El Comentario Semanal




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Amaury Fernández Reyes*
El filme Coupez! (Final cut) del director francés Michel Hazanavicius, inauguró recientemente el Festival de Cine de Cannes este año, pero fuera de la competición oficial. Aunque ha sido criticada por muchos, espero llegue pronto a las salas cinematográficas de nuestro país y especialmente a Colima, ya que recientemente había esperado sin éxito el que se exhibiera la 71 Muestra Internacional de Cine en las salas colimenses.
En entrevista al día siguiente de la presentación del filme en Cannes, el director reconoció la importancia del humor en tiempos convulsos, haciendo hincapié en que el humor triunfa en tiempos de crisis.

Respecto a esta idea, ya varios analistas e historiadores de cine han descrito cómo este arte ha servido muchas veces para aminorar desesperanzas, resaltar el espíritu humano de libertad, así como
promulgar la risa en su fase de resistencia simbólica ante los acontecimientos adversos de toda índole que surgen en el mundo. Por ejemplo, durante la Gran Depresión surgida luego de la crisis de

1929 en Estados Unidos de América, se produjeron las mejores películas de comedia, con estrellas como Chaplin, Stan Laurel y Oliver Hardy (El gordo y el flaco) o los Hermanos Marx junto al auge de la industria de Hollywood; así como también durante la Segunda Guerra Mundial, o más recientemente con el éxito en taquilla de películas correspondientes a filmes con sentido del humor tal como se hizo patente en 2008, en medio de la severa crisis económica de recesión mundial, cuando el cine fue un espacio para la producción y el gran consumo masivo de dicho género cinematográfico, mostrando las mayores ganancias en taquilla y el comportamiento peculiar de los públicos y audiencias en esos años.
En este caso, el director francés reconocía en la mencionada entrevista, la importancia de reírnos aún en estos tiempos complejos de Covid-19, además de haberla filmado en medio de la pandemia, y exhibida en el momento de una guerra reciente entre Ucrania y Rusia, donde por cierto el propio presidente ucraniano Volodímir Zelenski, quien llega al poder de manera paradójica luego de protagonizar en una serie televisiva en ucraniana, a un personaje de comedia que aspiraba a ser presidente y quien logra finalmente su cometido al igual que en la vida real, fuera recibido en la inauguración del mismo certamen, con ovaciones y múltiples aplausos por su discurso emitido, al mencionar entre otras cosas, la necesidad de abogar por la paz mundial y decir “estoy seguro de que el dictador perderá”, en clara alusión al presidente ruso Vladimir Putin
Pero volviendo al tema central de esta nota, yo no he sido muy seguidor del cine de zombies, al igual que el director del filme como él mismo reconoció, sin embargo, sí he visto algunas buenas películas del género, especialmente de comedia de zombies como las norteamericanas Bienvenidos a Zombieland (2009), Zombieland 2: tiro de gracia (2019) ambas dirigidas por Ruben Fleischer, o la cubana “Juan de los muertos” (2012) de Alejandro Burgués Asimismo, para el director representó su factura todo un reto según refiere, pero también una reflexión sobre la importancia de reír, y más desde una historia sobre zombies


De esta manera, Coupez! (Final cut) o corte final para Latinoamérica, tal como menciona en alusión al filme la periodista Marta Garde del periódico La Vanguardia (18/05/2022), Michel Hazanavicius “brinda un homenaje al cine y al amateurismo”.
Rodada en seis semanas, esta película es un remake del filme japonés One cut of the dead (2017), de Shinichirou Ueda Además, al leer la sinopsis de este largometraje, el metacine se hace presente en el filme, recordando dicho concepto como el momento en que se hace referencia al mundo del cine dentro de la propia narrativa de la obra fílmica, aspecto que gusta mucho a los críticos y analistas especializados en el séptimo arte, ya que la historia “sigue a un cineasta frustrado (Romain Duris) en el tortuoso
rodaje de una cinta de serie B en el que se está dispuesto a todo para conseguir la mayor veracidad del elenco.” (Marta Garde, La Vanguardia, 18/05/2022).
