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Número 389

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CONTENIDO

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Divagaciones de una mente sin reposo por Sugey Navarro

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El Ojo Dominante por Brenda Rosales

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Letronauta por Wilberto Palomares 10

Así se fundó por Karla Valdovinos

6

Palabrario mexicano por Karla Valdovinos

14

Vereda Anónima por Dalal El Laden

Las opiniones firmadas por sus autores no son responsabilidad de quienes editan este semanario ni de la U de C.

DIRECTORIO

M.A. José Eduardo Hernández Nava Rector

Christian J. Torres Ortíz Zermeño Secretario general

Vianey Amezcua Barajas Coordinadora general de Comunicación Social

Jorge Vega Aguayo Director general de Información

El Comentario Semanal

José Ferruzca González Director del periódico El Comentario

Yadira Elizabeth Ávalos Rojas Coordinadora de edición

Brenda Rosales Peña Información y corrección

Ma. Guadalupe Venegas Peregrina Diseño

e-mail:comentariosemanal@gmail.com

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Fotografía/ Alma Delia Chávez.
Fotografía/ Alma Delia Chávez.
Fotografía/ César Barrera.

Divagaciones De una mente sin reposo

¿Una biblioteca de los manuscritos rechazados?

La biblioteca de los manuscritos rechazados, es la premisa con que comienza la película El misterio del Sr. Pick (Le mystère Henri Pick), traída a cartelera gracias al Tour de cine francés; que en la plática de un señor con su yerno, escritor con una novela recién publicada, señala la existencia de tal acervo, que su hija, editora visita con gran entusiasmo. La lleva a encontrar una obra maestra cuya firma señala al pizzero del pueblo como autor de una novela que denota profundos conocimientos de la historia rusa y sus costumbres e idioma, la poesía y biografía de Pushkin, y de cómo conmover y transmitir con la belleza de su prosa.

Es interesante pensar en una biblioteca creada exclusivamente para reunir aquellos manuscritos que han sido rechazados por las editoriales, que evoca a todos aquellos que han constado haber coleccionado cartas de rechazo antes de la publicación de alguna de sus novelas, que luego se habría de volver un éxito descomunal, historias como las de: Stephen King, George Orwell, Scott Fitzgerald, Marcel Proust, Rudyard Kipling o C. S. Lewis, Agatha Christie. Resulta también increíble pensar el peregrinaje, a manera de viaje catártico que han de hacer los autores de cualquier parte del mundo para depositar su manuscrito editorial el cual, como regla, debe nunca haber sido publicado, para que sea depositado en esta biblioteca.

Gabriel Said ya señalaba en su obra Los demasiados libros temas relativos a los autores o gran cantidad de libros que han sido publicados de autores que incluso están escribiendo mucho más de lo que están leyendo. De igual forma, es imposible considerar estas estadísticas, sin pensar en cuántos se habrán quedado sin publicar, al no obtener un premio al que aspiraba el autor, ante el rechazo de una editorial o simplemente por la decisión de no publicarlo, como lo habría hecho Kafka en su momento, cuya obra fue publicada después del fin de su existencia por una migo que pretendía hacerle justicia a la calidad de su prosa, o como resaltan de la

¿Cuántos libros rechazados por editoriales, primeros lectores o por los mismos autores, aún estarán en las sombras?

obra de Pessoa, cuya inventiva llevó a crear contenido y firmarlo bajo alguno de su múltiples heterónimos, los cuales parecían tener cada uno su propia historia, origen, bagaje y personalidad.

No se puede obviar, de igual forma, lo que señaló Virginia Wolf en su libro Una habitación propia y en algunos otros ensayos; que es muy probable que las letras de las obras cuyo autor señala como anónimo, escondiera en realidad el nombre de una mujer… o en su defecto, que hayan publicado sus historias o sus ideas bajo la firma de su marido.

Ha sido también reconocido que en autores de muy pocas obras publicadas, se esconde en la gran genialidad que muchos no alcanzan ni siquiera en la publicación de distintos libros a lo largo de toda su vida. Gran ejemplo resulta ser Juan Rulfo, al no contar con muchas más obras además de El Llano en llamas o Pedro Páramo, desconocemos si nos salvó o nos privó de conocer más de su pluma, quizá con el temor o la exigencia de que alcanzaran la grandeza de los primeros. O Josefina Vicens, de cuyos dos libros que componen su acervo de publicaciones, Los años falsos había sido premiado y El libro vacío resulta una obra maestra y referencia de la novela que aparenta mostrar el propio proceso de su génesis o la imposibilidad de lograrlo, constituyendo así la historia completa.

¿Habrán dejado en su cajón libros sin publicar? ¿Habrán seguido enviando, a pesar de su nombre, novelas a dictamen de las editoriales que ante el cambio de la demanda de tales o cuales temas, hicieron de lado algo más profundo y con vistas a volverse un clásico? ¿En este tiempo de redes sociales, internet, globalización y

la multiplicidad de editoriales enormes o independientes, habrá algún Kafka temeroso de ver su obra publicada, misma que de ver la luz, conmovería a la humanidad entera?

¿Cuántos libros habrán sido publicados por la demanda del público de followers e influencers, que no pasarán de marcar la historia por los números de sus ventas sin realmente sanar, escudriñar o explorar la humanidad y sus matices, como si de un descubrimiento se tratara, como lo han hecho las grandes obras de la literatura universal?

Sin delatar el final de la película -que aún hay oportunidad de verla-, cuya trama me pareció divertida, con una propuesta fresca y que pone bajo la lupa y de una manera llena de ironías, los hechos de los que hablan los interesados en escribir y otros asegunes de la literatura, el mundo editorial y sus secretos a voces, los fantasmas escritores, los recursos propagandísticos de los que se allega la industria o los críticos de los libros con tal de vender o salir beneficiados; diré que no hay manera de saber si nos hemos perdido de algo, o salvado la mente, los ojos o algún árbol al ver que unos libros nunca existirán más que en un borrador o dentro de la mente de los creadores.

Pero queda la espina de lo que pudimos haber sido privados, de los que se dedican a una cosa para mantener un estómago sin hambre, pero continúan ejercitando la pluma por la necesidad imperiosa de escribir, de la sensación de construir un mundo dentro de unas páginas, explicar el que nos rodea, hacer escenas alternas a lo conocido, o crear personajes que ahonden en lo más profundo de la fragilidad y sensibilidad humana y simplemente han decidido no entregar el tiempo, esfuerzo o empeño en que este sea conocido por otros, en ser leídos; o pensar en los que se dieron por derrotados, convencidos de que su historia o sus versos, no serían más que una obra más del montón, que no valía la pena exponerla a que los demás le conocieran. ¿Cuántos libros rechazados por editoriales, primeros lectores o por los mismos autores, aún estarán en las sombras?

