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El Constructor 6/1/2020 - N° 5134 Año 119

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EL CONSTRUCTOR 6 de enero de 2020

GESTIÓN

CÁMARA ARGENTINA DE CONSULTORAS DE INGENIERÍA | COMPETENCIA Y DESARROLLO DEL PAÍS

Innovación y tecnologías en los servicios de consultoría de ingeniería La consultoría de ingeniería argentina se encuentra ante los desafíos que implican las decisiones de inversión en innovación y tecnología. Lo que permite mejorar la calidad, competir en un entorno complejo y servir al desarrollo del país. ING. CRISTÓBAL DOMÉ

H

ace algo más de cinco años nos encontrábamos elaborando el naming e imagen corporativa de nuestra nueva marca. En aquel momento quienes nos asesoraban, para definir sobre qué colores apoyarnos, nos preguntaban que impronta queríamos transmitir y sin dudar respondimos: innovación y tecnología, surgiendo el naranja como paleta corazón de la identidad. Desde allí nos centramos en cómo podíamos acompañar esa idea madre integrando nuevas tecnologías en las distintas líneas del proceso productivo de los servicios que ofrecemos en el sector de la Consultoría de Ingeniería y Estudios, listando para cada uno de ellos una breve descripción cronológica de como los veníamos llevando a cabo hasta ese momento, y qué cambios pretendíamos introducir hacia el futuro. En esta dirección hay un camino central e inevitable que es la inversión, subdividido a su vez en tres carriles: equipamiento tecnológico, software, y capacitación del personal. En nuestro caso el equipamiento adquirido fue orientado a atender las áreas de Estudios Básicos (Topografía y Geotecnia), Control de Calidad e Inspecciones, Laboratorio de Materiales, y Ensayos No destructivos (Tecnología del hormigón principalmente); mientras que los software han alimentado el área de desarrollo de Proyectos de Ingeniería. La capacitación de los Recursos Humanos se vislumbra como la mejor opción, pues posee una virtud de peso ya que los equipos tecnológicos se deprecian en el tiempo, mientras que el capital humano suma valor de forma indefinida. Dando inicio a ese recorrido se piensa en los resultados que se pretenden alcanzar con los cambios que genera la inversión en tecnología: reducción de plazos, aumento de la precisión de los producidos, mejora general de la calidad del servicio con la consecuente jerarquización del personal que los lleva a cabo, y aumento de la competitividad, son las dimensiones que imperan y a su vez son el motor de búsqueda de la excelencia. En esa trayectoria surgen limitaciones, contratiempos y condicionamientos intrínsecos de nuestra coyuntura, que complejizan y ralentizan el tránsito de la gestión del día a día para llevar adelante este tipo de plan consumiendo energía adicional de la dirección de empresa, re-

percutiendo en los plazos de implementación, pudiendo a veces éstos llegar a ser indeterminados. Algunos ejemplos concretos de ello son (descartando las restricciones presupuestarias): tramitaciones en Aduana, inestabilidad de la macroeconomía del país principalmente por variaciones en el tipo de cambio, e imprevistos habituales de las relaciones comerciales. Sucede además que una vez puesta en marcha y alcanzada la innovación, se enfrenta también a clientes desactualizados en aspectos técnicos, ya que los mismos no modernizan sus especificaciones a nuevas metodologías (algunas ya arcaicas para el siglo XXI) quedando relegados o marginados aquellos métodos modernos que incluso poseen mayor prestación a los antiguos que están “atornillados” al uso y costumbre. Superados los frentes antes descriptos queda por aproximar la solución a una ecuación difícil: el retorno financiero sobre el capital a invertir. Allí la realidad nos hunde en las previsiones de nivel de actividad que se esperan para el período de amortización en análisis, poniéndose en contraste con los planes de inversión de los sectores objetivo de demanda de servicios de ingeniería, tanto en el ámbito público como privado. Conocida es la dispersión que convive desde hace décadas en los Planes de Infraestructura Pública de nuestro país que oscilan pendularmente, lo cual dificulta medir el grado de avance de los mismos y evita que se puedan vislumbrar nichos estables de mercado donde plantar la inversión. En este contexto local, puede centrarse el análisis en el ratio entre Inversión en Infraestructura y Producto Bruto Interno. Conforme a estimaciones realizadas por el Global Infrastructure Hub (GIH, una iniciativa del G 20) la Argentina posee un ratio medio del 2,50% que debe ampliarse hasta el 4,20% en promedio para atender la demanda de infraestructura insatisfecha, análisis basado para período 2015/2040, donde también se hace mención a la necesidad de financiamiento del sector privado para alcanzar dichos niveles de inversión. De mantenerse la desatención de esta brecha en la infraestructura a lo largo del tiempo, implicará a futuro una menor calidad de vida de los habitantes en términos de movilidad urbana, cobertura decreciente del servicio de agua potable y cloaca, deficiencia en el tratamiento de residuos, insuficiencias en el sistema de transporte vial, ferroviario, aeroportuario, y portuario tanto para cargas como para pasajeros, crisis energética, incremento de la vulnerabilidad por desastres naturales, profundización del déficit habitacional, entre los principales ítems. A esto se suman datos históricos de nuestro país que confirman una demanda de energía eléctrica que crece a una tasa del 4,50% anual, mientras

