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PANORAMA elCaribe, MARTES 6 DE MAYO DE 2014

OPINIÓN

Está mal, cuesta mucho y debemos corregirlo

ANDRÉS DAUHAJRE HIJO andydauhajre@gmail.com

E

l Gobierno dominicano se maneja con un presupuesto muy ajustado. En el 2013, realizó un fuerte ajuste fiscal, pero le queda todavía un trecho importante por recorrer para alcanzar la sostenibilidad. Unos plantean más recortes en el gasto; otros propugnan por reformas tributarias que incluyan la ampliación de bases y reducción de exenciones. Los afiliados a la escuela de lo políticamente correcto hablan de Pacto Fiscal. En lo que se llega a un consenso, hay medidas que pueden reducir el gasto inmediatamente. Lo interesante es que se pueden adoptar esta misma semana. El Estado dominicano exhibe un comportamiento inexplicable en el mercado doméstico de deuda. Una práctica que le ha costado miles de millones de pesos en gastos adicionales en los últimos años. El Ministerio de Hacienda es una dependencia del Gobierno Central. Emite deuda pública a través de la colocación de bonos con plazos diferentes. Lo mismo hace el Banco Central, una entidad 100% propiedad del Estado Dominicano, que emite certificados de inversión y notas de renta fija, a veces a través de subastas y otras veces de manera directa. Como se puede observar, ambas entidades pertenecen al mismo Estado, implicando que el riesgo soberano de los títulos de deuda que emiten Hacienda y el Banco Central, es idéntico. Dicho lo anterior, cualquier persona con sentido común deduciría que si Hacienda y el Banco Central emiten el mismo día un bono o una nota de renta fija, por ejemplo, con un plazo de vencimiento de 5 años, ambas entidades deberían colocarlos a la misma tasa o cupón, si lo venden ambas a valor par. En otras palabras, que el rendimiento a recibir por el comprador del título sería el mismo. A nadie le cabría en la cabeza la idea de que el Banco Central ofrezca un rendimiento de 14% mientras Hacienda, por un bono idéntico –con el mismo riesgo soberano-, oferte 10%. Si usted piensa así, definitivamente que ha olvidado algo fundamental: República Dominicana es un país muy especial. Aquí ocurren cosas inexplicables que en el resto del mundo El pasado 8 de abril, para poner un caso, el Banco Central subastó RD$12,000 millones en Notas de Renta Fija a 5 años con un rendimiento de 13.85%. Meses atrás, el Ministerio de Hacienda había colocado RD$3,139 millones en bonos a 5 años con un rendimiento de 10.20%. Sorprendente la colocación del Banco Central a 13.85% cuando ese día el rendimiento del bono de Hacienda de 5 años

en el mercado secundario era de 11.40%. Podría pensarse que la diferencia se debe a tratamiento impositivo diferenciado, pero no es así, ambos títulos están sujetos a la misma retención del 10%. Lo primero que debe analizarse es la diferenciación de tasas para títulos idénticos, emitidos por dos entidades pertenecientes al Estado Dominicano. Esta práctica es incorrecta, genera confusión en los mercados, no es transparente y se traduce en costos excesivos en el servicio de la deuda pública. Alguien podría indicar que el Banco Central es autónomo y que nadie le puede decir la tasa a la que debe colocar sus títulos. Ese planteamiento también es incorrecto, pues el hecho de que sea autónomo no quiere decir que pertenece a un Estado soberano diferente al dominicano. Por tanto, si el riesgo soberano es el mismo, la tasa también debe ser la misma que ofrezca el Ministerio de Hacienda por un título idéntico. Pero si esto no fuera suficiente para convencer a las autoridades del Banco Central y la Junta Monetaria, todos debemos recordar que aunque el Banco Central realiza el pago de los intereses sobre los títulos que coloca, al final del camino, esos intereses terminan siendo pagados por el Gobierno Central, pues esos pagos son incorporados en el cálculo del déficit cuasi-fiscal del Banco Central, el cual corre por cuenta del Gobierno. En consecuencia, si el Banco Central coloca deuda al 14% pudiendo haberla colocado al 10% u 11% a la que coloca Hacienda, el Gobierno dominicano es perjudicado al recibir una factura de intereses pagados por el Banco Central que contiene un exceso de pago de intereses. Ser bondadoso en el pago de intereses le puede acarrear al Banco Central muchos aplausos; el problema es que es otro, es el Gobierno, quien termina pagando la cuenta. A lo anterior debemos agregar el análisis del rendimiento real, descontando la inflación, que el Banco Central y el Ministerio de Hacienda ofrecen cuando emiten deuda en el mercado doméstico. Las dos emisiones recientes del Banco Central y del Ministerio de Hacienda que hemos analizado, cuando le descontamos la inflación inter-anual a marzo (2.99%), arrojan tasas de interés reales del 10.86% y 7.21%, respectivamente. Esas tasas son escandalosamente altas cuando se comparan con la media de América Latina. En México la tasa real sobre un bono en moneda local a 5 años es de 1.46%, en Chile 1.62%, Perú 1.94%, Colombia 2.91%, Guatemala 3.55% y Costa Rica, que tiene un grave problema fiscal este año, 5.54%. Pagar 10.86% de tasa de interés real, por tanto, es una costosa aberración. Este problema se resuelve en horas. Lo primero es prohibir que el Banco Central y Hacienda paguen rendimientos diferentes por bonos equivalentes. Y segundo, que Hacienda establezca un tope a la tasa de interés real a pagar por plazo de vencimiento de cada título, utilizando siempre la última información de la inflación inter-anual calculada por el Banco Central. El tope no debería superar el 6% para un título a 5 años.

El Banco Central y Hacienda deben tener presente que hay algo que trabaja a favor de ambas entidades: en la práctica, tienen el monopolio de la emisión de títulos de deuda en el país. Si el mercado doméstico aspira a mayores tasas, ambos, el Banco Central y Hacienda encontrarán cientos de inversionistas en el mercado global dispuestos a convivir con tasas más razo-

nables. Si alguien lo duda, miren lo que sucedió con el bono global a 30 años que colocó hace unos días el Gobierno dominicano: 118 inversionistas aceptaron un rendimiento nominal de 7.45% que asume implícitamente un promedio anual de devaluación máxima del peso durante los próximos 30 años de 3.99%. Corrijamos pues, algo que está mal, muy mal. l


Rendimiento Bonos