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LIBÉRESE DEL

PASADO

J. KRISHNAMURTI


Índice

Título original: Freedom from the Known Traducción: F. K. L. Revisado por: Ángel Herraiz Diseño de cubierta: Rafael Soria © Krishnamurti Foundation Trust Ltd., Londres, 1969, English version La presente edición en lengua española se publica bajo licencia de la Krishnamurti Foundation of America (KFA), www.kfa.org, e-mail: kfa@kfa.org, y la Krishnamurti Foundation Trust Ltd. (KFT), www.kfoundation.org, email: kft@brockwood.org.uk, con la Fundación Krishnamuri Latinoamericana (FKL), apartado 5351, 08080 Barcelona, España, www.fkla.org, e-mail: fkl@fkla.org. De la presente edición en castellano: © Gaia Ediciones, 2008 Alquimia 6 - 28933 Móstoles (Madrid) Tels.: 91 614 53 46 / 58 49 - Fax: 91 618 40 12 e-mail: contactos@alfaomega.es - www.alfaomega.es Depósito Legal: M. 21.918-2008 I.S.B.N.: 978-84-8445-226-3 Primera edición: mayo de 2008 Impreso en España por: Artes Gráficas COFÁS, S.A. - Móstoles (Madrid) Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con autorización de los titulares de propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (artículos 270 y siguientes del Código Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos (www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.

Págs.

1. La búsqueda del hombre. La mente torturada. El enfoque tradicional. La trampa de la respetabilidad. El ser humano y el individuo. La lucha de la existencia. La naturaleza básica del hombre. La responsabilidad. La verdad. La autotransformación. Disipación de la energía. Liberarse de la autoridad ..........................

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2. Aprendizaje de nosotros mismos. Sencillez y humildad. El condicionamiento .......................................

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3. La consciencia. La totalidad de la vida. El darse cuenta ....................................................................

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4. La persecución del placer. El deseo. La perversión por el pensamiento. La memoria. El gozo ..............

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5. El interés por uno mismo. El ansia de posición. Los temores y el temor total. La fragmentación del pensamiento. El fin del temor .......................................

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6. La violencia. La cólera. Justificación y condenación. El ideal y la realidad.................................................

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7. Las relaciones. El conflicto. La soledad. La pobreza. Las drogas. La dependencia. La comparación. El deseo. Los ideales. La hipocresía ........................

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Págs.

8. La libertad. La rebelión. La soledad interna. La inocencia. Vivir con nosotros tal como somos..............

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9. El tiempo. El dolor. La muerte ...............................

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10. El amor ....................................................................

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11. Observar y escuchar. El arte. La belleza. La austeridad. Las imágenes. Los problemas. El espacio.....

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12. El observador y lo observado....................................

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13. ¿Qué es el pensar? Las ideas y la acción. El reto. La materia. El origen del pensamiento .........................

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14. El peso del ayer. La mente serena. La comunicación. La realización. La disciplina. El silencio. La verdad y la realidad .............................................................

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15. La experiencia. La satisfacción. La dualidad. La meditación....................................................................

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16. La revolución total. La mente religiosa. La energía. La pasión .................................................................

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Este libro se escribió por sugerencia de Krishnamurti, y fue aprobado por él. Las palabras que contiene fueron seleccionadas de varias de sus recientes charlas en inglés, grabadas en cintas magnetofónicas e inéditas, las cuales pronunció ante auditorios de distintas partes del mundo. La compilación y el orden en que están presentadas son de mi responsabilidad. MARY LUTYENS


1 La búsqueda del hombre - La mente torturada El enfoque tradicional La trampa de la respetabilidad - El ser humano y el individuo La lucha de la existencia - La naturaleza básica del hombre La responsabilidad - La verdad - La autotransformación Disipación de la energía - Liberarse de la autoridad

