YO ESTOY BIEN; TÚ ESTÁS LOCO
Tu día empieza de forma bastante inocente. Los niños estarán en la escuela, tu pareja estará en el trabajo y, como trabajaste horas extra este fin de semana, en realidad tienes el día libre. Se siente como un regalo, porque pasa muy pocas veces. Puedes hacer diligencias, ponerte al día con algunas llamadas telefónicas y avanzar en ese proyecto para el que no has tenido tiempo. Incluso puede que tengas oportunidad de leer o descansar un rato en el patio.
Altas expectativas. Gran anticipación. Poco estrés. Será un buen día.
Y entonces sucede…
• Tu hija baja las escaleras llorando porque acaba de vomitar en el pasillo (y tiene conjuntivitis).
• Tu pareja vuelve corriendo a la casa y dice: “Mi carro no arranca. Necesito que me lleves al trabajo… y que vengas por mí esta tarde”.
• Tu mamá aparece en la puerta sin avisar.
• Tu suegra aparece en la puerta sin avisar.
• Tu hijo tira de la cadena del inodoro y todo se regresa por la bañera.
• Te llama tu amiga de la iglesia (esa que siempre está en crisis y no toma aire mientras te cuenta la más reciente).
• Te llega un mensaje de tu jefe que dice: “Sé que te dije que tomaras el día libre… pero nuestro cliente solo va a estar hoy. ¿Podrías venir como a la una, solo por una hora?”.
¡La gente me está volviendo loco!
Todos tenemos personas locas en nuestra vida. Si no estamos en medio de alguna situación dramática, probablemente acabamos de salir de una… o estamos a punto de entrar en otra. Parece que siempre hay algo pasando que nos causa estrés. En esos raros momentos sin estrés empezamos a preocuparnos por lo que va a pasar después.
Donde hay gente loca, hay drama. No importa cuánto nos esforcemos por eliminar ese drama, sigue regresando… mientras esas personas estén en nuestra vida. Algunas personas traen drama de manera inocente, mientras que otras parecen tener una misión personal de demoler nuestra cordura.
Todos tenemos un punto de equilibrio emocional en el que nos sentimos más cómodos. Es esa posición en la que las cosas van bien, nos sentimos bien y nadie está arruinando nuestra vida. Cuando alguien sí lo hace, de manera subconsciente tratamos de tomar el control de lo que podamos para que todo vuelva a la normalidad. Intentamos arreglar el problema, cambiar a la persona o modificar la situación.
Si funciona, regresamos a nuestro punto de equilibrio y volvemos a estar cómodos. Si no funciona, nos sentimos agitados, preocupados y estresados. Salimos de nuestra zona de comodidad y lo único en lo que podemos pensar es en volver al lugar al que sentimos que pertenecemos.
Eso es el drama: cualquier cosa que nos hace sentir intranquilos. Y siempre tiene que ver con personas; personas que nos vuelven locos. La gente loca y el drama van de la mano.
Suponemos que la vida sería mejor sin todo el drama. Pero cuando hablas con otros sobre la vida que has vivido, ¿qué historias cuentas?
Todo tiene que ver con el drama, no con la rutina. Describimos la vida de una persona como “llena de color” cuando ha vivido experiencias arriesgadas y estremecedoras. Hablamos de las aventuras emocionantes que tuvimos en las vacaciones, no de la rutina diaria de leer el periódico por la mañana. Los realities en la televisión se editan para mostrar los momentos de drama, no las horas de aburrimiento.
Un policía retirado que conozco describió su carrera como “años de actividad bastante rutinaria interrumpidos por unos cuantos momentos de terror absoluto”. De alguna manera, el drama le añade riqueza a nuestra vida cuando miramos hacia atrás. Es el dolor del presente el que tratamos de evitar; el dolor que a menudo viene de las relaciones.
El drama puede tomar diferentes formas y tener resultados distintos en nuestra vida. Que tu schnauzer vomite en la alfombra justo cuando llegan las visitas causa drama; pero no tanto como que tu cocina se esté incendiando. Tu esposo tenía buenas intenciones cuando accidentalmente metió en la secadora tu suéter de lana favorito; pero el hecho de que ahora le quede a tu canario genera otro tipo de estrés: equilibrar lo que sientes por sus buenas intenciones con los desafortunados resultados de sus decisiones.
En ambos casos, el drama es el resultado de lo que otros dicen o hacen.
