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ESCALANDO dificultades

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PROD IGIO

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La Veracruzana Se Convirti En La Sexta Mexicana En Llegar A La Cima Del Monte Everest

El deporte es para muchas personas una terapia de vida, y para la alpinista mexicana, Eva Martínez Sandoval fue, de manera literal, la mejor manera de ascender y llegar a la parte más alta del mundo.

El 17 de mayo de 2010 hizo historia y se convirtió en la sexta mexicana en subir la cima del Everest, con una altura de 8 mil 849 metros. Pero esta es apenas una de las más de 44 cumbres fuera de México que ha logrado escalar.

Su pasión por el alpinismo empezó en su niñez, pero en vez de trepar montañas, ascendió en bosques y árboles, buscando quitarse una curiosidad de llegar a la cima en cualquier punto que ella escogiera.

Esas inquietudes se convirtieron en su profesión, pasión y razón de vida, cuando decidió superar un cuadro de depresión, y a sabiendas de que iba a exponer su cuerpo y su alma, encontró en el alpinismo esa manera de alcanzar la felicidad.

Tras varios años de imponerse retos en otras latitudes, la Cordillera del Himalaya comenzó a ser su l Ha realizado expediciones en Sudamérica y Centroamérica. l Carlos Carsolio era el único mexicano en ascender el Dhaulagiri. gran obsesión. Primero, en 2005, cuando falló en su intento de subir el Ghaserbrum II (ocho mil 35 metros), entre China y Pakistán, y se quedó a escasos 335 metros de llegar a su meta, cuando las condiciones climatológicas le impidieron terminar el trabajo.

LOGROS EN LAS ALTURAS l Antes de salir al extranjero, pasó tres años escalando en México.

Eva no se dio por vencida, y con ayuda de gente local, más un grupo de colegas españoles, quienes fueron sus grandes aliados, tuvo uno de sus logros más recordados. A pesar del poco presupuesto con el que contaba, llegó a lo más alto del Dhaulagiri, una cumbre maciza a lado del río Bheri (8 mil 167 metros).

Lamentablemente, ella y su equipo sufrieron una caída de 700 metros, tras lograr el objetivo, y apenas salvaron la vida. Sin embargo, dos de los ibéricos fallecieron.

La amarga experiencia le ayudó a lograr su sueño tres años después, el Monte Everest, donde a lado de su compañero, Ignacio Anaya, logró poner la bandera de México y quedar para siempre en la historia como ejemplo de superación, de retos y de dejar los miedos atrás.

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Fundadora De Ola Violeta Ac

CUERPO Y ALMA POR MARÍA ELENA ESPARZA GUEVARA

@MaElenaEsparza ¡PERDÓN POR MIS UÑAS!

Naces, creces, juegas a maquillarte, aprendes que para agradar necesitas “arreglarte” —como si algo estuviera descompuesto—, una parte de ti muere porque confundes autocuidado con la exigencia social de tus roles de género. Así se podría resumir la carga estética de nuestra existencia femenina.

Claro que la apariencia importa y la primera impresión nunca se olvida. Aunque sería fantástico un mundo en el que sólo valoráramos a las personas por su interior y no por su aspecto, la verdad: es imposible. No lo niego ni quiero ser ilusa, pero sí invitarte a una reflexión hacia un filtro más consciente de los juicios sociales basados en la imagen; para empezar, los que se detonan frente al espejo.

Y es que, curiosamente, en semanas recientes varias amigas y colegas han interrumpido alguna reunión social o de trabajo para disculparse por no haberse hecho las uñas, porque no les dio tiempo de retocarse las raíces y hasta por las ojeras que provoca la falta de sueño. De este tamaño es la presión para vernos bien y así de profunda la interiorización de esas expectativas.

La Organización Mundial de la Salud define el autocuidado como el conjunto de acciones que tomamos para proporcionarnos salud mental, física y emocional. Es hacernos responsables de nuestro bienestar y respondernos honestamente qué necesitamos para sentirnos bien. El problema es que cuando se cruza esta idea con los roles y estereotipos de género, la situación se pone más confusa.

Recordemos que el mandato de belleza es uno de los más demandantes para las mujeres. El fin de semana veía de nuevo “Lo que el viento se llevó” y no deja de sorprenderme la escena donde Scarlett O’Hara cuestiona la obligación de tomar una siesta para refrescar su aspecto en lugar de participar en la conversación política de los hombres. La película tiene más de 80 años… y también el negocio.

El impuesto rosa es un fenómeno mercadológico estudiado desde hace décadas. Incluso la Profeco, que dirige Ricardo Sheffield, ha alertado del sobreprecio de hasta 264% en productos de higiene femenina que hacen lo mismo que sus equivalentes para hombres, como desodorante o rastrillos. Si además consideramos la brecha salarial, la desigualdad se acentúa.

Cuando el manicure deja de ser una rutina para consentirte y se convierte en una obligación, es tiempo de reflexionar. Libérate de la pena y culpa por no pintarte las uñas o las canas: eso sí que es autocuidado.

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