A lo largo de todos los tiempos, el hombre ha buscado algo más allá de sí mismo, más allá del bienestar material —lo que llamamos verdad, Dios o realidad, un estado sin temporalidad—, algo que no pueda ser perturbado por las circunstancias, por el pensamiento o por la corrupción humana. El hombre se ha planteado siempre el interrogante: ¿Qué significa todo esto? ¿Tiene la vida algún significado? Ve la enorme confusión de la vida, las brutalidades, las revoluciones, las guerras, la división interminable en las religiones, ideologías y nacionalidades, y con un sentimiento de continua y profunda frustración, se pregunta: ¿Qué ha de hacer uno? ¿Qué es lo que llamamos vivir? ¿Hay algo más allá? Al no encontrar esa cosa desconocida con miles de nombres que siempre ha buscado, ha cultivado la fe, fe en un salvador o en un ideal, pero la fe invariablemente engendra violencia. En esta batalla constante que llamamos vida, tratamos de establecer un código de conducta de acuerdo con la sociedad en la que hemos crecido, ya sea una sociedad comunista o una supuesta sociedad libre. Aceptamos una norma de conducta, que es parte de nuestra tradición como hindúes, musulmanes, cristianos o lo que seamos. Recurrimos a alguien para que nos diga cuál es la conducta correcta o equivocada, cuál es el pensamiento recto o errado, y siguiendo este patrón nuestra conducta y nuestro pensamiento se vuelven mecánicos y nuestras respues-


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tas automáticas. Podemos observar esto muy fácilmente en nosotros mismos. Durante siglos hemos sido tratados como párvulos por nuestros maestros, autoridades, libros y santos de nuestra devoción. Les pedimos que nos hablen de todo esto, les preguntamos por lo que hay más allá de las colinas, de las montañas y de la Tierra, y quedamos satisfechos con sus descripciones, lo cual quiere decir que vivimos de palabras, y que nuestra vida está vacía y hueca. Somos gente de segunda mano. Hemos vivido de lo que nos han dicho, ya sea guiados por nuestras inclinaciones, nuestras tendencias, o compelidos a aceptarlas por las circunstancias y el medio ambiente. Somos el resultado de toda clase de influencias, no hay nada nuevo en nosotros, nada que hayamos descubierto por nosotros mismos; nada original, prístino, claro. A través de la historia de la teología, nos han asegurado los líderes religiosos que si ponemos en práctica ciertos rituales, si repetimos ciertas plegarias o mantras, si vivimos conforme a determinados patrones, si reprimimos nuestros deseos y si controlamos nuestros pensamientos, sublimamos las pasiones, moderamos los apetitos y refrenamos los deseos sexuales encontraremos, tras suficiente tortura de la mente y del cuerpo, algo más allá de esta mezquina vida. Es lo que millones de los supuestos religiosos han hecho a lo largo del tiempo, ya sea en aislamiento, internándose en el desierto o en las montañas, o en una cueva, o vagando de pueblo en pueblo con una escudilla de mendicante, o bien en grupos, viviendo en un monasterio, forzando sus mentes a seguir un modelo establecido. Pero una mente torturada, una mente abatida, una mente que desea escapar de toda aflicción, que ha renunciado al mundo exterior y se ha endurecido por la disciplina y el conformismo, tal mente, por mucho que busque, sólo encontrará aquello que esté de acuerdo con su distorsión. Así pues, para descubrir si realmente hay algo más allá de esta existencia ansiosa, culpable, temerosa y competitiva, me pa-

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rece que debe uno enfrentarse a ella de una forma por completo diferente. El enfoque tradicional consiste en partir de la periferia hacia el centro, y con el tiempo, con la práctica de la renunciación, seguir gradualmente hasta alcanzar esa flor interna, esa belleza y ese amor interno; en realidad, hacer todo lo que pueda volver a uno limitado, falso y mezquino; ir poco a poco; tomar tiempo; dejarlo para mañana, para la próxima vida. Y cuando al fin llega uno al centro, descubre que ahí no hay nada, porque la mente se ha vuelto incapaz, torpe e insensible. Habiendo observando este proceso, uno se pregunta: «¿Es que no hay un enfoque del todo diferente?». Es decir, ¿no es posible irrumpir súbitamente desde el centro? El mundo acepta y sigue el enfoque tradicional. La causa principal del desorden en nosotros mismos es la búsqueda de la realidad prometida por otros. Seguimos mecánicamente a quien nos asegura una vida espiritual confortable. Es de lo más extraordinario que aunque la mayoría de nosotros nos oponemos a la tiranía y a la dictadura política, internamente permitimos que la autoridad, la tiranía de otro nos deforme la mente y nuestra manera de vivir. De modo que si rechazamos por completo, no intelectualmente, sino realmente toda supuesta autoridad espiritual, todas las ceremonias, rituales y dogmas, ello significa que nos quedamos solos, y en conflicto con la sociedad, y dejamos de ser respetables. No es posible que un ser humano respetable pueda acercarse a esa infinita e inconmensurable realidad. Usted ha empezado ahora por rechazar algo absolutamente falso —el enfoque tradicional—, pero si lo rechaza como una reacción habrá creado otro patrón en el cual se verá de nuevo atrapado. Si usted se dice a sí mismo, intelectualmente, que este rechazo es muy buena idea, pero no hace nada, no podrá seguir más adelante. Sin embargo, si usted lo rechaza porque comprende la estupidez y la poca madurez de ello, si lo rechaza con gran inteligencia, porque es libre y no tiene miedo, creará una gran perturbación en usted mismo y a su alrededor, pero se habrá sa-


