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HO’OPONOPONO

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Dra. Ma Carmen Martínez Tomás 3


HO’OPONOPONO Portada: Luis Tinoco Diseño: Jordi Galeano Edición: Pere Romanillos Edición digital: Jose González Edición a cargo de Esther Sanz ISBN: 978-84-7556-790-7 Depósito legal: B-12000-LV Impreso en España 9003317010412 © Mª Carmen Martínez Tomás, 2012 © Editorial Océano, S. L., 2012 Grupo Océano Milanesat 21-23 — 08017 Barcelona Tel: 93 280 20 20 — Fax: 93 203 17 91 www.oceano.com Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.


Este libro está dedicado con profundo agradecimiento desde mi corazón a todas las personas con las que he compartido este precioso regalo que es el Ho’oponopono. Siento que al hacerlo nos hemos hermanado para siempre. Gracias.


Índice

Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8 El espíritu de Aloha . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22 Morrnah Nalamaku Simeona . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29 Dr. Ihaleakala Hew Len . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37 Ho’oponopono: la teoría . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40 Ho’oponopono: la práctica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48 Experiencias reales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 120 Los siete principios Huna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152 Epílogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160

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Introducción

Desde tiempos remotos, las ancestrales tradiciones místicas de todos los pueblos conocen y enseñan los secretos del camino que hay que recorrer para que el ser humano pueda llegar a manifestar en esta vida material al ser espiritual que todos llevamos dentro. Los antiguos chamanes indígenas de Hawaii, los llamados «kahunas», han guardado celosamente para la humanidad el conocimiento secreto de los instrumentos y las prácticas necesarias para el progreso espiritual. Ellos conocen el modo de alcanzar la paz de espíritu. «Huna» significa «secreto» en hawaiano, y así se denomina a la antigua filosofía de los chamanes originarios de estas islas. Kahuna es el que conoce el secreto, el chamán o sacerdote del espíritu de Aloha, el guardián de la misteriosa sabiduría de las islas de Hawaii. Este conocimiento ha sido desvelado hoy en día y ha llegado hasta nosotros de la mano de la kahuna Morrnah Nalamaku Simeona y de su discípulo el Dr. Len. Actualmente, estamos experimentando una elevación progresiva de la consciencia colectiva de la humanidad. El conocimiento que antaño estaba restringido a los iniciados ahora se encuentra disponible para todos aquellos que sinceramente buscan descubrir la verdadera naturaleza de su espíritu.

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El archipiélago de Hawaii Las islas de Hawaii se encuentran en medio del agua, diseminadas en la inmensidad del océano Pacífico. Es curioso que el mar que las rodea tenga este precioso nombre. Semánticamente, «pacífico» se deriva de la palabra «paz», que significa «tranquilo, sosegado, sin luchas ni discordias». No es de extrañar que los habitantes de estas tierras, los nativos hawaianos, que disfrutan de una naturaleza bellísima, rodeados de un mar cristalino, en relación directa con todos los elementos (el sol, el agua, el aire y la tierra), estén en contacto con su naturaleza divina y vivan de acuerdo a la sabiduría de sus antepasados y a las leyes universales del cosmos. Al visitar Hawaii, lo primero que llama la atención es la peculiar manera de ser de sus habitantes, la amorosa hospitalidad con que reciben a los visitantes y el exquisito trato que tienen entre ellos y con el resto del mundo. Porque los hawaianos practican el espíritu de Aloha, la sabiduría de sus ancestros, que en la práctica se traduce en una población de personas amables, solidarias y alegres que viven en paz. El Ho’oponopono es un instrumento de esta filosofía de vida que aplican a todos los estratos de la sociedad, la familia, la comunidad y la educación.

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El significado profundo del término «Hawaii» La palabra «Hawaii» se compone de tres sonidos: «Ha», que significa «inspiración»; «wai», que significa «agua de vida»; e «i», que hace referencia a la divinidad. Así pues, Hawaii es «el aliento y el agua de la divinidad», palabra que en sí misma es una energía de purificación, una herramienta para la limpieza de memorias y de lugares cuando la pronunciamos en voz alta.

