, celebradas, respectivamente, en 2002 y 2005. Con el grupo Tres Realistas Malagueños presentó algunas de sus últimas realizaciones a lo largo de la temporada galerística 1985-86 en la malagueña Sociedad Económica de Amigos del País, Sala de la Caja de Ahorros de Ronda de Marbella y Galería Benedito. Su participación en eventos colectivos fue casi constante desde 1988, año en que envió obras al Grand Palais parisino como aportación al Salon Comparaisons con el grupo Les Maxiréalistes. Tres años más tarde, en el mismo lugar, participó en el Salon d’Automne; en 1997-98 tomó parte en Réalisme, exposición patrocinada por la Embajada española en la capital francesa, y en la que con él participaron Carmen Bustamante, Pedro Escalona y José Robles Muñoz; en 1999, en Château d’Homecourt, tomó parte en una exposición de los que habían sido seleccionados para participar en Comparaisons’88.


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En 1974 recibió, por parte de Educación y Descanso, un Primer Premio en un concurso de Pintura al Aire Libre celebrado en Vélez-Málaga, y en 1978, otro Primero de figura por la misma entidad. En el Certamen de Arte Joven Malagueño de los años 1980 y 1982, respectivamente, recibió un tercer premio por su cuadro “Niños de primera comunión” y una Primera Mención Honorífica por “La espera”.

Aunque nacido cordobés, Rafael Sánchez Díaz –tales son sus apellidos– reside en Málaga desde que tenía un año de edad al trasladarse su familia a Málaga en 1971. Es, por tanto, pintor que inició su aprendizaje en Málaga y en ella ha realizado la totalidad de su obra plástica. Su formación empieza en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, en la que realizó un curso de dibujo artístico (1984); al año siguiente frecuenta el taller de pintura Picasso, regido por Mariano Nieto, y en 1986 continúa su aprendizaje bajo la dirección del pintor José Robles Muñoz. Durante 1987 prepara su primera exposición individual, que puede realizar un año más tarde.

Sobre el realismo de sus primeras exposiciones ya opinó en su momento el crítico J. Llop: Perfeccionista nato que se complace en las transparencias del cristal, con el matiz amarillento d un viejo periódico, con el juego de las sombras… Todo perfecto, basado en un excelente dibujo, realiza su obra con sumo cuidado. Es autoexigente. Hace bien; puede exigirse porque es capaz de responder. Le espera, a buen seguro, un brillante porvenir dentro del realismo. Años después sería Mario Nicolás, desde el catálogo de la exposición que Rafael celebró en la Sala Benedito, quien confirmaría lo escrito por su colega: Cuando el artista está sobrado de recursos puede convertir su obra en una pura exhibición de facultades. Pocos, escasos, son los que encuentran cabida en este grupo de selección. Rafael Molina es uno de ellos y deja constancia en sus telas. Realismo puro, pero no fotográfico; visión poética de lo objetivo al tiempo que una visión lírica personal. Todo nace de un dibujo perfecto, absolutamente perfecto, y de una aplicación ajustada y mesurada de color. Rafael Molina celebró, entre el inicio de sus actividades artísticas y el final del año 2003, las siguientes exposiciones individuales: Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1988); Sala de Arte Boganvilla (Marbella, 1993); Galería Benedito (Málaga, 1994); Galería Kreisler (Barcelona, 1955); Llahí Galerías d’Art (Andorra, 1996); Galería Benedito de Málaga y Galería Monticelli de Gijón (1997); Galeria Kreisler de Barcelona y Galería Monticelli de Gijón (1998); Art Gallery (Nueva York, 1999); Galería Monticelli (Gijón, 2000); Galería de Arte Dukessa, de Vitoria, y Art Gallery de


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Valladolid (2001); y Benedito, Málaga, y Galería San Jorge, Alicante (2002). Durante el año 2003 preparaba las exposiciones de la Casa de Cultura de Torremolinos y de la Galería d’Art Amat de Lérida, ambas previstas par el año 2004. En cuanto a su participación en eventos colectivos han sido más de 40, entre ellos el I Saló Internacional D’Art Plastiques Acea (Barcelona, 1997), Sant Jean (Francia, 1989) y Art Gallery (Nueva York, 1999-2001 y 2004). Consiguió el Primer Premio de Pintura y Dibujo del Ejército (Ceuta, 1989 y ha realizado numerosos trabajos para distintas hermandades y Semana Santa, entre ellos el estandarte del Sepulcro, e ilustrado programas de la Escuela de Idiomas de Málaga y carteles anunciadores de distintos acontecimientos.

Luis Molledo Álvarez, pintor autodidacta de espíritu independiente, llegó a Málaga desde la capital del Principado a comienzos de los años 30 del siglo XX con objeto de preparar su viaje a la América hispanohablante, donde tenía proyectado emigrar, mas nunca realizado su propósito, permaneció en ella más de medio siglo. Frecuentó las actividades del Grupo ALA y simpatizó con la obra de muchos de sus miembros fundadores, pero, por su idealismo claramente anarcoide, evitó siempre afiliarse a grupo o colectivo artístico alguno. De vida solitaria y austera, evitó cualquier tipo de protagonismo personal dentro o fuera de los ámbitos culturales de la Málaga de posguerra. Así, prácticamente “inquilino” del Museo Provincial de Bellas Artes, a partir de su traslado del viejo caserón de San Telmo al Palacio Buenavista (1961), llevó adelante una silente y meritoria producción copista de obras de pintores de la Escuela Malagueña de Pintura del XIX, especialmente temas de Denis Belgrano. Esta actividad copista la compatibilizaría con trabajos de restauración, algunos de ellos muy meritorios,


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tanto en el Museo de Bellas Artes como, posteriormente en el Diocesano de Arte Sacro (Palacio Episcopal), donde en 1985 participó, dentro del programa de la I Semana de Asturias en Málaga, en una exposición colectiva. Fue creador y primer director de dicho ámbito museístico Agustín Clavijo García, quien, al prologar la única exposición individual que Luis Molledo celebró en Málaga (Galería Benedito, 18-28 de noviembre de 1985), reflexionó acerca del comienzo del surrealismo pictórico en Málaga, situando al pintor a la cabeza de los escasos artistas que hasta el momento lo habían adoptado como referencia personal y patrón estético en Málaga. Especialmente, aludió Agustín Clavijo a dos de las series pictóricas más significativas de Molledo, las tituladas Fálicas y Fáunicas. Precisamente, una selección de las citadas, reunidas bajo el título genérico de Serie Erótica, la exhibió, con otros distintos temas hasta totalizar 45, en la citada exposición de la Galería Benedito.

Carlos Monserrate Carreño, fundamentalmente retratista, es un pintor que a lo largo de su activa carrera no desdeñó otros géneros como el paisaje, la marina, el rincón urbano, las flores y el bodegón. Despertado muy pronto a la llamada del Arte, con 11 años de edad realiza sus primeros cuadros: bodegones de pequeño formato, paisajes, rincones típicos, etc., y al cumplir los 12 ingresa en la Escuela de Arte Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga. En el viejo caserón de San Telmo, recibió clases del pintor Salomón Conejo Alonso y, posteriormente, de Miguel Marín Zaragoza, quien propone al director del centro, entonces Federico Bermúdez Gil, becar los estudios del muchacho al que se había distinguido con el premio fin de curso todos los años de su formación artística. Su abundante catálogo de retratos (óleos, pastel, carbón) lo constituye un extenso muestrario de personalidades nacionales de la vida política, cultural y religiosa. Este catálogo totalizaba 542 retratos en el otoño de 2003. Del mismo modo, también resulta extensa su iconografía religiosa para las hermandades y cofradías malagueñas. Sobre la


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obra del pintor la revista El Punto de las Artes (Madrid, 17.X. 1991) escribió: Retratos, paisajes, marinas, bodegones, interiores, etc., realizados en óleo, temple, pastel, acuarelas o dibujos, jalonan hasta el momento el amplio muestrario de su producción pictórica, y un poco de todo ello se muestra ahora en su exposición malagueña, en la que se puede percibir una evolución que presenta perfiles cambiantes y rasgos maestros que denuncian su consolidación de hábil docente que ha sabido incorporar también a su obra la carga vivencial y experimental de su trabajo anterior. Las exposiciones individuales realizadas por el pintor fueron 12 hasta el otoño del año 2003: Delegación Provincial de Información y Turismo (Melilla, 1963); Biblioteca Española (Tetuán, 1965); Delegación Provincial de Información y Turismo (Melilla, 1966); Hotel Riviera de Benalmádena-Costa (Málaga, 1969); Galería Picasso (Málaga, 1970); Hotel Meliá de Torremolinos (Málaga, 1971); Galería Belleza y Arte (Málaga, 1981); Galería Benedito (Málaga, 1991); Galería Llamas de Marbella (Málaga, 1992); Sala de Unicaja (Almería, 1993) y Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación (Málaga, 1994). En cuanto a su participación en colectivas desde el año 1947 al 2002 fueron, entre otras, las siguientes: II Exposición Provincial de Arte del FF. de JJ.; VI Exposición Provincial de Arte de Educación y Descanso, así como en otros eventos del SEU; I Exposición Nacional de Bellas Artes de funcionarios de Hacienda; I Exposición de Iconografía Teresiana del Museo Diocesano de Arte Sacro de

Málaga y Colectiva del Gobierno Civil de Málaga. De sus premios, galardones y nombramientos debemos destacar los siguientes: Cuarto Premio de la Sección de Pintura y Primero en la de Dibujo de la exposición convocada por el Ayuntamiento de Melilla (1962); en el mismo certamen de 1965, obtuvo un Segundo Premio en Pintura y un Segundo en Dibujo; y, de nuevo, en el mismo evento de 1966, Primer Premio en Dibujo por su cuadro “El maestro”. Monserrate fue impulsor en 1964 de la creación del grupo artístico Sadir, apócope de Rusadir, con el que participó en distintas exposiciones colectiva. En 1968 fue nombrado secretario de la Asociación Nacional Sindical de Bellas Artes, y un año más tarde, jurado de la exposición Primeras Medallas de Educación y Descanso. En 1980 decide concurrir con sus obras únicamente a certámenes no competitivos.


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Antonio Montiel González, conocido como retratista de reyes, jefes de estado, políticos de primer nivel, personalidades de la alta sociedad europea y americana en general y particularmente de la española, así como de las más populares figuras del espectáculo nacional, ingresó en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga recién cumplidos los diez años de edad, recibiendo formación de Luis Bono y Pablo Garcia Rizo. En la escuela permaneció desde los 10 a los 16 años de edad. Durante su aprendizaje participó en distintos certámenes y convocatorias de la Obra Sindical Educación y Descanso, consiguiendo algunos trofeos. Su lanzamiento nacional como pintor se produce cuando realiza los retratos de todos los presidentes de la aristocrática Asociación Hidalgos a Fueros de España. Tiempo más tarde, la revista Lecturas promueve su obra con la sucesiva publicación de una serie de trabajos de afamadas mujeres de la sociedad española; posteriormente, y con el título Mujeres de España, itinera por las principales capitales de España una exposición bajo el patrocinio de unos prestigiosos laboratorios dedica-

dos a la investigación y comercialización de productos cosméticos. En ella, encabezada por la Reina Sofía, figuran hasta treinta y cinco damas relacionadas con la ópera, el teatro, la radio y la canción popular. Prologa el catálogo Luis del Olmo, que, entre otras cosas, escribió en honor del autor de los cuadros: Antonio Montiel busca a la mujer a través de la magia de la pintura, la encuentra en los rostros más conocidos y la refleja en su más profunda esencia. Este malagueño de tierra adentro ha sabido extraer brillantemente el lado purificador y maravilloso de la mujer. En 1992 el artista es elegido para representar a España en el Festival de Arte de las Américas, celebrado en la sede norteamericana de Washington de la Organización de Estados Americanos; durante los años 1994 y 1995, el pintor reside en México realizando retratos a distinguidas personalidades, y en 1995 celebra en la malagueña Galería Nova I una muestra antológica (1978-1995) de su ya dilatada obra. Otras exposiciones individuales en Málaga fueron las celebradas en 1984 (Galería Miguel Ángel), en 1991 (Sala Pórticus), en 1999 (Torremolinos), en 2000 (Casa-Fuerte de Bezmiliana, Rincón de la Victoria) y en 2001 (Cajamar).


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Miembro del Taller de Grabados 7/3, Manuel Jurado Morales estudió Dibujo, Pintura y Artes Gráficas en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, de la que posteriormente ejercería como profesor de la asignatura de Dibujo (1967-68). En Roma realizó un curso de aguafuertes con el profesor Maccari y trabajó en la Estampería Aldina con el también profesor Rossoli. De su primera exposición individual (pintura, dibujo y litografía) celebrada en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País de su ciudad natal del 20 al 31 de diciembre de 1968, escribió Miguel Ángel Molinero: Si un día al despertar descubriéramos que nuestros gestos y nuestras miradas tienen la inconsistencia de unas manchas, de unos colores que se enfrentan, de unas actitudes que nos arrastran a nuestros errores, a nuestro pasado, repetido sin remedio, identificaríamos a Morales, un pintor joven que quiere hablarnos de nosotros mismos. Otras pistas en relación con su arte inicial la hallamos en el catálogo La pintura de Vanguardia en Málaga, con la que se presentó el filme de igual título, dirigido por Miguel Alcobendas, en la que su pintura se sintetizaba así:

Manolo Morales, consciente de su implicación en los fenómenos sociales y políticos de una sociedad de consumo, mediatizada por la publicidad, el sexo y la agresividad, hace una obra de contestación, utilizando las técnicas de las artes gráficas y los colores planos del lenguaje pop en sus cuadros de materia. Su primera exposición individual, según se ha mencionado, fue en 1968 en su ciudad natal, y entre los iniciales eventos colectivos en los que participó (en ocasiones como organizador) destacamos la EXP-PAR’68, a la que concurrió en la especialidad de gráfica y escaparatismo; Exposición Nacional de Artes Gráficas DIS-ART, y I Salón de los Independientes de la Caja de Ahorros y Préstamos de Antequera, en Málaga. Morales está en posesión de los siguientes premios: un primero y accésit en el concurso de la Dirección General de Bellas Artes (cursos 1966-67) y 196869; Tercer Premio del Concurso de la IV Semana de Estudios Flamencos de Málaga y Primer Premio en la categoría de grabado del II Certamen Peninsular de Pintura La Buena Sombra.


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Pepe Morales Tejero, perteneciente al grupo Itálico de Sevilla y cofundador de la Joven Escuela Sevillana y del grupo Camilla del Guadalquivir, su formación artística comienza en la Academia de Artes y Oficios de Capuchinos (Sevilla, 1945) y continúa en 1949 en la Escuela de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría. Tras la obtención en 1953 del título de profesor de Dibujo, viaja por Italia y Francia, en París asiste a la École Supérieure des Beaux Arts y en Londres a la Saint-Martin School of Art. Tras regresar a la capital cordobesa (1960), donde un año antes había producido sus rimeros cuadros con chapas, se entrega a la realización de trabajos esculto-pictóricos y en 1970 abandona la abstracción e inicia una nueva que marca su arte con elementos tenebristas, surrealistas y expresionistas hasta concluir, tras viajar por Nepal y Egipto, en un nuevo periodo creativo colorista-matérico. Tras experimentar unos años en las técnicas cerámicas, es becado en 1986 para estudiar muralismo en México. Un año más tarde se traslada a Málaga, fija su residencia en Marbella y prepara sus primeras incursiones en las técnicas de la pintura

sobre tela. El crítico José Manuel Vallés escribió para el catálogo de su exposición de la Sociedad Económica de Amigos del País: El haber viajado y conocido con intensidad sentimientos y la plástica por Oriente y Occidente, hizo que Pepe Morales aplicara todo ello a su trabajo con nuevas etapas, y en cada una de ellas, sin perder la consistencia de la anterior, sea una obra reciente, nueva, donde las transparencias, las veladuras y sus maravillosas calidades, no dejarán nunca de equivocarnos ni dudar en reconocer el trabajo realizado. Sobre el mismo evento galerístico la sección de Arte del diario Sur reconoció públicamente: La materia entra en el juego secuencial, se desmaya en la obra y se funde en ella hasta perder absolutamente toda referencia física. Ahí está la grandeza del artista cuando por sabia manipulación sabe redimir de toda adherencia vulgar la materia rescatada, cuya intención última es la de eternizarla en soporte estético. Cuando se redactaba la presente ficha sobre la obra de Morales, se inauguraba en Barcelona una gran retrospectiva de los cincuenta años de actividad del artista presentándose un total de 97 obras de sus distintas etapas creativas. Desde 1952, año de su primera exposición individual en Sevilla, ha realizado numerosas del mismo carácter en Jaén, Alicante, Córdoba, Huelva, Granada, Londres, Madrid y Valencia, ciudades en las que repitió en distintas ocasiones. En Málaga fueron: Colegio de Arquitectos (1975); Diputación Provincial (1976); Ayuntamiento de Nerja (1978); Centro Cultural del Castillo del Bil-Bil de Benalmádena (1983); Manuela Vilches (Marbella, 1989 y 1990) y Sociedad Eco-


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nómica de Amigos del País (Málaga, 1993). Igualmente, participó en colectivas bienales y convocatorias anuales de España, Inglaterra, Viena, Polonia, Suecia, Ecuador, República Dominicana y Alemania. De los innumerables galardones recibidos a lo largo de su carrera artística hay que destacar un Primer Premio de la Exposición del SEU (Sevilla,1953), el Infante de Orleáns Borbón de Sanlúcar de Barrameda y un Segundo Premio en el Certamen Nacional de Córdoba (ambos en 1959) y el de la X Bienal de Marbella (1989), entre otros muchos.

José Moreno Carbonero, conocido en su barrio de nacimiento y crianza, el de la Trinidad malagueño, como el “Niño Moreno”, se hizo famoso entre sus compañeros escolares y de juegos, que con dicho mote ya le distinguían por su facilidad para dibujar. Por consejo de uno de sus profesores, Podosky, que le había sorprendido realizando algunos dibujos, José Moreno Delgado, padre del futuro gran pintor, lo llevó a Bernardo Ferrándiz, quien de inmediato lo aceptó como alumno. Al ver mis rápidos progresos en dibujo y pintura, como se

acercara la fecha de una exposición provincial en el Liceo, me ordenó que pintara un cuadro para concurrir al certamen, comentaría en 1924 al alcalde de su ciudad natal, el doctor José Gálvez Ginachero, cuando le dispensaba el honor de nombrarle Hijo Predilecto de Málaga. Cuando Ferrándiz le acoge en su aula en 1871, acabado el joven de cumplir los trece años de edad, y siguiendo el consejo de su maestro, busca por toda la ciudad un encuadre que le agrade para pintar un tema con el que concurrir al certamen del Liceo de 1869. La obra se tituló “Interior de la Posada de la Corona”, una vieja hospedería sita en la plaza de Arriola. Alcanzó el premio a pesar de competir con pintores adultos de Málaga y de la región, y la defensa que Ferrándiz hizo de la obra y del autor –publicitada en la prensa local diaria– hizo que Antonio Campos Marín, marqués de Iznate, le encargara su primera gran obra, “El día de San Antón” o, como igualmente se le conoce, “La bendición de los animales” que situó y ambientó ante la ermita de San Lázaro, en el Compás de la Victoria. Su fama crece a partir de este hecho y aunque Ferrándiz se ve obligado a exiliarse por cuestiones políticas dejando al joven sin tutelaje hasta que regresa años más tarde, durante la ausencia del maestro, con los compañeros Talavera, Nogales, Blanco Coris, Simonet, los hermanos Casasola y Grarite, no deja de frecuentar el aula de don Bernardo, previamente autorizado por la dirección de la escuela. En la exposición nacional de 1876, cuando el joven Moreno Carbonero


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acaba de cumplir 18 años, consigue una tercera medalla por el cuadro Un alto en la alquería; con su dotación económica, las importantes sumas de dinero que ya percibía por las obras que se disputaban sus primeros clientes y la beca diputacional que sin duda le consigue su maestro, inicia una productiva estancia en el París de Montmartre, a la que sigue su estancia en Roma. En la capital italiana realiza “El príncipe de Viana”, tema de su Primera Medalla en la Exposición Nacional de 1881, que causa verdadera sensación en los ambientes culturales de Madrid. Obtenido el pensionado romano, Moreno Carbonero realiza, como primera entrega, “La meta sudante”, obra que los críticos celebran asegurando: No estamos ante un futuro genio de la pintura; el futuro ya es Moreno Carbonero. Pintor obsesionado por traducir verdad de los distintos ambientes y atmósferas creados en sus trabajos, una vez elegido el tema dedicaba todo el tiempo necesario para adquirir profundos conocimientos de la trama histórica, literaria o escénica del asunto con el fin de no errar en ningún aspecto. Y ese anhelo de verdad, atmósfera y documentalidad es lo que, a juicio de muchos críticos coetáneos, justificó el palmarés profesional que siguió el triunfo de “El príncipe de Viana”, premiado después en Múnich con la Cruz de San Migue de Baviera (1882); en 1882, por segunda vez en la nacional, con Medalla de Oro a “La conversión del duque de Gandía”; en 1888, tras haber participado con el mismo cuadro en la Exposición Vaticana, otra Medalla de

Oro, así como dos más del mismo valor en las exposiciones de Múnich y Viena y la especial del Estado en Budapest, en 1891. El Gran Diploma de Honor de la Exposición de Berlín sigue a las anteriores en el mismo año, para repetir otro Gran Diploma de Honor en la capital alemana en 1896. Pintor de la familia real española, se le nombra en 1892 catedrático de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid; en 1895 forma parte del jurado de la Nacional de Bellas Artes; seguidamente, elegido académico de San Fernando, ocupa el sillón que había dejado al fallecer el gran maestro Federico de Madrazo.

Francisco Moreno Ortega, pintor autodidacta, fue conocido en su ciudad natal al conseguir en la Exposición Nacional de la Obra Sindical Educación y Descanso, celebrada en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País en 1959, la Medalla de Oro del certamen por su obra “Calas”. Pintor que durante sus comienzos profesionales añadió una segunda “n” al primer apellido para firmar sus cuadros, ha desarrollado una gran producción a lo largo


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de medio siglo de oficio y pertenecido, en el decenio de 1958-68, a los grupos Picasso y MAM. De obra siempre figurativa, Moreno Ortega tuvo unos inicios claramente influenciados de acentos lorquianos, que dominados de blancos y negros preferentes, siempre evocadores de barcas herrumbrosas abrigadas en misteriosos puertos oscuros, cosos taurinos que proyectado hacia el infinito como nuevas babeles parecían vomitar al espacio su drama de sangre, fiesta y calor, o pueblos de sendas y calles de opacos empedrados y dura arboleda entre abigarrada arquitectura de pretéritas casas labrantías. En sucesivas etapas, todas ellas ricas de color con predominio de grises entre rojos, blancos, azules de ultramar, índigos, tierras tostadas, prusias y violáceos acentos, desarrolló una etapa de claro romanticismo en la que, especialmente en sus paisajes urbanos, conjugó lluvia y luz entre reverberaciones de neón urbanita sobre apresuradas muchedumbres anónimas que se protegen de paraguas. Con nuevos paisajes urbanos, “El Sena” y “Bulevar de los italianos” (París) y “Fantasía de Venecia”, “Estanque de un carmen granadino”, y “Nocturno en calle andaluza”, se entrega luego a una obra claramente impresionista que, en cierto modo, traslada a sus marinas de grande y pequeño formatos y a los irrenunciables temas taurinos y coches de caballos, que tanto abundaron en su constante producción pictórica. Ángel Caffarena escribió para uno de sus catálogos: La plástica de Moreno Ortega tiene personalidad propia. Él puede dar aplastantes lecciones de buen hacer

pictórico en cualquier orden. Eligió el arte figurativo y sigue rectamente la senda que se impuso. Sus cuadros, por cuanto tienen de acertada simbiosis entre composición y color, son auténticas obras maestras. Pero hay más: se trata de un magnífico dibujante, me consta. Tal vez sea esta su más destacada cualidad. Segovia Lobillo, que fue atento observador a la obra de Moreno Ortega, también expresó su opinión acerca de una obra tan abundante: Yo no sé decir sobre sus cuadros. Prefiero estar junto a ellos, notar su aliento calológico, para poder enterarme de cómo este artista desmadra el color, para darle luego una crianza original; de cómo desbarata la luz, o la toma ya así, para luego pespuntearla a su tiempo en el lienzo. Laborioso en su trabajo diario, es de los artistas malagueños que mayor número de exposiciones individuales llegó a realizar, pues el número de ellas tanto en España como en el extranjero fue el siguiente: Málaga (19); Córdoba, Alicante, Jerez de la Frontera, Cádiz, Almería, Madrid, Jaén y Valladolid (2); León, Palma de Mallorca, Barcelona, Castellón, Burgos, Granada y Sevilla (2); Hollywood y Nueva York (2); Caracas, Estocolmo, Winippeg, Canadá, Los Ángeles y Alemania Federal (1). En pintura recibió, además de la citada Medalla de Oro de la Nacional de Educación y Descanso (Málaga, 1959), otro primero del II Premio de Paisajes Malagueños (Málaga, 1965); Primer Premio de los V Juegos de Otoño de Sevilla, y el Moreno Carbonero del IV Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga (1968); Premio de la Excma.


