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Divagaciones de una mente sin reposo por Sugey Navarro
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Alan Ramos: los misterios de la comida tradicional de Zacualpan por César Barrera Vagabundos por Luis González
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Esto es lo que somos: cultura digital por Nadia Contreras
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La poesía es como una experiencia Sagrada: José Barocio por Manuel Delgado
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Letronauta por Wilberto Palomares
Las opiniones firmadas por sus autores no son responsabilidad de quienes editan este semanario ni de la U de C.

Fotografía/ Francisco Bueno.


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Alan Ramos: los misterios de la comida tradicional de Zacualpan
**El chef nos revela los caminos insospechados de las delicias culinarias de la vieja cocina colimota
Por César Barrera Vázquez
En el centro de Comala, como un oasis en el desierto, se ubica Casa Pascual, el restaurante del chef colimense Alan Ramos, un espacio donde la cocina tradicional se reinventa, sin perder el sabor primigenio, pero sobre todo siguiendo un principio fundamental en su filosofía culinaria: cocinar con amor.
“Cocinamos con amor”, dice un letrero que pende del rótulo de Casa Pascual, anuncio que da la bienvenida a los clientes. La frase trasciende el cliché publicitario para cimbrarse en el punto equidistante entre el paladar y la lengua, justo donde se organiza esa fiesta de sabores al probar la comida de Alan Ramos.
Aunque estudió en una escuela gastronómica de alto gourmet, el chef comalteco recuerda que sus grandes maestras son las mujeres de Zacualpan, comunidad de la cual abreva la cocina de Casa Pascual. También destaca la influencia de su abuela Mela, originaria de la comunidad de San Antonio, a quien rememora y se reconcilia cada vez que cocina.
“Hace como un mes me invitaron a cocinar. Son puras mujeres. Y me invitaron a preparar la comida para la fiesta del santo patrono del lugar. Es algo muy especial, porque para ellas los hombres no tienen que cocinar. Entonces para mí fue algo especial hacerlo con ellas”, rememora el chef, para quien esa comunidad de Comala reviste una gran importancia.
Alan explica que esta conexión con su abuela perdura al convivir con las mujeres de Zacualpan; “es encontrar en ellas esas facciones
indígenas de mi abuela, esas mismas palabras tan amorosas, pero ahora a través de otro cuerpo; sin embargo, con la misma vibración del alma, este amor por el campo”.
Al entrar a Casa Pascual lo primero que llama la atención son los matices y las texturas, desde el techo que evoca la petatera de Villa de Álvarez hasta los colores de la pared, entre naranja, blanco y guinda, cuya conjunción transmite la imagen pictórica de una guacamaya.
Luego están los olores, los sahumerios provenientes de las ollas y sartenes de la cocina, un vaho como de templo, una sensación insospechada en una cocina, en cualquier cocina, menos en ésta, donde Alan convierte un simple plato de tamal en una quimera, un mosaico de colores y sabores, una creatura fantástica que revoletea en mi boca.
Ver cocinar a Alan es como ver trabajar a un pintor, a un escultor que aprecia, sopesa cuidadosamente cada movimiento táctil. “Estar en una comunidad es estar en el fogón, la parte de las cenizas, es estar en el campo con las flores… cocinar y hacerlo directo con las manos”.
- ¿Sientes que estás rescatando las tradiciones culinarias?
- Más que un rescate, creo que simplemente cocino lo que me gustaría sentir. Y en este caso de los chacales que para mí es algo realmente complicado, porque me pongo a pensar en el contexto en que las personas van a sacar sus chacales, entre las piedras agarrándolos. Me gusta pensar en eso como punto inicial de la cocina.
Y es que la cocina de Alan trasciende el sentido del gusto, directo del paladar, para también invitar a la fiesta a otros sentidos, como el olfato, la vista y el tacto. Los colores que recrean a la retina desde la llegada a Casa Pascual; la experiencia sensorial del piloncillo en las yemas de los dedos, junto con la canela, el anís y las gráciles ralladuras de naranja, y junto con la delicia táctil, el olfato, las esencias tan naturales que abren el corazón.
“Creo que cocinar es una forma más de comunicar”, expone Alan, quien en ningún momento desatiende la cocina y

