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LEONARD COHEN everybody knows (todo el mundo lo sabe)

HARVEY KUBERNIK


«Cuanto más viejo te haces, más solo estás y más profundo es el amor que necesitas.» Joshu Sasaki Roshi

«Un amor de mil besos de profundidad.» Leonard Cohen


Título original Leonard Cohen. Everybody knows Edición Colin Webb, James Hodgson Dirección de arte Extra Strong Edición de fotografía Dave Brolan, Emma O'Neill Traducción Ramón Martínez Castellote Revisión técnica de la edición en lengua española Llorenç Esteve de Udaeta Historiador de la Música

Coordinación de la edición en lengua española Cristina Rodríguez Fischer Primera edición en lengua española 2014 © 2014 Art Blume, S. L. Av. Mare de Déu de Lorda, 20 08034 Barcelona Tel. 93 205 40 00 Fax 93 205 14 41 E-mail: info@blume.net © 2014 Palazzo Editions Ltd., Bath © 2014 del texto Harvey Kubernik I.S.B.N.: 978-84-9801-778-6 Impreso en China Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, sea por medios mecánicos o electrónicos, sin la debida autorización por escrito del editor.

WWW.BLUME.NET Preservamos el medio ambiente. En la producción de nuestros libros procuramos, con el máximo empeño, cumplir con los requisitos medioambientales que promueven la conservación y el uso responsable de los bosques, en especial de los bosques primarios. Asimismo, en nuestra preocupación por el planeta, intentamos emplear al máximo materiales reciclados, y solicitamos a nuestros proveedores que usen materiales de manufactura cuya fabricación esté libre de cloro elemental (ECF) o de metales pesados, entre otros.

Página 1: retrato de Alain Denize, 1983. Páginas 2–3: retrato de Antonio Olmos, 1994.


CO NT ENID O

Introducción Introducción

88

Comparar Comparar mitologías mitologías

12 12

Llegué Llegué muy muy lejos lejos en en busca busca de de belleza belleza

24 24

Un Un canadiense canadiense en en Nueva Nueva York York

38 38

De De Music Music City City aa la la isla isla de de Wight Wight

64 64

Amor Amor yy odio, odio, nuevo nuevo por por viejo viejo yy temas temas inacabados inacabados

84 84

La La extraña extraña pareja pareja

110 110

El El nuevo nuevo negro negro

126 126

Diez Diez nuevas nuevas canciones canciones yy una una vieja vieja

150 150

Leonard Leonard Cohen Cohen yy the the Adults Adults

166 166

Cómo Cómo encontramos encontramos sus sus canciones canciones

186 186

Epílogo Epílogo

198 198

Colaboradores Colaboradores

200 200

Discografía Discografía

202 202

Otras Otras lecturas lecturas

220 220

Fuentes, Fuentes, créditos créditos de de imágenes imágenes yy agradecimientos agradecimientos