Letronauta De asilos y otros olvidos

Cada día, la luz de la habitación se enciende a las 8 am y una delgada y risueña chica vestida de verde se dirige a ella anunciando el nuevo día. Comienza la mañana y retorna a la fea realidad del lugar, a mirar a los otros, cuerpos retorcidos y agarrados a la vida como viejos árboles de incomprensibles raíces, hacinados en salones, anclados a las tristes sillas de la espera. ¡Qué raro, todos conocen su nombre y ella no sabe quiénes son! Alguien dice que, enseguida, vendrá su hija, como cada día. Ella piensa que, probablemente, la confunden con otra, porque ella no tiene hijas, todavía…

Ya en la sala, tras el desayuno, una amable desconocida se dirige a ella con palabras de cariño, acariciándola con ternura. La recoge y empujando su silla se dirigen a la cafetería. Algunos la conocen, ella no. No importa, parece agradable y vale la pena salir de allí. Ella calla, balbucea palabras, soporta estoicamente a esta simpática extraña y deja

pasar las horas, hasta que llega la hora de regresar a la cama. La desconocida habla sin parar, sus palabras conforman una música agradable a sus oídos y la tranquilizan.

Los días transcurren largos, sólo esperando la visita diaria sin saberlo, pero el trato que le dispensan las cuidadoras realmente es magnífico. Todos la quieren. Su carácter risueño y amable, que a pesar de la enfermedad todavía conservaba, sus simpáticas ocurrencias, habían hecho que Celia fuera una persona muy especial dentro de la residencia. Una y otra vez, los trabajadores referían las anécdotas surgidas en su trato, sus contestaciones absurdas, su sentido del humor que tanta gracia les hacía, su gesto siempre dulce y reposado, sin dar más trabajo que el que demandaban los cuidados necesarios para su edad.

Alguien, interesándose en la desconocida por su salud, pronuncia en tono interrogativo un exótico nombre, como alemán, de algo parecido a una enfermedad. La hija, sonriendo, agradece su interés y continúa su camino. Por fortuna, en cuanto acaba la conversación prosigue su marcha, ella, como casi todo, lo olvida. El movimiento de la silla la adormece, la arrulla, la hace sentirse feliz y tranquila, se duerme.

Un día más, los pasos resuenan en el corredor que da a las habitaciones. La 149 tiene la puerta abierta. El ruido la despierta y en su cabeza se suceden las imágenes, la vieja

escuela donde aprendió a leer y a escribir, el callejón que unía su casa con la iglesia a la que solía llevarla su madre tras la desaparición de su padre y ahora, la nad… ¡Qué raro es este sitio! ¿Cuándo he llegado? Anoche me acosté en mi cama, ¿Quién me ha traído aquí?

Las camas todas blancas. Los salones con otras personas atadas a las sillas del tiempo. Los comedores, llenos de enfermos que no alcanzan a coger la cuchara. Todo había sido un sueño ¿Donde estarían los suyos? ¿Qué hacía ella allí? ¿Dónde estaba su madre? De todas formas, esta desconocida que entraba en su habitación parecía simpática.

La voz de la hija repetía palabras de cariño, mientras se dirigían a los ascensores. Ya no había recuerdos, sólo estaba el ahora, la nada, una vez más lo de todas las tardes, salir de la habitación, pasear, sentarse a beber un jugo en la cafetería... Siempre a la misma hora, a las cinco de la tarde. Ella, en esos momentos, decidía callar. ¿Qué había sucedido en su cabeza?

Parecía que la desconocida la quería, que la conocía de antes, la hablaba con afecto, la acariciaba con delicadeza, pero ella no recordaba conocerla, era una persona agradable, con quien seguramente le gustaría estar. Nunca la había llamado mamá. Sólo le quedaban los sueños, la realidad a su alrededor no parecía que fuera muy gratificante y ella, la mayoría de las veces, excesivamente cansada, prefería dormirse. Soñaba con un príncipe azul, a lo mejor llegaba en algún momento, sería guapo, moreno y alto, se casarían y vivirían juntos al lado de su familia. Pero todavía era pronto, no tenía prisa.

Un nuevo día. La amable desconocida vuelve a dirigirse hacia ella. Celia tenía un poco de prisa, había quedado con Clarita -¿así se llamaba su vieja amiga?- en ir a su casa a probarse el vestido. Sus piernas no le respondían y la extraña sabía muy bien como empujar la silla sin que ello perturbara su estado. Se sentía joven, era casi una niña.

¡Cuántas veces había visto a los viejos del barrio perder la cordura! Tantas como veces había dicho Yo, sobre todo, lo que quiero es no perder mi cabeza. El azar, la casualidad, la vida en sí, le había enviado este regalo.

Nunca te olvidaremos, Celia. No nos olvides.

Fuente/ pixabay.com

Conversación sobre la arena

Sentado frente al mar, escuchaba el estruendo de las olas romperse a escasos metros. Con los brazos recargados sobre sus rodillas y la mano derecha sosteniendo la botella de ron, no se esforzaba por ver más a allá de la luna reflejada en el agua. El ruido del mar lo relajaba. Dio un sorbo a la bebida y cerró los ojos para concentrarse en el sabor.

- Debes estar sufriendo mucho para sentarte aquí solo a beber -escuchó una voz femenina hablándole a su oído izquierdo. Abrió los ojos descubriendo a una joven quizá un par de años menor a él.

- ¿Puedo? -preguntó la chica estirando el brazo para tomar la botella sin preocuparse por rozar sus manos.

Soltó el ron sin decir más. Ella tomó un trago y clavó el envase en la arena en medio de ambos.

- ¿No me dirás por qué estás aquí? -preguntó la joven.

- Tenía ganas de pensar -contestó después de esbozar una sonrisa.

- Vale, te creo. A mí me parece más que no quieres volver a casa.

- No es que haya alguien esperándome ahí… -respondió mientras tomaba de nuevo la botella y daba después un sorbo más.

- Bah, tal vez hoy no, pero ya habrá alguien por ahí, esperándote ¿no?

- No estoy seguro…

- O alguien a quien tú esperes que valga la pena resistir un poco más.

- No lo sé, no lo sé… últimamente no sé muchas cosas… -después de un suspiro se entregó de nuevo al alcohol.

Durante algunos minutos, ambos

La jirafa

Aguardaron silencio, compartiendo el ron y arrullándose con las olas.

La botella se terminó. Él se puso de pie y caminó hacia el mar. Nadó más allá de donde rompen las olas y se recostó en el agua para flotar. Con tal de no dejarlo solo, ella le siguió los pasos.

- ¿Ya nada te hará cambiar de decisión, verdad? -preguntó la joven por última vez.

- No…

- Lo entiendo.

