Skip to main content

Número 384

Page 1


CONTENIDO

3

Esto es lo que somos: cultura digital por Nadia Contreras

4

Víctor Manuel Cárdenas, un poeta hecho en Colima por Víctor Gil Castañeda

5

Divagaciones de una mente sin reposo por Sugey Navarro

Un cortometraje es una carta de presentación: Seth Alvarezpor Manuel Delgado Castro

Gabriel de la Mora y el ADN del Arte por Brenda Rosales

6 12 8

Cañones de granizo, del mito al principio de precaución ambiental por Octavio Muñoz Mendoza

DIRECTORIO

M.A. José Eduardo Hernández Nava Rector

Christian J. Torres Ortíz Zermeño Secretario general

Vianey Amezcua Barajas Coordinadora general de Comunicación Social

Jorge Vega Aguayo Director general de Información

El Comentario Semanal

José Ferruzca González Director del periódico El Comentario

Yadira Elizabeth Ávalos Rojas Coordinadora de edición

Brenda Rosales Peña Información y corrección

Ma. Guadalupe Venegas Peregrina Diseño

e-mail:comentariosemanal@gmail.com

Síguenos en El Comentario Semanal

Las opiniones firmadas por sus autores no son responsabilidad de quienes editan este semanario ni de la U de C.
Fuente/ artelista.com

Esto Es lo quE somos: cultura digital

¿Puede la

tecnología hacernos más o menos inteligentes?

Hoy se lee más que nunca. Si somos de los que consideran que la lectura es un problema, estamos totalmente equivocados. Está comprobado que nuestros alumnos, por ejemplo, pasan alrededor de 11 horas frente a los dispositivos. Ahora pensemos en el resto de la población, su fervor inaudito a la pantalla. Para muchos, es una oportunidad para ampliar el conocimiento, para otros, lo contrario. Eduardo Andere, en uno de sus artículos, lo plantea de la siguiente manera: ¿Cómo, una misma tecnología nos puede hacer más y menos inteligentes? Cómo verán, el título de esta entrada parte de la idea de Andere. Condenar o satanizar el uso de la tecnología en el aula de clase y en la vida diaria es, por decirlo de algún modo, caldo de cultivo para la ignorancia. No podemos detener el tiempo como tampoco el avance tecnológico y aquí todos tenemos una tarea inmensa. Abro un paréntesis para retomar dos leyes que propone el propio Andere y que se relacionan directamente con la aplicación de la tecnología, porque no solo es decir “ahí está, úsala cómo quieras”. No, hablamos de brindar de manera responsable y ética, este cúmulo de instrumentos. A partir de esto, reflexionemos en las dos leyes de la pedagógica que propone el autor:

1. Primera Ley de la Pedagogía: El poder de la familia es superior al poder de la escuela. Aplica con neoliberalismo o sin él. No hay reforma educativa que supere esa Ley.

2. Segunda Ley de la Pedagogía: Una buena tecnología nunca superará a un buen maestro.

Si ustedes observan, estas dos frases involucran tanto a padres, alumnos, maestros. Se hace hincapié en la fortaleza de la familia y en el trabajo del profesor. Esto me hace pensar en la necesidad de rectificar la manera en que aplicamos la tecnología. Es nuestra aliada y si queremos, nos volverá más inteligentes, más competentes. Cuando hablamos de tecnología debemos entender que ésta nos obliga a replantear lo aprendido. Hacemos mal en reducir el uso

del Internet a las redes sociales y en copiar y pegar información para entregar trabajos académicos.

Se lee más que nunca, decía Observen: actualizaciones en el muro de Facebook, Twitter, Instagram. Agreguen el tiempo destinado a WhatsApp, Youtube, Netflix, etc. Si tenemos suerte, se leerá algún periódico o libro; si tenemos suerte, se profundizará en temas personales o académicos. En resumen, la lectura y la escritura están presentes, por ello, basta enfocar otros objetivos. Ya no podemos vivir sin Internet, entonces, hagamos con él algo provechoso.

Existen un sin fin de herramientas enfocadas a la lectura y a la escritura. Leer y escribir son hábitos que se pueden llevar a cabo en y desde la Internet. Además de vivir los libros, también hablamos de interactuar, enriquecer la lectura, ampliar su significado a partir de otros contextos. ¡Qué enriquecedor es conversar sobre libros en foros o plataformas de lectura! Bookmate o 24symbols son opciones que nos permiten acceder a infinidad de libros. Por ejemplo, 24symbols, tiene más de 5 000 en su versión gratuita. Y sobre todo la interacción, los grupos que podemos formar a partir de temas o intereses. Así como las charlas que comienzan a partir de novelas, películas, videos, podemos conversar en torno a los libros. Otra opción de lectura es OpenLibra que permite la descarga de libros y documentos. Por curiosidad, escriban los nombres de las apps mencionadas en el navegador o en la tienda de su móvil. Las apps han incorporado recursos para usarlas según nuestros intereses. Su desarrollo, podemos decir, se resume en tres tendencias: personificación, gamificación e interacción hacia fuera. Es decir, cómo quiero que se vea la app, color, fondo, fuentes,

etc.; cómo incorpora juegos, dinámicas de aprendizaje aún en entornos no lúdicos; y la información que de ésta podemos compartir con los demás. Las apps evolucionan, se adaptan y, muchas de ellas se diseñan para generar conocimiento. Veamos algunos ejemplos: si queremos enseñar a escribir a los más pequeños El abecedario Mario, puede ser muy útil. Otras apps que giran en torno a ello son myABCKit y Aprender a Leer que combinan ejercicios para aprender a leer y a escribir; hacen el estudio de la gramática ágil y divertido.

Por otro lado, tenemos las apps que permiten desarrollar narrativas digitales. Las llamadas storytelling. Se crean historias originales e incluso personalizadas, en este caso, utilizando aplicaciones específicas con las que se pueden grabar vídeos, incorporar

música, utilizar nuestra propia voz, escribir cuentos ilustrados, etc. Este tipo de apps, permiten ejercitar la escritura, la gramática, la ortografía y la creatividad.