CÓMO SE VE LA LOCURA
Las personas locas traen drama a nuestra vida, pero no todos los eventos dramáticos afectan a todo el mundo de la misma manera.
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Para nuestros propósitos, vamos a fijarnos en el tipo de drama que incluye algunas de estas características:
Primero, involucra nuestras emociones. No importa cuál fue el evento o qué dijo o hizo alguien. Lo que lo convierte en algo dramático es cómo nos sentimos al respecto. Por eso dos personas pueden estar atrapadas en el mismo embotellamiento y llegar tarde a la misma cita, pero una está alterada y la otra no. El evento en sí no es realmente el problema; es nuestra respuesta al evento.
Segundo, casi siempre involucra a otras personas. Cuando los demás no cumplen nuestras expectativas, experimentamos drama. Se nos cruzan en el tráfico, llegan tarde o responden con sarcasmo. Si una situación específica nos molesta, probablemente tenga algo que ver con personas. En un día de calor insoportable, culpamos a los ejecutivos de la empresa eléctrica por cobrar tarifas tan altas para usar el aire acondicionado, y luego culpamos a nuestro jefe por no darnos el aumento que necesitamos para poder bajar el termostato.
Tercero, a menudo es inesperado. Nos toma por sorpresa porque no vimos venir el evento. No planificamos una enfermedad grave, la pérdida de un trabajo o esa llamada de la policía a medianoche por causa de nuestro hijo adolescente.
Cuarto, es personal . Pasan muchísimas cosas locas en el mundo, pero no todas nos afectan. Aquí estamos hablando de las que directamente nos sacan de nuestra zona de comodidad. Una cosa es escuchar que arrestaron al presidente de una empresa por desfalcar los fondos de jubilación; otra muy distinta es cuando tú trabajas para esa empresa y se trata de tus fondos de jubilación.
Quinto, a menudo está exagerado. No siempre es así, pero muchas veces inflamos la situación en nuestra mente más allá de la realidad del evento. Cuando tu hija no ha llegado a casa diez minutos después de la hora de llegada, te sientes un poco molesto. Media hora después, estás enojado. Una hora más tarde, entras en pánico.
Una hora después de eso, estás aterrorizado y llamando a la policía. Cuando por fin entra por la puerta, estás oscilando entre el alivio y el homicidio.
ES UN TEMA DE CONTROL
Nuestra incomodidad con una situación varía según el grado de control que tengamos. Si podemos hacer algo al respecto, tendemos a estar bien. El auto tiene una llanta ponchada; la mandamos a arreglar. El inodoro se desborda; llamamos a un plomero y limpiamos el desastre. Hablamos duramente a nuestros hijos cuando estamos cansados; luego pedimos perdón.
Son esas situaciones que no podemos arreglar o esas personas que no podemos cambiar las que nos hacen sentir más incómodos. Cuando el médico usa las palabras “incurable” y “cáncer” en la misma frase, el drama adquiere un significado totalmente distinto. Cuando un buen amigo se vuelve contra nosotros y traiciona nuestra confianza, no tenemos ninguna garantía de que nuestra respuesta “lo arreglará todo”. Cuando un jefe es sencillamente irrazonable y no quiere escuchar la lógica, quizás no podamos cambiarlo.
¿Qué hacemos con esas situaciones? ¿Cómo podemos deshacernos de ese drama?
Es como un baile entre dos personas. Tratamos de mantener el paso, pero no estamos seguros de lo que la otra persona hará. Cuando hace un movimiento que no esperábamos, nos apresuramos a responder de una manera que mantenga a ambos de pie. Ellos responden a nuestra respuesta; y el baile continúa de un lado a otro mientras cada uno intenta negociar las diferencias.
LA PREOCUPACIÓN MÁS COMÚN
Una mujer observaba a un hombre en el supermercado con un niño pequeño gritando y retorciéndose en el asiento del carrito de compras. El niño estaba totalmente fuera de control, tratando de
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agarrar cosas del estante y gritando sin parar. Mientras el hombre subía y bajaba por los pasillos, repetía con calma: “Billy, está bien. Tú puedes con esto. Puedes manejarlo. No tienes por qué alterarte.
Tranquilo, Billy, todo está bien”.