Y dejaron que el mar los siguiera meciendo.

l darse cuenta de que había puesto demasiado altos los frutos de un árbol predilecto, Dios no tuvo más remedio que alargar el cuello de la jirafa. Cuadrúpedos de cabeza volátil, las jirafas quisieron ir por encima de su realidad corporal y entraron resueltamente al reino de las desproporciones. Hubo que resolver para ellas algunos problemas biológicos que más parecen de ingeniería y de mecánica: un circuito nervioso de doce metros de largo; una sangre que se eleva contra la ley de la gravedad mediante un corazón que funciona como bomba de pozo profundo; y todavía, a estas alturas, una lengua eyéctil

que va más arriba, sobrepasando con veinte centímetros el alcance de los belfos para roer los pimpollos como una lima de acero. Con todos sus derroches de técnica, que complican extraordinariamente su galope y sus amores, la jirafa representa mejor que nadie los devaneos del espíritu: busca en las alturas lo que otros encuentran al ras del suelo.

Pero como finalmente tiene que inclinarse de vez en cuando para beber el agua común, se ve obligada a desarrollar su acrobacia al revés. Y se pone entonces al nivel de los burros. (Juan José Arreola)

paLabrario mexicano

Torta:

En cuanto a su etimología, hasta cierto punto es incierta, debido a la especulación de que torta proviene del latín tortio, que quiere decir torcer. El primer sustento que se tiene para dicha información, es que para poder realizarla se requiere que la masa tenga un proceso de preparación: revolverla, torcerla y amasarla, antes de que esta sea expuesta al fuego. Es importante señalar que dicha palabra sí se emplea en otros países del mundo, pero desde luego, con un significado diferente del que tiene en México, por ejemplo en argentina se le llama torta a los pasteles, mientras que en México una torta no es un postre sino un almuerzo, comida o cena, ya que esta se conforma básicamente de una telera partida a la mitad, la cual se dora un poco, y se le agrega queso y frijoles, sin embargo, las tortas son tan populares en México, que se pueden localizar con diferentes ingredientes, como carne, verduras e incluso las famosas tortas ahogadas.

Tamal:

Palabra que proviene del náhuatl tamalli, que quiere decir envuelto. Si bien se tiene el dato de que el tamal tiene sus raíces en el continente americano, debido a que es el mismo donde afloró el maíz, no se tiene el dato exacto de en qué parte del continente se creó, pero hay quienes afirman que fue en México, pues los registros arqueológicos indican que fue en dicho país donde se comenzó con la siembra y consumo del maíz, y por lo tanto del tamal.

La preparación de los tamales, como se mencionó previamente, tiene como base el maíz, y al igual que las tortas, depende de la región de México en la que te encuentres, se define el resto de los ingredientes con que se prepararán, así como la forma de los mismos, ya que por ejemplo el tamal oaxaqueño es más grande, su forma es prácticamente cuadrada y suele envolverse en hojas de vástago, o las corundas del estado de Michoacán, los cuales también se elaboran a partir de la masa, pero estos son redondos y se envuelven en hojas frescas de

Chocolate:

El primer aspecto que es relevante señalar, es que el chocolate es una de las aportaciones más grandes que México le ha dado al mundo, ya que fue gracias a la conquista que este llegó a Europa, pues hasta entonces, sólo se era conocido en México y sus alrededores. Pero, es trascendental recordar que el chocolate no comenzó siendo un dulce, que es como más se emplea actualmente a nivel mundial, sino como una bebida que el naturalista Carolus Linnaeus, en el siglo XVIII denominó Theobroma cacao, que quiere decir “alimento de los dioses”.

De modo más concreto, se tiene que la palabra chocolate, proviene del náhuatl xoco (amargo) y atl (agua), dando como resultado agua amarga, la cual se elabora a base de cacao, semilla que crece en un árbol que en la época prehispánica nombraban Xochicacaoatl (árbol del cacao). Dicha semilla, se fermentaba y se endulzaba con miel silvestre y se aromatizaba con vainilla, algunas personas le agregaban masa, con el fin de que este fuera más nutritivo. Esta última preparación, actualmente se puede comparar con el champurrado. Como último punto, es importante señalar que el cacao no sólo se empleaba para el consumo y elaboración de bebidas, sino que también funcionaba como moneda de cambio con otras culturas al sur de México.

Chambelán / XV años

Chambelán proviene del francés chambellan, y en el siglo XV, la función principal de un chambelán, era acompañar y/o ayudar al rey en su cámara. Debido a este significado, no se tiene claro si el origen de la celebración de los XV años en México (donde los chambelanes se han convertido en una parte fundamental), es una celebración de origen prehispánico, o europeo.

Al respecto, es posible que por parte de los dos exista una evolución de la misma. En cuanto a la cultura prehispánica, se cree que podría ser una representación de cuando se les informaba a las jovencitas sobre sus deberes, las tradiciones y se le proporcionaban consejos que le ayudarían para llevar una vida en armonía con su cultura. Mientras que, por la parte europea, se relaciona con el hecho de que, era a esa edad aproximadamente cuando se presentaban las jóvenes en las cortes. Este último aspecto se popularizó en las clases altas del continente americano, pero con el paso de los años, se divulgó entre los barrios de la actual Ciudad de México, como un modo de presentar a las jóvenes ante la sociedad, la transición de niña a mujer, con regalos como su última muñeca, sus primeras zapatillas y su “primer” baile, para el cual es acompañada por el chambelán, quien baila con ella y la acompaña durante el evento. Es importante señalar que, el chambelán más que ser significativo, es simbólico, ya que representa una transición en la vida de la quinceañera.

Bibliografía:

- Reyes, Nayeli (2018). Cuando la fiesta de quince años se volvió popular. En El Universal. Disponible en: https://www.eluniversal.com.mx/colaboracion/ mochilazo-en-el-tiempo/nacion/sociedad/cuando-lafiesta-de-15-anos-se-volvio-popular

- Etimología (2019). Etimología de Torta. Disponible en: http://etimologias.dechile.net/?torta

- Cervantes, J.; García, R. et. al (2012). Xocolatl: antes alimento de los dioses, y ahora.... Revista de divulgación científica y tecnológica de la universidad veracruzana. Volumen XXV Número 3. Disponible en: https://www. uv.mx/cienciahombre/revistae/vol25num3/articulos/ xocolatl/

- Tamales emporio (s.f.). El tamal y sus orígenes. Disponible en: https://www.tamales.com.mx/pages/ el-tamal-y-sus-origenes

¿amar La trama o eL DesenLace?

Demasiado

amor

El deseo, el amor, la pasión ¿Qué sentimos cuando revivimos nuestras experiencias que nos remiten a estos sentimientos? Poner en palabras lo que arde en los cuerpos, mientras viajamos por el país y transitamos rincones de forma minuciosa en la diversa República Mexicana, a la par que mantenemos una relación epistolar con una persona querida. Este ejercicio que suena tan íntimo y cotidiano es el planteamiento de Demasiado Amor de Sara Sefchovich el libro que reseñamos esta semana.

Sara Sefchovich es socióloga e historiadora, investigadora y profesora de la UNAM, escritora de novelas, ensayo y artículos para periódicos y revistas. Ha escrito las novelas La señora de los sueños y Vivir la Vida. Y en ensayo País de Mentiras y ¿Son mejores las mujeres?, entre otros títulos. Demasiado Amor obtuvo el premio Agustín Yañez.

