

JEAN-MARC LEMAITRE
DECIDE TU EDAD
LOS ÚLTIMOS DESCUBRIMIENTOS CIENTÍFICOS PARA MANTENERSE JOVEN POR MÁS TIEMPO
DECIDE TU EDAD
Los últimos descubrimientos científicos para mantenerse joven por más tiempo
Título original: DÉCIDER DE SON ÂGE. Les dernières découvertes scientifiques pour rester jeune plus longtemps
© 2024, Allary Éditions
Publicado según acuerdo especial con Allary Éditions, en conjunto con su agente designado 2 Seas Literary Agency y su coagente SalmaiaLit.
Traducción: Héctor Iván González y Luis Carlos Fuentes
Diseño de portada: Rafael Brum
D.R. © 2026, Editorial Océano, S.L.U.
C/Calabria, 168-174 - Escalera B - Entlo. 2ª 08015 Barcelona, España www.oceano.com
D. R. © 2026, Editorial Océano de México, S.A. de C.V.
Guillermo Barroso 17-5, Col. Industrial Las Armas
Tlalnepantla de Baz, 54080, Estado de México info@oceano.com.mx
Primera edición: 2026
ISBN: 978-607-584-153-3
Todos los derechos reservados. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita del editor, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo público. La infracción de los derechos mencionados puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro para el entrenamiento de tecnologías o sistemas de inteligencia artificial. El autor y la editorial no se responsabilizan del uso indebido de su contenido.
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) o a CeMPro (Centro Mexicano de Protección y Fomento de los derechos de autor, www.cempro.org.mx) si necesita reproducir, fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Impreso en México / Printed in Mexico
Índice
Introducción. En busca del tiempo perdido, 13
parte i. edad cronológica versus edad fisiológica , 19
1. ¿Qué edad tenemos?, 21
La edad percibida, 21
La edad cronológica, 24
La edad fisiológica, 25
2. Los mecanismos del envejecimiento, 29
El papel de los genes, 30
Las alteraciones celulares, 34
La más mínima renovación celular , 37
Los factores epigenéticos, 39
3. ¿El envejecimiento es reversible?, 41
Dos gemelos en el espacio , 42
Sobre los pasos del premio nobel Shinya Yamanaka , 45
Cómo hemos reprogramado a los ratones para rejuvenecerlos , 47
4. Evaluar tu verdadera edad, 49
Por la medicina general, 50
Por la medicina del deporte , 51
Considerar el envejecimiento como una enfermedad , 53
Los delatores proteicos en la sangre , 55
Lo que nos dicen los telómeros , 57
La edad epigenética, el verdadero sello del envejecimiento , 59
parte ii. las nuevas fronteras de la longevidad , 63
1. ¿Qué es lo que indica (realmente) la esperanza de vida?, 67
2. Los años de vida ganados a lo largo del tiempo, 69
3. Los años de vida ganados gozando de buena salud, 73
4 ¿Mañana todos seremos inmortales?, 77
Edades excepcionales… que lo son cada vez menos , 80
parte iii. influir en nuestro reloj biológico , 85
1. Las zonas azules, 87
La Barbagia, en Cerdeña, 89
Okinawa, en Japón, 91
Icaria, en Grecia, 92
Nicoya, en Costa Rica, 93
Loma Linda, en California, 94
Las nuevas zonas azules, 95
2. Tomar como ejemplo los modos de vida de las zonas azules, 99
La alimentación, 100
La restricción calórica, 101
Ayunar, 107
El “régimen mediterráneo”, 109
La protección de nuestro genoma , 110
Efectos protectores para los telómeros , 111
Un régimen “epigenético”, 112
Efectos benéficos para las proteínas , 114
Una mejor detección de nutrientes , 114
Preservar la durabilidad de las “centrales energéticas” de nuestras células, 115
Un régimen antisenescente, 116
parte i
EDAD CRONOLÓGICA
VERSUS EDAD FISIOLÓGICA
Si envejecemos es porque el tiempo pasa. Pero ¿pasa siempre y para todos a la misma velocidad? ¿Hay que resignarse a envejecer o a morir? ¿Es suficiente sentirse joven para envejecer bien? Más que nunca este debate está vigente, ahora que la población mundial envejece considerablemente. Uno se puede sentir joven incluso si no lo es, o sentirse viejo antes de que llegue la edad…
¿Qué edad tenemos?
