Lunes 7 de febrero de 2022
El Comentario Semanal
Edición de No. 426

Lunes 7 de febrero de 2022



Gil Garea InMemoriam
Nací en el DF pero me eduqué en San José de Gracia, Michoacán y Guadalajara.
Llegué a Colima cuando tenía 15 años. Colima ha sido mi centro de vida”.
Gil Garea (1954-2022)



Mantuvo Gil Garea estrecho vínculo de colaboración con la UdeC

La comunidad artística y cultural de Colima está de luto. El pasado 24 de enero falleció el artista visual Gil Garea en la ciudad de Guadalajara, donde se encontraba realizando una estancia de producción gráfica.
Radicado en nuestra ciudad desde la década de los 80s, mantuvo un estrecho vínculo de colaboración con la Universidad de Colima que, como parte de su acervo artístico, conserva una
selección de la obra plástica producida por Garea en los años 80s y 90s.
“Lejos de todo” fue la última exposición individual que Gil presentó en Colima (2014), en el Museo Universitario “Fernando del Paso”, con una amplia selección de piezas dedicadas a explorar los estadios de la observación y la significación, al mismo tiempo que registraban el amplio rango técnico y temático alcanzado por el expositor.
Precursodel arte contemporáneo en Colima, el pintor se mantuvo siempre interesado en la experimentación de las artes visuales y atento a los lenguajes de las nuevas generaciones.
Como parte de sus dinámicas de creación, se distinguió por trabajar amplias series en torno a diversos temas, como las dedicada a la fauna marina en “Memorias de mar”, a la exploración de la fiesta taurina en “Pinturerías” y “Retratos”, en la que retomó distintos personajes de la cultura pop como caricaturas, futbolistas y cantantes de rock para ilustrarlos. Una serie más, bajo el título “Micheladas”, fue concebida por Gil a partir de las naturalezas muertas del pintor colimense Alfonso Michel.
Cercano colaborador y estimado amigo del museo Del Paso, un par de sus obras se encuentran actualmente en exhibición como parte del montaje del décimo aniversario de este recinto.
Además, el equipo de trabajo de este museo se encuentra preparando, a manera de homenaje, una mesa de diálogo en torno a la trayectoria y producción artística de Gil Garea, que se llevará a cabo el próximo martes primero de febrero y en la que participarán el pintor Javier Fernández, la curadora Tita Ochoa, el escritor y poeta Carlos Ramírez y la galerista Mónica Saucedo.
Gil Garea, una estrella sembrada en la tierra

Lo conocí hace treinta y cuatro años. Era maestro de pintura en Colima. Hubo un impacto en la corteza de mi vida, una estrella fue sembrada en la tierra y los días transcurrieron en bosques y playas, en sus brazos, en sus manos de larguísimos dedos formando líneas difusas, torcidas al capricho de su arte delicado y complejo.


(Mis amigos ya saben de quién hablo). Su taller era un búnker hecho balaustrada de ladrillos rojos, con una piedra oculta en mitad de las habitaciones. Una piedra que no pudo ser removida de su sitio y se quedó ahí, ahogada en el cemento mirando fijamente al caballete y los pinceles que flotaban en la superficie del insomnio, la pasión por la música, la poesía de Machado, Lorca, Miguel Hernández, las canciones de Facundo Cabral y The Beatles; la historia oscura del amor de John y Yoko en esa balada interminable que pretendíamos emular juntos.
Ahora mismo he decidido hablar de casi toda esa época de huidas, silencios, largas noches de hablar dormidos en la cama de hoteles de Guadalajara o
atisbos del amanecer en sus ojos grises o verdosos. No sé. Nunca volvió a verse así. Andaría en sus treintaicuatro y yo en mis veintiuno torpes y casi adolescentes. Una joven poeta, un pintor con pasado.
No me digas amiga que no quieres verme llorar, que no esté triste porque eso era el pasado. Y qué es ese pasado sino un modo de mirar el espejo del Mundo que tuvimos. Un reflejo de lo que somos ahora: Hijos y nietos, réplicas y réplicas de los hombres que amamos. Nuevos hombres y mujeres que reproducen sus gestos, su sonrisa, sus manos. Lo que nos deja, lo que nos abandona o perdemos como dientes y huesos, piernas y carne, o pequeñas vísceras en los hospitales de nuestras largas vidas. Tú no sabes de
cómo aman los artistas, de sus manías y fobias, tú no sabes cómo pintaba o escribía sobre ese lienzo blanco del olvido a dibujar o esparcir manchas con sus dedos conceptuales en mi mente que nunca pudo volver a ser la misma.
Nos dejamos morir, nos dejamos de ver y nos abandonamos. Me dijo que todo le dolía. Pintaba retratos de Bolaño, “el detective salvaje”, y escuchamos una cumbia extraña con los Caifanes. Me dejó encerrada por un rato en su casa. Salí de madrugada sin querer a volver a mi normalidad poética. La obsesión ebria de su obra me habitaba y me habita. Me dejó obra de espíritu y de carne y esa no se vende en subastas. No se vende. Nadie puede pagarla.
Tejabán
Gil Garea
Carlos Ramírez Vuelvas
Recuerdo una casa al norte de la ciudad que la memoria urbana nombró como la Casa de Piedra. Recuerdo casi a contra esquina, la que era en ese momento la casa estudio de Gil Garea. Recuerdo una tarde tenuemente nublada y mucho entusiasmo por conocerlo. Lo recuerdo desgarbado, recibiéndonos con un vaso de whiskie en el umbral de una casa que parecía una cueva con desniveles. Desde entonces me han asombrado los talleres de los artistas plásticos, la integralidad entre la personalidad y las áreas de trabajo como si fueran un mismo organismo expandido.
Recuerdo que eran los noventa del siglo pasado, y por ese tiempo Gil Garea había ganado Pinturerías, el famoso concurso de plástica taurina convocado por Televisa. El premio consolidó el prestigio de Gil Garea, que no era de Colima, pero quería a Colima como si fuera suyo: su obra rinde muchísimos homenajes a nuestra tierra, y parte de nuestro imaginario visual popular contemporáneo está en deuda con su obra, en especial su reinterpretación de Alfonso Michel y sus esculturas de oficios, la mayoría situadas en el Centro Histórico de Colima.
La Universidad de Colima también conserva gran parte de su acervo, como aquel tríptico mural en la Biblioteca de Ciencias, o muchos de sus cuadros preservados en la bodega de la Pinacoteca Universitaria. En estos momentos, un par de piezas de Gil Garea se exhiben en el Museo Universitario Fernando del Paso, donde podemos recordar su obra.
Recuerdo todas las paredes de la cueva casa taller de Gil Garea, tapizadas por lienzos en los que trabajaba al mismo tiempo. Como música de fondo también
alternaba Pink Floyd con John Lee Hooker, y de vez en vez, Gil Garea dejaba los pinceles para sorber otro trago de whiskie.
Luego seguí de lejos sus aventuras y desventuras, sus experimentos artísticos y su obsesión por transmitir, con aquella genialidad creativa, su visión del mundo. A los colores ocres que había utilizado en sus primeros años sumó vibrantes rojos y azules en dispositivos estéticos cercanos al performance. Renegaba de la simplicidad y la copia, hasta que volvió la copia un acto original. A su manera, reinterpretó con pastiches el paisaje jalisco colimense con azules brumosos que socarronamente, como era, llamó “naquismo mágico”.
Recuerdo una magnífica conversación en el Museo de la Imagen, mediada con gentileza por el fotógrafo Héctor Boix. Recuerdo un par de halagos innecesarios. Recuerdo intercambiar versos y fragmentos de Antonio Machado y de Juan de Mairena (ese que no es Antonio, pero es más Machado que Machado mismo): “Despacito y buena letra/ que el hacer las cosas bien,/ importa más que el hacerlas.”
Recuerdo la llamada telefónica desde Puerto Vallarta, en la voz de un Gil Garea efusivo al lado de una Carmen Villoro alegre. Me invitaban a inaugurar al día siguiente, en la galería de OPC de Vallarta, una de las últimas exposiciones de Gil. Recuerdo lamentarme, por enésima vez, las herencias del judeocristianismo: no me era posible tomar (¿abandonar?) una decisión tan intempestiva. Gil Garea sonrió y nos despedimos amablemente.
Recuerdo que los amigos en común llevaban y traían saludos. Siempre por delante la creatividad y el talento del entrañable maestro, que ya ha dejado en Colima un capítulo maravilloso en la historia de nuestra sensibilidad y de nuestra imaginación. Lo recordaremos siempre, hasta siempre Gil Garea.

Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño Rector
Joel Nino Jr Secretario general
Vianey Amezcua Barajas Coordinadora general de Comunicación Social
Jorge Vega Aguayo Director general de Prensa
El Comentario Semanal
José Ferruzca González Director del periódico El Comentario
Yadira Elizabeth Avalos Rojas
Coordinadora de edición y diseño
Recuerdan legado del maestro Gil Garea en museo “Fernando del Paso”

Una noche llena de recuerdos se vivió en la Museo Universitario “Fernando del Paso”, durante el homenaje póstumo al maestro Gildardo “Gil” González Garea, artista plástico que desde la década de los 80 llegó a nuestro estado para dejar su huella entre los artistas colimenses y en la vida artística de la región y el país.
Con la participación del pintor Javier Fernández, de la curadora Tita Ochoa Rivera y del escritor y poeta Carlos Ramírez Vuelvas, el conversatorio fue una reflexión de lo más representativo y vital de Gil Garea y de su intensa trayectoria
Javier Fernández, amigo y compañero de clase del taller experimental, recordó que, durante su búsqueda por encontrar un estilo propio, Gil Garea y él hacían 100 dibujos diarios para luego destruirlos
el mismo día y volver a comenzar de nuevo, un proceso que duró un año: “se trataba de una búsqueda constante, de una liberación y supresión del ego, eliminar todo elemento hasta conservar la forma pura. Algunos trabajos fueron muy interesantes y aún los conservo; tal vez más adelante los muestre”. Además, mencionó que algunos
de sus amigos y coleccionistas no entendían al Gil Garea: “en ‘Pinturerías’ vemos la revaloración y una constante búsqueda que llevaba también a la autodestrucción. Eso era difícil de entender y lo hizo perder una gran oportunidad de entrar en los mundos comerciales. Hacía cosas magníficas, pero nunca eran suficientes para él”.

En este mismo sentido, Carlos Ramírez, coordinador general de Extensión de la Universidad de Colima, dijo que él conoció a Gil Garea entre 1994 y1995, “cuando Colima vivía un momento del descubrimiento institucional de la pintura y de los temas de arte y cultura, y él tenía una incorporación decidida a las agendas de las instituciones. En los 80 había una generación de artistas locales, como el maestro Chávez Carrillo, Alejandro Rangel, Griselda Álvarez, Alberto Isaac y Gonzalo Villa Chávez, que representaban una generación feroz y rabiosa por dar una nueva interpretación a la sensibilidad local”.

