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Derechos reservados © 2015 Joselo Rangel © 2015 Almadía Ediciones S.A.P.I. de C.V. Avenida Monterrey 153, Colonia Roma Norte, México, D.F., C.P. 06700. rfc: aed140909bpa www.almadia.com.mx www.facebook.com/editorialalmadía @Almadía_Edit Primera edición: agosto de 2015 isbn: 978-607-411-184-2 En colaboración con el Fondo Ventura A.C. y Proveedora Escolar S. de R.L. Para mayor información: www.fondoventura.com y www.proveedora-escolar.com.mx Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento. Impreso y hecho en México.

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Para Quique Rangel, Bernardo Fernรกndez y Juan Vรกzquez Gama, con todo mi agradecimiento

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Escuela del rock P-i-n-c-h-e-l-a-m-b-i-s-c-ó-n le decía Ozzy a McCartney sin emitir ningún sonido, moviendo los labios exageradamente. Macca estaba en el escritorio, donde la maestra lo había puesto antes de salir a atender un pendiente en la dirección de la escuela. Siempre que lo hacía, le pedía al jefe de grupo (obviamente McCartney) que vigilara que todos los alumnos estuvieran quietecitos. Ozzy estaba hasta allá atrás con los pendencieros del salón, puro pinche vago: Nikki Sixx y Keith. Los tres usaban sus pupitres de una manera muy extraña, se sentaban de una forma imposible, con la nalga al borde del asiento y la espalda recargada en el respaldo como si estuvieran acostados en una silla de playa. Muy distinto a otros alumnos, como por ejemplo David Byrne, que estaba derechito, derechito, en su asiento, como si la banca fuera un aparato de tortura en el que encontrara placer sentándose de esa manera. Los geeks de hasta adelante, Mark Mothersbaugh y Costello, encorvaban la espalda cubriendo su cuaderno

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como si no quisieran que les copiaran la tarea. Sus lentes de pasta se les resbalaban de la nariz, tanto que tenían ganas de ponerse un elástico que se los amarrara a la cabeza, pero hasta ellos sentían que eso sería demasiado nerd. Entre aplausos de sus compañeros malandrines, Ozzy se levantó de su silla para hacer su pase magistral, ese que todos en el salón ya sabían que iba a hacer apenas la maestra dejara el salón. Se ponía en medio de dos filas con las manos a la altura de las cabezas de sus compañeros y, en una carrera rápida, zapeaba a todos los que se encontraban en su camino. A la mitad de la fila parecía que había dos sillas vacías, pero aun así sus manos sentían algo extraño cuando cruzaba la cabeza de Lennon, que se reía con una risa fantasmagórica, pues Ozzy le caía rebién; y la de Kurt Cobain, que con la cara desfigurada por el balazo que se autoinfligió, no se sabía si reía o lloraba, o las dos cosas a la vez. –Por favor, John Michael Osbourne, deja de estar haciendo tus payasadas, compórtate. –Por favor, John Michael Osbourne, compórtate –imitó Ozzy a McCartney, con la voz más amariconada posible, y todo el salón soltó la carcajada. Ozzy se fue al pizarrón y dibujó una cruz invertida haciendo un chirrido con el gis, con el que todo el salón sintió que le rechinaba los dientes. –¿Payasadas? ¿No puedes decir, no sé, mamadas o chingaderas? Es que payasadas me suena demasiado gay. –Por favor Ozzy, vete a sentar. No quiero que cuando llegue la maestra te encuentre parado. Me van a regañar a mí.

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–¿Y cuál es el pedo? El rocanrol es rebeldía. Deberías estar en contra de la pinche maestra aunque esté bien buena. Ella es la autoridad. Todos aquí deberíamos estar en contra de la autoridad. ¿O no, mi Elvis? –¿Eh, qué? –preguntó Presley, que parecía estar en cualquier otro sitio menos en el salón– ¿Me puedes repetir la pregunta? –dijo Elvis acomodándose el copete, algo nervioso de no saber la respuesta, pues ya había repetido año muchas veces. Había calentado la misma banca por varios años, con las nalgotas enfundadas en su traje blanco, luego de que murió en la bañera; al regresar al salón de clases estaba más distraído que nunca. Llevaba tanto tiempo ahí que ya nadie recordaba en qué curso debía estar. –¿Rebeldía? –dijo el sir con un acento marcadamente inglés– Si todos empezamos a hacer esto por dinero, porque éramos pobres. Y luego ya no pudimos parar. Hasta mostrar rebeldía es un negocio. Hay quienes hasta lo patentaron con todo y su uniforme. Los Ramones, los vivos y los muertos, levantaron la cabeza y dejaron de dibujar los logos de sus bandas favoritas en sus cuadernos. –Calmado, calmado. Más respetillo, pinche Macca, nosotros no nos metemos con tu música. Un carraspeo anunció que Joe Strummer se preparaba para hablar. Todos, sin dudarlo un segundo, voltearon para saber qué era lo que iba a decir. –Tiene razón el compañero McCartney. Aunque no comulgo con sus ideas, considero que hace mucho el rocanrol dejó de ser una forma de rebeldía. El sistema se lo tragó

