Skip to main content

Correo del Maestro Núm. 205 - Junio de 2013

Page 26

Antes DEL AULA

respecto a la conversión de los pimas y otras “tribus” al cristianismo y a los modos de la civilización europea; pero a los apaches y sus aliados los consideraba enemigos irredentos incapaces de ser incluidos en el redil cristiano. En sus informes al rey, el jesuita dejó ver en quiénes depositaba su confianza: Con estas repetidas muchas entradas y misiones que hice a todas partes sin particular gasto de la Real Hacienda, quedan reducidas a nuestra amistad y a la obediencia de la Real Corona y al deseo de recibir nuestra santa fe más de 30 000 almas de estos contornos, así en esta nación Pima, que tiene más de 16 000 almas, como en las cercanas tierras de los Cocomaricopas, Yumas, Quiquimas, Cutganes, Bagiopas, Hoabonomas, etc., y muchas más son las demás almas y gentes adonde se puede entrar con toda facilidad, que ya les he enviado recaudos y pláticas de doctrina cristiana, y me han avisado y sabemos que viniendo padres misioneros seguirán e imitarán a estas otras naciones ya reducidas.

Misión de paz, misión de guerra Desde los inicios de la conquista de América, la Corona española tenía tres propósitos fundamentales respecto a los habitantes autóctonos del nuevo continente: convertirlos al cristianismo, civilizarlos bajo los moldes culturales europeos y explotarlos social y económicamente. Los que se avinieran a estos tres preceptos serían aceptados como súbditos de su Majestad católica con algunos derechos y muchas más obligaciones. Los que no, serían considerados enemigos y se les haría la guerra hasta la sumisión o el exterminio. En las regiones fronterizas del Imperio, como era la Pimería, el sistema de misiones fue el principal medio a través del cual el Estado y la Iglesia impondrían su presencia y lograrían –en diversos grados que variaron de acuerdo con las circunstancias específicas de tiempo y lugar– concretar dichos propósitos. De tal manera y sobre todo en el norte novohispano, la misión no era únicamente el sitio de adoctrinamiento religioso, sino el centro de congregación (“reducción”) de las poblaciones dispersas, la agencia de acopio de información utilizada por los hispanos, el puesto de avanzada militar (ya que casi siempre había allí algunos soldados destinados a proteger a los sacerdotes) y, especialmente, la escuela donde cobraban vida los procesos de aculturación que transformarían a los indios. Era, por último, una empresa económica de cuyo éxito dependía el engranaje de los indios en el sistema colonial.4 4

24

Desde luego, las misiones no fueron las únicas empresas en las que se explotaba el trabajo de los indios; las minas, los ranchos, los presidios militares y las incipientes villas de españoles también desempeñaron su papel en la integración del indio al sistema colonial, pero generalmente, la misión iba por delante.

CORREO del MAESTRO

núm. 205 junio 2013


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Correo del Maestro Núm. 205 - Junio de 2013 by EDILAR - Issuu