que la población lo hace al 0,80%. Independientemente del detalle anterior, no hace falta revisar datos estadísticos ni investigaciones especiales, para asegurar que el déficit de infraestructura existe, pues está latente, y la vida cotidiana nos pone delante de nuestros ojos esa merma de inversión que impacta más fuertemente en los sectores sociales más carenciados. Estos datos ponen de manifiesto un escenario optimista por un lado, fundado en que el sector posee un potencial excepcional de desarrollo a futuro en caso que se concrete el aumento de la inversión, y por otro, un panorama pesimista ó desalentador si la tendencia media de inversión de las últimas décadas no se revierte. En función a lo anterior, puede advertirse que la inversión en tecnología encontrará su justificación en un mercado en expansión con demanda creciente de servicios de ingeniería sofisticados y de calidad; mientras que por el contrario en un ámbito de baja demanda la oferta de servicios se satura en desmedro de la calidad de la ingeniería y de una competencia desleal entre los “jugadores” que componen la oferta. Las máquinas prendidas con los motores calientes para avanzar en la construcción sería el mejor escenario para traccionar servicios de ingeniería que se presten en tiempo y forma, con una calidad acorde. En esta dualidad acerca de la intensidad con la que se desarrollará la infraestructura nacional en el futuro, asoma la oportunidad de insertarse en el mercado internacional mediante exportación de servicios de consultoría de ingeniería. Un camino difícil pero que en otros países - con apoyo gubernamental - se ha facilitado a las empresas locales el acceso a nuevos mercados hacia el exterior. Argentina posee consultoras de ingeniería con talento humano, experiencia en obras complejas y de gran porte, con tecnología y capacidad para diseñar y supervisar obras en todos los sectores de desarrollo de la infraestructura, que unido a un tipo de cambio competitivo puede sumar al ingreso de divisas que genera la industria del conocimiento, y que tanto necesita nuestro querido país. Ciertamente, por el futuro de los argentinos, uno desea que todas las horas de ingeniería que dispone en la empresa estén al servicio de cubrir la brecha de infraestructura que le quita competitividad al país y regula a la baja las expectativas de calidad de vida de la población de cara al futuro; pero si la capacidad financiera no fuera suficiente para ello, llevar nuestro conocimiento hacia el exterior es un desafío que merece ser enfrentado, para contribuir a la economía de forma indirecta. También tiene significación que en ese objetivo de dotar al país de la infraestructura indispensable, se apunte a pro-

yectos de excelencia con adecuada selección de los responsables de su desarrollo, por cuanto en el ciclo de vida de un proyecto, la inversión en buena ingeniería no incide en el costo, se ahorra en la obra y se acortan los plazos. Pasaron cinco años, cumplimos el objetivo que nos planteamos al inicio, modernizar e incorporar tecnologías en las distintas prestaciones que ofrecemos, quedando mucho por mejorar hacia adelante. Hoy la meta es poder desplegar toda nuestra capacidad empresarial disponible, no solo para producir servicios de ingeniería de calidad, sino para contribuir al desarrollo sostenible de la Argentina en el mediano y largo plazo.

INGENIERO CIVIL, POSGRADUADO DE LA ESCUELA CAMINOS DE LA FACULTAD DE INGENIERÍA DE LA UBA- CO-FUNDADOR Y GERENTE DE LA FIRMA JUSTO DOME Y ASOCIADOS SRL CONSULTORA DE INGENIERÍA.


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