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Diputación Provincial del VI Salón de Invierno de la Academia malagueña (1970) y IV Premio de la exposición de Minicuadros (Málaga, 1974). Como cartelista ha sido uno de los autores más prolíficos de entre todos los de su generación. Los premios que se le concedieron, según relación cronológica, fueron los siguientes: Segundo Premio de la Feria de Málaga (1961); Segundo y Terceros de la Feria Internacional del Calzado de Elda y Premio de la Feria de Málaga (1962); Segundo de Carteles de Toros de Málaga (1964); Premio de Carteles Publicitarios de la IV Semana de Estudios Flamencos de Málaga y Primero de la Feria de Algeciras (1965). Otros primeros premios los obtuvo al concurrir a los concursos de la Feria Internacional de la Maquinaria y Feria del Arte del Metal (Valencia, 1969); Feria del Libro, II y III Premios de Carteles de la Feria de Pedro Romero de Ronda; III Premio de Ideas Publicitarias DFDS; II Premio Rallye Gibralfaro y Premio Sofico de Humor (1972); Cartel de la Feria de Málaga (1976), de Melilla (1978) y de Málaga, en sus ediciones de 1979 y 1981. Independientemente de las incontables colaboraciones que realizó en distintos medios de comunicación locales, el pintor mantuvo una colaboración fija semanal en Sur (1970-1973) y ha publicado los poemarios Un nudo en el agua, (1971), Anatomía de un rompeolas (1974), La isla de la carne (1975), A tu oído desafiando todo rumor y todo eco (1979), Viaje por la daga (1999), Alba de arena (2000) y La sombra de los olivos (2001).

José Moreno Villa, creativo multifacético que destacó en los campos de la poesía, el teatro, el periodismo, la crítica y los estudios de arte en general, no sólo dejó la obra literaria de singulares características dentro del movimiento renovador que representó la llamada Generación del 1927 (de la que distintos exégetas le consideran su inmediato precursor), sino una inquietante obra pictórica, afortunadamente muy bien representada en el Museo de Málaga. Durante 4 años (1909-1908) siguió estudios de química en Friburgo, pues hijo de un destacado industrial en el sector de los vinos malagueños, su padre quiso destinarlo a sus empresas. Entre 1917 y 1936 (año en que comienza su exilio mexicano) fue profesor residente en la histórica Residencia de Estudiantes de Madrid, que fundada en 1910 por Alberto Jiménez Fraud a semejanza de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, en ella desarrolló una intensa actividad no sólo pedagógica, sino abundante en frutos pictóricos. En la Residencia, Moreno Villa coincidió con García Lorca, Pepín Bello, Luis Buñuel, Emilio Prados y Salvador Dalí, entre otros muchos malagueños que posteriormente fueron alumnos de la misma.


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Su incursión en el campo de la plástica se produce en 1924, pero la proclividad del artista por la pintura y el dibujo, si bien no la manifiesta públicamente hasta bien entrado el decenio de 1920, tuvo, sin embargo, un lejanísimo antecedente (1903), recién cumplidos los 13 años de edad, al frecuentar el taller-estudio del pintor José Fernández Alvarado, que fue quien verdaderamente encendió en él la curiosidad por la plástica y sus técnicas más usuales. Muy comprometido con los movimientos modernistas españoles plásticos y literarios del primer cuarto del siglo XX, Moreno Villa se mantuvo fiel a ellos y supo, a través de los diferentes campo de su especialidad, expresar su personal modelo estético reformista. Sus primeros cuadros nacen en la Residencia de Estudiantes, y cuando se ve obligado a exiliarse, su obra crece y desarrolla definitivamente en México. De esta actividad en el país hermano informaba Francisco Giner de los Ríos –compañero de exilio– al I Congreso de Literatura Española Contemporánea que, dedicado a la figura del escritorpintor, dirigió en la Universidad malagueña (1987) el profesor y académico de San Telmo Cristóbal Cuevas García. Las palabras de Francisco Giner de los Ríos en tan solemne ocasión fueron: Se trajo a nuestro piso un caballete, y para mí era un gozo llegar de mi trabajo oficinesco y encontrar a Moreno Villa pintando entre mis libros, y aludió a la euforia que embargaba al pintor ante los encargos de retratos que recibía, algunos de los cuales se exhibieron en producciones cinemato-

gráficas al tratarse de personalidades de la vida política, artística y social de la capital azteca. En dos ocasiones distintas se vieron en Málaga obras de Moreno Villa. Con los fondos propios del Museo de Málaga en 1977 en la sede de dicha institución museística organizada por su director, Rafael Puertas Tricas; la segunda ocasión fue en el Palacio Episcopal malagueño, organizada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la Fundación Unicaja y la Biblioteca Nacional, en la que se presentaron obras procedentes de museos e instituciones de todo el país. Eugenio Carmona, en el libro-catálogo de dicha exposición, documenta que durante los dieciocho años de estancia de Moreno Villa en la capital federal mexicana, realizó siete exposiciones de carácter individual (Galería de Arte Mexicano) más otras dos colectivas, una de las cuales fue la Exposición Internacional del Surrealismo (1940). Las obras de este artistas depositadas en el Museo de Málaga (Palacio de Buenavista, en calle San Agustín (hoy Museo Picasso), totalizan 49 pinturas en soporte de tela o fibra de madera más una tinta aguada sobre papel. De todos estos cuadros destacan los titulados: “Alegoría”, “Paisaje de bueyes y carro”, “Interior con caballo”, “Desnudo femenino en el bosque”, “Florero en llamas en el horizonte” y “Desnudo femenino ante la ventana”.


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Margarita Moris Ruiz, licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, esta artista nació al arte en 1974, cuando, después de practicar en solitario la pintura durante varios años, fue seleccionada oficialmente para tomar parte en la II Bienal Nacional de Pintura y Escultura, VIII Salón de Invierno de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga. Con Pablo García Rizo, realizó estudios en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos; también estudió dibujo con el arquitecto Julio Vidaurre y paisaje con María Revenga. Igualmente, participó en diferentes cursos de formación artística: Curso de Arte Contemporáneo de la Universidad de Málaga, así como de Técnicas Artísticas y su empleo en el Arte Contemporáneo, ambos organizados por el CAC malagueño. En el catálogo de su primera exposición individual en Málaga escribió el marqués de Bussianos, embajador de España: Contemplando la pintura de Margarita Moris, puedo sentir la armonía y la fuerza telúrica de la Naturaleza en su expresión más sobrecogedora, al mismo tiempo que se atisba en los jirones de hermosas nubes la promesa de un cielo generoso que da el

contrapunto de pacífica serenidad. Su trabajo forma un todo y el cromatismo de su paleta es como una sinfonía donde cada pincelada cumple su cometido como instrumentos bien afinados. Margarita siente íntimamente la Naturaleza y nos la hace ver desde su exquisita sensibilidad. Tan atinado como el anterior, fue el comentario que suscitó a El Punto de las Artes la exposición de la artista en la madrileña Sala Éboli: En cada pincelada se descubre la inmensidad apresada por la pintora, que dirime así una peculiar y hermosa batalla para apresar momentos concretos. […] La pintura de Margarita Moris es, a todas luces, un lugar de encuentro con el medio natural, transformado, reelaborado, reinterpretado y recreado por una paleta dúctil y bellísima. Una pintura, en suma, encantada. Tras una exposición colectiva celebrada en la malagueña Sala Malacke (1979), presentó en la Sociedad Económica de Amigos del País su primera individual (1989), a la que en 1994 siguió otra del mismo carácter en Benedito. Un año después llevó su obra a Madrid, eligiendo para tal acontecimiento el Club Financiero Génova. Tras su presentación, la crítica de la capital de España fue unánime al saludarla como una de las paisajistas más originales del decenio. Otras exposiciones individuales de la artista fueron en Benedito (Málaga, 1996), Tuset (Barcelona, 1997); Altea (Madrid, 1999); Colegio Oficial de Médicos (Málaga, 2000) y Club Centro Colón (Madrid, 2004).


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Andrés Mowbray Maqueda. Sus primeros trabajos documentados datan de 1891 y fueron un esbozo de retrato a su madre, el cuadro titulado “El tío del oso” y especialmente –por su aire suelto, gracia y espontaneidad– “El maletilla”, obras que ya había realizado a hurtadillas familiares recién cumplidos los 15 años de edad. Hijo de un adinerado comerciante inglés casado con la malagueña María Maqueda del Castillo –apellidos de familias relacionadas con la pintura y las artes declamatorias locales–, ignoró durante la primera juventud de Andrés su decidida afición por el dibujo y la pintura. Frecuentó las aulas de Bellas Artes de Málaga, pero al carecer de protectora dirección buscó en el taller de José Denis Belgrano el pupilaje que necesitaba. El maestro, luego de someterlo a una simple prueba de dibujo, le declaro alumno y permitió su asistencia a la casa-estudio que Denis tenía en la calle Niño de Guevara. Con el tiempo, Mowbray asume de forma mimética muchos de los personajes y situaciones que su mentor había hecho populares en sus cuadros: currutacos, petimetres, ensayos escénicos, toreros y picadores, etc. Pero en su

abundante obra también se consignan composiciones, paisajes, interiores, marinas, bodegones y rincones típicos. Mowbray vivió en Madrid y en Sevilla, ciudades en las que llegó a comercializar obras que circunstancialmente hacía para sobrevivir. A su regreso a Málaga para atender trabajos que le encargan distintos cónsules residentes en la ciudad, sus coloristas composiciones y asuntos temáticos viajan especialmente a Venezuela, desde cuya capital se difunden a otras repúblicas hispanoamericanas, y recibe numerosos encargos vía consular. Las relaciones de Mowbray con Denis, se vieron finalmente afectadas en los últimos años de pupilaje, toda vez que algunas de las obras del alumno las firmaba y comercializaba el maestro acuciado por necesidades económicas. Este dato quedó confirmado por Enrique Mowbray Maqueda, uno de los hijos de Andrés, poniendo como ejemplo “La cogida y muerte de Espartero”, que en la doble versión de maestro y alumno, llevan la firma del primero de ellos. Mowbray tuvo taller artesanal en la casa señalada con el número 22 de calle Álamos donde no sólo pintaba sus cuadros, sino los formaletes de las cajas de pasas para la exportación y donde celebraba divertidas tertulias con colegas y amigos. Obras de Andrés Mowbray exornaron el interior de los desaparecidos Liceo malagueño y Círculo Mercantil, y todavía hoy existe en el techo de un antiquísimo local que albergó la Joyería Ghiara y muchos años más tarde la popular Confitería La Española, la pintura al fresco que


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pervive no sólo fue pintada por Denis, sino por el propio Mowbray. Andrés nunca celebró exposiciones individuales en Málaga; sin embargo, muchos de sus cuadros se exhibieron en numerosas ocasiones en los grandes escaparates de Cristalería Morganti y Camisería de Gámez, ambos establecimientos de calle Larios. Rafael Murillo Carreras pintor y director que fue del Museo de Bellas Artes de Málaga, le hizo un excelente retrato al óleo. Por la familia de Mowbray se ha referido la curiosa apuesta, consistente en una cena, que hicieron el pintor Enrique Ochoa y el director del Museo de Barcelona, si distinguían una obra del maestro y su alumno. Y otro director de institución museística, en este caso el director del Museo del Prado, Alfonso Pérez, que en 1990 propuso en Málaga se hiciera una exposición antológica de Andrés, cuya obra la encontró meritoria.

Antonio Muñoz Degraín, Treinta años de edad tenía el pintor cuando llegó a Málaga, llamado por su paisano Bernardo Ferrándiz, para que colaborase con él en la decoración interior del Teatro Cervantes, trabajos que en 1870 se encontraban en su iniciación. Finalizados los mismos, y en prueba de agradecimiento, don Bernardo, que era director de la Escuela de Bellas Artes, propone al claustro que se acepte su iniciativa de nombrarle profesor auxiliar de la casa, de forma que en sesión celebrada el 30 de junio de 1879 por la Real Academia de San Telmo –que entonces tutelaba el centro– se aprueba su designación de supernumerario, con la específica misión de sustituir a cualquiera de sus numerarios bien por enfermedad, ausencias particulares o viajes oficiales. A Muñoz Degraín junto con Ferrándiz Bádenes, se le reconoce el enorme mérito de haber contribuido a la germinación de la que posteriormente fue llamada Escuela Malagueña de Pintura del siglo XIX. El artista vivió en Málaga de 1870 hasta 1882 en que es becado para la Escuela Española de Roma; en 1899 se traslada a Madrid para tomar posesión de la cátedra de


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Paisaje de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando; en el mismo año accede como académico a dicha institución y a la presidencia del Circulo de Bellas Artes y en 1897, al producirse la jubilación de Dióscoro Teófilo Puebla, se le designa, mediante nombramiento ministerial, director de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Su jubilación se produce en 1918, pero siguió trabajando en su estudio malagueño al regresar a su ciudad de antigua acogida. Muñoz Degraín fue artista que concurrió numerosísimas veces a las exposiciones nacionales, en algunas de las cuales obtuvo los siguientes premios y distinciones: Cruz de Carlos III por sus obras “Los secuestradores” e “Isabel la Católica cediendo sus joyas” (1878); Primera Medalla por el cuadro “Otelo y Desdémona” (1881) y nueva Primera Medalla por “Los amantes de Teruel”, que envía desde Roma (1884). Alumnos de Muñoz Degraín en Málaga fueron, entre otros, José Nogales, Federico Bermúdez, Fernando Labrada, Joaquín Capulino, y Pablo Picasso. Por sus donaciones –cuadros propios y de otros pintores, muebles y recuerdos– se pudo iniciar la creación del Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga.

Gabriel Muñoz García, pintor de amplísimo espectro colorista, se formó bajo la tutela de Alfonso de la Torre director y profesor del Aula de Pintura de la Obra Sindical Educación y Descanso, institución que en diferentes años le premiaría tanto en sus certámenes y convocatorias plásticas anuales como en distintos concursos de pintura al aire libre. Profesionalmente dedicado a la pintura industrial y doméstica, su pasión por lo creativo –mediante una disciplinada entrega al estudio junto a la práctica incesante de su vocación– le llevó a conseguir no sólo unas formas plásticas personales, sino todo un código de expresión colorista. Estudiando el formalismo de sus dos primeras décadas de oficio, advirtió Manuel Alcántara raíces impresionistas e, incluso, abstractas venideras, según escribió en el catálogo de la exposición celebrada en La Maison (1987): Este impresionista acampado en la clamorosa luz de Málaga está en la frontera del abstracto y no es temerario afirmar que ha cubierto un ciclo y se encuentra en el umbral de otro. De momento, ha metido al paisaje en un caleidoscopio. De momento, sigue pintando… Félix Revello, al escribir en el catálogo


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de la exposición de Gabriel en la sala Pórticus (1989), reflexionó así: Estamos ante un pintor que trata de conseguir, y lo logra, comunicarnos un mensaje de frescor, respaldado por unos valores consustanciales de la propia obra que expone. Valores eminentemente pictóricos que nos muestra una dicción de enardecidos toques, reverberantes de luz, y de una densa materia entrecortada a veces y oscilante otras, pero precisa en una resonancia de matices formados de rico mosaico en el que el fraseo del pincel impera en toda la superficie. Sus exposiciones individuales se celebraron hasta su fallecimiento según la siguiente cronología: Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1968, 1970, 1971, 1972, 1974, 1975, 1976 y 1984); Galería Perla 3 (Fuengirola) y Caja de Ahorros Provincial (VélezMálaga, (1974); Centro Artístico de Granada, Casino Cultural de Almería (1975). Otras, también de carácter individual, tuvieron como escenario las ciudades de Priego, Sevilla, Marbella, Ronda y Madrid. Las tres últimas tuvieron lugar en Málaga (salas Malacke, La Maison y Pórticus, respectivamente, en 1986, 1987 y 1989). De su participación en eventos culturales de carácter colectivo, exposiciones, certámenes y concursos cabe destacar: II y III Bienal de Pintura y Escultura (Málaga, 1974 y 1976); Exposición Nacional de Pintura de Educación y Descanso (Madrid, 1976); Grupo de Pintores Malagueños Contemporáneos (Málaga, Benicazón y Toledo (1977) y colectiva con Perceval, Visconti, Pinteño, Capuleto, Cózar y otros en Galería Algar (Almería, 1984).

Entre los galardones y distinciones al mérito artístico poseyó los siguientes: Segundo Premio de la XLII Exposición Provincial de Educación y Descanso, así como un Primero en la edición número XLIV de idéntico certamen; un Segundo de pintura rápida en Vélez Málaga y un Primero en concurso al aire libre en Torre del Mar. También consiguió otros primeros premios en los concursos de pinturas al aire libre de Arroyo de la Miel, VélezMálaga, Rincón de la Victoria, Coín, Mijas, Alhaurín de la Torre, Marbella y Málaga capital. En 1960 fue seleccionado por el Ministerio de Cultura para presentar su obra en la Sala Berruguete de Valladolid, obteniendo un gran éxito, y a su muerte, un grupo de 25 pintores malagueños organizó en Pórticus (septiembre de 1994) una exposición que, bajo el título Poesía y Color, rendía tributo de admiración al artista.


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1962, suscitó el siguiente comentario

José Muñoz Toscano, matriculado en las asignaturas de Pintura y Dibujo en la Escuela de Artes Aplicadas y oficios Artísticos de su ciudad natal en 1956, recibió clases, entre otros, de los profesores Bono y Roquero; en las mismas aulas coincidió con López Palomo, Díaz-Oliva, Virgilio Galán Román, De la Torre Marín y Julián Ocaña. Es otro de los jóvenes pintores de la época numerosas veces premiado por la Obra Sindical Educación y Descanso al participar en sus certámenes, concursos y convocatorias de pintura rápida al aire libre. En 1960 tomó parte en un certamen de carácter regional que tuvo lugar en la malagueña Casa de Cultura y en un concurso de pintura al aire libre en la Acera de la Marina, año en que ofreció las primeras muestras de su arte paisajístico. Un año más tarde, compartiendo espacio con Antonio Jiménez López, expuso en la Galería de la Caja de Ahorros de Ronda en Málaga, situada entonces en la calle Sancha de Lara. También en dicho año realizó su primera individual en la Biblioteca de la Jefatura Provincial del Movimiento. Al participar con varias obras en el V Certamen Juvenil de Arte, celebrado en el Museo Provincial de Málaga en

por parte de Francisco López Martín, crítico del vespertino “La Tarde”: José Muñoz Toscano presenta un amplio dibujo a pluma que titula “El Perchel”, dibujo que le acredita en esta exposición como uno de los más grandes valores de la misma. Magnífico su “Paisaje de la carretera de Granada”. Excelente su “Apunte de rosas”. En Muñoz Toscano, ya lo hemos dicho en ocasiones anteriores, hay un artista de gran porvenir. El mismo crítico, a propósito de su exposición en la Económica, la sección de Arte del diario Sur declaraba: Pepe Muñoz Toscazo es joven, casi un chiquillo, ¡pero caramba con el muchacho! No creíamos encontrarnos con una exposición tan llena de madurez. Debido a sus obligaciones derivadas de su situación familiar, su dedicación en cuerpo y alma a la plástica, según hubiera deseado, la mantuvo hasta el año 1970, de acuerdo a la siguiente cronología expositiva de carácter individual: Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1962); Casa de Málaga en Madrid; Córdoba, Cádiz y la Línea de la Concepción, y de nuevo en la Sociedad Económica malagueña (1964); Hotel Las Vegas, Málaga; Ayuntamientos de Guadalajara y Ubrique, y Caja de Ahorros de Ronda, en Málaga-capital (1965); Sidi-Ifni (1967) y Galería Picasso, Málaga (1970). De entre los numerosos premios, trofeos y galardones que recibió a lo largo de su corta carera artística en su ciudad natal significamos, entre otros primeros premios, el de Dibujo por su obra “El Perchel”, del V Certamen Provincial de Arte del FF. de JJ. (1962);


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de Pintura al Aire Libre, calle San Agustín, de Educación y Descaso (1963); también de Pintura en la XXV Exposición de Arte de la misma institución y otro de igual categoría de idéntica organización, sobre el tema del barrio Perchel, en el mismo año. Segundos premios fueron los conseguidos en el Certamen de Pintura al Aire Libre de Educación y Descanso (1962); otro en la sección de Pintura de la XXIV Exposición Provincial de Arte de la misma organización (1963); uno más de la misma especialidad, del certamen celebrado en San Roque (Cádiz, 1964); y en la categoría bronce, la Medalla del I Certamen Regional de Pintura Andaluza y Extremeña (Sevilla, 1966). Muñoz Toscano reinició su actividad creativa al inicio de la presente centuria, estudiando la posibilidad de una exposición antológica retrospectiva junto a sus nuevas creaciones.

Rafael Murillo Carrera, se le tiene por alumno de José Denis, aunque por su inmediatez con los maestros iniciales de la llamada Escuela Malagueña de Pintura del XIX encabezada por Ferrándiz y Muñoz Degraín, también de ellos recibió influencias docentes. Ingresó en Bellas Artes a la edad de 15 años y en sus aulas permaneció desde 1883 a 1889. Sale con 21 años y, siguiendo las orientaciones de su principal maestro, Denis, se ejercita en la pintura al aire libre. Su agudizado sentido de la observación aliado de una paciencia increíble, dieron como resultado sus primeras y más festejadas obra, las tituladas “El bautizo” y “Travesuras de monaguillos”: el detallismo y minuciosidad con que las obras están ejecutadas, hablaron por sí mismas del camino que en el futuro artístico del pintor se abría. Sus primeros triunfos los consigue a sus 25 años, cuando se le premia una obra en la ciudad de Chicago y en ese mismo año (1893), alcanza un diploma de honor en una exposición de carácter regional celebrada en Granada. Cuatro años más tarde, al participar por vez primera en una de las exposiciones nacionales de la época, recibe una mención honorífica por su obra “Echar


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leña al fuego”. El último año del siglo XIX el artista es premiado por sus obras “Cabeza de estudio” y “Paisaje”, que presentó en un certamen celebrado en Málaga; igualmente, el primer año del siglo XX, al repetir su participación en el mismo concurso, se le premia su “Travesuras de monaguillos”, “Paisaje” y “Patio”; por último, en la de 1915 recibe otros distintos galardones por varios paisajes. En tres frentes distintos transcurrió la larga vida artística, docente y personal de Rafael Murillo: de un lado, sosteniendo una producción pictórica muy perso-

nal y cuidada; de otro, realizando una meritoria labor como enseñante, donde la estimación de profesores y alumnos fue constante; y en un último plano, gestionando y trabajado desde muy diversos niveles, la posibilidad de que Málaga pudiera tener, al fin, la adecuada ubicación del Museo Provincial de Bellas Artes en el Palacio de los Condes de Buenavista, en calle San Agustín, el cual dirigió durante largos años. Rafael Murillo Carreras murió el día 15 de agosto de 1962 a los 94 años de edad, tras una larga existencia de tres decenios del siglo XIX y seis del siguiente.