La mítica Lemuria Se cree que el pueblo hawaiano y, en especial, los conocedores de la sabiduría kahuna son descendientes de la civilización perdida de Lemuria o Mu, el gigantesco continente que supuestamente cubría gran parte de los actuales océanos Índico y Pacífico. Varias teorías sostienen la existencia de un vasto territorio que se extendía desde Hawaii hasta la isla de Pascua. Según dicha suposición, estas islas serían los restos de la antigua Lemuria. Considerado por muchos como la verdadera y primigenia cuna de la raza humana, la hipótesis de su repentina desaparición se fundamenta en el devastador efecto de un cataclismo que sumergió al primitivo continente bajo las aguas. Uno de los principales defensores de su existencia fue James Churchward. Este investigador y teósofo británico descubrió en la India un antiquísimo vestigio que probaba la existencia del continente desapareci-

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do. Se trataba de unas tablillas de barro que contenían varias inscripciones en naacal, un antiquísimo idioma ideográfico. El contenido de estas tablillas sirvió a Churchward para fundamentar su teoría de la existencia de una primitiva raza que habitaba las tierras de Lemuria, miles de años atrás. Según el investigador inglés, algunos de los vestigios del continente perdido que todavía permanecen en la superficie son: las islas de Hawaii, la isla de Pascua, Borneo, Sumatra, Tahití, las islas Cook, Nueva Guinea y Samoa.

¿Qué es el Ho’oponopono? El Ho’oponopono es un antiguo método de sanación hawaiano, una herramienta de conciliación y resolución de conflictos a través del poder de las palabras, que se utiliza para alcanzar la paz interior y la armonía en las relaciones y está basado en el amor y el perdón. Es un método de limpieza de los recuerdos y memorias que se encuentran alojados en nuestra mente subconsciente en forma de ideas, programas, creencias y prejuicios que nos causan malestar, preocupación, estrés o enfermedad, por medio del arrepentimiento, el perdón y la transmutación. Es un instrumento de conciencia que nos permite llegar a descubrir cuál es nuestra responsabilidad personal en aquellos acontecimientos de la vida que nos provocan dolor o sufrimiento. Con Ho’oponopono disponemos de una herramienta asombrosamente útil para desprendernos de todas nuestras antiguas memorias dolorosas, así

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como de los pensamientos y sentimientos de miedo, ansiedad, preocupación, separación, soledad, escasez o sufrimiento, que las acompañan. Ho’oponopono nos invita a trabajar para mejorar la calidad de nuestra vida y relaciones. Nos enseña a tomar la plena responsabilidad por lo que se encuentra en nuestra realidad personal, familiar, laboral y comunitaria. De tal manera que al utilizarlo somos capaces de cambiar todo aquello que no se encuentra en armonía en nuestra existencia cotidiana.

Cómo me enamoré del Ho’oponopono Todo empezó cuando cayó en mis manos un artículo que explicaba la experiencia del Dr. Len tratando con Ho’oponopono a los enfermos del pabellón de Psiquiatría del Hospital Estatal de Honolulu. Su experiencia impactó en mi conciencia como un rayo de luz. Ese día se produjo un despertar en mi interior. Impresionada y tocada en lo más profundo, me lancé apasionadamente a investigar todo lo relacionado con esta técnica, hasta que al ponerla en práctica me enamoré totalmente de ella. Cuando me encontré con el Ho’oponopono, o, mejor dicho, cuando él me encontró a mí, inicié una nueva etapa en mi camino de sanación personal, pude recapitular y sanar completamente emociones y sentimientos vinculados a situaciones y relaciones de un pasado doloroso en mi vida. Ciertamente, muchas de ellas ya habían sido tratadas con la ayuda de otras terapias, pero en mi interior sentía que siempre quedaba algo por limpiar, un resquemor, una antipatía, una sensación o emoción molesta que no acababa de desaparecer dentro de mí.

