Leon Semana Santa 2019

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Pasión Cofrade

Con el nueve al hombro A la sombra de este número impar se han conjugado fundamentos, hechos y destacados en la Semana Santa de León

Según el diccionario de la RAE la nu­ merología, en su primera acepción, es “una práctica supuestamente adivina­ toria a través de los números”, si bien en su segundo y definitivo registro el repertorio lingüístico, en paralelo, in­ dica que se trata de un “estudio del significado oculto de los números”. En esta misma línea investigadora de los dígitos, para algún que otro estudioso de la materia –más o menos creíble, es cierto- el nueve se alía con “el ge­ nio artístico, el sentido humanitario, la tendencia al romance y lo emoti­ vamente sentimental”. Unificado todo ello con indisimulada generosidad y probada aquiescencia, está claro que la Semana Santa de León tiene ahí, en el guarismo del nueve, un hueco indis­ cutible. Un marcado fondo. De manera, que arriba con él. Con el nueve al hom­ bro y paso corto, bracero. Pues bien, en esa vía numérica citada, está acreditado, por lo tanto, que va­ rios son los nueves que, con afán con­ memorativo, se incardinan en la am­ plia historia capitalina de las cofradías y hermandades –términos, uno y otro, que, por su ánima y núcleo, vienen a ser lo mismo en su concepto global y cristiano-, porque son fuente de recor­ dación colectiva cuando se repagina el grueso libro memorístico de estatua­ rias y papones.

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De manera, que el índice bien puede tomar su cuerpo inicial en el año 1949, es decir, hace, ahora, setenta años con dos importantes efemérides que protagonizan –por orden de antigüe­ dad fundacional- las compañías (en palabra inmemorial y añeja) del Dulce Nombre de Jesús Nazareno –la más numerosa de hermanos en el nomen­ clátor estadístico- y de Minerva y Vera Cruz, hoy con el añadido de Real en su enunciado.

Semana Santa • León 2019

Y es curioso, a la vez, que ambos ani­ versarios giren alrededor del nexo artístico de un mismo nombre, el del siempre celebrado y reconocido escul­ tor cántabro con probadas querencias leonesas, Víctor de los Ríos, adalid indiscutible de la imaginería religiosa española del siglo XX.

Dos realidades En la Semana Santa del indicado año de 1949 dos son las obras de este autor que desfilan y se estrenan por las ca­ lles de la ciudad el Viernes Santo. Una, por la mañana, en la procesión de Los Pasos -la bellísima y piadosa imagen de La Dolorosa-, y, otra, por la tarde, en el cortejo del Santo Entierro, la del magnífico Yacente -para los expertos una pieza cumbre de De los Ríos-, que, de manera equivocada, tuvo un exiguo recorrido: debut y despedida. Las cró­ nicas tildan la decisión de equivocada, incomprensible y desalentadora. Los antecedentes del encargo de La Dolorosa al prestigioso –y, por aque­ lla, aún joven- entallador nacido en la localidad cántabra de Santoña, toman espacio un año antes, en 1948, cuando la junta de seises de Jesús Nazareno estima que ha llegado el momento de reemplazar la representación en so­ ledad de María -con casi un siglo de antigüedad y un tanto deteriorada por el tiempo- por otra de igual advocación pero de diferente concepto y factura. Víctor de los Ríos, que a toda obra que haga para León le pone un especial cariño, consigue concluir un rostro que, en palabras del recordado papón Ricardo Ferradal, fallecido el 30 de mayo del pasado año, es “la expresión de resignación y sereno dolor de la Se­ ñora”. En corto y por derecho. Cayón Waldaliso, por su parte, la ‘bautiza’ como Pena Bonita, sobrenombre que,

por su galanura admirativa, caló pron­ to entre los hermanos de la cofradía y, en concreto, en los braceros del paso. La suave imagen, que era -y es- un co­ fre de bondad y devoción en sí misma, se expuso en el desaparecido edificio de lo que fuera instituto de enseñanza media en la calle Ramón y Cajal –lás­ tima del derribo de este bien inmue­ ble- y fue bendecida en la tarde del 13 de abril de 1949, Miércoles Santo, por el obispo de León -en esa época el doctor don Luis Almarcha Hernándezdurante el transcurso de un acto en el que intervinieron Justo López Unzueta, como abad de Jesús, el dibujante Fe­ derico Galindo, de la Real Academia de Santa Isabel de Hungría, de Sevilla –que se había desplazado a León para hacer entregar a De los Ríos de la in­ signia de académico de la institucióny el periodista especializado en arte, Manuel Sánchez Camargo. Como era natural, el acontecimiento se clausuró con una sentida alocución del prelado de la diócesis de San Froilán. La Virgen, la Pena Bonita, salía a la ca­ lle, desde la iglesia de Santa Nonia, en las primeras horas del día 15 siguiente, Viernes Santo, “con un tiempo esplén­ dido” –eso recogía la prensa escrita de entonces-, conjugándose con su pre­ sencia un imponente escenario maria­ no en el epílogo de la procesión. “La enlutada efigie de la Madre Dolorosa, cuya mayestática y triste belleza cauti­ vó a quienes siguieron el itinerario del solemne y vistoso cortejo”, fue la estre­ lla silente en ese día. Comenzaba, con estos bendecidos mimbres, una nueva historia con visos de futuro en la cente­ naria y tradicional cofradía de la corona de ocho huecos en su emblema. Treinta años después, en 1979 -Au­ relio del Valle Menéndez es el abadLa Dolorosa se enriquece. Melchor


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