222 222


leona rd coh en: to do el mundo lo sab e

L

eonard me animó a que continuara con el periodismo musical y el juego poético. Una noche memorable a mediados de la década de 1970 fuimos a escuchar a Allen Ginsberg en el Troubadour, en West Hollywood. En 2006, escribí el comentario de portada de la primera edición en CD del álbum Kaddish de Ginsberg, originalmente editado en el sello Atlantic y supervisado por el productor Jerry Wexler. A Wexler, con ochenta y ocho años, le pareció gracioso que le llamase en Florida para hablar de su desenterrada joya. «Eh, chico, ¿quién es el siguiente alter kaker [“viejo cascarrabias” en hebreo] al que vas a llamar? ¿Leonard Cohen? Está trabajando y le va bastante bien.» Con Todo el mundo lo sabe, me dispuse a explorar el significado e importancia del mastodóntico trabajo de Leonard. Pero este libro no es un monólogo. Está construido socialmente, lo que quiere decir que es una conversación entre muchos de sus colaboradores profesionales y personales –miembros de la banda, productores, ingenieros, pinchadiscos, académicos, cineastas, autores, fotógrafos, anteriores biógrafos, críticos bien informados y fan(ático)s– que han tenido toda una vida para pensar y reflexionar sobre el papel que él ha jugado a la hora de modelar su espacio. Leonard es whitmaniano en su alcance, una amalgama de contradicciones que hierve con multitudes. Espero aportar cierta claridad y contexto a las vidas públicas más extravagantemente vividas y solitarias. Leonard es un hombre de dotes simples, un aspirante a cantante country convertido en la voz del profeta para múltiples generaciones de discípulos que escuchan todo lo que dice como si fuera el oráculo de Delfos. Este libro no es definitivo ni enciclopédico. La naturaleza caprichosa del tema deja esto fuera de cuestión. No obstante, el enfoque desde diversas voces es el camino más fiable hacia la posición indeterminada de Leonard. Él ha transformado la incertidumbre en un mantra personal, en parte física, en parte poesía y en parte un promiscuo beber de la vida. A sus amigos y colegas les basta decir: «Le oí, trabajé con él, creía que le conocía... hasta que ya no era así». También hago hincapié en la importancia de la Costa Oeste en la vida y tiempos de Leonard. Continúa sorprendiendo a muchos que una figura tan eurocéntrica y con tanto mundo haya llamado hogar a Los Ángeles desde finales de la década de 1970. Dado que él

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procede de Montreal y el centro de América está todavía en la Costa Este, a menudo se asocia a Leonard con los universitarios de clase alta. Pero, sin necesidad de agarrar un monopatín, Leonard se ha mostrado a sí mismo como un verdadero California dreamer. Por supuesto, él es muchas otras cosas distintas, un consumado polifacético: poeta, novelista, compositor, cantante, guitarrista, viajero, budista, judío, pensador, sanador... He intentado encuadrar esta vida panorámica, ayudado por las estupendas imágenes que ilustran su inagotable incursión en una novena década. Espero que disfruten con las vívidas evocaciones de aquellos expresivos testigos que se abrieron a mí tanto para corregir el testimonio como para, en palabras del maestro y espiritualista Ram Dass, honrar la encarnación. Leonard Cohen sigue siendo, a sus ochenta años, un magistral artista de estudio y escenario; en su trajeada elegancia, con un seductor fedora adornando su noble cabeza, ha adquirido una credibilidad pública de «viejo carismático» a la que sospecho que él nunca prestó la menor atención. Leonard aprendió muy temprano que el negocio de la música era un campo de batalla; se comprometió a una ética de trabajo muy a la manera en que Woody Allen se sumergía en las vicisitudes de su tarea diaria. De joven era disciplinado y entregado a la búsqueda de un ideal, algo que había heredado de su culto abuelo. Más tarde, descubrió que podía grabar el ideal e interpretarlo en escena para una audiencia que compartiría su determinación. Es esta misma conversación, el esfuerzo por compartir algo tan íntimo con tantas personas, lo que proporciona la base de esta historia. Es difícil explicar, diseccionar y manifestar los misterios del carisma. Pero uno, de alguna manera, lo reconoce cuando lo oye, lo ve o lo siente. El libro no es un documental histórico sobre la vida de Leonard Cohen. Lo intenté hace mucho tiempo, pero me dijeron que dejara de hablar y empezara a escuchar. Hay mucha escucha en este libro. Harvey Kubernik, Los Ángeles, California Este retrato icónico de Sam Tata, de 1973, tomado fuera del dúplex de Leonard en Montreal, se utilizó en algunos países como contraportada de su cuarto álbum, New Skin for the Old Ceremony (1974).