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Después de descubrirlo y estudiarlo en profundidad, me lancé de lleno a experimentarlo. Practiqué Ho’oponopono con todas, sí, con todas las relaciones y situaciones de mi vida pasada que era capaz de recordar con mi memoria consciente y con las que no me sentía en paz. Inventé un modo de trabajar con Ho’oponopono al que bauticé como «Ho’oponopono retrospectivo». Consiste básicamente en hacer una limpieza de memorias de sufrimiento en relación a todas las situaciones y las personas con las que había tenido contacto en el pasado y que, sin embargo, no evocaba con agrado, amor y paz en mi interior. El Dr. Len dice: «Ho’oponopono consiste en mirar en tu interior, dentro de tu propia conciencia, allí donde reside la información». Y allí fue donde busqué lo que debía ser limpiado y perdonado. Cuando acabé con esta recapitulación de limpieza de memorias, experimenté un cambio extraordinario. Sentí como si muriera mi anterior manera de percibir y juzgar lo que me había sucedido en el pasado y renaciera a una nueva mirada más limpia, serena y trasparente, impregnada del espíritu de Aloha y de la amorosa filosofía del Ho’oponopono. De los beneficios que acontecieron como resultado de este profundo trabajo de purificación con esta asombrosa técnica, nace este libro. Tengo por norma no comunicar ni transmitir nada que no haya demostrado su eficacia por mi propia experiencia personal. Las herramientas sirven cuando nos son útiles y obtenemos resultados satisfactorios con ellas; si no es así, son pura entelequia. En la actualidad vivimos en la era de la información y estamos saturados de conocimientos. Cada uno debe discernir lo que más le convie-

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ne y tomar sus propias decisiones para su bienestar. Para mí, una técnica de sanación tiene que demostrar su eficacia sanadora y ser poderosa, amorosa y de fácil aplicación por uno mismo. Estas son las únicas que me interesan y despiertan mi curiosidad.

Ho’oponopono es una herramienta que, al limpiar y borrar los errores del pasado, nos armoniza con el propósito del alma en el presente. Sanando en conexión con la divinidad Ho’oponopono se practica en comunión con nuestra propia divinidad, en contacto con el alma, la esencia espiritual que todos llevamos en el interior de nuestro corazón. Es la que sabe lo que más nos conviene en cada momento, aunque en ocasiones no nos guste lo que nos toca vivir. Cada uno de nosotros aterriza en este planeta con un propósito, con un programa del alma para esta vida. Por lo tanto, sólo si es capaz de comunicarse con su propia sabiduría puede llegar a averiguar el significado profundo y el propósito más elevado de las situaciones que ha vivido o está viviendo en este particular momento de su existencia. Ho’oponopono es una herramienta que, al limpiar y sanar los errores del pasado, nos armoniza con el propósito del alma en el presente. Para poder hacerlo, nuestra personalidad debe ponerse a un lado, dejar de juzgar

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y aceptar la responsabilidad de sus propias creaciones. Efectivamente, de sus propias creaciones, porque lo que nos provoca sufrimiento y dolor en la vida no es una creación de Dios sino de nuestra propia cosecha, aunque la mayoría de las veces no seamos capaces de recordar cuándo la sembramos. Y eso es así porque nuestra mente subconsciente contiene gran cantidad de memorias y experiencias que no se encuentran accesibles para la mente consciente. Nuestra mente consciente representa la punta del iceberg de lo que alberga nuestra mente subconsciente y, sin embargo, sin saberlo nos mueve a sentir y actuar constantemente. Las memorias dolorosas subconscientes se encuentran en el trasfondo de cualquier malestar o conflicto que se presente en un momento dado de nuestra vida.

Cómo rectificar los errores del pasado Ho’oponopono nos enseña que nuestros problemas se deben a que, conscientes o no, hemos utilizado el poder de la energía creadora del universo sin amor. De esta forma, nuestra creación no está en resonancia con la energía de puro amor que es la única energía de la creación que armoniza, que sana y que nos proporciona paz. Debido a ello, estamos en conflicto. Ya me he referido antes al significado de la palabra hawaiana Ho’oponopono como «enmendar un error». Al practicar Ho’oponopono podemos corregir todos los errores de nuestra vida, tanto los que recordamos como los que no. Ahí radica su poderoso poder, que es el nuestro, cuando lo utilizamos.

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Al empezar a hacer mi propia limpieza retrospectiva, pude darme cuenta de la profunda verdad que encierra la enseñanza del Ho’oponopono. Cuando trabajaba conscientemente en las experiencias de mi pasado, las reacciones de las personas implicadas se hacían nítidas en mi mente, de manera que podía llegar a comprender cómo y de qué manera estaba yo relacionada con todo lo que me había sucedido. A veces, la información no era clara para mi consciencia o simplemente no me llegaba, pero invariablemente se producía un cambio y podía sentir una sensación de ligereza y paz.