Para entrar a la novela podría ser útil en primer lugar, reconocer que hay muchos lugares de nuestro país que no conocemos porque la autora nos lleva de viaje minuciosamente y nos presume la comida, la describe tan a detalle que da hambre y ganas de tomar un autobús o conducir hasta allá. La estructura de la novela está dividida en varios planos, el primero el relato erótico entre unos amantes desesperados, una relación rara y oculta, luego en la descripción de los viajes, avanzamos y Beatriz nos cuenta otras aventuras en su día a día y finalmente la relación epistolar entre dos hermanas.

No todo se dice desde el principio descubrimos que Beatriz envío a su hermana de edad avanzada a un pueblito Italiano donde quieren establecerse y dejar la vida que conocieron para dar paso a un ambiente tranquilo y cómodo, su idea inicial es montar un hostal para alojar huéspedes, entendemos cómo van las cosas a través de las cartas, sólo podemos participar de las respuestas de Beatriz a su hermana, mientras todo se sale de control porque en el camino las cosas no resultan como lo planeaban.

Nos acercamos a la independiente mujer que se vale por si misma con un empleo y una vida libre, pero al mismo tiempo atada

Quise agotar contigo todas las posibilidades, vivir contigo todos los excesos. Te seguí por los senderos oliendo el polvo que guardaba tus huellas, el aire que guardaba tu olor. Te seguí por las montañas mirando el pasto que habías pisado, la luz que conservaba tu imagen. Te seguí por todas partes, siempre dispuesta para el misterio de tu amor. Te seguí sin destino, sin plazo ni tiempo, sin orden ni plan, tuya a todas horas y en todo tiempo, en todos los momentos, en lluvia, en neblina, de noche y de día, siempre lista, siempre abierta, siempre entregada, tuya. Fui la empapada en una tarde de tormenta, la acostada todo el tiempo y a cualquier hora, la que no conservó intimidad. Fui la que te entregó sus sueños, la que te esperó y la que te inventó. Fui la que vivió por ti, por los amaneceres contigo, por tu cuerpo, tu boca, tu pelo y tus dientes, por tus manos y tu olor, el olor de tus dedos que me habían recorrido, el olor de tus líquidos en las tardes. Fui la sorprendida, la estremecida, la inquieta, la procaz, la temerosa.

por la necesidad de obtener más capital para conseguir el sueño italiano, dinero que envía sin medida a su hermana. Veremos cómo Beatriz pierde el control de sí misma.

El tono erótico es magistral, el deseo como una llama gigantesca que nos asombra por el detalle con que son descritos los encuentros; si algo podemos destacar de esta novela es la minuciosidad de las descripciones, la capacidad de ver los cuadros completos desarrollándose ante nuestros ojos, que la convierten en un libro fácil de leer que nos contagia, y nos lleva como en un vaivén de experiencias: si no has viajado, viajas, si no has sentido con profundidad, te lo imaginas, si te has entregado así, te proyectas.

Son todas esas características que definen a una mujer libre, esas que a la sociedad tanto les cuesta aceptar por todas las etiquetas que aún pesan sobre lo que “una buena mujer debe ser” servir a otros, negar la parte

sexual, guardarse para que el hombre la elija. Beatriz nos enseña lo contrario, pero al final las mujeres libres renunciamos a ser esclavas del amor, aunque aceptamos que amamos con demasiado amor nos toca, porque nos lo debemos, renunciar y seguir en la búsqueda de la congruencia que nos hace libres y mujeres. Esta novela fue publicada por primera vez en 1990 son casi 30 años de conocer a este personaje transgresor y adelantado para su época, pero fue también como la misma autora lo ha dicho un buen momento para recorrer México, eso ha cambiado no podríamos hacer esos viajes con tanta tranquilidad como en su momento lo hizo Beatriz y eso es lamentable. Para hacer esta reseña acudimos a la edición especial del año 2015, enmarcada en los 25 años de la novela, que incluye el postre que Sara Sefchovich nos regala con las aventuras de la novela en su tiempo de presentaciones por los rincones de la República Mexicana, siendo congruente con su espíritu viajero, de esta manera relata una anécdota muy graciosa sobre su presentación en Colima y cómo por circunstancias incómodas tuvo que quedarse sin cenar esa noche. Entre muchas otras vivencias que le regaló, y sigue haciéndolo, este entrañable pedacito de vida, de todas aquellas mujeres que somos o que nos hemos propuesto construir y deconstruir. Este libro puede ser leído en varias etapas de nuestra vida para ver en qué lado de Beatriz nos encontramos o cuanto más o menos Beatriz nos descubrimos.

Puedes escuchar la reseña semanal a las 11 de la mañana todos los viernes por 94.9 FM en Universo Radio durante el programa “Aquí entre nos”.

El grupo artístico CPU y el Centro Cultural Navarrete

Sensualidad y cultura regional en la novela de Guillermina Cuevas: Dulceyprehistóricoanimal

(Información obtenida del documento titulado: Datos biográficos mínimos de escritores colimenses. Nacidos aquí, avecindados, radicados o de pasadita Material inédito del maestro Víctor Gil Castañeda, 363 pp.)

La novela Dulce y prehistórico animal, de la narradora y poeta colimense Guillermina Cuevas Peña, se compone de 141 páginas y fue impresa por PuertAbierta Editores en abril del 2012.

Es una obra divertida, inteligente, bien escrita, llena de humor y fina ironía. Hay numerosos temas que nos envuelven como lectores, entre los cuales podemos citar: la simbología angelical, el deseo sexual, la sensualidad y el erotismo, la geografía de los personajes, referencias musicales, referencias gastronómicas y culinarias, el oficio de escribir o ser escritora, crítica social y política, literatura colimense, la homosexualidad o la diversidad sexual, los temas marinos y del océano, el gusto por el cine, narrativa fantástica, incidencias autobiográficas, las bellezas del paisaje colimense, la búsqueda incesante del amor y los orígenes de la propia novela.

La obra nos cuenta las peripecias, amarguras, desdichas, alegrías y sinsabores de una escritora. La protagonista es una autora que adopta diversos nombres. En ocasiones se transfigura en Laura, otras veces en Mary, luego se autonombra Morena, más adelante aparece como Elina, aunque ella misma dice que podría ser Cecilia, Amalia o Lucinda. En la página 13 nos deja perplejos: Dice que no le importan los nombres que tenga como personaje, ella juega con nosotros, y al final la confusión es un agradable juego

de metalenguajes y metamorfosis. Escribe: “Elina sugiere un bautizo mutuo, pero a mí los nombres para una novela me valen madres. Yo soy Mary y me siento orgullosa de mi nombre, no lo cambio aunque mi apariencia física sea distinta para cada uno de los Héctores”.