Podemos decir entonces con este ejemplo fílmico, que el cine también funciona como una especie de termómetro social, ya sea por las tendencias temáticas o en el consumo de producciones y géneros cinematográficos determinados que surgen cada año, como en el caso del cine de comedia, donde se reflejan esperanzas o necesidad de desahogo y distracción, pero también de crítica y resistencia simbólica desde el humor
En fin, este filme es una especie de homenaje a quienes hacen cine, y tal como menciona su propio director: “Ya sea un auténtico fracaso o una gran película, ¡eso no importa! Lo que cuenta es el compromiso que se pone en ella y la aventura humana que representa, aunque no siempre se pueda controlar todo A veces, el camino recorrido es más importante que llegar al destino.”
Ya sea que la evite si no le gusta este tipo de películas o se dé la oportunidad de reírse un rato, la experiencia fílmica estará siempre presente En mi caso ¡Espero verla, aunque sea en streaming! debido a que me llama la atención porqué esta película en particular, abrió la gran fiesta de lo mejor del cine mundial, es decir hablamos del ¡Festival de Cine de Cannes!
1 Profesor Investigador de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima.

El desamparo se lleva en la sangre, aunque a la intemperie, nuestra estructura
Nadia Contreras
Hay sueños que no deberían llamarse sueños. No llegan a pesadillas, aunque se escuche el grito, aunque se dé cuenta del rostro despavorido, del corazón a punto de colapsar. Las historias enterradas, porque para sobrevivir, se deben enterrar muchas historias, o mínimo, ahogarlas en páginas y páginas de libros nunca escritos, salen a flote. ¿Quién les autoriza sacudirnos en el juego de la noche? ¿Cuánto tiempo se
retrocede para situarse frente al espejo donde la mujer que soy lleva entre las manos un corazón tiznado? Los rostros viejos recuperan la voz; mira, el hilo de la historia estaba roto, estaba torcido. El hombre hielo toma mis cuadernos, limpia los tachones, continúa las frases inconclusas con un nuevo discurso. ¿Les conté que el hombre hielo estuvo a punto de matarme? Nada verdaderamente está enterrado; mentira es decir que
no se vuelve a las páginas viejas de los libros; mentira decir que no se buscan las antiguas palabras para comprender, por enésima vez, por qué las paredes (habíamos comprado la casa) se derrumban una a una. Mira la casa, mira la ventana. El hombre hielo no me mira; su espalda es ancha y hay un bloque sobre mi pecho. Me hunde, me hunde, me hunde. Reiniciaremos la historia, me dice; donde nos quedamos existe

un hijo que queremos adoptar, existen dos gatos: Ámbar, Balthus y las plantas, los dibujos, la lluvia cayendo en el patio de las infancias. El hombre hielo habla y debo escucharlo. ¿Se puede soñar a ciegas? Abierta la puerta, una puerta de tantas, sólo una mesa, una silla, para cortar de tajo el antiguo polvo, el antiguo perfume, el antiguo cuerpo convertido en tumba. Suficiente. Que los cuadernos, los antiguos cuadernos ardan. Podríamos incluso, dentro del sueño, hablar de otras fisuras o de otra solidez para la nueva historia. El hombre hielo no está, se ha evaporado. El antiguo golpe, el antiguo dolor (se muere si no hay caricias, si no hay sexo como una brújula, si los sentidos no se encienden hasta convertirlos en bugambilias o pájaros), alcanza la sangre. Su residuo, es memoria.