El poder sanador del perdón Como médico consciente de la implicación del odio y el resentimiento como causantes de sufrimiento emocional y de múltiples enfermedades, había trabajado acompañando a mis pacientes durante años en sus procesos con el perdón. Al principio lo hacía desde la filosofía y la práctica cristiana, aunque resultaba difícil, largo y pesado porque los pacientes (es decir, yo) tenían resistencias y dificultades para perdonar y aceptar los principios de la religión católica que enseña que cuando te ofenden hay que poner la otra mejilla. Cuando me enfrentaba a casos en que los daños infringidos eran graves, como en los abusos infantiles, violaciones o maltratos, el camino a recorrer para llegar al perdón era largo y tortuoso. Estaba plagado de preguntas sin respuesta, que, por lo menos yo, en aquel entonces no conocía. Poder llegar a perdonar a una persona o dejar partir una situación del pasado que había provocado sufrimiento era un tema recurrente en muchos de los enfermos que acudían a mi consulta. Al realizar la historia clínica para

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investigar las causas verdaderas de sus padecimientos, invariablemente descubría un asunto doloroso lejano o cercano, ya fuera con una pareja, una madre o padre, un amigo, un socio… Es decir, un nudo de emociones no resueltas, de frustración, resentimiento o dolor, que en realidad constituían la somatización en el cuerpo de los síntomas o la enfermedad que el paciente pretendía tratar. Cuando la causa de la patología es el odio, la rabia o el resentimiento, lo digo por experiencia, no hay medicina en el mundo que pueda curarla, que no sea el bálsamo del perdón. El perdón me interesaba sobremanera, no sólo como médico para ayudar a mis pacientes a sanarse de sus padecimientos, sino personalmente para resolver mis propios desafíos, ya que en mi propia existencia tenía o creía que tenía situaciones y personas que necesitaba perdonar. Así fue como buscando inspiración y herramientas para llegar con éxito a alcanzar el deseado perdón antes de encontrarme con el Ho’oponopono me topé con el libro Un Curso de Milagros. La obra proponía un entrenamiento mental en el arte del perdón y la psicología de la autorresponsabilidad, mediante una serie de lecciones que había que realizar a diario para llegar a limpiar las falsas creencias de la mente. En Un Curso de Milagros se enseña que nuestros pensamientos no son neutrales, pues afectan a nuestra conducta y a todos los demás. Afirma que cuando dichos pensamientos son destructivos, siempre tenemos la capacidad de poder cambiarlos. El libro propone un trabajo personal emocional, intelectual y vivencial de verdadera liberación. A través de sus ejercicios nos da la oportunidad de mirar en

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nuestro interior, de perdonarnos por nuestros errores y de alcanzar la paz. El curso pone más énfasis en su aplicación práctica que en la parte teórica. De forma sencilla, explica cómo deshacerse de formas equivocadas de pensar que nos provocan sufrimiento. La práctica de sus enseñanzas me llevó varios años, pero, por fin, pude disfrutar de las mieles que resultan en la mente y en el corazón cuando consigues llegar a perdonarte por tus propios errores. Y te haces responsable, desvinculando de la culpa a todos los demás, que no son nada más que el efecto de tu propia creación errónea. Y comprendes finalmente que lo único que debemos llegar a perdonar es… a nosotros mismos.

Iniciando el proceso de perdonar Parece sencillo, pero pasar por todo el proceso para conseguir perdonar cuando te sientes humillado, maltratado u estafado (en ocasiones por las personas que más quieres o con las que más confianza has depositado) no resulta fácil en absoluto. Una cosa es quererlo y otra es poder hacerlo. Para empezar, tenemos a nuestra mente, que nos complica la tarea de múltiples maneras y con infinitas razones lógicas, por las cuales es evidente que tenemos razón. Por otra parte, podemos sentir que somos débiles si nos abrimos a la idea del perdón. Sin contar además con nuestras emociones que, en la mayoría de los casos, nos tienen atrapados en la rabia, el resentimiento y el deseo de venganza. Así que iniciar voluntariamente el proceso de perdonar requiere primero acallar la mente y sus falsas razones. Para después abrirnos consciente-

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mente a la posibilidad de hacerlo y, ante esta apertura, empezar a reconocer y aceptar todas las emociones que se revuelven en nuestro interior. Según mi experiencia, podríamos decir que el perdón es un proceso que sabemos cuándo empieza pero no tenemos ni idea de cuándo termina. Porque se inicia cuando voluntariamente decidimos que queremos perdonar y finaliza cuando lo hemos conseguido. Durante este proceso puede ocurrir de todo. Lo que es seguro es que vamos a tener que aceptar completamente aquello que sentimos o que nos incomoda, para transformarlo en amor y compasión por nosotros mismos y los demás implicados. Vamos a tener que hacerlo una y otra vez, hasta que consigamos que en nuestra mente y en nuestro corazón se instale el bálsamo del perdón y con ello la paz de espíritu. Porque el resultado del acto de perdonar siempre es una experiencia de paz.