La lista es inmensa pero bastan estos ejemplos para dejar constancia que el Internet, efectivamente, está más allá de las redes sociales; si queremos, podemos hacer que el aprendizaje de los niños, los adolescentes, los jóvenes sea tan dinámico y llamativo como su muro de Facebook o de Instagram. Lo que nos ofrece la web puede abrir puertas a un nuevo mundo, pero claro, si nos proponemos junto con ellos a embarcarnos en su búsqueda y aprendizaje. Y no olvidemos las dos leyes de la pedagogía acotadas por Eduardo Andere, tan poderosas, que cité párrafos arriba.

Fuente/ dinero.com

Víctor Manuel Cárdenas, un poeta hecho en Colima

Colima siempre ha tenido grandes intelectuales reconocidos a nivel nacional como Balbino Dávalos, Torres Quintero y la maestra Cuquita Morales, quien influyó, delineó o marcó la vida de un hombre que dominó la palabra escrita y hablada, el maestro Juan José Arreola.

Cuquita era amiga de esta familia jalisciense y el narrador Arreola, cuando aún era niño, la escuchaba con deleite cuando ella declamaba en los pasillos de la casona familiar. Todos estos autores ilustres dieron buenas semillas a su tierra. El resultado se está cosechando, pues hay frutos nuevos en las figuras de Avelino Gómez Guzmán, Verónica Zamora, Gloria Vergara, Michel Torres y Octavio Romero, por señalar algunos.1

En Colima quedó atrás el sentimentalismo o los escritores que no van más allá de vanagloriarse porque se les imprimió un libro, si se me permite decir esto. De este Estado y para la república se tiene madera con qué trabajar para un buen rato con la obra de Víctor Manuel Cárdenas; lúdica, candorosa, con exquisitos juegos de palabras, conceptos que nos remiten en cierto sentido al surrealismo, además que juega con nuestras ideas y a veces nos da pensamientos difíciles de aprender. Hablo en particular del poemario “Peces y otras cicatrices”, incluido en el libro Fiel a la Tierra Víctor Manuel Cárdenas descubre la armonía de las ideas sueltas, que poco a poco forman un concepto, sorpresivo al final, dejando al lector a la vera del flujo sensorial, sumergido en esa maraña de ritmos y frases reconstruidas que dotan de una gran fuerza el significado que quiere dar, como se puede apreciar en esta cita:

de pecera

Esto es lo que miro

Grisazul

Cristaldeagua

Conciencia por salir

Ola primera a la mitad del aire

Airemar

Azulmar

Espiral queme afirma

Lucha tenaz de rebelarme.

Queso de ratón

Ratón de gato

Gato de salto

Salto de aullido

Aullido de grito

Grito de vivo

Vivo de pez

Pez de queso

Queso de gato…

Y es que para este poeta no es lo mismo amarillo y azul que “amarilloazules” o “alasnomeolviden”. Seguramente el autor vio que este campo dotaba a la palabra de un significado rico, dotando de mayor imagen y poderío, al poema. Y no sólo eso, también adopta ese juego gráfico de las frases, remitiéndonos a José Juan Tablada. Otra constante que se encuentra en este poemario, aparte del gráfico, es el juego fonético en las palabras y lo hace en la mayoría de sus poemas. Ejemplo:

Celebro y disfruto, como muchos otros lectores, esta riqueza literaria expuesta en sus poemas, donde la estilística de su poesía es una fina amalgama, depurada de cualquier elemento que desequilibre esa aleación de recursos, y orgullosamente hecho en Colima.

Referencias

1 CÁRDENAS MORALES, Víctor Manuel. “Peces y otras cicatrices”. En Fiel a la tierra. Presentación de Eduardo Casar. Ed. Instituto Colimense de Cultura / Gobierno del estado de Colima / CNCA. (Col. Volcán de letras). México. 1995, ps. 45 – 84.

“Malagua 3”
“Pez
7”

divagacionEs dE una mEntE sin rEposo

Publicaciones:

el ser o no ser del oficio de la escritura

Hace poco, Julio Zamora, coordinador del Ágora , suplemento cultural del Diario de Colima , invitó a que compartiéramos nuestra palabra predilecta, acompañada de una descripción poética. Sin pensarlo recurrí a la palabra Efímero , a la que añadí la siguiente descripción y razones para ser de mis favoritas, si no la que más: porque pronunciarla tiene el mismo efecto de la ceniza que se deshace rápidamente al ser frotada entre los dedos, de la llama que nace de un fósforo, de un copo de nieve que se vuelve agua al tratar de poseerlo: brevedad que deja huella. Usual característica de lo que es intenso . Dejar huella , hace recordar lo mucho que me han preguntado, cuándo, al fin publicaré mi primer libro. Para nada lo digo como presunción o sintiendo esto siempre como un halago, pues quienes sin dedicarse a la escritura lo han cuestionado (estoy segura, con las mejores intenciones), ponen cara de duda al preguntar qué fin tiene lo que escribo si no es crear un libro. Cuestionan cómo es que aparezco en una lectura al público, llevo mis hojas aún con tachones y enmendaduras, y recito un montón de poemas en voz alta, que uno aquí y otro allá, seguro pudieron haberse convertido en una libreta completa ; nada potestativo en su tono: debieron , porque si no, qué es lo que pretendo, si como escritora no he producido nada.

En estos días en que para existir parece que necesitas haber producido una idea, negocio, hijo, libro; una creación física que haga constar que realmente eres, ¿no soy, si lo que he escrito no ha pasado de un portal electrónico, que se perderá en la inmensidad de la World Wide Web ? ¿no existo, porque la presencia en las lecturas públicas, acaban no al fin del evento, sino desde que después de tu participación, entregas el micrófono al siguiente compañero?