El agua dentro de la cabeza, su fluir, lo terrible de su sensación aplastante. No el murmullo, no el chasquido o su caricia. Más bien, un pozo. Y dentro del pozo, el agua, sus imágenes se detienen o se aceleran. Ojalá se quebrarán para arrancarles lo oscuro, la contracorriente del tiempo que no termina en las cosas. Nuevamente, recorro los pasillos del hospital. No funciona mi cuerpo, surgen de él, dolores y esa parte que deambula en medio del suicidio como una crisálida. Olivia, ven a sostenerme. Si me hablas de la infancia está bien. Iremos a los campos de caña, a los establos. ¿Los rumores de la fábrica cortaban el viento? Recuerda: todo era dulce. A través de la pantalla miro cómo el líquido se extiende por mi cuerpo. El líquido amarillo, una vez que ha salido de la aguja, avanza a la par de la sangre, a la par de la respiración. Mi vientre es un tumor azul y verde. Mira, crece. Ven a tocar este tambor de sangre. Está a punto de reventar. Desciende la temperatura. Vas a entrar al quirófano. Mi madre hace la señal de la cruz en mi frente. No hay techo. O será que el techo tiene el color del abismo. ¿Será así el cielo, el infierno? ¿Y si las imágenes se solidificarán, por ejemplo, en ese descenso eterno, inamovible? Las horas también quieren hundirme en el pozo profundo. Es un continuo caer mientras mi cuerpo, cada una de sus partes, sus vísceras se aflojan o se constriñen en espasmos. Es de esta manera la otra vida.
¿Por qué no veo a mi padre? ¿Por qué no veo el hombre con quien vivo y es capaz de derrumbar las barreras y de sortear las desembocaduras? Pudiera sujetarme a la niebla o al humo pero ni las manos, ni las piernas responden. Ni siquiera respondo al llanto. El llanto. La escritura, sí, su verbo definitivo, puede sacarme a flote.
Vamos a hablar del suicidio, o tal vez, sólo del cansancio hundiéndonos hasta el fondo de un baúl atestado. Otro tema no cabe en la conversación. El suicidio, Virginia, para decir que la vida tiene un margen, un punto, una blancura detenida en la tormenta. Pudiéramos referirnos a los sexos compartiendo los bordes, los impulsos, la espuma. Imagina, tocar en el éxtasis la otra superficie del mundo, porque el mundo, déjame decirlo, está hecho de múltiples superficies; si miramos, si tocamos, si bebemos, si abrimos bajo la penumbra una grieta. O simplemente, la mirada, su oscuridad o su eficacia. Pero ¿por qué pretendo explicarte el mundo y sus superficies si tú viviste en el sitio preciso? Nadie como tú para saberlo; el desamparo se lleva en la sangre, aunque a la intemperie, nuestra estructura se sostenga. Cada vez, el invierno nos toca más profundo; si vivimos el amor, si vivimos en la cima o en una playa, si hay un muro protegiéndonos. El invierno, su asedio. ¿Será que en este momento estoy dispuesta a destruir el campo de energía débil que es la vida? No con piedras en los bolsillos, no hundiéndome hasta encontrar dentro del agua otro universo. El suicidio se desliza por las escaleras. Siempre ha sido así. Agazapado, reptante, su voz distinguible por encima de cualquier articulación. No pude, ¿no podré? Mi vida tiene otro orden, Virginia, y todo tiene una sonrisa. Pero son los días, no como éste, no como ayer, sino sólo días. Hay, en la caída, una tímida ternura, el cuerpo quebrándose como el cristal, sus reflejos, sus vibraciones mudas. ¿Qué queda? ¿La memoria en blanco, en negro? Espérame allá al fondo, Virginia, cuando llegue la hora, cuando verdaderamente lo sienta. Se ha despertado el futuro, me voy a su lado.

Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño Rector
Joel Nino Jr Secretario general
Vianey Amezcua Barajas Coordinadora general de Comunicación Social
Jorge Vega Aguayo Director general de Prensa
El Comentario Semanal
José Ferruzca González Director del periódico El Comentario
Yadira Elizabeth Avalos Rojas
Coordinadora de edición y diseño

Para la escritora mexicana Sandra Frid, autora de Los demonios de mi cuerpo, la nueva novela sobre la poetisa Pita Amor, vivir de una forma más poética puede ser una alternativa en tiempos de desesperanza, pandemias y guerras.