Para iniciar voluntariamente el proceso de perdonar se requiere primero acallar la mente e ignorar sus falsas razones, olvidarnos de la razón, para escuchar y dejar paso a las razones del corazón.

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Los milagros que se derivan del perdón Estar adiestrada en Un Curso de Milagros es algo que me preparó para abrirme al Ho’oponopono sin reservas en mi corazón. Antes de conocer el Ho’oponopono, los procesos de perdón que vivía en mi propia realidad y los que acompañaba tratando a mis pacientes podían durar meses de consultas y terapias. En la actualidad, cuando empleamos el Ho’oponopono podemos hacerlo con una rapidez asombrosa. De hecho cuando lo practicamos estamos poniendo el cielo a trabajar con nosotros. No estamos solos y los resultados no se hacen esperar. Hace algunos años, cuando mi madre vendió una propiedad y les dio el dinero a mis hermanos excluyéndome a mí, tuve un ataque de rabia tal que me postró en la cama con fiebre durante varios días. No tuve más remedio que batallar con mi ira y mi enfado a lo largo de muchos meses. Me llevó casi un año procesar esta experiencia y llegar a sanar completamente todas las emociones que me embargaban, hasta que por fin logré perdonarme por no haber sabido aceptar con amor y respeto, en su momento, las sabias decisiones de mi madre. Mucho tiempo después, mi madre perdió su negocio y se encontró con dificultades económicas. Para entonces yo ya disponía del tesoro de sabiduría que es el Ho’oponopono. Ella necesitaba vender una propiedad que poseía en la costa catalana. El apartamento en cuestión estaba en venta desde hacía más de tres años, sin que nadie hasta el momento se hubiera interesado por él. Se ubicaba en una urbanización donde, por circunstancias de la crisis económica, había numerosos inmuebles que lucían el cartel de: «Se vende».

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Un día, al darme cuenta de que tenía en mi propia realidad una madre con problemas económicos, empecé a hacer Ho’oponopono con sus finanzas y a perdonarme por la parte de mí que había creado esta situación de carencia, diciendo de corazón las cuatro palabras sanadoras del Ho’oponopono («Lo siento, perdóname, te amo y gracias»). A los tres días llamaron a mi madre de la agencia inmobiliaria para informarle que había una persona interesada en visitar su apartamento, la primera vez que esto ocurría en tres años. Al finalizar la semana el apartamento estaba vendido. Mi madre recuperó su estabilidad financiera y yo recibí una grata sorpresa adicional, porque ella tuvo la generosidad de repartir entre sus hijos parte de los beneficios de la transacción inmobiliaria. A la vista de los hechos, huelgan los comentarios. Según mi experiencia, lo que ocurre cuando practicamos el perdón con Ho’oponopono son auténticos milagros. Y los milagros acontecen cuando conscientemente nos ponemos a hacerlos.

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El espíritu de Aloha

En la filosofía Huna se habla del espíritu de Aloha como el alma secreta de las islas de Hawaii. El oculto secreto del espíritu hawaiano trata de la energía amorosa, aunque en un sentido mucho más amplio a como en general lo entendemos en la sociedad occidental. No se refiere a un sentimiento mágico o romántico, sino a una forma amorosa de pensar, actuar y comportarse durante todo el tiempo y con todo el mundo. Es un estado de vibración. Esta clase de amor, al que yo llamo «infinito» o «total», no está sujeto a ninguna condición ni discrimina a nadie; se extiende a la comunidad, a la naturaleza y al cosmos. Está directamente relacionado con el conocimiento profundo y la aplicación práctica de las leyes y los principios que rigen el universo. «Aloha» es una expresión de poder. Pocas palabras encierran tanta energía positiva en su significado. «Aloha» se utiliza para saludarse y expresar amor, compasión, misericordia, bondad, gracia o generosidad. Etimológicamente, se compone de los términos «alo» (que significa «presencia o estar presente») y «ha» (que hace referencia al aliento o inspiración divina). Por lo tanto, cuando saludamos a alguien diciendo «Aloha», estamos dando la bienvenida y reconociendo en aquella persona su esencia divina (su alma, presencia divina o yo superior).