Y es que el otro personaje camuflajeado se llama Héctor. Tan variante y caótico como ellas. Es el varón anhelado por las mujeres a lo largo de la historia, gentil, vigoroso, fuerte, amable, amoroso, romántico, fogoso, con dinero y muy fiel. Esta personalidad múltiple del hombre solamente existe en la imaginería femenina de la relatora, porque en la vida real de sus mujeres descritas, el desánimo es la principal alcancía existencial. Por eso le inventan cualidades y apetencias, como Héctor El dramático, El enmascarado, El platónico y El angélico. Cada una de estas personalidades satisface a cierto tipo de mujer, pero deja vacíos otros recovecos del alma.

De pronto el diálogo femenino se vuelve caótico y paranoico. Se nota una melancólica ansiedad por abarcarlo todo, aunque sea un producto de la imaginería y los recuerdos siempre inalcanzables. Lejanos e idos.

Una de las protagonistas de la novela es una reconocida maestra y escritora que ha perdido su empleo. Le reclama a su sindicato y autoridades que hicieron muy poco por ella, dejándola sumida en la inestabilidad. En la página 91 cuenta: “Esconderse a la hora de la depresión, alejar a Mary para que los fracasos no la manchen…Volver a los versos, cortar las líneas del lamento. Escribir saludos para un pueblo, por ejemplo, desde el más oscuro rincón del desempleo te saludo Colima”. Reafirmándose en la voz narrativa de

Elina, agrega en la página 99: “Era entonces una verdadera amanuense nocturna y en las horas de sol impartía clases a destajo. Cayó en la tentación, ella lo sabe. Se quedó sin empleo y se alejó de los amigos”.

Al poco tiempo hace los trámites para conseguir una beca, pero los organizadores se “la hacen de tos” con una traición que raya en la inquina. Antes de salir de su asombro, la depresión guarda los aparatos de la creación literaria, se desquita con ellos, diciendo en la página 103: “Aceptar el fracaso, la imposibilidad; ser honesta y regresar el dinero, los tres pagos de la incipiente beca que al jurado le mereció este proyecto tan desatinado. Si el apoyo no puede rescindirse -qué palabra tan conspicua- ofrecer a cambio los relatos “Arroz y gallo muerto”, “Una fábula para tri” y otros que pertenecen a distintas vertientes”.

Ésta es una dura crítica al Sistema Nacional de Becas, en todos sus órdenes, pues en los medios informativos nos hemos enterado cómo las becas de creación (FECA, CNCA, Conaculta, Fonca, etcétera), muchas veces caen en manos de parientes y familiares de los directivos de esas instituciones. Lo mismo ha sucedió en el máximo organismo del Conacyt, donde las han entregado para fortalecer negocios y empresas de una misma genealogía. Recuerdo que en las llamadas becas Supera, los directivos las otorgaban por un monto muy bajo a los profesores. Se las cancelaban por un año. Luego se las volvían a entregar, pero sin los intereses generados en el año anterior inmediato. Y al final del ejercicio académico, aparecían en los informes de las instituciones, pero con un mil por ciento superior al que se habían otorgado. La pregunta siempre era: ¿quién se quedó con el otro novecientos por ciento, si yo

nunca lo recibí? En el nivel de primaria y secundaria sucede algo similar, porque las becas son recogidas por los familiares del alumno y terminan cambiándolas en un botanero, cantina, o antro de vicio.

Cuando Elina se quedó sin trabajo y después que la corrieron, decide visitar a su Excelencia, el poderoso político. Este hombre de poder la conmina a seguir sacrificándose y superar las adversidades. Como premio por su visita, le regala vestidos usados de la Primera Dama y se los pone en una bolsa de plástico. Qué paradójico. La novela se escribió hace más de 15 años, dice la narración (hacia 1997) y en julio 2012, en el periódico El Noticiero, una enfermera con más de 17 años de labor en la SSA, leí que fue despedida, sin que nadie del Gobierno del estado la apoyara. ¿Presagio, veracidad, vigencia, impunidad laboral?

Lo maravilloso de la novela es que se inventa a sí misma y a sí misma se niega. Una de las protagonistas platica con Mary, arguyendo que las primeras imágenes de esta historia nacieron en el

periodo julio-agosto de 1993, después de ver una sensual fotografía en la revista Tierra Adentro, donde aparece un ángel candoroso -comenta la protagonista-, aunque no se advierten los genitales de efebo en reposo y que Mary describe como glúteos fuertes, de una hermosa obviedad.

Sin embargo, también se hace mención a la revista Objetivo Italia, publicada por la Universidad Autónoma de Puebla en 1987, donde se describe un ángel bellísimo, envuelto en una fina red y una malla sobre un cuerpo magnífico (páginas 123-124). Pero al final del relato no sabemos con certeza quién construye a qué personaje. La autonegación es obvia: “Tiene razón Elina, yo no existo, soy un juego que empezó con dos revistas, con dos fotografías. Tiene razón Elina, yo no existo, tampoco existe Héctor El dramático (páginas 134-135). Y así, como un torbellino narrativo, vienen a nuestra memoria, como lector despistado, las confluencias de las imágenes visuales, los protagonistas, las anécdotas y sus referencias en un placentero caos de la imaginación y la fantasía.

Artes

Continuando con la dinámica de la semana pasada, #NaturalezavsHumano, en esta ocasión les traemos una breve selección de fotos que no se podía quedar fuera de foco, ya que como desde el inicio lo dijimos, es un tema muy importante que nos lleva a reflexionar sobre la manera en que habitamos el planeta. Les agradecemos a todos nuestros colegas que se tomaron el tiempo de salir a cazar sus imágenes o buscar y rebuscar entre sus archivos para presentarnos un instante de lucha entre la Naturaleza y el Humano.

Naturaleza vs. Humano

Adrián Madrigal Llamas.
Charly Morales.
Xook Colima.
Oliver Tema.

Tres tragos: Tejuino, tepache y tuba

Les invito a beber tres bebidas colimotas, una más que las otras y sabiendo que hay más, saboreemos éstas que inician con T de sin tacha. Tejuino, muy antiguo, refrescante y saludable, además de tener el sello prehispánico que le confiere el maíz. Tepache, se podría describir como un licor de piña, se obtiene de la cáscara de la fruta, aunque también se utiliza la pulpa. Tuba de coco, la más joven de las tres y se califica de haber sido introducida, pues el cocotero arribó a América en el siglo XVI. Las tres, al fermentarse son alcohólicas, pero con muy bajo contenido etílico.

Hay quien al tejuino y al tepache les agregan azúcar o piloncillo -éste último popularmente conocido como panocha- para acelerar el proceso de fermentación, que debe interrumpirse al observar que burbujea; estos derivados de la caña de azúcar las transforman en mestizas. Pero, ¡no vayamos a regar el tepache! al intentar saber el significado del vocablo, que según lo consultado, el “tepachnekutli o tepatzi” -tepache en náhuatl- podría venir de: tepachohua, que significa aplastar, de tepachoa; prensado en piedra o de tepatltzin; persona o cosa que es curativa. Por otro lado, Tepatzin fue un héroe tlaxcalteca y en Puebla existe un pueblito de 360 habitantes con ese nombre. El tepache se bebía durante los cultos religiosos prehispánicos y según datos, se obtenía del fermento de otras frutas.