“Los seres humanos siempre nos vamos a estar peleando entre nosotros, pero yo propongo vivir de una manera más poética, más cerca de la belleza”, expresó la novelista en entrevista a EFE
Frid es autora de varios libros sobre mujeres rebeldes, como la monja Edith Stein, la bailarina Nellie Campobello y la pintora Nahui Olin. En estos días presenta la obra en la que recreó la historia de Pita Amor, una de las personalidades de la cultura de México en el siglo XX.
“No fue fácil escribir este libro. Al principio tuve miedo de que se pareciera al de Nahui, editado hace más de dos años, porque ambas artistas vivieron el ambiente cultural mexicano al mismo tiempo y conocieron a las mismas personas. Son parecidas y distintas a la vez; jugué con eso”, explicó.
Dividida en tres cuerpos o capítulos, “Los demonios de mi cuerpo” es una propuesta fresca para conocer la vida y la poesía de Pita (1918-2000), quien vivió de manera intensa, burló las leyes de la sociedad, conoció el placer y también el dolor más grande: la pérdida de un hijo.
Prosa poética
Con una prosa poética, Frid recorre la vida de Pita desde su nacimiento en una familia acaudalada venida a menos. La escritora es generosa con imágenes poéticas como la
“Propongo
de helechos que espían desde sus macetas, minutos que se traban en los relojes, lunas con venas amoratadas y silencios como ríos congelados.
“A veces hablé con Pita; la empecé a sentir cerca a la mitad del proceso de la escritura. No digo que me haya dictado alguna frase desde el cielo, pero aún hoy sigo hablando con ella; soy muy dada a dar gracias y le agradezco”, confiesa.
De las siete novelas de Sandra Frid pueden rescatarse decenas de imágenes de mujeres con alas fuertes que, si no fuera porque están creadas con palabras, podrían ser parte de una galería con óleos sobre damas capaces de volar.
Sus libros están alejados del feminismo de barricada; se centran más en exaltar a las damas desde su grandeza.
“Los personajes de mis libros son muy creativas; en el caso de Pita, su marca fue la poesía y me interesó su pasado porque la marcó. Era histriónica, le gustaban los reflectores, llamar la atención, con su manera de vestirse o de enjoyarse; tenía una voz patente, era parte de su personalidad”, agrega.
En “Los demonios de mi cuerpo”, presente en los aparadores principales de las librerías de México, Amor es una niña rebelde, es expulsada del colegio y se escapa con un hombre como 40 años mayor. Provoca escándalos y a partir de los 27 años irrumpe de forma ciclónica como una poeta que el novelista Alfonso Reyes calificó de caso mitológico.
“Contar una historia desde la ficción me
parece una manera sabrosa de decir; hay quien prefiere las biografías, pero en las novelas hay más imágenes”, dice.
Una luz en lo oscuro
Sandra escribió Los demonios de mi cuerpo en los tiempos de pandemia. Eso no cambió su rutina porque de todas maneras es una mujer solitaria.
Reconoce que sentir empatía con las protagonistas de sus libros le impide tratarlas mal, lo cual explica la ausencia de morbo al contar la vejez de Nellie Campobello, Nahui Olin y Pita Amor, las mujeres de sus tres últimas obras, quienes sufrieron en la última parte de sus vidas.
“Me niego a maltratar a mis personajes, les tengo respeto. De Pita me contaron cómo de mayor le daba golpes de bastón a los transeúntes en la calle o maltrataba a los taxistas, pero eso no aparece en mi libro. Ella fue una mujer luminosa; tuvo episodios oscuros, pero todos los tenemos, más una artista”.
La pandemia laceró a la humanidad; después vino una guerra protagonizada por un ególatra y en México matan a las mujeres por racimos. Como alternativa a la desesperanza, Frid insiste en encender una luz en lo oscuro, a partir de la educación y de una cercanía a lo bello.
“Necesitamos una vida más poética y más filosófica. En las escuelas se dejó de estudiar filosofía, que es una manera de entender el mundo para vivir mejor”, sentencia.