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En definitiva, «Aloha» es mucho más que un saludo. Es una expresión de amor; una declaración de los principios en los que se fundamenta el pueblo hawaiano. Aloha implica una conciencia de unidad, de mutua ayuda y cooperación para avanzar por la vida. El espíritu de Aloha significa crecer y desarrollarse para alcanzar la armonía y ser felices juntos en una sociedad en paz. La palabra Aloha se considera que reúne y contiene la esencia de sus valores y tradiciones culturales.

Practicar el espíritu de Aloha Conectar con el espíritu de Aloha en tu vida significa que eres capaz de transformar las diferencias en afinidades, significa unir en lugar de separar, significa olvidar y perdonar cuando te sientes ofendido, significa recordar que todos estamos relacionados y formamos parte de un todo, significa aceptar y agradecer, significa dar y recibir energía positiva, significa compartir con alegría. Es vivir practicando actos de amor y belleza conscientemente, existir en paz y armonía a través de pensamientos bondadosos. Practicar estas actitudes y acciones amorosas todo el tiempo, de una forma que sea verdaderamente sincera y espontánea, nos ayudará a ponernos en contacto con nuestros mejores sentimientos. El espíritu de Aloha entiende el amor como un tipo particular de energía y acción desinteresada, sin esperar nada a cambio, que no necesita de ningún sentimiento en particular. Se trata simplemente de mantenerse atento durante todo el tiempo para realizar las acciones y adoptar las actitudes que aumentan la energía amorosa. Según enseña esta filosofía, dichas actitudes son las de: valorar,

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reconocer, admirar, apreciar y agradecer a los demás, a nosotros mismos y al mundo cada día y todos los días de nuestra existencia. Conectar con el espíritu de Aloha y compartir su energía nos ayuda a sintonizar con el poder divino, aquello que la cultura ancestral hawaiana denomina «mana», este poder es necesario para alcanzar la máxima realización en cuerpo y alma.

El arte de bendecir Bendecir es una secreta tradición del espíritu de Aloha, que los hawaianos practican constantemente para sintonizarse con la energía del amor, que les ayuda a vivir en paz y en armonía con los demás y el entorno. Para poder experimentarlo, podemos conectar con el espíritu de Aloha simplemente tomando la secreta costumbre de bendecir a todos y a todo aquello que vemos en los demás y que representa lo que queremos para nosotros. Bendecir algo implica reconocer o resaltar cualquiera de sus cualidades o condiciones positivas con la única intención de que lo bendecido se incremente o empiece a hacerse realidad. La palabra «bendecir» significa «bien decir», decir bien de todo y de todos. Representa desear el mayor bien para los demás sinceramente desde lo más profundo del corazón. Al bendecir estamos invocando el poder divino y la protección para la persona o situación que bendecimos. Cuando bendecimos, elevamos una petición al espíritu para que le sean concedidos a la persona abundancia de bienes materiales y espirituales. Al hacerlo, estamos creando un puente de luz y de amor entre el cielo y la tierra que proporcionará el mayor bien en cada momento, según sea la necesidad.

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Bendecir entraña consagrar bienes, personas o animales. Es decir, recordarles que son sagrados hijos del amor. Cuando bendecimos algo significa que lo entregamos al cuidado del poder divino con la total confianza de que este lo preservará del mal. Bendecir es una actitud del alma que reconoce su verdadera naturaleza y está agradecida a la vida y a todo lo que la rodea. Es imposible bendecir y al mismo tiempo estar juzgando o criticando. De manera que si adoptamos esta bella costumbre, los cambios no se harán esperar en nuestro sentir interior y en nuestra existencia exterior. En el acto de bendecir se encuentra implícito el agradecimiento, una de las actitudes más poderosas que conozco para conectar con el flujo de infinita abundancia del universo.

Derramar bendiciones Experimentar los beneficios de esta tradición en la propia vida es muy sencillo. Solo hay que adoptar la costumbre de bendecir a todos, derramar las bendiciones sobre su salud, su belleza o sus finanzas, desear lo mejor para sus asuntos y relaciones. Lo maravilloso de esta actitud es que todas las bendiciones que entregamos vuelven a nosotros multiplicadas, derramándose también en nuestra propia existencia. Es imposible practicar el arte de bendecir cada día y que tu vida no cambie para bien. Compruébalo por ti mismo.