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entero, y a nosotros con él. Por más que luché en vida, nunca pude contra lo que me estaba pasando. Destruí mi grupo cuando vi que este se estaba yendo al carajo. Ahora muerto parece que he logrado más, que mi legado se preserva mejor. Porque si bien el rock es, primeramente, un divertimento, también puede ser un vehículo insuperable para dar a conocer ideologías, así como para cuestionarlas y destrozar otras. Considero que… Mientras hablaba, Bono asentía fuertemente con la cabeza, sin que se le ocurriera nada que aportar. Detrás de sus lentes de mosca, veía a Strummer con una devoción rayana en el amor. El discurso continuaba pero, si en algo se parecían los alumnos en este salón de clases, era en que todos sufrían de déficit de atención: no podían estar concentrados más de tres, tres minutos y medio, algunos mucho menos; otros, los progresivos, un poquito más. Así que todos se pusieron a platicar mientras Joe Strummer seguía y seguía. Bla, bla, bla. Chris Martin, quien se había colado al salón, y Bono, eran los únicos que lo estaban escuchando atentamente. El barullo subía y bajaba. Fragmentos de conversaciones se escuchaban de repente entre el murmullo que formaban las voces de todos los alumnos hablando. Freddy Mercury y Robert Plant le preguntaban a Stevie Nicks qué shampoo usaba para dejar su pelo así de bonito y también, medio en serio, medio en broma, si no traía un gramito de coca por ahí escondido entre los pliegues de su vestido gitano. Patti Smith le recitaba unos poemas de Baudelaire a Michael Stipe al oído, mientras este ponía

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los ojitos en blanco y hacía ruidos extraños. A los latinos (Alejandro, Saúl, Gustavo y Charly), aunque tuvieran cosas interesantes y profundas que compartir con sus compañeros nadie les entendía, así que preferían pitorrearse de todos dirigiéndoles, muy educadamente, groserías en español: chinga a tu madre, puto, andate a la concha de la lora, y se cagaban de la risa. La puerta del salón se abrió de repente y todos se quedaron callados pensando que era la maestra, pero no. Era un jovencito nuevo que nadie conocía. El veinteañero preguntó con timidez cuál era la materia que ahí se impartía. –Pues, es… –trató de contestar McCartney, pero no encontró respuesta. –Es… –dijo Townsend, tronando los dedos, casi a punto de recordar, pero se quedó mudo, sordo y ciego. Todos se voltearon a ver, unos a otros, sin saber qué contestar. –¿Cuál era? –se preguntaron Bowie y Thom Yorke al mismo tiempo, haciéndose ojitos. De repente Bob Dylan, desde un lugar donde nadie lo veía, dijo con voz gangosa: –Es la materia que tú quieras. Bienvenido. Todos alabaron las palabras del cantautor. Algunos encontraron significados ocultos en esta simple frase. Otros no la entendieron, pero hicieron lo posible por no demostrarlo. Los más cínicos pensaron que era una reverenda mamada, pero decirlo era echarse a todo el salón encima de a gratis.

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El nuevo alumno se sentó en la primera fila, y Ozzy estuvo a punto de aventarle una hoja de cuaderno que había hecho bolita con su saliva, cuando la maestra entró al salón. –¿Cómo se portaron Paul? –Más o menos, miss. –¿Ah, sí? Pues de castigo vamos a hacer un examen sorpresa. Saquen una hoja… –Noooooo –gritaron todos. El alumno nuevo deseó no haber entrado a ese salón tan extraño, se comportaban como niños de primaria. ¿Por qué actúan como tontos? ¿Son retrasados o qué? A muchos de ellos ya los conocía y sentía que, aunque era nuevo, él era el mejor. No sabía que todos sus compañeros se habían sentido igual que él en su primer día de clases.

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Índice La banda está lista, 9 Trenes, 13 El futuro, 18 El primer hombre, 20 Indie, 23 Rockstar, 25 En sueños, 43 Enorme, 63 Escuela del rock, 70 Huevos, 76 Puesta de sol, 88 One hit wonder, 96 Truco, 98 Asco infinito, 105 Piñata, 110 Zorra, 115 La sonrisa, 147 Béisbol, 152 Anuncio, 156 ¡Y.A.!, 159

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Joselo Rangel es músico, compositor y escritor; nació en Veracruz, en 1967. Junto con su hermano Quique, Rubén Albarrán y Emmanuel del Real formaron Café Tacvba en 1989. Joselo es autor de canciones como “María”, “Esa noche”, “El baile y el salón”, “Rarotonga”, “Cero y uno”, “Aprovéchate”, entre muchos otros éxitos del grupo. De forma paralela, como solista ha grabado los discos Oso (2002) y Lejos (2006). Ha publicado reseñas y artículos para revistas y páginas electrónicas como Sub, El foco, Día siete, Gatopardo y Sputnik. Publica la columna “Crócknicas marcianas” en el diario Excélsior; algunos de estos textos se compilaron en un libro del mismo nombre publicado en 2011. Publica semanalmente cuentos y artículos en www.textosmutantes.com.

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de Joselo Rangel se terminó de imprimir y encuadernar el 15 de agosto de 2015, en los talleres de Litográfica Ingramex, Centeno 162, Colonia Granjas Esmeralda, Delegación Iztapalapa, México, d.f. Para su composición tipográfica se emplearon las familias Bell Centennial y Steelfish de 11:14, 37:37 y 30:30. El diseño es de Alejandro Magallanes. El cuidado de la edición estuvo a cargo de Karina Simpson. La impresión de los interiores se realizó sobre papel Cultural de 75 gramos y el tiraje consta de tres mil ejemplares.

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Escuela del Rock, un cuento de One Hit Wonder