con destreza prepara chilaquiles colimotes, menguiche, pepena, bistec con papas, enchiladas colimotas con huevos estrellados, huevos estrellados con mole negro, frijol y arroz, entre otras delicias.
Mientras se coloca en la cocina con la misma determinación que lo haría el director de una sinfónica, Alan relata que le intriga bastante cómo se preparaba antes la comida y saber el porqué y cómo se incorporaron posteriormente a la dieta mesoamericana de la milpa aquellos elementos de occidente. Alan expone, además, que muchos elementos culinarios de la cocina tradicional ya están en desuso, “y se han extinto porque tampoco hay mucha documentación”, razón por lo cual a veces sorprenden los caminos insospechados que nos pueden llevar al buen sabor de la cocina y al placer de la comida.
-Te veo cocinar y es como si estuvieras pintando -le confieso a Alan-. Fíjate, por ejemplo, un tamal, tantos elementos que le agregas; yo los conocía nada más con crema y queso. Pero los ingredientes que le pusiste, aunque parecieran como arbitrarios, generan una sinfonía de sabor, toda una armonía de sabores.
-De repente cuando doy clases de cocina les digo que se tiene que generar una musicalización en la boca. Entonces, para mí, mi canción de vida es el Danzón número 2, y eso se tiene que sentir en la boca.
* Periodista egresado de la Falcom.
Vagabundos
Por Luis González*
Exiliados de su casa, un abuelo y sus dos nietos vagan por un Colima cuyo sol quema tanto como el olor de los baños de sus hoteles de paso.
Acostado, agotado, muerto de hambre. Después de horas caminando bajo el sol endemoniado del medio día, ésta banca pública es mi salvación. Juntamos, entre los tres, la morralla que traemos en los bolsillos para a duras penas pagar la entrada al Parque Regional. Lástima, yo la quería para comprar agua, pienso.
-Tito, ya vámonos a la casa, estoy cansado- dice Lalo, mi hermano, un niño de 11 años rebelde, desobediente, vale madre; probablemente esté igual de cansado que yo… incluso que mi abuelo, quien no lo admite: su hombría parece valer más.
Estar acostados en el pasto, bajo los árboles, nos otorga una frescura que nunca había disfrutado tanto ahora mismo, es por culpa de Lalo, y lo sabe. Aunque yo también fui niño, no sé cómo él puede llegar a ser así.
Ni siquiera sé cómo fui arrastrado a esto.
Estaba jugando en la computadora, o como dicen mis padres: “echando el vicio”, analogía de si estuviera fumando crack. Oí gritos: mi hermano estaba caminando de un lado a otro, alterado. No fue nada nuevo para mí, en mi familia cada uno tiene con su peculiar personalidad. Está el gritón, el borracho, el que siempre está enojado, el que quiere quedarse con la herencia y el que observa cómo todo pasa y no hace nada. Ese soy yo.
Mi abuelo, apenas distinguible entre la oscuridad que hay más allá de la puerta, me habló.
-¡Luis, vámonos!
Sin más ni más, entró a la habitación, agarró mi mochila y se quedó estático en la puerta, como si se hubiese desconectado. La voz de mi abuela más y más fuerte, cada vez más y más cerca, más y más molesta.
Sin hacer preguntas, apagué la
computadora sin haber terminado mi partida.
-¡Nomas que agarres mi carro. A ver que van a hacer, ya los quiero ver!
Es lo último que escuché de mi abuela. Detrás, mi abuelo azotó la puerta con tanta fuerza que pensé tiraría la estrucutra que la sostiene.
***
Caminamos cerca de una cuadra. Miro a mi abuelo y se ve agobiado. Al parecer la adrenalina pudo con él, quién lo diría. Se sienta en un pequeño borde de concreto que hay sobre la calle. Saca su celular y comienza a navegar en Facebook, parece despreocupado, me pregunto qué tanto estará pasando por su cabeza.
Su duro silencio se extiende casi cinco minutos. Lalo y yo no sabemos qué hacer, estamos ahí, sentados. Nuestro paisaje es la calle sucia y el pasar de los carros. Lo único que nos da luz son las lámparas descuidadas de la calle, amarillentas, su luz es tenue, estoy seguro que cualquiera se asustaría si nos viera aquí. Tengo frío, pero también miedo de decirle a mi abuelo que queremos dormir. Ya es la media noche.
De golpe, como cuando vas caminando por la banqueta y un perro comienza a ladrarte desde una cochera, mi abuelo comienza hablar. Es un sermón. En él le explica a Lalo cómo fue su culpa que estemos aquí, pero sin culparlo. Es sutil y cuidadoso con sus palabras. Finalmente, habla de los detonantes: un montón de trastes sucios, ropa desacomodada y cuarto hecho un desastre, todo pertenece a mi hermano.
No culpo a mi abuela, hemos estado viviendo con ellos cerca de nueve años, después de sus tres hijas, no tienen ninguna responsabilidad con nosotros. Es una persona extremadamente ordenada, que se enoja fácilmente, explosiva. Todos lo sabemos. Pero es algo que Lalo parece ignorar. ***
Llegamos a nuestra primera opción, el Motel Mina. Un lugar de mala muerte donde los que asisten son, en su mayoría, los hombres que salen a altas horas de la madrugada, acompañados de mujeres de compañía, en el Colima de noche. Hay un bar ubicado a unas cuantas cuadras de ahí. Afortunadamente no hay cuartos disponibles. Revisamos nuestras carteras y bolsillos con el fin de juntar todo el dinero
posible para poder rentar una habitación de calidad. Es imposible. Apenas y traemos para una noche.
***
Nuestra segunda opción: el Hotel San Lorenzo. No está tan lejos del anterior pero por lo menos se ve más decente. Sólo tiene un pequeño inconveniente. Está ubicado en la colonia La España, conocida anteriormente como una peligrosa, llena de cholos y violencia.
Rentamos una sola noche, una habitación del edificio de enfrente perteneciente al mismo hotel.
Hay una televisión antigua, analógica.. Dos camas forradas con ponchos que te dan comezón apenas te acuestas... pican. Una pequeña ventana donde al amanecer, apenas entra luz. Y un baño simple, un ácido olor entra por mi nariz, huele mal.
A final de cuentas, sólo será una noche. Qué más da.
***
Ha pasado un día. Un día de caminar bajo el sol, de tener hambre, estar sediento. Aunque parezca que todo está mejor, no es así. Estoy enfermo. Primer sospechoso: el sol. El dolor muscular y la fiebre se apoderan de mí.
No es tan malo como parece, ya estamos en la casa de una tía. Mi abuelo dejó su hombría atrás para pedir ayuda a una de sus hijas. Llevamos sólo una noche aquí, pero para mí es más que eso.
Luego de caminar como Will Smith en La busca de la Felicidad por un día, estamos bien. Mi abuela, aparece en la casa de mi tía. Dice, haberlo sospechado y acusa a mi abuelo de haber ido a molestar a otra casa.
