El Comentario Semanal
Edición de No. 428

Lunes 21 de marzo de 2022


Entrevista con Roberto Guzmán. In Memoriam

Don Manuel Sánchez Silva

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Edición de No. 428

Lunes 21 de marzo de 2022


Entrevista con Roberto Guzmán. In Memoriam

Don Manuel Sánchez Silva


César Barrera Vázquez
La sección deportiva es donde más se aprende el trabajo reporteril, porque no hay boletines ni gacetillas, por lo que al reportero no le queda más que reportear, afirma Roberto Guzmán Benítez, periodista con más de 52 años de trayectoria, y quien comenzó su carrera periodística cubriendo eventos deportivos en 1958, hasta llegar a cubrir en los setentas la fuente de la presidencia de la república, en la revista Novedades
El también director del periódico El Comentario, de 1987 a 1999, indicó que los boletines de prensa inundan las secciones de los periódicos, ya que los reporteros sólo se dedican a reproducirlos de manera facsimilar y difundirlos con su firma en sus respectivos medios de comunicación.
“Agarras El Mundo y lo compulsas con los demás periódicos y todos son boletines. Y tienen las mismas notas. En algunos le cambian el ayer dijo por dijo ayer, y ese es el cambio.
— ¿El boletín llegó a extinguir casi casi el trabajo reporteril?
—Es lo que te estoy diciendo. Por eso en la sección deportiva es donde el reportero aprende. En la sección deportiva y en la sección de espectáculos. Ahí era buscar datos y reportear. Ahora ya no tanto en espectáculos porque tienen a sus representantes y sus directores de relaciones públicos.
El niño más feliz del Mundo
Su primer acercamiento con el periodismo se remonta a los años cincuenta, cuando, sentado en la banqueta, esperaba a su hermana a que saliera de trabajar de la revista Siempre!, donde laboraba como cajera. En una ocasión, el fundador de la revista, José Pagés Llergo –Don Pepe, como le llamaba Roberto Guzmán--, le inquirió:
— ¿Y tú qué haces aquí?
—Pues aquí acompañando a mi hermana.
— ¿No debería de estar estudiando?
—No, ya hice mi tarea.
—Ah, pues entonces vete al cine.
—No tengo dinero.
Roberto Guzmán relata que minutos después de establecido este diálogo fugaz con uno de los periodistas más importantes de a mediados del siglo XX en México, Patricio, el conserje, velador y que hacía de todo en la revista, con el denuedo que un solo brazo le permitía, le dijo que le hablaba don Pepe. Roberto Guzmán volteó a ver a su hermana: “Pues sube”, le dijo.
Al verlo, ya en su oficina, José Pagés Llergo sacó un billete grande, azul, con la efigie de Vicente Guerrero. “Toma: para que te vayas al cine”, le dijo el fundador de la revista Siempre!, el periodista que había entrevistado a personajes históricos como Hitler o Doroteo Arango, mejor conocido como Francisco Villa.
“Me dio 50 pesotes, de aquellos años. Me dijo toma, para que te vayas al cine. Yo me sentí el niño más feliz del Mundo. Bajé con mi hermana Dolores y le dije me dio 50 pesotes, para que me vaya al cine. Pues vete al cine, me dijo mi hermana. Me fui al cine Roble, que estaba ahí cerquitas, donde ahora es el senado de la república. Fui a ver la película Si yo fuera diputado, de Cantinflas. Aquel tiempo el cine era de súper lujo: costaba cuatro pesos.
Su primer maestro y la formación empírica
Roberto Guzmán comenzó a trabajar en el periodismo cuando tenía 18 años, en la revista El golfista mexicano , fundada por Gustavo Rivero –a quien considera su primer maestro--, reportero de Excélsior, y luego en Novedades en el automovilismo, donde publicó su primera nota firmada el 30 de octubre de 1960. Antes publicaba con el seudónimo Piero Boroni.
Gustavo Rivero, expone el reportero de la vieja guardia, le enseñó el estilo periodístico en la redacción. La palabra exacta. El lenguaje claro. Conciso. En una ocasión, recuerda, le entregó una nota periodística en la redacción. Gustavo Rivero la leyó y luego le dijo esto no sirve, mientras hacía pedazos la hoja en su cara. Roberto Guzmán comenta que tiempo después su maestro le confesó que se había comportádo de esa manera porque quería que hiciera un mejor trabajo, por lo que le picó el orgullo.
A lo largo de su trayectoria, comenta, trabajó en la mesa de redacción con los periodistas que serían los fundadores del Club Primera Plana, como Daniel Cadena Z., Fernando Mora, Daniel Ramos Nava, Joel Patiño, Tomasini, el Gordo Rivera, entre otros más.
En el diario Novedades, recuerda Guzmán Benítez, la mesa de redacción era informe. Ahí laboró de 1959 hasta 1983, cubriendo todas las fuentes informativas, lo que le permitió conocer países como Canadá, Estados Unidos, Belice, Cuba, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Venezuela, Colombia, Brasil, Filipinas, Japón y China.
Sin embargo, confiesa Roberto Guzmán, nunca logró ser corresponsal de guerra, lo que siempre deseó cuando trabajaba de reportero en el diario Novedades, donde nunca dejó de trabajar hasta que llegó a Colima en 1983, a invitación del entonces Rector de la Universidad de Colima, Humberto Silva Ochoa.
Un reportero que no lee periódicos no es un reportero
— ¿Qué es lo principal que debe tener un reportero: estar bien informado o escribir bonito?
—Desde luego, estar bien informado. Puedes escribir bonito pero no estar bien informado. Hay muchos boletines, boletineros que escriben muy bonito, pero no saben lo que es una noticia. No conocen su trabajo, su entorno. Es fundamental que el reportero esté informado, porque el qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué es básico. Y si no tienes la información no puedes llegar a eso.
— ¿Cómo clasifica a un reportero que no lee los periódicos?
— ¿Es un reportero? Eso no es un reportero. Ése normalmente saca la nota, pero es porque llega y se le pega con la grabadora al otro reportero que hace las preguntas y que sí leyó los periódicos.
—Usted escribió, para obtener su título en periodismo, que un periodista debe decir la verdad. ¿La verdad declarativa, la verdad de los hechos o a qué se refiere?
—A todo, a la verdad. Verdad no hay más que una. No puede haber una verdad a medias.
— ¿Se está cumpliendo esta premisa en el trabajo reporteril de Colima, de ir por la verdad?
—Desgraciadamente, en Colima, todos los periódicos tiene intereses muy fuertes porque lo que buscan es sobrevivir, y eso los obliga a adquirir intereses. No pueden vivir de su venta. ¿Por qué? Porque tienen más gasto en papel, en nómina, que lo que puedan lograr de su tinta. Un periódico vale siete pesos.
“Vamos a poner, sin conceder –agrega Roberto Guzmán--, que vendan 15 mil ejemplares. Son 105 mil pesos diarios. A esa cantidad quítale el papel, que es carísimo; la tinta, que es carísima; las láminas; que son carísimas; los servicios
noticiosos, que son carísimos; el pago de renta de instalaciones, de mantenimiento de la máquina, que también es carísimo, y el pago de reporteros, que es regalado. ¿Tú crees que con 105 mil pesos lo logren?”.
—Obviamente una empresa periodística es un negocio, ¿pero cómo concilia esa función social que tiene el periodismo con la visión empresarial que tiene un negocio? Usted ha sido director de un periódico, me imagino que…
—Desgraciadamente no la cumplen. Necesitan ser periódicos tan fuertes como el New York Times o el Shimbun, de Tokio, que venden millones, para que les sea redituable. Y al vender millones y millones tienen millones y millones de anunciantes. Y eso es lo que los hace sobrevivir al periódico y tener cierta libertad.
El periodismo es de sentido común
El periodista autodidacta afirma que el periodismo es de sentido común, ya que su función es orientar a la población, utilizando los elementos interrogativos qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué para informar.
Al evocar su tiempo de reportero en la ciudad de México, cuando trabajaba en el periódico Novedades, a principios de 1960, Roberto Guzmán comenta que perfeccionó su técnica reporteril en la sección deportiva, donde no había boletines de prensa, por lo que tenía que esforzarse más y estar atento a la información.
— ¿Qué fue lo que más se le dificultó en ese momento, cuando recién comenzó de reportero, bajo la tutela de Gustavo Rivera (periodista de Excélsior y posteriormente encargado de la sección deportiva del diario Novedades)?
—Lo más difícil fue tratar de escribir como lo hacían mis compañeros. Yo era un chamaco, que lo único que tenía era la primaria y la secundaria terminada en sus tres años, pero no complementada: me faltaba matemáticas.
—En el 68 ya era reportero, ¿le tocó
vivir ese acontecimiento? ¿Darle una cobertura periodística?
—En 1968, siendo yo reportero, me mandaron a cubrir información y estando yo en la redacción se armó un zafarrancho en Tlatelolco. A Luis Cartón Cetina y a mí nos dijeron váyanse. Es en esquina de Noanalco y San Juan de Letrán. Eso fue antes del 2 de octubre. Efectivamente se enfrentaban estudiantes del movimiento y granaderos. A todas las personas que estaban ahí, no nomás a los reporteros, nos echaron balazos.
“Oímos balazos. No vimos de dónde venían –agrega Roberto Guzmán--. Pero los granaderos golpearon a una señora. Y la señora corrió a su casa. Luego sale de su casa una persona. Ve a su mama que entra, ve a los granaderos y ¡plas!, ¡plas! Se echó a dos granaderos. Y lo quisieron agarrar y les dijo: “Ahorita, soy fulano de tal --se metió a su casa, se vistió y salió--. Capitán del ejército –con su pistola a un lado--. Adonde quieran vamos.”
Roberto Guzmán precisa que el día 2 de octubre, a diferencia del incidente anterior, no tuvo vela en el entierro. Lo mandaron hacer un reportaje de cómo estaban las armerías. Pasó por la zona al mediodía, y como era la hora de la comida, ya muchas estaban cerradas. Al regreso, el camión en el que viajaba pasaba por Tlatelolco.
“Pasamos por la Plaza de las Tres Culturas, volteo y veo una infinidad de camiones militares, cargados de soldados. En la siguiente esquina me bajé del camión y hablé al periódico Novedades y, cosa rara, me contestó directamente el jefe de información, don Héctor Ávalos:
—Maestro, fíjese que hay esto, esto y esto.
—Ah, y tú qué tienes que hacer.
—Un reportaje, que voy hacer ahorita para allá (me quería zafar).
—No. Olvida el reportaje y ya vente al periódico.
“Creo que ellos ya sabían algo. Y al ratito nos enteramos de toda la reyerta. A mí, gracias a Dios, no me tocó estar en la
rebatinga. A Oriana Fallaci le dieron un balazo en la nalga y a compañeros míos, como Carlos Alberto Fariña, fotógrafo, que estuvo ahí, regresó a la redacción todo el frente lleno de lodo, polvo, de arrastrarse, y por la espalda, impecable. Cuando comenzó la balacera se tiró pecho tierra”.
Del otro lado de la baranda
Roberto Guzmán explica que al asimilar el estilo periodístico de la redacción ya nunca más lo dejó. Incluso, comenta, continúa redactando a máquina de escribir. Fue este estilo el que lo acompañó cuando cubría la fuente de deportes, espectáculos, sociales, noticia general y la fuente del gobierno de la república; todo lo anterior de 1960 hasta 1983, cuando llega a la dirección de información de la Universidad de Colima, invitado por el entonces rector Humberto Silva Ochoa, a quien conoció cuando cubrió la fuente de universidades de la SEP.
—¿Qué función desempeñaba como director general de información de la Universidad de Colima? Me imagino que es un trabajo muy diferente a lo que estaba acostumbrado como reportero.
—Sí, claro. Ahora estoy del otro lado de la baranda: en lugar de ser comensal soy mesero. En lugar de ser el que come soy el que sirve la comida. Soy el que se encarga de dar la información a los reporteros.
— (Risas) Esa analogía no la había escuchado. Pero, aparte de cumplir con el aspecto informativo, ¿hay una responsabilidad de cuidar a la institución?
—Ahí ya no piensas en lo que va a pensar el público, sino que tienes que pensar en lo que va a pensar el público del trabajo que tú realizas. De ti como universidad. Qué va a decir, qué tengo que decir del Rector. Qué tengo que decir de la institución. Qué tengo que decir de las cosas representativas de la universidad. Es otro boleto.
Roberto Guzmán explica que cuando redactaban el boletín lo entregaban en el mismo día a los medios de comunicación, no importaba si el evento había terminado a las once de la noche. “Hacíamos unos boletines periodísticos. Y en aquel tiempo
no había computadoras, así que los boletines se hacían a mano, a máquina”.
— ¿Le satisfacía lo mismo hacer los boletines que trabajar en el ámbito reporteril?
— En ese momento sí porque ya era otra etapa de mi vida.
—Usted tuvo la oportunidad de ser director de El Comentario de 1987 a 1999 y reportero del periódico Novedades de 1960 a 1983, ¿cuál es la diferencia entre el trabajo de un director de una empresa periodística al de un reportero que busca la noticia cotidianamente?
—A mí el ser director me agradó mucho. Me agradó mucho por una sencilla razón: me gusta enseñar a la gente. Así como Gustavo Rivera, Ricardo del Río y otros muchos compañeros me enseñaron, a mí me gusta enseñar también, y los pocos compañeros reporteros que están todavía en la guerra y que andan trabajando, que te digan si no les enseñé. Con excepción de Ángel Ramírez que lo sabe todo, los demás compañeros los orientaba.
—¿Le gusta la cuestión didáctica?
—Didácticamente no sé. Me gusta enseñar. No estudié para ser maestro ni catedrático ni nada por el estilo. Pero me gusta transmitir lo que a mí me transmitieron. El periodismo es muy sencillo: es de sentido común.
— ¿Por qué de sentido común?
—Porque usas tu sentido común para orientar, para decirle a la gente lo que sientes, lo que ves y lo que es, sin dejar a un lado el qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué.
Las fricciones en El Comentario
Roberto Guzmán recuerda que durante los 13 años que fue director de El Comentario tuvo algunas fricciones con la autoridad universitaria. “Yo me echaba mis grandes pleitos con Salazar (Carlos Salazar, Rector de la Universidad de Colima de 1997 al 2005) ¿Por qué? Porque yo quería periodístico El Comentario. Le decía yo a mi secretaria, bacilando: ¿ya habló Excélsior para saber cuál es la principal?”.
— ¿Siempre imperó el criterio periodístico cuando fue director de El Comentario, a pesar de las fricciones?
—Sí. Siempre. Cuando le decía a mi secretaria cuál era la principal, al día siguiente salíamos Excélsior y yo ( El Comentario ) con la misma cabeza. Y no me hablaban de Excélsior para decirme cuál era la principal y ni yo les hablaba.
En una ocasión, cuando era director de información de la Universidad de Colima, Salvador Silva, un día llegó al periódico El Comentario y entró a la oficina Roberto Guzmán, en aquel momento director del periódico universitario. La televisión estaba apagada.
—¡No estás viendo a Jacobo Zabludovsky!
—¿Para qué… para influenciarme?
“Ya no me dijo más y yo tampoco le dije. Tan sencillo como eso. Si me ponía a ver las noticias que Jacobo iba a dar sobre que la leche estaba barata, a lo mejor yo iba a dar la noticia en El Comentario de que la leche estaba barata y no estaría utilizando mi criterio. Por eso yo no veía las noticias para no influenciarme”.
—Pero tenía los otros medios.
—Estos (agarra un periódico). Estos son mis otros medios.
— ¿Coincide usted en que el medio informativo por excelencia es el periódico, el medio impreso?
—Por supuesto. Estoy totalmente de acuerdo.
— ¿Y en qué sustentaría ese posicionamiento?
—Ahí van a quedar los periódicos. Los ves ahora y siguen ahí, a pesar de todo este tiempo, desde que Gutenberg las inventó. Y ahí van a estar toda la vida. Pregúntame si el que hace un periódico electrónico sabe si alguien va a buscar un nota de él de hace dos años. En cambio, vas a la hemeroteca y aquí está (me enseña un periódico). Gracias a la hemeroteca yo soy licenciado. Mi vida está ahí: en los periódicos.

Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño Rector
Joel Nino Jr Secretario general
Vianey Amezcua Barajas Coordinadora general de Comunicación Social
Jorge Vega Aguayo Director general de Prensa
José Ferruzca González Director del periódico El Comentario
Yadira Elizabeth Avalos Rojas
Coordinadora de edición y diseño
Amaury Fernández Reyes*
Recientemente tuve la oportunidad de entrevistar al joven cineasta colimense, Camilo Gutiérrez, trabajador de la Universidad de Colima, quien comparte algunas de sus experiencias en su trayectoria como joven cineasta y su gusto por el séptimo arte. A continuación, presento la primera parte de esta nutrida entrevista. **
AF: Qué tal Camilo, ¿cómo estás? ya hace algunos años que no platicábamos, y en especial sobre cine. Te comento que luego de estos años he visto tu evolución como cineasta profesional, pero bueno comencemos, ¿cómo es que surge tu interés por el cine?
CG: Desde chamaquito mi papá me compraba películas, las de Disney, las de caricaturas, las típicas, las clásicas pues de Disney. Y dicen por ahí, está chistoso, que desde chiquito siempre traje desde los cinco años una película en la mochila o en la bolsa y siempre traía películas y era muy clavado, y desde entonces se me despertó el interés. Obviamente con el tiempo, empecé a ver mucho cine, ya de adolescente de otro tipo de cine. Creo que como a los doce o trece años empecé a ver ciertas películas, por recomendación de mis primos y mis tíos. Mi familia siempre ha sido muy cinéfila. Entonces con diferentes géneros y diferentes estilos de cine. Tuve un tío que me empezó a enseñar las películas de Brian De Palma, como la de Scareface,

en la adolescencia empecé a ver un tipo de cine más como de toque artístico, social y desde ahí me empezó a despertar más, de una manera más seria, como a los catorce años vi Belleza Americana, esta película de Sam Mendes y pues, me revolucionó la cabeza, cosa que todavía no entiendo. Naranja Mecánica, también es otra película, Amores Perros sonaba mucho y también fue una influencia.
CG: Entonces sí, yo diría que desde la niñez, pero como la adolescencia fue lo que le empezó a dar más seriedad al asunto. A los dieciocho años ya era muy clavado por el cine, tanto norteamericano como mexicano, como de repente de otros países, cierto cine europeo que ya
veía a esa edad, y ya lo analizaba, lo veía muchas veces; yo no era tanto de salir en la secundaria y en la prepa, a muchas partes de las fiestas y todo eso, yo me la pasé más viendo películas en mi casa y repitiéndolas, poniéndolas a cualquiera que conocía, amigos, familiares. Lo digo porque todo este gusto por el cine influyó en que a los dieciocho yo quisiera estudiar cine, pues, yo estaba enamoradísimo del cine, del arte cinematográfico, yo quería estudiar cine.
AF: ¿El bachillerato dónde lo hiciste?
CG: En la Universidad de Colima, un año estuve en el bachillerato número 1, aquí en la Universidad, luego estuve en el número 30.
AF: Ingreso en la plataforma IMDb, que es donde está todo el registro del montón de películas, actores, productores, y apareces tú también ahí. Entonces, me da gusto observar que ya aparecen ahí. Se menciona que escribiste Una canción para María, El ocaso de Juan, y además de Isla Soledad, proyecto del que también eres productor; entonces tienes como tu “compa” con el cual has trabajado mucho, ¿cómo fue que se conocieron ustedes dos? ¿Cómo comenzaron a trabajar en esto del cine?
CG: Sí, curiosamente todos los trabajos que hemos hecho, en un principio que comenzamos con mi colega Omar Deneb Juárez, casi toda la trayectoria hemos hecho un tipo de dupla de colaboración creativa que no planificamos, simplemente se dio en la práctica y en el momento que nos conocimos porque él tenía un corto en un concurso de aquí de Colima, o sea a nivel local y yo que estaba queriendo participar en ese concurso, también estaba queriendo hacer equipo, producir, escribir alguna historia, dirigirla o producirla y lo conozco a él que tenía este proyecto y a partir de ahí decidimos hacer una coproductora más en forma, esto fue en 2013, 2014 y a partir de ahí empezamos transformándolos, hemos hecho cuatro, dos que hicimos a nivel profesional en los últimos tres o cuatro años.
CG: Antes de eso ya teníamos trabajando cortos a nivel más amateur para “foguearnos”, para aprender más el oficio, y si bien ninguno había ido como tal a la escuela de cine, pues nuestra escuela fue la práctica, conocernos y empezar a hacer equipo y hacer las cosas como sabíamos y estudiar por nuestra cuenta, en la práctica. Son cuatro cortos, los dos que hicimos, digamos, a nivel amateur y los dos cortometrajes, en El ocaso de Juan, que ganó el premio Ariel y luego Una canción para María, que también le ha ido muy bien; entonces así, nos conocimos en un evento aquí en Colima.
AF ¿Entonces se puede decir que son autodidactas?
CG: Se podría decir que sí. Hemos estudiado mucho la teoría, que es parte fundamental de la creación, pero sí ha sido una balanza muy interesante entre práctica y teoría por nuestra cuenta, por supuesto, y aprender uno del otro. Estudiar por nuestra cuenta el oficio, el lenguaje cinematográfico, la producción, todo; y también ha sido una de la cinéfila, el estudio dicen por ahí, “a lo Tarantino”, yo lo que hice fue ver mucho cine, ir al cine, en ese sentido los dos teníamos una cinéfilia muy densa, muy fuerte, desde que nos conocimos, entonces, las películas las vemos muchas veces, yo las veo no una, de hecho lo mínimo de veces que veo una película siempre son dos
Comunicación), empecé a ver la manera de tratar de ligar estas cuestiones que yo traía por fuera, aptitudes artísticas y proyectos con la Universidad, yo sabía que en la UdeG se hacía, en la UNAM, sabía que hay escuelas a nivel internacional que producen cine, incluso tienen escuelas de cine, y yo, siendo trabajador de la Universidad me dije, claro que es una buena oportunidad para ligar lo que estoy haciendo por fuera, cine con ésto. Le presenté un proyecto a la institución, no era lo que yo hacía, de dar clases de inglés, era de cine y de promoción cultural cinematográfica y en ese momento, ellos me canalizan en mi trabajo, que es dependencia cultural, para poder generar