Por otro lado, los escritores, los que sí están dentro del mundo de las

letras, hablan de publicar como premio a la dedicación, reconocimiento a la presencia, a la constancia de estar ahí, como otros profesionistas harán mediante el registro de proyectos, o asistencia a ponencias, diplomados y cursos de profesionalización, de las que obra un documento con valor ante los otros: comprobar nuestra existencia en ese mundo-ocupación.

En este oficio, muchos nos vamos formando poco a poco con talleres, asesorías -los que han tenido oportunidad de obtener becas y otro tipo de estímulos-, asistencia a charlas y conferencias de quienes ya tienen un camino como escritores, y por medio incluso (quizá la principal o más importante), a través de nuestras propias lecturas; ese aprendizaje y know how que sólo puede aprenderse viendo cómo lo han logrado otros. Es así como nos faltarán pruebas de que hemos pasado a través de tal o cual lectura, estudiado a un autor a través de su obra o de lo que académicos interpretan de ella, de las tertulias de café y amigos de quienes se puede aprender igual o más que de un libro, de las bohemias de música y mezcal, de las noticias, amores, artículos periodísticos encontrados por accidente: no habrá otra forma de constatar lo que va alimentando ese bagaje cultural y emocional, más que la obra que resulte de la misma, del conocimiento aplicado. Bien dicen, esos maestros podrán enseñarnos cuestiones de redacción con técnicas que logren dar claridad a nuestras ideas, o compartirnos ejercicios que resulten detonantes de esa creatividad dormida. Pero los grandes, los justamente premiados, los que han llegado a volverse clásicos, o están en proceso de, siendo indispensables para entender al menos esta era y el rumbo de la literatura hasta hoy, sabrán que además del conocimiento de su lengua y las reglas y posibilidades de la misma para llevarla a los extremos o simplemente lograr que su uso logre entrar, conmover y quedarse en la humanidad entera, habrá un componente siempre

incógnito que hará fusionar y potencializar todo el conocimiento: ¿talento? ¿éxito? ¿un tercer ojo? ¿intuición?

Fue así que dejé de mencionar en mis síntesis curriculares (la que muestro en colaboraciones impresas, electrónicas y eventos de carácter literario) con quiénes había tomado talleres, para intentar que mis textos hablaran por mí y trataran de defenderse por sí solos. Me daba miedo señalar los nombres de mis maestros y poner la vara muy alta respecto a sus enseñanzas: que terminaran juzgando su calidad para compartir el conocimiento, a través de mis mínimos y contados logros y estoy segura, múltiples errores.

Aprendizaje, crecimiento, perfeccionismo, errores, evolución, trascendencia (¿será la in- lo que temo?), saber que una vez impreso no hay vuelta atrás. Ahí las respuestas a mi temor a ser publicada en un libro: la pesadilla constante de abrir una caja llena de libros con mi nombre impreso, y encontrar además de un montón de erratas: un título que habría decidido apresuradamente, con los tiempos límite encima, sin la certeza de que haya sido el más adecuado; una portada elegida por alguien sin antes siquiera haberme avisado; un poema que creí haber borrado de la faz de la tierra al haber sido escrito en mis inicios; el borrador de otro poema, que al pretender ser el mejor, habría sido casi reconstruido en una versión final que tal vez ya no vea la luz para no pecar de repetitivo.

Tal vez -quizá son únicamente un montón de excusas- ahí radica el amor a lo efímero, al encanto de existir por un momento, mostrarse ante la vida, los conocidos y los que aún no lo son, a través de un blog, un diario semanal, una página, una presentación de poemas y luego, volver a ser más nadie que nunca. Mostrarse y desaparecer, como lo harán las notas periodísticas y los anuncios, los carteles de los eventos. Ser y luego no ser, esperando haber dejado la recomendación de un libro, una frase, un verso, una idea resonando en la mente del lector, del escucha.

Un cortometraje es una carta de presentación: Seth Alvarez

Texto y fotos/ Manuel Delgado Castro

El guionista Seth Alvarez disertó la semana pasada en el Museo Regional de Historia de Colima sobre “Cómo escribir para cine”, presentado por la doctora Ada Aurora Sánchez, del Seminario Mexicano de Cultura, y acompañada por el cineasta Roberto Levy, quien entrevistó ante el público al escritor de textos para cine.

En su discurso, Seth, originario de Manzanillo, Colima, recordó que él se interesó por el cine desde el año 1977 con la película Star Wars: “Fue el cambio de chip en mi vida y mi mamá me dijo que Manzanillo solo servía para vender jitomates y chiles”.

El expositor se fue a estudiar Administración de Empresas a la Universidad de Guadalajara, donde también estudiaba cine y ahí se dio cuenta que no servía para director y “me dediqué al guionismo. Me dediqué a estudiar, -reiteroguionismo en Cuba, España y Ciudad de México.

Empecé a revisar las convocatorias. Hice un guión corto y me pagaron. En un artículo de cómo hacer cine aparece el guión hasta el final.

Al analizar la obra sobre el guión, de Syd Field, entendí que para trabajar el guión hay que contar una historia, como lo señala el libro Anatomía del guión. Para contar una historia se requiere del planteamiento,

desarrollo y desenlace. Sin estructura no hay guión”.

Seth se desplaza por el amplio escenario del Museo Regional y expone la importancia de Aristóteles al enunciar la importancia del Acto primero, Acto segundo y Acto tercero. Recordó la existencia de los cineastas que producen cine sin guión y citó a Paula Markovitch y a Fernando Eimbcke.

Enseguida, Seth Alvarez describió a grandes rasgos las etapas: La idea, tema, premisa, sinopsis, argumento escalera, un guión de tema atractivo que nos permita escribir para una película de 120 minutos.

La conferencia se fue transformando en clase. La audiencia, en mayoría alumnos de la Licenciatura en Comunicación de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima, expusieron sus dudas.

Al entrar a escena el maestro de cine Roberto Levy, vía sistema de conservatorio, Seth narró a grandes rasgos cómo escribió el guión de El ocaso de Juan, cortometraje multipremiado. Acto seguido se proyectó para continuar con las apreciaciones.