Con infrmación e imagen de EFE
Una bella publicación musical que invita a la reflexión sobre nuestra rica y variada música popular.
Cada vez que me encuentro con Julio Olaciregui, comenzamos hablando de literatura y terminamos conversando sobre música. El autor de Días de tambor me dice que hay ciudades musicales que conservan una banda sonora que viene desde el siglo XVI, y que las mantiene vivas y dinámicas.
A aquellas urbes sonoras que cada año los músicos les dedican sus canciones pertenecen Cali y Barranquilla, las dos ciudades hermanas.
Desde el siglo antepasado, la Arenosa, como le llaman desde siempre, ha sido cuna de grandes músicos y compositores como Nelson Pinedo, Esthercita Forero, Pacho Galán, Alci Acosta, Chelito de Castro y, por supuesto, aquellos músicos como Joe Arroyo, que un día desembarcaron en la ciudad y se quedaron a vivir para siempre.
Desde los tiempos de los indios camash hasta el desembarco de los hombres y mujeres esclavizados que dieron pie al famoso Carnaval, Curramba, que quiere decir Barranquilla al revés, fue un encuentro de culturas musicales que venían del gran Caribe y de la costa interior de la región.
Barranquilla es una metrópoli privilegiada porque ahí se juntan el mar y el río. De ahí su riqueza musical y su rica producción literaria, donde la diosa de las musas palpita ente tamboras, pianos, maracas y guacharacas.
Es gracias a este contexto musical que hace dieciocho años nació en la Arenosa la revista La lira, una bella publicación musical cuyo nombre invita al goce de la lectura y reflexión sobre nuestra rica y variada música popular.
Sus fundadores, Diógenes Royet (q. e. p.

d.), Álvaro Suescún y Miguel Iriarte, han logrado mantener esta publicación donde la crónica, el reportaje y la entrevista giran alrededor de los protagonistas de la música.
Por la revista han pasado las plumas de Paquito de Rivera, Ramón Illán Bacca, Alberto Salcedo, Heriberto Fiorillo, Juan Manuel Roca, Ariel Castillo, Eduardo Márceles Daconte, Adlai Stevenson, Marcos Fabián Herrera y Lucy Lorena Libreros.
Se ha destacado el trabajo de maestros e intérpretes de la música como Lucho Bermúdez, Pacho Galán, Francisco Zumaqué, Joe Madrid, Totó la Momposina,
Pablo Flórez, Jairo Varela, Adriana Lucía y Hugo Candelario González.
Con la muerte de Diógenes, su director, a Álvaro Suescún, el barranquillero que camina arrebatado, ahora le toca bailar con la más bella y buscar los recursos necesarios para seguir sosteniendo esta publicación, que se ha convertido en la memoria musical del Caribe.
Suescún, alma y nervio de la revista, sabe que la música no solo hay que escucharla y bailarla, sino también leerla y escribirla.
“Sería bueno que las autoridades culturales de la ciudad y el departamento apoyaran esta bella iniciativa editorial”.
Sería bueno que las autoridades culturales de la ciudad y el departamento apoyaran esta bella iniciativa editorial. Las universidades del Atlántico y del Norte podrían realizar conjuntamente con La lira talleres de escritura de reportajes musicales, enfocados hacia sus estudiantes, para que el son no muera.
Al periodista Álvaro Suescún, como dice Zarabanda, no hay quien le tumbe el plante.
hector.f.martinez@correounivalle.edu.co
Don Manuel Sánchez Silva
Ahora que, por falta de melodías populares realmente atractivas o por reconocimiento al mérito de las que estuvieron de moda hace 25 ó 30 años, está volviendo la música vieja, ¡cuán grato resulta abandonarse a un éxtasis evocativo sugerido por esas armonías inolvidables!
Las juventudes actuales -que no tienen por qué preocuparse en conocer y reconstruir la emotividad experimentada por sus padres en sus años mozos, escuchando las notas optimistas de "Mi querido capitán"" y las explosivas del "charleston", con la alegre indiferencia de las cosas agradables, pero intrascendentes- no saben, ni pueden saberlo, el mundo de recuerdos que se desploma sobre los que llegamos al otoño de la vida, ni adivinan todo el horizonte retrospectivo que se descubre.