veces, seis hasta ocho veces, en un año. AF: ¿Qué ha pasado durante los años recientes contigo?
CG: He traído estos proyectos de cine que estaban empezando a dar un cierto boom, teníamos El ocaso de Juan, que comenzó a hacer cosas que nunca hubiéramos esperado y que fue el corto que nos enseñó a que podíamos tener la posibilidad de hacer cine de manera más profesional, dedicarnos a esto, en ese entonces, yo era profesor de Inglés aquí en la falcom (Facultad de Letras y
esta manera de moverse y empezar a involucrar en los proyectos culturales, promoción cinematográfica, todo lo que yo hacía, desde ahí empezamos a promover la cultura y el cine desde la universidad.
AF: Camilo, aquí veo en el sitio IMDb varias películas de ustedes, y que han participado en varios festivales internacionales, en algunos no de manera presencial y en otros sí; veo el de Irlanda, otro en Francia, y en Barcelona, España. En el festival en Mérida y también estuvieron en el Cortos
Ciudad de la ciudad de México y en el Festival Internacional de Guadalajara ¿Cuéntanos esa parte de expansión cómo fue? imagino que el asunto del Ariel fue algo que detonó todo esto ¿cierto?
CG: Sí, y desde antes lo que realmente detonó todo fue un premio en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (ficg), que fue el primer premio internacional que ganamos, con El ocaso de Juan. Nosotros, cuando hicimos El ocaso de Juan esperábamos poder estrenar el corto en cualquier foro internacional o nacional de cine que no fuera Colima, porque buscábamos validación y buscábamos que nuestro trabajo fuera visto en otros foros, nacionales o internacionales. Entonces, El ocaso de Juan queda seleccionado en Guadalajara y desde entonces fue cuando empezó el recorrido. Ni habíamos esperado una selección oficial en el Festival Internacional del Cine de Guadalajara en la categoría de mejor cortometraje iberoamericano, por ser una competencia a nivel Iberoamérica.
CG: Omar y yo ya estábamos celebrando el hecho de, siendo colimenses, estar en una competencia tan importante como es Guadalajara, con nuestro corto El ocaso de Juan, cuando nos cae la mención especial, entonces eran 35 cortos en competencia de todo Iberoamérica, o sea, España, Portugal y toda Iberoamérica, hasta Estados Unidos estaba involucrado en coproducción. Nos dan la mención especial que es como el segundo lugar, de 35 cortos, y pues sí nos sorprendió muchísimo, fue un gran significado y tuvo una gran resonancia a nivel nacional, porque si bien no ganamos en primer lugar en esa ocasión, el segundo lugar en la mención especial era de una competencia muy fuerte e internacional, y nosotros siendo mexicanos y siendo de Colima, pues tuvo esa repercusión de...”¿quienes son esos cuates? ¿de dónde vienen? ¿Por qué están ganando premios?
AG: A partir del Festival Internacional de Cine de Guadalajara se le dio mucha exposición y comenzó a caer gente que vio el corto y les gustó mucho, y nos
empiezan a invitar a más festivales. Ese año nos fuimos a Guadalajara, Morelia, Guanajuato. Entre los que fueron los más importantes de México estuvo en Sonora, también en Durango, y empieza a ganar premios, gana mención especial también en Durango, y que en ese año fuimos Los Reyes de la mención especial, 2016-2017 el festival de este estado. Y eventualmente con toda la exposición que ganamos, se empiezan a abrir más puertas y ganamos una selección del festival de cortometrajes más importante de Estados Unidos, en Palms Springs California, muy padre y que es un festival importantísimo, entonces, ahí la cosa empezó a tomar otra dimensión con el corto, y ahí ya dijimos ¡Ah caray, esto está trascendiendo a otro nivel que no se esperaba! Con toda la repercusión luego se viene un festival que era en Europa, cinco países de Europa, luego estuvo en Colombia, Canadá, en Texas, fue un boom de festivales nacionales e internacionales que luego ya no alcanzábamos a contar, tuvimos como cuatro premios, estuvimos en la Ciudad de México, ganamos dos premios ahí al mejor actor de cortometraje. Culmina todo esto con la mención al Ariel, y luego la Victoria, fue la primera producción colimense en ganar el Ariel.
-AF: ¿Entonces El ocaso de Juan fue la primera cinta colimense en la historia en ser acreedora al Ariel?
CG: Sí, es la primera producción colimense en ganar ese premio. Un premio Ariel al mejor cortometraje. La mayoría eran de la Ciudad de México.
AF: ¿Luego de lo que pasó de El ocaso de Juan? qué nos puedes decir acerca de Una canción para María?
CG: Digamos que toda esta exposición con El ocaso de Juan, nos permitió meternos de esa manera en la industria y que nos voltearan a ver como cineastas, que estábamos haciendo cine desde otra parte, casi la mayor producción se hace en la Ciudad de México. Hay otra parte muy importante en Guadalajara, hay otra parte en Monterrey, pero pues en Colima era como algo novedoso que estuviera volviendo a pasar esto, en ese entonces.
CG: Hacemos Una canción para María con este actor, Noé Hernández, que es un actor muy destacado en el cine nacional y también le echamos toda la carga y ganas de querer hacerlo, pues fue una

sorpresa que empezó a ganar premios también, y ese empezó también con el pie derecho; estuvimos en Guadalajara, también en Monterrey y El ocaso de Juan no había ido a Monterrey, en ese entonces, repetimos algunos festivales que habíamos logrado con El ocaso de Juan, pero Monterrey era uno nuevo, de hecho Monterrey no había seleccionado El ocaso de Juan y ahora con Una canción para María nos recibieron muy bien, entonces nos toca ganar Monterrey, ese fue el primer festival, el primer lugar que sacamos como festival de cine, la categoría fue mejor cortometraje mexicano, el premio se llama Cabrito de plata, estábamos muy sorprendidos de haber ganado el premio, de ahí vino la Ciudad de México, ahí fue cuando empezó la pandemia y nos puso en paz un rato y afortunadamente con esa exposición en Guadalajara, en la Ciudad de México y Monterrey, logró un premio en Mérida, en Yucatán, en Baja California, en Puebla. A pesar de la pandemia el cortometraje logró atención nacional y logró llamar la atención, entonces nos nominan otra vez al Ariel con “Una canción para María” y esta es nuestra segunda nominación consecutiva, ese fue otro premio también muy importante.
CG:No nos tocó ganar en esta ocasión, pero nos nominaron como mejor cortometraje, pero ya fue bastante bueno, la competencia era de 57 nacionales y solo nominan cinco, y es importante rescatarlo que en El ocaso de Juan también fueron 57 cortometrajes, de las mejores escuelas, pero prácticamente el 80 o 90% de la producción centralizada en la Ciudad de México, y nosotros al alcanzar uno de los cinco lugares fue como muy padre.Y pues, ahora otra vez nominados al Ariel por mejor cortometraje de ficción, ya nos empezó a dar todavía más exposición, dicen, ¡bueno, estos chavos están haciendo algo interesante, algo padre!
AF: ¿Entonces viene la pandemia y se detiene todo el mundo? ¿Y la internacionalización de Una canción para María?
CG: Pues a partir de ahí se paran los festivales y estuvimos un rato con el corto encajonado por la pandemia, y a

partir del año 2021, con todos los foros internacionales y la producción mundial también se detuvo, pues esto fue terrible y la verdad golpeó a todos los roles sociales, artísticos, culturales, deportivos, todo el Mundo; entonces cuando en el 2021 se empieza a retomar algo de actividad, comienzan los festivales internacionales y nos toca la enormísima fortuna de alcanzar todavía un poco de prórroga para meter los cortometrajes por la pandemia, entonces se amplían los periodos en muchos sentidos, en muchos festivales, y alcanzamos a estar en el festival más importante de Irlanda, que es un festival calificador de Oscares, y ahí empiezan a tener otro recorrido, otro segundo aire Una canción para María que desde el 2020 estaba parado, pues, justo cuando estaba en su mejor momento, lo paró la pandemia.
CG: Se abre entonces camino en Irlanda, luego se abre camino en España, y luego llegamos a esto del premio que obtuvimos ahora en octubre de 2021 en Barcelona, que fue de una competencia de más de 230 cortometrajes de liga mundial, uno de los festivales más importantes también en España de cortometrajes, también en Europa y que ya tiene una tradición de 47 años y que muchos como
Steven Spielberg, han sido parte de este festival.
AF: ¿Steven Spielberg?
CG: Sí, y nos toca la selección ahí, es un festival exclusivamente cortometrajes, el corto es el protagonista, dan muchos premios, pues la sorpresa más grande que hemos tenido y el premio más importante que hemos tenido en nuestra carrera fue ganar ahí lo que se conoce como el premio “La Venus de Badalona”, el festival es en Badalona, Barcelona, una área conurbada, digamos en Barcelona; el premio fue el más importante de la competencia, como mejor película, nos llevamos el premio Badalona como mejor película del 2021 en Barcelona.
* Profesor Investigador de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima.
** Agradezco a la estudiante Alexa Stephania Torres, por su apoyo en la transcripción de la entrevista.