Seth respondió durante el interrogatorio que su sistema

de trabajo es dialogar con los directores del cortometraje. En un corto no se gana nada, pero es una carta de presentación, en España hay premios para los ganadores de hasta 20 mil pesos.

cinE-artE

Laniñaenlapiedra de Maryse Sistach

(La visión de violencia de género actual)

Cada vez hace más ruido que se aborde la temática de la violencia de género en las salas del cine mexicano. Es una lacra social que va más allá de las estadísticas trágicas e imparables. Se crean trilogías con ese tema cuyas consecuencias son tristísimas y, por lo mismo, muy difícil de digerir con propiedad.

La película de esta semana fue producida en el año 2006 y se desarrolla en un ambiente rural, donde la posición económica no favorece a los personajes de la historia. Conocemos a través de ellos que el acoso sexual no tiene un lugar preferido para acechar a las mujeres. Maryse Sistach, la directora del filme -que por su nombre pareciera de origen europeo, pero es más mexicana que el nopal de los altos de Jalisco-, bien pudo haber escenificado ese asunto del acoso a un punto urbano, pero consideró

necesario trasladar esa podredumbre a un pueblito sin nombre, donde se desarrolla con todas las aristas de lo deleznable que encara la misoginia y el abuso en contra de las mujeres.

La niña en la piedra cuenta la historia de una adolescente llamada Mati, que constantemente desdeña el corazón de su pretendiente, llamado Gabino. Ante el rechazo, el hombre maquina un plan de venganza que aparentemente se sale de control, aunque es necesario considerar que nada que tiene origen en la violencia no irá a salirse de contexto.

La tortura psicológica es parte de las películas con temas tan delicados como el que aborda La niña en la piedra. Siempre es una premisa para mí escribir que lo que se refleja en la pantalla grande, jamás se acerca a la realidad del sufrimiento de cada una de las víctimas que día a día se pierden y diluyen ante tanta inseguridad.

Me parece sumamente importante

referirme al mutismo social o miedo social que solo provoca silencio ante los actos impunes, es decir, se justifica con ello al atacante. Con el silencio se pretende evitar la vergüenza de saberse vulnerable o se trata de evadir el juicio de los otros. Aquí lo importante es formularse varias preguntas, principalmente para responder por qué, con muchos adolescentes teniendo un despertar sexual prematuro, estamos fracasando en transmitir valores y brindar educación para no crear depredadores sexuales.

La niña en la piedra me parece una película que llama a la reflexión sobre la mezquindad humana y sobre la pérdida total de la inocencia en un México tan decaído.

ADN del Arte Gabriel de la Mora y el

La identidad de un artista se labra a la par de la identidad de su obra. Así en la constante búsqueda de los elementos ideales para darles forma, Gabriel de la Mora, artista visual nacido en la Ciudad de México en 1968, ha llevado sus interrogantes y sus hallazgos más íntimos al exterior a través de su obra.

El pasado jueves 15 de agosto, tuve la oportunidad de asistir a la conferencia llamada Eco impartida por Gabriel de la Mora, quien fuera convocado por la Universidad de Colima a compartir su proceso creativo, técnicas y propuestas en su obra. Fue un momento cálido en que el público y el artista generaron preguntas y nuevas perspectivas a las formas más cotidianas del arte.

Gabriel tuvo un pasado como arquitecto, faceta que cerró a la par de un corte de cabello. La imagen de un artista lucía distinta a la del antiguo arquitecto, por esas mismas razones tuvo que encontrar nuevos materiales para expresarlo. Cabello humano, plumas de ave, cascarones de huevo, suelas de zapatos y hasta las telillas de cientos de bocinas se integraron a su propuesta visual. ¿Sabías que los bailarines suelen hacer agujeros casi perfectamente circulares en sus suelas? Me emocioné al reparar en este detalle y como es que la observación extiende las posibilidades de un mismo objeto, hecho o fenómeno. Cuando Gabriel de la Mora expresó su experiencia al trabajar con dicho material no pude evitar remontarme a aquella famosa frase de la película de Forrest

Gump “Mamá decía que puedes saber mucho de las personas por los zapatos que usa. A dónde van, en dónde estuvieron...” con la destreza que los años de expectación ante la vida que caracteriza a Gabriel, le es posible identificar si una persona es zurda o diestra, si tuvo alguna lesión o hasta su oficio, como en el caso de los bailarines.

Me llené de preguntas. Y sentí emoción de compartir esa experiencia con el artista pues no olvidaré que afirmó que para él el arte son preguntas y el principio de un proceso, mismo que siempre es importante conozca el público. Me identifiqué también con la postura de que el arte constantemente debe replantearnos los límites que lo definen

Texto y fotos/ Brenda Rosales
Abstraction in action.

y hacia dónde nos llevan los diferentes procesos. El arte es para todos, manifestó, sin importar si una persona es “culta” o no, a todos nos representa algo y nuestras referencias siempre van a ser distintas como ejemplo nos mostró el proceso de selección y catalogación de los zapatos y sus suelas, para él representa belleza pero otras personas le han manifestado que en este mundo tan violento es casi imposible no relacionarlo con las desapariciones, guerras y guerrillas que han surgido a lo largo de la historia.