Estoy tirado en el sofá mientras escucho todo. Prefiero usar aquellos objetos que nos salvan del aburrimiento, mis audìfonos. Finalmente, me quedo dormido. Al dìa siguiente, mi abuelo me dice que volvemos a casa. Al parecer, le contó a mi abuela mi situación y logró tocarle corazón. ¿Han conocido a una persona tan explosiva que actúa por impulso y luego se arrepiente? Yo sí.
*Este texto fue realizado como parte del Taller de periodismo narrativo “El ornitorrinco de la prosa”, impartido por Arnoldo Delgadillo Grajeda.
Esto Es lo quE somos: cultura digital
Con sentidos abiertos hay escritura
Por Nadia Contreras
En algún momento de nuestra vida dejamos de explorar, de ahondar en el vasto terreno de la imaginación. En algún momento, como docentes, dejamos olvidada esa chispa que incendiaba el corazón de nuestros alumnos; dejamos de oir, de sentir, de vivir. ¿En qué nos convertimos? En piedras, en sombras, en moho. Cuando tratamos de sacudir el alma inmovil; cuando procuramos quitar la pereza, la apatía, el repudio a las cosas que hacemos dentro del salón de clase, en la oficina, en casa, estamos dándole una oportunidad más a los sentidos. Eliminemos la expresión de que a nuestros alumnos no les gusta leer mucho menos hablar de poesía. A muchos les gusta, a otros no tanto o nada pero, sabemos perfectamente, que depende de cómo viven la experiencia. Si a nosotros como docentes o padres de familia no nos interesa, por supuesto, será un camino muy difícil.
Esta reflexión parte de algunas preguntas que me plantearon en el curso “Lecturas digitales” que impartí hace algunos días: ¿De qué sitio partir para que los alumnos en el salón de clase trabajen la creatividad? ¿Hay algun manual, receta que nos ayude como docentes a orientarlos, a sugerirle temas de escritura? Y remataban: “Es que a los muchachos ya no les gusta expresar sus sentimientos. Todo se trata del celular” .
Cada escuela y cada profesor debe adaptar sus estrategias a las necesidades de los alumnos, y de eso, hay muchísima bibliografía. Creo, sin embargo, que como docentes hemos olvidado la relación entre alumno y lectura (o literatura). En síntesis, alumnos que leen son alumnos despiertos. Ahora, ¿de qué pueden escribir? Sobre el pie, la mano, la muela partida a la mitad, el costurero de la abuela, las conversaciones, la película, el pregón de quien pasa frente a nuestra casa vendiendo hierbas medicinales. Todo, absolutamente todo es materia de escritura. Muchas veces no son los alumnos quienes muestran apatía por este tipo de actividades. Lo que sucede en estos tiempos sumamente ruidosos es que también los
docentes hemos olvidado lo que significa tener los sentidos aguzados. Hay una pregunta que Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez, plantean en su libro Escuela y poesía, y me parece conveniente: “El niño a quien nadie ha enseñado a escuchar el canto de un pájaro, ¿llegará por sí solo a descubrir toda la belleza que encierra ese prodigio de la naturaleza?”.
La escritura parte de lo que se indaga, eso que, incluso, para nosotros es desconocido. O de la revelación: un horizonte, un lago, un cisne. Sobre éste, me estremecen (recordemos el famoso poema de Enrique González Martínez) los versos de Delmira Agustini: “Pupila azul de mi parque / es el sensitivo espejo / de un lago claro, muy claro!... / Tan claro que a veces creo / que en su cristalina página / se imprime mi pensamiento. // Flor del aire, flor del agua / alma del lago es un cisne / con dos pupilas humanas, / grave y gentil como un príncipe; / alas lirio, remos rosa... / Pico en fuego, cuello triste / y orgulloso, y la blancura / y la suavidad de un cisne...”
En lugar de cisne, un gato, un perro, un pez, un perico. Todos, en algún momento, hemos tenido una de estas mascotas en casa. Otro escenario: ¿quién niega que el largo pasillo de los juegos o la habitación o la casa de campo, las eternas conversaciones sobre fantasmas o monstruos son asunto del pasado? En el presente, nada de esto existe porque nos consumió la edad, el cansancio, la repetición. Con este peso en los hombros, imaginen lo que proyectamos a nuestros alumnos. En fin, las luces del escenario se apagaron y la noche es la otra cara de la usanza. Las sombras no dicen nada. Pero ¿qué sucede cuando ponemos atención a la oscuridad? ¿cuando ponemos atención al cuerpo, sus voces, sus pesadillas, sus vacíos? ¿podemos motivar la creatividad de nuestros alumnos a partir de esto? Pienso en Xavier Villaurrutia, que en el poema “Nocturno grito”, revela: “Tengo miedo de mi voz / y busco mi sombra en vano. // ¿Será mía aquella sombra / sin cuerpo que va pasando? / ¿Y mía la voz perdida / que va la calle incendiando? // ¿Qué voz, qué sombra, qué sueño / despierto que no he soñado /
serán la voz y la sombra / y el sueño que han robado?”.
Para la narradora Soledad Puértolas, autora de El fin, Queda la noche y Compañeras de viaje, el ejercicio de la memoria recupera aquellos fragmentos de la realidad perdida. Los recuerdos como motivo para la experiencia creativa. Los recuerdos, esa otra realidad y sus espejos “se convierten en recreaciones inventadas, ya que al rememorar nos encontramos con nosotros mismos”.
El tiempo, su marca inacabable. Es destino, circunstancia, un juego (choque) de dados (Mallarmé) . En él, la realidad (volvemos a la realidad) es simbólica. Es muy interesante analizar el tiempo a partir de variadas perspectivas; el tiempo nuestro, este que marca el reloj de manera puntual y el tiempo que viven los personajes dentro de los textos, llámense cuentos, crónicas, novelas, poemas. El tiempo es un buen tema para confeccionar, tal vez, un ensayo filosófico. Pensemos, en los personajes de los relatos de Raymond Carver. Con un relato del autor basta para internarnos en calles y barrios desolados, mirar rostros que van y vienen pero sin disponer ningún tipo de amistad, relación, empatía con los vecinos, la comunidad. A Carver lo obsesionaban estas historias y sus sentidos estaban ahí. Pero si revisamos a Carver, debemos repasar también las narrativas de Chejov (su maestro, imposible pasar por alto su gran humor para ridiculizar), Hemingway, Saroyan, Miller. Si hablamos de aguzar los sentidos, nos damos cuenta que a la escritura se llega por múltiples caminos. No hay una vía única, no existen pócimas ni fórmulas mágias. Es la vida diaria, así, con sus triunfos, sus pormenores, sus derrotas. Es el cuerpo, el alma, el corazón, la sangre. Dije pormenores porque el dolor, la muerte, han dado textos que merecen mención a parte. Pensemos en Guadalupe Amor o en el poeta Henri Michaux (perdón por hablar tanto de él) que luego de la muerte de su mujer en un incendió, escribió un poema desgarrador que lleva como título “Nosotros dos aún”. Leamos un fragmento: “Aire del fuego, no supiste jugar. // Arrojaste sobre mi casa una tela negra. ¿Qué es