El tejuino se conocía como tecuini, tecuino, texhuino y tesgüino, del náhuatl tecuín, que significa comenzar a caminar e indica que se hace un tanto tembloroso, lo cual parece aludir al efecto alcohólico, o quizá, el término se aplique por el movimiento o hervor de la fermentación. El tejuino se difundió ampliamente por el occidente mesoamericano, principalmente por el territorio que hoy ocupan los estados de Colima, Jalisco, Nayarit y Zacatecas; es una herencia de los grupos autóctonos que utilizaban y todavía lo usan en algunas celebraciones.

El tejuino era una bebida sagrada, pues la humanidad fue hecha de maíz, la formación de nuestra primera madre y padre se hizo con maíces amarillo y blanco: “únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres”. En Nochistlán, durante las festividades de San Sebastián, que se celebran del 17 al 20 de enero, es tradicional beber y ofrecer el tejuino a los asistentes; en este pueblo mágico de

Zacatecas dicen que la receta la heredaron de los antiguos caxacanes, de ca-x-cān (no hay, no tengo), por ser un grupo nómada utoazteca, que los guachichiles describían como indómitos y rebeldes.

En el tejuino hay variantes, como es el grado de alcohol, más alto en el tesgüino que podría considerarse un licor. En ambos, según se le añada panocha o azúcar, el color será blanco como la masa u oscuro, cuando lleva piloncillo; estos ingredientes les dan un toque dulce y mestizo al tepache y al tejuino. En la región zacatecana, el tejuino se hace con maíz crudo fermentado y en otras regiones se elabora con nixtamal molido, es decir la masa de maíz con la que se hacen las tortillas y puede no estar fermentada. El sabor del tejuino cambia según el pueblo o ciudad donde se deguste; no es común encontrar el tejuino en un local fijo, como es el caso de las tepacherías, pero los tejuineros, se instalan día con día en un lugar determinado.

Los huicholes y los tarahumaras lo sirven en sus rituales sagrados. Los mazatlecos lo toman de modo similar a los colimenses o jaliscienses, con hielo, limón y sal, sin embargo pocas veces nos detenemos a pensar que cuando el calor agobia y tomamos un vaso de refrescante tejuino, con mucho hielo, estamos bebiendo un líquido que ha recorrido cientos y quizá miles de años en su elaboración, una bebida mexicana tradicional y antigua, tanto como el tepache… pero menos que la tuba.

La tuba tuvo que atravesar el océano Pacífico para llegar a Colima desde las Filipinas. De allá, las naves españolas trajeron los frutos del cocotero en el Galeón de Manila; la palma de coco (Cocus nucifera) se desarrolló bien en estas tierras y pronto la población colimense aprendió y se apropió de la cultura de la palma, el árbol de los mil usos, que proporciona techo y paredes con sus palapas y tronco, además de alimento y bebida con su savia transformada en fruto y de cuya carne se elaboran dulces y aceites.

Para obtener la tuba es preciso acondicionar la palmera, se eliminan los racimos viejos y las palapas secas para facilitar el manejo de la cubierta de los racimos jóvenes (la espata) y evitar que se abra la inflorescencia se amarra la espiga o tallito con un pabilo y se hace un corte en diagonal para que empiece a fluir la savia en un recipiente que se coloca exprofeso; el tallo de unos 50 cm de largo tendrá que ser doblado, con mucha precaución para no romperlo, a fin de que la savia fluya de la incisión que se

practicó. Al impedir que se desarrolle el racimo de cocos, se logrará que gotee la savia, cuya cantidad depende en buen grado de la finesa del corte y del momento en que se hace; el líquido será recogido por el experto tubero, que trepa ágil apoyándose en los cortes o escalones practicados en el tronco.

La tuba es una bebida dulce, refrescante, nutritiva y energética -término en boga-, es rica en azúcares, vitamina C, fósforo, aminoácidos y minerales, por ende, bien podría ser llamada el “Néctar de los dioses”; se toma fresca, pues a unas cinco horas de cosechada inicia la fermentación alcohólica, lo que hace posible su destilación para obtener el famoso “vino” de coco, nombre que posiblemente adquirió debido a su baja graduación de un 4 % de alcohol o por no destilarse. Por su apariencia podría asemejarse al pulque y lo mismo que éste, se le adicionan vegetales y frutas, resultando así la tuba compuesta.

Si no se detiene la fermentación alcohólica, en unos ocho días, la tuba se convierte en un excelente vinagre muy utilizado en la cocina colimota, sea para un encurtido de vegetales, en la sopa de pan o de boda y muchos otros platillos; en Colima se prefiere la tuba fresca y para detener el proceso de fermentación se hierve antes de almacenarla; se trasiega a un recipiente vegetal, balsas o bules, para ser expendida por los vendedores.

Los tuberos ambulantes y los que permanecen en lugares fijos ofrecen tuba natural o compuesta, a la segunda le agregan hielo y un medio kilo de azúcar por cada 8 litros de tuba; le dan color rosado, generalmente con jugo de betabel y le agregan fruta picada, granada, pepino u otra y al servirla, al gusto del cliente, le agregan cacahuates; más fina es la tuba almendrada, para acompañar a las enchiladas dulces, típicas de Colima.

La tuba inició hace unos quinientos años el largo camino hacia tierras americanas, es poco conocida fuera del territorio colimense, aunque se distribuye en Jalisco y otras zonas de México, actualmente no se obtiene el “vino de coco”, pero podría reiniciarse. El tejuino y el tepache, los heredamos de los ancestros mesoamericanos y se mestizaron por haber recibido el azúcar y el limón, con beneplácito para quienes la consumimos; lo mismo ocurrió con la tuba al aceptar los cacahuates; las tres son auténticas bebidas mexicanas y por supuesto colimotas.

mirtea@ucol.mx

El Panteón de Colima: la muerte como expansión de la ciudad

Texto y fotos/

No hay que lamentarse por la muerte, como no hay que lamentarse por una flor que crece. Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte. Charles Bukowsky

Colima es uno de los estados más pequeños de la República Mexicana, y tuvo que pasar mucho tiempo para que se pudieran encontrar características únicas de la cultura colimota, como son las tumbas de tiro1. En la actualidad puede apreciarse una de estas tumbas dentro de la zona arqueológica “La Campana”, donde también se localizan pirámides, vagos restos de lo que un día fueron casas y observatorios2 . Son justamente las tumbas de tiro lo que nos permite conocer parte del pasado cultural colimote, del mismo modo que lo hace el Panteón de Colima, ubicado en la colonia Las Víboras. ¿Imaginas cómo se fundó?