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19.XII.95), ya constató un cambio fun-

Sebastián Navas Álvarez, pintor de muy particular paleta cromática, su obra inicial la pueblan secuencias paisajísticas no habitadas por el hombre e imágenes de inquietantes mensajes de soledad expresadas desde la nostalgia. Expuso por vez primera en la desaparecida Sala Terral, de Málaga, en 1986; la última, dentro del siglo XX constatada en su programa galerístico, fue en la también galería malagueña Martín Galy en 1998. Con ocasión de la novena exposición individual celebrada en 1995, la crítica (Galerías de Arte, Sur,

damental en sus maneras pictóricas: Que Navas es un ponderado artista de sensaciones y un hábil provocador de sentimientos contradictorios, es un hecho ahora palpable. Su crónica plástica se ha enriquecido al incorporar lo que a los viejos y entrañables paisajes faltaba, el ser, la criatura camino de ninguna parte, abatida en el asombro de una soledad duradera y persistente. Sus figuras se ensamblan a unos fondos a los que no pertenecen ni, quizá, con ellos se identifican. Pero están. Son. Cuentan. En el catálogo de su exposición en la Sala Madga Bellotti, de Algeciras, el propio artista escribió de su pintura: Mi gusto por la composición geometrizante tiene como fondo la oposición orden-desorden; la idea de un límite ante el caos. Limitar el espacio ante la dispersión del infinito. Al cristalizar una forma adquiere un sentido, aunque éste no sea ni pretenda ser fijo y definitivo. Su programa expositivo dentro del siglo anterior, fue mayoritariamen-


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te malagueño: Terral (1986); Colectivo Palmo (1987); Diputación Provincial (1988); Galería Magda Bellotti, Algeciras (1989 y 1995). Otros espacios expositivos malagueños fueron: Colegio de Arquitectos (1991); Sala José María Fernández, de Unicaja (1992 y 1994); Diputación Provincial (1993); Taller Gravura, Dibujos (1995); Ayuntamiento de Nerja, Sala de Arte (1996); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga, y Galería Detursa de Madrid (1997). En la malagueña Galería Marín Galy expuso en 1998. Este mismo año fue becado por la Junta de Andalucía para realizar un curso de grabado en Taller Gravura. Navas obtuvo un Accésit en el Primer Certamen Nacional de Pintura Ecoahorro, un año más tarde fue premiado en el Certamen Arte Joven Malagueño de El Corte Inglés; en 1995 alcanzó el nacional de Artes Plásticas de Valdepeñas, Ciudad Real, y en 1997 el de grabado Pablo Ruiz Picasso del Ateneo malagueño.

José Valentín de Juan Nogales Sevilla, buen retratista, significativamente dotado para el paisaje y conocido como el pintor de las rosas por los magníficos ejemplos demostrados en muchísimas de sus obras, fue inicialmente alumno de Bernardo Ferrándiz y más tarde de Antonio Muñoz Degraín durante todo su proceso de formación artística (1879-1882). Hijo de familia artesana de padres y diez hijos, aceptó desde muy joven trabajar como auxiliar administrativo en las oficinas de la Compañía de Ferrocarriles Andaluces, esforzándose por compatibilizar sus obligaciones laborales con su asistencia diaria a las aulas de la Academia Provincial de Bellas Artes. Malagueño de fuerte raíz, conociendo además de qué forma Málaga influía en su trabajo, nunca aceptó abandonarla. Es el caso de tantos malagueños que, incapacitados para vivir de espaldas a su paisaje nativo, jamás aceptó las ofertas que recibió para trasladarse a Madrid o a distintas capitales de países hispanohablantes, tal como sucedió. En 1880, apenas un año después de iniciada su formación, decide concurrir por vez primera a una exposición, la Artística, Industrial y Agrícola


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de Málaga, a la que presenta cuatro cuadros que sorprenden y que son en realidad los que abren camino a su nombre en la ciudad de entonces y admiración entre el profesorado. Al crear el marqués de la Paniega –presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo– nuevas aulas de enseñanza artística en los barrios de Málaga, se le concede, en virtud de sus méritos ya probados, el nombramiento de ayudante meritorio (1888), y al siguiente año, ayudante temporero. En Málaga se empieza a hablar de Nogales, pese a su edad, como un consumado maestro, pero es necesario que se produzca una carta de Federico de Madrazo, a propósito del cuadro que envía a la Nacional de 1887, para que tanto la academia como la escuela y la propia ciudad culta de la época, reparen en el interés que la pintura de Nogales despierta en una de las consagradas figuras de España. En 1892, pintor que ha demostrado su rápida maduración como creativo pese a su edad, presenta a la Exposición Internacional de Bellas Artes de Madrid un cuadro (3,5x4,5 metros) titulado “El Milagro de Santa Casilda”, al que se le concede el Premio de Primera Clase al Mérito en la sección de pintura. Curiosamente, dada la espectacularidad del lienzo, su interés temático, las calidades pictóricas que revela y sobre todo su título, se le acabó llamando “El Milagro de Nogales”. El cuadro hizo ganar gran fama y dinero a su autor, toda vez que la obra marcó también la más alta cotización nunca alcanzada por su autor. Adquirida la obra por un destacado banquero, permaneció durante años

en el convento de las Salesas Reales de Oviedo, donde había profesado la hija del adquirente, de nombre Casilda. En 1993, más de un siglo después, dicho cuadro, en muy avanzado estado de deterioro, fue por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo aconsejado de adquirir y restaurar por la Junta de Andalucía, que posteriormente pasó a Málaga como parte de los fondos del Museo de Bellas Artes. Moreno Carbonero en primer lugar, ofreciéndole su propio estudio como taller en Madrid, Muñoz Degraín más tarde prometiéndole contactos artísticos y culturales muy importantes en la capital de España, y en 1896 por parte del Presidente del Senado chileno, que deseando engalanar el palacio con los retratos de todos los presidentes que había sido, le solicitó este trabajo, negándose a ser desarraigado de Málaga. Además del aludido Primer Premio en la Internacional de la capital de España por “El Milagro de Santa Casilda”, Nogales consiguió en 1910 Diploma, Medalla de Oro y Medalla con Diploma conmemorativo, al participar, por el orden en que se expresan, en Madrid, Valencia y en México, y en la Feria de Muestras de Málaga, le fue concedida una Medalla de Plata. Perteneció a la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y a la de San Telmo de Málaga y fue director de la Escuela Elemental de Industria y Bellas Artes de Málaga. Su jubilación le llega en 1931, pero durante los últimos años de su vida, aún enfermo e inválido, siguió pintando.


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Antonio Castro Oblaré asistió durante un curso a la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga (1966), recibiendo clases de Luis Romero y José Sánchez Vázquez. Cofundador del grupo literario-artístico Banda de Mar (1979), también dedicó cinco años de su actividad creativa a la poesía y la ilustración de libros poéticos y revistas literarias (la citada Banda de Mar, Corona del Sur, Galera, La Traíña, El Parnaso, La Luz, etc.), hasta 1984. Su plena dedicación a la pintura se pro-

duce en 1990, si bien para entonces ya había realizado diferentes exposiciones individuales y participado en otras muchas colectivas. De su obra se ocuparon, entre otros, el profesor Gómez Yebra, que así escribió en el catálogo que Oblaré llevó a su exposición de Granada: El mar de Oblaré, de un impresionismo perfecto, aunque no perfectista, no se puede comparar con el mar de ningún otro pintor dedicado a este tema, por la sencilla razón de que su mar es EL MAR, sin más, sin aditamentos, la percepción pura y simple de sus ojos-pincel. En el mar de Oblaré no podremos encontrar motivos pesqueros, ni siquiera ornitológicos, o el recurso fácil de adornar las costas a base de sofisticadas y aun sentimentales edificaciones humanas, no; ni un árbol se asoma a lo largo de sus litorales. Francisco Ruiz Noguera, también desde otro catálogo, preguntaba: Si es cierto que cada pintor –como sello de identidad– tiene sus colores, ¿cuáles son los de este marinista con tanto mar en sus pin-


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celes que ya es el propio mar el que vive en sus ojos y en sus manos? Blanco, azul, verde: he aquí los colores que definen la pintura de Oblaré: la huella dactilar de su mirada. Sus exposiciones individuales comienzan en el Liceo-Peña Malaguista (1977) y continúan en el siguiente orden: Salas de la Caja General de Ahorros de Granada en Jaén y Almuñécar, respectivamente (1978); Galería de Arte Talía, Estepona (1979); Caja de Ahorros General de Granada, Granada (1980); Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga (1986); Ayuntamiento de Nerja (1987); Galería de Arte Elvira, Granada (1994); Unicaja, Málaga (1995); Galería de Arte Xauen, Granada (1996); Sala del Ateneo, Almería (1998); El Portón, Alhaurín de la Torre (1999) y Ayuntamiento de Torremolinos (2000). El programa galerístico de sus exposiciones colectivas se desarrolló, entre 1972 y 1988, en Málaga (15), Granada (2), Madrid (2), Marbella y Nerja. El mar ha sido en la obra de este autor su tema constante, y en su larga práctica ha revelado poseer un notable conocimiento del medio marino. Cuadros de suaves tonos –más cerca de Ocón que de Gartner– la mar de Málaga como icono fundamental de lo mediterráneo, la ha hecho familiar y próxima. “Orilla”, “Crepúsculo”, “Puesta de sol” y “Día gris”, entre otros muchos, fueron algunos de los títulos que destacaron en su exposición última del siglo XX.

Desde muy niño Julián Escalona Ocaña se siente llamado por el dibujo, consiguiendo con esta asignatura las mejores calificaciones obtenidas a lo largo de toda su escolarización. A los catorce años ingresa en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, donde orienta su vocación bajo las enseñanzas del profesor Juan Almagro. Con diecisiete años decide emprender la aventura americana y se traslada a Venezuela, donde, tres años más tarde de su llegada, en el Museo Nacional de Arte de su capital, Caracas, tiene la oportunidad de darse a conocer en una exposición colectiva, lo que le abre las puertas de los medios artísticos y afines de la capital. Permanece en ella hasta el año 1966 en que, al fin logra su sueño de exponer en la capital de Francia, lo que consigue a través de otra exposición colectiva del Grupo de Artistas Independientes. Esta bellamente adornada obra de Julián Ocaña nos invita a soñar. El dominio del dibujo le permite dibujar pintando y esto hace que su mayor esfuerzo esté orientado en el estudio del color, consiguiendo de esta forma un mensaje poético y ensoñador que cala profundamente en la sensibilidad del espectador, escribió el comentarista


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internacional del diario El Mundo, de Caracas, en 1960: Obseso de la luz, Ocaña exhibe un moderno impresionismo hispano de alta estima, fue el comentario acerca de su obra de la Gaceta de Amberes en junio de 1983. La prolífica obra de Julián Ocaña se mostró en distintos momentos en salas y galerías malagueñas y de otras diferentes de España y del extranjero a partir de 1967. Su orden fue el siguiente: Sociedad Económica de Amigos del País (Málaga, 1967); Galería Picasso (Málaga, 1969); Sala Alcón (Madrid, 1973); Museo Provincial de Málaga y Sala Alcón de Madrid (1974); Gut Weiherhof y Galería Toisón (Alemania y Madrid, respectivamente, 1975); Galerías Díaz Larios, Malacke y Sala Nonell (Málaga, id. y Valencia, 1976); Galería Prat y Hertogenboch (Valencia y Holanda, respectivamente, 1977); Galería San Vicente (Valencia, 1978); Miramar Arte y Caja de Ahorros (Málaga y Huelva, respectivamente (1979); Sala Llorens y Turnhout Dewarande (Barcelona y Bélgica, respectivamente, 1980); Sala Llorens (Barcelona, 1981, 1982); Dewarande y Sala San Vicente (Bélgica y Valencia, respectivamente, 1983); Sala Llorens (Barcelona, 1986); Beerse (Bélgica, 1988); Sala Llorens (Barcelona, 1989) y Galería de Arte Pórticus (Málaga, 1991).

La obra de este pintor está representada en colecciones particulares e instituciones privadas de Ankara, Suecia, USA, Alemania, Bélgica, China, Suiza, Brazzaville, Holanda y México.

Emilio Ocón y Rivas, hermano del músico malagueño de idénticos apellidos, representa para la llamada Escuela Malagueña de Pintura del XIX el primer ejemplo del género marinista puro, cuyos secretos supo transmitir a muchos de los que fueron sus pupilos en la Escuela de Bellas Artes de Málaga, especialmente a José Gartner, que llegó a superar al maestro. En Málaga desde muy niño, con doce años de edad ingresa en Bellas Artes en las aulas de los pintores Antonio Maqueda y Ángel Romero. En años posteriores a los comienzos de los estudios artísticos, hace tres años de náutica en la Escuela de Pilotos Náuticos de San Telmo, Málaga (1860-1863), donde demuestra su inteligente suficiencia para el dibujo de embarcaciones. Al ser recomendado a Carlos Haes, antiguo pintor y profesor de Málaga y a la sazón docente en la Academia de San Fernando, de Madrid, que tres años más tarde le gestionará de la Diputación Provincial malagueña una beca para que realice estudios en los Países Bajos, donde fue alumno de Jean Paul Clayss y Louis Hendrych. Vuelto a España en 1870, un año más tarde presenta obras a la Exposición Nacional con varios cuadros


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de temas de su especialidad, entre ellos “Vista de Málaga en un día de calma”, que mereció una Mención del jurado. En 1873 participa en la Exposición Universal de Viena, en cuyo certamen consigue la Medalla “Sur Kunestude”, y viaja por Suiza y otros países del continente pintando paisajes. Su incorporación a la docencia se produce en 1875 ocupando la plaza que dejó, tras su fallecimiento, el pintor y profesor Jacobo Acosta. Fallido su intento de alcanzar en 1883 una pensión para la plaza de Paisaje en la Academia de Roma, se siente recompensado al crearle la Diputación Provincial de Málaga, exprofeso, la Cátedra de Paisaje en la Escuela de Bellas Artes de Málaga. Un año antes de acabar el siglo XIX envía a la Exposición Provincial del Liceo varios de sus últimas obras: “Valle de Samoens” (en la Alta Saboya), “Cercanías de Ginebra”, “Crepúsculo de la tarde” (Málaga), dos apuntes del natural y “Lago de Ginebra”, con el que es distinguido con Medalla de Primera Clase. Era académico de San Telmo desde 1893, y pese a los éxitos y fama alcanzados durante el ejercicio de su pintura y docencia, sus alumnos, pintores y amigos ayudaron a la viuda organizando una exposición-subasta a su beneficio, dada la situación de precariedad en que se hallaba la familia.

Perry Macon Oliver, que era a sus 19 años de edad socio del estudio de diseño Oliver & Wright Associates en Collage Park, Maryland, EE. UU., abandona su país en 1968 y después de recorrer España y Marruecos se instala definitivamente en Nerja. Es en Málaga, por tanto, como en el caso de otros distintos pintores extranjeros, donde nace, se desarrolla y alcanza madurez su obra gráfica, a la que se entregó tesoneramente investigando, estudiando y experimentando de forma autodidacta desde 1970. Sus primeras esculturas aparecerían, como sorprendente complemento de su creatividad gráfica, un año antes de finalizar el siglo XX. De su obra gráfica, nutrida y original, escribió Antonio Parra: En ese mundo de escasas tonalidades, al negro le ha sido siempre conferido papel de protagonista y será el que determine figuraciones pasadas o gestualidad del momento, sin renunciar al ritmo, al instinto interpretativo, a la importancia de la representación del icono, que Oliver quiere elevar a la categoría de imagen poética. Por otro lado, el también crítico Wilfredo Rincón recordaba, a propósito de la exposición de Oliver en la Sala de Italcable, Málaga, 2000: Oliver,


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en esta nueva faceta de su arte, va a seguir con la temática que en este mismo momento le ocupa en su arte gráfica que es, ni más ni menos, que las relaciones humanas que el artista precisa, deben entenderse en el más amplio sentido de la palabra. Sus esculturas y grabado son para Oliver reflejo de su búsqueda permanente. Desde los años 1975 a 2000 –primera y última exposiciones, respectivamente, durante el siglo XX– Oliver celebro 15 individuales en EE. UU., 3 en Alemania, 3 en Dinamarca, 1 en Francia y 15 en España:(Madrid (3), Badajoz (1), Almuñécar (1), Cadaqués (1), Málaga (4), Nerja (1), Sevilla (2), Marbella (1), Rincón de la Victoria (1). Del palmarés de Oliver destacamos, salvo error o involuntaria omisión, los siguientes premios y distinciones: Primer Premio de Gráfica de la Doylestown Art Leage Annual, Doylestowm, EE. UU., y Premio George Lazlo de la Phillips Mill, EE. UU. (1981); Mención de Honor del V Premio de Grabado Máximo Ramos, del Museo de Bello Piñeiro, Ferrol, España (1988); Premio de la XV Exposición Internacional de Miniprint, Barcelona, España (1995); Segundo Premio del III Premio Nacional de Grabado del Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella, España (1995); Premio de la Asociación de Amigos del Museo, correspondiente al VIII Premio Nacional de Grabado de España (2000), y Primer y Segundo Premios del III Concurso Nacional de Grabado, Alcalá de Guadaira, Sevilla (2001).

Juan Pablo Ruiz Orellana comienza su formación artística a los 17 años junto a su amigo el escultor Jesús Martínez Labrador. Licenciado en Bellas Artes por la Facultad Santa Isabel de Hungría, realizó cursos de posgraduado en Granada. Profesor de Dibujo Artístico en la Escuela de Arte Mateo Inurria (Córdoba), ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas prácticamente en todas las capitales y principales ciudades andaluzas, además de Madrid y París. El crítico Miguel Clementson, luego de haber estudiado los cuadros que el pintor exhibía en el conjunto titulado Diario del Natural, escribió: La pintura de Pablo Orellana nos habla por sí misma, relevándonos en un diálogo tácito y ensimismado la propia personalidad expresiva de su autor. Estos cuadros no imitan, ni suponen una recreación imaginativa de la experiencia; constituyen por sí mismos una realidad paralela tan conceptual como la que transcurre cotidianamente fuera de nuestra epidermis, tan visceral como la que subyace en nuestra substantividad interna. En estas composiciones se dimensiona ante todo el sentido más profundo, las vivencias más íntimas, las insinuaciones más radicales. Su inicial maestro, Martínez Labrador, ya había comentado anteriormente: Yo veo


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en su pintura una desnudez rara por su pureza, un encantamiento mágico ante el alma de lo natural. Cualquier tema, por simple o por eterno, toma por su mano dimensión de clásico. Más bueno no por ser real lo pintado, sino por ser vivo, por transmitir lo que el espíritu ve latente en cualquier cosa que existe. Mayor número de exposiciones colectivas que individuales jalonan su carrera desde 1986 en que decide presentar su obra al público. Así, Sevilla en 10 ocasiones, Antequera (5), París, Málaga (5), Motril, Granada, Santa Fe, Córdoba (5), Torre del Mar, Salobreña, Santiago de Compostela, Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, fueron ciudades a las que acercó su producción pictórica junto a otros artistas. Su actividad galerística individual se inicia en 1985 con el ciclo Obsesiones, cuadros que presenta en el salón del Rectorado de la Universidad de Sevilla. En 1992 inaugura exposición en la Sala de Unicaja de su ciudad natal, en 1995 lleva el conjunto titulado Diario Natural a la Sala Mateo Inurria de la capital cordobesa, en 1999 presenta un lote de pinturas en el Estudio Peironcely de Madrid, donde vuelve 4 años más tarde. Finalista de la Beca Picasso del Ayuntamiento de Málaga (1989), fue seleccionado para el I Certamen de Pintura La General de Granada. Ha sido ilustrador de revistas y eficaz colaborador gráfico de diferentes libros editados en Madrid y Málaga. Durante los cursos 1982 a 1985 trabajó como profesor y animador del taller ambulante Escuela de Arte para Niños, fundado y dirigido por Jesús Martínez Labrador.

Como cuestión previa, y en lo que se refiere al año del nacimiento de Felipe Orlando García-Murciano, muchos de los estudiosos y exégetas de su obra que sobre ella han escrito, aseguran que el año del nacimiento del artista fue 1911; sin embargo, en la nota autobiográfica que el propio pintor redactó para el catálogo de su exposición malagueña (Diputación Provincial, 1971) dejó asegurado: Nueve meses antes del 21 de enero de 1917 Felipe Orlando habitó el vientre materno. Pintor, escritor, fundador y director de publicaciones, fue también profesor universitario, antropólogo, y, con carácter honorario, director del Museo Arqueológico de Benalmádena al donar al municipio su colección de piezas y esculturas precolombinas. Orlando fue uno de los muchos ejemplos de creativos no nacidos en Málaga que, pese a dicha circunstancia, dejó en su obra indudable huella de su encuentro con nuestra cultura mediterránea. Presente en España desde 1960, nueve años más tarde se estableció en Benalmádena, ciudad que eligió para vivir durante los últimos 32 de su existencia. Desde los 17 años de edad vivió en Quemados de


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Güines (Cuba) y al cumplir los 19 ingresó en el taller de pintura que regentaban en La Habana Vieja Jorge Arche y Víctor Manuel. Casado en 1937 con la también pintora Concha Barreto, tres años más tarde comenzaría a compatibilizar pintura con narrativa, de cuyos irónicos modos literarios –que llevó sin duda a la pintura– daría ejemplo en una docena de títulos. Uno de ellos Leonorilda eleva el pensamiento a las alturas, obtuvo el Premio Netzahualcoyotl de México (1973). Autor de lienzos tan inquietantes como “Dama distinguida con animal vulgar”, “Mariscal del cuerpo burocrático” o “Dama intelectual y general monorquido” (en alusión al único testículo del personaje), dichos cuadros pertenecientes a su primera exposición malagueña de 1971, constataban las primeras advertencias de lo que el artista evolucionaría, en iconografía y colorido, hasta llegar a las sorprendentes y mágicas representaciones plásticas de la última generación de cuadros vista, también en Málaga, en 1983, y de las que con luz propia destacaron “A la memoria de Concha Barreto”, “Cauce silencioso”, “Gradación del Siena”, “Del Mediterráneo” o “Llamada”. Orlando expuso su obra en una larga serie de importantes galerías de ambas Américas y Europa. Su primera y fugaz visita fue en 1960. Durante su breve estancia, que aprovecha para contactar con artistas pintores y personalidades de la cultura malagueña de entonces, ilustra los números 96 y 97 de la revista poética Caracola, que dirigía José Luis Estrada Segalerva. Su enigmática obra tuvo

del malagueño Manuel Altolaguirre, a quien trató en México y Cuba, uno de los comentarios más acertados, al asegurar: He desnudado de color, quitándole su luz, los cuadros de Felipe Orlando, y me he encontrado siempre con que el dibujo, la trama esquelética, esquemática, de su arte, es tan débil, tan delicada, como la voz de un niño. Darle vida a tales inocentes líneas para que sin perder su pureza ganen en intensidad, sólo es posible con un profundo conocimiento del color. El color y el dibujo, como el cuerpo y el alma de una misma vida, no pueden separarse, pero cuando la luz borra el dibujo, cuando el espíritu hace que nos olvidemos de la forma, cuando logramos decir algo sin saber cómo lo decimos, es cuando llegamos a estar seguros de nuestra victoria. Su primera exposición individual tuvo lugar en el Lyceum de La Habana (1936) y a partir de ésta, hasta la última del mismo carácter de 1993, protagonizó incontables eventos galerísticos en México, Cuba, Venezuela, España, Italia, Francia, Suiza, Alemania, EE. UU. (San Francisco, Washington, Nueva York, Dallas, Los Ángeles Chicago), Argentina, Puerto Rico, etc. El número de participaciones en colectivas, tanto americanas como europeas, fue tan elevado que hace imposible su enumeración. Como queda dicho, su primera exposición malagueña fue en 1971 seguida, el mismo año, de otra en la Galería Nova de Torremolinos. Una más en Harras (1982) y la última de ellas en vida del artista en Alfredo Viñas, ambas en Málaga (1993), cierran el ciclo de sus exposiciones individuales malagueñas. En 1998, guiado por el interés


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de la obra de Orlando, el Instituto de Bachillerato de Benalmรกdena organizรณ en su homenaje una exposiciรณn colectiva, y en el Centro de Exposiciones de la misma localidad fue presentada una retrospectiva de su obra en junio de 2005.