Sin duda, y reparando ahora sí en el título de este texto, pienso en el ADN de su

obra y me parece bellísimo. Porque involucra voluntaria o involuntariamente las vidas e historias de otras personas en la manera en que consigue resolver los nudos en su cabeza. Me parece maravilloso, que el sonido de la música y las voces de las noticias, comerciales, etcétera, hayan dibujado a largo plazo y con ayuda del ambiente (humedad y polvo) la simetría aparente con sutiles diferencias. Me parece hermoso que un conjunto de plumas de diferentes aves (que específico eran de muda, y no implicaba maltrato animal) compilaran en textura y color un perfecto monocromo o la interacción de un círculo con otro… y por si fuera poco, como a través de

la minuciosa técnica de dibujar con cabello en relieve consiguió retratos y estampas que tienen mucha más de una interpretación y maneras de contemplarlo. Me pareció bellísimo que un ciego le donara su cabello, formando así parte de la obra y que a su tacto reconociera una imagen distinta a la que Gabriel trazara. Es curioso cómo funciona el cerebro, pero ese cambio de chip de lo ordinario y lo extraordinario me pareció algo totalmente aplaudible en su obra. Creo que su arte le es fiel en representación a las inquietudes que lo mueven y que seguramente siempre es perceptible en el ADN de su obra.

palabrario mExicano

Guandajón:

Garigoleado:

Esta palabra hace referencia a aquello que está muy decorado o cargado de adornos. Dichos adornos se pueden apreciar en diferentes plataformas o medios, es decir, no sólo es posible encontrarlo en el dibujo, por ejemplo, sino que también se suele escribir de modo garigoleado, con más líneas de las necesarias, o adornos alrededor de las letras. La pintura o los dibujos también pueden estar garigoleados en cuanto a colores y trazos, sin embargo, es importante señalar que el aspecto de lo garigoleado también se puede localizar en la cuestión de la oralidad, ya que algunas personas hablan de modo garigoleado, esto se da en el momento que realizan una descripción, o cuando presentan a alguien y le atribuyen muchas cualidades.

Al momento de pronunciar la guandajón, remite a otra palabra: aguado, motivo por el cual se tiene que guandajón es un derivado de aguado. Pero esta cuenta con una modificación o adaptación con el fin de brindarle un sentido más amplio, el cual consiste en describir a una persona que viste ropa aguada o floja y sucia. Con palabras más concretas, emplear la palabra guandajón, es un modo de describir a un individuo que descuidada su apariencia física. Otras palabras que en cuanto a significado se pueden parecer a guandajón son cuachalote y fodongo.

Merequetengue:

Dicha palabra se encuentra entre las mexicanadas que tienen diferentes sentidos, y donde dicho sentido depende del contexto en el que se diga, esto se menciona debido a que merequetengue puede hacer referencia a una fiesta, convivencia, celebración o reunión, pero, la misma

palabra también puede significar la existencia de un problema. Debido a la ambigüedad que presenta, se pueden proporcionar las dos definiciones anteriores, pero es importante resaltar que, al momento de realizar una interpretación de la palabra, es necesario tener conocimiento del contexto en el que se desarrolla, para así poder tener una certeza más concreta de lo que quiere decir.

Quihubo o quihúbole:

Quihubole, es una palabra que engloba una pregunta, la cual a diferencia de otras palabras características de la cultura mexicana, que, al ser atribuidas a una persona contienen sentidos o significados, y lo que es más importante proporcionan cualidades, la palabra quihubo hace una pregunta, la cual se pude interpretar como ¿qué pasa? ¿Qué haces? Sin embargo, recordemos que la riqueza de la cultura mexicana permite que una misma palabra tenga diferentes sentidos, por lo que se obtiene que quihubole, además de ser una pregunta, también puede funcionar como un saludo.

Artes visuales

Agosto asegura las lluvias que el mes de julio promete. Lo verde se vuelve más verde y se intensifica la nitidez de las flores y los insectos que viven en ellas. Pero más allá del multicolor evidente, entre las sombras y escondrijos, se encuentran pequeños mundos que como sacados de los libros de fantasía revelan su belleza, su máximo esplendor en tiempos de lluvias y humedades.

Esta galería de fotos, la hemos dedicado al reino de los hongos, que dada la temporada nuestros colegas del Club Fotográfico de Colima no dudaron en aprovechar y nos compartieron sus mejores capturas de hongos y paisajes de ensueño.

De humedades y paisajes

Miguel Ochoa.
Antonio Casillas.
Rulf EM.
Miguel Ochoa.
Alma Chávez.

Cañones de granizo, del mito al principio de precaución ambiental1

Afinales del mes de Julio del presente año se reunió el Consejo Estatal para la Mitigación y Adaptación ante los Efectos del Cambio Climático del Estado de Colima, la prensa local apenas y mencionó marginalmente el evento, sin embargo, valdría la pena subrayarlo pues en él se discutió el asunto de los denominados cañones de granizo entre productores, actores gubernamentales y voces académicas, el tema central fue si la utilización de esos aparatos realmente inhibe la lluvia.

Las precipitaciones fuertes de este mes además de llevarse árboles y residuos a su paso en la capital del estado de Colima, tal vez se llevaron también la discusión que se dio en esa reunión, donde varios productores agropecuarios atestiguaban la utilización de esos cañones en el norte del estado por particulares, instrumentos a los que le achacaron la falta de lluvia en ese entonces, del otro lado algunos sectores de gobierno que alegaban no existía base científica para determinar si los cañones cumplen su propósito, sin embargo, el tema regresará el próximo año o antes, tal vez.

El asunto ha sido discutido en otras latitudes, desde la ciencia hay quienes afirman que controlar las precipitaciones es un mito, como el Doctor Fernando García García de la UNAM, sin embargo hay otros investigadores que se oponen a la utilización de estos artefactos. No hay duda que estos se usan en varios estados de la república, así como en España y Argentina, sin embargo, el problema central no radica en su uso que ya es evidente, más bien en la duda que existe sobre si la utilización de esos instrumentos es verdadera causa para evitar las lluvias.

Las consecuencias políticas que la discusión tiene son mayúsculas y tienen similitud con las declaraciones del aun presidente de los Estados Unidos de América, sobre la ‘duda’ que le genera la verdadera existencia del cambio climático, si se acepta que existe el fenómeno, se tendrá que actuar en consecuencia, si se desconoce, políticamente no hay de qué preocuparse ¿pero qué de ético tiene este desdén?