divagacionEs dE una mEntE sin rEposo
Cambio de casa
Por Sugey Navarro
En Instagram ha dado inicio un proyecto, que da lugar a que mujeres profesionistas, principalmente implicadas en el mundo de la creación literaria, muestren sus habitaciones, con una o varias fotografías del espacio adecuado para realizar sus labores, acompañado de una breve descripción de las labores de creación. Basada en la novela de la gran Virginia Woolf, Una Habitación propia, busca reconocer la necesidad de contar con un espacio desde el que se pueda crear.
Habito un nuevo departamento y sigo sintiendo que aún no cuento con mi propio espacio
A veces floto, al límite de la ausencia de gravedad, siento que avanzo sin rumbo fijo, que no puedo estar situada en un único espacio, una única silla, me estrello contra las paredes; necesito maniatarme al lugar en que pretendo quedarme. Otros días, como hoy, siento ajustado este sitio, me lastima hasta las extremidades y el cuarto, la oficina, cada lugar en que se sitúa mi presencia, infringen una presión similar a la ropa ajustada, a una faja de compresión que no me deja respirar con normalidad, de la sensación de unas esposas de preso, ceñidas en cada parte de mi cuerpo.
La vida está en el centro; la vida y las ventanas atestadas de cables entreverados, viejos.

