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Número 376

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CONTENIDO

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Museo Universitario

“Ma. Teresa Pomar” amplía oferta cultural por César Barrera Vázquez

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Divagaciones de una mente sin reposo Sugey Navarro

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Letronauta por Wilberto Palomares

¿Amar la trama o el desenlace? por Karina Ortiz Bonales

El grupo artístico CPU y el Centro Cultural Navarrete por Víctor Gil Castañeda

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El Gen egoísta y el Meme por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda

Las opiniones firmadas por sus autores no son responsabilidad de quienes editan este semanario ni de la U de C.

DIRECTORIO

M.A. José Eduardo Hernández Nava Rector

Christian J. Torres Ortíz Zermeño Secretario general

Vianey Amezcua Barajas Coordinadora general de Comunicación Social

Jorge Vega Aguayo Director general de Información

El Comentario Semanal

José Ferruzca González Director del periódico El Comentario

Yadira Elizabeth Ávalos Rojas Coordinadora de edición

Brenda Rosales Peña Información y corrección

Ma. Guadalupe Venegas Peregrina Diseño

e-mail:comentariosemanal@gmail.com

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“En la vendimia”, de Magdalena Romero Gil Fuente/ artelista.com

Museo Universitario “Ma. Teresa Pomar”, amplía oferta cultural

Próximamente se realizarán talleres fijos para acreditaciones, pero también abiertos al público en general

Jaime Guillermo Bricio Barrios, director del Museo Universitario de Artes Populares “Ma. Teresa Pomar”, adelantó que la oferta cultural de este museo creció con la implementación de un programa de artes y oficios, a través del cual se instalarán diversos talleres fijos, entre los que destacan los de cerámica de rojo bruñido y de apreciación musical.

En entrevista exclusiva para El Comentario Semanal expuso que estos talleres van desde la concepción de los instrumentos en su origen prehispánico y cómo van evolucionando en su línea de tiempo; en el caso del taller de apreciación musical, uno de los objetivos es crear un grupo de marimberos.

“También tenemos el taller de técnica de dibujo; lo va a impartir el artista Roy Padilla Olivares, así como el taller de juegos prehispánicos y matemáticas, impartidas por Julio Luna, así como otro taller de técnicas artesanales de cartonería, que lo va a impartir el maestro Luis Maldonado”.

Jaime Bricio destacó el trabajo cultural del Museo “Ma. Teresa Pomar” no sólo en cuanto a su actividad de preservación de la historia artística y artesanal colimota, sino también en su trabajo de acompañamiento didáctico y educativo para los estudiantes de preescolar y primaria, a través de las visitas guiadas.

“La visita guiada contempla un recorrido por el museo, sala por sala, donde damos énfasis a lo que es la sala Colima, para que los estudiantes y los visitantes conozcan de manera más profunda la producción artesanal en el estado de Colima, inclusive en este mes tenemos en exhibición un calzado colimense que ya no se elabora, es una artesanía extinta que data de 1984”.

En el Museo Universitario “Ma.

Teresa Pomar” existen más de 4 mil piezas de artesanía en exhibición, así como otras más no expuestas y que forman parte del acervo artesanal-cultural de la Universidad de Colima, cuyas evocaciones nos remontan al origen de las danzas y la cosmovisión de una época llena de misterio, plasmadas en las máscaras de Suchitlán.

Bricio Barrios destacó que dentro del museo laboran artesanos con un gran valor estético y profesional; ejemplificó el caso del maestro Juan Jesús Díaz Hernández, quien imparte el taller de cerámica de rojo bruñido, focalizado a la producción de los característicos perritos colimotes.

Así, las niñas y niños que participan en los recorridos escolares no sólo aprenden la elaboración manual y artesanal de estas figuras representativas de nuestro estado, sino que también reflexionan la importancia del trabajo artesanal y preservan estos conocimientos.

“También contamos con el taller de apreciación musical, a cargo del maestro Abraham Elías; esto como parte de los recorridos escolares. Pero también tenemos talleres ya establecidos, como la Noche de encaladillas, todos los martes a partir de las ocho de la noche; es un programa que ya se ha estado manejando durante muchos años”.

En esa Noche de encaladillas, explicó el director del Museo, se presentan libros de autores colimenses y se realiza toda una presentación y diálogo entre los escritores y la audiencia. Otra de las ofertas culturales de este importante museo de la capital del estado, es el taller de Pintura Rangeliana, cuyo costo es de 60 pesos al público en general y 50 pesos al estudiante universitario; se imparte los martes y sábados, de 9 a 11 de la mañana. Puntualizó que otro taller importante es el de elaboración de instrumentos musicales prehispánicos, impartido por el maestro Jorge Romero, de cinco a siete de la tarde, los miércoles y viernes; así como el taller de elaboración de juguetes tradicionales, viernes y sábados, impartido por el instructor Manuel Álvarez Álvarez.

Jaime Bricio detalló que cualquier

docente se puede acercar directamente al museo para acordar las visitas guiadas, las cuales se realizan de martes a sábado, de 10:30 a 11:10; y otras que son de martes, viernes y sábado de 12:00 a 12:40, y los jueves de 6:00 a 6:40.

“La nueva dinámica que estamos implementando, para los estudiantes de la Universidad de Colima, es la visita guiada en inglés; esas las imparte el maestro Abraham Elías, los martes y jueves de 12:00 a 12:40, esto con la intención fortalecer el uso de este idioma”.

Finalmente, Jaime Guillermo Bricio resaltó la importante labor cultural realizada en el Museo Universitario de Artes Populares “Ma. Teresa Pomar”, donde se realizan al día 25 actividades culturales, principalmente para los estudiantes universitarios, pero también abiertas al público en general.

“Nuestro interés es que se acerquen los chicos a conocer los museos. Conozcan, sobre todo, la producción artesanal, sean conscientes de la elaboración de la artesanía y esa parte que es fundamental en la construcción de nuestras bases culturales”.

* Periodista egresado de la Falcom.

Divagaciones De una mente sin reposo

Hundida en la incapacidad de amar

Hundida en la incapacidad de amar he despertado unas tantas mañanas casi a fuerza, después de largos desvelos.

No. I don’t wanna fall in love with you. Wicked game envuelve el cuarto. Su voz se ahoga en esta agua en que todo es fondo.

quisiera flotar ver un respiro ser el respiro.

Y es cierto que en el intento, en mis manos me he encontrado con la noche oscura. El silencio ha muerto entre mis dedos, que con yemas de Luna, vienen a alborotar las aguas, sumergirse entre el volumen del océano.

Pero qué hay de la felicidad a puertas cerradas. Hay algo en la luz, en el fuego que no se comparte. No hay a quién confesar que algo se ha ido pudriendo, después de madurar en las sombras.

La fermentación penetra, embriaga y no hay disimulo donde pueda ocultarse.

Alguien habrá trazado una línea que parte de su dedo a mi ceño fruncido, para señalarle desde antes de mi nacimiento

Ellos sabrán que soy la apestada, que he olvidado cómo decir esas palabras de amor que ya no tienen cabida en ningún poema dictado por mi boca.

Fui el hombre y la mujer y el diablo en un cuerpo henchido de deseo. Y en vano intentaba detener el tiempo cuando la clave era [quizá] un lo siento Cortázar volvió a morir al ver que ni hicimos el amor, ni el amor nos hizo.

Todos los poemas cursis se inmolaron cuando mi mirada se posó en sus primeros versos.

¿Me enseñarían a decir lo que siento? Incluso creo haber olvidado lo que se necesita para despertar con alguien, cuál es la herramienta y momento precisos para al iluminar el cuarto, y no salir corriendo de miedo si hay algún cuerpo reposando entre mis carnes tibias de mañana.

¿Has perdido la fuerza en sueños al intentar estampar tus puños contra las mejillas de otro?

Yo he visto morir una y otra vez la intensidad de lo que pudo haber sido bueno.

Un día desperté y sólo era capaz de hilar momentos dignos de ser olvidados.

Corriendo, al espejo, vi que habían robado mi reflejo, el fuego de los ojos, la profundidad de sus pupilas tibias de la que aún quedaban restos.

El día que olvidé decir te quiero perdí la densidad que me hacía ocupar un lugar en el espacio.

Comencé habitar en las sillas vacías.

Me fui convirtiendo en una casa vieja.