Si lo supieran, hallarían respetable y admirable esa dulce evocación impuesta por la música de antaño, que subrayó el encanto de las cosas amables, que se fueron para los que también sufrimos el dulce martirio de un amor, cometimos ridiculeces para atraer la atención de la persona amada y dijimos tonterías en la embriaguez deliciosa de las citas, con las manos juntas, los ojos en los ojos y el universo concentrado en la chiquilla palpitante de ternura, cuya esbelta silueta se destacaba en la sombra de la calle solitaria.
De 1920 a 1930, el tango argentino acaparó los gustos juveniles desplazando al "step" y al "fox trot" yanquis. Fue una verdadera invasión durante esos diez años. El mundo vivió en tango.
A pesar de su innegable monotonía y de que la mayor parte de las letras coincidían en el relato de la misma tragedia amorosa en que algunos se iban para siempre, huyendo de un cariño traidor, o mataba al que le
había robado su dicha la música dulzona y lánguida impuso su ritmo obsesionante.
Todos los jóvenes de aquellas épocas bailamos tango. Hubiera sido un contrasentido no hacerlo. Un sacrilegio. ¿Ve ustedes ese respetable, esferoidal, peso completo, del señor director general de tránsito, Ernesto Alvarez? Se dan ustedes cuenta de que sus 110 kilos de peso difícilmente le permiten bajar de automóvil? Pues Ernesto fue un fanático del tango. Delgado y ágil se consagró como bailador de charleston y del ritmo suramericano.
Y ese otro señor también rubicundo y circular, en cuya cara abotagada apenas se advierten las rendijas de los párpados donde chisporrotean dos ojillos maliciosos; que ha hecho una fortuna sugiriendo extractos empíricos y pócimas misteriosas y que tiene algo de médico, de alquimista y de hechicero, ¿ven ustedes al "pollo" Macedo, administrando píldoras y ungüentos y acumulando billetes? Pues también fue una gloria del tango. Pesaba entonces 40 kilos, usaba "carrete" y borceguíes de charol, con botones laterales, y era reclamado por su sabiduría de bailarín, por todas las muchachas deseosas de abandonarse al ritmo exótico.
Y "Mis Kikis", esa magnífica persona de irreprochables costumbres, de prudencia ejemplar y de equilibrio único, a quien el pelo escasea conforme sus virtudes aumentan, ¿lo han observado ustedes, gentil, servicial, amable, juicioso y ordenado? Pues Enrique Schmidt fue verdaderamente "un tigre para el tango". Lo bailaba con la solemnidad de un oficiante y la precisión de un metrónomo, regulando hábilmente la distancia entre él y su pareja, para poder ejecutar las más complicadas evoluciones. Durante muchos años Enrique estuvo convencido de buena fe de ser tanguista estrella. Cierto que le sobraba un poco de estatura pero, en fin, todo el mundo estaba de acuerdo en su convicción.

(28 de marzo de 1954)
¡Oh!, los viejos tangos de los años veintes: "Sentencia", "Fue compadre", "Es un golfo", "Maula", "Mano a mano", "Adiós muchachos", "La cama vacía", "Viejo coche", "Mi noche triste", "Negra mala" y, sobre todo, el rey de los tangos: "Julián".
¡Cuántos, pero cuántos austeros señores, cuya importancia económica y social mantienen en sus manos las responsabilidades de mayor significación; que el peso de sus obligaciones y el apego celoso de sus asuntos económicos los ha convertido en hombres máquinas, calculadores y fríos, positivistas y prácticos; cuántos moderados, reflexivos, sistematizadores, suspiran al tiempo ido al escuchar la frase inicial del tango: "yo tenía un amorcito".... y sienten que dentro de sí mismos, en fragante evocación de los recuerdos juveniles, surge el paisaje inverosímil de las locuras vividas, de las noches de insomnio provocado por una ilusión de los juramentos hechos en momentos de arrobamiento, de las cartas perfumadas -auténticos insultos a la gramática y al buen gusto que fijaban una entrevista, de los pañuelos de encaje, de las cosas que no se expresaron y de los besos que se dieron..!