esta opacidad en todas partes? Es la opacidad que cubrió mi cielo. ¿Qué es este silencio en todas partes? Es el silencio que hizo callar mi canto. // Para esperar me hubiera bastado con un hilo de agua. Pero te lo llevaste todo. El sonido que vibra me fue quitado. // No supiste jugar. Atrapaste las cuerdas. Pero no supiste jugar. Tapiaste todo en seguida. Rompiste el violín. Arrojaste una llama sobre la piel de seda para hacer un horrible pantano de sangre”.
Y finalmente, el celular puede ser una gran herramienta de lectura y escrirura. Claro, como docentes podemos sugerir a nuestros alumnos el uso de éstas. A continuación menciono algunas TIC que son interesantes para la labor docente: World Literary Atlas (http://www. worldliteraryatlas.com/es): Atlas que vincula ciudades y pueblos a las obras
literarias en las que aparecen y los escritores que las crearon; Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http:// www.cervantesvirtual.com/): incluye numerosos recursos para la enseñanza de la literatura española; Don Quiote de la Mancha (http://www.educa.jcyl. es/educacyl/cm/gallery/Recursos%20 Infinity/tematicas/webquijote/index. html), incluye juegos y actividades; Materiales de lengua (http:// www.materialesdelengua.org/): Página con multitud de recursos digitales y actividades para el aula de Lengua y literatura; y finalmente Apuntes de lengua (http://www. apuntesdelengua.com/): sitio de José Hernández Ortega con recursos, actividades, podcast, videos, juegos y muchas cosas más para trabajar la asignatura. Y si de escribir se trata, dos aplicaciones que funcionan de maravilla: Evernote y WeNote.
Hay algo que nos hace buscar la casa, calle.
Es cierto, yo no soy de aquí ni soy de allá no estoy en ninguna parte y por es por eso que temo el punto fijo nunca un marinero duró tanto sobre tierra.
No sabría vivir sin la oscilación de las aguas.
Los amaneceres que varían según la arena en que se admiren sin la inmensidad, la furia, y la imprecisión del tiempo.
Una habitación propia.
Hogar será donde habite mi cuerpo.

Voces de tres poetas colimenses: Alasalgritodelaluz
Por Lía llamas
En la desgarradura secular emergen cientos de discursos, notas amarillistas, beige y, últimamente, impactantes textos o fotografías llenas de diamantinas rosas. Es tanta la repercusión de las sacudidas sociales y, sobre todo, la connotación de las noticias negativas, que cuando salen a la luz unas alas que gritan un discurso artístico, es entonces cuando se vuelve muy necesario hablar del tema.
Siempre es salvable mostrar las partes blandas de una ciudad en violencia; hacerlo a través de palabras es como un bálsamo que nos recuerda la visión sensible del mundo, aunque éste parezca que se cae a pedazos. Precisamente y valiéndose de todos los aspectos de nuestra realidad, tres jóvenes colimenses suman sus poemas

como una manifestación que es una retórica al sistema. Parece, también, que es un proyecto que reta a la misma Avelina Lésper -si fuese crítica literaria-, a aportar una semblanza de tal caso, porque los tres escritores son una mezcla de letras muy interesantes. Y porque la poesía es y puede ser muy interpretativa, agradecidamente degusté tal belleza que ahora extrapolo a esta hoja. Cada uno de los escritores plasma sin tapujo sus versos, textos que poseen la esencia de sus personalidades.
Así, de la escritora Grace Licea tomo a borbotones su pronto lirismo, que a momento me sabe a rebelión y me recuerda a la vaga Lilith saliendo del edén en búsqueda de su abuelo rumbo al mar del Pacífico. De Nadia Contreras me quedo con su cadencia de versos que se mecen como cuentagotas en cada línea y me hace sentir una romántica a ratos. De Jaime Obispo, su irreverencia

¡Qué triste la muerte de los barcos! mirar apagar la llama líquida de sus ojos verlos sin sangre, contraer sus venas de acero enredarse después en la hierba marina.
Me apenan los barcos sepultados de muerte natural no tienen la fama del naufragio que los hace inmortales.
Convertidos en cadáveres, son el dilema de sus Dioses a dónde llevarlos, dónde ponerlos, dónde ocultar su cuerpo corrompido…
Su funeral es silencioso; cuando la tumba de agua se abre a ese corpulento ser de la mar, se le escucha el último gemir del mástil que se quiebra. y parecen cantar la ronca canción de sus padres: los árboles.
casi bucólica interpretando a un clochard mexicano bebiendo cerveza Corona en cada poema dadaísta o hedonista que es bautizado por él.
La finalidad de ese compendio poético es poner en alto a la poesía colimense, poniendo un foco de atención a lo que es verdaderamente capaz de mitigar tanta aspereza, de beatificar el presente inyectándole altas dosis de arte escrito.
Haré un énfasis en un aspecto que continuamente argumento porque a mí ver mundano, a la cultura colimense le falta incendiar de textos, libros y de carácter literario, las calles; le falta sumar de contagio cuando un escritor se enardece a publicar. Quizás por ello bien vale poner toda la energía para dar nuestro apoyo a cada nueva antología que nace en lo local. Ahora, sin más preámbulo, comparto partes de la poesía de estos talentosos colimotes.

La ciudad construye a toda prisa canchas, parques, complejos habitacionales, callejones donde la oscuridad teje candados:
zonas entre lo negro y lo blanco.
En ese caos sin tregua, los tejidos de la ciudad se completan y es como si esa piel, por debajo de la ternura, nos cubriera a todos.
Nuestros ojos tapiados no siempre coinciden con los misterios.
Sentencia
Por esos días andaba caviloso como atrapando moscas garapiñadas casi beatificado por los aires de la madrugada.
Iba a tu casa a buscarte. Abrías la puerta con el gesto que tienen las mañanas que no saben ser mañanas sino días de calor plenos de sol sonriente.
Entonces yo entraba sonámbulo a los territorios.
La poesía es como una experiencia Sagrada: José Barocio