Las raíces de su fundación radican en la desesperanza y la enfermedad de un pueblo que apenas había conseguido su independencia, pues pasaron pocas décadas para que el estado perdiera la paz. Entre los meses de julio y agosto de 1883 hubo un primer brote de fiebre amarilla en Manzanillo, que afectó en menor grado a la capital, sin embargo, el segundo brote,

ocurrido a finales del mes de junio de 1884, golpeó drásticamente a la población (Dhylva, 1998: 116). En un inicio se tenía la confusión con otras enfermedades debido a que no se tenía mucha información al respecto, pero una vez que se supo sobre la fiebre amarilla, lo complicado fue alejarla del resto de la población.

En Colima había panteones atriales donde sepultaban a los sacerdotes, así como un panteón municipal para el resto de la población, y no había conflicto alguno por los espacios, pero con la llegada de la fiebre amarilla los fallecimientos se incrementaron de manera descomunal y el panteón municipal comenzó a saturarse; aunado a esto, donde se encontraba el panteón era un terreno plano, por lo cual en temporada de lluvias se predisponía al encharcamiento de aguas pluviales. El exceso de muertes, las lluvias y la enfermedad tenían paralizado al estado.

Cuando el gobierno comenzó a tener más conocimiento sobre la enfermedad, se dieron cuenta que no bastaba con sepultar los cadáveres para que el virus de la fiebre amarilla muriera por completo, no tardaron en pensar que se tendría que ubicar el panteón en un lugar mucho más retirado de la ciudad y se tomó el pretexto de que el panteón continuamente se inundaba para cambiarlo a un lugar más alejado de la capital, sin alarmar a la población.

En ese entonces el secretario de Gobernación era Gildardo Gómez, quien el 10 de octubre del año 1883 escribe un oficio para establecer un grupo de personas que

busquen un lugar para reubicar el panteón (Huerta, 1997:31).

A continuación, se presenta dicho oficio:

República Mexicana. –Gobierno del Estado Libre y Soberano de Colima.Secretaría al C. Dr. Gerardo Hurtado.

Presente.

Habiendo temores de que el estado pantanoso en el que ha quedado el panteón de esta capital por la abundancia de lluvias pudiera ser una causa para que se desarrollara entre la población alguna epidemia o peste por las emanaciones pútridas que se desprenden con la descomposición de los cadáveres á flor de tierra y entre el agua, puesto que ella impide cavar la sepultura a una profundidad conveniente, el ejecutivo ha tenido á bien acordar se clausure provisionalmente el panteón, abriéndose otro en un punto que sea materia de un examen detenido por parte de personas inteligentes y conocedoras de topografía de esta ciudad, así como de sus vientos reinantes. Al efecto el C. Gobernador me manda suplicar que usted asociado al Médico del Hospital Civil y de los señores Remigio Rodríguez y Arcadio de la Vega, se sirvan proponer a este Departamento el sitio más conveniente para el objeto indicado á la mayor brevedad posible, en virtud del ser apremiantes las circunstancias anunciadas.

Y lo comunico a Ud. Esperando se servirá aceptar la comisión referida en obsequio al patrimonio en Ud, reconocido.

Libertad y Constitución, Colima, octubre 10 de 1883. Gildardo Gómez, secretario de Gobierno (Sanmiguel, 1997: 31-32, citando a El Estado de Colima. Octubre 12 de 1883, N. 41, p. 163)

El panteón de Las Víboras fue la primera construcción del potrero “Las Víboras”, no son palabras agradables, pero las primeras personas que poblaron esos terrenos fueron los difuntos, de los cuales su cuerpo seguía emanando miedo ante un nuevo brote de la epidemia. Las personas en un inicio bautizaron a este lugar como “las tumbas del cerrito”, debido a la altura en la que se encontraban. Es importante señalar que entre las primeras víctimas de la fiebre amarilla, sepultadas en dicho lugar, se encuentra Francisco Pamplona, distinguido profesor de educación primaria, y entre sus alumnos se encontraron Gregorio Torres Quintero, Enrique O. De La Madrid, Balbino Dávalos, el presbítero Ángel Ochoa, profesor Hilario Cisneros, don Alberto Betancourt, Ponciano Dueñas, entre otros (Gobierno del estado de Colima, Secretaría de Cultura, 2006: 6).

Sin embargo, la actual colonia de Las Víboras comenzó a poblarse de manera drástica a partir de 1960, pues el crecimiento es inevitable, el panteón es necesario, muchas personas se marchan y otras ocupan su lugar en el planeta, los territorios se extiendan mediante la educación y la evolución del pensamiento. Es difícil saber de dónde venimos y a dónde

vamos, lo que es seguro es la importancia de la historia en la vida, nosotros vamos a morir, pero no podemos permitir que la historia lo haga, por ello, es importante conocer cómo se fundaron los lugares que nos rodean.

1 Estas tumbas son agujeros en el piso, en ellas depositaban al difunto acompañado de sus pertenencias, ya sean joyas u objetos, además de un perro hecho de cerámica para que lo guíe durante su caminar en la otra vida.

2 El objetivo de construir dichos hoyos para observar el cielo fue para enfocar una zona específica en el cielo y no perderse o distraerse con el resto de las constelaciones.

Bibliografía:

- Castañeda Campos, Dhylva. La fiebre amarilla y sus repercuciones, en Los años de crisis hace cien años, Colima, 1880-1889. Universidad de Colima. Ayuntamiento de Colima.

- Huerta, Roberto (1997). El campo santo de las víboras, una historia sepultada. Secretaria de Cultura. Gobierno del Estado de Colima. Colima, Col. México.

vereDa anónima

Amor asuntino

Texto y foyo/ Dalal El Laden*

El tiempo ni vuelve ni tropieza, pasa, se desliza por entre nuestras manos para perderse de ti, para que te pierdas sin él. El tiempo y su aliado, el destino, son cazadores implacables: todos somos sus presas y ninguna se les escapa.

Joaquín Marta Sosa, en No cesa de llover,página 356.

Sábado. Qué rápido. Cómo pasó esta semana. Tengo que ir a comprar perrarina. En el supermercado, por segundos, detallo a un niño de unos tres años dentro de un auto de juguete, intentando mover el rígido volante, riendo sin parar, sin fijarse en que se mantiene en el mismo lugar, ocupándose sólo en su alegría por –en su imaginación– estar manejando. Algo similar me sucede cuando estoy en este cuarto: aquí, al tomar el teléfono celular y ver fotos, leer noticias, muchas veces lo pongo en silencio, arrinconándolo en la gaveta de la mesa de noche para adentrarme más en mi mundo, tal como el niño que hoy vi, atento a su realidad, sin importarle nada más que su goce.