También mencionó que “Pinturerías”, obra con la que obtuvo el primer lugar del concurso de cartel taurino convocado por la Fundación Cultural Televisa, es uno de los reconocimientos más importantes que obtuvo Gil y la consagración de una etapa importante de su vida: “eso nos da una dimensión general de la obra de Gil; nos enseñó a ver la vida cotidiana de Colima desde una subjetividad que no conocíamos”.
En otro momento, Tita Ochoa
compartió cómo fue el acercamiento entre el pintor y el museo: “él vio que Colima transitaba otro momento cultural y artístico justo a partir de la fundación de este museo, que no solo está dedicado a la figura del maestro Fernando del Paso, sino que desde sus orígenes se concibió para la exploración de las artes emergentes; a Gil le interesó el espacio y es así como decidió mostrar la obra que producía, alejado de la vida pública, cultural y de las salas como expositor. Así fue que tuve acercamiento con él

y trabajamos en varios proyectos”.
Explicó que cuando conoció a Gil Garea le sorprendió la potencia y la energía que transmitía: “es maravilloso ver a un artista en su proceso de creación, y más el ver a Gil desbordado en su trabajo. En el museo tenemos varias de sus obras, una serie dedicada a la fauna marina que forma parte del acervo universitario. Otra serie llamada ‘Micheladas’, inspirada en Alfonso Michel, piezas de excelente factura que dan muestra de su
propuesta como artista y que nos dejan este legado a Colima. Estas últimas piezas no están exhibidas, pero ojalá algún día podamos verlas”.
Este evento aún puede ser visto y escuchado a través del Facebook de El Comentario. Además de este homenaje, durante todo el mes de febrero se exhibirá una muestra de la obra de Gil Garea en el museo “Fernando de Paso”.
El arte como experiencia vital en la trayectoria de Gil Garea

“No
me dediqué a esto del arte ni para hacerme famoso ni para tener prestigio, lo hice porque sentí que había encontrado un medio de comunicación maravilloso para ponerme en contacto con los demás…”
Gil Garea
Alo largo de su trayectoria como artista visual, Gil Garea recurrió a la experimentación como su principal estrategia de trabajo a fin de nutrir el primer impulso creador, explorar distintas formas de expresión y dar con un rumbo personal ya que, como él mismo afirmaba, crear algo propio no es nada fácil. “Tienes que destruir mucho de la educación que se te inculcó, descondicionarte, reeducarte, para encontrar tu propia voz”.
Su interés por el trabajo experimental en las artes visuales surgió durante un periodo de formación en el Centro de Investigación y Experimentación Plástica del INBA en la segunda mitad de los años 70, y a través del contacto que mantuvo con artistas como Oliverio Hinojosa y Gabriel Macotela. En esa época, fue cuando Gil transitó de las copias de retratos familiares y la recreación de escenarios imaginarios a expresiones más reflexivas y conceptuales, también comenzó a descubrir el arte abstracto y a conocer distintas técnicas de la escultura y el grabado. Desde entonces, se mantuvo siempre interesado y atento a las propuestas más actuales del arte y a los lenguajes de las nuevas generaciones.
La experimentación lo llevó a desarrollar procesos de observación, registro y resignificación como premisa de las etapas más maduras y personales de su producción plástica, producción que dio origen a sus últimas exposiciones en museos públicos de Colima y Guadalajara. Dichos montajes,

además, pueden considerarse como registro retrospectivo del amplio rango temático y técnico alcanzado por Gil Garea, distinguiéndose por la producción de extensas series en torno a diversos temas como las dedicadas a la fauna marina en Memorias de mar y a la exploración de la fiesta taurina en Pinturerías, así como Retratos en la que retomó distintos personajes de la cultura pop como caricaturas, futbolistas y cantantes de rock para ilustrarlos. Una serie más bajo el título Micheladas, fue concebida por Gil a partir de las naturalezas
muertas del pintor colimense Alfonso Michel. Mientras que otra de sus exploraciones plásticas más productivas la desarrolló a través de la abstracción de las formas, dando origen a sus piezas más matéricas y experimentales, cargadas de texturas y elementos orgánicos que incorporaba a los lienzos.
La exposición Lejos de todo (presentada en el Museo Universitario Fernando del Paso, en el 2014) supuso su propio retorno a la vida cultural, después de una ausencia de diez años de su obra en las salas

museales. El proyecto curatorial fue concebido como exploración y reconocimiento de las propuestas visuales/vitales más recientes de Gil en esa época, así como una bitácora de sus propias reflexiones artísticas y existenciales, signadas por el retorno a elementos, técnicas y materiales fundamentales de las artes visuales junto con la recuperación de objetos cotidianos para intervenirlos y reinterpretarlos desde distintos contextos conceptuales y temáticos.
Otro de sus últimos proyectos expositivos fue Del astracto ranchero al naquismo mágico (Ex Convento del Carmen, 2016) que, desde el
título, estuvo impregnado de cierto humor y cierta ironía al referirse a prácticas, objetos y ambientes de la geografía y las faenas del rancho familiar en Jalisco mediante distintas instalaciones objetuales y ambientaciones museográficas. La incorporación de piezas que recrean la exuberancia de la vegetación y el paisaje colimense, junto con las referencias michelianas, permitió contrastar elementos y conceptos explorados por Gil en su obra, escenarios comunes al expositor, a su trayectoria de vida personal y cotidiana: el trópico y el campo, lo regional y lo universal, lo tradicional y lo moderno o actual.




Los distintos medios plásticos, gráficos, escultóricos y de ensamblaje abordados por Garea fueron incluidos en ambos montajes, representando universos completos y distintos entre sí, en los que el artista encontró la posibilidad de concebir una renovada visión de su propia obra; tal como sucedió con una serie de platos de cartón intervenidos que fue exhibida en Lejos de todo, como referencia a sus proyectos de cerámica y concebida como un proceso de resignificación de la técnica y de recuperación de materiales, así como un retorno a las formas más básicas de la expresión visual.