llegué muy lejos en busca d e b elleza

P

ese a que con frecuencia estaba bajo los efectos de las drogas y a la distancia que había puesto entre él y sus lectores, la carrera literaria de Leonard continuó desarrollándose. Publicado en mayo de 1961 por los establecidos editores de Toronto McClelland & Stewart, The Spice-Box of the Earth fue recibido con una aclamación inesperada. Los creadores de tendencias de Montreal recibieron a bombo y platillo el último esfuerzo de su hijo pródigo. Un crítico llegó a proclamar que Leonard había reemplazado a Irving Layton como el poeta más destacado de Canadá. El público parecía estar de acuerdo; el libro se convirtió en un best-seller. El objeto de toda esta conmoción expresó su reconocimiento durante una visita a Canadá y volvió rápidamente a Hidra. Hasta los ramos de rosas de su tierra natal palidecían al lado de los sensuales alicientes del Egeo. Ira Nadel: Jack McClelland corrió cierto riesgo al publicar este libro y Leonard permaneció fiel a él. Aunque no todo era siempre amistad y buen ambiente, porque Leonard siempre incumplía las fechas de entrega, a veces en años. Pero McClelland estuvo allí desde el principio y Leonard tenía algunos editores muy buenos en la empresa que le entendían. También comprendían que era un forastero, a menudo lejos de la escena literaria canadiense (primero en Grecia y más tarde en Los Ángeles), pero veían el gancho que tenía con un público variado. Sylvie Simmons: The Spice-Box of the Earth, una obra madura y exquisita, trataba de sexo y de Dios, lo sagrado y lo profano, conceptos que siempre han estado presentes en los escritos de Leonard Cohen y que tal vez siempre lo estén. Y se publicó en lo que parecía ser un período particularmente loco, en el que Leonard le había rogado a Marianne que fuese a vivir con él a Montreal, aunque después la dejara para partir a Cuba y seguir de cerca la revolución socialista. Sin embargo, volvió para celebrar la publicación de su nuevo libro y, después, se embarcó en otra aventura extraordinaria en la que prestó ayuda a un poeta escocés que estaba a punto de ir a juicio en Nueva York por ofrecer heroína a su joven novia americana.

En respuesta a algunas críticas negativas a The Favourite Game (1963), Leonard llamó a los críticos «personas infelices que fracasaron en una forma de arte en que les habría gustado triunfar».

En marzo de 1961, cuando tal vez debería haberse concentrado en la publicación de The Spice-Box of the Earth, Leonard viajó a Cuba, justo en el momento en que un impávido Castro estaba plantando cara al matón estadounidense y el fiasco de la bahía de Cochinos estaba a punto de estallar. Como sacado de las páginas de una obra de Graham Greene, nuestro hombre en La Habana empleó una beca canadiense para sufragar su viaje al tranquilo Caribe en el momento de máxima intriga. Entre el glamuroso desuso de las viejas haciendas, el omnipresente aroma de pollo con ajo y las chicas haciendo la calle para sus chulos, Leonard patrullaba en busca de visiones poéticas. Quizás estuviese imitando al joven George Orwell, que se encontraba en Cataluña durante la guerra civil española. Leonard, sin embargo, pronto se dio cuenta de que esta escapada cubana necesitaba una estrategia de salida... ¡pronto! Como en una escena de la película Argo, Leonard esperaba nervioso para embarcar en un vuelo internacional cuando fue abordado por la guardia armada y conducido a una zona de interrogatorio. Un descuido providencial le permitió agarrar su bolsa y salir sin que lo advirtieran, encontrar una plaza en el avión y, sin aliento, volar de vuelta al decadente oeste. Al parecer, Dios cuida de los tontos, los niños y los descaradamente ingenuos. Tras su breve roce con las relaciones internacionales, Leonard regresó a la mucho más segura actividad literaria. The Favourite Game, la novela que había escrito en Londres, se publicó en el Reino Unido en 1963 y en Estados Unidos en 1964. Se convirtió en un artículo de importación muy buscado en Canadá hasta 1970, cuando McClelland & Stewart finalmente la publicaron. Densa, enigmática y epigramática, la novela encontró un pequeño pero apasionado público. El editor de Leonard tenía serias dudas sobre la idoneidad de su publicación; él respondió escabulléndose tras la sublime naturaleza del impulso artístico: las palabras me escogieron, no yo a ellas. Dr. Steven Marx: Leonard pasó el verano de 1948 en Camp Wabikon, junto al lago Temagami, en el norte de Ontario. En la escuela de graduados durante la década de 1960, yo sentía cierta afinidad con su latente sexualidad intelectual judía y una tremenda admiración por su habilidad para convertir todo ese deseo en belleza. Mi esposa Jan y yo trabajamos como asesores en ese campamento en 1970, en nuestro camino