Sin embargo hay un lejano encanto en el abandono de las casas antiguas, de los muros tristes y las sillas solas que hacen saber que la vida o la fiesta han pasado.

una y otra vez siempre de nuevo al mismo sitio.

Al silencio con sabor a vino, vuelvo.

Letronauta

De cartas y otros sentimientos obsoletos

Maldigo los mensajes instantáneos, las redes sociales y las aplicaciones para encontrar pareja. ¿En qué momento se le ocurrió al ser humano reemplazar el arte de la conquista cara a cara por algoritmos encriptados que fingen ser mensajes de amor en una pequeña pantalla?

-Esta juventud -dijera mi abuelo- está en problemas.

Morirá sin saber lo que es gastar más hojas de cuaderno en cartas de amor y aviones de papel con destino al pupitre del ser amado que en apuntes de clase; jamás entenderá por qué había que invitar chocolates a la mejor amiga antes que a la pretendida; no sentirá en carne propia la angustia que produce ver el segundero del reloj tomarse más tiempo de lo normal escalando cada minuto mientras se cumple el plazo del “mañana te digo”, “déjame pensarlo”.

Pobres adolescentes de ahora, no sabrán nunca que las cajas de zapatos también sirven para guardar cartas, boletos de cine y fotografías -de esas que uno mandaba revelar y podía ver cómo año con año se desdibujaban.

No creo que sea mi deber, pero aquí estoy, aconsejando a quienes no me lo pidieron.

La primera carta que escribí fue en el verano del 95 y marcó mi vida. Estaba por terminar la primaria. De lo único que estaba seguro por aquellos tiempos, era de lo que mi corazón quería.

Mi mayor preocupación entonces eran los libros, aprender sobre la historia de México, las eras prehistóricas o dividir con punto decimal incluido… entonces la vi. ¿Amor a primera vista? No lo sé, después de todo, la había visto cada día los últimos seis años.

Hablar con una niña no estaba entre mis códigos de conducta. Recuerdo que pasaron semanas hasta que decidí dar el siguiente paso. En mi época uno le

pedía a ella que fuera la novia sin saber qué era eso ni para qué servía. El único premio era el “sí”. Nada más.

El plan era simple, declararme por escrito, vaciar todos mis sentimientos en un pedazo de papel y entregárselo en el recreo, esperar a que lo leyera y tener antes del timbre de salida el “sí” ansiado.

Escogí una hoja, la última del cuaderno y la arranqué, pero no a la fuerza, sino con tijeras para dar un toque de elegancia. En realidad, fueron unas 10 o 12 hojas recortadas entre ensayo y error. Sin recordar ya el texto, estoy seguro de que escribí con marcador rojo -el color del amor- su nombre al comienzo, el mío al final y la pregunta en cuestión, entre otras cosas románticas, supongo. Me arrepentí muy rápido de haberla escrito, aún sin entregarla, cuando entré en la habitación y encontré a mi hermana leyéndosela a mi mamá. Con la risa de ellas aprendí lo que significaba la pena, la vergüenza.

Hundido y en evidencia familiar pensé que ya nada peor podía suceder con la dichosa carta. Si hubiera sido más intuitivo me habría dado cuenta a los 11 años de que

en el amor siempre se puede caer más bajo. Al día siguiente, optimista, caminé hacia la escuela como lo hacía todos los días. Eran 10 minutos, cuatro calles, un parque y una iglesia de por medio.

A mitad del camino me arrepentí, taché mi nombre con corrector y se la dejé en butaca apenas salimos al recreo. Pensé que una carta anónima sería una buena prueba para saber si ella pensaba en mí como posible autor y se declaraba primero. De lo contrario, simplemente no se enteraría jamás de nada y todos tan tranquilos como siempre. Brillante, ¿no?

Sonó el timbre, regresamos al salón y de un momento a otro me empezaron a caer papelitos con bromas y comentarios burlescos. Quedé en evidencia frente a toda la clase. Dos dosis de pura vergüenza en menos de 24 horas por culpa del mismo papel. Cometí el error más ridículo posible. Quedé como un tonto y cobarde. Ella jamás me respondió.

Por eso aquí estoy, dándote el mejor consejo que puedo dar: si quieres borrar algo escrito con marcador rojo, táchalo por ambos lados de la hoja…

escritos punzantes

ConocimientodelInfierno, de Antonio Lobo Antunes

En alguna ocasión mientras leía un libro con tintes de poesía y algo de narrativa en ese ambage de ideas imagine poder trasladarme de mi comodidad urbana a lugares propios para que esas atmosferas pudieran ayudarme de inspiración, sobre todo salir de la zona de confort donde siempre se piensa que es de manera imprescindible alejarnos de todos, usar la medianoche de escalafón en calidad de escritos, en fin , en medio de todo ello, llegó a mis manos un libro cuyo escritor era desconocido para mí pero el titulo me atrapó como telaraña dícese: “Conocimiento del Infierno”, un doctor portugués que en su analogía es escritor también cuyo lenguaje pasa de científico a simple, emulando una novela mezclada con poemas hace que la mente se achique y quiera no parar de leerlo, lo que lo hace realmente interesante es el hecho que bifurca su realidad viviendo en un psiquiátrico durante un periodo de muchos meses por lo cual existe una congruencia a la hora de redactar su discurso novelesco plasmando esas historias nada superfluas dando realce a cualquier crítico o especialista literato.

Me parece poderoso que este hombre haya tomado la decisión de ser parte de un ambiente psicótico donde la mayoría de los que nos sentimos parte de la normalidad huiríamos, una mirada al abismo a veces nos muestra lo cerca que estábamos de él y al parecer no estar percatados del mismo, de alguna manera todos llevamos a cuestas cierto conocimiento del infierno, incluso en la divina comedia de Dante hace un recorrido tan detallado del mismo que dan ganas de no aspirar al cielo cómicamente, lo más asombroso de esta lectura vuelvo con Antunes es echar una mirada al universo de los locos y apreciar que viven mejor que uno atrapados en sus distintas realidades, en resumen es un recorrido autobiográfico porque se convierte en una experiencia personal donde se puede extrapolar, ese intercambio de ideas rompiendo el miedo de lo políticamente aceptado o moralmente

correcto, es una invitación a crear un monologo interno para que todos esos prejuicios o tabús sobre el tema de los inadaptados sociales puedan mostrarnos parte de lo que es construido como la realidad que conecta o nos da un mensaje a todos.

Existen libros cuyo único sentido es generar, romper nuestros paradigmas, abrir lo llano de la mente y querer al igual que Antunes hacer de lo inimaginado una vivencia más que pueda generar conciencia social. Finalizo con una frase parte de la visión en esta novela: “Los psiquiatras son locos sin gracia, repitió, payasos ricos que tiranizan a los payasos pobres de los pacientes con bofetadas de psicoterapia y pastillas, payasos ricos rebozados en el tonto orgullo de los policías, del orgullo sin la generosidad ni la nobleza de los policías, de los dueños de las cabezas ajenas, de los etiquetadores de sentimientos de los demás: es un obcecado, un fóbico, un fálico, un inmaduro, un psicópata: clasifican, rotulan, investigan, remueven, no entienden, se asustan de no entender y sueltan de las encías en descomposición, de las lenguas sucias de coágulos y costras, [...] sentencias definitivas y ridículas. El Infierno, pensó, son los tratados de psiquiatría, el infierno es la invención de la locura por los médicos, el infierno es esta estupidez de comprimidos, esta incapacidad de amar, esta ausencia de esperanza, esta pulsera japonesa de exorcizar el reumatismo del alma con una cápsula por la noche, una ampolla bebible en el desayuno y la incomprensión de fuera para adentro de la amargura y del delirio”.

¿amar La trama o eL DesenLace?

Ladulcehieldelaseducción

¿Qué es el deseo? Una necesidad de conseguir algo que se anhela, saciar un instinto, alimentar el cuerpo de diversas formas. El deseo nos puede remitir al erotismo y las capacidades de contacto e interacción entre los seres humanos. Amor y sexo, conceptos que están implícitos en la construcción de nuestra sexualidad y que comparten una estrategia que conocemos como seducción.

En la literatura, esa inquietud por atraer al otro, por cautivarle, engatusarle, se ha manifestado de diversas formas y por ello esta semana reseñamos un ejemplo claro de reconocer que la seducción no es como la pintan; se trata de la compilación de relatos La dulce hiel de la seducción reunidos por Ana Clavel.