“¡Caramba, qué rápido se me pasó este año!” o “No le veo el final a esta semana”… ¿Cuántas veces nos hemos dicho esto desde que somos adultos? ¿Será que el tiempo es elástico? ¿La impresión de la velocidad a la que pasa el tiempo existe sólo en nuestra cabeza? ¿Y puede esto influir en la edad que tenemos… o creemos tener?
La edad percibida
A menudo nos consideramos más jóvenes de lo que somos. Numerosos estudios han revelado una diferencia significativa entre la edad que tenemos realmente, la edad que consideramos tener y la edad que quisiéramos tener. Estos trabajos —de los cuales los más antiguos se remontan a la década de 1950— muestran que la edad que creemos tener está influenciada por cuatro sensaciones: la edad percibida, la edad que atribuimos a nuestra apariencia física, la edad que reflejan nuestros actos y la edad que corresponde a nuestros intereses. Inicialmente, el concepto de edad percibida se introdujo en el marketing como un criterio de segmentación del mercado de los adultos mayores, pues la edad cronológica carecía de pertinencia. Los expertos en marketing propusieron caracterizar las diferencias de consumo en función de la edad percibida y no de la edad cronológica. Un estudio reciente, proveniente de investigadores del
Departamento de Psicología de la Universidad de Michigan, consistió en entrevistar a 502 548 internautas de 10 a 89 años (edad real) sobre la edad que percibían tener. Los resultados fueron sorprendentes.1 De entrada, es únicamente en el grupo de edad de los 24 a los 27 años que la edad percibida va en concordancia con la edad cronológica. En todos los otros casos, lo percibido está desconectado de lo real. Pasada la treintena, las personas entrevistadas se sentían de dos a tres años más jóvenes que su edad real, y cuanto más se avanza en la vida, el tiempo parece acelerarse, y entonces se le quiere detener con más ahínco. Los entrevistados de 50 años consideraron tener 40 y querían tener 37. A la pregunta “¿A qué edad se es ‘viejo’?”, los jóvenes de 18 a 29 años respondieron que a los 60, mientras que para las personas entre 50 y 65 se comienza a ser viejo más bien a los 72, o incluso a los 74 para los que son mayores.
Pero ¿tal vez tengas la extraña sensación de no tener edad? Por mi parte, a menudo tengo esa impresión, y cuando hablo de ello, con frecuencia me responden: “Yo tampoco tengo realmente la sensación de envejecer” o, al contrario, “Siento que cargo los años”. Uno se siente un poco solo con esta sensación de estar desfasados y, sobre todo, se evita el tema. Cuando participé en una emisión de Marina Carrère d’Encausse sobre los centenarios, Viviane Cogère, una invitada al programa, de 91 años de edad,2 me confesó después, fuera del aire: “Noto claramente que mi cuerpo ha envejecido, pero en mi cabeza no es así o, para ser honesta, no puedo decir que sea más joven, pero tampoco que sea vieja. De hecho, me da igual, y es como si no llegara a ubicarme en una edad…”, sensación que comprendí perfectamente, incluso si no tengo 91. Formo parte de la generación de los nold, contracción, en inglés, para never old (“nunca viejo”). Ese neologismo inglés fue inventado para designar a las personas de 45 a 65 años que no se sienten envejecer. Se trata de una “comunidad” que se reconoce y se encuentra en las redes sociales. Detrás de ese neologismo, dos profesionales del marketing de la marca Danone:
Anne Thevenet-Abitbol, directora de Prospectiva y Nuevos Conceptos, y Charlotte Darsy, directora de Envejecer con Salud, se dirigen al grupo de edad de 45 a 65 años, que no se encuentra ni entre los jóvenes ni entre los viejos. Ellas indican haber querido lanzar un movimiento para luchar contra el “edadismo”. Los años pasan, pero no es por eso que uno se hace viejo.