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leona rd coh en: to do el mundo lo sab e

««Aunque mis libros eran bien recibidos,, especialmente especialmente en en Canadá, Canadá, yy las las críticas críticas eran eran buenas, buenas, no podía vivir de ello..

En retrospectiva, parece el colmo de la locura tener que resolver tus problemas económicos haciéndote Pero siempre siempre había había tocado tocado la la guitarra, guitarra, yy siempre siempre cantante.. Pero

había había cantado.» cantado.» L. L. C., C., 1986 1986

E

l momento era exquisito. A finales de julio de 1966, Dylan partió con su moto Triumph a las alejadas tierras de Woodstock, Nueva York, a un laberinto de soledad autoimpuesta. El frenesí de la fama le había dejado vacío hasta mostrar un semblante cadavérico; demasiados aviones, demasiadas pastillas y demasiados vampiros de almas que exigían entrar en su campo de juego privado. Era hora de cambiar. La cultura pop, como la naturaleza, aborrece el vacío. Se acababa de establecer un mercado para cantautores judíos inescrutablemente neuróticos y con un estilo vocal nada convencional. La situación requería un conjunto único de talentos: una apabullante mezcla de arrogancia e inocencia, una inteligencia aguda que exigiese tanto de la audiencia como del artista, una «alteridad» embriagadora –idealmente encarnada en un nómada procedente de una distante orilla reluciente– que transmitiera algo exótico, erótico y romántico. La zona cero de este movimiento era el Greenwich Village de Nueva York, el enclave superbohemio para cosmopolitas progres. En el otoño de 1966, Leonard Cohen, tan a la deriva como Ulises en el mar Jónico, llegó a la Pennsylvania Station de Nueva York, resplandeciente en su emblemática gabardina azul. Para Leonard, financiado por su amigo Robert Hershorn para hallar su futuro musical en Nashville, esta parada en Gotham sería una revelación, una arcadia de fruta extraña, pero tentadora, que desplazaría sus intenciones country. Pájaros cantores de ojos azules, doncellas de hielo teutónicas... el Chelsea Hotel –ese decrépito reducto a lo largo de la Calle 33 que albergaba a un aquelarre de ángeles y diablos– era una noche de Walpurgis de imágenes y sonidos. Y Leonard se halló pronto metido hasta sus incómodas cejas en este inframundo

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miasmático. La canadiense Mary Martin fue una guía crucial a través de este mundillo mistificador. Tras actuar como ayudante de la gris eminencia Albert Grossman, representante de figuras tan destacadas como Dylan y Peter, Paul & Mary, Martin regentaba su propia agencia de representación. El negocio de la música era un mar infestado de tiburones; su perspicaz presencia femenina señalaba una transformación que amenazaba a los trajes, pero facultaba a una legión de esforzadas mujeres jóvenes. Martin fue la responsable de juntar a Dylan y al grupo de Toronto The Hawks (que pronto cambiarían su nombre por The Band). Leonard, atraído por las mujeres decididas, buscó su asesoramiento. Ella le redirigió a la ascendente y joven cantante Judy Collins. El encuentro tuvo lugar en Manhattan. Judy Collins: Yo tenía una amiga canadiense en Nueva York que no dejaba de decirme (era una íntima amiga): «Yo crecí con este canadiense y quiero que lo conozcas». Así que en 1966 él vino a mi casa, a mi apartamento en Nueva York, y dijo: «No sé cantar ni tocar la guitarra, y no sé si esto es una canción». Acababa de empezar a escribir esas cosas. Entonces me cantó «Suzanne». Y yo le comenté: «Bueno, sabes cantar y tocar un poco la guitarra. [risas] Y mañana lo grabaré».