Los cañones antigranizo son apenas una muestra de lo que la técnica puede generar como debate, cuando no existe consenso científico sobre el tema, pero hay voces

preocupadas por su utilización, algo similar pasó con los llamados clorofluorocarbonos (CFC) donde el científico Mario Molina, premio nobel de química en 1995 y su colega Rowland descubrieron que los CFC se acumulaban en la atmosfera y afectaban la capa de ozono, con cierta base razonable mas no concluyente, contrario a lo que un científico inglés aseguraba al desestimar que las moléculas de CFC pudieren afectar la capa, el científico León Olive describe este asunto como un dilema ético y lo lleva al plano de responsabilidad moral por sus consecuencias sobre los intereses económicos involucrados.

Ahora, en la doctrina del derecho ambiental se habla del principio de precaución, que se diferencia del de prevención, el primero establece que se deban tomar medidas cuando exista cierta duda razonable de afectación ambiental aunque no existan pruebas concluyentes, el segundo principio tiene que ver con tomar acciones cuando hay evidencia de que algún suceso pueda causar daño. Estos principios venidos de tratados internacionales, han encontrado eco en la jurisprudencia mexicana pero no tanto en la legislación nacional.

El principio de precaución es el que ayudaría a dar una salida ética al asunto de los cañones de granizo, pues si bien, no existe evidencia concluyente que estos inhiban las precipitaciones, lo que si hay es cierta base razonable de que esto sucede, base sustentada en la experiencia local. Es claro que esa base estará en discusión, pero,

mientras se sigan utilizando estos artefactos, al mismo tiempo haya falta de lluvia y sean los agricultores testigos sentidos de ello, desde su conocimiento no científico pero no por eso inválido, entonces será necesario éticamente tomar acciones en el tema.

Al final del día, por la misma razón que no metemos la mano a un hoyo en una montaña, al no saber que hay adentro, esa misma razón es la que debería orientar la política que tiene como objeto el cuidado ambiental, si desconocemos los efectos reales de cierta tecnología; precaución y sobrevivencia nada más.

El asunto se complica cuando dicho principio debe hacerse operativo en las instituciones de gobierno, llega la pregunta de ¿a quién le toca?, tendrá que estudiarse otro principio, el de la subsidiariedad de las competencias gubernamentales, colectivos y particulares cuando se tata de asuntos ambientales, pero no resulta ético, ni finalmente jurídico, que los meros formalismos legales limiten la obligación gubernamental de cuidar nuestro entorno, que sea el principio de precaución una herramienta teórica para empezar.

1 Octavio Muñoz Mendoza, Licenciado en Derecho con especialidad en Ciencias del Ambiente, Gestión y Sustentabilidad por la Universidad de Colima, estudiante de la Maestría en Gestión Sustentable del agua en El Colegio de San Luis, A.C.

De mariposas y otras primaveras robadas

La pequeña mariposa de alas oscuras como el azabache llevaba horas posada en el marco de madera de la ventana. Era casi imposible ver el exterior, en parte por el polvo amontonado en el cristal desde hacía meses, en parte por la condensación que se había acurrucado por el contraste de temperaturas. Era invierno. Afuera, el frío azotaba sin descanso y Andrea llevaba horas contemplando a la mariposa, con la mirada perdida en lo más profundo de sus alas.

Durante todo aquel tiempo, la extraña mariposa no hizo ni el más leve intento de movimiento. Era como si hubiese quedado atrapada dentro de la habitación, en un lugar y una época que no le pertenecían. Al igual que Andrea, que tampoco se sentía parte del cuarto en el que se encontraba. Era joven, demasiado joven quizá para lograr comprender lo que estaba sucediendo, quizá de la misma manera que la mariposa observaba curiosa el exterior sin saber muy bien qué hacía ella allí dentro.

Andrea suspiró, como siempre había hecho desde que la llevaron allí. Desde el día

de su ingreso no había pronunciado palabra alguna, y de aquello hacía ya seis meses o quizá diez, era difícil llevar la cuenta.

-Hasta que sanes, querida -le había dicho su madre aquel día.

¿Sanar de qué? Pensó que, como a la mariposa que no debía estar allí, en pleno invierno, sino batiendo sus alas con gracia durante la primavera, saltando de flor en flor, a ella también le estaban robando su primavera.

Había muchas más chicas, de todas las edades, hasta los dieciocho años de edad, creyó leer algún día en algún documento c-o-n-f-i-d-e-n-c-i-a-l. Algunas, como ella, permanecían en un cerrado mutismo, encarceladas dentro de sí mismas. Otras hablaban entre ellas, hacían grupos e incluso algunas salían al patio a fumar a escondidas unos cigarrillos que no lograba adivinar dónde los habrían conseguido.

Andrea se limitaba a observarlas. Auténticos esqueletos vivientes que sobrevivían a duras penas sin llegar a los cuarenta kilos de peso. Todas ellas, sin con el rostro demacrado y, bajo sus ropas, se podían adivinar todos y cada uno de los huesos de sus diminutos cuerpos, casi infantiles. Cuando alguna conseguía llevar una alimentación

equilibrada y atrapaba algo de peso, era enviada a casa junto con su familia.

Nunca había despedidas, jamás se creaban lazos emocionales allí dentro. De hecho, cuando una de ellas salía, ya estaba otra muchacha esperando a entrar por la misma puerta, con la tristeza bien marcada en las ojeras que bordeaban el bajo de sus ojos.

Le habían dicho que era como aquellas chicas, pero ella sabía que no era así. El espejo se lo decía cada mañana, mostrándole una cara redonda junto con un cuerpo que desbordaba grasa por donde lo mirase. Por ello había ideado cien trampas para deshacerse de la comida. No podía permitirse engordar ni un gramo más. Sus compañeros de escuela se reirían de ella, de sus llantas y de su cara regordeta. No había forma de que aquella persona tan amable con la que hacía terapia cada semana la comprendiera.

Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo cuando alguien abrió la puerta de su habitación para entrar. Se abrigó con su abrigo favorito, sin notar que cada día le quedaba más amplio y siguió observando a la inmóvil mariposa.