Luego de algunas publicaciones en Instagram y Facebook y una newsletter (la nold letter), en diciembre de 2023 surgió el sitio web: noldneverold.com. Esta comunidad cuenta con más de 60 000 seguidores en las redes sociales y 68 000 en la newsletter. Es evidente el interés de las marcas por comprender mejor los deseos de este grupo de edad. El sitio propone, de entrada, sesiones de coaching de bienestar (sueño, memoria, nutrición) y, a futuro, las marcas podrían lanzar productos dirigidos a ellos. Una iniciativa mercantil pero que, sociológicamente, tiene sentido. Numerosos franceses en el grupo de edad entre 40 y 55 pertenecen a esta categoría de personas que no quieren encasillarse ni como jóvenes ni como viejos. Son adeptos de “envejecer súper bien”. Mujeres y hombres que tienen un acercamiento desenfadado a la existencia y al paso del tiempo. Aprovechan al máximo el presente y siguen conectados con el mundo cambiante. Es aceptar, a menudo con una buena dosis de humor, que te salieron algunas arrugas y canas, mientras sigues viviendo plenamente, abierto y conectado con el mundo que te rodea. Se trata, en definitiva, de que decidas tu edad, porque de eso es de lo que estamos hablando. De tener ganas de envejecer… sin sentirse viejo.
Cada uno de nosotros tiene su propia percepción, subjetiva, del paso del tiempo. Lo que la ciencia nos enseña es que existe una base biológica en esa percepción y que el envejecimiento biológico puede influir en ella. Además, estar bien mentalmente, tomar la vida por el lado amable, ser positivo en toda situación y optimista ante el futuro, a menudo se correlaciona con una mejor salud general. En pocas
Decide tu edad
palabras, los que se sienten más jóvenes tienden a mantenerse en mejor forma con el paso del tiempo: menos síntomas de depresión, disminución del riesgo de sufrir demencia y una esperanza de vida creciente.
Un estudio de la Universidad de Heidelberg ha aportado pruebas sólidas sobre el impacto de ese “empujoncito de juventud” subjetivo en la salud.3 Esto también depende de la época en la que nacimos. Los investigadores han dado seguimiento, desde 1996 y durante 24 años, a un grupo conformado por aproximadamente 15 000 adultos entre 40 y 85 años. Cuanto más antiguo es su año de nacimiento, los participantes se sienten menos jóvenes que su edad cronológica; el nivel de educación produce el efecto inverso; y las mujeres se sienten, en promedio, más jóvenes que los hombres. La diferencia es variable de un individuo a otro, pero los participantes se perciben en promedio 11 años más jóvenes. Ese sentimiento de “juventud” está ligado a un nivel mayor de satisfacción en la vida, pero también a un deterioro cognitivo menos marcado y a un nivel de mortalidad reducido, medido por la incidencia de una lista de once patologías crónicas, como la diabetes, el cáncer o las enfermedades cardiovasculares. Ser joven mentalmente frena el envejecimiento. Es una noticia relevante y magnífica que, sin embargo, no ha llegado a las primeras planas en los medios.
La edad cronológica
Nuestra edad, esa que festejamos una vez al año, permite establecer una cronología y un punto de referencia en nuestra vida. Es nuestra “edad cronológica”, una especie de cursor, pero también una baliza. Lo cierto es que sólo va en una dirección, y que es la única de la que hablamos. Caminas al año, a los 12 inicias la pubertad, a los 16 empiezas a conducir y a los 18 eres mayor de edad y puedes votar.
Después, a los 64 te jubilas. Es claro, preciso, binario. Tienes una edad y luego ya no la tienes. La edad cronológica, además de ser un dato ineludible para organizar la vida de un país, también es muy valiosa para los demógrafos que evalúan la evolución de la esperanza de vida o la mortalidad, correlacionándola con una serie de parámetros como la buena o mala salud, o las enfermedades que causan la muerte. Sin embargo, como he señalado, esta noción de edad cronológica no predice en absoluto nuestra edad real, ni la de nuestras arterias, ni el hecho de que envejezcamos más rápido o más despacio. Nos daremos cuenta de ello si miramos atrás en el tiempo. Si hoy tienes 70 años y tu edad cronológica coincide con tu edad real, no es lo mismo que si fueras un septuagenario del siglo pasado. Gracias a los progresos de la medicina, de la alimentación, de la higiene, etcétera, tu organismo se ha desgastado más lentamente que si hubieras nacido hace cien años.