Página siguiente: libreta de notas y Gauloises siempre listos. Retrato de Jack Robinson, 1967. Páginas 38-39: en un restaurante de Nueva York, h. 1968.


un canadiense en nu eva york

«La composición de “Suzanne”, como todas mis canciones, me llevó mucho tiempo. Escribí la mayor parte de ella en Montreal –toda en Montreal– a lo largo de, quizás, cuatro o cinco meses.

Tenía muchísimas estrofas. A veces, la canción

pasaba a un lugar tangencial, y tienes estrofas perfectamente respetables, pero que te han apartado del sentimiento original de la canción.

Así que es cuestión de volver a ella.

Es un proceso muy doloroso porque tienes que desechar mucho material bueno. Volver y conseguir

esas tres estrofas de “Suzanne” me llevó bastante tiempo.»

L. C.


«Me

solía quedar petrificado ante la idea de echarme a la carretera y presentar mi trabajo. Siempre consideré que el riesgo de humillación era demasiado grande. Sin embargo, con la ayuda de mi último productor,

Bob Johnston, adquirí la confianza que creía que necesitaba. Cuando estás de nuevo en contacto contigo mismo y tienes cierta sensación de salud, es

como

si los barrotes de la prisión se rompiesen, y empezaras a ver nuevas posibilidades en tu trabajo.» L. C.

cro nologia 1968

Junio: Viaja a Italia para intentar colaborar con Leonard Bernstein en la música de una película de Franco Zeffirelli, pero el proyecto no prospera

Verano: Marianne y Axel regresan a Hidra, y Leonard pasa algún tiempo con ellos antes de viajar a Londres para promocionar su álbum. Después regresa al Chelsea Hotel

Junio-julio: Se marcha a Hidra, donde se le une Suzanne

Tiene una aventura de una noche con la huésped del Chelsea Hotel Janis Joplin, sobre la que más tarde cantará en «Chelsea Hotel» y «Chelsea Hotel #2»

1970

Junio: Publicación de Selected Poems 1956-1968 (Poemas escogidos 1956-1968)

Se interesa por la cienciología Septiembre: Por fin viaja a Nashville y se aloja en una cabaña alejada Septiembre-noviembre: Graba Songs from a Room en Nashville con el conocido productor de Bob Dylan, Bob Johnston

Otoño: Se distancia de la Iglesia de la Cienciología Primavera: Marty Machat es su representante hasta 1988 Mayo: Hace una gira de nueve días por Europa; casi causa un problema en Hamburgo cuando saluda al estilo nazi desde el escenario, y en Ámsterdam por invitar al público a que regresara con él al hotel Julio: Estreno en París del ballet The Shining People of Leonard Cohen por la Royal Winnipeg Ballet, acompañado de lecturas de varios poemas de Leonard

1969

25 de julio: Se encuentra con Bob Dylan en el backstage del festival folk de Forest Hills, Nueva York

Rechaza el Canadian Governor General’s Award de literatura por sus Selected Poems

2 de agosto: Monta a caballo en el escenario en un festival al aire libre de Aix-en-Provence, Francia

Invierno: Conoce a Joshu Sasaki Roshi

Primavera: Conoce a Suzanne Elrod en el Centro de Cienciología de Nueva York y mantiene una relación con ella