Tremendo poder evocador el de la música, especialmente para los que empezamos a vivir del recuerdo y estamos en las condiciones de uno de esos tangos de aquel tiempo: "Viejo coche”:
"Ya lo ves, viejo cochero, resignado solo espero lo que una carta dirá. Aguardando que la vida me eche la última partida para poderla jugar.
Y al tronco de tu caballo ya también viejo y cansado somos los naipes marcados en el monte del vivir."
Sánchez Silva, M. (1993). Viñetas de la provincia. Colima: Idear.
- Parte II -
Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda
Las circunstancias históricas implican una situación existencial y van creando una nueva circunstancia; por esto la historia se comprende y analiza desde y mediante las situaciones de la existencia humana o relacionada con ella; esto significa que cada circunstancia es según las situaciones en el contexto ambiental y social en que se está viviendo. Por esto, las circunstancias han influido en la difusión y gusto por el café, que se debe en buena parte a la globalización y a que se le considera una bebida que facilita la difusión intelectual al convertirse en parte de la tertulia, sin ser causa de enajenación mental.
Para recorrer las vías de expansión del café, caminemos retrocediendo en el tiempo, la exportación de semillas o esquejes o clones del cafeto -genéticamente iguales, mantienen las mismas características que la planta madre- estaba prohibida por la autoridad de Yemen, no obstante, en el siglo XV, los comerciantes lo llevan al norte de África, Persia y Turquía, la primer cafetería del mundo se abre en Constantinopla –Estambul-, en 1475; durante esa época, los granos se hierven en agua, luego se pulverizan y dejan en remojo; por entonces, aparece la cafetera turka, Brik, el café se prepara con una mezcla de semillas tostadas y pulverizadas a las que se añaden especies, como el clavo y luego el azúcar.
El café penetra en España con la conquista árabe, en siglo XVI ya se servía en la sobremesa y durante el proceso de globalización se extiende a Hispanoamérica o América Latina. Al respecto, en el s. IX, el médico Rhasis documenta que la semilla de café se trae de Yemen y la describe como cálida. Antonio Lavedan, cirujano del ejército y de la familia Real en 1790 publica un libro donde menciona a Zacarías
Macmet Razesm, en el siglo IX y a un médico llamado Rhasis, por quienes se sabe que la semilla es traida de Jamen o Yemen, que es cálida y los turcos la llaman choava; también cita a Almanzor, Al-Manṣūr - el Victorioso (939 -1002), militar y político andalusí, canciller del califato de Córdoba, él hace mención de la venta de café en puestos públicos en todas las ciudades populosas, como Madrid, Cádiz, Barcelona y otras, lo cual indica la existencia de cafeterías en los s. X y XI en España.
A su llegada a América, Cristóbal Colón traía semillas de café, y consta que a mediados del siglo XVI existían plantaciones en Colombia, en los s. XIX y XX el principal productor mundial, en la zona del Eje cafetero. En el XVII los franceses imponen su cultivo en la Martinica y los portugueses en Brasil mantienen el monopolio durante los siglos XIX y XX, actualmente producen más de un tercio de la producción mundial. A Filipinas lo llevaron unos misioneros españoles que plantaron las semillas en Java en 1740, a Cuba llega gracias a José Antonio Gelabert, en el año de 1748.
En USA, otra circunstancia histórica, la guerra de independencia, 1775 –1783, al dificultarse el comercio del té; el éxito lo alcanzaría el café a partir del rompimiento de relaciones con
Inglaterra, luego entre 1812 y 1815, en la guerra contra el Reino Unido y sus colonias en Canadá, se impone el café. Anotando que las familias menos adineradas utilizaban sustitutos para hacer té, como el diente de león, la achicoria y la cebada.