Fallecida su esposa en 1989, Orlando contrajo nuevo matrimonio (1991) con Marina Lara. ORTIZ BERROCAL, Miguel (Ver BERROCAL)


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José Criado García. Sus óleos suele firmarlos con doble “pe” mayúscula seguido de su primer apellido; sus dibujos, sin embargo, los rubrica como José Criado. Es pintor de formación autodidacta que ejerció desde muy joven y que, posteriormente, como responsable técnico de la Compañía Iberia en Nueva York y Miami, compatibilizó sus responsabilidades técnicas con una dedicación intensiva a la pintura. Desde la capital neoyorkina donde tuvo tallerestudio desde 1996, difundió su obra

en EE.UU. a través de exposiciones celebradas en numerosas ocasiones en la misma ciudad de los rascacielos, así como en Miami, Chicago y Atlanta. La suya es una obra realista sustentada en un dibujo de gran perfección que mereció encomiásticos comentarios no sólo de los verdaderamente entendidos en Tauromaquia, sino por prestigiosos críticos de arte. Eusebio Gonçalvez-Ruano opinó que Su malagueñismo en particular y por extensión su espacioso andalucismo, no solo sin quebrantar sino incrementando sus deseados sentimientos, dan la profusión y exuberante vitalidad de lo contenido en su recreación; la cotidianidad se engrandece en fuerza vital en su pintura. De otro lado, el profesor de la UMA crítico taurino José Manuel Ortega Marín dejó, en su momento, escrito: El proceso de exteriorizar es una pelea desde la intimidad, donde formas y colores se debaten con la capacidad de rehacerlos desde el rigor, desde la inconformidad, desde la


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matriz creativa que no se reconoce sin lucha, en una batalla en la que muchas veces se cae vencido. Es la aventura vital del creador, es la dolorosa peripecia del artista, es el universo interior que, a puñetazos, se debate y consigue salir y materializarse en la pintura de Pepe Criado. Su primea exposición individual data de 1972 al exhibir sus iniciales obras en la sala de la Caja de Ahorros de Ronda en Málaga-capital, a la que siguieron las del hotel Las Fuentes del Rodeo en Marbella (1974 y 1982); Caja de Ahorros de Antequera en Málaga (1975); Hotel Los Monteros de Marbella (1977 y 1984); Casa de Cultura de Torremolinos; Casa-Museo del Ayuntamiento de Mijas (1995) y Pease Lane Studio (Long Island, Nueva York, 1998, 1999, 2000 y 2001). Iniciado el siglo XXI, hasta su última muestra individual del Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso del Ayuntamiento de Torremolinos, celebró tres nuevas exposiciones en Miami, así como otras distintas en las plazas de toros de Las Ventas de Madrid y en la de Antequera. También participó en ARTJAEN y en MARB-ART.

Francisco Javier Rodríguez Idígoras es, como su hermano Ángel, dibujantey humorista, y a la labor desarrollada conjun-tamente bajo la firma de Idígoras y Pachi, realizó una producción individualizada de la de su hermano mayor. Tras su fugaz paso por La Gaceta de Málaga, publicó sus viñetas en Sol de España y otros periódicos locales. El año 1992 fue cuando realmente los hermanos iniciaron sus trabajos conjuntos, publicando en El Jueves las que se hicieron populares series Pascual, mayordomo leal, Los Aznar en la Moncloa, El último grito y El perro de la Casa Blanca. Dicha revista publicó cinco libros recopilatorios con las mejores historietas de Pascual. Más tarde pasaron al diario El Mundo, ediciones nacional y de Andalucía, donde ambos prodigaron una notable tarea. Bajo la doble firma publicaron igualmente trabajos en publicaciones del Grupo Correo, La Voz de Cádiz, Supermortadelo, Puta Mili, El Médico, el Periódico de la Farmacia, etc. En solitario, Pachi ilustró Viento, un cuento original de Inma Benítez. Pachi comparte con su hermano Ángel las siguientes distinciones: Premio de Comunicación Amigos de


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Málaga, Haxter de Gijón, Medalla de Oro de la Provincia de Málaga, Premio del Salón del Cómic de Vélez-Málaga y Tono, de la Villa de Madrid. Además, es profesor honorífico del Humor por la Universidad de Alcalá de Henares.

Rafael Martínez Padilla. Citado en 1908 por Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo en sus conocidos apuntes para un Diccionario de Pintores Malagueños del siglo XIX, fue pintor que nunca expuso su obra en Málaga. Se había formado artísticamente en la Escuela de Bellas Artes de Sant Jordi, Barcelona, ciudad a la que se trasladó con sus padres siendo un niño. Su obra se conoció a partir de 1898 participando en cuantas exposiciones se celebraron en la capital catalana hasta bien entrado el siglo XX, tras haber conseguido una Mención de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid. Sus primeras exposiciones de carácter individual las celebró en la Sala Parés (Barcelona, 1905 y 1906). Tras ser galardonado en 1907 con una Tercera Medalla en la Exposición Internacional de Barcelona por su Tríptico “San

Pedro de Roda”, su obra, inscrita en el postmodernismo catalán, alcanza con su nombre una cierta popularidad que le abre las puertas no sólo de los cenáculos artísticos, sino de los propios estudios y talleres donde se citan los más influyentes pintores de la época. Fue compañero de Luis Bagaría, el gran caricaturista establecido en Madrid a partir de 1911, y de Picasso, con quien frecuentó Els Quatre Gats y con quien realizó al alimón, en el restaurante El Canario de la Garriga, un tema pictórico. Ramón Casas le hizo un retrato, y Pablo Picasso, en el taller del propio Martínez Padilla, realizó en 1917 el cuadro titulado “La Salchichona”, lo que prueba que el pintor Padilla ya era figura artística singular en los ambientes barceloneses previos a los años 20. Durante su larga estancia en París, que se prolongo desde 1937 hasta 1950 en que regresa de Francia, cultivó el paisaje, aunque no desdeñó la figura femenina, el retrato ni el bodegón. Fueron obras que, cada vez más atractivas, ganaban, como contrariamente suele suceder, a medida que el pintor envejecía. Fueron distintas las exposiciones que celebró en Francia, de las que destacó sobremanera la de 1949 en la parisina Galería Berheim-Jeune. Otro grato acontecimiento, muy aplaudido por los espectadores de la época, fue su última exposición celebrada en Barcelona en 1950. De los retratos más celebrados salidos de sus pinceles, se encuentran el de “Miguel Utrillo” y “El amigo Colomer”.


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Gabriel Padilla Cifré, licenciado en Filosofía y Letras (rama Historia del Arte) por la Universidad Complutense de Madrid, es, en cuanto a formación artística, autodidacta. Aprendí en los museos, en las exposiciones y en los talleres de algunos amigos, ha dicho. Las iniciales pruebas artísticas de Padilla Cifré las hallamos en la exposición De la nueva figuración que en la entonces sede del Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, entonces en calle San Agustín, organizó el joven pintor Joaquín de Molina, quien le invito a participar en la misma. El mismo año, en la madrileña galería El Pub, participó en otra importante colectiva titulada En torno a Federico, un cálido homenaje de un grupo de pintores al poeta granadino. Su primera individual, en el Ateneo malagueño, fue en 1980. Acerca de aquellos trabajos el poeta Rafael Pérez Estrada, dejaría escrito: …y hay una sangrienta complicidad en todo aquello que insinúan estos ambientes y personajes de Gabriel Padilla. Complicidad que, hirientemente se desvela a la contemplación del espectador, del testigo que admira la gestión del terrorista en el Arte. Por su parte, Eugenio Carmona, en el tercer volumen de la obra Málaga,

editada en 1984, al referirse a este autor manifestaría: Un cierto intento de recuperación de determinados aspectos de las primeras vanguardias… Elementos del Picasso de “Las señoritas de Aviñon”, del Braque precubista, de Kirchner, Smidt-Ruttolff o Vlamic… El color en el que Padilla, en un principio, quería atenuar a la vivacidad… es hoy, con la entrada en juego del negro y de las tonalidades oscuras, más violento, de una medida agresividad. Durante todo el decenio de 1980 Padilla participa en distintas colectivas de diferente argumentario: Homenaje a Pablo Picasso, Pintura joven malagueña, Fondos de la Diputación, Nuevamente en público, Línea de costa, El mar en tus ojos, Su disco favorito y Vida moderna. Dentro del mismo decenio expone individualmente en la Diputación Provincial de Málaga, Galería Antonio Machado de Madrid y en Casa Yamgua de Granada. Dos veces en el Colegio de Arquitectos de Málaga, una más en Colectivo Palmo y posteriormente en Galería Alameda de Coín, Ayuntamiento de Nerja y en Alfredo Viñas, completa su programa galerístico individual entre 1980 y 1990. Trabajó incesantemente hasta el final de dicho año, en que decide permanecer al margen de los circuitos de las salas de exposiciones, sin que esa circunstancia fuera un obstáculo para la realización de nuevo trabajos. En 1985 el Colegio de Arquitectos de Málaga concede a Gabriel Padilla uno de los premios con que dicha corporación distingue la creatividad artística.


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Francisco Palma Burgos, hijo mayor del escultor Francisco Palma García, siempre manifestó ser, vocacionalmente, más pintor que escultor, pese a las indudables influencias que de las artes escultóricas podía recibir como legado familiar. Pese a ello, al morir su padre relativamente joven, se hizo cargo del popular taller de calle Cobertizo del Conde con objeto de concluir algunos importantes trabajos ya aceptados por su progenitor y, al mismo tiempo, salvar la situación económica en que quedaba la familia. Sin duda, aprendió el oficio teniendo como principal maestro a su propio padre, pero mas interesado en la pintura como siempre demostró, siguió cursos en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de su ciudad natal, que mucho después completaría en sus idas y venidas de Italia, en cuya capital, y con el profesor en Bellas Artes Américo Bartoli, seguiría distintos y ocasionales cursos. Compatibilizó sus estudios de pintura en tanto crecía en popularidad su obra escultórica, de forma que al alcanzar la madurez artística en ambos campos, en los dos decenios finales de su existencia eran públicamente valoradas sus obras escultóricas y trabajos plásticos.

La obra escultórica de Francisco Palma Burgos fue, mayoritariamente, religiosa. Para las hermandades y cofradías malagueñas realizó, después de la guerra de 1936-39, la copia no exacta del crucificado de Mena, así como la figura de la Magdalena y trono del Cristo. A la misma época pertenecen los crucificados de las cofradías de la Humildad, la Sangre y de los Milagros, éste último perteneciente a la popular hermandad de Zamarrilla. Sirvió a Palma de modelo para el Cristo de los Milagros, iniciado en la noche de 24 de diciembre de 1938, su amigo y cuñado Antonio Casares López. Igualmente, supo reproducir con inspiración y depurada técnica el desaparecido grupo de la Piedad, obra de su padre. Imposible de citar individualmente cada uno de sus temas religioso-cofrades, diremos que se distribuyen en distintos grupos temáticos. Son famosas en el mundo semanasantero andaluz sus vírgenes pasionales (María Santísima de la Caridad y Nuestra Sra. de los Dolores, en Úbeda; Ntra. Sra. de la Soledad, en Linares, y Ntra. Sra. de la Victoria en su Soledad, en Andújar. Otras imágenes fueron: Sagrado Corazón de Jesús y Virgen del Rosario (Catedral e iglesia del Sagrario (Málaga); los nazarenos flagelados; Ntro. Sr. de la Columna (Úbeda); Ntro. Padre Jesús de la Humillación y Perdón (Málaga) y Jesús del Perdón (Jaén). Otras imágenes de yacentes con distintas advocaciones fueron: Santo Sepulcro de Cristo (Úbeda, Jaén) y Cristos Yacentes de Campillos (Málaga), Andújar (Jaén) y Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias). A este catálogo de obras procesionistas


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hay que añadir las siguientes esculturas sobre otros diferentes momentos de la Pasión: Entrada de Jesús en Jerusalén, grupo escultórico del Santo Entierro y Jesús Resucitado (Úbeda, Jaén); Oración en el Huerto y Jesús Nazareno (Torremolinos, Málaga); Ntro. Padre Jesús del Suplicio, Ermita de Zamarrilla (Málaga), y en la misma ciudad, la copia del impactante grupo escultórico de la Piedad. Su obra pictórica, poco conocida en España, está presente en colecciones particulares de Málaga y otras capitales andaluzas, así como en Madrid y, junto con sus trabajos escultóricos, reiteradamente premiados en Italia, donde residió algunos años. El extenso palmarés de este escultorpintor se inicia en 1929 al serle otorgada una Bolsa de Estudios del Ayuntamiento de Málaga. En 1936 recibió el Primer Premio de la Exposición de Bellas Artes de Córdoba y en 1943 alcanzó el Primer Premio del concurso nacional para la realización del trono del Cristo de Medinaceli (Madrid). Becado posteriormente por el Ministerio Español de Asuntos Exteriores, realizó cuatro cursos en la Escuela de Bellas Artes de Roma. Fue Medalla de Plata de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid por su escultura “Virgen Dolorosa del Santo Entierro”, de Úbeda, y Medallas de Bronce y Oro, respectivamente, en las exposiciones de Pintura Extemporánea de Italia en los años 1961 y 1962. Otras Medallas de Oro conseguidas en Italia correspondieron a la Exposición Internacional de Pintura de Gubbio y Vía Marguta, así como de las ciuda-

des de Viterbo, Neppi, Goggia y Visso. Igualmente, en Roma recibió en distintos años el Premio de la Dante Alighieri, Medallas de Oro de los ministerios italianos de Turismo y de la Guerra, y, por último, el Premio Nacional Leonardo Da Vinci.

José María Palma Burgos, hijo de Francisco Palma García y hermano de Francisco Palma Burgos, su infancia transcurrió en el ambiente artístico paterno de la calle Cobertizo del Conde, donde estaba situado el taller familiar. Al fallecer su padre, fue su hermano Francisco quien se hizo responsable del taller paterno y juntos trabajaron en el mismo atendiendo distintos encargos e iniciando otros muchos proyectos personales y en común. Ambos hermanos permanecieron algunos años juntos, incluso durante las ausencias de Francisco en Madrid. La formación que inicialmente alcanzó José María en el taller familiar, fue completada con los estudios realizados en la Escuela Superior de San Fernando en Madrid, a partir de 1943, recién cumplidos los 15 años de edad. También en la capital de Es-


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paña José María y Francisco trabajaron juntos en distintos proyectos y encargos. Autor que ha utilizado a lo largo de su carrera todos los materiales posibles (madera, barro, piedra, bronce), en su catálogo general se recogen numerosísimos retratos de niños, damas y personajes de la vida nacional; autor, por otra parte, de esculturas de gran formato, muchos de sus temas se encuadran es espacios naturales, parques y jardines de Madrid y otras distintas capitales españolas. Rodin y Julio Antonio, en el decir del propio escultor, fueron sus maestros en la fusión humanístico-realista del género escultórico al que ambos se consagraron. El catálogo de sus obras, hay que repetirlo, es muy extenso, pues constata 80 retratos (niños, damas, empresarios, industriales, artistas de diferente carácter y políticos de la época). De sus monumentos, muchos de ellos situados en espacios públicos de numerosas ciudades españolas, destacan los grandes formatos que realizó para el madrileño Parque de las Naciones, cuya dirección artística asumió; en Málaga y provincia, los bronces del Cardenal Herrera Oria y Picasso (Cortina del Muelle y antiguo Museo Provincial de Bellas Artes, respectivamente); busto de José González Marín (Cártama); escultura en piedra blanca de una réplica de Santa María de la Victoria, patrona de Málaga y su Diócesis, en el llamado lugar de El Pinar, próximo a La Torrecilla, en el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves (Mijas); busto de Francisco Palma García (Antequera) y el grupo escultórico “Maternidad con niños”, encargo de la

Diputación malagueña para su Colegio Virgen de la Esperanza, entre otras obras. Con motivo de su exposición en el Club Pueblo (Madrid, 1967), el periodista y crítico Julio Trenas, refiriéndose al conjunto de obra nueva presentada, opinó así: Estatuas que aspiran a la comprensión del hombre, que viven su atmósfera y complementan y se edifican, por el milagro estético, su espíritu. Apuntaré que este sentido social de la escultura lo ha llevado José María Palma también a sus cabezas-retratos. Suele colocarlas sobre el bloque, carentes de inscripción y laudes. Todas las pátinas enriquecen los retratos de José María Palma, maestro de la perennización fisiognómica, y completan la obra de quien ha dado a la estatuaria su más profundo sentido humano y social. Por su parte, el también crítico Francisco de la Plaza destacó el alto valor de ejecución en la escultura de pequeño formato, de las que aseguró: Presentan la seguridad de la obra acabada, el peso de la monumentalidad. No en vano estamos ante un escultor de monumentos, maestro del trato de los grandes espacios y de las grandes masas corpóreas. Todo ello y la nueva serie de Maternidades evidencian que estamos ante un escultor completo atento a todo el entramado de valores y vivencias que configuran la obra de arte. La primera muestra individual de sus obras se celebra en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga (1946) y la segunda del mismo carácter en Melilla (1953). Por fin expone en la Casa de Málaga en Madrid (1961), donde, a partir de entonces, comienza a recibir muchos encargos por parte de particulares, empresas


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y organismo oficiales. De sus exposiciones individuales en la capital de España se recuerdan especialmente, además de la citada, las del Club Pueblo (1967) y la que posteriormente celebró en Galería Lázaro (1984). En cuanto a las de Málaga, destaca su participación en la colectiva Generación de 1950 organizada por Galería Miramar Arte (1980) y las presentaciones individualizadas, tanto en Madrid como en Málaga, de las esculturas del Cardenal Herrera Oria (1971), “Mujer perchelera” (1970), busto a José González Marín (1972), escultura de Santa María de la Victoria (1975) y “Maternidad con niño” (1977). Concurrió en numerosas ocasiones a distintas convocatorias del Salón de Otoño de Madrid, en los que alcanzó los siguientes galardones al mérito artístico: Tercera Medalla (1963), Segunda Medalla (1964) y Primera Medalla (1965). Un año más tarde recibe Placa de Plata, Homenaje de los artesanos españoles, y en 1977, al participar en el Salón de Otoño de dicho año, los premios Mateo de Inurria y Santiago de Santiago. En 1991 fue investido miembro de la Academia de las Artes Musicales W. A. Mozart, de la ciudad de Linares.

Mario Palma Burgos, tercer hijo varón del matrimonio formado por Francisco Palma García y Purificación Burgos Fernández, también destacó en las artes creativas de la pintura y la escultura. En 1931 se matricula en la Escuela oficial de Comercio y en la Artes Aplicadas y oficios Artísticos de su ciudad natal. En ésta última, como tantos otros alumnos de su tiempo, frecuentó las clases de su padre en el último de los centros citados hasta 1936 en que interrumpe los estudios a causa de la guerra. Al fallecimiento de su progenitor, y en unión de su hermano Francisco, se integra en el taller familiar, y, posteriormente, su hermano José María. En 1944, recién cumplidos los veinticuatro años de edad, imparte en su ciudad natal clases en el viejo edificio de Bellas Artes en sustitución, durante más de un año, de su hermano Francisco. En 1943 los hermanos crean varios talleres, además del de Málaga en Andújar, Úbeda, Cieza, Jaén capital y Madrid) para poder atender los trabajos escultóricos que se les encargan. En 1958 los talleres de los hermanos Palma se disuelven y cada uno de ellos se instala en diferente lugar: Francisco en Italia, José María en Madrid y Mario en Sao Paulo


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(Brasil), desde donde, durante varios años, recorre Uruguay, Paraguay, Chile y Argentina realizando importantes trabajos escultóricos no sólo en Brasil, sino en la mayoría de los países que visita. En el mes de julio de 1970 decide dar por finalizada su estancia iberoamericana y regresa con su mujer y su hijo Mario a España, estableciéndose en la ciudad de Málaga donde había nacido 49 años antes. Durante el decenio 1972-1982 Mario Palma realiza en distintos lugares de Andalucía cursos de talla y modelado para alumnos del PPO, más tarde INEM, durante los cuales realiza cuatro grandes bustos en barro, además de otros trabajos en madera y relieves en terracota para el ejercicio del alumnado andaluz. Al finalizar su actividad como profesormonitor del PPO en 1982, se le destina a una oficina del mismo organismo. Desde el taller que comparte con su hijo Mario hasta su jubilación y posterior fallecimiento de 1991 a la edad de 70 años, el artista realizó múltiples restauraciones de objetos de arte y esculturas de pequeño formato, entre las que cabe destacar hasta cuatro copias en madera policromada del busto del Cristo de la Piedad, obra de su hermano Francisco. De su obra escultórica iberoamericana resumimos en primer término una selección de las esculturas que realizó durante sus dos estancias en Brasil, país donde quedó un número mayor de su iconografía escultórica. Sao Paulo: busto en granito del cónsul de Chile; otro en mármol de la esposa del dibujante, Dino del periódico A Tribuna; escultura de García Lorca para la

Asociación de Poesía; busto de Virgen Dolorosa en madera policromada; tres bustos a personalidades de la alta sociedad de la misma ciudad y busto de Cristo, en piedra; busto de mujer, en Santos y, en la misma ciudad, otro del Dr. Silvio Guerra y estatua en granito de Sor Antonia de la Misericordia; cinco bustos en piedra artificial en Cabo Frío, Río de Janeiro. En la ciudad brasileña de Santos, y durante diez años, realizó una importante y meritoria labor restauradora, significativamente el rescate de una escultura de la Virgen de Lourdes, un Cristo de la Iglesia del Carmen, todo el altar mayor de la iglesia de la Asunción, y los distintos altares del templo de Valongo. Su obra en Chile, salvo error u omisión, fue: escultura en piedra de San Francisco de Asís para el convento titular de la capital, Santiago, y en la misma, otra escultura en piedra de Santo Domingo de Guzmán para el Convento de las Dominicas, así como cuatro bustos en piedra y otros distintos en mármol. En Argentina se constatan tres bustos a diferentes personalidades de la sociedad bonaerense. En el campo de la restauración de imágenes, tanto en Málaga como en otras ciudades españolas, hay que citar, entre otras: Cristo de la Buena Muerte, obra de su hermano Francisco (1973); Cristo de Azotes y Columna, de las cofradías Fusionadas de San Juan (1974), y en el mismo año, modela un Eccehomo de 2,5 metros de altura para Andújar, Jaén, y restaura el Cristo Nazareno, obra de su padre, de la iglesia del Buen Consejo de Torremolinos (1975), etc. En 1976 realizó en Macael, Almería, el


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Monumento al Cantero, en mármol blanco (2,80 metros de altura). Con tal motivo, el Ayuntamiento de la ciudad rotula una de sus calles principales con el nombre de Escultor Mario Palma.