La obra y los proyectos expositivos de Gil Garea tuvieron como constante un estrecho vínculo a su historia personal, a sus trayectos emocionales y reflexivos durante sus procesos de creación, explorando las posibilidades de un concepto, de un material o de un objeto, dejando intervenir a su propio instinto e intuición creadora, buscando su propia voz, la impronta personal en cada creación. “Mi obra siempre ha estado ligada a lo que yo vivo, porque creo que es lo que puedo decir con mayor honestidad”.
*** Tita Ochoa Rivera es museóloga y actualmente se desempeña como Curadora de exposiciones del Museo Universitario Fernando del Paso
Un interior eléctrico. Viaje mínimo a través de Gil Garea
Sergio Briceño González
Hace unos días Guillermo Cossío, gran coleccionista y amante de las artes, subió a las redes una serie de mimeógrafos elaborados por Gil Garea en los tempranos ochenta dentro de un taller donde se reunían artistas visuales y escritores. En una libreta Scribe de forma italiana, como las que usábamos en la primaria quienes pertenecemos a los setenta, Gil había hecho impresiones y diseños que abonaban desde una perspectiva intimista a su ya larga trayectoria de domesticidad y rupestrismo, una nueva nota: la feliz conjunción entre palabra e imagen.

Las firmas de esos primeros números de lo que acabó convirtiéndose en una publicación periódica, incluían poetas, historiadores y narradores, una nómina más o menos grande para un estado como Colima, que no es precisamente extenso aunque sí pródigo en creadores. Pensé entonces en que, como muchos otros que se han acercado a Gil ahora que ya no está, a mí también me daba la impresión de haberlo conocido desde niño. Eso era imposible porque pertenecemos a dos generaciones distintas pero en el fondo su obra apostaba a eso: a la transgresión de periodos mediante cuidadosos métodos de selección iconográfica natural.

Por ejemplo el pato Donald que ahora se exhibe en el Museo Fernando del Paso, es una ilustración tamizada por la neblina típica suya. Ese modo que tenía de sustraer los bordes y arrastrar los perfiles de íconos ya conocidos para darles un baño dentro de las aguas de su estilo, fue marcando los cuadrantes de desplazamiento de sus propuestas visuales. A diferencia de los recicladores o los puramente abstractos o incluso a pesar de ellos, Gil encontró una veta en el gris como señal de tránsito, de ese paso inexorable de un tiempo cada vez más moroso.
Es como si la suya fuera una paleta mineralógica, en donde predominan las sombras terrestres y los pigmentos enemigos de la línea y lo limítrofe. Si lo viésemos desde una perspectiva biológica, el trabajo de Garea pareciera haber convertido las hifas, esos símiles de las raíces en los hongos, ya en vetas y las vetas en rizomas que van arrancando y recolonizando áreas e interiores, muchas veces imperceptibles pero casi siempre latentes en algún ángulo del cuadro que se desplaza hacia mareas no ubicables en el mapa de las precisiones geográficas.
La gota de tinta que se expande a gran velocidad sobre los verjurados y los pontizones de un pliego de papel Fabriano, es quizás la experiencia que más atrajo las emociones de Gil y era por eso tal vez que buscaba entintar otras cosas, otras imágenes, con su propia idea de la expansión, del estallido silencioso y por capas en obras que a sí mismas se metaforizaban en palabras, signos, elementos extrapictóricos y fotografías cuya única manipulación provenía del entorno, de las propiedades mismas del paisaje a determinadas horas del día.
Ya en el terreno de la escultura me tocó ser el feliz poseedor de uno de sus perros colimotes elaborados en cerámica de alta temperatura en el taller de Carlos Ashida en Guadalajara. Ahí sí el choque entre lo geométrico de rara aparición en el conjunto de su obra, se doblegó voluntariamente al color y sobre todo al brillo concentrado en los engobes cristalográficos. Era probablemente por el carácter de por sí añejado y luido de la cerámica prehispánica o por la textura rugosa y por momentos áspera de las técnicas alferas antiguas que Gil intentó trastocar la idea y la materia misma del barro. Así, la panza globular del dogo
originario se volvió un trapecio geométrico igualmente inflado para aparentar gordura. La clave en esta síntesis se ubicaba en la necesidad de darle un nuevo nacimiento a la tradición del periodo Clásico de la cerámica precolombina colimense.
Hasta aquí ya tenemos tres universos visuales y táctiles en la nebulosa de Garea, con lo que se confirma su vocación inestable, su sed permanente de novedad en el sigilo. Luego nos dimos cuenta, hace unos meses y en una de sus últimas entrevistas, que empezó su carrera haciendo retratos, de los cuales también ahora se exhiben algunos en el Museo Del Paso. Como todo lo que tocaban sus manos, este rubro lo dejó marcado, de manera que sus retratos son algo más que una simple cara y una expresión. Hay en ellos ese sello alegórico de la parte no visible de la personalidad, como si se tratara de la cara oculta de la luna o mejor dicho de la zona zodiacal de cada mueca, ya fuese de felicidad o de amargura.
Porque a Gil también le gustaba explorar la parte de los signos, siendo escorpión él mismo. Recuerdo que una vez llegó a la casa con una carta astral de mi hijo Álvar y, sorprendido, la extendió en la

mesa de centro apuntando a las líneas perpendiculares y sin dejar de repetir, sobreexcitado, que nunca había visto a alguien que fuese escorpión con ascendente escorpión y con todos los escorpiones en las numerosas variables astrológicas que determinaban el comportamiento y el perfil de mi hijo.
Gran lector de Cioran y de Juan Luis Panero, Gil lograba la feliz transmutación de la pesadilla en cánticos espirituales y de la melancolía en manchas o rasguños sobre telas o pieles o maderas. Su estudio era por eso la calle, los amigos, la charla y el cigarro. Hablaba siempre recurriendo
al movimiento de las manos con todo y brazos y pecho y piernas, como si cada palabra que salía de su boca atravesara su sangre y sus pulmones.
En las esculturas en bronce que dejó en diferentes puntos de la ciudad de Colima, y sobre la mutilación de una de las cuales se quejó furiosamente en las redes, también vemos esa cotidianidad despojada de falsas alegorías que le daban un aire de normalidad azorada a cada una de sus piezas. Escarabajos, abejas, arañas, pulpos formaban parte de su zoo personal, uno tan íntimo que a veces contenía animales personalísimos e irreconocibles por su vocación trashumante o mutable.