Vale hacer una referencia al Eje Volcánico, una cadena de volcanes con una extensión de 900 Km y una anchura de 130 Km, desde las islas Revillagigedo hasta el golfo de México, siguiendo el paralelo 19º N de Oeste a Este; porque en buena parte de éste, se ubica el Eje Cafetalero, que lo es por los suelos volcánicos y condiciones climáticas, es ideal para la producción del café. En su ambiente natural, el cafeto es una planta del sotobosque, que se adapta a la sombra, pero en los periodos lluviosos o regiones de alta precipitación, la radiación es baja y puede limitar su productividad.
El café no nació como Ateneo, sino como andén de la vida, una especie de botillería donde concurren a tomar café (Ramón de la Serna,citado por Carlos Azcoytia, en: Historia del café y los cafés en España). mirtea@ucol.mx


Poeta ucraniano que escribía principalmente en ruso, traductor y ensayista, de profesión médico psiquiatra. Terminó el Instituto de Medicina de Odesa. En los años 1970- 1980 fue uno de los más destacados representantes de la poesía no oficial de esta ciudad. Su primera publicación legal Vosmaia dolia(Octavo destino) data de 1993. Autor de varios libros de poesía y de traducciones. Recibió los premios: Andréi Bieli y el premio especial de Austria por su libro Semeini arjiv (Archivo familiar); el de la Revista Novi Mir (2008);
y el de Rusia por su libro Poká ne stemnelo (Antes de la oscuridad) (2011). Ha sido traducido al ucraniano, georgiano, finlandés, neerlandés, papiamento, inglés, alemán, italiano y búlgaro. Coordina la cátedra de Psicología clínica de la Universidad Nacional de Odesa. Después de los eventos bélicos entre Rusia y Ucrania (2014), se ha declarado pro ucraniano.
El silencio a tres voces
En el límite del silencio y la zozobra no existen centinelas
En el límite de la perversión y la decadencia no existen los vivos.
Están de pie muertos en la lejanía, reflejándose en el río.
El agua es transparente. Justo cerca del fondo se ve un pez enorme.
Los reflejos de las nubes en una hilera pasan sin ruido bajo el agua.
Dicen que hay varios planetas donde no existe absolutamente nada. Ni demencia ni lucidez.
A donde mires… sólo luz eterna y las tinieblas no menos eternas.
El silencio a tres voces, un coral aldeano de Iglesia. Los árboles se cubrieron de hielo y resplandecen bajo la luz de la Luna.
De afuera, advertencia, del interior, reproche. Salvación y ruina son equidistantes.
Dante tiene razón, el juicio y la benevolencia se hicieron a un lado.
Con un rifle en las manos y la indiferencia en la cara
El cazador observa la nieve, ¿de quién son las huellas y a dónde conducen?,
Y ¿qué hay ahí al final?, lo importante, ¿qué hay al final?

Entonces, así. Sacas el cofrecito tallado, rompes el candado con los dientes de las tenazas, abres y dices: “¡Aparece!” Del cofrecito surge un palacio tallado. En el palacio —Kashchéi* con un tazón de shchí**—, dentro de Kashchéi —la vida de Kashchéi—.
O así. En el campo —un armazón de madera—, encima de él —un roble—, en el roble —un ramo—, en el ramo —un baúl—, dentro del baúl —un tejón flaco como una cerbatana—. En el interior del tejón una codorniz hizo un nido, Dentro de la codorniz —un huevo—, y en el huevo —una aguja—, en la punta de la aguja —la muerte de Kashchéi—.
O así. Tienes noventa años pero sigues activo. Para desgracia tuya llegas al taller, allí eres mayor que todos juntos. Tu carnet del partido ha sido firmado por Trotski en el año veinte, y llevas un chaleco hecho en los treinta.
Pero te estás tambaleando. Y te precipitas al suelo con la nuca y así te quedas, con la voz ronca pides que te ayuden. Sobre ti se inclinan varios rostros, la enfermera pone la aguja en la jeringa, y ¿ qué hay ahí, en la punta de la aguja?