Si se han escrito historias maravillosas sobre mujeres, hombres, ciudades, viajes, descubrimientos… ¿por qué no escribir la historia de los michis?
Nadia Contreras
Mi experiencia de compartir la vida con gatitos, como les digo de cariño, aunque sean grandes y ocupen la mitad de la cama, comenzó en la juventud. A mi padre le fascinaban; a mi madre, no. Más que un sentimiento, era una actitud de aversión o de odio. Con el tiempo, el estudio y el trabajo lejos de la casa paterna, la vida se llenó de ronroneos, maullidos, siseos. Parte de la felicidad se la debo a los michis. ¿Qué haría sin Tomasa? ¿Qué haría sin Piri? ¿Qué haríamos sin Rayitas o sin Abu? ¿Qué haríamos sin…?
En algún momento he escrito sobre los gatos; textos que ahora son desafortunadamente muy pocos. Queda, por ejemplo, escribir la vida de Micha, Sasha, Freddy, Chano y si me voy al pasado, escribir la vida de Abeja, Ámbar, Balthus... Sobre Balthus sí escribí un poema: “Balthus llena la casa de un gris / sin medida. / Con su cola de angora, devora la tarde, / los gestos del verano, el olor / inconforme de los territorios. / Nada lo contiene…”. El texto completo lo pueden leer en: https://bit ly/3rRpR1s La de Balthus, es una historia triste, de mucho dolor, de mucha angustia.
Si se han escrito historias maravillosas sobre mujeres, hombres, ciudades, viajes, descubrimientos… ¿por qué no escribir la historia de los michis? Un poema de Wislawa Szymborska habla
sobre un gato al que, por razones de trabajo, se deja solo. La humana o el humano (no hablemos de dueños, de amos) debe cumplir con las obligaciones del día, quizá un viaje, y deja al gato en un piso vacío. Lo ideal es que quien se marche, regrese y exista una vez más el milagro del abrazo, del ronroneo, del plato rebosante de comida. Es un texto maravilloso; hay en todo esto, el amor y la vitalidad que ofrece el tiempo sin tiempo, el azar, sus contorciones.
Iniciemos la historia: Piri es silencio. Era pequeña cuando la encontramos en el interior de la cochera de la casa. No sabemos quién la dejó o quién la tiró, basta con agacharse y abrir una de las puertas para gatos colocadas estratégicamente en el portón; tampoco sabemos por qué decidió quedarse cuando pudo escapar fácilmente. Es una gata de color negro y de ojos muy redondos. Son como dos lunas llenas, pero también de color negro. No habla. Su voz es el piar de un pollo; un pollo pequeño. Desde que llegó sigue nuestros pasos, no se cansa de hacerlo. “Oye, no tenemos ojos en los pies, le dice mi marido, te voy a pisar”. Nos hemos acostumbrado a llevar la mirada atenta a sus movimientos, pero aún así, a veces ocurre.
Su piar no cambia de intensidad, sea por una pisada o por alimento, es el mismo,
casi imperceptible. Muerde los zapatos; se esconde para atacarnos; se oculta, también peligrosamente, debajo de las cobijas. “¡Piri! ¡Sabes lo peligroso que es esconderse así, imagina que me siento o me acuesto! No maúlla, no gruñe. Es una bola de pelos con ojos que dicen más cualquier maullido, más que cualquier grito. Avanza, siempre pagadita a nuestros pasos y nos mira. Sus ojos los lleva siempre a nuestro rostro; nos busca, nos dice no sé que tantas cosas, en silencio. Un silencio que para mí resulta doloroso, me arranca el alma.
Nunca, con ella, he sentido la mirada perturbadora de algunos gatos. Tomasa, otra gata también de color negro, tiene repentinamente arranques de gata malvada, se enfurece, gruñe. “Nuestros gatos no son animales; son personitas no humanas”, insisto, aunque con esta idea, no convenzo a nadie y no elimino el riesgo de un rasguño o una mordida, por decirlo de algún modo. Tomasa no tiene dientes, sólo colmillos en su maxilar o mandíbula inferior. Conforme ha crecido (ahora es una gata mayor), hemos tenido el cuidado de buscar el alimento adecuado; lo debe consumir sin problema y mantenerla fuerte.
“Las distintas formas de comunicación en los gatos, empiezan desde su nacimiento, al igual que un ser humano bebé que usa la risa o el llanto para
comunicarle algo a un adulto, de la misma manera ellos, maúllan, ronronean, sisean o gruñen, para demostrar hambre, miedo o frío a su madre”, dicen los expertos. Pero la sola mirada de Piri, dice más que esto. Con la mirada basta (o acaso es lo que imagino) pero entiendo que necesita de mi tiempo para jugar, para abrazarla, para llevarla de paseo a lo largo y ancho de la casa, por supuesto, en una casa que ni es larga ni es ancha.
¿Qué quieres decirme, Piri?
¿Qué puedo hacer para darle voz a tus momentos de enojo, a tus momentos de felicidad?
¿Cómo darle voz a tus hazañas, a tus aventuras, a tus días?
¿Qué más debo de entender del movimiento del pequeño látigo de la cola? ¿Qué más debo entender de esta mirada de lunas negras con la que insistes en mi rostro, en mis manos, frente a la pantalla de la computadora donde un ratón virtual va y viene y nunca atrapas?
Piri, yo seré tu voz de aquí en adelante. Yo seré tu voz. Y quedémonos así, abrazadas fuertemente. Mi respiración, tu ronroneo.

Las mujeres han tenido que dar una lucha ardua y tenaz para poder ser reconocidas en la sociedad.
En un mundo patriarcal como el que vivimos, las mujeres han reivindicado tres principios fundamentales, a saber: la equidad de género, la lucha contra la violencia y el derecho a decidir sobre su propio cuerpo.
Si bien es cierto que en los últimos años ha habido un progreso significativo en relación con las luchas femeninas, aún estamos lejos de que a la mujer se la considere en la sociedad en igualdad de condiciones y se le respeten sus derechos.
Hoy en día se la margina como ‘ama de casa’ y, sometida a una dependencia económica, no se le permite su libre desarrollo como ser humano. En el trabajo se ha comprobado que ganan menos que los hombres. Y en la política, en muchas ocasiones, no son tenidas en cuenta a la hora de conformar listas electorales o de obtener cargos públicos.
En relación con el feminicidio y la violencia de género, a pesar de que son considerados como delito, las cifras continúan siendo escandalosas en países como España, México y Colombia.
En el país, la Corte Constitucional acaba de aprobar la despenalización del aborto permitiendo la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 24. Esto significa que durante este período la mujer es libre para decidir si, estando embarazada, puede tener o no a su hijo.
Antes de esto, era el Estado quien decidía por ella. Al considerar el aborto como un delito, muchas mujeres que no desea-
ban tener un hijo por diferentes razones, morían en los establecimientos clandestinos sin una atención médica adecuada, y otras iban a parar a la cárcel.
Ahora la mujer será la que decidirá sobre su propio cuerpo. El Estado será el encargado de garantizar las condiciones de salud para que ellas sean atendidas en sus centros de salud. Esta decisión hará que las cifras por mortalidad en relación con el aborto se reduzcan considerablemente y se proteja la vida de la mujer.
El Ministerio de Salud deberá crear una política integral de salud pública en la que la educación sexual y la reproductividad permitan que tanto el hombre como la mujer tomen conciencia y actúen como seres libres pero responsables.
La despenalización del aborto significa la lucha por la vida de la mujer. Es un logro importante para que las mujeres en estado de gestación cuenten, por fin, con un sistema de salud legal y de calidad.
El Ministerio de Salud afirma en uno de sus apartes: ”En Colombia, la Corte Constitucional reconoce que la interrupción voluntaria del embarazo es un derecho íntimamente ligado al derecho a la vida, a la salud, a la integridad, a la autodeterminación, intimidad y dignidad de las mujeres”.
La decisión de la Corte es un triunfo de las mujeres y abre el camino para que el país abandone las ideas anacrónicas y se oriente hacia la construcción de uno laico e incluyente.
hector.f.martinez@correounivalle.edu.co
Don Manuel Sánchez Silva
Era Adolfo Gamiochipi alegre y bullicioso, decidor y bromista. Físicamente distribuía equitativamente sus 110 kilos de peso, en una estatura elevada y de complexión recia. Crespo y lacio el cabello, la frente estrecha y voluntariosa, los ojos pequeños pero de brillo inteligente y malicioso, mofletuda la cara, el color trigueño y los dientes blancos continuamente exhibidos en la estrepitosa risa.
Infatigable organizador de bailes, fiestas y toda clase de distracciones, "Chipi" -como general y curiosamente se le llamaba- poseía una rara habilidad para administrar su tiempo. Nadie se explicaba cómo podía atender con eficacia sus negocios agrícolas -era dueño de El Alpuyeque- y al mismo tiempo vivir en constante diversión.
Tuvo además otra característica extraordinaria: su buen humor inalterable. Era de los hombres que hallaban el lado ridículo y risible en las cosas más serias. Su genio observador y socarrón lo llevaba a convertir en motivo de burla las situaciones de mayor gravedad. Estar en compañía de Chipi era una póliza contra la tristeza.
Su hermano Ignacio, de mayor edad y de aficiones marciales, se había matriculado desde muy joven en el Colegio Militar, donde se graduó de ingeniero militar. Era también de naturaleza alegre y gentil, pero inclinado a encuadrar las cosas dentro de graves perfiles de responsabilidad.
Cuando al terminar sus estudios regresó a Colima, la familia Gamiochipi vivía en su propia residencia, transformada hoy
en un negocio de droguería, por la calle Filomeno Medina, y Nacho colocó en el muro exterior de la finca, en un lugar inmediato al amplia entrada, brillante rótulo metálico: “Ignacio Gamiochipi, ingeniero”.
A Chipi le hacia mal de ojo la pulida placa, que inevitablemente veía cuantas veces salía o entraba a su casa, y cuya leyenda destacaba la diferencia entre el aristocratizado hermano, tipo "junker" del militarismo de aquel entonces, y las proletarias actividades de Adolfo, dedicado a la cría de chivas nubias.
Un día apareció del otro lado del zaguán un pedazo de tabla cualquiera, sobre el que se leía en grandes letras pintadas con carbón: "Adolfo Gamiochipi, chivero". Con eso se puso a mano con su fraterno.
En cierta ocasión, los dos hermanos asistieron a un velorio, Había fallecido una persona de significación, cuyo nombre no viene al caso. Después de presentar sus condolencias a los atribulados familiares, el ingeniero se quedó conversando con un grupo de señores respetables, dentro de la discreción impuesta por las circunstancias, y Chipi se escabulló a una pieza interior, atraído por gentes más jóvenes.
En un momento dado, la casa resonó con las carcajadas de Adolfo, a las que hacían coro numerosos risas femeninas. El ingeniero enrojeció hasta la raíz de los cabellos, y acercándose a un amigo de confianza le recomendó: -Dile a Adolfo que se calle la boca. Que se dé cuenta que está en un velorio, no es una feria.
Pero uno de los deudos, que sorprendió la escena y dedujo por la actitud del