¿En qué momento cada quien se convierte en el artista que es? Nadie lo sabe pero yo sospecho que en Gil debió haber sido un golpe de timón, un deslumbramiento, esa especie de revelación que en algunos casos se da en una sola entrega pero que en el de Garea se dio sucesiva y simultáneamente, como esos fosfenos que decía ver de súbito y que formaban parte de su propia hechicería, una suerte de benévola epilepsia que nos hizo ver que él estaba tocado por la gracia, por la electricidad.
Colección particular de Pony Castelli.
Bullicios, conversaciones

Celebro la luz
cuando se arroja
a lo desconocido. Hablemos de la construcción del poema
Nadia
Contreras
No escribo por escribir sino porque hay una pasión interna o una fuerza. Y creo absolutamente en ello. Sobre lo divino y lo no divino, la verdadera fuerza, el verdadero fuego. Si miráramos el origen de la escritura, que no es otra cosa que el origen de cada uno de nosotros, renovaríamos la visión que tenemos del cielo, del infierno; hablaríamos de otro tipo de trascendencia.
La fuerza está, la potencia, el deseo de darle forma a lo vivido y también a lo imaginado, que finalmente, es lo mismo. Esto es lo que me mueve, mucho antes del tema mismo que deseo abordar. No hay claridad al principio. Es decir, el tema es mera intuición, un murmullo, un relámpago, la fisura de una pared, las formas que el espejo proyecta, su argumento.
Todo lo que se relaciona con ese tema es bienvenido en mi mesa de trabajo y en mi computadora. Lo más difícil aquí es comprender el lenguaje técnico o científico, desmembrar para escribir. Descubro que mi vida pudiera haber sido otra también, dedicada a la ciencia, a la medicina, a la astronomía. Celebro la luz cuando se arroja a lo desconocido. Y ¿cómo llevar esa luz al poema? No lo sé realmente. Me dejo llevar por esa fuerza, por esa potencia. Cuando leo y releo, me doy cuenta que
en lo escrito, hay cierto peligro; decir lo que no es, una especie de amenaza, una especie de hundimiento. El riesgo es demasiado grande, pero luego, el conocimiento se me presenta como una visión. Multiplico la lectura; reviso expedientes; abro archivos; investigo en la red; aprendo nuevas palabras, expando su significado, su sonoridad, su acento; construyo versos posibles e imposibles. Las imágenes sobre el cerebro
La fuerza está, la potencia, el deseo de darle forma a lo vivido y también a lo imaginado, que finalmente, es lo mismo. Esto es lo que me mueve, mucho antes del tema mismo que deseo abordar. No hay claridad al principio. Es decir, el tema es mera intuición, un murmullo, un relámpago, la fisura de una pared, las formas que el espejo proyecta, su argumento.
son sublimes; sin alteraciones, sin afectaciones, no hay caos, sólo la melodía apropiada. Lo contrario, estremece, fascina. Vuelvo a la escritura, una escritura que de pronto se vuelve incomprensible, pero ahí está su flujo, su reacción, su visión fragmentada. Lo importante, es llevar esas visiones, esos fragmentos a la hoja, formar un conjunto de escaparates, o quizá uno solo, pero formarlo duro, decisivo. Sin embargo, es un ensayo, toda escritura finalmente es un ensayo. Un libro lo es eternamente. Otra es la función del lector: lo convierte, lo interioriza, lo enriquece sumándole su propia experiencia, su devenir.
La fuerza, la potencia se anuncia como un delirio, quizá esta sea otra forma de nombrarlo. El delirio no se queda ahí, sino que se proyecta en la visión, en el poema venidero. No termina aquí la escritura, porque el poema, el libro, abre otros efectos, otras rutas, otras sonoridades. Por ejemplo, terminado este libro, me espera una bibliografía extensa sobre la física.
Sé que nunca conoceré demasiado sobre estos temas, siempre me rebasarán y sedo muchas veces ante lo complejo. Pero el poema, en su totalidad, es un mecanismo que nos lleva siempre a otro límite. Y ésta, sin cortapisas, es su gran aventura.
Lapalabra,laimagen yelmanuscrito.Lecturas indígenas de un texto pictórico en el siglo XVI

Víctor Gil Castañeda
Cuántas dificultades emprenden los estudiosos de la antigua cultura indígena prehispánica, sobre todo si se trata de interpretar un texto o libro (códice) de los que nuestros ancestros mexicanos elaboraban. Las barreras son múltiples pues deben enfrentarse a diversos obstáculos. En primer lugar determinar si la destrucción paulatina ocasionada por la conquista española (1521) dejó algo útil de las numerosas bibliotecas que fueron quemadas en cada una de las civilizaciones mesoamericanas.
En segundo lugar hacer una comparación de las diversas recopilaciones, copias o calcas que se hicieron de los pocos códices que sobrevivieron a la masacre militarizada de los archivos indígenas. Y es que la mayoría de los documentos informativos volvieron a ser redactados avanzado el siglo XVI por los sobrevivientes de aquellos tlamatinimes que los recordaban o sabían algo de sus antiguos libros sagrados. Muchos de estos copistas-redactores fueron reeducados en los colegios que iban fundando los frailes conquistadores en las regiones del otrora Valle de Tenochtitlan: “la región más transparente del aire”. Proceso basado únicamente en la lecto-escritura del idioma español, cuando en el pasado eran otros los mecanismos empleados en la producción del sentido y el conocimiento.
En tercer lugar debieron enfrentar los saqueos, alteraciones, daños, vejaciones físicas y mutilaciones que sufrieron los códices reelaborados en el transcurso de los siglos. Sin olvidar la pérdida de la memoria que los informantes iban teniendo de su antiguo pasado indígena. A una nueva generación de redactores
(tlahcuilos-tlamatinimes) le correspondía dilucidar un nebuloso pasado lleno de olvidos, lagunas, extravíos, tanteos históricos y caminos sinuosos.
Este dramático procedimiento que impide un fidedigno acopio de nuestro pasado lo pudimos notar al terminar de leer el interesante y bien documentado libro: La palabra, la imagen y el manuscrito. Lecturas indígenas de un texto pictórico en el siglo XVI. Obra del Doctor en Literatura Mesoamericana, Patrick Johansson Keraudren. Compuesto de 480 páginas, el documento fue impreso en el año 2004 por la UNAM, a través del Instituto de Investigaciones Históricas, dentro de la Serie Cultura Náhuatl Monografías No.29.
El volumen se compone de cinco rubros, como son: la Introducción; Tres partes; una Conclusión general; el Glosario y la Bibliografía. Tales divisiones documentales nos ofrecen cuarenta temáticas diferentes de las que señalamos solamente diez: (1)Los cambios culturales ocasionados por la conquista; (2)Los numerosos esfuerzos para traducir e interpretar un antiguo texto indígena; (3) Cómo se leían los códices o libros sagrados en la época prehispánica; (4)El intenso bagaje cultural o lingüístico que deben tener los modernos investigadores para interpretar adecuadamente un códice; (5)Las numerosas deidades inmersas en el contexto religioso del mundo prehispánico y puestas en sus códices; (6)Las escuelas y colegios construidos por los frailes conquistadores para transplantar la lengua castellana y la cultura occidental; (7)La mitología del pulque y otras bebidas rituales en el mundo indígena; (8)Las enfermedades y plagas sufridas por las comunidades mesoamericanas; (9)Los robos y saqueos arqueológicos desde la época de la conquista hasta el siglo XXI; (10)Los géneros literarios y las bellas artes en la antigua civilización azteca.
El autor de este libro hace un estudio comparativo en cuatro documentos antiguos: el Códice Boturini, el Códice Aubin, el Manuscrito 80 y el Manuscrito 40. Textos que hacen referencia a “La peregrinación de los aztecas”, es decir, desde que salieron del mítico Aztlan, ubicado en el lejano Norte de nuestro continente actual, hasta llegar al lago de Tenochtitlan donde levantaron portentosas pirámides, centros de estudio, elaboraron precisos calendarios astronómicos y aglutinaron una población que rondaba en los 25 millones de ciudadanos. Un imperio que abarcaba desde las costas del actual Veracruz, Colima y el sureste mexicano.
Caso Uno. Enfrentar el saqueo y la destrucción
Indica Patrick Johansson que la destrucción de los antiguos libros indígenas y su cultura fue sistemática, constante, paulatina. En todos lados los frailes-conquistadores veían obras del demonio, a Luzbel y El Chamuco. Agrega que parte constitutiva de una estrategia evangelizadora, la recopilación de datos, textos, testimonios concernientes a la cultura náhuatl, tuvo al principio un carácter de “diagnóstico”. Como lo señala Sahagún en el prólogo de su Historia General de las cosas de la Nueva España. Se trataba ante todo de conocer los síntomas del mal que padecían los antiguos mexicanos: la idolatría, para poder aplicar mejor la terapia espiritual cristiana y convertir a los indígenas. 1
Entre las historias recopiladas, mediante las cuales los religiosos españoles buscaban conocer al otro indígena para adoctrinarlo mejor, se encuentran los mitos cosmogónicos, los cuales generan, en términos narrativos, el espacio-tiempo en el que vive el hombre y justifican la presencia de una colectividad, es decir, de un mundo dentro de este marco espacio-temporal. El relato del origen de los mexicas y de la fundación de MéxicoTenochtitlan, y más específicamente la historia conocida como “La peregrinación de los aztecas”, es parte de este gran tejido cultural creado por los nahuas para establecer un eje religioso en torno al cual pudiese girar su vida.2
Hoy en día --explica el autor--, gracias a la recopilación orquestada por los españoles, disponemos de manuscritos que entrañan textos orales y lecturas de códices en su exilio alfabético, así como algunos libros de manufactura precolombina que no fueron destruidos en los primeros momentos de la evangelización. Permanecen también varios documentos pictográficos que se volvieron a elaborar después de la destrucción sistemática de los originales por los frailes de San Francisco y de otras órdenes religiosas, en su “cruzada” contra la idolatría.3
El considerable acervo que se ofrece hoy en día a los especialistas de las culturas precolombinas es el resultado de un largo proceso de recopilación y transcripción cuyo principio remonta al segundo cuarto del siglo XVI, cuando los religiosos españoles, cambiando de estrategia evangelizadora, decidieron conocer la cultura indígena para aplicar mejor el antídoto cristiano. Citado por el autor, Fray Bernardino de Sahagún dijo: “El buen médico no puede acertadamente aplicar las medicinas al enfermo sin que primero conozca de qué humor o de qué causa procede la enfermedad”. Frase contenida en su libro Historia general de las cosas de la Nueva España, en cuyo prólogo el franciscano
agrega que toda esa recopilación se hizo a partir de lo que llamamos hoy códices: “Todas las cosas que conferimos me las dieron por pinturas, que aquella era la escritura que ellos antiguamente usaban”.4