Por Manuel Delgado Castro
Durante la presentación del libro Las perlas negras del poeta José Barocio, en el auditorio de la Casa del Archivo en el que participaron Verónica Zamora, Emilio Gerzaín Manzo, Mayra Vázquez, Ada Sánchez y Gloria Vergara, se dejó registro del escritor que se autoexilió y desde algún espacio de Estados Unidos guarda en versos el Jardín interior en la casa junto al río.
En su intervención, la doctora Ada Sánchez afirmó cómo el poeta recupera elementos de años atrás. José Barocio se fue de Colima porque simplemente no alcanzó un buen empleo, en la época de los noventa
no era posible encontrarlo. Merced Méndez Barocio vive desde hace 25 años en Estados Unidos. “Cito los libros del poeta: Tres pueblos editado por Praxis, Pronto iniciará la cosecha de Manzanas, entre otros.
La intolerancia de Estados Unidos no le impiden su creación, él comparte una visión del mundo. Ahora escribe lo que quiere y de donde quiere. “En declaración de amor de Efraín Huerta, me recuerda a los explotados”. José Barocio dedica al cuerpo gran parte de los poemas. Las perlas negras guardan oscuros enigmas.
La maestra Ada afirmó que le recuerda al poeta peruano César Vallejo, en el esquivo páginas negras. El poeta Barocio escribe sin temor de salir de Estados Unidos.
Mecheestá viviendo la nostalgia de los grandes poemas
En el acto, la poeta Gloria Vergara, además de presentar a los analistas del poemario, dijo que perlas negras está dedicado a Efraín Huerta por sus poeminimos, a Ricardo Castillo, para Huidobro y a uno de nuestros poetas de Colima, Rafael Mesina Polanco.
La irreverencia nos pone en línea con Nicanor Parra, Meche (así llaman sus amistades a José Barocio) me envía seguido las traducciones del español al inglés de literatos, además de escribir siempre Meche está viviendo la nostalgia de los grandes poemas.

La poesía es como una experiencia sagrada
Mayra Vázquez, egresada de la Licenciatura en Letras de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima, está terminando su tesis sobre la creación literaria de Barocio, ella afirmó que no conoce en persona al poeta, pero en una entrevista para avanzar en su investigación, el escritor le
expresó: “La poesía es como una experiencia sagrada. Escribir es un ejercicio personal íntimo. Poemas del deseo ya había sido publicado en 1997, (Poemas de la página 7 a la 45) El poeta traza las partes del cuerpo como un mapa. Barocio nos pone en la puerta de lo que quiere expresar.
Y Meche dijo un día…
Gerzaín Manzo Lozano, autor de la presentación del poemario, recordó algunas vivencias con su amigo poeta durante su etapa de estudiantes y creadores. Ellos, saliendo de la Universidad de Colima, caminaban hasta la radiodifusora, en aquel tiempo un medio del Gobierno federal.
Y Meche dijo: “Un día me voy”, y se fue. Y nosotros nos quedamos aquí.
“José Barocio hace del mundo
poemas infinitos tejidos de sonidos cristalinos y voces infinitas, cada estrofa hace que los lectores viajemos al interior de nuestros deseos. El deseo del poeta José Barocio derrumba las barreras de los sentidos, como el Sitio de Jericó, algo divino e imprudente, lo guía para que nosotros, atrevidos humanos, toquemos su voz y volemos en relámpagos u otras luces. Salud poeta José Barocio.
Estas perlas son para Armando López y Salvador Márquez Gileta
El cierre del evento fue luminoso gracias a la creatividad de la poeta Verónica Zamora, agradeció la invitación de Meche para la presentación, y recordó a Armando López, La Dorada , y a Chava Márquez Gileta.
De entre los comentarios de Verónica disertó en torno a los orígenes de las perlas: “La perla es concebida de una concha y la concha es propiedad del mar. Veo el libro desde la fotografía de Fernando Chávez (fotógrafo comalteco creador de imágenes de portada y contraportada del poemario).
Las perlas son esferas de nacar, surgen de los móluscos, de un cuerpo dentro de otro cuerpo surgen los moluscos. Estas perlas negras son las largas noches de Meche , son para La Dorada , para Chava Márquez Gileta.
Artes

La doble infusión en la poesía de Víctor Manuel Cárdenas

(El trabajo que a continuación se ofrece a los lectores me fue proporcionado por Josué Esaú Hernández Vargas, cuando cursaba el séptimo semestre de la carrera de Letras y Periodismo. Por ser una interpretación interesante en torno a la poética del colimense Víctor Manuel Cárdenas, se la ofrecemos en este espacio para su reflexión. Esaú Hernández había colaborado en aquellos años con los periódicos El Comentario, El Planeta y el suplemento cultural Cartapacios del Ecos de la Costa).
Para algunos autores (Novalis, Neruda, Darío) la poesía constituye un elemento circunstancial, capaz de generar una corriente afectiva. Para otros, es un quehacer cotidiano, vital, que establece “un código exterior de obligaciones y deberes donde el individuo sería el mito de sí mismo en la lucha con el mito de la abstracción social” (Guillén: 1971). Aunque otros autores (Villaurrutia, Cuesta) la consideran como una coraza que funciona a las mil maravillas para resguardarse de los embates de la realidad social. 1
La poesía sirve, en principio, considera Óscar Wong (La salvación y la ira) “como pretexto para cantarle a la excelsitud por excelencia, a las más estentóreas intimidades (y que después de todo al lector le importan nada). La poesía, manifiesta los procesos sociales, refleja la problemática del individuo inmerso en un tiempo y en un contexto geográfico determinado”. 2
Bajo estas concepciones se observan dos tipos de poesía:
-Una poesía intimista; más bien integrada por suposiciones subjetivas que, según Umberto Eco (Apocalípticos e integrados), sirven al poeta “contemporáneo” para conseguir una identificación con su lector y para construir mitos subjetivos y símbolos para expresarlos.
-Una poesía social, que manifiesta los procesos comunitarios, refleja una problemática del individuo y su entorno. Eco agrega que una poesía de este tipo, se fundamenta en una manera de sentir intuida, un pensamiento generalizado. En cambio, la poesía intimista, busca instituir una manera de sentir, instituir un pensamiento particular.
Aquí y ahora. Qué sucede aquí y ahora. Cómo se forma lo que sucede aquí y ahora, quiénes están aquí y ahora. Qué piensan quienes están y ahora. Qué hacen aquí y ahora. Son los fundamentos básicos de lo que, en los años ochenta, en México e Hispanoamérica, se conoció como la poesía “aquista”, el aquismo. La poesía aquista la podemos definir como: “un arte eminentemente realista, social y revolucionario que se caracteriza por su profundo sentimiento de lucha, frente a la dura realidad orquestada por el sistema imperante” (“Los Aquistas, el arte y la revolución”, ver La Salvación y la ira). En esta lucha, la poesía aquista se sirve de la palabra como “color fuerte” para dar ritmo a las impresiones anímicas del estado de actitud en que se encuentra el hombre frente a su mundo, su realidad y su sociedad. El aquismo acepta, en consecuencia, “la deformación” grotesca de la apalabra en cuanto sea un lenguaje usual: aquí, la inserción de otras lenguas, de símbolos provenientes de otros tipos de lenguaje (pintura, cine, música), ocupan un lugar importante en la manera en cómo dicen y piensan los aquistas.
Víctor Manuel Cárdenas utiliza muchos de estos elementos provenientes de otros lenguajes artísticos y también de otras lenguas, especialmente, el inglés, el blues, la pintura y el cine.
Aquí, habría que agregar la definición de poesía que ofrece Víctor Cárdenas: “en la poesía no puedes echar mentiras; en la poesía tienes que irte derechito a la verdad; lo que hay que pulir es la verdad: por más dolorosa o más festiva que sea, hay que tratar de llegar a la verdad exacta”. (En Doble infusión: entrevista a Víctor Manuel Cárdenas).
Para observar estos puntos donde se encuentran distintos lenguajes y sus respectivas simbologías cito un fragmento del poema
Blues en Chiapa:
Sin hacerle caso a los murciélagos
Se puede escuchar en Chiapa
Bajo la pochota central
Cjarle Parker
De cuatro hojas
Yo no tengo para qué inventarlo
Para creer de nuevo
En la libertad
Un blues
Recoje un trébol
Basta mirar
Al loco del pueblo
Ya se habían señalado antes los fundamentos y los compromisos de la poesía aquista. La manera en que cantan los aquistas es variada, inclusive sus convergencias tienen que ver con sus compromisos sociales, pero no estéticos, por eso, en esta generación que nació a mediados del siglo XX, cada autor ha usado la forma que más le convence y su coincidencia radica en “que el poema es un conjunto de actos reales y populares en el mismo arte de la palabra; propugna crear una nueva realidad mediante la palabra” (Los aquistas, el arte y la revolución). Por ejemplo, Orlando Guillén, canta escatológicamente las luchas sociales. Enrique González Rojo, hijo, canta la personalidad de las luchas (coloca epítetos a las batallas cotidianas). Víctor Manuel Cárdenas recurre a la música (ritmo, pausa, blues, jazz) para expresar su desasosiego cotidiano, su antipatía por la guerra y su fijación por descubrir la verdad. Las características entre paréntesis son sus características como poeta (forma) y las tres vertientes señaladas son sus tres conjuntos temáticos preferidos. Unos versos de él dicen:
No es caos sino enjambre Espejos adheridos a la realidad Que nos deviene cansados De no ser
Hasta la imagen.
En su etapa inicial de poeta, Víctor Manuel Cárdenas denuncia a la revista Proceso una matanza en la sierra de Chiapas. Escribe sobre esta matanza, en poesía (Árbol de ceniza), así:
Así los pobres niños y las mujeres no sabían cómo era que sucedía esto de la balacera, y hubo compañeros que perecieron, y perecieron mujeres también, niños, porque era nutrido el tiroteo entre nosotros, y así, huimos a las orillas del monte alto, huyendo, arrastrándose sobre el vientre porque las balas eran abundantes. Esta fue la tragedia que sufrió el poblado de Wololchán, causada por los finqueros, que estaban uniformados juntamente con los soldados. Los poemas cotidianos de Cárdenas apuntan hacia lo que él
llama un sacrificio: “artista es el que lanza una bomba porque todo lo sacrifica a un supremo instante. El artista niega todo gobierno, acaba con toda convención. Sólo el desorden place al poeta. De otra suerte, la cosa más poética del mundo sería nuestro tranvía subterráneo”.
Descubrir la verdad
Yo amo la realidad Yo camino cuando camino Y me siento cuando estoy cansado
Desde esta perspectiva, casi suprarealista, Víctor Manuel Cárdenas, asesta un golpe a la vitalidad de la poesía: “la poesía es pulir la verdad”.
El compromiso ético de este poeta es también, un compromiso estético. Eduardo Casar considera que esta característica de Víctor Cárdenas lo acerca a la “sinceridad emotiva de Jaime Sabines”, guardando todas proporciones. Creo que este rasgo en la poesía de Cárdenas es un leit motiv de la mayoría de los poetas actuales en el país: sin olvidar nunca el juego, el poder de la palabra y el compromiso con la sociedad, el entorno y uno mismo. Así, Víctor Cárdenas, que se considera un invasor en la literatura, es un buen ejemplo para maniatar esa idea intimista y no social de la literatura mexicana: una poesía del aquí y del ahora, “aquista”, porque “aquí está” el verdadero poeta.
Referencias
1 CÁRDENAS MORALES, Víctor Manuel. Fiel a la tierra. Presentación de Eduardo Casar. Ed. Instituto Colimense de Cultura / Gobierno del estado de Colima / CNCA. (Col. Volcán de letras). México. 1995, 225 pp.
2 WONG, Oscar. La salvación y la ira. Ed. Universidad de Querétaro. (Serie: Letras). México, 1990.

De gatos y cornisas
Por Wilberto Palomares
Vivo en una gran ciudad. Una de esas que, desde lejos, parece un bloque de pisos anodinos que se repiten una y otra vez en las cansadas calles. Sin personalidad, sin encanto, sin nada especial que me haga sentir orgulloso del sitio en el que vivo. Es más, casi estoy seguro que me avergüenzo si lo digo en voz alta.
Lo cierto es que me gustaría vivir en un bonito barrio residencial, en una pequeña casita en el campo o en un impresionante ático con vistas al mar, pero mi economía no me lo permite. Cosas de millennials. Al menos mi pequeña casa no está encajonada en uno de esos pequeños callejones angostos y sucios, sino que tiene frente a sí un hermoso parque.
Bueno, tampoco es tan bello, ni siquiera es lo suficientemente grande para lo que me gustaría, pero es mi ruta de escape, mi pequeña fuente privada de oxígeno frente a los grises humos del gran monstruo de con-
creto y cristal que es esta ciudad.
Pero, hay algo que me hace desistir de cualquier intento que pase por mi mente de cambiar de residencia. Es algo que me tiene esclavizado, como si fuese una droga que mi cuerpo exige para poder funcionar. Cada noche, subo las escaleras hasta el último piso, ese noveno piso sin ascensor donde vive la familia más ruidosa que hubiese podido imaginar y, en silencio, introduzco una oxidada llave en una pequeña puerta situada en el lugar por el que debería continuar la escalera.
No debería tener esa llave, pero me las arreglé para hacerme con una copia tras averiguar a dónde llevaba esa puerta. Con una pequeña linterna subo el último tosco tramo de escaleras. A partir de ahí, solo hay dos escalones de distancia hasta mi paraíso secreto y personal.
Salgo a la azotea.
Un aterrador placer me invade, al caminar sobre las débiles tejas, despacio, con una fingida ligereza para que no se arranque
ninguna. Suelo pasear sobre ellas durante un buen rato, contemplando cómo la noche se echa sobre la ciudad a mi alrededor.
Desde allí arriba me siento poderoso, invencible, infinito.
Me voy hasta la cornisa y dejo que los gatos callejeros se acerquen a mí. Ya somos viejos amigos. Pierdo la noción del tiempo, rodeado de mis fieles compañeros que nunca me dejan solo, observando las estrellas (las pocas que logran distinguirse), la ciudad, cómo se van apagando poco a poco las luces en las demás casas, imaginando historias para cada uno de ellos.
He escuchado un montón de historias en el barrio acerca de mí. Desde la intimidad de mi anonimato, ignoro y aliento los disparates a mi antojo, lo que hace que me sienta aún más poderoso.
Entre los más pequeños, circula el rumor de que soy un hechicero que cada noche se rodea de gatos negros para lanzar hechizos sobre la ciudad.
Sonrío…
Si supieran que tan sólo soy un hombre anclado a la azotea.





Figuras Geométricas
Por Brenda Rosales




Esta semana en el Club Fotográfico de Colima lanzamos a nuestros colegas la dinámica #FigurasGeométricas para que cada cual, desde su entorno, abriera los ojos a la geometría y nos mostrara con ayuda de su lente la belleza que simétrica, asimétrica, monocromática o multicolor de nuestros días. Por lo tanto, les recordamos que pueden visitar nuestra Fan Page* en Facebook para apreciarlas en su máximo esplendor.
A continuación la galería destacada de este reto semanal:
*https://www.facebook.com/ClubFotograficoColima/


Letras palabrario mExicano
Por Karla Patricia Valdovinos Mendoza
Achicopalar:
Achicopalar es una palabra que se emplea para describir el estado de ánimo de las personas que están tristes, dado que la palabra achicopalar hace referencia a achicar, motivo por el cual remite a una emoción de tristeza, depresión o soledad.
Ahorita:
Ahorita es una palabra meramente de uso oral, ya que incluso no forma parte del diccionario, ni en México, ni en la Real Academia Española de la Lengua, dado que es sumamente subjetiva. En México entendemos que decir ahorita, significa que determinada acción se realizará de en un tiempo no concreto, y es aquí donde radica la subjetividad de la palabra ahorita, ya que, para el mexicano, hacer algo ahorita, puede ser que realice a la voz de ya, dentro de cinco minutos, en media hora o en una hora, y la palabra engloba todos esos saltos temporales.
Apapachar:
Esta es una palabra muy peculiar ya que esta, sí se localiza en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, y es más conocida en otros países, sin embargo, se considera una palabra mexicana porque es oriunda de México. Apapachar proviene de la palabra náhuatl papatzoa, que quiere decir ablandar algo con los dedos. La adopción de una palabra náhuatl al español se dio gracias a que los españoles comenzaron a necesitar palabras con las cuales expresar lo que los nahuas querían decir, pues el español no contaba con las mismas visiones de mundo que los nahuas. Si bien en sus orígenes la palabra apapachar ya contaba con un significado que remite a la ternura y lo cálido, como parte de esta adaptación
al español, su significado comenzó a tomar significados más concretos, entre los que destacan: dar cariño, abrazar con afecto o dar una palmada de aliento. Sin embargo, la frase más destacada que se usa para describir el significado de esta palabra es: abrazar o acariciar con el alma.
Cantinflear:
Al igual que la palabra anterior, cantinflear es una palabra que ya ha sido aceptada por la Real Academia Española de la Lengua, donde las historias de la palabra cantinflear y apapachar coinciden en el punto de formar parte de la cultura mexicana, y difieren en su historia u origen. En el caso de la palabra cantinflear, viene de Cantinflas, apodo del comediante mexicano más conocido a nivel mundial. Este destacado comediante, se resaltó por el estilo peculiar que empleaba en sus películas, donde hablaba mucho pero sólo redundaba, en realidad no decía nada, a partir de ahí se tomó la palabra cantinflear, hablar mucho, y no decir nada.
Chilango:
Chilando es la manera en se refiere a las personas residentes de la ciudad de México. Se dice que sólo por esa asociación se da el sobrenombre, sin embargo, hay quienes afirman tener el conocimiento de que “chilango”, se le denomina a la persona que no es de la ciudad de México y que se va a vivir a la capital. Una persona de Jalisco que se va a vivir a la ciudad de México es un chilango o una chilanga, no el originario, a ellos se les denomina “defeños”, pseudónimo que desde que la ciudad ya no se llama Distrito Federal no tiene sentido. Una idea popular en los estados hace del chilango una comprensión no sólo geográfica sino también integrada por sus rasgos
sociales predominantes: movimientos, acentos, palabras, etcétera. La palabra “chilango” formula una adhesión de la persona y la ciudad, como si no pudieran separarse, una relación inextirpable con la urbanidad*.
Pulque: El pulque es una bebida de la cultura mexicana cuyos orígenes se remontan al mundo prehispánico, para quienes era una bebida sagrada, que hasta la actualidad se extrae del maguey. El procedimiento que se realiza consiste en raspar una cavidad en el corazón del maguey, en la cual va a brotar el líquido. Pero primero sale el aguamiel, y después de un par de días comienza a salir lo que se convertirá en pulque, pues es necesario que este se coloque en vasijas de barro o madera junto un poco de pulque ya hecho, para que así, a lo largo de un par de días se pueda llevar a cabo la fermentación. Es importante señalar que en la época prehispánica su uso era restringido. De acuerdo con la revista de Arqueología mexicana, sólo la consumían las personas ancianas, los enfermos, las mujeres que acababan de dar la luz, y las personas que nacían en los días que se celebraban a los dioses de esta bebida, Ometochtli o 2 Conejo, ellos estaban destinados a embragarse toda su vida.
*Agradecimiento a Mauricio Montaño, un defeño.
Bibliografía:
- Vigilangel (2011). El apapacho – profundo concepto de origen náhuatl. Disponible en: http://www.vigilangel.com.mx/ announcements/el-apapacho-profundoconcepto-de-origen-nahuatl
- Fournier, Patricia; Mondragón, Lourdes. (2019) “Las bebidas mexicanas. Pulque, mezcal y tesgüino”, Arqueología Mexicana núm. 114, pp. 52 - 59.
Xiquilite, la hierba azul que llamamos añil
Por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda
El añil es una planta tintorera y este nombre es de origen árabe, en náhuatl es xiuhquilitl, xiquilite o jiquilite, las dos se refieren al color azul. Xiuhquilitl o xiuquilitl o huiquilitl (la grafía x con sonido j o sh) está formado por dos palabras: xihuite -azul o turquesa- y quitiel o quelite –yerba, literalmente, xiquilite es la hierba que da color azul; tiene otros nombres en lenguas Mesoamericanas, como: Ch’oh (maya), moi-tza (chinanteca), nocuana-cohui (zapoteca), manat-yax (huasteca) o Pitzahoac en otomí. El cultivo del Jiquilite y la obtención del tinte se extendían hasta Centroamérica; de ese vocablo proviene el nombre de Jiquilpan –Michoacán- una vez productor de añil. En Colima ya no se produce, pero en la época novohispana, ocupó un lugar preponderante en la producción agroindustrial del estado, y hubo un momento en la historia en que su precio era equivalente al del oro. El xiquilite es un arbusto de 1 a 2 m de alto, es fanerógama de la familia de las leguminosas y sus poco más de 700 especies del índigo (Indigofera sp., Linneo, 1753) se extienden por las regiones tropicales y subtropicales del mundo. Es una planta tintorera notable porque la humanidad la emplea desde la remota antigüedad, que además del característico color azul, al agregarle ácidos o álcalis se obtienen una amplia variedad de colores; su producción empezó a decaer al inicio del siglo XX, e incluso se le consideró una maleza, por la síntesis de colorantes, al índigo artificial se le llamó azul de Prusia; no obstante, en algunas regiones mexicanas está aumentando su cultivo, por la demanda de colorantes naturales o eco-colorantes.
El color azul ha tenido importancia cosmológica para pueblos tan distantes como los mexicas y los egipcios, asimismo, este color, así como el púrpura y carmesí se han asociado a la realeza y la riqueza. Las especies del añil en América son distintas a las de otras regiones, pero aquí como allá, el colorante se ha usado en el teñido de telas, así como en cuadros, estatuas, iconografías y murales; como los murales de Cacaxtla (cacaxtli, canasto que se carga a la espalda), que fueron pintados entre 640 y 800 d.C., en la zona arqueológica, a 18 km de Tlaxcala. Sahagún y otros autores han descrito cómo se obtenía el tinte en la
época prehispánica: Se remoja la hierba, se la deja en reposo y se asienta en el fondo de la pila, luego de sacada el agua, como lodo, se deposita en recipientes donde se seca o cuaja al sol; el colorante se produce mediante la fermentación de las hojas y el tinte azul se desarrolla por exposición al oxígeno del aire. Todavía a mediados del siglo pasado, las abuelas colimenses utilizaban el añil en pequeñas cantidades, para resaltar el blanco de las ropas y todavía hoy, se agrega a los detergentes orgánicos como blanqueador; sin embargo, su uso ha disminuido y en su lugar se utilizan sustancias químicas, cuyo efecto fluorescente da la apariencia de blanqueamiento; al absorber la luz ultravioleta y la violeta del espectro electromagnético e incrementan el reflejo de luz azul, se disminuyen los tonos amarillos y da aspecto de blanco.
Las referencias indican que el colorante fue utilizado primero en la India, de ahí pasó a China y Japón donde por centurias, se ha extraído de la planta, asimismo, se usó en Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma, Mesoamérica, parte de Centroamérica , entre otros lugares. A Europa llegó de la India a través de Grecia, donde recibió el nombre de índigo (indikon ) que en griego significa “de la India”, literalmente, y después tintura; luego pasó al latín, indicum, y de esta lengua a otros idiomas.
Los griegos y romanos le dieron un uso medicinal y cosmético, al extraer la Indigotina del añil; en México, el Códice Florentino (siglo XVI) señala que “puesta la yerba sirve para las enfermedades de la cabeza”; a principios del siglo XX, el Instituto Médico Nacional reportó la indigotina como analgésica, astringente, antiepiléptica y antiespasmódica y actualmente, varios estudios farmacológicos han demostrado una acción antibiótica de sustancias extraídas del tronco y los tallos, mostrando un efecto depresor del sistema nervioso central así como hipotensor; pero, habrá que tomar en cuenta que las propiedades varían según la especie; en cuanto a su toxicidad, únicamente se ha reportado en casos de sobredosis. Se utiliza la raíz y menos la corteza y las hojas, una opción es prepara una decocción: 30 a 50 g. de corteza molida por litro de agua, se hierve hasta reducir a la mitad y luego se aplica de modo externo o se hacen gargarismos para aftas bucales, laringitis, faringitis.
El uso del añil, índigo o xiuhquilitl –jiquilitl- era raro y muy costoso en la Europa
medieval, por lo que se entiende que fue una de las plantas impulsoras de los viajes de exploración transoceánica; Francia y Alemania tenían el monopolio del cultivo y exportaban alrededor de 18,400 toneladas anuales, pero a partir del siglo XVI empezaron a dejar de ser la región del pastel, llamada así por la pasta que se formaba del añil; ya entre 1539 y 1544, de Nueva España se exportaron149,952 toneladas de añil.
En el Colima prehispánico se vendía una buena cantidad de esta yerba en los tianguis y se le prefería en el teñido de las mantas de algodón, por obtener distintas tonalidades de azul; las mantas se hilaban intercalando hilos teñidos de azul y rojo con los que formaban hermosos diseños, al decir de un alcalde español que asombrado de la belleza de las faldas de las colimotas, así lo dejó asentado; pero al ser prohibido el uso del añil, importante económicamente para su exportación, desapareció ese tinte de las coloridas enaguas y sólo quedó el rojo, obtenido de la grana o cochinilla (Dactylopius coccus), un insecto que se reproduce en el nopal.
Su aprovechamiento continuó a lo largo de la época novohispana, y del inicio de su explotación en Colima, se sabe que hacia 1622, ya comercializaban el añil – xiuhquilitl en volumen apreciable y se producía tan bien que se lograba un promedio anual de 5.52 toneladas y en el siglo XIX, Fossey la describe y anota que se cosechaba de octubre a diciembre. Cabe mencionar que la calidad del añil mexicano era tal que en 1876 obtuvo un diploma en la feria internacional de Filadelfia, por ese tiempo la producción era de 5.4 a 6.7 toneladas (1880 a 1887), la cantidad podría considerarse escasa, pero si se piensa que, dependiendo del grado de pureza de la pasta del añil, podía valer su peso en oro o aún más, entonces la perspectiva cambia. Entre 1900 y 1906, la producción había disminuido notablemente y representaba un 0.8% de la producción agroindustrial del estado de Colima, donde se obtenía en terrenos de los municipios de Colima, Cómala y V. de Álvarez, sobre todo en las haciendas de La Huerta, Los Pastores, La Cañada, Nogueras y Trapichillos, esto de acuerdo al informe de gobierno de Esteban García (1887). Actualmente ya no se cultiva pero se le puede encontrar en estado silvestre, en las zonas donde fue cultivado el Xiquilite - Añil. mirtea@ucol.mx