31 de agosto: Actuación en el Festival de la Isla de Wight, Reino Unido

7 de abril: Se lanza Songs from a Room

Combina las giras con actuaciones para pacientes en hospitales psiquiátricos


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J

ohn Lissauer sabía quién estaba al otro lado del teléfono incluso antes de que Leonard hablase, puesto que su respiración era reconocible. Tras no haber sabido nada de él durante años, Lissauer apenas pudo contener una sonrisa cuando el Comandante le dijo que era hora de volver a trabajar juntos. ¡Sí, señor! John Lissauer: Jamás supe nada de él hasta 1984. Entonces, como de la nada, me dijo: «Hola John, soy Leonard». «Hola, ¿qué tal te va?» «Voy a estar en la ciudad dentro de dos semanas. Reunámonos.» Y le contesté: «Estupendo». Así que vino a mi casa, el mismo loft, me tocó un par de canciones y me dijo: «Me encantaría trabajar contigo». Nunca hablamos del álbum inacabado. Yo estaba contento de que quisiera hacer algo más. Tocó una par de canciones. «¡Vaya! Nos vamos a divertir.» Yo estaba muy animado. Leonard se había enamorado de un nuevo juguete, un sintetizador Casio como el que regalarías a tu sobrino precoz para que lo manipulara. Era un aparato tan profesional como un microondas. Y, sin embargo, fue su entusiasmo por sus sonidos terapéuticos y sus fláccidos ritmos preestablecidos lo que daría lugar al material de su nuevo álbum, Various Positions.

«Me reuní primero con él en una pequeña habitación del Royalton Hotel. Él se sentó y tocó “Dance Me To The End Of Love” en su pequeño Casio.» John Lissauer Lissauer transcribió con paciencia la caja de curiosidades del Casio y trabajó con ella hasta convertirla en canciones viables ejecutadas de manera diestra por el grupo Slow Train. Con pocos overdubs y un énfasis en primeras tomas, el álbum se desarrolló hasta formar un conjunto resonante. John Lissauer: Cuando escuché «Hallelujah», estaba en la etapa formativa. Era pronto. Y no creo que sea cierto lo que se dice sobre que le llevó cuatro años escribirla. Yo la escuché cuando tenía cuatro estrofas y él todavía no había terminado la canción. De hecho, le ayudé con los acordes y la estructura. Era una colaboración, pero no de manera oficial. Y yo nunca insistí. La toqué

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««No soy budista, sino pseudobudista.. Inicié Inicié mis mis estudios estudios con con mi mi viejo viejo maestro maestro sin sin la la intención intención de de hallar hallar una una nueva nueva religión. religión. Él Él no no trataba trataba de de convertirme convertirme al al budismo. budismo. Estoy contento con mi de mis mis padres padres yy mis mis abuelos. abuelos. Mi Mi trabajo trabajo con con religión, ya que es la de él él no no se se centraba centraba en en mis mis creencias. creencias. Estaba Estaba relacionado relacionado con con la la mecánica mecánica de de vivir vivir con con un un dogma dogma religioso religioso yy cierta cierta visión visión de de Dios. Dios. Era un estudio de la amistad.».» L. L. C. C.