La mujer quedó tan impresionada por su manera de manejar la situación que sintió que tenía que felicitarlo por su autocontrol. “Perdón que me meta… pero solo quería decirle lo impresionada que estoy con la forma en que le ha estado hablando al pequeño Billy”.
El hombre respondió: “Ah, mi hijo se llama Jeremy. Yo soy Billy”.
Yo doy seminarios para ganarme la vida. Varias veces por semana estoy en una sala de conferencias de una empresa o de un hotel ayudando a la gente a descubrir maneras de administrar mejor su tiempo y su vida. Hablamos de descubrir qué es lo que realmente importa y de basar nuestras decisiones diarias en esos valores. Los participantes piensan en formas prácticas de organizar su vida personal y profesional para lograr aquello que los mueve hacia esa meta.
Al final del día, algunos se me acercan con preguntas sobre cómo aplicar los conceptos a sus situaciones particulares. La pregunta que más escucho se refleja en la inquietud de Madelyn:
Me encanta todo esto, y estoy emocionada por ponerlo en práctica. Pero trabajo para una jefa que simplemente no lo entiende. Yo puedo intentar aplicar esto, pero ella no lo aceptaría. Es exigente e irrazonable y simplemente no lo ve. Todo esto suena muy bien, pero estoy atrapada en una situación sin salida. Siento que no tengo opciones.
¿Te suena familiar? Podrías reemplazar la palabra “jefa” por “esposo/esposa”, “amigo”, “suegros”, “padre/madre” o prácticamente cualquier otra persona loca en tu vida que te traiga drama. En el fondo, la conclusión es que, hagas lo que hagas, siempre hay alguien más que impide que funcione.
Mi respuesta a esa preocupación tan común es la que le da estructura a este libro. Normalmente sugiero un proceso de tres pasos:
1. Primero, intenta cambiar la situación. Explora todas las vías posibles para influir en el comportamiento de la otra persona o modificar las condiciones. Puede implicar una conversación cuidadosa con esa persona en un ambiente no amenazante, o idear una solución creativa al problema. Puede incluir negociar con esa persona una manera mutuamente beneficiosa de manejar el asunto.
2. Si ya intentaste todo lo posible y la situación no va a cambiar, te queda el segundo paso: cambiar tu actitud. La pregunta pasa a ser: “¿Qué puedo hacer para cambiar la forma en que respondo o manejo esta situación, de modo que no me esté devorando por dentro todo el tiempo?”.
3. En algunos casos, podría ser apropiado dejar la situación. Si llegas a un punto en el que tu jefe no va a cambiar y tú simplemente ya no puedes más, quizás debas considerar buscar otro trabajo o trasladarte a otro departamento de la empresa.
Muy a menudo, sin embargo, la gente elige esa opción antes de trabajar en cambiar la situación y su propia actitud. Su reacción inmediata es: “Renuncio”. Pero esa normalmente debería ser la última opción, cuando ya se han agotado las demás posibilidades.
Esa tercera opción no siempre es adecuada. No estoy sugiriendo que alguien corte de golpe una relación de años con un miembro de la familia solo porque está cansado del drama. Mucha gente salta demasiado rápido a esta opción antes de trabajar a fondo en la relación.
Aquí va un ejemplo:
Digamos que mi casa es el lugar tradicional de reunión de la familia para la cena de Acción de Gracias cada año. Es la casa más
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grande y está en un punto céntrico. Amo a estas personas, pero termino hecho un manojo de nervios cuando todo acaba.
El tío Joe no soporta el pavo, así que siempre tengo que incluir también jamón. Nadie se ofrece a traer nada, lo que significa que yo pago por todo. Tina dice que no puede venir, pero igual aparece con dos amigas bastante peculiares. Me toma días limpiar la casa y dejar todo listo, y cuando llega la hora de recoger, todos desaparecen frente al partido de fútbol. En vez de agradecimiento, los únicos comentarios son que el relleno tenía demasiadas pasas.
Así es como podría aplicar las tres opciones:
1. ¿Puedo cambiar la situación? Si estoy decidido a seguir celebrando Acción de Gracias en mi casa, puedo intentar buscar alternativas:
» Que el tío Joe traiga su propio jamón.
» Enviar una invitación en línea con inscripciones para que cada uno se apunte con algún platillo.
» Contratar a alguien para ayudar con la limpieza de la casa.
» Desconectar el cable de la televisión.
» Servir las pasas en un cuenco aparte.