Son trece relatos, unos más picantes que otros, que exploran diversos temas, aunque en su mayoría tienen que ver con el cuerpo y su capacidad de atraer, de establecer un vínculo a veces furtivo y en otras ocasiones más profundo.

La presentación de la obra es atípica: Ana Clavel no se encarga de contarnos cómo surge la idea de reunir esos cuentos, ni de darnos cátedra de quiénes han abordado a la seducción desde la teoría literaria. Al contrario, nos recibe con un relato que sube de tono y pone de colores las mejillas. Nos habla de excitación y de la emoción que puede llegar a sentir alguien que anhela transformarse. Nos remite a esas sensaciones convertidas en fuegos artificiales, destellando, en nuestro cuerpo y todo ello solo con un elemento como es el maquillaje. Así inicia a manera de prólogo ese recorrido con el relato “Ella era la más inocente”

De aquí en adelante debemos prepararnos para un vaivén de emociones, dónde antes de darnos con esos jugosos relatos, la escritora nos presenta un poco de las y los trece autores que participan. Iniciamos con Cristina Rivera Garza y sus recorridos en tren por alguna región en Rusia. Es una mujer de esas que se encuentran en el camino y que nos dará una

sorpresa con su identidad; es una mexicana en esas tierras, que nos cautivará con su historia y, claro, nos dejaremos seducir.

Guillermo Samperio nos habla de futbolistas y excesos, aquelarres desenfrenados entre atajadas de balón y pases contundentes que sin duda combinan muy bien las pasiones amatorias y deportivas.

Iván Ríos Gascón subvierte la fórmula erótica tradicional y nos dice que la víctima puede renunciar a su papel indefenso y hacerse presente como justiciera de una seductora empedernida y con tendencia a tomar lo que no es suyo.

Eve Gil nos muestra la compleja manera de relacionarse entre chicas; Brenda Lozano nos da un ejemplo clásico y verdadero de juegos de seducción; Luis Felipe Lomelí nos compara con los animales para el cortejo y mientras teje una historia de seducción nos habla de las estrategias. Mónica Lavín nos seduce con algunos secretos de amantes que serán revelados; Guillermo Fadaneli nos habla de su compleja relación con Anabel y sus temores, mientras que Rowena Bali nos cuenta sobre Alejo y Tina y lo malo que puede llegar a ser un vínculo muy desenfrenado.

Juan Hernández Luna nos presenta el desafío de procrear un hijo; Josefina Estrada nos habla de un timador que seduce para obtener un fin en Colombia y ya se pueden imaginar de qué se trata.

Ricardo Chávez Castañeda nos relata un encuentro furtivo y, con un muy buen cierre, Rosa Beltrán nos narra a los amores interesados que ni siquiera llegan a serlo. Es interesante conocer algo de la trayectoria de los participantes mientras sentimos que vamos de un tema a otro. Cada cuento es sorprendente, incluso aquellos que suenan a una estructura más tradicional. Esos ejercicios literarios son editados por Cal y Arena y no son el único en su especie, así que la invitación es a buscarles y disfrutar de esas antologías que no tienen desperdicio. A final de cuentas, la seducción no es como la pintan y de eso ya nos hemos dado cuenta en ese recorrido lleno de matices y sabores.

Puedes escuchar la reseña semanal a las 11 AM todos los viernes por 94.9 FM en Universo Radio durante el programa “Aquí entre nos”.

El grupo artístico CPU y el Centro Cultural Navarrete*

Entre los años de 1980 al 2000, un grupo de amigos artistas nos reuníamos, o coincidíamos, en casi todos los eventos culturales que se organizaban en la entidad. En los ochentas solamente existía la Galería de Casa de la Cultura que había sido hecha al vapor y de forma improvisada, quitándole espacios al edificio central del mismo inmueble. Había llegado a la Secretaría de Cultura el historiador Ernesto Terríquez Sámano. Su promotor cultural era René González Chávez y como museógrafo trabajaban Álvaro Rivera Muñoz Rima (caricaturista e ilustrador) y Pedro Morales (pintor y grabador).

Durante diez años consecutivos (1985-1995), me desempeñé como reportero cultural en Ecos de la Costa. Cubría los eventos de teatro, danza, canto, música, artes plásticas, artesanías, cine club y a veces espectáculos. Durante 18 años (1984-2002) fui colaborador del suplemento cultural Cartapacios del mismo periódico. En Casa de la Cultura sabían de la existencia de este grupo, CPU, y nos mandaban invitaciones todos los días o nos llamaban por teléfono si había una personalidad importante que atender, un artista de renombre, un embajador, un funcionario cultural de la Ciudad de México o un secretario de Estado. Si el personaje era extranjero, René González se desempeñaba como traductor en el idioma inglés. Así pude entrevistar a diversos diplomáticos y artistas extranjeros que llegaron a Colima para promover las bellas artes de su país.

Tuve acceso a personalidades como Alberto Cortés (cantante), Eraclio Zepeda (escritor), Luisa Josefina Hernández (dramaturga), Carlos Ancira (actor), José

Agustín (novelista), entre otros. Pero cuando había exposiciones, cuando había exposiciones… el mundo se volvía al revés. Era un carnaval y una aventura. Todo empezaba formalmente con la presentación del artista plástico, su trayectoria, la importancia de su obra y luego veíamos sus cuadros. Llegaban las edecanes con el brindis y los bocadillos. Pero éramos el mismo grupo del CPU. Se acababan los bocadillos y el brindis. Y éramos el mismo CPU. Ernesto Terríquez mandaba traer más brindis. Los espectadores se iban y quedábamos los del CPU. Las edecanes se iban y seguíamos con el brindis. El artista plástico se iba cansado a su hotel y seguíamos los del CPU. El brindis continuaba hasta las 3 o 4 de la madrugada, hasta que mandaban por Ernesto. Su esposa le enviaba al hijo menor para que lo llevara en su carro, pues él no debía manejar porque podía sufrir un accidente.

Así acontecía con los miembros del CPU en las galerías y recintos culturales que se abrieron con el paso de los años; en el IUBA, el Museo Regional de Historia de Colima, Galería Café 20:30, Galería Cuervo, La Finca del Arte, El Zaguán, Restaurante-Bar DECOMAR, Café Dalí, Café-Bar Cuachalote, La Casa del Archivo y otros. El CPU estuvo integrado por artistas de todas las áreas y maestros del mismo campo humanístico. Recuerdo entre los asiduos miembros a Víctor Santacruz Bañuelos (nuestro primer Presidente. Exdirector de Difusión Cultural de la U de C), Esthelita Navarrete (nuestra primera Reina), Paty de la Mora (segunda Reina), Ernesto Terríquez Sámano (primer Rey Feo), Técnico en sonido e iluminación Alejandro Anguiano El Bolillo (segundo Rey Feo) y José Luis Navarrete (editor nacional y

promotor de la lectura).

Había un destacado grupo de bailarines y maestros de danza, Ramón de la Torre El Caracol, Froylán Ramos Pérez, Jesús Alberto Cárdenas Vargas, Miguel González El Gelo, El Caballo, La Coca, Martín y Nanis (del IUBA), Cuco López (de Casa de la Cultura). Otro era el grupo de artistas plásticos, pintores e instructores de artes visuales; Miguel Ángel Cuervo Romero, Marcos Sánchez Casillas y José Collazo (del Cedart), Anita Ruiz, Pancha Magaña, Jonathan Aparicio, Alberto Alvarado Urenda, Rafael Mesina Polanco y Pedro Morales Martínez (del IUBA). También estaban los músicos, intérpretes y cantantes: Ricardo Martínez (guitarra clásica), Mario Cortés (tenor), Eustolio Magaña y Antonio Molina (del Grupo Litoral), Jorge Luis Hernández Corona El Centavo y el maestro Verján (guitarras populares). Por otro lado, estaban los intelectuales, creadores literarios e investigadores; Héctor Porfirio Ochoa Rodríguez Tito (declamador e historiador), Hilda Rocío Leal Viera (literatura), Leyton Ovando (antropólogo veracruzano), Juan Carlos Reyes Garza (historiador y director del MUAP), Víctor Manuel Cárdenas Morales, Verónica Zamora, Sergio Briceño González y Teodoro Ponce de León Teodorakis (poetas), Alfredo Montaño Hurtado, Alberto Barreto, Guillermo Coello y Roberto Huerta Sanmiguel (narradores), Toño Enciso Núñez y Ernesto Neto (promotores del Museo Universitario de las Artes Populares María Teresa Pomar), Fortino Pulido (historiador), Carlos Día, Angélica María Montes, Raúl Juárez Albarrán y su esposa Rosella Gerini, Salvador Márquez Gileta, Jaime Estrada y muchos más que