D

e vuelta en Los Ángeles en 1994, al final de un período épico de promoción, giras y aplausos, Cohen tomó el más profundo de los alientos, hizo una pausa y se atavió con el hábito de monje zen. Se fue con Roshi a Mount Baldy, para llevar una vida de silencio y contemplación. Un modesto sintetizador y una radio portátil, como únicos restos de su «otra» vida, adornaban la raída cabaña que ahora llamaba su hogar. Su viaje estaba tomando una dirección interior, un camino hacia el bienestar acotado por la belleza de las pequeñas cosas. Mientras Leonard se levantaba antes del alba cada día de su autoimpuesto exilio, concentrado en sus tareas domésticas, sus seguidores se entregaban a un bullicio de actividades dedicadas a su indiferente dios: más premios Juno, un DVD en vivo y el lanzamiento en septiembre de 1995 de los Leonard Cohen Files, una página web finlandesa gestionada por Jarkko y Rauli Arjatsalo (padre e hijo), con los que el propio Leonard ha colaborado con numerosas ilustraciones y escritos. Jarkko Arjatsalo: Yo escuchaba a Leonard Cohen desde principios de la década de 1970. Tras los conciertos en Helsinki de 1988 y 1993, empecé a coleccionar grabaciones raras de Cohen y, poco después, conocí la Cohen Newsletter (Boletín informativo Cohen), publicada en Inglaterra por Jim Devlin. Cuando el boletín dejó de publicarse en 1994, acabábamos de instalar una conexión de internet en casa y estábamos entusiasmados con las posibilidades que nos ofrecía. Mi hijo, entonces un adolescente, y yo buscamos un tema sobre el que crear una página web, y mi interés por Cohen hizo que la elección resultara natural. La página se diseñó desde el principio para seguidores internacionales y la abrimos en septiembre de 1995.

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Yo proporcionaba el contenido para las páginas mientras que Rauli se ocupaba de todas las cuestiones técnicas. No pretendíamos que la página fuera tan inmensa, pero pronto nos dimos cuenta de que el arte de Cohen tenía una base de fans global que carecía de un canal de comunicación. En 1997, Leonard me envió un correo electrónico desde el centro zen en Mount Baldy, California, y sugirió que él podría aportar algunas cosas de sus cuadernos: «Quiero enviar, entre otras cosas, los primeros borradores manuscritos que hice para “Suzanne” y otras canciones tempranas. Me gustaría que el proceso resulte claro o, al menos, arrojar cierta luz sobre la misteriosa actividad de escribir». Tras este primer contacto, comenzamos a escribirnos regularmente y nos hicimos amigos. El centro zen de Mount Baldy tenía un modem lento para la conexión de internet, que se hacía a través de la única línea telefónica de que disponían. Hoy en día damos por hecho internet y sus servicios, pero, a mediados de la década de 1990, todos estábamos en las puertas de la nueva era internacional que vivimos en la actualidad. Pronto se hizo patente que Leonard había seguido el desarrollo de las redes de comunicación, y de inmediato entendió las posibilidades de este nuevo canal. Encontró en internet una herramienta útil para estar en contacto con sus fans y para mantener viva su obra durante sus «silenciosos» años en el centro zen. Páginas siguientes: escenas del centro zen Mount Baldy, 1995/1996. Páginas 150-151: «Hay una grieta en todas las cosas. / Así es como entra la luz.» «Anthem», de The Future (1992). Retrato de Henry Diltz, 1993.


Charley Webb: Cuando estábamos a punto de acabar los ensayos, Leonard nos pidió que escuchásemos «If It Be Your Will» y que trabajáramos en una versión de la canción. Nos concentramos en nuestro arreglo entre los ensayos y entonces se la tocamos a Leonard en el backstage, en Hamilton, y él nos preguntó si la interpretaríamos en el concierto. Creo que se incluyó en el set list dos noches después, y rara vez se ha cambiado de lugar, al final del concierto. Pretendíamos considerar la canción como una oración o un himno, y el arreglo vocal e instrumental que hicimos encajaba con bastante naturalidad. Sharon Robinson: He disfrutado de verdad cantando con Charley y Hattie en las giras. Ha habido muchos momentos mágicos, musicalmente hablando. Creo que su cualidad etérea con el barítono llano de Leonard, y conmigo en medio, se suma a una gama de textura y tono que es muy complementaria. Los conciertos han sido un reto en todos los sentidos, y han hecho que nos esforzáramos y mejoráramos en todo lo que hacemos. Y ha sido muy divertido.