(11 de abril de 1954)
ingeniero de qué se trataba, lo tranquilizó:
-No te preocupes, Nacho, y deja a Chipi. ¿Sabes quiénes son las que más se ríen? Las hijas del muerto. Déjalo que las distraiga...
Cuando la revolución cristera, Chipi tuvo que manejarse con suma habilidad para conservar la confianza del gobiemo y al mismo tiempo evitar la malquerencia de los cristeros. No había garantías. Las fuerzas federales no las proporcionaban y fusilaban sin formación de causa a quienes estaban en convivencia con los rebeldes, y éstos arruinaban las siembras y mataban el ganado de quienes negaban ayuda a “la causa”. Chipi se más compuso de manera que tuvo contentas a las dos partes.
Por los meses de febrero y marzo, en que las mañanas son frías, Chipi se levantaba temprano a despachar la leche de sus chivas y se cubría con un gabán oscuro para protegerse del fresco. Los rancheros comentaban al saludarlo:
-Buenos días, patrón, ¿andan mal las cosas, verdad?
-Muy malas -aceptaba el patrón- ¡Bendito sea Dios! Ya se arreglarán...
Al medio día, el sol del trópico reverberaba en los muros de El Alpuyeque. La tierra ardía y Chipi se mostraba bañado, rasurado y en camisa de cuello abierto y mangas cortas. Su aspecto optimista producía el consiguiente comentario:
-Buenas tardes, patrón.
-Buenas tardes, fulano.
-Ya le vamos ganando al asunto, verdad?
-Ya le vamos ganando -repetía el patrón.
-¡Bendito sea Dios! Si no hay mal que dure cien años...
Y Chipi se reía para sus adentros en uno y otro caso, provocados únicamente por el aspecto de su indumentaria.
Comodino y acostumbrado desde niño a disfrutar de los privilegios que proporciona una situación económica desahogada. Chipi fue un precursor en Colima de los sistemas sanitarios modernos, amueblando el baño de su rancho con equipo importado.
En cierta ocasión unos amigos suyos le invitaban a Manzanillo, para conocer a un famoso almirante inglés, que había arribado al puerto en un enorme barco de guerra. Chipi se opuso:
-Para ingleses ya tengo bastante con el señor Mac Neill (cónsul británico en Colima). y con el baño de El Alpuyeque. No me interesa conocer otros...
Tenía pánico a la muerte y se negaba rotundamente a hablar sobre este tema. Su temperamento cascabelero se crispaba al solo pensamiento del fin implacable. ¡Quién le hubiera dicho que moriría joven!
En 1930 falleció a consecuencia de una tifoidea que se impuso a la ciencia de los médicos que lo atendieron y a su exasperado propósito de vivir. Con él, desapareció uno de los tipos colimenses de personalidad más amable y atrayente de los últimos tiempos.
Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda
Sin duda, la educación de un pueblo es una cuestión de interés y por lo mismo es dable analizarla desde los más distintos enfoques, uno de ellos es, que, al pensar en su estrecha relación con la cultura, se forma un binomio inseparable. El propósito de la educación radica en desarrollar las facultades intelectuales, morales y afectivas de una persona, pero siendo un Hecho Social (E, Durkheim), que ocurre de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que se pertenece.
Al educar se proporcionan conocimientos o habilidades a una persona mediante la instrucción y la formación, para darle una determinada formación. Educar, del latín educare, de educere, se divide en: ex: (fuera de, sacar) y ducere (guiar, conducir, criar), similar a Pedagogo, del griego, paidós niño y agogos que conduce; de modo que instruir y formar son acciones clave del fenómeno social educativo, que es tan complejo y amplio como lo son las herencias étnicas, culturales.
Esta amplitud se debe a la vinculación de los monomios base: Educación y Cultura, que a través del tiempo van formando un binomio inseparable, en buena parte por la relación de causa – efecto, acorde con el medio social y también el ambiental, donde se relacionan tres tipos o modos de educación: Formal, No formal e Informal, ya que los tres contribuyen, cada uno de forma distinta, al desarrollo o formación del ser humano, como parte de la conducta consciente e inconsciente de la sociedad y que está determinado por las condiciones objetivas y subjetivas
en que la gente viva.
Como Hecho Social, la educación no es opcional, sino imperativa y en buena medida impositiva, acorde con el modelo avalado por la sociedad; ya que los tipos de educción formal y no formal se sustentan en una filosofía que pueden estar en contradicción entre ellas y también con la informal, en consecuencia, a pesar de que la institución escolar tiene una visión encaminada a la formación de ciudadanos íntegros y honestos, así como profesionalmente competentes y para lograrlo selecciona un modelo educativo y diseña planes de estudio, obtendrá resultados diferentes porque cada individuo se ha “formado” e “informado” en distintos ámbitos de la sociedad; por lo mismo, hay que tomar en cuenta a todos los subgrupos de personas que conviven en ella y este es uno de los meollos del asunto y por lo que torna complicado al Hecho Social: Educación.
Conviene hacer un paréntesis para hablar de los conceptos formar e instruir. Formar es “dar forma a algo”, del latín f ormare, y más el sufijo -ar, es un verbo por tanto una acción y en lo que a la educación concierne, incluye la formación intelectual y moral de individuo o grupos de individuos, de acuerdo con las conductas y costumbres aceptadas en determinada sociedad; formado se usa como sinónimo de preparado; formar se trata entonces, de dar alguna configuración, perfil, imagen, apariencia, formato o hechura. En cuanto Instruir, del latín instruĕre, de struere, juntar, y el prefijo in-, hacia adentro, es el acto de aleccionar, adiestrar o doctrinar a alguien implicando la comunicación de manera sistemática de
Sánchez Silva, M. (1993). Viñetas de la provincia. Colima: Idear.
ideas y pensamientos o conocimientos y experiencias. El proceso de instrucción es temporal y es llevada a cabo por las instituciones educativas, para ello, se elaboran planes de estudios y se asigna un tiempo durante el cual se deben enseñar y aprender una asignatura.
Sin embargo, formar e instruir instrucción difieren de la educación, que como Hecho Social es impositiva y por lo mismo, conviene recordar que el conocimiento es un valor virtual, espiritual, trascendental y no se adquiere por competición o imposición, sino por convicción y colaboración, indispensable en la práctica de la instrucción. Además, al instruir se busca desarrollar la inteligencia, en tanto que al educar se forma al individuo, la formación e información se practican en los tres modos o tipos educativos, formal, no formal e informal y como interactúan entre ellos cotidianamente, se dificulta establecer las fronteras y además son constantes las “intromisiones mutuas” (Trilla, 1992).
Bien podríamos decir: He ahí la cuestión o el dilema, si gustáis, el desarrollo integral del individuo, un concepto que incluye el desarrollo de la inteligencia, sentimientos, emociones de una persona; ya que como Hecho Social, la educación enseña consciente o inconscientemente a seleccionar la forma de conducta y escoger entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo aceptable y lo no aceptable.
Lo anterior, porque en la Escuela, institución de educación formal por antonomasia, se pueden desarrollar actividades propias de la educación no formal, a la vez que aquellas identificadas con la educación informal, dando lugar a la socialización – un fenómeno social merece atención particular, ya que del proceso de socialización dependerán en buena parte las conductas de cada individuo, digamos a manera de interrogante, pues sabiendo que del proceso de socialización una persona es honesta, integra, virtuosa -santa- y otra es deshonesta, viciosa, delincuente -pecadora-. Por tanto, es necesario comprender las relaciones de complementariedad entre los tres modos educativos y podría ser obvio

que en cada una de las instancias educativas -Familia y Escuela que son los pilares de la educación y otras como las iglesias, medios de comunicación, trabajo. etcétera- en las que participa el sujeto no se pueden atender a todos los aspectos y dimensiones de la educación, unas instancias harán énfasis en lo intelectual, otra en lo afectivo, otras en habilidades y competencias.
Otra parte de este dilema, es lo que han llamado “crisis educativa”, sea por carencias de distinta índole en la formación e instrucción, así como en los modos de educación, acentuada por la pandemia de la Covid. Una persona aprende y/o adquiere conocimientos por medio de la imitación, base de la socialización, que en gran medida es inconsciente y se practica desde el nacimiento, así como de la investigación y reflexión que derivan de una actividad consciente y sujeta a la razón conforme madura el sujeto. Surge una pregunta, ¿cómo lograr que un individuo racionalice sus actos, que reflexione qué actúa de tal o cual forma y por qué?
Respecto a la crisis educativa, sabemos que son múltiples los factores que la acompañan y que para unos es resultado del menoscabo a la autoridad (no se trata del autoritarismo), que inicia en la Familia; el respeto a la autoridad es resultado de la actitud de quien la ejerce, pero también de la imitación durante
el proceso de la educación informal; existen otros factores que influyen para dar lugar a una crisis educativa, por lo que es una problemática nada fácil de solucionar, pero si sabemos que requiere la interactuación de los tres modos educativos, de las instituciones educativas y de toda la sociedad en general.
Al parecer en la educación formal, la no formal y la informal, olvidamos que, “La función específica del hombre no reside simplemente en la posesión de facultades racionales, sino en su efectiva actualización a través de su ejercicio, de su acción. En otras palabras, la virtud aporta la diferencia cualitativa necesaria para llevar a plenitud el ejercicio… de la función específica del hombre” (Lozano,2018: 28-29).
Bibliografía citada
- Lozano Díez José Antonio y Doval Víctor Isolino, Ciudad y belleza, , en: Ética y Humanismo Universidad Panamericana – Kratos. México, 2018.
- Trilla Jaume. La Educación No Formal: definición, conceptos básicos y ámbitos de aplicación. Universidad de Barcelona. España. 1992.
mirtea@ucol.mx

Orden
salud mental
(según el punto de vista humano de la psicología unitaria)
Alfonso Martínez Mayorga
Pertinencia
Vamos a partir de una sencilla similitud: El orden lo vamos a relacionar con la salud mental, y el desorden con un desequilibrio en nuestros pensamientos. En esta antonomasia forzada, vamos a convenir que la salud mental es pensar con la consciencia de servir; esto significa, por un lado, que nuestros pensamientos conllevan un orden saludable (nada egoísta), y por otro, que hemos aprendido a pensar en el beneficio de los demás, incluso antes que en nuestro propio beneficio. Esta sencilla regla, aunque Usted no lo crea, es y ha sido siempre el imperativo categórico promovido por todas las disciplinas humanistas. En otras palabras, por más o menos discurso que tengamos, estamos descubriendo el trasfondo al que pertenece el espíritu humano, en la práctica, es decir, si lo llevamos a la acción con honestidad y humildad, este poderoso hallazgo nos brindará la plenitud de vida a la que hace referencia toda disciplina humanista.
En el pasado artículo, expusimos y ahondamos sobre el origen de lo humano; explicamos nuestra conduta desde ambas dimensiones: biológica y psicológicamente. Diferenciamos y explicamos la génesis de ambas: conciencia biológica y consciencia psicológica, hasta llegar a la raíz de los problemas en nuestras relaciones. Para evitar caer en inconsistencias o contradicciones que no lo son, ya que, en este nuevo enfoque, donde ahora definimos algunos términos como “humano” o “consciencia” de manera muy diferente y paradigmática, sugerimos, repasar el anterior artículo “Naturaleza del problema en las
relaciones” (publicado el 27 de enero de 2022; COLUMNA Psicología Unitaria, en la opción: Opinión) para una mejor comprensión del presente.
Para ir de acuerdo al pensamiento de Rousseau, en términos sociales, partimos de la idea de que lo malo no existe, y cuando está presente, esto se debe a la ausencia de lo bueno. Esta filosofía sí que mueve montañas, modifica leyes y promueve estilos de vida. Aunque sucede lo mismo con la idea contraria (según Thomas Hobbes, somos malos por naturaleza), por definición, estamos obligados a pensar que lo bueno es la parte decisiva para el equilibrio, ya sea en esta, y en todas las polaridades; de lo contrario, desde hace largo tiempo, estuviésemos extintos.
Las relaciones entre nosotros, entre nuestra especie, no son estables, no se pueden explicar como dos polaridades en las que la gente buena equilibra a la gente mala en un 50%. Desde que nacemos estamos en crecimiento, en desarrollo para conseguir nuestra madurez, que, por un lado, es física y por otro es mental, pero según este enfoque unitario, la principal característica de nosotros es que, nuestra tercera parte, la psicológica, también está en evolución constante y es totalmente independiente de las otras dos. Esto significa, en gran medida, que no somos sujetos a ser juzgados, es decir, no podemos realizar ninguna evaluación que sea totalitaria, si en algún test damos un resultado, no nos sorprendería que en un cierto tiempo obtuviéramos otros resultados. Ya hemos postulado que lo psicológico tiene prioridad sobre lo mental, dicho sea de paso, la fuerza psicológica es la que regula la salud mental y, por consiguiente, nuestra mente
es incapaz de sanarse por sí misma.
Aunque utilizamos la estrategia de clasificar para una mejor comprensión, el riesgo de hacerlo sin tomar en cuenta este conocimiento sobre lo humano (lo psicológico), es incluso, antipedagógico. No deberíamos basarnos en la clasificación de un comportamiento específico para cada edad o periodo determinado de crecimiento, ya que la madurez física está ligada a una insospechada evolución biológica que funciona de manera cuántica, así como la madurez mental está sujeta a la evolución psicológica de la consciencia de vida, lo cual no ha sido investigado con la importancia que merece.
Cada vez es más frecuente la detección de niños genio, de niños físicamente más desarrollados, o dotados de habilidades que la mayoría de adultos no seríamos capaces de obtener. Tales características físicas y mentales son muy notorias, no así las facultades o cualidades psicológicas y humanas, las cuales no somos capaces de distinguir o discriminar entre tantas conductas repetitivas que manifestamos a diario. Por alguna razón, la bondad, la humildad, honestidad o el respeto, por ejemplo, no son asimilables racionalmente hablando, se quedan como ciertas particularidades de aquellos que las profesan, o que simplemente las practican, sin ir más allá de ser nombradas o etiquetadas en el consenso social. Tal vez por el hecho de que no producen nada material, no hay ganancia objetiva tangible. Sin embargo, cumplen su función de equilibrio en nuestras relaciones, y, por ende, en nuestra salud mental.
Si hablamos de la mente, podemos decir que Luria y Vigotsky se adelantaron mayormente que Piaget. Si hablamos del espíritu humano, encontramos
que Viktor Frankl fue más preciso que Maslow o Rogers. Pero, como no damos la importancia que se merece al espíritu humano, sucede que estamos en un desequilibrio sobre nuestras ideas acerca de quienes somos, a dónde vamos, cuál es el sentido de existir; y es tan evidente, que ni siquiera retomamos estos cuestionamientos para comprender nuestra esencia, ya que medirnos a través del comportamiento es engañoso, “tiene sesgo” dirían los especialistas. A estas cualidades las consideramos insignificantes, y como no hemos sabido cómo abordarlas, las dejamos de lado, aunque su legado ha permanecido por siglos en nuestra memoria y en el inconsciente colectivo.
Precisamente este desorden y negación es el que nos hace cometer cada arbitrariedad social, no sabemos cómo acomodar a un individuo asesino, violador, corrupto o mal encarado, lo nombramos como a cualquier otro, lo llamamos “humano”. Pienso que lo correcto es poner las cosas donde correspondan, llamar a los sujetos por su nombre y dar honor a quien honor merece, eso sería más sano y más justo. La confusión que hemos arrastrado no tiene justificación, no puede ni debe alimentarse, sobre todo, si existe una propuesta que amplie, corrija y ordene los conceptos primordiales para una existencia con presencia humana, ahora que contamos con una teoría que nos da mayores y más precisas explicaciones acerca de nuestro comportamiento.
Este desorden persiste en todos los ámbitos de nuestra vida, es ya insostenible y abrumador el hecho de acreditar a un corrupto, de llamar democracia a un sistema que viola las libertades individuales, de aplaudir a un individuo exitoso por sus posesiones materiales, no saber distinguir quién está diciendo la verdad, divertirnos con futilidades sin significado y sin advertir lo tendencioso y manipulador en su contenido, o simplemente, por no tener tiempo para disfrutar la vida. La suma de todo esto y más, es lo que nos mantiene en un desorden mental, donde la salud se vuelve parcial y creemos tenerla, puesto que no hay una medida unitaria estandarizada que sirva de parámetro y que abarque lo psicológico, lo mental y lo físico). Krishnamurti decía que
no es una medida de salud estar bien ajustados a una sociedad profundamente enferma (mentalmente enferma, o con un desmedido desorden en su pensamiento).
Es abrumadora la cantidad de contradicciones a las que, desafortunadamente, ya estamos acostumbrados. Confundimos el concepto absoluto de amar, con el relativo enamoramiento, al grado de aceptar frases como “amar es doloroso”, cuando en realidad, estamos mencionando el hecho de estar enamorados de otra persona, imaginen los factores que intervienen: la madurez, los dictados de nuestros padres, nuestra propia experiencia, traumas personales y demás mecanismos mentales que influyen en algo que debiera ser tan hermoso y sano. Confundimos el concepto absoluto de libertad y de ser feliz, con la autonomía o la alegría, por mencionar algunos ejemplos, cuando en realidad, los conceptos absolutos de amar, de libertad o de ser feliz, no son ni sentimientos ni emociones, son estados de consciencia psicológica, ni siquiera entran en el terreno de lo mental.
Ahora tiene más relevancia el título de nuestro artículo: la salud mental está relacionada con el orden mental en nuestras ideas, con un pensamiento claro; el desorden, por el contrario, promueve la contradicción entre nuestras ideas, promueve la falta de acuerdos y las discusiones sin solución, fomenta estilos de vida no saludables pero permisivos, al grado de tomarlos como normales y como parte de nuestras costumbres modernas. Remar en contra de esta corriente requiere de un paradigma que defina lo humano de otra manera, con mayor precisión y con sentido más universal, en suma, que pueda aclarar todas las contradicciones acerca de nosotros mismos, que ponga de relieve nuestra trascendencia humana, y la fusione con nuestra condición biológica de existir.
Una sociedad que se caracterice por la salud mental de sus habitantes, independientemente de las circunstancias que han favorecido esta situación, podemos decir, que ha llegado a una armonía óptima en sus relaciones, en donde orden y salud mental son precisamente los componentes de la calidad de vida (armonía natural en
sus relaciones). La teoría unitaria ha descubierto una función matemática para explicarlo, en base a las tres dimensiones de comportamiento propuestas, presentamos a continuación, la fórmula para encontrar el equilibrio armonioso en toda sociedad conformada: relación simple.
La teoría unitaria psicológica nos clasifica en tres dimensiones comportamentales: animales racionales (ar); personas (p) y humanos (h). De entrada, debemos aclarar que no existe ninguna discriminación en tal clasificación, además, se entiende que todos los individuos somos significativamente necesarios para las transacciones sociales, de tal manera, que estas dimensiones de comportamiento no están en conflicto, sino que se complementan. También es importante mencionar que estamos caracterizando el comportamiento y no al ser, no al ente en su totalidad, y, además, lo hacemos de acuerdo al continuo de lo humano (no como algo acabado, sino en continua transformación). Consideramos la perpetua evolución y desarrollo que se da en cada individuo, por lo que no etiquetamos a nadie, ya que existe siempre la posibilidad de cambio.