Ambas, presas por equivocación. Ambas, anhelando abrir sus alas, y escapar a la vida.

vErEda anónima

“Picón”

A la memoria de mi sittó (abuelita) Foadi Mardini Ghazaoui.

“De un gato se recibe lo que uno le ha dado -mejor dicho, lo devuelve cien veces-, en lo que se refiere a atención y observación, sobre todo observación, de manera que es fácil saber lo que piensa y siente. Son cosas que se le escapan a la gente que cree que todos los gatos son iguales, que son ‘independientes’, que ‘no les importa la gente’ y que ‘solo se interesan por la persona porque les da de comer’.

Muchas veces presenciamos un triste espectáculo: un gato inteligente en una casa de ignorantes tratando de convencer a aquellas moles insensibles que tienen ante sí a un ser encantador dispuesto a ser un buen amigo, pero le desairan una y otra vez y le echan bruscamente del regazo o incluso le pegan, y él se aleja resentido, pero paciente, cautivo de la estupidez” (Doris Lessing, en “Un paseo por la sombra”, página 245).

Llegar a casa de mi abuelita (“sittó”, en árabe) Foadi: el portón azul –siempre abierto– avisaba que ella estaría friendo papas, berenjenas y calabacines, preparando pan (en el “saj”, un disco convexo de hierro), atenta a la telenovela –a todo volumen–mexicana doblada al árabe (inolvidable el “¡Pa’ su mecha!”, intacto, del perrito de Marimar) o comiendo al frente de su jardín, seguramente alternando cada bocado con sus queridos gatos.

Gracias a sittó Foadi, mi abuelita materna, aprendí a amar a estos increíbles animales. Con los años comprendí que ella cocinaba en abundancia (estando sola –era viuda: mi “yiddó”, abuelito, Adi falleció trabajando en el campo, por una bala perdida, cuando mi mamá casi cumplía dieciocho años– o acompañada) con el fin de que le sobrara lo suficiente para alimentar a sus inseparables compañeros. A veces se quejaba porque la gata –alistándose para su próxima cría– se metía en su cuarto, desarreglaba el clóset buscando el centímetro ideal para sus pequeños, sin embargo, más que lamentar el desorden, estaba pendiente de ellos, de que estuvieran bien, de que no les faltara nada. El segundo verano que estuve aquí, en Líbano, yo aún no tenía once años. Una de sus tardes-noches, al frente de la casa de sittó, vi a uno de sus gatitos: qué haces aquí, te pueden atropellar, no seas tremendo, ven, entra. En ese minuto pasó un vecino, de mi edad, estallando en carcajada y más: ¡estás loca, le hablas a los gatos! Me quedé sin palabras, no por timidez, sino porque en ese segundo recién me había detenido a pensar en que no todas las personas se comunicaban con ellos; ¡pero si entienden todo!, me quedé con bastantes ganas de responderle al simpático y nada metiche niño.

Aún río: liberándome de las cholas, entraba a la cocina, poco a poco abría la nevera, tomaba el paquete de queso “Picón”, y me dirigía, contenta, con una de sus porciones, al jardín, igual, descalza, paso a paso, sin hacer ruido, apenas escuchándose la envoltura –mientras se la quitaba– del manjar.

¡Compro y compro picón y rápido se acaba! ¡Quién lo estará comiendo! Cada vez que sittó, entre sus interminables monólogos, mencionaba esto, me vencía el remordimiento que pronto desaparecía, ya que en breve la veía echándoles la mejor comida, la de su mismo plato: sittó los ama, si le digo que soy quien se adueña del picón, no creo que se enoje conmigo.

En Margarita, de niña y adolescente, más de una vez quise tener un gato: en el primer año de primaria, en un paseo a Playa Bella Vista, no me despegué de uno, sin embargo, mi mamá no me permitió llevármelo porque “vivimos en departamento”. Rememoro el nombre del amable compañerito –nunca más supe de él–de clases que lo adoptó, aliviando mi tristeza: Miguel Ángel. “Lo cuidaré, Dalal”. Lo escucho como si hubiera sido ayer.

Ya adulta, dejándome llevar por comentarios sinsentido sobre los gatos, poco intenté darles hogar, hasta que María Luisa, mi amiga desde la infancia, al notar mi titubeo segundos antes de decidirme, me afirmó: hazlo, son bellos. De todos los que he tenido, con frecuencia, sin exagerar, sueño con Manchita; era más que especial, muy dependiente (no se me despegaba), me hacía reír como ningún otro, y a la vez era el más nostálgico: concentrándose en mi mirada, me hablaba con la suya y, al igual que Chiquita hermosa, la primera, la consentida (que hoy está feliz, en Tacarigua; mil gracias, querida Elimar), lamía mis lágrimas. Donde estés, Manchita, muchas gracias. Creo que jamás podremos compensarles a los animales tanta entrega, tanto amor.

Los gatos fueron la vida de sittó y para los gatos sittó fue su vida: cuando murió, cada vecino fue testigo de que, más de una vez, visitaron su tumba… esto siempre me hace llorar. Al pasar por el cementerio (ubicado a poca distancia de su casa) revivo el día en que, entre que le confesaba o no mi gran travesura, me agarró, como dicen, con las manos en la masa: ajá, te vi, sabía que eras tú, pensaste que no me daría cuenta, ¡y escoges el queso más caro!, ¡dime qué voy a hacer contigo! El corazón se me iba a salir. Deseé desaparecer. Y no supe cómo, en qué segundo, ella fue quien se esfumó, lo que entendí como “no te preocupes, ve a dárselos, y otra vez sabré que se lo comieron porque sobre el cemento –que no se cansarán de lamer– veré la huella, la forma triangular del queso”. Haciéndole caso a su voz en mi imaginación, fui y, para mi asombro, a un lado de donde les dejé el picón, encontré la misma huella: esta vez sittó se me había adelantado.

Ghaza, El Valle del Bekaa (Líbano), 2 de agosto de 2019.