La edad fisiológica
Para calcular la edad real hay que recurrir a otros criterios de evaluación precisos, como la “edad fisiológica” o la “edad biológica”. Esas dos nociones reflejan tu biología, tu fisiología y, por lo tanto, tu estado de salud.
Si envejeces menos rápido que un individuo de tu misma edad (cronológica) es que tienes mejor salud, lo cual significa también que tu expectativa de vida será más alta, con un menor riesgo de patologías ligadas a la edad, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares o las neurodegenerativas. Calcular tu edad real, la que corresponde al estado funcional de tu organismo (que decae de forma inexorable con la edad), es entonces de una relevancia considerable, pues la edad se vincula, de manera directa, al riesgo de desarrollar enfermedades funestas del envejecimiento.
Una interesante iniciativa ha correlacionado la expectativa de vida y las patologías crónicas, causas de mortalidad, en diferentes naciones. Desarrollado hace más de 30 años, el Global Burden of Disease (gbd) ha logrado crear una herramienta que permite precisar esta noción de edad fisiológica asociándola con ciertos parámetros, como las enfermedades y las causas de mortalidad. Desde 1 990 y hasta el día de hoy ha proporcionado estimaciones para 370 enfermedades y accidentes, así como para 3 500 consecuencias vinculadas a esas enfermedades, en 204 países. Los datos se actualizan anualmente. Desde 2010, 1 842 publicaciones sobre el gbd han aparecido en la literatura científica. Se han recabado datos precisos al respecto, como los años vividos con una discapacidad física o mental, así como los años de vida perdidos a causa de una mortalidad prematura. El resultado es una clasificación de países según la diferencia observada entre la edad cronológica y la edad fisiológica estimada de sus habitantes. Para algunos países, la edad fisiológica es inferior en promedio a la edad cronológica, con Japón, Suiza y Francia a la cabeza. Para otros, es a la inversa: Papúa Nueva Guinea, las Islas Marshall y Afganistán aparecen al final de la tabla. 4 Este estudio indica con claridad que la edad fisiológica y la edad cronológica casi nunca están correlacionadas.
La edad fisiológica refleja tu estado funcional, el estado biológico de tus tejidos. Tu médico evalúa tu edad fisiológica de manera indirecta y no explícita, por ejemplo, cuando te prescribe una prueba de sangre para buscar marcadores de mal funcionamiento en las principales funciones de tu organismo. Esto le permite identificar y dar seguimiento a ciertos marcadores que suelen aumentar con la edad, y determinar si tienes la presión arterial o la glucemia de una persona diez años mayor que tú y si existen problemas cardiovasculares latentes o, por el contrario, que tu corazón late a cuarenta pulsaciones por minuto, como el de un atleta. Los médicos del deporte prestan particular atención a esos parámetros, pues les interesan
más las capacidades fisiológicas que las enfermedades. Los médicos fisiológicos y los geriatras hacen precisiones adicionales en sus evaluaciones, las cuales tienen que ver con la movilidad, la fuerza muscular y, en ocasiones, el consumo de oxígeno durante el ejercicio (el VO2 max), parámetros que indican tu estado de salud y tu pérdida de funciones, pero que siguen siendo poco precisos.
Medir una edad “biológica” a partir de parámetros celulares es más pertinente para seguir y evaluar la rapidez con la cual envejecemos. Si bien la edad biológica puede corresponder a la edad cronológica, en ocasiones hay una diferencia y, en algunas personas, incluso está desconectada de la edad cronológica, pues nuestro estilo de vida desempeña un papel determinante en nuestro envejecimiento, ya que puede acelerarlo o ralentizarlo al influir en nuestra biología. Este dato, intuitivo al inicio, ahora está comprobado. No solamente hemos identificado los mecanismos biológicos implicados en el envejecimiento y ciertas alteraciones que permiten rastrear este proceso, sino también la manera de manipularlos. Por lo tanto, se vuelve posible frenar, o incluso revertir, el paso del tiempo. Envejecer ya no es una fatalidad.
Pero antes, voy a explicarte cómo envejecemos y lo que nosotros, los investigadores, observamos para evaluar ese envejecimiento y poder contrarrestarlo.