Fachada del Centro Cultural Navarrete, en el Portal Hidalgo.

hicieron de la promoción cultural una hermandad y un compromiso familiar. En ese mismo ínterin apoyamos los eventos del Centro Cultural Navarrete que dirigían Esthelita y su esposo José Luis Navarrete. También participaron sus hijos. Era una de las librerías más actualizadas de la entidad. No solamente traían los libros más recientes, sino que también invitaban a los escritores y autores de dichos documentos. Tenían su local en el Museo Regional de Historia de Colima, esquina baja del lado izquierdo. Ellos organizaron, junto con mis amigos de la ACPE, la “Primera feria del libro del autor colimense”. Hubo más de quinientos títulos en exhibición y venta. Los escritores locales iban por su dinero cada tres días porque las obras se vendían como pan caliente. Tenían precios accesibles y había descuentos. De manera paralela se organizaron; conciertos, recitales y exposiciones. Las noches eran madrugadas y llegábamos a casa dormidos. Cerraban las instalaciones y los festejos seguían adentro. En ocasiones coincidían con el cumpleaños de algún amigo artista. Nos íbamos a su casa donde nos esperaba su familia. Generalmente las exposiciones eran el fin de semana y podíamos reponernos el sábado siguiente.

Había otra librería en esos años que alimentábamos con nuestros magros ingresos, pues comprábamos; novelas, libros de poemas y de cuentos, ensayos o discos de música clásica. Era la Galería Universitaria y la dirigía Ernesto Terríquez. Se ubicaba por la calle Gregorio Torres Quintero, frente a la Presidencia Municipal de Colima. Estuvo bien surtida y actualizada. Cuando el cliente era de un nivel cultural bajo, y preguntaba por autores muy comerciales o de superación

personal, Ernesto los mandaba al Centro Cultural Navarrete y molesto les decía: “Vayan a esa librería…allí les cortan el pelo, les hacen manicure y hasta los dejan peinaditos”. Era una broma que siempre hizo reír a su gran amiga Esthelita Navarrete. Ellos dos fueron los grandes promotores de la lectura. La verdadera lectura. Sin pompa ni platillos como se anuncia ahora en el mes de abril, cuando no hay elecciones.

Y allá iba el CPU de evento en evento. Como no existían editoriales en la entidad, para promover la obra de los autores locales, muchos de los integrantes del CPU se unieron y formaron con sus propios recursos la Editorial La Iguana Melancólica. Las ilustraciones eran de los artistas plásticos ya mencionados. Recuerdo el poemario de Alfredo Montaño: Del agua mansa. Se imprimieron varios textos de gran calidad que envidiarían autores jóvenes de la región. Poco a poco se fueron formalizando las actividades culturales. Se remodelaron varios recintos institucionales y se le puso rigor a la obra expuesta. Cuando las autoridades de estos niveles preguntaban qué era el CPU, nosotros les decíamos que era el cuerpo físico de las computadoras, con las cuales trabajábamos todo el día en nuestras oficinas.

Cuando se retiraban los funcionarios, nos reíamos a tambor batiente, pues sabíamos que significaba: “Coleros Profesionales Unidos”. Todos los artistas lo sabían, pero nunca quisimos ofender la seriedad de los nuevos funcionarios de cultura. Se veían tan “chic” con su pelo recortado, sus trajes de gala eventuales, sus tarjetas de presentación, la impostación de su voz al hablar en público, las promesas de tiempos mejores para las

bellas artes, sus gesticulaciones y aspavientos como si lo supieran todo…que mejor no decíamos nada, pues en el fondo, eran ellos y siempre ellos, los que corrían con los gastos de la vida bohemia y la convivencia artística. El periodista y catedrático de la Falcom, Adalberto Carbajal Berber, publicó un artículo muy interesante sobre las actividades del CPU, que llegó a existir por más de dos décadas. En esos años la cultura salió de los recintos oficiales para irse a meter a las mismas casas de los vecinos, el ciudadano de a pie, el ama de casa, el bolero, el boticario, en la tienda de abarrotes, las peluquerías y las farmacias. Todo eso, gracias a los artistas y las personalidades indicadas líneas atrás. Muchos CPUístas éramos catedráticos en la Falcom y transmitimos a nuestros alumnos el gusto por esta forma de promover la cultura. Inventamos y pusimos en marcha, en la misma facultad “La hora común”, un espacio libre para generar eventos artísticos multidisciplinarios. Años después inventamos el programa popular “De barrio en barrio”, al que nos acompañaban alumnos, egresados y profesores de la Facultad de Letras y Comunicación. Fuimos a todos los barrios del municipio de Colima con poemas, relatos, talleres de redacción, cuentacuentos, lecturas dramatizadas y cine video club de arte.

(Información obtenida del documento titulado Datos biográficos mínimos de escritores colimenses. Nacidos aquí, avecindados, radicados o de pasadita. Material inédito del maestro Víctor Gil Castañeda, 363 pp).

El historiador Ernesto Terríquez Sámano (copa en mano al centro) con dos miembros del Taller Literario “Galopante”; Roberto Huerta Sanmiguel (narrador) y Víctor Manuel Cárdenas Morales (poeta).
La antigua librería del Centro Cultural Navarrete.

Tipos de violencia en Todaslasfamiliasfelices, de Carlos Fuentes

En el presente artículo se hablará sobre tres tipos de violencia encontrados en los cuentos pertenecientes al libro Todas las familias felices de Carlos Fuentes publicado en el 2006, dicho libro consta de dieciséis relatos entrelazados por un coro, dichos coros, así nombrados por Fuentes, cumplen como un poema en prosa que a pesar de su extensión son fuertes en cuanto a temáticas de violencia, pobreza, adicciones y corrupción entre sus personajes.

Cabe mencionar que este artículo es un derivado de un trabajo de investigación más amplio titulado El imaginario simbólico de la violencia en Todas las familias felices de Carlos Fuentes en donde además de los tipos de violencia vistos aquí, se trabaja con la cuestión de la normalización de la violencia. Una vez dicho esto, en este artículo trabajaremos con la violencia psicológica, verbal y física.

En primera instancia tenemos la representación de la violencia psicológica dentro del imaginario del cuento “El padre eterno”. Como contexto principal del cuento, este trata acerca tres hermanas, Julia, Genara y Augusta; las cuales son torturas psicológicamente por su padre incluso después de su muerte.

Cabe resaltar que la violencia psicológica es aquella que no necesariamente llega a agresiones físicas contra el agredido, aunque también hay casos en que estas dos estén conectadas al momento del ataque, sino que predominan recursos como ofensas, amenazas, chantajes, cargados de un fuerte daño emocional.

En el cuento se nos presentan a las protagonistas como mujeres solitarias las cuales no se hablan las unas con las otras a excepción del cumpleaños de su padre ya fallecido, debido a que es un requerimiento verse ese día para poder acceder a la herencia que él les dejó, siendo esto la primera vez en la cual se nos muestra el abuso psicológico que el padre impartía a sus hijas, puesto que ninguna sería acreedora del dinero sino hasta cumplir

con lo demandaba el testamento “Tal fue la decisión testamentaria del padre. Durante los diez años que sigan a mi muerte, ustedes me velarán cada aniversario de mi nacimiento en el mismo humilde lugar donde nací: un viejo garaje junto al parque hundido” (Fuentes, 2016:391) Además de agregar condiciones como la de no casarse ni tener hijos:

Hagan lo que quieran pero no se casen. No quiero que un zángano braguetas cualquiera disfrute de mi dinero y las esclavice con la esperanza de lucrar. Y no tengan hijos. Soy un matemático frustrado y mis cálculos sólo conciernen a tres personas. (Fuentes, 2016:292)

Siendo este un chantaje que el padre aplicaba contra ellas, puesto que les hacía creer que les daba cierta libertad pero a pesar de eso seguían bajo sus reglas e imposiciones.