*ladendalal @hotmail.com / http://dalalelladen.blogspot.com

Ladran, Sancho, señal que cabalgamos

“Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla”; Miguel de Cervantes y Saavedra, en el prólogo del Don Quijote de la Mancha, Primera parte.1605.1

Al escuchar o decir la conocidísima oración declarativa: “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”, pensamos que seguimos caminando, avanzando a pesar de las críticas en contra de nuestras ideas o sin que nos disuadan los problemas con los que tropezamos y los impedimentos que se presenten. La cuestión es que se atribuye a Don Quijote de la Mancha, personaje de la obra de don Miguel de Cervantes y Saavedra, que tras los muchos años que lleva publicada, desde 1605, sigue presente y aquí y acullá se extraen y repiten sus frases; sin embargo, la del título no aparece en la novela mencionada.

Una frase con mucho sentido, es un de las muchas frases apócrifas, del griego oculto, que entendemos como de dudosa autenticidad; es común que se atribuyan a una fuente errónea o bien, se digan de forma incorrecta. En este caso, al dirigirse a Sancho y pensando en el fiel escudero de don Quijote, inconscientemente se atribuye a Cervantes.

La famosa oración tiene variantes, en una los personajes dialogan: Sancho afirma -Señor, los perros están ladrando. Quijote, supuestamente, responde - Tranquilo, Sancho, es señal de que estamos cabalgando. En otras, solo la frase: Ladran, luego cabalgamos, amigo Sancho. Deja que los perros ladren Sancho amigo, es señal que vamos pasando. Si los perros ladran es señal de que avanzamos, y más.

Para reforzar una opinión, es común atribuir el enunciado a un personaje, como Cervantes, o al menos a la abuela o abuelo, como lo hace Sancho Panza, respecto a la cuestión del Ser y Tener: “…que tanto vales cuanto tienes y tanto tienes, cuanto vales. Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una abuela mía, que son el tener y el no tener; y el día de hoy, mi señor don Quijote, antes se toma el pulso al haber que al saber…” (Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, 1615).

En lo que concierne a la frase de marras, valdría comentar, que la indiferencia

ante los perros que ladran, se encuentra en una coplilla del dramaturgo, poeta, traductor y filólogo español, Juan Eugenio Hartzenbusch (1806 - 1880), autor de excelentes fábulas como “La verdad sospechosa”, en la que del embustero afirma: “…aún miente el bribón después de muerto./ Quien falte a la verdad, con eso cuente:/ dirá que hay Dios, y le dirán que miente. Y, respecto a ladridos de los perros: ¿Por qué ladran a la Luna/ –le dijo el gallo al mastín–/ cuando ella su órbita corre/ sin hacer caso de ti? (Fábulas. Impr. Operarios, A. Cubas, Madrid, 1850).

Una idea similar, la encontramos en el italiano Andrea Alciato (1492-1550), con la que atinamos a tropezar en su obra “Emblematum Liber”, con el epigrama “Inannis Impetu” (ímpetu vano, No. 163), que se podría traducir: Para el perro, es la luna un gran espejo;/ Ve su reflejo creyéndolo otro perro,/ Vanos ladridos ahogados por el viento./ La luna sorda, prosigue su camino.

Confiando en el parecer de expertos, su origen es un proverbio turco, muy antiguo, pero no sigue vigente; los perros ladran pero la caravana avanza, es decir, ladran, señal que cabalgamos. Asimismo, comentan que una expresión similar aparece en un poema del alemán J. Wolfgang von Goethe, titulado “Ladran” (Kläffer, 1808) y en libre traducción dice: Vamos en busca de fortuna y de placeres. / Mas, siempre atrás nos ladran, / Ladran con todos sus ímpetus / los perros del establo que seguirnos quieren. / Pero su ladrido fuerte y estridente, / demuestra que cabalgamos.

desconocen nuestras intenciones y ladran; para la gente de bien, los ladridos resuenan a metáfora de las críticas difamatorias o calumniosas que denuestan; esta idea lo subraya: “Y sufriré desprecios de tontos, que son lo mismo que ladridos de gozquecillos [pequeños, falderos] contra los mastines; y así como estos no hacen caso de aquellos, lo mismo tendré que hacer con los de igual casta” (Semanario erudito y curioso de Salamanca. No, 209, 30/08/1794).

Ladran, Sancho, señal que cabalgamos, es un enunciado proverbial que aparece en varios idiomas a lo largo del tiempo. Es cierto, los perros ladran, pero, ¿en señal de que cabalgamos o de que avanzamos? Pues, una cosa es deambular sin propósito alguno y otra muy distinta caminar a paso seguro, porque se busca llegar a un destino y entonces,

avanzamos a pesar de los ladridos; nada nos detiene, no tomamos en cuenta a los perros, que frustrados acabarán por silenciar su agudo e ignorado ladrar.

¿Quién no lo sabe? Es dificultoso ir por la vida sin avatares, que todo sea felicidad y tranquilidad, sin levantar el oleaje de los mares. Cada acción, cada opinión deja huella y al pisar el polvoriento suelo, aún muy suavemente, se levanta una opinión contraria o la acción adversa, que cual ladridos de fieros caninos advierte y entonces, a modo de viejo conjuro, atrapados en el quijotesco mito, exclamamos: Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos; a su pesar, avanzamos.

Caminando por los senderos del campo, atravesando ranchos y poblados e incluso al caminar por las calles citadinas, escuchamos el ladrido de los perros indicando a la gente del lugar que alguien se acerca;

Cabe también preguntar, ¿cuándo se incorporó el nombre de Sancho? Es el de una persona inexistente, cuyo nombre sirve de albur, pues jugando con las palabras, ustedes dígannos, ¿fue o no fue el Sancho? Quizá este de sobra afirmar, que la paternidad de la frase es del Sancho, se apellide Panza o no, ¡se la merece!

mirtea@ucol.mx

(Endnotes)

1 La obra de don Miguel de Cervantes y Saavedra se puede consultar en línea, una opción es: Linkgua digital, 2014.

Fuente/ 360radio.com.co

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook