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COLUMNA INVITADA

La Defensa Constitucional De La Democracia

El populismo ahora renaciente en muchas latitudes, no es democrático. Comprar el voto no es una expresión de modernidad política

La democracia es la forma de gobierno en la que los integrantes de los poderes públicos (ejecutivo y legislativo) son seleccionados, directa o indirectamente, por los ciudadanos del Estado. Por ello, únicamente las potestades de gobierno escogidas de manera libre e informada por la ciudadanía son de origen democrático.

Ese pluralismo moderno fue el resultado de un proceso evolutivo de gobernación. Antes, las más de las veces, el mando estatal era autocrático. Un individuo o camarilla tomaban las decisiones que afectaban a la ciudadanía sin que estos participaran en ese proceso decisorio o tuvieran el derecho a cuestionar.

Sin embargo, para que se cumpla con el fin estatal de bienestar colectivo, el gobierno del Estado debe quedar sujeto a controles democráticos. En caso contrario, al no existir, o al no operar de manera eficiente la visoría ciudadana, se pierde la posibilidad de generar un desarrollo sostenible para todos. en las acciones de gobierno y eso es lo que proporciona la estructura democrática institucional.

El populismo ahora renaciente en muchas latitudes, no es democrático. Emplear las necesidades de una ciudadanía para comprar su voto y con ello tomar el control del rumbo del Estado no es una expresión de modernidad política. Incluso, en esos regímenes, al reducirse las fuentes del dinero público se termina el beneficio temporal transferido a los votantes que otorgan la mayoría en las elecciones.

El régimen alternativo es constitucional. Hay una ley fundacional de todo el orden jurídico que rige la vida en sociedad y hace posible la convivencia armónica y el bienestar colectivo. Eso significa que el imperio gubernativo no abarca nada que la Constitución no le confiera y le aplican las restricciones que ella indique. Si el poder público no es constitucionalmente obediente no es democrático.

• ES NECESARIO

Encargar el rumbo del Estado a la voluntad irrestricta de una persona, por más bien intencionada que sea, genera incertidumbre social y con ello pérdida de bienestar colectivo. Cuando lo cierto es que nadie es más inteligente que las instituciones. En ese sentido, la democracia institucional es un derecho humano que torna razonable el sometimiento de la libertad y voluntad individual al poder público, su garantía es el andamiaje jurídico constitucional que asegura que el gobierno del Estado no se ejerce de manera personal y desoyendo los mandatos de la ley suprema.

INCORPORAR UNA SERIE DE

Bajo el manto del Derecho gobiernan instituciones públicas. El ejercicio o cumplimiento de las funciones o tareas públicas no debe depender de nadie en lo personal sino de un sistema organizado de atribuciones diseñadas para mejor cumplir esas faenas de conducción. El titular de la institución no es el propietario o dueño de las facultades a éste asignadas. Es, en el sentido más amplio del término, el responsable de la misma y de su legal ejercicio por el tiempo que dure el encargo.

De esa manera se garantiza que la labor de conducir la nave del Estado no dependa de las filias o fobias de nadie en lo particular. Todo progreso social exige certidumbre

El Heraldo De M Xico

DOMINGO / 09 / 07 / 2023

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