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Cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo

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—¡Vagabundo! –rugió– ¿Dónde se metería? ¡Me ha engañado! Nadie se estaba robando mis verduras. ¡Déjelo quieto, cuando lo encuentre, él va a saber lo que es bueno! En seguida cogió el saco con el avispero dentro, y entró en su casa. Ya tenía el agua hirviendo, y echó las verduras y los aliños en la olla. Buscó la mano del pilón, y con ella golpeó salvajemente el saco, hasta deshacer el avispero que contenía. —Qué blandito era ese Tío Morrocoy –murmuró–. Mejor; así el sancocho estará más rápido. Se acercó al fogón y vació el saco junto a sus propios pies. Las avispas, embravecidas, rodearon a Tío Tigre en una espesa nube, y comenzaron a clavarle sus terribles aguijones. Lanzando espantosos alaridos de dolor, Tío Tigre corrió afuera, se revolcó en el patio, desesperadamente, y luego huyó bosque adentro. Tío Conejo, Tío Morrocoy y Ramón Pilá, a todas estas, reventaban de risa, allí, en la orilla de la selva.


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Cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo by Ediciones Ekaré - Issuu