Mario Palma Cobos, hijo del anterior, y tras residir once años en Brasil, se residencia en Málaga en el año 1971, donde ha desarrollado la casi totalidad de su obra. De 1965 a 1968 estudia Dibujo y Pintura en la academia del profesor Paulo Ferraz, en la ciudad de Sao Paulo (Brasil); al finalizar dicho año, amplía su formación artística en el taller que su padre había abierto en la ciudad brasileña de Santos. Residenciada su familia en Málaga en el año ya citado, estudia dos años en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, en la que su abuelo, su tío Francisco y su propio padre ejercieron docencia artística en distintos años. Tras terminar los estudios de delineación en la Escuela de Maestría Industrial de Málaga (1973), trabaja durante siete años como dibujante publicista en artes gráficas. En 1982 monta un estudio con su padre, perfeccionando con

él los conocimientos de la acuarela, dibujo, modelado, policromía y talla en madera; realiza posteriormente cursos de modelado, cerámica y de técnicas fotográficas. Y estudia, asimismo, grabado bajo la orientación del pintor José María Córdoba. Con ocasión de su exposición (1984) en la antigua Sala José María Fernández de la Caja de Ahorros de Antequera en Málaga, el crítico José Mayorga escribió acerca del hombre y del artista: Mario Palma ha encontrado una nota única, peculiar, distinta; su personalidad, artística por supuesto, queda patente, manifiesta en esa valiente, arriesgada pintura, innovadora de las formas; ha delimitado un campo nuevo, ha roto con las estructuras clásicas, porque aquí, ahora, en este momento del arte y la cultura en el que nos movemos, o se hace así –como hace Mario Palma– o vuelta al comienzo, o peor aún, paso atrás. En el diario Sur (25. I.1997), con motivo de su exposición en la Sala Espacio Tres, pudimos leer: La obra de este pintor nace indudablemente en los latidos de un moderado impresionismo, altamente personal no sólo por la forma en que prepara los fondos y dispone el color, sino por cómo utiliza y fabula con la pincelada. Su primera exposición individual en Málaga la celebró en la extinta Galería Picasso en 1975, a la que siguieron, entre otras distintas del mismo carácter, las siguientes: Peña El Sombrero y Radio Juventud de Málaga (1979); Liceo-Peña Malaguista (1981); Sala de Arte Los Verdiales de Torremolinos (1983); Unicaja (1984); Carlos Gorospe (1992); Sala Bako de Torre del Mar (1995); Espacio Tres (1997); Galería Peinado de Melilla (1998); Galería de Arte Montage de Cas-


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tleton (Inglaterra, 1999) y Ayuntamiento de Torrox (Málaga, 2005). Ha obtenido distinciones tales como una Medalla de Bronce en el Primer Salón de Primavera de Artes Plásticas (Málaga), una Primera Medalla del XI Concurso Provincial de Dibujos, un Tercero en el II Certamen de Carteles de la empresa Covandulken y otro del mismo carácter en el I Certamen de Pintura Art-Howard (Italia). Sus obras están representadas en las colecciones malagueñas de la Excma. Diputación Provincial, Fundación Pablo Ruiz Picasso y Unicaja, así como en el Centro Español de Santos (Brasil), Ayuntamiento de Torrox, Galería Espacio Tres (Málaga) y distintas colecciones privadas de España y el extranjero.

Francisco Palma García, considerado el escultor imaginero más importante del siglo XX en Málaga, fue padre de Francisco, Mario y José María Palma Burgos que igualmente destacaron en el campo de la creación artística, bien en pintura como en escultura. Un juicio acerca de la obra y persona de Palma García lo debemos a Julio Trenas –destacado periodista que en su juventud lo

tuvo de maestro– en el prólogo del libro que sobre el escultor escribió Manuel Téllez Laguna: Había en él una transparente mediterraneidad capaz de conjugar las eternas actitudes clásicas con el movimiento y la espontaneidad barroca. Y, por parte del autor del citado libro, recogemos una frase que se nos antoja reveladora, toda vez que refería su condición de conjugador de equilibrios: Tenía, al aparecer, la facultad de ver donde otros no veían. Palma García se formó en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga, donde asistió a las clases del escultor José Pérez del Cid y de los pintores José Nogales Sevilla y César Álvarez Dumont; de ella sería, con el transcurrir de los años, profesor de Modelado. Concluido su periodo formativo en la escuela de Málaga, trabajó la talla junto a los hermanos Casasola, y en Madrid, en el taller del malagueño Martín Higuero, para el cual le había recomendado su paisano, el político antequerano Romero Robledo. Durante su estancia en la capital de España aumentó el grado de sus conocimientos y experiencias escultóricas con la asidua asistencia a las clases de la Escuela de Bellas Artes, donde obtuvo diplomas de primera clase en la totalidad de los cursos asistidos. El talento de este interesante escultor al que muchos compararon en importancia con Pedro de Mena, Fernando Ortiz o los barristas malagueños hermanos Gutiérrez de León, se manifestó en obras muy diversas. Así, cuando finalizan las obras del nuevo Ayuntamiento de Málaga (19171919), erigido en el Parque, según permitieron los nuevos terrenos ganados al mar, Palma García intervino en su di-


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seño y realización decorativa exteriores con dos trabajos fundamentales, como fueron ambos grupos de heraldos de la fachada principal, así como las figuras del relieve del frontón, “Alegoría de la Ciudad”, en los que la fuerza del naturalismo escultórico que caracterizaban sus trabajos quedaban de manifiesto. En 1928 diseñó un monumento en honor del Modernismo Poético que encarnaba Salvador Rueda, pero por circunstancias distintas –tal vez relacionadas con los costes– la propuesta inicial, que evidentemente era más meritoria, quedó en el olvido, y el nuevo proyecto se inauguró en 1931 con la presencia del escultor y de un anciano Salvador Rueda que desvalido y abandonado de todos, falleció a los pocos meses. La producción escultórica de Palma García fue abundante, diversa y abarcó una amplísima temática dentro de la cual destacó la talla cofrade (tronos del Cristo de la Buena Muerte (1916) y de Nuestra Señora de la Soledad (1921) e imaginería religiosa, concretamente el grupo de la Piedad, que destrozado cuando los lamentables acontecimientos de 1931, fue de nuevo tallado por su hijo, Francisco Palma Burgos, basándose en los bocetos originales. Varias menciones honoríficas jalonaron su espléndida carrera. De ellas se recuerdan las de la Exposición Regional de Granada (1903) y las de las exposiciones nacionales de 1906 y 1908. Condecorado con la Cruz Militar Blanca en premio a la realización del monumento al capitán Moreno, héroe de la Independencia, en su Antequera natal; también para dicha ciudad realizó

una hermosa escultura en bronce del Sagrado Corazón de Jesús, y con destino al Seminario Conciliar de Málaga, por expreso deseo del obispo González García, realizó en mármol una impresionante Virgen de Lourdes. Sus trabajos fueron reconocidos por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga designándole miembro de número de la misma. A su muerte, ocurrida en plena calle de forma inesperada, su ya famoso taller de la calle Cobertizo del Conde siguió adelante por el empeño y voluntad de su hijo Francisco, con quien colaboraron sus hermanos José María y Mario.

José Palma Santander. De la saga familiar de los escultores y pintores Palma Burgos, es de formación artística autodidacta, manifestó desde niño su proclividad creativa dibujando en sus cuadernos escolares, por lo que tuvo que se reprendido en numerosas ocasiones por sus profesores. Desde muy joven trabajó en la realización de las grandes carteleras anunciadoras de los cines malagueños y en 1973 se integra como


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diseñador y dibujante en el equipo creativo de una agencia de publicidad local. Su formación autodidacta la hace compatible con su trabajo diario y pinta cuadros, especialmente marinas que él considera su tema preferido, y retratos, que es el género en el que dice sentirse más cómodo. Su vinculación con el mundo cofradiero malagueño le lleva a realizar numerosos trabajos para distintas hermandades de la Semana Santa local. Durante los últimos años ha sido especialmente abundante y atractiva su larga producción de cartelería cofrade, que las distintas hermandades agradecieron y premiaron. Una gran exposición de sus trabajos la celebró en la Casa-hermandad de la Sangre a la que está vinculado desde hace años. Otra de mayor ambición y contenido tuvo lugar en Ámbito Cultural de El Corte Inglés, en la que exhibió cuadros y una selecta muestra de su cartelería cofrade, confirmando su crédito de excelente dibujante y sensible cartelista.

Francisco Peinado Rodríguez, de formación artística autodidacta y emigrado con su familia a Brasil cuando apenas había cumplido los 11 años de edad, regresó a Málaga en 1963, iniciando una creciente actividad galerística no interrumpida en más de 40 años. En Sao Paulo, ciudad en la que vivió hasta su regreso a España, compaginó su dedicación con distintas ocupaciones y los estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes, la cual abandonó al cabo de año y medio, por considerar no sólo tediosas, sino poco creativas y estimulantes las distintas materias que en ella impartía el profesorado. Con 18 años participó por vez primera en una exposición de carácter colectiva en la Sala de la Sociedad de Artistas Plásticos de Sao Paulo (1959), a la que siguió un año más tarde la individual de dibujos en la Galería Prestes Maia, y envió dos dibujos a la Bienal de la misma capital. En el Salón Paulista de Arte Moderno, celebró a continuación (1961) otra exposición individual de dibujos y un año después participó en el Salón Nacional de Arte Moderno de Río de Janeiro. Una exposición más en Prestes Maia de Sao Paulo (1963) pone


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fin a su actividad artística en Brasil. De inmediato, su primera individual de dibujos en la Casa de Cultura de Málaga (1963) y primera individual en Madrid, también de dibujos, en Biosca, el mismo año. Ya en España Peinado, y su obra en boca de los protagonistas del arte de los primeros años sesenta del siglo XX, Manuel Augusto García Viñolas escribe a propósito de su encuentro con la obra del pintor: Peinado se sumerge en lo que pinta. Hay pocos pintores que hagan esto, porque lo frecuente es quedarse a este lado de acá del cuadro. En la obra de Peinado todo es vida interior. No hay cielos en ella. Prepara el lienzo como una coraza de cuero curtido para que permanezca inmune a los ataques de luz y de color que asaltan el aire. Su color es denso y profundo, sacado de la tierra. La pintura surge desde dentro con una gravedad que pone serio a quien la mira. Discrepo de quienes ven en esta pintura una narración o un mensaje; su fuerza, su fascinante fuerza, no reside en el cuento de unas significaciones de muy complejo entendimiento, sino en la forma de ejercer la pintura, en el modo de tratar el color, de ensordecer sus brillos y conjugar sus silencios para que sea él, sin cuentos fantásticos, quien nos transmita un estado de alma que se hace emocionante a quien lo mira. Por eso es tan difícil someter esta obra a una denominación, ni siquiera al realismo fantástico de los pintores vieneses en los años cuarenta. La pintura de Peinado no se queda en lo que “representa”; ella va mucho más lejos de su propia significación. Ni siquiera estoy seguro de que pretenda decirnos algo. Basta la presencia de su propia naturaleza de pintura, la religiosa unción con que ha

sido creada, para que tomemos conciencia de hallarnos ante algo muy serio en la pintura contemporánea. Bernardo Palomo publicó en Diario de Sevilla, Diario de Jerez y Diario de Granada (18 de diciembre de 2003 y 25 de enero de 2004): La obra de Francisco Peinado surge profunda, sugeridora, llena de matices plásticos que acentúa un carácter pictórico serio y riguroso. El pintor nunca se detiene en un proceso de depuración formal sino que manifiesta una vehemencia en todos los sentidos; nada le detiene en sus maneras apasionadas. Es un pintor a contraestilo, poco dado a las fulgurantes apariciones estelares, maquillajes efímeros, a superfluos planteamientos, que tanto anima a la creación contemporánea. Su obra es personal e intransferible; ha transcurrido por las rutas que marcaban los episodios de una narración incontenida; se ha hecho madura a base de fuerza y de sentido y es, actualmente, uno de los lenguajes más puros de la plástica española. A quienes se preguntaron de qué páramos de soledad e intimismo emana su personal creatividad, el propio pintor contestó no sólo acerca de la atmósfera en que germina su pintura, sino de la extraña como libre metodología para alcanzar el estricto lenguaje plástico: nunca hago bocetos para pintar un cuadro, no estoy acostumbrado, no sirvo para eso. Trabajo a partir de una idea, de una imagen, que no tiene que aparecer desde un principio: puedo empezar poniendo unas manchas, para que quede una estructura que favorezca el proceso, pero no recurro a bocetos. Los papeles, dibujos y acuarelas tienen otra función, pueden dar ideas pero nunca ser bocetos. Alguna vez he pensado, cuando


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llega la angustia y no te sale el cuadro, que estaría bien tener unos bocetos que lo facilitasen, pero no puedo. Para mí la pintura es una lucha por poner y quitar; me gustaría que saliese todo fácil y rápido, pero no es así, lleva su tiempo, y lo difícil es saber dejarlo, llegar y no pasarse. Hay cuadros en los que trabajas durante horas y los resuelves en un momento. Saberlo es lo más difícil. La actividad galerística individual de Francisco Peinado se extiende de 1960 en que presenta sus primeros dibujos en la Galería Prestes Maia de Sao Paulo, a la que celebró, con el título de Imagen de guerra, desde el 18 de diciembre del año 2003 al 25 enero del 2004 en el Museo Municipal de Málaga. Tan largo ciclo de exposiciones individuales constata la celebración de más de 70 eventos, muchos de los cuales se repitieron varias veces en Málaga, Madrid, Frankfurt, Colonia, Valencia, San Sebastián, Bilbao, Santander, Oviedo, París, Palma de Mallorca, Las Palmas, Alicante, Lübeck (Alemania), Sevilla, Marbella, Gijón, La Línea de la Concepción, Granada, Nerja y Moguer. Durante el mismo período, y en lo que se refiere a participaciones y colaboraciones en colectivas, ferias de arte, exposiciones itinerantes, bienales internacionales, etc., sumaron más de 100 acontecimientos. Entre sus premios y distinciones figuran los siguientes: Premio de la Fundación Mosa Pijade de Belgrado, en la Exposición Internacional de Dibujo de Rijeka (1968); III Premio de Dibujo en la fase regional de la Exposición Nacional de Arte Contemporáneo (1970); Premio Internacional de Pintura Cag-

nes-sur-Mer (1977); I Premio de la VII Bienal de Arte Internacional, Marbella (1983); IV Premio Hispanoamericano de Pintura y Escultura Daniel Vázquez Díaz (1985); Premio Correo del Arte al mejor artista en Dibujo (1986); Mención Honorífica Especial en el III Premio de Grabado Máximo Ramos (1986); Premio Andalucía de las Artes Plásticas (1992); Premio a la Obra Estampada en un Sólo Color en el II Premio Nacional de Grabado (1994) y Mención Honorífica en el III Premio Nacional de Grabado (1995). Es miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo desde el 3 de junio de 1998.

Miembro de la Escuela de París, Joaquín Ruiz-Peinado Vallejo pertenecía a una conocida familia rondeña dedicada al comercio. Tras seguir estudios en Gibraltar, con 17 años se traslada a Sevilla para iniciar la carrera de Comercio, mas al siguiente año abandonada, fija su residencia en la capital de España al ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que imparten clases Sorolla, Juan Gris, Vázquez Díaz y Pancho Cossío, entre otros,


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recibiendo clases de los ya acreditados artistas Cecilio Pla y Julio Romero de Torres. Durante tres años (1921-23-24), recibió el Premio El Paular concedido por la Academia de San Fernando a sus alumnos más destacados. Dichos años disfruta de la citada beca en el Monasterio de Santa María de El Paular. Su llegada a París se produce a finales de 1923, integrándose en el grupo de artistas que dará sentido universal a la llamada Escuela de París no sólo por la distinta orientación plástica de sus miembros, sino por la diversa procedencia de cada uno de ellos (Chagall, Pascin, Kisling, Soutine o Modigliani entre los europeos emigrados, y los españoles Francisco Bores, Antoni Clavé, Pancho Cossío, Óscar Domínguez, Luis Fernández, Pedro Flores, Pablo Gargallo, Ismael González de la Serna, Emilio Grau Sala, Celso Lagar, Alfonso Olivares, Manuel Ángeles Ortiz, Benjamín Palencia, Jacint Salvadó, Alberto Sánchez, Pablo Coronado y Hernando Viñes), algunos de ellos, como fue el caso de Peinado, coincidentes en la capital francesa con la ya notable María Blanchard. Durante su primer año de estancia en la capital francesa, además de frecuentar el grupo de españoles que poco a poco va creciendo, Peinado asiste a las tres grandes academias privadas, entonces las más notables de París (Grande Chaumière, Colarossi y Ranson), con el fin de perfeccionar estudios. Juan Alcalde, recordando al amigo y artista, escribió de él: Resulta difícil no caer ante los vientos huracanados de las modas y estilos de éxito. Él, siempre fue fiel a

sí mismo, eliminó las fanfarrias que pudieran adornar su obra. Su pintura es escueta: de una milagrosa tranquilidad. Sus líneas llenas de vida, conjugan con sus animados espacios y parco colorido. Es un pintor eminentemente sobrio por su españolismo. Sus telas son de un rigor exquisito. En el catálogo de la exposición que sintetizaba la actividad artística de Peinado entre 1947 y el año anterior a su fallecimiento en 1975, Anna Font i Gallaguet hablaba de la poesía de lo cotidiano o el valor de la síntesis en la obra del pintor rondeño, y añadía: En la obra de esta época se reúnen diversas temáticas y formas de hacer, resultado de una estricta búsqueda de la esencia de la realidad. Porque Peinado no inventa sino que recrea, delimita, analiza, compone. Todo, partiendo de la observación de lo tangible. De este modo el género –paisajismo, retrato y naturaleza muerta– pierde todo lo que pudo tener de anecdótico. Sus primeras exposiciones, ambas de carácter colectivo, tienen lugar en 1924 en París, respectivamente, en el Salón de Otoño y en el de los Independientes. Un año más tarde participa en la I Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, que tuvo como escenario el Palacio de Exposiciones del Retiro madrileño. Sus siguientes comparecencias artísticas fueron en 1929, al participar en la Exposición de Pinturas y Esculturas de Españoles Residentes en París (organizada por la Residencia de Estudiantes en el Jardín Botánico de la capital de España) y la Exposición Regional de Arte Moderno (Casa de los Tiros de Granada, a la que vuelve en dos ocasiones posteriores).


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Como integrante del grupo de españoles de la Escuela de París, participa en 1946 en la muestra Arte de la España Republicana que se celebra en Praga y que, dado el éxito que obtiene se traslada a Brno, entonces ciudad checoslovaca. Las exposiciones individuales de Peinado se celebraron entre 1948 y 1971 en los siguientes espacios y ciudades: Galería Velázquez, Buenos Aires (1948); Sala R. Drouin, París (1949); Galería Jeanne, París (1951); Galería Inés Amor, México (1954); Galería Turín, Italia, y Galería Valencia, Caracas (1955); Galería Suilleret, París (1964) y Galería Frontera, Madrid (1971). Como ilustrador, Peinado realizó colaboraciones para la Revista Litoral (Málaga, 1927 y 1929) y Gaceta Literaria (Madrid, 1929); igualmente, colaboró en la ilustración de La flor de la Californía, de José María Hinojosa (Madrid,

París en la Exposición Internacional organizada por la UNESCO (1946) y vicepresidente de la Unión de Intelectuales Españoles (París, 1954). Entre los premios que se le concedieron en vida figuraron el de Pintura, que le otorgó la Excma. Diputación Provincial de Málaga en 1927, y el de Los Amigos de Ibiza, (Madrid, 1965). Fue correspondiente en París de la Real Academia de Bellas Artes San Telmo, distinción que se le otorgó por acuerdo de dicha corporación en 1969. Ronda le dedico una céntrica calle, y en el mes de septiembre del año 2001 UNICAJA inauguró en el histórico palacio de la familia Moctezuma, un museo que lleva el nombre del pintor y en el que se exhibe permanentemente parte de su obra.

1927).

Para el arte cinematográfico realizó los decorados y ambientación de la película Carmen, que rodaba en Ronda el cineasta belga Jacques Feyder (1925), y para el escénico, los decorados de El retablo de maese Pedro, de Manuel de Falla, que tuvo como director de escena a Luis Buñuel (Ámsterdam, 1926). Entre otros cargos y misiones oficiales que pudiera haber representado durante su existencia, Joaquín Peinado ejerció la subdirección del Patronato Nacional de Turismo (París, 1931); fue director de la Sección de Arte de la Unión de Intelectuales Españoles (París, 1944); delegado para la Sección de Pintores Españoles de la Escuela de

José Luis Jiménez España era hermano menor del poeta Francisco Manuel Jiménez España, al que ilustró con excelentes dibujos sus poemarios Yo digo mi verso, Tu paso y mi voz y Burlo el sapo (por el orden citado 1966, 1969 y 1975). Fue pintor autodidacto de temprana vocación. Se inicia en el dibujo desde muy niño siguiendo particulares pautas intuitivas. Fue miembro de la


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Peña Montmartre y posteriormente del Grupo Picasso; pertenece, por tanto, a la Generación o Grupo del 50 de Málaga. Participó en las primeras exposiciones colectivas que organizó la Montmartre en El Palomar de El Pimpi (1 de octubre de 1954) y en la sede de la Sociedad Excursionista de Málaga (1-15 de enero de 1955) dentro del programa oficial de las Fiestas Deportivas de Invierno de dicho año. Tras realizar distintas exposiciones individuales y colectivas en Málaga (la primera en solitario fue en 1950 en las Salas de la Sociedad Económica de Amigos del País), expuso en Madrid, Sevilla Córdoba, Santa Cruz de Tenerife, Barcelona (donde conoció y trató a Dalí) y Cuenca, ciudad en la que residió desde 1960 a 1973. En la capital conquense vivió la actividad cultural que generaba un grupo formado por Gerardo Rueda, Zobel, Torner, Ángel Sahuquillo, José Guerrero, Eusebio Sempere, Prieto Nespeira, el dibujante Goñi o Saura, que vivía en la misma calle de Pepeespaña. En 1972, invitado por la firma Rivella Internacional viaja a Suiza y se establece un tiempo en la ciudad de Rothrist, a medio camino de Zúrich y Basilea, donde tiene oportunidad de pintar, exponer y mantener contactos con los medios pictóricos en particular y artísticos en general de las capitales citadas. En el mes de junio del indicado año concluye su primera estancia en Suiza celebrando una gran exposición en Rothrist. Regresa a Cuenca, Madrid y Málaga, y al siguiente año retorna a Basilea

para celebrar nueva exposición. Desde la Confederación Helvética, luego de vivir en Rothrist, Aarau y finalmente en Lattrigen/Biel preparó sus exposiciones de Suiza, Alemania, España, Francia y EE. UU, países en los que sus trabajos se abren camino al darse a conocer a nuevos públicos. Desde 1950 en que realiza su primera exposición individual en Málaga, hasta la última de ellas celebrada en 2002 en Zúrich, Pepeespaña mostró su obra en 49 ocasiones, según tiene documentado: España (1950-1993): Málaga (7), Marbella (2), Córdoba, Cuenca (4), Sevilla, Madrid (5), Islas Canarias (2). En Suiza (de 1972-2002: Rothrist, Basel, Grenchen, Berna (5), Aarau (5), Meisterschwanden, Frick (2), Gstaad, St. Moritz, Ascona, Frauenfeld, Zofingen (2) y Zúrich. Desde 1979 a 1992 expuso en Alemania en dos ocasiones, Múnich y Schloss Niederraunau/Augsburg, y en 1995 en Vaduz, Lichtenstein. La obra de este creativo malagueño, a través de los cincuenta años largos que abarca su producción pictórica, parte de la figuración impresionista, se acerca al art engagé (expresionismo que siendo duro en apariencia está más cerca del humanismo que de la actitud político-panfletaria y que poco a poco evoluciona a un expresionismo irrenunciablemente colorista dado su origen mediterráneo) y bordea, en cuanto a la línea de dibujo se refiere, la abstracción. Su serie Cinta Roja (1972) significó un momentáneo abandono de sus composiciones abstractas para retornar dos años más tarde fundiendo en


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una misma propuesta estética abstracción-expresión, que se prolonga hasta 1979. Angelo Calabrese, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Nápoles, cuando analiza la pintura de Pepeespaña entre el citado año y 1986, reflexiona así: En los rasgos culturales de su universo realista y fantástico recoge el significado de la variabilidad histórica y de la memoria de las generaciones que se suceden, revelando una trama de sentimientos, estados de ánimo, crisis de presencia y pasiones inextinguidas, antiguas y solemnes. Irene Zweifel-Lanz de la Universidad de Zúrich, al enjuiciar la obra de Pepeespaña de 1994, le escribe: ...los cuadros de tu actual período creador están impregnados de la apasionada voz de lo humano, donde un poderoso mundo sensual consigue expresarse. Y, por doquiera, la luz que ilumina las cosas, las interpretas, las insinúas, las describes... Y Andreas Röthlisberger, que había reflexionado acerca de la obra del pintor entre 1958-1979 dijo de él: ...Nunca se repite. Lo que crea es único. No se para en su camino ni retrocede para comercializar un estilo al gusto del público. En su exposición Hombres en las tinieblas, inaugurada en la Galería Hunziker de Zúrich en noviembre de 2002, el catálogo llevaba una separata que sorprendió a público y crítica: Pepe España, el pintor y dibujante malagueño desde hace 30 años viviendo en Suiza, ha perdido casi toda la visión de sus ojos en sólo unas semanas después del 11.IX.2001. Hay que imaginarse lo que significa esto para este polifacético y alegre hombre y artista. Pero Pepe España no se ha rendido. A pesar de todo expresa su caminar en su impresionante obra.

Es duro para él aceptar que no puede ver bien claro su obra. Pepe España presenta en la Galería Hunziker la obra que ha realizado en el tiempo más difícil de su vida.

Enrique Pérez Almeda, en Málaga desde los dieciocho años, en ella inició su obra y desarrolló toda su actividad creativa desde 1946, sino que también cursó la carrera de magisterio en la Escuela Poeta Salvador Rueda. Su formación académica, dos cursos en la Escuela de Artes y Oficios de su pueblo natal, estuvo a cargo del profesor Francisco Ortega Reina, con quien obtuvo, respectivamente en cada curso, un Primer Premio y Matrícula de Honor en Dibujo Artístico. Con Ángel Giró, Francisco Estrada, López Palomo, Muñoz García, Sanjuán Perdiguero y Rittwagen publicó su currículo artístico en el libro Pintura, base 7 (Málaga, 1987). De su obra se ocuparon numerosos críticos y analistas, entre ellos Luis López Anglada, que en La Estafeta Literaria (15.I.1978) dejó escrito: Dibujante de pasmosa facilidad, Almeda recorre incansable las viejas rúas para dejar acta poética de la llegada de los nuevos brotes a las acacias o la aparición de un nido nuevo en el alero de la torre catedralicia. Otro juicio


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acerca de su obra posterior lo debemos a Rafael Cortés (Sur, 14.X.79): Sus cuadros se llenan de vibraciones y encantamientos, de signos de la vida misma. Las escenas tienen vigor, serenidad, contrastes siempre fundidos a la gran panorámica de la naturaleza amada por el artista. Amigo del también pintor irlandés George Campbell, viajó por Andalucía e Irlanda con los también pintores Manus Walsh y Arthur Armstrong, y con distintos compañeros de su generación (Pedro Mendoza, Gabriel Muñoz, y Torres Narváez) pintó con frecuencia al aire libre. Según el artista recoge en su currículo, desde 1955 en que celebró su primera exposición individual realizó hasta finalizar el siglo XX un total de 90 exposiciones del mismo carácter, además de haber participado en innumerables colectivas. Entre los principales premios, trofeos y distinciones al mérito artístico caben destacar, entre otros, los siguientes: Primer Premio del Certamen de Arte de Antequera (1962); Medalla de Plata del concursoexposición Valores Jóvenes, de Utrera (1965); primeros premios de pintura al aire libre de Educación y Descanso (1965, 1966, 1967, 1972 y 1975; Medalla de Oro en la Sección de Acuarela y de Plata en Óleo del Concurso-Exposición del Servicio Español del Magisterio; Primer Premio en Dibujo de Educación y Descanso (1968); Paleta de Oro de la Agrupación de Pintores de Málaga, Premio La Buena Sombra y Premio El Cenachero (1972); Medalla de Bronce de la V Bienal Internacional del Deporte en las Bellas Artes (1975), etc.

PÉREZ DE HINESTROSA, Ezequiel (Ver EZEQUIEL)

Rafael Pérez Estrada, hijo de la pintora María Pepa Estrada Segalerva, fue abogado de profesión además de poeta, narrador y dramaturgo, en cuyos géneros dejó suficientemente de manifiesto una especial sensibilidad, sentido de la observación, ironía e, incluso, sarcasmo. Su dedicación al dibujo fue muy activa a partir de los años 60, tras su regreso a Málaga de Madrid donde se había iniciado en tal disciplina. Aparte de su constante práctica y dedicación al dibujo, que le brotaba espontáneo, lírico e ingenuo, fue excelente ilustrador de libros y hábil diseñador de portadas en publicaciones editoriales selectas, colaboró en revistas y realizó con sus trabajos distintas exposiciones en diferentes años. De su labor dibujística dejó escrito José María Parreño: Rafael cela en la jovialidad de su obra una ética verdadera y precisa: no existe otra belleza que la bondad pintada de colores. La Universidad de Granada le concedió el Premio Literario que lleva el nombre del poeta García Lorca y el Ayuntamiento de Málaga le nombró, poco antes de su fallecimiento,


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Hijo Predilecto. En la sede del Archivo Municipal malagueño existe una Salamuseo que lleva su nombre.

Pedro Pérez Hidalgo. En la crónica escultórica semanasantera del siglo XX de Málaga no existe un artista de la especialidad que haya dejado huella tan profunda de su arte, tanto en calidad como en abundancia de ejemplos, como el maestro Pérez Hidalgo, admirado y querido por tantas generaciones de cofrades, hermandades y cofradías para las que trabajó durante años. Se hace casi imposible establecer un catálogo concreto y preciso de sus obras, pues si bien la mayoría de retablos, altares, hornacinas e imágenes y tronos están perfectamente localizados y catalogados, lo cierto es que el maestro pudo dejar otras muchas realizaciones dentro y fuera de la provincia de Málaga de las que apenas se tienen noticias. Había nacido el artista en Málaga, pero desde muy joven residió en Granada. Sus primeras prácticas las realizó en el taller del escultor granadino Luis de Vicente, de quien heredaría su proclividad hacia el llamado “gigantismo” barroco ornamental implícito

en sus trabajos más personales, fundamentalmente reflejados en los tronos procesionales. De Granada regresó a Málaga en 1929 recién cumplidos los 17 años de edad y se matricula en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, de la que con el tiempo sería profesor junto a su amigo Palma Burgos con quien colaboró en trabajos tan importantes como fueron el Cristo de la Buena Muerte y Ánima, inspirado en el de Mena, o el hermoso grupo escultórico de la Piedad. En la escuela malagueña recibe clases del gran acuarelista Capulino Jáuregui y del también escultor Diego García Carreras, que con Palma García, había decorado parte del exterior y del interior del nuevo Ayuntamiento malagueño. A partir de 1943 Pérez Hidalgo rompe su inicial colaboración con Palma Burgos, e inicia su carrera en solitario. Su trabajo lo orientó de forma preferente hacia las cofradías y hermandades de Semana Santa, contribuyendo de manera decisiva a impulsar la renovación estética de los tronos malagueños a partir de la época mencionada. Ante la imposibilidad de citar completo el catálogo de sus obras, dado el número de las realizadas y los diseños y proyectos que por causas diversas no culminaría, destacamos algunos de los más sobresalientes. De sus principales obras para iglesias y parroquias: retablo mayor de la iglesia parroquial de San Juan Bautista (Coín); del convento de las Hermanas Dominicas (Málaga); del Cristo de los Gitanos (Málaga); del Cristo de los Afligidos en la parroquia de San Felipe Neri (Málaga); de San José,


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en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (Málaga); retablo mayor y tabernáculo de la parroquia de la Asunción (Almogía), y retablo del altar mayor de la iglesia parroquial de San Juan (Málaga). Para la iglesia malagueña de los Santos Mártires, Pérez Hidalgo realizó los retablos de la Virgen de las Angustias, de la Virgen de Gracia, de Santa María Reina, de la Virgen de los Remedios y del Cristo de Limpias. Tan extensa como su restante producción de enseres procesionales, fue su fácilmente reconocible iconografía mariana, cristológica y de figuras relacionadas con la Pasión de Cristo. Finalmente, el escultor realizó, con destino a la Semana Santa de Málaga y la provincia, los siguientes proyectos de tronos: Jesús Nazareno (Almogía); Santísimo Cristo de los Milagros, Zamarrilla (Málaga); Santo Entierro Mijas); Nuestro Padre Jesús de las Torres (Álora); del Cristo de la Vera-Cruz (Alhaurín el Grande); Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas (Málaga) y María Santísima de la Paloma (Málaga). Otros, igualmente con destino a cofradías malagueñas, fueron el de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento, María Santísima de Gracia, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, Nuestra Sra. de la Caridad y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos, etc.

Nieto del escultor Francisco Palma García y sobrino de Francisco Palma Burgos, Esteban Pérez Palma pertenece a la tercera generación de creativos escultóricos de la saga de los Palma. Con doce años de edad estudia escultura y pintura en la Escuela de Bellas Artes de Úbeda. Paralelamente a dichos estudios, en el taller de su tío Paco, aprende a tallar en madera y esculpir en mármol, dorado y anatomía básica. Sus maestros en pintura y escultura, según reconocía, habían sido los hermanos Francisco y José Palma Burgos además de Marcelo Góngora y Pedro Pérez Hidalgo. En 1962 sigue sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Málaga (modelado y pintura), recibiendo en el curso 1963-1964 el Premio al Mérito por Oposición que distinguía sus ejercicios en la clase de Modelado. Entre 1963 y 1975 realiza numerosos trabajos de restauración para distintas cofradías y hermandades malagueñas, y en el último de los años citados, en el Hotel Las Palmeras de Fuengirola, celebra su primera muestra escultórica individual. Tres años más tarde, por vez primera en el extranjero, presenta una variada colección de pinturas


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y esculturas en la Galería Natalie, en la ciudad suiza de Sion. Su posterior participación en el concurso anual de Artes Plásticas de Berna (1979) no sólo le abre las puertas de distintas galerías suizas, sino que le permite concursar y ganar la plaza de profesor de pintura, escultura y cerámica de la prestigiosa Academia Migros de la ciudad de Brig (1979), que ejerció sin interrupción hasta el año 2004, en que decide regresar a Málaga. Elsbeth Heinzelmann, periodista y crítica de arte, al escribir sobre los trabajos pictóricos presentados en 1986 por el artista en la Galería ACS Basilea, Suiza, advirtió a sus lectores del fuerte impacto que la obra de Pérez Palma había producido en la ciudad: […] Sus cuadros son el reflejo puro de una actitud de autenticidad, de sinceridad. No son simples piezas de decoración, no sólo transmiten el placer de la dulce contemplación, sino que representan un desafío para el observador al enfrentarse con el misterio más grande de nuestra existencia, que es el hombre mismo. Otra destacada crítica de arte suiza, Christine Gerschen-Amherd, en la revista literaria VS. KULTUR, escribió: La fuerza de expresión de sus cuerpos nos da una idea de sus conocimientos de la anatomía artística; la fuerza y pureza de sus líneas bajo ese fondo casi siempre de pan de oro y plata, son figuras como mecidas en un infinito casi astral donde la bóveda celeste empuja esa simbiosis en el amor que existe entre hombre y mujer. Además de su participación en numerosas exposiciones colectivas tanto en España como en Suiza, Pérez Palma realizó las siguientes exposiciones in-

dividuales: Galería Natalie, Brig, Suiza (1978); Academia Migros, Brig, Suiza (1980); Sala Pro-Arte Lonza, Basilea (1983); Galería Migros, Big (1984); Galería ACS, Basilea (1986); Banco UBS, Vips, Suiza (1987); Galería Jodok, Brig); Galería Pro-Arte Lonza, Basilea, y Academia Migros, Brig (1988); Galería Wohn-Desing, Gamsen, Suiza, y Galería Berner Versicherungen, Brig (1990); Consulado Español de Ginebra (1991); Galería Migros, Sion y Brig, respectivamente (1992); Galería Migros, Brig (1995); Agencia Consular de España, Sion (1996); Centro Cultural de Gampel, Suiza (1997) y Galería Migros, Brig (2000). Al término del siglo XX tenia proyectado realizar una nueva exposición individual en la Migros de la ciudad Suiza de Brig (2004) y en ese mismo año, que se establece en Alhaurín de la Torre, prepara su exposición individual en el Centro Cultural Vicente Aleixandre de dicha localidad, realiza el cartel de su Semana Santa y da comienzo a su escultura Alegorías del Mar, encargo del Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre. Además del tempranísimo Diploma al Mérito recibido por sus trabajos de modelado, Pérez Palma recibió el Primer Premio en la V convocatoria del Grand Prix International Galerie d’art Hélian (Montreux, junio de 1983) frente a 31 participantes de 11 nacionalidades distintas, y cuya obra, “Despertar”, envió a S. M. el Rey Juan Carlos I. Un año después resultó seleccionado para el Grand Prix D’Art 84 convocado por el Europakünstler Kollegium. La obra, tanto escultórica como pictórica de este artista se encuentra en


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España, Italia, Suiza, Alemania, Austria, Hungría, Canadá, EE.UU. (California), Costa Rica, Noruega, Grecia, Marruecos y Singapur.

Manuel Pérez Ramos, fue miembro del Grupo Nueve Pintores, desde los dos años de edad vive en Málaga, en su Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos ingresó muy niño y bajo la docencia de los profesores Díaz Tentor y Bono Santaolalla entre otros de comienzos del decenio de 1950, recibió tutelaje artístico; compartió aula docente con Manolo Morales y Antonio Ayuso. En la línea de los pintores locales de su misma generación, recreó paisajes urbanos, rincones portuarios, escenas marineras, fiestas populares y otros temas en relación con la montaña, el campo y en general de la naturaleza o con ella relacionada. José Mayorga, crítico de arte del diario Sur, opinó de su obra: Para Pérez Ramos la pintura es firmeza y gallardía; alegría también, porque esa postura que él adopta ante el cuadro, es ni más ni menos que un talante vital que le lleva a afrontar sin miedo los problemas de las dificultades que indudablemente encierra la aventura de pintar.

Sus exposiciones individuales, salvo las que tuvieron lugar en galerías y salas de Zaragoza, Talavera de la Reina, Linares, Valladolid, Salamanca y Ginebra, se celebraron en Málaga y provincia durante los años 1966 y 1968; 1970 a 1975; 1979; 1981 y 1982; y de 1984 a 1986, en Málaga capital, Marbella, Estepona, Torremolinos y Benalmádena. Es uno de los autores de su generación que con los años acumuló un mayor número de premios y trofeos. De los que por su importancia significamos una Medalla al Mérito Artístico del Curso Nacional celebrado en Madrid por la Obra Sindical Educación y Descanso; Medalla de Oro del Certamen de Pintura Universitaria organizada por el SEU, Málaga; Primera Medalla de la Exposición Provincial de Arte de Educación y Descanso, Málaga; Medalla de Bronce de la Exposición Nacional de Salamanca, de la misma institución; Medallas de Plata y de Oro en la II y III Exposición Regional de Pintores de Andalucía y Extremadura, Sevilla; Primer Premio en los certámenes de pintura del Real Club Náutico de Málaga (1987 y 1988); Primer Premio de la muestra Málaga y el mar de la Asociación Española de Pintores y Escultores; dos segundos premios del certamen de pintura del Real Club Náutico, y varios primeros y segundos premios obtenidos en distintos certámenes de pintura al aire libre, de Educación y Descanso.


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Polémico, discutido por muchos y aceptado finalmente por la mayoría, fue Pablo Ruiz Picasso el más universal de los pintores malagueños del siglo XX. Su nombre y personalidad van afortunadamente unidos al de Málaga como un símbolo de renovación y modernidad. La influencia de sus patrones plásticos invadió todos los ámbitos de las artes y hoy es indiscutible maestro de maestros, cuya memoria reverencia la comunidad creativa universal. Su extensa obra, renovada varias veces a lo largo de su carrera, no sólo fue propuesta estética sino renovación de la plástica mundial. Hijo del también pintor malagueño José Ruiz Blasco, profesor de dibujo y conservador del Museo de Málaga, Pablo (además de Diego, José, Francisco de Paula, Juan Nepomuceno, María de los Remedios y Cipriano de la Santísima Trinidad) Ruiz Picasso, se crió en un ambiente familiar proclive a las bellas artes, no sólo por el ejercicio paterno sino porque, como añadido, la familia se relacionaba con la escasa pero activa sociedad cultural de la Málaga de fines del siglo XIX de la que formaron parte los histórico docentes iniciadores de la Escuela

de Bellas Artes, entre ellos el pintor y amigo de la familia, Antonio Muñoz Degraín. Con diez años de edad la familia Ruiz Picasso se traslada a La Coruña al haber conseguido don José plaza de profesor en el instituto Da Guarda de dicha ciudad. Aunque el proceso de formación artística de Picasso lo asumió su propio padre al descubrir en él inequívocas manifestaciones creativas, el pequeño Pablo había concurrido a la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal, en la que todavía se conservan algunos de los ejercicios académicos realizados por el entonces niño. En La Coruña permaneció la familia hasta 1895, año en que el señor Ruiz Blasco pasa a ejercer nuevo destino docente en la escuela provincial de Bellas Artes de Barcelona, en la que Pablo estudio dos cursos con excelente aprovechamiento. De sus primeras obras de niñez, que ya marcaban la dirección de su futuro oficio, caben recordar “Un picador”, realizada a los cinco años de edad; en cuanto a sus primeras obras de juventud, deben mencionarse “Pareja de viejos”, “El hombre de la gorra”, “La niña de los pies descalzos”, “Primera comunión” y el más conocido de todos ellos “Ciencia y caridad”, que le premiaron con una Mención Honorífica al concurrir a la Exposición Nacional (Madrid, 1896). Con 16 años ingresa en la escuela de Bellas Artes de la capital de España (1897-98), pero asiste poco a sus clases ya que más interesado en admirar las grandes obras del Museo del Prado que en seguir la enseñanza rutinaria, dedica prácticamente su tiempo a estudiar obras, autores, épocas y téc-


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nicas. Enfermo de escarlatina (1898) regresa a Barcelona y convalece en la localidad de Horta de San Juan, provincia de Tarragona, en casa de su amigo y condiscípulo catalán Manuel Pallarés. En abril del siguiente año regresa a su hogar barcelonés, se hace asiduo de la vida nocturna de la capital y es en la ya popular cervecería Els Quatre Gats donde un año más tarde expone una serie de retratos de amigos escritores y pintores, creándose entre todos una amigable sociedad de creación y encuentros con el arte. El primer viaje de Picasso a París, tan influyente para su futuro, se produce en el mes de octubre de 1900; le acompañan sus amigos de Els Quatre Gats los pintores Pallarés y Casagemas y ocupa el estudio que a tal efecto le cede el también colega Isidro Nonell. De aquella corta estancia parisina de unos tres meses de duración, se recuerdan sus cuadros “El Molino de la Galette”, “La dama del velo”, “La bailarina azul” y “El abrazo”, entre otros posibles. Fue en la citada ocasión cuando Picasso puede relacionarse por vez primera con el marchandismo galerista de primeros del siglo XX en la capital francesa, situación que le permitirá en el futuro abrirse camino en los medios de comercialización de la pintura. Viajó a Málaga, regresó a Barcelona y poco más tarde, en Madrid, funda con Francisco de A. Soler la revista Arte joven, de muy breve existencia. París, como sueño de poetas, también lo era entonces para los jóvenes que intentaban penetrar en el mundo de la modernidad creativa. Picasso fue uno de ellos. El pintor, seducido por la

atracción parisina, retorna de nuevo a la capital francesa (1902), donde tiene que afrontar frío y necesidades como cualesquiera otros de los muchos artistas que ya entonces buscaban abrirse futuro en el mundo del arte. En el París de su segunda estancia, Picasso realizaría una serie de cuadros que hoy se conocen como pertenecientes a su Época Lautrec, dadas las semejanzas icónicas de los personajes de uno y otro pintor. En la capital francesa se inicia la Época Azul del pintor, que concluiría en Barcelona (“El bock”, “Pobres a orillas del mar”, “El viejo guitarrista”, etc.) En 1904 el pintor fija su residencia definitiva en París y se instala en una pequeña colonia de artistas de diversas nacionalidades llamada Le Bateau Lavoir, verdadero germen de la Escuela de París, en la que, con posterioridad, tantos pintores españoles se encuadraron. Las subsiguientes etapas creativas de Picasso se sucedieron, a partir de las ya citadas, según la siguiente cronología: Época Rosa (1905, “Acróbatas de la bola” y “Familia de saltimbanquis”, entre las más conocidas obras); Época Precubista (1907, “Les demoiselles d’Avignon”, entre otras). De esta obra y momento, dijo André Malraux que señaló la iniciación del cambio en la historia del arte. Es el cuadro de la fuerza y el rompimiento en el que el pintor inaugura su nueva visión del arte. El artista rompe las formas para ensamblarlas de nuevo según una estructura angular y oblicua perfectamente antinatural. Los rostros abandonan toda pretensión de parecido o congruencia naturalista para convertirse en signos o símbolos, opinó en su momento Vitali


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Alexandrovich Suslov, director adjunto del Museo Hermitage de Leningrado. La obra del pintor malagueño continuó evolucionando desde el Cubismo “pleno” (1909), el “analítico” (1910), el que se conoció como “rococó” (1914) y en 1923 el llamado “curvilíneo”. En su época “clásica”, la plástica constata un persistente y exagerado gigantismo en las formas femeninas, así como una más amable observación, y a la aparición del Surrealismo, volvió a sus lienzos la distorsión de las formas. Maestro de toda sorpresa creativa y humana, también lo fue en el plano de lo personal, pues compartió existencia con distintas compañeras, a saber: Fernande Olivier (1900-11), Marcelle Humbert (Eva Gouel, 1911-15), Olga Koklova 1917-19), Marie Thérèse Walter (1929-36), Dora Maar (1935-43), Geneviève Laporte (1944-53), Françoise Gilot (1943-52) y Jacqueline Roque (1955-73). Madre de sus hijos fueron Olga Koklova (Paulo), Marie Thérèse Walter (Maya) y Françoise Gilot (Claude y Paloma). Al estallar el conflicto civil español de 1936, las autoridades republicanas le designaron director de la primera pinacoteca española, el museo del Prado. Un año más tarde de tal nombramiento, primeros días del año 1937, recibe por parte de las autoridades españolas el encargo de realizar un gran lienzo o mural con destino al pabellón español en la Exposición Internacional de París, que habría de inaugurarse a fines de la primavera siguiente. Al producirse la destrucción de Guernica por la aviación alemana, pintó su famosa composición de igual título en la que el maestro recogía todo el horror que

aquel 26 de abril de 1937 dejaron sobre la localidad vasca las constantes oleadas de aviones de la germana Legión Cóndor. El escándalo fue mayúsculo en gran parte de Europa, especialmente en Francia. Acerca de las pésimas relaciones que Picasso mantuvo con Málaga y sus autoridades representativas durante el periodo franquista y de la indiferencia que su ciudad natal mantuvo hacia su figura y obra, debe recordarse la larga exposición que hizo a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo su presidente, José Luis Estrada Segalerva, en la sesión de 24 de septiembre de 1971. Según el prolijo alegato que ese mismo año fue publicado para constancia general, desde el año 1955 hasta 1971 se llevaron a cabo, unas veces por su iniciativa personal y otras mediante el concurso de otras personas, diferentes intentos por hacer interesarse a Picasso por la ciudad en la que había nacido. Aparecen en dicho alegato no sólo las acciones impulsadas por el propio Estrada, sino por Enrique Llovet, Juan Temboury, Luis Miguel Dominguín, Juan A. Cánovas del Castillo, Modesto Laza Palacios, Manuel Ostos, Baltasar Peña Hinojosa, Ricardo Huelin Ruiz-Blasco, Gratiniano Nieto, Alfonso Canales y los ex alcaldes de Málaga Francisco García Grana, Rafael Betés Ladrón de Guevara y Cayetano Utrera Ravassa (el último de los citados, incluso, le hizo llegar un cuadro de palomas que José Ruiz Blasco, su padre, había pintado años antes de partir a su primer destino docente en Galicia).