(ar) Son aquellos individuos cuyas acciones están motivadas principalmente por el instinto: comer, aparearse, defender su territorio; todo lo que está ligado a su propia supervivencia y no así a la de su especie (comportamiento egoísta). Asumen su función siguiendo los principios de la evolución biológica: la supervivencia del más apto, pero sin acción en pro del bienestar colectivo, enfocándose más bien a casos individuales o a sus descendientes directos. En la actualidad, es difícil aceptar que las conductas adquisitivas, competitivas, la misma violencia, la brutalidad, la agresión, la desigualdad y miseria, los conflictos y las guerras, por ejemplo, están impregnadas de un egoísmo primario y animal, biológico, en donde ya es costumbre aceptarlas sin cuestionar su raíz y origen.
(p) Son aquellos individuos que han solucionado de alguna manera las necesidades (ar), sus acciones pudieran no tienen un origen primitivo, están
motivadas por su historia personal: las impresiones del pasado, los dictados de sus padres y el entorno social y cultural. Su comportamiento fluctúa entre un (ar) y un (h), no hay todavía una consciencia presente, permanente e irreductible, sus juicios están fuertemente influenciados por su pasado genético, familiar, social y cultural.
(h) Son aquellos individuos que han superado su condición animal y biológica características de un (ar), han resuelto de manera definitiva su relación con las impresiones del pasado, han superado por ejemplo el neuroticismo, los miedos aprendidos, las discriminaciones, rencores y egocentrismo, sus principios son trascendentales y no circunstanciales, sin importar el medio en el que coexisten. El individuo (h) rescata el conocimiento absoluto con validez, humildad y sentido universal. El espacio que un individuo (p) tiene ocupado (en su mente) con la autoridad del pasado ha sido reemplazado por una visión de su propia potencialidad evolutiva, por una visión elevada del sentido de la existencia.
Relación entre la sucesión de Fibonacci y el número de individuos que resulta de la clasificación de un grupo como “animal racional” (ar), “persona” (p) y “humano” (h), para que dicho grupo encuentre un equilibro, es decir, una armonía óptima en sus relaciones.
La relación simple se establecería cuando el número de individuos (ar) sumado al número de individuos (p) da igual al número de individuos (h), al mismo tiempo que la división de los (p) entre los (ar) es igual a la proporción áurea, y al mismo tiempo que la división de los (h) entre los (p) da también la proporción áurea. Por definición, suponemos que el grupo mayor deberá ser el de los (h).
Sería tal vez un hecho interesante que se localizara a un grupo armonioso de cierta cantidad de individuos, por ejemplo, de 754. A los que al aplicarles la prueba clasificatoria (EVH) se encontrara (aunque sea aproximadamente) que 144 son (ar), 233 son (p) y 377 son (h), puesto
que estos números pertenecen a la sucesión de Fibonacci y 233 / 144 = 1.618 (proporción áurea) y también 377 / 233 = 1.618
Si aceptamos esta relación simple como la que estamos buscando, resultaría muy sencillo el cálculo, simplemente para cualquier número conocido de individuos C tendríamos:
C = X + Y + Z en donde:
X = Individuos (ar)
Y = Individuos (p)
Z = Individuos (h)
Por definición de la sucesión de Fibonacci tenemos Z = X + Y, por lo que sustituyendo en la fórmula:
C = (X+Y) + Z, lo cual queda C = Z + Z, es decir: C = 2 por Z, es decir que: Z = C/2
Así de sencillo resulta que el número de (h) sería el 50% de individuos, los individuos (p) 50/1.618 igual a 30.9% y, por último, los (ar) serían 30.9/1.618 = 19.1%
La relación que buscamos se ha denominado relación simple. Entonces, el cálculo estará determinado con aplicar los porcentajes 50% de (h), 30.9% de (p) y 19.1% de (ar) al número total de individuos de cualquier grupo. Cabe mencionar que el hecho de aplicar los porcentajes señalados arriba a un total, no hace que los números resultantes pertenezcan a la sucesión de Fibonacci; sin embargo, sí guardarán entre ellos la proporción áurea.
Función matemática1: El cuestionario EVH2 (Escala Valorativa Humana), actualmente en línea, y cuya clasificación está sustentada en la teoría de la evolución psicológica (origen del comportamiento humano), da pie a la siguiente función matemática …siendo A = Armonía óptima en las relaciones sociales, y C = número total de individuos:
A C = (C(0.19098)) + (C/3.236) + (C/2)
La armonía natural de un grupo de individuos está en función de la distribución de las clasificaciones EVH dentro del grupo (C), la relación simple para lograr el óptimo de armonía está
expresada en la ecuación: (ar) (p) (h) C = (C(0.19098)) + (C/3.236) + (C/2)
Al respecto de la EVH3, es preciso volver a insistir que no es posible concebir una escala valorativa humana si seguimos pensando que somos la especie humana. Ningún investigador ajustado al método científico podría aceptar medir el grado de humanidad, a menos que sea una variable medible para categorizar el continuo de lo humano y sea, a su vez, la característica que distinga a aquellos individuos que han trascendido y poseen una consciencia más elevada de su existencia, por lo que, necesariamente, tendríamos que romper el actual paradogma4, superado por el paradigma propuesto en el sentido de romper con una creencia que nos ha limitado, impidiendo un conocimiento de sí mayor y más acorde a nuestra doble naturaleza [humana/animal]; [psicológica/biológica]; etcétera… al igual que cuando creímos, durante casi mil años, que la Tierra era el centro del Universo.
Siguiendo el planteamiento unitario, lo cierto es que no todos poseemos el mismo nivel de consciencia hacia la vida, argumento suficiente para demostrar que nos relacionamos y coexistimos manifestando cierto grado de humanidad, según sea nuestro nivel de trascendencia alcanzado (reflejado en el momento de contestar el cuestionario EVH).
Esta situación, lejos de representar nuevos problemas en la comprensión del comportamiento, sugiere un reordenamiento basado en la evolución de la consciencia (evolución psicológica), en donde se pone en evidencia que, por lo general, lo humano no se adquiere (en grado máximo) por el hecho de ser concebido, la cualidad humana debe crecer y ser cultivada asiduamente, en el día a día, en el devenir y en la convivencia mutua. Insistimos en lo humano, porque es la característica psicológica que puede sanar el desorden mental al que nos estamos refiriendo en este artículo: entre más humano eres, más calidad de vida tienes
Si en algún momento hemos escuchado decir que se requiere un cambio de
mentalidad para vivir más armoniosamente, éste es el momento para comprender que ordenar nuestras ideas, poner a los conceptos en el lugar que les corresponde, entender que existen estados de consciencia que no son mentales, y que sólo serán alcanzados si estamos decididos a trascender como verdaderos seres humanos, es la manera correcta de comportarnos teniendo presencia humana. Lo que indica que estas dimensiones de comportamiento son reales, y pueden servir para caracterizar nuestro comportamiento en términos evolutivos: hacia el desarrollo de nuestra consciencia psicológica y verdaderamente humana, lo cual pondría orden en nuestras ideas para llegar a una salud mental deseable y óptima.
1 La relación simple fue traducida al lenguaje matemático por el programador, analista y matemático Ing. Arturo Martínez Mayorga.
2 La EVH se encuentra en línea, pero en fase de prueba. Aunque se han realizado dos procesos de piloteo y se ha obtenido una confiabilidad aceptable, queda pendiente la prueba final con un número significativo de aplicaciones (al menos 2,500 sujetos). Con ello, el análisis de factores y la interpretación de los puntajes, serían más precisos y válidos para obtener la estandarización del instrumento.
3 Es evidente que reflejamos nuestro grado de humanidad en la vida diaria, en nuestras relaciones cotidianas, sin embargo, para fines de investigación, debemos considerar un instrumento confiable para operacionalizar esta característica.
4 Término utilizado para anunciar la transición y cambio de un paradigma por otro que ha demostrado ser más general y explicativo En Humberto Maturana Romesín & Bernhard Pörksen en su libro Del Ser al Hacer: los orígenes de la biología de conocer. En ese sentido, el paradigma que rompe el actual paradogma es: el hecho de que biológicamente no somos la especie humana, somos la especie homo sapiens, ya que lo humano se adquiere mediante el proceso de trascendencia psicológica o por evolución de la consciencia.
Vocesdistantesdelosaztecas. Estudiosobrelaexpresión náhuatlprehispánica
Víctor Gil Castañeda
Una civilización prehispánica recibe con los brazos abiertos a sus visitantes. Son turistas europeos que llegaron por Veracruz en 1519, pero mucho tiempo atrás habían dejado sus naves cerca de las costas mesoamericanas (1492) cuando dijeron que habían descubierto un Nuevo Mundo. Poco a poco se fueron acercando al imperio azteca. Hubo extranjeros que naufragaron en las costas de la Península de Yucatán, se casaron con mujeres de la región maya y nacieron los primeros mestizos o criollos. Un cacique de la región les regala veinte mujeres indígenas hermosas. Entre las cuales va La Malinche que sirve como intérprete de los conquistadores, pues habla el idioma náhuatl, el maya y el español.
El Emperador Moctezuma les envía desde Tenochtitlan regalos plagados de oro, piedras preciosas, prendas de la realeza y alimentos, pero les dice que se vayan. Que se regresen por donde vinieron. Los conquistadores oyen y memorizan el Mito del Retorno de Quetzalcóatl. Hacen suyo este relato y se dicen hijos de dicha deidad. Se alían con los pueblos indígenas que estaban sojuzgados al Imperio Azteca y lo atacan. Vencen a los primeros oponentes. Sufren algunas derrotas. Varios soldados españoles son hechos prisioneros y sacrificados en los templos. Sus carnes sirven como alimento para los ritos religiosos dedicados a sus más de 2 mil dioses.