2. Si la gente no quiere seguir mis sugerencias, puedo trabajar en tener una buena actitud y aceptar la realidad del comportamiento de las personas.
3. Si llego a un punto en el que el estrés de la situación está afectando mi salud y mi cordura, puedo cambiar el entorno:
» Simplemente decir: “Este año no voy a hacer Acción de Gracias en mi casa. Avísenme dónde quieren reunirse y allí estaré para ayudar”.
» Reservar un salón en un restaurante local y avisar a la familia cuánto costará por persona.
» Organizar un crucero de Acción de Gracias con amigos o con la familia más cercana.
» Programar la casa para que sea fumigada por termitas justo en esas fechas.
Es una aplicación práctica de la Oración de la Serenidad: “Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia”.
HACIA DÓNDE VAMOS
En la primera sección de este libro exploraremos las posibilidades de influir en una situación con las personas locas en nuestra vida. No hay garantías, pero muchos de los enfoques que la gente usa no son efectivos. Necesitamos un nuevo juego de llaves para abrir esas relaciones.
“¿Pero qué pasa si las llaves no funcionan y las cerraduras están dañadas sin remedio? ¿Y qué pasa si estamos en una situación de la que no podemos simplemente salir caminando?”.
En la segunda sección veremos las características y actitudes que podemos formar en nuestra vida y que tienden a influir más en los demás. No se trata tanto de lo que hacemos, sino en quién nos convertimos. Nos concentraremos en las siete “llaves” más efectivas para tratar con personas locas: cualidades personales y respuestas que nos impiden convertirnos en víctimas de las debilidades de otros.
La sección final trata de las realidades prácticas de las relaciones: cuándo es apropiado irse y sugerencias para conectar con otros de una manera saludable.
ENTONCES, ¿ES POSIBLE VIVIR “SIN DRAMA”?
Se dice que Martín Lutero comentó: “Tal vez no puedas evitar que los pájaros se posen en tu cabeza, pero sí puedes evitar que hagan
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un nido en tu cabello”. No podemos impedir que ciertos eventos sucedan, ni podemos decidir lo que otras personas hacen o dicen. Las personas locas siempre estarán presentes en nuestra vida.
“Sin drama” no significa deshacerse del drama o de las personas que lo crean. Significa ser libres de sus efectos debilitantes en nuestra vida. Este libro trata de vivir en libertad; de no permitir que nuestras vidas y nuestras actitudes estén controladas por las decisiones de otros.
FRUTO Y FE
Volverse libre de la locura de los demás no es una actuación ni un juego de roles. No tienes que fingir ser alguien que no eres ni aparentar sentir cosas que en realidad no sientes. Se trata de convertirte en alguien diferente por dentro.
Si queremos duraznos en un duraznero, no le pegamos duraznos con goma al árbol. Hacemos que el árbol esté sano, y entonces produce duraznos de manera natural. De la misma forma, no se trata de intentar portarnos “más amables” o “más pacientes” en nuestras relaciones llenas de drama. Necesitamos ser más amables y más pacientes por dentro. Fingir nos consume demasiada energía.
Cuando hemos vivido impulsados por el drama y afectados por otros durante años, puede parecer que no hay esperanza. Pero esto no es solo un conjunto de técnicas de autoayuda. Se trata de un cambio genuino, en el que realmente nos convertimos en el tipo de personas que tienen la fuerza interior para manejar la locura que otros traen a nuestra vida.
Tampoco podemos pasar por alto el impacto de la fe en nuestra vida. He descubierto que mis recursos para resolver problemas de relación son limitados, pero confiar en Dios para que forme carácter en mí es mi mayor fuente de fortaleza. Mi relación con Él me prepara para tener mejores relaciones con los demás.
UNA PROMESA AUDAZ
Aquí va mi promesa para ti. Si lees este libro, estás dispuesto a cuestionar tu perspectiva y te comprometes con el camino del crecimiento personal, aprenderás a ser libre de la tiranía de las decisiones y comportamientos de otras personas. Eso no significa que no habrá dolor en esas relaciones, pero tendrás los recursos para enfrentar esas situaciones sin simplemente ignorarlas ni minimizar la herida.
Construirás relaciones más fuertes, encontrarás más gozo en cada área de tu vida y dejarás de ser víctima de las debilidades de otros. Responderás en lugar de reaccionar. Esto impactará tanto tu salud física como tu salud emocional.
Y serás libre.