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La sinceridad y convencimiento personal vertidos por Picasso en su multifacética obra creativa, fue puesta en cuestión en 1931 al publicarse Gog, uno de los más polémicos libros del gran escritor florentino Giovanni Papini. Libro cuyo protagonista es un extravagante loco multimillonario americano, relata muy distintas historias, entre ellas una supuesta entrevista que mantiene en Antibes con Picasso. En dicho relato de ficción, el pintor malagueño confiesa: El pueblo ya no busca en el arte consuelo ni exaltación; pero los refinados, los ricos, los ociosos, los alambicadores de quintaesencias, buscan lo nuevo, lo extraño, lo original, lo extravagante, lo escandaloso. Y yo, a partir del cubismo, he contestado a esos señores y a esos críticos con todas las variables singularidades que se me han venido a la cabeza, y cuanto menos las han comprendido, más las han admirado. A fuerza de divertirme con esos juegos, con mis funambulismos, con rompecabezas y arabescos he llegado a ser célebre rápidamente y la celebridad para un pintor significa ventas, ganancias, fortuna, riqueza. La citada fantasía literaria, y todavía más el hecho de que las agencias de noticias del mundo las dieran por reales, causaron la lógica reacción antipicassiana que cabría esperar. Pese a ello y al efecto que su contundencia causó en todos los ámbitos culturales del mundo civilizado, el valor y significado de su obra continuó creciendo. Gran dibujante, experto grabador, original ceramista, decorador y figurinista escénico, así como escritor además de poeta y escultor, Picasso fue, fundamentalmente, la figura creativa

del siglo XX que más llegó a influir en el devenir histórico no sólo de la pintura, sino en el futuro de todas las arte. En honor a Picasso el Ayuntamiento de Málaga creó la beca que lleva su nombre y la Fundación Casa-natal Picasso; por parte de la Junta de Andalucía, y por gestión directa ante algunos de sus herederos, Christine y Bernard Picasso fundamentalmente, en el mes de octubre del año 2003, se inauguró el Museo Picasso Málaga donde se expone con carácter permanente una rica colección de obras del artista.

Estudiante de Ingeniería Industrial y Piano, Jaime Fernández Pimentel abandona dichas carreras para trabajar como arquitecto interiorista con los también arquitectos noruegos Arnstein Arneberg y F. S. Platou; más tarde, en Finlandia, frecuenta el estudio de otro profesional famoso, Alvar Aalto, teniendo oportunidad de conocer su obra. Estudia técnica de la escultura, en Oslo, con la escultora Anne Grindalen y en el Arbeidernes Kunstsirkel, con modelos vivos. Estudia la obra de Gustav Vigeland en Noruega y de Milles en Suecia.


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Prolífico autor cuyas obras se encuentran en colecciones oficiales y particulares de numerosos países del mundo, también tiene monumentos de distinto formato en Oslo (2), Madrid (2), Málaga (9), Nueva Orleans (1) y Mobile (4), ambas ciudades de EE.UU.; Frankfurt (Alemania); Kristiansand (Noruega) y Plaza de España (Bruselas), además de VélezMálaga (1), Benalmádena (2), Torre del Mar (3), y en Chilches, un autorretrato en la casa que perteneció a su familia. Ocasionalmente, pinta al óleo; en una ocasión (1979), cuarenta y dos cuadros de buena factura y ajustado colorido. Este escultor tiene obras en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, en el de Bellas Artes de Málaga, el desaparecido Museo Diocesano de Arte Sacro de Málaga y en The Mobile Art Gallery, donde tiene una sala. Su primera exposición se celebra en Madrid (Palacio de la Biblioteca Nacional (1961), a la que siguieron: Galería K.B. de Oslo (1964); Mobile, Alabama, EE.UU. (1967); International Trade Mart, Nueva Orleans (1968); Museo de Bellas Artes de Málaga (1969); Sala Goya Círculo de Bellas Artes de Madrid (1972); Múnich, representando a España en la Olimpiada Cultural (1972); VII Juegos del Cantábrico, Santander (1973); Málaga, patrocinada por el Excmo. Ayuntamiento (1974); Real Club Náutico Mediterráneo, Málaga (1977); id. año Galería de Arte del Club 24, Madrid; id. Mobile, Alabama, e id. Palm Beach, Florida; Galería Dintel, Santander (1978); Caja de Ahorros Provincial de Málaga (1980), etc.

Su extensa producción escultórica puede ser dividida en cuatro grandes órdenes temáticos: Los Deportes, Los caballos y el Apocalipsis, El Génesis y El Mediterráneo, además de otros géneros como el histórico, el típico y el de pura creación, incluso, el retrato. Pese a los aciertos que indudablemente se constatan en toda su obra, sobresalen de manera notable, por su original forma de tratarlos estéticamente y de realizarlos técnicamente, los asuntos deportivos. En ellos campea de forma mágica un sentido del ritmo y del movimiento creado por el dominio del artista sobre la dura materia, que transforma en regalo para los sentidos de la vista y el tacto por su aparente fragilidad, delicadeza y sumisión de los objetos. Lo cinético, junto a lo rítmico y etéreo de su línea, se alía en ocasiones con cierto informalismo expresionista que sorprende por su vigor, fuerza y valentía. “Altius”, “Fortius”, “Citius”, fueron tres esculturas distintas para una misma metáfora olímpica. En ellas comenzaba la temática deportiva de la exposición que Jaime Pimentel llevó a la Olimpíada Cultural de Múnich en 1972, con el patrocinio del Instituto Nacional de Educación Física y Deporte. Fue la primera vez que vimos un conjunto de esculturas de signo tan notable, y, desde luego, tan distinto del resto de la producción del artista. A las anteriores, por su originalidad y forma de resolver los tres principios fundamentales de la escultura: línea, ritmo y movimiento, debemos recordar por su audacia “Esquiador”, “Baloncesto”, “Salto a caballo”, “Pértiga”, “Surf”,


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“Salto de longitud”, “Carrera de caballos”, “Caligrafía del movimiento” y “La victoria de Maratón”, ejemplos singulares de lenguaje escultórico por vez primera experimentado en la España de comienzos de los años setenta del pasado siglo.

Desde muy niño interesado por el dibujo, sus primeros trabajos se constatan a los siete años de edad. A los quince se matricula en el Instituto de Bellas Artes de Palermo y estudia dibujo, escultura, pintura al óleo y acuarela. Fue de joven un alumno que se resistía a la disciplina escolástica y sus notables ausencias de las aulas de formación artística las emplea en pintar mediante la observación de la naturaleza, sin influencias de profesores ni tutores. Consecuencia de tal actitud, sería el desarrollo de un potencial colorista que le acompañaría durante un largo periodo de formación autodidacta. Su participación a los dieciséis años de edad en un concurso publicitario convocado por uno de los rotativos de Palermo en 1948, no sólo le hace ganar

el primer premio, sino que consigue su inicial trabajo como escaparatista, profesión a la que dedicó cinco años. Su primera exposición individual la celebra en Palermo en 1952 y constituye todo un acontecimiento cultural, pues los 28 cuadros que logró reunir sorprenden a público y crítica. Viaja a continuación por las ciudades italianas más representativas del arte y más tarde por Francia, España, Austria, Alemania, Suiza y Marruecos. Finalmente, en 1960 se afinca en Torremolinos donde comienza una etapa productiva que hace viajera su obra por Estados Unidos y Europa, e instala una galería artística propia. De su obra dijo José Camón Aznar: Lo podemos llamar Instantismo. Es esa manera de sorprender el momento luminoso o dinámico, de dejar vacíos entre las pinceladas, la principal característica del impresionismo, que, a decir verdad, no se preocupa esencialmente del aire libre, ni de los colores fundamentales, y que emplea el negro con largueza, aunque La Vardera utiliza el blanco, como color primordial. De otro lado, Pablo García Baena declaró: Pino La Vardera o el secreto de la diversidad. Su pintura, su intensa vida ha sido la búsqueda de la belleza, lejos de cómodas permanencias invariables. Así su obra inquieta va del impresionismo a la geometría cubista, del hiperrealismo al onírico mundo de lo abstracto, y ninguna materia plástica en su larga y joven trayectoria ha resistido el halago o el empuje de sus manos creativas: óleo o acuarela sobre papel o lienzo, collages de bizantinas gemas o humildes alambres. La obra de Pino La Vardera se dieron a conocer en Málaga en nutridas


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exposiciones de carácter colectivo. De las que guardamos clara memoria destacamos las siguientes: Museo Provincial de Bellas Artes (1968, 1969, 1970, 1974, 1975 y 1976); Palacio de Congresos y Exposiciones de Torremolinos (1973) y Museo Diocesano de Arte Sacro (1981, 1982, y 1983). Sus exposiciones individuales, salvo error o involuntaria omisión, fueron: Hotel de Mijas y Tenencia de Alcaldía de Torremolinos (1985); Galería Benedito (1988) y Fundación Pablo Picasso (1996). En 2005 se constata una nueva en Torremolinos. La Vardera vivió en Torremolinos cuarenta años, y en la actualidad regenta galería propia en Taormina (provincia de Messina, Sicilia).

Alfonso Ponce de León Cabello, a ciento treinta años de su nacimiento y a ochenta de su primera exposición, limita su crónica personal y artística. Es una de las figuras malagueñas más representativas de las vanguardias pictóricas españolas que protagonizaron no sólo las tensiones academicistas del Madrid de los años 20, sino el inquietante y renovador quinquenio artístico

de la II República, hasta el estallido de la Guerra Civil en que fue asesinado. Una sola fue la exposición individual que celebró tan desconocido artista; pese a ello, y dado los vínculos que tuvo con los de La Barraca, dirigida por Federico García Lorca, tanto por la realización de decorados como figurines para, al menos, dos de sus obras “La guardia cuidadosa” y “El Burlador de Sevilla”, respectivamente, de Cervantes y Tirso; el hecho de formar parte del círculo de influyentes, jóvenes e inquietos pintores del momento, entre los que se encontraban el también malagueño Moreno Villa, el catalán Dalí y el pintor Francisco Maura, a cuyo taller acudía Alfonso para pintar, y especialmente, por haber participado en la organización del I Salón de Independientes (Madrid, 1929), y recuperado en 1931, junto a otros pintores del momento, la Sociedad de Artistas Ibéricos que había sido creada en 1925. Dichas circunstancias, además de figurar en el cuerpo de redacción de la revista Arte, órgano y portavoz ideológico fundado por el mismo grupo en 1932, hacen de este pintor inevitable figura protagonista de la crónica creativa de los primeros 30 años del siglo XX. Viajó a París, meta de todo artista de la época, y regresó al poco tiempo para reiniciar en la capital de España su actividad expositiva. De estilizada línea en la realización de cubiertas de libros para importantes escritores de la época, también fue de concepto muy modernista la obra gráfica que, aunque corta pero expresiva, llevó a cabo en pasquines y carteles de


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distintos formatos y para diferentes ocasiones. Su interés por el cinematógrafo no sólo le impulsó a aplicar en sus cuadros focalizaciones propias del cinetismo del séptimo arte, sino a colaborar en la construcción de los Estudios Cinema Español, en Aranjuez, a realizar un corto en colaboración con Luis Gómez Mesa, con el sorprendente título Suicídese usted, e intervenir, bajo la dirección de Edgar Neville, en sus también cortos titulados Falso noticiario, así como en Do, Re, Mi, Fa, Sol (La vida íntima de un tenor). De sus experiencias cinematográficas más personales dejó un corto didáctico titulado Niños. Alfonso Ponce de León y Cabello nació en Málaga el día 10 se septiembre de 1906, siendo bautizado el 27 del mismo mes en la iglesia parroquial de San Juan. Alfonso fue el último de cinco hermanos, que nacieron, por el orden en que se mencionan, en Zamora (Luis), Madrid (Juan), Zamora (María Victoria) y Málaga (Guillermo y Alfonso). En 1923, luego de haber estudiado en el Instituto Católico de Artes e Industrias (1911) y en el Instituto Cardenal Cisneros (1916), ingresa en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la Real Academia de San Fernando, pero tres años más tarde (1927) la abandona junto a Margarita Manso, con quien contraerá matrimonio seis años más tarde (9 de diciembre de 1933) en la madrileña parroquia de Santa Bárbara. Sus formas pictóricas y modos estéticos aparecen como principales agentes provocadores de su obra desde sus primeras exposiciones. Así, en el I Salón

de Artistas Independientes (Madrid, del 30 de noviembre al 20 de diciembre de 1929) destacan sus cuadros “Golfos”, “Andaluzas en el mar”, “La peinadora”, “Puestos” y “Bodegón de un frutero y un papel”. Corresponde a este mismo año su cuadro “Arquitectura urbana” (“Portería”). Al participar un año después (San Sebastián, agosto-septiembre de 1930) en la Exposición de Arquitectura y Pintura Modernas organizada por el Ateneo Guipuzcoano, vuelve a sorprender con dos cuadros inquietantes: “La juventud de Greta Garbo” y “Naturaleza medio muerta”. Su actividad pública conocida hasta el final del mismo año concluye con su participación, durante los días 4 al 15 de octubre, en el I Salón de Artistas Independientes, al que lleva su obra “La primera multa”, cuadro que por sus singularidades reproduce un mes más tarde la revista Bolívar. También hay que señalar, como muestra de los valores de su obra gráfica, la realización de las cubiertas de las novelas Cazador en el alba, de Francisco Ayala, y El terror en América, de César González-Ruano. Poco después diseñaría para Concha Espina la portada de su novela La esfinge maragata, y para Samuel Ros, Marcha atrás. La llegada de la II República es ocasión para que el pintor participe en no pocos acontecimientos pictóricos que, dentro y fuera de España, serán otras tantas ocasiones para afianzar el ya envidiable puesto que la crítica le otorga dentro del movimiento vanguardista que se vive en la capital de España.


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En el mes de febrero de 1931 participa en Madrid en una muestra convocada por el Lyceum Club, presentando su obra “Composición”; en mayo siguiente se constata su presencia en otra muestra del Círculo de Bellas Artes; el 15 de septiembre, en San Sebastián, toma parte en la II Exposición de Arquitectura y Pintura Modernas, llamado por la Sociedad de Artistas Ibéricos, y a cuya invitación acude presentando “El ensueño de la hija del guarda”. La actividad artística de Alfonso Ponce de León es, durante 1932, frenética. En Madrid, durante los meses de mayo y junio, participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes, donde exhibe “El filatélico enamorado”; para La Barraca de García Lorca, realiza los ya aludidos decorados y figurines de las obras de Cervantes y Tirso; en septiembre aparece la revista Arte, que dice tener en su consejo de redacción al artista. También en septiembre –desde el día 10 hasta el 2 de octubre siguiente–, participa en la exposición de los Artistas Ibéricos, que tiene lugar en la Galería Charlottenborg, de Copenhague, a la que lleva “Bodegón con flor”, “Naturaleza muerta”, “El sueño de la hija del guarda”, “Idilio en carretera” y “Naufragio en Marbella”, único título de su producción que directamente alude a un paisaje nativo. Con motivo de dicha exposición, en las que figuraron cuadros que Picasso había remitido desde París, el artista viaja a la capital danesa. Su siguiente etapa es Berlín, donde permanece desde el día 17 de diciembre al 31 de enero de 1933 para tomar parte en una nueva exposición de los

Artistas Ibéricos. Fue en la Galería Flechtheim donde se celebra el acontecimiento, y repite con “El ensueño de la hija del guarda”, “Idilio en carretera” y “Naufragio en Marbella”. Un inesperado acontecimiento político va a influir en su futuro a partir del 29 de octubre del mismo año: fue su asistencia al acto fundacional de Falange Española por José Antonio Primo de Rivera en el Teatro de la Comedia, de Madrid, tras el cual quedaría afiliado. Dos días más tarde, al crearse el Sindicato Español Universitario (SEU) como hijuelo de FE, será el pintor quien diseñe su anagrama: un airoso cisne blanco que entre sus desplegadas alas parecía sostener un tablero de ajedrez de alternativos cuadros rojos y negros, inspirado en la heráldica del cardenal Cisneros (saber, disciplina, sentido de la milicia), que en 1940, al crearse el Frente de Juventudes, lo adopta también. De la actividad creativa del pintor a lo largo de 1934 hay que señalar, en Madrid, la finalización de su corto cinematográfico Niños, su estancia en Ávila para decorar el Teatro Principal, su participación en la Exposición Nacional de Bellas Artes con “Niño roto” y su regreso a la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la Real Academia de San Fernando. En 1935, mes de enero, puede, al fin, reunir materiales para exhibirlos en la única exposición individual que logró celebrar: fue en el Centro de Exposiciones e Información de la Construcción, donde expuso doce cuadros. Un mes más tarde –23 de febrero– funda con el también falangista Samuel


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Ros, el cineclub del Sindicato Español Universitario y publica distintas ilustraciones en Arriba, portavoz del falangismo. Su carrera está a punto de truncarse de forma violenta; no obstante, al iniciarse el mes de enero de 1936 participa, con un collage, en la exposición colectiva que se celebra en el Círculo de Bellas Artes. Durante los meses de mayo y junio participa, por última vez, en la Exposición Nacional de Bellas Artes, donde exhibe la que está considerada como su mejor obra, el autorretrato titulado “Accidente”. El día 20 de septiembre es arrestado por un piquete popular, y tras pasar por la checa de Fomento, fue asesinado. Nueve días después, localizado su cadáver en Vicálvaro, es inscrita su muerte en el Registro Civil. Característica de la obra de este pintor malagueño fue su innegable raíz surrealista cercana al realismo mágico definido por Samuel Ros, (...el misterio no desciende al mundo representado, sino que se esconde y palpita tras él). Extravagante, intelectual e irónico, como en el caso de tantos otros creativos surrealistas españoles (poesía, narrativa, pintura, escultura y arte cinematográfico) aplicó a muchos de sus cuadros títulos que no se correspondían con el tema propuesto, creando en el espectador las naturales dudas y equívocos entre lo representado y su arcano sentido. Gran parte de la obra pictórica de Ponce de León fue dada a conocer a los malagueños en una exposición organizada por el Ayuntamiento de Mála-

ga en el Museo Casa Natal de la Fundación Picasso, desde el 20 de agosto al 23 de septiembre del año 2001. En dicha oportunidad se exhibieron numerosos cuadros y obras, de los que destacaron “Retrato de Margarita Manso”, “Autorretrato” (“Accidente”), “De Andalucía” y sus dibujos para La Barraca. Previamente, desde el 29 de mayo al 13 de agosto del mismo año, sus obras se exhibieron en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; por último, la exposición viajó hasta Oviedo para ser presentada en el Museo de Bellas Artes de Asturias desde el 27 de septiembre al 28 de octubre del citado año. Para dichos acontecimientos se editó un magnífico libro-catálogo escrito por Rafael Inglada con presentación de Juan Manuel Bonet y epílogo de Rafael Carmona. Poco después de inaugurarse el centro de ocio Plaza Mayor de Málaga, su vía principal fue bautizada como avenida de Alfonso Ponce de León.


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José Ponce Puente, alumno de Ferrándiz y Muñoz Degraín, gran parte de su actividad la dedicó a la docencia. Los sucesivos nombramientos de que fue objeto evidencian su marcada proclividad hacia la enseñanza, por encima, quizá, de la creatividad, que por otra parte –salvo en la fuerza del color– tan pareja parecía ir con la de Denis. A principios de diciembre de 1889, fecha en que se produce su primer acceso a la docencia, fue nombrado auxiliar interino de la Escuela de Bellas Artes; tres años más tarde la Diputación le otorga, mediante el oportuno concurso, el cargo de profesor en la sucursal de la misma escuela en el distrito de Santo Domingo; en enero de 1895 fue encargado de una ayudantía nocturna de Dibujo y Figura; a continuación, en diciembre de 1899, se le designa auxiliar interino, y en 1904 ya es ayudante meritorio y más tarde supernumerario. Dos fechas, además de las citadas, evidencian otras remociones docentes: en 1906 se encarga de la cátedra de Composición Decorativa y Escultural y en 1912 de la de Concepto del Arte e Historia de las Artes Decorativas.

Pintor que abordó en sus trabajos todos los temas posibles, de su maestría en el retrato destacan las obras realizadas a Ruiz Blasco padre de Picasso (que presentó a la exposición nacional de 1887), y a su compañero Nogales Sevilla. Artista cuya obra fue premiada en distintas ocasiones, en su palmarés figuraron, entre otras, las siguiente recompensas: Medalla de Oro en la Exposición Vaticana de 1888, Medalla de Primera clase de la Exposición Regional de Málaga de 1893 con el cuadro “Lectura de la petición fiscal de doña Mariana de Pineda” (que presentada a la Exposición Nacional del año precedente alcanzó Segunda Medalla), Medalla de Oro en la Exposición Regional de 1894, así como un Accésit en los Juegos Florales de Málaga de 1908. A la exposición nacional de 1887 envió su célebre cuadro de gran formato “Colón en la Rábida” o “La Religión comprende al genio”, que se conserva en el Ayuntamiento de Málaga; no obstante la ausencia de distinciones, persistió en su envío de obras a las ediciones de los años 1895, 1897, 1899, 1906 y 1915. El artista fue miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, y en 1892 fue nombrado restaurador del Museo Municipal de Pintura de Málaga.


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José Puyet Padilla, nieto del también pintor y restaurador malagueño José Padilla Martín que se especializó en temas religiosos, el maestro Puyet fue de formación autodidacta, aprendiendo los iniciales rudimentos de la pintura a través de las prácticas y trabajos de su abuelo materno, el único antecedente artístico de la familia. De joven fue destinado a Melilla para cumplir el servicio militar, y allí realizó retratos al Alto Comisario de España en Marruecos, general Bartomeu, a su esposa e hija y también al general Mújica, entre otras destacadas personalidades militares. Con dichos retratos realizó en aquella Plaza de Soberanía una exposición en 1943 que fue muy celebrada, lo que le animó, una vez finalizada su etapa militar, a trasladarse a Madrid. En sus primeros tiempos en la capital de España se hizo asiduo del Museo del Prado, especialmente de las salas dedicadas a los grandes maestros de la pintura, fuente de su verdadera preparación. Conoció al marqués de Lozoya, que lo presentó, junto con algunas muestras de su pintura, a Manuel Benedito, entonces director de la Escuela de Bellas Artes de San Fer-

nando. Dicho encuentro lo recordaba así el pintor malagueño: ...después de examinar varios cuadros míos me dijo que estaba ya muy formado, aconsejándome que siguiera pintando a mi manera y estilo, y así lo hice. Autor de una pintura muy exclusiva, sus composiciones parecen salidas de otros siglos y recuerdan ámbitos pictóricos de Rembrandt, Goya, Renoir y algunos otros impresionistas. Arredondo Piédrola aseguró que la obra de Puyet ...abarca dos estilos: clásico español e impresionista y romántico, y en toda ella destaca la sincronizada armonía de figuras y composición que convierten cada cuadro en rica joya, deleite del espíritu y los ojos. Julio Trenas escribió del maestro a propósito de una de sus exposiciones en la Sala Cano: Su dominio de la composición no le impide el recreo en el retrato o la figura femenina aislada. Son telas enamorantes donde sedas y blondas encuadran la mirada goyesca y trasparece el nácar de la piel. Ellas redondean el magisterio de un pintor que se ha propuesto –y logrado– la actualización plástica de un siglo. Desde 1943 en que celebró la primera muestra de su pintura en Melilla hasta la última en la Galería Altea de Madrid en la primavera del año 2002, José Puyet realizó cerca de 50 exposiciones en el madrileño Salón Cano, la más importante galería española especializada en arte clásico, y otras tantas en capitales norteamericanas como San Francisco, San Mateo, Nueva York, Houston, Boston y Nueva Inglaterra, así como en las capitales de México, Canadá, Alemania, Holanda, Italia y Francia, donde quedaron docenas de


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obras suyas, como, asimismo, en Japón y Checoslovaquia Sus exposiciones individuales –nunca participó en colectiva alguna–, fueron en Madrid, Barcelona, Valencia y Asturias. Dos únicas muestras celebró en Málaga (Galería Malacke en 1984 y Galería Nova en 1990). Puyet es miembro correspondiente en Madrid de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo desde 1982 y, entre otras distinciones, medallas y premios, está en posesión de 27 llaves de oro ofrecidas con motivo de otros tantos eventos profesionales en igual número de ciudades norteamericanas. José Puyet Padilla comenzó a perder la visión de ambos ojos en 1982, lo que, al agravarse con el paso del tiempo, le fue paulatinamente impidiendo seguir pintando.

José María Víctor Puyuelo Carrera, pintor, galerista (director de la Sala Dánae de Madrid (1968-1971), actor y decorador escénico, llegó muy niño a Málaga y en ella despertó a la pintura. De formación autodidacta, sus primeros trabajos fueron mostrados en 1959 y 1960, respectivamente, en la ciudad de acogida: XIX Exposición Provincial de Arte de Educación y Descanso, primera de carácter regional de la misma institución y III Certamen Juvenil de Arte. Fue en aquellos años cuando el joven Puyuelo entra en contacto con otros pintores locales del momento (Díaz-Oliva, López Palomo, Bornoy, Morenno, Ayuso, Torres Matas) y con algunos de los de la precedente generación como Virgilio Galán y Alfonso de la Torre, cuyos talleres frecuenta, al tiempo que se inicia en las actividades teatrales que la veterana actriz Guillermina Soto Rojas realizaba por entonces en Málaga. Tras cumplir el servicio militar en Sidi Ifni (donde gana el Premio de las Artes 1965 del mismo nombre convocado por la colonia española), Puyuelo abandona Málaga y se traslada a Madrid, donde comienza verdaderamente su actividad escénica pro-


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fesional en la compañía de Armando Moreno y Nuria Espert con Enrique IV de Pirandello; luego, viaja por Italia y más tarde por Suiza con Las Carátulas, compañía de Diego Serrano y Elisa Ramírez, formando parte del reparto de Los Intereses creados de Benavente y La zapatera prodigiosa de García Lorca, obras para las cuales realiza la correspondiente cartelería, decorados y vestuarios, como precedentemente había ocurrido con Enrique IV y El lindo don Diego. Los trabajos escenográficos del pintor continuarían con las obras El lindo don Diego, Retablo de las maravillas y Café de Chinitas, que dirigió en Málaga Jacinto Esteban. Cuando en la madrileña Sala Abril el poeta José Hierro tiene oportunidad de ver por vez primera la obra pictórica de Puyuelo afirmó en el periódico El Alcázar de Madrid: Hay en su pintura un recuerdo de cierto post impresionismo gauguiniano. No es que los cuadros de Puyuelo pertenezcan a esta etapa del arte. Son bien actuales. Pero da la impresión de haber tenido presente en su conciencia el ejemplo del pintor francés. La semejanza viene de esas masas sometidas a ritmos bien gauguinianos, aunque la gama sea más fría. Por su parte, Adolfo Castaño, en La Estafeta Literaria, escribiría: Víctor Puyuelo es mejor que lo que se anunciaba… Es curiosa la lucha que han entablado algunas de sus figuras con el color. Su evidente intención dramática no consigue ganar para su causa, a pesar de la forma, a la alegría íntima de esos amarillos. Es inútil. La carga no puede ser soportada en ese clima general de sencillez y de espontaneidad. Heredero inconsciente de la nueva figuración que en la pintura española

aparece finalizado el decenio de 1950, en su obra se sucede lo expresionista y lo figurativo al mismo tiempo que modifica el lenguaje colorista en función de los asuntos temáticos y los nuevos signos que en ella aparecen a medida de la cambiante iconografía de sus trabajos. Víctor confirmó hasta la saciedad que el expresionismo podía ser –desde la tensión de sus visiones, la aprehensión de sus atmósferas y la caricaturización de sus imágenes– la otra manera de explicar procesos cromáticos nacidos por la pugna de sentimientos superpuestos y hasta contradictorios. Además de sus trabajos escénicos, el autor realizó una extensa obra caballete, paisajes desde el natural y portadas para distintas publicaciones, entre ellas Cuadernos Hispanoamericanos, Guidepost y Por la escala de Jacob, de Inés María Guzmán. Más de una treintena de exposiciones individuales realizó Puyuelo desde el comienzo del decenio de los años sesenta del siglo XX hasta la finalización del mismo. Salvo omisión involuntaria por falta de sistematización de su extenso catálogo de actividad galerística, sus exposiciones fueron las siguientes: Ayuntamiento de Nerja, Málaga (1963); Club Indiana, Madrid, y Sala Alerta, Santander (1964); Sala Abril, Madrid (1966); Casa de Cultura, Cuenca; Caja de Ahorros, Valladolid; Escuela de Periodismo, Madrid, y Ayuntamiento de Nerja (1967); Galería Dánae, Madrid (1968); Pinturas Módulo, Dánae, Madrid (1970); Excma. Diputación Provincial, Málaga (1972); Galería Atisha, Madrid (1975); Banco de Bilbao, Huesca (1977


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y 1978); The Arts and Science Center, Boston; The Washington Irving Gallery, Nueva York, así como en el estado de New Hampsphire, EE.UU. (1980); Banco de Bilbao, Huesca (Serie La esfinge: Del Génesis a la Creación y la Destrucción, 1983); Galería Miguel Ángel, Málaga; Figuras e Historia de un pueblo, Castillo del Bil-Bil, Benalmádena; Los pecados capitales, Galería Arambol, Madrid (1986); Galería D’Art, Huesca (1987); Etnografía gallega, pinturas negras, en el Centro Cultural Puerta de Toledo, Madrid (1990); Apocalipsis, Colegio de Aparejadores, Málaga (1992); Finca El Portón de Alhaurín de la Torre, Málaga, y Agua, Aire, Fuego, Tierra, en la ermita de San Sebastián del Cementerio Histórico de Casabermeja, Málaga (1993); Galería

Nova, Málaga (1994); Credo, Colegio de Aparejadores, Málaga (1999), y Celajes, Colegio de Aparejadores, Málaga (2002). La obra de Puyuelo estuvo presente en innumerables exposiciones colectivas tanto nacionales (Madrid, Zaragoza, Bilbao) como internacionales (París, Nueva Delhi, Canberra, Amman, Ankara, Estambul, Atenas, Nápoles, Londres, Miami, Dublín, Copenhague, Viena, Múnich, etc., en Trayectoria 80, exposición itinerante organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, con obras de Tapies, Gris, Miró y Dalí, entre otros). Dos años más tarde fue invitado de honor en el Salón de las Naciones de París, aportando cinco obras agrupadas en la temática Teología y Tecnología.


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Pintor, dibujante y grabador, Ramón Castillo Payán se formó inicialmente en la Academia de Dibujo de su ciudad natal. Se incorporó a la vida artística malagueña a partir de 1970, dándose a conocer como artista con una exposición individual en el hall de Radio JuventudLa Voz de Málaga el citado año, regresando a la misma con nuevas obras en 1971 y 1974. Previamente, en 1969, había celebrado su primera individual en la Sala de Información y Turismo de Melilla. En años sucesivos, antes de que

su enfermedad limitara su actividad, había desarrollado el siguiente programa expositivo: Sala de la Caja de Ahorros de Ronda (Málaga, 1972); Galería Picasso (Málaga, 1975); Liceo-Peña Malaguista y Caja de Ahorros Provincial (Málaga y Vélez-Málaga, respectivamente, 1977); Sociedad de Tiro de Pichón (Málaga, 1979); Casa de Málaga (Madrid, 1981); Ateneo (Málaga, 1987); Casino Militar de Melilla (1989); Ateneo de Málaga (1992) y Palacio Miramar de Málaga (1996). Ésta última muestra de Qastiyo fue, sin duda, su gran revelación como artista cuya obra fue temática y técnicamente realizada en el sanatorio donde se recuperaba. Precisamente en la sección Galerías de Arte del diario Sur (30. I. 1996) podía leerse: Indudablemente, hay un mundo recóndito, intransferible, remoto y si quieren esquizofrénico lo que propicia las imágenes de Qastiyo. Pero conviene que nadie pierda de vista que arte y patología se han unido muchas veces dando a la historia de


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la pintura y la literatura turbadores discursos de genialidad e independencia. Obtuvo Diploma de Honor de la Academia de Dibujo de Melilla, Mención de Honor de Educación y Descanso en 1971 y Medalla del Ateneo en 1995. Sobre la exposición del Palacio Miramar ya citada, el pintor Rafael Alvarado conocedor de la producción de Qastiyo, escribió en el catálogo, entre otras cosas, lo siguiente: Lo verdaderamente importante de esta muestra de Castillo Payán es la fe en su trabajo y en la creación, que le han acompañado a lo largo de su vida, y al mismo tiempo han sido sus armas para defenderse de las agresiones exteriores e incomprensión del mundo, el mal gusto imperante y esa falta de espiritualidad y de valores que caracterizan nuestro tiempo.

Perchelero de la calle Ancha del Carmen por nacimiento, Daniel Quintero compartió niñez entre Málaga y Melilla y en 1959 se traslada con su familia a Madrid, donde no sólo recibió formación académica, sino que desarrolló prácticamente toda su obra creativa. Con dieciséis años de edad inicia su formación artística en la disciplina de Dibujo. Lo hace con el pintor Amadeo Roca, que

tras una estancia en París acabó instalándose en la capital de España, abriendo academia particular. En el aula del pintor Roca permaneció hasta 1967; a partir de dicho año en que obtiene plaza para estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid con Antonio López, Juan Barjola y Francisco Echauz, entre otros, compatibilizó su asistencia al centro con la academia del pintor Roca. Un año más tarde, frecuentó semanalmente las clases de estampación que el profesor Marcoida impartía entonces en el Círculo de Bellas Artes de la capital de España. Buen dibujante para algunos, maestro del retrato para otros y en todo caso dueño de una rica, sugerente y pletórica paleta, la diversa y cambiante temática que prevalece en su obra, así como sus propios modos pictóricos, tardó en darlos a conocer a los malagueños hasta su gran exposición del Palacio Episcopal de la ciudad (24.I.-24.II. 2008) comisariada por el también creativo, abogado y académico de San Telmo, José Manuel Cabra de Luna. La obra de este autor, tras largos años de asombrar a los públicos usamericanos y europeos entendidos en materia de arte y a la crítica más exigente, puede decirse ha recibido los comentarios más entusiásticos. Con ocasión de su participación en la muestra colectiva Realistas Contemporáneos Españoles, celebrada en la Galería Marlborough Fine Art de Londres, Marina Vaizey escribió en The Financial Times (2.X.73): […] Daniel Quintero, a sus veinticinco años, es quizá el más sorprendente… Una gran pintura, “El metro”, es difícil de leer,


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pero su dificultad resulta satisfactoria, y añadía: …Una serie de estudios expuestos muestra el cuidado con que ha precedido en esta pintura, que en su forma logra la curiosa inevitabilidad que a menudo caracteriza a una obra importante. Combina una generosa meticulosidad con una visión poderosa y profundamente triste. Fernando Zóbel por su parte, en la revista Guadalimar, número correspondiente al mes de febrero de 1978, escribe: Al público le asombra la plasmación de los más pequeños detalles por el artista. ¿Hasta qué punto es necesario este análisis microscópico? La respuesta del artista es sorprendente: “Es un estilo particular de pintura. No creo que los detalles minuciosos sean esenciales, y gradualmente voy intentando simplificar las cosas”. Sospecho que a Quintero le irrita la admiración que suscita tal precisión en la pintura, en tanto que obstaculiza que el espectador conozca sus más amplias intenciones. Su obra se conoció en primera aparición individual galerística en la Sala Arteta de San Sebastián (1969), y la cronología de sus restantes exposiciones individuales hasta el fin del siglo XX, fue, salvo error u omisión: Marlborough Fine Art (Londres, 1977); Marlborough Gallery (Nueva York, 1980); id. id. id. (Londres y Nueva York, 1983); Marlborough Fine Art, Galería Levy y Galería Juana Mordó (Londres, Hamburgo y Madrid, respectivamente, 1984); Marlborough Gallery (Nueva York, 1987); Centro Cultural Español Casa de Goya (Burdeos, 1990); Fundación Caixa Galicia (La Coruña, 1991); Galería Marlborough (Madrid, 1994); Sala Cal-Luzán (Zaragoza, 1995);

Centro de Arte Moderno (Oviedo, 1997); Galería Malborough (Madrid, 1999) y Museo Sefardí de la Sinagoga del Tránsito (Toledo, 2000). El número de su participación en eventos colectivos dentro y fuera de España es muy extenso y comienza en la Exposición Nacional de Arte Contemporáneo, celebrada en el Palacio de Velázquez (Madrid, 1970); una nueva colectiva en la Galería Sequier de la capital de España (1971) bajo el epígrafe Jóvenes realistas, sería su posterior comparecencia madrileña. Su primera colectiva en el extranjero fue en Marlborough Fine Art, de Londres, ya aludida. Dos nuevas colectivas, de la mano de la galerista Juana Mordó, se sucedieron a continuación. Serían, por el orden cronológico de sus respectivas inauguraciones, la de Jóvenes realistas en Galería Sarrió, Barcelona, y Ars’74 en el Ateneum de Helsinki, finalizando dicho año con otra diferente en Marlborough Gallery, Nueva York, bajo el título Dibujos de diez artistas contemporáneos españoles. Otra importantísima colectiva fue para el artista su participación, por vez primera en Alemania (1975), en el Kunsthalle, de Darmstad, que con las del propio Quintero se exhibían obras de algunos de los realistas españoles, además de Pistoletto, Warhol, Dalí, Duchamps, Magrite y Morandi. Obras de tan singular autor se hallan en colecciones privadas, oficiales e institucionales de España (museos Municipal de Madrid, Sefardí de Toledo, Colección March, Presidencia del Gobierno, Palacio de la Zarzuela,


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Teatro Real de Madrid, Real Academia Española y Congreso de los Diputados. En Estados Unidos: Fogg Art Museum de Cambridge, Massachussets; Fine Art Museum, San Francisco y Saint Louis University, Boston. En Finlandia: Ateneum. En Gran Bretaña: Royal Bank of Scotland, National Gallery of Modern Art de Edinburgo y Victoria & Albert

Museum, London. México DF: Museo Rufino Tamayo: Japón: The Prefectural Museum, Nagasaki. Entre las distinciones artísticas recibidas antes de expirar el siglo XX figura el Segundo Premio por un aguafuerte dedicado a Goya en la Exposición Nacional de Arte Contemporáneo (Madrid, 1970).


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Antonio Ramos Notario, pintor, escultor, restaurador y profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, este artista inició su preparación artística como alumno de las secciones números 7 y 1, respectivamente, de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid, donde tuvo como profesores a Antonio Iniesta y Fernando Bretones, y más tarde, al asistir a una academia de preparación de Bellas Artes y Arquitectura, al pintor Waldo Aguilar. Ramos Notario

concluyó su preparación académica en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, en la que, entre otros catedráticos, tuvo como profesores de Escultura a Fernando Cruz y Marcos Pérez; de Pintura y Pintura Mural, a Guillermo Vargas, Gregorio Toledo y López Villaseñor; de Restauración de Pintura, a Núñez de Celis y de Pintura Mural, a Manuel de Colina. Pintor, dibujante, grafista, escultor, restaurador y director de equipos de investigación para la restauración de obras de arte religiosas, también realizó trabajos en cristal, especialmente vidrieras. De obra pictórica siempre figurativa, es un evocador nato de extraños cuando no claramente inquietantes personajes, muchos de los cuales parecen pertenecer al mundo del sueño. Para el catálogo de su única exposición individual malagueña hasta el año 2003, que tuvo carácter de antología


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retrospectiva, Jesús Viñuales, profesor de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, escribió sobre el autor: Es un artista, para comenzar, polivalente. En un mundo donde ha primado la especialización esta cualidad de polivalencia no ha sido estimada cuanto debería. Pero un artista que no “sepa” de varias cosas, que no tenga “visiones” de la objetividad, que no conozca diferentes técnicas y que no busque una polisemia de resultados, a nosotros nos parece que no es un artista completo. Notario nos demuestra, especialmente en sus últimas obras, una amplia gama de valores formales, de dominio de técnicas, de variedad de procedimiento... todo ello expresado con notable maestría. Excelente restaurador domina el color pertinente a cada espacio, y la minuciosidad y limpieza de la restauración, que aquí se traduce en claridad y luminosidad. Grafista consumado, domina la línea y la geometría con gran habilidad y precisión. Conocedor de todas las técnicas del retablo dispone sus figuras –Notario apuesta por la figuración– en el espacio, gráfico o plano o geométrico o perspectivo, con auténtico sentido de la expresión simbólica. Para César Aguilera Castillo, presidente de la Academia Libre de Arte y Letras de San Antón de Madrid: En Antonio Ramos reaparece el poder del subconsciente, de donde el misterio que suele acompañar a sus realizaciones, siempre inquietantes. Ramos es pintor, grabador y escultor. Obliga mucho el pensar en su obra. Tiene premios en todas las direcciones, tiene muchas exposiciones individuales, también colectivas, y la restauración más exigente le es ajena (retablo de Novales). Tras recorrer todos los grados académicos, es también profesor (Facultad de Bellas Artes)

y esa condición se advierte en su obra. Y es que ostenta un gran conocimiento de la historia del arte, de los tiempos pasados, más remotos y más próximos, y con esos solos elementos (recordemos también que es excepcional dibujante) juega como quiere. Las exposiciones individuales del artista fueron las siguientes: Dibujos, en la Sala Rosales, Madrid (1976); Arte Sacro, en el Museo Diocesano Regina Coeli, Santillana del Mar, Cantabria (1993) y Retrospectiva: pintura, escultura y dibujo, en Caja Rural, Málaga (1997). Entre las más importantes colectivas figuran: Concurso Nacional de Pintura, Dibujo, Escultura, Grabado, Arquitectura y Fotografía, Biblioteca Nacional, Madrid (1975); Homenaje a Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández, Universidad Complutense, Madrid (1985); II Premio B.M.W. de Pintura, Real Academia de San Fernando, Madrid (1987); Interar’96, Fira Internacional D’Art, Valencia (1996); X Salón de Otoño de la Asociación de la Prensa, Málaga (1997); Presencia I, con motivo del 118 aniversario del nacimiento de Picasso, Diputación Provincial, Málaga (1999); IX Salón de los Trece, Sala de Exposiciones Nájera, Madrid (2002), etc. Entre los premios, distinciones y becas recibidos por Ramos Notario figuran, entre otros, los siguientes: Primer Premio de Escultura Aníbal Álvarez de la Escuela Superior de Bellas Artes, Madrid, y Segundo Premio de Escultura en la exposición organizada por la Dirección General de Bellas Artes y la Escuela Superior de Bellas Artes, Madrid (1968); Primer Premio de


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Escultura en la vigesimosegunda exposición Pintores de África, Madrid (1972); íd. vigesimotercera, Madrid (1973); Primer Premio de Escaparatismo de la Cámara de Comercio, Madrid (1992); íd. íd. escaparatismo, FITUR, Madrid (1993); Medalla de Oro y Trofeo Navidad, respectivamente, y ambos otorgados por la Asociación de Belenistas de Madrid (1998 y 1999) y Medalla de Oro “Estilo Libre” de la misma asociación (2000). Ramos Notario ha sido profesor titular de Anatomía Morfológica de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid (1972 a 1998); en la misma, y hasta el año 2004 en que se redactaron estas líneas, era profesor titular de Escultura en la misma Facultad, así como técnico en Conservación y Restauración de obras de arte sacro del Museo Diocesano “Regina Coeli” de Santillana del Mar, Cantabria.

Luis Ramos Rosa, nacido en el corralón trinitario popularmente conocido como “Casa de Matías”, frente a la iglesia de San Pablo, con muy corta edad entró en el taller fundado en dicha parroquia trinitaria por su párroco, Francisco Vega Gutiérrez, recibiendo en él nociones de dorado y policromía del maestro Antonio Barrabino. Muy joven todavía pasó a la Escuela de Bellas Artes de la ciudad, donde hubo de falsear la edad para poder matricularse. Se recuerda de él en este primer periodo de aprendizaje reglado que, cada fin de curso y durante muchos años, solía obtener dos diplomas por curso lectivo, uno de aplicación y constancia y otro de dibujo. Su maestros fueron José Nogales Sevilla, Antonio de Burgos Oms y César Álvarez Dumont. Este artista llegó a ser muy conocido y admirado no sólo por sus más próximos vecinos trinitarios, sino también percheleros -pese a las rivalidades entonces existentes entre ambos barrios-, dado que sus primeros talleres estuvieron en las escuelas de San Pablo, en la de Santo Domingo y, finalmente, en la calle Solimán, en pleno centro de la ciudad, por cuya circunstancia


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fue un taller-estudio muy visitado por escritores, poetas, pintores e intelectuales malagueños, muchas de cuyas tertulias y reuniones recogió la prensa del momento en sus ediciones diarias. Ramos Rosa fue pintor y así se hacía llamar, pero también era tallista, dorador, policromador y restaurador, de ahí las numerosas obras que realizó para iglesias malagueñas, de Vélez-Málaga, Alora y Olvera, entre otras. Tras la guerra de 1936-39, muchos de sus trabajos desaparecieron, y al concluir el conflicto, de nuevo se entregó a la realización de proyectos de talla, dorado, policromía, restauraciones y decoraciones. Así, a partir de 1937, Ramos Rosa construye para la Catedral el retablo de San Rafael y los tornavoces de sus púlpitos. El catálogo de trabajos continúa en el Palacio Episcopal, donde adorna su capilla y el Salón del Trono; lleva a cabo la policromía de una imagen de Nuestra Señora del Carmen, una Purísima y dos imágenes del Sagrado Corazón de Jesús para la iglesia de los jesuitas de Málaga; realiza después el proyecto de planta y dorado del trono de la Virgen de la Esperanza y de Nuestro Padre Jesús del Paso, cofradía entonces radicada en el interior de la parroquia de Santo Domingo. Entre los más conocidos trabajos de policromía de los años siguientes, hay que referir los crucificados de la iglesia parroquial de San Patricio, otro que procesionó la Cofradía de Animas de Ciegos, el Cristo de Viñeros, la Virgen del Valle y San José del Colegio de las Asuncionistas, así como la imagen de la Virgen de la Victoria, etc. Otros trabajos fueron: decoración

de la capilla del colegio de las Teresianas, retablo de nueva planta del titular de la parroquia de San Pablo, dorado y policromado del altar mayor de la parroquia de Santiago, decoración de la caja de escalera y proyecto de vidrieras del Círculo Mercantil. Uno de sus cuadros religiosos más conocido es el San Rafael que pintó al óleo para la iglesia parroquial de San Felipe Neri. Profesor de dibujo artístico, dorado y policromía de la Escuela de Bellas Artes de Málaga, de dibujo en las escuelas de los HH. Maristas, colegio de PP. Agustinos, Seminario Conciliar y Colegio Menor Mediterráneo, tuvo alumnos particulares y procedentes del Instituto de Enseñanza Media, el cual recreó en un cuadro que se le tiene como el mejor óleo de toda su producción, y que, después de haber sido galardonado con varias medallas en exposiciones de Córdoba, Jaén y Málaga, lo donó al Museo Provincial de Bellas Artes. Luis Ramos Rosas fue varias veces pensionado al Monasterio de El Paular. A partir de 1920 cuando contaba 17 años de edad, hasta su fallecimiento en 1965, el artista recibió unos 65 premios, trofeos y distinciones: un premio extraordinario, 30 primeros premios, 15 segundos, 7 terceros, 10 menciones honoríficas y 2 accésits. En los del primer grupo figuran (no se consignan los años en los casos que se desconocen): Premio Extraordinario Antonio Muñoz Degraín; de la Academia de Bellas Artes de Málaga; del concurso de Semana Santa; cartel del Ayuntamiento de Córdoba; cartel del Ayuntamiento de Burgos; concurso de


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litografía de la casa Ricardo Sánchez (Málaga, 1922); concurso organizado por el Ayuntamiento de Valladolid; concurso de carteles del Ayuntamiento de Pamplona; cartel de la feria de Málaga (1933); cartel del Sindicato de Iniciativas y Propaganda de Málaga; cartel para las fiestas de verano de Málaga; cartel anunciador de la película Macarena (Sevilla, 1944); cartel de la Escuela de Odontología (Madrid, 1945); cartel anunciador de las Fiestas Deportivas de Invierno de Málaga; cartel para anunciar las fiestas de verano de Málaga; cartel de las Fiestas de Invierno; cartel para anunciar la Semana Santa de Cuenca (1947); íd. de la Semana Santa de Granada (1950); cartel de la Feria de Córdoba (1951); cartel de la Feria de la Línea de la Concepción (1952); fiestas de Algeciras; centenario de Pedro Romero (Ronda, 1954): Semana Santa de Orihuela (1955); cartel para la Caja de Ahorro de Ronda (1957 y 1958, respectivamente); cartel de las Fiestas Deportivas de Invierno de Málaga (1958); cartel anunciador de