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tas automáticas. Podemos observar esto muy fácilmente en nosotros mismos. Durante siglos hemos sido tratados como párvulos por nuestros maestros, autoridades, libros y santos de nuestra devoción. Les pedimos que nos hablen de todo esto, les preguntamos por lo que hay más allá de las colinas, de las montañas y de la Tierra, y quedamos satisfechos con sus descripciones, lo cual quiere decir que vivimos de palabras, y que nuestra vida está vacía y hueca. Somos gente de segunda mano. Hemos vivido de lo que nos han dicho, ya sea guiados por nuestras inclinaciones, nuestras tendencias, o compelidos a aceptarlas por las circunstancias y el medio ambiente. Somos el resultado de toda clase de influencias, no hay nada nuevo en nosotros, nada que hayamos descubierto por nosotros mismos; nada original, prístino, claro. A través de la historia de la teología, nos han asegurado los líderes religiosos que si ponemos en práctica ciertos rituales, si repetimos ciertas plegarias o mantras, si vivimos conforme a determinados patrones, si reprimimos nuestros deseos y si controlamos nuestros pensamientos, sublimamos las pasiones, moderamos los apetitos y refrenamos los deseos sexuales encontraremos, tras suficiente tortura de la mente y del cuerpo, algo más allá de esta mezquina vida. Es lo que millones de los supuestos religiosos han hecho a lo largo del tiempo, ya sea en aislamiento, internándose en el desierto o en las montañas, o en una cueva, o vagando de pueblo en pueblo con una escudilla de mendicante, o bien en grupos, viviendo en un monasterio, forzando sus mentes a seguir un modelo establecido. Pero una mente torturada, una mente abatida, una mente que desea escapar de toda aflicción, que ha renunciado al mundo exterior y se ha endurecido por la disciplina y el conformismo, tal mente, por mucho que busque, sólo encontrará aquello que esté de acuerdo con su distorsión. Así pues, para descubrir si realmente hay algo más allá de esta existencia ansiosa, culpable, temerosa y competitiva, me pa-

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rece que debe uno enfrentarse a ella de una forma por completo diferente. El enfoque tradicional consiste en partir de la periferia hacia el centro, y con el tiempo, con la práctica de la renunciación, seguir gradualmente hasta alcanzar esa flor interna, esa belleza y ese amor interno; en realidad, hacer todo lo que pueda volver a uno limitado, falso y mezquino; ir poco a poco; tomar tiempo; dejarlo para mañana, para la próxima vida. Y cuando al fin llega uno al centro, descubre que ahí no hay nada, porque la mente se ha vuelto incapaz, torpe e insensible. Habiendo observando este proceso, uno se pregunta: «¿Es que no hay un enfoque del todo diferente?». Es decir, ¿no es posible irrumpir súbitamente desde el centro? El mundo acepta y sigue el enfoque tradicional. La causa principal del desorden en nosotros mismos es la búsqueda de la realidad prometida por otros. Seguimos mecánicamente a quien nos asegura una vida espiritual confortable. Es de lo más extraordinario que aunque la mayoría de nosotros nos oponemos a la tiranía y a la dictadura política, internamente permitimos que la autoridad, la tiranía de otro nos deforme la mente y nuestra manera de vivir. De modo que si rechazamos por completo, no intelectualmente, sino realmente toda supuesta autoridad espiritual, todas las ceremonias, rituales y dogmas, ello significa que nos quedamos solos, y en conflicto con la sociedad, y dejamos de ser respetables. No es posible que un ser humano respetable pueda acercarse a esa infinita e inconmensurable realidad. Usted ha empezado ahora por rechazar algo absolutamente falso —el enfoque tradicional—, pero si lo rechaza como una reacción habrá creado otro patrón en el cual se verá de nuevo atrapado. Si usted se dice a sí mismo, intelectualmente, que este rechazo es muy buena idea, pero no hace nada, no podrá seguir más adelante. Sin embargo, si usted lo rechaza porque comprende la estupidez y la poca madurez de ello, si lo rechaza con gran inteligencia, porque es libre y no tiene miedo, creará una gran perturbación en usted mismo y a su alrededor, pero se habrá sa-

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