Conforme avanza el cuento también nos podemos dar cuenta de ciertas características de los personajes, como que las hijas visten solamente de negro, que en este contexto simboliza “El luto negro, el duelo sin esperanza, como un nada sin posibilidades, como un silencio eterno, color de condenación” (Chevalier. & Gheerbrant. 1986: 747) lo cual concuerda con sus personalidades debido a que a pesar que adaptaron su vida a las condiciones de su padre, no pudieron estar en total libertad. Otros aspectos de la violencia psicológica aplicada en este cuento los podemos apreciar cuando los personajes de las hermanas recuerdan partes de su infancia:

No te toques, no te mires. Evita los espejos. Vístete a oscuras. Báñate con ropón puesto. No te toques. No te mires. No mires un hombre. No permitas que te toque nadie. Ya no vayan a la escuela. Yo seré vuestra escuela. Ven, Augusta, siéntate en mis rodillas para que te eduque. Anda, Genara, deja que te vista y desvista mientras tú cierras los ojos e imaginas que soy el novio que te prohíbo tener. (Fuentes, 2016:396)

Siento un comportamiento amenazante por parte del padre ocasionando que las hermanas no tuvieran ningún tipo de

libertad, además de mencionar que había cierta perversión en las acciones del padre, debido a que no sólo aplicaba amenazas y chantajes a las tres hermanas, sino que también se deja ver como un guiño a cierta violencia sexual hacia ellas.

Subiendo un escalón de los niveles de violencia encontrados en los cuentos nos topamos con las agresiones verbales, que a comparación con la psicológica, aquí ya se muestran insultos, amenazas, oraciones despectivas, gritos, etc. Sin llegar a los daños físicos.

Este tipo de agresiones las encontramos de manera constante en los cuentos, por ejemplo en el relato “Los lazos conyugales” se nos presenta a una pareja en la cual la mujer, llamada por Fuentes, Cordelia. Es constantemente agredida por su esposo, Álvaro. Como no lo deja ver el autor desde las primeras líneas del cuento: “Sigues conmigo porque ya no queda nadie más que yo que recuerde tu belleza. Sólo yo tengo en mis ojos viejos tus ojos

jóvenes” (Fuentes, 2016: 89) que de manera simple se podría pensar que es una frase normal, pero esta empleada como una oración para dañar a otra persona, puesto que el personaje masculino no sólo está aplicando la violencia verbal con ella sino que aquí podemos ver una mezcla entre la psicológica, ya mencionada anteriormente, debido a que se nos está diciendo entre líneas que el hombre no está conforme con su esposa puesto que ahora es vieja pero aun esta con Cordelia por tal motivo tiene que hacer lo que él disponga. Esto lo podemos apreciar más adelante con la siguiente cita: “¿Cómo pudiste casarte conmigo, un hombre sin chiste, feo, vulgar, ignorante? No lo sé, Álvaro. Yo sí sé, princesita piruja. Crees que contigo, princesa, me vengo de mi propio complejo de inferioridad.” (Fuentes, 2016: 92) esto para después atarla a la cama y abusar de ella, pasando así a otro tipo de violencia pero que tocaremos más adelante. Pero lo que aquí podemos apreciar es que el personaje de Álvaro se menospreciaba y esto lo usaba como justificación para después insultar a Cordelia.

Asimismo podemos encontrar oraciones despectivas hacia el personaje de Cordelia: “Tu presencia, querida, es sólo un kotex ensangrentado que se fue por el excusado. La próxima vez, jala la cadena, por favor. O manda tus cochinadas menstruales a la tintorería, babosa.” (Fuentes, 2016: 99) aquí no sólo es sarcástico y grosero con ella sino que también la está discriminando por el hecho de ser mujer, además de usar insultos como “babosa” y usar el “querida” de manera arrogante.

Un antecedente que nos da el cuento es que se nos deja ver que uno de los principales motivos por los cuales Álvaro insultaba al personaje de Cordelia es porque la culpaba de no poder cumplir sus metas como se ve representado en la siguiente oración:

Nunca tuve tiempo para andar correteando mujeres. Mi trabajo me absorbía. Eso tú lo sabes. Quería llegar alto. Por ti. Por mí. Por nuestro matrimonio. Por los dos. Tenía ambiciones. Mi mayor ambición era llegar a ser Director General. Tú me lo impediste. (Fuentes, 2016: 90)

Siendo esto lo que da paso a las agresiones verbales en contra de Cordelia por el hecho de ser mujer, puesto que como se puede ver en la cita anterior, el personaje de Álvaro, deseaba tener un puesto importante de trabajo pero veía a Cordelia

como una persona a la cual tenía que proteger y no dejar salir al mundo, motivo por el cual se intensificaron las agresiones como atar a Cordelia a la cama para que no saliera de su casa; de tal manera Álvaro nunca pudo conseguir el trabajo que quería porque veía a Cordelia como a una mujer a la cual proteger.

Esto lo podemos comprobar más adelante cuando Álvaro insulta a Cordelia comparando a las mujeres con los animales: “Tú no entiendes nada Cordelia las mujeres son seres bovinos pastan y paren y dan leche, nada más y no saben lo que pasa en el mundo ni les importa” (Fuentes, 2016: 97) lo cual nos da una visión de Álvaro acerca de que para él las mujeres deben estar alejadas del mundo puesto que estará el hombre para ver por ellas y por los futuros hijos. Lo cual de cierta manera termina perjudicándolo puesto que ni deja a Cordelia cumplir sus sueños ni él cumple los suyos.

Por ultimo subiremos el último escalón en los grados de violencia vistos en este artículo, la violencia física es aquella cuyas agresiones ya pasan a dañar el cuerpo del agredido, pueden ir desde un golpe “ligero” hasta una serie de golpes que pueden causar la muerte; para ejemplificar este tipo de violencia recurriremos al cuento tratado un apartado antes sumándole el cuento “La sierva del padre”.

Recordemos que el personaje de Álvaro tenía cierto rencor hacia Cordelia, lo cual ocasionaba ciertas agresiones psicológicas y verbales que después fueron subiendo hasta terminar en actos de violencia física, por ejemplo:

La abandonaba atada a la cama hasta verla rodeada de excreciones y él cierra los ojos para oler en toda su pureza el interior desaguado de la mujer, lo que ella trae adentro, no la delicia erótica, no el amor sublime, sino esto que ahora mira y huele… (Fuentes, 2016: 93)

Lo cual claramente el simple hecho de ser atada y privada de tus movimientos ya representa un daño físico pero además el personaje de Cordelia una vez atada seguía siendo agredida, hasta el punto de perder partes de su cuerpo “La amenaza con arrancarle la uña con tenazas. Una vez, se atreve a hacerlo. Una sola uña. La del dedo meñique de la mano izquierda” (Fuentes, 2016: 93) provocando en Cordelia un mayor temor y daño psicológico, causado en este caso por la violencia tanto física como verbal, para poder abandonar la situación que se le impone al personaje.

Ahora bien, pasemos al relato de “La sierva del padre” que para poner un breve contexto acerca de lo que trata el relato; Un padre llamado Benito Mazón quien cuida a una joven Mayalde desde que era niña (cabe aclarar que deja abierta la interpretación de que es su hija, pero el padre la presenta como su protegida) decide que se alejaran del pueblo y se refugiaran en las estribaciones del Popocatépetl cuando Mayalde tiene su periodo puesto que el padre cree está más propensa el pecado.

Una vez en la sierra podemos apreciar los primos indicios de violencia aplicada por parte del personaje de padre Benito Mazón hacia Mayalde por ejemplo violencia psicológica: “Si Nuestro Señor Jesucristo sufrió, ¿por qué no has de sufrir tú?” violencia verbal: “Te mimé demasiado de niña. Ahora te voy a quitar lo mimado” (Fuentes, 2016: 264) posteriormente llegando a un incidió de violencia física “Luego la volvía a sentar sobre sus rodillas. Ella temía estos momentos de cariño porque padre Benito se angustiaba mucho de ser tan bueno y luego le daba malos tratos para compensar la debilidad de la ternura” (Fuentes, 2016: 264)

Que si bien Fuentes no pone en explicito la agresión física si va preparando la narración para eso, debido a la forma en la cual el personaje del padre Benito va llevando la acción, además que por el diálogo de Mayalde Fuentes nos deja ver con la palabra “malos tratos” que el padre la agrede físicamente para aliviar sus propias culpas.

A manera de conclusión podemos ver que Fuentes representada varios tipos de violencia en sus cuentos, los cuales van ligados al poder, debido que los personajes masculinos, buscan controlar la vida de los personajes femeninos aplicando en ellas el chantaje y las amenazas, hasta terminar con la agresión física, además de jugar con su mente, puesto que lo que tienen en común los cuentos elegidos es que ninguna pudo vivir en total libertad puesto que estaban sometidas a las caprichos de los personajes masculinos.

Referencias:

- Abbagnano, N. (2012). Diccionario de Filosofía . México: Fondo de Cultura Económica.

- Chevalier, J. & Gheerbrant, A<. (1986) [1969]. Diccionario de los símbolos . España: Herder.

- Fuentes, C. (2016) {2006}. Todas las familias felices México: Debolsillo

Una aproximación a la historicidad del concepto género y su importancia en la literatura

El concepto de género se ha moldeado, sin estar escrito, en el feminismo del siglo XVIII. Fue hasta la transición entre la Segunda y la Tercera Ola Feminista que la teoría se apropió del hallazgo epistemológico hecho por la medicina en 1955 al observar que la construcción del sujeto -sus comportamientos, su socialización- no correspondía solamente a lo biológico. Es importante conocer la historicidad del género, pues no sólo nos brinda un panorama para comprender la lucha que han hecho las mujeres y las minorías a lo largo del tiempo para apropiarse de lugares -como la literatura, la educación o la ciudadanía- a los que, debido a un reduccionismo biológico, no podían acceder, sino que también nos permite reflexionar en torno a la opresión y discriminación a la que, a día de hoy, siguen sujetos.

La necesidad por distinguir y definir el concepto de género y de sexo se gestó en medio de la transición de la Segunda Ola Feminista -en los años noventa- y la Tercera Ola Feminista -a finales del siglo XX y que continúa hasta la actualidad-. Contrario a lo que se cree, el concepto de género no se acuñó desde la teoría feminista o Queer, sino desde el empirismo médico, pues se observó que no toda la construcción del sujeto podía ser articulada a través de la biología. La teoría tomó este concepto para resignificarlo, y de esta forma comprender las opresiones sistemáticas a las que son sometidas las mujeres y, al mismo tiempo, definir el sujeto del feminismo al no encasillarlo solamente a mujeres burguesas, cisgénero y heterosexuales.

En nuestro idioma, tal como apunta Marta Lamas (1997: 328), la palabra género alude a varios significados que poco o nada tienen que ver con la articulación sociocultural de las personas -como, por ejemplo: género literario, género musical, etcétera-. De forma muy superficial y con el fin de diferenciar momentáneamente lo que se entiende por sexo y género, podríamos decir que el primero se refiere a lo biológico, y el segundo, como muchas teóricas del género han mencionado, es una construcción social. La razón por la que género se usa de igual manera que sexo no es

tanto por la confusión de significados como por la suposición -dentro de una sociedad binaria- de que tanto el género y el sexo se corresponden, es decir, que a un hombre necesariamente le corresponde un cuerpo masculino y a una mujer un cuerpo femenino, incluso cuando no tengamos la certeza de esto. Por otra parte, también demuestra que no somos completamente conscientes de la importancia de establecer una distinción entre sexo y género, así como de la dinámica binaria que, consciente o inconscientemente, establece el límite y desarrollo de nuestra vida.

Ya en el periodo renacentista comenzaba a cuestionarse la naturaleza de los sexos y su implicación en el ámbito político, social y cultural. El ideal del “hombre renacentista” no se instauraba en un ideal humano, sino en un ideal masculino (Nuria Varela, 2008: 18). Si bien apenas se va descubriendo la categoría de género y sexo, es evidente -aunque no esté escrito- en este punto que existe una distinción no sólo entre su significado, sino también entre la forma en la que cada uno opera en los sujetos y en la sociedad. Por esta época, Christine de Pizan, considerada como la primera escritora profesional de la historia y la primera mujer que debatió argumentos misóginos a favor de los derechos de las mujeres, escribió La ciudad de las damas (1405), obra en la que aborda temas como la violación o el acceso al conocimiento por parte de las mujeres (Varela, 2008: 19) debido, precisamente, a las distinciones sociales otorgadas a los hombres y a las mujeres y que ella percibió a través de su experiencia. Asimismo, el debate sobre los sexos continuó con el filósofo Poulain de la Barre, quien tras sus obras como La igualdad de los sexos (1671), La educación de las damas para la conducta del espíritu en las ciencias y en las costumbres y La excelencia de los hombres contra la igualdad de los sexos, estableció la educación y el conocimiento como la base para la igualdad sexual y desmontó los argumentos que consideraban a la mujer como inferior, además de reconocer que “la mente no tiene sexo” (Varela, 2008: 20). Asimismo,

es necesario rescatar la reflexión de Nuria Varela sobre las publicaciones de Christine de Pizan y sus posteriores repercusiones: “La historia no enterró a esta mujer excepcional pero sí lo hizo con muchas otras. […] De toda esta disputa, la historia apenas ha respetado los textos femeninos o aquellos que defendían a las mujeres, pero sí ha llegado hasta nuestros días la reacción a ellos, como señala Ana de Miguel, con obras tan espeluznantemente misóginas como Ana de Miguel de Molière o La culta latiniparla de Quevedo” (Varela, 2008: 19)

El hecho de que después de tanto tiempo hayan prevalecido los contraargumentos a la defensa de la mujer, y que las obras escritas por ellas desde la experiencia hayan sido olvidadas o adjudicadas a otro autor1, nos hace pensar que quizá sí existe una dinámica de poder entre los géneros que moldea a los sujetos y sus circunstancias.

Para el siglo XVIII -siglo del nacimiento del feminismo-, en Europa, las mujeres comenzaron a cuestionar los discursos de libertad, igualdad y fraternidad, pues éstos, más allá de estar dirigidos a los ciudadanos y ciudadanas, se dirigían a los hombres como sinónimo de humanidad y, por ende, de ciudadanía:

Porque las mujeres no eran simples espectadoras como pudiéramos imaginar tras la lectura de los libros de historia. El feminismo ya nació siendo teoría y práctica. Además de los escritos de Olimpia de Gouges y Mary Wollstonecraft, muchas mujeres en aquella época comenzaban a vivir de

forma distinta, cuestionando su reclusión obligatoria en la esfera doméstica” (Varela, 2008: 22).

El que las mujeres fueran relegadas a los espacios domésticos2 y los hombres a los espacios públicos sugiere la atribución de características intelectuales y físicas con respecto al sexo que, como ya se ha mencionado antes en el mecanismo de la sociedad binaria, deriva en género. Es importante mencionar que, si bien en esta época la categoría de género no está totalmente nombrada ni definida, eso no impedía que las mujeres pudieran tener consciencia del trato que se les daba, de los derechos que les quitaron, y de los espacios a los que eran confinadas en comparación con los hombres y a lo que en ese tiempo consideraban el desempeño social, político y económico como consecuencia de la “naturaleza” -binaria- de las personas3. Sobre esto, menciona Nuria Varela:

Wollstonecraft es radicalmente moderna puesto que pone el embrión de dos conceptos que el feminismo aún maneja en el siglo XXI: la idea de género -lo considerado como “natural” en las mujeres es en realidad fruto de la represión y el aprendizaje social o como diría años después Simone de Beauvoir “no se nace mujer, llega una a serlo” […] (2008: 31).

Así pues, con Wollstonecraft comienza a moldearse el pensamiento de que género y sexo no son lo mismo ni se vinculan directamente, pues el hecho de que las mujeres habitaran la esfera privada nada tiene que ver con su biología como pensaban algunos, sino con las represiones sistemáticas: si la mujer no era bien vista ni destacaba en la esfera intelectual no era porque su biología no se lo permitiera, sino porque desde muy pequeña era instruida para las labores del hogar, negándole desempeñarse en otros ámbitos como el académico.

En 1949, con El sexo en disputa, Simone de Beauvoir desentraña la relación sexo/ género y se convierte en clave importante para la distinción de ambos términos y categorizarlos dentro de lo biológico y lo social. Con su reconocida afirmación: “no se nace mujer: se llega a serlo” (De Beauvoir, 1962: 109), Beauvoir reconoce que el género, el ser mujer, no se encuentra en la biología o en el sexo, sino que es una construcción social que se aprende y que comprende más categorías sociales. Posteriormente, de acuerdo con Susana Gamba, en 1955, John Money, psicólogo neozelandés, “propuso el término ‘papel de género’ para describir el conjunto de conductas atribuidas a los

varones y a las mujeres, pero ha sido Robert Stoller quien estableció más claramente la diferencia conceptual entre sexo y género.” (2008: párr. 3).

En 1962, el teórico social Talcott Parsons sostenía que “los papeles de género tienen un fundamento biológico y que el proceso de modernización había logrado racionalizar la asignación de estos papeles” (Conway, J., Bourque, S. y Scott, J., 1995: 21). La perspectiva de Parsons ejemplifica lo que más tarde mencionaría Marta Lamas en “El género es cultura” sobre la lógica del género, la cual es complementarse (2008: 6). Es decir, una de las razones por las que no se quiere separar al género del sexo biológico es porque también se separaría de lo reproductivo. La lógica del género dentro del pensamiento de Parsons queda explicada de la siguiente manera:

En su visión del mundo moderno, el matrimonio y la familia que se derivaba de él funcionaban gracias a la presencia de una serie de vínculos de apoyo mutuo tanto económicos como afectivos, en los que la capacidad del hombre para el trabajo instrumental (público, productivo, o general) se complementaba con la habilidad de la mujer para manejar los aspectos expresivos de la vida familiar y la crianza de los hijos” (Conway, J., Bourque, S. y Scott, J., 1995: 22).

De esta forma, como menciona Marta Lamas, la lógica del género no discrimina solamente a las mujeres, sino también a las personas homosexuales: “la homofobia es el resultado de la lógica del género” (Lamas, Marta, 2008).

Como ya hemos visto anteriormente, mientras el concepto de género desvinculado con el sexo se va descubriendo, reescribiendo y evolucionando a lo largo de la historia debido a las experiencias de las minorías oprimidas, el pensamiento privilegiado de que el género se corresponde con la biología no es nuevo, y es una idea que se viene repitiendo desde el renacimiento, por lo tanto, es necesario e importante reflexionar en torno al género, pues éste involucra relaciones de poder, es la base para la discriminación de identidades no normativas y de la opresión hacia las mujeres. Es importante conocer las luchas que las mujeres y las minorías han librado a lo largo de la historia para apropiarse de los espacios que les han sido negados. La literatura es uno de estos espacios, pues las mujeres sólo podían publicar con seudónimos masculinos, o lo hacían desde la escritura intimista. Estar conscientes de esto nos permite cuestionar las dinámicas del género con las que lidiamos todos los días.

Datos

1 La obra de Christine de Pizan se adjudicó a Boccaccio desde la muerte de la autora en 1430 hasta 1786, cuando Loiuse de Kéralo logró que se volviera a reconocer a Pizan (Varela, 2008: 19).

2 La escritora y feminista mexicana, Laureana Wright, menciona que a pesar de que las mujeres son designadas a lo doméstico, estos espacios no se construyen desde la mujer, sino que es un hombre quien lo hace, es decir, la mujer tampoco gobierna el espacio que habita: “Allí [en el hogar] la ha convertido [a la mujer] de señora en sirviente, de compañera en tutoreada, de madre en niñera; se ha abrogado sobre los seres que ella forma a costa de sus salud y que alimenta con su sangre, todos los privilegios que no le corresponden” (Wright, 2005; citada por Escorcia Ramírez, Neri, 2013: 11).

3 En una carta del padre de Olimpia de Gouges a su hija, éste escribe: “Si las personas de vuestro sexo pretenden convertirse en razonables y profundas en sus obras, ¿en qué nos convertiríamos nosotros los hombres, hoy en día tan ligeros y superficiales? Adiós a la superioridad de la que nos sentimos tan orgullosos” (Varela, 2008: 25)

Bibliografía

- Conway, Jill K., Bourque, Susan C. y Scott, Joan W. (2013). El concepto de género. En El género. La construcción cultural de la diferencia sexual (pp. 21-33). Marta Lamas (Comp.). México: Universidad Nacional Autónoma de México/ Programa Universitario de Estudios de Género/ Porrúa.

- De Beauvoir, Simone. (1962). El segundo sexo México: Editores siglo XXI

- Domenella, Ana Rosa. (2011). De los estudios de género a la teoría queer. Un trayecto entre cuerpos sexuados y cuerpos textuales. Una mirada desde la literatura latinoamericana. En Los prototipos de hombres y mujeres a través de los textos latinoamericanos del siglo XX (pp. 29-41). México: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

- Varela, Nuria. (2008). Feminismo para principiantes. Barcelona, España: Ediciones b.

* Estudiante del octavo semestre de la Licenciatura en Letras Hispanoamericanas de la Universidad de Colima. Correo electrónico: mvelazquez1@ucol.mx

Roland Barthes, Elplacerdeltexto

Escritor fragmentario (o fragmentado), cual Cioran, Virilio o el mismo Bataille, prestidigitador -como tales personajes malditos de la literatura a los cuales me hizo recordar, no en un sentido estructural o de contenido, sino ese goce característico al leerlos- del aforismo. En efecto, el aforismo encarna el pensamiento paradójico, es la perversión del lenguaje. He dicho en reiteradas ocasiones que sólo siento pasión por los escritores cuyo estilo o arte es el de la explosión. Autores que pecan de academicismo sólo resultan ser una experiencia intelectual. Y para ello basta ir a la academia. En la explosión hay una especie de exceso de vitalidad, desborde y locura. Hay una crepitación eufórica que después desvanece en el agotamiento, en un estado de ya no querer más justamente parecido al momento después del clímax sexual, del venir, del orgasmo total. Entiendo que esto quiere decir Barthes cuando habla sobre el juego placer-goce y la distinción tan adecuada que hace sobre la escritura del placer y la escritura del goce.

El texto que usted escribe debe probarme que me desea. Esa prueba existe: es la escritura. La escritura es esto: la ciencia de los goces del lenguaje, su kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado: la escritura misma) (Barthes, R. p. 14).

¿Para qué se escribe? ¿Por qué se escribe? Al respecto, Cioran dice que todo aquel que escribe para gustar, en ese mismo instante se convierte en un escritor mediocre. En este sentido me parece hay un punto de intersección cuando Barthes alude a la escritura que al leerla provoca aburrimiento puesto que la intención de quien escribe no es seductiva; es decir, las palabras no apelan al goce sino al simple y llano propósito de escribir para gustar, algo que en sí mismo me parece perverso en el sentido negativo: escribir para provocar una autocomplacencia y no un espacio intersubjetivo de goce. Borges a su vez recomendaba la lectura hedónica, esa que te seduzca a tal grado del goce máximo, de la muerte pequeña como diría Bataille. Aunque bueno, la universalidad de Borges me hace pensar en un goce demencial, sin fondo ni limite.

Este discurso a lo largo de la obra

El placer del texto de Barthes me parece sumamente interesante y en definitiva no volveré a leer de la misma manera un texto cuando lo haga simplemente por placer. Me refiero a la incorporación de elementos de una filosofía en cierto sentido hedonista, a saber: el cuerpo, los sentidos, el placer, el goce, la sensualidad, el erotismo. Siempre he sentido cierta molestia o rechazo por la gente que lee satisfaciendo su culto a la intelectualidad. Pienso más bien que un libro es como una herida; debe provocarte, herirte a tal grado de no ser el mismo ya. Pero en esa herida hay una especie de masoquismo, de goce, y eso es quizás lo que Barthes designa como perverso: una fisura y un hundimiento.

“¿El lugar más erótico de un cuerpo no está acaso allí donde la vestimenta se abre?” (Barthes, R. p. 19).

Pregunta a la vez que afirma nuestro autor. En efecto, es la intermitencia lo que erotiza, lo que aparece y luego desaparece. Inevitablemente me hizo pensar en el cuerpo de un libro, no obstante, nunca lo había considerado de tal manera. Por ejemplo, cuando luce envuelto de ese plástico transparente que lo recubre cual sensual y translúcida vestimenta. Luego, ya sea delicada o agresivamente se le desgarra, se le desviste Se toca, se ve, se huele, se entreabren páginas al azar siempre con esa excitación que motiva a ello, con esa lujuria, con ese deseo ávido y cierto sentido de posesión. Después, lo que antes aparecía ahora desaparece para dar lugar a una nueva aparición y desaparición subsecuentes. Me refiero a la lectura página por página, ya sea continua o con retrocesos, a la envuelta del trama. Entonces el libro deja de ser un simple objeto de lectura: la escisión sujeto-objeto se difumina y desaparece por completo. Leer, ahora que lo veo así, es un orgasmo contenido.

Escribir para mí ha sido un acto terapéutico. Yo escribo por necesidad, ¿el resultado?, he aprendido a tolerarme más, a desahogarme cuando alguien no me quiere escuchar. Muchas veces, sin embargo, me he preguntado por qué escribo, tratando de hallar algo más profundo. Me he contentado diciendo inocentemente que de no hacerlo pondría fin a mi existencia, lo cual responde no a mis verdaderas intenciones, sino a que para mí sencillamente la vida es inconcebible sin ese recurso lingüístico. Alguna vez leí que Sábato reparó ante una carta que preguntaba

cuándo uno se da cuenta que es escritor. A lo que él respondió, si sientes que si no lo escribes vas a morir. Esa respuesta rondó mi mente durante varios años y hasta hace poco, siendo más exactos en las vacaciones decembrinas pasadas, lo comprendí con la lectura de Bataille Breve historia del erotismo, cuando relacionaba el erotismo con la muerte; es decir, con ese goce que suspende el ritmo ordinario de la vida, que, en efecto, hace desfallecer a manera de una muerte pequeña. El placer del texto en Barthes es, sin duda, un morir de vivir, la voluntad de goce.

Bibliografía:

• Barthes, R. (1996). El placer del texto y lección inaugural de la cátedra de semiología literaria del collège de france (12ª ed.) México: Siglo XXI.

• Savater, F. (2018). Todo mi Cioran. España: Ariel.

• Bataille, G. (1970). Breve historia del erotismo Uruguay: Calden. https://reddebibliotecas.org.co/diario/%E2%80%9Clalectura-no-debe-ser-obligatoria%E2%80%9D-borges-yc%C3%B3mo-ser-mejores-profesores-de-literatura

La mención de Borges sobre su opinión se puede encontrar en especial en su entrevista en el programa

A fondo por Joaquín Soler Serrano en 1976: https:// www.youtube.com/watch?v=2gu9l_TqS8I

* Alumna del 4o semestre de la Licenciatura en Lingüística de la Facultad de Letras y Comunicación.

El Gen egoísta y el Meme

Meme es un neologismo, mas no es invento de algún hacker o navegante de la internet, por lo contrario, es fruto del pensamiento del científico Richard Dawkins, que lo acuño por su semejanza fonética con gene. La palabreja, así lo parece, ya ha motivado estudios sociológicos, antropológicos y otros, que hacen énfasis en las cuestiones relativas a la difusión cultural. Meme fue empleado por primera vez en 1976. (R. Dawhins. The Selfish Gene) El Gen egoísta es un concepto teórico, que explica las bases evolutivas del comportamiento animal y humano; en palabras de Dawkins: Somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células. Pues, es en los genes donde se dan las características propias de todo proceso evolutivo y no sobre los individuos; redefine el concepto de gen, como “unidad informativa heredable” que produce uno o varios efectos concretos, en tanto no exista otra unidad de información que produzca efectos distintos.

La metáfora del egoísmo explica la probabilidad de que un gen prospere, depende de su capacidad de adecuación al medio y no importa si se trata de un improbable gen aislado o de varios genes cooperativos. Esto nos hace reflexionar, sobre la evolución darwiniana, fenómeno en que los seres humanos nos colocamos en la cima, porque la teoría del gen egoísta da al traste con esa idea de superioridad. Dawkins interpreta la evolución de las especies con base en los genes y no en los individuos y por tanto, al igual que bacterias, plantas y demás grupos de seres vivos, la humanidad no es más que otra de las “máquinas” que utilizan el ADN para propagarse y, siendo el gen la unidad evolutiva fundamental, es gracias al egoísmo que subsiste; ese egoísmo que propicia la sobrevivencia.

Por otra parte, esto deja fuera la explicación evolutiva de las características físicas o prevalencia del linaje en los seres vivos, que se complica al recordar que el Genoma humano tiene unos tres mil millones de nucleótidos, pero al parecer, solo un 3% tiene importancia funcional y un 2% se emplea para tareas como regular genes individuales, ayudarlos a mandar mensajes y que otro 5% es “basura”, para algunos, pues

su función es únicamente separar las largas secuencias, aunque es posible, que en alguna fase de la evolución hayan sido elementos dinámicos.

No obstante, la importancia de la genética y la evolución, del libro El Gen egoísta, extraemos el concepto de meme, una metáfora que alude a la persistencia de ciertos genes, gracias a su fecundidad, longevidad y fidelidad, debidos a su capacidad de mimetismo. Por otra parte, el meme es útil desde muchos enfoques y disciplinas, mercantil, político y entre otros, el educativo, ya que al trasmitir ideas tienen una elevada efectividad. Como los genes, los memes se dan en un amplio campo de variación, se replican a sí mismos por mecanismos de imitación y transmisión de mente a mente y se reproducen en copias y copias a través de los diversos medios.

En el proceso evolutivo, los memes son comparables con la evolución biológica, incluyendo que técnicamente son unas estructuras vivientes; por lo que van resultando alelomemes o memes homólogos y se pueden agrupar en macromemes, un sistema de muchos memes estructurados e interrelacionados que forman un objeto cultural complejo: lengua, mitología, etcétera.

Objeto cultural, surge este concepto y es dable pensar en Leo Frobenius, etnólogo, que acuño el término Kulturkreis (KK) como la unión de fenómenos culturales, que metafóricamente y siguiendo a Dawkins, podríamos entenderlos como genes culturales, ya que aparecen juntos de forma orgánica, que existe una correlación funcional y que los memes como seres vivos, se extienden sobre un territorio y se difunden de región en región hasta ser intercontinentales.

La cultura tiene un peso orgánico, según Leo Frobenius, por correlacionar al ser humano con los fenómenos naturales; él estudia la forma y la estructura cultural como la de un organismo que se manifiesta de forma individual o colectiva. Por ende, la cultura no es una mera acumulación de fenómenos, costumbres, saberes… es la manifestación del ser humano en su entorno, es resultado de su educación y de su existencia misma.

La cultura se desarrolla como todo ser vivo en formas distintas y en varias etapas, del nacimiento a la vejez; para Frobenius la cultura es un organismo vivo (Frobenius Leo. Paideuma, 1923; La cultura como ser viviente. Castellano.1934). Los elementos culturales

únicamente son comprensibles en el seno del cual surgen, una complejidad histórica que supera la individualidad y constituye una esfera cultural (KK); las civilizaciones poseen, entonces, características biológicas similares a las de los organismos vivos, cada uno tiene un cierto estilo, una cierta mentalidad, que explica el término Paideuma, como principio genético y metafísico.

Volvamos al gene, gen en inglés, acuñado en 1909 por Wilhelm Johannsen, para nombrar las unidades hereditarias, lo toma del griego geno, derivado de genus estirpe, linaje. Aludiendo a la “memoria genética” del Gene, Dawkins crea el Meme para referirse a ideas y comportamientos que se transmiten de una persona a otra dentro de una cultura determinada. Meme es “una idea, conducta, estilo o moda que se trasmite de persona a persona dentro de una cultura” (Webster’s, Dic. 2003). En la Internet es cualquier imagen o texto que se difunde y se hace viral.

Dawkins necesitaba una palabra para el nuevo replicador, un nombre que sugiera la idea de una unidad cultural de trasmisión o de imitación, este sería el meme, por su relación con la memoria; lo retoma del griego mimema, de mimesis, imitación, ergo un meme es un imitador, como en mimetismo, mimético (The Silfish Gene. Oxford University Press. 1982). Agrega, se podría considerar su semejanza con la palabra francesa même (mismo, misma, igual); además, en inglés el sufijo –eme, se utiliza para formar nombres con el sentido de unidad estructural, como en español fonema, lexema. Es clara la analogía con gene, unidad hereditaria, del meme, unidad cultura de imitación.

Ya en la Internet, un meme se apropia de una idea original y puede ir mutando a través de replicaciones aleatorias y se dispersa de modo semejante a la selección darwiniana. Resumiendo, el concepto biológico de gene inspiró el cultural de meme y este se ha colado en la cotidianidad de las redes sociales. Más todavía, ya va desarrollándose la teoría de los memes entre los estudiosos de la transmisión y evolución cultural; sin embargo, hagamos un alto, porque ese sería otro aspecto “memético” a tratar, pues incluso hay quienes proponen “Culturgen”, en lugar de Meme. Quizá lo más interesante es el supuesto teórico, de que los seres humanos somos muy imitativos y poco inventivos, de ahí la proliferación de memes.

mirtea@ucol.mx

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