El Comentario Semanal
Edición de No. 421

Lunes 25 de octubre de 2021



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Edición de No. 421

Lunes 25 de octubre de 2021



Amaury Fernández
La noche del sábado 16 de octubre falleció a la edad de 84 años el director de cine mexicano Felipe Cazals Siena (Ciudad de México, 1937), emblemático creador de películas de crítica social como Las Poquianchis (1976); Canoa (1975) o El Apando (1975). Noticia lamentable que da cuenta de que la generación de cineastas y actores nacidos en las
primeras décadas del siglo XX están pasando a dejar el plano terrenal. A manera de reconocimiento a su memoria comparto a continuación una parte del capítulo que da inicio al libro que coordiné: Cine mexicano y realidad social. Distintas miradas, publicado en 2020.1 En este apartado se rescatan fragmentos de lo expresado por Cazals, el día que recibió por parte del cabildo capitalino colimense, la presea “Alejandro Rangel Hidalgo” por su trayectoria

artística y su contribución a la cultura del país, en el marco del tercer Festival Internacional del Volcán, 2018.
El cine mexicano hoy está de luto, mientras nos sigan matando estudiantes de cine, o estudiantes que no sean de cine, la cultura mexicana está de luto, y no vamos a continuar de luto, se los aseguro. Felipe Cazals, cineasta mexicano †
El día 1 de mayo de 2018, fecha en que se conmemora el Día Internacional del Trabajo, el prestigiado director de cine mexicano, Felipe Cazals, presentó una memorable master class denominada: “El cine nacional y la verdad histórica” en el Auditorio del Archivo Histórico del Municipio de Colima (ahmc) ante un espacio lleno de jóvenes, artistas, representantes de gobierno, cineastas regionales y videastas, investigadores, periodistas y público en general.
El director mexicano, agradecido por los espectadores que se han quedado hasta el final de sus películas en las salas cinematográficas, comentó que para
ser un buen director de cine, éste debe ser un “director universal”. Reconoció en su película "Canoa" (1975), el rompimiento de una tradición del cine nacional, misma que marcó una línea divisoria entre el cine mexicano de antes, y otro posterior, el cual debía tener una base de fondo para incrustar historias de amor o venganza a partir de marcos de referencia comunes, como por ejemplo: el revolucionario, el independentista, los amores prohibidos, la prostitución, entre otros. Pero lo que le importaba a ese cine, según Cazals, era destacar el nudo dramático de la historia y no hacer referencia al marco del contexto que integrara historias reales, en los cuales se ejercía la acción.
Trajo a la memoria que los productores de las primeras décadas del cine mexicano buscaban marcos de referencia para que el público nacional no se extraviara, recurriendo regularmente al melodrama o temas de venganza, y no atendían los hechos memorables auténticos, debido a que
en la mayoría de los casos cometían errores históricos o desfiguraban la realidad, por ejemplo mencionó el caso de intérpretes famosos como Jorge Negrete cuando cantaban repetidamente en películas de la Época de Oro del cine mexicano: "esto sucedió durante muchos años y entonces llegamos nosotros (…) El cine mexicano mentía para complacer al espectador, para darle gusto, para ver la belleza de la novia, pero era falso (...) Los productores preferían ganar presencia con María Félix, que contar la verdad de la amante revolucionaria. Y esto acabó con la aparición de Las Poquianchis, El Apando y muchas otras”.
Al respecto, reconoció en Canoa el film que influyó toda su vida como espectador, y luego para él vendrían otras más. Mencionó que si bien no hay verdad histórica en ella: “sí hay unos sucesos narrados como un periodista anticipando el final y que constantemente detiene la acción antes de que caiga el melodrama
en la habitual interpretación del cine mexicano, de tal manera que el espectador mexicano reencontrará su país y lo que sí sabe y no dice; y sobre todo, el terror de saber que cuando el pueblo sin justicia decide hacer justicia por propia mano, el horizonte desaparece”.
La posición de cineasta con la cámara —tal como lo mencionó Cazals en su clase magistral— “era tomar distancia y generar en los espectadores sensaciones de incapacidad para intervenir y ver el salvajismo real del aconteimiento”. En ese momento, el cine mexicano cambió, además reconoció que en esa época, mientras una película podría llegar a doscientos mil espectadores, un libro vendía máximo dos mil ejemplares, lo que implicaba para el cine, un mayor alcance de públicos y espectadores. Es decir, que la importancia que vio su generación en el cine era mucho mayor que en la literatura.
De manera coyuntural siguiendo con sus evocaciones, afirmó que 1968 fue un parteaguas sociocultural y político en México, una ruptura histórica más allá de un solo movimiento estudiantil, y esto creó conciencia de cambio social en los nuevos cineastas. Además, los nuevos cineastas de la década de 1960 se dieron cuenta de que se tergiversaba en el cine mexicano el sentido de la verdad de la historia en este país y de lo que realmente acontecía, ya que sólo usaban las referencias, salvo cuatro notables excepciones, de acuerdo con una deliberación que tuvo Cazals durante años con otros colegas, al reconocerlas como historias que eran verdad.
La primera de ellas fue ¡Vámonos con Pancho Villa! (1937-1938) de Fernando de Fuentes, en la que no hay “trafique sino un relato lleno de veracidad y sencillez descarnada que, por primera ocasión, muestra lo que significa ser un verdadero revolucionario, a pesar de su rotundo fracaso en taquilla”. Enseguida ejemplifica la cinta “El compadre Mendoza” (1933) del mismo director, donde el personaje acaudalado en su hacienda cambia el cuadro de la figura del presidente, de acuerdo con los
revolucionarios o soldados que le visitan. “Aparece entonces, por primera vez, un México hipócrita y una clase social poderosa que simula estar de acuerdo con los principios de la Revolución mexicana (…) ambas películas fueron piedras angulares del cine nacional, que transpiraban verdad y una realidad existente, y que son, al mismo tiempo, la documentación auténtica de cómo un fenómeno revolucionario tiene un significado diferente para las clases sociales”.
Sin embargo, el desastre económico ocasionado por estas dos películas, quizás debido a que los espectadores no entendían el mensaje, llevó a de Fuentes a filmar “Allá en el Rancho Grande” (1936), con mucho presupuesto y el público entonces se sintió complacido, por lo que tuvo un rotundo éxito, además debemos recordar que esta película es de tintes folcloristas y que algunos la consideran la cinta que da inicio al cine industrial en México. La tercera fue “Los olvidados” (1950) en donde: “por primera vez aparece el desamparo de la niñez mexicana, sin melodrama, sin llantos y curas bondadosos, autoridades injustas y la delincuencia juvenil que crecía en un México que nunca se había visto (...) También este film transpiraba verdad y no la verdad del director”. En este sentido, coincido con él, ya que dicha obra maestra de la cinematografía mundial, ha sido por algo reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2003, no solamente por su valor estético, sino por su crítica social, misma que refleja influencias del neorrealismo italiano, como también, y de manera paradójica, del surrealismo de Luis Buñuel…
La cuarta y última de ellas fue: “la pieza capital de la historia del cine mexicano, perfectamente ignorada: Coca Cola en la sangre, llamada al final: “La fórmula secreta” (1960), de Rubén Gámez. Es la película que, en cierto modo, desencadena lo que va a seguir después con las nuevas generaciones de cineastas. Basada en textos de Juan Rulfo y Rubén Gámez. Realizador y fotógrafo. El director es preciso y da una idea concreta de lo que significa
una imagen y cómo representa un país o la humanidad. En similitud a “2001 Odisea”, película de Stanley Kubrick de 1968, cuando el mandril tira el hueso para arriba y se da cuenta que es un arma, y sintetiza el concepto de la primera arma, Rubén Gámez retrata con su cámara un recorrido por El Zócalo. Se muestra el águila presa. Antítesis de lo que sabemos sobre México y el mito. El águila se quedó atrapada en las manos del poder”.
Felipe Cazals apunta claramente que también debe haber moral en el cine. Asimismo, hay —aparte de tranquilidad y talento, rigor ético y filósofo, y que muchos cineastas del cine mundial y nacional mostraban y criticaban a través del cine—, en la realidad social de México y el mundo, elementos que finalmente lo inspiraron durante toda su carrera. “Hablábamos de lo que nos tocaba vivir y puntos de vista críticos. Se buscaba un tema que fuese verdad y tomar distancia suficiente y no como testimonio; además siempre traté de poner mi punto de vista como cineasta dentro del film. Siempre asistí al cine y ya cerca de los 80 años, tengo muy claro que estas cuatro películas me hicieron cineasta y otras dos para completar mi visión artística”.
El cineasta mexicano, además, refiere que “El ocaso de los cheyennes” (1964) de John Ford, quien representa para él al mismo poeta Homero, y “Roma, ciudad abierta” (1945) de Roberto Rosellini fueron las dos principales obras maestras de la cinematografía mundial que tuvieron mayor relevancia en su vida como cinéfilo y director.
(Endnotes)
* Profesor Investigador de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima.
1 Fernández, A. (2020). “El cine mexicano como representación de la realidad del país. A manera de Intrroducción”, en Cine mexicano y realidad social. Distintas miradas. Fernández, Amaury (Coordinador). México: Universidad Autónoma del Estado de México / Archivo Hitsórico del Municipio de Colima, pp. 11-15.

Víctor Gil Castañeda
Un mexicano nace en la inmensidad de la cultura zapoteca y mixteca de la zona central de Oaxaca. Desde niño bebe sus misterios y enseñanzas. Habla su lengua materna y comprende el universo que lo rodea. El niño crece y emigra a la gran ciudad para saber más de su sociedad. Al envejecer, intuye que su mundo anterior era más sabio que el moderno y decide rescatar su pasado con evidencias sorprendentes, llenas de magia, tintes de leyenda y una fresca cultura milenaria que nos llega como una agradable brisa marina.
Esta sería la impresión final que nos dejaría al terminar de leer Los hombres que dispersó la danza, del escritor Andrés Henestrosa, impresa en el año 1987 por la SEP federal en su Colección Lecturas Mexicanas Segunda Serie No.77, con un total de 125 páginas.
El documento se divide en cinco partes: (1) “El prefacio”, escrito por el poeta Luis Cardoza y Aragón. (2) “Dioses, santos y reyes”, con cuatro narraciones mitológicas mezcladas con ingredientes del sincretismo cultural indígena, (3) “Los dos caminos”, contiene 18 leyendas o mitos prehispánicos donde los animales y las plantas cobran vida, hablan, reflexionan y ponen trampas a los humanos. (4)
“Cuatro relatos de animales”, contiene narraciones llenas de magia muy parecidas a las fábulas de Esopo, con ingredientes de la evangelización católica. (5) “Epílogo”, elaborado por la investigadora polacomexicana María Sten: 1917-2007.
Son 18 temas centrales los que vamos a encontrar en el libro: el valor de la cultura indígena, la importancia de la obra de Andrés Henestrosa, el mestizaje, la colonización y la evangelización, sus dioses y semidioses, la falta de crítica literaria en la provincia, los autores mexicanos del siglo XIX, los nahuales y hechiceros en el mundo antiguo, los mitos y leyendas zapotecas, las bodas y matrimonios en las comunidades indígenas, los santos y los milagros, las maravillas de la naturaleza y el cosmos.
El poeta Luis Cardoza y Aragón dice que este libro aparece despojado de lo que llamaríamos “pura literatura” ya que está en lengua sencilla, además que su autor supo recoger y tratar la imponderable materia de las leyendas. Difícil esfuerzo --agrega-porque no se dedica a la traducción propiamente, ni a simple recopilación directa de tradiciones orales, sino a la organización de un conjunto en que se hace indispensable la intervención personal al desenterrar y unir gran parte de los dispersos fragmentos. Explica que Andrés Henestrosa ha procedido recorriendo múltiples caminos, desde el erudito hasta el libérrimo de la intuición poética. Ha soltado, autógenamente, con materia de poesía y de la propia poesía zapoteca, las piezas que encontró en sus estudios filológicos e históricos, en su sangre y sus recuerdos de infancia, así como en los que han provocado esos recuerdos en su adulto corazón.
Por su parte, la investigadora y antropóloga María Sten dice que este libro contiene la palabra, pero no la palabra docta o pedante que explica el origen de los zapotecas: “sino una palabra
que por vibrar obliga al lector a sentir el latido del corazón de un pueblo, oír el susurro del viento y el paso silencioso de la serpiente, comprender el diálogo entre el nenúfar y la ‘mudubina’, y ver la vibración de la luz o el cielo pintado con las plumas de los pájaros”.
Veamos una síntesis del relato “La lluvia” para entender los comentarios anteriores: una princesa indígena se convierte en piedra que llora eternamente y sus lágrimas se convierten en lluvia. Lo anterior, debido a que se enteró que su amado, humilde económicamente, fue asesinado por el Dios de las Nubes, quien deseaba casarla con uno de sus hijos. Mató al muchacho arrojándolo por la boca superior de un cerro que bosteza.
“Bendayuuze” es el relato donde el personaje central es una niña en su etapa de nonato, la cual habla desde adentro del vientre a sus padres para que no tengan miedo cuando nazca, ya que saldría convertida en un gigante cuya misión, encomendada por los dioses, sería la de convertir las piedras, la tierra y la resequedad, en beneficiosa agua que le daría vida a los ríos, lagunas, manantiales, cenotes y las lluvias.
“El murciélago” es una ingeniosa leyenda donde se narra cómo éste animal perdió en sus orígenes las bellas plumas que lo adornaban. Plumas que le regalaron todas las demás aves del universo. Pero al presumir su belleza se llenó de vanidad y egoísmo. Las aves le reclamaron a sus dioses la burla a que eran sometidas por el murciélago, además que ellas tenían frío por las plumas que les faltaban. Los dioses castigaron al murciélago. Lo mandaron llamar. Cuando quiso aletear nuevamente, las plumas se le cayeron: “Se dice que todo un día llovieron plumas del cielo. Y desde entonces sólo vuela en los atardeceres en rápidos giros, cazando plumas imaginarias. Y no se detiene, para que nadie advierta su fealdad”.
En el relato “Binigundaza”, escrito también como Binigulaza, el autor explica que éstos zapotecas eran unos hombres elegidos por los dioses, solamente vistos por los espíritus superiores, para encauzar provechosamente la vida de los demás humanos. Ellos mismos se sacrificaban cuando iba a ocurrir una calamidad metereológica o un desastre de la naturaleza. Agrega que esta comunidad indígena se llama a sí misma descendientes de los árboles, con más frecuencia de sus raíces y también de algunos animales. Otra versión del mito dice que los zapotecas cayeron a la tierra en forma de pájaros, de una nube. Sabían cantos melodiosos y en sus plumas trajeron pintados todos los colores del trópico. Explica que su raíz etimológica quiere decir: los hombres que dispersó la danza, por un choque o encuentro, después de haber acudido a una fiesta y haber escuchado música. Uno de sus grandes orgullos es que jamás pudieron ser conquistados por los aztecas o mexicas en los tiempos del taltoani (rey) Moctezuma Iluhicamina.
Históricamente, gracias los estudios de antropólogos y arqueólogos, sabemos que la cultura mixteca tuvo sus primeras manifestaciones en el Preclásico Medio mesoamericano, hacia los años 1500 y 200 antes de Cristo. Es una región montañosa que se encuentra entre los actuales estados de Puebla, Oaxaca y Guerrero. Los mixtecos compartieron numerosos rasgos culturales con sus vecinos zapotecos. De hecho, ambos pueblos se denominan a sí mismos como “gente de la lluvia o de la nube”. La evolución divergente de los mixtecos y los zapotecos, favorecida por el entorno ecológico, alentó la concentración urbana en las ciudades de; San José Mogote y Monte Albán. Mientras que en los valles de la Sierra Mixteca la urbanización siguió un patrón de menores concentraciones humanas en numerosas poblaciones. De

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El Comentario Semanal
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Coordinadora de edición y diseño
acuerdo con su mitología, los mixtecos eran descendientes de “Los hijos del árbol de Apoala”. Uno de estos hijos venció al Sol y ganó la tierra para el pueblo mixteco. La divinidad principal de los mixtecos en la época prehispánica era Dzahui, “Dios de la lluvia” y patrono de la nación mixteca. Otra divinidad de gran importancia era Nueve VientoCoo Dzahui, héroe civilizador que les entregó el conocimiento de la agricultura y la civilización.
La cultura zapoteca ocupó el sur de Oaxaca, así como parte del sur del estado de Guerrero. Igualmente, parte del sur del estado de Puebla y el Istmo de Tehuantepec. En la época precolombina, los zapotecas fueron una de las civilizaciones más importantes de Mesoamérica. El nombre zapoteca proviene del náhuatl “tzapotécatl”, que significa: Pueblo del Zapote. Originalmente este pueblo se autodenominaba “ben´zaa” o “vinizá”, que significa, en idioma zapoteco “Gente de las nubes”. Entre los mitos que existen, se dice que son descendientes de la roca y las arenas. Ellos creían que nacieron directamente de las nubes,

“Se dice que todo un día llovieron plumas del cielo. Y desde entonces sólo vuela en los atardeceres en rápidos giros, cazando plumas
imaginarias. Y no se detiene, para que nadie advierta su fealdad”.

tal y como si fueran hijos legítimos de los dioses. De ahí el nombre que ellos mismos se atribuían, “be´neza” (gente del cielo). Actualmente se autodenominan “binnizá”.
Las evidencias arqueológicas indican que su cultura inició hace 3500 años. Adoraban un panteón de dioses encabezados por el Dios de la Lluvia (Cocijo), representado por un símbolo de la fertilidad que combinaba los símbolos de la tierrajaguar y del cielo-serpiente. Tenían un gran centro religioso en Mitla y una magnífica ciudad en Monte Albán, donde prosperó una civilización altamente desarrollada. En el arte, la arquitectura, la escritura (jeroglíficos), las matemáticas y la astrología (calendarios), los zapotecas parecen haber tenido afinidades culturales con; los olmecas, los antiguos mayas y los toltecas. Dejaron evidencias arqueológicas en la antigua ciudad de Monte Albán, en forma de; edificios, estadios para el juego de pelota, tumbas magníficas, valiosas mercancías, incluyendo la orfebrería. Monte Albán era la ciudad principal del hemisferio occidental y el centro de un estado zapoteca que dominó una gran parte de lo que ahora conocemos como el estado actual de Oaxaca.
A partir de este triángulo, los escritores ajustaron cuentas con la cultura ‘greco-quimbaya’.
Fabio Martínez
Alo largo de mi vida como viajero, jamás me había encontrado con un paisaje prodigioso donde se percibe nítidamente la relación íntima que existe entre la naturaleza y el mundo espiritual depositado en los libros.
El libro, que según palabras de Umberto Eco, es nuestra memoria vegetal, viene de la naturaleza y se eleva hasta el espíritu humano con el objeto de establecer el puente que existe entre el ser humano y la naturaleza.
Esta relación entre el paisaje y el libro se puede percibir en la región del Viejo Caldas, como se le llamó desde antes de que el país quedara fragmentado en departamentos, convirtiéndose en la principal reserva productora de café por excelencia.
Desde el nevado del Ruiz y los límites con el río Magdalena, pasando por el valle sagrado del Cocora hasta llegar al río La Vieja, en los límites con el Valle del Cauca, el Eje Cafetero, como se le llama hoy en día, se ha resistido al capricho de las fragmentaciones y las exclusiones promovidas por los políticos nacionales y locales, y viene mostrando, dentro de su rica biodiversidad cultural, una unidad que hoy lo ha convertido en uno de los destinos ecoturísticos más atractivos del mundo.
Desde el siglo pasado existe un eje poético fundado por la poeta manizaleña Maruja Vieira, la novelista pereirana Alba Lucía Ángel y el poeta calarqueño Luis Vidales.

A partir de este triángulo literario, los escritores del Eje Cafetero tuvieron que hacer sus ajustes de cuentas con la cultura ‘greco-quimbaya’, de origen conservadora, que se estilaba en los bares y cafetines de Manizales.
Las ferias del libro en Manizales y Pereira, los encuentros de escritores en Calarcá y los festivales de poesía, como ‘Luna de locos’, son eventos que han contribuido a fortalecer la unidad cultural del Eje Cafetero y a darle un reconocimiento nacional e internacional.
Escritores como Alonso Aristizábal, Jaime Echeverri, Octavio Escobar, Orlando Mejía, Samaria Márquez, Berta Lucía Estrada, Adalberto Agudelo, Rigoberto Gil, John Bernal, Susana Henao, Umberto Senegal, Jaime Lopera, Carlos Gutiérrez, Manuel Gómez y José Nodier Solórzano son solo algunas plumas que le han venido dando brillo a una región donde el paisaje y la poesía
tienen su encuentro en cada café y en cada esquina.
Narradores como Eduardo García Aguilar, Alíster Ramírez y Antonio María Flórez, viajeros impenitentes, llevan en su corazón el destino literario de su región.
Poetas como Elías Mejía, Bibiana Bernal y Libaniel Marulanda, este último, el escritor del acordeón, continúan enriqueciendo el paisaje literario del país.
Críticos, filósofos y panidas como César Valencia, Humberto Vélez, Cecilia Caicedo y Juan Manuel Jaramillo avanzan en sus reflexiones filosóficas y humanísticas.
En esta oportunidad, la Feria del Libro de Pereira y el Festival de Poesía ‘Luna de locos’ le rendirá un homenaje póstumo al poeta y gestor cultural Giovanny Gómez, quien murió de Covid-19.
hector.f.martinez@correounivalle.edu.co

(3 de mayo de 1951)
Don Manuel Sánchez Silva
En los últimos meses de 1926 las autoridades civiles y militares del estado empezaron a recibir noticias confusas, en el sentido de que, por la parte norte de Colima y en los límites con Jalisco, merodeaban grupos de hombres levantados en armas. Para esclarecer la situación, el gobierno del estado ordenó al comandante de policía, señor don Urbano Gómez, que al frente de la gendarmería montada llevara a cabo una expedición más bien investigadora que punitiva. Seguido por 27 jinetes y llevando como segundo al oficial de policía Lino Araiza, don Urbano salió de esta ciudad por el camino de Tonila, en la madrugada del 23 de enero de 1927.
En la hacienda azucarera de Quesería el comandante pudo confirmar los rumores, enterándose de que, efectivamente, a inmediaciones de ese lugar habían sido vistos numerosos individuos armados, por lo que el jefe policiaco resolvió continuar con rumbo a la región montañosa de los volcanes. Antes del medio día, y en una zona montosa conocida por el nombre de La Arena, las fuerzas del gobierno tuvieron el primer contacto con los subversivos, que después de cambiar unos cuantos tiros se replegaron hacia el norte. Don urbano era un hombre valiente y responsable, por lo que, sin prever el peligro de internarse demasiado en una comarca infestada por enemigos cuyo número ignoraba, persiguió a los
rebeldes, que visiblemente reforzados lo esperaron en un lugar propicio para ello, a poca distancia de donde se produjo el primer encuentro.
A pesar de su inferioridad en contingentes, los policías de Colima se batieron con denuedo, hasta lograr que los subversivos abandonaran sus posiciones, dejando algunos muertos y heridos. Engolosinado por este nuevo triunfo, don Urbano se lanzó tras los fugitivos, que lo atrajeron a una emboscada donde la gendarmería fue dominada y diezmada. En esa acción perecieron 17 policías y su propio comandante, Gracias a la entereza y sangre fría del oficial Lino Araiza, los escasos supervivientes pudieron escapar y llegar a Tonila, fatigados y la mayor parte de ellos levemente heridos.
Al conocerse el desastre, el general Antonio Beltrán, comandante del 250. Batallón, recibió instrucciones de trasladarse hasta el sitio donde se había combatido, levantar el campo y rescatarlos cuerpos de don Urbano y sus infortunados compañeros. El general había operado en la extensa comarca que se extiende al oeste de Coquimatlán y conocido a los hermanos Jesús y José Espinosa, originarios de Pueblo Juárez y hombres que disfrutaban de justa y general fama por su valor y cordialidad, por lo que, al encomendarse la comisión referida, invitó a los Espinosa para que lo acompañarán, Además, ellos habían formado y jefatura en la defensa rural de Pueblo Juárez, y el gobiemo, con
toda justicia, los consideraba como hombres de absoluta confianza.
Los dos hermanos acompañaron al general Beltrán en esa su primera intervención en el movimiento rebelde, que después fue nacionalmente conocido como revolución cristera, y desde entonces el citado jefe militar los mantuvo a su lado en los innumerables recorridos, tiroteos, escaramuzas y combates formales llevados a cabo en el transcurso de los tres primeros meses de 1927, en que se desencadenó abiertamente la rebelión, que para los Espinosa fue a modo de un escenario imprevisto, en el que se reveló su valentía verdaderamente heroica, dando lugar a que sus nombres se difundieran por todo el estado, aureolados por ese dramático prestigio que irradian los hombres que no temen a la muerte.
En aquella época, Jesús Espinosa cifraba en los 26 años y su hermano José en los 23. Este último era un muchacho alto y delgado, de color moreno, ojos negros y fulgurantes, y un rostro de facciones acentuadas, fácilmente contraíbles en la sonrisa amistosa que descubría una dentadura de envidia o en el gesto de cólera que lo hacía temible. Estupendo jinete y magnífico tirador de pistola y rifle, mujeriego y gastador, impulsivo y audaz. constituía el auténtico prototipo del machismo mexicano, especialmente en aquel tiempo en que las garantías “se cargaban en la cintura”, según la gráfica expresión popular.
Desde niño, José fue llamado por familiares y amigos “El Chele”, apodo cariñoso que equivalió a un segundo y definitivo bautizo y que se hizo célebre. Las hazañas del Chele, su indiferencia desdeñosa ante el peligro y el enardecimiento contagioso con el que entraba en combate, se referían y comentaban en todas partes.
Sa hermano Jesús, que aún vive, era tan resuelto como El Chele, más por diversidad de temperamentos posela una previsión y un dominio de sí mismo que nunca tuvo el menor. cuya principal característica fue la temeridad.
El 15 de marzo de 1927 el general Beltrán salió a combatir a los rebeldes con parte de su batallón y de fuerzas del estado, llevando, como siempre, al Chele Espinosa. Jesús no pudo acompañarlo por encontrarse por el rumbo de El Serrano, desempeñando una peligrosa comisión.
Del pueblo de Cuauhtémoc, el general y sus huestes siguieron hasta Cerro Carrillo, un monte de escasa elevación situado adelante de Quesería, en donde estaban
atrincherados nutridos grupos de rebeldes. Se abrió el fuego por ambas partes y el general dispuso su gente bajo el plan de rodear las posiciones del enemigo hasta coparlo. El Chele montaba un brioso caballo alazán, y enervado por las detonaciones y el olor de la pólvora, que desataban su indómito temperamento, se desentendió de toda estrategia y, tan sólo seguido por un asistente, se lanzó a toda carrera contra el enemigo, hasta llegar a una cerca de piedra que servía de parapeto a los cristeros, sobre quienes descargó dos veces su pistola 45 automática. Dentro de una lluvia de balas los dos hombres regresaron al lado de los suyos, únicamente para llenar sus cargadores, repitiendo luego su hazaña. A todo correr de sus cabalgaduras, cruzaron cuesta arriba “la tierra de nadie”, y cuando El Chele estuvo de nuevo junto a la cerca de piedra moció de balas a los que en ella se guarnecían, matando a unos e hiriendo a otros, pero recibiendo un tiro en el pecho que le atravesó el cuerpo. Cayó El Chele del caballo que montaba, a tiempo que su asistente también resultaba herido de gravedad. Al advertir lo ocurrido el general Beltrán, que se había encariñado
con el valiente muchacho, ordenó el ataque de frente y, encabezando a sus tropas pistola en mano, se dirigió impetuosamente hacia donde yacía El Chele, levantándolo en brazos y retirandolo de la zona del combate, en tanto que sus hombres desalojaban a los cristeros y los ponían en fuga
En la casa particular del general Beltrán, que vivía en Constitución 25, fue velado El Chele por todos los jefes, oficiales y tropa de la federación, las más altas autoridades civiles del estado y los aguerridos miembros de policía de Colima, muchos de los cuales se les vio llorar como niños ante la irreparable pérdida. Por teléfono se informó a Jesús de la muerte de su hermano y, concentrándose inmediatamente a esta ciudad, alcanzó a velarlo. En las primeras horas del día 18 de marzo, el cuerpo fue llevado a Pueblo Juárez, donde se le inhumó el día 19, en que El Chele, de haber vivido, hubiera festejado su onomástico.
Sánchez Silva, M. (1993). Viñetas de la provincia. Colima: Idear.


La esperanza de los vendedores de cempasúchil en el Día

Edgar Tezcatzin López recuerda correr entre flores de cempasúchil en el sur de la Ciudad de México desde que tiene uso de razón y ahora, después de un duro año por la pandemia, el invernadero de su familia se prepara para el Día de Muertos con entusiasmo ante las nuevas oportunidades.
En 2020, después de varios años aumentando la producción, el Invernadero San Marcos, en Xochimilco, la alcaldía capitalina reina en el cultivo de esta flor tan emblemática, decidió sembrar 25 mil plantas de cempasúchil.
Se arriesgaron y “por fortuna” las lograron vender todas. Pero este año, ante el anuncio de las autoridades de celebraciones y apertura de panteones para tan importante día para los mexicanos, plantaron 30 mil, y las expectativas son positivas.
Y llegamos al punto, que inmersos en la velocidad con que guardamos para ver después, artículos, canciones, películas, videos, cursos, tutoriales, documentales, y demás que en redes sociales, desconocemos totalmente el universo que hemos seleccionado para su disfrute en
“(El año pasado) no sabíamos si poner esa cantidad porque se estaba manejando que el Gobierno iba a cancelar los festivales para el Día de Muertos, los panteones iban a estar cerrados y por lo tanto no iba a haber ofrendas. (...) Sin embargo, nos la jugamos y decidimos poner esa cantidad que sí se vendió por fortuna”, dijo este viernes Edgar a EFE.
Como ellos, contó, el resto de productores lograron sacar adelante sus cultivos con muchos esfuerzos. Ayudó, por ejemplo, la máxima de que la necesidad agudiza el ingenio, puesto que personas desempleadas les compraron mercancía para revenderla.
El hombre, de 35 años, también se preguntó si tal vez las miles de muertes por coronavirus en México aumentaron la necesidad de las familias de honrar a sus muertos.
La flor de cempasúchil es quizá el icono más importante del Día de Muertos, cuyos orígenes datan de la época prehispánica.
Su color amarillo intenso y anaranjado es un símbolo en esta época del año y ornamenta los altares de las casas, tumbas, edificios públicos y plaza, donde se acostumbra colocar un camino de pétalos de cempasúchil hasta la puerta para que los que ya partieron puedan llegar al mundo terrenal y al lugar donde sus familiares les dejaron la ofrenda.
Esperanza y celebraciones
Sea como sea, ante el descenso en los contagios logrados por las vacunas, la capital mexicana celebrará por todo lo alto y con muchas ganas estas fechas, aunque con todas las medidas sanitarias posibles, según anunció en días anteriores la jefa de Gobierno capitalina, Claudia Sheinbaum.
Por eso, Edgar y su familia, que también se dedican al cultivo de nochebuenas -las tradicionales plantas navideñas-, confían en que habrá buenas ventas. Este viernes abrirán sus puertas para que los clientes puedan comprar el número de plantas que desean.
“Vamos a poner 30 mil cempasúchiles y, por cómo se ha estado desarrollando la pandemia, estamos un poco más tranquilos. Al menos en el gremio de los productores creemos que hay un poco más de certidumbre”, consideró.
Según la alcaldía de Xochimilco, pese a la pandemia, no bajó la venta de flores ornamentales en la zona.
“No hay otra alcaldía en la que exista esta producción con el tamaño de la de Xochimilco”, expresó el alcalde de Xochimilco, José Carlos Acosta, durante la inauguración del certamen de cempasúchil 2021, en el Mercado Acuexcomatl de San
Luis Tlaxialtemalco, uno de los 14 pueblos que conforman la alcaldía.
Por su parte, Marina Robles, secretaria de Medio Ambiente de la Ciudad de México, dijo en el evento, en el que se presentaron productores: “Creemos que vamos a volver a lograr el 100% de la venta de cempasúchil”.
Un sentimiento “más penetrante”
De esas 30 mil macetas, una pequeña parte irá para construir la ofrenda familiar, un momento que Edgar podrá vivir este año con mayor tranquilidad y que le permitirá recordar lo mucho que disfruta de
Además, el Invernadero San Marcos llegará con sus plantas a cientos o miles de casas donde celebrarán, comerán, bailarán y cantarán mientras recuerdan a quienes ya no están, algo que el hombre considera especialmente arraigado en estas tierras.
“Son muchas reuniones con la familia, mucha comida. Y muchos sentimientos agradables de estar recordando a nuestros difuntos, y que (durante las reuniones) me estén contando de tal difunto que tal vez no conocí pero me cuenta historias de cuando era joven y a veces te dicen ‘tú te pareces a tu tío tal’“, expresó.
Ahora, semanas antes de las

Una persona trabaja en la venta de flor de Cempasúchil para el Día de Muertos, en la comunidad de Xochimilco en la Ciudad de México (México). EFE/Carlos Ramírez
las celebraciones de estas fechas, que vive de una manera un tanto diferente al resto de los mexicanos.
“Nosotros agarramos una parte de la producción para poner nuestra ofrenda en la casa. Es otro sentimiento, porque aparte de que le estás poniendo la ofrenda a tu difunto le agregas la idea de que tú cultivaste esas flores y es todavía más penetrante el sentimiento”, contó.
celebraciones del Día de Muertos, su cultivo, que se extiende a lo largo de tres hectáreas, ya muestra unos resplandecientes colores naranja y amarillo.
Una muestra más de que, por fin, México podrá de nuevo volver a honrar a sus fallecidos sin limitaciones.
Con información e imágenes de EFE

Febrero es el mes más breve.
Poeta, ensayista, traductor y fotógrafo. Lic. En Ciencias de la Educación por la Universidad Vizcaya de las Américas. Autor de los poemarios “Cantos Peregrinos” (2008, 2011, 2012), “Cartografía íntima” (2015), Nagara (2018) y Jericó (2019). Ha traducido a Georges Schehadé, Saint John Perse, Yves Bonnefoy, Fernando Pessoa y Nuno Júdice. Ha sido antologado en Panorama de la poesía mexicana (2009), Antología Poemas al padre y a la madre (2011), El festival de la palabra (2011), en el libro de ensayos Gregorio Torres Quintero. Enseñanza e historia (2012), Arte efímero. Fotografías del proceso de construcción de La Petatera (2017), Fragilidad de las aguas. Antología poética del sureste mexicano 1980-1989 (2018) y Poetas de allende los mares (2019).
Una sombra diferente para desfallecer. La luz del sol, es una antorcha muriendo en el horizonte.
Mi sangre es la ruta de otros navíos.
Nuestra debilidad no es un nuevo día.
Ignoro la distancia que desafía el amor. Sin señales en el tiempo, los días incorporan su extrañeza provisoria.
La luz frágil pasa como los amantes, sin forjar alianza: la vida, una falsa maniobra.
En casa de mi madre todas las cosas anidan en silencio, viejas fotos dan testimonio del tiempo. La humedad de las paredes es una herencia de malos presagios. La crónica de sus días es una relación de un extraño reino: mi madre reza en silencio, nadie escucha su oración.
Nadie elige la manera de morir.
A veces no hay alternativa, no hay más vida, en un instante no tenemos nada. Los sueños se vuelven lápidas, páginas en blanco que somos incapaces de nombrar. Esa es la impresión de relámpagos: la vida dura lo que aviva el fuego.
La luna sobre mi casa engrandece los muebles: su sombra parece un pañuelo que cubre las cosas. Su luz se extravía entre los árboles.
La forma de la luna no satisface a nadie, su expresión es semejante a la soledad. Natural y exacta, la luna es la memoria del hombre.
Paisaje fugaz

1
El silencio perfecciona los sueños. Ablanda las sílabas que hemos dicho.
2
Las distancias en el amor nunca se pronuncian.
3
A este mundo venimos de noche antes del invierno.
4
Lo que somos, fin y principio, es un sueño que alguien predijo.