Los conquistadores entran a Tenochtitlan. Su Capitán Hernán Cortés debe regresar a Veracruz para enfrentarse a otros militares españoles que venían a aprehenderlo, bajo las órdenes de su exjefe Diego Velázquez. Cortés gana y el resto de soldados de unen a su lucha. Logran la victoria total después de haber matado a tres de los principales líderes aztecas: Moctezuma, Cuitláhuac y Cuauhtémoc. Es el año de 1521. Las antiguas pirámides son derruidas para que con sus piedras se construyan ahora los templos y las iglesias de la nueva religión católica.
Los frailes conquistadores incendian y destruyen todos los antiguos libros (códices) donde, según ellos, había mucha idolatría, seres demoniacos y solamente se escuchaba la voz de Luzbel o El Chamuco. La evangelización ha comenzado. Para evitar la sublevación o el levantamiento de los indígenas que han sido hechos esclavos, se instala la Santa Inquisición en la Nueva España para exterminar a los pueblos originarios en el nombre del nuevo Dios. Todo se quema, todo se destruye, pero de las cenizas del Viejo Mundo renacen voces, nombres, cantos, bailes, tlamatinimes (sabios), tlahcuilos (pintores), la ciencia médica indígena o herbolaria, sus registros astronómicos, sus precisos calendarios (solar y lunar), su escritura, gastronomía, idioma y numerosas figuras intelectuales.
Nada murió del todo. Sobrevivió lo necesario para decirle a las nuevas generaciones que el pasado indígena
mesoamericano había sido grandioso. Tan brillante como las otras culturas que se extendieron por el continente europeo. Rescatar lo que ha quedado y preservarlo para su estudio sistemático, es una de las moralejas que nos dejan libros como el titulado: Voces distantes de los aztecas. Estudios sobre la expresión náhuatl prehispánica. Obra del Doctor en Literatura Mesoamericana Patrick Johansson Keraudren. Texto impreso en el año 1994 por Fernández Editores. Una primera edición de 331 páginas totales. Compuesta de siete unidades: una Introducción; Tres partes; Ocho capítulos; una Conclusión; un Glosario; la Bibliografía; un índice de Láminas.
Esta composición textual nos ofrece treinta temas diferentes que nos permiten recordar y recobrar aquel pasado prehispánico. Enumeramos únicamente diez temas: (1)Los símbolos de la Flor y el Canto; (2)Las críticas contra los excesos de la conquista y la milicia española; (3)El valor científico y cultural de las antiguas civilizaciones indígenas; (4)Los mecanismos lingüísticos para analizar y comprender mejor los códices; (5)La exquisitez de las bellas artes mesoamericanas; (6)Los numerosos dioses y deidades del mundo indígena; (7)El valor de la filosofía y la conciencia del Ser en el mundo náhuatl; (8)La belleza de los calendarios y la astronomía prehispánica; (9)La ambición desmedida por el oro y las riquezas del mundo indígena, por parte de los conquistadores; (10)El cielo (Omeyocan), el infierno (Mictlán) y el paraíso (Tlalocan) en la antigua religión mesoamericana.
Patrick Johansson dice que en el mundo indígena náhuatl había una estrecha relación entre los calendarios, el tiempo que medían o registraban, sus deidades que los simbolizaban y los aspectos sagrados de su religión. Agrega él que existía una estrecha relación entre el calendario que medía o más bien ritmaba el tiempo y el espacio cardinal. De hecho, los Cuatro Años Clave (ácatl o caña; técpal o pedernal; calli o casa y tochtli o conejo), como cabezas de serie de 13 años o como periodos de 365 días, estaban vinculados con los cuatro puntos cardinales. El ciclo de 52 años (un siglo para los nahuas) se
dividía en 13 años colocados bajo los signos antes mencionados: ácatl, técpal, calli y tochtli.
A su vez, los años de cada serie se encontraban bajo la influencia de estos mismos signos que estaban relacionados con los cuatro puntos cardinales y sus atributos específicos. Entre los nahuas --explica el autor--, el Año Caña evocaba al Este: el lugar mítico del Tlalocan, el sol naciente o la estrella de la mañana, al Dios Tláloc (deidad de la lluvia) y al Dios Xipe Tótec (deidad de la vegetación renaciente). Su color era rojo. Se le asociaban conceptos como: resurrección, fertilidad y luz.[ps.94-95]
El Año Sílex o Pedernal evocaba al Norte, el mundo de los muertos o Mixctlán, a la luna y los mimixcoas, así como al Dios Mictlantecuhtli, la deidad que cuidaba el inframundo. Su color era el negro. Se le asociaban conceptos como: oscuridad, el frío, la muerte y la guerra.
El Año Casa evocaba al Oeste, el legendario Tamoanchan, es decir, el sol poniente y la estrella de la tarde. Simbolizados con las divinidades terrestres. Su color era el blanco. Se le asociaban conceptos como: la femineidad y la consumación.
El Año Conejo evocaba al Sur, relacionado con las deidades conocidas como Centzonhuitznahuas (Los cuatroscientos guerreros del Sur), así como con el Dios Huitzilopochtli (Dios de la Guerra). Dicen que simbolizaba el fuego y su color azul le era atribuido.
Mediante el simbolismo ligado a los cuatro puntos cardinales, el tiempo se derramaba en el espacio cultural del México prehispánico. Determinaba muchos aspectos escenográficos de los rituales correspondientes. Si añadimos a esto --indica Patrick Johansson-- que las trecenas y los días se encontraban también bajo los auspicios de diferentes númenes con atributos específicos, que se traducían en una gran variedad de: atuendos, objetos, sonidos, olores y colores, tendremos una idea más precisa de la alta pertinencia espacial y del inmenso potencial escenográfico del tiempo mexicano prehispánico.[p.95]
El ciclo temporal se cerraba después de
52 años con las fiestas correspondientes conocidas como Xiuhmolpilli o Atadura de Años y la ceremonia del Fuego Nuevo. La Atadura de Años ilustra claramente nuestra interpretación del tiempo y del espacio náhuatl, ya que sólo después de haber recorrido circularmente los cuatro puntos cardinales, el tiempo vuelve a comenzar un nuevo ciclo. Recordemos que el tiempo estaba representado por periodos de 13 años. Al multiplicarlos por los 4 puntos cardinales se obtiene: 13x4=52 años.
Citando a Fray Bernardino de Sahagún, el autor dice que este Fuego Nuevo se producía en las regiones ubicadas entre Iztapalapa y Colhuacan. Todo sucedía a la medianoche. El palo de madera de donde se obtenía el fuego estaba incrustado en el pecho sangrante de un cautivo de guerra. Cuando el fuego se había producido y rodeaba al cautivo, le sacaban el corazón y lo arrojaban a la hoguera. Luego los sacerdotes iban sacando este Fuego Nuevo, repartiéndolo entre los demás pobladores del lugar, hasta que se extendía y era llevado por toda la nación.[p.96]
Los antiguos mexicanos creían que si no había Fuego Nuevo el mundo sería destruido y se acabaría el linaje humano. Por eso --expresa Patrick Johansson-- la configuración mítica del espacio, tal y como se expresa en el Códice Vaticano-Ríos, corresponde casi con seguridad a un trayecto temporal más claramente aprehendido como el curso solar. Según lo expresan los mitos de origen náhuatl, el sol, después de su recorrido diurno entra en las profundidades de la tierra. Los nueve travesaños celestiales e infraterrenales corresponden quizás a nueve divisiones temporales del día y de la noche, así como de los 18 meses del año prehispánico. Ecuación que corresponde a la suma de 9+9=18.
Es decir, si el sol pasa nueve unidades de tiempo diurno en el cielo y otras tantas del nocturno en las entrañas de la tierra, lógicamente pasa nueve meses del año en el espacio uranio y otros nueves en su contraparte telúrica. Así, el del tiempo es un ritmo esencialmente binario generado por la dialéctica: noche/día, tierra/cielo. [p.97]
OEl día que nací estuvo lleno de muertes, de adioses. La lluvia fina acompaña los corazones de quienes me festejan y yo, después de sentirme tanto tiempo la heredera de sus tragedias, les planto mi lucha diaria por celebrar Es mi cumpleaños: Lo envuelvo en papel estraza. Es polvo.
Preguntan: ¿cuántos años cumples? “Tantos desde que se fue tu tío por aquella desgracia”, responde alguien. También es polvo, pero tengo experiencia en amasar el barro.
Recojo pasteles, los pocos regalos de infancia, mis pies descalzos y amistades de estos días; miradas de mi madre y hermano, y envuelvo todo en la propia sangre —resignificada y digna— para andar la vida.
riginaria de Oaxaca, es activista, editora y poeta. Integrante de Consorcio Oaxaca y del colectivo editorial Pez en el Árbol. Su poesía puede leerse en Como si estrechara tu cuerpo. Poetas nacidos entre 1970-1989 (2019, Dilema Edicion-es) y La tierra que nos separa (2020, Casa de las Preguntas, Dilema Edicion-es, Pez en el Árbol), su primer poemario.
Mi madre recoge zapatitos de niñas que encuentra en la calle. Son una bendición, me dice, y los cuelga de un árbol que crece y da frutos: tenis, sandalias, guayabas.
Oscuras son las horas y la carretera por las que mi madre vuelve del trabajo. Caminar, llegar a casa, encender la luz, son sus milagros.
Yo no sé rebelarme, sigo los mandatos de mis mujeres madre: Refugio, Bertha, Felisa, Gloria; merecemos el gozo que nos negamos. Ana, Yesica, Elizabeth, Cristina: No bastan las alas. Hay que cavar muy hondo para encontrar el agua que orada las piedras que nos lanzan.
El polvo enmarca las ventanas. Pretendo callarte con las manos y grito mientras muerdes mis falanges. Trazas una línea recta hasta mi ombligo y con su hilo de sangre conectas esa vida que puedo dar a la que me dieron: duda y certeza. En la mesa se pudren las naranjas, pero me olvido de limpiar y ser perfecta. En esta casa no hay nadie. Nosotros dormitamos un instante.
Quiero un jardín. Adobe, volveré a la tierra, germinaré semillas: agapandos, hortensias, lavandas, caléndulas. Soy la casa derruida, el enojo y el olvido, el polvo y el fin. Petirrojos heridos, colibrí.
Principio. No temas a la sombra de la luna. Eres la arena que regresa a la orilla después de la marea.