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Hay músicos, amigos, compañeros, supervivientes del negocio de las discográficas, poetas y expertos, junto con los conmovidos espectadores, que pueden dar testimonio de un artista de la interpretación llamado Leonard Cohen. Kim Fowley: Una de las cosas típicas del sonido de Leonard Cohen comenzó justo cuando terminó su segundo o tercer álbum en 1970 con una banda que incluía coros femeninos en el escenario con él. Continuó desde Donna Washburn hasta Jennifer Warnes en 1972 y las Webb Sisters en 2013. Es Svengali y Trilby. Es la idea del viejo loco que tiene control sobre estas mujeres jóvenes. Y lo más parecido a Dios es un anciano que tiene un ego y un mecanismo de control que ellas adoran. Hugh Hefner lo tiene, igual que Sean Connery y Paul Newman. Todos estos hombres poseen autoridad de mayores. Y muchos de ellos envejecieron en una época de una masculinidad muy tradicional. Asimismo, una de las razones por las que John Hammond, y después Clive Davis, contrataron a Cohen para Columbia en 1967 es que por aquel entonces se sentían culpables: «Pongamos a Leonard Cohen


ahí para contrarrestar las ventas de Gary Puckett & The Union Gap». Porque eso era el tema del blanco blandengue y no del judío, aun cuando Gary fuese un gran cantante y Jerry Fuller compusiese grandes temas. Pero Puckett no era controvertido, ni poeta, ni fatalista, ni tenía novias lesbianas con jerséis de cuello vuelto. A principios de la década de 1990, yo estaba en Vancouver. Tenía que intervenir en una conferencia de música. Era una sesión de los premios Juno. Volví a ver a Leonard. A mí y a una amiga nos invitaron a ver la actuación de Leonard Cohen, quien, por cierto, es un gran intérprete en vivo. Era algo intermedio entre Jim Morrison y Shakespeare. Tenía una presencia shakespeariana y un toque gótico, la oscuridad y la poesía. John Lissauer: Una de las razones por las que su popularidad y su público en el mundo entero continúan expandiéndose es que Leonard es el intérprete y el artista más comprometido. En mi opinión, es el más serio y sincero. Nunca pierde la concentración. Se responsabiliza de lo suyo. Y se ha convertido en más generoso y más completo. Y ahora está mostrando al pleno Cohen. Antes era en cierto sentido solo la parte oscura. Ahora, como él dice, está dejando que la luz penetre en su interior. Lo mismo que el humor, la humanidad y el centelleo. Es mucho más completo. Y es más espontáneo que nunca. Su método de trabajo es ridículo. Leonard es un artista que todo el mundo considera brillante pero que sencillamente no cuajó del todo. El 17 de abril de 2009, Leonard y su compañía de gira dieron un concierto emocionante en el Coachella Festival, en el sur de California. Dr. James Cushing: La primera vez que vi a Leonard Cohen actuar fue en Coachella, la misma noche en que Paul McCartney ocupaba los titulares. «Hallelujah» funcionó para el público de Cohen del mismo modo que lo hizo «Hey Jude» para la multitud más numerosa congregada ante el antiguo Beatle. Ambas canciones eran himnos, cantos de multitud serios que nos permitían a todos ponernos la mano en el corazón y convertirnos en unos agradecidos idealistas.

Página anterior: The Webb Sisters (Charley, izquierda, Hattie, centro) Sharon Robinson (derecha) y Leonard Cohen (en esta página, derecha) en el Coachella Festival, el 17 de abril de 2009.

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«Su forma de escribir era apasionante. Sencillamente me cambió. Se le ha tachado de deprimente, pero es uno de los escritores más divertidos que tenemos. No puedo pensar en una letra que no tenga una sonrisa oculta entre líneas. Hay dos cosas que están siempre: calidez y un ingenio mordaz. Ojalá yo lo tuviera.» Nick Cave Preservamos el medio ambiente • Reciclamos y reutilizamos. • Usamos papel de bosques gestionados de manera responsable.

ISBN 978-84-9801-778-6

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788498 017786


Leonard Cohen