Ir a un supermercado aquí es revivir las idas a éstos en Margarita: debía agarrar fuerzas en la entrada, preparar mi mente antes de ver los elevadísimos precios, de caminar junto al desánimo de todos (“ni una galleta le puedo regalar a mi nieto”, “nos quedaremos sin pasta”, “no hay cloro”, “estos criminales nos están matando”), de notar la perplejidad de la mayoría al ver un carrito hasta el tope de víveres (“cuánto les costará ese mercado, cómo le harán para pagarlo”, silenciosas preguntas internas que carcomen el alma), de llegar a la caja sin efectivo (porque “no hay”) y pedirle a Dios “que no se vaya la luz”, que el Banco tenga conexión para usar la tarjeta. Después de todo esto, entrar a casa era un alivio (aunque no tuviera agua ni electricidad): cerrar la puerta (pasándole –previniendo un robo– muy bien la llave) y concentrarme (aún no sé cómo, ante tanto desgaste emocional, lo conseguía) en la lectura, en la escritura, dejando de lado (¿qué tan verídica será esta afirmación?) lo apenas experimentado en el establecimiento.

“Las tardecitas de La Asunción también tienen su qué sé yo, lástima que Astor Piazzolla nació en Buenos Aires y a nadie de acá se le había ocurrido decirlo antes (…) Eran las cinco de la tarde y los cerros del Oeste limitaban el paso del sol a la vieja ciudad enclavada en el valle de Santa Lucía, ni siquiera los altos robles centenarios que circundaban la plaza Bolívar recibían sus rayos en forma directa. No obstante, a través y por encima de sus frondas, el cielo brillaba con un azul claro de infinita transparencia”.

Francisco Suniaga, en Adiós Miss Venezuela, página 215.

Aquí, en esta habitación, “desconectada”, abrazo al tiempo y al destino, cierro los ojos, me creo en Margarita, sobre todo en La Asunción, en la plaza Bolívar, mi espacio favorito de la isla, inspirador como ninguno.

Aire asuntino

Dejo atrás la casa hecha oficina, su fragancia a años, su pintura rosada adornada de inexpresivas caras, gracias a la inevitable rutina. Me detengo, tomo la imagen sobre este suelo lleno de amarillo y verde, que también recibe al vaso plástico de vuelta pisoteado bajo el imperdonable rayo. Aun con el rayo, la brisa amiga entre las alpargatas, el traje azul, la guitarra y el sombrero del hombre, frente a este banco bajo las ramas, testigo de mi cuerpo inquieto, sediento de sombra frente a postes y vitrales.

Doce de mayo

Caminar en La Asunción detiene mis pasos, me sienta en el banco, me acerca un café marrón claro, me lleva a sonreírle al gato en el árbol, me dibuja en la rama tu corazón que extraño, regresa mi andar que hoy también canta que de verdad he amado.

Cuánto te extraño, Margarita; cuánto te sueño, La Asunción. Espero pronto poder volver a sentarme entre tus centenarios robles. En lo que llega ese momento, es para ti todo lo que mis dedos, desde esta distancia –en la que, recordando siempre al niño-maestro del supermercado, seguiré arrinconando el teléfono para agarrar más fuerza–, logren escribir.

Ghaza, El Valle del Bekaa (Líbano), 24 de agosto de 2019.

*ladendalal@hotmail.com / http://dalalelladen.blogspot.com

Pelos y prejuicios

Alo largo de la historia, el cabello se ha presentado como un símbolo de belleza, honor y nobleza. Comunica quiénes somos, cómo somos y la manera en la que nos expresamos. Los griegos, nórdicos, indios americanos, vikingos y japoneses, tienen algo en común: el cabello forma parte de sus creencias y cultura.

¿Qué es lo que determina la longitud del cabello de una persona? Esto, al igual que la perforación de las orejas a temprana edad y otras prácticas similares, inicia en los primeros días de vida. Si nacimos con pene entre las piernas, el cabello va corto; si tenemos vulva, va largo –o al menos debajo de las orejas-. Simple.

Aunque actualmente se relaciona lo largo con feminidad, es un concepto relativamente nuevo. Los primeros en emplearlo corto fueron los romanos, aproximadamente por el siglo V d. C., donde por estrategia lo utilizaban así, de esta manera sus oponentes no podrían jalarlo y eran capaces de reconocerse entre sí.

Diversos pueblos conquistados fueron impuestos a esta costumbre, -curiosamente lugares como Francia en el siglo XIII, siguieron utilizando pelucas algunos años-. Y de esta manera, generación tras generación, nosotros heredamos esa creencia que realmente es el resultado de un adoctrinamiento cultural.

perspectiva aDoLescente

La pregunta es, estando en el siglo de la revolución del pensamiento, ¿por qué las personas siguen siendo criticadas por su corte y color de cabello? Desde mirar con desprecio la trenza de un hombre, el reírte del rubio cenizo de tu compañera piel morena, hasta darle un zape a tu amiga con la cabeza afeitada.

Los comentarios al raparte el cabello son muchos. “Qué valiente”, “Te quedaba mejor largo”, “¿Te lo dejarás crecer?”, entre otros. No es de sorprender que los elogios fueron mayores por parte de las mujeres. ¿Cuál es el escándalo? Si me hago un corte que miles de hombres a diario se realizan sin repercusión alguna.

Mantener una autoestima alta es muy importante en todas las etapas de nuestras vidas. Sin embargo, existen factores que detonan una caída, como lo es el bullying. Según datos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ocho de cada diez alumnos sufren de abuso escolar; sin embargo, el 23% de los padres de familia dicen desconocer estos abusos.

Realizando una encuesta vía Twitter, personas de diversas partes de Latinoamérica comentaron que habían sido víctima de comentarios ofensivos y miradas de desprecio debido a su cabello. Pintado, decolorado, negro, rubio, rosa y azul; rastas, rapado, afro, rizado, lacio, hasta la cadera o hasta la oreja. Pareciera que no importa cómo tengas el cabello, siempre será motivo de críticas.

“Cuando cortas tu cabello es una contienda. Una se siente libre, con más movilidad y ligereza. Sin embargo, al parecer, cuando te cortas el cabello corto –siendo mujer-, parece que todos se ven en la necesidad de lanzar un juicio, ya sea aprobando o rechazando el corte”, fue uno de los comentarios.

“Usé rastas por dos años, tenía muchísima higiene. Aun así recibí muchos comentarios: mala influencia, que fumaba marihuana, que no me bañaba, que tenía piojos. En ese tiempo tenía 18 y como me afectaron mucho las críticas, me las quité. Aún con el cabello ‘normal’ siguen hablando, porque ‘no me peino’ o que ‘no me arreglo’. Ahí fue cuando entendí que la gente sólo quiere molestar”, dice otro chico.

El modo en que una persona elige llevar el cabello es una elección personal que refleja su personalidad. Y el hecho de que esta elección desencadene un problema mayor, es muy significativo. Debemos trabajar para educar desde las aulas. La escuela es nuestra segunda casa, donde podemos ser quienes somos asegurándonos que cuando lo hagamos, ni el sexo, la raza, ni el cabello detone un prejuicio negativo que pueda repercutir en nuestro rendimiento escolar.

naomi.villaf@gmail.com

*Estudiante del primer semestre de la Licenciatura en Psicología de la UdeC.

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