Ningún libro indígena referente a “La peregrinación de los aztecas” se salvó de la destrucción sistemática emprendida a lo largo del siglo XVI por el clero español --matiza el Dr. Patrick Johansson--. Sin embargo, cuando todavía existían, se hicieron copias de documentos precolombinos no siempre muy fieles, debido a que los tlahcuiloques indígenas se encontraban ya inmersos en la cultura novohispana, y a que las razones por las cuales se volvían a pintar dichos documentos eran más bien para que los frailes conocieran lo esencial de la cultura vencida, más que por un afán de perpetuar una tradición ancestral. Cuenta el autor que la factura de estos nuevos códices es algo híbrida y el sistema pictográfico de producción del sentido ha sufrido cambios importantes que a veces desvirtúan lo allí expresado.
Pone como ejemplo general los cuatro documentos que hemos citado en torno a “La peregrinación de los aztecas”, más los siguientes: el Códice Azcatitlán, el Códice Mexicanus, el Mapa Sigüenza, el Códice Vaticano-Ríos y el Códice Telleriano Remensis 5
Caso dos. Los códices eran leídos en forma diferente
Patrick Johansson comenta que había varios procesos para que un códice indígena antiguo pudiera ser leído y mejor interpretado. No era el mismo sistema que se emprendía con el alfabeto y el vocabulario español. La gramática castellana nos obliga a leer de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. El autor señala que el intérprete-lector de los signos o sabio (tlamatinime) se hacía acompañar por el pintor-decodificador de los glifos y sus variantes (tlahcuilo). Además --profundiza el autor-- un relato náhuatl precolombino, cualquiera que sea su índole expresiva, está estrechamente vinculado con el contexto cultural en que se inscribe. Las circunstancias espacio-temporales que justifican su producción y presiden su enunciación, más las modalidades específicas de su escenificación ritual, su funcionalidad propia y los distintos textos que coexisten y que establecen con él relaciones transtextuales, constituyen un vasto tejido expresivo difícilmente circunscribible.
1 JOHANSSON KERAUDREN, Patrick. (2004). La palabra, la imagen y el manuscrito. Lecturas indígenas de un texto pictórico en el siglo XVI. Serie Cultura Náhuatl Monografías No.29. México: UNAM, a través del Instituto de Investigaciones Históricas, p.12
2 JOHANSSON KERAUDREN, Patrick. (2004). Obra citada, p. 13
3 Ibidem, p.25
4 Ibidem, ps.280-281
5 Ibidem, ps.12-13
Maat:
orden, equilibrio, verdad, justicia
Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda
Maat, Maât o Ma’at, es la diosa egipcia del orden, armonía, equilibrio, verdad, moralidad, ley, justicia y armonía; asimismo, representa la regulación de las estrellas, las estaciones y cada acción de los mortales. Maat cimienta la civilización y en el Juicio final de los humanos representa la justicia; en ese juicio, el corazón del difunto, donde los egipcios creían que se asientan la moral y la conciencia, se colocaba en un plato de la balanza y en el otro Matt ponía su pluma, símbolo de justicia universal y del equilibrio cósmico.
En la imagen de Maat reslata la pluma de avestruz, la cual indica simbólicamente, el peso del alma que al ser pesado, decide si va a la vida eterna o será devorada por Ammit. Ammit, o Ammyt; el devorador de los corazones de quienes no eran declarados justos. El papel de Maât es interesante, tanto desde la abstracción ético-moral y de su profundo significado en el pensamiento egipcio, así como su carácter femenino como símbolo de la naturaleza; Maat tenía una posición central en la cosmovisión del antiguo Egipto, y para muchos egiptólogos, pone de manifiesto la importancia de la mujer en esa civilización, que se considera más uterina que fálica.
Dada la relación con la divinidad solar, Maat es la Señora de la luz Solar, hija de Râ y protectora de la tierra. En cuanto
la filosofía esotérica, se conceptualiza a Maat como una la abstracción ético –moral, donde confluyen cuatro ideales: a) Conocimiento , amor por el saber, que permite acceder a aquello que es verdadero, seguro, cierto; b) Justicia , implica una moral de la verdad y la rectitud, indispensable en una sociedad; c) Ser, como un ideal metafísico del amor por el conocimiento del Ser como esencia o sea, el Ente griego; y d) Respeto , por el orden cósmico y la naturaleza, involucrando un compromiso con el hábitat compartido y el devenir de la humanidad. Estos principios concurren en una educación que alimenta desde el interior a la persona.
Respecto al conocimiento y el orden se encuentra un paralelismo entre el concepto de Maat y el ideal bíblico de hftokmât , o sea, la Sabiduría de Dios; misma que transforma a Maat en un concepto, que se entiende desde el ejercicio de la justicia y en ella, como Señora de la Luz, se concretiza un pensamiento y deja de ser una abstracción para constituirse en una relación obligatoria.
Una relación obligatoria, que en el ámbito del Derecho, es simbólica de una noción ideal, entendiendo que la Verdad y la Justicia reposan en Maat, como opuestos a lo Equivocado a la Falsedad y por tanto a la injusticia; lo justo se opone al desorden, la iniquidad y la mentira, como un derecho natura. En ese orden, el dios Thot es el juez, el magistrado de Maat que aplica el derecho, que se constituye en el modelo
a seguir en la esfera jurídica, entendida no únicamente como norma objetiva, sino también suprasensible y subjetiva, pues incumbe al quehacer cotidiano.
Esta idea de una Justicia y un Equilibrio se integran en un modo colaborativo para que cada uno obtenga su derecho, según la causa en cuestión, lo que significa, que debe ser de conformidad con los intereses de las partes, que al salir del tribunal hayan aceptado las decisiones que se tomaron en razón de una justicia equitativa. Cabe agregar, que Maat encarna la ciencia del bien y del mal que Thot domina, propiciando el triunfo de la paz sobre la guerra, de la prosperidad sobre la miseria, de la justicia sobre la iniquidad.
Otro aspecto interesante de Maat es Maâty, la “doble Maât”, una y otra se colocan en ambas extremidades de la balanza y presiden el gran Juicio del ser humano; se comprende el principio esotérico que oculta Maâtyl: es símbolo de la justicia particular, terrestre, de los actos del muerto a lo largo de su vida, por ello se le ve cerca del muerto, protegiéndolo con su brazo; pero a la vez, posee la facultad de hacerlo entrar en la Sala del Tribunal e indicarle el camino hacia el trono del juez supremo.
Maâty simboliza la justicia universal. Si quisiéramos explicar que sea una doble Maat, se podría decir desde otra perspectiva, que una representa los recursos de la teología y la otra, la laicidad y pragmatismo. La doble Maat era adorada en las dos riberas


del Nilo, a la derecha como hija de Râ, en su carácter cósmico de Señora de la Luz y en la izquierda, como Señora de Justicia en el mundo de los hombres. Maâty plantea muchas interrogantes y conclusiones, una casi obvia es que sin la Luz del conocimiento no puede haber Justicia; otra sería la necesidad del contrapeso, para ser garante del equilibrio universal: cósmico y divino, terrestre y humano.
Sí la humanidad fuese capaz de reconocer los beneficios de vivir sus vidas de acuerdo con los principios de Maat, no habría necesidad de leyes, pero una vez que los deseos egoístas superan el sentido común, la gente actúa en su propio interés y olvida las necesidades de las otras personas y esto obliga a imponer leyes.
De ahí, las Admoniciones de un sabio egipcio, El lamento de Ipuwer: Bueno será el corazón del gobernante cuando a él venga la verdad y proclama, ‘Ésta es nuestra agua, ésta nuestra felicidad y fortuna. ¿Qué hacemos ante ello? ¡Caemos en ruina! He aquí, son dominios que no pagan impuestos a causa de la lucha civil. Se carece de algarrobo, de carbón, de mineral azul, de diversos tipos de madera, falta el trabajo de
los artesanos […] Los hombres y las mujeres que no tienen planes y que osan rebelarse contra la Justicia, miren que se empobrece la realeza de la tierra a causa de unos ignorantes. Sabemos que La Voz, la Comprensión y la Verdad están contigo, pero esta confusión a través de la tierra es nido del estruendo y he aquí, uno se pone contra otro. Ignoran que la Verdad está a través de la tierra en su nombre, Maat, pero el mal y la mentira está con ellos y no saben ver ni oír.
Ipuwer recuerda que el gran enemigo de Matt, que es la rebelión social sin fundamento, la que esta guiada por intereses particulares y mezquinos. El sabio entiende que cualquier hombre es un pecador en potencia y el caos lo inclina al desorden; acentúa que uno de los deberes de quienes detentan el “poder” es eliminar el conflicto del caos y establecer la Justicia. Señala que la característica fundamental de Maat es la Justicia, porque mantiene el orden y evita la destrucción; hace notar que en la fragilidad humana reside la fortaleza y la esperanza de una Tierra donde se afirma la dignidad humana sustentada en el equilibrio y la armonía..
Bibliografía
- Castañeda Reyes J. C. (2008) Señoras y esclavas: el papel de la mujer en la historia social del Egipto antiguo. México. El Colegio de México.
- Castañeda Reyes J. C. (2010). El culto fálico y el culto uterino en el Egipto antiguo. En M. C. Valverde Valdés y M. Ruiz Velasco (Coords.), Teoría e historia de las religiones (vol. 2, pp. 145-180). México: Universidad Nacional Autónoma de México.
- Castel Elisa. Gran Diccionario de Mitología Egipcia, en: egiptologia com Enmarch R. O. (Ed.). (2005). The Dialogue of Ipuwer and the Lord of All. Oxford: Griffith Institute.
- Karenga M. N. (1994). Maat. The moral ideal in ancient Egypt. A study in classical African ethics (tesis doctoral). University of Southern California, Los Ángeles, CA.
- Lichtheim M. (1992). Maat in Egyptian autobiographies and related studies. Freiburg: Universitätsverlag. https://doi. org/10.5167/uzh-152368
- Menu B. (1993). Maât et la justice des pharaons. Égyptes. Histoires & Cultures, (1), 45-49.
- Robledo Casanova Ildefonso: El hombre y el orden del mundo en el Antiguo Egipto. Maat, en Historia 16, Año XXVII, número 336, abril de 2004, págs. 32 a 41.
mirtea@ucol.mx
Microcuentos de Augusto Monterroso
Escritor guatemalteco nacido en Honduras (1920-2003). Vivió muchos años en México, donde produjo la mayor parte de su obra, la cual alcanzó la fama internacional. Fue el gran dominador de la escritura breve. Nos regaló un montón de
obras maestras de escasos párrafos, e incluso de una sola línea. Trabajó en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y también fue traductor en el Fondo de Cultura Económica.
La tortuga y Aquiles
Por fin, según el cable, la semana pasada la tortuga llegó a la meta. En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones. En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.
La fe y las montañas
Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

El perro que deseaba ser un ser humano
En la casa de un rico mercader de la Ciudad de México, rodeado de comodidades y de toda clase de máquinas, vivía no hace mucho tiempo un Perro al que se le había metido en la cabeza convertirse en un ser humano, y trabajaba con ahínco en esto.
Al cabo de varios años, y después de persistentes esfuerzos sobre sí mismo, caminaba con facilidad en dos patas y a veces sentía que estaba ya a punto de ser un hombre, excepto por el hecho de que no mordía, movía la cola cuando encontraba a algún conocido, daba tres vueltas antes de acostarse, salivaba cuando oía las campanas de la iglesia, y por las noches se subía a una barda a gemir viendo largamente a la luna.
El fabulista y sus críticos
En la Selva vivía hace mucho tiempo un Fabulista cuyos criticados se reunieron un día y lo visitaron para quejarse de él (fingiendo alegremente que no hablaban por ellos sino por otros), sobre la base de que sus críticas no nacían de la buena intención sino del odio.
Como él estuvo de acuerdo, ellos se retiraron corridos, como la vez que la Cigarra se decidió y dijo a la Hormiga todo lo que tenía que decirle.
El dinosaurio
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.