Vivir en el espíritu de Aloha significa amar y desear totalmente el mayor bien para todos, practicando actos de amor y belleza conscientemente. 25


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Apreciar y agradecer En Occidente tenemos de todo en exceso. Eso hace que, en general, no lo apreciemos debidamente. Recuerdo una vez que un chamán de la selva estaba en mi consulta para dar una charla sobre sus experiencias en la naturaleza. Nos contó que en la aldea en la que vivía se había secado el río y se quedaron sin agua por un tiempo. Al recordar el día que volvió a fluir el agua por el cauce del río, por unos minutos guardó un silencio reverencial y los ojos se le llenaron de lágrimas. Así nos mostró, sin necesidad de palabras, el aprecio y gratitud que sentía por el agua.

Bendecir nos hace apreciar y valorar todo lo que tenemos. Hacernos conscientes de ello nos permite apreciarlo de verdad y sentirnos agradecidos. Te invito a que lo experimentes. Cada día al levantarte y antes de empezar la jornada derrama tus bendiciones a todos los que comparten tu vida y a todo lo que te rodea y te hace la vida más fácil y agradable. La primera bendición del día es para ti. Bendice a tu cuerpo y a todas tus células, órganos y tejidos. Después bendice tu hogar, incluyendo a todo aquello que te presta un servicio. Bendice a la cama, los muebles, la cocina, la nevera, el agua de la ducha, el coche. Bendice a tu trabajo, el despacho, los compañeros, la empresa (sin olvidar al jefe). Bendice a todas las personas de tu familia: pa-

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dres, esposos, hijos, amigos, amantes y en especial a aquellas con las que tienes algún problema. Bendice a la naturaleza, el barrio, el pueblo, el país. Que tus bendiciones alcancen también aquello que te disgusta en la vida.

Bendecir lo que nos desagrada Cuando bendecimos a las personas que nos muestran antipatía o agresividad, cortamos el flujo de energía negativa desde su origen. Si no sabemos cómo canalizar adecuadamente el enfado y la ira, inconscientemente buscamos con quién confrontarnos para soltarla y quedarnos tranquilos. De esta forma, atraemos a nuestra realidad las situaciones adecuadas para poder expresarla. Al bendecir la situación y no reaccionar con agresividad, cortamos el círculo vicioso y así anulamos el proceso desde la raíz. Mientras bendecimos estamos sembrando conscientemente el mayor bien para todo y para todos. Y eso, inevitablemente, se traduce en un mayor bienestar y prosperidad en nuestras vidas. Bendiciendo a diario, como una constante invocación interior, se activa el flujo de la energía universal, la energía espiritual del amor, la abundancia, la salud, la belleza o cualquier cosa que deseamos que se propague y se multiplique constantemente. Por otra parte, el hecho de bendecir, incrementa la energía del amor en la relación con nosotros mismos, los demás o el medio que nos rodea. Desde el punto de vista energético, el amor es una fuerza de unión y cuando vibramos con esta energía automáticamente nos sentimos unidos y esto genera bienestar y felicidad para todos.

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La unión a través del amor Hemos visto la importancia que se da en el espíritu de Aloha a la fuerza de unión que representa la energía del amor. Una de las claves indispensables para practicar el espíritu de Aloha, esencia de la doctrina Huna, es prescindir de la energía de la separación y la individualidad, tan propia de las culturas occidentales y que se genera con las típicas actitudes de envidiar, criticar o decir mal de alguien. Esta es una fuerza de energía que separa y aísla. Por el contrario, bendecir es reconocer que todos somos uno, es disponerse a ver siempre lo bueno y divino en ti y en todos los demás. Es comprender que vamos a bordo de una misma nave movida por la energía más poderosa del mundo: el amor. Para regresar a la paz interior y a la armonía hay que dejar partir todos los pensamientos, actitudes y acciones que generan miedo y separación, para recuperar conscientemente la verdad de que solo existe una única energía que sana y armoniza cualquier situación: la del amor, la unidad y la cooperación.

«Limpia, borra, borra y encuentra tu propio paraíso. ¿Dónde? Dentro de ti mismo.» Morrnah Nalamaku Simeona

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